{"id":9611,"date":"2016-07-31T13:00:57","date_gmt":"2016-07-31T11:00:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/09\/isabel-seton-la-biografia-06-los-veleros-no-volveran-mas\/"},"modified":"2016-07-26T09:34:01","modified_gmt":"2016-07-26T07:34:01","slug":"isabel-seton-la-biografia-06-los-veleros-no-volveran-mas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-06-los-veleros-no-volveran-mas\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 06 &#8211; Los veleros, no volver\u00e1n m\u00e1s"},"content":{"rendered":"<p><em>Pasmaos, habitantes de la costa,<br \/>\nmercaderes de Si\u00f3n,<br \/>\ncuyos mandatarios recorr\u00edan la mar,<br \/>\npor <\/em>las <em>aguas inmensas.<br \/>\nIs 23, 2<\/em><\/p>\n<p>En enero de 1799, Isabel Sadler, volvi\u00f3 de Europa a Am\u00e9rica. Este retorno deber\u00eda ser, para Betty, una raz\u00f3n de alegr\u00eda. En realidad la mujer piensa, con tristeza, que en adelante no le ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil ver a su amiga, que cuando estaba en Europa. Y la raz\u00f3n que la privar\u00e1 de estos encuentros, largo tiempo deseados, es precisamente una de las que hubieran debido favorecerlos y sellar para siem\u00adpre la amistad de las dos j\u00f3venes mujeres. Emma Bayley, la primera de las hijas nacidas del segundo matrimonio del doctor, es novia de Guillermo Craig, cuya familia est\u00e1 emparentada con los Sadler. Una situaci\u00f3n, como la del hogar de su padre, proh\u00edbe a Betty, desde hace a\u00f1os, todo paso que podr\u00eda ponerla en la presencia de su madrasta. Y es evidente que, si el sal\u00f3n de los Sadler se abre a la familia Craig, Emma y su madre, lo frecuentar\u00e1n asiduamente. En tales con\u00addiciones, es Isabel quien deber\u00e1 retirarse discretamente, sabiendo demasiado bien que, actuando de otra manera, ir\u00e1 en contra de la voluntad formal del se\u00f1or Bayley. <em>Mi padre <\/em>-dice confidencialmente, no sin tristeza- <em>persiste en su re\u00adsoluci\u00f3n de que yo no acepte una reconciliaci\u00f3n con la se\u00f1ora B.<\/em><\/p>\n<p>La desuni\u00f3n del doctor y su esposa, consumada desde entonces y p\u00fablicamen\u00adte conocida, no deja de crear de un golpe a la joven prometida un embrollo de dificultades sobre el que Betty emite un juicio l\u00facido y doloroso: Mi <em>pobre Emma est\u00e1 en una situaci\u00f3n imposible y su matrimonio, pienso yo, no tendr\u00e1 lugar tan pronto como ella lo desear\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>Por otra parte, dos de los hermanos de Emma, manifiestan se\u00f1ales inequ\u00edvo\u00adcas de inestabilidad, dando a su padre serias inquietudes. <em>Mi padre tiene nuevas causas de abatimiento que me hacen temblar <\/em>-escribe Isabel, en marzo de 1799-. Lo que ella no escribe, lo que ella no puede escribir, pero que desgarra su coraz\u00f3n filialmente apasionado, es cu\u00e1l sea en concreta la reacci\u00f3n de aqu\u00e9l, a quien ella admira, con justo t\u00edtulo, en tantos otros puntos, frente a la situaci\u00f3n en que se encuentra ahora el hogar que \u00e9l ha fundado. Cu\u00e1n desilusionada y casi inhumana aquella reflexi\u00f3n lanzada por \u00e9l espont\u00e1neamente sobre el papel: \u00abSta\u00adten Island? S\u00ed, es m\u00e1s que posible&#8230; \u00bb Lo que equivale a decir, vida en la esta\u00adci\u00f3n de la cuarentena, y por tanto, recuperaci\u00f3n definitiva de mi libertad irrevo\u00adcable, deserci\u00f3n del hogar. \u00abPero, me gusta detener mi pensamiento sobre el ri\u00add\u00edcula de mi vida. Lo que ser\u00eda para otro una fuente de aflicciones, sin consuelo posible, lo que herir\u00eda el coraz\u00f3n de la mayor parte de la gente, me parece a m\u00ed un motivo de diversi\u00f3n\u00bb <em>Matter of amusement, <\/em>dice el texto original, y uno du\u00adda entre dos traducciones: \u00abTodo eso me importa un pito\u00bb. O bien: \u00abAnte todo eso, deja que me r\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Pero el hombre que traza estas l\u00edneas es un hombre de val\u00eda, un hombre que, en el ejercicio de su profesi\u00f3n, no vacila en ir hasta el cabo de sus fuerzas, del don de s\u00ed mismo, en exponer su vida, a sabiendas, para salvar la vida de los otros. Una reflexi\u00f3n anotada, en nuestros d\u00edas, por un m\u00e9dico y un psic\u00f3logo, el Dr. Nodet, parece aplicarse exactamente al caso del Dr. Bayley, y dar cuenta de la paradoja de su vida. Con un tacto seguro, el especialista del siglo XX, denuncia abiertamente \u00abel error del m\u00e9dico que, dedicado siempre a sus enfermos y a sus publicaciones, olvidara dar a su mujer y a sus ni\u00f1os la presencia y el tiempo que ellos esperan de \u00e9l. La desgracia es para todos -concluye- individuo y grupo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo no iba a ser sensible Betty a este drama familiar, que se representa tan cerca de ella, y en el que pr\u00e1cticamente, ella nada puede? \u00bfC\u00f3mo, por otra parte, esclarecida por las maniobras de aquellos que est\u00e1n tan pr\u00f3ximos, a aquellos a quienes sigue amando, no iba a buscar ella cimentar el edificio de su pro\u00adpio hogar? \u00bfDeb\u00eda ella pagar el rescate, con un olvido de s\u00ed total y diario?