{"id":9621,"date":"2016-08-05T13:00:57","date_gmt":"2016-08-05T11:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/14\/isabel-seton-la-biografia-11-ultimos-dias-primera-fusion-de-los-corazones\/"},"modified":"2016-07-26T09:36:01","modified_gmt":"2016-07-26T07:36:01","slug":"isabel-seton-la-biografia-11-ultimos-dias-primera-fusion-de-los-corazones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-11-ultimos-dias-primera-fusion-de-los-corazones\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 11 &#8211; \u00daltimos d\u00edas, primera fusi\u00f3n de los corazones"},"content":{"rendered":"<p><em>Aunque el Se\u00f1or os d\u00e9 el pan del asedio<br \/>\ny el agua de la opresi\u00f3n,<br \/>\ntu Maestro no se ocultar\u00e1 ya:<br \/>\ncon tus ojos ver\u00e1s al que te instruye,<br \/>\ncon tus o\u00eddos percibir\u00e1s<br \/>\nuna palabra a tu espalda: \u00abEse es el camino, seguidlo<br \/>\nya os vay\u00e1is a derecha o a izquierda.<br \/>\nIs 30, 20-21<\/em><\/p>\n<p>Por desconcertante que sea, en efecto, el encadenamiento de las causas se\u00adgundas que han conducido a los Seton hasta este l\u00edmite de sufrimiento y de soledad, encerrados como est\u00e1n cual verdaderos prisioneros en las \u00abcarceri\u00bb de San Leopoldo, viene a ser evidente -contemplando tal secuencia de aconteci\u00admientos a la luz de la fe- que sus treinta d\u00edas de reclusi\u00f3n inhumana son para Isabel y Guillermo unos aut\u00e9nticos d\u00edas de gracia. Es adem\u00e1s una especie de reti\u00adro preparatorio que Dios les ha preparado, tanto al uno como al otro. Para \u00e9l, ser\u00e1 la \u00faltima preparaci\u00f3n para el encuentro definitivo con el Se\u00f1or. Para ella, el encaminamiento inmediato hacia un descubrimiento cuyo precio no tiene pro\u00adporci\u00f3n con ninguna medida humana. El diario nos revela tambi\u00e9n las etapas de esta preparaci\u00f3n, de este encaminamiento y nos permite entrever las delica\u00addezas divinas imbricadas, d\u00eda a d\u00eda, en las causas segundas m\u00e1s descaminadas.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>25 de noviembre -\u00a1Ah, qu\u00e9 bueno es el Se\u00f1or que fortalece mi pobre alma! <\/em>-anot\u00f3 Isabel-. Ella se encuentra tan manca para curar, para aliviar a aquel a quien ama, a aqu\u00e9l por cuya salud ha dejado a sus cuatro hijos m\u00e1s peque\u00f1os, su casa, su pa\u00eds&#8230; <em>Todo lo que puedo darle es quina, leche y p\u00edldoras de opio que \u00e9l toma con calma, por deber, sin que parezca conservar esperanza. Cuando desfallece en m\u00ed la naturaleza, me siento incapaz de mirarle con rostro alegre, escondo mi cabeza sobre la silla, al lado de su lecho, y \u00e9l cree que rezo. Y rezo, en efecto, pues la oraci\u00f3n es todo mi alivio. Sin ella, yo le ser\u00eda de muy poca utilidad. Noche y d\u00eda \u00e9l me llama su vida, su alma, su muy <\/em>QUERIDA, <em>su todo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Sobre las puertas est\u00e1n pegados unos cartelitos que indican cu\u00e1ntos d\u00edas han pasado all\u00ed los pensionistas y la tablilla tiene marcado de arriba a abajo: diez, veinte, treinta, cuarenta d\u00edas&#8230; Yo no apunto los nuestros, con la confianza de que est\u00e1n apuntados all\u00e1 arriba. \u00a1El s\u00f3lo sabe mejor lo que nos conviene! Querido, querido Guillermo, puedo sugerirle algunas veces por unos instantes, que le ser\u00eda dulce morir. El dice siempre: \u00ab\u00a1Padre m\u00edo y Dios m\u00edo, que se haga tu voluntad!&#8230; \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de nosotros, si no conoci\u00e9ramos a Dios, si no le am\u00e1semos, si no gust\u00e1ramos sus consuelos, si no pudi\u00e9semos asir la esperanza portadora de ale\u00adgr\u00eda que El ha puesto ante nosotros y si no encontr\u00e1ramos nuestras delicias en el estudio de su Palabra bendita y de su verdad?\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00ab29 de noviembre&#8230; He explicado nuestro <\/em>TE DEUM <em>a la peque\u00f1a Ana, Ella me ha dicho: Hay algo que me inquieta, mam\u00e1. Cristo ha dicho que los que quieren reinar con El deben sufrir con El. Si yo muriera ahora \u00bfa d\u00f3nde ir\u00eda?, porque todav\u00eda no he sufrido\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Falta de \u00f3ptica todav\u00eda, sin duda, que subrayar de paso, pues es el amor con que se acepta el sufrimiento, en conformidad con la voluntad divina, el que es rico en m\u00e9rito, y no en modo alguno el sufrimiento que, tomado en s\u00ed mismo, sigue siendo un mal. La ni\u00f1a, arrastrada por la estela maternal de cuya generosi\u00addad participa de d\u00eda en d\u00eda as\u00ed como de sus desviaciones, afectada, adem\u00e1s, en su sensibilidad por el estado de salud de su padre y la atm\u00f3sfera deprimente del lazareto, sue\u00f1a en soportar pacientemente una enfermedad a fin de poder inten\u00adtar -dice ella- agradar al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Con una observaci\u00f3n exacta -esta vez- su madre pone las cosas en su punto: <em>-Pero, Ana m\u00eda, t\u00fa le agradas todos los d\u00edas, cuando me ayudas en mis dificultades.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00bfEs verdad, mam\u00e1? \u00a1Gracias, Dios m\u00edo! \u00a1Gracias, Dios m\u00edo! <\/em>-grita alegre\u00admente la chiquilla.<\/p>\n<p>En torno al fuego que atiza el viejo Luis han tomado asiento los tres: el pa\u00addre, la madre, la hija. Para los tres quiere Isabel un ambiente de alegr\u00eda, y hoy es en el profeta Isa\u00edas donde ella busca el mensaje de esperanza de que tienen tanta necesidad.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00abSe alegrar\u00e1 el desierto y el p\u00e1ramo,<br \/>\nexultar\u00e1 y florecer\u00e1 la estepa,<br \/>\ndar\u00e1 flor como el narciso,<br \/>\ndesbordar\u00e1 de gozo y alegr\u00eda&#8230;<br \/>\nLa gloria del L\u00edbano le es dada,<br \/>\nla belleza del Carmelo y del Sar\u00f3n;<br \/>\nse ver\u00e1 la gloria del Se\u00f1or,<br \/>\nla belleza de nuestro Dios.<br \/>\nFortaleced las manos fatigadas,<br \/>\nafirmad las rodillas vacilantes,<br \/>\ndecid a los corazones turbados:<br \/>\n\u00a1Animo, no tem\u00e1is!<br \/>\n\u00a1Mirad, es nuestro Dios<br \/>\nque viene a salvaros&#8230;! &#8230;<br \/>\nLos rescatados del Se\u00f1or volver\u00e1n,<br \/>\nllegar\u00e1n con clamores de j\u00fabilo,<br \/>\ndicha eterna transfigurar\u00e1 su rostro, alegr\u00eda y j\u00fabilo<br \/>\nles acompa\u00f1ar\u00e1n, dolor y llanto se acabar\u00e1n\u00bb (Is 35).