{"id":95218,"date":"2015-03-18T05:16:21","date_gmt":"2015-03-18T04:16:21","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=95218"},"modified":"2015-03-18T05:16:21","modified_gmt":"2015-03-18T04:16:21","slug":"espiritualidad-vicenciana-espiritualidad-de-accion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-espiritualidad-de-accion\/","title":{"rendered":"Espiritualidad Vicenciana, espiritualidad de acci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h2>La idea central<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/07\/spirituality.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-121292\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/07\/spirituality-300x136.jpg?resize=300%2C136\" alt=\"spirituality\" width=\"300\" height=\"136\" \/><\/a>El estudio: <em>Espiritualidad vicencia\u00ad<\/em><em>na, espiritualidad de acci\u00f3n, <\/em>recoge el fruto de una investigaci\u00f3n que ha du\u00adrado bastante tiempo. Se intenta siste\u00admatizar y elaborar el pensamiento vi\u00adcenciano. Se han estudiado en profun\u00addidad algunos aspectos de la espiritua\u00adlidad, pero teniendo en cuenta el mun\u00addo que la rodea, <em>su mundo, <\/em>por decirlo de alguna manera. Se trata tambi\u00e9n de un esfuerzo de s\u00edntesis, en la que tie\u00adnen la misma importancia y juegan el mismo papel la contemplaci\u00f3n y la ac\u00adci\u00f3n. La espiritualidad de acci\u00f3n, como se define la espiritualidad vicenciana, persigue como fin alcanzar y expresar las caracter\u00edsticas reconocidas en to\u00adda sistematizaci\u00f3n de la teolog\u00eda m\u00eds\u00adtica y elaborar una teolog\u00eda de la ac\u00adci\u00f3n. Tiende a eliminar todo vestigio de dualismo en el campo de la espi\u00adritualidad, sirvi\u00e9ndose precisamente de la experiencia y del pensamiento de San Vicente, constantemente atentos a la unidad de la vida espiritual, <strong>o <\/strong>me\u00adjor, sirvi\u00e9ndonos a nosotros de mo\u00addelo. Las pol\u00e9micas y opiniones entre contemplaci\u00f3n y acci\u00f3n han surgido en tiempos relativamente recientes, se puede afirmar que es la historia de la espiritualidad del siglo actual. El siglo de S. Vicente no tiene la preocupaci\u00f3n de distinguirlas y contraponerlas, vive la primac\u00eda de la contemplaci\u00f3n y por eso es un siglo profundamente m\u00edstico. En tal ambiente, lleno de la experien\u00adcia de Dios que se busca como algo extraordinario, resulta ser problema otro tipo de experiencia que, aunque tambi\u00e9n se refiera a Dios, no tiene las caracter\u00edsticas propias que distinguen al <em>misticismo franc\u00e9s. <\/em>Aqu\u00ed se centra el presente estudio, el cual, si por una parte afronta problemas muy compli\u00adcados, por otra parte no dispone de elementos para que sea considerado cient\u00edfico, si no es por la documenta\u00adda y bien conocida experiencia de San Vicente.<\/p>\n<p>Evitamos la terminolog\u00eda m\u00edstica tra\u00addicional porque podr\u00eda alterar la fiso\u00adnom\u00eda espiritual de San Vicente \u2014no le es propia\u2014. Se usa una nueva ter\u00adminolog\u00eda por exigencias de m\u00e9todo. As\u00ed, en lugar de describir la experien\u00adcia interior de Dios en el hombre, se ha intentado poner de manifiesto y sistematizar la experiencia de Dios, ex\u00adterna y din\u00e1mica, propia del hombre de acci\u00f3n, porque as\u00ed es como S. Vi\u00adcente se presenta a la historia y a la conciencia del cristiano. Por eso su es\u00adpiritualidad es calificada como espiri\u00adtualidad de acci\u00f3n. Es m\u00e1s plena, nos dice m\u00e1s. Con el fin de explicar todo esto mejor se ha recurrido a expresio\u00adnes que sin duda son m\u00e1s aptas, v. g., <em>experiencia, situaciones, primac\u00eda de la voluntad, amor efectivo, caridad acti\u00adva, adaptaci\u00f3n, <\/em>etc., etc.<\/p>\n<p>Dios trabaja misteriosamente en las almas. Un examen atento de la evolu\u00adci\u00f3n del esp\u00edritu vicenciano nos per\u00admite detectar los signos de la acci\u00f3n de Dios en S. Vicente con tal claridad que, f\u00e1cilmente, podemos reconocer c\u00f3\u00admo la experiencia <em>ordinaria <\/em>de Dios tiene valores parejos a la experiencia <em>m\u00edstica o extraordinaria, <\/em>o que la <em>or\u00ad<\/em><em>dinaria <\/em>ya es m\u00edstica en s\u00ed misma. El modo c\u00f3mo se expresa y manifiesta ciertamente es distinto al modo como se expresa y manifiesta la experiencia extraordinaria. Todo esto lleva consigo un c\u00famulo de resultados que lejos de contradecir lo que es la vida interior, la orienta din\u00e1micamente.