{"id":9601,"date":"2016-08-21T13:00:17","date_gmt":"2016-08-21T11:00:17","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/30\/isabel-seton-la-biografia-27-una-comunion-mas-y-luego-la-eternidad\/"},"modified":"2016-07-26T09:42:34","modified_gmt":"2016-07-26T07:42:34","slug":"isabel-seton-la-biografia-27-una-comunion-mas-y-luego-la-eternidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-27-una-comunion-mas-y-luego-la-eternidad\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 27 &#8211; Una comuni\u00f3n m\u00e1s y luego la eternidad"},"content":{"rendered":"<p><em>Derramo el agua sobre el suelo sediento<br \/>\nlos raudales sobre la tierra reseca.<br \/>\nDerramar\u00e9 mi esp\u00edritu sobre tu linaje<br \/>\nmi bendici\u00f3n sobre tu descendencia.<br \/>\nCrecer\u00e1n como la hierba ba\u00f1ada de agua<br \/>\ncomo las alamedas al borde de los r\u00edos<br \/>\nIs 44, 3.<\/em><\/p>\n<p>En la primavera de 1819, Catalina Seton march\u00f3, como cada a\u00f1o, a pasar unas semanas al borde del r\u00edo Monacy, en Carroll Manor, que frecuenta tambi\u00e9n a t\u00edtulo de amigo, Mons. Mar\u00e9chal. Ella ha dejado sin temor el Valle, pues la salud de su madre parece suficientemente restablecida para no causar ya, mo\u00adment\u00e1neamente, serias inquietudes. Kate se complace entre sus amigos en el be\u00adll\u00edsimo sitio donde se yergue la vasta mansi\u00f3n que los acoge. Ella goza de los paseos a caballo, gusta de mezclarse, cuando llega el domingo, con los cam\u00adpesinos que se re\u00fanen entonces, no para asistir a la misa, pues no hay celebrante habitual, sino para escuchar una lectura espiritual y orar en com\u00fan, de rodillas. Los cat\u00f3licos blancos y negros se codean entonces en una aut\u00e9ntica fraternidad.<\/p>\n<p>Escribiendo a Emmitsburg, Catalina dise\u00f1a para su madre bonitos croquis de estas asambleas dominicales, sencillas e irradiantes. Cambia, igualmente, una frecuente correspondencia con Julia Scott. Este a\u00f1o Julia sue\u00f1a con casar a Ca talina. <em>Te aseguro que no tengo prisa en tomar compromisos serios, <\/em>le replica la joven, durante los corrientes del mes de junio. Nada le da prisa mientras su ma\u00addre est\u00e9 all\u00ed, sobre todo&#8230; En realidad, Kate entrar\u00e1 a los 40 a\u00f1os en las Her\u00admanas de la Misericordia de Nueva York para morir all\u00ed nonagenaria en 1891. De vuelta a la Monta\u00f1a, env\u00eda una vez m\u00e1s a Julia, el 19 de junio de 1819, el parte de salud de la Madre Seton:<\/p>\n<p><em>Mam\u00e1 parece bien y est\u00e1 bien, con el esp\u00edritu tranquilo y alegre, sobre todo despu\u00e9s de haber recibido noticias de Guillermo&#8230; A <\/em>continuaci\u00f3n del mensaje de su hija, Isabel ha a\u00f1adido: \u00a1Qu\u00e9 <em>dichosa, dichosa soy! <\/em>La escritura revela, sinembargo, un estado de agotamiento que no est\u00e1 en absoluto de acuerdo con el optimismo de Kate. Las \u00faltimas noticias de Guillermo son buenas -dice ella. \u00adUna carta fechada el 12 de diciembre, ven\u00eda del Ecuador. Will se hab\u00eda embarca\u00addo el verano anterior para la navegaci\u00f3n de altura que hab\u00eda anunciado. La Ma\u00addre Seton conoc\u00eda entonces tal estado de fatiga que casi se hab\u00eda alegrado al sa\u00adber que la salida del barco que iba a zarpar hacia el sur no dejar\u00eda a Guillermo la posibilidad de venir hasta Emmitsburg. No volver a ver a su hijo, era, a decir ver\u00addad, un \u00faltimo sacrificio que ella aceptaba por \u00e9l. Pero que la viera, \u00e9l, tal como ella estaba entonces, tan pr\u00f3xima a la muerte -cre\u00eda ella- he ah\u00ed lo que, final\u00admente, era dichosa de evitarle.<\/p>\n<p>El 2 de octubre de 1818, escrib\u00eda a Julia: <em>Guillermo ha salido para tres a\u00f1os de navegaci\u00f3n a bordo del <\/em>\u00abMacedonian\u00bb, <em>y hasta el Cabo Hornos tal vez. <\/em>Esta\u00adba, pues, bien acabado. Jam\u00e1s volver\u00eda ya ella a ver a su hijo mayor&#8230; Ahora bien, mientras la fragata bordeaba las costas de Virginia, se hab\u00eda levantado una tempestad con tal violencia que unas aver\u00edas, sobrevenidas al barco hab\u00edan obli\u00adgado al comandante a atracar en el puerto de Norfolk para una semana al me\u00adnos. Guillermo hab\u00eda tenido tiempo de alcanzar Baltimore, luego Emmitsburg a donde hab\u00eda venido a sorprender a su madre.