{"id":87844,"date":"2015-05-26T07:30:53","date_gmt":"2015-05-26T05:30:53","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=87844"},"modified":"2016-07-26T19:17:46","modified_gmt":"2016-07-26T17:17:46","slug":"la-espiritualidad-de-la-hija-de-la-caridad-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-espiritualidad-de-la-hija-de-la-caridad-2\/","title":{"rendered":"La espiritualidad de la Hija de la Caridad"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/06\/Un-grupo-de-Hijas-de-la-Caridad-.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-152999\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/06\/Un-grupo-de-Hijas-de-la-Caridad--1024x658.jpg?resize=846%2C544\" alt=\"Un-grupo-de-Hijas-de-la-Caridad-\" width=\"846\" height=\"544\" \/><\/a><\/p>\n<p><em>Se me ha pedido que presente la espiritualidad de la Hija de la Caridad y c\u00f3mo <\/em><em>vivirla hoy ante los desaf\u00edos de nuestro mundo. No pretendo hacer una exposici\u00f3n <\/em><em>magistral sobre esta espiritualidad. Voy, sencillamente, a comunicarles mi manera <\/em><em>de presentarla a las Hermanas j\u00f3venes del Seminario. Cuento con su experiencia <\/em><em>personal para completar y matizar, en funci\u00f3n del contexto que viven ustedes.<\/em><\/p>\n<h2><em>Unas ideas preliminares a modo de introducci\u00f3n<\/em><\/h2>\n<p>Para comenzar, me ha parecido conveniente que volvamos a recordar juntos \u2014como lo hago con las Hermanas del Seminario\u2014 qu\u00e9 se entiende por espiritua\u00adlidad cristiana. Para esto, podemos inspirarnos en un extracto de la carta a los Romanos, en la que San Pablo habla de una vida seg\u00fan el Esp\u00edritu. Para el cristiano, la espiritualidad es la \u00abvida seg\u00fan el Esp\u00edritu de Jes\u00fas\u00bb, este Esp\u00edritu que le hace creer en Jesucristo, que le lleva a amar como Jesucristo, a comprometerse a la manera de Jesucristo. En efecto, el Esp\u00edritu Santo conduce progresivamente al cristiano a reproducir la manera de vivir y de obrar de Jes\u00fas, a hacer suyo su estilo de vida, su calidad de existencia, a vivir cada vez m\u00e1s en coherencia con la l\u00f3gica del amor trinitario.<\/p>\n<p><strong>Vivir seg\u00fan el Esp\u00edritu significa, pues, dejarse trabajar, inspirar, conducir <\/strong><strong>por el mismo Esp\u00edritu que trabaj\u00f3, inspir\u00f3 y condujo a Jesucristo.<\/strong><\/p>\n<p>Esta acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo invade a toda la persona: coraz\u00f3n, cuerpo, es\u00adp\u00edritu, con su afectividad, su psicolog\u00eda, su comportamiento, sus relaciones, etc. &#8230;<\/p>\n<p>Como escribe Juan Pablo II en la Exhortaci\u00f3n postsinodal \u00abVida Consagrada\u00bb, n\u00b0 93: <em>\u00abla vida espiritual, entendida como vida en Cristo, vida seg\u00fan el Esp\u00edritu, es como un itinerario de progresiva fidelidad, en el que la persona consagrada es guiada por el Esp\u00edritu y conformada por \u00c9l a Cristo, en total comuni\u00f3n de amor y de servicio en la Iglesia Todos estos elementos, calando hondo &#8230;, generan una espiritualidad peculiar, esto es, un proyecto preciso de relaci\u00f3n con Dios y con el ambiente circundante, caracterizado por peculiares dinamismos espirituales y por opciones operativas que resaltan y representan uno u otro aspecto del \u00fanico mis\u00adterio de Cristo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La referencia central para una espiritualidad cristiana es, pues, Cristo, tal como lo presentan los cuatro Evangelios. Y cuando hablamos de espiritualidad en plural, queremos subrayar maneras singulares de seguir a Cristo. Todos los cristianos no tienen las mismas intuiciones para la misi\u00f3n ni los mismos carismas. Todos no tienen, por tanto, los mismos interrogantes ni los mismos desaf\u00edos que afrontar. Los cristianos tienen sensibilidades distintas, caracterizadas por espiritualidades que manifiestan enfoques diferentes del mundo y del hombre. Es la riqueza de la Igle\u00adsia.