{"id":9610,"date":"2016-07-30T13:00:55","date_gmt":"2016-07-30T11:00:55","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/08\/isabel-seton-la-biografia-05-trato-de-hacer-frente\/"},"modified":"2016-07-26T09:33:41","modified_gmt":"2016-07-26T07:33:41","slug":"isabel-seton-la-biografia-05-trato-de-hacer-frente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-05-trato-de-hacer-frente\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 05 &#8211; Trato de hacer frente"},"content":{"rendered":"<p><em>Los que esperan en el Se\u00f1or<br \/>\nrenuevan sus fuerzas<br \/>\ny les vienen alas como a las \u00e1guilas.<br \/>\nCorren sin cansancio<br \/>\ny marchan sin fatiga.<br \/>\nIs 40, 31<\/em><\/p>\n<p>Desde hac\u00eda ya m\u00e1s de ocho a\u00f1os, el eco de los acontecimientos pol\u00edticos del Viejo Mundo, llegaba a los Estados Unidos de Am\u00e9rica, donde suscitaba a veces acerbos comentarios. La joven e hirviente rep\u00fablica permanec\u00eda a la escucha. La Revoluci\u00f3n francesa y la perturbaci\u00f3n que entra\u00f1aba, acababa de rebasar demasiado r\u00e1pidamente las fronteras de Francia. Las consecuencias internacio\u00adnales que se segu\u00edan en Europa, ya no pod\u00edan dejar indiferentes a los americanos mismos.<\/p>\n<p>Frente a la coalici\u00f3n que pronto amenaza a la naci\u00f3n francesa, Washington ha decidido que los Estados Unidos guarden su neutralidad. Esa actitud est\u00e1 en la l\u00ednea misma de la independencia, tan cara y tan recientemente conquistada por las antiguas colonias inglesas. Los nav\u00edos mercantes que portan el pabell\u00f3n de las trece estrellas, contin\u00faan, efectivamente, asegurando el lazo entre Am\u00e9rica y las agencias europeas, comprendidas entre ellas las agencias de Francia. Eso, sin embargo, no sin correr grandes riesgos. Prueba, el incidente del convoy de trigo procedente de Nuevo Mundo, que s\u00f3lo por la intervenci\u00f3n armada del almirante Villaret Joyeuse pudo arribar al puerto de Brest, a pesar de la barrera que le opon\u00eda arbitrariamente la flota inglesa. El hecho se sit\u00faa en 1794, el a\u00f1o mismo en que se constitu\u00eda en Nueva York, la sociedad \u00abSeton, Maitland y C\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>La pol\u00edtica de Napole\u00f3n, sucediendo a la del Terror, Directorio y Conven\u00adci\u00f3n, no era sino agrandar hasta el paroxismo la tensi\u00f3n europea, causando los m\u00e1s serios perjuicios al comercia internacional que acaba precisamente de tomar su impulso entre Am\u00e9rica y Europa. Se presiona a los Estados Unidos desde fines de 1797. La tormenta que sube por el horizonte hace cernerse pesadas ame\u00adnazas sobre la empresa donde se encuentra comprometida toda la fortuna de la familia Seton.<\/p>\n<p>Cuando Guillermo Magee, despu\u00e9s de una jornada de trabajo en las oficinas de la firma comercial, regresa por la noche a la peque\u00f1a mansi\u00f3n de Wall Street, la ansiedad traiciona a menudo su rostro. Betty no se enga\u00f1a. Pero \u00bfno es prematuro dejar a la inquietud roer la dicha de la vida familiar? Guillermo no es, por otra parte, el primer responsable de la empresa. El optimismo de su padre, su larga y preciosa experiencia son cosas que dan seguridad frente a las incer\u00adtidumbres actuales. Adem\u00e1s, es permitido esperar que acaben las agitaciones europeas, y que todo, finalmente, volver\u00e1 al orden. Al menos, es lo que desea el coraz\u00f3n de Betty.<\/p>\n<p>Espera entonces el nacimiento de su tercer hijo. Una alegr\u00eda que hace cantar el coraz\u00f3n de la joven mujer, mientras ve crepitar en la chimenea los haces de chispas del le\u00f1o que se consume, esparciendo en derredor su calor dulce y re confortante. Fuera, hiela, cosa que no tiene nada de extra\u00f1o en Nueva York, en el mes de enero.<\/p>\n<p>Sin embargo, un d\u00eda de ese mes de enero, el Sr. Seton, en el umbral de la casa de Stone Street, se despide de un visitante a quien acababa de recibir. Mien\u00adtras le vuelve a conducir hasta su coche, se resbala en la escarcha y cae pesada mente. Se le levanta. Se le conduce a su casa. El m\u00e9dico, avisado, no descubre afortunadamente ninguna fractura. Una conmoci\u00f3n, quiz\u00e1s, pero nada serio. Eso es lo que se piensa, al menos, y el Sr. Seton, personalmente, cuenta con ponerse en pie r\u00e1pidamente.<\/p>\n<p>Pasados los primeros d\u00edas de inquietud, parece que pueden tranquilizarse. Guillermo, sin embargo, el hijo mayor, guarda una sorda ansiedad. De hecho, la tuberculosis que le mina, le hace extremadamente impresionable. Guillermo se deprime r\u00e1pido. Betty que querr\u00eda quitarle toda causa de preocupaci\u00f3n, lo sabe. Pero, en marzo, es, ella quien recibe de su amiga una llamada angustiosa. El ma\u00adrido de Julia Scott, muy joven todav\u00eda, acaba de ser arrebatado, repentinamente al cari\u00f1o de los suyos. Julia la \u00absombrita de nada\u00bb, no tiene tampoco resistencia. Este golpe, al herirla, la arroja en una especie de desesperaci\u00f3n. Betty se lo confiesa a Isa Sadler: si no se sostiene a Julia en estos d\u00edas de prueba, se puede efectivamente temer lo peor.