<\/p>\n<p><em>Nuestro Guillermo ha llegado, \u00a1qu\u00e9 alegr\u00eda hemos tenido! <\/em>-escribe en segui\u00adda Isabel a Elena Wiseman. Cinco meses m\u00e1s tarde, ella hablaba todav\u00eda, en una carta dirigida a Julia, de la sorpresa que semejante visita, con la que no contaba ya, le hab\u00eda causada.<\/p>\n<p>Y ahora Will est\u00e1 lejos, en la lejan\u00eda, tan lejos, bogando por el Pac\u00edfico. Mi <em>amor por ti <\/em>-le escribe ella- <em>no tiene ni quicio ni medida y no puede quedar satisfecho sino con la eternidad. Oye el grito que brota del alma de tu madre, t\u00fa a quien amo tanto, y cuida de lo que es m\u00e1s querido que ella misma millares de veces. <\/em>Pues no es tanto el peligra de las tempestades, el riesgo de los naufra\u00adgios lo que teme para \u00absu querido pirata\u00bb, son los peligros y los riesgos donde tal vez, su alma, se aventura. Ella ha gritado tantas veces su tristeza a Mons. de Cheverus, y \u00e9l, como anta\u00f1o san Ambrosio a santa M\u00f3nica, ha sabido dirigirle las \u00fanicas palabras de confortaci\u00f3n que pod\u00edan apaciguar su angustia: <em>\u00a1Querida hija! \u00e9l no la ver\u00e1 ya en esta vida, es verdad. Pero yo tengo la confianza de que \u00e9l estar\u00e1 un d\u00eda con usted en el cielo. El hijo de tantas l\u00e1grimas y de tantas ora\u00adciones no puede perderse.<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n son buenas las noticias de Liorna. Lo eran, al menos, cuando el 8 de marzo de 1819 escrib\u00eda Antonio: <em>Tu inmenso Ricardo sigue muy bien. El me satisface plenamente en el dominio moral y religioso. Poco a poco, ir\u00e1 adquiriendo -yo lo espero- personalidad. Est\u00e1 contento de estar conmigo, y ve va a esforzar por hacerse \u00fatil en una casa comercial. Ense\u00f1a el ingl\u00e9s al m\u00e1s peque\u00f1o de mis hijos.<\/em><\/p>\n<p>Las cartas de Ricardo, no obstante, van siendo cada vez m\u00e1s raras. El a\u00f1o 1820 trae al coraz\u00f3n de la madre las m\u00e1s vivas inquietudes. Ni una sola misiva le llega de Italia desde hace seis meses. El 2 de julio, ella suplica a Juan Hickey que tenga una intenci\u00f3n especial por Guillermo y por Ricardo: <em>Usted ruega <\/em>-as\u00ed espero-, <em>por mis pobres, tan pobres, tan queridos muchachos. Mis l\u00e1grimas co\u00adrren, por ellos, cada vez m\u00e1s de prisa, d\u00eda y noche.<\/em><\/p>\n<p>El 23 de julio, es a su hija mayor misma a quien grita su ansiedad: <em>\u00a1Guillermo!, \u00a1Guillermo!, \u00a1Guillermo! \u00bfEs posible que el grito de mi coraz\u00f3n no alcance el tuyo? Ya llevo tu nombre bienamado ante el tabern\u00e1culo y lo repito a guisa de oraci\u00f3n, vertiendo raudales de l\u00e1grimas que Dios s\u00f3lo comprende&#8230; Perderte aqu\u00ed, durante unos a\u00f1os de una vida tan colmada de amargura, no es m\u00e1s que la heren\u00adcia com\u00fan; pero amarte como yo te amo y perderte por siempre, \u00a1oh, qu\u00e9 inde\u00adcible angustia!<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Con qu\u00e9 impaciencia espera ella desde ahora los lejanos correos! \u00bfCu\u00e1ntas veces durante sus noches de insomnio, no atraviesa ella en pensamiento los oc\u00e9a\u00adnos, para juntarse a Guillermo sobre las aguas del Pac\u00edfico, a Ricardo en la costa del Mediterr\u00e1neo?<\/p>\n<p>Durante el mes de agosto, el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur predica el retiro anual a la comunidad de San Jos\u00e9. Tan sencillas son las relaciones desde ahora entre el predicador y la Madre que, con su propia mano, escribe \u00e9l las directrices que desea verla seguir durante el mes que viene. Que compruebe los avisos dados por Juana de Chantal a las superioras de sus monasterios, pues son completa\u00admente v\u00e1lidos tambi\u00e9n para las superioras de los dem\u00e1s institutos femeninos. Ahora bien, la Madre Seton debe acordarse de que es fundadora, responsable ante Dios, por consiguiente, de las almas que le est\u00e1n confiadas. Pero que consi\u00addere, a su vez, como voz de Dios las \u00f3rdenes y consejos dados a ella por el su\u00adperior de la comunidad. Que se abandone a la gracia