{"id":95866,"date":"2018-09-19T08:46:58","date_gmt":"2018-09-19T06:46:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=95866"},"modified":"2018-09-14T11:30:28","modified_gmt":"2018-09-14T09:30:28","slug":"vicente-de-paul-y-luisa-de-marillac","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-y-luisa-de-marillac\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac"},"content":{"rendered":"<h2 align=\"center\"><strong>La preparaci\u00f3n de una fundadora<\/strong><\/h2>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el precioso fil\u00f3n que forman las cartas de Vicente de Pa\u00fal llegadas hasta nosotros, las que dirigi\u00f3 a Luisa de Marillac ofrecen un particular inter\u00e9s en lo relativo al alma de su destinataria e, incluso, a la historia de la incipiente Com\u00adpa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Creo, sin embargo, que me ser\u00e1 l\u00edcito clasificar dichas cartas en dos grupos: A un lado, las que el Sr. Vicente escribi\u00f3 a su hija y colaboradora antes del mes de noviembre de 1633, en cuyos \u00faltimos d\u00edas todas las primeras Hijas de la Caridad se reunieron con Luisa; y a otro \u2014segundo gru\u00adpo\u2014 las dirigidas por el Sr. Vicente a la Srta. Le Gras desde fines de 1633 hasta la muerte de Luisa. Si estas \u00faltimas son las cartas de un fundador a una funda\u00addora, las primeras deben de ser unos documentos de tal naturaleza que nos es\u00adclarecer\u00e1n la forma como el Sr. Vicente prepar\u00f3 a la Fundadora de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Cierto que cuando \u2014en el a\u00f1o de gracia de 1624-25\u2014 el sacerdote land\u00e9s tro\u00adpez\u00f3 por vez primera con esta joven de la sociedad parisina, estaba bien lejos de imaginar que terminar\u00eda asoci\u00e1ndola \u2014\u00a1y de qu\u00e9 forma!\u2014 al ministerio de la caridad, cuya llamada movilizadora hab\u00eda \u00e9l empezado a notar siendo p\u00e1rroco de Ch\u00e1tillon-les-Dombes. Pero eso no impidi\u00f3 que desde el momento en que acep\u00adt\u00f3 \u2014sin entusiasmo desbordante alguno\u2014 dirigir a Luisa de Marillac por los senderos de una profunda vida cristiana, comenzara a preparar a la que, diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, iba a ser, seg\u00fan expresi\u00f3n referida a ella, la \u00abprimera Hermana Sirvien\u00adte de la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Las cartas que, a tenor de diversas circunstancias, dirige el Sr. Vicente a su hija espiritual entre 1626 y 1633, y que han llegado hasta nosotros, son 96; se ha\u00adllan en el tomo I de la correspondencia de San Vicente reunida por Pedro Coste, y est\u00e1n repartidas entre la p\u00e1gina 25 y 223 de dicho volumen: Correspondencia fragmentaria, o en breves notas, o como cartas de redacci\u00f3n m\u00e1s cuidada. De todas ellas, s\u00f3lo unas veinte llevan la fecha exacta (d\u00eda, mes, a\u00f1o) se\u00f1alada por su autor. A la vista de su contenido, Pedro Coste procur\u00f3 clasificar cronol\u00f3gica\u00admente las 70 restantes.<\/p>\n<p>El apelativo usado habitualmente por el Sr. Vicente para dirigirse a su inter\u00adlocutura es el de \u00abse\u00f1orita\u00bb. Pero llega a decir \u00abmi querida hija\u00bb, \u00abhija m\u00eda\u00bb; la carta que Pedro Coste sit\u00faa entre 1626 y 1629 (SV I, 62-64) (CS I, 126) nos pro\u00adporciona un hermoso ejemplo. A partir de 1629 no volvemos a encontrar m\u00e1s veces semejante expresi\u00f3n en la pluma de Vicente.<\/p>\n<p>Cuando les dedica tiempo para redactarlas en forma, sus cartas comienzan por el deseo: \u00abLa gracia de Nuestro Se\u00f1or est\u00e9 siempre con V.\u00bb Acaban con una f\u00f3rmula con la que el Sr. Vicente no se contenta con rendir culto a una f\u00f3rmula de cortes\u00eda, sino que dice exactamente lo que quiere: \u00abEn el amor de Nuestro Se\u00f1or, su muy humilde y muy obediente servidor&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>La firma de estas cartas o de aquellas notas presenta una variedad muy cu\u00adriosa, debida quiz\u00e1 en parte al tiempo de que dispone el Sr. Vicente para escri\u00adbirlas. Firma as\u00ed:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00abV. P.\u00bb (SV I, 119) (CS I, 178).<\/li>\n<li>\u00abVincent\u00bb (SV I, 92-118) (CS I, 153-179).<\/li>\n<li>\u00abV. Depaul\u00bb (SV I, 103-104-108-135-151) (CS I, 165-166-170-192-204).<\/li>\n<li>\u00abV. D. P.\u00bb (SV I, 81-86-88-155-160-172) (CS I, 142-148-149-212-215-227).<\/li>\n<li>\u00abV. D.\u00bb (SV I, 143-144-145-146-147-171-201-206-215-219-223) (CS I, 198-199-201-202- 226-256-263-266-269).<\/li>\n<li>\u00abVincent Depaul\u00bb (SV I, 33-37-39-40-78-79-85-94-99-100-121-125-129-131-133-153-156- 158-168-189-198-199-202-218) (CS I, 102-106-108-109-139-140-141-146-155-156-157-161- 168-172-181-183-185-187-188-190-207-214-239-248-250).<\/li>\n<\/ul>\n<p>Durante este per\u00edodo, que se extiende desde 1626 hasta finales de 1633, y que interesa al presente estudio, es \u00fanicamente en su correspondencia con Luisa de Marillac cuando Vicente hace gala de tal fantas\u00eda en sus firmas. Sin embargo hay una excepci\u00f3n: El Fundador de la Misi\u00f3n firma \u00abV. D. P.\u00bb en la carta que dirige, el 16 de septiembre de 1633, a Miguel Alix, cura de Saint-Ouen-l&#8217;Aum\u00f3ne (SV I, 216) (CS I, 264). (Por cierto, esa es la tercera carta que escribe a su in\u00adterlocutor.) Tal variedad en la forma de firmar las cartas dirigidas a su hija es\u00adpiritual, y sobre todo el frecuente recurso a las iniciales escuetas de su nombre y apellido, \u00bfno nos revelar\u00e1n no s\u00f3lo que el Sr. Vicente era con frecuencia un hombre apremiado por el tiempo, sino tambi\u00e9n un padre espiritual, que se sen\u00adt\u00eda con la suficiente confianza en relaci\u00f3n a su hija como para dispensarse en sus cartas de f\u00f3rmulas protocolarias?