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>No la he dejado ni de noche ni de d\u00eda, durante el tiempo que ha durado el exceso de su dolor; me he visto en medio de tales escenas de espanto, que ni t\u00fa, ni nadie os podr\u00edais hacer una idea. \u00a1Se acab\u00f3! La peque\u00f1a Julia partir\u00e1 la se\u00admana pr\u00f3xima para Filadelfia donde residir\u00e1, ya que tiene all\u00ed familia.<\/em><\/p>\n<p>Alejada la joven viuda, Betty sabe que se acordar\u00e1 todav\u00eda de sostenerla, y le escribe tan frecuentemente como puede. Ella querr\u00eda, para ayudarla a superar su prueba, hablarle de Dios, a coraz\u00f3n abierto, si se pudiera. Pero el plano sobrenatural no es un plano sobre el que Julia se mueva con facilidad. Discre\u00adtamente, Betty deslizar\u00e1, por aqu\u00ed y por all\u00e1, una palabra m\u00e1s profunda, conten\u00adt\u00e1ndose, lo m\u00e1s a menudo, con distraer a su amiga, y ayudarla a salir de s\u00ed misma, aunque sea cont\u00e1ndole tal peque\u00f1o infortunio, cuya v\u00edctima ha sido Betty.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Quiz\u00e1s no creas en la existencia de los \u00e1ngeles. Pero pienso poder demos\u00adtrarte su realidad, ya por la raz\u00f3n, ya por la santa Escritura, y por la experiencia <\/em><em>que de ella he tenido personalmente en la noche del viernes&#8230; Pas\u00e9, en medio de una tempestad para hacer, con mi hermana, una peque\u00f1a escapada al teatro. Salimos cuando estall\u00f3 el estruendo de un violento trueno, y montamos en nues\u00adtra berlina. Hab\u00eda coches delante, detr\u00e1s, por cada lado&#8230; El cochero nos dec\u00eda tonter\u00edas. Y, para comenzar, una rueda cedi\u00f3, luego otra. Permanecimos una media hora larga en este plan. \u00a1T\u00fa sabes cu\u00e1nto me gustan situaciones de este g\u00e9nero! Pero mi \u00e1ngel guardi\u00e1n, me hizo llegar sana y salva a Wall Street; \u00a1sin una sola crisis de nervios!<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Mi padre, <\/em>dice ella en la misma misiva, <em>ten\u00eda mucho deseo de leer tu carta, pero t\u00fa me hab\u00edas prohibido mostr\u00e1rsela. Tambi\u00e9n le dije que Mar\u00eda, tu hija, se hab\u00eda herido la mejilla, que Juan, tu hijo, ten\u00eda las paperas y que mi querida peque\u00f1a Julia, estaba desconcertada&#8230; El dijo que lo hab\u00eda adivinado. Sab\u00eda que en el hilo de los d\u00edas, hab\u00edas de encontrar muchas dificultades y ha hecho votos para que te sean evitadas en el porvenir, deseando ardientemente que estuviera en su poder aligerarlas o atenuarlas. La \u00faltima vez que te escrib\u00ed, ten\u00eda que haberte dicho que ni el tiempo, ni la distancia, pod\u00edan disminuir el inter\u00e9s que \u00e9l da a todo lo que toca a tu dicha.<\/em><\/p>\n<p>En la ocasi\u00f3n, y sin aires de abordarlo, Betty trata, con todo, de abrir a los ojos de su amiga, a quien siente abatida y tan cansada, unos horizontes m\u00e1s am\u00adplios, los \u00fanicos donde su ser de ella pueda respirar a gusto.<\/p>\n<p><em>\u00a1Olvido que el porvenir puede frustrar nuestros planes! Pero, cuando hace brotar pensamientos agradables, me gusta enormemente detener mi pensamiento sobre lo que promete de bueno. T\u00fa sabes que una de las primeras condiciones de la dicha, para m\u00ed, es estar satisfecha de Dios hasta el l\u00edmite de lo posible. <\/em>La muerte del marido de Julia Scott no hab\u00eda acaecido, por otra parte, sin perturbar al marido de Betty. Tal vez, como era tuberculoso, se ilusionaba m\u00e1s o menos conscientemente: \u00a1No se muere a nuestra edad! De esta ilusi\u00f3n, le es necesario desprenderse brutalmente. Betty, que acusa una fatiga f\u00edsica bastante seria, por el hecho de su maternidad esperada, debe tensar todas sus fuerzas para ayudar a Guillermo a triunfar de sus secretas angustias. Por otra parte, le es necesario rendirse a la evidencia: la salud de su suegro, lejos de mejorar con los d\u00edas soleados de primavera, como todos lo esperaban, declina progresiva\u00admente. El mes de mayo est\u00e1 cargado de inquietud, cargado de preocupaciones, cargado de fatigas. Inquietud, demasiado fundada, ya que el 9 de junio de 1798, el Sr. Seton se extingu\u00eda en Stone Street. Ten\u00eda 55 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Para los suyos, no es solamente el dolor punzante de la \u00faltima separaci\u00f3n, es, propiamente hablando, el hundimiento. Se hab\u00edan habituado de tal manera, en torno a \u00e9l, a descansar sobre \u00e9l en todas las cosas. Su