del momento presente y que trate, en cuanto de ella dependa, de obtener el esp\u00edritu que animaba a san Francisco de Sales y a Santa Juana Fremiot de Chantal. Ese esp\u00edritu, especifica el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur, era el mismo que el de San Vicente de Pa\u00fal. La Madre Seton, deb\u00eda, adem\u00e1s, velar sobre su comportamiento, pues ella era el punto de mira de todos, evitar siempre las palabras duras o bruscas, ejercer su autori\u00addad con una firmeza impregnada de dulzura. As\u00ed es, concluye el prudente direc\u00adtor, como atraer\u00e1 la confianza y el afecto de las Hermanas y podr\u00e1 conducirlas por el camino que lleva a Dios.<\/p>\n<p>\u00bfEs la fatiga causada por el retiro que ella ha querido seguir con su ardor acostumbrado? \u00bfEs el fuerte calor del verano o la preocupaci\u00f3n lancinante que le causa el silencio ins\u00f3lito de Ricardo, los peligros que puede correr Guillermo? Lo cierto e5 que el 24 de agosto, la Madre Seton confiesa a la Sr. Cha\u00adtard <em>que est\u00e1 al cabo de sus fuerzas <\/em>para seguir ocupando su puesto en medio de la comunidad <em>pero, siempre <\/em>-precisa ella- <em>con tanto \u00e1nimo como alegr\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Dubois, sin embargo, desea que se aproveche el per\u00edodo de vacaciones escolares para dar comienzo a una nueva construcci\u00f3n, no lejos de <em>White House. <\/em>Que la casa es demasiado peque\u00f1a, es un hecho: nadie piensa en negarlo. La Madre Seton, no obstante, no es de la opini\u00f3n de ver comenzar inmediatamente los trabajos. El Sr. Dubois insiste. La Madre cede. Los obreros llegan. A pesar de una tos persistente, de jaquecas y n\u00e1useas, ella ha de ir a supervisar, de tiempo en tiempo, la marcha de los trabajos. El Sr. Dubais, que no ha comprobado la gravedad de su agotamiento, se la recuerda en ocasiones. \u00bfY no acaba de insinuar precisamente el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur que la voz del Sr. Dubois es para ella la voz de Dios?<\/p>\n<p><em>Nuestro buen superior me ha enviado en medio de los obreros y para respon\u00adder a su deseo he tenido que escalar una pila de maderos. No me sent\u00eda bien y el viento era vivo&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Unos d\u00edas m\u00e1s tarde la Madre debe guardar cama, abatida por una fuerte fiebre. Su estado llega a ser inquietante, como escribe el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur a Antonio Filicchi. Pero ella permanece en una gran calma. Quisiera que se ocupen de ella lo menos posible. A quien le pregunta:<\/p>\n<p>-\u00bfC\u00f3mo est\u00e1, Madre? -Blandamente, responde. Si es que no es:<\/p>\n<p>-Muy blandamente&#8230;<\/p>\n<p>Ella trata de seguir, desde su lecho, en cuanto es factible, el ritmo de la casa prestando atenci\u00f3n al ta\u00f1ido de la campana. Una Hermana est\u00e1 cerca de ella, que le ayuda a rezar y le hace cortas lecturas a media voz. Ella no puede ya evitar las dispensas, pero puede ofrecer al Se\u00f1or su sufrimiento y su agotamien\u00adto. Se quiere fiel hasta el \u00faltimo instante en hacer todo lo mejor que se pueda y de la mejor manera, con las dem\u00e1s, si no como las dem\u00e1s. Hace escr\u00fapulo de reposar sobre un colch\u00f3n comprado hac\u00eda poco para Rebeca. Se la obliga a acep\u00adtarlo y ella lo encuentra demasiado mullido. El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur ha de tran\u00adquilizarla sobre este punto. Se trata aqu\u00ed, no de una falta de mortificaci\u00f3n, sino de un acta de sumisi\u00f3n. Se ve perdida. Es dichosa. \u00bfNo hab\u00eda confesado ella a Juan Hickey, unas semanas antes: \u00a1Oh, si yo pudiera estar en los \u00faltimos, accesos de tos y sentir las ansias del sufrimiento, las \u00faltimas, rompiendo los muros de mi prisi\u00f3n, cu\u00e1l ser\u00eda mi alegr\u00eda! \u00a1El pensamiento de irme a casa, llamada por so VOLUNTAD! \u00a1Qu\u00e9 transporte!&#8230; Yo no temo a la muerte la mitad que a mi horren\u00addo yo.