<\/p>\n<p>La correspondencia de Vicente con Luisa durante estos a\u00f1os \u20141626-1633\u2014 deja vislumbrar dos etapas en la marcha de esta mujer hacia lo que por voluntad de Dios deb\u00eda ser su verdadera vocaci\u00f3n: La formaci\u00f3n y animaci\u00f3n de las primeras Hijas de la Caridad, al tiempo que consolidaba su Compa\u00f1\u00eda. La primera etapa, que se extiende unos tres a\u00f1os \u20141626 a 1629\u2014 gira alrededor de la vida interior personal de Luisa; la segunda \u2014desde mayo de 1629 hasta noviembre de 1633\u2014 ser\u00e1 para la futura Fundadora un aut\u00e9ntico noviciado que la conducir\u00e1 hacia el servicio al que Dios la destinaba.<\/p>\n<p>En cada una de estas etapas el Sr. Vicente adapta admirablemente las orien\u00adtaciones para la que, hasta 1629 inclusive, \u00e9l llama su \u00abquerida hija\u00bb. El estudio atento de sus cartas lleva a esa conclusi\u00f3n. Pedro Coste, para dicho per\u00edodo, ha coleccionado en su primer tomo 95 cartas.<\/p>\n<h2 align=\"center\">Primera etapa: antes de mayo de 1629. Serenando un alma<\/h2>\n<p>Cuando se somete a una disecci\u00f3n la lectura de las cartas que el Sr. Vicente escribe a Luisa de Marillac durante el per\u00edodo que va desde 1626 a mayo de 1629, no hay que perder de vista ni la situaci\u00f3n ni, particularmente, el estado de \u00e1nimo de su interlocutora durante esa \u00e9poca.<\/p>\n<p>La primera nos es bien conocida. A los veintid\u00f3s a\u00f1os, el 5 de febrero de 1613, Luisa se casa con Antonio Le Gras. Ya en el primer a\u00f1o de esta uni\u00f3n tiene de \u00e9l un hijo, Miguel. Desde el 21 de diciembre ya es viuda.<\/p>\n<h3>Un doloroso estado de alma<\/h3>\n<p>Esta mujer de treinta y cinco a\u00f1os queda marcada por el misterio de su na\u00adcimiento: Hija de madre desconocida. Es m\u00e1s o menos desde\u00f1ada por la familia de su padre, los Marillac. Sin embargo llega a recibir una educaci\u00f3n excelente: Sus estudios (lat\u00edn, filosof\u00eda e incluso teolog\u00eda), enriquecidos por las propias lec\u00adturas, la dotaron de una cultura extraordinaria para una mujer de su tiempo.<\/p>\n<p>Antes de casarse, su piedad le hizo reconsiderar seriamente su posible consa\u00adgraci\u00f3n a Dios en la vida religiosa. La fragilidad de su salud inclin\u00f3 a sus con\u00adsejeros espirituales a desviarla de semejante camino. Acept\u00f3 sin entusiasmo el matrimonio, pero en su hogar se comport\u00f3 como esposa ejemplar.<\/p>\n<p>Los primeros treinta a\u00f1os de su vida quedaron velados por una grisalla pr\u00f3\u00adxima al negro m\u00e1s intenso que favoreci\u00f3 el repliegue sobre s\u00ed misma y la con- <sup>&#8211;<\/sup>lujo hasta un cierto grado de neurastenia.<\/p>\n<p>A pesar de eso, antes de entrar en contacto con el Sr. Vicente conoci\u00f3 la pri\u00admera gran iluminaci\u00f3n de su vida. Nos lo ha contado ella misma (cfr. <em>Sainte <\/em><em>Louise de Marillac: Correspondance, M\u00e9ditations, Pens\u00e9es, Avis, <\/em>Par\u00eds, 1961, p\u00e1gi\u00adnas 875-876). Esta hora de claridad vivida en la iglesia de Saint-Nicolas-des-Champs el d\u00eda de Pentecost\u00e9s de 1623, puso fin, al menos en parte, a una penosa crisis que atraves\u00f3 la futura Fundadora: Crisis que versaba sobre estos tres interro\u00adgantes:<\/p>\n<ol>\n<li><em>Para cumplir mejor con la voluntad divina, \u00bfdeb\u00eda Luisa separarse de su <\/em><em>marido? Estaba efectivamente persuadida de que su matrimonio se opon\u00eda <\/em><em>a los designios divinos sobre ella.<\/em><\/li>\n<li>\u00bfA <em>qu\u00e9 sacerdote podr\u00eda confiarse con tranquilidad plena para avanzar con <\/em><em>garant\u00eda por el camino de la santidad?<\/em><\/li>\n<li><em>\u00bfPod\u00eda creer con absoluta certeza en la eternidad?<\/em><\/li>\n<\/ol>\n<p>En la iglesia de Saint-Nicolas-des-Champs brill\u00f3 la luz: Luisa recibe respuesta para tan angustiosas preguntas. Un sacerdote se interpondr\u00e1 en su ruta y la toma\u00adr\u00e1 bajo su direcci\u00f3n; la eternidad feliz es una realidad, y Luisa conoce ese mismo d\u00eda \u2014pero como a trav\u00e9s de la veladura de una profec\u00eda\u2014 que llegar\u00e1 un tiempo en el que, con otras personas, podr\u00e1 entregarse a una gran obra.<\/p>\n<p>De inmediato, dos acontecimientos hacen realidad la iluminaci\u00f3n de aquel Pen\u00adtecost\u00e9s de 1623: Luisa enviuda y se hace encontradiza con el Sr. Vicente. Pero entre 1623 y 1626, fecha probable de su primer encuentro con el sacerdote land\u00e9s, van a transcurrir dos a\u00f1os, y el alma de Luisa yace en el terreno de una doble crispadura: La primera radica en su deseo de amar a Dios con plena perfecci\u00f3n; entonces, la ojeada que a s\u00ed misma dirige con el fin de desalojar todos los obs\u00adt\u00e1culos que se interponen entre ella y la voluntad de amar soberanamente a Dios, remata en una concentraci\u00f3n, en un repliegue sobre s\u00ed misma terriblemente pe\u00adligroso. Tal egocentrismo espiritual conlleva el peligro de desarrollar su tenden\u00adcia al escr\u00fapulo.<\/p>\n<p>La segunda crispadura de Luisa la provoca el hecho de que, a medida que va pasando el tiempo, no ve que se vaya a realizar la especie de profec\u00eda que vislum\u00adbr\u00f3 cuando la iluminaci\u00f3n de 1623 en Saint-Nicolas-des-Champs:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230; Se me advirti\u00f3 &#8230; que llegar\u00eda un tiempo en el que yo estar\u00eda en estado de hacer voto de pobreza, castidad y obediencia, y que estar\u00eda con otras personas, de las cuales algunas har\u00edan lo mismo que yo. Pensaba en\u00adtonces que estar\u00eda en un lugar para socorrer al pr\u00f3jimo, pero no pod\u00eda comprender c\u00f3mo podr\u00eda suceder aquello, porque eso exig\u00eda idas y veni\u00addas&#8230; <\/em>(op. cit., p. 875).