{"id":9617,"date":"2016-08-01T13:00:44","date_gmt":"2016-08-01T11:00:44","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/10\/isabel-seton-la-biografia-07-tenia-necesidad-de-amar-hasta-el-infinito\/"},"modified":"2016-07-26T09:34:28","modified_gmt":"2016-07-26T07:34:28","slug":"isabel-seton-la-biografia-07-tenia-necesidad-de-amar-hasta-el-infinito","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-07-tenia-necesidad-de-amar-hasta-el-infinito\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 07 &#8211; Ten\u00eda necesidad de amar hasta el infinito&#8230;"},"content":{"rendered":"<p><em>En mi juventud antes de mis viajes<br \/>\nbuscaba abiertamente la sabidur\u00eda en la oraci\u00f3n.<br \/>\nA la puerta del santuario la apreciaba,<br \/>\ny hasta mi \u00faltimo d\u00eda la proseguir\u00e9.<br \/>\nComo un racimo que madura en su flor,<br \/>\nmi coraz\u00f3n pon\u00eda su alegr\u00eda en ella.<\/em><\/p>\n<p>La nueva mansi\u00f3n donde Guillermo e Isabel acababan de instalarse con sus cuatro hijos, a los que se juntaban tambi\u00e9n Rebeca y Cecilia Seton, se encontra\u00adba en el barrio de <em>The Battery <\/em>\u00absituado, como explica St. John de Cr\u00e9ve Coeur, al extremo accidental de la isla sobre la que se levanta Nueva York. Esa forti\u00adficaci\u00f3n, que es enormemente extensa, sirve de paseo p\u00fablico y ofrece al espec\u00adtador un panorama maravilloso\u00bb.<\/p>\n<p>Es evidente que la bancarrota de que han sido v\u00edctimas, no ha reducido a los Seton a la pobreza, como ellos se hab\u00edan temido por un momento. La digna actitud de Guillermo, las s\u00f3lidas amistades que su padre se hab\u00eda ganado, el comportamiento de Betty, debieron merecerles, en este cr\u00edtico per\u00edodo, una eficaz ayuda financiera. Tal vez el abuelo Curson, de Baltimore, y muy cerca de ellos, el Dr. Bayley, vinieron discretamente en su apoyo. Es posible tambi\u00e9n que, una vez hecha la liquidaci\u00f3n de los negocios, una vez efectuado el desmembramiento de la sociedad \u00abSeton, Maitland y C\u00eda\u00bb, Guillermo aceptara las ofertas que le hab\u00edan sido hechas unos meses antes por amigos seguros.<\/p>\n<p>Sea de esto lo que fuere, lo cierto es que, en el mes de mayo de 1801, la familia Seton est\u00e1 instalada en una casa de tres pisos, de un confort muy real. Betty ha hecho descubrir pronto las ventajas abiertamente apreciables que com\u00adporta: vista sobre la r\u00eda, los muelles, el puerto. Desde las ventanas de la facha\u00adda la mirada puede pasarse, m\u00e1s all\u00e1 de la bah\u00eda, sobre la inmensidad del mar.<\/p>\n<p>El jard\u00edn p\u00fablico ofrece, a dos pasos, su c\u00e9sped, sus \u00e1rboles, sus macizos de flores, sus alamedas y sus rotondas donde los ni\u00f1os podr\u00e1n entretenerse con coraz\u00f3n alegre respirando a pleno pulm\u00f3n el aire vigorizante ampliamente. Ellos encontrar\u00e1n all\u00ed tambi\u00e9n, -\u00a1oh qu\u00e9 dicha!-, un puesto de helados, mientras que ser\u00e1 un solaz para sus padres seguir, sin salir de su lado, los conciertos de viol\u00edn y de canto coral que se dan en el parque regularmente. El piano de Betty, adem\u00e1s le ha seguido a su nueva morada, una prueba m\u00e1s de que la ruina mate\u00adrial ha sido bastante limitada.<\/p>\n<p>A decir verdad, lo que ha entra\u00f1ado para Guillermo y los suyos el desastre financiero, ha sido una ruptura sin apelaci\u00f3n con toda una parte de la sociedad mundana de Nueva York. Ha sido forzoso para los Seton reducir su tren de vida, sin duda, pero m\u00e1s a\u00fan aceptar la p\u00e9rdida de todas las prerrogativas reservadas a las familias que persist\u00edan, a pesar de las tendencias democr\u00e1ticas del joven estado, consider\u00e1ndose como la aristocracia omnipotente de la ciudad. El rev\u00e9s de fortuna que hab\u00edan enjugado les proscrib\u00eda en adelante de aquella porci\u00f3n de la sociedad neoyorquina.<\/p>\n<p>De semejante desgracia, y desde el primer instante, Betty hab\u00eda sacado alegre\u00admente su partido. <em>Creo que la mayor dicha en esta vida, es estar libre de las preocupaciones y de los compromisos de eso que se llama mundo. El mundo, para m\u00ed es <\/em>MI FAMILIA, <em>y voy a ganar en cambio tener ahora la posibilidad de ocuparme en paz de lo que representan mis tesoros. Seton, personalmente, no podr\u00e1 nunca ser m\u00e1s esclavo de lo que ha sido&#8230; <\/em>En cuanto al porvenir que per\u00admanec\u00eda, sin embargo, cargado de incertidumbre, mientras el padre de familia no encontrase una nueva situaci\u00f3n para permitirle extinguir sus deudas y hacer vivir a los suyos, Isabel lo hab\u00eda remitido sin condiciones <em>a Aqu\u00e9l que jam\u00e1s hab\u00eda defraudado su esperanza.