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir, la idea central est\u00e1 <em>en el <\/em><em>amor a los pobres, <\/em>al que S. Vicente se dirige y por el que hace todo. <em>Los pobres son el punto de arranque y el puerto de arrivo de la experiencia vi\u00adcenciana, la fundamentan y la confi\u00ad<\/em><em>guran. Existen limitaciones porque los <\/em><em>pobres no agotan plenamente la misi\u00f3n <\/em><em>de la Iglesia, pero exigen un modo de <\/em><em>actuarla y son ellos una de las dimen\u00adsiones m\u00e1s esenciales de su existencia. <\/em>S. Vicente es un hombre de Dios, es amigo de los hombres. En su constan\u00adte referencia a esta doble realidad de la historia: Dios y el hombre, hace consistir el amor pr\u00e1ctico y concreto que lleva a la unidad espiritual como s\u00edntesis, y que debe realizarse por to\u00addas las facultados humanas: inteligen\u00adcia, voluntad, sensibilidad, imaginaci\u00f3n, memoria. Si por una parte se nota la tendencia a reducir la espiritualidad a lo m\u00e1s sencillo y concreto \u2014aqu\u00ed San Vicente se mete dentro del camino trazado por Canfeld en lo que al pri\u00admer punto de la Regla de Perfecci\u00f3n se refiere\u2014, por otra parte construye un necesario eclecticismo, sin preocuparse mucho o nada de lo que <em>debe <\/em>distinguirse y separarse dentro de la vida espiritual; s\u00f3lo se preocupa de lo que debe hacerse y unificarse. <em>El prin\u00ad<\/em><em>cipio de la vida cristiana es el amor a Dios, <\/em>pero <em>el amor al pr\u00f3jimo es su <\/em><em>actuaci\u00f3n pr\u00e1ctica, <\/em>as\u00ed, el uno y el otro se encuentran en la acci\u00f3n como s\u00edn\u00adtesis (p. 17): La acci\u00f3n, y precisamen\u00adte la acci\u00f3n vicenciana. S. Agust\u00edn dice lo mismo: <em>Pensad que siempre se debe <\/em><em>amar a Dios y al pr\u00f3jimo. A&#8217; Dios con todo el coraz\u00f3n&#8230; y al pr\u00f3jimo como a s\u00ed mismo&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>El amor a Dios es primero por <\/em><em>raz\u00f3n del mandato, pero el amor al <\/em><em>pr\u00f3jimo es primero en la ejecuci\u00f3n. <\/em><em>Nadie que te mandara amar con <\/em><em>dos preceptos te mandar\u00eda amar al <\/em><em>pr\u00f3jimo primero y despu\u00e9s a Dios, <\/em><em>sino primero a Dios y despu\u00e9s al <\/em><em>pr\u00f3jimo. T\u00fa que no ves a Dios a\u00fan, <\/em><em>amando al pr\u00f3jimo mereces verlo, amando al pr\u00f3jimo limpias tus ojos para poder verlo, como claramente lo dice Juan <\/em>(1 J. 4,30). <em>Empieza, <\/em><em>pues, a amar al pr\u00f3jimo. Amando al <\/em><em>pr\u00f3jimo, teniendo cuidado de \u00e9l, ca\u00ad<\/em><em>minas&#8230; \u00bfHacia d\u00f3nde caminas, si\u00ad<\/em><em>no hacia Dios?&#8230; Todav\u00eda no hemos <\/em><em>llegado a Dios, pero al pr\u00f3jimo le <\/em><em>tenemos con nosotros. Lleva, pues, <\/em><em>contigo con quien caminas para que <\/em><em>llegues a aquel con quien ans\u00edas per\u00ad<\/em><em>manecer&#8230; <\/em>(p. 17, n. 3).<\/p>\n<p>San Vicente conoce muy bien el pen\u00adsamiento de S. Agust\u00edn sobre este pun\u00adto (p. 93-95), insiste en que es nece\u00adsario amar a Dios y a los pobres (p. 103; cfr. 107-110). El principio del amor a Dios debe probarse, vivirse, actuarse. Mientras permanezca como principio s\u00f3lo, corre el riesgo de ser algo abstracto e inoperante. Por esto la fuerza es\u00adt\u00e1 en el mandamiento mediante el cual llega al hombre\u2026 Dios y los pobres son amados con la misma intensidad, con la misma ternura. Es propio del amor tendel a la unidad, exigir las obras y llegar a la plenitud. En cuanto a la primac\u00eda, ciertamente hay que d\u00e1rse\u00adla a la autorevelaci\u00f3n y autodonaci\u00f3n a Dios, pero la respuesta del hombre al amor de Dios est\u00e1 condicionada al amor al pr\u00f3jimo, que es primero en el orden de la ejecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el c. 7.0 (p. 157-195) est\u00e1n trata\u00addos estos problemas ampliamente, se\u00adg\u00fan el esp\u00edritu de la acci\u00f3n vicenciana. El n\u00facleo del trabajo est\u00e1 en las p\u00e1ginas 173-176. San Vicente ve a Dios en el hombre, es decir, en el pobre. Aqu\u00ed est\u00e1 lo <em>nuevo <\/em>del siglo XVII: <em>nue\u00ad<\/em><em>vo <\/em>porque es la acci\u00f3n la que da la experiencia directa al hombre; <em>nuevo <\/em>porque el misticismo franc\u00e9s tend\u00eda a lo contrario, es decir, <em>ver en Dios <\/em>y quiz\u00e1s s\u00f3lo en Dios; <em>nuevo <\/em>porque orienta hacia una humanizaci\u00f3n m\u00e1s plena que la que hasta ahora daba el <em>humanismo cristiano <\/em>y a\u00fan el <em>huma\u00ad<\/em><em>nismo devoto.