<\/p>\n<p>Van pasando d\u00edas, meses, hasta a\u00f1os, y al no realizarse la predicci\u00f3n, Luisa llega a un estado tal de impaciencia que raya en nerviosismo.<\/p>\n<p>As\u00ed de complicada y delicada es la situaci\u00f3n del alma a la que ha de enfren\u00adtarse el Sr. Vicente.<\/p>\n<h3><strong>La t\u00e1ctica del Se\u00f1or Vicente<\/strong><\/h3>\n<p>En la primera etapa de la andadura de Luisa bajo la direcci\u00f3n del Fundador de la Misi\u00f3n, las cartas del Padre espiritual dejan adivinar que hay dos tiempos: un tiempo de observaci\u00f3n y otro de orientaci\u00f3n.<\/p>\n<h4>Un tiempo de observaci\u00f3n<\/h4>\n<p>El Padre estudia a la hija aprovechando entrevistas, encuentros, que su bene\u00adficiaria juzga demasiado poco frecuentes. Su escasa frecuencia, o al menos as\u00ed la estimaba Luisa, se debe al hecho de que el Sr. Vicente, Fundador de una Con\u00adgregaci\u00f3n, que hasta aquel momento no contaba con m\u00e1s que tres o cuatro miem\u00adbros, debe dejar a menudo Par\u00eds para dedicarse a la predicaci\u00f3n de misiones. Y a pesar de ello, con el fin de estar lo menos lejos posible de su Padre, Luisa viene a vivir cerca del colegio de Bons-Enfants, que en 1625 se hab\u00eda convertido en la primera Casa-Madre de los sacerdotes de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Es digno de notarse que la \u00fanica carta que poseemos y que fue escrita por Luisa de Marillac en los primeros momentos de su trato con el Sr. Vicente, co\u00admienza por un lamento provocado por una ausencia de su Padre espiritual (SV I, 28) (CS I, 98).<\/p>\n<h4>Un tiempo de orientaci\u00f3n<\/h4>\n<p>Superada su repugnancia inicial para hacerse cargo de la direcci\u00f3n de esta alma, cuyo rango social y psicolog\u00eda atormentada lo manten\u00edan tan distante, el Sr. Vicente presiente que esta mujer encierra dentro de s\u00ed unas posibilidades que desarrollar, unas inclinaciones que convertir. Tambi\u00e9n nota la contrariedad que sus ausencias de Par\u00eds causan en su hija, y se esfuerza en aliviar su sufri\u00admiento. As\u00ed, el 30 de octubre de 1626, cuando \u00e9l est\u00e1 predicando la misi\u00f3n de Loisy-en-Brie, en el Mame, le escribe (y es \u00e9sta la primera de sus cartas a Santa Luisa que ha llegado hasta nosotros):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>No le di aviso de mi partida porque fue m\u00e1s repentina de lo que ima\u00ad<\/em><em>ginaba y ten\u00eda miedo de darle un disgusto al comunic\u00e1rsela (SV <\/em>I, 26) (CS I, 96).<\/p>\n<p><strong>1. Orientaci\u00f3n hacia la santidad<\/strong><\/p>\n<p>Es una gentileza delicada. Pero inmediatamente el Sr. Vicente desecha el plan humano para elevar su correspondencia al plano sobrenatural, y traza estas l\u00edneas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Pero, en fin, Nuestro Se\u00f1or le tendr\u00e1 en cuenta esa peque\u00f1a mortifica. <\/em><em>ci\u00f3n, si lo tiene a bien, y El mismo desempe\u00f1ar\u00e1 el oficio de director: Cier\u00ad<\/em><em>tamente que lo har\u00e1, y de forma que le har\u00e1 ver que se trata de El mismo <\/em>(ib\u00edd.).<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil deducir que las cartas del Padre a su hija reflejan las directrices que el Sr. Vicente daba a Luisa durante sus conversaciones. Por ello resulta intere\u00adsante detenerse en el contenido de tales l\u00edneas. El Sr. Vicente apela al esp\u00edritu de fe de su hija: \u00abNuestro Se\u00f1or \u2014y es de notar el tono afirmativo\u2014, El mismo ser\u00e1 vuestro director.\u00bb As\u00ed, el Padre da a su hija un ejemplo de humildad: En la direcci\u00f3n de esta alma, que Dios ha colocado en su propio camino, el Sr. Vi\u00adcente no se considera m\u00e1s que un instrumento. Cierto que \u00e9l no ser\u00e1 el escultor de aquella alma; bien conoce que su ministerio en relaci\u00f3n a ella no le exige modelarla seg\u00fan sus propias ideas, sino seg\u00fan el particular designio de Dios. El inciso \u2014\u00bbsi lo tiene a bien\u00bb\u2014, que ha dejado deslizar en la frase, ya resulta, para las intenciones de Luisa, una invitaci\u00f3n a cavilar sobre el respeto debido a la divina voluntad. Y si, por el momento, no descubre los designios que esa volun\u00adtad puede tener sobre su hija, el Sr. Vicente por lo menos sabe que debe orien\u00adtar a Luisa hacia un cierto desapego del coraz\u00f3n en relaci\u00f3n a \u00e9l, cuya ausencia le causa sufrimientos demasiado sensibles.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSea V. pues \u2014prosigue\u2014 <em>su <\/em>hija querida.\u00bb No la m\u00eda, sino la de Nuestro Se\u00f1or \u2014le hace comprender el Sr. Vicente\u2014. Sigue entonces una frase ricamente cargada de directrices espirituales: <em>Sea, pues, su hija querida; muy humilde, muy sumisa y muy llena de con\u00ad<\/em><em>fianza, y espere siempre con paciencia la manifestaci\u00f3n de su santa y ado\u00ad<\/em><em>rable voluntad.<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Vaya programa! A aquella mujer que se est\u00e1 escudri\u00f1ando el interior con tanta desconfianza, el Sr. Vicente predica ante todo humildad. \u00bfNo habr\u00e1, en la exagerada desconfianza en s\u00ed misma, una forma sutil de orgullo? Ciertamente, la humildad es el resultado de una mirada realista sobre uno mismo; pero si esa mirada \u00fanicamente consiste en pasar revista a las miserias que uno ha descu\u00adbierto en s\u00ed mismo, no es humildad: Se necesita que la mirada sobre s\u00ed mismo est\u00e9 acompa\u00f1ada de otra mirada, la que desde el fondo de su pobreza espiritual el pecador dirige a Dios y a la riqueza de su amor, y de esta mirada debe nacer la confianza en ese Dios que se complace en exaltar y enriquecer a los verdaderos humildes. Esta actitud del pobre, que pone su confianza en el poder de Dios, es ya un acto de la sumisi\u00f3n que el Sr. Vicente recomienda a Luisa. Porque esa es la voluntad divina y ah\u00ed est\u00e1 una voluntad que no exige una labor de rebusca. Luisa lo sabe bien.