{"id":73035,"date":"2015-05-19T03:14:50","date_gmt":"2015-05-19T01:14:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=73035"},"modified":"2015-05-19T03:14:50","modified_gmt":"2015-05-19T01:14:50","slug":"la-inculturacion-del-carisma-de-las-hijas-de-la-caridad-en-el-siglo-xvii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-inculturacion-del-carisma-de-las-hijas-de-la-caridad-en-el-siglo-xvii\/","title":{"rendered":"La inculturaci\u00f3n del carisma de las Hijas de la Caridad en el siglo XVII"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/hhccenfermera.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-46120\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/07\/hhccenfermera-300x279.jpg?resize=300%2C279\" alt=\"hhccenfermera\" width=\"300\" height=\"279\" \/><\/a>Luisa de Marillac, al igual que Vicente de Pa\u00fal, no habl\u00f3 de inculturaci\u00f3n. Esta palabra no exist\u00eda en su tiempo. Sin embargo, su trato con Margarita Naseau y las dem\u00e1s campesinas que llegaban a servir a los enfermos de las Cofrad\u00edas van a hacerle descubrir r\u00e1pidamente un modo de vida, una manera de actuar, en una palabra, lo que hoy llamamos \u00abuna cultura\u00bb diferente de aquella en la que ha sido educada, y que la ha modelado a lo largo de toda su vida.<\/p>\n<p>Entrev\u00e9 que Dios la llama a ser la sierva de las siervas de las Cofrad\u00edas. Comprende que esta vocaci\u00f3n nueva va a llevarla a vivir en medio de las campe\u00adsinas, a compartir su vida. Es interesante releer sus notas de ejercicios que dejan percibir sus aprensiones, incluso sus temores frente a esta llamada de Dios.<\/p>\n<h2><strong>\u2022 Toma de conciencia de Luisa de Marillac<\/strong><\/h2>\n<p>En 1630, durante una misi\u00f3n en Suresnes, Vicente de Pa\u00fal encuentra a Marga\u00adrita Naseau. R\u00e1pidamente la env\u00eda a Luisa de Marillac. Esta la inicia en el servicio de los pobres enfermos, como lo har\u00e1 con todas las dem\u00e1s campesinas que se presentar\u00e1n para servir en las Cofrad\u00edas de la Caridad de Par\u00eds. Ante el n\u00famero creciente de j\u00f3venes al servicio de las Cofrad\u00edas, Luisa se pregunta sobre el devenir de aquellas \u00absiervas de los pobres\u00bb. \u00bfNo ser\u00eda necesario reunirlas en una especie de Cofrad\u00eda, distinta de la de las Damas, para asegurar su formaci\u00f3n y sostener su fidelidad? \u00bfNo ser\u00eda aquella la peque\u00f1a Comunidad consagrada al servicio de los pobres que entrevi\u00f3 en Pentecost\u00e9s de 1623? \u00bfNo le pedir\u00eda Dios ser la Sierva de aquellas siervas? Lo que escribi\u00f3 en el atardecer de un d\u00eda de ejercicios en 1632 muestra su deseo de estar totalmente disponible: <em>\u00abMe he sentido fuertemente impulsada en mi interior a ponerme de grado en santa <\/em><em>indiferencia para estar as\u00ed mejor dispuesta a recibir la llamada de Dios y cumplir <\/em><em>su sant\u00edsima voluntad, teni\u00e9ndome por indigna de que su bondad quiera tener <\/em><em>designios sobre mi alma, los que deseo se cumplan enteramente en m\u00ed, y quiero <\/em><em>ofrecerme a Dios por toda mi vida para ello.<\/em><\/p>\n<p>Pero, \u00bftendr\u00e1 fuerza para vivir este compromiso con las campesinas, cuya cultura y modo de vida son tan diferentes de los suyos? Su familia, sus amigos, \u00bfc\u00f3mo comprender\u00e1n esa decisi\u00f3n, ese descenso social? A lo largo de sus ejer\u00adcicios en mayo de 1632, Luisa contempla a Jesucristo cuyas acciones, dice ella, son \u00abpara nuestro ejemplo e instrucci\u00f3n\u00bb y medita detenidamente en el anona\u00addamiento del Hijo de Dios, querido y aceptado para dar a conocer a toda criatura su amor y traerle la salvaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00abQue esa humildad de Dios al querer que seamos perfectos como El, ha de <\/em><em>infundirme un gran valor, incitarme a una gran pureza en mis intenciones, y darme la seguridad de que no dejar\u00e1 de asistirme cuando me pida algo que est\u00e9 por encima de mi capacidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El temor de Luisa de Marillac ante la vocaci\u00f3n que se le presenta es grande. Esta vocaci\u00f3n, \u00bfno est\u00e1 por encima de sus fuerzas, por encima de lo que, huma\u00adnamente, puede cumplir? Por eso dirige su mirada a Jes\u00fas en la Cruz, ese infame instrumento del suplicio del Hijo de Dios:<\/p>\n<p><em>\u00abPuesto que para darme la mayor prueba de su amor que jam\u00e1s haya dado, ha <\/em><em>querido escoger el lugar m\u00e1s ignominioso, aceptar\u00e9 la elecci\u00f3n que El quiera que <\/em><em>yo haga y de la manera m\u00e1s ruin y abyecta que pueda, y en el lugar en el que <\/em><em>no hay motivo de contento para el mundo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos empleados por Luisa de Marillac en sus meditaciones pueden sorprender a nuestras mentalidades del siglo xx:<\/p>\n<p><em>\u00abUna condici\u00f3n sujeta a censura a los ojos del mundo&#8230;\u00bb, \u00abla elecci\u00f3n que El <\/em><em>quiere que yo haga y de la manera m\u00e1s ruin y abyecta que pueda, y en el lugar <\/em><em>en el que no hay ya motivo de contento para el mundo&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Dichos t\u00e9rminos manifiestan que Luisa es muy consciente de que va a entrar en un mundo distinto del suyo, un mundo que, en su \u00e9poca, es despreciado por aqu\u00e9l al que ella pertenece. Para conocer si la llamada o\u00edda es la voz de Dios, Luisa pregunta a su director. Vicente de Pa\u00fal se opone durante largos meses a ello, porque no ve la necesidad de reunir a las j\u00f3venes en una Cofrad\u00eda distinta de la de las Damas. Pacientemente, Luisa de Marillac espera que Dios se manifieste de una manera m\u00e1s expl\u00edcita. Durante sus ejercicios de mayo de 1633, anota, de nuevo, su deseo de estar totalmente disponible para cumplir la voluntad de Dios:<\/p>\n<p><em>\u00abTengo que aprender a mantenerme oculta en Dios con ese deseo de servirle sin buscar para nada el testimonio de las creaturas y la satisfacci\u00f3n de su comunica\u00adci\u00f3n, content\u00e1ndome con que Dios vea lo que quiero ser para El; para ello desea que me entregue a El dej\u00e1ndole operar en m\u00ed esta disposici\u00f3n; y as\u00ed lo he hecho por su gracia\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Luisa insiste sin cesar en este pensamiento: debe contentarse con que Dios s\u00f3lo vea lo que ella quiere ser, su deseo de total disponibilidad en respuesta a su llamada, sin preocuparse de lo que dir\u00e1 el mundo con relaci\u00f3n a la opci\u00f3n de vida que ella entrev\u00e9. Para ella s\u00f3lo cuenta su entrega sin reserva a Dios, a quien quiere servir en su pr\u00f3jimo, a imitaci\u00f3n de Jesucristo:<\/p>\n<p><em>\u00abDebo darme a Dios para servir al pr\u00f3jimo en una condici\u00f3n digna de cr\u00edtica a los <\/em><em>ojos del mundo, en seguimiento de Nuestro Se\u00f1or en su conversaci\u00f3n en medio <\/em><em>de los pecadores y en toda su vida en la que despreci\u00f3 su propio inter\u00e9s material en favor de sus creaturas: es lo que yo deseo hacer, si tal es su santa voluntad-<sup>6<\/sup>.<\/em><\/p>\n<p>Otra inquietud aparece en el fondo del coraz\u00f3n de Luisa. Reunir a las siervas de los pobres en una Cofrad\u00eda, hacerse su sirvienta, comprometerse a llevar con ellas una vida en com\u00fan. \u00bfEs capaz, ella, nacida en una familia noble, de vivir en comunidad con las aldeanas? Tambi\u00e9n aqu\u00ed, el ejemplo del Hijo de Dios entre los hombres viene a reconfortar a Luisa:<\/p>\n<p><em>\u00abQue debo consagrar el resto de mis d\u00edas a honrar la santa vida oculta de Jes\u00fas en <\/em><em>la tierra, el cual, habiendo venido para cumplir la voluntad de Dios, su Padre, lo hizo <\/em><em>toda su vida, y viendo que la vida ordinaria necesitaba m\u00e1s de ejemplos, consagr\u00f3 a ella m\u00e1s tiempo&#8230; yo le suplico con todo mi coraz\u00f3n me conceda la gracia de <\/em><em>imitarle en esto, aunque sea indigna, y espero de su Bondad que, despu\u00e9s de <\/em><em>hab\u00e9rmelo concedido tanto tiempo en deseo, me lo conceder\u00e1 en efecto\u00bb<\/em><sup>&#8216;<\/sup>.<\/p>\n<p>Todas estas diferencias que, aparentemente, superan su capacidad, Luisa no podr\u00e1 aceptarlas m\u00e1s que dirigiendo su mirada al Hijo de Dios entre los hombres. Sabe que Cristo se someti\u00f3 a las condiciones m\u00e1s concretas de la humanidad, a trav\u00e9s de un pueblo particular, el de Israel. \u00abCristo se hizo semejante a los hom\u00adbres\u00bb. Habl\u00f3 su lenguaje, se adapt\u00f3 a sus condiciones de vida, vivi\u00f3 toda la experiencia cotidiana de su pueblo. Luisa de Marillac profundiz\u00f3 en el gran mis\u00adterio de la Encarnaci\u00f3n: toda su espiritualidad que transmitir\u00e1 a las Hijas de la Caridad estar\u00e1 anclada en el misterio de Cristo Redentor.