<\/p>\n<p>Que llegue, entonces, ese \u00faltimo d\u00eda, el que la permitir\u00eda entrar \u00aben casa\u00bb, como ella misma dice, como la hab\u00eda dicho antes el gran m\u00edstico renano, Juan Taulero, cuyas obras ella jam\u00e1s ha le\u00eddo, sin embargo. \u00abEntonces, dice Taulero, llega el amable d\u00eda cuando Dios quiere llevaros a Casa. \u00a1Oh, hijos m\u00edos, entonces El recompensar\u00e1 vuestra ignorancia y vuestras tinieblas; El os tratar\u00e1 como un padre, os consolar\u00e1 y, a menudo, hasta os har\u00e1 gustar, antes de morir, lo que har\u00e1 vuestras delicias y morir\u00e9is entonces en gran seguridad!\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed ser\u00e1 para Isabel el paso del tiempo a la eternidad. \u00a1Si <em>es este el camino de la muerte <\/em>-explicar\u00e1 ella, unos d\u00edas antes de irse- <em>nada puede ser m\u00e1s apa\u00adcible, m\u00e1s dichoso! Y si he de restablecerme, \u00a1qu\u00e9 dulce me ser\u00e1 tambi\u00e9n reposar en los brazos del Se\u00f1or! Jam\u00e1s he sentido m\u00e1s vivamente la presencia de nuestro amado Se\u00f1or, que desde esta enfermedad. Es como si El se estuviera de continuo junto a m\u00ed, corporalmente, para reconfortarme, alegrarme, y animarme, durante las horas de sufrimiento, agotador y penoso. Algunas veces, la dulce Virgen Ma\u00adr\u00eda, tambi\u00e9n parece acariciarme con ternura&#8230; Pero te vas a re\u00edr de mi imagina\u00adci\u00f3n, <\/em>concluye la Madre, con destino a Sor Cecilia O&#8217;Conway, que recib\u00eda emo\u00adcionada, aquella confidencia.<\/p>\n<p>Hacia la mitad de septiembre, el Sr. Dubois estima prudente hacer aprove\u00adcharse a la Madre Seton del sacramento de los enfermos. En realidad, si su esta\u00addo sigue siendo estacionario, ella se ha debilitado tanto que a cada acceso de tos que la sacude dolorosamente, se puede temer que sea efectivamente el \u00faltimo. El domingo, 24 de septiembre, el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur est\u00e1 en el confesonario en la Iglesia de San Jos\u00e9. Bruscamente, alguien se acerca y llama. Es una Hermana que acude de <em>White House.<\/em><\/p>\n<p>-\u00a1Venga, nuestra Madre se muere!<\/p>\n<p>El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur deja all\u00ed a su penitente, sale de la iglesia, se agarra al primer caballo que puede encontrar, salta a la silla y parte a galope en direcci\u00f3n de la Casa Blanca. Detr\u00e1s de \u00e9l, la Hermana que ha venido a avisarle vuelve a tomar el camino del convento con algunas personas.<\/p>\n<p>El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur encuentra a la Madre calmada y serena. Ella le acoge sonriente, relajada. No, no ha llegado para ella todav\u00eda el momento de partir \u00aba casa\u00bb. El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur puede irse, con toda seguridad, a celebrar a la parroquia la misa de Nuestra Se\u00f1ora de la Merced. Se marcha, pero terminada la misa, se apresura a volver junto a la enferma.<\/p>\n<p>-Confi\u00e9sese de todo, en general, Madre- le sugiere \u00e9l, para recibir una \u00faltima absoluci\u00f3n. Ella lo hace en voz alta, anota el Sr. Brut\u00e9. Luego, algunas Hermanas, silenciosas entran en la habitaci\u00f3n. Catalina en medio de ellas. La Madre permanece apacible, prosiguiendo con toda evidencia el coloquio \u00faltimo con su Dios. En su mirada luminosa se transparenta su alma. El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur le pide que haga un acto de abandono. Ella responde: s\u00ed, y con un gesto de la mano refrenda su asentimiento. El le propone renovar sus votos:<\/p>\n<p><em>-\u00a1Con todo el coraz\u00f3n!, <\/em>murmura ella.<\/p>\n<p>El le invita a bendecir a su hija Kate y a sus dos hijos ausentes, una vez m\u00e1s. Ella asiente de nuevo y su mirada se vuelve hacia el cielo, m\u00e1s elocuente que las palabras, expresa para ellos su \u00faltimo deseo. A las letan\u00edas de los Santos suceden las preces de los agonizantes. A duras penas, Catalina retiene sus sollozos. Estos estallan a pesar de sus esfuerzos, en el momento en que el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur pronuncia las solemnes palabras <em>\u00ab\u00a1Sal, alma cristiana&#8230;!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero no es, todav\u00eda, para Isabel el d\u00eda de la gran despedida. Superada la crisis, recupera vida. Esa misma noche, se entretiene con su director, haciendo la lista de las personas que deber\u00e1n ser avisadas de su muerte. El pronuncia el nombre del Sr. David. Ella repite a su vez: Sr. David&#8230;, y prosigue:<\/p>\n<p><em>-Ser\u00e1 necesario pedirle perd\u00f3n de todas las penas que le caus\u00e9.