<\/p>\n<p>Por el contrario se preocupa de conocer lo que Dios quiere de un modo es\u00adpecial de ella. Su futuro le produce ansiedad. Bien quisiera que su Padre espiri\u00adtual le diese toda clase de precisiones a ese respecto. Pero con una firmeza f\u00e1cil de percibir, el Sr. Vicente \u2014que ya, adivinamos, espera el acontecimiento o los acontecimientos que le manifestar\u00e1n lo que Dios espera de la mujer cuyo cuida\u00addo le ha encomendado\u2014, le ordena:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Espere siempre con paciencia la manifestaci\u00f3n de su santa y adorable <\/em><em>voluntad.<\/em><\/p>\n<p>Y es \u00e9sta, en relaci\u00f3n a Dios, la peculiar\u00edsima orientaci\u00f3n hacia la que trata de enfilar el Padre espiritual a su hija: \u00abLa b\u00fasqueda y el cumplimiento de la voluntad divina\u00bb. Sucede a menudo que en las cartas que le escribe a Luisa du\u00adrante esta primera etapa de sus comunes relaciones, el Sr. Vicente insiste sobre este punto. As\u00ed, en las l\u00edneas que Pedro Coste sit\u00faa \u00abentre 1626 y mayo de 1629\u00bb:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>&#8230; porque estoy seguro de que <\/em>V. <em>quiere y no quiere lo mismo que Dios <\/em><em>quiere y no quiere <\/em>(SV I, 62) (CS I, 126).<\/p>\n<p>Seg\u00fan eso, el padre afirma claramente a la hija que \u00e9l debe ser para ella el int\u00e9rprete de la voluntad divina. Por consiguiente, mientras espera la luz, que<\/p>\n<p>se le dar\u00e1 cuando, como el Sr. Vicente le dec\u00eda m\u00e1s arriba, la voluntad divina aparezca \u00abevidente\u00bb, Luisa permanece tranquila:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>&#8230; procure convencer a su coraz\u00f3n de que, si de veras honra la santa <\/em><em>tranquilidad del de Nuestro Se\u00f1or en su amor, le ser\u00e1 agradable&#8230; (SV <\/em>I, 31) (CS I, 101).<\/p>\n<p>Pero el Sr. Vicente todav\u00eda exige m\u00e1s a su hija: La invita a perfeccionar la ca\u00adlidad de su espera en la divina voluntad, vivi\u00e9ndola alegremente, gozosamente. Es una sugerencia sobre la que vuelve una <em>y <\/em>otra vez en las cartas, largas o cortas, que recibe Luisa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Procure vivir contenta en medio de sus motivos de descontento, y honre siempre el no-hacer y el estado desconocido del Hijo de Dios. All\u00ed est\u00e1 su centro y lo que El espera de V. para el presente y para el porvenir, por siempre. Si su divina Majestad no le hace conocer de una forma inequ\u00edvoca que El quiere otra cosa de V., no piense ni ocupe su esp\u00edritu en esa otra cosa (SV I, 62) (CS I, 126).<\/p>\n<p>Y este consejo, ya de por s\u00ed bastante seco, el Sr. Vicente lo remata todav\u00eda con una mayor sequedad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>D\u00e9jelo a mi cuenta: Yo pensar\u00e9 en ello por los dos.<\/em><\/p>\n<p>E incluso en la carta del 9 de febrero de 1628, Luisa puede leer:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">&#8230; Cons\u00e9rvese alegre y en disposici\u00f3n de querer todo lo que Dios quiere. Y pues es su gusto que nos conservemos siempre en la santa alegr\u00eda de su amor para ser alg\u00fan d\u00eda la misma cosa en El&#8230; (SV I, 39) (CS I, 108).<\/p>\n<p>El Sr. Vicente no predica en el desierto: Ve los esfuerzos de Luisa de Marillac para vivir seg\u00fan las directrices que \u00e9l le prodiga. Y a veces le expresa su satis\u00adfacci\u00f3n. As\u00ed, hacia el final de esta primera etapa, Luisa puede leer con alegr\u00eda las siguientes l\u00edneas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Mi querida hija, \u00a1c\u00f3mo me consuelan su carta y los pensamientos en ella consignados! Realmente es preciso que le confiese que el sentimiento se ha extendido por todas las partes de mi alma, y con tanto mayor placer cuanto que esto me ha hecho ver que est\u00e1 V. en el estado que Dios le pide. \u00a1Animo!, contin\u00fae, mi querida hija, manteni\u00e9ndose en esa buena disposici\u00f3n y deje obrar a Dios (SV I, 69) (CS I, 132).<\/p>\n<p>Una notita de esa \u00e9poca acaba con estas palabras:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Por lo dem\u00e1s, tranquil\u00edcese respecto de su interior, que no deja de estar <\/em><em>en la situaci\u00f3n que es menester aunque no se lo parezca a V. as\u00ed&#8230; (SV <\/em>I, 70) (CS I, 133).<\/p>\n<p>Y ese mismo billete comienza por estas l\u00edneas, que felicitan a Luisa y le expre\u00adsan la dicha de estar tan en conformidad con la voluntad de Dios:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Alabo a Dios, se\u00f1orita, al verla tan resignada con la santa voluntad de Dios, y le ruego que V. y yo tengamos siempre un mismo querer y no-que\u00adrer con El y en El, lo cual es ya un para\u00edso anticipado&#8230; (SV I, 70) (CS I, 133).<\/p>\n<p>El Sr. Vicente comprueba, lo hemos visto, un progreso al t\u00e9rmino de esta pri\u00admera etapa; pero, con vistas al futuro, har\u00eda falta que el padre ayudara a la hija a vencer sus propias resistencias y a dominar los sobresaltos de su naturaleza impaciente por conocer la voluntad divina. Adivinamos esa lucha por lo que es\u00adcribe Vicente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Dios, hija m\u00eda, tiene grandes tesoros ocultos en su santa Providencia; y \u00a1c\u00f3mo honran maravillosamente a Nuestro Se\u00f1or los que la siguen y no se adelantan a ella! \u2014S\u00ed \u2014me dir\u00e1\u2014; pero es por Dios por quien yo me preocupo. No es por Dios por quien se preocupa si se apena en su servicio (SV I, 68) (CS I, 131).