{"id":9623,"date":"2016-08-07T13:00:06","date_gmt":"2016-08-07T11:00:06","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/16\/isabel-seton-la-biografia-13-la-mano-de-dios\/"},"modified":"2016-07-26T09:37:48","modified_gmt":"2016-07-26T07:37:48","slug":"isabel-seton-la-biografia-13-la-mano-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-13-la-mano-de-dios\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 13 &#8211; La mano de Dios"},"content":{"rendered":"<p><em>Har\u00e9 andar a los ciegos por la calzada <\/em><em>que <\/em>no conocen,<em><br \/>\npor senderos <\/em><em>que <\/em><em>ignoran los guiar\u00e9.<br \/>\nAnte ellos trocar\u00e9 en luz la <\/em><em>tiniebla,<br \/>\nel suelo pedregoso en senda <\/em><em>llana.<br \/>\nIs 42, 16<\/em><\/p>\n<p>El 18 de febrero de <em>1804, <\/em>Isabel y Anina se han embarcado en La Pastora (The Shepherdess).Ma\u00f1ana, al <em>amanecer, el gran velero dejar\u00e1 el <\/em>puerto toscano, <em>y, despu\u00e9s de hacer <\/em>escala en la costa espa\u00f1ola, en Barcelona, singlar\u00e1 hacia las aguas <em>del <\/em>Atl\u00e1ntico y pondr\u00e1 proa a <em>Nueva <\/em>York.<\/p>\n<p>A1 conducir a bordo a la viuda de Guillermo y a su hija, los Filicchi han que\u00adrido testimoniarles hasta el \u00faltimo instante su amistad. Sin que ella haya tenido necesidad de hacer personalmente ninguna de las diligencias acostumbradas, la Sra. Seton se ve provista de todos los papeles necesarios, incluso de pasaportes y de cartas de recomendaci\u00f3n para el caso en que el nav\u00edo estuviera obligado a efectuar, en la costa mediterr\u00e1nea, una escala imprevista. Con los regalos de que la han colmado, los dos hermanos han sabido con delicadeza hacerla aceptar el dinero que necesita para el presente y para el pr\u00f3ximo futuro.<\/p>\n<p>En el momento de despedirse de sus amigos de Italia, ella ha podido medir hasta qu\u00e9 profundidad estaba enraizada en su coraz\u00f3n una amistad tan reciente sin embargo, pero de tal naturaleza que jam\u00e1s hab\u00eda conocido todav\u00eda otra semejante. No sin evocar, d\u00eda por d\u00eda, la llegada de aquel mismo nav\u00edo, hace tres meses, Isabel se dispone pues a emprender de nuevo -\u00bfpor cu\u00e1ntas semanas? \u00adla vida de a bordo que Guillermo compart\u00eda con ella en octubre pasado. La pe\u00adque\u00f1a Ana, tras el embarque, parece fatigada. \u00bfEs la emoci\u00f3n de la partida? \u00bfLa acechar\u00eda m\u00e1s bien ya el mareo, a consecuencia del ligero balanceo que se deja sentir, bien que <em>The Shepherdess <\/em>est\u00e9 anclado todav\u00eda hasta el d\u00eda siguiente? Junto a la hija, tendida en la litera, Isabel debe tomar ella tambi\u00e9n un poco de reposo. Pero el balanceo se acent\u00faa cada vez m\u00e1s. Se alza el viento, violento. En medio de la noche un choque brutal hace saltar equipajes y pasajeros. El na\u00adv\u00edo acaba de ser lanzado contra otro barco, fondeado como \u00e9l en el puerto. Desde por la ma\u00f1ana es preciso rendirse a la evidencia: el casco de <em>La Pastora <\/em>ha que\u00addado seriamente estropeado y son de prever varios d\u00edas de reparaci\u00f3n. La salida del velero se encuentra por este hecho aplazada.<\/p>\n<p>Advertidos de ese contratiempo, los Filicchi se apresuran a venir en busca de las dos viajeras. \u00bfNo saben ellas que la casa de Antonio y de Amabilia es la suya? Conmovida por esa nueva muestra de delicadeza, la joven americana no deja por eso de sentir menos la decepci\u00f3n del retraso imprevisto. \u00a1Ten\u00eda tanta prisa al presente de estrechar en sus brazos a Bill, a Ricksy, a Kate y a la peque\u00f1a Bec, de encontrar de nuevo el c\u00e1lido y comprensivo afecto de Rebeca, de hacerla part\u00edcipe, sobre todo, de sus experiencias nuevas&#8230;! A decir verdad, ella no tendr\u00e1 casi tiempo de apesadumbrarse con tales disgustos. Anina est\u00e1 tan febricitante que es menester darse prisa en meterla en cama. Al d\u00eda siguiente el m\u00e9dico, llamado, diagnostica una escarlatina.<\/p>\n<p>Isabel se niega a pensar, de primeras, que aquella cl\u00e1sica enfermedad infan\u00adtil sea como para impedirla embarcarse con su hijita en <em>The Shepherdess <\/em>en cuanto el nav\u00edo est\u00e9 presto para hacerse de nuevo a la mar. Advertido el capit\u00e1n O&#8217;Brien opone una negativa formal a su proyecto. El velero, por otra parte, debe hacer escala muy pr\u00f3xima en Barcelona: \u00bfqu\u00e9 suceder\u00eda entonces en caso de que el servicio de sanidad obligara a la Sra. Seton a pasar con su hija una nueva cuarentena? El espectro del lazareto basta para hacer desaparecer de la madre toda veleidad de imprudencia. Se quedar\u00e1, pues, en Liorna, abandon\u00e1ndo\u00adse una vez m\u00e1s a la Providencia en lo concerniente a su retorno a Am\u00e9rica. <em>La mano de Dios <\/em>-confiesa ella- <em>es todo lo que necesito ver, pero ella me atenaza el alma.