<\/p>\n<h2><strong>\u2022 Descubrimiento de la cultura campesina<\/strong><\/h2>\n<p>Luisa de Marillac va a esforzarse por penetrar en esta &lt;cultura nueva\u00bb en la que est\u00e1 llamada a vivir su compromiso misionero. Para esto, adopta una actitud de escucha, de b\u00fasqueda, de presencia atenta y de discernimiento. Tendr\u00e1 que dejarse esclarecer y enriquecer por las respuestas de fe dadas por esas siervas de los pobres, y por las experiencias vividas por todos aquellos a quienes atien\u00adden, alivian y sirven.<\/p>\n<p>Es en primer lugar Margarita Naseau quien se hace su educadora y le revela los valores, las riquezas vividas en el mundo de los pobres. La lectura de la primera conferencia sobre las virtudes de la primera Hija de la Caridad muestra lo que Luisa ha percibido en esos intercambios con Margarita. En efecto, en aquel mes de junio de 1642, ninguna de las Hermanas que participa en la Conferencia hab\u00eda conocido a Margarita: todo lo que se dice procede de los recuerdos del se\u00f1or Vicente y de la se\u00f1orita Le Gras.<\/p>\n<p>Se subraya en esa Conferencia que <em>\u00abMargarita era una pobre vaquera sin <\/em><em>instrucci\u00f3n\u00bb<sup>9<\/sup>. Y <\/em>fue ella a quien Dios escogi\u00f3 para ser la primera de las Hijas de la Caridad, para <em>\u00abmostrar el camino a las dem\u00e1s&#8217;. <\/em>Luisa de Marillac aprendi\u00f3 de Margarita que el mundo de los pobres es capaz de grandes cosas: riqueza y erudici\u00f3n no son indispensables para responder a la llamada de Dios, para vivir plenamente el Evangelio, para comprometerse en una vida totalmente consagrada a Dios.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac fue testigo de la fe profunda de Margarita Naseau: observ\u00f3 su total confianza en la Providencia, su adhesi\u00f3n gozosa a la voluntad de Dios, su gran dinamismo misionero. Margarita no pronunci\u00f3 grandes discursos teol\u00f3gicos, pero todo su comportamiento era reflejo del Evangelio que impregnaba su vida. La fe del pueblo es una fe sencilla, profunda sin duda, que se expresa a trav\u00e9s de ritos comunitarios y sociales: oraci\u00f3n en familia, asistencia a la misa dominical, recepci\u00f3n de los cuatro grandes sacramentos: bautismo, comuni\u00f3n, extremaun\u00adci\u00f3n, administrados por el p\u00e1rroco del pueblo, y confirmaci\u00f3n cuando el se\u00f1or obispo iba a la parroquia.<\/p>\n<p>En la conferencia sobre las virtudes de las buenas aldeanas, Vicente de Pa\u00fal constata, ya que ha vivido en Ranquines:<\/p>\n<p><em>\u00abLa fe es una gran posesi\u00f3n para los pobres, ya que una fe viva obtiene de Dios <\/em><em>todo cuanto razonablemente queremos\u00bb. <\/em>Y se complac\u00eda en repetir: <em>\u00abDios escogi\u00f3 a los pobres para hacerlos ricos en la fe\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El mundo rural gusta tambi\u00e9n de expresar su fe y su piedad a trav\u00e9s de peregrinaciones. Con frecuencia parroquias enteras se ponen en marcha, prepa\u00adr\u00e1ndose mediante uno o dos d\u00edas de ayuno. Las Hermanas, en su aldea, han participado en estas grandes reuniones y desean poder continuar expresando as\u00ed su fe. Felipa Bailly escribe a Luisa de Marillac manifestando su deseo de participar en la peregrinaci\u00f3n de la parroquia de San Germ\u00e1n en Laye:<\/p>\n<p><em>\u00abLe saludo y le ruego por amor de Dios me diga si har\u00e9 ese viaje. Tengo el <\/em><em>prop\u00f3sito de ayunar a pan y agua con tal fin. Y empiezo hoy, porque la marcha <\/em><em>es el viernes. Me encomiendo a sus santas oraciones y le ruego me diga cu\u00e1l es <\/em><em>su deseo, porque no quiero hacer m\u00e1s que la voluntad de usted, para estar segura <\/em><em>de hacer la de nuestro buen Dios.<\/em><\/p>\n<p>Margarita Naseau trabajaba \u00absin ning\u00fan motivo de vanidad o de inter\u00e9s, sin otro plan que el de la gloria de Dios\u00bb. Lo que guiaba a Margarita era el bien de los dem\u00e1s. Luisa de Marillac puede hacer la diferencia entre el mundo de su infancia y el de los pobres: este \u00faltimo no busca la propia promoci\u00f3n personal, ni sus propios intereses.<\/p>\n<p>Desde su m\u00e1s tierna edad, las campesinas est\u00e1n acostumbradas a un duro trabajo. Margarita Naseau aprendi\u00f3 a leer mientras guardaba las vacas que lleva\u00adba a apacentar. La guarda de los reba\u00f1os se confiaba con frecuencia a los ni\u00f1os. M\u00e1s tarde, las j\u00f3venes ayudan en las tareas del campo, llevan la casa: cocinan, lavan la ropa en el r\u00edo, y por la noche en la velada, hilan lino. En la conferencia sobre las virtudes de las campesinas, Vicente de Pa\u00fal hace esta constataci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00ab(Las campesinas) vuelven de su trabajo a casa para tomar una frugal comida, cansadas y fatigadas, mojadas y llenas de barro; pero apenas llegan, tienen que ponerse de nuevo a trabajar, si hay que hacer algo; y si su padre y su madre les mandan que vuelvan, en seguida vuelven, sin pensar en su cansancio, ni en el barro y sin mirar c\u00f3mo est\u00e1n arregladas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A pesar del rudo trabajo que hacen cada d\u00eda, las campesinas se contentan con una comida frugal, sin ning\u00fan capricho.<\/p>\n<p><em>\u00abLas campesinas, mis querid\u00edsimas hijas, tienen gran sobriedad en su comida. La mayor parte se contenta muchas veces con pan y potaje, aunque trabajen ince\u00adsantemente y en trabajos fatigosos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Mar\u00eda Joly se muestra una verdadera campesina: el trabajo no la asusta. Ade\u00adm\u00e1s nunca hace grandes gastos y su modo de vida es sencillo y frugal. Antes de ir a Sed\u00e1n, Luisa la presenta a san Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abPues aunque en San Germ\u00e1n ten\u00eda mucho trabajo y enfermos, sacaba tiempo <\/em><em>para lavar para otras personas y as\u00ed ganaba algo\u00bb<\/em><sup>.<\/sup><\/p>\n<p>La pobreza desarroll\u00f3 en Margarita Naseau el sentido de compartir. Luisa de Marillac pudo constatar que no guardaba nada para ella misma: comparti\u00f3 todo lo que ten\u00eda, su pan y su comida, su saber, su habitaci\u00f3n. En Sedan, durante el tiempo de la guerra, Mar\u00eda Joly compartir\u00e1 tambi\u00e9n todo lo que posee con los ni\u00f1os y los pobres privados de alimento.<\/p>\n<p>Si Luisa de Marillac aprendi\u00f3 mucho de Margarita Naseau, penetrar\u00e1 m\u00e1s todav\u00eda en ese modo de vida por su contacto con las dem\u00e1s j\u00f3venes sirvientas de las Cofrad\u00edas. Descubre las reacciones de los campesinos frente a la organizaci\u00f3n de la sociedad rural. Comprende que el se\u00f1or del pueblo es aquel cuya superio\u00adridad y preeminencia no se discute. Es el primero del pueblo, lo que sirve para justificar una parte de sus derechos y a quien hay que rendir, naturalmente, toda clase de honores. Lo m\u00e1s a menudo es el propietario de las tierras y recibe impuestos de los colonos, de formas m\u00faltiples. Si algunos son buenos amos, que socorren a la viuda y al hu\u00e9rfano, otros se muestran amos tir\u00e1nicos. Los campe\u00adsinos deben someterse a las exigencias de su se\u00f1or, aun cuando se las arreglan para hacer trampas y pagar lo m\u00ednimo. Luisa de Marillac percibe que estas relaciones de se\u00f1or a campesino, de amo a siervo, se viven en las Cofrad\u00edas de la Caridad. Las Hermanas de la parroquia de San Sulpicio se quejan, pues:<\/p>\n<p><em>\u00abHay cinco o seis personas que les dan \u00f3rdenes; esto, a\u00f1adido a los desprecios <\/em><em>que les hacen y las continuas sospechas que de ellas se tienen, las desanima <\/em><em>mucho\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Algunos administradores de hospitales no dudan en mostrarse amos exigentes, que critican el trabajo de las Hermanas delante de los mismos enfermos. Con frecuencia los campesinos no se atreven a hablar delante del due\u00f1o del castillo, se mantienen en una actitud de inferioridad ante su se\u00f1or: actitud compleja que indica a la vez temor y respeto.