{"id":73009,"date":"2015-03-13T04:45:38","date_gmt":"2015-03-13T03:45:38","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=73009"},"modified":"2016-07-26T17:27:18","modified_gmt":"2016-07-26T15:27:18","slug":"los-ultimos-anos-de-san-vicente-y-de-santa-luisa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/los-ultimos-anos-de-san-vicente-y-de-santa-luisa\/","title":{"rendered":"Los \u00faltimos a\u00f1os de San Vicente y de Santa Luisa"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/03\/vincent_louise.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-141531\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/03\/vincent_louise-300x228.jpg?resize=300%2C228\" alt=\"vincent_louise\" width=\"300\" height=\"228\" \/><\/a>&#8230;\u00bfA partir de que edad se puede hablar de edad avanzada para Vicente de Pa\u00fal y la Se\u00f1orita Le Gras? y por tanto \u00bfa partir de que a\u00f1o estudiarlos? Arbitrariamente, he empezado a partir de los a\u00f1os 1655-1656, o sea cinco a\u00f1os antes de su muerte, lo que supone sesenta y cuatro, sesenta y cinco, para Santa Luisa y setenta y cuatro, setenta y cinco para San Vicente&#8230; No olvidemos que en el siglo XVII la media de edad era mucho m\u00e1s baja que actualmente y que, hasta mediados de nuestro siglo XX, sesenta y cinco a\u00f1os ya marcaban la vejez&#8230;Tres cosas llaman la atenci\u00f3n cuando consideramos esos a\u00f1os y tambi\u00e9n los inmediatamente anteriores.<\/p>\n<ul>\n<li>por una parte, <strong>las cruces de toda clase: <\/strong>la fatiga f\u00edsica, los achaques crecientes, las frecuentes enfermedades y, m\u00e1s abrumadoras aun, las pruebas morales&#8230;<\/li>\n<li>por otra parte, <strong>el increible esp\u00edritu de fe <\/strong>que acompa\u00f1a a su penetrante lucidez sobre los acontecimientos, y el sentimiento, a veces, de que todo los abandona;<\/li>\n<li>por ultimo, <strong>una actividad todav\u00eda bastante desbordante, <\/strong>al menos a trav\u00e9s de la palabra y la correspondencia, debida sin duda a una vitalidad bastante excepcio\u00adnal, pero sobre todo a la energ\u00eda espiritual que les da ese esp\u00edritu de fe y ese amor activo a Dios y a los Pobres.<\/li>\n<\/ul>\n<p>De este estudio, que no tiene la pretensi\u00f3n de ser exhaustivo, sacaremos algunas indicaciones que puedan ayudarnos a recorrer nosotros mismos ese \u00faltimo tramo de la vida.<\/p>\n<p>Primera parte <strong>Sus pruebas<\/strong><\/p>\n<h2><strong>I &#8211; Ver que uno va envejeciendo y que la muerte se acerca <\/strong><strong>mientras que hay todav\u00eda tanto que hacer<\/strong><\/h2>\n<p>Esto es claro especialmente en <strong>San Vicente, <\/strong>quien declara m\u00e1s de una vez su edad, deplorando su poco progreso y la tarea inacabada, los peligros de que se entibiase el celo de los misioneros, que podr\u00edan querer abandonar tantas tareas al servicio de toda clase de Pobres. Escuch\u00e9mosle, durante la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n del 3 de noviembre de 1656, en la que excitaba el celo de sus cohermanos:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 es nuestra vida que pasa tan aprisa? Yo, <\/em><strong><em>ya me encuentro en el a\u00f1o 76 de <\/em><\/strong><strong><em>mi vida; y sin embargo todo este tiempo me parece ahora como un sue\u00f1o; <\/em><\/strong><em>todos esos a\u00f1os han pasado ya. \u00a1Ay Se\u00f1ores! \u00a1Que felices son aquellos que emplean todos los momentos de su vida en el servicio de Dios y se ofrecen a El de la mejor <\/em><em>manera!\u00bb <\/em>(Sig. XI\/3, 253).<\/p>\n<p>Y el 6 de diciembre de 1658, hablando a los misioneros sobre el fin de la Congregaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abOs hablo de estas dificultades, hermanos, antes de que se presenten, porque pudiera ser que alg\u00fan d\u00eda se presentasen. <strong>Yo no puedo ya durar mucho; pronto <\/strong><strong>tendr\u00e9 que irme; mi edad, mis achaques y las abominaciones de mi vida no <\/strong><strong>permiten que Dios me siga tolerando por mucho tiempo en la tierra\u00bb <\/strong>(Sig. XI\/ 3, 395).