<\/p>\n<p>A pesar del tormento que le causan actualmente los negocios comerciales de su marido, a pesar de una tarea como la suya en casa, donde los hijos, peque\u00f1os y grandes, devoran, minuto a minuto, su tiempo, Isabel no olvida que Guillermo debe encontrar siempre en Stane Street, desde que empuja la puerta, una morada acogedora, comidas dispuestas a la hora, una mujer que le espera sonriente, v calma, coma en los d\u00edas en que ella era la joven esposa de Wall Street, sin pre\u00adocupaciones, sin trabajo, cuyo \u00fanico papel, consist\u00eda en aguardar sol\u00edcita la vuelta de su marido, y estar disponible a sus menores deseos. <em>Desde hace tiempo estoy habituada a ceder por afecto a Guillermo.<\/em><\/p>\n<p>Y no obstante, en adelante, ella ya no conoce momentos de solaz. Es nece\u00adsario contar no s\u00f3lo con la tarea de cada d\u00eda, sino con lo imprevisto, que obliga a cambiar bruscamente el ritmo de la vida, a asumir nuevas ocupaciones dom\u00e9sticas. Los hijos, uno tras otro han cogido las enfermedades cl\u00e1sicas, que los de\u00adtienen en cama, durante d\u00edas, a veces dentro de un aislamiento draconiano para evitar a los otros ser contagiados a su vez. Complicaciones que s\u00f3lo las madres de familia numerosa saben lo que ellas suponen en concreto. Porque es preciso que la vida de todo el hogar contin\u00fae, a pesar de todo, su marcha normalmen\u00adte. Y cuando es un chiquit\u00edn quien reclama cuidados incesantes que exigen junto a \u00e9l una presencia continua, es necesario de veras que la mam\u00e1 escoja, o ponerse ella misma tambi\u00e9n en cuarentena, o quedarse con los otros. Pero deber\u00e1 en este caso tomar de su cuenta la labor casera que aseguraba la persona inmovilizada dentro de la pieza de los ni\u00f1os, convertida en enfermer\u00eda. Todas estas molestias, peque\u00f1as y grandes, pero que se multiplicar\u00e1n como a placer en Stone Street, Betty las experimenta en esta primavera de 1799.<\/p>\n<p>Cuando llegan las vacaciones de Pascua, gracias a Dios, anginas, paperas y sarampiones se han acabado. Pero los dos muchachos y las dos muchachas que vuelven del colegio, como buenos americanos en peque\u00f1o que son, han estado muy lejos de faltar a la tradici\u00f3n establecida ya, entre los escolares de Estados Unidos: traen con ellos para la temporada de vacaciones, unos camaradas o amigas. De la noche a la ma\u00f1ana la casa, toda lo espaciosa que es, est\u00e1 para estallar. Resuena, de la ma\u00f1ana a la tarde, con gritos, cantos, carreras y perse\u00adcuciones, con galopadas que hacen vibrar las paredes, crujir la madera de las escaleras&#8230; Es una de esas bonitas agitaciones de las que se regocijan las ma\u00adm\u00e1s, porque son \u00edndice cierto del buen estado de la salud general, pero de las que desean, al minuto, verse libres un momento para entregarse en paz a su ocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Betty no tendr\u00eda ciertamente idea, por lo que a ella se refiere, de poner sordi\u00adna a esa alegre barah\u00fanda, a\u00fan cuando despierta a los chiquitines, a\u00fan cuando sea para ella el preludio de un trabajo suplementario, \u00a1aunque no fuera m\u00e1s que la preparaci\u00f3n de incontables tartinas de merienda! Pero le es necesario con\u00adtar con la salud de Guillermo, con la salud de Rebeca, tocada como su hermano de la tuberculosis, tan r\u00e1pidamente extenuados ambos, y por quienes se est\u00e1 siempre sobre aviso.<\/p>\n<p>\u00a1No importa, es la primavera! La estaci\u00f3n de la esperanza que Betty ha ama\u00addo siempre con un amor de predilecci\u00f3n. Afuera, las yemas revientan, las flores se abren, los pajaritos gorjean. Dentro de casa, los ni\u00f1os, ellos tambi\u00e9n, hacer estallar su alegr\u00eda de vivir. Ning\u00fan enfermo entre ellos en este momento. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s hay que desear? Sonriente, siempre, la joven mujer, contin\u00faa haciendo frente. Acabadas las vacaciones de Pascua, la casa recobra su calma, al menos por unas semanas. El 19 de julio, despu\u00e9s de un mes de dilaci\u00f3n y de ansiedad, Em\u00adma Bayley ve el fin de una larga espera: toma por esposo a Guillermo Craig. Betty puede asistir a su boda, dentro de un clima de alegr\u00eda ficticia, donde cada uno de los invitados se esfuerza por desempe\u00f1ar el panel que se le ha impuesto. Y luego, es necesario pensar en las vacaciones de verano. Betty sue\u00f1a que ser\u00eda bueno para los ni\u00f1os dejar Nueva York, deseando que la familia no tenga que amontonarse una vez m\u00e1s en la min\u00fascula quinta de Cragdon. Guillermo ha emprendido los pasos necesarios para encontrar una propiedad que parezca res\u00adponder a todo lo que se puede so\u00f1ar. Una dificultad, sin embargo, surge en el momento de las negociaciones. El se\u00f1or Seton se obstina, neg\u00e1ndose entonces a proseguir todo trato. Ruda decepci\u00f3n para la madre de familia: \u00bfqu\u00e9 har\u00e1 ella, de los ocho ni\u00f1os durante los meses de fuerte calor? Forzoso le hubiera sido aceptar la soluci\u00f3n de Cragdon, de no haberle llegado providencialmente una invitaci\u00f3n de Isabel Sadler, que le permitir\u00e1, al menos, tomar un momento de verdadero descanso con los ni\u00f1os m\u00e1s peque\u00f1os. No duda en aceptar la oferta de su amiga, y acude a la casa de campo que Isabel posee en Staten Island. De no ser por la situaci\u00f3n familiar de su padre, hubiera podido permanecer all\u00ed todo el verano. Pero la joven pareja Craig est\u00e1 tambi\u00e9n invitada. A su llegada, Betty deber\u00e1 partir. Rebeca, ha debido, por prescripci\u00f3n m\u00e9dica, proyectar una estancia mucho m\u00e1s prolongada lejos de Nueva York. Ella parte con Cecilia a la casa de su media hermana, que hab\u00eda tomado por esposo al se\u00f1or Vining, y que estaba ya viuda. En la playa, junto a su amiga Isabel, Betty ve a los peque\u00f1os divertirse en torno suyo, bronce\u00e1ndose y fortific\u00e1ndose al sol. La joven mujer no resiste al placer de pintar al vivo un peque\u00f1o cuadro en obsequio a su cu\u00f1ada: <em>Ricksy est\u00e1 toda bronceado, y, cada vez que sale, levanta sus bracitos hacia los \u00e1rboles diciendo: \u00abDo&#8230; do&#8230;\u00bb \u00a1con tanto placer, con tanta sorpresa! Si el viento le azota en plena cara cierra sus ojitos y se echa a re\u00edr como tiene costumbre de hacerlo cuando se corre a su encuentro.<\/em><\/p>\n<p>Felices jornadas que pasan demasiado r\u00e1pidas. Con los mayores que han vuel\u00adto del colegio, Betty se llega hasta Cragdon por segunda vez. \u00a1Es a\u00fan mejor que nada! Corre m\u00e1s de un rumor que siembra el espanto. La fiebre amarilla est\u00e1 de nuevo en la ciudad de Nueva York.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo, pues, tomar\u00e1 la vida su curso normal? \u00bfVan a renacer las dificul\u00adtades de todos los lados a la vez? Guillermo debe hacer ahora un viaje a Balti\u00admore donde su abuelo Curson desea hablarle de negocios. Porque la situaci\u00f3n de la firma \u00abSeton, Maitland y C\u00eda\u00bb no parece querer ponerse en pie, antes al con\u00adtrario. Y ese viaje de Guillermo espanta a Betty. En Filadelfia, posta obligatoria para la diligencia, la fiebre amarilla -dicen- hace tambi\u00e9n estragos. La pre\u00adsencia de Isabel Sadler apacigua, con todo, a Betty durante el viaje temido. Guillermo vuelve. Ha atravesado el peligro sin da\u00f1o. Pera desde ahora \u00e9l deber\u00e1 trasladarse a Nueva York a diario. Rebeca recibir\u00e1 pronta unas l\u00edneas angustio\u00adsas de Isabel.<\/p>\n<p><em>Mi Guillermo va todos los d\u00edas a la ciudad, y est\u00e1 m\u00e1s expuesto que muchos otros que han encontrado all\u00ed la muerte. Que \u00e9l escape, depende de esa <\/em>MISERI\u00adCORDIA <em>que jam\u00e1s nos ha faltado y tengo buenas razones de bendecir todos los d\u00edas de mi vida. Si \u00e9l no escapa, es m\u00e1s que probable que t\u00fa y yo no nos veamos m\u00e1s, porque jam\u00e1s podr\u00eda sobrevivir a eso.