<\/p>\n<h2><strong>\u2022 Una indispensable inculturaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Como Cristo se encarn\u00f3 en una cultura particular para salvar a toda la huma\u00adnidad, del mismo modo los Fundadores, bajo el impulso del Esp\u00edritu de Dios, hacen la opci\u00f3n, para la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, del mundo de los pobres, con el fin de devolver a todos los desprovistos y los excluidos de todos los tiempos y de todos los lugares, su dignidad humana. En la Conferencia sobre las virtudes de las buenas aldeanas, el 25 de enero de 1643, Vicente de Pa\u00fal invita a las Hermanas consideradas \u00abde alta condici\u00f3n\u00bb, las que proceden de la burgue\u00ads\u00eda o de la nobleza \u00aba vivir en el cuerpo y en el esp\u00edritu como las buenas aldea\u00adnas\u00bb&#8217;. Esta frase subraya la importancia de lo que hoy llamamos \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb. Quienes deseen ser Hijas de la Caridad tendr\u00e1n que acoger, comprender y com\u00adpartir todas las riquezas de la vida concreta de las campesinas y sus valores espirituales, para adaptar a ellos su modo de vida y de pensamiento.<\/p>\n<p>En la conferencia del 11 de diciembre de 1644, Vicente de Pa\u00fal repetir\u00e1 la necesidad, para toda Hija de la Caridad, de entrar en la cultura campesina: \u00abPor eso, las que entre vosotras sean de condici\u00f3n m\u00e1s elevada tienen que ajustarse a vuestra manera de vivir y de vestir, y hacerse en todo como aldeanas para seguir el plan de Dios en vuestra fundaci\u00f3n y para hacerlo subsistir, ya que, sin el fundamento de esa bajeza todo se vendr\u00eda abajo.<\/p>\n<p>Y para ayudar a las Hermanas en esta actitud, las orienta hacia la contempla\u00adci\u00f3n del Hijo de Dios:<\/p>\n<p>\u00abAunque fueseis de condici\u00f3n noble, como hay algunas entre vosotras, deber\u00edais prescindir de ello y estar\u00edais tambi\u00e9n obligadas a deshaceros de todos los efectos y vanas satisfacciones que la naturaleza y el h\u00e1bito os hubieran hecho adquirir. El Hijo de Dios, \u00bfno era m\u00e1s que vosotras, no s\u00f3lo como Hijo de Dios, sino incluso como hombre? \u00bfNo era de familia real? Sin embargo, ya veis su humillaci\u00f3n, su trabajo y su mortificaci\u00f3n continua, en medio de tan gran pobreza, que ten\u00eda que ganarse la vida con san Jos\u00e9?<\/p>\n<p>En la conferencia tan bella sobre el esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda del 24 de febrero de 1653, Vicente de Pa\u00fal reafirma con vigor que la Compa\u00f1\u00eda perder\u00eda su fuerza y su eficacia si no tomara en consideraci\u00f3n el mundo de los pobres a quienes est\u00e1 consagrada, si no copiara su estilo de vida y no respetara sus valores:<\/p>\n<p>\u00ab(Dios) como se dirigi\u00f3 a una pobre joven aldeana, quiere que la Compa\u00f1\u00eda est\u00e9 formada por pobres j\u00f3venes de aldea. Si hay algunas de la ciudad, muy bien: ten\u00e9is que creer que Dios es quien las ha tra\u00eddo; pero, si pusiese entre vosotras a personas de elevada condici\u00f3n, deber\u00edais tener miedo de que la Compa\u00f1\u00eda se viniese abajo, si no tuviesen el esp\u00edritu de las pobres aldeanas, pero podr\u00eda su\u00adceder que Dios les diese este esp\u00edritu. Si viniesen se\u00f1oritas o damas habr\u00eda que tener miedo y probarlas bien para ver si es el esp\u00edritu de Dios el que las quiere traer aqu\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Esta inculturaci\u00f3n se realizar\u00e1 bajo dos aspectos complementarios:<\/p>\n<ol>\n<li>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac \u00abinculturan\u00bb la vida religiosa en el mundo de los pobres, en el mundo campesino y rural.<\/li>\n<li>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac ense\u00f1an a las campesinas a \u00abinculturar\u00bb el Evangelio en su vida cotidiana.<\/li>\n<\/ol>\n<h2><strong>1. Inculturaci\u00f3n de la vida consagrada en el mundo de los pobres<\/strong><\/h2>\n<p>En el siglo XVII, la vida religiosa en los grandes monasterios acoge a j\u00f3venes originarias de la nobleza o de la burgues\u00eda. En la Conferencia sobre las virtudes de las buenas aldeanas, Vicente de Pa\u00fal lo dice claramente: \u00abHasta el presente, las j\u00f3venes llamadas al servicio de Dios eran todas ellas hijas de familias linajudas y ricas\u00bb.<\/p>\n<p>Continuando su reflexi\u00f3n, constata que ahora Dios llama tambi\u00e9n a j\u00f3venes pobres a consagrarse a El. Reconoce que esta opci\u00f3n de Dios tiene algo que decir al mundo cristiano: \u00ab\u00bfQu\u00e9 sab\u00e9is, digo yo, hijas m\u00edas, si al llamaros Dios para su gloria y para el servicio de los pobres, su bondad no quiere quiz\u00e1s probar vuestra fidelidad para mostrar esta verdad, que Dios escogi\u00f3 a los pobres para hacerlos ricos en la fe?\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac van pues a insertar los valores propios de la vida religiosa en la cultura particular de las campesinas, en esta parte de la sociedad que, en aquel entonces, no pod\u00eda beneficiarse de ella. Va a nacer una nueva forma de vida consagrada a Dios. Para Vicente de Pa\u00fal, esta nueva forma de vida consagrada es cercana al Evangelio, pues Dios escoge con preferencia a los peque\u00f1os y a los humildes:<\/p>\n<p>\u00abNuestro Se\u00f1or ha escogido los medios m\u00e1s bajos para que su obra se recono\u00adciese con mayor facilidad y para que su Padre fuese m\u00e1s honrado en ello. De forma que ten\u00e9is que consideraros muy felices por haber sido escogidas, humi\u00adIlaros mucho por ello y ser fieles, pues, aunque os consider\u00e9is como sujetos d\u00e9biles y aunque quiz\u00e1 no conozc\u00e1is la grandeza de vuestra vocaci\u00f3n, Dios la sabe por vosotras. \u00bfNo ha querido El que su Hijo aceptase ser de una condici\u00f3n tan baja, que, cuando le ve\u00edan hacer algunas obras por encima de lo que aparen\u00adtaba, el pueblo exclamaba: \u00ab\u00bfNo es este Jes\u00fas, el hijo de Jos\u00e9 el carpintero?\u00bb \u00a1Ved, hijas m\u00edas, cu\u00e1n ocultos son los planes de Dios!<sup>\u00ab.<\/sup><\/p>\n<p>Lentamente, respondiendo a los diversos acontecimientos, los Fundadores van a presentar, con modalidades y t\u00e9rminos nuevos, lo que, desde hac\u00eda siglos ca\u00adracterizaba esta vida religiosa. El Derecho Can\u00f3nico actual, retomando lo que se ha vivido siempre, define la vida religiosa como \u00abuna forma estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo m\u00e1s de cerca a Cristo bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, a fin de conseguir la perfecci\u00f3n de la caridad en el servicio del Reino de Dios&gt;&gt;\u00bb.<\/p>\n<p>En los monasterios, esta b\u00fasqueda de la perfecci\u00f3n por el Reino de Dios se vive apartados del mundo: un h\u00e1bito especial con un gran velo se\u00f1alan la ruptura con el mundo y la consagraci\u00f3n a Dios. Un lugar importante ocupa la \u00ablectio divina\u00bb<sup>,<\/sup> y el Oficio divino que se celebra en el coro. Los votos religiosos perpetuos, pronunciados con gran solemnidad, incorporan definitivamente a la religiosa a su monasterio.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo respetar la experiencia que viven todas estas campesinas venidas para servir a los pobres y responder al designio de Dios que parece querer compro\u00admeterles en una vida totalmente entregada, en una vida consagrada? A trav\u00e9s de esos intentos, poco a poco, la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad tomar\u00e1 forma, se definir\u00e1 su modo de vida, sus exigencias, en conformidad con su objetivo que no variar\u00e1 nunca: el servicio a los pobres por medio de campesinas pobres.<\/p>\n<h2><strong>\u2022 Seguir a Cristo m\u00e1s de cerca<\/strong><\/h2>\n<p>Margarita Naseau, al o\u00edr hablar a san Vicente en una misi\u00f3n en su pueblo, capta toda la importancia que tiene para ella un nuevo compromiso misionero al servicio de los pobres enfermos. A ella le siguen otras campesinas deseosas de dedicarse a ese servicio. \u00abMargarita Naseau, de Suresnes, es la primera Hermana que tuvo la dicha de mostrar el camino a las dem\u00e1s, tanto para ense\u00f1ar a las ni\u00f1as, como para asistir a los pobres enfermos\u00bb.<\/p>\n<p>La finalidad del compromiso de Margarita y de las primeras campesinas sigue siendo la finalidad fundamental de la nueva comunidad. En una carta a la Superiora de las Benedictinas de Argenteuil, Luisa de Marillac define claramente qui\u00e9nes son esas j\u00f3venes y lo que desean hacer de sus vidas: \u00abEstas buenas j\u00f3venes&#8230; des\u00adprendi\u00e9ndose de todo inter\u00e9s, se dan a Dios para el servicio espiritual y temporal de&#8230; esos pobres abandonados que est\u00e1n en toda clase de necesidad&#8230;\u00bb<sup>.<\/sup><\/p>\n<p>Desde los or\u00edgenes de la Compa\u00f1\u00eda, este servicio a los pobres tiene una dimensi\u00f3n profunda de fe, ha de vivirse como \u00abseguimiento de Cristo\u00bb, especial\u00admente en el aspecto del Hijo de Dios encarnado en medio de los hombres.