<\/p>\n<p>Aunque diez a\u00f1os m\u00e1s joven, <strong>la Se\u00f1orita <\/strong>piensa tambi\u00e9n en su muerte, como lo declara a San Vicente el 31 de diciembre de 1658:<\/p>\n<p>\u00abEstamos en las ultimas horas del a\u00f1o; <strong>me arrojo a sus pies para suplicar a su <\/strong><strong>caridad me alcance misericordia, ya que no espero otra que la que Dios me <\/strong><strong>haga cuando me llame a rendirle cuentas; <\/strong>solo para ese momento es para el que imploro su caridad, a causa de mis infidelidades e inmortificaciones continuas que me hacen ofender a Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p><strong>Me parece que queda todav\u00eda algo por hacer para el afianzamiento espiri\u00ad<\/strong><strong>tual de la Compa\u00f1\u00eda\u00bb. <\/strong>(Corr. y Escr. p. 603).<\/p>\n<h2><strong>II &#8211; Los achaques de toda clase y las enfermedades<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>1 &#8211; Los peque\u00f1os fallos de la memoria, <\/strong>sobre todo si uno se da cuenta<\/h3>\n<p>San Vicente preparaba siempre sus conferencias al menos mediante un esquema, y miraba de vez en cuando sus papeles, para comprobar si se le hab\u00eda olvidado algo.<\/p>\n<p>A pesar de eso, tenia esos fallos de memoria, pues a veces, entusiasmado con su tema, no sab\u00eda ya por donde iba. Por ejemplo, en su magn\u00edfica conferencia, a los Misioneros, sobre la caridad, el 30 de mayo de 1659:<\/p>\n<p><em>\u00abAcabo de decir que, cuando uno se conoce bien, sabe soportar f\u00e1cilmente a los <\/em><em>dem\u00e1s&#8230; <strong>A<\/strong><\/em><strong><em>hora no se adonde voy ni donde estoy&#8230; <\/em><\/strong><em>Tened paciencia conmigo, por <\/em><em>favor. \u00bfQu\u00e9 significa eso de soportarse? Se trata de aquello: alter alterius onera <\/em>portate &#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>A veces comienza una idea, despu\u00e9s, al pasar a otra, se le olvida lo que iba a decir. Entonces lo confiesa con toda sencillez y pide a sus cohermanos que acudan en su ayuda.<\/p>\n<h3><strong>2 &#8211; Los <\/strong><strong>achaques f\u00edsicos<\/strong><\/h3>\n<p>A la vista de todo lo que llevaron a cabo, podr\u00edamos creer que ten\u00edan una salud de hierro y, sin embargo, no suced\u00eda as\u00ed, y sus pruebas f\u00edsicas no dejaron de aumentar con la edad.<\/p>\n<h4><em>a) Achaques y enfermedades de San Vicente<\/em><\/h4>\n<p>La <strong>enfermedad de las piernas <\/strong>de San Vicente es bastante conocida; le obligaba a utilizar una carroza -para humillaci\u00f3n suya- pero hizo que Santa Luisa se beneficia\u00adra de ella m\u00e1s de una vez. Seguimos, aqu\u00ed, la cronolog\u00eda que de ello traza Abely que lo conoci\u00f3 de cerca, lo trat\u00f3 e interrog\u00f3 a sus compa\u00f1eros:<\/p>\n<p><em>\u00abSufri\u00f3 la incomodidad de la hinchaz\u00f3n de piernas y de pies&#8230; por espacio de <\/em><em>cuarenta y cinco a\u00f1os; y a veces llegaba a ser tan grande, que le costaba mucho <\/em><em>mantenerse de pie, o andar, y otras veces sol\u00edan estar tan inflamados y doloridos, que <\/em><em>se ve\u00eda obligado a guardar cama.<\/em><\/p>\n<p><em>Por esa raz\u00f3n el a\u00f1o 1632, cuando vino a vivir a San L\u00e1zaro, se vio en la necesidad <\/em><em>de disponer de un caballo&#8230; El caballo le sirvi\u00f3 hasta 1649; entonces el mal de las <\/em><em>piernas creci\u00f3 sobremanera a causa de un largo viaje que hizo a Breta\u00f1a y a Poitou, <\/em><em>vi\u00e9ndose por ello reducido a tal estado que ya no pod\u00eda ni montar a caballo, ni bajar <\/em><em>de \u00e9l, por lo que se vio forzado a quedarse en casa, y ya estaba resuelto a ello, si el difunto Arzobispo de Par\u00eds no le hubiera mandado servirse de una peque\u00f1a carroza\u00bb <\/em>(Abelly, p. 223).<\/p>\n<p>Este mal de piernas le imped\u00eda hacer la genuflexi\u00f3n; \u00e9l lo evoca, en la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n del 28 de julio de 1655, cuando trata de reaccionar contra los cohermanos que no la hac\u00edan bien: \u00abYo tampoco he dado en esto el ejemplo que deb\u00eda. \u00a1Qu\u00e9 se se va a hacer! Con la edad que tengo y mis piernas tan mal, me impiden hacerlo!\u00bb (Sig. XI\/3, 125).