<\/p>\n<p>En la exposici\u00f3n que va a seguir, me propongo abordar nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad a partir de la dimensi\u00f3n del Misterio de la Encarnaci\u00f3n Redentora. Esta manera de amar a Jesucristo marc\u00f3 profundamente a nuestros Fundadores y hoy sigue siendo un desaf\u00edo para nuestro mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Mi intervenci\u00f3n se har\u00e1 en dos tiempos:<\/p>\n<p>\u2014 en un primer momento, me detendr\u00e9 en la espiritualidad de la Hija de la Caridad a la luz de la de los Fundadores;<\/p>\n<p>_ en un segundo tiempo, presentar\u00e9 algunos aspectos de nuestra espiritualidad sobre los que me parece importante insistir para vivirla en nuestro mundo de hoy.<\/p>\n<h2><strong>I. Nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad a la luz de la espiritualidad de los fundadores<\/strong><\/h2>\n<p>Todo fundador tiene su manera propia de leer y de descubrir el Evangelio, de asimilar, de actualizar y de vivir ciertos rasgos caracter\u00edsticos de Cristo.<\/p>\n<p>Las l\u00edneas fuerza de nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad se desprenden de esta manera particular como los Fundadores se sintieron interpelados por Jesu\u00adcristo e invitados a participar en su vida y en su misi\u00f3n.<\/p>\n<h3>A.- Una espiritualidad bautismal<\/h3>\n<p>Como todo bautizado, las Hijas de la Caridad est\u00e1n llamadas a la plenitud de la vida cristiana. Toda nuestra vida de Hijas de la Caridad se enra\u00edza en nuestro Bautismo. Por el Bautismo, las Hijas de la Caridad son incorporadas a Cristo y consagradas a Dios.<\/p>\n<p>Los Fundadores nos recuerdan con insistencia que ser <em>\u00abbuenas Hijas de la Caridad\u00bb <\/em>(S.V., Conf. Esp. p. 32, 33, 47, 95, 97, 558) es ser <em>\u00abbuenas cristianas\u00bb <\/em>(Id. 132). En la l\u00ednea de la consagraci\u00f3n bautismal, nos comprometemos a vivir y actuar con el esp\u00edritu de Jesucristo. Por tanto, no es posible hacer lo que Cristo hizo sino a condici\u00f3n de ser lo que \u00c9l fue. \u00ab&#8230; <em>quien viese la vida de Jesucristo ver\u00eda <\/em><em>sin comparaci\u00f3n algo semejante en la vida de una Hija de la Caridad\u00bb <\/em>(S.V., 9.02.1653, Conf. Esp. N\u00ba 970).<\/p>\n<p>Seg\u00fan la experiencia de fe de los Fundadores, el esp\u00edritu de humildad, de sencillez y de caridad es la expresi\u00f3n concreta del Esp\u00edritu de Jesucristo que debe animar nuestra vida de Hijas de la Caridad. Dios quiere que las Hijas de la Caridad se dediquen particularmente a la pr\u00e1ctica de la humildad, la sencillez y la caridad. <em>\u00ab<\/em><\/p>\n<h2><strong>II. C\u00f3mo vivir hoy nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad<\/strong><\/h2>\n<p>Despu\u00e9s de haber visto, un poco m\u00e1s cerca, nuestra espiritualidad, a partir de la experiencia de los Fundadores, se trata ahora de abordar el segundo punto que es igualmente importante: C\u00f3mo vivir hoy nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad ante los desaf\u00edos de nuestro mundo.