{"id":96078,"date":"2015-04-28T06:44:19","date_gmt":"2015-04-28T04:44:19","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=96078"},"modified":"2016-07-26T17:21:28","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:28","slug":"nuevos-datos-para-el-tema-de-la-cautividad-tunecina-de-vicente-de-paul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/nuevos-datos-para-el-tema-de-la-cautividad-tunecina-de-vicente-de-paul\/","title":{"rendered":"Nuevos datos para el tema de la cautividad tunecina de Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/04\/pamplona_iglesia061.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-142459\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/04\/pamplona_iglesia061-300x225.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"pamplona_iglesia061\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/a>A m\u00e1s de medio siglo de distancia de su primer planteamiento serio, el tema de la cautividad tunecina del joven Vicente de Pa\u00fal sigue siendo una cues\u00adti\u00f3n abierta. Ninguna de las dos tesis contrapuestas \u2014la afirmativa y la negativa\u2014 dispone en el estado actual de la investigaci\u00f3n de argumentos definitivos que im\u00adpongan su aceptaci\u00f3n sin reservas. Otra cosa es que tomas de posici\u00f3n previas, dictadas m\u00e1s por simpat\u00edas o antipat\u00edas que por convencimientos cient\u00edficos, pretendan forzar las conclusiones en uno u otro sentido. Mientras el debate se mantenga circunscrito al an\u00e1lisis interno de las cartas de la cautividad, el pro\u00adblema seguir\u00e1 en un callej\u00f3n sin salida: a cualquier reflexi\u00f3n sobre lo invero\u00ads\u00edmil de tales o cuales detalles de la narraci\u00f3n vicenciana podr\u00e1 oponerse siem\u00adpre una consideraci\u00f3n paralela sobre la posibilidad de los mismos.<\/p>\n<p>A mi entender, cualquier esfuerzo serio para la soluci\u00f3n del problema tiene que pasar, necesariamente, por la acumulaci\u00f3n de datos ajenos al propio San Vicente que iluminen el medio hist\u00f3rico en que pudieron ocurrir los hechos discutidos y por el recurso a las fuentes contempor\u00e1neas que contienen circunstancias y detalles an\u00e1logos a los de la real o imaginada aventura vicenciana.<\/p>\n<p>Sin ser demasiado abundantes, esos datos y esas fuentes existen. La literatura espa\u00f1ola de todos los g\u00e9neros es especialmente rica en unos y otras. Pero, fuera del Quijote o, en general, los escritos cervantinos, no han sido explorados hasta la fecha.<\/p>\n<p>Con la intenci\u00f3n de contribuir a la aportaci\u00f3n de materiales que permitir\u00e1n un d\u00eda la soluci\u00f3n definitiva del problema, he logrado reunir, al hilo de una inves\u00adtigaci\u00f3n m\u00e1s amplia, una breve pero importante serie de testimonios hist\u00f3ricos relativos al tema de los cautivos cristianos y la pirater\u00eda berberisca en los comien\u00adzos del siglo XVII, la \u00e9poca en que Vicente de Pa\u00fal asegura haber corrido la aventura m\u00e1s azarosa, y colorida de su larga biograf\u00eda.<\/p>\n<h2><strong>Testigos espa\u00f1oles de la esclavitud norteafricana<\/strong><\/h2>\n<p>El primer documento que voy a presentar es obra de un personaje harto co\u00adnocido de los lectores espa\u00f1oles, el Padre Jer\u00f3nimo Graci\u00e1n de la Madre de Dios, el famoso carmelita descalzo, organizador de la reforma teresiana en la rama masculina de la Orden. Sabido es c\u00f3mo, para asombro nuestro, la Madre Teresa lo antepuso en su estimaci\u00f3n al propio San Juan de la Cruz e hizo de \u00e9l el mayor elogio salido de la pluma de la santa. Sobrevivi\u00f3 el Padre Graci\u00e1n a los dos reformadores y, en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, peregrin\u00f3 por Europa: Sicilia, Roma, Flandes, hasta morir en Bruselas siendo confesor de la Archiduquesa Isabel Clara Eugenia, en el a\u00f1o 1614, a los sesenta y nueve a\u00f1os. Pero antes hab\u00eda sufrido, en medio de un viaje de Sicilia a Roma, la terrible experiencia de caer cautivo de los piratas berberiscos y ser vendido como esclavo en T\u00fanez. Impresionado por su propio calvario y por la miserable condici\u00f3n de los esclavos cristianos que pudo conocer durante los dos a\u00f1os de su cautiverio, decidi\u00f3 escribir un tratadito que llevara al \u00e1nimo del Sumo Pont\u00edfice y de todos los cristianos la necesidad de contribuir a la santa obra del rescate de cautivos. El libro tuvo una primera edi\u00adci\u00f3n en Roma en el a\u00f1o 1597 y una segunda en Bruselas en 1609, dos fechas que encierran como un par\u00e9ntesis las de la cautividad y las cartas vicencianas. Ambas ediciones constituyen hoy sendas joyas bibliogr\u00e1ficas. Me ha sido posible consul\u00adtarlas en la secci\u00f3n de \u00abRaros\u00bb de la Biblioteca Nacional de Madrid.<\/p>\n<p>El segundo autor se llama Fray Diego de Haedo. En realidad, habr\u00eda que hablar de autores, porque Diegos de Haedo hubo dos, t\u00edo y sobrino, ambos mon\u00adjes benedictinos. El primero, natural del valle de Carranza, de Santander, des\u00adpu\u00e9s de haber sido Inquisidor de Arag\u00f3n, Catalu\u00f1a y Valencia, fue obispo de Agrigento y, en los diecinueve \u00faltimos a\u00f1os de su larga vida, desde 1589 a 1608, Arzobispo de Palermo. En su sede siciliana, privilegiado observatorio, por la cer\u00adcan\u00eda, de cuanto suced\u00eda en el norte de Africa, se dedic\u00f3 pacientemente a recopilar toda clase de testimonios sobre la vida y costumbres de los piratas berberiscos y sus cautivos cristianos. De modo especial le proporcionaron informaci\u00f3n tres ex- cautivos espa\u00f1oles que hab\u00edan sido compa\u00f1eros de infortunio del autor del Qui\u00adjote: el doctor Antonio de Sosa, el capit\u00e1n Jer\u00f3nimo Ram\u00edrez y el caballero san\u00adjuanista Antonio Gonz\u00e1lez de Torres. Con el material aportado por \u00e9stos y otros muchos testigos compuso un documentad\u00edsimo tratado de la historia y geograf\u00eda de Argel y tres di\u00e1logos acerca de la condici\u00f3n de los esclavos cristianos en aquella regencia. Entreg\u00f3 el borrador de la obra a su sobrino, a quien prepa\u00adraba para sucesor suyo en la sede de Palermo. El sobrino, que no lograr\u00eda ver realizadas tales aspiraciones, por lo que hubo de conformarse con ser Abad de Fr\u00f3mista, vino a Espa\u00f1a, dio forma definitiva a la obra de su t\u00edo e inici\u00f3 las gestiones para la publicaci\u00f3n de la misma, tarea en la que emple\u00f3 ocho largos a\u00f1os: desde que a fines de 1604 solicit\u00f3 la primera licencia para su impresi\u00f3n, hasta que la vio salir de las prensas en 1612, cuando el buen arzobispo hab\u00eda pasado ya a mejor vida. La obra del Padre Haedo ha sido caudalosa fuente de noticias para todos los cervantistas, desde Masd\u00e9u, Mayans, Gallangos y Fern\u00e1ndez Navarrete hasta Clemenc\u00edn, Navarro Ledesma, Rodr\u00edguez Mar\u00edn o Astrana Mar\u00edn. En la Biblioteca Nacional he manejado precisamente el ejemplar que perteneci\u00f3 a Gallangos y en cuyos m\u00e1rgenes dej\u00f3 sus anotaciones el gran erudito.