<\/em><\/p>\n<p>Cuando organiza su nuevo <em>hogar <\/em>de State Street, no tiene los veintis\u00e9is a\u00f1os cumplidos. Los duros momentos que han seguido para ella al feliz desarrollo de los primeros a\u00f1os de su matrimonio, la han madurado prematuramente. A fin de \u00abhacer frente\u00bb en unas circunstancias que han abatido a m\u00e1s de una mujer, para sostener el \u00e1nimo de su marido, tomando sobre ella la mayor parte de las preocupaciones familiares, sin olvidar adem\u00e1s la educaci\u00f3n de sus hijos, ni la de los hermanos y hermanas de Guillermo, ha desplegado una energ\u00eda poco com\u00fan, reveladora de una fuerza real de la que ha sido imposible que en su entorno no se tomara conciencia. Guillermo mismo se complace en decir que \u00e9l puede apoyarse en ella, como se apoya uno en el tronco vigoroso de una encina.<\/p>\n<p>Ella no ha conservado menos, con toda su vitalidad, la jovialidad de un tem\u00adperamento espont\u00e1neo y el ardor apasionado de una joven americana, nacida en los d\u00edas entusiastas de la declaraci\u00f3n de Independencia. En los momentos m\u00e1s sombr\u00edos, sus cartas est\u00e1n esmaltadas de rasgos de humor que descubren la son\u00adrisa espont\u00e1nea, como palabras vibrantes de una emoci\u00f3n apenas contenida. El sufrimiento no puede ni paralizar ni agotar una naturaleza apasionada como la suya: la enriquece m\u00e1s bien, oblig\u00e1ndola a dar toda su medida. Porque hay en Isabel una necesidad de absoluto, una sed de infinito, que ning\u00fan obst\u00e1culo hu\u00admano podr\u00eda contener. Naturalmente hubiera hecho suya, sin duda, aquella frase de Teresa de Lisieux: \u00abTen\u00eda necesidad de amar hasta el infinito\u00bb. No hay m\u00e1s que hojear sus notas personales a su correspondencia para convencerse de ello. Admirar a medias, amar a medias, darse a medias, no le es posible.<\/p>\n<p><em>Si deseos y pensamientos bastaran, sin la ayuda de la pluma, para redactar una carta, habr\u00edas recibido de m\u00ed varios millares al menos, estas seis \u00faltimas semanas, <\/em>declara a Julia Scott. Hasta formando parte de la hora rom\u00e1ntica que impera entonces, tanto en el Nuevo Mundo como en el Antiguo, ser\u00eda revelador anotar las expresiones por las que Betty quiere de alguna manera explicitar la absoluto de su afecto, de su amor: <em>Eres, querida, de un precio inestimable para el coraz\u00f3n de tu Isabel, <\/em>afirmar\u00e1 en otra ocasi\u00f3n a la misma amiga.<\/p>\n<p>La misma delicadeza ante Isa Sadler: <em>Me parece que es mi suerte ser tu ami\u00adga en la tierra, <\/em>confesar\u00e1 en el momento en que Isa acaba de perder a su marido de manera brutal e inesperada.<\/p>\n<p>Pero, es preciso subrayar que, por fuertes que sean en ella las protestas de amistad, jam\u00e1s ser\u00e1n inferiores a las pruebas tangibles por las que Betty es capaz de testimoniar tal amistad.<\/p>\n<p>Esa misma pasi\u00f3n del don de s\u00ed se encuentra en un grado eminente dentro de su amor conyugal. Aun a veces, las palabras empleadas respecto a ese amor tienen algo de excesivo, cuando, bajo- el golpe de tal o tal acontecimiento, la joven mujer deja estallar al exterior la intensidad de sus sentimientos \u00edntimos. Hablando de su marido, cuya salud la inquieta, escribe que \u00e9l es su TODO, y su pluma, espont\u00e1neamente, ha subrayado ese TODO. Con el mismo ardor afirma: <em>El 20 de abril, es el cumplea\u00f1os de aquel de quien recibo <\/em>TODO. <em>Me parece, <\/em>dir\u00e1 adem\u00e1s, <em>que la vida de mi Guillermo y mi vida no hacen m\u00e1s que una. <\/em>A Rebeca no ha dudado en afirmarle que si Guillermo sucumbiera por siempre a la fiebre amarilla, de seguro que ella no le sobrevivir\u00eda. Gusta de lla\u00admarle con un pleonasmo emocionante: \u00a1Mi <em>Guillermo m\u00edo! y <\/em>cuando se trata de \u00e9l, su <em>pluma, <\/em>explicar\u00e1 ella, <em>corre r\u00e1pida sobre el papel, porque es dulce cantar el bien de aquellos a quienes amamos.<\/em><\/p>\n<p><em>Y por afecto <\/em>a aquel a quien ama, no retrocede ante ninguna tarea, ninguna fatiga, aunque tuviera que dejar all\u00ed su salud. Su vida conyugal est\u00e1 tejida de delicadezas incesantes, donde el sacrificio y el amor se entreveran hasta tal punta, que llega a ser algo natural para Guillermo ver siempre a su esposa \u00abceder por afecto a \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Tan intenso, aunque en otro plano, el afecto apasionadamente filial que Isabel ha profesado siempre a su padre, que nada, jam\u00e1s, ha podido quebrantar, que el amor conyugal y el amor maternal han sabido dejar intacto. Es una mujer joven, dichosa en su hogar, es una madre cuyo coraz\u00f3n desborda de amor con sus dos hijos mayores, que deja escapar ese grito espont\u00e1neo, eco del verso de Racine, reproduciendo su mismo son de sencillez verdadera: \u00a1Y <em>a mi querido pap\u00e1, no le he visto todav\u00eda hoy! <\/em>M\u00e1s chocante la confesi\u00f3n que hace a su propio pa\u00addre, en una nota apresuradamente escrita en la primavera de 1801: <em>En verdad, me veo a veces obligada a alejar de mi esp\u00edritu el pensamiento que tengo de ti, como se hace con el del cielo, cuando un deseo excesivo de poseerlo llega a ser una r\u00e9mora en nuestra marcha hacia El.