{"id":9622,"date":"2016-08-06T13:00:01","date_gmt":"2016-08-06T11:00:01","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/15\/isabel-seton-la-biografia-12-anunciacion\/"},"modified":"2016-07-26T09:36:22","modified_gmt":"2016-07-26T07:36:22","slug":"isabel-seton-la-biografia-12-anunciacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-12-anunciacion\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 12 &#8211; Anunciaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><em>No temas, que yo te he rescatado,<br \/>\nte he llamado por tu nombre, t\u00fa eres m\u00edo&#8230;<br \/>\nporque tienes gran precio a mis ojos,<br \/>\neres valioso y yo te amo.<br \/>\n&#8230;no temas, que yo estoy contigo.<br \/>\nIs 43, 1-5<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed pues, el <em>28 <\/em>de diciembre de <em>1803, <\/em>Isabel Seton se halla sola con la peque\u00ad\u00f1a Ana en el Viejo Continente. No tiene <em>30 <\/em>a\u00f1os todav\u00eda. Est\u00e1 viuda. Su marido, al morir, solamente le ha dejado deudas inherentes a la quiebra de la empresa comercial en la que hab\u00eda colocado toda su fortuna. De los cuatro hijos m\u00e1s peque\u00f1os, dejados en Am\u00e9rica, Isabel no tiene noticias desde el d\u00eda de su sali\u00adda, <em>2 <\/em>de octubre \u00faltimo, es decir hace casi tres meses. Y cuando se embarc\u00f3 con Guillermo y Ana Mar\u00eda en <em>The Shepherdess, <\/em>su \u00faltima hijita, Bec, estaba triste\u00admente enferma. Nada de cablegramas en esa \u00e9poca, ni siquiera de correo asegu\u00adrado regularmente por los nav\u00edos cuya salida y llegada eran con frecuencia aleatorias.<\/p>\n<p>Para volver, ahora, a su pa\u00eds le es necesario aguardar a que <em>The Shepherdess, <\/em>fondeado en el puerto de Liorna, est\u00e9 presto para hacerse de nuevo a la mar: la fecha de esa salida permanece imprecisa.<\/p>\n<p>De no ser por la amistad tan llena de delicadeza de los Filicchi, la soledad y melancol\u00eda hubieran sido deprimentes para la madre y la hijita de <em>8 <\/em>a\u00f1os. Pera desde la noche de las exequias, Antonio y su mujer Amabilia instalaron en su casa oficialmente a Isabel y a Ana, que viene a ser para todos, desde entonces, Anina.<\/p>\n<p>-\u00a1Oh, <em>Ma <\/em>-hace notar la ni\u00f1a, usando espont\u00e1neamente ella tambi\u00e9n el diminutivo italiano para hablar a su madre- <em>cu\u00e1ntos amigos nos ha dado Dios en este pa\u00eds extranjero, ya que todos son amigos nuestros incluso antes de co\u00adnocernos!<\/em><\/p>\n<p>A este c\u00e1lido afecto que la rodea, Isabel es sensible. Los <em>Filicchi <\/em>-escribe ella con destino a su cu\u00f1ada Rebeca- <em>hacen todo lo que pueden por facilitarme las cosas, y les parece que en ello no hacen nunca bastante. Desde el d\u00eda en que dejamos la casa no hemos encontrado m\u00e1s que bondad, incluso por parte de los criados y de los extra\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p>La joven mujer est\u00e1 asombrada por la universal simpat\u00eda que ella encuentra, sin darse cuenta de que su porte, de una heroica sencillez, provoca la admiraci\u00f3n de aquellos de quienes ha venido a ser la hu\u00e9sped siempre amable y discreta. Pues ella lleva el peso de su aflicci\u00f3n con verdadera nobleza. No hace de ella un misterio, pero tampoco la ostenta. Parece que vive a la letra el consejo que daba san Pablo a los cristianos de Tesal\u00f3nica: \u00abNo and\u00e9is tristes como esos otros que no tienen esperanza. \u00bfNo creemos que Jes\u00fas muri\u00f3 y resucit\u00f3? Pues tambi\u00e9n a los que han muerto, Dios, por medio de Jes\u00fas, se los llevar\u00e1 con El\u00bb (I Tes 4, 13-14).<\/p>\n<p>Esa actitud profundamente cristiana en un miembro de una iglesia disidente no deja de asombrar a los cat\u00f3licos italianos que se acercan cada d\u00eda a la joven americana. Y es para menear la cabeza y murmurar, seg\u00fan la mentalidad de la \u00e9poca: \u00abSi no fuera <em>hereje, <\/em>ser\u00eda una santa\u00bb. M\u00e1s que todos los dem\u00e1s, los Filicchi est\u00e1n sorprendidos de una vida interior que, pr\u00e1cticamente, anima todas las re\u00adacciones, gu\u00eda el comportamiento de la viuda de Guillermo Seton. El, a quien hab\u00edan conocido unos a\u00f1os durante la \u00e9poca de su juventud, les hab\u00eda parecido un hombre honorable y ciertamente cabal, pero indiferente a toda pr\u00e1ctica reli\u00adgiosa. Ninguna cuesti\u00f3n -al parecer- se le hab\u00eda planteado en este dominio con ocasi\u00f3n de las estancias, bastante prolongadas sin embargo, que hab\u00eda efec\u00adtuado en pa\u00edses esencialmente cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>El caso de Isabel es muy diferente del suyo. De buenas a primeras y sin pre\u00admeditaci\u00f3n alguna, las relaciones que se establecen entre ella y las dos familias Filicchi se sit\u00faan en un plano espiritual y religioso. Ella no puede privarse de considerar con un inter\u00e9s apasionado la forma de vivir de los cat\u00f3licos, en cuan\u00adto tales. Ellos, profundamente marcados, sin saberlo, por los prejuicios de su tiempo y de su pa\u00eds, no se resignan a ver fuera de la Iglesia Cat\u00f3lica, a una mujer que vive con tal intensidad la ense\u00f1anza del Evangelio. El drama que va a desarrollarse para Isabel, y que ya se encuentra en marcha desde los primeros d\u00edas de enero de 1804 ha de ser repuesto en su contexto hist\u00f3rico, tan diferente del nuestro, para que no queden escandalizadas nuestras formas de ver actuales. Los primeros a\u00f1os del siglo XIX est\u00e1n mucho m\u00e1s pr\u00f3ximos a las Guerras de Re\u00adligi\u00f3n -si no en el tiempo, al menos en los esp\u00edritus- que al Concilio ecum\u00e9nico <em>Vaticano II. <\/em>Constataci\u00f3n objetiva de un hecho hist\u00f3rico, cargado adem\u00e1s de consecuencias, que no habr\u00e1 que perder de vista, so pena de falsear los datos de un problema que va a revelarse tan delicado y tan doloroso. No es cuesti\u00f3n, en\u00adtonces, de <em>hermanos separados -disiuncti <\/em>dice el Concilio con m\u00e1s delicadeza todav\u00eda- que buscan, por una y otra parte, entablar un di\u00e1logo, con el reconoci\u00admiento leal de errores personales o colectivos que deplorar, de valores positivos que descubrir incluso all\u00ed donde no ha sido guardada la verdad por entero. Para los cat\u00f3licos del Viejo Continente apenas existen al margen de <em>los fieles <\/em>m\u00e1s que tres categor\u00edas de personas: los <em>herejes, los cism\u00e1ticos y los paganos. <\/em>En cuanto a los miembros de las <em>iglesias reformadas <\/em>de Am\u00e9rica, enga\u00f1ados, muchos, por la confusi\u00f3n que existe entre libertad religiosa e independencia pol\u00edtica, per\u00adsisten en mirar a la Santa Sede y todo lo que se relaciona con ella, como una potencia extranjera de la que es necesario librarse a todo precio. Algunos, m\u00e1s raros, por estar metidos en una dial\u00e9ctica apasionada, no dudan en considerar a los \u00abpapistas\u00bb como puntales del Anticristo.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n se extra\u00f1ar\u00eda, entonces, de que el paso de la comuni\u00f3n episcopaliana a la religi\u00f3n cat\u00f3lica se encuentre impedido, en s\u00f3lo el plano social, por una inex\u00adtricable red de dificultades inconcebibles en nuestra \u00e9poca?<\/p>\n<p>Las insinuaciones de los Filicchi, por leales y bienintencionadas que fueran, no dejan de parecernos por otra parte precipitadas y hasta indiscretas. El 3 de enero de 1804, Isabel anota en su diario con destino a Rebeca:<\/p>\n<p><em>Estoy terriblemente acosada por estos caritativos romanos que desear\u00edan <\/em>-dicen- <em>que tanta bondad se haga todav\u00eda mejor por una conversi\u00f3n. A este efecto, se han tomado la molestia de conducirme a su sacerdote mejor formado, el P. Plunkett, que es irland\u00e9s&#8230; <\/em>Ella confiesa que, a decir verdad, estaba <em>muy deseosa de escuchar su conversaci\u00f3n, y que, hasta el presente, sigue en t\u00e9rminos amistosos con todos.<\/em><\/p>\n<p>Es evidente que, si se piensa que Guillermo Seton muri\u00f3 el 27 de diciembre, es decir, ocho d\u00edas antes exactamente, los Filicchi no han perdido su tiempo para \u00abtratar de ganarse\u00bb a Isabel en un asunto de tal importancia. Pero no es menos evidente que ella se presta gustosa a su intervenci\u00f3n. Parecer\u00eda incluso que su actitud, como su inclinaci\u00f3n a la vez secreta e irresistible, la lleva incansable\u00admente a ese plano. Aunque los Filicchi hubieran guardado ante la joven ameri\u00adcana la mayor reserva, ella no se hubiese privado, personalmente, de abrir bien los ojos para ver vivir a los cat\u00f3licos, para comparar su comportamiento con el de los protestantes, para reflexionar, plantear preguntas, sacar conclusiones. Aho\u00adra bien, la familia que la recibe en Liorna es una de esas familias que hoy llamar\u00edamos <em>militantes. <\/em>Nada de formalismo en casa de Antonio y de Amabilia Filicchi. Convicciones profundas, una fe inquebrantable, activa, irradiante. Si ha impresionado a los Filicchi el sentido sobrenatural de que ha dado pruebas Isa\u00adbel desde el d\u00eda en que <em>The Shepherdess <\/em>arribaba al puerto toscano, ella ha des\u00adcubierto, por su lado, con una admiraci\u00f3n semejante, la caridad, la bondad, la paciencia, la delicadeza de que se encuentra impregnada toda la vida de sus amigos de Italia.<\/p>\n<p>En ambos hogares -el de Felipe y el de Antonio- se da la misma inteli\u00adgencia, la misma armon\u00eda, la misma expansi\u00f3n humana y espiritual. Entre Anto\u00adnio y Amabilia que tienen ya dos hijos al menos en ese tiempo, reina una intimidad donde la vida de fe no es extra\u00f1a, la intimidad misma que Isabel hubiera deseado tanto compartir con Guillermo todo a lo largo de sus nueve a\u00f1os de vida conyugal y de la que no tuvieron experiencia com\u00fan hasta la v\u00edspera de su separaci\u00f3n terrestre.<\/p>\n<p>La amistad que se traba, profunda y definitiva, entre los Filicchi y la viuda de Guillermo Seton se funda en una estima rec\u00edproca. Ahora bien, porque de una y de otra parte las realidades sobrenaturales tienen indiscutiblemente la primac\u00eda, el lugar de encuentro privilegiado ha de situarse necesariamente en el plano espiritual.<\/p>\n<p>Cuando Isabel deja Liorna por unos d\u00edas, a partir del 9 de enero, para acompa\u00f1ar a Amabilia hasta Florencia, Antonio le dirige estas l\u00edneas:<\/p>\n<p><em>Su querido Guillermo fue el primer compa\u00f1ero de m\u00ed juventud. Usted ha ocupado ahora su puesto. Su alma es todav\u00eda m\u00e1s querida a Antonio, y lo ser\u00e1 siempre. Que Dios todopoderoso esclarezca su esp\u00edritu y fortifique su coraz\u00f3n para ver y para seguir, en lo que concierne a la religi\u00f3n, el camino m\u00e1s seguro y m\u00e1s verdadero que conduce a la vida bienaventurada. Yo ir\u00e9 a buscarla, es preciso que yo la encuentre en el para\u00edso, si est\u00e1 escrito que la inmensidad del oc\u00e9ano ha de extenderse pronto entre nosotros. No cese, entretanto, de orar, de llamar a la puerta. Conf\u00edo en que nuestro Redentor no permanecer\u00e1 sordo a la humilde oraci\u00f3n de un ser que le es tan querido&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Uno podr\u00eda extra\u00f1arse en buena ley de ver con qu\u00e9 insistencia intenta An\u00adtonia Filicchi llevarse a Isabel al buen redil. El