<\/p>\n<p>Un tercer autor de indudable valor como fuente de informaciones sobre la cau\u00adtividad cristiana en Africa del Norte es el padre mercedario Fr. Gabriel G\u00f3mez de Losada, personaje importante en el siglo XVII espa\u00f1ol. Entre otros oficios des\u00adempe\u00f1\u00f3 los de lector de Sagrada Teolog\u00eda y Rector del Colegio de la Vera Cruz de Salamanca, sustituto de las c\u00e1tedras de Prima, Teolog\u00eda Moral y Santo Tom\u00e1s de aquella universidad; definidor general de su orden y redentor general de Argel. Fue autor de numerosos escritos. El que a nosotros nos interesa es el dedicado a relatar las penalidades de los cautivos argelinos, que \u00e9l hab\u00eda observado y vivido personalmente. La obra se public\u00f3 en fecha posterior a la muerte de San Vicente: 1670, pero recoge informes de a\u00f1os anteriores, cuando el autor iba y ven\u00eda al norte de \u00c1frica en desempe\u00f1o de su oficio de redentor general de cau\u00adtivos.<\/p>\n<p>Por cierto que, entre otras noticias relacionadas con algunos de los datos ofre\u00adcidos por las cartas de la cautividad de San Vicente, ofrece la, para nosotros, ines\u00adtimable sobre la actividad de los capellanes de cautivos. Nos informa, en efecto, de que en la casa del c\u00f3nsul de Francia, hab\u00eda pila bautismal para los hijos de los cristianos y se custodiaba el \u00f3leo para administrar la Extremaunci\u00f3n a los enfermos. Refiere tambi\u00e9n que en los oratorios de los hospitales cristianos y se\u00f1a\u00adladamente en el del Ba\u00f1o del Rey, nunca faltaban sacerdotes para administrar los santos sacramentos; all\u00ed se pon\u00eda el monumento de Jueves Santo, se cantaban misas con m\u00fasica de voces e instrumentos y el a\u00f1o 1665 se celebr\u00f3 un jubileo con tanto quietud y libertad como pudiera ser en cualquier convento de Madrid. Encontramos as\u00ed confirmado por una fuente extra\u00f1a lo que ya sab\u00edamos nosotros por las cartas de los Levacher o Barrean y el propio San Vicente.<\/p>\n<p>A esos tres grandes autores hay que agregar otros que, tratando de asuntos distintos, tienen referencias ocasionales a sucesos y personajes de la pirater\u00eda y la cautividad norteafricana. As\u00ed el pintoresco monje jer\u00f3nimo del Escorial Fray Jer\u00f3nimo de Sep\u00falveda, quien compuso un curios\u00edsimo libro de memorias, en que refiere sucesos de los reinados de Felipe II y Felipe III, que \u00e9l vivi\u00f3 desde su observatorio escurialense. La obra permaneci\u00f3 in\u00e9dita hasta que la public\u00f3 en 1924 el Padre Zarco. Mara\u00f1\u00f3n la utiliz\u00f3 ampliamente en su biograf\u00eda de Antonio P\u00e9rez. Para nuestro tema ofrece la referencia de una famosa evasi\u00f3n de Argel ocurrida en 1585.<\/p>\n<p>Finalmente, otro suceso que guarda no pocos puntos de contacto con la his\u00adtoria vicenciana lo encontramos recogido por el erudito Alonso N\u00fa\u00f1ez de Castro en el episodio de un joven cautivo, natural de Guadalajara, que logr\u00f3 huir de Argel en circunstancias que llamar\u00edamos novelescas si no supi\u00e9ramos que son ri\u00adgurosamente hist\u00f3ricas.<\/p>\n<h2><strong>Los testimonios<\/strong><\/h2>\n<p>Veamos ahora los puntos de contacto que estas variadas fuentes guardan con la sustancia y los detalles m\u00e1s controvertidos de la narraci\u00f3n vicenciana. Por razones de claridad y m\u00e9todo, pero sin af\u00e1n pol\u00e9mico alguno, seguir\u00e9 en la exposici\u00f3n el orden de las principales inverosimilitudes puestas de relieve por Grand\u00adchamp en el relato vicenciano, confront\u00e1ndolas con situaciones o actuaciones pa\u00adralelas documentadas en las fuentes espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>Empecemos por el relato que el Padre Graci\u00e1n dej\u00f3 de su propia captura por los piratas tunecinos.<\/p>\n<p>\u00abEl a\u00f1o 1593, a 10 de octubre, volviendo de predicar de Sicilia y embarc\u00e1ndome en un\u00e1 fragata en Gaeta para Roma, junto a Monte Cerzel, como a dos leguas de donde salimos, a las diez de la ma\u00f1ana nos encontr\u00f3 una galeota de turcos que me cautivaron, y en un punto me vi desnudo, aprisionado y despojado de lo que m\u00e1s pudiera tener codicia, que eran unos papeles de doctrina de esp\u00edritu, que hab\u00eda escrito con mucho trabajo y llevaba para imprimir en Roma, sintiendo (como era raz\u00f3n) ver que los turcos limpiaban con ellos sus escopetas. Con\u00adfi\u00e9sote que aunque el suceso fue \u00e1spero, me consol\u00e9, porque con \u00e9l sal\u00ed de unas congojas de esp\u00edritu que entonces me apretaban de las cuales y de lo que pasa en un alma afligida de consuelo escrib\u00ed un libro sobre el Apocalipsis de San Juan que alg\u00fan d\u00eda saldr\u00e1 a la luz. Fuimos a la isla de Ventor en cerca de N\u00e1poles, donde un turco me hizo la se\u00f1al de la cruz en las plantas de los pies con un hierro ardiente; y preguntando yo a un cristiano cautivo por qu\u00e9 lo hab\u00eda hecho, me respondi\u00f3 ser ceremonia de los turcos cuando hac\u00eda mal tiempo si llevaban alg\u00fan sacerdote cautivo hacerle aquella se\u00f1al en oprobio de la cruz de Cristo y que si no se mudaba el tiempo me hab\u00edan que quemar vivo. Luego llegaron a la misma isla dos galeras del Baj\u00e1 de T\u00fanez y otros seis bergantines de Bizerta y mejorando el tiempo salieron a hacer galima por aquellas costas; donde se padeci\u00f3 algo en mes y medio que anduvimos embarcados con la falta de agua y bizcocho, descomodidad del bajel y animar algunos cristianos que iban cautivando y con los que ven\u00edan heridos, que fueron entre todos ciento noven\u00adta\u00bb.<\/p>\n<p>Uno de los reproches que Grandchamp hace a San Vicente es que \u00e9ste no se ocupe en su carta de relatar la suerte de los dem\u00e1s compa\u00f1eros de cautividad: \u00bfqu\u00e9 fue de los compa\u00f1eros de Vicente y en particular del gentilhombre con quien se hab\u00eda embarcado? Se encuentra siempre en este g\u00e9nero de relatos una o varias alusiones a los que han sido capturados con el narrador y a quienes la esclavitud ha reunido despu\u00e9s en el mismo ba\u00f1o o en ba\u00f1os vecinos. Ni palabra de esto en la carta al se\u00f1or de Comet. El gentilhombre, el pasaje y tripulaci\u00f3n del nav\u00edo \u2014numeroso, puesto que no temi\u00f3 defenderse contra tres bergantines corsarios\u2014 todos se volatilizan y, a parte del piloto, descuartizado en cien mil pedazos, no se volver\u00e1 a hacer menci\u00f3n de ellos en general ni de uno solo en particular\u00bb.<\/p>\n<p>Obs\u00e9rvese que exactamente el mismo procedimiento narrativo reprochado por Grandchamp a San Vicente sigue el Padre Graci\u00e1n y quiz\u00e1s m\u00e1s acentuado: inme\u00addiatamente de decir que \u00abnos encontr\u00f3 una galera de turcos\u00bb, a\u00f1ade: \u00abque me apresaron\u00bb. San Vicente, por lo menos, contin\u00faa todo el p\u00e1rrafo en primera persona del plural. Por lo dem\u00e1s, tampoco Graci\u00e1n habla en todo el libro de la suerte corrida por sus concautivos y eso que \u00e9l se dirig\u00eda al p\u00fablico en general y no a un conocido suyo en privado y dispon\u00eda de mayor espacio que el de una carta para extenderse en detalles. Todo sucede como si \u00e9l fuese el \u00fanico prota\u00adgonista del episodio. Acaso la atenci\u00f3n prestada a la propia desventura hace al cautivo \u2014a los cautivos: Jer\u00f3nimo Graci\u00e1n y Vicente de Pa\u00fal\u2014 desentenderse por completo de lo ocurrido a sus compa\u00f1eros. El foco se concentra en la figura principal, que, para el narrador, es la suya propia y relega al confuso fondo de la instant\u00e1nea el acompa\u00f1amiento y el paisaje. Al menos en un relato del g\u00e9nero, contra la expl\u00edcita afirmaci\u00f3n de Grandchamp, las cosas se desarrollan exacta\u00admente igual que en el de San Vicente.