<\/p>\n<p>\u00abEl a\u00f1o 1656 tuvo otra enfermedad que empez\u00f3 con una <strong>fiebre continua <\/strong>de varios d\u00edas y que termin\u00f3 con una gran <strong>fluxi\u00f3n en una pierna, <\/strong>que le mantuvo en cama alg\u00fan tiempo, y le obligo a estar encerrado en la habitaci\u00f3n cerca de dos meses, con tantas molestias que, como no se encontraba bien en ninguna postura, hab\u00eda que llevarlo y traerlo desde la cama junto al fuego. Solamente con ocasi\u00f3n de esta enfermedad consiguieron de \u00e9l y le obligaron a acostarse en una habitaci\u00f3n provista de chimenea, para encender en ella el fuego que le era tan necesario para aliviar sus molestias\u00bb (Abelly, p. 222) \u00abLos que se singularizan en el vestir, o en el comer, o en las dem\u00e1s necesidades comunes, resultan molestos a los que siguen la comunidad. \u00a1Miserable de m\u00ed que tengo que ser una carga para toda la casa, al no ser uniforme con los dem\u00e1s!. Tengo una habitaci\u00f3n especial y una cama especial; me he tenido que servir de una infamia para ir y venir (as\u00ed llamaba a la peque\u00f1a carroza que utilizaba, queriendo indicar que era una infamia, para \u00e9l y para toda la Compa\u00f1\u00eda, que un hombre de su condici\u00f3n fuese en carroza), y he ca\u00eddo en otras miserias; predico la uniformidad y no la sigo.<\/p>\n<p>Salvador de mi alma, suple estos defectos con una gracia poderosa que me haga servir a la Compa\u00f1\u00eda con algunas practicas de virtud sobre todo con la de la <strong>humildad\u00bb <\/strong>(Sig. XI\/4, 545).<\/p>\n<\/div>\n<p>Padec\u00eda toda clase de otros males, en <strong>los ojos <\/strong>\u00a0por ejemplo. A finales de 1658, su mal de piernas qued\u00f3 todav\u00eda agravado por un <strong>accidente de carroza.<\/strong> A continuaci\u00f3n, su estado no hizo sino <strong>degradarse lentamente, <\/strong>inexorablemente, impidi\u00e9ndole salir de la casa y m\u00e1s tarde bajar a las salas comunes&#8230;<\/p>\n<p>Todo esto no obstaculizaba en manera alguna su esp\u00edritu de penitencia: \u00abEntre tantos dolores <strong>siempre se mantuvo en su estilo de vida dura y austera, <\/strong>sin tolerar jam\u00e1s que le acostaran en una cama blanda, sino en un jerg\u00f3n, para pasar sobre \u00e9l cinco o seis horas de la noche&#8230;\u00bb (Abelly, p. 224).<\/p>\n<p>Pero esta experiencia de la enfermedad y de los cuidados que conlleva <strong>le lleva <\/strong><strong>a recomendarnos que seamos todav\u00eda m\u00e1s atentos con los enfermos. <\/strong>Es lo que dice a las Hermanas en su conferencia sobre la uniformidad, el 18 de noviembre de 1657, un texto capital y muy actual:<\/p>\n<p>\u00abMirad, Hermanas m\u00edas, os dec\u00eda hace poco, y os lo repito ahora, <strong>c\u00f3mo ten\u00e9is que portaros en vuestras enfermedades, o sea, que ten\u00e9is que evitar los mimos excesivos y contentaros con el trato que se da a los pobres\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p>Pero os digo que, <strong>si alguna, debido a sus enfermedades o a su edad o a su <\/strong><strong>debilidad, necesita algo m\u00e1s, la Caridad que atiende a todas las necesidades <\/strong><strong>tiene que tenerlo en cuenta&#8230; Por eso, Hermanas m\u00edas, no os preocup\u00e9is, no <\/strong><strong>os aflij\u00e1is las que sois ancianas o est\u00e1is enfermas, si no pod\u00e9is seguir a las <\/strong><strong>dem\u00e1s en todo. <\/strong>La Compa\u00f1\u00eda es una madre que sabe distinguir bien entre sus hijos enfermos y los que est\u00e1n bien&#8230;\u00bb (S.V. Conf. Esp. n\u00b0s 1810-1811).<\/p>\n<p>Finalmente, a partir de 1658, le resulta <strong>a <\/strong><strong>veces imposible salir&#8230; <\/strong><sup>(8)<\/sup> El 23 de mayo de 1659, como otras muchas veces, se mostr\u00f3 afligido porque sus enfermedades le imped\u00edan hacer lo que se les pide a todos:<\/p>\n<p>Qued\u00e9monos con la conclusi\u00f3n: si nuestra edad avanzada no nos permite ya trabajar, ni observar toda la Regla, que al menos nuestra humildad sea una manera de servir.<\/p>\n<h4>b) Santa Luisa tambi\u00e9n conoci\u00f3 las pruebas f\u00edsicas Gobillon, su primer bi\u00f3grafo, refiere:<\/h4>\n<p>\u00abHac\u00eda mucho tiempo que estaba sujeta a graves achaques; y ya el a\u00f1o 1647, el Se\u00f1or Vicente hab\u00eda escrito al Se\u00f1or Blatiron, Superior de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n de G\u00e9nova, en estos t\u00e9rminos: \u00abConsidero a la se\u00f1orita Le Gras como naturalmente muerta desde hace diez a\u00f1os; y al verla se dir\u00eda que sale de la tumba; tan d\u00e9bil est\u00e1 su cuerpo y tan p\u00e1lido su aspecto. Pero Dios sabe qu\u00e9 fuerza de esp\u00edritu tiene. Sin las frecuentes enfermedades que sufre y el respeto que tiene a la obediencia, ir\u00eda muchas veces de un lado a otro a visitar a sus Hijas y trabajar