desaparici\u00f3n, cuando parec\u00eda que se hubiera podido gozar todav\u00eda mucho tiempo de su presencia, dejaba a todos sus hijos desamparados. A la hora en que las dificultades m\u00e1s serias amenazaban la empresa comercial que \u00e9l hab\u00eda fundado, \u00bfqui\u00e9n, en efecto, ser\u00eda de talla para asumir, como \u00e9l lo hac\u00eda, las responsabilidades que se presen\u00adtaban, de d\u00eda en d\u00eda, m\u00e1s delicadas y m\u00e1s graves? Ni el joven Sr. Maitland, que hab\u00eda tomado por esposa a la segunda de las cu\u00f1adas de Betty, Isa Seton, ni Guillermo mismo, ten\u00eda la envergadura, la capacidad y la experiencia de aqu\u00e9l, que acababa de serles arrebatado, de aquel hombre de valores excepcionales, a quien se complac\u00edan en rendir un homenaje un\u00e1nime: prueba, las quinientas perso\u00adnas que se api\u00f1aban el d\u00eda de sus exequias, deseosas de expresar una vez m\u00e1s, tanto su estima, como su afecto cordial hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>En verdad, el golpe era rudo en todos los planos. El puesto dejado vacante por la muerte del padre de familia y del hombre de negocios, era irremplazable. L\u00facidamente, Betty puntualiza unos d\u00edas despu\u00e9s de la muerte de su suegro: <em>Con \u00e9l hemos perdido toda esperanza de fortuna, de prosperidad, de confort, y esta p\u00e9rdida para nosotros, ser\u00e1 irreparable&#8230; Nosotros, sus hijos, est\u00e1bamos habituados a recibir sin cesar su afecto, que nos era tan querido, consider\u00e1ndole como el hombre de nuestra vida.<\/em><\/p>\n<p>Muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, escribiendo a su hijo mayor, explicitar\u00e1 su pensa\u00admiento: <em>Para tener una idea exacta de sus cualidades, era necesario haber visto su obra, como marido, como padre, como amigo, como bienhechor. <\/em>El anhelo de Betty ser\u00e1 ver a su hijo parecerse a su abuelo de quien \u00e9l no ha podido guardar un recuerdo personal, pero de quien tan a menudo, ella, su madre, ha debido hablarle, pues ella concluye: <em>Que este ejemplo se grave en tu esp\u00edritu, sin que nada lo pueda borrar. Llevas su apellido, y pido al cielo, con todo el fervor de una esperanza maternal, que lleves sin tacha, ese apellido y le rindas al autor de tus d\u00edas, tan limpio como \u00e9l, tu abuelo Seton&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Guillermo, m\u00e1s que los otros todav\u00eda, vacila bajo la prueba. Desde que pre\u00adsinti\u00f3 el fin inminente de su padre, qued\u00f3 herido de desesperaci\u00f3n. <em>Hemos pa\u00adsado horas terribles, <\/em>escribe Isabel a Julia Scott, a partir del 3 de junio, <em>porque mi pobre Guillermo se ha cerrado en una angustia silenciosa. Su temperamento est\u00e1 hecho de tal manera que no admite el alivio de la compasi\u00f3n, sino que envuelve su melancol\u00eda en el mutismo de la desesperanza, cosa que no conviene nada a mi solicitud llena de ansiedad por \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p>Y, con todo, si Guillermo puede compartir a\u00fan con Maitland las responsabi\u00adlidades de la firma comercial es sobre \u00e9l, en quien, seg\u00fan la tradici\u00f3n fami\u00adliar, recae en concreto la carga de los hijos menores, que la muerte de su padre ha dejado hu\u00e9rfanos, privados como estaban de su madre hace ya varios a\u00f1os. A los dieciocho a\u00f1os, Rebeca es verdad, va a asumir en seguida al lado de Isabel, su papel de hermana mayor, ama de casa; pero quedan Mar\u00eda y Carlota, que tienen catorce y doce a\u00f1os. Y, detr\u00e1s de ellas, Enriqueta, Samuel, Eduardo, Cecilia&#8230;<\/p>\n<p>De un d\u00eda a otro, Betty se ve investida, apenas a los veinticuatro a\u00f1os, de una pesada carga, la de asumir el papel de madre de familia numerosa. En torno a la mesa que Guillermo preside, extenuado, Betty, que ha podido superar tanto su fatiga como su propia melancol\u00eda para ocuparse de los otros, contempla a esos ni\u00f1os que han llegado a ser suyos, y cuya mirada confiada se posa ahora en ella. Dentro de unos d\u00edas, Isa Maitland se llevar\u00e1 con ella a Enriqueta y Mar\u00eda, a fin de que las muchachitas pasen los meses de verano en la casita de campo que el se\u00f1or Seton posee en Bloomingdale, la min\u00fascula \u00abquinta\u00bb de Cragdon. Ser\u00e1 necesario confiarle igualmente, en el momento del nacimiento esperado, a Ana Mar\u00eda, la mayor de Betty, que acaba de cumplir tres a\u00f1os. Eduardo y Samuel partir\u00e1n a Connecticut, donde se ha podido inscribirlos como alumnos en un colegio dirigido por un cl\u00e9rigo. Duro trasplante para los dos muchachos, tan ni\u00f1os todav\u00eda, de los que su t\u00eda no deja de admirar \u00abel porte, el encanto, el comportamiento, los modales, que les distinguen de los muchachas de su edad\u00bb. Aqu\u00ed, en esta mesa de familia, ambos ten\u00edan su puesta marcado, el uno a la derecha y el otro a la izquierda de su padre, que les, llamaba sonriendo y no sin orgullo, \u00abmis peque\u00f1os colonos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta morada de Stone Street, Isabel sab\u00eda que pronta llegar\u00eda a ser la suya. \u00a1Qu\u00e9 r\u00e1pidos han pasado los d\u00edas dichosos de intimidad de Wall Street! 