{"id":9609,"date":"2016-07-29T13:00:52","date_gmt":"2016-07-29T11:00:52","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/07\/isabel-seton-la-biografia-04-mi-hogar-muy-mio\/"},"modified":"2016-07-26T09:33:17","modified_gmt":"2016-07-26T07:33:17","slug":"isabel-seton-la-biografia-04-mi-hogar-muy-mio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-04-mi-hogar-muy-mio\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 04 &#8211; Mi hogar muy m\u00edo"},"content":{"rendered":"<p><em>La gracia de una esposa alegra a su marido,<br \/>\ny su ciencia le reconforta.<br \/>\nLa mujer silenciosa es un don del Se\u00f1or,<br \/>\nla due\u00f1a de s\u00ed misma no tiene precio.<\/em><br \/>\nSir 26, 13-14<\/p>\n<p>Los Seton habitaban junto a <em>Hanover Square <\/em>una amplia mansi\u00f3n, el 61 de <em>Stone Street, <\/em>una de las calles m\u00e1s frecuentadas de la ciudad. Y la casa misma era una de las que abr\u00edan habitualmente su puerta a los hu\u00e9spedes m\u00e1s ilustres. Los Jay, los. Livingston, los Hamilton eran recibidos all\u00ed como amigos. El anti\u00adguo obispo de Autun, Talleyrand, cuyo nombre se hab\u00eda hecho tristemente c\u00e9lebre desde el comienzo de la Revoluci\u00f3n francesa, frecuentaba como familiar la man\u00adsi\u00f3n de los Seton.<\/p>\n<p>Los d\u00edas de recepci\u00f3n, hab\u00eda en los accesos de <em>Hanover Sqzaare <\/em>un ruidoso vaiv\u00e9n de caballeros que echaban pie a tierra, y un atasco de sillas de manos, de donde las elegantes, de bucles h\u00e1bilmente realzados en sus cabezas, se desprend\u00edan con mil precauciones desplegando delicadamente sus faldas vaporosas. Sirvientes adiestrados se manten\u00edan en el umbral prestos a abrir una portezuela, o asir las riendas que les abandonaba la mano finamente enguantada de un caballero.<\/p>\n<p>La joven se\u00f1ora Seton ten\u00eda desde ahora su puesto en aquellas reuniones o en aquellas veladas mundanas, y los amigos de su suegro se declaraban en\u00adcantados de su belleza, de su gentileza. Cuando ella hac\u00eda su entrada en el sal\u00f3n, graciosamente apoyada en el brazo de su marido, un murmullo de admira\u00adci\u00f3n estremec\u00eda la concurrencia. El, alto, distinguido, cabellos empolvados de blanco, en traje de terciopelo o de seda. Ella, peque\u00f1a, fina, castiza, dejando deslizar ligeramente sobre las alfombras su traje de cola que realzaba el brillo de las joyas de gran precio que ella llevaba con sencillez. Pareja encantadora, cabal, feliz, cuya dicha \u00edntima irradiaba el rostro, suger\u00eda el menor gesto.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 lejos quedaban para Betty los d\u00edas tan dolorosos de los a\u00f1os preceden\u00adtes, y c\u00f3mo se esfumaba entonces el recuerdo de las horas de pesada soledad que, no ha mucho, la aplastaban! \u00a1Ahora ten\u00eda un hogar y una familia! A decir verdad, no era todav\u00eda la intimidad de un hogar verdaderamente de ella, ya que las circunstancias hab\u00edan obligado a la joven pareja a permanecer por unos meses en la casa de los Seton. Y, ciertamente, la vida de una familia numerosa como aquella, bastaba para crear un ambiente lleno de animaci\u00f3n, hasta fuera de los d\u00edas de brillantes recepciones.<\/p>\n<p>Este a\u00f1o de 1794, la mesa de familia re\u00fane todav\u00eda, en torno a Guillermo y Ana Mar\u00eda Seton, a siete u ocho ni\u00f1os, al menos. Isa es un poco m\u00e1s joven que Betty, Rebeca no tiene a\u00fan quince a\u00f1os. Mar\u00eda, Carlota, Enriqueta, son jovencitas que se encargan de hacer, con los muchachos, una ruidosa y perpetua animaci\u00f3n, que no dejan de hacer recordar a Isabel la vida que ella y su hermana Mar\u00eda, hab\u00edan conocido y compartido en Nueva Rochela, en casa del t\u00edo Guiller\u00admo Bayley.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 importan ahora a la joven mujer aquellos placeres juveniles, aque\u00adllas explosiones de risa, aquellas carreras alocadas? Un mundo nuevo se abre para ella: el amor conyugal ha transformado a la joven de ayer, Betty encuentra en este amor, en este intercambio de amor leal y limpio, la realizaci\u00f3n de sus aspiraciones m\u00e1s profundas, m\u00e1s imperiosas, m\u00e1s leg\u00edtimas tambi\u00e9n. Se deja in\u00advadir por una felicidad que la transfigura. Polarizada sobre \u00absu Guillermo\u00bb, parece incluso que la joven mujer, no est\u00e1 ya en disposici\u00f3n, por el instante, de posar sobre los seres que la rodean la mirada objetiva a que est\u00e1 acostumbrada.<\/p>\n<p>M\u00e1s dotada, quiz\u00e1s, que sus j\u00f3venes cu\u00f1adas, se ha beneficiado, de seguro, de una cultura superior a la suya. Bajo este punto de vista ha recibido m\u00e1s de lo que reciben las j\u00f3venes americanas de su tiempo. De esta superioridad, ella toma claramente conciencia, y no descubre al primer contacto, el valor profundo de las medio hermanas de su marido. Rebeca misma, con quien tantas afinidades comunes se revelar\u00e1n pronto, Rebeca que llegar\u00e1 a ser para ella, la confidente, la hermana m\u00e1s profundamente amada, no es todav\u00eda a sus ojos m\u00e1s que una adolescente casi insignificante, mal pulida, en todo caso, y cuyas cualidades, pien\u00adsa Betty, con un juicio precipitado, han quedado incultas y no se han desarrolla\u00addo. De todas maneras es Guillermo quien, presente o ausente, ha venido a ser el polo de su vida. Lo dem\u00e1s, en estos primeros meses, no tiene m\u00e1s valor a sus ojos, humanamente al menos, que dentro de la irradiaci\u00f3n de su amor.