<\/em><\/p>\n<p>Esta referencia espont\u00e1nea a las realidades espirituales, en estas l\u00edneas donde se expresa la fuerza de un afecto puramente humano, es significativo. Lo es tan\u00adto m\u00e1s, cuanto que jam\u00e1s ha podido Betty dialogar con su padre, cuando se trata de verdades divinas y de la b\u00fasqueda de Dios que ella prosigue solitaria, desde su tierna infancia.<\/p>\n<p>Ahora bien, ella pone en esta b\u00fasqueda el mismo fervor apasionado, con que abre ella todo afecto, toda amistad, todo amor humanos. Y sin duda es en el contacto de tal ardor c\u00f3mo Rebeca ha tomado conciencia tanto de su gracia personal, como de las exigencias que requiere la b\u00fasqueda aut\u00e9ntica de Dios. Ahora, Isabel y Rebeca vibran de consuelo escuchando la palabra c\u00e1lida, con\u00advencida, entra\u00f1able del Rvdo. Hobart, que acaba de ser nombrado vicario del Rvdo. Moore en la iglesia de La Trinidad. Desde su nombramiento el joven pas\u00adtor de veinticinco a\u00f1os ha electrizado a la parroquia. Sin embargo, no es su pres\u00adtancia lo que atrae las miradas. Peque\u00f1o de estatura, usando gruesos lentes, no tiene encantos exteriores, y con todo, ejerce, desde las primeras semanas en su ministerio, una atracci\u00f3n manifiesta sobre la juventud femenina. Se repite con envidia que ha logrado un buen matrimonio, tomando por esposa a la hija del Rvdo. Chandler, detalle que impresiona necesariamente a Isabel ya que en pre\u00adsencia del Rvdo. Chandler se hab\u00edan casado sus padres en 1769.<\/p>\n<p>Enrique Hobart no es solamente un marido digno en todos los aspectos de ser citado como modelo a los fieles de la parroquia. Casado, no cesa sin embargo, de rodear de cuidados y de afecto devoto a su anciana madre enferma a la que ha tomado a su cargo. El se atrae, haciendo esto, la elogiosa admiraci\u00f3n de todas las madres de familia de Nueva York. Se dice tambi\u00e9n que es un hermano ideal, un amigo incomparable. Destaca incontestablemente, por sus dotes naturales, so\u00adbre los dem\u00e1s ministros de La Trinidad. Intelectual, cultivado, que sabe ocupar su puesto, tanto en un sal\u00f3n como en el p\u00falpito de la iglesia, es recibido gusto\u00adsamente en el hogar de los Seton. Llega a ser r\u00e1pidamente un familiar. Es, para Guillermo, un amigo de valor, en el plano \u00fanicamente humano.<\/p>\n<p>Para Betty y para Rebeca, el Rvdo. Hobart es, sin duda, tambi\u00e9n ese hom\u00adbre encantador con quien es un verdadero placer proseguir una conversaci\u00f3n, pero m\u00e1s a\u00fan el ministro de la Palabra divina. Por este t\u00edtulo, \u00e9l toma a los ojos de ellas un valor \u00fanico, que, sin esfumar las cualidades humanas, las tras\u00adciende. Por nada en el mundo, Betty y Rebeca faltar\u00edan ahora a la predicaci\u00f3n del domingo, asegurada normalmente por el Rvdo. Hobart en la iglesia de La Tri\u00adnidad. Si una u otra se ven obligadas ocasionalmente a abstenerse de ella, no es sin sentir profundamente el sacrificio. Prueba, esta nota escrita por Isabel a su cu\u00f1ada cierto s\u00e1bado de 1801: <em>Me encuentro agitada. Guillermo dice tantas cosas respecto a mi intenci\u00f3n de ir ma\u00f1ana a los oficios&#8230; Dice que no podemos ir en coche, que eso es una locura, que las calles est\u00e1n casi intransitables, etc. Yo creo, tambi\u00e9n, que vale m\u00e1s que vaya yo tranquilamente con \u00e9l, y, si el tiempo no nos trae una verdadera tormenta, que me acerque a verte en seguida. No es necesario que te veas privada de eso, si yo debo serlo&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Es evidente que para una y otra, es una alegr\u00eda o\u00edr hablar de Dios con la convicci\u00f3n que aporta a su serm\u00f3n dominical el nuevo vicario. El entusiasmo ardiente y juvenil de ellas, no deja de recordar, en cierto aspecto, el de Teresa Mart\u00edn y de su hermana Celina, comentando, en el Belv\u00e9d\u00e9re de los Buissonets, en Lisieux, las conferencias del abate Arminjon sobre \u00abel fin del mundo presen\u00adte, y los misterios de la vida futura\u00bb. Por primera vez, al parecer, las dos j\u00f3venes episcopalianas, escuchan a un obispo de su religi\u00f3n hablar de experiencias de vida espiritual que ya son las suyas. Y, no obstante, ellas estaban habituadas, la una y la otra hac\u00eda largos a\u00f1os a la asistencia al culto dominical, asegurado en cada una de las parroquias protestantes de Nueva York. Desde hace mucho tiempo, ambas est\u00e1n familiarizadas con la lectura de la Biblia. Se puede pensar, con todo, que ciertas verdades sobrenaturales, jam\u00e1s les hab\u00edan sido expuestas.