<\/em><\/p>\n<p>Ya pueden las olas desencadenadas batir con gran ruido bajo la ventana mal ajustada, ya puede el viento ulular y bramar en torno:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00abM\u00e1s que la voz de las aguas caudalosas<br \/>\nm\u00e1s potente que el mar en oleaje<br \/>\nes potente el Se\u00f1or en las alturas\u00bb <\/em>(Sal <em>93, 4)<\/em><br \/>\ny su paz invade al enfermo mismo.<\/p>\n<p><em>-Pap\u00e1 <\/em>-suplica ahora la peque\u00f1a Ana-, <em>pap\u00e1, \u00a1l\u00e9enos el \u00faltimo cap\u00edtulo del Apocalipsis!<\/em><\/p>\n<p>Con una voz emocionada, vibrante, cuyas inflexiones conmueven el coraz\u00f3n de Betty, Guillermo relee, a su vez, las palabras de Juan, el disc\u00edpulo bienamado, evocando la Jerusal\u00e9n celeste, el lugar del reposo, de la luz, de la paz eterna.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Entonces el Angel me mostr\u00f3 el r\u00edo de la Vida, l\u00edmpido como el cristal, que manaba del trono de Dios y del Cordero&#8230; El trono de Dios y del Cordero se alzar\u00e1 en la ciudad y sus servidores le prestar\u00e1n servicio, le ver\u00e1n cara a cara y llevar\u00e1n su nombre en la frente. No habr\u00e1 ya noche. Pasar\u00e1n sin l\u00e1mpara o sol para alumbrarse, porque el Se\u00f1or irradiar\u00e1 sobre ellos su luz y reinar\u00e1n por los siglos de los siglos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>&#8230;El Esp\u00edritu y la esposa dicen: \u00ab\u00a1Ven!\u00bb. Diga el que escucha: \u00ab\u00a1Ven!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Quien tenga sed, que se acerque;<br \/>\nquien la desee, coja de balde el agua viva <\/em>(Ap 22).<\/p>\n<p>Cosa admirable, Guillermo es ahora capaz de gustar tal mensaje. No queda, sin embargo, tan lejos el tiempo en que las discretas insinuaciones de Isabel ha\u00adc\u00edan nacer en sus labios una sonrisa esc\u00e9ptica, suscitando incluso, a veces, par su parte, una reflexi\u00f3n burlona y desenga\u00f1ada. El, sin duda, est\u00e1 lejos de moverse en el dominio sobrenatural con la soltura de aqu\u00e9lla que, desde el primer d\u00eda de su uni\u00f3n, hab\u00eda querido verle marchar hacia Dios con el ardor, con la alegr\u00eda que ella ten\u00eda. El no atreve a\u00fan a entregarse sin reticencias a Aqu\u00e9l que, aun\u00adque de manera desconcertante, pero absolutamente segura, no cesa de perseguirle. El sabe, sin embargo, ahora, que la Fe es su \u00fanico recurso.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>En todos los momentos de la vida, \u00bfa qui\u00e9n tenemos que podamos recurrir, si no es nuestro Redentor? Pero, cuando el alma est\u00e1 a punto de dejar este mun\u00addo, es preciso que ella se agarre a El con una fuerza todav\u00eda mayor. Si no, \u00bfa d\u00f3nde asirse? Querido Guillermo <\/em>-prosigue el diario de Isabel- <em>no te vuelves hacia tu Dios bajo el golpe del terror. T\u00fa te has esforzado en servirle mucho antes que llegara esta prueba. \u00bfPor qu\u00e9, pues, no mirarle como al Padre que<\/em> <em>conoce las intenciones, las disposiciones diversas de sus hijos, y acoger\u00e1 con bondad <\/em>-graciously, dice el texto, en expresi\u00f3n dif\u00edcilmente traducible- <em>a los que van a El por el camino que El mismo ha fijado para ellos. T\u00fa dices que tu \u00fanica esperanza es Cristo. Y \u00bfde qu\u00e9 otra esperanza tenemos necesidad?<\/em><\/p>\n<p>Con el extrema despojamiento a donde Dios le ha conducido, Guillermo hace un retorno l\u00facido sobre su vida pasada y es para reconocer, finalmente, que la misericordia del Se\u00f1or le ha perseguido incansablemente. Confidencias \u00edntimas y luminosas de las que Betty consigna con amor cada una de las palabras. <em>Dice que las primeras resonancias de las llamadas evang\u00e9licas que hab\u00eda per\u00adcibido le llegaron por nuestro querido Hobart, cuando en uno de sus sermones insist\u00eda \u00e9l sobre aquella pregunta: \u00bfDe qu\u00e9 le sirve al hombre ganar el mundo entero, si llega a perder su alma? De vuelta a casa se hizo las siguientes refle\u00adxiones: \u00abYo trabajo y trabajo, y \u00bfpara qu\u00e9? Lo que gano me conduce d\u00eda tras d\u00eda a la destrucci\u00f3n de mi ser, cuerpo y alma. \u00a1Yo vivo sin Dios en el mundo, y morir\u00e9 como un miserable!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>El Sr. F. D., con quien jam\u00e1s hab\u00eda tenido relaciones de negocios, le ofre\u00adci\u00f3 asociarse con \u00e9l en una empresa que hab\u00eda montado. El negocio prosper\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de lo que hab\u00edan esperado. El Sr. F. D. le dijo en el momento de comenzar\u00adla: \u00abVoy a decirle una cosa: estoy desde hace mucho tiempo en los negocios; habiendo empezado muy pobremente, he podido construir una casa, luego otra. De modo general, siempre he tenido \u00e9xito en lo que he emprendido, y atribuyo todos esos \u00e9xitos al hecho de que, sea que se trate de grandes o de peque\u00f1as cosas, pido siempre la bendici\u00f3n de Dios sobre ellas, y \u00a1hago gran caso de esa bendici\u00f3n para el resultado de mis empresas!\u00bb. Guillermo me dice: \u00abQued\u00e9 heri\u00addo de verg\u00fcenza y de tristeza (oyendo aquello), pues, personalmente, me hab\u00eda comportado como un pagano, de cara a Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Tales son los dos hechos que considera -dice \u00e9l- como dos avisos gracias a los cuales sali\u00f3 de su indiferencia, y no puede hablar de ello sin que se le llenen los ojos de l\u00e1grimas. \u00a1Oh, las promesas que hace, si le place a Dios dejar\u00adle la vida!