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, encantadora, delicada, con aquella nota de seriedad, de equilibrio, de armon\u00eda que le es propia, ha conquistado r\u00e1pidamente el afecto y la estima de la familia Seton, de su suegro, sobre todo, que la trata por igual que a sus propios hijos, y hasta tendr\u00e1 para la mujercita de su Guillermo una secreta predilecci\u00f3n. Le manifiesta una confianza conmovedora, hecha de sen\u00adcillez y de abandono. Y no duda poner entre sus manos cartas de familia que ha escrito personalmente y que le son particularmente queridas. Unas l\u00edneas tra\u00adzadas igualmente por su mano, las acompa\u00f1an:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>\u00abT\u00fa eres la primera de mis hijos <\/em>-le confiesa- <em>a quien se las hago leer\u00bb. <\/em>Y le pide que esa lectura la haga con respeto, con delicadeza, porque ha puesto en ellas lo m\u00e1s \u00edntimo de s\u00ed mismo. <em>Encontrar\u00e1s profundamente marcado en ca\u00adda una de esas cartas el afecto paternal que he experimentado siempre por mi querido Guillermo, tu marido: esa te gustar\u00e1. Pero si te manifiesto que ese afec\u00adto jam\u00e1s ha cesado de crecer desde entonces, pienso que cada una de las p\u00e1ginas donde hablo de \u00e9l, te ser\u00e1 doblemente querida. Que pod\u00e1is largo tiempo, muy largo, gozar juntos de toda bendici\u00f3n, es el deseo sincero de vuestro padre lleno de afecto por vosotros y que os ama.<\/em><\/p>\n<p>A tales sentimientos, ciertamente, Betty no es insensible. \u00a1Se siente como \u00aben su casa\u00bb en el hogar de los Seton! Y, sin embargo, \u00a1cu\u00e1n natural es que aspire a encontrarse sola con su marido en una casita que sea verdaderamente la suya, que pueda ella amueblar, arreglar seg\u00fan los gustos de Guillermo y los suyos. Donde su intimidad est\u00e9 m\u00e1s a seguro, donde su mutua ternura pueda expresar\u00adse con m\u00e1s espontaneidad! Esa dicha, Betty iba a conocerla pronto. Una sola l\u00ednea de sus <em>Dear Remembrances <\/em>basta para contarlo: \u00ab20 a\u00f1os, Mi HOGAR <em>muy m\u00edo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Este <em>hogar <\/em>era una casita alquilada en Wall Street, no lejos de la galer\u00eda de muebles de Duncan Phyffe, que hab\u00eda de recibir m\u00e1s de una vez la visita de los j\u00f3venes Seton, pr\u00f3xima igualmente a la Tontine Coffee House.<\/p>\n<p>\u00a1Mi HOGAR <em>muy m\u00edo! <\/em>De esta dicha, Betty no se priva. Pero, mientras cuel\u00adga las cortinas, en las ventanas, mientras extiende sobre la mesa el mantel fina\u00admente bordado, mientras prepara los dos cubiertos, o dispone graciosamente un ramillete, una dicha m\u00e1s profunda a\u00fan brota de la intimidad de su ser y fluye ahora por cada uno de los instantes de su vida de joven esposa. Porque otra vida ha nacido en ella: Betty sabe que pronto, dentro de unos meses, conocer\u00e1 la alegr\u00eda \u00fanica de la maternidad. Su amor por Guillermo llega a ser con esto m\u00e1s vibrante, m\u00e1s intenso, si a\u00fan es posible.<\/p>\n<p>Este mismo a\u00f1o, su suegro ha dejado la situaci\u00f3n que ocupaba en el Banco de Nueva York, para asociarse a un hombre de negocios de Londres con objeto de crear una importante firma comercial; la cual llevar\u00e1 el nombre de \u00abSeton, Maitland y C\u00eda\u00bb. Es una empresa de envergadura que quiere asegurar un cam\u00adbio comercial permanente entre Am\u00e9rica y el Viejo Continente, y que dispone a este objeto de sus propios nav\u00edos. Intereses comunes la ponen en relaci\u00f3n, no solamente con la ciudad de Londres, sino con numerosos y lejanos puertos: Ham\u00adburgo, en Alemania; Liorna, en Italia; Barcelona y M\u00e1laga, en Espa\u00f1a. Los ve\u00adleros singlan igualmente hacia otros puntos del Nuevo Mundo: las islas de Santa Cruz, y de la Martinica, situadas en comarcas menos alejadas sin duda, pero cuyo desarrollo ha sido m\u00e1s lento que el de los Estados Unidos, y que se desig\u00adnan bajo el nombre de Indias Occidentales.<\/p>\n<p>Guillermo Magee y su hermano Jaime se unieron a su padre para esta aven\u00adtura comercial, de dimensiones casi ins\u00f3litas para la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Todas las esperanzas eran permitidas, entonces, en lo concerniente al im\u00adpulso, al desarrollo y a la prosperidad de la empresa. Nada de preocupaciones financieras que preveer, en la casita de Wall Street. Los deseos de Betty, apenas se expresan, pueden ser colmados. Cuando, terminadas sus horas de trabajo, Guillermo vuelve a su hogar, puede gozar con toda tranquilidad de la dicha que all\u00ed encuentra: calma, confort, descanso junto a la que \u00e9l ama.<\/p>\n<p>Sin duda se encuentran obligados uno y otra, a aparecer aqu\u00ed o all\u00ed, en el de\u00adcurso de las recepciones que se les imponen por el hecho de su situaci\u00f3n social. Sin duda frecuentan tambi\u00e9n, y no sin placer, el teatro de John Street. Pero realmente parece, a fin de cuentas, que prefieren m\u00e1s esas noches de dos, donde nadie viene a turbar la dicha apacible de su intimidad.<\/p>\n<p>El ha tra\u00eddo de Cremona uno de los Stradivarius que ha fabricado con sus propias manos el gran maestro italiano. Tocar el viol\u00edn es un relajamiento que \u00e9l ama. Betty no deja de escucharle, admirando c\u00e1ndidamente su \u00abvirtuosismo\u00bb, aunque \u00e9l no haya llevado jam\u00e1s muy lejos sus estudios musicales. A continua\u00adci\u00f3n, ella se pone al piano. A no ser que ambos, sin duda, interpreten juntos una de las piezas de sus compositores favoritos. Sosiego de la noche, armon\u00eda de dos corazones que vibran al un\u00edsono, y que para expresar su mutuo amor en\u00adcuentran mejor que palabras: o la m\u00fasica o el silencio.