con ellas, aunque no tenga m\u00e1s vida que la que recibe de la gracia&#8230; \u00bb<\/p>\n<p><strong>\u00abEn el a\u00f1o 1656 sufri\u00f3 una grave enfermedad <\/strong>y dijo al Se\u00f1or Vicente que cre\u00eda que era <strong>una llave para salir pronto del mundo, <\/strong>suplic\u00e1ndole que, como necesitaba aprender a prepararse bien a ello, le concediera por favor esta caridad, para no naufragar al cabo de esta navegaci\u00f3n&#8230; <sup>00<\/sup> entr\u00f3 en convalecencia; y cuando dio la noticia a una de sus Hijas, le dijo cuales eran <strong>las disposiciones de su alma <\/strong>en los diferentes estados de su vida, con esta carta que le escribi\u00f3: \u00abNo le ha parecido bien a la bondad de Dios borrarme de la faz de la tierra, aunque haga tiempo que lo merezco. Hay que <strong>esperar la orden de la Providencia con sumisi\u00f3n; <\/strong>debemos estar todos los d\u00edas en este estado, sea para la muerte de nuestros pr\u00f3ximos, o para la nuestra, o para todos los acontecimientos desgraciados, de modo que la divina voluntad no tenga motivos de quejarse de que no hayamos seguido sus ordenes\u00bb.<\/p>\n<p>Finalmente, el a\u00f1o 1660 finaliz\u00f3 la carrera de su vida. El 4 de febrero cay\u00f3 enferma de una <strong>fluxi\u00f3n en el brazo izquierdo, <\/strong>con una fiebre alta, que aument\u00f3 en ocho d\u00edas con tanta violencia, que se vio obligada a recibir el Santo Vi\u00e1tico y la Extremaunci\u00f3n&#8230; No hubo medios que no se emplearan ante Dios para pedirle su curaci\u00f3n&#8230; Cerca de tres semanas estuvo luego sin fiebre y su fluxi\u00f3n disminuy\u00f3.<\/p>\n<p>Pero el 9 de marzo, la fiebre volvi\u00f3 y apareci\u00f3 la gangrena en su brazo&#8230; y exhort\u00e1ndola su pastor (el p\u00e1rroco de San Lorenzo) a dar una vez m\u00e1s su bendici\u00f3n a sus Hijas, les dijo estas palabras, que les dej\u00f3 como <strong>su testamento <\/strong>y su \u00faltima voluntad:<\/p>\n<p>\u00abMis queridas Hermanas, sigo pidiendo para ustedes a Dios su bendici\u00f3n, y le ruego les conceda la gracia de perseverar en su vocaci\u00f3n para que puedan servirle en la forma que El pide de ustedes. Tengan gran cuidado del servicio de los pobres y sobre todo de vivir juntas en una gran uni\u00f3n y cordialidad, am\u00e1ndose las unas a las otras, para imitar la uni\u00f3n y la vida de Nuestro Se\u00f1or. Pidan mucho a la Sant\u00edsima Virgen que sea Ella su \u00fanica Madre.\u00bb<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Dio se\u00f1ales de una <strong>perfecta penitencia <\/strong>recibiendo su enfermedad como un justo castigo que ella dec\u00eda haber merecido, y declarando p\u00fablicamente que era muy razonable que donde el pecado abunda habite el mal; que Dios hacia justicia en su persona y que haciendo justicia, hacia misericordia. Mostr\u00f3 que estaba <strong>enteramente <\/strong><strong>desprendida de la tierra <\/strong>y que ten\u00eda un <strong>deseo ardiente de unirse a Dios&#8230; <\/strong>Finalmente, conserv\u00f3 siempre la igualdad de \u00e1nimo, la dulzura, la paciencia, la sumisi\u00f3n a Dios y las dem\u00e1s virtudes que hab\u00eda practicado en las diferentes pruebas de su vida\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abUna de las mayores (pruebas) que tuvo jam\u00e1s fue la que Dios le envi\u00f3 en esta enfermedad, <strong>priv\u00e1ndola de la asistencia del Se\u00f1or Vicente. <\/strong>El se encontraba por entonces con una enfermedad tan grave que no pudo hacerle ninguna visita; y cuando ella le vio imposibilitado de prestarle, en el momento de la muerte, este oficio de caridad, que ella hab\u00eda deseado con tanta pasi\u00f3n, le mand\u00f3 a pedir al menos unas palabras de consuelo escritas por su mano; pero la prueba fue total para su virtud; este prudente director no crey\u00f3 oportuno concederle esta gracia y s\u00f3lo le envi\u00f3 uno de los sacerdotes de su Compa\u00f1\u00eda, con la orden de <strong>decirle de su parte que ella se iba delante y \u00e9l esperaba verla muy pronto en el Cielo&#8230;\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>\u00abDesde el trece de marzo su enfermedad se fue agravando cada vez m\u00e1s hasta el quince&#8230; Descans\u00f3 en el Se\u00f1or y le entreg\u00f3 su alma el <strong>lunes de la semana de <\/strong><strong>Pasi\u00f3n, 15 de marzo entre las once v las doce de mediod\u00eda, <\/strong>a la edad de sesenta y ocho a\u00f1os. El Se\u00f1or cura p\u00e1rroco de San Lorenzo, que estuvo all\u00ed en el final de su agon\u00eda, luego que expir\u00f3 dio en presencia de la Compa\u00f1\u00eda este testimonio de su virtud, de la que \u00e9l ten\u00eda un perfecto conocimiento por la confesi\u00f3n general que le hab\u00eda hecho: &#8216;iOh que bella alma que lleva consigo la gracia de su bautismo!