<\/em><\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, los pp. 101-153 cons\u00adtituyen unas premisas de profundiza\u00adci\u00f3n teol\u00f3gica, en donde juntamente a la riqueza de la interioridad vicencia\u00adna, que est\u00e1 cargada de implicaciones existenciales y de pasividad fecunda y de b\u00fasqueda de la voluntad de Dios, es contra puesta la reacci\u00f3n que bull\u00eda entre el misticismo y el humanismo. Pero S. Vicente <em>ni es un m\u00edstico ni es un humanista, es humano <\/em>(p. 126). Es\u00adto se afirma con fundamento y tam\u00adbi\u00e9n por razones de m\u00e9todo. Se ha cre\u00eddo indicar al menos \u2014porque qui\u00adz\u00e1s no es posible definirlo\u2014 la origi\u00adnalidad de esta espiritualidad en la s\u00edntesis densa de inmanencia y trans\u00adcendencia, de historia y de gracia, de acci\u00f3n y de contemplaci\u00f3n, de miste\u00adrio y de temporalidad. Desde las pri\u00admeras p\u00e1ginas (pp. 1-3) esto est\u00e1 re\u00adcogido en el t\u00e9rmino de <em>circularidad, <\/em>o sea: del misterio de Dios al misterio del hombre, y viceversa. El <em>ver a Dios <\/em><em>en el hombre <\/em>(p. 174) responde ahora la misma <em>circularidad <\/em>(p. 1). San Vi\u00adcente, sin embargo, <em>no nos da una for\u00ad<\/em><em>mulaci\u00f3n l\u00f3gica, no elabora especula\u00ad<\/em><em>tivamente los datos de su experien\u00ad<\/em><em>cia: sugiere, pero no desarrolla, intuye pero no sistematiza, llama la atenci\u00f3n <\/em><em>pero no define, lo que se puede asir <\/em><em>como orientaci\u00f3n es la intenci\u00f3n evan\u00ad<\/em><em>g\u00e9lica, su atenci\u00f3n a las necesidades <\/em><em>del mundo <\/em>(p. 92).<\/p>\n<p><em>El Hijo de Dios&#8230; se hizo hombre co\u00ad<\/em><em>mo nosotros, con el fin de que nosotros <\/em><em>seamos no solamente salvados, sino salvadores como El <\/em>(p. 175). Todo que\u00adda fundamentado en el misterio de la Encarnaci\u00f3n (p. 175-176). San Vicente admira el rostro humano de Dios que es Jesucristo, y por esto mismo ampl\u00eda su acci\u00f3n seg\u00fan las necesidades de los pobres, en los cuales se compendia lo que todo hombre vale (p. 175). Sirva para esclarecer lo dicho el siguiente texto: <em>El Dios del rostro humano, co\u00ad<\/em><em>mo S. Vicente gusta presentarlo, to\u00admando lo mejor de la doctrina de la escuela francesa y de la Introducci\u00f3n a la Vida Devota, no se pierde en trans\u00adcendencia y dignidad; el hombre en\u00adcuentra as\u00ed el valor de su existencia en la realidad del Cuerpo m\u00edstico. <\/em>Es\u00adta intuici\u00f3n nos introduce en el cora\u00adz\u00f3n de la espiritualidad vicenciana, que es la caridad&#8230; A trav\u00e9s del ejercicio de la caridad, el hombre se libra de la vana complacencia, se hace atento a todas las necesidades de los pobres. El hombre que ve S. Vicente es un hombre que necesita de infinita ter\u00adnura (pp. 176, 177).<\/p>\n<p>La infinita vanidad del hombre re\u00adquiere infinita riqueza de Dios y vol\u00adcarse sobre El. Cuanto m\u00e1s pobre se es, m\u00e1s se es, por la ley del contraste, a nivel del ser, en relaci\u00f3n a Dios. As\u00ed nace la ley de la caridad, que repite en la criatura el modo de obrar de Dios.<\/p>\n<p><strong>La s\u00edntesis vicenciana<\/strong><\/p>\n<p>Se ha dicho antes que el esfuerzo constante de S. Vicente es fundir con\u00adjuntamente acci\u00f3n y contemplaci\u00f3n. De esto nace una nueva f\u00f3rmula expre\u00adsada en el t\u00edtulo: <em>espiritualidad de ac\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n. <\/em>Pero el dominio de los materiales vicencianos, es decir, de sus escritos, se ha conseguido s\u00f3lo muy relativamen\u00adte, debido a la dificultad que encuen\u00adtra todo el que quiere organizar el pensamiento vicenciano.<\/p>\n<p>Tres son principalmente las dificul\u00adtades:<\/p>\n<ol>\n<li>El pensamiento vicenciano es <em>uti\u00adlitarista y ocasional, <\/em>carente de to\u00adda sistematizaci\u00f3n.<\/li>\n<li>S. Vicente asimila con gran sen\u00adtido de adaptaci\u00f3n; su esp\u00edritu es\u00adt\u00e1 abierto a todas las direcciones, pero selecciona los est\u00edmulos, las ideas y experiencias, de tal modo que el resultado es un <em>eclecticis\u00ad<\/em><em>mo espiritual.<\/em><\/li>\n<li>San Vicente no se puede contar ni entre los m\u00edsticos, ni entre los humanistas.<\/li>\n<\/ol>\n<p>La dificultad primera est\u00e1 relacio\u00adnada con la particular producci\u00f3n li\u00adteraria vicenciana, que se presenta co\u00admo suma de notas y de apuntes, so\u00adbre todo las cartas, en donde se responde a situaciones concretas y preci\u00adsas, en donde se esconden intuiciones y adaptaciones, en donde se traduce una <em>experiencia ordinaria de Dios al <\/em><em>servicio de la caridad y de lo social. <\/em>Para superar esta dificultad se ha bus\u00adcado la unidad interna de la evoluci\u00f3n espiritual de S. Vicente, teniendo en cuenta ya los escritos, ya las realiza\u00adciones. <em>De tal manera la originalidad <\/em><em>viva de tal hombre de acci\u00f3n est\u00e1 si\u00adtuada seg\u00fan tres condiciones, que son al mismo tiempo las maneras de re\u00adconocerlo: 1. No separar jam\u00e1s la vida personal de Vicente de su actividad en la que se expresa. <\/em>2. <em>No separar jam\u00e1s la vida y las obras de profunda inspi\u00ad<\/em><em>raci\u00f3n religiosa, en la que los detalles, el m\u00e9todo, las direcciones, tienden a crear una autenticidad en las relacio\u00adnes con Dios y con los pobres; la sen\u00adsibilidad social vicenciana y la misma organizaci\u00f3n, seg\u00fan las m\u00faltiples for\u00admas de servicio y de asistencia, son funciones y no finalidades primarias. A la