<\/p>\n<p>La iglesia episcopaliana, esa iglesia aut\u00f3noma de los Estados Unidos, nacida en Am\u00e9rica, al mismo tiempo que la independencia pol\u00edtica, hab\u00eda salido del an\u00adglicanismo y, en consecuencia, depend\u00eda estrechamente del calvinismo. Pues bien, una de las notas de la religi\u00f3n reformada es esencialmente el subjetivismo, ya que la negaci\u00f3n de los dogmas garantizados por el magisterio de la Iglesia Cat\u00f3lica, abre la puerta a toda interpretaci\u00f3n personal de la revelaci\u00f3n. \u00abEn el interior de la iglesia de Inglaterra, escribe el padre Congar, o. p., existen ten\u00addencias opuestas, sin que pueda ser de otra manera. All\u00ed son posibles el s\u00ed y el no, all\u00ed cohabitan sobre los mismos sujetos, en unos puntos que, como la divini\u00addad, o el nacimiento virginal, o la resurrecci\u00f3n de Cristo, interesan evidentemen\u00adte a la substancia de la fe\u00bb<\/p>\n<p>Es en medio de tales fluctuaciones en la ense\u00f1anza religiosa donde, desde siempre, sedienta de verdad divina, Isabel busca el camino recto, el que puede conducirle a Dios de manera r\u00e1pida y certera. \u00bfC\u00f3mo asombrarse, entonces, de que ese deseo la haya arrastrado a veces, por la fuerza misma de su vehemencia, hacia senderos torcidos, y que haya sido deslumbrada por la luz fugitiva del re\u00adflejo de verdad con que se ilumina a menudo, aunque sea en medio de errores in\u00adcontestables, tal sistema filos\u00f3fico, tal doctrina religiosa?<\/p>\n<p>Cuando Isa Sadler vuelve a Francia, al comienzo del a\u00f1o 1799, ofrece a su amiga las obras completas de Juan Jacobo Rousseau. Estas obras conoc\u00edan en\u00adtonces en Francia, una popularidad extraordinaria. Para las j\u00f3venes americanas, imbuidas de libertad y de independencia, las ideas de Rousseau, en su novedad misma y en su paradoja, no dejaban de tener atractivo. El autor, por otra parte, era un calvinista, cuya religiosidad fundada lo m\u00e1s a menudo sobre la emoci\u00f3n y el sentimiento, no repugnaba en absoluto al esp\u00edritu ecl\u00e9ctico de la iglesia episcopaliana. Isa y Betty, eran capaces, adem\u00e1s, de gustar las cualidades lite\u00adrarias de una lengua que ambas pose\u00edan perfectamente hasta en sus menores detalles.<\/p>\n<p>Hab\u00eda m\u00e1s, todav\u00eda: aquella comuni\u00f3n con la naturaleza, que hab\u00eda sido siem\u00adpre para Betty, un trampol\u00edn desde donde su esp\u00edritu se elevaba naturalmente hacia las cosas divinas, es una de las dominantes de las p\u00e1ginas m\u00e1s bellas de los \u00abEnsue\u00f1os de un deambulante solitario\u00bb. \u00bfNo es precisamente en esa comu\u00adni\u00f3n con la naturaleza donde Rausseau pretende encontrar justamente, \u00abel con\u00adsuelo, la esperanza y la paz\u00bb? Sin duda, sus teor\u00edas est\u00e1n lejos de ser ortodoxas. Ello no impide que un reflejo de la verdad llegue a veces a iluminar furtivamen\u00adte alguno de sus textos: cree en Dios, cree en la Providencia y la proclama, alta\u00admente, afirmando que para volver a ser bueno, \u00abes necesario encontrar a Dios en s\u00ed\u00bb. Religiosidad, sin embargo, m\u00e1s bien que religi\u00f3n, donde la experiencia sub\u00adjetiva o la emoci\u00f3n personal reemplazan la adhesi\u00f3n que supondr\u00e1 siempre la experiencia m\u00edstica verdadera. Pero una manera de considerar las cosas sobre este plano, como la de Rousseau, no ten\u00eda nada que pudiera de hecho chocar con una conciencia protestante. \u00a1Muy al contrario!<\/p>\n<p>As\u00ed, Betty, devorando literalmente los vol\u00famenes tra\u00eddos de Francia, se figura por un momento que ha encontrado, al fin, el gu\u00eda que esperaba, que deseaba. Hasta que no llega a las ideas expresadas en el \u00abEmilio\u00bb, sobre la educaci\u00f3n, no despierta en ella un eco profundo. Seguramente, la negaci\u00f3n pr\u00e1ctica del pecado original y las secuelas dejadas por \u00e9l en todos los hijos de Ad\u00e1n, es el error ca\u00adpital, que no puede sino viciar las conclusiones del \u00abEmilio\u00bb. Resta que no to\u00addo es falso, que no todo es condenado en la obra pedag\u00f3gica de un hombre que quiere oponer a la doma formalista, una educaci\u00f3n basada, ante todo, en la confianza.<\/p>\n<p>Frente al temperamento dif\u00edcil de la peque\u00f1a Ana Mar\u00eda, de quien Betty confiesa, con toda franqueza, <em>que ten\u00eda de su madre un car\u00e1cter de los m\u00e1s in\u00addomables, <\/em>Mar\u00eda Post, la t\u00eda de la ni\u00f1a, que hab\u00eda compartido durante un verano la residencia de los. Seton, se mostraba partidaria de las represiones violentasa, del azote, en particular. Isabel hab\u00eda tenido siempre sobre esta cuesti\u00f3n otras maneras de ver. \u00bfNo encontraba en la obra pedag\u00f3gica del calvinista franc\u00e9s, aqu\u00ed y all\u00ed, ideas que concordaban con las suyas?<\/p>\n<p>No se puede silenciar, en toda caso, el verdadero encandilamiento que se apodera de la joven mujer, respecto a las obras de Rousseau: llega a ser para ella <em>\u00abel querido J. J. \u00ab.