<\/em><\/p>\n<p>\u00abEs cosa de grande maravilla y l\u00e1stima -escribe san Juan, queriendo dar a entender cu\u00e1n dolorosa parece al alma que la padece la purificaci\u00f3n de amor de que Dios le hace gracia- que sea tanta la flaqueza e impureza de el alma, que, siendo la mano de Dios de por s\u00ed tan blanda y delicada, la sienta tan pesa\u00adda y contraria, con no cargar ni asentar, sino tan s\u00f3lo con tocar, y eso miseri\u00adcordiosamente, pues lo hace a fin de hacer mercedes al alma y no castigarla\u00bb.<\/p>\n<p>Sin comprender, no obstante, Isabel asiente a esa voluntad divina que viene, una vez m\u00e1s, a desbaratar todos sus planes humanos.<\/p>\n<p>Durante tres semanas, la enfermedad de la hija sigue su curso normal. Pero apenas Anina vuelve a ponerse en pie, su madre, que la ha cuidado d\u00eda y noche, se siente atacada a su vez y tiene que encamar. El microbio de la escarlatina no la ha perdonado. La cari\u00f1osa solicitud de Amabilia se hace, en esta circunstancia, m\u00e1s delicada, m\u00e1s pronta que nunca. <em>\u00a1Oh qu\u00e9 paciencia, oh qu\u00e9 bondad que ex\u00adcede toda medida humana \u00e9sta con que nos rodean los Filicchi! <\/em>-anota Isabel en su diario-.Se <em>dir\u00eda que es a nuestro Salvador mismo a quien reciben en la persona de los suyos, pobres y extranjeros.<\/em><\/p>\n<p>Si la contrariedad de la joven mujer, forzada a prolongar, a su pesar, su estancia en Europa, no ha dejado insensible el coraz\u00f3n de ambos hermanos, Fe\u00adlipe y Antonio no est\u00e1n lejos de ver en ello una disposici\u00f3n muy particular de la Providencia. \u00bfNo va a permitir esa dilaci\u00f3n impuesta que prosiga y se acabe tal vez la obra de la gracia comenzada en su alma?<\/p>\n<p>Un hecho es cierto: las p\u00e1ginas del diario que Isabel sigue escribiendo, du\u00adrante los meses de febrero y marzo, con destino siempre a la que se complace en llamar la \u00abhermana de su alma\u00bb, revelan con una impresionante espontaneidad la fascinaci\u00f3n de lo que ella descubre cada d\u00eda un poco m\u00e1s, y el deseo apa\u00adsionado de poseer lo que ella presiente.<\/p>\n<p>Isabel es, cada vez m\u00e1s, presa de una presencia. Y esa presencia que la per\u00adsigue, que se impone a ella, la induce a una b\u00fasqueda incesante, a una b\u00fasqueda a la vez dichosa y torturante de la que nada al fin puede arrancarla. Juego de amor del divino Pastor que conoce a cada una de sus ovejas por su nombre, y las gu\u00eda por los caminos de su preferencia hacia el \u00fanico redil del que se proclama Pastor \u00fanico. Sea lo que fuere en ese momento de sus convicciones intelectuales, la joven episcopaliana no puede dejar de envidiar a los cat\u00f3licos que ella ve vivir a su alrededor.<\/p>\n<p><em>\u00a1Cu\u00e1n dichosas ser\u00edamos, si crey\u00e9ramos nosotras lo que ellos creen: que <\/em>POSEEN <em>a Dios en el Sacramenta y que El permanece en sus iglesias y que se les lleva cuando est\u00e1n enfermos! \u00a1Oh Dios m\u00edo! Cuando se lleva el Santo Sacramento bajo mi ventana, en tanto que yo siento la soledad completa y la tristeza de una situaci\u00f3n coma la m\u00eda, soy incapaz de contener mis l\u00e1grimas con este pen\u00adsamiento: Dios m\u00edo, \u00a1qu\u00e9 dichosa ser\u00eda yo si, incluso alejada de todas los que me son tan queridos, pudiera encontrarte en la iglesia, como ellos, ya que hay una capilla en la casa misma de los Filicehi! \u00a1Cu\u00e1ntas casas Te dir\u00eda, hablando\u00adte, de las aflicciones de mi coraz\u00f3n y de los pecados de mi vida!<\/em><\/p>\n<p><em>El otro d\u00eda, en un rato de tristeza extrema, ca\u00ed de rodillas, sin reflexionar, en el momento que pasaba el Santa Sacramento, y, como en una agon\u00eda, grit\u00e9 a Dios que <\/em>\u00a1EL ME BENDIJERA, <em>si <\/em>ESTABA ALL\u00ed!, <em>que toda mi alma s\u00f3lo le deseaba a El. Hab\u00eda un libro sobre la mesa y lo abr\u00ed en la p\u00e1gina donde se en\u00adcuentra una peque\u00f1a plegaria de san Bernardo a la Sant\u00edsima Virgen, con la s\u00faplica de que sea <\/em>NUESTRA MADRE; <em>y aquella plegaria se la dije can tal cer\u00adtidumbre de que Dios no negar\u00eda nada a su <\/em>MADRE y <em>que Ella no pod\u00eda, por su parte, dejar de amar a las pobres almas por las que El muri\u00f3, y de tener piedad de ellas, que sent\u00ed verdaderamente que ten\u00eda una Madre. Pera t\u00fa sabes bien que mi pobre coraz\u00f3n se ha lamentado, tan a menudo, de haber perdido demasiada temprano la m\u00eda. Desde los recuerdos de mis primeros a\u00f1os, sea en mis juegos de ni\u00f1a o en la vitalidad impetuosa de mi adolescencia, he mirado siempre hacia las nubes en busca de mi madre; y, en aquel momento