<\/p>\n<p>Y si el joven se ve obligado a desplazarse a Boston o a Filadelfia, por unos d\u00edas, por unas semanas, le es necesario llevarse la miniatura de aqu\u00e9lla a la que \u00e9l llama tiernamente \u00absu mujercita\u00bb, ya que no sabr\u00eda pasarse un solo d\u00eda sin con templar su rostro. Cada d\u00eda tambi\u00e9n, y cualesquiera que sean sus ocupaciones, encontrar\u00e1 el medio de dirigirle unas l\u00edneas, record\u00e1ndole en la ocasi\u00f3n que ella est\u00e1 siempre \u00aben su casa\u00bb en la mansi\u00f3n de Stone Street. <em>Vete tan a menudo como puedas a casa de mi padre <\/em>-insiste-.<\/p>\n<p>Las respuestas de Betty a aqu\u00e9l a quien por su parte llama \u00absu querid\u00edsimo tesoro\u00bb, se siguen al mismo ritmo, pero confiesa a Guillermo que, si guarda con tant\u00edsimo aprecio su retrato junto a s\u00ed, ese retrato le parece \u00abtan melanc\u00f3lico\u00bb que no le gusta mirarla en su ausencia.<\/p>\n<p>El nacimiento de su primer hijo va a dar pronto a su amor una dimensi\u00f3n nueva. El dos de mayo de 1795, sentada a su mesa, Betty, que prosigue gustosa con sus amigos de anta\u00f1o u\u00f1a abundante correspondencia, acaba de comenzar una carta destinada a Julia Scott. Pero s\u00fabitamente ha de dejar la pluma. El beb\u00e9 que espera precisamente para aquella semana, anuncia su llegada. Al d\u00eda siguiente, de ma\u00f1ana, Isabel trae al mundo una ni\u00f1ita. La alegr\u00eda del hogar llega a su colmo. Aquella noche, cuando hayan pasado las horas de emoci\u00f3n, cuando la mu\u00f1equita con su carita arrugada, duerma todav\u00eda en la cuna, junto al gran lecho donde reposa radiante la joven madre de veinte a\u00f1os, Guillermo, tomando sobre la mesa la carta inacabada, anunciar\u00e1 en ella, personalmente, y no sin or\u00adgullo, el dichoso nacimiento de su hija Ana Mar\u00eda.<\/p>\n<p>La ni\u00f1a ser\u00e1 bautizada en la iglesia episcopaliana de la Trinidad, el cuatro de junio siguiente. Tendr\u00e1 por padrino al doctor Bayley que no disimula su alegr\u00eda de ser abuelo, y por madrina a una de las cu\u00f1adas de Betty: Rebeca Seton.<\/p>\n<p>M\u00e1s que nunca, desde que el beb\u00e9 ha ocupado su puesto en el hogar, su pues\u00adto invasor, como es debido, Betty ama su hogar, y la vida que all\u00ed lleva le parece la m\u00e1s bella que hay. Su amiga Isabel Sadler le env\u00eda, en esta \u00e9poca, dos cartas entusiastas desde Par\u00eds, el nuevo Par\u00eds republicano adonde la ha conducido su periplo europeo. Gustosamente Betty le responde en la primavera de 1795: <em>Verdaderamente, Se\u00f1ora Sad, es un hecho: vas a bailar el domingo, \u00a1oh cria\u00adtura \u00abdepravada\u00bb! Y \u00bfc\u00f3mo se podr\u00e1 comparar el baile y las diversiones con esta tranquilidad, calina, sedante que trae el domingo, el domingo por la noche sobre todo con un marido que balancea sus pantuflas junto a un fuego de carb\u00f3n y un libro de Blair abierto sobre la mesa? Pero sigamos, \u00a1ea!; soy una peque\u00f1a sal\u00advaje americana, presumo y no deber\u00eda hacer alusi\u00f3n a esas insulsas necedades en presencia de una \u00abdama\u00bb, que en la mayor ciudad del mundo, puede ver el do\u00admingo por la noche saltar a las rubias \u00absnobs\u00bb y, supongo que saltar con las m\u00e1s alegres de entre ellas. Pero, despu\u00e9s de todo, lo que hacen ellas puede tener tanta utilidad como lo que hacemos nosotras, y, a mi parecer, el punto esencial de fa religi\u00f3n es la alegr\u00eda y el equilibrio. Los que marchan en ese sentido est\u00e1n cierta\u00admente en lo verdadero&#8230;<\/em><\/p>\n<p>La peque\u00f1a Ana Mar\u00eda, que tendr\u00e1 pronto dos meses, viene a ser un beb\u00e9 adorable cuyos abuelos est\u00e1n locos&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>En cuanto a ojos, est\u00e1n m\u00e1s cerca del negro que de cualquier otro color, con una nariz muy chiquita, una boca muy peque\u00f1a, hoyitos en las mejillas y en el ment\u00f3n, una carita rosa, siempre despierta, siempre expresiva. Todo esto es bien interesante de escribir&#8230; Su abuelo Bayley te dir\u00e1 que ve m\u00e1s gracia, m\u00e1s expre\u00adsi\u00f3n, m\u00e1s inteligencia, m\u00e1s deseo de saber en este rostro que en el rostro de cual\u00adquier otro en el mundo y que se puede entretener con este beb\u00e9 mejor que con ninguna de las mujeres de Nueva York. En resumen, es la verdadera hija de su madre y, puedes estar segura de ello, el orgullo y el tesoro de su padre.<\/em><\/p>\n<p>Para esta ni\u00f1a nacida de su carne, Betty desea apasionadamente la verdadera dicha. \u00bfEs un retorno hacia atr\u00e1s sobre su vida de infancia frustrada demasiado pronto del amor maternal, privada m\u00e1s de lo que era necesario, de la presencia de su padre, es la situaci\u00f3n dolorosa que le es dado a veces ver en torno de ella? Una reflexi\u00f3n desencantada viene a cerrar aquella carta tan alegre, como un nu\u00adblado ensombrece de golpe un cielo luminoso. <em>As\u00ed, ciertos seres peque\u00f1os han nacido para ser rodeados de ternura, mientras que otros son tratados por aquellos que les han dado la vida con menos cuidados de los que han recibido de la natu\u00adraleza. Pero todo est\u00e1 bien, y, a menudo, aquellos a quienes falta encontrar el co\u00adraz\u00f3n lleno de ternura de una madre o de un padre para abandonarse all\u00ed, avan\u00adzan en el mundo henchidos de alegr\u00eda mientras que el ni\u00f1o a quien sonre\u00eda la esperanza, ver\u00e1 ensombrecerse su horizonte a consecuencia de decepciones im\u00adprevistas. \u00a1Ah s\u00ed!, \u00a1as\u00ed es como vamos! Hay una Providencia que jam\u00e1s descansa, que jam\u00e1s se duerme&#8230; Pero he aqu\u00ed que mi marido se pone a bostezar: suenan las diez en el reloj y mis dedos se entumecen de fr\u00edo&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Dichosa en su <em>hogar, <\/em>Isabel no lo dejar\u00e1 durante sus primeros a\u00f1os de matri\u00admonio. Un viaje la conduce, sin embargo, con Guillermo a Filadelfia, el mes de mayo de 1796. Ana Mar\u00eda es confiada a su abuela