<\/p>\n<h2><strong>Bergantines turcos en costas cristianas<\/strong><\/h2>\n<p>A continuaci\u00f3n subraya Grandchamp, en unas pocas l\u00edneas de la carta vicen\u00adciana, una serie de contradicciones con lo que \u00e9l estima que deb\u00eda ser la ac\u00adtuaci\u00f3n de los corsarios.<\/p>\n<p>\u00abUna vez capturado el nav\u00edo de Vicente, los marineros turcos saquean los barcos franceses que encuentran <strong>durante siete u ocho d\u00edas, <\/strong>dejando en libertad a los que se rinden sin combatir. Informe singular y poco conforme con lo que se sabe de las costumbres de los corsarios. Estos, en efecto, se cuidaban mucho de no permanecer en los mismos parajes despu\u00e9s de un captura, y de no dejar libres los barcos asaltados y sobre todo a sus tripulantes, los cuales a nada se hubieran apresurado tanto como a dar la alarma en la costa e indicar la situa\u00adci\u00f3n y direcci\u00f3n de los nav\u00edos africanos. Prescindiendo de otras consideraciones, siete u ocho d\u00edas de crucero, a los cuales hay que sumar el tiempo necesario para venir desde T\u00fanez hasta las costas de Provenza y regresar a la africana parece muy exagerado\u00bb.<\/p>\n<p>Es curioso que en todos los puntos que le parecen fuera de lugar a Grand\u00adchamp, los testimonios espa\u00f1oles concuerden con las afirmaciones vicencianas y no con las apreciaciones del erudito investigador.<\/p>\n<p>Hemos visto c\u00f3mo Graci\u00e1n afirma que estuvieron embarcados, no siete u ocho d\u00edas, sino mes y medio, aunque, eso s\u00ed, \u00abse padeci\u00f3 algo\u00bb \u00abcon la falta de agua y bizcocho\u00bb. Haedo, por su parte, nos informa m\u00e1s detalladamente que Graci\u00e1n sobre las costumbres de los piratas. \u00abLos bajeles peque\u00f1os\u00bb \u2014dice\u2014 \u00abnavegan de con\u00adtinuo todo el verano e invierno sin cesar ni reposar\u00bb y, precisando m\u00e1s, \u00aben veinte d\u00edas o treinta o poco m\u00e1s que salen de sus casas vac\u00edos, pobres y ham\u00adbrientos, vuelven hartos, ricos y abundantes y sus bajeles cargados todos y me\u00adtidos en el hondo de riquezas\u00bb). Con lo que resulta que los quince d\u00edas de expedici\u00f3n calculados por Grandchamp sobre la base de los datos vicencianos pecan m\u00e1s por defecto que por exceso.<\/p>\n<p>Contradicci\u00f3n m\u00e1s grande, si cabe, hay entre el juicio de Grandchamp a cerca de la precauci\u00f3n de los piratas por no permanecer en los mismos parajes donde cometieron un asalto por miedo a las galeras cristianas y las tajantes afirmaciones de los testigos espa\u00f1oles.<\/p>\n<p>Los piratas que capturaron a Graci\u00e1n \u00abvinieron de noche a embestir en el burgo de Gaeta y todo el d\u00eda siguiente hicieron escala entre ella y N\u00e1poles, con atrevida seguridad, como si estuvieran entre Bizerta y T\u00fanez. Y al d\u00eda siguiente se fueron al Golfo de N\u00e1poles cabe el mismo castillo y all\u00ed tomaron muchas barcas de las que ven\u00edan a la Torre del Griego y Castelamar con provisi\u00f3n\u00bb. El miedo a las galeras cristianas era inexistente: \u00abNinguna otra cosa les sustenta en su soberbia y orgullo sino la poca resistencia que hallan entre los cristianos; con la cual est\u00e1n tan vanagloriosos que ning\u00fan miedo tienen de nuestras gale\u00adras\u00bb. La raz\u00f3n de su confianza era la superior maniobrabilidad de los barcos piratas: \u00abNovegan todo el verano e invierno y tan sin temor se pasean por todos los mares de Poniente y Levante, burl\u00e1ndose de las galeras cristianas en cuanto ellas est\u00e1n banqueteando, jugando y trombeteando en los puertos de cristiandad como y ni m\u00e1s ni menos si anduviesen a caza de muchas liebres y conejos, ma\u00adtando aqu\u00ed uno y all\u00ed otro. Antes tienen muy por cierto que, seg\u00fan traen sus galeotas tan listas, tan en orden y tan ligeras, y al contrario las galeras cris\u00adtianas, tan pesadas, con tan grande confusi\u00f3n y embarazo, que es por dem\u00e1s darles caza o pensar que les pueden estorbar el camino por do quieren y robar a su placer. Y de aqu\u00ed viene que cuando las galeras cristianas les dan caza, usan ellas por burlarse y mofar de ellas, mostrarles el sevo caminando y huyendo como que les muestran el trasero; y como en la arte de corsarios son tan pr\u00e1c\u00adticos y tan ejercitados, y a\u00fan por nuestros pecados tan venturosos y afortu\u00adnados, a pocos d\u00edas que salen de Argel vuelven cargados de infinitas riquezas y cautivos y pueden en el a\u00f1o hacer tres y cuatro viajes y a\u00fan m\u00e1s, si m\u00e1s veces y m\u00e1s presto quieren salir\u00bb.<\/p>\n<p>Por esas razones, cada expedici\u00f3n era aprovechada al m\u00e1ximo, procurando hacer todas las presas posibles, a\u00fan a riesgo de repetir la suerte una y otra vez. Es decir, que las costumbres de los piratas eran exactamente las contrarias de las que supone Grandchamp: \u00aba placer se pasean por todos los mares de Levante y Poniente, sin ning\u00fan temor y como libres y absolutos se\u00f1ores dellas&#8230;; aqu\u00ed toman una nave cargada de oro que viene de Flandes y acull\u00e1 otra de Ingla\u00adterra, y luego otra de Portugal y m\u00e1s adelante otra de Venecia y despu\u00e9s otra de Sicilia o N\u00e1poles o Liorna o G\u00e9nova\u00bb, sin que se exceptuaran las naves francesas, porque \u00absi no hallan nav\u00edos cristianos que robar, por no se volver vac\u00edos, roban los nav\u00edos franceses, con quien tienen paz y alianza&#8230; y en con\u00adclusi\u00f3n no topar\u00e1n nav\u00edo franc\u00e9s que no le fuercen a pagar al momento y ofrecer algo de bueno, no perdonando enemigo ni amigo\u00bb. Una vez m\u00e1s, los datos de San Vicente se muestran precisos y exactos; menos imaginativo y colorista que Haedo, se limita a decir: \u00abprosiguieron su rumbo, cometiendo mil clases de robos&#8230; Y finalmente cargados de mercanc\u00eda, al cabo de siete u ocho d\u00edas to\u00admaron la ruta de Berber\u00eda\u00bb. Las palabras son distintas, pero el fondo coincide de manera sorprendente. Ni Graci\u00e1n, ni Haedo ni Vicente de Pa\u00fal piensan que los corsarios tomaran tan en serio como Grandchamp a las galeras cristianas, cualquiera que fuese su nacionalidad.<\/p>\n<h2><strong>La provisi\u00f3n de agua<\/strong><\/h2>\n<p>Otro problema de la carta vicenciana lo representa para Grandchamp la difi\u00adcultad de los piratas para proveerse de agua dulce en navegaciones que excedieran de una semana: \u00abLos bergantines, como se sabe, no eran sino peque\u00f1as galeras, muy r\u00e1pidas y que llevaban una sola vela. Para estos nav\u00edos, como para todos los de la misma familia, era capital la cuesti\u00f3n del agua dulce para la tripulaci\u00f3n y el pasaje. Es veros\u00edmil que fuesen incapaces de mantenerse en el mar durante m\u00e1s de quince d\u00edas \u2014como hubiera sido el caso aqu\u00ed\u2014 sin renovar la provisi\u00f3n del precioso l\u00edquido\u00bb.