<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed pues, la ruina, el luto, la enfermedad y, ahora, la insoportable reclusi\u00f3n del lazareto, todo ello no era sino el camino de amor por el que Dios guiaba paso a paso al marido de Isabel, como un padre a su hijo, a fin de que por el despojamiento radical de toda alegr\u00eda humana, de toda esperanza humana, des\u00adcubriera, por fin, otra alegr\u00eda, otra esperanza. \u00bfEra pagar demasiado caro tal gracia? Isabel piensa que no. Su coraz\u00f3n de carne, aunque dolorosamente destro\u00adzado, est\u00e1 lejos de quedar insensible. Pero su fe, viviente, le permite remontarse de un aletazo por encima del abismo del dolor y de angustia donde zozobra su dicha humana, como las dos peque\u00f1as gaviotas blancas que contempla volar aquel jueves, 1 de diciembre. <em>Ellas emprenden su vuelo hacia el oeste, hacia <\/em><em>Mi HOGAR, <\/em><em>hacia mis amores. Pero no, no es esa su ruta: est\u00e1 arriba, es el cielo hacia donde toman su impulso, el cielo hacia donde yo misma intentaba hacer volar mi alma. <\/em>El \u00e1ngel de la Paz la encontr\u00f3 all\u00ed, de \u00e9l recibi\u00f3 ella la unci\u00f3n de amor y de fuerza, que hace cesar toda imaginaci\u00f3n vana, que la conduce derechamente a su Salvador y a su Dios. \u00a1TE DEVM LAUDAMUS!<\/p>\n<p>\u00a1Notable coincidencia! Es aquel 1 de diciembre de 1803, en la pieza h\u00fameda y desnuda, junto a su marido moribundo, cuando Isabel, contemplando de nuevo en esp\u00edritu los a\u00f1os de su adolescencia y las misericordias con que Dios la ha prevenido siempre, vuelve a trazar en una p\u00e1gina donde la espontaneidad de los recuerdos y la frescura de la descripci\u00f3n van parejas con la delicadeza del an\u00e1\u00adlisis psicol\u00f3gico m\u00e1s matizado, la maravilla del descubrimiento que le fue dado hacer a los 15 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Un d\u00eda, durante el a\u00f1o 1789, mientras mi padre estaba en Inglaterra, bella ma\u00f1ana de mayo, con el coraz\u00f3n ligero y lleno de alegr\u00eda salt\u00e9 a un carro que iba al bosque&#8230; Hab\u00eda all\u00ed un casta\u00f1o, espesa hierba verde y la sombra del \u00e1rbol y el calor del sol&#8230; Yo estaba all\u00ed con el coraz\u00f3n inocente, tanto cuanto un co\u00adraz\u00f3n de ni\u00f1a pudo serlo jam\u00e1s, llen\u00e1ndome de amor por Dios y de admiraci\u00f3n por sus obras. Me vino al pensamiento que mi padre que se hallaba tan lejos de m\u00ed en aquel momento no pod\u00eda tener cuidado de m\u00ed, pero que Dios era mi Padre, mi todo. Me puse a cantar himnos, bien alto en los bosques. Re\u00eda, habla\u00adba conmigo misma, admirando la bondad de Aqu\u00e9l que me levantaba tan por encima de m\u00ed misma, que me hac\u00eda superar toda tristeza. Me sent\u00e9 para sabo\u00adrear aquella paz del cielo. Estoy persuadida de que una hora de alegr\u00eda de esa clase hace avanzar diez a\u00f1os en la vida espiritual.<\/em><\/p>\n<p>Ahora, en esta obscura y fr\u00eda jornada de invierno, tan lejos de su pa\u00eds, tan desprovista de todo, le parece &#8211;confiesa ella- experimentar de nuevo la emo\u00adci\u00f3n que hac\u00eda vibrar en aquel entonces todo su ser, aquel d\u00eda soleado de prima vera, cuando todo en ella, como en torno a ella, a pesar de la ausencia momen\u00adt\u00e1nea de su padre, s\u00f3lo era alegr\u00eda y armon\u00eda.<\/p>\n<p>Por qu\u00e9 tal evocaci\u00f3n en tal momento, sino precisamente porque, una vez m\u00e1s, le place al Se\u00f1or visitarla y susurrarle como a los ap\u00f3stoles en lucha con la tempestad y la tormenta: \u00ab\u00a1Soy yo, no tem\u00e1is!\u00bb (Mt 14, 27). Tambi\u00e9n ahora. en el lazareto de Liorna, la invade la misma paz y la misma certidumbre.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00a1Me sent\u00ed con un coraz\u00f3n tan apaciguado, tan pleno de amor por Dios, con tal confianza, con tal esperanza en El! <\/em>-anot\u00f3 ella para Rebeca-. <em>D\u00eda vendr\u00e1 en que las tempestades de esta vida hayan pasado y quede por siempre la alegr\u00eda de una primavera sin nubes. Adem\u00e1s, t\u00fa lo ves, como sabes ya que es verdad, cuando se tiene a Dios por compa\u00f1\u00eda, no hay ya prisi\u00f3n cercada de muros altor, defendida con cerrojos. Nada de tristezas tampoco en el alma que est\u00e1 en Su presencia, aunque se vea acosada de preocupaciones por hoy, de inquietudes por ma\u00f1ana. Jam\u00e1s podr\u00e9 estar lo bastante agradecida por tal libertad de esp\u00edritu.<\/em><\/p>\n<p>Isabel est\u00e1 \u00edntimamente convencida de ello: ah\u00ed reside su \u00fanica fuerza. Pero es una fuerza que est\u00e1 muy por encima de las pobres fuerzas suyas. Y es de esa fuerza divina donde saca ella el coraje incesante, no solamente para hacerse junto a Guillermo su veladora atenta y preveniente, sino para elevarle d\u00eda tras d\u00eda, hora tras hora, minuto tras minuto, por encima de su sufrimiento y ansiedad hasta los horizontes eternos que la fe que ha vuelto a encontrar le permite, al fin, presentir.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>A menudo, cuando me oye recitar los salmos en los que resplandece el triunfo de Dios, cuando me oye leer los vers\u00edculos donde san Pablo proclama con toda su alma su fe en Cristo, esas palabras vienen a ser hasta tal punto vivientes <\/em><em>y pacificadoras para su propia alma que las hace suyas a su vez, y todas nuestras penas se cambian, entonces, en alegr\u00eda. \u00a1Oh, que pueda amar yo de veras a mi Dios! \u00a1Que todas las potencias de mi alma se esfuercen por contentarle! Nada, de no ser una voz ang\u00e9lica, ser\u00e1 jam\u00e1s capaz de expresar lo que El ha hecho, lo que El hace constantemente por m\u00ed. \u00a1Mientras tenga vida, mientras tenga ser, dejadme cantar, en el tiempo y en la eternidad, las alabanzas de mi Dios!<\/em><\/p>\n<p>Elevarse hacia Dios, permanecer en su presencia \u00bfno es, por otra parte, para la joven mujer, volver a encontrar a los que ella ama y de los que est\u00e1 material\u00admente separada por tan grande distancia? Ah\u00ed est\u00e1 tambi\u00e9n uno de los pensa\u00admientos que le son m\u00e1s queridos y sobre el cual vuelve el diario m\u00e1s veces.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Una cosa est\u00e1 en mi poder <\/em>-escribe ella el 2 de diciembre-, <em>aunque la comuni\u00f3n con aquellos a los que quiere mi alma no deja de estar fuera de mi alcance en otro sentido \u00bfqu\u00e9 es, en efecto, lo que me puede privar de esa comuni\u00f3n? \u00a1Podemos volver a encontrarnos en esp\u00edritu! A las cinco de la tarde aqu\u00ed, es mediod\u00eda all\u00ed. A las cinco, pues, de rodillas en un rinc\u00f3n, puedo pasar, tranquila, el tiempo que ellos pasan, personalmente, junto al altar. Y si en las circunstancias presentes no podemos recibir la copa de la salvaci\u00f3n en una tierra extranjera, podemos, no obstante, participar en ella con nuestra intenci\u00f3n, y la bendici\u00f3n de Cristo nos ser\u00e1 dada. As\u00ed que la copa de acci\u00f3n de gracias suplir\u00e1, en cierta medida al menos, a aquella copa cuya realidad hace el objeto de mi m\u00e1s caro deseo. Y, acord\u00e1ndose de las palabras del Ap\u00f3stol, a\u00f1ade: \u00bfqu\u00e9 puede, pues, separarnos del amor de Aqu\u00e9l que permanecer\u00e1 igualmente en nosotros por amor?