materna y a sus t\u00edas que no quieren m\u00e1s que esmerarse por el beb\u00e9. En cuanto al viaje mismo no se presenta sino muy normal en este final del siglo XVIII. Desde antes de la Guerra de Inde\u00adpendencia, un servicio de correo, organizado por Franklin funcionaba, regular\u00admente, enlazando entre s\u00ed las principales ciudades de la costa: Boston, Nueva York, Filadelfia. Cartas y peri\u00f3dicos, -\u00abGaceta de Nueva York\u00bb, \u00abGaceta de Boston\u00bb, \u00abGaceta de Baltimore\u00bb-, eran puestas en camino de un punto a otro, en d\u00edas fijos, por dos coches que pronto se ocuparon de coger, con la correspondencia, un n\u00famero restringido de viajeros. Si los a\u00f1os de guerra hab\u00edan interrum\u00adpido por la fuerza de las cosas una organizaci\u00f3n que se demostraba indispensable para el desarrollo del pa\u00eds, todo se hab\u00eda puesto r\u00e1pidamente en marcha desde el nombramiento de Washington para la presidencia de los Estados Unidos. No sin un leg\u00edtimo orgullo St. John de Cr\u00e9ve Coeur nos hace de ello una des\u00adcripci\u00f3n precisa.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Coches p\u00fablicos de una construcci\u00f3n s\u00f3lida, ligera y elegante, establecidos des\u00adde la paz, transportan a los viajeros y las sacas de cartas&#8230; Este servicio ordenado y organizado por el Congreso, se hace con mucha exactitud y celeridad. Ese mismo cuerpo acaba de establecer tambi\u00e9n un enlace de este correo de Alejandr\u00eda a Pittsburgh. Adem\u00e1s de los coches hay diligencias, con suspensi\u00f3n sobre cuatro re\u00adsortes, desde Providencia hasta el nuevo Hampshire, y pronto se las establecer\u00e1 tambi\u00e9n desde Nueva York hasta Petersburg, en Virginia, las cuales pasar\u00e1n por Filadelfia, Baltimore, Alejandr\u00eda, Richmond. Esta larga cadena de Estados est\u00e1 en\u00adlazada adem\u00e1s con un gran n\u00famero de \u00abpaquebotes\u00bb que durante casi todo el a\u00f1o transportan las mercanc\u00edas y a los pasajeros de una ciudad mar\u00edtima a otra.<\/em><\/p>\n<p>Esta carta est\u00e1 fechada el 28 de diciembre de 1786. Es diez a\u00f1os m\u00e1s tarde cuando Isabel y su marido se desplazan a Filadelfia. Nuevas mejoras han sido aportadas sin duda desde entonces a los medios de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Que semejante viaje emprendido en compa\u00f1\u00eda de su marido haya sido del gus\u00adto de Betty, nada tiene de sorprendente, tanto m\u00e1s cuanto que la joven mujer deb\u00eda reunirse all\u00ed, con su amiga Julia Scott. De este viaje demasiado breve sin duda, la se\u00f1ora Seton no ha dejado, sin embargo, ning\u00fan recuerdo escrito.<\/p>\n<p>M\u00e1s prolongadas, pero menos lejanas, las estancias en Long Island donde va a pasar los meses, de verano. Es dichosa de encontrar all\u00ed la calma, la vida apacible que no turban entonces ni las salidas mundanas, ni las recepciones de ninguna clase, ning\u00fan otro quehacer para ella, sino ocuparse de la peque\u00f1a Ana Mar\u00eda, preparar el \u00abhogar\u00bb para la llegada regular de Guillermo, tres veces por semana, esperar las visitas de su padre a menudo imprevistas y siempre demasia\u00addo breves para su gusto. Porque el doctor Bayley acaba precisamente de ser nom\u00adbrado, en 1795, Oficial del Servicio de Sanidad en el puerto de Nueva York. Por este hecho, una nueva responsabilidad pesa desde ahora sobre sus espaldas: la de tomar medidas en lo concerniente a la cuarentena eventual a todo nav\u00edo que arri\u00adbe al primer puerto de Am\u00e9rica. Pues son numerosas las llegadas de emigrantes, y muchos, entre ellos, han podido contraer en el transcurso de largas semanas de navegaci\u00f3n, una de esas enfermedades temibles cuyo fulminante y a menudo mortal contagio ninguna vacuna en aquella \u00e9poca permit\u00eda evitar.<\/p>\n<p>La primera estaci\u00f3n de cuarentena se encontraba en Beldoes Island. En 1799, por iniciativa del doctor Bayley, ser\u00e1 trasladada al nordeste de Staten Island, cerca de Tompkinsville. Desde su nombramiento para el Servicio de Sanidad del puerto, el Doctor dispone de una embarcaci\u00f3n oficial que le permite desplazarse f\u00e1cilmente desde la propia ciudad a las diferentes islas que la rodean.<\/p>\n<p>Cuando Betty le ve llegar a Long Island en compa\u00f1\u00eda de Guillermo, son nue\u00advas encantadoras que se anuncian, ya que en torno a ella van a estar reunidos los seres que le son m\u00e1s queridos en el mundo: su padre, su marido, su hija.<\/p>\n<p>En esta dicha humana, hay ya, sin embargo, una grieta: la salud de Guillermo Magee comienza a dar, durante el a\u00f1o 1796, serias inquietudes. Isabel, que espera el nacimiento de su segundo hijo, no puede defenderse de una sorda angustia.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>He aprendido a entrar en m\u00ed misma, <\/em>escribe a su amiga Isa Sadler en el de\u00adcurso del mes de agosto, <em>he aprendido a conocer mi propio coraz\u00f3n, y trato de dirigirlo por la raz\u00f3n. Este coraz\u00f3n que se hace de d\u00eda en d\u00eda m\u00e1s tierno, m\u00e1s sensible, lo que atribuyo en gran parte al estado de salud de mi Guillermo. Esa salud de la que est\u00e1n pendientes todas mis esperanzas, que me conserva en la dicha <\/em>HUMANA <em>m\u00e1s perfecta o me sumerge en la m\u00e1s profunda melancol\u00eda, esa salud no se fortalece por cierta, y pienso, a menudo, que baja enormemente. Pero siempre para m\u00ed es un principio firme, tanto porque soy cristiana, como porque soy un ser dotado de raz\u00f3n, no cargar sobre el pensamiento acontecimientos fu\u00adturos que no dependen de m\u00ed. Me sucede, desde ahora, que ya no puedo nunca mirar una puesta de sol o pasearme sola, sin que me invada un sentimiento de melancol\u00eda. Y si no vuelo bien r\u00e1pida hasta mi peque\u00f1o tesoro, para hacerle lla\u00admar a \u00abpap\u00e1\u00bb y hacerme abrazar mil veces, no resistir\u00eda el golpe. Esta disposici\u00f3n est\u00e1 todav\u00eda acrecentada en m\u00ed por la espera de otra peque\u00f1o ser que compartir\u00e1 mi suerte, sea \u00e9sta una suerte dichosa, o bien, sea lo contrario&#8230; Es por lo que, mi querida Isa, he venida a ser \u00abla que mira a lo alto\u00bb, pues all\u00ed est\u00e1 ciertamente el \u00fanico remedio a la pena de que te acabo de hablar.