<\/p>\n<p>Acudamos de nuevo a los documentos espa\u00f1oles. Haedo nos informa del tama\u00f1o real de los bergantines: \u00abLos bajeles que usan para andar en corso son galeotas o bergantines, que ellos llaman fragatas: el bergant\u00edn es de ocho hasta trece bancos o remos por banda y la galeota de catorce hasta veinticuatro\u00bb. En cada banco hab\u00eda tres o cuatro remeros: \u00abcasi todos llevan tres (cristianos) por remo y muchos a cuatro, a lo menos en el cuartel de popa\u00bb. No eran, pues, tan peque\u00f1os como parece dar a entender Grandchamp al aludir al hecho de que tuvieran una sola vela. Tanto m\u00e1s cuanto que no era \u00e9sta la fundamental fuerza de propulsi\u00f3n; seg\u00fan explica tambi\u00e9n Haedo: \u00abjam\u00e1s reposan ni el d\u00eda ni la noche, caminando siempre a remo, sin hacer jam\u00e1s la vela, porque no sean de lejos vistos y descubiertos.<\/p>\n<p>La provisi\u00f3n de agua no representaba un problema insoluble. En primer lugar, porque con frecuencia llegaban hasta la costa para hacer la aguada aunque fuera \u00abmuy de priesa y arrebatadamente porque no sean vistos ni sentidos\u00bb, y en segundo lugar, porque les importaba muy poco que remeros y cautivos padecieran sed o incluso murieran de ella o se vieran obligados a beber agua del mar, con lo que las necesidades estrictas de agua se limitaban a las de los marineros y sol\u00addados: \u00abY en cuanto al beber, cada uno (de los galeotes cristianos) se ha de proveer de la agua que pudiere cuando en alguna parte la hacen muy de priesa y arrebatadamente, porque no sean vistos ni sentidos, que si esto no hacen, bien se puede morir un cristiano reventado de sed y no hallar\u00e1 quien de compasi\u00f3n le d\u00e9 o mande dar una gaveta de agua; antes muchas veces con la codicia que tienen estos ladrones de robar continuo, dejan de hacer agua y tienen tan poca compasi\u00f3n de los m\u00edseros cristianos que perecen de pura sed o falta de agua, que unos se mueren dello y otros son forzados de la \u00faltima necesidad a beber la misma agua salada de la mar, como ahora acaeci\u00f3 en el bajel de Mam\u00ed Corso, en el cual se murieron de sed 32 cristianos y bogadores y de nuevo tomados y me juraron estos esclavos de mi patr\u00f3n que fueron en \u00e9l, que m\u00e1s de ocho d\u00edas no bebieron ellos ninguna otra agua que la salada de la mar\u00bb. M\u00e1s lac\u00f3nico, el Padre Graci\u00e1n pinta el mismo cuadro con menos palabras: \u00abY como de ordi\u00adnario las galeotas andan huyendo y robando en las costas de los cat\u00f3licos, no tienen aquella comodidad para hacer el agua que tienen las galeras de cristianos y as\u00ed acaece muchas veces desfallecer en el remo por la hambre y la sed\u00bb.<\/p>\n<p>Nada inveros\u00edmil parece haber, por tanto, en la afirmaci\u00f3n vicenciana de que los tres bergantines que apresaron su barco permanecieran siete u ocho d\u00edas por las costas de Provenza, llevando a cabo otros mil asaltos y tropel\u00edas. A la vista de los informes de Haedo y Graci\u00e1n, la narraci\u00f3n vicenciana resulta incluso exce\u00adsivamente sobria y contenida.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el silencio vicenciano sobre el destino del barco capturado, del que tanto se extra\u00f1a Grandchamp: (\u00ab\u00bfQu\u00e9 fue del barco capturado? Vicente no lo dice, aunque el detalle tenga su importancia. Tambi\u00e9n \u00e9l se ha volatilizado, como el gentilhombre y el pasaje\u00bb) encuentra su paralelo en los testimonios que esta\u00admos examinando: tampoco el Padre Graci\u00e1n dice ni una sola palabra de la suerte corrida por el nav\u00edo en que \u00e9l fue aprisionado. Evidentemente, preocupado por dar cuenta de su odisea personal se ha olvidado por completo de la embarcaci\u00f3n. Haedo, con informes m\u00e1s amplios que los de Graci\u00e1n nos explica que \u00ablos cascos y bucos de los nav\u00edos de toda suerte que se toman son del Rey\u00bb, aunque, en general, a los barcos franceses \u00ablos echan al fondo\u00bb, sin duda para evitar complicaciones con el c\u00f3nsul de aquella naci\u00f3n. Eso pudo pasar con el barco de San Vicente, con lo que \u00e9ste no volvi\u00f3 a pensar en el dichoso buque.<\/p>\n<h2><strong>Presas en libertad<\/strong><\/h2>\n<p>Mayor inter\u00e9s ofrece todav\u00eda la coincidencia entre la carta vicenciana y los informes de Haedo y Losada sobre otro punto que suscit\u00f3 tambi\u00e9n la incredulidad de Grandchamp: la afirmaci\u00f3n de que los corsarios dejaran en libertad a los nav\u00edos que se rend\u00edan sin combatir. He aqu\u00ed las palabras exactas de San Vicente: \u00absiguieron su rumbo, cometiendo mil clases de robos, aunque dando libertad, despu\u00e9s de haberlos saqueado, a todos los que se rend\u00edan sin combatir\u00bb.<\/p>\n<p>A una costumbre parecida alude Haedo en el siguiente pasaje: \u00abSi combaten alg\u00fan nav\u00edo que no se quiso rendir, el turco que primero le entra y hace rendir, puede escoger de todos los cristianos del nav\u00edo el que m\u00e1s le agradare, como no sea de gran cantidad y rescate&#8230;, mas si el nav\u00edo se rinde sin pelear no nada tienen de los cautivos y la ropa sola es suya y lo m\u00e1s que pueden asir\u00bb. En t\u00e9rminos casi id\u00e9nticos se expresa G\u00f3mez de Losada. Es decir, que en los barcos que se rend\u00edan espont\u00e1neamente, la soldadesca no pod\u00eda reclamar como suyo ning\u00fan cautivo, con lo que perd\u00edan inter\u00e9s en hacerlos prisioneros. Esta ley pudo dar pie a la interpretaci\u00f3n vicenciana de que se los dejaba en libertad. Sea de ello lo que sea, no cabe duda de que en bastantes barcos la acci\u00f3n cor\u00adsaria se limitaba al saqueo y pon\u00eda en libertad a viajeros y tripulantes, sobre todo en los buques franceses. Nos informa de ello un p\u00e1rrafo de Haedo que ya citamos antes a otro<sup>.<\/sup> respecto: \u00abY salidos una vez, si no hallan nav\u00edos cristianos que robar, por no se volver vac\u00edos, roban a los nav\u00edos franceses con quien tienen paz y alianza y no contentos de robarlos (porque no se sepa el mal que hacen) los ahogan en la mar y les echan los nav\u00edos al fondo y, cuando mucho, los acarician tom\u00e1ndoles todo el bizcocho, vino, aceite, vinagre que quieren y a\u00fan de las mercader\u00edas que llevan y si alg\u00fan \u00e1rbol o vela o gumera del nav\u00edo les agrada para reparar y proveer sus galeotes es usanza ordinaria tomarlo todo y pasarlo a sus bajeles y en conclusi\u00f3n no topar\u00e1n nav\u00edo franc\u00e9s que no le fuercen a pagar al momento y ofrecer algo de bueno, no perdonando enemigo ni amigo; pero todo eso y mucho m\u00e1s merecen esos franceses, los cuales sin ning\u00fan temor de Dios y con tanto da\u00f1o de la cristiandad les proveen de continuo\u00bb. Prescindamos del exabrupto antigalo de Haedo, fruto de la hostilidad hispano- francesa del momento. Lo que s\u00ed resulta claro es que los nav\u00edos franceses ten\u00edan no peque\u00f1a posibilidad de quedar libres (despu\u00e9s de ser \u00abacariciados\u00bb y obligados a entregar sus provisiones y mercanc\u00edas), lo cual concuerda con la afirmaci\u00f3n vicenciana de que daban libertad a los que se rend\u00edan sin combatir.