<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Querida, querida Rebeca <\/em>-prosigue ella dos d\u00edas m\u00e1s tarde- <em>cu\u00e1ntas veces mantuvimos el fuego, por la noche, como lo hago ahora, yo sola. Yo sola, <\/em>repite, luego, como recobr\u00e1ndose: Mi <em>Biblia, los comentarios, el libro de Tom\u00e1s de Kem<\/em>pis -que ser\u00eda pues, la \u00abImitaci\u00f3n de Jesucristo\u00bb- <em>he ah\u00ed mi alegr\u00eda tangible y continua&#8230; En cuanto a lo invisible, \u00a1oh, la compa\u00f1\u00eda es numerosa!<\/em><\/p>\n<p>Parece, efectivamente, seg\u00fan sus confidencias, que Dios se complace en sos\u00adtenerla con unas consolaciones sensibles que, actualmente, le son grandemente necesarias. La devoci\u00f3n que ha tenido siempre hacia los \u00e1ngeles viene a serle en su soledad una gran confortaci\u00f3n. Ella es consciente de su presencia, de su ayuda eficaz. Ella conversa con ellos como habla con sus amigos de la tierra y eso le es una fuente de dicha sensible. Sin embargo -y es lo que ella subraya muy exactamente- esas alegr\u00edas \u00edntimas no le son dadas sino cuando todo est\u00e1 calmado en ella, <em>y despu\u00e9s que ha pasado <\/em>-dice ella- <em>una o dos horas con el rey David o el profeta Isa\u00edas, o que se ha sentido animada por la lectura de los comentarios de la Biblia. Y <\/em>concluye: <em>Pienso que esas horas he de estimarlas, en el m\u00e1s all\u00e1, como las m\u00e1s preciosas de mi vida.<\/em><\/p>\n<p>Entonces, la gratitud hinche de nuevo su coraz\u00f3n: le es preciso expresarse con exclamaciones ardientes que no le es posible contener. <em>\u00a1Oh, Dios m\u00edo y Padre m\u00edo! \u00a1Es El quien, por la voz consoladora de su Palabra, fortalece el alma en la esperanza, para librarla incluso durante las horas en que las preocupacio\u00adnes la quebrantan, fortific\u00e1ndola y asegur\u00e1ndola por la continua experiencia de su bondad plena de misericordia, d\u00e1ndole en El una nueva vida, en el momento <\/em><em>mismo en que ella est\u00e1 consumida de sufrimiento y de penas, nutri\u00e9ndola, gui\u00e1ndola y bendici\u00e9ndola a trav\u00e9s de cada una de las etapas de su peregrinaci\u00f3n te\u00adrrestre; conduci\u00e9ndola de tal suerte que su Voluntad sea su gu\u00eda hacia la dicha temporal y la gloria eterna! \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1n, desde este momento, la fidelidad m\u00e1s incansable, la sumisi\u00f3n m\u00e1s gozosa, la resignaci\u00f3n m\u00e1s humilde expresar jam\u00e1s suficientemente mi amor, mi alegr\u00eda, mi acci\u00f3n de gracias, mi alabanza?<\/em><\/p>\n<p>A quien se asombrase de tal expresi\u00f3n de alegr\u00eda espiritual en medio de tal acumulaci\u00f3n de despojamiento, de sufrimiento, de ansiedad, se le podr\u00eda respon\u00adder con estas l\u00edneas de san Juan de la Cruz:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00ab\u2026 Nuestro Se\u00f1or nos dice en san Mateo: \u00abMi yugo es suave y mi carga liviana\u00bb, la cruz es la cruz; porque si el hombre se decide a someterse a llevar esa cruz -que es determinarse de veras a querer encontrar y llevar trabajo en todas las cosas por Dios- en todas ellas hallar\u00e1 grande alivio y suavidad, para andar ese camino as\u00ed, desnudo de todo, sin querer nada\u00bb.<\/p>\n<p>Asimismo el Se\u00f1or, que conoce nuestra debilidad, sabe proporcionar, al co\u00admienzo de la \u00e1spera subida, las dulzuras de una consolaci\u00f3n divina, bien necesaria entonces a nuestra fragilidad.<\/p>\n<p>\u00abEs pues de saber que el alma, despu\u00e9s que determinadamente se convierte a servir a Dios, ordinariamente la va Dios criando en esp\u00edritu y regalando, al modo que la amorosa madre hace al ni\u00f1o tierno, al cual al calor de sus pechos le alimenta, y con leche sabrosa y manjar blanda y dulce le cr\u00eda, y en sus brazos le trae y le regala\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed parece actuar el Se\u00f1or respecto a Isabel. Una experiencia \u00edntima le per\u00admite ser consciente de su presencia divina y paternal en las horas m\u00e1s obscuras de su estancia en el lazareto. Pues ella est\u00e1 sola con la peque\u00f1a Ana, junto a Guillermo, aquel d\u00eda terrible del 5 de diciembre, cuando parece que ha llegado la \u00faltima hora de su marido. El Dr. Tutilli ha sido formal en su veredicto. De no ser una nueva expectoraci\u00f3n, el enfermo no tiene m\u00e1s que para unas horas.<\/p>\n<p>El <em>Capitano <\/em>se aterroriza: \u00bfVa a quedarse sola la Signora Seton, puede que\u00addar ella sola, en tales condiciones? Pero ella, comenta as\u00ed el terror del Capit\u00e1n: <em>\u00bfQu\u00e9 ten\u00eda que temer? <\/em>\u00bfQU\u00c9 HAB\u00cdA QUE TEMER?&#8230; <em>\u00a1Veamos! \u00bfEstaba yo sola? \u00a1Oh Padre querido, lleno de bondad!, \u00bfpodr\u00eda estar yo sola si me agarro bien fuerte a Ti por una oraci\u00f3n y una acci\u00f3n de gracias continuas? Oraci\u00f3n por Guillermo. Y luego, alegr\u00eda, maravilla y consuelos de sentirme desde ahora cierta de esto: \u00a1lo que hab\u00eda esperado yo con tanta ternura parec\u00eda pues, a la hora de la prueba, sobrepasar lo que yo pod\u00eda concebir! \u00a1Oh, que me oiga El, mi Dios, que me oiga en medio mismo de las m\u00e1s grandes pruebas, El a quien debo esta fuerza y esta confianza que parecer\u00edan, en efecto, si se considerase todo el contexto humano, estar muy por encima de lo que un ser humano tiene dere\u00adcho a aguardar e incluso a esperar! Pero \u00bfqui\u00e9n puede describir las consolaciones divinas?<\/em><\/p>\n<p>El Rvdo. Hall, capell\u00e1n protestante de la f\u00e1brica inglesa de Liorna ha sido autorizado para penetrar en la pieza del lazareto donde reposa Guillermo des\u00adpu\u00e9s de la crisis que ha estado a punto de llev\u00e1rsele. Visita muy corta. Seguir\u00e1n otras, promete el pastor. Imposible ocultar a la peque\u00f1a Ana sea lo que fuere de la enfermedad de su padre. Si Guillermo muere all\u00ed, ella estar\u00e1 presente en su agon\u00eda. Pero la frescura y la transparencia de su alma de ni\u00f1a le permiten entrar como a pie llano en las realidades sobrenaturales. La muerte, para ella, es tan simple, al fin: es una puerta que se abre al para\u00edso, a la Jerusal\u00e9n celestial cuya descripci\u00f3n dada por san Juan en el Apocalipsis conoce ella casi de memoria.