hora de escoger entre estas fun\u00adciones y los \u00e9xtasis, la atenci\u00f3n de San Vicente se dirige hacia las primas y no por las segundas. <\/em>3. <em>Vida, obras, organizaci\u00f3n, deben <\/em><em>conducir hacia una acci\u00f3n interior, es decir, deben servir para dar progresi\u00ad<\/em><em>vamente la experiencia m\u00e1s pura de Dios <\/em>(p. 22). La s\u00edntesis pertenece al nivel de lo vital y de lo operativo. S\u00f3lo as\u00ed se pueden aceptar afirmaciones co\u00admo esta: <em>El amor a Dios, si carece de experiencia, est\u00e1 expuesto a ilusiones, pero el amor al pr\u00f3jimo es m\u00e1s di\u00adf\u00edcil que caiga en ellas&#8230; Tal amor al pr\u00f3jimo no existe sin el amor a Dios, pero es m\u00e1s que el s\u00f3lo amor a Dios&#8230; El amor a Dios le da gloria, pero el amor a Dios y a los pobres glorifica a Dios y a los hombres <\/em>(pp. 177-178). Y m\u00e1s adelante: <em>El misterio de la En<\/em><em>carnaci\u00f3n es el misterio de la expe\u00ad<\/em><em>riencia. Berulle <\/em>afirma\u00a0 que Dios, <em>al <\/em><em>crear al hombre, se ha transformado <\/em><em>en amor. <\/em>San Vicente va m\u00e1s lejos y dice: <em>Dios se ha hecho amor porque <\/em><em>se ha hecho hombre <\/em>(p. 179). Estas afirmaciones, ya lo hemos dicho, son nuestras, pero su contenido ha sido vivido plenamente por S. Vicente. El servicio a los pobres, como muchas veces se lo dice a las Hijas de la Ca\u00adridad, es tan importante como el amor a Dios&#8230; (p. 317). San Vicente se nos revela m\u00e1s por lo que exhorta que por lo que define. Su espiritualidad es vida en continuo movimiento<\/p>\n<p>La segunda dificultad es m\u00e1s com\u00adpleja que la primera porque nos intro\u00adduce en el \u00abmedio m\u00edstico\u00bb (pp. 4-50). El misticismo, \u00bfes un fen\u00f3meno que prevalece durante todo el seiscientos, o m\u00e1s bien es un aspecto, entre mu\u00adchos, de la espiritualidad que enton\u00adces reina? Es cierto que el misticismo franc\u00e9s goza de varias tendencias y direcciones y por eso mismo ya es problema. <em>Salesianismo <\/em>(S. Francisco de Sales), <em>berrullismo <\/em>(Cardenal Be\u00adrulle), <em>jansenismo, espiritualidad de la <\/em><em>Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, escuela francesa, carmelo, escuela italiana, misticismo renofamenco, el seudodionisio, <\/em>los <em>ins\u00adtitutos de vida activa, <\/em>etc. etc., forman n\u00facleos diversos. Los mejores m\u00edsti\u00adcos del siglo XVII demuestran clara\u00admente una formaci\u00f3n ecl\u00e9ctica. Ya se dijo en la p. 7: La riqueza de los mo\u00advimientos espirituales del siglo XVII en Francia se dejan dif\u00edcilmente encua\u00addrar dentro de los l\u00edmites de las es\u00adcuelas o de los grupos; m\u00e1s all\u00e1 de las escuelas, y a\u00fan antes que ellas, todo el siglo goza de una herencia co\u00adm\u00fan: la Biblia, Dionisio, la espiritua\u00adlidad renoflamenca, la tradici\u00f3n car\u00admelitana, etc. As\u00ed aparecen las tendencias, teolog\u00edas, humanistas, psic\u00f3logos, que sobrepasan las individualidades, y en raz\u00f3n de ellas, todos, m\u00e1s o menos, se definen. De hecho, en el campo de la espiritualidad dif\u00edcilmente se encuen\u00adtran originalidades puras y del todo independientes. El mejor \u00e9xito de una espiritualidad est\u00e1 en la s\u00edntesis. En todo maestro de espiritualidad pode\u00admos descubrir que, en el fondo de su pensamiento, existe una tendencia a la s\u00edntesis y que muy frecuentemente es ecl\u00e9ctico.<\/p>\n<p>Las ense\u00f1anzas de <em>Benoit de Canfeld <\/em>tienen claras afinidades con los m\u00edsti\u00adcos del norte, de Dionisio, del neopla\u00adtonismo, del agustinismo y hasta de la escuela italiana. <em>Berulle <\/em>es un dis\u00adc\u00edpulo de <em>Canfeld, <\/em>m\u00e1s sistem\u00e1tico, m\u00e1s te\u00f3rico que su maestro, pero con las mismas fuentes de inspiraci\u00f3n. <em>Francisco de Sales <\/em>depende y est\u00e1 m\u00e1s pr\u00f3ximo de la escuela italiana (pp. 36\u00ad39), y sobre todo de la obra asc\u00e9tica: <em>El Combate espiritual, <\/em>y de las prime\u00adras ense\u00f1anzas de <em>Bautista de Creme <\/em>(p. 40). La orientaci\u00f3n de la espiritua\u00adlidad de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas es do\u00adble: m\u00edstica y activa al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda recordar otros nombres y grupos, pero los enumerados sirven pa\u00adra dar una idea de lo que, desde den\u00adtro, est\u00e1 actuando en el seno del mis\u00adticismo franc\u00e9s, de lo que bulle, aun\u00adque siempre seg\u00fan su forma peculiar y compleja: el eclecticismo. Se puede afirmar que la espiritualidad cristiana siempre se ve agitada entre la acci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n, entre los intereses de Dios y las necesidades de los hom\u00adbres, buscando un todo vital.