<\/p>\n<p>La espiritualidad cristiana tiene un car\u00e1cter radicalmente hist\u00f3rico y concreto. Por eso, tenemos que luchar contra una imagen ideal de las modalidades concre\u00adtas, a fin de vivir nuestra espiritualidad en el mundo de hoy. Las modalidades var\u00edan seg\u00fan los lugares, los contextos, las evoluciones constantes. Es imposible determi\u00adnarlas, de una vez por todas, desde el exterior. Hay que inventarlas en el terreno de la historia, y reajustarlas sin cesar.<\/p>\n<p>Voy a limitarme a dos realidades mundiales y eclesiales de hoy que nos inter\u00adpelan muy directamente:<\/p>\n<ul>\n<li>la primera es el fen\u00f3meno de la mundializaci\u00f3n y de la comunicaci\u00f3n,<\/li>\n<li>la segunda es la Nueva Evangelizaci\u00f3n de que habla Juan Pablo II.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Ante la mundializaci\u00f3n, tenemos que inculturarnos cada vez m\u00e1s en el mundo de los pobres, lo que se va a traducir en un estilo de vida cercano a los pobres y en una mirada positiva a la vida que puede extra\u00f1arnos y desconcertarnos, para descubrir en ella la presencia actual del Resucitado, que invita a seguirle y abre un camino de esperanza.<\/p>\n<p>Para comprometernos en la Nueva Evangelizaci\u00f3n, el servicio a los pobres vivido con un esp\u00edritu de humildad, de sencillez y de caridad es un camino aut\u00e9ntico de evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>A. La Hija de la Caridad, sierva, encarna la presencia de Cristo en el mundo de los pobres<\/h3>\n<p>En este mundo de comunicaci\u00f3n a nivel mundial en el que las t\u00e9cnicas se desarrollan y perfeccionan de d\u00eda en d\u00eda, el misterio de la Encarnaci\u00f3n redentora y el de la Resurrecci\u00f3n nos lanzan desaf\u00edos: \u00bfc\u00f3mo entramos en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s? \u00bfqu\u00e9 comunicaci\u00f3n favorecemos?<\/p>\n<p>Para nosotras, Hijas de la Caridad, el centro de nuestra preocupaci\u00f3n y de nuestro compromiso, es la persona del Pobre. No se trata primero de comprome\u00adternos en un gran proyecto humanitario de dimensi\u00f3n mundial, sino de lanzarnos a una aventura de relaci\u00f3n y de servicio donde reinan disponibilidad y apertura al trabajo del Esp\u00edritu. Nuestra espiritualidad de siervas nos lleva a:<\/p>\n<p>&#8211; buscar, juntamente con otros, caminos concretos para vivir el hoy de la presen\u00adcia de Cristo en todos, y particularmente en los pobres,<\/p>\n<p>&#8211; dirigir nuestra mirada a personas concretas, individualmente, ya que cada una posee una dignidad y vive una realidad propia, en un lugar, un tiempo y una cultura determinada.<\/p>\n<p>Por vocaci\u00f3n, nos vemos llamadas a afrontar el desaf\u00edo de acercarnos a <em>\u00ablos que est\u00e1n destituidos de todo\u00bb, <\/em>a fin de hacer presente a Cristo en medio de los pobres.<\/p>\n<h4><strong>1. Proximidad a los pobres<\/strong><\/h4>\n<p>Siguiendo a Cristo que eligi\u00f3 venir entre nosotros, estamos llamados a \u00abir hacia ellos\u00bb y vivir en proceso de \u00abdomesticaci\u00f3n\u00bb: estar con, compartir las condiciones de vida de la gente, acoger, ir hacia, participar en la vida de las personas&#8230; y vivir una verdadera cercan\u00eda de vida y de preocupaciones. Las palabras de nuestra Carta Magna (cf. C. 1. 