act\u00faa en verdad cual un hombre que, de pie sobre el puente de un s\u00f3lido nav\u00edo, arrojara el bote de salvamento<\/p>\n<p>a aqu\u00e9l cuya fr\u00e1gil embarcaci\u00f3n cree ver hundirse al mismo instante. Le parece un mal momento para discutir o para tergiversar: \u00a1se trata para \u00e9l de actuar con rapidez! Ah\u00ed est\u00e1, sin duda, el error de perspectiva de Antonio Filicchi: creer en peligro inminente a todos aquellos que no se encuentran, como \u00e9l, en la bar\u00adca insumergible de Pedro. La rectitud de su intenci\u00f3n, al menos, es indiscutible. Su desea de compartir con la mujer de Guillermo -cuyo recuerdo sigue siendo para \u00e9l querido- el mayor de los tesoros que posee, la verdadera fe, le dicta una conducta que nuestra \u00e9poca juzgar\u00eda prematura. Pero parece, por otra parte, que, sin saberlo tal vez, le gu\u00eda una intuici\u00f3n profunda y segura. En el pensamien\u00adto de Dios tiene \u00e9l, efectivamente, un papel que desempe\u00f1ar, un giro decisivo que cautive la vida de Isabel. Porque ella est\u00e1 hecha de tal forma que no hay paliativo humano que pueda aliviar su tristeza presente: s\u00f3lo los consuelos de orden espiritual pueden reconfortarla. Antonio lo comprende. Por lo tanto \u00bfc\u00f3mo no iba a plantearse, en ese terreno, necesaria y dura, la cuesti\u00f3n crucial de la divisi\u00f3n de los cristianos?<\/p>\n<p>Apenas ha acabado la joven mujer de redactar las cartas que han de anun\u00adciar a su familia y a sus amigos de Am\u00e9rica la muerte de Guillermo, cuando ya los Filicchi, deseosos de procurarle un alivio, han decidido hacerla visitar la ciudad de Florencia. Sustraerse a tal insinuaci\u00f3n ser\u00eda indelicadeza. Isabel parte pues, con Amabilia. Helas a ambas en la rica ciudad donde se alzan, a cada una de las riberas del Arno, los palacios suntuosos y las obras maestras de arte, cuales son la catedral, el bautisterio, las bas\u00edlicas, las iglesias, los museos. Para una americana de 1804, el descubrimiento del arte medieval es una sorpresa inesperada que sucesivamente la extra\u00f1a y la maravilla. El n\u00famero de las igle\u00adsias es s\u00edntoma de la vitalidad religiosa de la ciudad. Pero la riqueza misma de los santuarios no dejan de recordar a Isabel las advertencias m\u00e1s bien acerbas que el Rvdo. Hobart le hab\u00eda hecho al respecto antes de su salida de Nueva York. Para \u00e9l, tal fausto desplegado en los templos del Se\u00f1or parec\u00eda estar en desacuerdo con la mentalidad protestante.<\/p>\n<p>Falta de una cultura hist\u00f3rica y art\u00edstica que la joven Am\u00e9rica hubiera tenido mucha dificultad en dar, Isabel no escoger\u00e1 la majestuosa belleza de la catedral a del bautisterio de vasta c\u00fapula, no se detendr\u00e1 a detallar las finas esculturas que hacen de sus puertas una joya. Pero ella consigna sus impresiones respecto a su visita a la bas\u00edlica de la <em>Annunziata <\/em>las cuales son algo bien diferente de unas impresiones de arte.<\/p>\n<p><em>El domingo 8 de enero, a las 11, fui con la Sra. Amabilia a la bas\u00edlica de la SANTISSIMA ANUNZIATA<\/em>. <em>Habiendo pasado a1 otro lado de un cortinaje, vi cientos de personas arrodilladas: pero la penumbra de la capilla alumbrada tan s\u00f3lo por las velas de cera colocadas en el altar y por una peque\u00f1a ventana situada en alto cubierta por una tela de seda verde, daba de primeras a todo lo que ve\u00eda un aspecto muy impreciso, mientras que aquella especie de m\u00fasica, dulce y lejana, que transporta el esp\u00edritu hasta sugerirle un pregusto de las ale\u00adgr\u00edas celestes, despert\u00f3 en mi alma, en un segundo, todo lo que le es sensible, todo lo que le es querido. Olvidando la presencia de la Sra. Amabilia y de todo lo que me rodeaba, ca\u00ed de rodillas en el primer sitia libre que encontr\u00e9, y me puse <\/em>a <em>llorar acord\u00e1ndome de todo aquel tiempo <\/em>-\u00a1cu\u00e1nto tiempo!- <em>en que hab\u00eda sido extranjera en la casa de mi Dios, y de la tristeza acumulada que me hab\u00eda separado de ella. No necesito decirte <\/em>-estas l\u00edneas est\u00e1n destinadas tambi\u00e9n a Rebeca- <em>que recit\u00e9 con toda mi alma nuestro querido <\/em>oficio, <em>en la medida al menos que mi turbaci\u00f3n me permit\u00eda recordarlo. Cuando dej\u00f3 de tocar el \u00f3rgano y se acab\u00f3 la misa, hicimos el recorrido de la bas\u00edlica. La belleza del techo con artesonado esculpido e incrustado de oro, los altares cargados de oro, de plata y otros adornos preciosos, los cuadros cuyo tema es siempre un tema sagrado y la c\u00fapula donde se encuentran representadas diferentes escenas sacadas de la Sa\u00adgrada Escritura, todo aquello no se puede concebir a trav\u00e9s de una descripci\u00f3n; no m\u00e1s de lo que se puede concebir el encanto que fue el m\u00edo, cuando vi hom\u00adbres de edad, se\u00f1oras ancianas, mujeres j\u00f3venes y toda clase de gente arrodilla\u00addos unos al lado de otros sin ninguna distinci\u00f3n, en torno al altar, sin prestarnos m\u00e1s atenci\u00f3n a nosotras y a los dem\u00e1s visitantes que si no estuvi\u00e9semos all\u00ed.<\/em><\/p>\n<p><em>Al otro lado de la iglesia, otra capilla ofrec\u00eda un espect\u00e1culo id\u00e9ntico. Se estaba celebrando all\u00ed igualmente la misa, y yo segu\u00eda a la Sra. Filicchi andando de puntillas, incapaz de mirar en torno m\u00edo, a pesar de que todas aquellas gentes estaban tan sumidas en sus oraciones a en la recitaci\u00f3n del rosario que el pasa de una extranjera les dejaba bien indiferentes.