20 <em>a\u00f1os, \u00a1mi hogar muy m\u00edo! <\/em>\u00a1Aquel tiempo ya se acab\u00f3! Pero Betty, que siente profundamente el sacrificio que se le pide, ni regatea ni se detiene en est\u00e9riles disgustos: <em>\u00bfHubiera podido yo esperarme una vida tan dichosa como aquella que he tenido estos cuatro \u00faltimos a\u00f1os?, <\/em>escrib\u00eda a su amiga Julia. <em>Conf\u00edo todo a la misericor\u00addia de aqu\u00e9l que no abandona jam\u00e1s a los que ponen en El su confianza.<\/em><\/p>\n<p>No puede ser, con todo, cuesti\u00f3n de so\u00f1ar en acomodarse en la casa de los Seton antes del nacimiento esperado. Despu\u00e9s de los duros momentos que ella conoci\u00f3 por junio, despu\u00e9s de los consejos de la familia donde fue necesaria tomar r\u00e1pidamente decisiones concernientes a los hermanos y hermanas de su marido, Isabel hubiera tenido necesidad, ella tambi\u00e9n, de un poco de calma y de reposo; dado el estado en que se encuentra. Pero la melancol\u00eda demasiado pesada que oprime el coraz\u00f3n de Guillermo, y las obligaciones que, al mismo tiempo, estriban en \u00e9l, para mantener, a pesar de todo, la marcha de los ne\u00adgocios, han rendido a este hombre de salud delicada, de una exigencia ferozmen\u00adte inconsciente. Betty debe estar ahora a su entera disposici\u00f3n, a fin de cumplir, junto a \u00e9l, el papel de secretaria. A esa tarea suplementaria, ella no se substrae.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Mi pobre Guillermo, me tiene ocupada de continuo en copiar sus cartas de negocio, en clasificar sus papeles, porque no tiene ya ahora un amigo, ni con\u00adfidente, aparte de su mujercita. Su adhesi\u00f3n a su padre era efecto de un afecto \u00fanico y sin sombra, hasta el punto de que la p\u00e9rdida de su padre representa para \u00e9l una de las m\u00e1s duras pruebas que le pod\u00edan herir. Cuando atraviesan una prueba de este g\u00e9nero, la mayor\u00eda de los hombres se vuelven hacia sus verdaderos amigos, o se apoyan en los h\u00e1bitos que les ha dado su vida pro\u00adfesional, para llegar al cabo de su tristeza. Mi marido, personalmente, no puede recurrir, ni a uno ni a otro de esos medios, habituado como est\u00e1, desde hace mucho tiempo, a no dejar mi compa\u00f1\u00eda, sino para volver a encontrar la de su padre y viceversa. As\u00ed, ahora, todo lo ha polarizado sobre la que le queda. Te puedes dar cuenta hasta qu\u00e9 punto me es necesario tratar de hacer frente y so\u00admeterme a todas las exigencias de mi destino. Ciertamente para m\u00ed, que amo tant\u00edsimo la tranquilidad, y una peque\u00f1a familia, es un cambio tan grande haber llegado a ser de un solo golpe, madre de seis hijos m\u00e1s, y verme a la cabeza de una familia tan grande.<\/em><\/p>\n<p>Y hay que a\u00f1adir estas l\u00edneas donde se siente aflorar la fatiga y el sufrimien\u00adto que ella trata de superar:<\/p>\n<p><em>Si no pensara m\u00e1s que en m\u00ed, la muerte, o bien una vida donde me alimen\u00adtara tan solo de pan y agua, ser\u00eda en comparaci\u00f3n una suerte dichosa. Pero t\u00fa sabes desde cu\u00e1nto tiempo estoy acostumbrada a ceder, por afecto, respecto a mi marido Guillermo. Y cuando pienso en sus padecimientos y en sus preocupa\u00adciones bendigo a Dios que me permite compartirlos con \u00e9l y aliger\u00e1rselos.<\/em><\/p>\n<p>Betty sab\u00eda, por experiencia, que seg\u00fan la frase de Weyergans, \u00abun sufri\u00admiento compartido se aligera en la mitad\u00bb.Toma entonces sobre s\u00ed, en el sentido exacto de la palabra, la propia angustia de Guillermo. Aparta a la tarea ingrata de secretaria, la cual acaba de juntar a todas. la otras, largas horas en el decurso de las jornadas, prosiguiendo por la noche, si hace falta, quitando incluso a su sue\u00f1o y fatigando la vista m\u00e1s all\u00e1 de toda prudencia.<\/p>\n<p>Ella \u00abhace frente\u00bb seg\u00fan su propia confesi\u00f3n con una energ\u00eda indomable. Pero, obrando as\u00ed, exige a su organismo m\u00e1s de lo que \u00e9l puede dar. Por eso, cuando llega el momento de traer al mundo al hijo que ha esperado en tales condiciones, est\u00e1 en el l\u00edmite de su resistencia. Llamado en su auxilio, el 20 de junio, el doctor Bayley, corri\u00f3 a Wall Street. Que hubiera estado impedido de venir, y el resultado pod\u00eda haber sido fatal para la madre. Lo hubiera sido, cier\u00adtamente, para el hijo. Mientras la joven mujer est\u00e1 en lo m\u00e1s extremo, y su estado requiere los cuidados m\u00e1s urgentes, el beb\u00e9 que acaba de traer al mundo parece incapaz de vivir.