<\/p>\n<p>\u00abPensad que en estos \u00faltimos tiempos Dios quiere poner en su Iglesia una Com\u00adpa\u00f1\u00eda de pobres campesinas, como sois la mayor parte, para continuar la vida que su Hijo ha llevado en la Tierra. Hijas m\u00edas, no os hag\u00e1is indignas de vuestra gracia\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal se complace en mostrar a las Hermanas la belleza y la gran\u00addeza de su vocaci\u00f3n. Despu\u00e9s de haber recordado el carisma propio de cada orden religiosa, los Cartujos, los Carmelitas, etc., presenta a las Hermanas su propio carisma.<\/p>\n<p>\u00abVuestra Compa\u00f1\u00eda&#8230; ha sido instituida para honrar la gran caridad de Nuestro Se\u00ad\u00f1or. \u00a1Qu\u00e9 felicidad, mis queridas Hermanas! Ese s\u00ed que es un fin noble. Estar fundadas para honrar la gran caridad de Nuestro Se\u00f1or, tenerlo a El por modelo y ejem\u00adplo, junto con la Sant\u00edsima Virgen, en todo lo que hac\u00e9is! \u00a1Dios m\u00edo, qu\u00e9 felicidad! <sup>31<\/sup><\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac, como todas las primeras Hermanas, saben que ese fin exige una vida totalmente consagrada al Se\u00f1or de la Caridad. Al final de la conferencia, esta oraci\u00f3n de ofrenda y de petici\u00f3n sube hacia el Se\u00f1or: \u00abNos entregamos a Ti, Dios m\u00edo, para honrar y servir toda nuestra vida a nuestros se\u00f1ores los pobres, y te pedimos esta gracia por tu santo amor\u00bb.<\/p>\n<h2><strong>\u2022 La perfecci\u00f3n de la Caridad<\/strong><\/h2>\n<p>Todo cristiano est\u00e1 invitado a contemplar la figura del Hijo de Dios hecho hombre para ver c\u00f3mo la Buena Noticia del Evangelio se realiza en su propia vida y en sus relaciones con los dem\u00e1s. El religioso, por el hecho de su consagraci\u00f3n a Dios, va a tender hacia la perfecci\u00f3n de la Caridad, tal como el mismo Jes\u00fas la ha vivido. Si las Hijas de la Caridad no son religiosas, propiamente hablando, Dios las llama, sin embargo, a vivir en plenitud su vida cristiana, revelando el Amor de Dios a trav\u00e9s de su servicio:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfPens\u00e1is que s\u00f3lo los religiosos y las religiosas tienen que aspirar a la perfec\u00adci\u00f3n? Hermanas m\u00edas, todos los cristianos est\u00e1n obligados a ella, y vosotras m\u00e1s a\u00fan que las religiosas. No es la religi\u00f3n la que hace a los santos; es el cuidado que ponen las personas que est\u00e1n en ella de perfeccionarse, pues puede muy bien haber en una religi\u00f3n personas imperfectas y viciosas, como se ha visto a veces. Esto os demuestra que no es necesario estar encerrado en un claustro para adquirir la perfecci\u00f3n que Dios pide de vosotras. El estado religioso es muy santo; pero de ah\u00ed no se sigue que solamente se santifiquen aquellos que lo abrazan\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>Las Siervas de los pobres, como las religiosas, est\u00e1n invitadas a la perfecci\u00f3n de la Caridad, pues su vocaci\u00f3n viene de Dios y no puede sino volver a El por una perfecta caridad. Vicente de Pa\u00fal responde a las objeciones que hacen las Hermanas, impresionadas sin duda por lo que se les propone:<\/p>\n<p>\u00abPero, Padre, \u00bfes posible que una pobre muchacha aldeana pueda llegar a la perfecci\u00f3n que usted dice?<\/p>\n<p>S\u00ed, Hermanas m\u00edas, pod\u00e9is conseguirlo lo mismo que las religiosas<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo! \u00bfPuede una pobre mujer pretender la perfecci\u00f3n de esas personas distinguidas que han entrado en el claustro, inclinadas naturalmente al bien y a todo lo referente a la honestidad y a la educaci\u00f3n cristiana, y a quienes tanto les cuesta alcanzar todas las cualidades requeridas de alma y de cuerpo? \u2014\u00bfPuede decirse de las pobres Hijas de la Caridad que son capaces de igualar en virtud a esas personas educadas de esa forma? \u00bfPuedo yo esperar esa per\u00adfecci\u00f3n, si no me han instruido m\u00e1s que en las cosas del campo?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY dice usted, Padre, que debo tender a eso y que he de practicar todas las virtudes?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, hija m\u00eda, hay que esperar llegar a esa misma perfecci\u00f3n. Mis queridas Her\u00admanas, \u00a1si supierais lo que es la confianza en Dios y lo que puede un alma que est\u00e1 bien asentada en ella! \u00ab<sup>34<\/sup><\/p>\n<p>Para vivir esta perfecci\u00f3n, la Hija de la Caridad est\u00e1 invitada a dejar que crezca en ella la gracia de su bautismo. Es lo que explica Luisa de Marillac al presentar las cualidades que deben tener las postulantes que piden entrar en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad:<\/p>\n<p>\u00abSe necesitan esp\u00edritus equilibrados y que deseen la perfecci\u00f3n de los verdaderos cristianos, que quieran morir a s\u00ed mismas por la mortificaci\u00f3n y la verdadera renun\u00adcia, ya hecha en el santo bautismo, para que el esp\u00edritu de Jesucristo reine en ellas y les d\u00e9 la firmeza de la perseverancia en esta forma de vida, del todo espiritual, aunque se manifieste en continuas acciones exteriores que parecen bajas y des\u00adpreciables a los ojos del mundo, pero que son grandes ante Dios y sus \u00e1ngeles\u00bb.<\/p>\n<p>Con la gracia de su bautismo, el cristiano, y por consiguiente la Hija de la Caridad, encuentran la fuerza, el dinamismo para llevar esta vida nueva de con\u00adformidad con los consejos evang\u00e9licos. Mortificarse, perfeccionarse son los t\u00e9rmi\u00adnos utilizados en el siglo XVII para hablar de esta adhesi\u00f3n al misterio de muerte y de resurrecci\u00f3n de Cristo. La vida nueva no puede nacer m\u00e1s que si primero muere el pecado. Toda conversi\u00f3n es un cambio exigente:<\/p>\n<p>\u00abPara ser verdaderas Hijas de la Caridad es preciso haberlo dejado todo: padre, madre, bienes, pretensi\u00f3n de formar un hogar, es lo que el Hijo de Dios ense\u00f1a en el Evangelio. Adem\u00e1s, hay que dejarse a s\u00ed mismo, pues si se deja todo y se reser\u00adva uno su propia voluntad, si no se deja a s\u00ed mismo, no se ha hecho nada. Ser Hijas de la Caridad es ser hijas de Dios, hijas que pertenecen por entero a Dios\u00bb&#8217;.<\/p>\n<p>El servicio a los pobres, aunque sea duro y exigente, favorece tambi\u00e9n la marcha hacia esa vida nueva, porque obliga a superarse y nos acerca a Dios. Luisa de Marillac escribe a las Hermanas de la Comunidad de Angers: \u00abLes ruego a todas que sean muy animosas, lo primero para perfeccionarse en la verdadera humildad, dulzura, obediencia, cordialidad y tolerancia de unas con otras. Con tantas ocasiones como tienen ustedes de servir a Dios y a los Pobres sin interrup\u00adci\u00f3n, tendr\u00edan que ser santas\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac, hablando de perfecci\u00f3n y de santidad, invitan pues a las Hermanas a dejarse poseer por el amor de Dios que es fuente de libertad y de alegr\u00eda. Vicente de Pa\u00fal insiste tambi\u00e9n en que esta perfecci\u00f3n hay que vivirla desde el conocimiento de la propia cultura: \u00ab\u00a1Salvador m\u00edo, \u00bfqu\u00e9 es lo que somos para que te dignes servirte de nosotras?! \u00a1Unas pobres mujeres que son la escoria del mundo! \u00bfNo es verdad, Hermanas m\u00edas?\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 es lo que piensas al servirte de unas pobres criaturas, pobres aldea\u00adnas que han estado ocupadas la mayor parte de ellas en guardar ganado, y al hacer lo que t\u00fa haces por medio de unos pobres esp\u00edritus como los nuestros?<\/p>\n<p>Muchas son las Hermanas que desearon confirmar por voto su deseo de ser totalmente de Dios. El 25 de marzo de 1642, Luisa de Marillac y otras cuatro Hermanas pronuncian los primeros votos en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Cari\u00addad. Despu\u00e9s, cada una pedir\u00e1 hacer los votos, cuando ella lo desee: en tiempo de los Fundadores no existe ninguna regla a este respecto. Unas los pronuncian al finalizar los tres a\u00f1os de vocaci\u00f3n, otras a los siete o los diez; otras parece que no los hacen. Estos votos no son religiosos, sino votos simples, privados.<\/p>\n<p>El obispo de Nantes tiene dificultad para comprender el g\u00e9nero de vida de esas Hermanas que sirven en el hospital de su ciudad. Vicente de Pa\u00fal advierte a las Hermanas que van a Nantes que es posible que se vean interrogadas: \u00abSi el obispo os pregunta: \u00ab\u00bfhac\u00e9is votos religiosos?\u00bb, decidle: \u00abNo, se\u00f1or, nos entre\u00adgamos a Dios para vivir en pobreza, castidad y obediencia, unas para siempre, otras por un a\u00f1o\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, Juana Lepintre, la Hermana Sirviente de Nantes, se ve de nuevo interrogada sobre los votos que hacen las Hijas de la Caridad. Ella responde con claridad: \u00abMonse\u00f1or, los votos que hacemos no nos convierten en religiosas, por\u00adque son votos simples, que puede hacer cualquiera, incluso viviendo en el mundo\u00bb.