{"id":77513,"date":"2015-06-05T04:56:27","date_gmt":"2015-06-05T02:56:27","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=77513"},"modified":"2015-06-05T04:56:27","modified_gmt":"2015-06-05T02:56:27","slug":"siervas-de-los-pobres-en-el-siglo-xvii-es-posible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/siervas-de-los-pobres-en-el-siglo-xvii-es-posible\/","title":{"rendered":"Siervas de los pobres en el siglo XVII, \u00bfes posible?"},"content":{"rendered":"<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p>C<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/FOTO-010.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-77514 alignright\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/04\/FOTO-010-300x225.jpg?resize=255%2C191\" alt=\"\" width=\"255\" height=\"191\" \/><\/a>uando dirigimos la vista hacia los or\u00edgenes, descubrimos una Comunidad llena de dinamismo. La diminuta semilla arrojada en la tierra el 29 de noviembre de 1633, no tard\u00f3 en crecer. Fueron llegando, numerosas, las j\u00f3venes; se recib\u00edan peticiones de las parroquias de Par\u00eds, del campo, de otras ciudades. Se multipli\u00adcaron los compromisos contra\u00eddos. La acci\u00f3n llevada a cabo dio lugar al nacimien\u00adto de obras ampliamente reconocidas por la Iglesia y la sociedad, como la asis\u00adtencia p\u00fablica, los cuidados a domicilio, la organizaci\u00f3n de los hospitales, las Sociedades de Vida Apost\u00f3lica. Y no podemos por menos de so\u00f1ar con ese gran \u00e1rbol pleno de vitalidad y con la savia fuerte que le infundi\u00f3 el vigor. So\u00f1amos&#8230; porque hoy la vida se nos muestra compleja y dif\u00edcil: la Compa\u00f1\u00eda envejece, el relevo se hace esperar, la legislaci\u00f3n se complica cada d\u00eda y no facilita la tarea, la secularizaci\u00f3n impregna la sociedad, lo \u00abhumanitario\u00bb sustituye a las obras de caridad&#8230;<\/p>\n<p>Con demasiada facilidad olvidamos que las primeras Hermanas tropezaron con muchas dificultades. El entusiasmo de los comienzos se vio enfrentado a nume\u00adrosas cr\u00edticas: toda novedad se ve dif\u00edcilmente aceptada. La vida religiosa con sus reglas y su estilo de vida era entonces conocida. \u00bfEra posible aceptar que unas muchachas, campesinas, llevaran una vida parecida a la vida religiosa, pero cir\u00adculando por las calles, yendo a las viviendas pobres? En el transcurso de los a\u00f1os, las Hermanas hab\u00edan logrado adquirir una habilidad que, a veces, llegaba a cho\u00adcar con las costumbres de los administradores en los hospitales, y de las Se\u00f1oras de la Caridad en las Cofrad\u00edas. Es siempre dif\u00edcil verse aventajado o superado por aqu\u00e9llos a quienes se considera inferiores. \u00a1Aquellas muchachas eran unas simples campesinas! Hasta en el seno mismo de la Compa\u00f1\u00eda, la vida comunitaria llega a mostrarse llena de dificultades. La vida pobre, casta, obediente no deja de ser costosa. Surgen los conflictos.<\/p>\n<p>Es interesante y posiblemente instructivo ahondar en esas dificultades con que tropezaron las primeras Hermanas. Acaso coincidan con las nuestras&#8230;<\/p>\n<h2><strong>1. Una mirada dirigida a la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad<\/strong><\/h2>\n<p>La Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, bajo la direcci\u00f3n del \u00abse\u00f1or Vicente\u00bb y de la \u00abse\u00f1orita Le Gras\u00bb adquiere un r\u00e1pido desarrollo. Las Damas de la Ca\u00adridad, los Sacerdotes de la Misi\u00f3n se muestran atentos en suscitar nuevas vo\u00adcaciones. Pero esta Comunidad tan nueva, compuesta especialmente por mucha\u00adchas campesinas, no deja de plantear interrogantes a m\u00e1s de una persona.<\/p>\n<h3>a) \u00bfCu\u00e1l es la verdadera finalidad de esta Comunidad?<\/h3>\n<p>En la regi\u00f3n del Mans, no deja de preguntarse la gente cu\u00e1l es la finalidad exacta de esta comunidad nueva. Desde hace ya varios a\u00f1os Francia se dedica a la colonizaci\u00f3n de Canad\u00e1. Hombres de las regiones del Maine, de Perch\u00e9, de Anjou han sido requeridos para trabajar aquellas tierras y desarrollar en ellas el comercio. \u00bfQu\u00e9 va a ser de estas muchachas que salen de Par\u00eds? El grupo en el que se las integra, \u00bfno est\u00e1 destinado a proporcionar a Am\u00e9rica mujeres, a las que, una vez all\u00ed, se las casar\u00e1 con los nativos, a los que se llama todav\u00eda \u00absal\u00advajes\u00bb? \u00bfNo es acaso una trata de blancas instigada por esos nuevos misioneros de las aldeas?<\/p>\n<p>Al se\u00f1or Portail le cuesta mucho trabajo hacer comprender la verdadera iden\u00adtidad de la \u00abPeque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda\u00bb. Insiste para que las muchachas procedentes de aquella regi\u00f3n escriban a sus familias y a los se\u00f1ores en cuyas casas trabajaban. La sospecha arrojada sobre las Hijas de la Caridad puede, acaso, ser una expli\u00adcaci\u00f3n del fracaso que tuvo la implantaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda en el hospital del Mans.<\/p>\n<h3>b) \u00bfNo es acaso una locura vivir una consagraci\u00f3n a Dios en medio del mundo?<\/h3>\n<p>Las campesinas que se integraban en aquel nuevo grupo eran muchachas que deseaban consagrar su vida a Dios, sirvi\u00e9ndole en los pobres. Esta consagraci\u00f3n, vivida en medio del mundo, se nos presenta como una locura. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1n unas muchachas, fuera del claustro, guardar la castidad; c\u00f3mo podr\u00e1n, recorriendo las calles o los pueblos, vivir en obediencia? Los que as\u00ed reaccionan son especial\u00admente algunos miembros de la Iglesia.<\/p>\n<p>Regiones del oeste de Francia.