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Mi pobre padre <\/em>-describir\u00e1 Betty, un mes m\u00e1s tarde- <em>ten\u00eda mucha pena de cumplir su tarea, aunque era necesario, para salvarme, el esfuerzo de todos los que all\u00ed estaban. Se hab\u00eda perdido la esperanza, en cuanto al querido hijito, y eso durante horas.<\/em><\/p>\n<p>Era un sufrimiento de m\u00e1s para la mam\u00e1 que ya hab\u00eda sufrido tan terrible\u00admente en su carne. Imposible para ella tornar el reposo que hab\u00eda deseado tanta, <em>pero que el cielo, por buenas razones, como ella quiere creerlo, se lo negaba todav\u00eda. <\/em>\u00bfC\u00f3mo permitirse estar tranquila, distendida, la cabeza apoyada sobre la almohada, cerrados los ojos, cuando muy cerca de ella, el Dr. Bayley luchaba por tratar de hacer respirar al beb\u00e9? Mi <em>padre puede decir, con toda verdad, que ha comunicada el h\u00e1lito de vida a mi hijo. Porque, mientras el peque\u00f1o perma\u00adnec\u00eda inerte, sin respirar, mi padre estaba arrodillado ante \u00e9l, y pegando su boca a sus labios, se puso a respirar profundamente, o, por mejor decir, a insuflar el aire fuertemente en los pulmones del ni\u00f1o. Y ahora, <\/em>concluye Betty el 20 de agosto de 1798, <em>el querido, es el m\u00e1s hermoso beb\u00e9 que se puede ver. Querido con creces por su mam\u00e1 y no poco, por el hecho de llevar el nombre de Richard Bayley&#8230; Ese nombre al que se junta el de Seton, es un nombre que me encanta de veras.<\/em><\/p>\n<p>A decir verdad, el mes de agosto, no ha sido muy brillante en el hogar de los Seton. Si el beb\u00e9 no parece resentirse, por el momento, del peligro que hab\u00eda corrida en el instante de su nacimiento, no sucede lo mismo en cuanto a su madre. Isabel se siente mal, remontando la pendiente: contragolpe normal del exceso de trabajo y de la tensi\u00f3n que ha conocido en los meses precedentes. Exhausta, sufre, tambi\u00e9n, seriamente de los ojos. Pero le es preciso hacer frente todav\u00eda. No ha terminado a\u00fan el mes de agosto y malas noticias llegan de Bloo\u00admingdale: Ana Mar\u00eda, ha ca\u00eddo enferma. Guillermo decide partir inmediatamente, pero pretende no ponerse en camino sin Betty. La joven mujer llega a Cragdon, con un beb\u00e9 de un mes, para instalarse a la cabecera de su hija mayor. Apenas Ana Mar\u00eda est\u00e1 fuera de peligro, cuando el estado del peque\u00f1o Ricardo da gra\u00adves inquietudes. Nueva salida precipitada para alcanzar Nueva York, donde con\u00adfiar el ni\u00f1o a los cuidados experimentados de su abuelo.<\/p>\n<p>Pero, mientras Guillermo y Betty se reinstalan en Wall Street con su reci\u00e9n nacido, una epidemia de fiebre amarilla se declara en Nueva York mismo. Esa fiebre amarilla, de la que el doctor Bayley no duda en afirmar que es una de las enfermedades m\u00e1s peligrosas de las que conducen con m\u00e1s seguridad a la muerte; una enfermedad que se parece m\u00e1s a la peste que a la fiebre y cuya evoluci\u00f3n, adem\u00e1s, es extremadamente r\u00e1pida. \u00abLa fiebre amarilla apenas te daba tiempo de prepararte a la muerte\u00bb, escrib\u00eda uno de los primeros Sulpicianos franceses en 1791. \u00abEn veinticuatro horas, lo m\u00e1s, todo hab\u00eda acabado\u00bb. El p\u00e1nico ha cogido de golpe a los neoyorquinos. Todos los que han podido han huido de la ciudad.<\/p>\n<p>En adelante, no habr\u00e1 para Betty un instante de tranquilidad. Tres seres que le son queridos en el mundo se ven expuestos al terrible contagio: su padre en primer lugar, por su profesi\u00f3n; su marido, que no puede suspender el trabajo corriente en las oficinas de la casa de negocios; su peque\u00f1o Ricardo de quien le es imposible separarse, ya que le amamanta. Cuando el doctor dispone de un mo\u00admento, hace una breve aparici\u00f3n en casa de su hija. Y Betty no se olvida, cua\u00adlesquiera que sean sus preocupaciones, de hablarle de las molestias de salud de Juan o de Mar\u00eda Scott, porque Julia, habitualmente encarga a su amiga una \u00abcon\u00adsulta\u00bb por correspondencia para el especialista afamado.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Mi padre me encarga especialmente, que te diga que no hay remedios para la tosferina: es necesario que las cosas sigan su curso natural. Te hubiera escrito este consejo \u00e9l mismo, pero apenas tiene tiempo para respirar; no tiene tiempo de sentarse, fuera de la hora de las comidas.