<\/p>\n<p>La primera parte de esta exposici\u00f3n muestra c\u00f3mo Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac \u00abinculturaron\u00bb la vida religiosa en el mundo de los pobres, en el mundo campesino y rural. Si las Hijas de la Caridad no son religiosas, propiamente ha\u00adblando, est\u00e1n sin embargo, llamadas por Dios a <strong>Seguir a Cristo m\u00e1s de cerca <\/strong>y a vivir <strong>la perfecci\u00f3n de la caridad.<\/strong><\/p>\n<h2><strong>\u2022 Una vida consagrada en medio del mundo<\/strong><\/h2>\n<p>Luisa de Marillac, en su Luz de Pentecost\u00e9s, percibi\u00f3 una comunidad de un estilo nuevo, consagrada al servicio de los pobres y en la que habr\u00eda &#8216;&lt;idas y venidas\u00bb. La adecuaci\u00f3n entre esta comunidad y la vida religiosa tal como se viv\u00eda entonces era imposible. Vicente y Luisa insistieron en la imposibilidad de que las Hijas de la Caridad fueran religiosas. \u00abEn efecto, no puede decirse que las Hijas de la Caridad sean religiosas, ya que si lo fueran, no podr\u00edan ser Hijas de la Caridad, pues para ser religiosas hay que vivir en el claustro. Las Hijas de la Caridad no podr\u00e1n jam\u00e1s ser religiosas; \u00a1maldici\u00f3n al que hable de hacerlas religiosas!<\/p>\n<p>Los Fundadores saben que, para responder al designio de Dios, las Hijas de la Caridad no pueden ser de clausura, que es indispensable que vivan \u00aben medio del mundo\u00bb. Son seculares. Teniendo en cuenta no s\u00f3lo las costumbres de vida sencilla, sino tambi\u00e9n las exigencias de la consagraci\u00f3n a Dios, Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac organizan el \u00abestilo de vida\u00bb de las Hermanas.<\/p>\n<p>Para responder a las llamadas de todos los que sufren, las Hijas de la Caridad no tendr\u00e1n monasterio, ni grandes muros de clausura. Vivir\u00e1n cerca de los pobres: dos o tres en un cuarto de alquiler. As\u00ed es como viven las \u00abgentes humildes\u00bb en la capital. \u00abS\u00ed, hijas m\u00edas, estad seguras de ello. Si hay algo digno de verse, agradable a Dios y admirable a los \u00e1ngeles y a los hombres, si hay un espect\u00e1culo admirable, es ver c\u00f3mo unas Hermanas viven como particulares en una habita\u00adci\u00f3n, como ellas quieren, aparentemente y a juicio de las que no las conocen, pero que en realidad son tan sumisas que puede decirse que no hacen jam\u00e1s su voluntad, ya que no hacen nada m\u00e1s que en virtud de la santa obediencia\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>La obediencia, libremente aceptada, reemplaza a la clausura de las religiosas: \u00ab\u00a1Oh no!, estad seguras, mis queridas Hermanas, de que las religiosas que est\u00e1n encerradas durante toda su vida en el claustro no hacen m\u00e1s que vosotras, si ten\u00e9is obediencia; y que lo que hac\u00e9is por esa virtud es tan grande que dif\u00edcil\u00admente podr\u00eda encontrarse algo mayor\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>El vivir juntas, en un cuarto de alquiler, se apoya en la palabra de Jesucristo, que prometi\u00f3 estar en medio de los que est\u00e1n reunidos en su nombre. \u00abLa Pro\u00advidencia os ha reunido aqu\u00ed a vosotras doce, y, al parecer, con el designio de que honr\u00e9is su vida humana en la tierra. \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 ventaja estar en una comunidad, puesto que cada miembro participa del bien que hace todo el cuerpo! Por este medio podr\u00e9is tener una gracia m\u00e1s abundante. Nuestro Se\u00f1or nos lo ha prome\u00adtido cuando dijo: \u00abCuando est\u00e9is dos reunidos en mi nombre, yo estar\u00e9 en medio de vosotros\u00bb<\/p>\n<p>Toda vida comunitaria descansa en la uni\u00f3n, una uni\u00f3n llena de respeto y de cordialidad a imagen de la vida trinitaria. Esa vida se hace lugar de reflexi\u00f3n sobre el servicio a los pobres, sobre las dificultades que se encuentran, sobre los com\u00adpromisos que se hayan de tomar. Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac repiten con frecuencia que el servicio no es propiedad de una Hermana: es toda la comunidad la que es enviada a misi\u00f3n a un lugar determinado. &lt;\u2039&#8230; las verdaderas Hijas de la Caridad, para cumplir lo que Dios pide de ellas deben ser como una sola y puesto que la naturaleza corrompida nos ha despojado de esa perfecci\u00f3n, sepa\u00adr\u00e1ndonos por el pecado de nuestra unidad que es Dios, debemos, para aseme\u00adjarnos a la Sant\u00edsima Trinidad, no ser m\u00e1s que un coraz\u00f3n y no actuar m\u00e1s que con un mismo esp\u00edritu como las tres divinas personas, de tal suerte que cuando la Hermana que est\u00e1 para los enfermos pida la ayuda de su Hermana, la Hermana que est\u00e1 para la instrucci\u00f3n de las ni\u00f1as no dejar\u00e1 de ayudarla, e igualmente si la que est\u00e1 encargada de las ni\u00f1as le pide ayuda a la de los pobres, \u00e9sta har\u00e1 otro tanto, no considerando uno y otro empleo sino como cosa de Dios y teni\u00e9n\u00addose ambas por escogidas por la Providencia para obrar un\u00e1nimes y unidas; por lo tanto, nunca se habr\u00e1 de o\u00edr: eso es tarea suya y no m\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n de las realidades divinas es el primer deber de todos los religiosos. En sus monasterios, religiosos y religiosas celebran el Oficio Divino en el coro y dedican tiempo a la lectura de la Sagrada Escritura. En cuanto a las campesinas, lo m\u00e1s a menudo analfabetas, es impensable que participen en el Oficio Divino. Luisa de Marillac y Vicente de Pa\u00fal saben la importancia que tiene, en la vida espiritual, el encuentro personal con Cristo. Van a guiar a las Hermanas hacia la contemplaci\u00f3n. No es necesario que sean instruidas o sabias para hacer oraci\u00f3n. \u00abDespu\u00e9s de vestiros y de haber hecho la cama, os pondr\u00e9is en oraci\u00f3n. Hijas m\u00edas, \u00e9ste es el centro de la devoci\u00f3n, y ten\u00e9is que desear mucho habituaros perfectamente a ella\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente les explica que pueden llegar a ser profundamente espirituales, pues Dios est\u00e1 cerca del peque\u00f1o y del pobre: \u00abNo cre\u00e1is que unas pobres mujeres de aldea, ignorantes como vosotras pens\u00e1is ser, no tienen que pretender realizar este santo ejercicio. Si Dios es tan bueno y lo ha sido ya con vosotras al llamaros al ejercicio de la caridad, \u00bfpor qu\u00e9 vais a creer que os negar\u00e1 la gracia que nece\u00adsit\u00e1is para hacer bien la oraci\u00f3n? Que no se os ocurra nunca esto. Yo me he sentido hoy muy edificado, al hablar con una buena joven aldeana, que es ahora una de las almas m\u00e1s grandes que conozco\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac, desde hace a\u00f1os, lee la Biblia: sabe la importancia que tiene el ir a beber una misma la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura y va a hacer todo lo posible para que las Hermanas puedan aprovechar esta riqueza, bien por s\u00ed mismas o con la ayuda de una lectora. El primer reglamento subraya la impor\u00adtancia de la lectura del Evangelio para mejor vivir a imitaci\u00f3n del Hijo de Dios: \u00abDe vuelta a casa, se ponen a trabajar, leen para aprender y despu\u00e9s de hacer recor\u00addar los principales puntos de la doctrina, en forma de catecismo, se lee alg\u00fan pasaje del santo Evangelio para excitarse a la pr\u00e1ctica de las virtudes y al servicio del pr\u00f3jimo, a imitaci\u00f3n del Hijo de Dios.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal insistir\u00e1 en esta lectura cotidiana, un poco dif\u00edcil o incluso poco atractiva para algunas: \u00abPor la ma\u00f1ana habl\u00e1is a Dios en la oraci\u00f3n, y por la lectura Dios os habla a vosotras. Si quer\u00e9is que Dios os escuche en vuestras oraciones, escuchad a Dios en la lectura. No es menos provechoso escuchar a Dios que hablarle. Por eso os recomiendo mucho, tanto como sea posible, que no falt\u00e9is a esto\u00bb.