\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos recordar que desde hac\u00eda mucho tiempo, y hasta el final, <strong>Vicente de <\/strong><strong>Pa\u00fal y la Se\u00f1orita se confiaban sus dificultades de salud, y sus propuestas de <\/strong><strong>remedios <\/strong>lo que puede hacernos indulgentes para las personas que lo hacen todav\u00eda hoy, pero sin olvidar que ni Vicente ni Luisa se deten\u00edan en quejarse m\u00e1s de la cuente de sus males&#8230;<\/p>\n<p>Una carta de Santa Luisa a San Vicente, del 14 de noviembre de 1655, nos muestra especialmente la solicitud maternal de aquella mujer de sesenta y cuatro a\u00f1os hacia su anciano Padre espiritual de setenta y cuatro; es bueno ver como los santos vivieron tambi\u00e9n estos aspectos sencillos de la existencia. Pero en todo ello podemos captar un poco la brutalidad de la medicina de aquel tiempo, que no utilizaba m\u00e1s que las sangr\u00edas:<\/p>\n<p>\u00abPerm\u00edtame le diga que es absolutamente necesario que no tenga la pierna colgando ni medio cuarto de hora, ni que sienta para nada el calor del fuego; si siente fr\u00edo en ella, cali\u00e9ntela con un pa\u00f1o caliente por encima de los calzoncillos. Y si le parece, m muy Honorable Padre, podr\u00eda probar esta pomada suave&#8230; Las sangr\u00edas, unidas a su enfermedad, han debilitado su cuerpo, y cuando posa usted el pie en el suelo, el calo) y los humores se concentran all\u00e1 como en la parte m\u00e1s d\u00e9bil. Me gustar\u00eda que no bebiera usted tantos vasos de agua, aunque dejando que el vientre se temple y refresque&#8230;<\/p>\n<p>P. D. Yo tomo todos los d\u00edas medio \u00abgros\u00bb de te, que me sienta muy bien, pues me da fuerzas y abre el apetito\u00bb (S.L. Corr. y Escr, C.515).<\/p>\n<h3><strong>3. Los achaques y enfermedades de los familiares y allegados<\/strong><\/h3>\n<p>En 1655, Santa Luisa se ve atormentada por la sordera de su hijo, que le hab\u00eda causado ya graves preocupaciones y por el temor de que Dios fuera ofendido en su peque\u00f1a familia. <sup>(14)<\/sup><\/p>\n<p>El a\u00f1o 1657 parece haber sido uno de los m\u00e1s dif\u00edciles, por la peste que asol\u00f3 m\u00e1s o menos por todas partes a Europa. El 24 de agosto, San Vicente, despu\u00e9s de haber descrito los <strong>sufrimientos <\/strong>del Padre Duperroy, misionero en Polonia, prosigue:<\/p>\n<p>\u00abConsiderando el trato con que Dios quiere probar a este su fiel servidor, dec\u00eda dentro de mi mismo: &#8216;\u00bfEs <strong>esa, Se\u00f1or, la recompensa con que pagas a tus servidores, <\/strong>a ese hombre en el que jam\u00e1s hemos notado la m\u00e1s peque\u00f1a falta, a esta persona que siempre ha permanecido fuerte como una roca en el lugar en que lo hab\u00eda colocado tu divina Providencia, a pesar de todas esas calamidades de la guerra,<\/p>\n<p>la peste y del hambre?&#8217; Sin embargo, as\u00ed es como trata Dios a sus servidores\u00bb. (Sig. XI\/3, 286)<\/p>\n<p>Son \u00e9stas precisamente las preguntas que se hacen hoy los pobres y los afligidos, y probablemente los m\u00e1s sensibles de entre nosotros. Miren, San Vicente se las planteo tambi\u00e9n, y se atrevi\u00f3 a decirlas en publico. Es un alivio para nosotros, pues <strong>al o\u00edr sus exhortaciones a la paciencia y al esp\u00edritu de fe, nos damos cuenta <\/strong><strong>de que \u00e9l mismo vivi\u00f3 nuestra angustia ante este misterio cruel del destino. <\/strong>No acabar\u00edamos de hablar nunca si hubiera que enumerar las pruebas f\u00edsicas de sus cohermanos y de las Hermanas.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo est\u00e1n <strong>los achaques de la vejez. <\/strong>El Padre Almeras est\u00e1 enfermo&#8230;\u00a0 Esto no le impedir\u00e1 ser el sucesor de San Vicente durante doce a\u00f1os, a pesar de su salud deficiente, hasta 1672.