<\/em><\/p>\n<p>Y, unos d\u00edas m\u00e1s tarde, al comienzo de septiembre: <em>Est\u00e1s ansiosa, estoy se\u00adgura de ello, a prop\u00f3sito de tus amigos de Nueva York, en esta \u00e9poca de horror. Creo, efectivamente, que van a ser los \u00fanicos que van a quedarse en la ciudad. El pobre Seton est\u00e1 encadenado por raz\u00f3n de su trabajo y all\u00ed donde \u00e9l est\u00e1, all\u00ed estoy yo con \u00e9l. Nuestros queridos ni\u00f1os, -los <\/em>dos mayores-, <em>est\u00e1n fuera de la ciudad con la se\u00f1ora Maitland, y nuestro vecindario est\u00e1 vac\u00edo por com\u00adpleto&#8230; Nosotros estamos todos perfectamente bien. \u00bfPor cu\u00e1nto tiempo? S\u00f3lo el cielo lo sabe, porque en nuestra calle hay muertos&#8230;, uno de ellos, tres puertas despu\u00e9s de la nuestra. No he visto a mi padre en toda la semana: vino tan s\u00f3lo ayer noche y me dijo que hab\u00eda pasado todo su tiempo en los hospitales o en el lazareto. Viendo a uno que me es tan querido, expuesto hasta tal punto, prefiero infinitamente quedarme en la ciudad, y esto independientemente del hecho de que mi Guillermo est\u00e9 aqu\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>Es veros\u00edmil, con todo, que el Dr. Bayley mismo exigiera a Betty la soluci\u00f3n m\u00e1s sabia para el beb\u00e9, si no para ella. Porque una carta, fechada el 28 de septiembre, est\u00e1 escrita en Cragdon. Pero en Cragdon hay nuevas ansiedades. He ah\u00ed que Guillermo debe meterse en cama. \u00bfAcceso benigno de la terrible epidemia, o simplemente jornadas de fiebre y depresi\u00f3n debidas a la tuberculosis? No hace falta m\u00e1s, en todo caso, para enloquecer a Betty, para ponerla en si\u00adtuaci\u00f3n desesperada.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Hubiera respondido en seguida a tu carta, pero mi Guillermo, <\/em><em>Mi TODO, <\/em><em>estaba entonces afectado por esa fiebre que reina por todas partes. Afortunadamente, s\u00f3lo fue tocado ligeramente, lo bastante para que yo, quedara espantada con el pensamiento de lo que pod\u00eda seguirse, tanto m\u00e1s cuanto que estamos en Bloo\u00admingdale, y que, de hecho, mi padre no le puede curar.<\/em><\/p>\n<p>Quiz\u00e1s para animarse a s\u00ed misma, como para animar a la amiga, Betty deja resbalar estas palabras en las que corre todo su afecto para \u00abla sombrita de nada\u00bb, tan querida para su coraz\u00f3n, cual era Julia Scott: <em>\u00a1Animo, mi amor, y permanece en acci\u00f3n de gracias, por lo que te queda de bien! Es <\/em>como Betty se esfuerza per\u00adsonalmente por resistir, por resistir serenamente durante aquellas semanas de pe\u00adsadilla. Si la alarma hab\u00eda sido conjurada, r\u00e1pidamente en lo concerniente a la sa\u00adlud del marido, Betty no deja de verle sin miedo emprender cada ma\u00f1ana el ca\u00admino de la ciudad. Tiene que confesarlo claramente, desde los primeros d\u00edas de octubre: <em>Anda de cabeza, consumi\u00e9ndose de inquietud por su marido y por ~u padre tambi\u00e9n, quien est\u00e1 constantemente en el hospital de Bellevue, fatigado hasta el extremo&#8230; <\/em>Pero temblar por unos seres amados es todav\u00eda un consuelo, cuando se piensa en los que han perdido uno de los suyos: <em>\u00bfQu\u00e9 son mis moles\u00adtias, mi amor, comparados con tu melancol\u00eda de todos los d\u00edas? <\/em>As\u00ed termina ella una nueva misiva dirigida a Julia.<\/p>\n<p>La vida que Betty lleva entonces en Cragdon no es, sin embargo, una vida f\u00e1cil. La casa es demasiado peque\u00f1a para las dieciocho personas que habitan jun\u00adtas ya que el matrimonio Maitland se ha visto obligado tambi\u00e9n \u00e9l a quedarse all\u00ed. Ni siquiera es posible para Betty encontrarse diez minutos frente a su padre, cuando viene por una hora o dos a Bloomingdale. Viviendo en un alerta per\u00adpetuo, asaltada sin tregua por los ni\u00f1os de quienes siempre alguno tiene necesi\u00addad de sus cuidados y caricias, de su presencia, le es necesario renunciar a un descanso que le ser\u00eda, con todo, indispensable. De nuevo la fatiga se lanza sobre sus ojos, mientras un brote de furunculosis la abate a pesar de toda su energ\u00eda.<\/p>\n<p>Conoce entonces momentos de semides\u00e1nimo y, como en tiempo de su pri\u00admera infancia, a la hora en que la muerte de su madre hab\u00eda macerado su cora\u00adz\u00f3n, se pone a so\u00f1ar con nostalgia en la vida del m\u00e1s all\u00e1, la vida bienaventurada, donde toda pena ser\u00e1 olvidada, \u00abdonde Dios mismo enjugar\u00e1 toda l\u00e1grima de nuestros ojos\u00bb (Apocalipsis 21, 4).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>S\u00ed, incluso yo que soy su madre, <\/em>se atreve a confiar a Julia, <em>no desear\u00eda que\u00addar sobre la tierra, si estuviera segura de que mis hijos no han de ser privados de la protecci\u00f3n de su padre.<\/em><\/p>\n<p>Y luego, se rehace. Ana Mar\u00eda que se lanza en sus brazos, Bill que se agarra a su falda, Ricksy que le sonr\u00ede en su cuna, traen la sonrisa a sus labios, des\u00adpiertan la fuerza en su coraz\u00f3n: \u00a1Claro que s\u00ed!, es necesario resistir el golpe, por estos peque\u00f1os que son sus hijos, que tienen necesidad de su presencia, de su amor. Porque esos peque\u00f1os Dios se los ha confiado para que ella los conduz\u00adca a El.