<\/em><\/p>\n<p>Dos l\u00edneas evocar\u00e1n este recuerdo en los <em>Dear Remembrances. <\/em>\u00a1Qu\u00e9 densas en su brevedad!:<\/p>\n<p>&#8211; <em>primera visita a la iglesia de la <\/em>.4rrnourtCIATION (sic) <em>en Florencia &#8211; &#8211; &#8211; \u00a1oh, Dios m\u00edo, &#8211; &#8211; &#8211; T\u00fa solo puedes saber!<\/em><\/p>\n<p>Lo que retiene preferentemente de su visita a la iglesia del convento de los Oratorianos, aborrecida desde entonces, es la actitud de <em>un joven sacerdote que estaba abriendo su peque\u00f1a capilla con un rostro serio y recogido como si su alma hubiera penetrado delante de \u00e9l. Y <\/em>comenta: Mi <em>alma le hubiese seguido a gusta. All\u00ed deb\u00eda haber la m\u00e1s bella armon\u00eda, pero por la noche solamente, y ninguna mujer pod\u00eda ser admitida.<\/em><\/p>\n<p>Siempre con Amabilia, se traslada en coche a los jardines de Boboli. Las amplias y m\u00faltiples salas que la hacen admirar en el palacio de verano de Mar\u00eda Luisa, viuda del que fue Pr\u00edncipe de Parma, rey de Etruria y rey de Toscana de 1801 a 1803, evocan para ella \u00abla soberbia de Salom\u00f3n y su inquietud de esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a Ana Mar\u00eda, ella se extra\u00f1a ingenuamente de que la reina sea una mujer como las dem\u00e1s, reconocible \u00fanicamente por el n\u00famero impresionante de s\u00e9quito que la rodea.<\/p>\n<p>Las colinas verdegueantes, los campos cultivados que se extienden a ambos lados de la carretera, llevan invariablemente el pensamiento de Isabel hacia la campi\u00f1a de Am\u00e9rica y hacia los que -all\u00e1 lejos- ignoran todav\u00eda lo que ha pasada en Liorna y en Pisa, y que Guillermo ya no est\u00e1. Apoyado el rostro en el cristal del coche que vuelve a ganar Florencia, la joven mujer contiene con dificultad sus l\u00e1grimas y se esfuerza por sonreir a sus hu\u00e9spedes que ponen tanto cuidado en procurarle el solaz f\u00edsico necesario. Ciertamente, ella se lo agradece, pero ella prefiere a\u00fan a los paseos esta velada del domingo en que sus amigos, invitados a la \u00f3pera, la han dejado sola en su habitaci\u00f3n con la peque\u00f1a Ana junto a un buen fuego. Juntas, la madre y la hija recitan el oficio, y, lejos de las miradas extra\u00f1as, dejan correr sus l\u00e1grimas sin freno.<\/p>\n<p><em>Pap\u00e1 querido est\u00e1 alabando a Dios en el cielo <\/em>-dice Anina- y <em>yo no debe\u00adr\u00eda llorar, pero yo piensa que es natural \u00bfno, mam\u00e1?<\/em><\/p>\n<p><em>Haber podido traer a Ana Mar\u00eda <\/em>-subraya Isabel- <em>es una de las mayores gracias que me han sido concedidas, y eso por muchas razones.<\/em><\/p>\n<p>A partir del lunes, Amabilia les lleva a ambas a los <em>Uffizi. <\/em>Guillermo le hab\u00eda hecho una descripci\u00f3n tan entusiasta de aquellas galer\u00edas de arte que Isabel queda un tanto decepcionada. Las recientes campa\u00f1as francesas en Italia han causado, es verdad, entre las obras de arte de Florencia, como en tantas otras ciudades, irreparables da\u00f1os. Pero la joven mujer se detiene con complacencia ante los cuadros que representan al \u00abRedentor a la edad de doce a\u00f1os -una Madona\u00ady el Bautista de muy joven\u00bb. Las estatuas de bronce le parecen magn\u00edficas. Con\u00adfiesa no obstante -detalle pintoresco y revelador de una \u00e9poca y de una civi\u00adlizaci\u00f3n- que ella, una americana, no se atrevi\u00f3 a mirar de frente aquellos \u00abdesnudos\u00bb.<\/p>\n<p>De una a otra sala, ella va de sorpresa en sorpresa. Jam\u00e1s ha visto tal profu\u00adsi\u00f3n de objetos curiosos y antiguos. Y mientras contempla, examina, admira, su garganta se anuda dolorosamente con el pensamiento obsesivo de Guillermo que le hab\u00eda prometido llevarla personalmente a los Uffizi: \u00abSola -confiesa ella\u00ad no pude gozar de todo aquello sino a medias\u00bb.<\/p>\n<p>La visita de los palacios, de los museos, de las galer\u00edas de arte no la en\u00adcuentra, sin duda, indiferente. El diario destinado a Rebeca no deja de mencio\u00adnarlo, y los detalles, finamente anotados aqu\u00ed y all\u00ed, son una prueba de que Isabel no se content\u00f3 con una ojeada superficial. Pero manifiesta que la visita a los santuarios tiene mucho m\u00e1s atractivo para ella. Monumentos hist\u00f3ricos al igual que los palacios, donde se encuentran reunidas tantas, y a veces m\u00e1s, obras de arte que en los museos, las iglesias ejercen sobre la joven americana una irresistible fascinaci\u00f3n. Pero esa fascinaci\u00f3n es de otro orden.<\/p>\n<p><em>He ido a la iglesia de San Lorenzo <\/em>-anota tambi\u00e9n aquel lunes, 9 de enero- y <em>fui presa all\u00ed de un sentimiento de dicha tan intensa que me acerqu\u00e9 al altar mayor hecho de piedra y de los m\u00e1s preciosos m\u00e1rmoles. <\/em>Junto aquel altar, se siente invadida de pronto de un ardor \u00edntimo que se apodera de ella por entero, mientras le viene espont\u00e1neamente al esp\u00edritu el primer vers\u00edculo del <em>Mag\u00adnificat: \u00abProclama mi alma la <\/em>grandeza del <em>Se\u00f1or, se alegra mi esp\u00edritu en Dios mi Salvador\u00bb. Luego otra <\/em>reminiscencia <em>b\u00edblica la hace evocar \u00ablas ofrendas que David y Salom\u00f3n <\/em>presentaban al <em>Se\u00f1or, <\/em>cuando <em>fue consagrado a su santo tem\u00adplo y santificado para su servicio todo lo que el arte y la naturaleza <\/em>ten\u00edan <em>de m\u00e1s rico y de mayor valor\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Visita <\/em>igualmente, y no sin experimentar una especie <em>de v\u00e9rtigo, <\/em>la capilla <em>funeraria de los M\u00e9dicis, <\/em>donde <em>las estatuas <\/em>de <em>granito <\/em>de los soberanos, con <em>la cabeza coronada de oro, <\/em>sostienen en <em>la mano el cetro de un ef\u00edmero poder.