9) dicen que los lugares donde estamos son las calles de la ciudad y las salas de los hospitales. All\u00ed encontramos a Dios. La vivienda de alquiler requiere un estilo de vida en el que rehusamos instalarnos. Nuestro estilo de vida nos permite vivir una cercan\u00eda lo m\u00e1s verdadera posible con los pobres. \u00abIr hacia ellos\u00bb significa \u00abdejar\u00bb nuestras maneras de ver, de pensar, para descubrir las de los pobres y acercar en la medida de lo posible nuestra manera de vivir a la \u00abde nuestros amos\u00bb. No se trata \u00fanicamente de efectuar un desplazamiento geogr\u00e1fico sino de experimentar una proximidad favorable, con el fin de entrar progresivamente en una mayor comprensi\u00f3n de sus necesidades, su historia, su mentalidad, sus dificultades&#8230; La verdadera proximidad a los pobres es del fuero interno. Es en el coraz\u00f3n donde reside la verdadera fraternidad. S\u00f3lo los conoce\u00adremos bien si los amamos.<\/p>\n<p>El misterio de la Encarnaci\u00f3n de Cristo es la referencia fundamental donde toma ra\u00edces la raz\u00f3n de ser de nuestra cercan\u00eda a los pobres.<\/p>\n<p>Al vivir nuestra espiritualidad en un mundo donde reinan lo ef\u00edmero y lo super\u00adficial, respondemos al desaf\u00edo de la duraci\u00f3n y de la calidad en las relaciones.<\/p>\n<h4><strong>2. Relaciones de reciprocidad<\/strong><\/h4>\n<p>La convicci\u00f3n central de nuestra Fe cristiana es que el Esp\u00edritu del Resucitado se da a todo ser humano. \u00c9l nos precede, est\u00e1 presente en la vida de cada hombre, le habla al coraz\u00f3n, est\u00e1 ya operante en \u00e9l, y nosotros no hacemos sino unirnos a su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>En primer lugar, es necesaria la escucha que dispone a recibir lo que los pobres llevan en s\u00ed como g\u00e9rmenes del Esp\u00edritu. La escucha nos ayuda a dejarnos trans\u00adformar como Cristo se dej\u00f3 conmover por la palabra de una mujer pagana, la Sirofenicia, hasta el punto de aprender a ver la realidad a trav\u00e9s de sus ojos. Despu\u00e9s, podemos llevar a cabo un real trabajo de discernimiento para recoger y seleccionar lo que va a favorecer y nutrir la vida y denunciar, juntamente con ellos, lo que constituye un obst\u00e1culo a esta vida que quiere nacer y crecer.<\/p>\n<p>Al vivir nuestra espiritualidad en un mundo donde reina el \u00abcada uno para s\u00ed\u00bb, nosotras afrontamos el desaf\u00edo de ser verdaderos \u00abpartenaires\u00bb donde cada uno da y recibe para crecer en una comunicaci\u00f3n mutua y avanzar juntos.<\/p>\n<p><strong>a) Los pobres nos evangelizan mediante sus propios valores<\/strong><\/p>\n<p>La Fe es un don de Dios que nos hace acoger a Dios en nuestras vidas. <em>\u00abLa ver\u00ad<\/em><em>dadera religi\u00f3n&#8230; est\u00e1 entre los pobres\u00bb. <\/em>La mirada de fe nos lleva a \u00abver\u00bb y amar al Se\u00f1or en todo lo que es humano, con una atenci\u00f3n especial hacia todo lo que es peque\u00f1o e insignificante a los ojos del mundo. El esp\u00edritu de fe nos hace mirar verda\u00adderamente a los pobres \u00abcomo a nuestros maestros\u00bb que nos traen la Buena Noticia.<\/p>\n<p>Los pobres nos evangelizan por sus cualidades y por los valores que viven en la vida cotidiana. En el mundo de los pobres, a pesar del ego\u00edsmo que en \u00e9l puede manifestarse y de la tentaci\u00f3n del \u00abcada uno para s\u00ed\u00bb, se crean lazos de solidari\u00addad, un clima de ayuda mutua y de compartir, de manera muy sencilla. Con fre\u00adcuencia los pobres, que tienen la experiencia de la miseria, se sienten interpelados por la miseria de los dem\u00e1s. Adem\u00e1s de la solidaridad, los pobres tienen a menudo la sensibilidad de saber apreciar lo que se hace por ellos, de alegrarse con ello y de mantener una verdadera gratitud. Todav\u00eda podemos profundizar m\u00e1s. El pobre es quiz\u00e1 el \u00fanico que verdaderamente da haciendo de su don un acto de amor, pues para \u00e9l, el don implica una privaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, cuando los pobres nos acogen tal como somos, con todas nuestras limitaciones, nos hacen descubrir la inmensa capacidad de acogida y de misericor\u00addia de Dios hacia nosotros.