<\/p>\n<h2><strong>El c\u00f3nsul de Francia y los cautivos franceses<\/strong><\/h2>\n<p>La menci\u00f3n concreta de los barcos franceses nos lleva a otro de los problemas levantados por Grandchamp: el de por qu\u00e9 Vicente de Pa\u00fal, siendo franc\u00e9s, no recurri\u00f3 al c\u00f3nsul de su naci\u00f3n para ser puesto en libertad: \u00abLlegados a Ber\u00adber\u00eda, los corsarios ponen en venta a sus prisioneros, con proceso verbal en el que se dec\u00eda que hab\u00edan sido capturados en un nav\u00edo espa\u00f1ol, porque, a\u00f1ade Vicente, \u00absin esta mentira hubi\u00e9ramos sido libertados por el c\u00f3nsul que el rey tiene all\u00ed para asegurar el libre comercio a los franceses\u00bb. Es extra\u00f1o que este desenvuelto jovenzuelo a quien hemos visto, seg\u00fan propia confesi\u00f3n, ocuparse de sus intereses con tenacidad y decisi\u00f3n muy notables, no haya sabido reaccionar. Puesto que tanto \u00e9l como sus compa\u00f1eros estaban al tanto de la mentira de los Grandchamp encuentra aqu\u00ed uno de los fallos m\u00e1s notables de la carta de la cautividad, hasta el punto de hacerle pensar que Vicente de Pa\u00fal no estuvo nunca en T\u00fanez. Comentando las frases del proceso de venta: \u00abnos pasearon por la ciudad de T\u00fanez, a donde hab\u00edan ido expresamente para vendernos. Tras obligar\u00adnos a dar tres o cuatro vueltas por la ciudad, nos devolvieron al barco&#8230; Hecho \u00e9sto, nos condujeron de nuevo a la plaza\u00bb, escribe: \u00ab\u00bfA qu\u00e9 barco? \u00bfA d\u00f3nde? Vicente ignoraba, evidentemente, que T\u00fanez no es puerto de mar y que est\u00e1 sepa\u00adrado de la costa por un lago cenagoso, accesible s\u00f3lo a barcazas del tipo chalanas. Ahora bien, es seguro que los arraeces no guardaban a los esclavos capturados a bordo de las chalanas \u2014as\u00ed se llaman las barcazas\u2014, sino que, en cuanto llegaban a T\u00fanez, los encerraban en los ba\u00f1os instalados a tal efecto\u00bb.<\/p>\n<p>Nuestro Padre Graci\u00e1n s\u00ed tuvo muy en cuenta las verdaderas condiciones geo\u00adgr\u00e1ficas de T\u00fanez: \u00abLlegamos a Bizerta, puerto de Berber\u00eda&#8230; y as\u00ed me llevaron a T\u00fanez, que est\u00e1 diez leguas de Bizerta, pasando por un r\u00edo que aunque se sol\u00eda vadear, por haber crecido mucho fue necesario pasarle nadando los caballos y desnudos los que iban encima, que fue la primera vez que me vi en semejante trance\u00bb (39). Tambi\u00e9n el P. Haedo ofrece datos muy precisos acerca de la situaci\u00f3n de la ciudad y as\u00ed escribe: \u00ablleg\u00f3 Aruch [Barbarroja] a T\u00fanez tomando tierra en la Goleta, que entonces no era m\u00e1s que una torre peque\u00f1a, que serv\u00eda de aduana en que los nav\u00edos de mercaderes que por mar contrataban en T\u00fanez descargaban todas sus mercadur\u00edas y fue esto en el verano de 1504\u00bb. Y en otro lugar: \u00abY prosiguiendo adelante, desembarc\u00f3 [Barbarroja] en la Goleta a curar de la herida del brazo. Y porque \u00e9l no quer\u00eda alejarse mucho de sus bajeles, hermanos y Turcos, dio orden a Chered\u00edn, el segundo hermano (que quedaba en su lugar), que metiese los nav\u00edos todos dentro de el Canal de la Goleta y \u00e9l, con los dem\u00e1s, se fue a T\u00fanez para curarse\u00bb.<\/p>\n<p>Se tomase, pues, como punto de desembarco Bizerta o La Goleta, siempre era necesario trasladarse luego a T\u00fanez, por tierra desde Bizerta o por el lago desde La Goleta. La carta de San Vicente parece ignorar tales datos y los testi\u00admonios espa\u00f1oles acent\u00faan lo singular de ese desconocimiento. Las cosas, sin embargo, no est\u00e1n del todo claras: San Vicente no dice que desembarcaran en T\u00fanez; por el contrario, habla de que los corsarios \u00abhab\u00edan ido expresamente a la ciudad de T\u00fanez para vendernos\u00bb, lo que parece insinuar un traslado desde el punto de desembarco; y, finalmente, afirma, no que los devolvieran a los bergan\u00adtines, como parece entender Grandchamp, sino al \u00abbateau\u00bb. Ahora bien, seg\u00fan consta por el Diccionario de Fureti\u00e9re, en el siglo XVII, \u00abbateau\u00bb era s\u00f3lo el barco de r\u00edos, lagos y estanques&#8230;. Digno de notarse es tambi\u00e9n que tanto Graci\u00e1n, como Haedo y Losada, otras veces, dejan a un lado precisiones geogr\u00e1ficas, que tan bien conocen, y hablan de T\u00fanez como si fuera puerto de mar: \u00abContar\u00e9 lo que vi desde que llegu\u00e9 cautivo a T\u00fanez\u00bb. En realidad, como sabemos, lleg\u00f3 a Bizerta. \u00abEn T\u00fanez y Bizerta (se encontraban) las tres (Galeras) en el Baj\u00e1 Mami Corso, Eliz Arraez, Cartali Zambali\u00bb. No pod\u00edan, desde luego, estar en T\u00fanez, sino en La Goleta. \u00abTodo el d\u00eda siguiente, [los corsarios] hicieron escala entre ella [Gaeta] y N\u00e1poles, con atrevida seguridad, como si estuvieran entre T\u00fanez y Bizerta\u00bb. En rigor, deber\u00eda haber dicho \u00abentre La Goleta y Bizerta\u00bb. Haedo indica que \u00ablos que van [de corso] para Levante van con la presa a T\u00fanez o a Bizerta\u00bb. El sab\u00eda muy bien que no pod\u00edan ir a T\u00fanez, sino a La Goleta. Por \u00faltimo, hay en San Vicente una muy precisa localizaci\u00f3n geogr\u00e1fica, o mejor topogr\u00e1fica, que apunta con exactitud a la ciudad de T\u00fanez: el zoco de venta de los esclavos estaba en una plaza: \u00abnos condujeron de nuevo a la plaza, adonde acudieron los mercaderes.\u00bb Es lo mismo que sabemos por Graci\u00e1n: \u00abVi a unas beatas y otras doncellas calabresas y corsas que se vendieron en el Bazar o plaza, tra\u00eddas en la galima del mes de agosto de 94\u00bb. En Argel, por el contrario \u2014lo vimos m\u00e1s arriba, en un pasaje de Haedo\u2014, el zoco de venta estaba en una calle&#8230;<\/p>\n<h2><strong>Las lenguas de T\u00fanez y Argel<\/strong><\/h2>\n<p>Carece, por el contrario, de toda fuerza, el argumento contra la veracidad de la carta vicenciana basado en la imposibilidad de que Vicente de Pa\u00fal pudiera entenderse con el m\u00e9dico espagirita o con la mujer del renegado en una lengua que no conoc\u00eda: \u00abPasemos, dice Grandchamp, sobre la aventura del m\u00e9dico y la facilidad con que se comprend\u00edan, sobre asuntos muy dif\u00edciles, el viejo amo y el joven esclavo, que no hablaban la misma lengua, y porque no podemos creer que en un a\u00f1o Vicente aprendiera \u00e1rabe suficiente para poder conversar de alquimia y de religi\u00f3n musulmana\u00bb.<\/p>\n<p>El P. Graci\u00e1n, casi cincuent\u00f3n cuando fue hecho prisionero, logr\u00f3 comunicarse sin mayores problemas, como se desprende de la lectura de su libro, con arraeces, mercaderes, turcos, \u00e1rabes y hasta con el propio Baj\u00e1. Y es que, como consta por innumerables testimonios, el m\u00e1s conocido de los cuales es el de Miguel de Cervantes, en las costas norteafricanas corr\u00eda una \u00ablingua franca\u00bb, especie de lenguaje internacional en que todos se entend\u00edan y conclu\u00edan todo tipo de tratos y contratos. Escuchemos al P. Haedo, especialmente expl\u00edcito al respecto: \u00abTres son las lenguas que ordinariamente se hablan en Argel. La primera turquesca&#8230; y hay muchos cristianos cautivos que saben muy bien hablar turquesco, que deprenden con la conversaci\u00f3n de los tur\u00adcos. La segunda es morisca.