<\/p>\n<p>Ha llegado el oto\u00f1o y, con la \u00faltima estaci\u00f3n, cierto alivio. En Nueva York, la epidemia de fiebre amarilla parece conjurada. Es necesario pensar ahora en instalarse en Stone Street, como hubiera debido hacerse dos meses antes. Dejar Cragdon, donde se viv\u00eda literalmente unos sobre otros, es, de hecho, un motivo de alegr\u00eda para Betty. La organizaci\u00f3n de su nueva morada le es una excelente dis\u00adtracci\u00f3n. Y luego \u00bfno va ella a poder pasar unas semanas todav\u00eda en la casita de Wall Street? Ser\u00e1n las \u00faltimas, \u00a1ea!, pero ser\u00e1n, no obstante, semanas de las que la joven mujer piensa aprovecharse de lleno. En Wall Street, puede volver a encontrar horas de intimidad con Guillermo, hablar sola, a solas con su padre, cuando viene a verla para cortas pero m\u00e1s frecuentes visitas que en Blooming\u00addale. En Wall Street, Betty encuentra de nuevo asimismo su piano, no sin un suspiro de placer, su querido piano junto al cual el Dr. Bayley fatigado gusta tanto sentarse para escuchar a 5u hija tocar sus melod\u00edas preferidas.<\/p>\n<p>Cada d\u00eda, por otra parte, Isabel debe llegarse a la casa de Stone Street que ha sido necesario volver a su estado, despu\u00e9s de la desinfecci\u00f3n que dictaba la prudencia a consecuencia de la epidemia neoyorquina. Pintura fresca, nuevos papeles sobre las paredes. Es un vida nueva que va a comenzar all\u00ed, y Betty, finalmente, siente que su coraz\u00f3n se dilata a la medida de las nuevas responsabi\u00adlidades que va a poder asumir, as\u00ed lo espera con un esp\u00edritu tranquilo dentro de un ritmo de vida normal.<\/p>\n<p>No es cuesti\u00f3n, claro est\u00e1, de guardar junto a ella a todos los peque\u00f1os her\u00admanos y hermanas de Guillermo. Para Carlota y Mar\u00eda, la pensi\u00f3n ha parecido la soluci\u00f3n mejor. Han marchado ya la una y la otra a Nueva Jersey mientras Eduardo y Samuel llegaban al colegio de Connecticut. Pero Enriqueta y Cecilia quedar\u00e1n en casa. As\u00ed lo ha decidido Isabel. En cuanto a hacerlas inscribir co\u00admo externas en una de las escuelas de Nueva York, renuncia igualmente a ello. <em>Con la nieve y la lluvia me dar\u00edan m\u00e1s fastidio que si las guardo aqu\u00ed, <\/em>ha expli\u00adcado ella, siguiendo el deseo secreto de su coraz\u00f3n, cual es el de tomar a su car\u00adgo \u00edntegramente la educaci\u00f3n de las dos \u00faltimas de sus cu\u00f1adas, con la de sus propios hijos. Ayudada como est\u00e1, para las cargas dom\u00e9sticas por una mujer de confianza, Mammy Huller, secundada por Rebeca sobre todo, Betty se da la alegr\u00eda de organizar el trabajo escolar de los ni\u00f1os. Esta tarea que toma con la seriedad que ella pone en todas las cosas, le permitir\u00e1, adem\u00e1s, desarrollarse dando lo mejor de s\u00ed misma. Haciendo eso, se prepara tambi\u00e9n, sin saberlo, a las tareas futuras que la Providencia le destina y que le espantar\u00edan ahora, si ella adivinara tanto su amplitud, como su peso.<\/p>\n<p>Por el momento, su peque\u00f1a clase s\u00f3lo tiene dos alumnos, su marco es de una flexibilidad extrema. Es necesario contar con las idas y venidas de Ana Ma\u00adr\u00eda, y de Bill que, sin m\u00e1s, empujar\u00e1n la puerta a la mitad precisa del dictado 0 de la lecci\u00f3n de caligraf\u00eda, de lectura, de c\u00e1lculo, cuando no ser\u00e1n los gritos de Ricksy que forzar\u00e1n a la profesora a dejar a los alumnos, los libros y cuadernos para ir a alimentar o a poner en mantillas al beb\u00e9. \u00a1Qu\u00e9 importa!, aquellos son bien peque\u00f1os inconvenientes, frente a la confianza alegre que reina de nuevo en la casa.<\/p>\n<p>Betty, por otra parte, est\u00e1 completamente de vuelta de sus prevenciones frente a Rebeca. En las largas y dolorosas semanas que han vivido juntas desde el mes de junio, se han revelado una a otra. Betty se pregunta ahora c\u00f3mo pudo, durante los primeros a\u00f1os de su matrimonio, desconocer el valor de su cu\u00ad\u00f1ada. Con todo lo joven que es Rebeca, se encuentra de primeras a la altura de la situaci\u00f3n dif\u00edcil que se le impon\u00eda. Serenamente, supo hacer frente ella tam\u00adbi\u00e9n, con tanta energ\u00eda como delicadeza. Isabel no agota ahora los elogios sobre las cualidades de Rebeca y sobre la formaci\u00f3n profunda que ha recibido de su padre <em>que fue su \u00fanico gu\u00eda en todas las cosas.