<\/em><\/p>\n<p>El 24 de noviembre de 1796, un ni\u00f1ito hace su aparici\u00f3n en el hogar de los Seton. Se le llama Guillermo. En la intimidad ser\u00e1 Bill.<\/p>\n<p>Ninguna nueva inquietud, al parecer, durante este invierno, respecto al padre del ni\u00f1o. En Wall Street, Betty ha vuelto a emprender la vida que es suya en Nueva York, una vida compartida entre su hogar y las salidas de las que no se puede dispensar, vista la situaci\u00f3n de su marido.<\/p>\n<p>El no puede eludir ciertas responsabilidades sociales o pol\u00edticas, multiplican\u00addo con ello las causas de fatiga que \u00e9l deber\u00eda evitar.<\/p>\n<p>Isabel, por otra parte, siente tambi\u00e9n la necesidad de no limitar el don de s\u00ed misma a su propio hogar, por querido que le sea. Voluntariamente, as\u00ed lo hac\u00eda ya desde hac\u00eda unos a\u00f1os, se junta a otras mujeres de la ciudad, a fin de llevar una ayuda eficaz a los ni\u00f1os sin padres, a las viudas sin recursos. El movimiento ha ganado, poco a poco, un n\u00famero suficiente de miembros activos e influyentes, para tomar, al final de 1797, una existencia oficial, reconocida por el Estado, y del cual la joven se\u00f1ora Seton es nombrada tesorera, cargo que le ser\u00e1 confiado hasta 1804. As\u00ed que, cuando se trata de encontrar los fondos necesarios para las necesidades urgentes de la Asociaci\u00f3n, Betty estar\u00e1 entre las primeras para or\u00adganizar una petici\u00f3n, en vistas a obtener del Gobierno la autorizaci\u00f3n, para lanzar por toda la ciudad una importante loter\u00eda que debe reportar 15.000 d\u00f3lares.<\/p>\n<p>Sin tener cuenta de estas diversas actividades. Isabel conserva, sin embargo, una verdadera necesidad de esas horas privilegiadas de soledad y de silencio que llega, a pesar de todo, a reservarse. Unas l\u00edneas escritas a su padre durante un viaje de su marido son significativas al respecto:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>Acabo de pasar una de las m\u00e1s encantadoras noches de mi vida. Son ahora las once, y hace siete horas, por as\u00ed decir, que no he dejado mi silla. Entre los m\u00edos, unos est\u00e1n dormidos, el otro est\u00e1 en lejan\u00eda. He hecho lectura en un <\/em><em>libro <\/em><em>donde se trata del gran ser del Alt\u00edsimo cuya morada es la eternidad. He espigado en \u00e9l algunos pasajes de los que deseo hacer que se aproveche un d\u00eda mi hija. \u00a1Qu\u00e9 peque\u00f1o resulta entonces el mundo! \u00a1C\u00f3mo parece esfumarse! \u00a1Qu\u00e9 calmas y aquietantes las horas pasadas en tal soledad! Ellas est\u00e1n escritas en el plan de Dios para provecho nuestro y su recuerdo permanece. Termino mi noche pi\u00addiendo por ti&#8230; \u00a1La paz sea contigo, padre m\u00edo!<\/em><\/p>\n<p>La Biblia ha quedado, por otra parte, para la joven mujer, para la joven madre, como libro de cabecera, libro por excelencia cuya lectura jam\u00e1s podr\u00eda dejar. Cuando Guillermo est\u00e1 ausente, como esta noche, mientras est\u00e1n dormidos los \u00abdos peque\u00f1os tesoros\u00bb, de los que la mayor, Ana Mar\u00eda, se revela, a los tres a\u00f1os, de un car\u00e1cter \u00abindomable\u00bb, Betty se inclina con alegr\u00eda sobre las p\u00e1ginas de la Santa Escritura. Y la lectura que hace despierta en el fondo de ella misma ecos cuya profundidad atrae y espanta a la vez.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><em>A los veinte a\u00f1os, \u00a1mi <\/em>HOGAR <em>muy m\u00edo!, <\/em>ha anotado en sus <em>Dear Remembran\u00adces. <\/em>Luego, inmediatamente despu\u00e9s de ese grito de alegr\u00eda, sin transici\u00f3n, estas palabras que de primeras nos asombran, nos desconciertan, corren el riesgo de escandalizarnos: &#8211; <em>el mundo &#8212; esto y el cielo tambi\u00e9n, \u00a1imposible del todo!&#8230; as\u00ed cada instante ensombrecido por este temor: Dios m\u00edo, si gozo de esto te <\/em>PIERDO&#8230; <em>y con todo ni una idea clara de Aqu\u00e9l a quien perd\u00eda, m\u00e1s bien pavor del infierno y de ser excluida del cielo &#8211; -.<\/em><\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 no reconocerlo sencillamente? Este grito de angustia, a pesar del deseo de Dios que \u00e9l supone y cuya aut\u00e9ntica expresi\u00f3n es en cierto modo, no da un sonido del todo puro. \u00abEl amor perfecto desvanece el temor\u00bb, afirma san Juan (1 Juan 4, 18). Pero, es necesario subrayarlo, todo lo alimentada que est\u00e9 de la Escritura, Isabel ha sido educada en las creencias protestantes. Nieta, por su ma\u00addre, de un pastor anglicano, desciende, por su padre, de hugonotes convencidos, que han preferido desterrarse antes que renunciar a una religi\u00f3n considerada por ellos como la \u00fanica que era verdaderamente evang\u00e9lica. \u00bfQu\u00e9 tiene de extra\u00f1o, entonces, que Betty haya heredado la intransigencia excesiva que sobre un pla\u00adno al menos distinto a la <em>religi\u00f3n reformada, <\/em>la cual en su deseo de salvaguar\u00addar \u00edntegramente la soberan\u00eda de Dios, reduce finalmente a la nada la libertad humana?