<\/p>\n<p>Al vivir nuestra espiritualidad, respondemos al desaf\u00edo de dejarnos evangelizar por los mismos pobres.<\/p>\n<p><strong>b) Los pobres nos evangelizan por medio de sus pobrezas<\/strong><\/p>\n<p>Los pobres nos evangelizan no solamente por medio de sus cualidades sino tam\u00adbi\u00e9n porque nos zarandean y nos piden una profunda conversi\u00f3n. Solicitan lo mejor de nosotros y nos hacen pasar de lo instintivo a lo espiritual. Si nos evangelizan, no es porque ellos son ejemplos vivos de virtudes. En efecto, su coraz\u00f3n, puede ser tan violento o mentiroso como cualquier otro coraz\u00f3n humano. Nos humanizan porque manifiestan lo que es el hombre. Nos revelan que el ser humano es peque\u00f1o, d\u00e9bil, fr\u00e1gil, pecador, mortal. Sin pedir expl\u00edcitamente afecto, los pobres nos recuerdan que una necesidad primordial del hombre es el respeto, el reconocimiento y la estima. Lo que buscan, por encima de todo, es una mirada que les hable de atenci\u00f3n, de consi\u00adderaci\u00f3n, una mirada que les d\u00e9 una imagen positiva de ellos mismos. A trav\u00e9s de su necesidad de relaciones verdaderas, los pobres nos ayudan a centrarnos en lo esen\u00adcial de la vida que es el intercambio, la gratuidad, el amor. Si escuchamos sus llama\u00addas, los pobres despiertan en nosotros fuentes de compasi\u00f3n y de bondad, liberan en nosotros capacidades de amor insospechadas. Para perseverar en unas relaciones aut\u00e9nticas con los pobres, que a veces nos dan miedo, necesitamos reconocer que ellos nos revelan nuestra propia pobreza. Sin saberlo, ponen el dedo en nuestras lla\u00adgas y en nuestras limitaciones que nos impiden amar en plenitud. Se convierten para nosotros en un espejo y nos ayudan a reconocer que, en definitiva, no somos tan diferentes unos de otros. A no ser que nos volvamos duros, los pobres pueden ser para nosotros una gracia de reconciliaci\u00f3n en profundidad, con nosotros mismos y con los dem\u00e1s. Cuando somos capaces de ver a los pobres como aquellos que, por sus debilidades, nos revelan una verdad fundamental sobre nuestra humanidad, nuestra propia fragilidad, ellos han crecido y nosotros con ellos.<\/p>\n<p>En el pobre, Cristo es sobre todo interpelaci\u00f3n. No puede haber encuentro con los pobres si nuestro coraz\u00f3n no est\u00e1 profundamente habitado por un impulso de fraternidad, deseoso de renunciar verdaderamente a querer estar por encima de ellos, para estar sencillamente con ellos, quiz\u00e1 incluso para ser el m\u00e1s peque\u00f1o entre ellos. Ante los pobres, nos sentimos invitadas a la solidaridad, a la justicia. Los pobres nos evangelizan renov\u00e1ndonos, llev\u00e1ndonos a la caridad, a la humildad en el servicio. Ponernos al servicio de los pobres, en lugar de dominarlos imponi\u00e9n\u00addoles nuestro saber y nuestros proyectos en favor suyo, es tambi\u00e9n dejarnos evan\u00adgelizar y abandonar la idea de que podemos \u00absalvar\u00bb a alguien.<\/p>\n<p>Al aceptar ser servidos por nosotras, tal como somos, los pobres nos ponen en situaci\u00f3n de expresar, m\u00e1s all\u00e1 de nuestras limitaciones, la fuente de amor que existe en nuestro coraz\u00f3n y nuestra capacidad para dar la vida, siguiendo a Cristo Servidor.<\/p>\n<p>Al vivir nuestra espiritualidad, respondemos al reto de una verdadera fraternidad en la que el preferido es el m\u00e1s peque\u00f1o.