preciso, me pareci\u00f3 que yo hab\u00eda encontrado m\u00e1s de lo que ella pod\u00eda darme en reali\u00addad de ternura y amor maternal. Y llor\u00e9 hasta quedar dormida sobre su coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>El Verbo encarnado, el Hijo de Dios hecho hombre, quien, seg\u00fan la expre\u00adsi\u00f3n de san Juan, \u00abpuso su tienda entre nosotros\u00bb nos ha sido dado por su Ma\u00addre, y, por su Madre, nosotros podemos encontrarle con m\u00e1s seguridad. Tal es la nueva experiencia que tiene Isabel en este fin de febrero. Ese Dios que la atrae desde siempre, ese Dios a quien ella desea \u00fanicamente \u00bfestar\u00eda tan pr\u00f3ximo a nosotros, a pesar de su trascendencia, que nuestro coraz\u00f3n pueda encontrarle, sin renunciar a ninguno de sus sentimientos m\u00e1s humanos? \u00bfquerr\u00eda entonces que para ir hacia El, lejos de buscar enaltecernos por unas proezas de energ\u00eda y de virtud personales, que estar\u00e1n siempre en desproporci\u00f3n con la meta perse\u00adguida, nos remitamos a El y a su Madre, con el abandono y la confianza del peque\u00f1uelo que duerme sobre el coraz\u00f3n de su madre?<\/p>\n<p>Unas l\u00edneas de los <em>Dear Remembrances <\/em>vendr\u00e1n a corroborar, a\u00f1os m\u00e1s tar\u00adde, la p\u00e1gina del diario redactado en Liorna en 1804.<\/p>\n<p>&#8212; <em>la angustia de mi coraz\u00f3n, cuando pasaba por la calle el Santo Sacramento, con este pensamiento: \u00bfera yo la \u00fanica a quien El no bendec\u00eda? especialmente el d\u00eda que pas\u00f3 bajo mi ventana, mientras que, postrada en el suelo, alzaba los ojos hacia la Sant\u00edsima Virgen, haci\u00e9ndole una llamada de que en cuanto Madre de Dios, Ella deb\u00eda tener piedad de m\u00ed y obtenerme de El aque\u00adlla fe bendita de las almas afortunadas de los que me rodeaban&#8230; A <\/em>partir de la palabra <em>postrada <\/em>la escritura se va haciendo cada vez m\u00e1s amplia, cada vez m\u00e1s neta, para disminuir con la frase siguiente:<\/p>\n<p>&#8212; <em>el librito de oraciones que la Sra. Amabilia hab\u00eda dado a Anina es\u00adtaba ante mis ojos, mi mirada cay\u00f3 sobre la plegaria de san Bernardo a la San\u00adt\u00edsima Virgen.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8212; Con cu\u00e1nto fervor la dije, cu\u00e1ntas reflexiones sobre la dicha de los que pose\u00edan aquella bendita fe en Jes\u00fas presente todav\u00eda en la tierra con ellos y cu\u00e1n dichosa ser\u00eda yo de afrontar cualquier prueba de la vida con el consuelo divino de hablar de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n con El, en sus sagrarios, y la seguridad de encontrarle en sus iglesias.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8212; el respeto y el amor frente a la Sra. Amabilia cuando ella volv\u00eda u casa despu\u00e9s de comulgar &#8211; &#8211; &#8211;<\/em><\/p>\n<p><em>Impresiones de respeto tremendo en la misa de Nicol\u00e1s Baragazzi en la ca\u00adpilla privada.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8212; e id\u00e9nticas impresiones sentidas cuando vino a nuestra habitaci\u00f3n (estando Anina enferma) revestido con los ornamentos despu\u00e9s de la boda de su hermano y de su hermana &#8211; &#8211; &#8211;<\/em><\/p>\n<p>Cuanto la relaci\u00f3n de estos dos textos -el de Liorna y el de Emmitsburgo parece imponerse aqu\u00ed, a pesar de las repeticiones inevitables- a causa de la luz que proyectan el uno sobre el otro, tanto desaf\u00edan, ambos, todo comentario por su limpidez.<\/p>\n<p>Cualesquiera que hayan sido, por otra parte, las confidencias de Isabel en el curso de las conversaciones que prosegu\u00edan, amistosas y profundas, con sus hu\u00e9spedes, es imposible que los Filicchi no hayan seguido, con una verdadera admiraci\u00f3n, su encaminamiento hacia la plenitud de la verdad.<\/p>\n<p><em>Las palabras sobrenaturales y las instrucciones de Antonio F. (Filicchi) ense\u00ad\u00f1\u00e1ndome a hacer la se\u00f1al de la cruz y con qu\u00e9 esp\u00edritu hacerla -su Amabilia explic\u00e1ndome por qu\u00e9 ella la hac\u00eda formulando la petici\u00f3n: \u00abno nos dejes caer en la tentaci\u00f3n\u00bb y por qu\u00e9 Giannina (su hija) la hac\u00eda cuando no ten\u00eda gana de obedecer&#8230; secretos nuevos y llenos de encanto para m\u00ed- deseo intenso de to\u00admar el agua bendita y temor de profanarla.<\/em><\/p>\n<p>Esos secretos nuevos que ella evocar\u00e1 al fin de su vida con tal frescor \u00bfc\u00f3mo no los iba a confiar, en cuanto los descubri\u00f3, a las p\u00e1ginas de su diario, y, a trav\u00e9s de esas p\u00e1ginas, a su cu\u00f1ada Rebeca? La escena, a\u00fan entonces, se imprimi\u00f3 en su esp\u00edritu con tal fuerza que consigna sus m\u00e1s peque\u00f1os detalles, aquellos in\u00adcluso que son para nosotros, hoy, inusitados y rom\u00e1nticos.