<\/p>\n<p>La tercera lengua que en Argel se usa es la que los moros y turcos llaman franca o hablar franco, llamado ansi a la lengua y modo dehablar cristiano, no porque ellos hablen toda la lengua y manera de hablar de cristiano o porque este hablar (a que ellos llaman franco) sea de alguna particular naci\u00f3n cristiana que lo use, mas porque me\u00addiante este modo de hablar que est\u00e1 entre ellos en uso, se entienden con los cristianos, siendo todo \u00e9l una mezcla de varias lenguas cristia\u00adnas y de vocablos que por la mayor parte son Italianos y Espa\u00f1oles y algunos portugueses de poco ac\u00e1, despu\u00e9s que de Tetu\u00e1n y Fez truje\u00adron a Argel grand\u00edsimo n\u00famero de portugueses que se perdieron en la batalla del rey de Portugal don Sebasti\u00e1n. Y juntando a esta confusi\u00f3n y mezcla tan diversos vocablos y maneras de hablar de diversos Reinos, provincias y naciones cristianas la mala pronunciaci\u00f3n de los moros y turcos y no saben ellos variar los modos, tiempos y casos como los cristianos (cuyos son propios) aquellos vocablos y modos de hablar, viene a ser el hablar franco de Argel casi una jerigonza o, a lo menos, un hablar de negro bozal tra\u00eddo a Espa\u00f1a de nuevo. Este hablar franco es tan general que no hay casa do no se use y porque tampoco no hay ninguna do no tengan cristianos y muchas que no hay turco ni moro grande ni peque\u00f1o, hombre o mujer, hasta los ni\u00f1os, que poco o mucho, y los m\u00e1s de ellos muy bien, no le hablen, y por \u00e9l no entiendan los cristianos, los cuales se acomodan al momento a aquel hablar; dejemos aparte que hay muchos turcos y moros que han estado cautivos en Espa\u00f1a, Italia y Francia y por otra parte una multitud infinita de renegados de aquellas y otras provincias y otra gran copia de Jud\u00edos que han estado ac\u00e1 que hablan Espa\u00f1ol, Italiano y Franc\u00e9s muy lindamente y a\u00fan todos los hijos de los renegados y renegadas que en la teta deprendieron el hablar natural cristianesco de sus pa\u00addres y madres, le hablan tan bien como si en Espa\u00f1a o en Italia fueran nacidos\u00bb.<\/p>\n<p>No parece, pues, que a Vicente de Pa\u00fal le resultara especialmente dif\u00edcil enten\u00adderse con el viejo m\u00e9dico o las mujeres del renegado, sobre todo, teniendo en cuenta la facilidad que siempre demostr\u00f3 para las lenguas el joven gasc\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>Alquimia, superstici\u00f3n y ling\u00fc\u00edstica<\/strong><\/h2>\n<p>Es curioso que tambi\u00e9n otras noticias, acaso las m\u00e1s llamativas, de las cartas de la cautividad encuentren confirmaci\u00f3n en datos transmitidos por los testigos oculares del mundo norteafricano aducidos por el P. Haedo. Me refiero a las pr\u00e1cticas de alquimia del m\u00e9dico espagirita y a la cabeza parlante con la cual hac\u00eda creer que Mahoma le daba a conocer su voluntad. Un famoso alcaide Argel, llamado Mahomet el jud\u00edo, era de \u00abvida y costumbres m\u00e1s que gent\u00edlicas porque dicen comunmente que no [eran otras], sino ocuparse d\u00eda y noche e revolver moneda, contar moneda, pesar moneda, trafagar moneda y <strong>fundir ore <\/strong><strong>plata, alquimia <\/strong>y hacer a escondidas moneda falsa\u00bb. El procedimiento no puede ser m\u00e1s parecido al del amo de San Vicente, con sus tres capas sucesivas de ore plata y polvos&#8230;<\/p>\n<p>Con el episodio de la cabeza parlante guarda parecido el de un morabuto de Fez que lleg\u00f3 a Argel en el verano del a\u00f1o 1579, \u00abel cual afirmaba que con ciertas palabras hac\u00eda venir un Angel del cielo a hablarle a la oreja\u00bb, con la que embauc\u00f3 a no pocos argelinos, sobre todo mujeres, hasta que meses m\u00e1s tarde \u00abse embarc\u00f3 en una galera que part\u00eda para T\u00fanez y se fue en ella\u00bb.<\/p>\n<p>En cualquier caso, se impone la convicci\u00f3n de que Vicente pose\u00eda una informaci\u00f3n abundante y puntualizada de costumbres y personajes del \u00c1frica del Norte.<\/p>\n<p>Incluso el uso de aplicar a la navegaci\u00f3n el verbo caminar y el sustantivo caminos encuentra correspondencia en los autores espa\u00f1oles. A Grandchamp le produjo gran extra\u00f1eza tal giro ling\u00fc\u00edstico: \u00abVicente le hace al m\u00e9dico espagirita morir \u00abpor los caminos\u00bb, singular expresi\u00f3n para una persona a quien era familiar el buen franc\u00e9s, como se puede juzgar por el estilo y la ortograf\u00eda, que son de singular correcci\u00f3n\u00bb. No s\u00e9, desde luego, si el buen franc\u00e9s del siglo XVII autorizaba o no a hablar de \u00abcaminos\u00bb trat\u00e1ndose de navegaci\u00f3n. El castellano de Haedo, por la \u00e9poca de San Vicente, se hablaba de \u00abel camino de una galera, de \u00abcaminar a remo\u00bb, de ir los barcos \u00abcaminando y huyendo\u00bb y otras varias expresiones parecidas. Por lo menos, en el ambiente internacional no era una singularidad que San Vicente dijera que el viejo m\u00e9dico espagirita hab\u00eda muerto \u00abpor los caminos\u00bb mientras navegaba hacia Constantinopla.<\/p>\n<h2><strong><strong>El trato con las mujeres<\/strong><\/strong><\/h2>\n<p>Otra dificultad considerable descubierta por Grandchamp en la carta de Sat Vicente es el libre trato de \u00e9ste con las mujeres del renegado: \u00abComprobemos de pasada que el renegado de Niza no era nada fan\u00e1tico ni celoso, puesto que dejaba a sus mujeres vagar por el campo y conversar largamente con un infiel\u00bb. Los testigos espa\u00f1oles describen largamente costumbres parecidas. Muy ex profeso trata el asunto el mercedario G\u00f3mez de Losada, bien enterado de los h\u00e1bitos mu\u00adsulmanes:<\/p>\n<p>\u00abTengo, por cierto, que son mucho m\u00e1s en n\u00famero que los hom\u00adbres las [mujeres] que habitan en Argel y afirman los cautivos, para quienes no hay puerta cerrada, que son en extremo hermosas, princi\u00adpalmente las Turcas y muy blancas\u00bb. \u00abTraen sobre s\u00ed muy poca ropa y as\u00ed est\u00e1n en traje muy indecente y no se guardan que las vean sus cautivos, por descompuestas que est\u00e9n\u00bb (59). \u00abLos turcos de m\u00e1s autoridad suelen guardar a las suyas con negros capones, que llaman Agas, y sirven de lo mesmo que las due\u00f1as a las se\u00f1oras; los cautivos sirven dentro de casa como si fueran mujeres, ni se guardan de ser vistas de ellos, que es lo peor que hay en el caso\u00bb.<\/p>\n<p>De la historia narrada por otro de nuestros testigos que hasta ahora apenas hemos citado, el P. Sep\u00falveda, viene a deducirse tambi\u00e9n el f\u00e1cil trato de los cautivos con las esposas de los se\u00f1ores musulmanes. El jer\u00f3nimo del Escorial refiere que el \u00abBaj\u00e1 o sold\u00e1n\u00bb de Argel ten\u00eda como esposa a una cautiva, alemana de naci\u00f3n y cristiana de fe, a la que hab\u00eda tra\u00eddo de Constantinopla. Estando en Argel \u00abacert\u00f3 su marido a cautivar un fraile mercenario&#8230; y la se\u00f1ora Soldana le trataba mucho\u00bb. \u00abUn d\u00eda, como se parase a considerar a \u00e9ste su cautivo, que oraba mucho y rezaba y lo hac\u00eda muy de ordinario, se tom\u00f3 a pl\u00e1ticas con \u00e9l y cont\u00f3le qui\u00e9n era y c\u00f3mo era cristiana y hija de cristianos y signific\u00f3le el deseo grande que ten\u00eda de tornarse a nuestra santa Fe\u00bb. La historia \u2014ya lo veremos\u2014 concluy\u00f3 con la huida del fraile y la soldana a las costas espa\u00f1olas, pero ello supuso una laboriosa preparaci\u00f3n a la que se\u00f1ora y esclavo dedicaron numerosas horas de conversaci\u00f3n, en las que el fraile \u00abcont\u00f3le muchas cosas del Rey Cat\u00f3lico [Felipe II] y de sus hijos y de su mucha cristiandad\u00bb. Para el lector familiarizado con la historia de San Vicente, saltar\u00e1 a la vista la coinci\u00addencia no s\u00f3lo en la facilidad de trato del sacerdote cautivo con la mujer del amo musulm\u00e1n, sino de los caminos \u2014oraci\u00f3n, pl\u00e1ticas religiosas\u2014 por los que se lleva a cabo la liberaci\u00f3n del primero. Pero esto nos conduce ya al tema de la huida de T\u00fanez, en la que tenemos que detenernos brevemente.