<\/p>\n<h3>B) La Hija de la Caridad, sierva, encarna el actuar de Cristo servidor en el mundo de los pobres<\/h3>\n<p>Al hablar de \u00abnueva evangelizaci\u00f3n\u00bb, Juan Pablo II invita a toda la Iglesia a proponer al hombre de hoy el mensaje eterno de la salvaci\u00f3n, en t\u00e9rminos nuevos y convincentes. La Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad participa en ella a trav\u00e9s del servicio a los pobres, que lleva a cabo como manera de vivir aut\u00e9nticamente el Evangelio.<\/p>\n<p>Nuestra espiritualidad de servicio procede de la forma como nuestros Fundadores .comprendieron la Encarnaci\u00f3n y la misi\u00f3n de Cristo. <em>\u00abPara ser verdaderas Hijas de la <\/em><em>Caridad, hay que hacer lo que hizo el Hijo de Dios en la tierra\u00bb <\/em>(S.V., 5.07.1640 &#8211; S\u00edg. IX, p. 34). Lo que nos caracteriza, no es tanto el servicio como una espiritualidad de sierva. Para combatir la tentaci\u00f3n de imitar a los \u00abreyes de las naciones\u00bb (Lc. 22, 25) y de seguir la cultura ambiente de la sociedad con todas sus formas de ayudar a los pobres \u00abdesde arriba\u00bb, nuestros Fundadores nos recuerdan, a tiempo y a destiempo, la necesidad de <em>\u00abimitar al Hijo de Dios que no hac\u00eda nada sino por el amor que ten\u00eda a Dios su Padre\u00bb <\/em>(S.V. 10.07.1640 &#8211; S\u00edg. IX, p. 38). Y nuestra vocaci\u00f3n de Hijas de la Caridad equivale a reproducir la vocaci\u00f3n de Jesucristo Servidor. El servicio que de\u00adbemos proponer a la sociedad de hoy debe estar impregnado y caracterizado por las virtudes necesarias que San Vicente pidi\u00f3 para sus hijas.<\/p>\n<h4><strong>1. La actitud de sierva requiere la puesta en pr\u00e1ctica de las virtudes de su <\/strong><strong>estado: humildad, sencillez, caridad.<\/strong><\/h4>\n<p><strong>a) Humildad<\/strong><\/p>\n<p>Servir a los pobres con humildad es, en primer lugar, escucharlos, desde la gratui\u00addad, antes de buscar la manera de resolver sus problemas. Ponerse a su servicio exige un esfuerzo de atenci\u00f3n para entrar en lo que constituye su universo, abri\u00e9ndo\u00adnos ante todo al misterio de la persona, intentando comprender sus sufrimientos y sus alegr\u00edas. Esto supone por nuestra parte una actitud de discreci\u00f3n y de modestia. La humildad nos ayuda a ir m\u00e1s all\u00e1 de lo humano o de lo psicol\u00f3gico para entrar en el terreno del amor. Nos hace descubrir cosas nuevas, pero nos ayuda a dirigir una mirada nueva hacia los pobres. Nos hace estar atentas a la vida de los pobres, a sus aspiraciones, a sus expectativas profundas, pero nos lleva tambi\u00e9n a meditar en su vida para captar su punto de vista. La humildad nos lleva a creer que los pobres son portadores de un pensamiento \u00fanico, que no sospech\u00e1bamos, y del que podemos sacar provecho. La humildad nos ayuda tambi\u00e9n a tener la capacidad de reconocer que cada situaci\u00f3n debe abordarse a partir de ella misma y no de la nuestra. Impreg\u00adnadas de este esp\u00edritu de humildad, nuestras actitudes y nuestras palabras son me\u00adnos suficientes y menos seguras de tener siempre raz\u00f3n. Dominamos m\u00e1s nuestros reflejos de poder y de afirmaci\u00f3n de nosotras mismas, lo que hace que evitemos to\u00admarnos como punto de referencia y hacer comparaciones hirientes.<\/p>\n<p>La humildad es, ante todo, un acto de Fe en Cristo, especialmente en su Encarnaci\u00f3n Redentora. Esta Fe que no consiste solamente en expresar la gran\u00addeza de todo hombre, sino que invita tambi\u00e9n a penetrar, a ver m\u00e1s all\u00e1 de cada rostro, &#8216;para descubrir en \u00e9l el icono de Cristo.