<\/p>\n<p>Y hay religiosas que se esfuerzan por atraer a sus monasterios a esas mucha\u00adchas, llenas de generosidad, para ponerlas a resguardo de los peligros, que se imaginan ser muchos, y para hacer de ellas buenas Hermanas legas. Luisa de Marillac no duda en hacer ver su reacci\u00f3n a la Superiora de las Benedictinas de Argenteuil, pidi\u00e9ndole que respete esa vocaci\u00f3n, querida por Dios para el alivio de todos los excluidos de la sociedad, \u00abpobres abandonados que se ven en toda clase de necesidades, y que no pue\u00adden ser socorridos en las mismas si no es por los buenos servicios de esas j\u00f3venes que se desprenden de todo inter\u00e9s, se entregan a Dios para el servicio espiritual y corporal de esas pobres criaturas que su bondad quiere considerar como a miembros suyos\u00bb.<\/p>\n<p>El Concilio de Trento hab\u00eda reafirmado la responsabilidad de los obispos con relaci\u00f3n a todos los cristianos de sus di\u00f3cesis. Muchos de aqu\u00e9llos no aceptaban una vida religiosa fuera de un monasterio: el obispo de Lyon mand\u00f3 enclaustrar a las religiosas de la Visitaci\u00f3n de Francisco de Sales; el de Burdeos, a las hijas de Juana de Lestonnac. No es de extra\u00f1ar que el de Nantes, que hab\u00eda dado su conformidad para la llegada de las Hijas de la Caridad al hospital, reaccionase de cara al modo de vida de las Hermanas. Juana Lepintre refiere a Luisa de Marillac el interrogatorio a que el obispo hab\u00eda sometido a las Hermanas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;su caridad vino al hospital con una gran hoja en la que estaban todas esas cosas sobre las que nos interrog\u00f3 a todas&#8230; Pidi\u00f3 ver nuestras Reglas&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Juana Lepintre reconoce que el obispo les dio muestras de mucha bondad, dici\u00e9ndoles que estimaba su servicio en el hospital. Pero, sin embargo, concluye:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;encuentra algo en el proceso de nuestro establecimiento que le choca&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal que, a su paso por Nantes en abril de 1649, se entrevist\u00f3 con Mons. de Beauveau, reconoce que \u00e9ste acepta mal a aquel grupo de cristianas que no caen bajo su autoridad, a aquellas mujeres que dicen hacen votos y que no est\u00e1n en un claustro. Confiesa que no logr\u00f3 hacerle cambiar de parecer:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;por m\u00e1s que le dije&#8230; no consegu\u00ed hacer desaparecer su aversi\u00f3n hacia esta obra&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Al ver que no pod\u00eda cambiar la manera de vida de las Hermanas, el obispo pens\u00f3 en reemplazarlas por otras religiosas. Ya en el mes de julio estableci\u00f3 contacto con las Religiosas Agustinas del hospital de Vannes:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u2039&lt;&#8230;el se\u00f1or obispo de Nantes emplea toda clase de medios para establecer en su hospital a religiosas del de Vannes&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Aunque se prosiguieron las gestiones con mucho inter\u00e9s&#8217;, no lograron el resul\u00adtado deseado. Las Hijas de la Caridad permanecieron en Nantes, en un clima muy dif\u00edcil, hasta 1664.<\/p>\n<h3>c) \u00bfNo es preferible la vida religiosa?<\/h3>\n<p>Las Hijas de la Caridad se ven as\u00ed, en diversos lugares, enfrentadas a interro\u00adgantes sobre su identidad. Oyen las cr\u00edticas que se hacen sobre su modo de vida, la preferencia que se da ampliamente a la vida religiosa contemplativa, a la que se considera m\u00e1s noble, m\u00e1s bella. Algunas llegan a experimentar cierto malestar de cara a su vocaci\u00f3n de siervas, y desean que su Comunidad se calque sobre el modelo de la vida mon\u00e1stica. Poco a poco se va formando un grupo contes\u00adtatario en el seno de la Compa\u00f1\u00eda, grupo animado, probablemente, por Ana Har\u00addemont. Estas Hermanas rechazan el h\u00e1bito, vestido humilde de las aldeanas, desprecian el sencillo tocado campesino y el apelativo de \u00abHermana\u00bb (la palabra hace pensar en las religiosas legas); les gustar\u00eda que se las designara con el apelativo de \u00abMadres\u00bb. Desear\u00edan contar con tiempo para estudiar la doctrina cristiana&#8230; Como saben que la Compa\u00f1\u00eda ha sido fundada para el servicio de los pobres, proponen escindir dicha Comunidad en dos grupos. Luisa de Marillac expresa sus inquietudes:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;introducir en ella como dos cuerpos en uno, es decir, el de las que se considera\u00adr\u00edan aptas para tal empleo, que ser\u00edan el cuerpo dominante y tendr\u00edan la pretensi\u00f3n de ejercer las funciones de santa (Mar\u00eda) Magdalena (la hermana de L\u00e1zaro), y pon\u00addr\u00edan bajo su autoridad a las que estuvieran empleadas en la visita de los enfermos y, poco a poco, las muchachas pobres no tendr\u00edan ya acceso a la Compa\u00f1\u00eda, y las dem\u00e1s llegar\u00edan pronto a ser \u00abdamas\u00bb: \u00e9sta es ya la pretensi\u00f3n de varias.<\/p>\n<p>Tanto en el siglo xvii, como en el xx, para conservar su identidad original, la Compa\u00f1\u00eda necesitar\u00e1 estar atenta, mostrarse vigilante frente a las reacciones, a las presiones de la Iglesia y de la sociedad.<\/p>\n<h2>2. <strong>Una mirada a la vida de las Hermanas<\/strong><\/h2>\n<p>La vida de aquellas mujeres entregadas al servicio de los pobres, que van y vienen por las calles, llama la atenci\u00f3n, se la observa y a veces se la esp\u00eda. Si suscita frecuentes sentimientos de admiraci\u00f3n, no dejan de surgir tambi\u00e9n las cr\u00edticas, a veces, con fundamento; otras, m\u00e1s o menos imaginarias, cr\u00edticas que pueden llegar a la calumnia violenta<\/p>\n<h3>a) El contacto con el dinero<\/h3>\n<p>El dinero es una de las realidades de la vida de las Hermanas. Lo necesitan para socorrer y cuidar a los pobres, a los enfermos, para su propio alimento, para pagar la diligencia cuando tienen que viajar, etc. El contacto con el dinero puede llegar a ser una fuente de deseos confusos, dif\u00edciles de expresar y de controlar. En su gran mayor\u00eda, las Hermanas no hab\u00edan tenido la costumbre de manejarlo: los campesinos ten\u00edan muy poco dinero: lo conservaban metido en una media de lana. Los intercambios comerciales se hac\u00edan en especie, ordi\u00adnariamente.