<\/em><\/p>\n<p>Si consiente en <em>acompa\u00f1ar a sus amigos a la \u00f3pera -aquella noche del <\/em>lunes <em>todav\u00eda- <\/em>es \u00fanicamente <em>porque Guillermo le hab\u00eda repetido infinidad <\/em>de veces su desea de que <em>escuchara al famoso tenor Giacomo <\/em>Davide. <em>Seg\u00fan la costumbre toscana de la \u00e9poca, los Filicchi se <\/em>presentan <em>all\u00ed enmascarados. Como extranjera, Isabel aparecer\u00e1 con sombrero y velo. Por otra parte, hay all\u00ed tal oscuridad -explica ella- que apenas si puedes distinguir a la persona que est\u00e1 a tu lado. <\/em>\u00abEn <em>aquella audici\u00f3n, en todo caso, no <\/em>encontr\u00f3 ning\u00fan <em>placer, a pesar de los esfuerzos que hizo por <\/em>interesarse <em>en <\/em>ella. \u00bfFalta <em>de <\/em>cultura <em>musical por su parte, tal vez, <\/em>o mediocridad del <em>concierto? \u00bfQui\u00e9n puede <\/em>decirlo? Mi <em>Guillermo hab\u00eda deseado tanto que escuchara a ese Davide &#8211;confiesa ella- que trat\u00e9 de encontrar placer en ello, pero no hubo ni una nota siquiera que me tocara el coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>A1 d\u00eda <\/em>siguiente <em>los Felicchi la conducen a Santa Maria Novella, luego al palacio Pitti. La <\/em>suntuosidad <em>de la mansi\u00f3n regia, el despliegue fastuoso de las riquezas que <\/em>descubre <em>all\u00ed, apenas la impresionan. Todo se ha reunido para hacer del palacio Pitti un modelo de elegancia y de gusto: tal es el parecer de los en\u00adtendidos. En cuanto a m\u00ed, no puedo juzgar&#8230; <\/em>Solamente <em>una obra de arte -to\u00addav\u00eda all\u00ed- es capaz de <\/em>detener <em>su atenci\u00f3n: Hay un descendimiento de la cruz, casi de tama\u00f1o natural. La expresi\u00f3n de Mar\u00eda, al pie de la cruz, mostraba de veras que el hierro de la lanza hab\u00eda penetrado en su propio coraz\u00f3n, y hab\u00eda tal contraste entre las sombras de la muerte extendidas sobre su expresi\u00f3n angus\u00adtiada y la paz celeste del querido Redentor, que parec\u00eda que los dolores de El hab\u00edan ca\u00eddo sobre Ella. \u00a1Qu\u00e9 duro me fue alejarme de aquel cuadro! Durante las horas transcurridas desde que lo vi, me sucedi\u00f3, a menudo, cerrar los ojos y volver a verlo en la imaginaci\u00f3n. Hab\u00eda tambi\u00e9n una pintura que representa a Abraham e Isaac. Era tan expresiva que parec\u00eda que ten\u00edan que percibirse hasta los latidos del coraz\u00f3n del patriarca.<\/em><\/p>\n<p><em>Es tal su emoci\u00f3n, al contemplar las <\/em>escenas <em>b\u00edblicas, que le es imposible <\/em>contener <em>por completo las l\u00e1grimas. Se felicita de ver a los que la acompa\u00f1an <\/em>detenidos, un poco <em>m\u00e1s <\/em>lejos, <em>por otra obra maestra. Habr\u00eda <\/em>sido con Rebeca con quien la hubiera <em>gustado pasar all\u00ed largos ratos delante <\/em>de los lienzos que <em>la cautivan y la <\/em>conmueven <em>por su inspiraci\u00f3n misma: Querida hermana, \u00a1qu\u00e9 alegr\u00eda hubieras tenido de ver aquello!<\/em><\/p>\n<p><em>La visita al museo de anatom\u00eda <\/em>y de <em>historia natural, <\/em>adonde <em>la gu\u00edan, el mi\u00e9rcoles, sus amigos, lleva muy <\/em>naturalmente <em>su <\/em>pensamiento hacia <em>aquel c\u00e9\u00ad<\/em>lebre <em>cirujano <\/em>que <em>fue su padre, el Dr. Bayley. Tambi\u00e9n all\u00ed, el realismo de la exposici\u00f3n de la sala de anatom\u00eda no estar\u00e1 lejos de chocar con el <\/em>sentido de <em>las <\/em>conveniencias <em>sociales <\/em>que le <em>ha <\/em>sido <em>inculcado. Pero de un vuelo, con un <\/em>buen sentido <em>humano y sobrenatural a la vez, su esp\u00edritu equilibrado puntualiza <\/em>sanamente: <em>Era humillante y penoso de ver, s\u00ed, <\/em>pero \u00bfno era, al fin, \u00abla obra de la mano todopoderosa\u00bb del Creador? Las salas de historia natural, por el con\u00adtrario, la detienen largos ratos. <em>Un mes y m\u00e1s <\/em>-declara ella- <em>no ser\u00eda excesivo para contemplar todo a satisfacci\u00f3n, y <\/em>ser\u00eda una cosa magn\u00edfica si su cu\u00f1ado, el Dr. Post, pudiera hacer con ella tan apasionante visita.<\/p>\n<p>En unas l\u00edneas, anota tambi\u00e9n que vio la academia de escultura -veros\u00ed\u00admilmente el <em>Bargella- y <\/em>visit\u00f3 el jard\u00edn bot\u00e1nico.<\/p>\n<p>Apenas est\u00e1 de vuelta en Liorna, se presenta al capit\u00e1n O&#8217;Brien. \u00bfEst\u00e1 fijada ya la fecha de salida de <em>The Shepherdess? <\/em>Isabel se entera con cierta decepci\u00f3n de que el nav\u00edo no se har\u00e1 de nuevo a la mar antes de la mitad de febrero. Un mes durante el cual -ella lo sabe bien- no podr\u00e1 abstenerse de acompa\u00f1ar a Amabilia por las iglesias de la ciudad, ni tampoco substraerse a las discusio\u00adnes que suscitar\u00e1n en toda ocasi\u00f3n Antonio y Felipe. Ella se enfrenta a su argu\u00admentaci\u00f3n con una sonrisa maliciosa, un tantico ir\u00f3nica, pareciendo, a veces, di\u00advertirse con inter\u00e9s intempestivo que manifiestan sus amigos respecto a su sal\u00advaci\u00f3n eterna. Pero cuando ella est\u00e1 sola de nueva en su habitaci\u00f3n con Anina, la asaltan preguntas candentes que es incapaz de eludir. Esas preguntas se las plantea directamente a la madre la propia hija:<\/p>\n<p><em>Mam\u00e1, \u00bfhay cat\u00f3licos en Nueva York? Mam\u00e1, \u00bfpodr\u00edamos ser cat\u00f3licas no\u00adsotras?<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; &#8211; &#8211; corazoncito abierto a las casas divinas que se manifiesta respecto a todo <\/em>&#8211;comentar\u00e1n m\u00e1s tarde los <em>Dear Remembrances, <\/em>recordando precisa\u00admente aquellos prop\u00f3sitos de la hija y su <em>pasi\u00f3n por visitar las iglesias.