<\/p>\n<p><strong>b) La Sencillez<\/strong><\/p>\n<p>La sencillez es la b\u00fasqueda de Dios y de su gloria en todo lo que hacemos. La sencillez nos ayuda a tener un comportamiento lo m\u00e1s verdadero posible y a crear relaciones claras, sin ambig\u00fcedad y sin dar lugar a sospechar otra cosa m\u00e1s que lo que aparece. La sencillez nos ayuda a evitar toda ambig\u00fcedad en nuestra ma\u00adnera de hablar, en nuestra forma de ser, evitando as\u00ed llamar la atenci\u00f3n en uno u otro sentido. Con un coraz\u00f3n sencillo, sin c\u00e1lculos ni complicaciones, sin buscarnos a nosotros mismos. Cuando caminamos con rectitud, no tenemos constantemente en nuestra boca la contestaci\u00f3n o la cr\u00edtica negativa o amarga. Nuestra cualidad de siervas de los pobres exige esta sencillez en todas las cosas y especialmente en nuestro estilo de vida, si queremos ser comprendidas por ellos.<\/p>\n<p><strong>c) La Caridad<\/strong><\/p>\n<p>La especificidad de nuestra espiritualidad es hacer del servicio a los pobres un acto de Caridad. La Caridad nos hace participar del sentimiento m\u00e1s profundo del Coraz\u00f3n de Dios, de su misericordia y su fidelidad para con el hombre. Nuestros gestos en el servicio a los pobres no tienen sentido m\u00e1s que si los hacemos por amor y con amor. No se trata tanto de realizar acciones como de hacerlas \u00aben caridad\u00bb (S.V. 15.10.1641 &#8211; Sig. IX, p. 64). Nuestros gestos, ya sea en el campo de la ense\u00f1anza, de la educaci\u00f3n o de la asistencia sanitaria y social, est\u00e1n llama\u00addos a ser manifestaciones de caridad, es decir, nacidos del Amor de Dios. No deben reducirse a gestos puramente profesionales. Nuestros gestos, ya sea en el terreno de la ense\u00f1anza, de la educaci\u00f3n o de la atenci\u00f3n sanitaria y social, est\u00e1n llamados a ser gestos de caridad, es decir, que proceden del Amor de Dios. No deben reducirse a gestos puramente profesionales, aunque tienen que adaptarse a las normas profesionales y administrativas que los rigen y realizarse con la com\u00adpetencia necesaria. Por la caridad, nos hacemos solidarias de los pobres hasta el punto de aceptar que nuestra vida sea por ello cambiada.<\/p>\n<p>Al vivir nuestra espiritualidad respondemos al reto de optar por un esp\u00edritu de servicio que exprese la Ternura de Dios para con los Pobres.<\/p>\n<p>Santa Luisa presenta este esp\u00edritu de servicio a trav\u00e9s de las cualidades que pide para servir a os pobres:<\/p>\n<ul>\n<li>el \u00abrespeto\u00bb y la \u00abdevoci\u00f3n\u00bb nos revelan un esp\u00edritu de humildad <em>\u00abviendo siem\u00ad<\/em><em>pre a Dios en ellos\u00bb <\/em>(SL., Corr. <strong>y <\/strong>Escr. C. 435)<\/li>\n<li>la \u00abcordialidad\u00bb, que expresa la sencillez del coraz\u00f3n,<\/li>\n<li>la \u00abcompasi\u00f3n\u00bb y la \u00abdulzura\u00bb manifiestan la caridad.<\/li>\n<\/ul>\n<h4><strong>2. La actitud de sierva requiere preocuparse constantemente por la promo\u00ad<\/strong><strong>ci\u00f3n integral del hombre y de todos los hombres<\/strong><\/h4>\n<p>Nuestro amor a Dios no puede limitarse a una mera experiencia espiritual, debe plasmarse en un compromiso a favor de la dignidad, de la promoci\u00f3n del hombre. Se trata de servir a los pobres teniendo en cuenta todas sus pobrezas: f\u00edsica, econ\u00f3mica, intelectual, moral, espiritual, y facilit\u00e1ndoles los medios para que recu\u00adperen su dignidad.