<\/em><\/p>\n<p>Pero, sobre todo, descubre, con un sentimiento de \u00edntima dicha, que se le ha dada en Rebeca, una amiga, la primera con la que le ser\u00e1 posible hablar de Dios. \u00a1Hablar de Dios! Con su padre, no es cosa que se pueda concebir. No m\u00e1s con Guillermo. Tampoco con Julia Scatt o Isabel Sadler&#8230; Una vez en su vida conoci\u00f3 Betty la alegr\u00eda de poder conversar de las cosas divinas: era en Nueva Rachela, cuando la peque\u00f1a Ana Bayley, su prima de siete a\u00f1os, la escuchaba encantada e ingenuamente y le expresaba su alegr\u00eda de o\u00edr hablar del Se\u00f1or. A decir verdad, no se trataba de verdaderos intercambios. Ahora, Betty y Rebeca podr\u00e1n, bien a su gusto, conversar de aquello que es pr\u00e1cticamente para la una y la otra lo esencial de su vida. Parque tambi\u00e9n Rebeca tiene el sentido de Dios, la sed de Dios, y su vida espiritual nada tiene que ver con el conformismo de una religi\u00f3n casi exclusivamente exterior, como lo es pr\u00e1cticamente la de los Seton y los. Bayley. As\u00ed pues, aunque Isabel no pod\u00eda expresarse sino con una ex\u00adtrema circunspecci\u00f3n, y como a hurtadillas a su amiga Julia, podr\u00e1 llegar a ser, con Rebeca, el tema de verdadero di\u00e1logo, donde la una y la otra, sin el menor respeto humano, podr\u00e1n revelarse a s\u00ed mismas con sus deseos m\u00e1s verdaderos, sus aspiraciones m\u00e1s vitales, ayud\u00e1ndose a marchar juntas por el camino que conduce al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Y es posible que la joven mujer, en un plan de confianza total, mostrara a su cu\u00f1ada la oraci\u00f3n cuyas palabras verti\u00f3, un d\u00eda, sobre el papel en el momento en que la inextricable red de inquietudes y de dificultades le dejaba apenas bastante tregua para que le fuera permitido sentarse unos instantes a la mesa en silencio: <em>Dios Todopoderoso, autor de toda misericordia, Padre de todos, T\u00fa que conoces mi coraz\u00f3n, y que tienes piedad de su debilidad como de sus errores, T\u00fa sabes que el desea de mi alma es hacer tu voluntad.<\/em><\/p>\n<p>Aquel desea, \u00bfno era tambi\u00e9n, a fin de cuentas, el \u00fanico desea de Rebeca? Entre las dos cu\u00f1adas se traba una amistad como jam\u00e1s ellas la han conocido hasta entonces, una amistad, toda espiritual, pero al mismo tiempo, tan fraternal que Betty dir\u00e1 pronto de Rebeca que es <em>la hermana de su alma.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los que esperan en el Se\u00f1or renuevan sus fuerzas y les vienen alas como a las \u00e1guilas. Corren sin cansancio y marchan sin fatiga. 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Mujer de misi\u00f3n (I)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"01\/06\/2015","format":false,"excerpt":"El 14 de septiembre de 1975, fue canonizada Isabel Ana Bayley Seton, la primera santa nativa de los Estados Unidos. Este 25 aniversario, invita a la Familia Vicenciana a reflexionar, de nuevo, sobre su vida, su herencia y su espi\u00adritualidad. 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El 14 de marzo de 1805 abraza el catolicismo, arrostrando las m\u00faltiples dificultades que\u2026","rel":"","context":"En \u00abHijas de la Caridad\u00bb","block_context":{"text":"Hijas de la Caridad","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/ramas\/hijas-de-la-caridad\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/01\/seton.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/01\/seton.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/01\/seton.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/01\/seton.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/01\/seton.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":87697,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-ana-bayley-seton-mujer-de-mision-iv\/","url_meta":{"origin":9610,"position":5},"title":"Isabel Ana Bayley Seton. Mujer de misi\u00f3n (IV)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"04\/06\/2015","format":false,"excerpt":"Direcci\u00f3n de la Comunidad Madre Rosa Withe. El Padre David hab\u00eda dirigido a esta viuda, D\u00aa Rosa Withe, antes de que se uniera a Madre Seton en Baltimore (1808). Sucediendo a Isabel Seton fue la segunda Madre (General) de las Hermanas de la Caridad de San Jos\u00e9, durante dos mandatos.\u2026","rel":"","context":"En \u00abIsabel Ana Bayley Seton\u00bb","block_context":{"text":"Isabel Ana Bayley Seton","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/isabel-ana-bayley-seton\/"},"img":{"alt_text":"","src":"","width":0,"height":0},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9610","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9610"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9610\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/149247"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9610"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9610"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9610"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}