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Ana es un tesoro <\/em>-anota su madre, con fecha del 12 de diciembre-. <em>Ayer, le\u00eda ella el relato del encarcelamiento de Juan el Bautista.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>S\u00ed, pap\u00e1 <\/em>-explica ella-, <em>Herodes le meti\u00f3 en prisi\u00f3n, pero la Srta. Hero\u00add\u00edas le dio la libertad.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>-No, mi querida, ella le hizo cortar la cabeza.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00a1Y bien! s\u00ed, pap\u00e1, ella le hizo salir de la prisi\u00f3n y \u00a1le envi\u00f3 a casa de Dios! \u00abHija de mi coraz\u00f3n\u00bb <\/em>-a\u00f1ade Isabel.<\/p>\n<p>Guillermo, que no ha sucumbido a la crisis del 5 de diciembre, <em>sigue, pues, buenamente su camino&#8230; Cinco d\u00edas m\u00e1s y se acab\u00f3 nuestra cuarentena <\/em>-dice el diario del 13 de diciembre-. <em>Un apartamento nos aguarda en Pisa, a las orillas del Arno. \u00a1Y yo que ten\u00eda poco ha la cabeza llena de po\u00e9ticas visiones res\u00adpecto a ese famoso r\u00edo! Pero ya no hay lugar desde ahora para visiones de ese g\u00e9nero. No, ahora no veo m\u00e1s que una sola cosa: Nadie vio jam\u00e1s a mi Guillermo sin concederle el t\u00edtulo de hombre amable. Pero vi\u00e9ndole elevado ahora hasta llegar a ser un cristiano pac\u00edfico, humilde, que se abandona a la voluntad de Dios con una paciencia que parece m\u00e1s que humana, con una fe tan firme que har\u00eda honor a la piedad m\u00e1s digna de ese nombre, hay en ello una dicha que se concede solamente a la pobre madrecita de familia privada de toda otra dicha, en las circunstancias actuales.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Ni los sufrimientos, ni la debilidad, ni la angustia -\u00a1y de esto jam\u00e1s estuvo libre un instante!- son capaces de impedirle seguir cada d\u00eda con la oraci\u00f3n, con los Salmos, y generalmente con largos ratos de lectura de la Escritura Santa. Si va un poquito mejor, su atenci\u00f3n se hace m\u00e1s viva. Si va menos bien, su deseo llega a ser m\u00e1s ansioso de no perder un instante. Y, aparte de aquel d\u00eda que cre\u00ed\u00admos ser el \u00faltimo suyo, jam\u00e1s ha dejado una sola jornada de marchar por ese camino, desde que estos muros de piedra se cerraron sobre nosotros, el 19 de noviembre.<\/em><\/p>\n<p><em>El llega hasta repetir muy a menudo que <\/em>ESTE PER\u00cdODO de<em> su vida -sea que viva sea que muera- lo considerar\u00e1 siempre como un per\u00edodo bendito, el \u00fanico tiempo que no ha sido perdido para \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p>La serenidad de Guillermo tan exigente poco ha, tan amigo de sus gustos, atrae la admiraci\u00f3n de Betty. \u00a1Ni una queja! \u00a1Ni una murmuraci\u00f3n! Una ex\u00adclamaci\u00f3n, a veces, y una mirada a lo alto, es todo. El mal, sin embargo, sigue su curso con una rapidez fulminante. Los accesos de tos desgarran el pecho del enfermo hasta el punto de que tiene dificultad en recobrar su respiraci\u00f3n. Pro\u00adlongados escalofr\u00edos le sacuden y le dejan extenuado. A <em>menudo, me habla de sus seres queridos, pero m\u00e1s a\u00fan de la reuni\u00f3n en una familia que ser\u00e1 la del cielo.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed pues, Dios conced\u00eda a Isabel aquella uni\u00f3n de su alma con la de Gui\u00adllermo que ella hab\u00eda reclamado con ansias tan ardientes. Ante tal gracia, el sacrificio mismo con que el Se\u00f1or se la hace pagar se encuentra reducido a un segun\u00addo plano. Una alegr\u00eda m\u00e1s profunda que la prueba que la asedia la hace cantar incluso junto al lecho de agon\u00eda de aqu\u00e9l a quien ella quiere con amor extremo, pero para quien su amor, justamente, ha deseado siempre, ha esperado siempre la dicha de la vida eterna, sin la que toda otra dicha no puede contar.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Cuando doy gracias a Dios por haberme creado, por haberme protegido, lo hago con un ardor de sentimiento que jam\u00e1s hab\u00eda conocido a\u00fan hasta este d\u00eda. Me abandono a El s\u00f3lo en lo concerniente a Guillermo, en cuanto al alma y en cuanto al cuerpo; consolar y endulzar sus horas de prueba, de sufrimiento y ago\u00adtamiento, lo que, junto a Dios, he llegado a hacer sola; hacerle o\u00edr las notas gozosas de la esperanza y del triunfa cristianos que \u00e9l escucha por el hecho del amor especial que siente por m\u00ed, con m\u00e1s satisfacci\u00f3n si soy yo quien las repito, porque \u00e9l me atribuye su mayor parte; o\u00edrle declarar, mientras pronuncia el nom\u00adbre de su Redentor, que soy yo la primera que le ha hecho conocer la dulzura de ese nombre&#8230; \u00a1Oh, a\u00fan cuando estuviera en el calabozo de este lazareto, bendecir\u00eda todav\u00eda a mi Dios, le alabar\u00eda todav\u00eda por estos d\u00edas de retiro y de separaci\u00f3n del mundo, que han permitido nos hayan sido dados el tiempo y la posibilidad para que se acabase una obra hasta tal punto bendital<\/em><\/p>\n<p>Hay un hecho: cuanto m\u00e1s se abate el agotamiento sobre el cuerpo del en\u00adfermo, tanto m\u00e1s parece encontrar su alma la paz, la serenidad, la confianza. El jueves 15 de diciembre, Isabel anota tambi\u00e9n en su diario: <em>Guillermo<sup>,<\/sup> se siente -dice \u00e9l- como una persona que hubiese sido guiada hasta la luz despu\u00e9s de largos a\u00f1os de obscuridad. La Escritura Santa era para \u00e9l, entonces, le ley de Dios, y, de hecho, la santa ley, pero \u00e9l no percib\u00eda en qu\u00e9 medida le concern\u00eda, personalmente; \u00e9l no sab\u00eda por experiencia que ella era la fue.tte de la <\/em>VIDA <em>eterna.<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 dicha hubiese sido, para el hogar, si Guillermo hubiera hecho tal des\u00adcubrimiento al comienzo de su vida conyugal! Pero que lo haya hecho al menos antes de comparecer ante su Redentor \u00bfno es una de esas misericordias infinitas que quiere celebrar por siempre el Salmista: \u00abPor siempre yo cantar\u00e9 las mise\u00adricordias del Se\u00f1or\u00bb? (Sal 88, 1).