<\/p>\n<p>Y \u00a1cuidado que el padre conoce lindamente la forma de serenar a la hija!:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">&#8230; Pero no crea que todo est\u00e1 perdido por esas peque\u00f1as rebeld\u00edas que siente en su interior. A veces llueve con intensidad y truena aparatosamen\u00adte: \u00bfes acaso el tiempo menos bueno por ello? Aunque las l\u00e1grimas de tris\u00adteza inunden su coraz\u00f3n y los demonios truenen y hagan caer granizadas cuanto gusten, est\u00e9 segura, mi querida hija, que no por ello es menos que\u00adrida de Nuestro Se\u00f1or. Viva, pues, contenta en su amor&#8230; (SV I, 71) (CS I, 134).<\/p>\n<p>Quienquiera que lea las cartas que Luisa de Marillac escribi\u00f3 entre 1634 y 1660 \u2014a saber, durante los a\u00f1os en los que fue la responsable de la joven Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad\u2014 no podr\u00e1 extra\u00f1arse de la frecuencia e insistencia con las que la Fundadora habla de la voluntad de Dios y del cuidado que se ha de poner en su cumplimiento. La orientaci\u00f3n hacia la fidelidad a los deseos divi\u00adnos, fidelidad hacia la que Vicente se esforz\u00f3 en atraer a Luisa durante los pri\u00admeros a\u00f1os de su marcha en com\u00fan, obtuvo pleno \u00e9xito: M\u00e1s que de una actitud de orientaci\u00f3n, se trata de un estado de imantaci\u00f3n en la que coloca a Luisa en su relaci\u00f3n con la voluntad divina. Gracias a las directrices de Vicente y a su propia contemplaci\u00f3n del ejemplo de Jes\u00fas, aprendi\u00f3 y comprendi\u00f3 ella que el amor a Dios no se realiza aut\u00e9nticamente si el o la que pretende abrasarse de semejante amor no se esfuerza, con valent\u00eda y perseverancia, en cumplir la voluntad de Dios, toda la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Esa es la actitud esencial, fundamental. Es totalmente imposible, si uno no colabora con la gracia de Dios para desarrollar en s\u00ed mismo determinadas virtu\u00addes. Por ello sorprende que en este per\u00edodo inicial de 1626-1629, el Sr. Vicente atraiga la atenci\u00f3n de Luisa sobre virtudes que alg\u00fan d\u00eda figurar\u00e1n entre las virtudes espec\u00edficas de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad: la humildad y la sencillez.<\/p>\n<p>Si en la primera de las cartas recogidas por Pedro Coste y dirigidas a Luisa de Marillac, el Sr. Vicente lanza ya una llamada discreta a la pr\u00e1ctica de la hu\u00admildad, en una segunda misiva, fechada en octubre de 1627, re\u00fane, en un mismo objetivo, humildad y sencillez.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Sea fiel a su fiel amante, que es Nuestro Se\u00f1or. Sea cada vez m\u00e1s hu\u00ad<\/em><em>milde y sencilla (SV <\/em>I, 30) (SC I, 100).<\/p>\n<p>Es imperativo y sin comentario&#8230; Cuando se evoca el acento que durante los a\u00f1os de su direcci\u00f3n de las Sirvientas de los Pobres llega a poner Luisa sobre estas virtudes, y en especial sobre la humildad, seg\u00fan va uno leyendo el consejo de Vicente, percibe los primeros fulgores de un sol que amanece: Anuncian una luminosa invasi\u00f3n del cielo y de la tierra. Igualmente aqu\u00ed, en la simple indicaci\u00f3n que el Padre da a su hija en relaci\u00f3n con el camino que debe seguir, va a llevar a Luisa a entregar cada vez m\u00e1s plenamente todo su ser a la invasi\u00f3n de la hu\u00admildad y de la sencillez. <em>Sea cada vez m\u00e1s humilde y sencilla.<\/em><\/p>\n<p>Porque desde que ha calibrado la medida del alma de Luisa de Marillac, Vi\u00adcente de Pa\u00fal ha captado que deb\u00eda orientarla hacia la m\u00e1s alta perfecci\u00f3n. Le escribe \u2014y no sin cierto humor\u2014 en una nota de esta primera etapa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Por lo dem\u00e1s, yo sigo mejor, gracias a Dios. Todav\u00eda me queda alguna <\/em><em>peque\u00f1a sensaci\u00f3n de fiebre, pero va disminuyendo, mientras que aumenta <\/em><em>el deseo de que sea V. muy santa (SV <\/em>I, 70) (CS I, 133).<\/p>\n<p><strong>2. Orientaci\u00f3n hacia los dem\u00e1s<\/strong><\/p>\n<p>Al dirigir a su hija hacia las cimas de la vida cristiana, el Sr. Vicente quiere desviarla de s\u00ed misma, hacerla salir de ella misma. Requiri\u00e9ndola a una espera serena ante la divina voluntad en lo referente a su verdadera vocaci\u00f3n, conoce bien la necesidad de usar medios concretos con el fin de que Luisa se evada del repliegue sobre s\u00ed misma en el que tienden a encerrarla las pruebas, de las que han sido tan pr\u00f3digas sus primeros a\u00f1os sobre la tierra. Los medios en cuesti\u00f3n est\u00e1n todos ellos dirigidos hacia el pensamiento, la preocupaci\u00f3n por el pr\u00f3jimo. Precisamente Vicente moviliza a Luisa para un primer servicio de caridad: Se es\u00adfuerza en interesarla, de forma pr\u00e1ctica, en su ministerio sacerdotal. De momento, dicho ministerio gira en torno a las misiones y a unas cofrad\u00edas de la Caridad.<\/p>\n<p>Su trabajo en la evangelizaci\u00f3n del campo es causa de sus ausencias, que con\u00adtristan a Luisa. Leyendo lo que por entonces escribe a Luisa, se tiene la impre\u00adsi\u00f3n de que el Sr. Vicente piensa en poder disminuir algo esta pena asociando a su hija al ministerio de evangelizaci\u00f3n al menos por el pensamiento y la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Eso es lo que parece traslucir la primera carta que poseemos de Vicente a Luisa. Con uno de los cuatro sacerdotes que constituyen por aquel entonces, junto a \u00e9l, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n \u2014Antonio Portail, Luis Callon, Francisco du Coudray, Juan de la Salle\u2014, el Sr. Vicente, en ese mes de octubre de 1626, predica la misi\u00f3n en Loisy-en-Brie, peque\u00f1a localidad del Mame. El d\u00eda 30 escribe a Luisa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Estamos aqu\u00ed, en un lugar donde la tercera parte de los habitantes son <\/em><em>herejes. Ruegue por nosotros, que tenemos gran necesidad de ello&#8230; (SV <\/em>I, 26) (SC I, 97).