<\/em><\/p>\n<p><em>Tu J. J., <\/em>confiesa a la Sra. Sadler, <em>ha revelado unas ideas que desde hace mu\u00adcho tiempo anidaban en m\u00ed. Verdaderamente, es al autor al que acudir\u00e9 siempre en los momentos de tristeza, porque, ley\u00e9ndolo, me olvido de m\u00ed misma y cada uno de sus pensamientos me deja la impresi\u00f3n m\u00e1s consoladora. Espero que ambas saboreemos a menudo su compa\u00f1\u00eda. <\/em>E insiste: no <em>pasa media hora sin que vaya a buscar los tres vol\u00famenes del <\/em>Emilio. <em>Les he le\u00eddo con placer&#8230; <\/em>Pero lo que la hace vibrar m\u00e1s profundamente, ella misma lo subraya, son las ideas religiosas que cree descubrir all\u00ed. A esta lectura encantadora, ella consa\u00adgra entonces dos horas, de d\u00eda y de noche, semejante en esto tambi\u00e9n a Teresa de \u00c1vila, que, de jovencita, se dejaba embriagar por las novelas de caballer\u00eda en donde las haza\u00f1as magn\u00edficas y extraordinarias que descubr\u00eda hac\u00edan latir su co\u00adraz\u00f3n, \u00e1vido de otra grandeza. As\u00ed, Isabel Seton, a los 24, 25 a\u00f1os cree encon\u00adtrar en las obras del fil\u00f3sofo franc\u00e9s una respuesta a su b\u00fasqueda de intimidad divina. Pero la ardiente castellana aprender\u00e1 poco a poco que la vocaci\u00f3n de todo bautizado constituye una llamada a una gloria que transciende toda gloria y toda grandeza humanas. Y la vibrante americana comprender\u00e1 alg\u00fan d\u00eda que la paz de Dios, fruto de una uni\u00f3n aut\u00e9ntica con El, en la fe, \u00absobrepasa a toda inteligencia, est\u00e1 por encima de todo sentimiento\u00bb (Fil 4, 7), porque \u00abel ojo no ha visto, ni ha percibido el o\u00eddo, ni ha llegado al coraz\u00f3n del hombre todo lo que Dios ha preparado para aquellos que le aman\u00bb (Corintios 2, 9). Durante el verano de 1799, Isabel permanece, sin embargo, literalmente bajo el encanto de los escritos de Rousseau. Mi <em>Guillermo persiste en su resoluci\u00f3n de partir para Baltimore, <\/em>escribe a Isa. Yo <em>no puedo estar abandonada, completamente sola y si el querido J. J. y t\u00fa permanec\u00e9is junto a m\u00ed, me deber\u00e9 hacer un reproche que todav\u00eda jam\u00e1s he tenido ocasi\u00f3n de dirigirme: el de estar contenta en la ausencia de Guillermo.<\/em><\/p>\n<p>No nos parece, con todo, que tal pasi\u00f3n por Juan Jacobo Rousseau haya sido otra cosa que una llamarada ef\u00edmera, un atractivo pasajero en el que la sensibilidad ha tomado mucha m\u00e1s parte, que el coraz\u00f3n, en el sentido pasca\u00adliano de la palabra. Por m\u00ednimo que sea, el centelleo de la verdad que, de aqu\u00ed o de all\u00e1, ilumina una obra sujeta por otra parte a precauciones, ha fascinado a la joven mujer por un breve momento, pero aquel encandilamiento, no la ha enfilado necesariamente por un sendero de perdici\u00f3n. Hay historiadores que han querido ver en esta lectura apasionada de las obras de Rousseau, una falta mayor de la juventud de Isabel. En sus \u00faltimos a\u00f1os, ella misma, es verdad, juzg\u00f3 con severidad el incidente, influenciada sin duda por el rigor de los sacerdotes fran\u00adceses de la \u00e9poca, demasiado inclinados a ver en la obra de los fil\u00f3sofos del siglo XVIII, el fermento m\u00e1s importante de la Revoluci\u00f3n, a la vez antirreligiosa y antimon\u00e1rquica que les hab\u00eda desterrado de su pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>He experimentado, <\/em>confiesa la madre Seton, <em>el fatal influjo de las obras de Rousseau y hubo un tiempo en que ellas representaban para m\u00ed la devoci\u00f3n del domingo. Ofuscada como estaba por el brillo de su elocuencia seductora, cu\u00e1ntas noches pas\u00e9 de falso .solaz, cu\u00e1ntos d\u00edas de placer enga\u00f1ador, dentro del encanto falaz que all\u00ed encontraba.<\/em><\/p>\n<p>Es cierto, con toda justicia, que Rousseau no pod\u00eda dar a las aspiraciones \u00edntimas de Isabel una respuesta v\u00e1lida. Ella hubo de darse cuenta sin tardar, puesto que no trata m\u00e1s de \u00e9l en sus notas o en correspondencia de los a\u00f1os posteriores.<\/p>\n<p>M\u00e1s profunda y m\u00e1s durable hab\u00eda de ser la influencia del Rvdo. Hobart. \u00bfCu\u00e1l era exactamente la parte de verdades reveladas que comportaban las pre\u00addicaciones dominicales del joven vicario de la Trinidad? Es dif\u00edcil incluso hacer se una idea de ello. i. Ten\u00eda \u00e9l una facilidad de locuci\u00f3n superior a la de los otros ministros de la parroquia, a incluso de la ciudad, que permit\u00eda coger el hilo de su pensamiento? O bien, una vida espiritual personal, profunda, apoyada en es\u00adtudios filos\u00f3ficos, le permit\u00eda presentar con mayor objetividad las verdades que llamamos nosotros dogmas de fe? Si la convicci\u00f3n que \u00e9l aporta a su ense\u00f1anza religiosa no debe al parecer ser cuestionada, queda, sin embargo, que \u00e9l no ha recibido la gracia sacerdotal. Ministro de la Palabra \u00e9l no es, no lo puede ser, en el sentido que nosotros lo entendemos, ministro de los sacramentos.