<\/p>\n<p>Aun cuando el servicio, en el punto de partida, vaya dirigido a una dimensi\u00f3n par\u00adticular de la persona: f\u00edsica, afectiva, intelectual, econ\u00f3mica, espiritual&#8230; nuestro ser\u00advicio tiene en cuenta a todo el hombre y a todos los hombres. Tenemos una vocaci\u00f3n que nos obliga a asistir indistintamente a toda suerte de personas, hombres, mujeres y ni\u00f1os, y, en general, a todos los pobres que nos necesitan (cf. C. 1. 7).<\/p>\n<p>Al vivir nuestra espiritualidad, respondemos al reto de trabajar por el desarrollo integral del hombre y de todos los hombres.<\/p>\n<h4><strong>3. La actitud de sierva requiere un esp\u00edritu de colaboraci\u00f3n<\/strong><\/h4>\n<p>El voto que hacemos de servir corporal y espiritualmente a los Pobres, exige el don de nuestra persona y de nuestro tiempo. Pero el servicio a los Pobres no se limita \u00fanicamente al servicio a la persona en dificultad, sino que tiene tambi\u00e9n en cuenta su entorno y a las otras personas con las que estamos llamadas a colaborar. El Esp\u00edritu Santo nos impulsa hoy, m\u00e1s que nunca, a compartir con los laicos nuestra espiritualidad, a fin de trabajar juntos con miras a un mejor servicio. Esta ayuda mutua en el servicio, esta colaboraci\u00f3n no responden a una estrategia pr\u00e1c\u00adtica como resultado de una disminuci\u00f3n de los miembros de la Compa\u00f1\u00eda. Se trata de un componente esencial de nuestra vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vivimos nuestra espiritualidad de servicio favoreciendo al m\u00e1ximo la colabora\u00adci\u00f3n con los laicos en nuestras propias obras apost\u00f3licas. Esta colaboraci\u00f3n con ellos ampl\u00eda el campo de nuestra misi\u00f3n, transforma nuestra manera de servir a los pobres y enriquece tambi\u00e9n lo que hacemos y vivimos.<\/p>\n<p>Nuestro servicio nos llama tambi\u00e9n a colaborar m\u00e1s estrechamente con institu\u00adciones, organizaciones y actividades que no est\u00e1n bajo la tutela de la Compa\u00f1\u00eda. Esta colaboraci\u00f3n es un lugar privilegiado para vivir nuestra espiritualidad de Hijas de la Caridad en complementariedad con otras personas.<\/p>\n<p>Al vivir nuestra espiritualidad, respondemos al reto de poner en com\u00fan nuestras riquezas respectivas, para promover la dignidad de los Pobres.<\/p>\n<h2><em>Conclusi\u00f3n<\/em><\/h2>\n<p>La espiritualidad de las Hijas de la Caridad se expres\u00f3 de manera original en la Iglesia y en la sociedad del siglo XVII. En aquella \u00e9poca y en aquel contexto particular, las Hijas de la Caridad expresaron la fuerza revolucionaria de su espi\u00adritualidad, a trav\u00e9s de su manera particular de encarnar el Esp\u00edritu de Jesucristo, para continuar su misi\u00f3n sirviendo a los pobres.<\/p>\n<p>Fieles a este esp\u00edritu y en el mundo de hoy, nos situamos dentro del linaje de las siervas comprometidas en llevar a cabo el proyecto de Amor del Padre en el mundo de los pobres.<\/p>\n<p>Hoy, como ayer, los pobres necesitan mujeres de acci\u00f3n, impulsadas por el Esp\u00edritu Santo, que act\u00faan no solamente con sus facultades humanas, por muy extraordinarias que sean, sino con su gracia bautismal y con los dones de humil\u00addad, sencillez y caridad. El mayor servicio que podemos prestar a nuestros herma\u00adnos que atraviesan dificultades es dejarnos invadir, unificar, dominar, por el esp\u00edritu de Cristo Servidor y encarnarlo en las realidades socioculturales de nuestro mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se me ha pedido que presente la espiritualidad de la Hija de la Caridad y c\u00f3mo vivirla hoy ante los desaf\u00edos de nuestro mundo. No pretendo hacer una exposici\u00f3n magistral sobre esta espiritualidad. 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