&#8230; Emparentada en este punto con el error del jansenismo, la teolog\u00eda calvinista acaba sus \u00faltimas conclusiones en la doble predestinaci\u00f3n que querr\u00eda que la salvaci\u00f3n o la condenaci\u00f3n de los hombres no dependa finalmente de su amor o de su m\u00e9rito, sino de la sola determinaci\u00f3n preestablecida por Dios sobre cada uno de nosotros. Tal creencia es aplastante de pesimismo. En la <em>Confesi\u00f3n de fe <\/em>de 1537. Calvino no duda, con todo, en poner el acento sobre la degrada\u00adci\u00f3n del hombre. Si el hombre no es malo <em>por naturaleza, <\/em>afirma all\u00ed \u00e9l, lo es <em>en su naturaleza; <\/em>no Puede por s\u00ed mismo sino \u00abpermanecer en ignorancia y estar abandonado a toda iniquidad, siendo ciego en su esp\u00edritu y depravado en su cora\u00adz\u00f3n ha perdido toda integridad, sin tener ning\u00fan resto de ella\u00bb.<\/p>\n<p>Resulta de semejantes premisas que \u00abel hombre puede razonar, conocer, de\u00adterminarse y querer libremente <em>en el dominio de las cosas terrestres (y <\/em>todav\u00eda hay necesidad de un auxilio de, Dios que se llama a continuaci\u00f3n, g<em>racia com\u00fan). <\/em>Pero respecto a Dios, a su propio destino y a su salvaci\u00f3n, el hombre est\u00e1 pri\u00advado de conocimiento y de libre albedr\u00edo. Es la famosa tesis del <em>servil arbitrio <\/em>donde Calvino tiene la misma posici\u00f3n que Lutero\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, por mezcladas que hayan podido estar en la Iglesia episcopaliana de la joven Am\u00e9rica las creencias aportadas por las diferentes confesiones salidas de la reforma, el misterio de la predestinaci\u00f3n, capital como ninguno, es presentado en una misma perspectiva, y capaz de conducir al borde de la desespera\u00adci\u00f3n a un alma prendada de Dios, como la de Isabel.<\/p>\n<p>No se puede negar, bien seguro, que mientras se trata de salvaguardar a la vez la libertad humana y la soberan\u00eda de Dios, se plantea un problema delicado. Este problema, la Iglesia Cat\u00f3lica no lo ha eludido jam\u00e1s. Pero, sea que los te\u00f3logos pongan el acento con preferencia sobre el libre albedr\u00edo y sobre el papel de la voluntad humana, en la salvaci\u00f3n, seg\u00fan la posici\u00f3n de los Molinis\u00adtas, o que pongan m\u00e1s el acento sobre la acci\u00f3n divina seg\u00fan la Escuela tomista, la Iglesia pide a sus fieles reconocer que subsiste en este problema algo miste\u00adrioso, que supera los l\u00edmites de la inteligencia humana, y creer al mismo tiem\u00adpo que Dios, que nos ha creado libres, respeta nuestra libertad.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abEs necesario, dice Bossuet, cautivar nuestra inteligencia ante la oscuridad divina (de la gracia), y admitir dos gracias de las que una deja nuestra voluntad sin excusa ante Dios (despu\u00e9s del pecado) y la otra, no le permite gloriarse en s\u00ed misma\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed, en condiciones como las suyas, Isabel no ha podido recibir jam\u00e1s una directiva a la vez tan neta y tan mesurada: impregnada sin saberlo, desde su infancia, de principios err\u00f3neos en lo concerniente a la cuesti\u00f3n m\u00e1s importante de toda vida humana: la salvaci\u00f3n eterna del hombre, \u00bfc\u00f3mo encontrar\u00e1 ella sola, de buenas a primeras, la soluci\u00f3n adecuada y la actitud de paz que reconociendo nuestra miseria de criaturas pecadoras, no menoscabe la sabidur\u00eda y la bondad de Dios?<\/p>\n<p>Parece claro, por otra parte, que tal cuesti\u00f3n est\u00e1 para Isabel dentro de un contexto hist\u00f3rico que se la hace a\u00fan m\u00e1s compleja. Si la mayor parte de los primeros emigrantes de Am\u00e9rica se exiliaron de su patria a fin de permanecer fieles a sus convicciones religiosas: Hugonotes franceses, Puritanos, Presbiteria\u00adnos, Cu\u00e1queros ingleses, por no citar sino las principales, se debe reconocer que aquellas convicciones religiosas se esfumaron muy r\u00e1pidamente en la pr\u00e1ctica. Apenas la segunda y tercera generaci\u00f3n guardan su huella. La lucha pol\u00edtica, em\u00adprendida en vistas a obtener para las colonias su independencia frente a Ingla\u00adterra, parece haber relegado a segundo plano toda otra ocupaci\u00f3n, durante largos a\u00f1os. Y un hecho no menos importante: al sacudir el yugo de la tutela brit\u00e1nica, el joven Estado pretende instaurar sobre el mismo plano de la independencia po\u00adl\u00edtica, la independencia religiosa. Prueba manifiesta de que los antiguos colonos quedar\u00e1n, en su mayor\u00eda, impregnados de anglicanismo, ya que la creaci\u00f3n de una Iglesia nacional -por tanta limitada y ligada pr\u00e1cticamente a los poderes civiles.-, sustitu\u00eda en los esp\u00edritus a la noci\u00f3n misma de Iglesia universal y por lo mismo cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Parecer\u00eda, adem\u00e1s, que la confusi\u00f3n inicial entre comunidad pol\u00edtica y co\u00admunidad eclesial hab\u00eda mantenido, entre los ciudadanos de Estados Unidos, la ob\u00adsesi\u00f3n de ver hecho posible el acercamiento, a otra confesi\u00f3n distinta de la suya. El anglicanismo permanec\u00eda para los americanos desde entonces como la religi\u00f3n de un pueblo cuyo yugo hab\u00edan sacudido ellos, y cuyo rey era a la vez jefe pol\u00edtico y religioso. En esta misma \u00f3ptica consideran, al parecer, a la Iglesia cat\u00f3lica, cuyo jefe, el Papa, acumulaba entonces la autoridad espiritual y el poder tem\u00adporal, soberano como era de los Estados Pontificios con el mismo t\u00edtulo que los pr\u00edncipes o los reyes. La autoridad de la sede apost\u00f3lica se presentaba a sus ojos como una entidad extranjera, de la que ten\u00edan motivo para desconfiar, co\u00admo desconfiaban de la corona de Inglaterra.