<\/em><\/p>\n<p>En realidad, la dolorosa confrontaci\u00f3n con las divisiones acaecidas dentro de la Iglesia de Cristo no deja ya tregua en el alma ardiente y leal de Isabel. \u00bfPor qu\u00e9 esas divisiones, cuando no hay m\u00e1s que un solo Dios, un solo Cristo, un solo bautismo, como lo afirma San Pablo? \u00bfNo son v\u00e1lidas todas las comuniones cris\u00adtianas? Ella interroga a este respecto a Felipe. Y \u00e9l, con gravedad, buscando en una lengua que le es menos familiar que a su hermano, las palabras m\u00e1s ade\u00adcuadas para expresar su pensamiento, formula su respuesta de una forma absoluta: &#8211; No puede haber m\u00e1s que una sola religi\u00f3n verdadera.<\/p>\n<p>&#8211; Oh se\u00f1or, -redarguye ella- si no hay m\u00e1s que una fe y nadie puede agradar a Dios sin tenerla \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n, entonces, todas las buenas gentes que mueren fuera de esa fe?<\/p>\n<p>&#8211; No s\u00e9 -responde Felipe- eso depende de la luz de fe que hayan recibi\u00addo. Pero yo s\u00e9 a d\u00f3nde van las gentes que pueden conocer la verdadera fe, si oran para tenerla y se documentan al respecto, y que sin embargo no lo hacen.<\/p>\n<p>&#8211; Es tanto coma decir, se\u00f1or, que usted quiere que yo ore, y que me do\u00adcumente, y que abrace su fe -replica Isabel, riendo-.<\/p>\n<p>Y, casi solemnemente, el italiano concluye: &#8211; Ore y documentese, es todo lo que le pido.<\/p>\n<p>Las l\u00edneas siguientes -escritas con destino a Rebeca- parecen ciertamente ser el comentario personal inmediato de Isabel a aquella conversaci\u00f3n: <em>As\u00ed pues, mi querid\u00edsima Bec, me r\u00edo con Dios cuando trato de ser seria, y cada d\u00eda, como me lo ha recomendado ese excelente hombre, repito las palabras del viejo Pope:<\/em><\/p>\n<p><em>No que yo pudiera pensar que hab\u00eda un mejor camino que el que conoc\u00eda, pero es necesario respetar a cada uno en su propio camino<\/em>.Tal es, por el mo\u00admento, la posici\u00f3n de Isabel.<\/p>\n<p>Un hecho es innegable: cualesquiera que puedan ser para su esp\u00edritu las pruebas de orden intelectual y doctrinal anticipadas ante ella por Felipe y An\u00adtonio Filicchi, Isabel no puede defenderse del irresistible atractivo que ejerce sobre todo su ser la liturgia cat\u00f3lica. Aquellos cuadros, aquellas estatuas, aque\u00adlla luz, aquellas flores, aquellas colgaduras, aquel sonido del \u00f3rgano, todo aquello precisamente contra lo que Enrique Hobart la hab\u00eda puesto en guardia, despierta dentro de su ser como un eco cuya profundidad la deja personalmente asombra\u00adda. No hay duda ninguna de que las m\u00e1s \u00edntimas fibras de su sensibilidad femeni\u00adna est\u00e1n vivamente afectadas, tanto m\u00e1s cuanto que Isabel como todas las mu\u00adjeres de su generaci\u00f3n est\u00e1 marcada por la ola del romanticismo ambiental. \u00bfNo acaba de publicar Chateaubriand, precisamente en 1802, su <em>Genio del Cristia\u00adnismo?<\/em><\/p>\n<p>Tal reacci\u00f3n adem\u00e1s se inscribe en la naturaleza humana, es normal y buena. \u00abEstamos hechos de tal forma -explica Juan XXIII- que un acorde de \u00f3rgano, un canto colectivo dulce o grave, acompa\u00f1ado o ilustrado por una letra apropiada y serena (hay m\u00fasica en la palabra), todo concurre a hacer vibrar el co\u00adraz\u00f3n, a alentar un estado de alma en b\u00fasqueda de fuerza y de paz\u00bb <sup>2<\/sup>.<\/p>\n<p>No es la sensibilidad sola de la joven americana lo que est\u00e1 all\u00ed en causa, es su coraz\u00f3n -en el sentido pascaliano de la palabra. Si el contraste que acaba de descubrir entre los templos de Nueva York y las iglesias de Toscana la coa mueve hasta tal punto, es porque ella ha percibido en las segundas lo que, des\u00adde siempre, m\u00e1s o menos conscientemente, buscaba en las primeras: <em>una pre\u00adsencia. <\/em>Y la prueba de esa presencia \u00bfno le ha sido dada por aquella multitud, arrodillada sobre las losas de m\u00e1rmol, que prosegu\u00eda en un silencio exterior un coloquio \u00edntimo con el querido Redentor, vuelto el rostro hacia lo que los ca\u00adt\u00f3licos llaman el <em>sagrario?<\/em><\/p>\n<p>\u00bfDe d\u00f3nde le vino aquella conmoci\u00f3n de todo su ser que, en la iglesia de <em>San Lorenzo <\/em>la empuj\u00f3 hasta las gradas del altar mayor, por qu\u00e9 salt\u00f3 de su co\u00adraz\u00f3n a sus labios aquel vers\u00edculo del <em>Magnificat, <\/em>sino porque precisamente al\u00adguien estaba all\u00ed que le hablaba al coraz\u00f3n?<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana del 2 de febrero, durante la misa de la Candelaria, Amabilia murmur\u00f3 discretamente unas palabras a su intenci\u00f3n: \u00abCristo est\u00e1 verdadera\u00admente presente sobre el altar\u00bb. Hundida la cabeza entre las manos, Isabel trata en vano de contener sus l\u00e1grimas. \u00a1Si esas palabras fueran verdad!