<\/p>\n<p>Un hecho, interesante a todas luces, es la experiencia vicenciana en la cual se da un perfecto equilibrio entre la acci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n. La caridad, el amor da forma, bien a la vida de uni\u00f3n con Dios, bien a la vida en servicio a los pobres. San Vicente busca, acercarse a las necesidades de los pobres, las hace suyas y da solucione. Aqu\u00ed est\u00e1 lo aut\u00e9ntico de su espiritualidad, su m\u00e9todo, y su pr\u00e1ctica (pp. 3C 43). El eclecticismo, pues, como en tan tos espirituales del seiscientos, es el San Vicente una necesidad vital&#8230; El ha contribuido a restablecer el equilibrio entre la experiencia pura de Dio y la experiencia pr\u00e1ctica del hombre y, sobre todo, ha contribuido para valorar y proyectar la vida interior a trav\u00e9s de la acci\u00f3n (pp. 43, 45).<\/p>\n<p>Los esfuerzos por simplificar los con tenidos de la espiritualidad son digno de aprecio, pero no siempre tienes \u00e9xito. El esfuerzo por llegar a una s\u00edntesis, como la que se encuentra en S. Vicente, no s\u00f3lo es m\u00e1s convincente sino que es una necesidad. La espiritualidad vicenciana, fundament\u00e1ndose en dicho principio, se libera de generalidades y se revaloriza en su realizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pasamos a la tercera dificultad, es decir, S. Vicente ni es m\u00edstico ni es un humanista (pp. 45-47; 126-129). El humanismo cristiano, tal como se presenta en el siglo XVII, puede parecer a\u00fan hoy abstracto, plat\u00f3nico e idealista. <em>Bremond, <\/em>por ejemplo, prefiere e humanismo devoto (pp. 127-128) de este siglo, porque es m\u00e1s concreto, a humanismo cristiano, porque es m\u00e1s especulativo. <em>S. Vicente <\/em>no puede se] contado entre los humanistas, ni si quiera entre los <em>humanistas devotos <\/em>El es profundamente humano, realista concreto; \u00e9l est\u00e1 para las situaciones de necesidad; \u00e9l propugna m\u00e1s una humanizaci\u00f3n que un humanismo, porque el misterio que le inspira es el misterio de la Encarnaci\u00f3n de Cristo, es decir, el amor pr\u00e1ctico, efectivo, visible para el hombre. Por el contrario, el humanista, seg\u00fan la conciencia cristia\u00adna del seiscientos, es sobre todo un pensador, un te\u00f3rico. Por esto mismo es justo lo que dice J. Calvet: <em>\u00abEs todo <\/em><em>para la acci\u00f3n, para la realizaci\u00f3n; es\u00adta es la raz\u00f3n por la que el pensamien\u00adto de S. Vicente existe\u00bb <\/em>(p. 47).<\/p>\n<p>Si los escritos de S. Vicente se con, sideran como s\u00edntesis espiritual \u2014aho\u00adra comprendemos su importancia\u2014 es tambi\u00e9n necesario revisar la posici\u00f3n de S. Vicente con relaci\u00f3n a los m\u00eds\u00adticos de su \u00e9poca. Su pensamiento se orienta hacia lo pr\u00e1ctico. Su experien\u00adcia concreta es lo que m\u00e1s cuenta. Dada la extrema sobriedad \u2014casi po\u00adbreza\u2014 de elementos especulativos, <em>S. <\/em><em>Vicente <\/em>no es un m\u00edstico al estilo de <em>Canfeld, <\/em>tampoco lo es al estilo de <em>Berulle, <\/em>ni es una criatura espiritual de <em>Francisco de Sales. <\/em>El asume otras corrientes espirituales y hace la s\u00ednte\u00adsis, pero de un modo nuevo. El grupo de m\u00edsticos de <em>Rambouillet <\/em>cuenta con nombres famosos y menos famosos, pero <em>S. Vicente <\/em>no est\u00e1 ni entre unos, ni entre otros. La raz\u00f3n es que \u00e9l se mantiene en el terreno de lo concreto, se vincula a la voluntad de Dios, que debe ser cumplida con amor y en ente\u00adra disponibilidad&#8230; No es un m\u00edstico al modo de los m\u00edsticos del siglo XVII, o mejor, si es m\u00edstico, lo es de una manera original: <em>su amor es para los <\/em><em>pobres y para Cristo a quien se llega <\/em><em>a trav\u00e9s de los pobres <\/em>(pp. 48-49).<\/p>\n<p>Por lo dicho nos encontramos en di\u00adficultad para admitir lo que afirma <em>Bremond, <\/em>seg\u00fan el cual, <em>el m\u00e1s grande <\/em><em>que nuestros hombres de acci\u00f3n nos <\/em><em>han dado es el misticismo <\/em>(p. 50). Qui\u00adz\u00e1 este <em>\u00abSan Vicente m\u00edstico\u00bb <\/em>es inter\u00adpretado con el metro de la acci\u00f3n, qui\u00adz\u00e1s Bremond quiere aludir a la capa\u00adcidad de s\u00edntesis \u00abactiva\u00bb de la que se ha dicho: <em>Para nosotros, la m\u00edstica de san Vicente presenta un equilibrio <\/em><em>superior al misticismo del siglo XVII, <\/em><em>porque re\u00fane maravillosamente la con\u00ad<\/em><em>templaci\u00f3n y la acci\u00f3n; y lo hemos de\u00ad<\/em><em>finido como espiritualidad de acci\u00f3n <\/em>(p. 50). Tal fusi\u00f3n, como tendencia, es posible encontrarla entre los m\u00edsticos. San Vicente tiene el m\u00e9rito de haber\u00adla hecho realidad de una manera sin guiar.