<\/p>\n<p>En un sitio encantador de la ciudad de Pisa, cerca de las riberas del Arno, aguarda a los Seton el apartamento confortable, casi lujoso, que los Felicchi han hecho preparar. Hace un mes ellos se hubiesen trasladado all\u00e1 con alegr\u00eda. \u00a1Pero ahora! \u00bfEstar\u00eda a\u00fan Guillermo en situaci\u00f3n de soportar el corto viaje que les es preciso emprender para trasladarse de Liorna a Pisa? Seis leguas que recorrer en coche, en uno de esos coches de la \u00e9poca que, aunque con buena suspensi\u00f3n tal vez, no dejaban de rodar sobre ruedas con llantas de madera y ten\u00edan que acomodarse a carreteras a menudo pedregosas.<\/p>\n<p>El lunes 17 de diciembre, Isabel est\u00e1 en pie desde el alba, reuniendo toda su energ\u00eda, confi\u00e1ndose de nuevo a la Providencia divina para toda eventua\u00adlidad. No es ya cuesti\u00f3n hoy, para dejar el lazareto, de volver a tomar el mar como hab\u00edan sido obligados a hacerlo los Seton por medida de prudencia, para ganar San Leopoldo, el mes precedente. Se abre por el lado del arrabal de la ciudad la puerta forrada de hierro que les deja pasar, libres al fin. Bien abriga\u00addo, Guillermo se deja transportar, sentado sobre las manos entrecruzadas de dos hombres que le levantan sin dificultad, mientras Isabel, regulando su paso por el de ellos, sostiene la cabeza del enfermo. Un tropel de curiosos, expansivos y locuaces, observa en el exterior el miserable cortejo. \u00ab\u00a1Oh pobrecito! \u00a1pobrecito!\u00bb. Cosa extra\u00f1a, frente a aquel hombre tan enfermo, incapaz de franquear solo tan peque\u00f1a distancia, ninguna ha tenido ya miedo de un posible contagio. El mes pasado, cuando la tisis ten\u00eda en \u00e9l un estado menos peligroso, Guillermo Seton era considerado como un apestado o como un leproso. Hoy, el temor se ha desvanecido. \u00bfNo hab\u00eda pasado la cuarentena? \u00a1La cuarentena! Especie de pa\u00adlabra m\u00e1gica que tranquilizaba los esp\u00edritus sin alejar el peligro. Guillermo Seton no muri\u00f3 ciertamente de la fiebre amarilla. Pero \u00bfqui\u00e9n sabr\u00e1, no obstante, ja\u00adm\u00e1s c\u00f3mo hab\u00eda penetrado, sin saberlo nadie, la terrible enfermedad en la ciudad de Liorna que cre\u00eda asegurada su protecci\u00f3n en los espesos muros de su laza\u00adreto? Un hecho hist\u00f3rico es cierto: en 1804, el puerto toscano hab\u00eda de ser asolado por una violenta epidemia de fiebre amarilla.<\/p>\n<p>Sin embargo, los viajeros han tomado asiento con Guy Carleton en -el coche de los Filicchi. Bien recostado en los cojines, Guillermo respira con m\u00e1s facilidad. Una sonrisa dichosa distiende su rostro enjuto de p\u00f3mulos demasiado encendidos. \u00a1Hele ah\u00ed, pues, salido del lazareto! \u00a1Hele en su maravilloso pa\u00eds de Toscana! El aire es suave, a pesar de la estaci\u00f3n. Isabel se asombra y se regocija. La ruta es bella y serpentea por la campi\u00f1a con valles de tonos suaves donde se funden el amarillo tenue de una tierra mullida y f\u00e9rtil, el gris claro y el ocre dorado de las viviendas, donde los oscuros cipreses se yerguen, gr\u00e1ciles y rectos, hacia el cielo azul. Cuanto m\u00e1s se aproximan a Pisa, m\u00e1s se anima la mirada de Guiller\u00admo y traduce el placer que experimenta. \u00a1He ah\u00ed los viejos palacios de piedra de puertas labradas, el bautisterio, la catedral y la c\u00e9lebre torre inclinada!<\/p>\n<p>El coche se interna por las calles estrechas, enlodadas tambi\u00e9n, y se para ante una casa de aspecto agradable, muy cerca del r\u00edo. Ah\u00ed est\u00e1 la mansi\u00f3n de los Seton <em>\u00a1Padre m\u00edo y Dios m\u00edo! <\/em>-murmura Isabel- <em>\u00a1Padre m\u00edo y Dios m\u00edo! <\/em>Una capilla se alza a unas pasos de all\u00ed, peque\u00f1a joya de arquitectura, construida en el transcurso de los siglos XVI y XVII por los habitantes de Pisa, para que estuviera en ella la urna de una preciosa reliquia, una espina de la corona incrustada, en otro tiempo, en la cabeza del Redentor por los soldados romanos. Igualmente Luis IX, con una id\u00e9ntica intenci\u00f3n, hab\u00eda hecho construir en Par\u00eds la <em>Sainte\u00adChapelle. <\/em>Pero <em>Sancta Mar\u00eda della Spina <\/em>es tambi\u00e9n para los marineros toscanos lo que para los marineros franceses un lugar de peregrinaci\u00f3n adonde les gusta acudir a confiar a la Se\u00f1ora sus viajes y sus pescas, adonde llevan sus exvotos, expresi\u00f3n de su agradecimiento por la protecci\u00f3n concedida en 1a hora del peligro.<\/p>\n<p>Sin duda columbr\u00f3 Isabel el edificio de m\u00e1rmol blanco, que hab\u00eda de levan\u00adtarse adem\u00e1s por encima del lecho del Arno al final del siglo XIX. Ella no tiene tiempo para detener en \u00e9l su mirada. Es necesario instalar a Guillermo, a Ana Mar\u00eda. Es preciso asegurarse de que han sido tra\u00eddos todos los equipajes que permanec\u00edan en <em>The Shepherdess, <\/em>hace exactamente un mes. \u00a1Tantas cosas que no hab\u00eda cre\u00eddo necesario llevar all\u00e1, hab\u00edan hecho falta en el lazareto! Aqu\u00ed, no obstante, \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda faltar materialmente hablando? Comodidad refinada, casi lujosa, disposici\u00f3n art\u00edstica de los muebles, de las colgaduras, de las chucher\u00edas in\u00fatiles y encantadoras&#8230; \u00a1Qu\u00e9 contraste con aquella habitaci\u00f3n, que hab\u00eda sido la de los Seton durante las \u00faltimas semanas! Guillermo posa dichoso su mirada sobre cada uno de los objetos. Encuentra all\u00ed el ambiente de la casa adinerada, a gran tren de vida, cual fue la de su juventud, y est\u00e1 lejos de quedar insensible a ello. Guy Carleton habla de Liorna, hay tantas cosas que ense\u00f1ar a Guillermo. Pero quiere, a su vez, que se le ponga al corriente de todo lo que ha pasado en Nueva York, desde los cinco a\u00f1os que hace que no ha vuelto por all\u00ed. Se ha\u00adbla de los hermanos y de las hermanas de Ana Mar\u00eda que han quedado all\u00ed: Bill, Ricksy, Catalina y Rebeca&#8230; Son unos ni\u00f1os encantadores, despiertos, que son la alegr\u00eda de sus padres. Solamente la nena \u00faltima les preocupa a causa de su salud delicada. \u00a1Con cu\u00e1nta impaciencia esperan el correo de Estados Unidos que les traer\u00e1 noticias de la ni\u00f1a, enferma justamente en el momento de su partida!