<\/p>\n<p>Al paso y medida que transcurren los d\u00edas, ella experimenta como una cer\u00adtidumbre vital contra la que ning\u00fan razonamiento puede actuar. Parece que ella ha hecha suyo el consejo de San Cirilo de Alejandr\u00eda, que Pablo VI se complace en recordar a los fieles en su enc\u00edclica <em>Mysterium Fidei, <\/em>siguiendo a Santo To\u00adm\u00e1s: \u00abNo vayas a preguntarte si es verdad, sino m\u00e1s bien acepta con fe las pala\u00adbras del Salvador, porque siendo El la verdad, no miente\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando la fecha de partida est\u00e1 ya muy pr\u00f3xima para las dos americanas, los Filicchi se empe\u00f1an en llevarlas con ellos hasta el c\u00e9lebre santuario de <em>Mo\u00adtenero. <\/em>Sobre la roca volc\u00e1nica de una de las altas colinas pr\u00f3ximas a Liorna hab\u00eda sido construido en el siglo xtv un monasterio. Los monjes de Vallumbrosa se hab\u00edan quedado all\u00ed, guardianes de la iglesia dedicada a Nuestra Se\u00f1ora de Gracia. Hab\u00eda sobre el altar mayor un cuadro de la Madre de Dios con su Hijo en los brazos. Proven\u00eda -se dec\u00eda- de una isla de Grecia, de donde hab\u00eda sido transportado milagrosamente a Toscana. Un pastor lo hab\u00eda encontrado y, por orden de la propia Virgen, la preciosa pintura hab\u00eda sido llevada al monas\u00adterio de <em>Montenero. <\/em>Sea lo que fuere de la piadosa leyenda, la iglesia del monas\u00adterio hab\u00eda llegado a ser un lugar de peregrinaci\u00f3n muy querido para los tosca\u00adnos. Numerosos eran los peregrinos que se aventuraban por la pendiente escar\u00adpada del camino que acced\u00eda al monasterio, despu\u00e9s de una larga marcha, \u00fani\u00adcamente para arrodillarse un momento a los pies de Nuestra Se\u00f1ora de Gracia.<\/p>\n<p>Los turistas emprend\u00edan tambi\u00e9n gustosos la subida a fin de visitar el viejo monasterio de bell\u00edsimas esculturas, pero m\u00e1s a\u00fan, quiz\u00e1s, para admirar un panorama que, desde all\u00e1 arriba, se revelaba magn\u00edfico: al oeste, el mar Tirreno; al sur, mucho m\u00e1s all\u00e1 del valle risue\u00f1o del Arno, la cadena de los Apeninos; y muy pr\u00f3ximas, el puerto y la ciudad de Liorna con sus campanile y campa\u00adnarios, sus viejas calles y sus fuentes. Los Filicchi sab\u00edan que Isabel no ser\u00eda indiferente a tal espect\u00e1culo, pero si ellos han querido venir al monasterio de Nuestra Se\u00f1ora de Gracia, en este comienzo de febrero de 1804, es como pere\u00adgrinos y no como turistas. Ellos tienen una deuda de gratitud muy personal hacia la madona, pues Felipe debe a los monjes de Vallumbrasa haber escapado de un peligro inminente en el momento que la campa\u00f1a de Italia, dirigida por Bona\u00adparte, hab\u00eda provocado en Toscana sangrientos tumultos pol\u00edticos. Felipe hab\u00eda encontrado all\u00ed mismo un refugio junto a los monjes: si ellos no le hubieran acogido, hubiese corrido el riesgo de la muerte. La peregrinaci\u00f3n que tienen costumbre de hacer los Filicchi desde entonces al santuario de Montenero la hacen con la seriedad que ponen en todo lo que para ellos es expresi\u00f3n de su fe.<\/p>\n<p>Entraron en la iglesia del monasterio con Isabel, para asistir a la misa. Lo que iba a pasar en aquel santuario de Nuestra Se\u00f1ora de Gracia, Isabel no hab\u00eda de olvidarlo jam\u00e1s. Por dos veces encontramos testimonios de ello bajo su pluma, y uno no puede abstenerse de evocar los dos relatos de la conversi\u00f3n de San Pablo, hechos por su propia boca, tal como lo confirman los Hechos de los Ap\u00f3stoles. En el momento que sigue a la consagraci\u00f3n, mientras el sacerdote elevaba sucesivamente la hostia y el c\u00e1liz, un joven turista ingl\u00e9s con el que, quiz\u00e1s, Isabel ha cambiado hace unos instantes algunas palabras antes de pene\u00adtrar en el monasterio, cree bueno inclinarse hacia ella para hacerla observar: \u00ab\u00a1Eso es lo que ellos llaman <em>su presencia real!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Mi propio coraz\u00f3n -\u00abmy very heart\u00bb-, <\/em>cuenta ella, <em>tuvo un estremeci\u00admiento de dolor y de tristeza frente aquella manera grosera de interrumpir su adoraci\u00f3n santa, pues todo alrededor nuestro era un silencio absoluto, y muchos, entre los asistente, estaban postrados en tierra. Instintivamente me apart\u00e9 de \u00e9l inclin\u00e1ndome sobre las losas y las palabras de San Pablo me acudieron a lo \u00edn\u00adtimo del coraz\u00f3n, mientras brotaban mis l\u00e1grimas: \u00abEllos no disciernen el Cuer\u00adpo del Se\u00f1or\u00bb. Y en seguida pens\u00e9: \u00bfC\u00f3mo pod\u00edan comer ellas y beber su propia condenaci\u00f3n por no haberle discernido, si verdaderamente no estaba ALL\u00cd<\/em>? <em>Y \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda estar <\/em>ALL\u00ed? <em>Y \u00bfc\u00f3mo hab\u00eda El insuflado mi alma dentro de m\u00ed? Y \u00bfc\u00f3mo, y c\u00f3mo&#8230; otras cien cosas de las que yo no sab\u00eda nada? Yo soy madre. Por eso el pensamiento de su madre me vino tambi\u00e9n al esp\u00edritu. \u00bfC\u00f3mo estaba El, mi Dios, chiquito beb\u00e9, en la primera fase de su vida mortal, en Mar\u00eda? Y aquellos pensamientos se fundieron con el pensamiento de mis propios beb\u00e9s en mi hogar, a los que deseaba cada vez m\u00e1s ver de nuevo.<\/em><\/p>\n<p>Aun a riesgo de caer en una repetici\u00f3n de este primer relato todo vibrante de emoci\u00f3n, es preciso citar adem\u00e1s las l\u00edneas que la Madre Seton, muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, consagrar\u00e1, en <em>sus Dear Remembrances, <\/em>a aquel instante privilegiado de su vida.<\/p>\n<p>&#8212;mi <em>primera entrada en la iglesia de la B.V.M. de Montenero en Liorna, a la elevaci\u00f3n un joven ingl\u00e9s a mi lado, olvidando las formas sociales, cuchiche\u00f3: \u00abeso es su <\/em>PRESENCIA REAL\u00bb, <em>la verg\u00fcenza que experimentaba por aquel cuchicheo y el pensamiento s\u00fabito, si nuestro Se\u00f1or no est\u00e1 all\u00ed, \u00bfpor qu\u00e9 amenaza el Ap\u00f3stol<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211;C\u00f3mo puede reprochar de no discernir el Cuerpo del Se\u00f1or, si \u00e9l no est\u00e1 presente&#8212;c\u00f3mo aquellos por quienes ha muerto podr\u00edan comer y beber su condenaci\u00f3n (como dice el texto protestante) si el Santo Sacramento no es m\u00e1s que un trozo de pan?