<\/p>\n<h2><strong>La huida por mar<\/strong><\/h2>\n<p>Indudablemente, la huida de San Vicente a las costas francesas ofrece no pocas dificultades, que Grandchamp se ocup\u00f3 de poner de relieve: \u00abUn simple vistazo echado a un mapa del Mediterr\u00e1neo muestra la gran fantas\u00eda necesaria para esco\u00adger este itinerario (T\u00fanez &#8211; Aguas Muertas). Damos por supuesto que no sabernos nada de las condiciones en que se realiz\u00f3 la huida, pero la expresi\u00f3n \u00abpeque\u00f1o esquife\u00bb empleada en la carta parece indicar que se trata, si no de una simple canoa, al menos de un nav\u00edo muy peque\u00f1o. Ahora bien, incluso en junio, la trave\u00ads\u00eda desde la Goleta a Aguas Muertas en una embarcaci\u00f3n representar\u00eda un aut\u00e9n\u00adtico esfuerzo, sobre todo con dos navegantes inexpertos, uno de los cuales, el ex-renegado, no era, sin duda, marino \u2014Vicente lo habr\u00eda dicho\u2014 y el otro, nuestro joven religioso, \u00abno ten\u00eda nada que le fuera tan contrario como el mar\u00bb. Sicilia, Cerde\u00f1a o, en \u00faltimo extremo, la costa de Italia, pod\u00edan ofrecer refugio a los esclavos que tuvieran la suerte de esquivar la activ\u00edsima vigilancia que se ejerc\u00eda en La Goleta y en las costas de la regencia, precisamente para impedir evasiones. Hombres decididos, ayudados por un marino profesional, pod\u00edan arries\u00adgarse en aquella direcci\u00f3n, lo mismo que los esclavos de Argel pod\u00edan ganar las costas espa\u00f1olas. Pero la huida hasta Aguas Muertas, los mil kil\u00f3metros a reco\u00adrrer, en el supuesto de que el viento fuera siempre favorable, la importante canti\u00addad de provisiones que hubiera sido posible reunir sin llamar la atenci\u00f3n, a bordo de un barco equipado a escondidas, todo, constituye un conjunto de hechos que no resiste un examen serio\u00bb.<\/p>\n<p>El caso es que huidas bastante parecidas a la narrada por San Vicente tuvie\u00adron lugar no en una, sino en muchas ocasiones, seg\u00fan sabemos por los autores espa\u00f1oles que estamos examinando. Es verdad, sin embargo, que no hay ninguna \u2014al menos, yo no la he encontrado\u2014 que suponga una navegaci\u00f3n de mil kil\u00f3\u00admetros. Pero tampoco los 400 \u00f3 450 que separan Argel de Valencia son poca cosa y, no obstante, se recorrieron una y otra vez por cautivos cristianos en embar\u00adcaciones que no deb\u00edan ser mucho mayores que \u00abel peque\u00f1o esquife\u00bb de San Vicente. Veamos algunos casos.<\/p>\n<p>El P. Graci\u00e1n cuenta que a uno de los muchachos franceses circuncidados a la fuerza por su captores le dio \u00e9l \u00abuna patente para la Inquisici\u00f3n, con que se huy\u00f3 y vino a Callar\u00bb (es decir, Cagliari, en Cerde\u00f1a). \u00abA otro ten\u00edamos persuadido otros cristianos y yo que trajera una barca de su patr\u00f3n para huirse veinte y tres cautivos de los del Baj\u00e1, que estaban en Bizerta\u00bb. \u00abY otros dos moros se fueron de la misma manera el a\u00f1o 1576 de Bizerta a Sicilia&#8230;\u00bb. Como puede verse, la vigilancia tuneciana no era tan efectiva que no pudiera ser burlada con relativa facilidad por hombres decididos a conseguir su libertad.<\/p>\n<p>Otro tanto ocurr\u00eda en Argel. El Dr. Sosa, en el Di\u00e1logo de la Cautividad, de Haedo, refiere que un turco que hab\u00eda estado algunos a\u00f1os cautivo en Italia \u00abre\u00adsolvi\u00f3se en volverse a cristianos, no siendo \u00e9l cristiano; y comunicando \u00e9ste su intento y deseo con algunos cristianos cautivos, tanto hizo que a los diecis\u00e9is de julio (de 1579), a dos horas de la noche, tom\u00f3 en esa playa una barca de pesca\u00addores y con los veinticinco cristianos (que ya ten\u00eda llamados), con gran fiesta y contento se fue para Espa\u00f1a\u00bb. Y en el mes de mayo de 1578 se fue de aqu\u00ed (Argel) otro turco a Mallorca y otro a Espa\u00f1a en el mismo a\u00f1o, en el mes de septiembre\u00bb. Las evasiones de esclavos y&#8230; de musulmanes eran cosa de todos los d\u00edas.<\/p>\n<p>No siempre ten\u00edan \u00e9xito los intentos de huida y entonces los presuntos fugitivos pod\u00edan temer lo peor: \u00aba los 12 de enero de 1580 mand\u00f3 el mismo Rey (de Argel) ahorcar a un buen mancebo franc\u00e9s que se dec\u00eda Sim\u00f3n, porque ascondiera dos cristianos suyos en un jard\u00edn, do se aparejaban para huir\u00bb. \u00abA un pobre mozo mallorqu\u00edn, que se dice Miguel, le mand\u00f3&#8230; cortar las narices y orejas porque hall\u00f3 que hac\u00eda una barca en el jard\u00edn de su amo. Y por la misma raz\u00f3n, por se hallar principio de otra barca en un jard\u00edn, mand\u00f3 hacer lo mismo a Her\u00adnando, un cristiano espa\u00f1ol natural de la Mancha\u00bb. Mala suerte la de esos compatriotas de Vicente de Pa\u00fal, Pedro Borguny y Miguel de Cervantes. No fueron los \u00fanicos: el Dr. Sosa a\u00f1ade: \u00abEstas muertes sucedieron despu\u00e9s que estamos en Argel, pero en Tetu\u00e1n, y en Bug\u00eda, Bizerta, T\u00fanez, Sufa y Tr\u00edpoli, lugares todos de Berber\u00eda, han sucedido otras muy muchas\u00bb.<\/p>\n<p>La evasi\u00f3n era, pues, una preocupaci\u00f3n constante de numerosos cautivos, con frecuentes fracasos y no pocos \u00e9xitos y, cuando se verificaba por mar (tambi\u00e9n hab\u00eda huidas por tierra, hasta alcanzar Or\u00e1n, espa\u00f1ol durante los siglos XVI y XVII), se realizaba en embarcaciones de fortuna, construidas a veces por los propios cautivos, y que no pod\u00edan ser muy grandes. A su lado, el \u00abpeque\u00f1o es\u00adquife\u00bb que dice haber utilizado San Vicente deb\u00eda ofrecer notable seguridad.<\/p>\n<p>El P. Sep\u00falveda y el erudito N\u00fa\u00f1ez de Castro, a quien citamos ahora por pri\u00admera vez, refieren las dos evasiones m\u00e1s espectaculares de que tenemos noticia. El primero cuenta que en el a\u00f1o 1585, la cautiva alemana y el fraile mercedario, que ya conocemos, lograron por fin huir a Espa\u00f1a. El proceso fue, por dem\u00e1s, laborioso: vino primero el fraile con cartas de la se\u00f1ora para el rey de Espa\u00f1a. Concret\u00f3 con \u00e9l y otras autoridades espa\u00f1olas, entre ellas el Virrey de Valencia, la forma de la huida. Volvi\u00f3 el fraile a Argel para informar a la soldana de los preparativos acordados y, por fin, una noche lleg\u00f3 a la vista de Argel la barca espa\u00f1ola aprestada por el Virrey de Valencia, con cuatro marineros cristianos a bordo, disfrazados de moros para que los tomaran por pescadores berberiscos. Les esperaban en el lugar convenido la soldana, el fraile y otros acompa\u00f1antes. Llegada la barca, \u00abla Soldana se meti\u00f3 luego en ella y meti\u00f3 todas sus joyas y veinte personas que se embarcaron luego con ella y danse luego a la vela. Una mora de aquellas que se embarcaron con ella, como vio que la barca ven\u00eda para Espa\u00f1a, empez\u00f3 a dar voces que las pon\u00eda en el cielo; fue forzoso el matarla. Luego a las voces se alter\u00f3 la tierra; ta\u00f1eron luego a que andaban enemigos; salieron luego mil bajeles tras la barca, pero tra\u00edan buen rato de delantera y ans\u00ed no permiti\u00f3 Dios que los alcanzasen, pero bien poquito les falt\u00f3. Contaba despu\u00e9s esta se\u00f1ora que mil veces estuvieron a pique de anegarse y hundirse y que por dos dedos no se hundieron muchas veces, por venir muy cargada la barca\u00bb. La aventura, que parece novela pero es historia, concluy\u00f3 con el triunfal recibimiento dispensado a la soldana de Argel, primero en Valencia y luego en la Corte donde el rey y sus hijos, singularmente las infantas, la agasajaron y obse\u00adquiaron espl\u00e9ndidamente.