<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Tot, propietaria del apartamento, se revela como una mujer en\u00adcantadora en los peque\u00f1os cuidados para con aquellos que pueden creerse sus hu\u00e9spedes. Relajamiento de esta primera noche. Suavidad. Sosiego. \u00bfNo habr\u00eda sido pues el terrible mes del lazareto una de esas pesadillas nocturnas que disipa la luz del d\u00eda naciente? La tarde de aquel lunes 19 de diciembre hab\u00eda sido buena. \u00a1Guillermo se acost\u00f3, esa noche, tan feliz! Pero apenas estaba Isabel a punto de acostarse tambi\u00e9n, cuando una llamada angustiosa la hace saltar junta al lecho de su marido. La enga\u00f1osa euforia de la jornada pasada no era m\u00e1s que un recuerdo. La realidad, implacable, se impone brutalmente al esp\u00edritu de la joven mujer. Comienza la \u00faltima crisis, la que le anunci\u00f3 el Dr. Tutilli. Gui\u00adllermo no tiene m\u00e1s que unos d\u00edas de vida, unas horas, tal vez.<\/p>\n<p>Y sin embargo, despu\u00e9s de una noche de duermevela, el enfermo pretende dar, aquel mi\u00e9rcoles, un paseo en coche. \u00a1Imprudencia ceder a tal capricho!, asegura el m\u00e9dico. \u00a1Imprudencia m\u00e1s temible a\u00fan oponerse al deseo de un hombre como Guillermo! \u00bfQu\u00e9 hacer? Contentarle al menos&#8230; Se le baja, se le instala. Los caballos marchan a medio trote. No han pasado cinco minutos sin que haya que volver bridas, regresar a casa, hacer acostar al enfermo agotado.<\/p>\n<p>El jueves se siente mejor. Oscilaciones normales de los \u00faltimos d\u00edas de un tuberculoso. E1 viernes, quiere pasearse otra vez. Marchan en coche con la Sra. de Tot. Nada de vuelta precipitada. El aire fresco y suave \u00bfdevolver\u00eda verdaderamente un poco de vida a aquel hombre de 35 a\u00f1os, cuyo ser f\u00edsico entera lucha contra la muerte con una tenaz energ\u00eda? Cruel ilusi\u00f3n. El s\u00e1bado, no pue\u00adde dejar el lecho ni un solo instante. El sufrimiento le consume, pero permanece l\u00facido. \u00abPuede -dice \u00e9l en el decurso de la noche- durar hasta ma\u00f1ana\u00bb. Habla de sus seres queridos&#8230; Se pone a dar gracias a Dios que le ha dado tiempo de reflexionar, que le ha dado encontrar tan grandes consuelos tanto en la lectura de los Libros Santos como en la oraci\u00f3n. Isabel le hace tomar un poco de l\u00e1uda\u00adno, en peque\u00f1\u00edsima dosis, para permitirle reposar. El se adormece. La noche avanza. Es la noche de Navidad. Cuando se despierta, cerca de media noche, se inquieta de ver a Isabel, en vela, a su lado. \u00bfPor qu\u00e9 no est\u00e1 ella acostada y dor\u00admida?&#8230; <em>No, no, mi amor, pues las reflexiones m\u00e1s dulces me mantienen des\u00adpierta. El d\u00eda de Navidad ha comenzado. El d\u00eda del nacimiento aqu\u00ed abajo de nues\u00adtro querido Redentor es el d\u00eda -t\u00fa lo sabes bien- que abri\u00f3 para nosotros la puerta de la vida eterna.<\/em><\/p>\n<p>S\u00ed, \u00e9l lo sabe. \u00a1Oh, cu\u00e1nto desear\u00eda ahora, antes de irse hacia esa otra vida, recibir el \u00absacramento\u00bb. \u00bfEl \u00absacramento\u00bb? Es necesario -dice Isabel- hacer todo lo que est\u00e1 en nuestro poder. Ella toma un vaso, vierte un poco de vino en \u00e9l, recita con fe unos pasajes de los salmos y las oraciones que hab\u00eda se\u00f1alado en su libro \u00aba la espera de un instante tan feliz\u00bb. En sus manos, eleva la copa de acci\u00f3n de gracias, present\u00e1ndola en seguida a las manos temblorosas de Guiller\u00admo. <em>Pues bien <\/em>-anot\u00f3 ella, siempre con destino a Rebeca- <em>hemos tomado la copa de acci\u00f3n de gracias, desechando lejos de nosotros las tristezas, volviendo nuestras miradas hacia las alegr\u00edas de la eternidad. <\/em>En ese mismo momento, triun\u00adfa su alegr\u00eda, porque ella siente que esa alegr\u00eda, sobrenatural, ha llegado a ser para Guillermo la gran realidad. No parece, por otra parte, que haya sido esta la \u00fanica ocasi\u00f3n en que se haya cre\u00eddo autorizada para \u00abpreparar la copa del Se\u00ad\u00f1or\u00bb. Unas breves l\u00edneas de los <em>Dear Remembrances <\/em>parecen rememorar un recuerdo id\u00e9ntico:<\/p>\n<p>&#8211; <em>pobre insensata, nada de sacramento el domingo &#8211; &#8211; &#8211;<\/em><\/p>\n<p><em>con el mayor respeto, de rodillas detr\u00e1s de la puerta de la biblioteca, he bebido la peque\u00f1a copa de vino, y l\u00e1grimas para expresar lo que desear\u00eda tanto &#8211; &#8211; &#8211; <\/em>Estas pocas palabras, demasiado lac\u00f3nicas, en verdad, se sit\u00faan sin ninguna explicaci\u00f3n, sin ninguna transici\u00f3n siquiera, en medio de la evocaci\u00f3n de los \u00faltimos preparativos realizados en Nueva York antes de la salida para Liorna. Cuando el capit\u00e1n O&#8217;Brien viene, en el decurso de la jornada de Navidad, a hacer una corta visita a su pasajero del mes precedente, Guillermo le pide con toda claridad que tenga a bien conducir a su mujer junto a los suyos, cuando The <em>Shepherdess <\/em>haga vela hacia Am\u00e9rica. Se la conf\u00eda, ya que \u00e9l&#8230; Tal presencia de esp\u00edritu, semejante requerimiento dirigido ante ella al Capit\u00e1n del buque, des\u00adconcierta a Isabel m\u00e1s all\u00e1 de toda medida.<\/p>\n<p>Incapaz de tomar ni un bocado, ella permanece en adelante junto a su lecho, toda la noche, todo el d\u00eda siguiente, toda la noche otra vez. Ahora Guillermo no s\u00f3lo acepta la muerte sino que la desea. Las palabras se agolpan a veces. en sus labios: \u00bfQu\u00e9 <em>desea yo? Deseo estar en el cielo. \u00a1Ruega, ruega por mi alma! <\/em>En otros momentos, dentro de una semiinconsciencia, se deja llevar por las diva\u00adgaciones de una imaginaci\u00f3n de la que ya no es due\u00f1o. Ha comprado \u2013dice \u00aden Londres un billete de loter\u00eda a nombre de Betty. \u00a1Y es ella, s\u00ed, ella, Betty, la que ha ganado el premio gordo! El puede ya partir tranquilo: todas sus deudas est\u00e1n canceladas, todas&#8230; Llama gimiendo: \u00a1Querida mujer m\u00eda! \u00a1Hijitos m\u00edos! Afirma su certeza de ser recibido pronto por su Redentor. En su delirio, cree ver a la \u00faltima de sus hijas, la peque\u00f1a Bec, que le espera y que, sonriente, le tiende los brazos. Desea que Ana Mar\u00eda parta tambi\u00e9n con \u00e9l al para\u00edso.