<\/p>\n<h2><strong>Las fuentes y los estudios vicencianos<\/strong><\/h2>\n<p>Durante siglos el pensamiento de S. Vicente ha estado sin explorarse. Esto crea una gran laguna, aunque se pue\u00adda decir, teniendo en cuenta el amplio material bibliogr\u00e1fico que sobre S. Vi\u00adcente se ha escrito y se escribe mu\u00adcho ahora. Existieron y existen muchas biograf\u00edas, elaboradas hist\u00f3ricamente, enriquecidas con documentos nuevos, aqu\u00ed y all\u00e1, pero devotas. El estudio de la doctrina vicenciana es poco y casi insignificante. Para llenar esa la\u00adguna y para orientar ulteriores inves\u00adtigaciones se ofrece este trabajo, que presenta una amplia informaci\u00f3n bi\u00adbliogr\u00e1fica y una profundizaci\u00f3n del tema.<\/p>\n<p>Se ha intentado ser fieles a las fuen\u00adtes propiamente tales, es decir, a los escritos vicencianos, pero tambi\u00e9n se ha intentado recoger abundante docu\u00admentaci\u00f3n e informaci\u00f3n, con el fin de situar hist\u00f3ricamente el pensamien\u00adto vicenciano y poner de relieve las m\u00faltiples implicaciones existenciales. En el c. 4.\u00b0 se trata de las fuentes y de los estudios vicencianos con proce\u00addimiento met\u00f3dico y cr\u00edtico. El normal desarrollo de este cap\u00edtulo se encuen\u00adtra en los dos siguientes: en el 5.\u00b0 y en el 6.\u00b0, en donde se da un esfuerzo mayor en la interpretaci\u00f3n. La edici\u00f3n de <em>Coste <\/em>(1920-1925) ha sido completa\u00adda con la edici\u00f3n a\u00f1adida de <em>Dodin <\/em>(pp. VI-VII), sobre todo con el volumen XV, Par\u00eds, 1970, que completa la edici\u00f3n de 1920-1925.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s las <em>Conferencias espirituales <\/em><em>(Entretiens spirituels), <\/em>Tours, 1960. La <em>Opera omnia, <\/em>edici\u00f3n italiana (Roma, 1952), la <em>edici\u00f3n espa\u00f1ola <\/em>(Salamanca, 1972) han servido para la consulta. Lo a\u00f1adido ha cambiado la enumeraci\u00f3n de las cartas y de las conferencias, co\u00admo es obvio. La obra <em>Monsieur Vin\u00adcent, le grand Saint du grand siecle, <\/em>de <em>Coste, <\/em>es m\u00e1s bien pobre en el an\u00e1\u00adlisis espiritual e intelectual, seg\u00fan opi\u00adna <em>Cognet.<\/em><\/p>\n<p>Entre las fuentes est\u00e1 tambi\u00e9n la edici\u00f3n <em>Permartin <\/em>(1880-1891), impor\u00adtante, no tanto por su sentido cr\u00edtico, sino porque a ella se refieren los va\u00adrios estudios y biograf\u00edas anteriores a 1900. As\u00ed hemos podido enjuiciar las referencias <em>de Bessellere, Boudignon, <\/em><em>Motte, <\/em>etc., etc. Entre las fuentes des\u00adtacan las dos <em>Reglas, <\/em>como es l\u00f3gico, y <em>Abelly <\/em>(pp. VI-VII).<\/p>\n<p>Abundante y variada \u00edndole han sido los estudios vicencianos utilizados: <em>Biograf\u00edas; obras de historia general <\/em>y <em>espec\u00edfica: Siiri Juva, Coste, Maduit, Orcibal, Dagens, Cognet, Bogliolo, Pru\u00ad<\/em><em>nel, De Verghel, Martina, Menabrea, <\/em><em>Gosselin, <\/em>etc.<\/p>\n<p><em>Monograf\u00edas, art\u00edculos, revistas, <\/em>se ha preferido a <em>Dodin, Calvet, D&#8217;Agnel, <\/em><em>Rouanet, Deffrennes, Riccardi, Ib\u00e1\u00f1ez, <\/em><em>Muneta, Herrera, Pardo.<\/em><\/p>\n<p><em>Obras de teolog\u00eda espiritual: <\/em>Se han tenido en cuenta los autores de un gran equilibrio y claridad. <em>Truhlar, Von Balthasar, Boros, Rahner, Garrogou\u00adLagrange, Royo Mar\u00edn, De Guibert, Guitton, Huonder, Mouroux, Matanic, Sanson, Maritain <\/em>y otros.<\/p>\n<p><em>Enciclopedias de espiritualidad: <\/em>la dirigida por <em>L. Bouyer <\/em>(1960) y la espa\u00ad\u00f1ola de 1969.<\/p>\n<p><em>Obras de autores del siglo XVII: Be\u00ad<\/em><em>rulle, F. de Sales, B. Canfeld, Pascal, <\/em><em>Abelly, Descartes, Bossuet, <\/em>etc.<\/p>\n<p>La posibilidad de sistematizar el frag\u00admentario pensamiento de S. Vicente no est\u00e1 terminada. En este trabajo se da a entender que algo ha comenzado, pe\u00adro manteniendo que S. Vicente ha si\u00addo fiel a la experiencia (p. 51).<\/p>\n<h2><strong>Contenido y divisi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>La espiritualidad de S. Vicente es una espiritualidad llena de vida, y su caracter\u00edstica es la intuici\u00f3n y no la investigaci\u00f3n sistem\u00e1tica, ni la elabo\u00adraci\u00f3n especulativa. Por tanto, la ex\u00adperiencia vicenciana se resume en <em>una <\/em><em>profunda relaci\u00f3n a Dios en el mundo y con el inundo, <\/em>percibida y expresa\u00adda mediante el amor a los pobres, en los cuales se revela, se concreta el amor a Dios: <em>Evangelizare pauperibus <\/em><em>misit me <\/em>(p. 335; cfr. 228). Los intereses de Dios y los intereses del hombre, o mejor, el encuentro con Dios y con el hombre: <em>esta es la idea madre vicen\u00ad<\/em><em>ciana. <\/em>Las consecuencias S. Vicente las deduce, no seg\u00fan las exigencias de la l\u00f3gica, sino a la luz de una fe y cari\u00addad activas. Conviene, pues, dar un cuadro general de la tesis que propo\u00adnemos.<\/p>\n<p>En la <em>parte primera, <\/em>que consta de tres cap\u00edtulos, se buscan los or\u00edgenes de la espiritualidad de la acci\u00f3n den\u00adtro del campo del misticismo franc\u00e9s. La afirmaci\u00f3n m\u00e1s novedosa es que S. Vicente no es un m\u00edstico.