<\/p>\n<p>Para Isabel no hay sacramento de Penitencia. No ha habido para ella, de hecho, sacramento de Matrimonio. Los adeptos de la Iglesia Episcopaliana, si\u00adguiendo en esto la \u00abInstituci\u00f3n\u00bb de Calvino han reducido a dos los siete sacra\u00admentos reconocidos por la Iglesia Cat\u00f3lica. No admiten, por su parte, m\u00e1s que el Bautismo y la Cena. Incluso es preciso se\u00f1alar que si la palabra \u00absacramento\u00bb subsiste, ella encierra una realidad completamente diferente de la que nosotros le damos. Para nosotros los sacramentos son medios, canales, por los que la gracia de Cristo se nos comunica verdaderamente v realmente. Para los calvinistas, no son sino \u00absignos, concomitancia sensible, testimonios de que Dios opera en be\u00adneficio nuestro tal o tal acci\u00f3n relativa a nuestra salvaci\u00f3n: revestirnos de Jesu\u00adcristo, d\u00e1rsenos en alimento. Son pues, menos que \u00abmedios\u00bb de la operaci\u00f3n sal\u00advadora, un acompa\u00f1amiento sensible, una representaci\u00f3n de lo que opera, un complemento, y una confirmaci\u00f3n de nuestra fe\u00bb.<\/p>\n<p>Tal es, pues, para Isabel y Rebeca el \u00absacramento\u00bb de la Cena, el que ellas llaman simplemente \u00absacramento\u00bb. Nada de presencia real en la iglesia a donde ellas acuden cada domingo con verdadera avidez. Pero se les ha ense\u00f1ado, y el Rvdo. Hobart, seg\u00fan parece, a juzgar por el comportamiento de sus parroquianas, es de los que lo ense\u00f1a con m\u00e1s convicci\u00f3n -\u00abque ellas encontrar\u00e1n con ocasi\u00f3n de la celebraci\u00f3n exterior del \u00absacramento\u00bb, una presencia en ellas puramente espiritual y para la fe\u00bb-. Se podr\u00eda decir, concluye respecto a este tema el Padre Congar, que \u00abseg\u00fan el calvinismo no hay presencia real de Cristo <em>en la Eucarist\u00eda, <\/em>sino que la hay <em>en el comulgante\u00bb. <\/em>De esta comuni\u00f3n espiritual, Betty y Rebeca est\u00e1n literalmente hambrientas. Les sucede, una vez terminado el culto, quedarse las \u00faltimas en el templo para obtener del sacrist\u00e1n que les d\u00e9 lo que resta del pan y del vino a fin de consumirlo y renovar as\u00ed en ellas, esa comuni\u00f3n espiritual. O bien, corren incluso de una a otra iglesia, durante la jornada del domingo, a fin de recibir \u00abel sacramento\u00bb tantas veces como les es posible. Y cuando, por la tarde del domingo, ven volverse a cerrar la puerta de todos los templos para toda la semana, les parece a ambas que un gran vac\u00edo helado las penetra: \u00ab\u00a1Ya nada m\u00e1s, hasta el domingo pr\u00f3ximo!\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso, tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando Isabel se encuentra en Italia, no podr\u00e1 privarse de se\u00f1alar intencionadamente a Rebeca el asombro mezclado de envidia que le hace experimentar la visita a las iglesias cat\u00f3licas de Liorna y de Florencia, <em>all\u00ed donde, como dicen los cat\u00f3licos, Dios est\u00e1 presente en su santo Sacramento&#8230; Piensa, <\/em>confesar\u00e1 adem\u00e1s, <em>en lo que debe ser para ellos ese consuelo: \u00a1ellos van a misa cada ma\u00f1ana!<\/em><\/p>\n<p>Y, desde el a\u00f1o 1801, es tan grande el amor al \u00absacramento\u00bb, el respeto al \u00absacramento\u00bb tal como se le propone su Iglesia, que Isabel ha tomado, de acuer\u00adda con Rebeca, la resoluci\u00f3n de no aceptar ninguna ocasi\u00f3n de distracci\u00f3n profana los domingos que han podido participar en \u00e9l. A esta resoluci\u00f3n, sin embargo, Rebeca se mostr\u00f3 una vez infiel. Severamente, aunque con gran cari\u00f1o, Betty le dirige estas palabras: Lo <em>que ha sucedido ser\u00e1, as\u00ed lo espero, para mi querid\u00edsima hermana una lecci\u00f3n de la que se acordar\u00e1 toda su vida. Una lec\u00adci\u00f3n que le ense\u00f1ar\u00e1 a no violar jam\u00e1s esa regla estricta: no dejar la casa, bajo ning\u00fan pretexto, el domingo del \u00absacramento\u00bb; y decir rotundamente a quien pudiera hacer una pregunta a este respecto, que hay en ello una regla para ti. Eso nunca podr\u00e1 ser o parecer una falta de cortes\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>La influencia del Rev. Hobart parece marcar igualmente a las dos cu\u00f1adas en el sentido del don de s\u00ed mismas aut\u00e9ntico, de una disponibilidad permanente frente a todo servicio que les sea demandado. Juntas, efect\u00faan el aprendizaje de la verdadera compasi\u00f3n. Les parecer\u00eda indispensable, hasta monstruoso, no com\u00adpartir con los desheredados de toda clase lo que poseen ellas mismas, as\u00ed en el plano espiritual como en el material. Dos frases pegadas sin transici\u00f3n, en los <em>Dear Remembrances, <\/em>son caracter\u00edsticas: \u00abSociedad de las Viudas\u00bb, que podr\u00eda\u00admos traducir en lenguaje moderno: Asociaci\u00f3n en favor de las viudas econ\u00f3mi\u00adcamente d\u00e9biles&#8230; <em>sorpresa ante el contraste continuo de todos los beneficios que hab\u00eda recibido y las miserias que ve\u00eda, y no obstante, dispuesta siempre a abandonar (mi riqueza personal)&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Y \u00bfqu\u00e9 decir de aquella misiva dirigida desde Staten Island, durante el vera\u00adno de 1801, mientras la fiebre amarilla diezma los contingentes de emigrantes que arriban incesantemente al puerto de Nueva York?