<\/p>\n<p>La narraci\u00f3n de N\u00fa\u00f1ez de Castro es m\u00e1s sobria, pero no menos interesante a nuestro prop\u00f3sito. Este historiador de Guadalajara destaca entre los m\u00e1s ilus\u00adtres hijo de la ciudad alcarre\u00f1a al ex-cautivo Juan de Guerra. Hall\u00e1base \u00e9ste prisionero en Argel, como esclavo del bey, de resultas de la acci\u00f3n de Castilnovo (1538). Un d\u00eda vio llegar al puerto un barco de Valencia y, con dos compa\u00f1eros suyos, plane\u00f3 escaparse. Pensaron utilizar para la evasi\u00f3n el batel o esquife de la nave espa\u00f1ola. Pero el capit\u00e1n de la misma les pidi\u00f3 por \u00e9l 500 escudos. Enton\u00adces decidieron perpetrar un audaz golpe de mano: de noche, penetraron en la alcoba del propio bey, mientras \u00e9ste dorm\u00eda, robaron de un cofre cuatro o cinco mil escudos y \u00abhecho este hurto, fueron al capit\u00e1n del nav\u00edo valenciano, di\u00e9ronle los quinientos escudos prometidos, tomaron el batel y embarc\u00e1ronse en \u00e9l, con tanta suerte y buena hora los tres esclavos que, en breve tiempo se hallaron libres en la playa de Valencia, con ir en seguimiento suyo un bergant\u00edn ligero, que volaba, quiso Dios que no los alcanz\u00f3 hasta haber tomado puerto en el Grao. Volvieron los del bergant\u00edn burlados y muy corridos de no haber podido dar alcance a un batelillo como aqu\u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s lo m\u00e1s interesante de esta dram\u00e1tica narraci\u00f3n es que el medio em\u00adpleado para la huida fue el mismo utilizado, a su decir, por Vicente de Pa\u00fal. Tanto en franc\u00e9s como en castellano, la palabra \u00abesquife\u00bb designaba al batel auxi\u00adliar de un nav\u00edo m\u00e1s grande, es decir, algo as\u00ed como el bote salvavidas que sol\u00eda utilizarse para llegar a la playa cuando, a falta de buen puerto, las embarcaciones grandes ten\u00edan que anclar a cierta distancia de la costa. En el batel o esquife de un nav\u00edo, precisamente franc\u00e9s, hace concluir Cervantes al cautivo del Quijote su azaroso viaje de Argel a Espa\u00f1a. Tales esquifes variaban bastante de tama\u00f1o y capacidad: en el esquife franc\u00e9s de la historia cervantina del cautivo, cab\u00edan bien hasta doce hombres: \u00abechando el esquife o barca a la mar, entraron a \u00e9l hasta doce franceses bien armados, con sus arcabuces y cuerdas encendidas\u00bb; s\u00f3lo tres ocuparon el que sirvi\u00f3 de medio de huida a Juan de Guerra; y dos el que habr\u00eda llevado a Vicente de Pa\u00fal y al renegado de Niza desde T\u00fanez a Aguas Muertas. La distancia en este \u00faltimo caso es bastante mayor, pero no tanto que convierta en imposible una haza\u00f1a que otros hab\u00edan logrado realizar con \u00e9xito o proyectado realizar en una barca que pod\u00eda ser fabricada por un solo hombre, a escondidas, en el jard\u00edn de una casa.<\/p>\n<h2><strong>Recapitulando<\/strong><\/h2>\n<p>No ha sido mi prop\u00f3sito llegar a conclusi\u00f3n alguna al final de este ya largo estudio y, mucho menos, resolver el problema de si realmente estuvo o no cautivo en T\u00fanez el joven Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Una convicci\u00f3n parece, sin embargo, imponerse por s\u00ed misma: la de que varias de las objeciones cl\u00e1sicas opuestas a la carta de la cautividad quedan decisiva\u00admente desvirtuadas a la vista de los testimonios hist\u00f3ricos que hemos examinado.<\/p>\n<p>A mi entender, no pueden seguir poni\u00e9ndose en duda, al menos, los extremos siguientes:<\/p>\n<ol>\n<li>El silencio de San Vicente respecto a sus compa\u00f1eros de cautiverio y al destino del barco asaltado no es un rasgo ins\u00f3lito en relatos de este g\u00e9nero.<\/li>\n<li>Los bergantines pudieron estar m\u00e1s de siete u ocho d\u00edas merodeando por las costas de Provenza. Ni el tama\u00f1o de estos barcos, ni el miedo a las galeras cristianas, ni la falta de agua constituyen, en absoluto, dificulta\u00addes reales.<\/li>\n<li>Los corsarios turcos pudieron dejar en libertad a algunas de sus presas que se rend\u00edan sin combatir, sobre todo si eran francesas.<\/li>\n<li>La intervenci\u00f3n del c\u00f3nsul franc\u00e9s en T\u00fanez no era un obst\u00e1culo para la retenci\u00f3n y venta de los cautivos de su nacionalidad. No era corriente que los esclavos recurrieran a \u00e9l.<\/li>\n<li>La diferencia de idioma no imped\u00eda necesariamente la comprensi\u00f3n mutua entre musulmanes, turcos o \u00e1rabes, y sus esclavos cristianos. San Vicente pudo perfectamente entenderse con el m\u00e9dico espagirita.<\/li>\n<li>Las pr\u00e1cticas de alquimia y las supersticiones descritas por San Vicente responden a usos corrientes en el T\u00fanez de la \u00e9poca.<\/li>\n<li>El f\u00e1cil trato de los esclavos cristianos con las mujeres de sus amos musulmanes era un hecho habitual. S\u00f3lo el desconocimiento de las cos\u00adtumbres reales del pa\u00eds y el momento hist\u00f3rico puede ver en ello una objeci\u00f3n al relato vicenciano.<\/li>\n<\/ol>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p>Evidentemente, otras objeciones siguen en pie, aunque alguna de ellas notable\u00admente debilitada.<\/p>\n<p>Y siempre quedar\u00e1 por explicar el silencio de San Vicente respecto a la gran aventura de su juventud, a lo largo de toda su vida. Para m\u00ed, la m\u00e1s inteligente aproximaci\u00f3n a este enigma la formul\u00f3 hace ya m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os P. Defrennes: \u00abEn un hombre tan contenido y due\u00f1o de s\u00ed, como el Se\u00f1or Vicente, se pueden suponer mil razones probables que expliquen su silencio\u00bb.<\/p>\n<p>Pero ya dije que yo no pretend\u00eda resolver el problema de si San Vicente estuve o no cautivo en T\u00fanez. Por eso no me he ocupado de las dificultades para que no he encontrado ninguna referencia en las fuentes investigadas. Mi prop\u00f3sito de sacar a luz nuevos datos que iluminen la \u00e9poca y el ambiente creo que ha sido cumplido.<\/p>\n<p>Es necesario proseguir las investigaciones hasta esclarecer de modo definitivo en un sentido o en otro, los numerosos puntos a\u00fan oscuros. Cuanta m\u00e1s luz se aporte, desde cualquier punto de vista, m\u00e1s cerca nos hallaremos de la soluci\u00f3n definitiva. S\u00f3lo entonces dejar\u00e1 de ser la cautividad tunecina de Vicente de Pa\u00fal una cuesti\u00f3n abierta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A m\u00e1s de medio siglo de distancia de su primer planteamiento serio, el tema de la cautividad tunecina del joven Vicente de Pa\u00fal sigue siendo una cues\u00adti\u00f3n abierta. 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