<\/em><\/p>\n<p>Mientras Guillermo prosigue sus idas y venidas, pasando indemne en me\u00addio del peligra que \u00e9l roza, poco a poco la epidemia terrible cede, una vez m\u00e1s, con el fin de los calores h\u00famedos. En noviembre Betty puede volver a Stone Street. Pero no le es permitido hacerse ilusi\u00f3n sobre la cat\u00e1strofe en que va a sumergirse, despu\u00e9s de apenas seis a\u00f1os de existencia, la firma \u00abSeton, Maitland y C\u00eda\u00bb. Para los nav\u00edos mercantes que portan pabell\u00f3n americano, no hay garant\u00eda ninguna en los mares. Inspeccionados, despojados, los barcos de gran tonelaje, si es que no quieren correr el riesgo de verse hundir, barcos y mercanc\u00edas per\u00admanecen bloqueados en los puertos extranjeros, consecuencia desastrosa e injus\u00adta de la pol\u00edtica francesa. Los veleros fletados por los Seton, salvo tres raras excepciones, no volver\u00e1n m\u00e1s al puerto americano. Los correos que se suceden no traen a Guillermo y a Betty m\u00e1s que tr\u00e1gicas y lastimosas noticias, bien de Londres, bien de Hamburgo. \u00bfEra, por otra parte, el socio de los Seton, hombre \u00edntegro y recto? No lo parece. Las letras de cr\u00e9dito llegan a Nueva York a un ritmo alocado, y sin embargo, desde Londres el Sr. Maitland suspende todos los pagos. En cuanto a contar con la ayuda eficaz de su hijo, Jaime, asociado igualmente al negocio, ser\u00eda una ilusi\u00f3n que ni siquiera raza Guillermo. El joven marido se revel\u00f3 desde su matrimonio como un ruin hombre de negocios, un marido lamentable, un pobre tipo que bebe, turbando la vida de su hogar, hacien\u00addo a su mujer tan desgraciada como es posible.<\/p>\n<p>No es posible contar m\u00e1s con Jaime Seton, el hermano de Guillermo, aso\u00adciado con el mismo t\u00edtulo que su hermano mayor a la firma comercial. Jaime adopta, en este per\u00edodo de crisis, una actitud incomprensible, es lo menos que se puede decir. Frente a este desastre financiero, frente a una ruina que no alcanza solamente a los socios, sino a los accionistas, Guillermo Seton estar\u00eda solo hacien\u00addo frente, si no estuviera Betty a su lado, tensando toda su energ\u00eda para impedir a su marido hundirse bajo el golpe que le llega.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Si los corazones se ensombrecieran al mismo tiempo que las fortunas, con\u00ad<\/em>fiesa ella, <em>eso har\u00eda mucho mal a los negocios&#8230; Su <\/em>coraz\u00f3n, gracias a Dios, per\u00admanece en vela. <em>Maitland ha hecho detener los pagos en Londres <\/em>-escribe ella a Rebeca- <em>y estamos obligados a hacer otro tanto aqu\u00ed. Para Guillermo es una situaci\u00f3n cruel. Aunque tiene personalmente todo el consuelo que un hombre pue\u00adde tener en tales circunstancias, a saber: que tal estado de cosas no es imputable a su imprudencia particular, que en nada se le puede censurar; te puedes, con todo, imaginar el abatimiento y ansiedad que eso nos trae a todos&#8230; Jairne (Seton) perdi\u00f3 casi la cabeza, pero despu\u00e9s de haber examinado lo que hay de ello, encuentra menos motivos de temor de los que pensaba en un principio. En todo caso, el parecer un\u00e1nime de todos los amigos de Guillermo, de los directores de banco que han sido consultados, es que debe suspender todas las devolucio\u00adnes. Si nuestra familia conoci\u00f3 la tristeza el invierno pasado, este invierno conoce algo peor. \u00a1S\u00f3lo el cielo sabe cu\u00e1ndo tendr\u00e1n fin nuestras dificultades!<\/em><\/p>\n<p>Impresionable como es, Guillermo pasa consecutivamente por alternativas de depresi\u00f3n, obsesionado por el espectro de la ruina total, incluso de la prisi\u00f3n, y por sobresaltos de esperanza: las noticias recibidas desde Londres, son tan bre\u00adves y vagas, que tal vez, toda no va tan mal como se cree en Nueva York.<\/p>\n<p>Guillermo no tiene ciertamente el equilibrio y la energ\u00eda de Betty. A sus cam\u00adbios de humor la joven mujer trata de adaptarse del modo mejor, dispuesta a ceder siempre, a tomar sobre ella la parte m\u00e1s pesada de la carga com\u00fan. Ella quer\u00eda, por los ni\u00f1os al menos, que el d\u00eda de Navidad fuera un d\u00eda de paz, de alegr\u00eda. El Dr. Bayley y Mar\u00eda Post han invitado a los Seton a ir a pasar la fiesta con ellos, pero Guillermo se obstina, y niega toda salida. Que Isabel vaya a casa de su hermana, puesto que se lo ha prometido; \u00e9l se quedar\u00e1 en Stone Street con los ni\u00f1os. El <em>puso tanta insistencia en su negativa que march\u00e9 con la muerte en el alma dej\u00e1ndole coma \u00e9l lo quer\u00eda, <\/em>debe confesar ella.<\/p>\n<p>El primero de a\u00f1o es m\u00e1s apacible. Guillermo, al menos, no ha rechazado la presencia de su \u00abmujercita\u00bb. En secreto y com\u00fan acuerdo no soltar\u00e1n palabra ese d\u00eda sobre las dificultades que les ro\u00edan. Ese solo silencio, y esas horas de intimidad son para Betty un rayito de sol en medio de la tormenta que les ame\u00adnaza sin tregua. Ella explicar\u00e1: <em>No fue ese el d\u00eda m\u00e1s triste del a\u00f1o que he pa\u00adsado en Nueva York, parque all\u00ed donde haya afecto mutuo y esperanza, hay mucho.