<\/p>\n<p>El 5 de agosto de 1659, al anunciar ejercicios de predicaci\u00f3n, San Vicente enumera los achaques de sus ancianos compa\u00f1eros:<\/p>\n<p>\u2039<sup>,<\/sup>Todos hemos de contribuir con nuestro esfuerzo a que se haga este ejercicio. S\u00e9 muy bien que no podr\u00e1 hacerlo el <strong>Padre Portal!, <\/strong>por la dificultad que tiene para hablar; tampoco el <strong>Padre Alm\u00e9ras <\/strong>por su enfermedad; ni el Padre <strong>B\u00e9cu, <\/strong>por culpa de sus manos, y no de su cabeza, pues la tiene muy buena; ni el <strong>Padre Bourdet, <\/strong>que se encuentra algo d\u00e9bil; pero todos los dem\u00e1s, si; y yo tambi\u00e9n pobre porquero, que ser\u00e9 el primero en empezar&#8230;\u00bb (Sig. X1\/4, 582).<\/p>\n<p>Cu\u00e1ntas situaciones actuales nos evoca esto&#8230; La gran diferencia es que enton\u00adces se ve\u00eda a los nuevos que llegaban para coger la antorcha y tomar el relevo&#8230;<\/p>\n<p>Un detalle pintoresco referente al <strong>Padre Portail, <\/strong>Director de las Hermanas, lo da Santa Luisa, al comienzo de una larga carta de enero de 1660, donde da noticias de Maturina Guerin:<\/p>\n<p>\u00abSeguimos con la misma pena del a\u00f1o pasado, de no poder ver a nuestro amado Padre, a causa del malestar que le produce su pierna, y \/Dios quiera que pueda encontrar alivio! En cuanto al <strong>Se\u00f1or Portail, <\/strong>es afortunado quien logra verle. Esta (retirado) <strong>en una especie de ermita, al otro extremo del cercado, de donde no <\/strong><strong>se mueve y viene solo raras veces para las confesiones\u00bb <\/strong>(S.L. Corr. Escr. C. 716).<\/p>\n<h3><strong>4. Las necesidades de los parientes afectados por la miseria<\/strong><\/h3>\n<p>San Vicente explica esta renuncia a los misioneros, en la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n del 16 de marzo de 1656:<\/p>\n<p>Se\u00f1or de Saint-Mart\u00edn, que se muestra tan caritativo con mis pobres parientes, me escribi\u00f3 uno de estos d\u00edas que <strong>mis parientes tienen que pedir limosna; <\/strong>tambi\u00e9n me lo ha dicho el p\u00e1rroco; y el Se\u00f1or Obispo de Dax, mi obispo, que estuvo ayer aqu\u00ed me dec\u00eda igualmente; &#8216;Padre Vicente, sus pobres parientes est\u00e1n muy mal; si usted no tiene piedad de ellos, lo pasaran muy mal. Algunos han muerto durante la guerra; los que quedan andan pidiendo limosna&#8217;. Sin embargo, dec\u00eda el Se\u00f1or Vicente, \u00bfqu\u00e9 puedo hacer yo? <strong>No puedo darles dinero de la casa, pues no me <\/strong><strong>pertenece&#8230; <\/strong>Y yo mismo, si Dios no me hubiera concedido la gracia de ser sacerdote y de estar aqu\u00ed, estar\u00eda como ellos\u00bb (S\u00edg. XI\/3, p. 224).<\/p>\n<h2><strong>III. Los acontecimientos exteriores<br \/>\n<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>1. La muerte de los compa\u00f1eros de camino: las separaciones se repiten<\/strong><\/h3>\n<p>La peste que asolaba G\u00e9nova provoc\u00f3 tambi\u00e9n la muerte de buena parte de los cohermanos que atend\u00edan a los enfermos de la peste y San Vicente siente esto profundamente&#8217;. Los misioneros enviados a Madagascar, en varias ocasiones, mueren all\u00ed o naufragan antes de llegar. Los fallecimientos son muy numerosos&#8230;, pero San Vicente prepara a sus cohermanos a otros dos grandes sufrimientos. Por ejemplo, escribe el 13 de febrero de 1660, al superior de Varsovia:<\/p>\n<p>\u00abLa se\u00f1orita Le Gras&#8230; cay\u00f3 enferma poco despu\u00e9s, hasta el punto de que no nos atrevemos a esperar que se recupere; estamos muy preocupados. Y lo que colma nuestro dolor es que el Padre Portail est\u00e1 tambi\u00e9n gravemente enfermo. Los dos han recibido el vi\u00e1tico el mismo d\u00eda. Los encomiendo a sus oraciones y a las del buen Padre Duperroy, a quien abrazo como a usted con todo el cari\u00f1o de mi alma\u00bb (S\u00edg. VIII, 228).<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente muri\u00f3 el Padre Portail, mientras que la Se\u00f1orita continuaba sufriendo cruelmente, como le explica a Sor Maturina Gu\u00e9rin, el 3 de marzo:<\/p>\n<p>\u00abEs verdad que Dios nos ha quitado al buen Padre Portail, que muri\u00f3 el 14 de febrero, y que la se\u00f1orita Le Gras estaba en gran peligro y lo ha estado desde entonces. Son dos golpes muy duros para su peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda; pero como viene de la mano paternal de Dios, hay que recibirlos con sumisi\u00f3n y esperar de su caridad que las Hijas de la Caridad se aprovechar\u00e1n de esta visita. El es el que las ha llamado y El es el que las mantendr\u00e1. Jam\u00e1s destruye su obra, sino que la perfecciona&#8230;\u00bb (S\u00edg. VIII, 243).