<\/p>\n<p>La justificaci\u00f3n de esta postura est\u00e1 expresada en la segunda parte del tra\u00adbajo, en donde se hace un resumen del tema importante sobre las fuentes y los estudios vicencianos. Personalidad y pensamiento de S. Vicente a los que el autor se ha acercado con decisivo empe\u00f1o cr\u00edtico e interpretativo. El ca\u00adp\u00edtulo 4.0, por ejemplo, es un esfuer\u00adzo de sistematizaci\u00f3n e interpretaci\u00f3n nuevos del pensamiento vicenciano. El Fundador de la Misi\u00f3n viene definido, ante todo, como hombre <em>\u00abproviden\u00ad<\/em><em>cial\u00bb <\/em>seg\u00fan lo sugieren las cartas, re\u00adveladoras de un hombre profundamen\u00adte comprometido con las necesidades y esperanzas de los pobres. De las con\u00adferencias se han deducido dos elemen\u00adtos esenciales: <em>la interioridad <\/em>vicencia\u00adna y su fuerza innovadora, fundada so\u00adbre la experiencia. De \u00e9sta han naci\u00addo las dos <em>Reglas.<\/em><\/p>\n<p>Estas dos primeras partes no son s\u00f3lo preparatorias para el an\u00e1lisis de la espiritualidad de S. Vicente \u2014que se desarrolla en la parte tercera\u2014, sino que tambi\u00e9n son indispensables y con\u00addicionantes de la interpretaci\u00f3n que se quiere dar. Se examina el esp\u00edritu de la acci\u00f3n vicenciana, lanzada sobre las necesidades humanas y saturada de caridad interior y activa. Por esta ra\u00adz\u00f3n, y por el impulso que de esto di\u00admana, S. Vicente hace su obra aten\u00addiendo igualmente a Dios y a los po\u00adbres. La fe vicenciana quiere ser com\u00adprensi\u00f3n pr\u00e1ctica de las situaciones. La espiritualidad comienza as\u00ed a arti\u00adcularse de una manera muy distinta: desde la divina providencia, en cuyo nombre vienen a ser acogidos muchos y profundos menesteres humanos, has\u00adta la valoraci\u00f3n de elemento de la voluntad que se orienta, por una par\u00adte, a la conformidad del <em>\u00abbuen deseo <\/em><em>de Dios\u00bb <\/em>(p. 24), y de otra parte, a la ilimitada <em>disponibilidad. <\/em>De aqu\u00ed aquel sentido viv\u00edsimo de la misericordia de Dios y de una comprensi\u00f3n activa de las esperanzas humanas. De aqu\u00ed, tam\u00adbi\u00e9n, la autenticidad de la acci\u00f3n vi\u00adcenciana en cuanto conciencia del pro\u00adpio ser y en cuanto experiencia com\u00adpletamente cumplida.<\/p>\n<p>\u00bfA d\u00f3nde nos lleva todo esto? \u00bfCu\u00e1\u00adles son las consecuencias? La respues\u00adta se da en el c. 13.\u00b0, el que, desde el punto de vista pr\u00e1ctico, revela la ori\u00adginalidad de la s\u00edntesis espiritual vicen\u00adciana y que se podr\u00eda definir como el conato de describir y expresar el <em>efec\u00ad<\/em><em>tivo evangelio vicenciano. <\/em>As\u00ed uno se puede dar cuenta del significado de los subt\u00edtulos: <em>Vivir como verdaderos cris\u00adtianos. Servidoras de los pobres, ser\u00advidoras de Jesucristo. Desdichados aquellos que os quieran hacer religio\u00adsas. Ir a los pobres, ver en ellos a Je\u00adsucristo. Un sacerdote m\u00e1s perfecto que los religiosos. La Compa\u00f1\u00eda acude a las necesidades m\u00e1s urgentes y m\u00e1s abandonadas.<\/em><\/p>\n<p>El cap\u00edtulo 14.\u00b0 no es sino la inme\u00addiata explicitaci\u00f3n de lo anterior: la acci\u00f3n vicenciana, por su densidad y carga interior, es indiscutiblemente efi\u00adcaz en las situaciones varias de la vi\u00adda cristiana. Est\u00e1 movida por la cari\u00addad, est\u00e1 cargada de experiencia, se adhiere a <em>los estados de la vida de <\/em><em>Cristo, <\/em>obedece a la voluntad de Dios, es disponibilidad y receptividad al mis\u00admo tiempo, es, en suma, s\u00edntesis activa de la perfecci\u00f3n cristiana, seg\u00fan el pensamiento de Santo Tom\u00e1s de Aqui\u00adno: <em>As\u00ed como es m\u00e1s iluminar que lu\u00ad<\/em><em>cir, as\u00ed es m\u00e1s dar lo contemplado que s\u00f3lo contemplar <\/em>(p. 22). Si la acci\u00f3n se especifica y recibe calidad de la in\u00adtenci\u00f3n que la inspira, y si la intenci\u00f3n se dirige a Dios, a su gloria y al ser\u00advicio de los pobres, se llega a la ex\u00adpresi\u00f3n ignaciana: <em>ser contemplativos <\/em><em>en la acci\u00f3n <\/em>y se puede traducir mejor como s\u00edntesis, es decir, <em>la perfecci\u00f3n de la vida espiritual consiste en la inten\u00adci\u00f3n que al mismo tiempo unifica, da unidad, a la acci\u00f3n y a la contempla\u00adci\u00f3n. <\/em>De esto nace su cualidad de ser reversible, <em>la circularidad, <\/em>como se ha dicho (pp. 1-2). Tal es el verdadero sen\u00adtido de la espiritualidad vicenciana, que no quita nada a la m\u00edstica tradi\u00adcional, al contrario, la a\u00f1ade una gran practicidad y concreteza.<\/p>\n<h2><strong>Las conclusiones<\/strong><\/h2>\n<p>El cap\u00edtulo 15.\u00b0 contiene las conclu\u00adsiones.