<\/em><\/p>\n<p>El a\u00f1o 1800 comienza con la espera, llena de ansiedad, de un desenlace que no suceder\u00e1 sin trastornar la situaci\u00f3n de los Seton. Betty lo sabe. \u00bfPero no ha tomado ella por regla de conducta no atormentarse antes de los acontecimien\u00adtos futuros que no dependen de su voluntad? M\u00e1s vale guardar intactas su energ\u00eda, su paciencia, sus fuerzas, para encajar mejor los golpes que desde ahora van a sucederse a un ritmo acelerado.<\/p>\n<p>P\u00e9rdida de un nav\u00edo que acaba de hundirse despu\u00e9s de haber dejado el puerto de Amsterdam, equipado de un importante cargamento. Actitud cada vez menos neta del se\u00f1or Maitland, el principal socio de Londres. Es el momento en el que Guillermo declina todas las proposiciones de los amigos que le ofrecen anticipar\u00adle fondos. El mes de junio de 1800 debe se\u00f1alar el fin del contrato de la socie\u00addad \u00abSeton, Maitland y C\u00eda\u00bb: antes que correr el riesgo de nuevas decepciones con un socio cuya rectitud no es segura parece preferible a Guillermo enfrentar\u00adse totalmente solo, hasta el fin. Porque si no tiene la envergadura de su padre en lo concerniente a negocios, de lo que veros\u00edmilmente se ha aprovechado su socio londinense, Guillermo Magee Seton es un hombre de una rectitud absoluta. No solamente ha decidido salir de este asunto, salvando su honor perfectamente, sino que quiere en cuanto est\u00e9 en su poder detener la ruina de todos los que le han dado su confianza y cuyos intereses est\u00e1n en juego, como los suyos, en este desastre financiero. Llegar\u00e1, si es necesario, a poner en venta sus bienes perso\u00adnales, casas, muebles., objetos de valor, para evitar las reivindicaciones material\u00admente justificadas de sus acreedores. Pero, mientras Guillermo y Betty se atreven a mirar de frente semejante eventualidad, cu\u00e1l no es su dolorosa sorpresa al saber que, en este mismo tiempo, Jaime Seton, socio con el mismo t\u00edtulo que su her\u00admano mayor en la empresa comercial que se hunde en la quiebra, acaba de pre\u00adsentarse como adquisidor de un inmueble de tres pisos dentro del barrio m\u00e1s adinerado de Nueva York. Es duro para un hombre leal verse pr\u00e1cticamente abandonado, a la hora del naufragio, por aquellos mismos con quienes, desde casi seis a\u00f1os, ha puesto en com\u00fan todos los intereses materiales de los que de\u00adpende la vida de los suyos.<\/p>\n<p>Semejante deserci\u00f3n de sus socios exaspera a Guillermo. El sobresalto de indignaci\u00f3n que ella le provoca se traduce en \u00e9l en una determinaci\u00f3n inexorable: aunque deba soportar lo que \u00e9l m\u00e1s teme: la pobreza de los suyos, la prisi\u00f3n infamante para su persona, no fallar\u00e1 al menos en el honor. Su grandeza de alma, en tales circunstancias, atrae la admiraci\u00f3n de sus amigos, de Isabel sobre todo. <em>Noche y d\u00eda <\/em>-escribe ella- <em>domingo y d\u00edas de semana, para \u00e9l siempre hay trabajo. Y <\/em>a\u00f1ade, no sin leg\u00edtimo orgullo: <em>Jam\u00e1s ning\u00fan mortal ha soportado los reveses de la fortuna y todo lo que ellos extra\u00f1an con tanta- firmeza, con tanta paciencia como mi marido.<\/em><\/p>\n<p>A decir verdad, es ella quien desde hace meses le arrastra, por el olvido de s\u00ed, por su entrega de cada minuto, hacia tal actitud de desinter\u00e9s, de grandeza de al\u00adma heroica.<\/p>\n<p>Ella se obliga a iniciarse, cueste lo que cueste, en unos problemas que hasta la muerte de su suegro le eran completamente extra\u00f1os. Se inclina incansable\u00admente sobre todos los papeles de negocios, queriendo ponerse al corriente de los menores detalles, a fin de servir al mismo tiempo de ayuda m\u00e1s eficaz a su espo\u00ad<em>so. Mi conocimiento de todos los PEROS, de todos los POR QU\u00c9S, me <\/em>hace <em>una compa\u00f1era m\u00e1s \u00fatil para \u00e9l, y soy ahora de hecho su sola compa\u00f1\u00eda. Stone, Ogden y todos las otros se han marchado, as\u00ed que yo soy verdaderamente <\/em><em>TODO<\/em><em>para \u00e9l. El complot se estrecha; de Maitland, ni una sola l\u00ednea de explicaci\u00f3n, pero las facturas de los Seton y todas las que deber\u00edan ser endosadas por Maitland, denegadas y devueltas&#8230; He ah\u00ed lo que da a los negocios un aspecto que nada tiene de alentador y que hace prever el porvenir dentro de una perspectiva tan grave que yo no puedo detener en \u00e9l mi pensamiento.<\/em><\/p>\n<p>En medio de estas ansiedades, ella espera para el verano un nuevo beb\u00e9. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n los d\u00edas de anta\u00f1o, cuando la feliz mam\u00e1, preparaba con amor, con el esp\u00edritu libre, con el coraz\u00f3n en fiesta la canastilla del primer hijo cuya venida aguardaba? Ahora le es necesario, ante todo, tiempo para ocuparse del vestuario de todos los que est\u00e1n a su cargo: Eduardo, Samuel, Mar\u00eda, Carlota, Enriqueta, Cecilia crecen. Ana Mar\u00eda, Bill, Ricardo, igualmente&#8230; Es preciso alargar los vestidos, cortar otros pantalones, hacer nuevos jerseys de cuello alto. Y no olvi\u00addar, sin embargo, el fastidioso trabajo que impone la correspondencia de negocios, frente a la cual Betty no quiere que Guillermo se encuentre solo.<\/p>\n<p>Ella confiesa, a Julia Scott, que, desde hace dos meses se resiente de un dolor en la espalda a lo largo de la jornada, un dolor en el costado durante cada una de sus noches, sin que el mal le deje una hora de tregua. Es para a\u00f1adir, no obstante: <em>Tengo confianza de que la tormenta se alejar\u00e1, pero verdaderamente los momentos que estamos pasando, son unos momentos duros.<\/em><\/p>\n<p>Quiz\u00e1s, finalmente, la espera del desenlace, con todos los azares que repre\u00adsenta, es a\u00fan m\u00e1s dura de lo que va a ser el desenlace mismo: la bancarrota abiertamente declarada de la sociedad \u00abSeton, Maitland y C\u00eda\u00bb que ser\u00e1 cosa hecha antes de acabarse el a\u00f1o 1800.<\/p>\n<p>Entre tanto, si el Dr. Bayley no puede venir en ayuda del marido de Betty, en la medida que \u00e9l desear\u00eda, va a poner al menos a su disposici\u00f3n la casa que ocupa en Staten Island, la residencia oficial del encargado de sanidad, situada detr\u00e1s del Lazareto de Tompkinsville. Porque ya ni siquiera es cuesti\u00f3n de pro\u00adyectar una estancia en Cragdon: la casita de campo ha sido puesta en venta y ya no les pertenece. De esta estancia en Staten Island, junto a su padre, Betty se alegra sencillamente.<\/p>\n<p>Con toda, escudado en la experiencia precedente, que hab\u00eda faltado poco para costar la vida a su hija, cuando el nacimiento de Ricardo, el doctor exige que Isabel tome sola, ante todo, dos buenas semanas de descanso absoluto en<\/p>\n<p>Long Island. El 24 de mayo viene a buscar a sus tres nietos. Rebeca vuelta a Nueva York, desde el comienzo del mes guardar\u00e1 la casa de Stone Street con Mar\u00eda. Porque Mar\u00eda, puesta como los mayores de los Seton, al corriente de la ruina pr\u00f3xima y sin apelaci\u00f3n, ha tomado conciencia de la situaci\u00f3n de los suyos, con una madurez que Betty no ha subestimado. Por s\u00ed misma, la adolescente ha renunciado a proseguir los estudios comenzados, juzgando que su puesto estaba desde ahora junto a Rebeca para mantener la casa, ayudar a la educaci\u00f3n de los m\u00e1s peque\u00f1os. Rebeca hab\u00eda dudado, personalmente, subscribir el deseo de su joven hermana. Con firmeza Betty la urge a animar, por el contrario, la actitud generosa de la adolescente: <em>Mar\u00eda desea mucho estar contigo y es una buena cosa. Es preciso mi querida Rebeca que mires por ti, sin pactar con la sensibilidad de Mar\u00eda, porque es cosa necesaria para su felicidad futura que su esp\u00edritu sea aguerrido. Trata de ense\u00f1arla a poner su mirada objetiva sobre los acontecimientos de la vida, acontecimientos dirigidos por un Protector lleno de justicia y de misericordia, que ordena todo lo que nos acontece, en su tiempo, en su lugar, y quiere a menudo utilizar esas pruebas, y esas decepciones, como un medio para volver el alma hacia El, Fuente y Confortaci\u00f3n para todos los que padecen.<\/em><\/p>\n<p>En el mes de junio, Betty vino a reunirse en Staten Island con su peque\u00f1a familia. Est\u00e1 en excelente forma. El 28, trae al mundo una hijita, Catalina, en tan buenas condiciones, que ocho d\u00edas m\u00e1s tarde circula por la casa. Betty est\u00e1 hecha de tal modo, que, en medio de las m\u00e1s grandes pruebas, sabe aprovecharse sin reservas de los oasis refrescantes y quietos que le procura la Providencia. Tompkinsville es uno de esos puertos de paz, de ah\u00ed que acoja con alegr\u00eda la proposici\u00f3n que le hace su padre de prolongar all\u00ed su estancia.