<\/p>\n<p>El 17 de enero de 1628, los misioneros est\u00e1n trabajando en Joigny, en tierras de Felipe-Manuel de Gondi, y en la carta que ese d\u00eda dirige a Luisa, el Sr. Vicen\u00adte escribe:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>En este lugar tendremos todav\u00eda ocupaci\u00f3n durante unas seis semanas; <\/em><em>despu\u00e9s de ello ser\u00e9 todo para V. y para la se\u00f1orita du Fay&#8230; (SV <\/em>I, 37) (CS I, 107).<\/p>\n<p>A esta Isabel du Fay, el Sr. Vicente la hab\u00eda constituido, m\u00e1s o menos direc\u00adtamente, en aliada de sus esfuerzos por liberar a Luisa de s\u00ed misma. Dos clases de circunstancias facilitaron esta especie de alianza: En primer lugar, la existencia entre Isabel y Luisa de una amistad, consecuencia de las relaciones familiares en\u00adtre ambas (el t\u00edo paterno de Isabel, Renato Hennequin, estaba casado con Mar\u00eda de Marillac, t\u00eda de Luisa); en segundo lugar, Isabel, cristiana fervorosa, desde los primeros tiempos aporta su ayuda financiera al Sr. Vicente. Tal generosidad ma\u00adterial la consolaba algo, ya que no pod\u00eda, debido a su estado de salud, participar con una mayor entrega en el ministerio caritativo del Sr. Vicente.<\/p>\n<p>Este, el 9 de febrero de 1628, expone a Luisa su alegr\u00eda por predicar la misi\u00f3n de Villecien, no lejos de Joigny, pero ya no en tierras del se\u00f1or de Gondi, sino en las del \u00abse\u00f1or de Vincy\u00bb. Resulta que el \u00abse\u00f1or de Vincy\u00bb no es sino el hermano de Isabel du Fay, Antonio Hennequin, que un d\u00eda ingresar\u00e1 en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. En su carta a Luisa, el Sr. Vicente no tiene reparo en revelarle una distracci\u00f3n sufrida mientras estaba en el confesionario de la iglesia de Villecien:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>&#8230; me parece, cuando confieso a estas buenas personas, que veo delante <\/em><em>de m\u00ed, a su buena se\u00f1orita (Du Fay), a la que tanto aman (SV <\/em>I, 39) (SC I, 108).<\/p>\n<p>Al intercalar de esta forma en la evocaci\u00f3n de su actividad apost\u00f3lica el pen\u00adsamiento de una de sus comunes amigas, el Sr. Vicente quiere interesar a Luisa en algo distinto de sus temores personales.<\/p>\n<p>Cuando lo estima provechoso, el padre mantiene a la hija al corriente de ocupaciones distintas que las misiones. As\u00ed, en abril o mayo de 1629, cuando \u00e9l menos lo espera, el Rvdo. P. de Gondi \u2014el ex general de las Galeras hab\u00eda entrado en el Oratorio el 6 de abril de 1627\u2014 lo llama con urgencia a Montmirail. El se\u00f1or Vicente dirige entonces a Luisa un billete cortito:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>&#8230; Esto me impedir\u00e1 quiz\u00e1 tener el honor de verla, ya que partir\u00e9 ma\u00ad<\/em><em>\u00f1ana por la ma\u00f1ana. \u00bfLe dice su coraz\u00f3n que venga, se\u00f1orita? Si es as\u00ed, ha\u00ad<\/em><em>br\u00e1 que partir el mi\u00e9rcoles pr\u00f3ximo en el <\/em><em>coche de Ch\u00e1lons, en Champagne, <\/em><em>donde se aloja el cardenal, frente a Saint-Nicolas-des-Champs, y tendremos <\/em><em>la dicha de vernos en Montmirail (SV <\/em>I, 72) (SC I, 135).<\/p>\n<p>Estas l\u00edneas denotan en el Sr. Vicente una preocupaci\u00f3n en hacer salir a Luisa de su ensimismamiento, y adem\u00e1s dejan entrever el tono de las relaciones entre el padre y la hija. Pero no por ello nos estar\u00e1 prohibido pensar que en tal invi\u00adtaci\u00f3n a que vaya a Montmirail puede albergarse, por parte de Vicente, alg\u00fan proyecto secreto. Fue escrita esta nota en la primavera del 29, precisamente en momento en que el Sr. Vicente lleva a su maduraci\u00f3n un proyecto del que no ha dicho ni p\u00edo a Luisa, pero que lo piensa realizar bien pronto: Confiar a su hija la visita de las cofrad\u00edas de la Caridad. Desde este punto de vista interpre\u00adtativo, har\u00e1 falta que Luisa vaya un d\u00eda a Montmirail, all\u00ed donde el Sr. Vicente ha organizado su cuarta cofrad\u00eda de la Caridad. Si ella acepta la invitaci\u00f3n a via\u00adjar que le ha dirigido ese d\u00eda, Luisa tendr\u00e1 la ventaja de conocer y asesorarse personalmente por \u00e9l, por Vicente, uno de los campos de su futuro trabajo.<\/p>\n<p>Como siempre, cuando se trata de emprender una gran obra, el Sr. Vicente no improvisa nada relativo al trabajo que va a confiar a su hija. En esta primera etapa \u2014la de la orientaci\u00f3n espiritual y apost\u00f3lica de Luisa de Marillac\u2014, su padre espiritual se contenta con interesarla, desde lejos, en las cofrad\u00edas de la Caridad.<\/p>\n<p>En las m\u00e1s o menos 17 cartas o billetes destinados a su hija, y que jalonan esta etapa inicial, hay una palabra que viene una y otra vez a la pluma del se\u00f1or Vicente: Es la palabra \u00abcamisa\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed, una carta de octubre de 1627 pide a Luisa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Me har\u00e1 V. el favor &#8230; de enviar dos o tres camisas a la Srta. Lamy, en <\/em><em>Gentilly, para la Caridad de aquella localidad.. (SV <\/em>I, 30) (CS I, 100).<\/p>\n<p>O bien, cierta vez que estaba en Verneuil, cerca de Creil, el Sr. Vicente, que estableci\u00f3 una cofrad\u00eda de la Caridad en esta \u00faltima localidad, pide, el 8 de octu\u00adbre de 1627, a su hija que le haga llegar parte de cierta cantidad de dinero dona\u00addo por Isabel du Fay. Le habla de las dificultades que halla en Verneuil:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>&#8230; en donde encontramos muy grandes necesidades temporales junto con <\/em><em>las espirituales, y la gran cantidad de hugonotes ricos que hay, que se sir\u00ad<\/em><em>ven de algunos socorros que proporcionan a los pobres para corromperlos, <\/em><em>en lo que hacen un da\u00f1o indecible. <\/em>Y sin transici\u00f3n alguna, a\u00f1ade Vicente: <em>Env\u00edeme, adem\u00e1s, cuatro camisas&#8230; (SV <\/em>I, 31) (CS I, 101).