<\/p>\n<p>La espiritualidad de la acci\u00f3n se ha\u00adce m\u00e1s cre\u00edble, porque se presenta como m\u00e1s pr\u00e1ctica, m\u00e1s realista, y por\u00adque responde a las exigencias operati\u00advas de la espiritualidad cristiana en cuanto tal espiritualidad. Naturalmen\u00adte, la diferencia con la m\u00edstica es s\u00f3lo accidental, es decir, por los elementos activos que prevalecen, mientras que se identifica cualitativamente, en la esencia: <em>la vida de uni\u00f3n con Dios. <\/em>Brevemente: acci\u00f3n y contemplaci\u00f3n tienen un mismo fin, aunque sea dis\u00adtinto el m\u00e9todo de conseguirla.<\/p>\n<p>De todos modos conviene tener co\u00admo algo indiscutible lo siguiente: San Vicente de Pa\u00fal ha configurado su vida espiritual muy concretamente, y por eso, la definici\u00f3n de su espiritualidad no puede ser otra que muy sint\u00e9tica y din\u00e1mica: LA ESPIRITUALIDAD DE LA ACCION ES LA ORGANIZACION DE LA EXISTENCIA INDIVIDUAL CONTINUAMENTE VERIFICADA SO\u00adBRE EL ESPIRITU DE CRISTO, Y COMO TAL, APTA PARA ASUMIRSE EN SITUACIONES HUMANAS, EN LAS CUALES LA EXPERIENCIA DE DIOS Y EL SERVICIO DE DIOS SE CUMPLE EN LA EXPERIENCIA Y EN EL SERVICIO A LOS HOMBRES, ME\u00adDIANTE LA ACCION (p. 366).<\/p>\n<p>Si la primera parte de la tesis ofre\u00adce un cuadro que empuja a la acci\u00f3n, la segunda trata del m\u00e9todo y de los problemas teol\u00f3gicos conexos con la espiritualidad vicenciana, y en la ter\u00adcera parte es en donde se sit\u00faa el plan del trabajo, en donde el empleo de las fuentes se une al empe\u00f1o de la inter\u00adpretaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis, al desarrollarse, ha crea\u00addo hip\u00f3tesis de nuevas formulaciones, ha ofrecido sugerencias, ha puesto a luz valores e indicaciones concretos re\u00adferidos a la vida espiritual. La espiri\u00adtualidad vicenciana, en cuanto y preci\u00adsamente porque es espiritualidad de acci\u00f3n, no s\u00f3lo lleva consigo poder de creatividad, adaptaci\u00f3n y dinamismo, como se ha explicado, sino que tam\u00adbi\u00e9n lleva consigo la propia estructura, sus articulaciones, sus llamadas, que a la vez presentan y ofrecen un extra\u00adordinario poder m\u00edstico. Ya no es el contemplativo el que se impone, sino el activo-contemplativo; no es la m\u00eds\u00adtica pura, sino el amor efectivo. Por tanto, es exacto decir que S. Vicente no se cuenta entre los m\u00edsticos ni es un m\u00edstico \u2014si por m\u00edstico entende\u00admos al maestro de vida espiritual, t\u00ed\u00adpico del siglo XVII, es decir, al sis\u00adtem\u00e1tico, penetrante y especulativo, y mucho menos si debemos entender con aquel t\u00e9rmino a aquellos que han sido favorecidos de dones extraordinarios: visiones, raptos, \u00e9xtasis, etc. Con todo, S. Vicente, en la experiencia ordinaria de Dios, permanece un m\u00edstico con ca\u00adpacidad de s\u00edntesis, m\u00e1s ecl\u00e9ctico que original, pr\u00e1ctico y muy humano.<\/p>\n<p>Todo lo que la gracia realiza en nos\u00adotros \u2014y todo lo que nosotros hace\u00admos con la gracia\u2014 es del orden de la m\u00edstica y es vida m\u00edstica. Afirma\u00adci\u00f3n esta verificable mediante la re\u00adflexi\u00f3n sobre la vida y proceder de S. Vicente. ES MAS BELLO, MAS ESTI\u00adMULANTE Y FECUNDO PARA LA VO\u00adCACION CRISTIANA CONVENCERSE QUE DIOS ESTA AL ALCANCE DE TODOS, QUE DIOS ES DE TODOS, Y QUE ADEMAS SU AMOR UNT Y NO SEPARA. Las gracias extraordinarias, los dones singulares, las experiencias totalmente pasivas de la presencia de Dios en el hombre han existido y exis\u00adtir\u00e1n siempre. Es un misterio lo que Dios da a todos, pero es m\u00e1s miste\u00adrioso lo que Dios concede a algunos. Todas las experiencias de Dios tienen valor, todas son salv\u00edficas. Si hasta ayer \u2014aunque este ayer sea el mismo gran siglo m\u00edstico\u2014, se ha cre\u00eddo en el privilegio de la vida m\u00edstica, res\u00adtringi\u00e9ndolo a algunos pocos, como si el otro frente de experiencias no fuese fecundo y noble como el primero, en nombre de S. Vicente y por la veraci\u00addad de su vida en comuni\u00f3n con Dios y con los pobres, es necesario alegrarse que la vida espiritual haya adquirido para todos mayor evidencia y practi\u00adcidad.<\/p>\n<p>La espiritualidad vicenciana tiene to\u00addos los elementos y la verdad y la gracia de la vida aut\u00e9nticamente m\u00eds\u00adtica, pero tambi\u00e9n tiene la fuerza crea\u00addora, actualizante y repleta de acci\u00f3n. En ella est\u00e1 la glorificaci\u00f3n m\u00e1s pura de Dios, la aceptaci\u00f3n de todas las situaciones en las cuales el hombre tie\u00adne necesidad de ser amado y liberado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La idea central El estudio: Espiritualidad vicencia\u00adna, espiritualidad de acci\u00f3n, recoge el fruto de una investigaci\u00f3n que ha du\u00adrado bastante tiempo. Se intenta siste\u00admatizar y elaborar el pensamiento vi\u00adcenciano. 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