<\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda, que celebra el memorial del sacrificio de Cristo, est\u00e1 en el centro de toda vida consagrada a Dios. Como buenas cristianas, las Hijas de la Caridad participan, seg\u00fan tienen costumbre, en la vida de la parroquia. Nada las distingue de otros feligreses, a no ser su presencia regular en las misas y en los diferentes actos de oraci\u00f3n. Con palabras muy sencillas, Vicente de Pa\u00fal invita a las siervas de los pobres a participar, todos los d\u00edas, en el santo sacrificio de la misa:<\/p>\n<p>\u00abId todos los d\u00edas a la santa misa, pero id con una gran devoci\u00f3n, y estad en la iglesia con gran modestia, siendo ejemplo de virtud para todos los que os vean&#8230; \u00bfQu\u00e9 pens\u00e1is hacer durante ella? No es solamente el sacerdote el que ofrece el santo sacrificio, sino todos los que asisten a \u00e9l; estoy seguro de que, cuando est\u00e9is bien instruidas en este punto, tendr\u00e9is gran devoci\u00f3n, porque es el centro de la devoci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda significa que Aquel que no es sino Amor fue hasta la muerte y que, de all\u00ed, surge una nueva vida. As\u00ed, las Hijas de la Caridad se ven invitadas a entregarse totalmente a Dios para hacer surgir la vida en torno a ellas. En la conferencia del 22 de enero de 1646, sobre la sagrada comuni\u00f3n, Vicente de Pa\u00fal se admira del don de Dios en la Eucarist\u00eda: \u00abSabed, hijas m\u00edas, que la virtud capital de las Hijas de la Caridad es comulgar bien&#8230; Tened mucho cuidado, por favor, y considerad la grandeza del plan de Dios sobre vosotras: El quiere que vosotras, pobres mujeres, sin capacidad ni estudios, cooper\u00e9is con El para comu\u00adnicar su esp\u00edritu. Hijas m\u00edas, no descuid\u00e9is esta gracia, por favor. Pero, acerqu\u00e9\u00admonos a este fuego para vernos invadidos, primeramente nosotros, y luego, por nuestra caridad y buen ejemplo, atraer a El a los dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Desde los comienzos de la Iglesia, la virgen consagrada a Dios lleva un gran velo, signo de su pertenencia a Dios y de su ruptura con el mundo. Las Hijas de la Caridad, que viven \u00aben medio del mundo\u00bb no llevar\u00e1n velo ni h\u00e1bito religioso tal como se introdujo despu\u00e9s. Es una novedad, en aquel siglo XVII, ver \u00abuna Compa\u00f1\u00eda de mujeres y de j\u00f3venes con vestido secular\u00bb. Las primeras siervas de los pobres iban vestidas \u00abcomo aldeanas\u00bb, conservando sencillamente el vestido que llevaban en sus casas. Se plantear\u00e1 un problema cuando llegan j\u00f3venes de otras regiones de Francia, o de la nobleza, con una manera de vestir totalmente diferente. Para evitar que se establezcan comparaciones entre las sier\u00advas procedentes de regiones o de ambientes sociales diferentes, los Fundadores van a escoger como \u00abh\u00e1bito\u00bb de la Hija de la Caridad, el vestido de las campe\u00adsinas de la isla de Francia: es un vestido sencillo que a algunas les parece poco elegante. En una conferencia, Vicente de Pa\u00fal refiere lo que ha o\u00eddo: \u00ab\u00a1C\u00f3mo! \u00a1Llevar ese tocado para ir a ver a los pobres! Habr\u00eda que llevar una cofia y un pa\u00f1uelo al cuello para cubrirnos\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal insiste en el mantenimiento de un vestido sencillo, tal como lo llevaron en los or\u00edgenes. Pide que se evite todo lo que pueda parecerse a un h\u00e1bito monacal y muestra la importancia de la uniformidad para mantener la uni\u00f3n y la caridad entre las Hermanas. \u00abLa uniformidad&#8230; mantiene la uni\u00f3n. En la medida en que conserv\u00e9is la uniformidad, hermanas m\u00edas, en esa misma medida habr\u00e1 cari\u00addad entre vosotras. Pero apenas haya algunas que digan: \u00ab\u00a1C\u00f3mo! \u00a1Ir siempre to\u00addas lo mismo! \u00a1Habr\u00e1 que tomar un velo, pues eso es m\u00e1s modesto!\u00bb, no las escu\u00adch\u00e9is, sino huid de ellas como de personas que quieren echaros a perder.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal sabe, por experiencia, que las verdaderas campesinas son espont\u00e1neamente modestas y pide a las Hijas de la Caridad que las imiten en su vestido de campesinas: \u00abLas verdaderas campesinas son muy modestas en su trato, mantienen su vista recogida, son modestas en sus vestidos, que son corrien\u00adtes y vulgares. As\u00ed tienen que ser las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Si la modestia es una se\u00f1al que manifiesta la pertenencia a Dios, esta actitud no debe, sin embargo, ser un obst\u00e1culo para el servicio de los pobres. En todo, hace falta la sencillez y el sentido com\u00fan. \u00abAcostumbraos a tener vuestra vista moderadamente baja, ya que, como est\u00e1is al servicio de personas seculares, es menester que no las asuste el exceso de vuestra modestia. Esto podr\u00eda impedir hacer el bien que puede hacerse con una jovialidad moderada.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac introdujeron, en una v\u00eda totalmente nueva, a estas \u00abpobres campesinas\u00bb deseosas de servir a sus hermanos. Comprendieron que su consagraci\u00f3n a Dios deb\u00eda realizarse teniendo en cuenta realidades que viv\u00edan d\u00eda tras d\u00eda. Comprendieron tambi\u00e9n que los pobres pod\u00edan ser servidos por pobres.<\/p>\n<h2><strong>2 &#8211; Inculturaci\u00f3n del Evangelio en las realidades de la vida campesina<\/strong><\/h2>\n<p>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac partieron de realidades vividas en el mundo de los pobres para \u00abinculturar\u00bb en \u00e9l la vida consagrada; as\u00ed, van a ayudar a las Hermanas a insertar el mensaje cristiano en su cultura particular. Como el grano sembrado en tierra, el Evangelio transforma poco a poco la cultura. Esta acci\u00f3n misteriosa presupone un sembrador y una tierra disponible que se deje trabajar desde el interior. En toda su reflexi\u00f3n con las Hermanas, Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac las orientaron hacia ese misterio inaudito de la Encarnaci\u00f3n redentora. Este encuentro dar\u00e1 respuestas creativas. Se tienen especialmente en cuenta algunos aspectos de la cultura de las campesinas: la pobreza, el trabajo manual y la dependencia.<\/p>\n<h2>\u2022 <strong>Una \u00abcultura\u00bb de pobreza<\/strong><\/h2>\n<p>Durante su infancia, durante los a\u00f1os vividos en su familia, las campesinas quedaron marcadas por experiencias de pobreza. Vicente de Pa\u00fal las describe en su conferencia sobre las virtudes de las campesinas. La comida es sencilla y sobria, poco variada, pan y potaje, rara vez carne. La ropa es, corrientemente, de tejido grueso, sin ning\u00fan refinamiento: \u00abLas verdaderas campesinas se contentan con lo que tienen, tanto en el vestir como en el alimento\u00bb<\/p>\n<p>El trabajo es rudo y exigente. Los campesinos viven sometidos al ritmo de las estaciones, con un trabajo incesante en el tiempo de la recolecci\u00f3n. Vicente de Pa\u00fal insiste tambi\u00e9n en la sencillez y la humildad que caracterizan a la mayor parte de estas campesinas sin instrucci\u00f3n: \u00abEl esp\u00edritu de las verdaderas aldeanas es sumamente sencillo: nada de astucias, nada de palabras de doble sentido; no son obstinadas ni apegadas a su manera de pensar&#8230; no se glor\u00edan de lo que tienen&#8230;, ni piensan que son inteligentes, y van con toda sencillez\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo acoger el Evangelio como mensaje de salvaci\u00f3n, de liberaci\u00f3n y de realizaci\u00f3n en esta cultura de pobreza? Las primeras Hermanas, en contacto fre\u00adcuente con las Damas de la Caridad, descubren otra cultura, donde la vida les aparece mucho m\u00e1s f\u00e1cil y agradable. \u00bfPueden vivir el mensaje y los valores del Evangelio en su propia cultura?<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal responde con mucha claridad. Cristo renunci\u00f3 a su condici\u00f3n divina para revelarse al mundo a trav\u00e9s de lo que la humanidad considera como lo m\u00e1s bajo. El Hijo de Dios se someti\u00f3 libremente a las condiciones concretas m\u00e1s humildes de su pueblo. \u00bfNo es un honor ser llamadas a seguirle?