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>La decisi\u00f3n est\u00e1 tomada, <\/em>escribe el 26 de julio a Julia Scott, <em>quedaremos aqu\u00ed todo el verano. Es cierto que si yo tuviera que hacer una elecci\u00f3n en la creaci\u00f3n entera, no podr\u00eda desear una situaci\u00f3n m\u00e1s agradable, unas piezas m\u00e1s deliciosas, con un balc\u00f3n, adem\u00e1s, en forma de terraza, desde donde la vista se extiende a lo lejos sobre el mar, m\u00e1s all\u00e1 de Hook. Seton pasa conmigo cuatro d\u00edas por semana, y mi padre deja muy raramente la casa, solamente para hacer la visita m\u00e9dica de los nav\u00edos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Los muchachos est\u00e1n guapos de encanto. Ricardo es delicioso, de una finura maravillosa. Est\u00e1 alto; su desarrollo f\u00edsico es extraordinario para su edad. Will se parece m\u00e1s a su abuelo Seton: es m\u00e1s voluntarioso y m\u00e1s petulante que nunca. Ana es siempre <\/em>\u00abla <em>peque\u00f1a Ana\u00bb; est\u00e1 muy bien, pero sigue peque\u00f1a y me\u00adnuda para sus cinco a\u00f1os, teniendo siempre la misma forma de volverse, de mirar al suelo, o m\u00e1s bien de lado, que es la de los ni\u00f1itos del campo. Su car\u00e1cter ha mejorado mucho, y pienso que est\u00e1 dotada por encima de la media, por m\u00e1s que me entristezca decir que su madre no ha sido capaz de desarrollar sus dones tanto como ellos lo merecen. \u00a1Pero estoy para ponerme a ello y muy seriamente! En cuanto a nuestra deliciosa pepona, tendr\u00edas deseo, estoy segura de ello, de ocuparte de ella, y lo mism\u00edsimo de ser su madrina, porque una chiquitina m\u00e1s calma y m\u00e1s tranquila, ser\u00edamos incapaces de imagin\u00e1rnosla. Seton bien puede quedarse en contemplaci\u00f3n ante la peque\u00f1a Kate: no hace m\u00e1s que dormir y no hace ninguno de esos visajes arrugados que hacen generalmente los beb\u00e9s de un mes. Te vas a poner a decir, como mi padre, \u00a1que somos todos unas maravillas!<\/em><\/p>\n<p>Rebeca, desgraciadamente, no pudo acercarse a Staten lsland. Le fue nece\u00adsario responder a la llamada de su hermana Isa, para ayudarla a mantener su hogar, a educar a sus ni\u00f1os y, sobre todo, a sostener su \u00e1nimo&#8230; Entre Betty y Rebeca se intercambian cartas, al menos, con una nota muy especial, una nota espiritual que las domina por completo. Materialmente separadas, las dos cu\u00ad\u00f1adas se han fijado horas comunes de oraci\u00f3n, en que sus almas tengan su en\u00adcuentro en Dios. A tales citas ni la una ni la otra querr\u00eda substraerse, cuales\u00adquiera que sean sus ocupaciones. Han comprendido que son para ellas una fuente de fuerzas y de serenidad de las que ellas har\u00edan mal en privarse. Con la peque\u00f1a Kate en sus brazos, admirando el espect\u00e1culo magn\u00edfico del oc\u00e9ano, Betty habitualmente recorre a grandes pasos la terraza a la hora del crep\u00fasculo, dejando a su alma dilatarse <em>en acci\u00f3n de gracias, por lo que Dios le ha dejado de bueno. <\/em>Catalina Dupleix, por otra parte, anuncia su retorno a los Estados Unidos, y previene que trae para Kit un vestido de bautismo de encaje de Irlan\u00adda. <em>Todas las tardes <\/em>-se apresura a responderle Isabel- <em>cantamos \u00abla canci\u00f3n del marinero\u00bb y \u00bfqui\u00e9n sabe? \u00a1Quiz\u00e1s un \u00e1ngel custodio vuela en torno a nuestra Du\u00e9 tomando parte en nuestro coro!<\/em><\/p>\n<p>Una fugitiva esperanza levanta, por unos d\u00edas, a Guillermo Seton y a los suyos. Uno de los nav\u00edos mercantes acaba de arribar a Nueva York, despu\u00e9s de una traves\u00eda sin obst\u00e1culo. No es necesario m\u00e1s, dentro de las circunstancias presentes, para hacer estallar una alegr\u00eda que no tendr\u00e1 \u00a1ay!, otro amanecer. En Tompkinsville, se tiene la ilusi\u00f3n de haber vuelto a los d\u00edas sin nubes en que se festejaba alegremente la entrada y salida regulares de los grandes veleros. Betty informa sin tardanza a Rebeca: <em>Hemos conocido un momento de placer de los que no nos llegan m\u00e1s a menudo. T\u00fa te hubieras alegrado aqu\u00ed tanto como me alegr\u00e9 yo misma, hasta el punto de que a fuerza de servir tazas de t\u00e9, a raz\u00f3n de cincuenta por d\u00eda, durante tres d\u00edas seguidos, me dio un calambre en el brazo.<\/em><\/p>\n<p>La llegada del nav\u00edo y de su cargamento, si proporcion\u00f3 un ligero alivio, no resolvi\u00f3 pr\u00e1cticamente ninguno de los problemas mayores de la quiebra en curso. Y poco a poco Guillermo reabsorbe la ansiedad. Ya que lo ha intentado todo, \u00bfqu\u00e9 puede hacer en adelante, sino resignarse y mirar el porvenir lo m\u00e1s objeti\u00advamente posible? <em>Los acreedores europeos de Seton o m\u00e1s exactamente de Mait\u00adland, le han concedido dos a\u00f1os para saldar la deuda contra\u00edda, pero, hasta el momento, nada ha entrado en caja. Guillermo, afortunadamente, parece haber tomado su partido y no habla sino poco de sus negocios. Lo que experimenta es otra cosa.