<\/p>\n<p>En los lugares donde las Hermanas sirven a los pobres, las Cofrad\u00edas o los administradores les abonan una cantidad para atender a las necesidades de los pobres y para cubrir las de la Comunidad. Adem\u00e1s, los Fundadores insistieron en el trabajo. En el siglo xvii, la palabra \u00abtrabajo\u00bb indica trabajo manual. Para tratar del servicio a los pobres, se utiliza el t\u00e9rmino \u00abempleo\u00bb. Si no se trabaja manual\u00admente, como lo hacen las campesinas, es asemejarse a los ricos que viven de sus rentas. Entre las Hermanas, unas hilan el lino, otras cosen o se encargan de lavar ropa. Otras preparan dulces. Las que est\u00e1n en el campo, cr\u00edan animales. Ese trabajo produce determinado beneficio. R\u00e1pidamente, las Hermanas descubren que el dinero facilita la vida, permite proveerse de todo lo necesario. Algunas llegar\u00e1n a desear poseer dinero. Y se dedicar\u00e1n a \u00abtrabajar\u00bb con exceso. \u00bfC\u00f3mo no dejarse dominar por la ambici\u00f3n de ganar? Algunas Hermanas, para evitar que llegue a faltarles, van a arregl\u00e1rselas para hacerse con peque\u00f1os ahorros. Vicente de Pa\u00fal habla pr\u00f3lijamente de esto en la Conferencia del 26 de agosto de 1657, partiendo seguramente de hechos concretos vividos en diferentes lugares:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">&lt;\u2039Por lo que se refiere a las que manejan los bienes de los pobres, \u00a1ah! es preciso que lo cumplan fielmente; hacer todo como si se pesase oro y, bajo ning\u00fan pretexto, decir jam\u00e1s que una medicina cuesta m\u00e1s cara que lo que ha costado\u00bb&#8217;.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u2039&lt;&#8230;resolveos a no quedaros nunca con nada del bien de los pobres ni del vuestro, y a ahorrar aqu\u00e9l del que ten\u00e9is la disposici\u00f3n. Acordaos de que \u00e9ste es el nudo de vuestra Compa\u00f1\u00eda y lo que la mantendr\u00e1 en buen estado, como lo veis por lo que hemos dicho\u00bb <sup>10<\/sup>.<\/p>\n<p>Maturina Gu\u00e9rin, en su documento sobre las virtudes de Luisa de Marillac, recuerda c\u00f3mo Magdalena Riquet, escogida como Hermana Sirviente para la nueva implantaci\u00f3n de Cahors, no pudo resistir a la tentaci\u00f3n de apropiarse del dinero. Desapareci\u00f3 en cuanto tuvo en mano la bolsa para el viaje:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abYa se habr\u00e1 enterado de que una Hermana de la que se esperaba mucho, habiendo sido destinada para el establecimiento de Cahors, se fue cuando todo estaba preparado para partir\u00bb&#8216;<sup>1<\/sup>.<\/p>\n<p>En varios lugares pesaron sobre las Hermanas sospechas de robos. A su paso por Nantes, san Vicente oy\u00f3 las quejas de los Administradores:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEncontr\u00e9 a las pobres Hijas de la Caridad al t\u00e9rmino de una gran persecuci\u00f3n de que han sido objeto. Se les acusa de una infinidad de cosas; la principal es que se apropian del bien de los pobres&#8230; de que todo ir\u00eda bien en el hospital sin las Hijas de la Caridad, que cumpl\u00edan muy mal con su deber y, lo que es peor, que arruinaban el hospital y robaban.<\/p>\n<p>En La F\u00e9re, a Mar\u00eda Marta Trumeau y a su compa\u00f1era se les acus\u00f3 de haber guardado para ellas el dinero que la reina hab\u00eda dado para los soldados heridos <sup>13<\/sup>. Las Hermanas de Angers no se libraron tampoco. Luisa de Marillac pide explica\u00adciones al abad de Vaux:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;esos se\u00f1ores aseguran haber visto a tres de nuestras Hermanas, de noche, hacer paquetes y arrojarlos por las ventanas&#8230;<sup>\u00ab<\/sup><\/p>\n<p>Las Hermanas tuvieron que afrontar una cuesti\u00f3n muy actual. \u00bfC\u00f3mo vivir la transparencia en el manejo del dinero, en las cuentas, para evitar toda sospecha?<\/p>\n<h3>b) La vida de castidad<\/h3>\n<p>Consagrarse a Dios para servirle en los pobres, comprometerse en la Compa\u00ad\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad para vivir esta consagraci\u00f3n, implica la opci\u00f3n de una vida de castidad. Pero la naturaleza humana est\u00e1 siempre presente, explica Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;a una le gusta tratar con los hombres, no le molesta que le digan ciertas palabras, les responde y se entretiene con ellos, incluso con algunos confesores fuera de la confesi\u00f3n, se pasa el tiempo hablando de cosas que no son urgentes ni necesarias, sino para pasar el rato.<\/p>\n<p>Inmersas en el mundo, es normal que las Hijas de la Caridad encuentren dificultades para vivir el celibato consagrado. Algunas tienen actitudes que sorprenden. En 1636, las Hermanas del H\u00f3tel-Dieu informan a san Vicente acerca del comportamiento de la \u00faltima que ha llegado:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa joven de la se\u00f1orita Viole (enviada por ella)&#8230; escandaliza a causa de sus maneras de actuar con muchachos que vienen a verla\u00bb.<\/p>\n<p>Las Hermanas viven en una habitaci\u00f3n de alquiler, cerca del H\u00f3tel-Dieu: los habitantes conocen las idas y venidas de muchachos!<\/p>\n<p>Maturina Gu\u00e9rin, que acaba de llegar a Liancourt, se ve sorprendida de lo que pasa en su comunidad. La Hermana Sirviente come con las familias, participa en bodas, recibe en los lugares reservados a la comunidad a quienes desean verla, tanto hombres como mujeres, y a cualquier hora. Invita a sus compa\u00f1eras a acompa\u00f1arla en las distintas salidas. El d\u00eda de san Jos\u00e9, Maturina y su compa\u00f1era van a confesarse con el p\u00e1rroco, como lo hacen habitualmente. El se\u00f1or cura despacha a Maturina dici\u00e9ndole brutalmente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abUsted no es m\u00e1s que una p\u00e9rfida, no puedo darle la absoluci\u00f3n. Viene a acusar\u00adse de faltas ligeras, pero no habla de los enormes pecados que comete\u00bb.