<\/em><\/p>\n<p>Ella desea que el Sr. Brut\u00e9 no deje esa noche la Casa Blanca. Si la crisis de la ma\u00f1ana ha sido superada, puede venir otra que sea la \u00faltima. Pero el responde tranquilamente:<\/p>\n<p><em>-Yo no creo que muera usted esta noche. <\/em>Sin insistir m\u00e1s, ella le deja partir.<\/p>\n<p>La noche, en realidad, es buena. Y la jornada del d\u00eda siguiente. Contra toda esperanza, lentamente, Isabel parece remontar la pendiente. El 4 de octubre, Kate avisa a Julia Scott: Mi <em>madre ha estado \u00abin extremis\u00bb, pero ella afortunadamente va recuper\u00e1ndose ahora y tenemos la esperanza de que pronto estar\u00e1 restablecida. <\/em>Catalina quiere esperar contra toda esperanza. Se da a su madre tres meses de plazo sin m\u00e1s. Es vano hacerse ilusiones a este respecto. Ella es presa a menudo de una sed torturante. Pues bien, una noche, su enfermera le trae una bebida refrescante. Con firmeza, la madre la reh\u00fasa. Se est\u00e1 todav\u00eda en la \u00e9poca en que el ayuno eucar\u00edstico, riguroso y severo, pide que uno se abs\u00adtenga de todo alimento y de toda bebida, aunque sea un sorbo de agua, a partir de media noche, cualquiera que sea la hora de la comuni\u00f3n matinal. Por una comuni\u00f3n m\u00e1s, Isabel estima como bien poca cosa tener que soportar cinco o seis horas de mayores sufrimientos. \u00bfSer\u00eda pagar demasiado cara tal gracia?<\/p>\n<p>El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur -como afirmar\u00e1 el mismo- no puede traerle la co\u00admuni\u00f3n sin quedar profundamente conmovido, tanto irradia entonces el rostro de la madre, tanto se revela en su fisonom\u00eda su alegr\u00eda \u00edntima, en el momento en que \u00e9l entra en su habitaci\u00f3n portando la eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>Los d\u00edas se suceden a los d\u00edas. El oto\u00f1o hace llamear, una vez m\u00e1s, los robles en torno a la casa. Guillermo debe regresar al comienzo del a\u00f1o siguiente, en enero de 1821. La madre se recupera, esperando que volver\u00e1 a ver a su hijo mayor. Ricardo, por su parte, junto a Antonio est\u00e1 en seguridad. Cuando le llegue la noticia de su muerte tendr\u00e1 a su lado a un amigo incomparable, para endulzar su pena. As\u00ed piensa la Madre Seton. Y, de repente, llega una carta. Ella reco\u00adnoce la letra de Ricardo&#8230; Pero el correo viene de Am\u00e9rica. \u00bfPor qu\u00e9? Febril\u00admente la madre despliega el papel. Ricardo 1-e hace saber que no est\u00e1 ya en Liorna. Ha dejado ya a Antonio Filicchi. Y ahora est\u00e1 en Virginia, en Norfolk, deudor insolvente de un protesto. La carta est\u00e1 fechada el 12 de octubre. El golpe hiere a Isabel en pleno coraz\u00f3n. Ella imagina ya a Ricardo en prisi\u00f3n, desho7\u00adrado, desesperado, abandonado de todos. Con su mano febricitante escribe des\u00adde su lecho al general Harper, suplic\u00e1ndole que acuda en ayuda de su hijo. Es\u00adpera, temblorosa, una respuesta. Y es una carta de Toscana la que llega primero. Antonio Filicchi, ignorante del estado de salud de su destinataria, le hace saber sin componendas que Ricardo no es m\u00e1s capaz de lo que era Guillermo. Tampoco con \u00e9l ha logrado, al fin, ninguna de las satisfacciones esperadas&#8230; Para la madre viene a ser el golpe de gracia. El golpe definitivo del que ya no podr\u00e1 volverse a levantar. Quiere escribir una vez m\u00e1s a Antonio. Bajo su pluma se agolpan las palabras, sin encontrar nunca su sitio querido en la frase, ella las olvida. Las letras cabalgan unas sobre otras, apenas, legibles. Ultimo mensaje, conmovedor, digno de l\u00e1stima.<\/p>\n<p><em>\u00a1He ah\u00ed pues, el fruto terrestre de tu bondad y de tu presencia con nosotros! Pero afortunadamente todo est\u00e1 escrito en el cielo. Yo no he vuelto a ver to\u00addav\u00eda al muchacho. El me escribi\u00f3 que estaba en Norfolk ere dificultad, habiendo recibido un protesto. Y como yo no sab\u00eda entonces nada de lo que t\u00fa me has informado despu\u00e9s, pensando que \u00e9l estaba arrestado, tal vez, o algo as\u00ed, le escrib\u00ed al general Harper para que tuviera la bondad de ocuparse de \u00e9l&#8230; No para su descargo, querido Antonio, sino por deber maternal.