<\/p>\n<p>\u00abFijaos, mis queridas Hermanas, esta Compa\u00f1\u00eda de Hijas de la Caridad se com\u00adpone en su mayor\u00eda de muchachas pobres. \u00a1Qu\u00e9 excelente es esa cualidad de j\u00f3venes pobres, pobres en sus vestidos, pobres en su alimento&#8230; Esa cualidad de pobres os distingue de las que son ricas. Hab\u00e9is dejado vuestra tierra, vuestros parientes y vuestros bienes, \u00bfy para qu\u00e9?, para seguir a Nuestro Se\u00f1or y sus m\u00e1ximas. Sois hijas suyas y El es vuestro Padre; os ha engendrado y os ha dado su esp\u00edritu; el que viese la vida de Jesucristo ver\u00eda sin comparaci\u00f3n algo seme\u00adjante en la vida de una Hija de la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>La pobreza acerca a Dios. El 8 de agosto de 1655, en aquel d\u00eda solemne en que todas las Hijas de la Caridad presentes en Par\u00eds van a firmar el acto de erecci\u00f3n, Vicente de Pa\u00fal vuelve a leer la corta historia de la Compa\u00f1\u00eda y, una vez m\u00e1s, invita a las Hermanas a permanecer fieles a sus or\u00edgenes: \u00abManteneos, pues, en el estado en que Dios os ha puesto; procurad conservar siempre vuestro primer esp\u00edritu de humildad y de sencillez. Puesto que Dios os ha escogido como escogi\u00f3 a san Francisco, para honrarle en vuestra condici\u00f3n pobre y humilde a los ojos del mundo, manteneos en ella y El os bendecir\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>Esta cultura de la pobreza podr\u00eda, ciertamente, engendrar sublevaci\u00f3n y rebeld\u00eda, al ver la riqueza y el bienestar de los nobles. Los reglamentos y las numerosas con\u00adferencias de Vicente de Pa\u00fal, as\u00ed como las cartas de Luisa de Marillac animan a las Hermanas a entrar por un camino de pobreza a ejemplo de Jesucristo. La pobreza de nacimiento se transformar\u00e1 voluntariamente en virtud a imitaci\u00f3n de Jesucristo. El primer reglamento, redactado para las Hermanas del Hospital de Angers, muestra bien este movimiento: \u00abSe acordar\u00e1n de que han nacido pobres, que deben vivir como pobres, por amor al Pobre de los pobres, Jesucristo Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no duda en decir que la pobreza, libremente vivida, se con\u00advierte en una riqueza: \u00abHijas m\u00edas, si sois verdaderamente pobres, sois tambi\u00e9n verdaderamente ricas, ya que Dios es vuestro todo. Fiaos de El, mis queridas Hermanas. \u00bfQui\u00e9n ha o\u00eddo decir jam\u00e1s que los que se han fiado de las promesas de Dios se han visto enga\u00f1ados? Esto no se ha visto nunca ni se ver\u00e1 jam\u00e1s. Hijas m\u00edas, Dios es fiel a sus promesas, y es muy bueno confiar en El, y esa confianza es toda la riqueza de las Hijas de la Caridad, y su seguridad\u00bb.<\/p>\n<p>Otra dimensi\u00f3n, muy moderna, est\u00e1 tambi\u00e9n presente: la solidaridad con todos los que viven pobremente. Las Hermanas, como lo hizo Margarita Naseau, est\u00e1n llamadas a compartir todo lo que tienen y todo lo que son con los numerosos pobres a los que sirven: \u00abNo ten\u00e9is derecho m\u00e1s que a alimentaros y vestiros, el sobrante pertenece al servicio de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>La cultura de la pobreza engendra a menudo una actitud de inferioridad frente a los ricos, a veces una falta de confianza en s\u00ed mismo. Vicente de Pa\u00fal invita a reconocer esa actitud y a transformarla en experiencia espiritual: \u00abComo las pri\u00admeras (Hermanas), casi todas hab\u00e9is sido sacadas de una baja condici\u00f3n&#8230; \u00a1Qu\u00e9 dichosas sois y yo con vosotras, por habernos concedido Dios la gracia de esco\u00adgernos de las heces del mundo para servirse de nosotros! Siendo as( \u00bfvamos a hacernos los presumidos? \u00bfNos vamos a elevar por encima de lo que somos? Si el mundo no lo tiene en cuenta haciendo de nosotros m\u00e1s caso de lo que mere\u00adcemos, \u00bfvamos a abusar nosotros, hijas m\u00edas?\u00bb<\/p>\n<p>Esta experiencia espiritual revela la manera de obrar de Dios y opera una transformaci\u00f3n real del ser: \u00abTen\u00e9is que tener el esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or. Cuan\u00addo El vino al mundo a combatir el orgullo, vino con humildad, desconocido de todos y sin dar a conocer nada de lo que era. Hermanas m\u00edas, El es vuestro Patrono y ten\u00e9is que imitarle\u00bb.<\/p>\n<p>La inmensidad del Amor de Dios se traduce por la inmensidad de su humildad. Deseando hacerse reconocer por el hombre, Dios, en la plenitud de su libertad y de su poder, llega hasta ocultarse El mismo: \u00abEl Verbo se hizo carne\u00bb. Luisa de Marillac se detiene mucho en esta humildad que hay en Dios, que es Dios: \u00abNo contento con haberse ofrecido para nuestro rescate, el Hijo de Dios quiso llevarlo a cabo, no viniendo a este mundo, como hubiera podido hacerlo, de una manera m\u00e1s en consonancia con su grandeza, sino de la forma m\u00e1s humillante que ima\u00adginarse pudiera, para que as( \u00a1oh alma m\u00eda! tuvi\u00e9ramos m\u00e1s libertad para acer\u00adcarnos a El; lo que debemos hacer con tanto mayor respeto cuanto m\u00e1s grande es la humildad con que se nos presenta, humildad que ha de servirnos para que lleguemos a reconocer c\u00f3mo se da en Dios tal virtud, ya que todas las acciones que El produce fuera de El est\u00e1n muy por debajo de El\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>Ser humilde es situarse en verdad delante de Dios y de los dem\u00e1s, y por consiguiente aceptarse a s\u00ed mismo con sus limitaciones y sus cualidades. Es entrar, siguiendo a Jes\u00fas, en una relaci\u00f3n de acogida y de reciprocidad con todos. Es mantener en el coraz\u00f3n la admiraci\u00f3n por el Verbo de Dios, hecho Hombre entre los hombres.<\/p>\n<h2>\u2022 <strong>Una \u00abcultura\u00bb de trabajo manual<\/strong><\/h2>\n<p>El trabajo de la tierra es, para el campesino del siglo xvii, la fuente de sus ingre\u00adsos: cultiva algunas fanegas que le pertenecen, y, sobre todo, se dedica a las tie\u00adrras de su amo que, a cambio, le da un reducido salario, la mayor parte de las veces de la misma cosecha. Las mujeres guardan el ganado y por la noche tejen o hi\u00adlan. Todos los que trabajan con sus manos para subsistir y nutrir a la naci\u00f3n tienen que sufrir el desprecio del resto de la sociedad. Nobles y burgueses se esfuerzan por vivir de sus rentas, supervisando sus propiedades, o bien gozando de buenas pensiones o de beneficios importantes en el ej\u00e9rcito, la administraci\u00f3n o la Iglesia.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac van a revalorizar el trabajo manual. Es Dios mismo el que lo ha instituido. Este trabajo confiere dignidad al hombre: \u00ab&#8230; Dios dio al hombre el mandamiento expreso de ganarse la vida con el sudor de su frente. Te ganar\u00e1s la vida con el sudor de tu frente&#8217;, esto es, Hermanas m\u00edas, con un trabajo que sea duro y pesado; mandamiento tan expreso que no hay ning\u00fan hombre que pueda exceptuarse de \u00e9l, y trabajo de tal categor\u00eda que, por la gracia de Dios, nos sirve de penitencia por el esfuerzo que exige al cuerpo. Dios no dijo solamente: \u00abTrabajar\u00e1s con el af\u00e1n de tu esp\u00edritu por ganarte la vida\u00bb, sino: \u00abTrabajar\u00e1s con el sudor de tu frente\u00bb, trabajar\u00e1s no solamente con tu entendimiento, sino con tus manos, con tus brazos y con todo tu cuerpo, y trabajar\u00e1s con tal actividad que el sudor te caer\u00e1 de la frente. As\u00ed es, mis queridas Hermanas, como hay que entender este mandamiento de Dios, al que todos los hombres est\u00e1n obligados a obedecer\u00bb<sup>72<\/sup>.<\/p>\n<p>El servicio que realizan las siervas de los pobres est\u00e1 constituido por tareas manuales. Son, seg\u00fan la expresi\u00f3n de la \u00e9poca, tareas humildes y bajas. El texto de la aprobaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda menciona que las Damas de la Caridad, habi\u00adtuadas a tener criadas en torno a ellas para todos los trabajos dom\u00e9sticos, no pod\u00edan hacer las tareas que requer\u00edan los pobres enfermos: preparar la comida, hacer la limpieza, el aseo, etc.<\/p>\n<p>\u00abY como las personas que componen la cofrad\u00eda de la Caridad no pueden hacer las m\u00e1s bajas funciones necesarias para el alivio de los pobres enfermos, nuestro dicho querido y muy amado Vicente de Pa\u00fal ha considerado conveniente, con el permiso de dicho se\u00f1or arzobispo, tomar algunas buenas j\u00f3venes y viudas de los campos, a quienes Dios ha inspirado dedicarse al servicio de los pobres enfer\u00admos, las cuales, desde hace varios a\u00f1os, se emplean en todas las tareas m\u00e1s bajas con la edificaci\u00f3n del pueblo y el consuelo de los enfermos.<\/p>\n<p>El elegir j\u00f3venes acostumbradas a los humildes trabajos de la casa y de los campos se impone por s\u00ed mismo. \u00bfC\u00f3mo si no, los pobres, hubieran podido ser servidos con toda la caridad y la competencia requeridas?<\/p>\n<p>\u00abEn primer lugar, Dios tom\u00f3 a unas mujeres pobres. Si hubiese tomado a unas mujeres ricas, \u00bfhubiesen hecho lo que las pobres hac\u00edan? \u00bfHubiesen servido a los enfermos en los servicios m\u00e1s bajos y penosos? \u00bfHubiesen ido a llevar un puche\u00adro, una cesta al mercado a comprar las provisiones? Y aunque, por la gracia de Dios, haya ahora entre vosotras personas de bastante buena posici\u00f3n, podemos creer que, en el comienzo, ellas lo hubiesen hecho as\u00ed.