<\/p>\n<p>Hay aqu\u00ed, sin duda, un esclarecimiento hist\u00f3rico del que es necesaria tener cuenta, si se quiere no justificar totalmente el grito de angustia de Isabel, sino comprenderlo en cuanto puede hacerse. Ella se encuentra aislada, por su mismo deseo de Dios, en medio de una sociedad, cuya religi\u00f3n est\u00e1 constituida, lo m\u00e1s a menudo, por un formalismo bastante superficial. Para ella, por el contrario, la vida espiritual ha tenido siempre una importancia vital. Tan en serio ha to\u00admado ella las creencias de la Iglesia que es la suya, en la medida en que ha po\u00addido ser iniciada en ellas, y por tanto el \u00abservil arbitrio\u00bb y su conclusi\u00f3n l\u00f3gica: \u00abunos est\u00e1n predestinados a la salvaci\u00f3n, otros a la muerte\u00bb.<\/p>\n<p>Hay m\u00e1s: Isabel ha escuchado muy realmente una llamada particular del Se\u00f1or. La uni\u00f3n divina a la que ella se siente convidada, confusamente quiz\u00e1s, pero sin que le sea posible ponerlo en duda, ha hecho nacer en su coraz\u00f3n una necesidad de soledad y de desprendimiento que le parece en contradicci\u00f3n fla\u00adgrante con la vida que, pr\u00e1cticamente, est\u00e1 siguiendo. Este sentimiento no es nuevo. Hace ya unos a\u00f1os, cuando a\u00fan no encontraba en bailar m\u00e1s que una alegre y sana distracci\u00f3n, sin ninguna reticencia de flirteo o de aventura, una joven como ella no pod\u00eda defenderse, despu\u00e9s del hecho, de un malestar, de una especie de remordimiento&#8230; \u00bfNo hab\u00eda en aquello, pensaba, una p\u00e9rdida de tiem\u00adpo pura y simple? Una puerta abierta a su imaginaci\u00f3n, cuya loca zarabanda ya no pod\u00eda luego moderar, \u00bfser\u00eda perfectamente inocente, por otra parte cuando quer\u00eda recogerse? <em>Pues ve\u00eda siempre, <\/em>confiesa ella c\u00e1ndidamente, <em>el rostro de su caballero, cuando deseaba fijar su mirada en s\u00f3lo Dios. <\/em>Esta confesi\u00f3n es escla\u00adrecedora. No se trata aqu\u00ed de un temor irracional, inspirado en una interpreta\u00adci\u00f3n err\u00f3nea de la Sagrada Escritura, como la de la soberan\u00eda de Dios que abo\u00adlir\u00eda nuestro libre albedr\u00edo. Se trata de una delicadeza que no querr\u00eda sustraer a Aqu\u00e9l, a quien ama por encima de todo, la mirada que pide. Impregnada como est\u00e1, por completo todav\u00eda, de creencias calvinistas; que no est\u00e1n hechas para dilatar su coraz\u00f3n dentro de una confianza luminosa, no siente menos una llama imperiosa hacia una uni\u00f3n divina que la pone secretamente en guardia, no cier\u00adtamente contra el amor, sino contra el apego al amor demasiado humano que no est\u00e1 totalmente purificado.<\/p>\n<p>A pesar de la angustia infundada que la asalta con demasiada frecuencia, Isabel Seton no se ha aventurado en un camino de perdici\u00f3n porque ha encon\u00adtrado en su vida conyugal y en la maternidad una alegr\u00eda desbordante que no es m\u00e1s que la expresi\u00f3n, dichosa y leg\u00edtima, de la realizaci\u00f3n de su ser humano. Tal realizaci\u00f3n est\u00e1 en el plan de Dios. El matrimonio, aunque Isabel lo ignore, es un sacramento instituido por Cristo, la fecundidad de una bendici\u00f3n divina, que, asociando los esposos a la acci\u00f3n creadora de Dios, les permite, seg\u00fan la f\u00f3r\u00admula lapidaria de santo Tom\u00e1s de Aquino, \u00abacabar el n\u00famero de los elegidos\u00bb. Por grande que sea y bella la dicha de que goza, no deja menos en el fondo del alma un sentimiento de insatisfacci\u00f3n, que ella toma por un reproche, si no es por una condenaci\u00f3n. \u00bfQui\u00e9n, en efecto, podr\u00eda entonces iluminar a la joven de cara a las exigencias de un Dios infinitamente celoso en cuanto infinitamente amado, pero de un Dios que nos ha hecho libres y nos deja obrar libremente? Su abuelo Charlton, el rector de San Andr\u00e9s, habr\u00eda sabido discernir quiz\u00e1s, en el alma de Isabel, aquella llamada particular que requer\u00eda, de su parte, una fidelidad excepcional. Pero ya no est\u00e1 all\u00ed. \u00bfA qui\u00e9n, pues, habr\u00eda podido en\u00adtonces abrir sus deseos y sus temores? No conoc\u00eda a\u00fan al Rvdo. Hobart&#8230; Por otra parte \u00bfhubiera podido \u00e9l comprender tales confidencias? Tenemos derecho a dudarlo. Adem\u00e1s el \u00ablibre examen\u00bb, como las relaciones ordinarias que exis\u00adt\u00edan entre los pastores episcopalianos y los miembros de su Iglesia, no parecen haber facilitado una apertura de este g\u00e9nero.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n, efectivamente, se hubiera atrevido entonces a anunciar en el p\u00falpito, en las parroquias protestantes, esa llamada universal a la santidad que el Con\u00adcilio Vaticano n acaba de volver a esclarecer con tanta insistencia? El pensamiento de un equipo de hogares cristianos, cuyos c\u00f3nyuges se ayudaran, el uno al otro, a marchar de manera concreta y diaria hacia el Se\u00f1or, no hab\u00eda pene\u00adtrado todav\u00eda en los Estados Unidos. En Francia, un siglo y medio antes, san Francisco de Sales, afirmando que la santidad no era de ning\u00fan modo privilegio de los religiosos, hab\u00eda presentado aires de innovador. \u00a1En Francia, en el Viejo Continente, cuya civilizaci\u00f3n entera estaba informada de cristianismo desde hac\u00eda m\u00e1s de un milenio!<\/p>\n<p>Pero, estas aspiraciones tan profundas, no era posible a Betty compartirlas con \u00absu Guillermo\u00bb. Todo era com\u00fan entre ellos, excepto lo esencial, excepto aquella sed de Dios, aquella necesidad de Dios que, persiguiendo sin tregua a la joven mujer, la acuciaba, en medio de su dicha y de la cual no pod\u00eda hablar con aqu\u00e9l a quien, despu\u00e9s de Dios, amaba m\u00e1s en el mundo. <em>Guillermo no comprende, <\/em>dir\u00e1 ella pronto a su cu\u00f1ada Rebeca. Y para su coraz\u00f3n era un verdadero descuartizamiento. Sin duda ignoraba que llegar\u00eda un d\u00eda, y no estaba lejos, en que el alma de su marido, en contacto con la suya, iba a abrirse a la gracia divina, y que aquellas horas de alegr\u00eda sobrenaturales ser\u00edan al mismo tiempo las del hundimiento de su dicha humana, las de las angustias y del des\u00adgarramiento brutal de la separaci\u00f3n terrestre. Dios se complace en dejarnos mar\u00adchar en la oscuridad de la fe.