<\/em><\/p>\n<p><em>Durante largos a\u00f1os he rogado solamente por mis hijos, pidiendo a nuestro Dios bendito que hiciese lo que El quiera para ellos y en ellos por el camino de contradicci\u00f3n o de la prueba, dado tan s\u00f3lo que salve sus almas!&#8230; Tan pronto como haya visto a mi desgraciado Ricardo, le escribir\u00e9 de nuevo, si Dios quiere. La raz\u00f3n de esta carta es que he recibido los \u00faltimos sacramentos hace tres se\u00admanas&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Al menos ella quiere repetir a Antonio los frutos apost\u00f3licos que comienza a dar en tierra americana \u00abel grano de mostaza que \u00e9l -el amigo fiel- sembr\u00f3 por la mano de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora bien, mientras que su madre consum\u00eda las \u00faltimas fuerzas de su vida en buscar para su hijo pr\u00f3digo los apoyos seguros, Ricardo, que hab\u00eda salido de apuros, escrib\u00eda desvergonzadamente al general una carta insolente afirmando con arrogancia que \u00e9l no ten\u00eda que rendir cuentas a nadie en lo que concern\u00eda a su salida de Liorna.<\/p>\n<p>El viento de oto\u00f1o sopla a r\u00e1fagas a trav\u00e9s del valle. Uno tras otro, los gran\u00addes robles se despojan de sus hojas. El fuego de le\u00f1a que chisporrotea en la chi\u00admenea, ayuda apenas a entrar en calor a la Madre Seton. Ella no deja ya el lecho. El 18 de noviembre, Catalina escribe a Julia Scott: <em>Mi querida madre est\u00e1 lejos de restablecerse. <\/em>Los ataques de tos se multiplican. En el pecho aparece un abceso. El agotamiento es cada vez mayor. La enferma no puede ni siquiera alimentarse. Sor O Conway que la rodea de las mejores atenciones, se mueve en torno al lecho a tiempo y a destiempo con una voluntad tan buena como torpe sometiendo a veces a dura prueba la paciencia que la Madre Seton se esfuerza por conservar, a pesar de su debilidad, a pesar de su sufrimiento.<\/p>\n<p><em>-Madre, \u00bfnecesita algo?&#8230; \u00bfquerr\u00eda tener un crucifijo para que la ayude a pensar en Dios?<\/em><\/p>\n<p><em>-Gracias, mi querida hija, tengo ya un crucifijo sobre el pecho. <\/em>Y un poco m\u00e1s tarde le explica:<\/p>\n<p><em>-No se inquiete, mi querida hija, yo trato de permanecer tan \u00edntimamente como puedo en su presencia.<\/em><\/p>\n<p>Ella tiene todav\u00eda placer en escuchar el canto de las escolares que sube a veces hasta su habitaci\u00f3n. Pide que se le traiga a las m\u00e1s peque\u00f1as de las ni\u00f1as y hace que se les d\u00e9 fruta. Escucha gustosa a las Hermanas que vienen a darle cuenta de su apostolado junto a las alumnas, o a las pobres gentes del pueblo. En su rostro de color de cera, los ojos centellean aun de vida y de entusiasmo. En el curso de la segunda quincena de diciembre, llega Ricardo a Emmits\u00adburg. \u00bfSe esperaba \u00e9l encontrar a su madre en tal estado? \u00bfComprende que ella se encuentra en sus \u00faltimos d\u00edas? \u00bfEst\u00e1 lleno de verg\u00fcenza o tan solo incons\u00adciente de la gravedad de la situaci\u00f3n? \u00bfTeme unos reproches, a decir verdad, jus\u00adtificadora? Ni la fiesta de Navidad, muy pr\u00f3xima, ni el estada de su madre le retienen en <em>White House. <\/em>Al cabo de unos d\u00edas, se va. Jam\u00e1s volver\u00e1 ya al Vallo. Dos a\u00f1os y medio m\u00e1s tarde, morir\u00e1 \u00e9l mismo a los 26 a\u00f1os, a bordo del bergant\u00edn \u00abOswego\u00bb el 26 de junio de 1823, de una enfermedad contra\u00edda a la cabecera de Jehudi Ashmun, un pastor protestante, a cuyo cuidado se hab\u00eda dedicado gene\u00adrosamente.<\/p>\n<p>La Madre Seton ha visto a Ricardo. A Guillermo no le volver\u00e1 a ver. Su hijo mayor desposar\u00e1, en 1831, a Emily Prime, una protestante. Y por un tiempo, se alejar\u00e1 de la fe cat\u00f3lica. Pero ser\u00e1 en la Iglesia cat\u00f3lica donde muera el 20 de enero de 1868. De sus siete hijos, uno ser\u00e1 prelado y otra religiosa.