<\/p>\n<p>Las motivaciones para dar prioridad a esas tareas humildes y bajas son las mismas que para la pobreza: respetar la elecci\u00f3n de Dios, configurarse con el Hijo quien, durante su vida en Nazaret, dedic\u00f3 largos a\u00f1os a un trabajo manual. Luisa de Marillac escribe a Ana Hardemont: \u00abMi querida Hermana, sepa que est\u00e1 usted honrando el estado del Hijo de Dios cuando, al salir del templo donde estaba trabajando por la gloria de su Padre, sigui\u00f3 a la Sant\u00edsima Virgen y a San Jos\u00e9 para obedecerles, y por ese medio cumplir la voluntad de Dios durante tantos a\u00f1os en un oficio tan abyecto como el de trabajar en la carpinter\u00eda, \u00c9l, que hab\u00eda venido a la Tierra para realizar la salvaci\u00f3n de todos los hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac se preocupar\u00e1 cuando vea a Hermanas que buscan, en su servicio, las tareas m\u00e1s elevadas, tareas \u00abdel esp\u00edritu\u00bb a imitaci\u00f3n de los grandes de este mundo: \u00abEsta manera de instruir como hacen en La F\u00e9re, adem\u00e1s del peligro de que la Hermana ponga mucho de su cosecha y adelante m\u00e1ximas que no pueda explicar&#8230; es una forma de instruir llamativa y brillante.<\/p>\n<p>Luisa sabe que \u00abDios ha escogido a j\u00f3venes campesinas para el estableci\u00admiento s\u00f3lido de las Siervas de los pobres enfermos\u00bb. Comprometerse en tareas \u00abllamativas y brillantes\u00bb, \u00bfno es querer ser \u00abdispensadas de otros empleos m\u00e1s bajos\u00bb, no es comprometer a la Compa\u00f1\u00eda en un camino que no es el suyo y provocar al final su ruina?&#8217;<\/p>\n<h2>\u2022 <strong>Una \u00abcultura\u00bb de dependencia<\/strong><\/h2>\n<p>Desde su tierna infancia, las campesinas aprenden a depender de alguien: pri\u00admero de los padres que mandan en el trabajo, en la casa y en la granja, despu\u00e9s del amo, si van como sirvientas. Este estado de dependencia va a ser transformado tambi\u00e9n por el Evangelio, por medio de aquellas palabras conmovedoras de Jes\u00fas: \u00abLo que hag\u00e1is al m\u00e1s peque\u00f1o de mis hermanos, a m\u00ed me lo hac\u00e9is\u00bb.<\/p>\n<p>Al llegar a las Cofrad\u00edas de la Caridad, las campesinas se convierten en siervas de los pobres. Sus verdaderos amos no son ya las damas, los due\u00f1os de los cas\u00adtillos, sino los pobres. Vicente de Pa\u00fal, profundamente marcado por lo que Bossuet llamar\u00e1 \u00abla eminente dignidad de los pobres\u00bb, exclama en una conferencia: \u00abLos pobres son nuestros amos; son nuestros reyes; hay que obedecerles, y no es una exageraci\u00f3n llamarles de ese modo, ya que Nuestro Se\u00f1or est\u00e1 en los pobres.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 cambio de perspectiva para estas campesinas! Todo el respeto, la sumi\u00adsi\u00f3n que tienen habitualmente a los ricos, a los poderosos, las Hermanas deben conced\u00e9rselo a los pobres. En todos los que viven una carencia, una p\u00e9rdida de categor\u00eda, un rechazo o una marginaci\u00f3n, las siervas de los pobres est\u00e1n llamadas a descubrir la grandeza de su humanidad. Una frase resume bien la profundidad del pensamiento de Luisa de Marillac: \u00abQueridas Hermanas, sean muy afables y bondadosas con sus pobres; ya saben que son nuestros se\u00f1ores a los que de\u00adbemos amar con ternura y respetar profundamente. No basta con que tengamos estas m\u00e1ximas en la memoria, sino que hemos de demostrarlo con nuestros cui\u00addados caritativos y afables\u00bb.<\/p>\n<p>Respeto y ternura van juntos y se dirigen a todos los que sufren, cualesquiera que sea su edad, su situaci\u00f3n, su pobreza, ya sean ni\u00f1os abandonados, enfermos, mendigos o soldados heridos. Luisa de Marillac recuerda a menudo a las Herma\u00adnas que el respeto concedido a los pobres no suprime el debido a los ricos. Tambi\u00e9n ellos son hombres y mujeres creados por Dios y cuya dignidad debe ser reconocida: \u00abQuerida Hermana, estamos obligadas a complacer a todos y a hacer con paciencia la obra de Dios, ejecutando todas las cosas sin apresuramiento; nuestra vocaci\u00f3n de siervas de los pobres es para nosotras una advertencia de la dulzura, humildad y tolerancia que hemos de tener con el pr\u00f3jimo; del respeto y honor que debemos a todo el mundo: a los pobres porque son los miembros de Jesucristo y nuestros amos; y a los ricos para que nos proporcionen medios para hacer el bien a los pobres\u00bb&#8217;.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo de sierva es, en el mundo, un t\u00edtulo de dependencia. Pero la Hija de la Caridad que es sierva de los pobres, por este mismo hecho es sierva de Jesucristo. Vicente de Pa\u00fal exalta toda su grandeza: \u00abHermanas de la Caridad, siervas de los pobres enfermos&#8230; \u00a1Ah! \u00a1Qu\u00e9 hermoso t\u00edtulo y qu\u00e9 hermosa cuali\u00addad! \u00bfQu\u00e9 hab\u00e9is hecho por Dios para merecer esto? Siervas de los pobres es como si se dijese siervas de Jesucristo, ya que El considera como hecho a s\u00ed mismo, lo que se hace por ellos, que son sus miembros. \u00bfY qu\u00e9 hizo El en este mundo sino servir a los pobres? \u00a1Ah, mis queridas hijas, conservad bien este t\u00edtulo, porque es el m\u00e1s hermoso y el m\u00e1s ventajoso que podr\u00edais tener\u00bb.<\/p>\n<p>En su trabajo en la casa o en los campos, las campesinas depend\u00edan de quienes les mandaban. Las siervas de los pobres van a aprender a \u00abdepender\u00bb de los pobres, sus amos. El servicio es tributario de sus necesidades. Luisa de Marillac insiste con frecuencia en este punto. Las Hermanas no pueden decidir por s\u00ed mismas lo que deben hacer, pero es importante mirar, discernir lo que piden las situaciones de pobreza all\u00e1 donde son enviadas. El reglamento para las Hermanas de Montreuil indica: \u00abEn lo que se refiere a su comportamiento con los enfermos, \u00a1por Dios! que no sea para salir del paso, sino llenas de afecto, habl\u00e1ndoles y sirvi\u00e9ndoles con el coraz\u00f3n; inform\u00e1ndose con detalle de sus necesidades, ha\u00adbl\u00e1ndoles con mansedumbre y compasi\u00f3n, proporcion\u00e1ndoles sin importunidad ni agitaci\u00f3n la ayuda que sus necesidades requieran\u00bb.<\/p>\n<p>Ana Hardemont, al llegar a Ussel, se muestra muy impaciente por ponerse a trabajar. \u00bfNo tiene bastante experiencia despu\u00e9s de veinte a\u00f1os pasados entre los pobres? Luisa de Marillac le exhorta a \u00abque conozcan bien las necesidades de los pobres\u00bb antes de pensar en crear un hospital. Sabe, por experiencia, que las necesidades de los pobres requieren con frecuencia respuestas nuevas, bajo formas in\u00e9ditas. La Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad ha puesto en marcha el servicio a los enfermos a domicilio y en los hospitales, despu\u00e9s la acogida a los ni\u00f1os abandonados, las escuelitas, el servicio a los refugiados y a los soldados heridos, ha abierto un asilo para los ancianos&#8230; <em>\u00abEl amor es creativo hasta lo <\/em>infinito.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p>La Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad naci\u00f3 en un ambiente particular: el ambiente pobre del siglo xvii. La relaci\u00f3n entre la vida religiosa y la cultura campesina fue un intercambio rec\u00edproco que transform\u00f3 el rostro de la vida con\u00adsagrada. Vicente de Pa\u00fal, Luisa de Marillac y las primeras Hermanas trataron de vivir el Evangelio poni\u00e9ndose a la escucha de la cultura campesina. Al abrirse as\u00ed al mensaje de Cristo, contribuyeron a la humanizaci\u00f3n de los pobres, pero tambi\u00e9n de la Iglesia.<\/p>\n<p>Para Luisa de Marillac, esta inculturaci\u00f3n necesit\u00f3 una toma de conciencia de las riquezas y carencias de su cultura personal y en consecuencia un verdadero desprendimiento para entrar plenamente en el proyecto de la Compa\u00f1\u00eda. \u00bfNo tenemos que llevar a cabo esto mismo en el mundo en que las mutaciones socio\u00adculturales son numerosas?<\/p>\n<p>El lenguaje y los valores vividos en el mundo de los pobres, de los \u00abnuevos pobres\u00bb han cambiado. \u00bfSabremos salir a su encuentro con actitudes, con formas nuevas de servicio, pero con el mismo dinamismo anclado en el misterio de la Encarnaci\u00f3n? \u00bfNuestras respuestas sabr\u00e1n corresponder a lo que esperan: que se reconozca su dignidad y encontrar una fraternidad real? Dios mismo nos habla a trav\u00e9s de la situaci\u00f3n concreta de todos los \u00abnuevos pobres\u00bb de nuestro mundo moderno.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luisa de Marillac, al igual que Vicente de Pa\u00fal, no habl\u00f3 de inculturaci\u00f3n. Esta palabra no exist\u00eda en su tiempo. 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