<\/p>\n<p>De momento, Betty debe aceptar por parte de Guillermo la dolorosa in\u00adcomprensi\u00f3n. Pero mientras trata de ense\u00f1ar a su hija mayor c\u00f3mo dominar por amor un temperamento violento, autoritario, demasiado pronto a encabritarse en toda ocasi\u00f3n, mientras acuna entre sus brazos, con una ternura duplicada, a su reci\u00e9n nacida a quien una enfermedad ha estado a punto de llevarse, una ple\u00adgaria silenciosa brota en ella, cuyo recuerdo le queda vivo muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8211; <em>s\u00faplicas diarias a Dios, de que tome a quien quiera, o a <\/em>TODOS, <em>si eso le place, con tal solamente que no le perdamos a El &#8211; <\/em><\/p>\n<p>Ella ha puesto, ante todo, a sus dos hijos mismos, sus queridos tesoros, en las manos de Dios: &#8211; <em>Anina ofrecida un millar de veces y entregada mientras era inocente, con el temor terrible de que viviera y se perdiese &#8211; &#8211; &#8211;<\/em><\/p>\n<p>Hay un hecho que no podemos pasar en silencio: Isabel se encuentra enton\u00adces en debate con un problema vital, si los hay; un problema cuyos l\u00edmites no puede discernir, ni incluso plantear sus datos de una manera precisa. Es una \u00abnoche oscura\u00bb ya, donde el esp\u00edritu del Se\u00f1or, bajo la luz de su don de Ciencia, la hace presentir hasta qu\u00e9 punto son caducas todas las dichas humanas, de cara a la eternidad. Una \u00abnoche oscura\u00bb que decanta su alma de lo que queda de demasiado humano de sus amores m\u00e1s leg\u00edtimos y m\u00e1s sagrados. Porque no se trata de renunciar al amor conyugal, al amor maternal, al amor filial: \u00a1a Dios no le place! Se trata de verlos asumidos por un amor que los transciende, d\u00e1n\u00addoles una dimensi\u00f3n nueva, confiri\u00e9ndoles desde aqu\u00ed abajo un valor de eterni\u00addad. Se trata sencillamente de volver a colocar todo amor humano querido por Dios, en su verdadero puesto respecto a Dios, quien es El mismo el Amor in\u00adcreado. Pero para el ser creado y pecador que somos nosotros, tal regulariza\u00adci\u00f3n no viene de por s\u00ed. Es necesario para llegar a ella, aceptar la experiencia de una purificaci\u00f3n \u00edntima y a menudo dolorosa. C\u00f3mo no sentir\u00eda entonces, un coraz\u00f3n humano el punzante dilema: \u00abDios m\u00edo, si gozo <em>de esto\u00bb <\/em>-de una ma\u00adnera demasiado humana, aferr\u00e1ndome a ello, como a un fin-, o te <em>pierdo, <\/em>-es decir, renuncio al fin de cuentas a esa intimidad divina que T\u00fa<sup>&#8216;<\/sup> me ofreces en la primac\u00eda absoluta de tu amor a ti\u00bb.<\/p>\n<p>Consentir con plena voluntad en una transformaci\u00f3n tan radical no es cosa f\u00e1cil. Dar el salto dentro de una oscuridad liberadora de la fe, supone una gene\u00adrosidad total, una confianza absoluta \u00aben Aqu\u00e9l que sabe todo, que puede todo, y que nos ama\u00bb.Pero ante la exigencia divina, Isabel est\u00e1 sin gu\u00eda, sin con\u00adfidente humano. Y no se puede impedir evocar aqu\u00ed a otra mujer, en debate ella tambi\u00e9n, con la b\u00fasqueda de Dios, y sin encontrar a nadie para ayudarla a com\u00adprometerse deliberadamente en el camino de la uni\u00f3n divina: Teresa de \u00c1vila.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed y all\u00ed, hay una llamada apremiante a trepar por el sendero abierto a pico que conduce derecho a Dios. \u00c9poca, medio, formaci\u00f3n religiosa, pa\u00eds, si\u00adtuaci\u00f3n, todo difiere hasta el extremo en el contexto humano. Y, con todo, por los dos lados hay una soledad semejante de cara a una llamada id\u00e9ntica, a una gracia singular, que debe desarrollarse- en maternidad espiritual. Teresa de \u00c1vila, hija de la cat\u00f3lica Espa\u00f1a, no sabe que Dios la destina a devolver a su fervor primitivo la vida de la Orden del Carmelo. \u00bfC\u00f3mo Isabel Seton, la joven y animo\u00adsa americana, bautizada en la iglesia episcopaliana, iba a poder prever que Dios le hab\u00eda asignado la tarea de ser fundadora, ella tambi\u00e9n, de transmitir su esp\u00edritu a cinco Congregaciones religiosas cat\u00f3licas?<\/p>\n<p>Se sabe cu\u00e1ntas luchas \u00edntimas, cuantas oposiciones exteriores debi\u00f3 afrontar la reformadora del Carmelo para responder a la vocaci\u00f3n que era la suya. \u00bfQui\u00e9n se asombrar\u00eda de que Isabel Seton tuviera que conocer, ella tambi\u00e9n \u00abuna tempestad de pruebas\u00bb?. En la una y en la otra, \u00abuna peque\u00f1a chispa\u00bb ha sido en\u00adcendida por el Se\u00f1or mismo. <em>Pero, por peque\u00f1a que sea, esa chispa tiene en nosotros una gran resonancia, <\/em>explica Santa Teresa. Si <em>no se extingue por nuestra culpa, comienza a arder en el alma un gran incendio que lanza a lo lejos sus llamas y produce ese inmenso amor con que el Se\u00f1or abraza a las almas perfec\u00adtas. La voluntad, es verdad, no puede entonces sino dar su consentimiento porque Dios la coge en su ardid<\/em>.<\/p>\n<p>Este consentimiento, Isabel Seton, como Teresa de Ahumada, acababa de darlo: <em>\u00a1Que tome todo lo que quiera, tan s\u00f3lo que no permita que le perdamos <\/em>a \u00c9l!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La gracia de una esposa alegra a su marido, y su ciencia le reconforta. La mujer silenciosa es un don del Se\u00f1or, la due\u00f1a de s\u00ed misma no tiene precio. 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