<\/p>\n<p>Pero \u00bfqui\u00e9n no sabe por experiencia qu\u00e9 relieve puede tomar tal juego de luz, tal palabra, tal ruido, que se encuentra asociado fortuitamente al recuerdo de uno de esos momentos privilegiados en que nos es dado hacer un descubrimiento desconcertante?<\/p>\n<p>Igualmente qued\u00f3 grabado en la memoria de Isabel todo lo de aquella noche en que, por primera vez, a la edad de 29 a\u00f1os, hizo la se\u00f1al de la cruz. Ella es\u00adtaba de pie, cerca de la ventana. La luna, llena, brillaba de tal suerte que un reflejo de luz azulina jugaba sobre el rostro de Antonio, tambi\u00e9n de pie. Es en\u00adtonces cuando con gravedad <em>\u00a1\u00e9l me muestra c\u00f3mo hacer la se\u00f1al de la Cruz! Rebeca querida, \u00a1Oh qu\u00e9 tremenda impresi\u00f3n la que sent\u00ed, al hacerla, personal\u00admente, por primera vez! Estaba helada por ello. \u00a1La se\u00f1al de la Cruz de Cristo sobre m\u00ed! Con ella me vinieron entonces los pensamientos m\u00e1s profundos, pensa\u00admientos de no s\u00e9 qu\u00e9 deseos, los m\u00e1s ardientes, de estar \u00edntimamente unida a Aqu\u00e9l que muri\u00f3 en ella, pensamiento de aquel postrer d\u00eda en que El volver\u00e1 tray\u00e9ndola, triunfalmente.<\/em><\/p>\n<p>Un recuerdo b\u00edblico envuelve tambi\u00e9n para ella esa nueva experiencia: el del cap\u00edtulo X del libro de Ezequiel donde, el Profeta, en una visi\u00f3n, es testigo de la separaci\u00f3n futura y terror\u00edfica de los justos y de los pecadores.<\/p>\n<p>\u00abLa gloria del Dios de Israel se remont\u00f3 por encima de los Querubines en donde reposaba, hacia el umbral del Templo. Y llam\u00f3 al hombre vestido de lino, con la escriban\u00eda a la cintura, y le dijo: Vete por la ciudad, recorre Jerusal\u00e9n y marca una Tau en la frente de los que se lamentan afligidos por las abomina\u00adciones que all\u00ed se cometen. Y o\u00ed que dec\u00eda a las dem\u00e1s: \u00abRecorred la ciudad en pos de \u00e9l, herid sin compasi\u00f3n y sin clemencia; a viejos, j\u00f3venes, doncellas, ni\u00f1os y mujeres, matadlos sin que quede ni uno. Pero no toqu\u00e9is al que lleve una T sobre s\u00ed\u00bb\u00bb (Ez 9, 3-4).<\/p>\n<p><em>Has advertido <\/em>-prosigue Isabel, comentando ese pasaje del Profeta- <em>hay advertido que la letra T (la T del alfabeto griego) con que el \u00e1ngel debe marcarnos en la frente es una cruz. Toda la religi\u00f3n cat\u00f3lica est\u00e1 llena de esas significacio\u00adnes que me interesan tanto.<\/em><\/p>\n<p>Tan pertinente es su advertencia, en este caso preciso, que la Biblia de Jeru\u00adsal\u00e9n ha optada -en nuestros d\u00edas- por la traducci\u00f3n de la palabra \u00abcruz\u00bb en ese pasaje de Ezequiel, mientras otras traducciones han conservado la thau que, manifiestamente, se encontraba en el texto b\u00edblico de la edici\u00f3n protestante que usaba entonces Isabel. El detalle, por peque\u00f1o que sea, vale la pena de que se le subraye. Pero, a decir verdad, al inter\u00e9s de la alusi\u00f3n hecha en el texto b\u00edblico es quiz\u00e1s, en este lugar del diario, mucho m\u00e1s digna de consideraci\u00f3n de lo que podr\u00eda parecer a primera vista. El tacto discret\u00edsimo con que Isabel evoca para Rebeca los vers\u00edculos de Ezequiel permite concluir que el texto les era demasiado familiar a ambas para que resultara \u00fatil hacer al respecto alguna precisi\u00f3n. Ahora bien \u00bfNo se tratar\u00eda entonces de un texto grato a los disc\u00edpulos de Lutero y de Calvino, que querr\u00edan ver en \u00e9l una prueba en apoyo, de la predestinaci\u00f3n tal como ellos la hab\u00edan cre\u00eddo descubrir: una predestinaci\u00f3n que, por el deseo de no quitar nada a la trascendencia divina, comporta un atentado irremediable a la libertad del hombre? Es de fe, no obstante, que Dios, por habernos creado libres, se obliga a s\u00ed mismo a respetar esa libertad. Tal es la posici\u00f3n cat\u00f3lica. Sin pre\u00adtender explicar el misterio que subsiste, la Iglesia <em>cat\u00f3lica <\/em>ha profesado siempre\u00ad que, si Dios s\u00f3lo salva a los hombres, no les salva sin ellos. Las palabras que \u00adsiguen inmediatamente despu\u00e9s de la alusi\u00f3n al texto b\u00edblico permiten presumir que Isabel ha presentido hasta qu\u00e9 punto tal manera de considerar el problema es a la vez m\u00e1s digna de Dios y m\u00e1s conforme a la naturaleza del hombre. \u00abToda la religi\u00f3n cat\u00f3lica est\u00e1 llena de esas significaciones que me interesan tanto\u00bb, ha confesado respecto a la se\u00f1al de la Cruz. Y es para a\u00f1adir -especie de epi\u00adfonema de una reflexi\u00f3n \u00edntima de la que no manifiesta todo el encaminamiento-: \u00a1Y, <em>Rebeca, ellos creen que todo lo que hacemos y sufrimos, si lo ofrecemos (a Dios) por nuestros pecados, sirve para expiarlos! <\/em>Todo no est\u00e1 claro a\u00fan para ella, sin duda. Frente al misterio de la predestinaci\u00f3n, ella ha pensado siempre, por otra parte, que todos los hombres de buena voluntad estaban salvados. Se lo ha afirmado tranquilamente ya a Antonio Filicchi. Resta que nuevos horizontes se descubran a sus ojos, ella presiente su inmensidad.