<\/em><\/p>\n<p>Al llegar el fin de octubre, es necesario decir adi\u00f3s al Dr. Bayley, volver a Nueva York. El padre de Isabel ve con melancol\u00eda alejarse a su hija y a sus nietos. Confiesa que esos cuatro meses han sido para \u00e9l un verdadero refrigerio, un ba\u00f1o de vida familiar aut\u00e9ntica y de vida cristiana. Elogio bien elocuente, dentro de su sobriedad, del clima que Betty ha sabido hacer florecer en su propio hogar. Qu\u00e9 importan entonces, que, al mismo tiempo, las malas lenguas cuchi\u00adcheen que es una verg\u00fcenza para un oficial de sanidad, olvidar a su mujer y a sus otros hijos, mientras que recibe en su residencia de Tompkinsville a la mujer y a los hijos de Guillermo Seton?<\/p>\n<p>La peque\u00f1a Kate es bautizada el 19 de noviembre. Esta larga dilaci\u00f3n no ha sido del agrado de Isabel. Pero, una vez m\u00e1s, ella ha debido plegarse a las circunstancias, hasta en lo que le llega m\u00e1s al coraz\u00f3n. Menos de tres semanas m\u00e1s tarde, son las formalidades humillantes y penosas de la liquidaci\u00f3n de los bienes. Es preciso resignarse a ver c\u00f3mo los tasadores oficiales establecen el in\u00adventario de todos los bienes, muebles e inmuebles de la familia. Con su mano, Isabel ayuda a preparar las listas pedidas. Ella est\u00e1 al lado de su marido en 1,1 momento en que, terminado todo, el hombre de negocios debe entregar al liqui\u00addador con un gesto simb\u00f3lico, las llaves de la casa comercial, de la que se ve jur\u00eddicamente despose\u00eddo.<\/p>\n<p>La vida seguir\u00e1 su curso, no obstante, en Stone Street, durante varios meses, con su cortejo de alegr\u00edas menudas y de gruesas preocupaciones. Personal re\u00adducido al m\u00ednimo, gastos mesurados. \u00a1No importa!, los ni\u00f1os est\u00e1n all\u00ed: Betty quiere que su educaci\u00f3n prosiga dentro de una atm\u00f3sfera de paz y de confianza que ella estima, con justo t\u00edtulo, indispensable para su equilibrio. Con el mismo ardor que el invierno precedente, se entrega a su doble tarea de educadora y profesora. En este plano, al menos, le est\u00e1 permitido alegrarse plenamente. Aun\u00adque Ana Mar\u00eda no tenga m\u00e1s que seis a\u00f1os, est\u00e1 casi tan avanzada en su programa escolar como Cecilia, su t\u00eda, varios a\u00f1os mayor. Bill, que est\u00e1 en sus cinco a\u00f1os, aprende ya sus lecciones. Sabe decir las ciudades principales de Am\u00e9rica, las partes del mundo, recita de memoria cortos poemas y, seriamente, enuncia los primeros mandamientos de Dios. Ricardo no quiere quedarse atr\u00e1s y repite habi\u00adtualmente detr\u00e1s de su hermano todo lo que sus dos a\u00f1os y medio le permiten comprender o retener.<\/p>\n<p>En febrero, no obstante, es preciso que Rebeca tome temporalmente el puesto de su cu\u00f1ada, llamada a la cabecera de Mar\u00eda Wilkes, una amiga de su familia, que est\u00e1 muri\u00e9ndose en Nueva York mismo, a pesar de los cuidados que le pro diga el Dr. Bayley. Isabel no hace m\u00e1s que breves apariciones en su hogar, cada d\u00eda, en las horas prescritas de las tomas de Kate a quien ella amamanta. Una entrega tan sencillamente fiel gana para siempre a Betty la amistad del marido de la moribunda. Juan Wilkes tratar\u00e1 de probarle, un d\u00eda, el reconocimiento que guarda por su parte.<\/p>\n<p>Una vez vuelta Betty a su casa, toca a Rebeca el turno de ir a llevar auxilio, de nuevo, a su hermana Isa que esta primavera de 1801 espera un nacimiento inminente. Es tal vez la penuria de los j\u00f3venes Maitland que Guillermo y Betty no dudan en gravar su propio presupuesto, a fin de permitir a Rebeca pagar discretamente las notas del panadero y del lechero que Isa no podr\u00eda siquiera satisfacer entonces. Es un hecho: jam\u00e1s Rebeca y Betty se niegan ante un ser\u00advicio que prestar, por gravoso que sea. Y helas ahora inclinadas ambas, ante &#8216;.a cuna de Kate, cuyo estado de salud, durante varios d\u00edas, deja temer lo peor. Alerta vivo, pero pasajero. Gracias a Dios, el beb\u00e9 est\u00e1 restablecido, por comple\u00adto, cuando llega el mes de maya, y con \u00e9l el vencimiento del plazo que va a obligar a los Seton a dejar al nuevo propietario la querida mansi\u00f3n familiar d:, <em>Stone Street. <\/em>Desde hace ya unos meses, Carlota y Mar\u00eda quedan a cargo de su hermano Jaime. Ayudada por Rebeca y Mammy Huller, Betty termina las male\u00adtas y vigila a los de las mudanzas que transportan aquellos muebles que se han podido conservar. Para la joven mujer, acaba de cerrarse una etapa m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pasmaos, habitantes de la costa, mercaderes de Si\u00f3n, cuyos mandatarios recorr\u00edan la mar, por las aguas inmensas. Is 23, 2 En enero de 1799, Isabel Sadler, volvi\u00f3 de Europa a Am\u00e9rica. 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