<\/p>\n<p>Maturina no comprende. Sin replicar nada, se retira junto con su compa\u00f1era que ha recibido la misma respuesta. Poco a poco se van dando cuenta de que se han convertido en el hazmerre\u00edr del pueblo. Se burlan de ellas, se las trata de \u00abmujeres de mala vida\u00bb. En Pascua se les niega la comuni\u00f3n. Se van dando cuenta de que, progresivamente, se las va separando de la Iglesia.<\/p>\n<p>El p\u00e1rroco, interrogado por la duquesa de Liancourt, cuenta lo que dos mucha\u00adchos j\u00f3venes le han dicho: han visto a hombres que iban a casa de las Hermanas en plena noche, y tambi\u00e9n durante la misa mayor de los domingos y d\u00edas de fiesta. Los dos muchachos daban tantos detalles que era imposible no creerlos. Varios meses de sufrimiento para las compa\u00f1eras hasta que se hizo la luz: los dos muchachos hab\u00edan inventado la historia con todo detalle. La Hermana Sirviente comprendi\u00f3 entonces su falta de prudencia y sus errores. Poco despu\u00e9s, saldr\u00eda de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>En Nantes, Isabel Mart\u00edn, la Hermana Sirviente, trat\u00f3 de hacer comprender a su compa\u00f1era, Catherine Bagard, lo ambiguo de su actitud con relaci\u00f3n a uno de los capellanes. Pero sus observaciones no produjeron efecto alguno. Muy afligida, confi\u00f3 su pena a Luisa de Marillac:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;querida Madre&#8230; le escribo con las l\u00e1grimas en los ojos. Hace un momento acabo de o\u00edr en el desv\u00e1n al se\u00f1or capell\u00e1n y a sor Catherine conversando juntos con unas risotadas interminables. Parece que hubiera por all\u00ed ciervas o lie\u00adbres&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>La conducta de Catherine da lugar a que se formen dos \u00abclanes\u00bb en la comu\u00adnidad: uno de ellos apoya a Catherine; el otro queda pr\u00f3ximo a la Hermana Sirviente. Esta divisi\u00f3n comunitaria tiene una repercusi\u00f3n en el servicio: se descui\u00adda a los enfermos; algunos mueren sin atenci\u00f3n espiritual. Llamada a Par\u00eds, Ca\u00adtherine Bagard abandona la Compa\u00f1\u00eda y se apresura a regresar a Nantes.<\/p>\n<p>En otros lugares hay muchachos que corren tras las Hermanas j\u00f3venes: es el caso de la parroquia de San Juan, en Par\u00eds. Juana Baptiste acepta el cambio que se le propone. Y cuando sepa que las Se\u00f1oras de la Caridad la reclaman y que el p\u00e1rroco lamenta haber perdido a una buena sierva de los pobres, no duda en negarse a atender aquellas peticiones: est\u00e1 segura de lo que ha decidido. En Ch\u00e1teaudun, B\u00e1rbara Angiboust pasar\u00e1 por muchas dificultades para defender a sus dos compa\u00f1eras j\u00f3venes de las pretensiones del muchacho cocinero del hospital. Ana Bocheron recuerda cierto atardecer:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abUn d\u00eda vino un muchacho empleado de los sacerdotes que quer\u00eda entrar en nuestra casa para encender su candela, cuando ya nosotras nos hab\u00edamos reti\u00adrado. Ella no quiso permitirle la entrada, aunque \u00e9l insist\u00eda mucho, tanto que lleg\u00f3 a golpearla. Ella lo soport\u00f3 con tanta paz, que poco despu\u00e9s volvi\u00f3 el muchacho a pedir perd\u00f3n\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>Vivir la consagraci\u00f3n en medio del mundo supone una opci\u00f3n radical, opci\u00f3n que el mundo no comprende y hacia la cual se muestra con frecuencia incr\u00e9dulo.<\/p>\n<h3>c) La vida fraterna en comunidad<\/h3>\n<p>No es f\u00e1cil hacer que vivan juntas personas procedentes de regiones y de ambientes sociales distintos. En casi todas las comunidades, ya est\u00e9n compuestas de dos o de diez Hermanas, el soportarse, la tolerancia, resulta una dura realidad. Reconocerse \u00abcomo Hermanas a las que Dios ha unido con el v\u00ednculo de su amor\u00bb es una propuesta hecha por san Vicente de Pa\u00fal y santa Luisa de Marillac desde los comienzos de la Compa\u00f1\u00eda. Pero la experiencia muestra que es muy dif\u00edcil vivir con una Hermana de temperamento opuesto al nuestro: la encontramos demasia\u00addo triste o demasiado alegre o de mal humor. Luisa de Marillac constata que:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;con frecuencia juzgamos las intenciones de nuestras Hermanas de manera muy distinta a la verdad\u00bb.<\/p>\n<p>La vida, d\u00eda a d\u00eda, revela m\u00e1s los defectos, las man\u00edas de las compa\u00f1eras que la belleza de su consagraci\u00f3n al Se\u00f1or. En la Casa Madre, la vida fraterna no es m\u00e1s f\u00e1cil que en las comunidades poco numerosas. Algunas Hermanas critican lo que se vive, murmuran contra la Superiora General. Maturina Gu\u00e9rin, que vivi\u00f3 muchos a\u00f1os junto a la Se\u00f1orita, no puede callar lo que ha visto:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab(Algunas) murmuraban contra ella&#8230; encontraban qu\u00e9 decir contra lo que hac\u00eda, y&#8230; le hablaban con frecuencia con pasi\u00f3n&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Maturina habla especialmente de una Hermana que no nombra, por discreci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abCon frecuencia causaba desorden, hablaba tan desafortunadamente, cuando estaba enfadada, que sorprend\u00eda. Cuando hab\u00eda descargado toda su hiel, la Se\u00f1orita no dejaba, mediante palabras discretas, de dar a entender que hab\u00eda que excusarla. Unas veces dec\u00eda que era por franqueza o por alguna debilidad de esp\u00edritu, que le hac\u00eda eso m\u00e1s soportable que el guardar alguna cosa en el cora\u00adz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<h3>d) La funci\u00f3n de Hermana Sirviente<\/h3>\n<p>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac quisieron que hubiera una Hermana respon\u00adsable en cada comunidad. Las primeras Hermanas Sirvientes quedaron instituidas desde el 30 de julio de 1634, pero r\u00e1pidamente se enfrentaron con el problema con que tropieza toda autoridad. \u00bfC\u00f3mo vivir esa autoridad, c\u00f3mo ejercerla?