<\/p>\n<p>Con toda evidencia, el conocimiento de la Santa Escritura viene a ser para ella una preparaci\u00f3n excelente as\u00ed para el encuentro como para la comprensi\u00f3n de la liturgia cat\u00f3lica y tambi\u00e9n de los dogmas cat\u00f3licos. De ah\u00ed que las concordancias que ella descubre entre el esp\u00edritu de los Libros Santos y el esp\u00edritu mismo que anima la vida de los miembros de la Iglesia cat\u00f3lica la impresionen tanto m\u00e1s cuanto que el Antiguo y Nuevo Testamento han representado siempre para ella la Palabra de Dios, su aut\u00e9ntico mensaje a las hombres, que uno escruta con respeto, a fin de sacar de all\u00ed el agua que brota en vida eterna. Mucho m\u00e1s todav\u00eda que los s\u00edmbolos b\u00edblicos de los que est\u00e1 impregnada toda la liturgia cat\u00f3lica, la hace estremecerse de profunda emoci\u00f3n la viviente actualidad que conservan para sus amigos toscanos tal o cual de los textos b\u00edblicos. \u00a1Pero, c\u00f3\u00admo! \u00a1Dios tiene a bien aceptar de nuestra parte las penitencias y los sacrificios que se le ofrecen en uni\u00f3n con el Sacrificio del Redentor para la expiaci\u00f3n de los pecados! \u00bfLa cooperaci\u00f3n entre El y nosotros en el negocio capital de nuestra salvaci\u00f3n -de lo que las cat\u00f3licos hacen un dogma de fe- derivar\u00eda verdadera\u00admente de los textos de la Santa Escritura? Ya que en fin, para ser l\u00f3gica, \u00bfno deb\u00eda interpretar Isabel en este sentida el ayuno cuaresmal cuya pr\u00e1ctica cons\u00adtataba, por primera vez? Efectivamente, desde el mi\u00e9rcoles de Ceniza, los Filicchi observan la ley rigurosa del ayuno diario tal como estaba entonces en vigor, en una \u00e9poca en que las naturalezas, m\u00e1s robustas que las nuestras, eran capaces de soportar su austeridad. Si cada ma\u00f1ana, en efecto, se contin\u00faa sirviendo a la Sra. Seton y a su hija un substancioso desayuno, ni Antonio ni Amabilia, vienen desde entonces a compartirlo con ellas, excepto el domingo. Sorprendida, la jo\u00adven mujer no deja de pedir a sus amigos todas las explicaciones deseables. Y co\u00admunica a Rebeca su nueva experiencia. Ciertamente, la palabra \u00abayuno\u00bb les era familiar, \u00bfpero qu\u00e9 representaba ella en Nueva York, sino el recuerdo lejano de un comportamiento caduco?<\/p>\n<p><em>Tal vez t\u00fa ni te acuerdes de ello, un d\u00eda pregunt\u00e9 al Sr. Hobart lo que era preciso entender por el ayuno del que se habla en nuestro PRAYER BOOK. La ma\u00f1ana del mi\u00e9rcoles de Ceniza, me hab\u00eda sorprendido, en realidad, dici\u00e9n\u00addole a Dios tan bobamente: \u00abYo me vuelvo hacia ti en el ayuno, las l\u00e1grimas y el duelo\u00bb, cuando hab\u00eda llegado a la iglesia tan plena de vida y de ardor des\u00adpu\u00e9s de haberme tomado las rebanadas y el caf\u00e9 de un desayuno y pensando muy poco en mis pecados. T\u00fa te acuerdas, sin duda, de lo que respondi\u00f3 al respecto el Sr. Hobart: que se trataba all\u00ed de viejas costumbres, etc. \u00a1Pues bien! La Sra. Fi\u00adlicchi, con la que vivo aqu\u00ed, no come jam\u00e1s en esta \u00e9poca de la Cuaresma antes de que el reloj haya dado las 3 de la tarde. Solamente entonces se pone a la mesa con su familia. Dice que ella ofrece su fatiga y la molestia que le causa el ayuno por sus pecados, en uni\u00f3n con los sufrimientos de su Salvador. \u00a1Me gus\u00adta mucho eso! Pero lo que me gusta m\u00e1s todav\u00eda, \u00a1oh mi querida Rebeca! -piensa un poco cu\u00e1nta fuerza representa- es que ellos van a misa todas las ma\u00f1anas.<\/em><\/p>\n<p>Es un hecho: la misa diaria posible, la comuni\u00f3n de cada ma\u00f1ana, ese don inapreciable ante el que pasamos tan a menudo, los dem\u00e1s, sin tomar conciencia del prodigioso misterio de amor que representa para nosotros personalmente, enciende literalmente en el coraz\u00f3n de Isabel la hoguera de un deseo que nada en adelante ser\u00e1 capaz de extinguir.<\/p>\n<p><em>\u00a1Ah! <\/em>-prosigue el diario destinada a Rebeca- <em>cu\u00e1ntas veces nos sucedi\u00f3 a ti y a m\u00ed lanzar un suspiro, la noche del domingo, y tu brazo estrechaba en\u00adtonces el m\u00edo, cuando me dec\u00edas: \u00ab\u00a1Ahora, ya nada hasta el domingo pr\u00f3ximo!