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00a1Rebeca! \u00a1No puedo dormir! Estoy obsesionada con el pensamiento de los moribundos y de los muertos, de todos los ni\u00f1itos que expiran en los brazos de sus madres cuyo pecho no tiene una gota de leche para amamantarlos. \u00a1No es imaginaci\u00f3n! Es la realidad de lo que me rodea. Mi padre dice que, jam\u00e1s hasta ahora, se hab\u00eda visto esto. Dice que hay actualmente doce beb\u00e9s que van a morir de hambre, ya que solo se pueden alimentar de la leche materna y sus madres no pueden d\u00e1rsela ya, a consecuencia de la miseria de ellas, que han estado enfermas largo tiempo, en el barco, sin alimento, sin aire, sin ropa de repuesto. \u00a1Oh Padre misericordioso, con qu\u00e9 gusto les dar\u00eda a cada uno un turno de la toma de Kit si se me permitiera actuar a mi guisa! Pero, Rebeca, ellos tienen en el cielo un \u00abProvisor\u00bb que endulzar\u00e1 los dolores que sufren los inocentes. Mi padre deja la casa desde muy temprano por la ma\u00f1ana, para ir a llevar a las v\u00edctimas todos los alivios posibles&#8230; Mi ventana est\u00e1 abierta y cualquiera que sea el lugar a donde va mi mirada all\u00ed veo luces&#8230; Se levantan tiendas en el patio de la casa de convalecencia. Ha sido necesario levantar otra, una grande, para alargar el espacio del dep\u00f3sito de cad\u00e1veres&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Betty sabe que su cu\u00f1ada es capaz de compadecerse con ella, a la vista de tan dolorosa hecatombe. Parece que en aquella \u00e9poca resuenan efectivamente en el coraz\u00f3n de ambas las palabras del Ap\u00f3stol: <em>Caritas Christi urget nos: La <\/em>caridad de Cristo nos apremia (2 Cor 5, 14).<\/p>\n<p>Ni formalismo, ni paternalismo en la diligencia que ellas ponen por descu\u00adbrir en la ciudad las verdaderas miserias, f\u00edsicas o morales, y en tratar de ali\u00adviarlas. Una caridad aut\u00e9ntica, eficaz, las arrastra hasta tal punto que su comportamiento acaba por atraer la atenci\u00f3n sobre sus personas. \u00a1No se ven ellas otorgar por algunos de sus amigos el t\u00edtulo absolutamente ins\u00f3lito de <em>Hermanas de la Caridad Protestantes! <\/em>A decir verdad, el sentido profundo del vocablo se les escapa a los que se lo aplican porque la noci\u00f3n misma de vida religiosa as extra\u00f1a para la Iglesia Episcopaliana. Tal vez los americanos hayan o\u00eddo hablar de la madre Mar\u00eda de la Encarnaci\u00f3n, la Ursulina de Tours venida de Francia al Canad\u00e1, de eso hac\u00eda ya un siglo y medio, para educar e instruir a los ni\u00f1os de los ind\u00edgenas como a los de los colonos franceses. Sin duda, el nombre de Margarita Bourgeoys, que fund\u00f3 en la misma \u00e9poca la Congregaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora, en Montreal, no era desconocida en Estados Unidos. Pero desde que se ne\u00adg\u00f3 a juntarse a las colonias inglesas que luchaban por la independencia, el Canad\u00e1, qued\u00f3 separado de los Estados Unidos por una frontera moral m\u00e1s severa y m\u00e1s inatacable que toda frontera pol\u00edtica. Y, si es verdad que la constituci\u00f3n de la nueva rep\u00fablica \u00abha garantizado, en principio, la libertad religiosa y el libre ejer\u00adcicio del culto\u00bb para todas las confesiones sin distinci\u00f3n, no es menos evidente que los ciudadanos americanos pretenden mantenerse aparte de toda influencia extranjera, comprendido en ello, el plano religioso. El anglicanismo y el \u00abpapis\u00admo\u00bb malamente asociado en su esp\u00edritu suscitan en ellos en esta \u00e9poca un mismo temor, una misma repulsi\u00f3n. <em>\u00a1Aqu\u00ed, <\/em>hab\u00eda se\u00f1alado Hector St. John de Cr\u00e9ve Coeur, <em>aqu\u00ed no hay familias aristocr\u00e1ticas, cortes, reyes, ni obispos, ning\u00fan poder oculto que da una potencia real a algunos!<\/em>La \u00fanica \u00abreligiosa\u00bb que han cono\u00adcido entonces, en Nueva York, era una estatua de cera que iban a ver al museo de Greenwich Street, como una de las curiosidades m\u00e1s raras. Es f\u00e1cil imaginar en tales condiciones, la extra\u00f1eza del t\u00edtulo de <em>Hermanas de la Caridad Protestantes <\/em>que se hab\u00edan atra\u00eddo Isabel y Rebeca.<\/p>\n<p>Hay una cosa no menos digna de notarse: mientras Rebeca defend\u00eda habitual\u00admente la intimidad espiritual que la un\u00eda a Betty como un bien personal y se\u00adcreto, Betty siente, por el contrario, la necesidad de ensanchar el c\u00edrculo de tal amistad. Hasta le falta a este respecto cierta discreci\u00f3n. Su deseo de com\u00adpartir con otros los bienes espirituales que ella consideraba, con justo t\u00edtulo, como esenciales, se mezcla, a veces, a una impaciencia intempestiva de la que adolecen a menudo los ne\u00f3fitos.