<\/p>\n<p>Algunas descubren el poder que va unido a la autoridad. B\u00e1rbara Angiboust es dura en sus reacciones con sus compa\u00f1eras. En Richelieu, en 1639, Luisa Ganset con gran libertad organiza sola su vida. En Bernay, en 1655, Lorenza Dubois, mucho m\u00e1s joven, experimentar\u00e1 un gran temor ante aquella antigua\u00bb de la Compa\u00f1\u00eda. En el hospital de Angers, Magdalena Mongert es muy terminante: sus reacciones, a veces violentas, exasperan a sus compa\u00f1eras. Mar\u00eda Marta Trumeau y Petrita, de Sedan, hartas de los enfados de su Hermana Sirviente, hacen sus maletas y regresan a Par\u00eds. Luisa queda sorprendida ante su llegada, pero no as\u00ed de las razones que han provocado su marcha:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abYa me tem\u00eda yo que su severidad (la de sor Magdalena) hab\u00eda contribuido a tan r\u00e1pido regreso\u00bb, escribe al abad de Vaux.<\/p>\n<p>Juana de Loudun, como reacci\u00f3n, va a encerrarse en el mutismo y en la anorexia. De ella se trat\u00f3 en el Consejo del 20 de junio de 1647:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSe cuestion\u00f3 el asunto de si deb\u00eda despedirse a una Hermana joven, procedente de Loudun, que a la saz\u00f3n se encontraba en Angers, porque manifestaba querer marcharse y porque, adem\u00e1s, era de mal car\u00e1cter, que, a veces, la hac\u00eda pasar tres o cuatro d\u00edas sin que hablase a nadie y sin comer\u00bb.<\/p>\n<p>El cambio de la Hermana Sirviente, unos meses m\u00e1s tarde, le permitir\u00e1 a Juana recobrar el equilibrio.<\/p>\n<p>Francisca Carcireux encuentra tambi\u00e9n dificultad en situarse en su funci\u00f3n de Hermana Sirviente. Le gusta mandar, pero no se apresura a echar una mano a la tarea. Luisa de Marillac le escribe a Narbona:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab(Hay que) &#8230; ver con claridad la diferencia entre una Hermana Sirviente que dice: hagamos, y otra que se contenta con decir: haga usted, y no echa la mano al trabajo; porque, el primer caso es colocarse en situaci\u00f3n de igualdad con sus Hermanas, y en el \u00faltimo se excluye una de la igualdad y del trabajo y se acantona en su autoridad\u00bb.<\/p>\n<p>En Cahors, Mar\u00eda Marta Trumeau, muy austera de temperamento, se muestra poco afable con sus dos compa\u00f1eras. El se\u00f1or Fournier, sacerdote de la Misi\u00f3n, que hace la visita a la comunidad, escribe a Luisa de Marillac:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abCreo que no habr\u00eda nada que desear en su direcci\u00f3n si acompa\u00f1ase sus adver\u00adtencias y negativas con mayor dulzura\u00bb.<\/p>\n<p>Otras Hermanas Sirvientes prefieren dimitir ante la tarea. Isabel Mart\u00edn no con\u00adsigue mantener la cohesi\u00f3n en la comunidad de Nantes. Todas quieren mandar y no se sabe ya qu\u00e9 es lo que hace cada una. Las cr\u00edticas surgen por todas partes, especialmente en desfavor de la Hermana Sirviente. Se critica su manera de servir a la mesa, la confesi\u00f3n aprovechando el paso de un sacerdote y hasta sus l\u00e1gri\u00admas ante la falta de bondad de sus Hermanas. Margarita Noret se encuentra a disgusto ante la actitud de sus compa\u00f1eras:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abTengo el esp\u00edritu muy dolido al ver todo lo que pasa&#8230; Le aseguro que son tantas las cosas contrarias a nuestras reglas, en primer lugar, las resistencias que hacen frente a sor Isabel (Mart\u00edn), de la que con frecuencia se mofan&#8230; y la rechazan con acritud\u00bb.<\/p>\n<p>El problema autoridad-obediencia siempre ha sido problema dif\u00edcil de vivir en el seno de las comunidades.<\/p>\n<h2><strong>3. Una mirada al servicio de los pobres<\/strong><\/h2>\n<h3>a) \u00bfA qui\u00e9nes sirven?<\/h3>\n<p>La elecci\u00f3n de los pobres no plante\u00f3 problema durante los primeros a\u00f1os: las Hijas de la Caridad iban hacia los enfermos pobres que no ten\u00edan otra ayuda m\u00e1s que la que ellas les llevaban. Despu\u00e9s, poco a poco, fueron apareciendo nuevas necesidades, se emprendieron nuevos servicios, entre ellos los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos, los Galeotes, las ni\u00f1as pobres sin instrucci\u00f3n. Enviadas a aldeas de provincias, las Hermanas recorr\u00edan los campos para socorrer a los pobres enfermos a domicilio. Muchas, all\u00e1 donde iban enviadas, perciben muy pronto otras llamadas. \u00bfC\u00f3mo van a responder a ellas?<\/p>\n<p>En muchos lugares, los padres de las ni\u00f1as que van a la escuela les piden que reciban a los hermanitos peque\u00f1os porque en la casa no hay nadie para guardar\u00adlos. \u00bfQu\u00e9 hacer en aquella \u00e9poca en que la escuela mixta est\u00e1 formalmente prohibida tanto por los edictos del rey como por lo de los obispos? Aceptar a los ni\u00f1os juntamente con las ni\u00f1as es exponerse a procesos y, sin duda, a ser que\u00admadas vivas en una hoguera en medio del pueblo. Negarse es correr el riesgo de no poder atender a las ni\u00f1as pobres. Despu\u00e9s de una larga deliberaci\u00f3n en el<\/p>\n<p>Consejo del 30 de octubre de 1647, san Vicente opta por la no aceptaci\u00f3n de los ni\u00f1os, aunque sean peque\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfc\u00f3mo van a comportarse las Hermanas a quienes se impone la presen\u00adcia de ni\u00f1os en su escuela? Las Hermanas de Polonia exponen su inquietud a san Vicente. A pesar de lo que indican sus reglas, han tenido que recibir a dos ni\u00f1os en medio de las ni\u00f1as. \u00bfQu\u00e9 hacer escriben\u2014 ya que conocen \u00ablas malas costumbres que hay en ese pa\u00eds?<\/p>\n<p>Maturina Guerin tendr\u00e1 los mismos problemas con el gobernador de Belle-Ile\u00aden-Mer, quien apoya la petici\u00f3n de la esposa del recaudador, que quiere abso\u00adlutamente enviar a su hijo de siete a\u00f1os a la escuela de las Hermanas. \u00bfC\u00f3mo resistir a la presi\u00f3n que ejerce Nicol\u00e1s Fouquet, el Superintendente de Finanzas de Luix XIV? Maturina expone el problema a san Vicente.