\u00bb, mientras dej\u00e1bamos la puerta de la iglesia que acababa de cerrarse de nuevo detr\u00e1s de nosotras (a no ser que se hubiera prevista un d\u00eda de oraci\u00f3n en el de\u00adcurso de la semana). \u00a1Pues bien!, aqu\u00ed ellos van a la iglesia todas las ma\u00f1anas, desde las cuatro, si lo desean. Y t\u00fa sabes tambi\u00e9n c\u00f3mo se re\u00edan de nosotras por\u00adque corr\u00edamos de una iglesia a otra, los domingos del <\/em>SACRAMENTO, <em>para recibir el <\/em>SACRAMENTO <em>tantas veces como nos fuera posible. \u00a1Pues bien!, aqu\u00ed, la gente que ama a Dios, que se conduce bien, que lleva una vida reglada, puede ir all\u00e1 (aunque muchos no lo hagan, aun <\/em>PUDIENDO <em>ir) todos los d\u00edas.<\/em><\/p>\n<p>Lo que es inconcebible para ella -\u00bfhay necesidad de subrayarlo despu\u00e9s de una p\u00e1gina tan luminosa?- no es el <em>Misterio de la Fe <\/em>en su doble realidad de sacrificio eucar\u00edstico y de comuni\u00f3n sacramental en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo realmente presente, sino m\u00e1s bien el hecho de que los que tienen la dicha de creer en tal don de Dios puedan no aprovecharse de \u00e9l todos los d\u00edas. Una conclusi\u00f3n se impone a su esp\u00edritu y a su coraz\u00f3n con una evidencia irre\u00adfutable: \u00bfc\u00f3mo entonces pueden estar abatidos en la tierra, desanimados, cual\u00adquiera que sea la prueba que han de soportar, los que creen en la presencia real? De su coraz\u00f3n se escapa un grito que no puede dejar de transcribir en su diario: <em>\u00a1Pero si tienen que ser tan dichosos como los \u00e1ngeles! Y <\/em>concluye: Si, <em>personalmente, no creo eso -es decir el Misterio de la Fe tal cual lo propone la Iglesia cat\u00f3lica como verdad de fe- \u00a1no ser\u00e1 por falta de haber orado!<\/em><\/p>\n<p><em>Ore y docum\u00e9ntese, <\/em>le ha recomendado Felipe Filicchi. Su oraci\u00f3n, que ha hecho brotar, m\u00e1s que todos los consejos y razonamientos, Cristo mismo pre\u00adsente en las iglesias que ella visita, presente en la capilla que, por un privilegio especial, poseen los Filicchi en su propia casa, es en realidad una s\u00faplica ince\u00adsante, de las que van directas al coraz\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>Al asomarse sobre sus confidencias, que se agolpan bajo su pluma cuando va acabarse su estancia en Liorna, uno discierne en su alma como una fascinaci\u00f3n de la que nace una adhesi\u00f3n vital, irresistible, anterior a todo razonamiento l\u00f3gico, a toda deducci\u00f3n intelectual. \u00abEl coraz\u00f3n tiene sus razones que la raz\u00f3n no conoce\u00bb. Naturalmente aplicar\u00edamos aqu\u00ed a Isabel Seton aquel c\u00e9lebre dicho de Pascal. Su coraz\u00f3n, efectivamente, se la lleva de manera m\u00e1s segura que toda dial\u00e9ctica. Coma al Ap\u00f3stol \u00abhabiendo sido personalmente alcanzado por Cristo Jes\u00fas\u00bb, le es preciso \u00abproseguir su carrera, proseguir su b\u00fasqueda, para alcanzarle a su vez\u00bb (Flp 3, 12).<\/p>\n<p>No es que sus amigos la hayan provisto, sin embargo, abundantemente, desde aquel momento, de s\u00f3lidos tratados de apolog\u00e9tica. Ellos han puesto en sus ma\u00adnas, entre otras obras de valor, la Exposici\u00f3n de la Doctrina cat\u00f3lica, de Bossuet y la Introducci\u00f3n a la vida devota, de san Francisco de Sales. Su excelente cono\u00adcimiento de la lengua francesa le permite leer a ambos en el texto original. Que tiene una pregunta que plantear, una duda que esclarecer, Antonio y Felipe est\u00e1n siempre disponibles para sostener con ella una amigable discusi\u00f3n. En sus ansias de iluminar a la joven americana y de hacer caer, si puede, ya antes de su par\u00adtida, todas sus prevenciones frente a la Iglesia cat\u00f3lica, Felipe ha ido m\u00e1s lejos todav\u00eda. Apelando a la ciencia esclarecida de uno de sus amigas, el P. Pecci, ha redactado, de concierta, con el eminente religioso, que ser\u00e1 m\u00e1s tarde obispo de Gubbio y cardenal, una argumentaci\u00f3n estricta, destinada a poner en plena luz la divinidad de la Iglesia cat\u00f3lica. Con una aut\u00e9ntica habilidad, los dos hombres han sabida, precisamente, poner de relieve los argumentos sacadas de la Santa Escritura, y no han dudado en buscar en el Prayer Book, cuyas p\u00e1ginas, una por una, son tan familiares a Isabel, verdaderas pruebas en favor de la verdad que se proponen demostrar.<\/p>\n<p>Felipe Filicchi, adem\u00e1s, da cuenta a Mons. Juan Carroll tanto de su conducta como de los motivos sobrenaturales y desinteresados que se la dictan en una carta que se propone confiar a la Sra. Seton a fin de recomendar la joven americana al primer obispo nombrado para los Estados Unidas cuya sede episcopal de Baltimore fue erigida en 1789.