<\/p>\n<p>En febrero de 1628, inmediatamente despu\u00e9s de haber redactado la misiva para ella, el 9 del mismo mes escribe a Luisa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Sirvan estas pocas l\u00edneas para agradecerle el env\u00edo de las doce camisas&#8230; <\/em><em>(SV <\/em>I, 40) (SC I, 109).<\/p>\n<p>Estas camisas indudablemente deb\u00edan ser, si no en su totalidad s\u00ed al menos en parte, el resultado del trabajo manual de Luisa. En su meticuloso \u00abReglamen\u00ad to de vida en el mundo\u00bb (op. cit., pp. 887-890), hab\u00eda introducido el siguiente ar\u00adt\u00edculo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Procurar\u00e9 no estar ociosa. Por ello, despu\u00e9s de este semicuarto <\/em>(sic) <em>de <\/em><em>hora \u2014al mediod\u00eda hac\u00eda un ratito de oraci\u00f3n para honrar la Encarnaci\u00f3n <\/em><em>del Verbo\u2014 me pondr\u00e9 a la obra, trabajando alegremente para la Iglesia, <\/em>para los pobres, <em>o bien para la utilidad de la casa, y el trabajo se prolon\u00ad<\/em><em>gar\u00e1 hasta las cuatro <\/em>(op. cit <em>., <\/em>p. 888).<\/p>\n<p>A este trabajo manual, ya orientado a los pobres, el Sr. Vicente, seg\u00fan acaba\u00admos de ver, le se\u00f1ala un fin m\u00e1s preciso: Sus beneficiarios ser\u00e1n los pobres de las cofrad\u00edas de la Caridad. Est\u00e1 claro que el Fundador ha movilizado ya par\u00adcialmente a su hija para el servicio de esas cofrad\u00edas, que le van a acaparar a\u00fan m\u00e1s durante la segunda etapa de su preparaci\u00f3n para la aut\u00e9ntica vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por otra parte, nos ser\u00e1 l\u00edcito pensar que Luisa tendr\u00eda en esta \u00e9poca alg\u00fan compromiso personal en alguna de tales cofrad\u00edas, por ejemplo en la que Isabel du Fay era, si no la fundadora, s\u00ed al menos la presidenta. A eso nos induce el \u00faltimo p\u00e1rrafo de la carta que el Sr. Vicente remite a Luisa, probablemente por el a\u00f1o 1627:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Y sobre el dinero de la Caridad de la Srta. du Fay, apruebo de buena <\/em><em>gana el uso que V. desea hacer del mismo, y me parece bien la resoluci\u00f3n <\/em><em>que esas buenas j\u00f3venes (los miembros de la cofrad\u00eda) han tomado de po\u00adnerlo todo en com\u00fan&#8230; No dejar\u00e9 de ofrecerlas ma\u00f1ana en mi misa a Nues\u00adtro Se\u00f1or (SV <\/em>I, 34) (CS I, 103).<\/p>\n<p>En esta iniciaci\u00f3n de servir a los pobres, que tiende a ensanchar los hori\u00adzontes de Luisa, el Sr. Vicente a su hija espiritual no le exige \u00fanicamente que sea proveedora de camisas: A veces le ofrece ocasiones para servicios bastante m\u00e1s delicados.<\/p>\n<p>La Srta. du Fay hab\u00eda remitido al Sr. Vicente una suma de dinero bastante fuerte, pero no le hab\u00eda determinado claramente sus intenciones. Entonces le toca a Luisa el encargo de ir a preguntar a la generosa donante si aquel donativo de\u00adb\u00eda mantenerse en reserva para ayudar a la evangelizaci\u00f3n de Poitou y de C\u00e9\u00advennes (regiones pobladas de \u00abhugonotes\u00bb), o si podr\u00eda utilizarse en socorrer a los pobres de las zonas en las que trabajaban Vicente y sus misioneros (SV I, 30) (CS I, 100). La embajadora obtendr\u00eda una respuesta satisfactoria: Isabel du Fay decidi\u00f3 que su donaci\u00f3n sirviera, por el momento, para el socorro material de los pobres. \u00a1Inmediatamente, el Sr. Vicente, por entonces en Verneuil, pide a Luisa que le remita r\u00e1pido cincuenta libras! (SV I, 31) (CS I, 101).<\/p>\n<p>Enero de 1628. El Sr. Vicente est\u00e1 en Joigny. El 17 escribe a Luisa, y su hija puede leer en el tercer p\u00e1rrafo de la carta:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Disp\u00f3ngase entre tanto a hacer un favor a dos j\u00f3venes necesitadas que <\/em><em>hemos cre\u00eddo conveniente que salgan de aqu\u00ed y que le enviaremos dentro <\/em><em>de unos ocho d\u00edas, rog\u00e1ndole que las dirija a una persona honrada que las <\/em><em>recomiende y les busque acomodo, si es que no conoce usted a alguna dama <\/em><em>honrada que tuviere de ellas necesidad (SV <\/em>I, 37) (CS I, 107).<\/p>\n<p>\u00a1Y ya tenemos a Luisa de Marillac convertida en una oficina de colocaci\u00f3n, en agencia de empleo! En realidad va a ser algo menos&#8230; hasta cierto punto: El 9 de febrero siguiente, el Sr. Vicente le informa que una de las dos mucha\u00adchas va a quedar en Joigny, donde ya ha encontrado trabajo. La otra se la en\u00adv\u00eda a la Srta. du Fay, en la que conf\u00eda plenamente. Pero Vicente dice a Luisa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Quiz\u00e1 la citada se\u00f1orita crea conveniente que se quede algunos d\u00edas en <\/em><em>su casa en espera de lo que se decida. Si as\u00ed fuere, no dudo que su cari\u00ad<\/em><em>dad la acoger\u00e1 y que habr\u00e1 visto con agrado que me haya tomado tal confianza (SV <\/em>I, 39) (CS I, 108).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00a1Ay, Sr. Vicente&#8230;! Esas \u00faltimas l\u00edneas \u00bfno os las habr\u00e1 inspirado un cierto escr\u00fapulo? \u00a1Haber procedido, en vuestra carta precedente, tan poco caballerosa\u00admente con Luisa de Marillac, oblig\u00e1ndola a preocuparse, as\u00ed, de golpe, de esas dos pueblerinas de Joigny! De hecho vais a comprobar, una vez m\u00e1s, que pod\u00e9is contar con su caritativa disponibilidad: La Se\u00f1orita, efectivamente, albergar\u00e1 en su casa la joven a la que nos referimos (SV I, 40) (CS <strong>I, <\/strong>109).