<\/p>\n<p>\u00abEl acontecimiento\u00bb sucedi\u00f3 doce d\u00edas despu\u00e9s, el 15 de marzo, sin que Vicente hubiera querido o hubiera podido verla, a pesar de su petici\u00f3n&#8230; Ultimo desprendimiento, \u00faltimo renunciamiento para ser revestidos totalmente de Jesu\u00adcristo. Vicente, que debi\u00f3 sentir vivamente el dolor, no nos ha dejado muestras de ello; se constata aqu\u00ed el pudor en los grandes sufrimientos, al mismo tiempo que su profundo esp\u00edritu de fe y su cuidado por que la obra contin\u00fae. Veamos lo que escribe a la Hermana Sirviente de Richelieu, el 16 de marzo de 1660:<\/p>\n<p>\u00abHa querido Dios disponer del Padre Portal!, hace alrededor de un mes, y ayer, de la se\u00f1orita Le Gras. Estas noticias le sorprender\u00e1n de momento. Espero que, al ver la voluntad de Dios en ello, se conformar\u00e1 y har\u00e1 como nuestras Hermanas de aqu\u00ed, que nos han edificado a todos por la paz y la uni\u00f3n que han demostrado en estas ocasiones. H\u00e1galo pues, mi querida Hermana, y rece a Dios por estos dos difuntos\u00bb (S\u00edg. VIII, 259).<\/p>\n<p>Pero su carta a Michel Caset, superior en Toul, el S\u00e1bado Santo, 27 de marzo, muestra que la ten\u00eda por una santa:<\/p>\n<p>\u00abLa se\u00f1orita Le Gras falleci\u00f3 el 15 de este mes. Encomiendo su alma a sus oraciones, aunque quiz\u00e1 no tenga necesidad de estos socorros, ya que tenemos muchos motivos para creer que est\u00e1 gozando ahora de la gloria prometida a los que sirven a Dios y a los pobres de la manera que ella lo hizo\u00bb (S\u00edg. VIII, 268).<\/p>\n<h3><strong>2. El debilitamiento del celo desinteresado y humilde de sus disc\u00edpulos<\/strong><\/h3>\n<p>Los Fundadores se preguntaban si el esp\u00edritu que ellos hab\u00edan tratado de infundir podr\u00eda mantenerse.<\/p>\n<p><strong>\u2022 San Vicente <\/strong>fue cruelmente atenazado por esta inquietud. Una de las primeras. cosas que constata es la tibieza espiritual y la pereza.<\/p>\n<p>Evoca la tibieza el 14 de julio de 1655, en la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Fijaos en la pena de un pobre Superior, cuando ve a sus inferiores en un relajamiento y pereza tan grandes, y cu\u00e1nto tiene que sudar y trabajar para que vuelvan las cosas a su estado primitivo! \u00a1Quiera Dios que lo consiga! En este caso se podr\u00eda llamar a esto una especie de milagro, pues es cierto que una comunidad que se ha dejado relajar y ha ca\u00eddo en el desorden no vuelve nunca al estado primero de perfecci\u00f3n del que ha ca\u00eddo&#8230; \u00a1Oh, qu\u00e9 cuentas tiene que dar a Dios un Superior que no ha tenido coraje suficiente para hacer que se observe la regla, siendo as\u00ed causa de que la Compa\u00f1\u00eda se relaje en la pr\u00e1ctica de la virtud! \u00a1Qu\u00e9 cuentas tiene que dar a Dios un Superior cobarde!&#8230;\u00bb (S\u00edg. XI\/3, 113).<\/p>\n<p>De la pereza, que escandaliza a los externos, habla en la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n del 20 de julio de 1655:<\/p>\n<p>\u00abTambi\u00e9n tengo otra advertencia que hacer a todos nuestros hermanos estu\u00addiantes: en vez de tener el recreo en el jard\u00edn los d\u00edas que no son de vacaci\u00f3n, lo tienen en el cercado; digo lo que he visto; hace poco fui al cercado (es la<sup>.<\/sup> tercera vez que lo hago en este a\u00f1o) y me qued\u00e9 sorprendido de verlos all\u00ed. \u00bfNo nos parece bastante el jard\u00edn? \u00bfEs que no es bastante grande y bastante ancho? Pocos habr\u00e1 en Par\u00eds tan grandes como el nuestro; id a cualquier casa, a las de comerciantes, banqueros, personas de palacio, y casi nunca los ver\u00e9is en el jard\u00edn; tienen que trabajar casi todos de d\u00eda y de noche&#8230; \u00bfHemos de llevar una vida&#8230; no s\u00e9 c\u00f3mo deciros&#8230; m\u00e1s c\u00f3moda&#8230; esta palabra no dice bastante, m\u00e1s voluptuosa, m\u00e1s delicada, espl\u00e9ndida, a gusto, m\u00e1s amplia que las per\u00adsonas del mundo? \u00bfCre\u00e9is que los se\u00f1ores ordenandos, que nos ven desde la ventana, a todas horas, pase\u00e1ndonos por el cercado, por los jardines, mezclados con esos pobres afligidos que por all\u00ed se pasean y con los que all\u00ed trabajan, no dir\u00e1n en su interior: \u00ab\u00a1Vaya c\u00f3mo viven esas personas, sin tener nada que hacer!