<\/p>\n<p>Ha advertido en ella -escribe \u00e9l en sustancia- al lado de cualidades huma\u00adnas incontestables, una apertura a las cuestiones religiosas muy superior a lo que jam\u00e1s \u00e9l hab\u00eda encontrado. Ha quedado impresionado por la delicada fidelidad con que Isabel viv\u00eda, en concreto, su vida de esposa y de madre. Ha cre\u00eddo discernir en ella una sinceridad de esp\u00edritu poco com\u00fan. Igualmente no duda en reconocer, dentro del concurso de circunstancias que la han conducido a Italia y la retienen all\u00ed, una disposici\u00f3n providencial. \u00bfNo ha sido todo permitido por Dios, a fin de otorgar a la Sra. Seton retractarse de los prejuicios infundados que alimentan frente a la Iglesia cat\u00f3lica sus compatriotas, hacerla encontrar la luz, conducirla por fin a la verdadera Iglesia?<\/p>\n<p>Tal era la esperanza que hab\u00eda brotado en el coraz\u00f3n de Felipe Filicchi des\u00adde que hab\u00eda conocido a la joven americana. Y en seguida hab\u00eda mantenido se\u00adcreta esa esperanza. Pero la actitud misma de Isabel, d\u00e1ndole la seguridad de que no se hab\u00eda equivocado al respecto, hab\u00eda de inducirle pronto a ir resuelta\u00admente adelante. Tal constataci\u00f3n -quiere precisar para el obispo- le colma a la vez de dicha y de temor, ya que no deja de tomar conciencia de la delicadeza que requiere la tarea que viene a ser entonces la suya. \u00bfTendr\u00e1 las cualidades pa\u00adra cumplirla? Considerando, no obstante, que la Providencia se complace en ser\u00advirse de los instrumentos m\u00e1s d\u00e9biles, ha cre\u00eddo deber suyo no descuidar nada para ayudar a la joven episcopaliana en su b\u00fasqueda de la verdad. Con esa in\u00adtenci\u00f3n, ha reunido toda la documentaci\u00f3n que ha podido. Ha propuesto a su lectura las obras m\u00e1s serias. Le ha recomendado arar y consultar a quienes les ha sido confiada la misi\u00f3n de ense\u00f1ar. Le ha prometido, finalmente, interesar en su caso al obispo de Baltimore a fin de que, una vez de vuelta en su pa\u00eds, la Sra. Seton no se sienta abandonada a s\u00ed misma en el camino, donde, necesaria\u00admente, corre el riesgo de encontrarse muy sola.<\/p>\n<p>Que haya hecha o no leer a la interesada las l\u00edneas que acaba \u00e9l de redactar para Mons. Carroll, las p\u00e1ginas del diario de Isabel en el decurso de marzo de 1804 prueban hasta qu\u00e9 punto Felipe Filicchi hab\u00eda visto claro. Un atractiva cierto la provoca y la gu\u00eda hacia la religi\u00f3n cat\u00f3lica. Ella ha descubierto all\u00ed, con la presencia real de Cristo en la eucarist\u00eda, una fuente inagotable de vida espiritual que responde a sus aspiraciones m\u00e1s profundas, ya que ella siente, por intuici\u00f3n, que all\u00ed, y solamente all\u00ed, encontrar\u00e1 personalmente la plenitud de que est\u00e1 se\u00addienta.<\/p>\n<p>En realidad, \u00bfqu\u00e9 tendr\u00eda ella que renunciar de sus convicciones anteriores pa\u00adra adherirse a la fe cat\u00f3lica? Pr\u00e1cticamente nada. \u00bfNo tiene ella conciencia de que la Santa Escritura, aun cuando en aquella \u00e9poca fuera menos conocida por los cat\u00f3licos que lo es en nuestros d\u00edas, est\u00e1 lejos de ser letra muerta? Si ellos la citan entonces menos habitualmente que las protestantes, su vida de cada d\u00eda se refiere a ella sin cesar, como est\u00e1 impregnada de ella su liturgia. Testigo la pr\u00e1ctica efectiva del ayuno cuaresmal, testigo sobre todo, la aut\u00e9ntica caridad, puesta en pr\u00e1ctica inequ\u00edvoca del mandamiento del Se\u00f1or, de la que ella no ha cesado de tener experiencia desde su llegada a Toscana. A los sacramentos del bautismo y de la eucarist\u00eda -y qu\u00e9 riqueza insospechada aporta al <em>sacramento <\/em>el dogma de la presencia real- los cat\u00f3licos a\u00f1aden los de la penitencia, de la confirmaci\u00f3n, del matrimonio, del orden y de la <em>unci\u00f3n de los enfermos. <\/em>Ella que pasee en raro grado el sentido de la vida, y tan f\u00e1cilmente traspasa la corteza de las palabras para alcanzar la sustancia de las cosas, tiene la intuici\u00f3n profunda de la fuente vital que brota y fluye de cada uno de los siete sacramentos. Una confesi\u00f3n hecha por ella en una de sus primeras cartas escritas a los Filicchi desde Am\u00e9rica, ese mismo a\u00f1o, no permite dudarlo un instante.