<\/p>\n<p>\u00abLe he dicho que no pod\u00edamos y que, para mostrarle que no es por desprecio, como dice ella, que iba a escribirle a usted sobre esto. Si cogemos a \u00e9ste, hay ya otros que han pedido para los suyos. Por eso, Padre, usted ordenar\u00e1 lo que crea. Lo que le pido no es un permiso para mostr\u00e1rselo, sino una carta que les haga ver que esto no es posible.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con aqu\u00e9llos a quienes se denomina \u00ablos grandes\u00bb resulta con frecuencia dif\u00edcil para las Hijas de la Caridad. \u00bfC\u00f3mo decirles &lt;no\u00bb, cuando las campesinas han aprendido, desde su m\u00e1s tierna edad, la obediencia al \u00abse\u00f1or\u00bb del pueblo? \u00bfQu\u00e9 responder a la duquesa de Harcourt que pide a Ana Hardemont que vaya a asistirle en su primer parto? Esta juzg\u00f3 conveniente ir&#8230; \u00bfEs posible negar a asistir a un bienhechor en sus \u00faltimos momentos? Juana Lepintre, Herma\u00adna Sirviente en Chateaudun, fue a Orleans a casa del se\u00f1or De Franqueville y le asisti\u00f3 en el momento de su muerte. A una y a otra, san Vicente les recuerda la finalidad de la Compa\u00f1\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abCon frecuencia nos urgen en Par\u00eds para que permitamos a las Hermanas atender a otros enfermos distintos de los pobres, pero no podemos consentir que les sirvan&#8230; porque ellas est\u00e1n s\u00f3lo para atender a los que no tienen a nadie que les asista&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>La reina de Polonia, Mar\u00eda Luisa de Gonzaga, que fue Dama de la Caridad un Par\u00eds antes de casarse, desea ayudar a los pobres de su reino. Prepara una casa y acoge en ella a mujeres miserables. Las Hermanas saben que, en Francia, no les est\u00e1 permitido ocuparse de las prostitutas: era una precauci\u00f3n para que el mundo no confundiera a las Hijas de la Caridad \u2014que iban a todas las casu\u00adchas\u2014 con las \u00abmujeres de mala vida\u00bb. Pero, en Polonia, piden a las Hermanas que sirvan precisamente a esas pobres:<\/p>\n<p>\u00abTenemos aqu\u00ed diecisiete mujeres con nosotras&#8230; unas tienen ti\u00f1a, otras, no nos atrever\u00edamos a nombrar la enfermedad que tienen. En Francia no quieren que sirvamos a tales personas; pero aqu\u00ed nos sentimos dichosas de tenerlas entre nosotras\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo van las Hermanas responder a todas las realidades concretas que las interpelan?<\/p>\n<h3>b) \u00bfC\u00f3mo sirven?<\/h3>\n<p>Cuando las primeras j\u00f3venes llegaron a servir en las Cofrad\u00edas a ejemplo de Margarita Naseau, asum\u00edan todos los servicios que las Damas no pod\u00edan prestar f\u00e1cilmente, dada su situaci\u00f3n. Todas estas tareas \u00abhumildes y bajas\u00bb de que habla el acta de aprobaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda facilitan la relaci\u00f3n directa con el pobre, permiten dialogar con \u00e9l, decirle \u00abuna buena palabra\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando las Hermanas fueron a los hospitales, los Fundadores velaron para que se consagrasen totalmente al servicio de los enfermos. Todo lo referente a la administraci\u00f3n, a la econom\u00eda, segu\u00eda estando a cargo de los administradores. Pero, estar siempre dentro del hospital es exigente y un poco desmoralizante. Algunas van a buscar ocasiones para salir: qu\u00e9 mejor oportunidad que la de ir a comprar las provisiones, recorrer el mercado&#8230; Juana Lepintre, a su llegada a Nantes, se sorprende ante la situaci\u00f3n y pide explicaciones a Luisa de Marillac. Esta recuerda el contrato firmado con los administradores:<\/p>\n<p>\u00abTodo lo que me dice usted que hacen las Hermanas es completamente con\u00adtrario a los acuerdos que hemos firmado con los se\u00f1ores Padres, como ir al mercado fuera; no hab\u00eda que ir m\u00e1s que para el pescado y las aves, lo que debe hacerse en menos de una hora. Porque por lo que hace a las hierbas, fruta, huevos, etc., todo esto ten\u00edan que traerlo a la casa las vendedoras; la mantequilla forma parte de las provisiones (o despensa) de la casa que los se\u00f1ores Padres hab\u00edan prometido tener, lo mismo que la le\u00f1a, el vino, vinagre, aceite y otras cosas necesarias\u00bb.<\/p>\n<p>Enriqueta Gesseaume, con el pretexto de coger todas las flores y plantas necesarias para preparar los medicamentos, recorre alegremente los campos. El aire all\u00ed es m\u00e1s puro que en el hospital. Luisa manifiesta su extra\u00f1eza:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;hable de ello al se\u00f1or Lamberto (que est\u00e1 haciendo la visita) espero que \u00e9l dar\u00e1 ordenes&#8230; para impedir que las Hermanas salgan al campo a buscar las hierbas. No hay por qu\u00e9 proveer de tal manera su botica, basta con que tenga los medicamentos corrientes y m\u00e1s necesarios&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Juana Lepintre, nombrada Hermana Sirviente de Ch\u00e1teaudum, olvidar\u00e1 las recomendaciones de Luisa de Marillac. Con el pretexto de las compras para los pobres del hospital har\u00e1 un viaje a Orleans. Vicente de Pa\u00fal muestra qu\u00e9 f\u00e1cil es enga\u00f1arse a s\u00ed mismo, crey\u00e9ndose m\u00e1s capaz que los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>\u00abEl pretexto ha sido ir a comprar ropa o muebles para el hospital, o medicinas para los enfermos, o las dos cosas a la vez; pero, \u00bfno hubiera hecho bien todo esto alguna otra persona? Y s\u00ed uno de esos se\u00f1ores administradores se hubiera encargado de hacerlo, \u00bfcree que no hubiera acertado? Ellos entienden de esas compras lo mismo que usted; o, si la persona que ellos hubieran podido enviar hubiera necesitado alguna ayuda, \u00bfno habr\u00eda encontrado alg\u00fan amigo en aquel sitio, como todos lo tienen, para escoger los g\u00e9neros y valorarlos? No cabe duda de ello. \u00bfC\u00f3mo lo hac\u00edan antes de que fuera usted?