<\/p>\n<p>La madre ha tenido que alejar a la hija de la habitaci\u00f3n del agonizante. Ella permanece sola junto al moribundo. Ora. Vela. La noche del 26 al 27 transcu\u00adrre con una lentitud desesperante. Por un instante, la joven mujer, agotada de velar y de angustia, se adormece con la cabeza apoyada sobre la silla junto a la que est\u00e1 arrodillada. Y es para ver, en sue\u00f1os, un \u00e1ngel de peque\u00f1a estatura que le presenta una hoja de papel blanco en la que \u00e9l ha escrito el nombre de Jes\u00fas. Ella se despierta, se recobra, luego se duerme otra vez. En sus reminiscencias del Apocalipsis, sin duda, cree sentir junto a s\u00ed los aleteos de un \u00e1guila negra cuya sombra se extiende en torno. Y en cuanto despierta evoca el vers\u00edculo sosegante del salmo 22: \u00abA\u00fan cuando pasara por un barranco de oscuridad y muerte, yo nada temer\u00eda, pues el Se\u00f1or est\u00e1 conmigo&#8230; \u00ab.<\/p>\n<p><em>\u00a1Cristo Jes\u00fas m\u00edo, ten piedad de m\u00ed! \u00a1Y ac\u00f3geme! \u00a1Cristo Jes\u00fas m\u00edo&#8230;! <\/em>La oraci\u00f3n del moribundo acaba en un murmullo apenas perceptible. Isabel a\u00fan en\u00adcuentra fuerza para repetir: <em>T\u00fa sabes bien, amor m\u00edo, que vas hacia tu Redentor. <\/em>Una se\u00f1al de cabeza, una mirada hacia el cielo, es la \u00faltima respuesta de Guiller\u00admo. El alba se eleva, indecisa. El alba de un d\u00eda de invierno. A las siete y cuar\u00adto, Guillermo rend\u00eda su alma a Dios. <em>\u00a1Trueque bendito, tan ardientemente desea\u00ad<\/em>do!, que le daba pasar de este mundo al otro. Su <em>alma fue liberada <\/em>-anota tam\u00adbi\u00e9n Isabel despu\u00e9s de haber consignado el fin de su marido, con sus menores detalles- y <em>la m\u00eda lo fue al mismo tiempo de una agon\u00eda vecina a la muerte.<\/em><\/p>\n<p>Ella toma entonces a la peque\u00f1a Ana entre sus brazos, y ambas se arrodillan. \u00bfNo era menester \u00abdar gracias al Padre celestial por haber librado al que ellas quer\u00edan de su miserable estado, y por la gozosa seguridad que se les da de que, por nuestro bendito Redentor, \u00e9l ha entrada en la Vida\u00bb?<\/p>\n<p>S\u00f3lo entonces, Isabel abre la puerta del apartamento y anuncia al personal aterrado que todo ha concluido. Una ola de p\u00e1nico se desploma sobre la casa. \u00a1El contagio! Dos mujeres consienten, a pesar de todo, en ayudar a Isabel para rendir a su marido los \u00faltimos servicios, los \u00faltimos deberes.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Sent\u00eda <\/em>-confesar\u00e1 ella- <em>que yo hab\u00eda hecho verdaderamente todo, todo lo que el m\u00e1s tierno amor y el deber pod\u00edan hacer&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Desde hace una semana, no se ha acostado. Apenas ha tomado un poco de alimento los \u00faltimos d\u00edas. Pero todav\u00eda no es para ella el momento de reposar. Ni el de la soledad deseada.<\/p>\n<p>La inhumaci\u00f3n de los difuntos se efectuaba entonces, en Toscana, a las vein\u00adticuatro horas, a lo m\u00e1s, del \u00f3bito. Precauci\u00f3n una vez m\u00e1s, precauci\u00f3n siempre contra un contagio posible&#8230; No obstante, si el cuerpo del se\u00f1or Seton pudiera ser trasladado, antes de anochecer, hasta el dep\u00f3sito contiguo al cementerio pro\u00adtestante de Liorna, las autoridades civiles considerar\u00edan como respetadas las con\u00adsignas administrativas. El entierro del extranjero podr\u00eda tener lugar al d\u00eda siguien\u00adte por la ma\u00f1ana, de forma conveniente. A todo ese programa, Isabel da su con\u00adsentimiento. <em>\u00a1Oh qu\u00e9 d\u00eda! \u00a1Cerrarle los ojos! \u00a1Hacerle su \u00faltimo aseo! Luego ro\u00addar en coche; estar obligada a ver una docena de personas en mi habitaci\u00f3n, hasta la noche.<\/em><\/p>\n<p>Los americanos y los ingleses que habitan en Liorna han querido rodear a la joven viuda en el Templa protestante y luego en el cementerio donde tienen lu\u00adgar las exequias al final de la ma\u00f1ana. El se\u00f1or Tom\u00e1s Hall asegura el servicio, seg\u00fan el rito de la confesi\u00f3n episcopaliana. Entonces caen las paletadas de tierra de los sepultureros con un ruido sordo sobre el ata\u00fad de madera donde reposan los restos mortales de Guillermo Magee Seton, ciudadano americano, fallecido el 27 de diciembre de 1903, en la ciudad de Pisa, a la edad de 35 a\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>En todo esto <\/em>-subrayar\u00e1 tambi\u00e9n Isabel- <em>no es necesario insistir en la mi\u00adsericordia de mi querido Se\u00f1or, en la experiencia reconfortante de su presencia. Pues lo que he pasado, ninguna fuerza humana ser\u00eda capaz de .soportarlo. <\/em>A1 l\u00edmite de sus fuerzas, con el coraz\u00f3n oprimido, ella no cesa de repetir: Dios <em>m\u00eda, T\u00fa eres mi Dios. Yo estoy sola en el mundo contigo y mis peque\u00f1os; pero T\u00fa eres mi Padre y doblemente el suyo.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aunque el Se\u00f1or os d\u00e9 el pan del asedio y el agua de la opresi\u00f3n, tu Maestro no se ocultar\u00e1 ya: con tus ojos ver\u00e1s al que te instruye, con tus o\u00eddos percibir\u00e1s una palabra &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-11-ultimos-dias-primera-fusion-de-los-corazones\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149247,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[24],"tags":[280],"class_list":["post-9621","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-isabel-ana-bayley-seton","tag-san-juan-de-la-cruz"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Isabel Seton, la biograf\u00eda: 11 - \u00daltimos d\u00edas, primera fusi\u00f3n de los corazones - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-11-ultimos-dias-primera-fusion-de-los-corazones\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 11 - \u00daltimos d\u00edas, primera fusi\u00f3n de los corazones - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Aunque el Se\u00f1or os d\u00e9 el pan del asedio y el agua de la opresi\u00f3n, tu Maestro no se ocultar\u00e1 ya: con tus ojos ver\u00e1s al que te instruye, con tus o\u00eddos percibir\u00e1s una palabra ... 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