<\/p>\n<p>Sus anticipaciones junto a Julia Scott ser\u00e1n bastante imprudentes y corre\u00adr\u00e1n riesgo por un momento de producir una herida en una amistad tan profunda, sin embargo. M\u00e1s flexible se muestra en este dominio Catalina Dupleix. Ha vuelto de Irlanda deprimida f\u00edsicamente, acabada moralmente. Entre ella y su mari\u00addo, el rudo capit\u00e1n de barco, hay una excesiva incompatibilidad para que se pueda esperar que una vida conyugal feliz se desarrolle jam\u00e1s en el hogar. Betty piensa que tan dolorosos despojos pueden ser para su amiga una especie de lla\u00admada hacia Dios. La invita a compartir con ella y Rebeca la alegr\u00eda sobrenatural que han descubierto, como el tesoro escondido del Evangelio. Rebeca, de pri\u00admeras, protesta contra lo que parece ser la violaci\u00f3n de una intimidad excepcio\u00adnal. Delicadamente Betty la tranquiliza: <em>T\u00fa puedes, amor m\u00edo, compartir con Du\u00e9 la amistad que me das como con cualquier otra a quien un mismo lazo une con Aqu\u00e9l que es nuestro Amigo com\u00fan y nuestro Guardi\u00e1n, Hazlo gustosamente, querida m\u00eda, sin tener ese temor que sentimos cuando se trata de compartir los afectos anudados solamente por la tierra.<\/em><\/p>\n<p>Semejante razonamiento basta para convencer a Rebeca. Entre las tres ami\u00adgas, una misma vivencia de las cosas divinas, un mismo deseo de disponibilidad, trenzan d\u00eda tras d\u00eda un v\u00ednculo de una solidez \u00fanica. De buenas a primeras, Isabel ha tomado, en cierto modo, la direcci\u00f3n de la peque\u00f1a comunidad. Cata\u00adlina y Rebeca le dan su confianza, dichosas de encontrar en ella un apoyo se\u00adguro, un coraz\u00f3n abierto a sus propias necesidades, comprensivo y bueno. Es f\u00e1cil imaginar los coloquios espirituales que re\u00fanen a las tres, en la primavera de 1801, en la casa de Staten Street. A veces la puerta del sal\u00f3n se entreabre y asoma una cara infantil: es Ana Mar\u00eda, Bill, o Ricksv. Su madre no se cuida de despedirlos. Silenciosamente, ellos escuchan un momento. Los ni\u00f1os entran m\u00e1s f\u00e1cilmente de lo que se cree en el dominio espiritual. Puede caer en su co\u00adraz\u00f3n una semilla que germinar\u00e1 sin ruido, y mucho tiempo despu\u00e9s dar\u00e1 su fruto.<\/p>\n<p>Bill, s\u00f3lo tiene entonces cinco a\u00f1os. Y he ah\u00ed que una ma\u00f1ana, despert\u00e1n\u00addose en su camita, grita de repente, deformando un poco las palabras, en su lenguaje infantil: \u00ab\u00a1Querido Enrique Hobart, quisiera que hicierais un serm\u00f3n para m\u00ed!\u00bb. Su madre se estremeci\u00f3. <em>Aquellas palabras, <\/em>confiesa ella <em>me hicieron <\/em>lanzar un largo suspiro, un <em>profundo suspiro&#8230;, \u00a1si fuese <\/em>un presagio! Que su Guillerm\u00edn habr\u00eda de ser un d\u00eda ministro de la Palabra de Dios. \u00a1Qu\u00e9 magn\u00edfica esperanza! S\u00ed, si Dios quisiera&#8230; \u00bfY es que Dios no puede darnos mucho m\u00e1s todav\u00eda de lo que nosotros esperamos? Guillermo Seton no ser\u00e1 ministro de la Iglesia Episcopaliana. Pero uno de sus hijos, Roberto, que nacer\u00e1 en 1839, el 28 de agosto, como su abuela, ser\u00e1 ordenado sacerdote de la Iglesia Cat\u00f3lica y llegar\u00e1 a ser rector de San Jos\u00e9, en Jersey City. El ser\u00e1 tambi\u00e9n el primero de los sacerdotes americanos en ser elevado a la prelatura romana.<\/p>\n<p>Que Dios es efectivamente capaz de llenarnos m\u00e1s all\u00e1 de nuestros deseos, Isabel lo presiente desde aquel per\u00edodo de su vida, en que tan a menudo todav\u00eda buscaba a tientas \u00abla verdadera luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo\u00bb, (Jn 1, 9). Prueba, la meditaci\u00f3n que escrib\u00eda, el a\u00f1o aquel, igno\u00adrando a la vez tanto las nuevas pruebas que pronto iban a triturarla como el chorro de gracias que vendr\u00eda a colmarla.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00bfNo beberemos el c\u00e1liz que nuestra <\/em>Padre nos ha dado? Salvador bendito, por la amargura <em>de tus sufrimientos<sup>&#8211;<\/sup>, podemos <\/em>valorar la fuerza <em>de tu <\/em>amor. Es\u00adtamos seguros <em>de <\/em>tu <em>bondad y de <\/em>tu <em>misericordia. <\/em>T\u00fa <em>no quieres llamarnos deliberadamente a sufrir. T\u00fa nos <\/em>has <em>prometido que, si somos fieles, <\/em>todas las cosas <em>concurrir\u00e1n <\/em>para <em>nuestro bien. As\u00ed pues si T\u00fa lo <\/em>hay ordenado <em>de esta suerte, bienvenidos sean <\/em>para nosotras <em>desenga\u00f1as y pobreza; bienvenidas enfermedades y sufrimientos; \u00a1bienvenidas, incluso, humillaciones, desprecios y calumnias! Si hay aqu\u00ed un sendero \u00e1spero y lleno de abrojos es aqu\u00e9l en el que T\u00fa te compro\u00admetiste el <\/em>primero. <em>All\u00ed donde vemos la huella de tus pasos, <\/em>nosotros no <em>podemos lamentarnos. Durante este tiempo, T\u00fa nos sostendr\u00e1s con los consuelos de tu gracia; adonde seamos reducidos, T\u00fa puedes compensarnos de cualquier sufri\u00admiento temporal, con la posesi\u00f3n de aquella paz que el mundo no puede dar ni arrebatar.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En mi juventud antes de mis viajes buscaba abiertamente la sabidur\u00eda en la oraci\u00f3n. A la puerta del santuario la apreciaba, y hasta mi \u00faltimo d\u00eda la proseguir\u00e9. 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