\u00bb<\/p>\n<p>Luisa de Marillac insisti\u00f3 siempre en la formaci\u00f3n necesaria para servir a los pobres, formaci\u00f3n sanitaria para las que sirven a los enfermos, formaci\u00f3n peda\u00adg\u00f3gica para las que ense\u00f1an a las ni\u00f1as, formaci\u00f3n espec\u00edfica para anunciar a Jesucristo. Para algunas, esta formaci\u00f3n ser\u00e1 una ruda exigencia, pero otras des\u00adcubrir\u00e1n la alegr\u00eda de aprender, de saber. As\u00ed, Juliana Allot se las da de sabia explicando el catecismo a los ni\u00f1os y a los enfermos del hospital de La F\u00e9re de una <em>\u00abmanera&#8230; llamativa y brillante. <\/em>Isabel Turgis desea estudiar el catecismo de Belarmino, escribe estimulada por el Concilio de Trento.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac ha observado que las que desean con mucha pasi\u00f3n, \u00abcon ansiedad\u00bb, seg\u00fan su expresi\u00f3n, una formaci\u00f3n m\u00e1s elevada, abandonan poco a poco las tareas m\u00e1s bajas, por falta de tiempo o por desprecio de lo que les parece poco digno de su saber.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;habiendo Dios escogido a j\u00f3venes aldeanas para el establecimiento s\u00f3lido do las Siervas de los Pobres Enfermos&#8230; las que&#8230; entrar\u00e1n con ansiedad en domos de leer&#8230; y aparentar ser competentes&#8230; se esforzar\u00edan en aprender, dejar\u00edan de lado los trabajos y el aplicarse a la pr\u00e1ctica de la mortificaci\u00f3n&#8230; y de que esto es verdad, ya tenemos alg\u00fan ejemplo en la Compa\u00f1\u00eda<sup>,<\/sup>\u00ab.<\/p>\n<p>Las humildes tareas del servicio a los pobres son dif\u00edciles, exigentes. Por eso, algunas Hermanas trataban de esquivarlas, de reemplazarlas por otras que eran, tambi\u00e9n, para el bien de los pobres. Para las primeras Hermanas era a veces dif\u00edcil no torcerse, no desviarse de la orientaci\u00f3n general del designio de Dios sobre el servicio a los pobres en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<h3>c) \u00bfCon qui\u00e9nes sirven?<\/h3>\n<p>A su llegada a las Cofrad\u00edas de la Caridad de Par\u00eds en 1630, las primeras siervas de los pobres iban a las casas de las Damas a buscar la marmita de sopa que \u00e9stas preparaban y se daban a las Hermanas las consignas para la jornada. Despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda en 1633, se mantiene esta situaci\u00f3n. Las Damas se encargan de lo que hoy llamamos la administraci\u00f3n, como los Padres de los pobres (administradores) lo hacen en los hospitales. Es dif\u00edcil hablar de una situaci\u00f3n de colaboraci\u00f3n. En el siglo xvii, se trata m\u00e1s bien de una situaci\u00f3n de subordinaci\u00f3n de las Hermanas hacia quienes detentan el poder.<\/p>\n<p>La comprensi\u00f3n del servicio a los pobres y su puesta en pr\u00e1ctica van, muy pronto, a provocar tensiones. En Bernay, a las Damas les gustar\u00eda, para facilitar el servicio, organizar una casita con el fin de acoger all\u00ed a los pobres enfermos. \u00a1Adi\u00f3s a las visitas a domicilio, base del servicio original de la Compa\u00f1\u00eda! Adem\u00e1s, \u00bfno es atentar a la libertad de los enfermos obligarles a ir a ese hospital? \u00bfC\u00f3mo va a poder una Hija de la Caridad defender lo que aparece como una exigencia del servicio de los pobres, frente a las Damas que administran el dinero para este servicio? Luisa de Marillac calma, a este respecto, la amargura de Lorenza Du\u00adbois:<\/p>\n<p>\u00abNo me extra\u00f1an todas sus dificultades con las se\u00f1oras; es corriente all\u00e1 donde hay hospitales unidos con la caridad de las parroquias, que se den des\u00adavenencias, sin que haya culpa por parte de unos ni de otros. Es que cada uno se cree obligado a defender aquello de lo que est\u00e1 encargado\u00bb.<\/p>\n<p>El servicio a los galeotes es dif\u00edcil. Un d\u00eda, un detenido descontento de B\u00e1rbara Angiboust golpea la marmita de sopa que ella iba a servir ech\u00e1ndosela al rostro. Sufrir a causa del servicio es normal, pero \u00bfes posible hacer sufrir a los pobres? En 1652, la Duquesa de Aiguill\u00f3n, Dama de la Caridad muy activa, pide a una de las Hermanas que designe a los galeotes que, por su comportamiento, pueden ser libe\u00adrados. A los dem\u00e1s se les llevar\u00e1 \u00aba la cadena\u00bb, a las galeras del rey. \u00bfPod\u00eda esta Hermana participar en esa elecci\u00f3n? \u00bfNo se ve\u00eda en peligro de cometer una injusti\u00adcia bas\u00e1ndose en las injurias o alabanzas que hab\u00eda recibido de ellos? Incluso entre los galeotes hab\u00eda jarros de vino para ganarse la voluntad de los guardias. Luisa de Marillac comunica a san Vicente los interrogantes de la Hermana:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;ella no puede tener conocimiento de esos hombres sino por el trato que ellos le dan, unos la injurian, otros la alaban, y siendo as\u00ed, puede cometer una injusticia; otra dificultad es que algunos de ellos ofrecen dinero a su capit\u00e1n y al conserje, los cuales ya han empezado a re\u00f1irla y acusarla de ser la causa de su desorden; y la tercera dificultad es que los que contin\u00faen encarcelados, en la \u00abcadena\u00bb, creer\u00e1n que ella tiene la culpa.<\/p>\n<p>En los hospitales, los administradores no vacilan en confiar a las Hermanas el trabajo por el que no quieren pagar a otro personal: lavadero, farmacia, prepara\u00adci\u00f3n de curas, etc. Algunas veces las Hermanas son del mismo parecer pensando que as\u00ed pueden servir mejor a los pobres. Cecilia Angiboust, llena de vida y de amor a los enfermos, no duda en aceptar todos esos servicios:<\/p>\n<p>\u00abLe ruego, querida Hermana, que no se recarguen de ocupaciones&#8230; compro\u00admeterse a hacer ustedes las coladas, aun cuando fueran un n\u00famero mayor, les dar\u00eda demasiado trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>Pero las Hermanas, cuyo n\u00famero no ha aumentado, tienen dificultad para seguir el ardor emprendedor de su Hermana Sirviente; varias de ellas piden <strong>su <\/strong>cambio.