<\/p>\n<p>Ha llegado Navidad. A la alegr\u00eda tradicional que trae a <em>White House <\/em>la fiesta del Nacimiento, se le ha puesto sordina. Si <em>alg\u00fan cambio ha sobrevenido desde mi \u00faltima carta <\/em>-escribe Catalina a Julia Scott el 26 de diciembre de 1820\u00ad<\/p>\n<p>El fin es inminente. Sentada en su lecho, sostenida por dos cojines a fin de atenuar la crisis de asfixia, la Madre Seton s\u00f3lo espera la llamada del Se\u00f1or. Ha podido comulgar todav\u00eda el domingo 31 de diciembre. La \u00faltima no\u00adche del a\u00f1o se ha acabado. Han sonado ya en el gran silencio las doce campa\u00adnadas de medianoche. La Hermana que vela a la enferma se acerca a su lecho. Le presenta una p\u00f3cima.<\/p>\n<p><em>Deje la bebida tranquila <\/em>&#8212;dice con firmeza la Madre-. <em>\u00a1Una comuni\u00f3n m\u00e1s y luego la eternidad!<\/em><\/p>\n<p>Martes, 2 de enero. El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur y el Sr. Dubois han llegado ambos, de ma\u00f1ana, a la habitaci\u00f3n donde reposa Isabel. Ella recibe de su padre espiritual una \u00faltima bendici\u00f3n. El Superior de la comunidad le propone renovar el sacramento de los enfermos, si lo desea. El rostro de la moribunda se ilumina con una feliz sonrisa:<\/p>\n<p><em>-Muy agradecida&#8230;, <\/em>dice con un susurro.<\/p>\n<p>Al comienzo de la tarde todas las Hermanas, silenciosas, y Catalina entre ellas, rodean de nuevo a su Madre. Demasiado fatigada para hablar, incluso a media voz, la Madre Seton deja al Sr. Dubois exponer en su lugar y en su nombre sus \u00faltimas recomendaciones.<\/p>\n<p>Lo que quiere es que sus hijas permanezcan unidas conjuntamente como verdaderas Hijas de la Caridad. Luego, que sigan s\u00f3lidamente fieles, gracias a la pr\u00e1ctica de sus reglas.<\/p>\n<p>La Madre tiene un tercer deseo. <em>Ella quiere <\/em>&#8211;dice el Sr. Dubois- <em>que os pida perd\u00f3n de su parte por todos los malos ejemplos que os ha podido dar, y yo me inclino ante ese deseo. <\/em>Todas saben bien, sin embargo -a\u00f1ade \u00e9l-, que ella no ha dado jam\u00e1s malos ejemplos a consecuencia de las dispensas que le han sido concedidas, ya que, al aceptarlas no hac\u00eda otra cosa que someterse tanto a las prescripciones del m\u00e9dico como a las normas del superior mismo.<\/p>\n<p>El Sr. Dubois se dispone a comenzar la ceremonia de la extremaunci\u00f3n. Reves\u00adtido ya de sobrepelliz, ha tomado el ritual. Con un gesto, con una mirada, la mo\u00adribunda le interrumpe.<\/p>\n<p><em>-Les agradezco, hermanas m\u00edas <\/em>-articula ella-la <em>bondad que tienen de estar aqu\u00ed, en este momento dif\u00edcil.<\/em><\/p>\n<p>Luego, recogiendo todas sus fuerzas:<\/p>\n<p><em>-\u00a1Sean hijas de la Iglesia! \u00a1Sean hijas de la Iglesia!<\/em><\/p>\n<p>Esta \u00faltima recomendaci\u00f3n ha querido pronunciarla ella misma. La repite dos veces. Eco lejano, eco triunfante del grito que ella lanzaba en 1805, en lo pro\u00adfundo de la noche, tan pr\u00f3xima sin saberlo ella, a la radiante luz de su Epifan\u00eda: <em>\u00a1No busco m\u00e1s que a Dios y su Iglesia!<\/em><\/p>\n<p>La Iglesia de Dios, ella la encontr\u00f3 y lleg\u00f3 a ella \u00abno renegando de su pasa\u00addo\u00bb -como lo subray\u00f3 el Papa Juan XXIII el d\u00eda de su beatificaci\u00f3n, 7 de mar\u00adzo de 1963-, sino m\u00e1s bien como una meta providencial ofrecida a sus estudios, a su oraci\u00f3n, a sus obras de caridad, y a la que la dispon\u00eda la orientaci\u00f3n de su vida precedente. Poco a poco, ella se encontr\u00f3 en el seno de la Iglesia Cat\u00f3lica; eso fue para ella un enriquecimiento del patrimonio que pose\u00eda ya, la apertura de un cofre cerrado que ten\u00eda en sus manos, el pleno conocimiento de la verdad total con la que ella hab\u00eda estado en contacto desde su juventud. \u00a1Qu\u00e9 m\u00e1s cosas puede entonces desear a sus hijas que el que permanezcan verdaderas hijas de esa Iglesia que ella encontr\u00f3, que la recibi\u00f3 y la colm\u00f3!<\/p>\n<p>El 6 de enero pr\u00f3xima, las ni\u00f1as de <em>White House <\/em>har\u00e1n su primera comuni\u00f3n. <em>\u00bfQui\u00e9n sabe <\/em>-le dice el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur- <em>si no estar\u00e1 ella todav\u00eda aqu\u00ed para asociarse a esa fiesta, para recibir una vez m\u00e1s el cuerpo de Cristo?