<\/p>\n<p><em>Yo no pod\u00eda dejar de pensar en lo que es un lecho de enfermo, un lecho de moribundo, en vuestro dichoso pa\u00eds, ya que en vuestra casa, quien se sabe perdi\u00addo humanamente, encuentra la paz y el reconfortamiento en los auxilios de la religi\u00f3n&#8230; Ah\u00ed aqu\u00e9l a quien llam\u00e1is padre de vuestra alma tiene cuidado de ella y cela sobre ella en ese momento de desfallecimiento y de dolor, cuando va a. separarse del cuerpo, con el mismo cuidado que vosotros y yo ponemos en velar por nuestro hijito que acabamos de traer al mundo, en sus primeras necesida\u00addes, desde que \u00e9l entra en la existencia&#8230;<\/em><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 necesidad hay de insistir sobre una nostalgia de esa clase? \u00bfC\u00f3mo dudar, despu\u00e9s de tantas confidencias hechas con una tan conmovedora simpli\u00adcidad, que, desde el final de su estancia en Liorna, Isabel est\u00e1 presta a abando\u00adnarse en la corriente vital que la arrastra hacia el catolicismo? Ni siquiera 1a amistad de los santas deja de responder ya a una de sus secretas aspiraciones. La vida de San Francisco de Sales, sus obras que ella ha le\u00eddo, le han revelado uno de los lados a la vez tan sobrenatural y tan humano de la Iglesia cat\u00f3lica. Parece, en verdad, que, lejos de sentirse extranjera en esa Iglesia cuya riqueza divina la maravilla, la fascina, ella sienta confusamente que solamente all\u00ed est\u00e1 el \u00fanico redil del que habl\u00f3 Cristo, que reclam\u00f3 El mismo con todas sus ansias: \u00ab&#8230;habr\u00e1 un solo reba\u00f1o, un salo pastor\u00bb (Jn 10, 16).<\/p>\n<p>Y una se pone a evocar el magn\u00edfico pasaje de la Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica <em>De Ecclesia <\/em>formulada por el Vaticano II: \u00abEsta es la \u00fanica Iglesia de Cristo, que en el S\u00edmbolo confesamos como una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica, y que nuestro salvador, despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, encomend\u00f3 a Pedro para que la apa\u00adcentara, confi\u00e1ndole a \u00e9l y a los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles su difusi\u00f3n y gobierno, y la erigi\u00f3 perpetuamente coma <em>columna y fundamento de la verdad. <\/em>Esta Iglesia establecida y organizada en este mundo como una saciedad, subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comuni\u00f3n coa \u00e9l, si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad que, coma bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad cat\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p>Suponiendo que las circunstancias, en lugar de llevarla otra vez a Nueva York, hubieran permitida a Isabel establecerse desde aquel momento, con sus cinco hijos, junto a los Filicchi, es l\u00edcito presumir que su paso de la comuni\u00f3n episcopaliana a la fe cat\u00f3lica se hubiera operado sin choque y espont\u00e1nea\u00admente. Sin duda ella se hubiese aventurado sin discusiones y sin demoras por el camino que se abr\u00eda ante sus ojos, segura de encontrar dentro de la Iglesia cat\u00f3lica la plenitud sobrenatural de vida divina a la que siempre hab\u00eda aspirado. Ella hubiera llegado hasta all\u00ed a la manera de los peregrinos de Montenero, despu\u00e9s de un ascenso dura quiz\u00e1s, pero sencillo. Sin renegar de ninguno de los valores positivos ofrecidos a su fe por la Iglesia donde ella hab\u00eda recibido un aut\u00e9ntico bautismo, las hubiera superado y, muy lejos de perderlos, los hubiera vuelto a encontrar en su riqueza y su plenitud originales, dep\u00f3sito divino confiado por el Redentor a la guarda de Pedro y conservado intacto en la Iglesia cat\u00f3lica, cuales\u00adquiera que pudieran ser, por otra parte, las debilidades y los defectos de que los miembros de esa Iglesia y hasta los sucesores de Pedro no hayan sabido siempre preservarse personalmente.<\/p>\n<p>Pero entraba todav\u00eda en los designios providenciales del Se\u00f1or que Isabel Seton retornara primero, allende los oc\u00e9anos, a su propio pa\u00eds. Ella deb\u00eda, a la manera de sus ascentro5, proseguir en el Nuevo Mundo su tarea de pioneros. Ellos, un sigla y media antes, hab\u00edan tenido que roturar pacientemente unas tierras incultas, cerradas a menudo par una vegetaci\u00f3n exuberante, donde las lianas y los zarzales les opon\u00edan a veces un obst\u00e1culo tenaz. Ella deber\u00eda abrirse tambi\u00e9n, en la sole\u00addad y el dolor, un camino -en otro dominio- y volver a encontrarse unos obst\u00e1culos m\u00e1s terribles y m\u00e1s desgarradores que los de ellos. Pero haci\u00e9ndolo, ella abrir\u00eda un camina real a millares y millares de otros. Esa Isabel estaba, en verdad, muy lejos de imaginarlo. Pero Dios lo sab\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Por: Marie-Dominique Poinsenet.<br \/>\nPublicado en CEME, 1977<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Har\u00e9 andar a los ciegos por la calzada que no conocen, por senderos que ignoran los guiar\u00e9. Ante ellos trocar\u00e9 en luz la tiniebla, el suelo pedregoso en senda llana. 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Deseaba mucho poder verte, y sab\u00eda que solo tu indisposici\u00f3n pod\u00eda impedir mi deseo. Espero, con ansiosa expectativa, al d\u00eda de ma\u00f1ana. Tuya. 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