<\/p>\n<p>En Nantes, los administradores, por ahorrar, deciden reducir el n\u00famero de Hermanas y env\u00edan tres a Par\u00eds. Nicolasa Har\u00e1n, la Hermana Sirviente, comunica su inquietud a Luisa de Marillac, porque la comunidad no podr\u00e1 asumir todo el trabajo:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;no podemos quedarnos s\u00f3lo seis, a menos que nos descarguen de la cocina y de la botica&#8230;<\/p>\n<p>Su llamada queda en letra muerta. Agotada por el trabajo, Nicolasa se dirige entonces a Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p>\u00abEstamos agobiadas de trabajo y sucumbiremos si no se nos ayuda. Me veo obligada a escribirle estas l\u00edneas por la noche, al mismo tiempo que velo a los enfermos, porque durante el d\u00eda no hay ning\u00fan momento libre; mientras le escribo a usted, es necesario que exhorte a dos moribundos. Voy unas veces a uno y le digo: \u00abAmigo, levante su coraz\u00f3n a Dios, p\u00eddale misericordia\u00bb. Despu\u00e9s, vuelvo, y le escribo a usted dos l\u00edneas; luego, corro al otro: \u00ab\u00a1Jes\u00fas, Mar\u00eda! \u00a1Dios m\u00edo, espero en Vos!\u00bb Otra vez vuelvo a mi carta; as\u00ed, voy y vengo y le escribo en distintas veces con el esp\u00edritu dividido. Por eso le suplico muy humildemente que nos env\u00ede una Hermana\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo conciliar voluntad de los administradores, servicio a los pobres y equi\u00adlibrio de la Comunidad?<\/p>\n<p>En las parroquias, las Hermanas tienen que afrontar las exigencias de los p\u00e1rrocos. Se percibe al sacerdote como a un hombre de Dios que ha sido con\u00adsagrado a su servicio. Vicente de Pa\u00fal insiste mucho en el respeto que se les debe a los sacerdotes. \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1n las Hermanas discernir lo que es justo y lo que es err\u00f3neo en sus afirmaciones?<\/p>\n<p>En Chars, el p\u00e1rroco jansenista quiere imponer a la Comunidad pr\u00e1cticas nuevas. A las dos Hermanas les resulta dif\u00edcil discutir de teolog\u00eda y saber si hacen mal comulgando sin confesarse como lo recomienda el p\u00e1rroco. Se preocupan cuando \u00e9ste les dice que no tienen necesidad de escuchar a los Superiores y que \u00fanicamente le deben obediencia a \u00e9l, p\u00e1rroco de su parroquia. Pero las Hermanas se van a rebelar cuando quiere obligarlas a dar latigazos en p\u00fablico a una alumna de doce a\u00f1os; se niegan a faltar as\u00ed al respeto a una ni\u00f1a. La parroquia se divide en dos clanes, uno a favor de las Hermanas y el otro a favor del p\u00e1rroco. Situaci\u00f3n inextricable para las humildes siervas de los pobres. Es indispensable retirar a la Comunidad.<\/p>\n<p>Las mismas Hermanas van a interrogarse sobre el servicio a los pobres. En algunas aparecen se\u00f1ales de cansancio. \u00bfPor qu\u00e9 fatigarse tanto en ir a buscar a los pobres?; \u00bfno se puede esperar a que ellos vengan a nosotras? Isabel Turgis ya no tiene valor para recorrer los caminos de los campos en torno a Chars para visitar a los enfermos en sus casas:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;tiene usted motivo de humillaci\u00f3n por no tener trabajo, o al menos tan poco&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfNo tienen ustedes enfermos que atender en los pueblecitos cercanos?\u00bb<\/p>\n<p>Su compa\u00f1era, Marta, se instal\u00f3 en una vida tranquila. Este fue tambi\u00e9n el caso de Ana Levies en Bernay:<\/p>\n<p>\u00abSor Ana, \u00a1Dios m\u00edo! \u00bfqu\u00e9 hace usted? Si no se encuentra bien, le dir\u00e9 lo que otras veces le he dicho, que hay que trabajar porque la holgazaner\u00eda fomenta el pecado en el alma y la indisposici\u00f3n en el cuerpo\u00bb <sup>18<\/sup><\/p>\n<p>Sor Santos, Hija de la Caridad de Morainvilliers, enferma, ha sido acogida por la Duquesa de Buillon en su palacio. Renata, su compa\u00f1era, la ha acompa\u00f1ado. La vida en este lugar es tan f\u00e1cil que la estancia se prolonga. Luisa de Marillac constata:<\/p>\n<p>\u00abHace ya m\u00e1s de un mes que me hab\u00edan dicho que no sal\u00eda del palacio&#8230;\u00bb<sup>19<\/sup><\/p>\n<p>La b\u00fasqueda de una vida f\u00e1cil puede llevarnos progresivamente al abandono del servicio a los pobres.<\/p>\n<p>Otras Hermanas se encuentran invadidas por un sentimiento de impotencia ante la inmensa miseria de los pobres. Durante la guerra civil de la Fronda, Angers se ve asaltado por una multitud de refugiados que hu\u00edan de los combates. \u00bfC\u00f3mo nutrirlos y cuidarlos a todos? Falta el alimento, la mortalidad es grande. Las Her\u00admanas est\u00e1n agotadas de cansancio: el sentimiento de no haber podido socorrer bien a todos aquellos hombres, mujeres y ni\u00f1os las deprime. La comunidad de Brienne, que se encontraba en los lugares de combate, se ve invadida por los mismos sentimientos de angustia. \u00bfQu\u00e9 hacer? Duro interrogante que se repite con frecuencia ante la impotencia de los hombres y tambi\u00e9n ante lo que parec\u00eda impotencia de Dios.<\/p>\n<h2>Conclusi\u00f3n<\/h2>\n<p>La vida de las primeras Hermanas no fue una vida f\u00e1cil. A pesar de sus debilidades, de las cr\u00edticas y de las calumnias, sirvieron a los pobres de su tiempo. Ellas permitieron a la Iglesia redescubrir el verdadero lugar de los pobres y per\u00admitieron la emergencia de la vida religiosa apost\u00f3lica. Todo esto se vivi\u00f3 gracias a Vicente de Pa\u00fal y a Luisa de Marillac, quienes les recordaban incesantemente las exigencias de una vida \u00abtotalmente entregada a Dios para el servicio de los pobres\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Introducci\u00f3n Cuando dirigimos la vista hacia los or\u00edgenes, descubrimos una Comunidad llena de dinamismo. La diminuta semilla arrojada en la tierra el 29 de noviembre de 1633, no tard\u00f3 en crecer. 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