<\/em><\/p>\n<p>Pera una Epifan\u00eda infinitamente m\u00e1s bella y m\u00e1s gloriosa se prepara para ella. Ella la presiente. Ella la desea. Ella la espera, en paz.<\/p>\n<p>Su debilidad apenas la permite pronunciar unas palabras. Pero es dichosa de o\u00edr recitar, de vez en cuando, muy cerca de ella, uno u otro de sus textos santos preferidos. Por un momento la Hermana que la vela la oye musitar las primeras palabras de la oraci\u00f3n recientemente compuesta por el Papa P\u00edo VII.<\/p>\n<p><em>\u00a1Que la just\u00edsima, la alt\u00edsima y amabil\u00edsima voluntad de Dios sea alabada, cumplida, exaltada, en todas las cosas, por encima de todo y por siempre!<\/em><\/p>\n<p>La voluntad de Dios. La Palabra de Dios. El Hija de Dios, Dios mismo entre nosotros, hecha nuestro alimento, \u00bfno era de lo que ella hab\u00eda vivido? Ahora ella iba a perderse en esa voluntad de amor, gustar los bienes infinitos prometidos y merecidas para nosotros por el \u00abamado Salvador\u00bb, es decir, ver a Dios cara a cara, contemplarle, amarle, poseerle, comunicar en su vida propia, eter\u00adnamente.<\/p>\n<p>Las palabras francesas ven\u00edan a veces, espont\u00e1neamente a sus labios, pues es en esa lengua en la que gustaba rezar. Sor Xavier lo sabe y, lentamente repite a su cabecera las palabras que tantas veces ella ha pronunciado:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>\u00abGloire a Dieu aux plus haut des cieux<\/em><\/p>\n<p><em>et paix sur la terre aux hommes qu&#8217;il aime&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Nous te louons, nous te b\u00e9ni.ssons, nous t&#8217;adorons&#8230; <\/em><\/p>\n<p><em>&#8230;Toi, qui enl\u00e9ves le p\u00e9ch\u00e9 du monde, re\u00e7ois notre pri\u00e9re <\/em><\/p>\n<p><em>car Toi seul est Saint, Toi seul es le Seigneur,<\/em><\/p>\n<p><em>Toi seul es le Tr\u00e9s-Haut, J\u00e9sus-Christ, <\/em><\/p>\n<p><em>dans la glorie de Dieu le P\u00e9re\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00abGloria\u00bb, himno de alabanza. \u00abMagnificat\u00bb, canto de acci\u00f3n de gracias:<\/p>\n<p><em>\u00abMon \u00e1me exalte le Seigneur, exulte mon esprit en Dieu mon Sauveur. &#8230;Le Tout-Puissant a fait en moi des grandes choses: saint est son nom. D\u00e9sormais toutes les g\u00e9n\u00e9rations m&#8217;appelerons bienheuheuse\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>No hab\u00eda aparecida todav\u00eda el alba del 4 de enero de 1821 por encima de las Monta.\u00f1as Azules, cuando el alma de Isabel, con una calma profunda se lanz\u00f3 hacia la casa del Padre.<\/p>\n<p><em>El Todopoderoso ha hecho en m\u00ed grandes cosas.<\/em><\/p>\n<p><em>desde ahora me llamar\u00e1n bienaventurada todas las generaciones.<\/em><\/p>\n<p>Estas palabras, iban a hacerse realidad un d\u00eda.<\/p>\n<p>Vendr\u00eda un d\u00eda -ya ha llegado para nosotros- en que el Vicario de Cristo, proclamar\u00eda bienaventurada, en la Bas\u00edlica de San Pedro de Roma, a la que, en la peque\u00f1a iglesia de San Pedro de Nueva York se hab\u00eda unido por primera vez a Cristo, por la comuni\u00f3n sacramental, el 25 de marzo de 1805.<\/p>\n<p>Juan XXIII escrib\u00eda el 17 de marzo de 1963:<\/p>\n<p><em>\u00a1Oh bienaventurada Isabel Seton, que resplandeces desde ahora ante la faz de todas las naciones por tu fidelidad a las promesas del bautismo, mira con ojos de predilecci\u00f3n a tu puebla que se glor\u00eda de ti como de su primera flor de santidad. Obtenle de Dios la gracia de guardar el patrimonio sagrado de la llamada del Evangelio, la firmeza en la fe, el ardor en la caridad, a fin de que responda con alegr\u00eda a su vocaci\u00f3n particular!<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Extiende tu protecci\u00f3n tambi\u00e9n sobre la Iglesia entera, ofreci\u00e9ndole como ejemplo el fuego de generosidad y amor que te impuls\u00f3 \u00abde claridad en claridad\u00bb hasta la presente glorificaci\u00f3n!<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Fin<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Derramo el agua sobre el suelo sediento los raudales sobre la tierra reseca. Derramar\u00e9 mi esp\u00edritu sobre tu linaje mi bendici\u00f3n sobre tu descendencia. 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