<\/em><\/p>\n<p>Dos palabras se destacan a la primera ojeada en esta p\u00e1gina manuscrita: PRESENCIA REAL cuyas letras m\u00e1s grandes, m\u00e1s regularmente trazadas que las otras, se ponen de relieve, voluntariamente, mientras que una l\u00ednea subraya las ocho \u00faltimas del texto.<\/p>\n<p>Si hay experiencias capaces de cambiar radicalmente el curso de una vida humana \u00bfqui\u00e9n no admitir\u00e1 que la vivida por Isabel en el santuario de Nuestra Se\u00f1ora de Gracia fue una de ellas?<\/p>\n<p><em>Nota: <\/em>En su \u00abViaje de un franc\u00e9s a Italia\u00bb, Delalande consagr\u00f3 un cap\u00edtu\u00adlo a la descripci\u00f3n de Florencia. Esa descripci\u00f3n hecha con una verdadera preo\u00adcupaci\u00f3n por el detalle, confrontada can el diario de Isabel no deja de esclarecer las alusiones que hace ella, con una simple evocaci\u00f3n, a tal monumento, a tal obra maestra de la ciudad florentina.<\/p>\n<p>En la galer\u00eda de los M\u00e9dicis se encuentra -escribe Delalande- \u00abla colec\u00adci\u00f3n m\u00e1s c\u00e9lebre, la m\u00e1s rica y la m\u00e1s numerosa que hay en el mundo de estatuas antiguas, de bronces, de medallas, de cuadros preciosos. El edificio de esa gallerie (sic), que llaman vulgarmente <em>gli uffizi <\/em>a causa de las oficinas que hay en el piso bajo, tiene uno de los aspectos m\u00e1s seductores\u00bb.<\/p>\n<p>Sigue luego una enumeraci\u00f3n detallada de todas las obras maestras paganas, despu\u00e9s las obras maestras de inspiraci\u00f3n cristiana, entre las que se citan: \u00abuna Sagrada Familia de Rembrandt&#8230; Una Virgen, del Corregio, adorando al Ni\u00f1o Jes\u00fas acostado ante ella&#8230; Una adoraci\u00f3n de los Reyes Magos, del caballero Van der Werff&#8230; Un cuadrito de Miguel Angel, representando un Cristo en cruz, y, debajo, san Juan y la Magdalena. Est\u00e1 bien dise\u00f1ado y es de una bella ejecu\u00adci\u00f3n, las figuras son de casi un pie; est\u00e1 bien conservado&#8230; El sacrificio de Abraham de Liviomeus. .. \u00ab.<\/p>\n<p>Respecto al Palacio Pitti, Delalande precisa: \u00abLucas Pitti, gentilhombre flo\u00adrentino, lo hizo construir en 1460. La fachada es de Brunelleschi&#8230; En un sal\u00f3n, un bello Cristo, en marfil, de Baldafari&#8230; Una Magdalena en cuclillas de Pousin; est\u00e1 dise\u00f1ada con gracia; su color es verdadero y vigoroso, tan s\u00f3lo sus sombras son demasiado negras&#8230; Un cuadro de Andrea del Sarto, Virgen sobre un pedes\u00adtal y san Juan Evangelista de pie&#8230; Virgen y Ni\u00f1o de Andrea del Sarto&#8230; Dos Asunciones de Andrea del Sarto&#8230; <em>Madona de la fedia, <\/em>de Rafael, con el Ni\u00f1o Jes\u00fas&#8230; \u00ab.<\/p>\n<p>\u00abEl jard\u00edn del Palacio Pitti est\u00e1 orientado al mediod\u00eda; se le llama Boboli, tiene m\u00e1s de 500 toesas, desde el belvedere (mirador) que es una especie de fuerte situado en la altura, hasta la puerta de san Pedro Gattolini&#8230; Ese jard\u00edn ofrece la mayor variedad, y hay altozanos y hondonadas, grandes avenidas y peque\u00f1os sotos, macizos de flores y c\u00e9spedes campestres, grutas, fuentes, esta\u00adtuas&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEl Palacio Ricardi fue construido en 1430 por Cosme&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abSan Lorenzo es la segunda iglesia de Florencia en cuanto a prerrogativas, pero la primera sin r\u00e9plica por la famosa capilla de los M\u00e9dicis&#8230; El primero de los dos mausoleos seg\u00fan se entra es el de Juli\u00e1n de M\u00e9dicis, duque de Ne mours, hermano de Le\u00f3n X&#8230; El segundo es el de Lorenzo de M\u00e9dicis, duque de Urbino, primo de Clemente VII y padre de Catalina de M\u00e9dicis&#8230; La estatua de la Virgen sosteniendo al Ni\u00f1o Jes\u00fas es de Miguel Angel&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>El diario de Isabel ofrece, a su vez, la descripci\u00f3n siguiente de la capilla fu\u00adneraria de los M\u00e9dicis: <em>Aneja a la iglesia (de San Lorenzo) se encuentra la ca\u00adpilla de m\u00e1rmol, cuya belleza, trabajo y riqueza podr\u00edan dejar suponer que hay all\u00ed algo que supera los medios humanos, si su c\u00fapula, inacabada, no revelara sus l\u00edmites. Es la sepultura de la familia de los M\u00e9dicis. Las tumbas de granito, las coronas de oro ensartadas de piedras preciosas, el conjunto brillante como un espejo donde se reflejan las diferentes tumbas, y los Cosmes, sombr\u00edos y terribles que est\u00e1n representados, en tama\u00f1o natural sobre las tumbas, con sus coronas y sus cetros, hicieron dar vueltas a mi pobre cabecita, d\u00e9bil, como para creer que, si hubiese estado yo sola all\u00ed, jam\u00e1s hubiera recobrado su sentido.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre, t\u00fa eres m\u00edo&#8230; porque tienes gran precio a mis ojos, eres valioso y yo te amo. &#8230;no temas, que yo estoy contigo. &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-12-anunciacion\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149247,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[24],"tags":[168],"class_list":["post-9622","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-isabel-ana-bayley-seton","tag-argel"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Isabel Seton, la biograf\u00eda: 12 - Anunciaci\u00f3n - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-12-anunciacion\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 12 - Anunciaci\u00f3n - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"No temas, que yo te he rescatado, te he llamado por tu nombre, t\u00fa eres m\u00edo&#8230; porque tienes gran precio a mis ojos, eres valioso y yo te amo. &#8230;no temas, que yo estoy contigo. ... 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