<\/p>\n<h3><strong>Conclusi\u00f3n de esta primera etapa<\/strong><\/h3>\n<p>Las l\u00edneas (citadas algo m\u00e1s arriba) de la carta que Vicente escribe el 9 de febrero de 1628, y que parecen (como tambi\u00e9n toda ella) como dictadas por alg\u00fan escr\u00fapulo o remordimiento, podr\u00edan, si cabe, dejarnos adivinar el tono de las relaciones entre el padre espiritual y su hija. El Sr. Vicente reconoce que \u00abact\u00faa con confianza\u00bb por lo que a ella respecta.<\/p>\n<p>Lo que sucede es que entre estos dos seres existe ya una serena armon\u00eda, porque uno y otra desempe\u00f1a plenamente el papel querido por el Se\u00f1or, que fue quien presidi\u00f3 su primer encuentro. El, como sacerdote, pretende desplegar, bajo el poderoso soplo del amor de Dios y de los pobres, esta alma femenina que, hablando en cristiano, no es m\u00e1s que un capullo con su fragilidad amenaza\u00adda por temores enemigos de su desarrollo. Ella, Luisa de Marillac, hasta enton\u00adces en el desamparo, se brinda ahora con avidez, pero no esforzadamente con \u00e9xito, al menos en sus comienzos, a la acci\u00f3n de ese sacerdote. Bien lo demues\u00adtran ciertos pasajes de las dos \u00fanicas cartas de esta \u00e9poca que nos han llegado de ella, y en las que se dirige a su padre espiritual:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>No acabo de salir de mis imperfecciones <\/em>\u2014escribe el 5 de junio de 1627\u2014. <em>Cuando deje de poner impedimentos a los efectos de las oraciones <\/em><em>que espero de su caridad, creo que me ir\u00e9 enmendando (SV <\/em>I, 29) (SC I, 99).<\/p>\n<p>Y el 13 de enero de 1628:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Pues bien, mi querid\u00edsimo Padre, ofrezca mi voluntad a la misericordia <\/em><em>divina, ya que quiero, mediante su santa gracia, convertirme <\/em>y <em>reconocerme <\/em><em>verdaderamente, Padre, su humild\u00edsima sierva e indigna hija (SV <\/em>I, 36) (CS I, 106).<\/p>\n<p>En esta \u00e9poca, despu\u00e9s de haber observado a Luisa y de haberla orientado a un amor equilibrado de Dios y a un cuidado del pr\u00f3jimo, y sobre todo del pr\u00f3\u00adjimo desgraciado, Vicente termina tratando con plena confianza a su hija. Conf\u00eda en las posibilidades que ha descubierto en ella; cree en la generosidad que ofre\u00adce y ofrecer\u00e1 a la gracia divina.<\/p>\n<p>Esta confianza siembra y hace crecer en el coraz\u00f3n de Vicente un afecto pro\u00adfundo por ella que cada vez va haci\u00e9ndose m\u00e1s hija suya. Y el coraz\u00f3n del padre no se amilana cuando se abre en las cartas de esta \u00e9poca, con toda seguridad, para reportar el m\u00e1ximo alivio a su destinataria.<\/p>\n<p>De los 17 breves textos que han alimentado nuestro estudio, el p\u00e1rrafo m\u00e1s apto para que se note el tono de afectuosa confianza con el que Vicente se diri\u00adge a Luisa lo hallamos en una carta que Pedro Coste coloca entre 1626 y mayo de 1629:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00bfQu\u00e9 le dir\u00e9 ahora de aquel a quien su coraz\u00f3n quiere tanto en Nuestro Se\u00f1or? Va un poco mejor al parecer, aunque siempre con alguna peque\u00f1a <\/em><em>impresi\u00f3n de sus escalofr\u00edos. Por lo dem\u00e1s, le han propuesto <\/em>y <em>le apremian <\/em><em>a que marche a Forges (1) y que parta ma\u00f1ana, y el se\u00f1or m\u00e9dico le acon\u00ad<\/em><em>seja que aproveche la ocasi\u00f3n que ahora se ha presentado de ir en carroza. <\/em><em>Ciertamente, mi querida hija, todo esto me afecta mucho m\u00e1s de lo que <\/em><em>podr\u00eda expresar: \u00a1Que se haga tanto por un pobre esqueleto! Pero si no <\/em><em>lo hago se quejar\u00e1n de m\u00ed nuestros padres <\/em>(2), <em>que me apremian mucho <\/em><em>porque les han dicho que esas aguas minerales me vinieron muy bien otros <\/em><em>a\u00f1os en semejantes enfermedades. En fin, me he propuesto dejar hacer en <\/em><em>la forma que me parece que har\u00eda nuestro bienaventurado padre <\/em>(3). <em>As\u00ed <\/em><em>pues, si me marcho le digo adi\u00f3s, mi querida hija, y me encomiendo a sus <\/em><em>oraciones y le ruego se mantenga como hasta ahora <\/em>(4). <em>No diga nada de esto a nadie, por favor, porque no s\u00e9 si las cosas saldr\u00e1n bien. Mi coraz\u00f3n <\/em><em>no ha podido ocult\u00e1rselo al suyo, ni tampoco a nuestra madre de Santa <\/em><em>Mar\u00eda <\/em>(5), <em>ni a la se\u00f1orita du Fay (SV <\/em>I, 63) (CS I, 126-127).<\/p>\n<p>As\u00ed pues, al final de este primer per\u00edodo, a lo largo del cual se derrumbaron las primeras prevenciones para quedar remplazadas por una mutua confianza que se alimenta y embellece con una ternura rec\u00edproca, Luisa de Marillac, tal como nos lo avala el Sr. Vicente de Pa\u00fal, va a poder emprender una nueva e im\u00adportante etapa en su caminar hacia lo que deb\u00eda ser su verdadera misi\u00f3n en la tierra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La preparaci\u00f3n de una fundadora &nbsp; En el precioso fil\u00f3n que forman las cartas de Vicente de Pa\u00fal llegadas hasta nosotros, las que dirigi\u00f3 a Luisa de Marillac ofrecen un particular inter\u00e9s en lo relativo &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-y-luisa-de-marillac\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":400011,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[123,119,125,131,127],"class_list":["post-95866","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-vicenciana","tag-du-fay","tag-gondi","tag-joigny","tag-montmirail","tag-portail"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-y-luisa-de-marillac\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La preparaci\u00f3n de una fundadora &nbsp; En el precioso fil\u00f3n que forman las cartas de Vicente de Pa\u00fal llegadas hasta nosotros, las que dirigi\u00f3 a Luisa de Marillac ofrecen un particular inter\u00e9s en lo relativo ... 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