\u00bb\u00bb (S\u00edg. XI\/3, 117-118).<\/p>\n<p>Vale la pena conocer la larga declaraci\u00f3n que viene a continuaci\u00f3n de su confidencia durante la conferencia del 6 de diciembre de 1658, en la que excita a sus cohermanos a trabajar con celo:<\/p>\n<p>\u00abYo no puedo ya durar mucho; pronto tendr\u00e9 que irme; mi edad, mis achaques y las abominaciones de mi vida no permiten que Dios me siga tolerando por mucho tiempo en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPodr\u00e1 suceder que despu\u00e9s de mi muerte, algunos esp\u00edritus de contradic\u00adci\u00f3n y comodones dijesen: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 molestarse en cuidar de esos hospitales?<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo poder atender a esas personas arruinadas por la guerra y para qu\u00e9 ir a buscarlas en sus casas? \u00bfPor qu\u00e9 cargarse de tantos asuntos y de tantos pobres? \u00bfPor qu\u00e9 dirigir a las Hermanas que atienden a los enfermos y por qu\u00e9 perder el tiempo con los locos? Habr\u00e1 algunos que criticar\u00e1n esas obras, no lo dud\u00e9is; otros dir\u00e1n que es demasiado ambicioso enviar misioneros a pa\u00edses lejanos, a las In\u00addias, a Berber\u00eda&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>\u00abOs advierto de ello, hermanos m\u00edos, antes de dejaros, con el mismo esp\u00edritu con que Mois\u00e9s advert\u00eda a los hijos de Israel&#8230;, despu\u00e9s que yo me vaya, vendr\u00e1n lobos rapaces, y de entre vosotros surgir\u00e1n falsos hermanos que os anunciar\u00e1n cosas perversas y os ense\u00f1ar\u00e1n lo contrario de lo que os he dicho; pero no los escuch\u00e9is, son falsos profetas. Llegar\u00e1 incluso a haber, hermanos m\u00edos, esqueletos de misioneros que intentar\u00e1n insinuar falsas m\u00e1ximas para arrui\u00adnar, si pudieran, estos fundamentos de la Compa\u00f1\u00eda; a \u00e9sos es a los que hay que resistir\u00bb (S\u00edg. XI\/3, 395-396).<\/p>\n<p><strong>\u2022 Santa Luisa <\/strong>hab\u00eda comprobado los mismos problemas entre las Hijas de la Caridad. Veamos algunas citas de sus escritos. Como San Vicente, ella se implica en su confesi\u00f3n de las mismas negligencias.<\/p>\n<p>El 27 de diciembre de 1654 \u2014\u00a1 poco antes de 1655!\u2014 expresa ya sus preocu\u00adpaciones al Abad de Vaux, de Angers, muy unido a la Familia Vicenciana, al explicarle el retraso para enviar a las Hermanas prometidas:<\/p>\n<p><em>\u00abTenemos mucha dificultad, despu\u00e9s de las guerras, en encontrar j\u00f3venes que <\/em><em>puedan servir para nuestros ministerios, y se ha dado el caso de <strong>varias que, <\/strong><\/em><strong><em>despu\u00e9s de haberse formado, se dejan llevar de su propio inter\u00e9s y salen de la Compa\u00f1\u00eda para tener m\u00e1s libertad. <\/em><\/strong><em>Hace ya unos a\u00f1os que esto nos ha creado <\/em><em>una gran necesidad, habiendo aumentado las peticiones que se hacen a la Com\u00ad<\/em><em>pa\u00f1\u00eda por hab\u00e9rseles renovado el recuerdo a varias personas con las que hace ya mucho nos hab\u00edamos comprometido. Puedo asegurarle, se\u00f1or, que al presente <strong>no <\/strong><strong>quedan en casa m\u00e1s que tres antiguas para ayudar a la formaci\u00f3n y que todas las dem\u00e1s son nuevas o muy delicadas de salud. No hace mucho hemos enterrado a dos. <\/strong>Juzgue usted, se\u00f1or, lo que podemos hacer y perm\u00edtame que agradezca humildemente a su caridad el que contin\u00fae ejercit\u00e1ndola con nuestras Hermanas.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMe parece ser\u00eda muy necesario que <strong>nuestra Sor Cecilia <\/strong><\/em>(Angiboust, la Hermana Sirviente) <strong><em>se olvidase de sus satisfacciones para proporcionar cuantas m\u00e1s <\/em><\/strong><strong><em>pudiera a nuestras Hermanas\u00bb <\/em><\/strong>(Corr. y Escr. C. 478).<\/p>\n<p>El 4 de julio de 1658, al escribir al Abad de Vaux sobre la renovaci\u00f3n de los Votos de una Hermana, explica que estos votos anuales y simples no son siempre tomados en serio por las Hermanas: <strong><em>\u00abImporta mucho que ella conozca las obligaciones que lleva consigo esta santa acci\u00f3n y la estima en que debe tenerla, aunque sean solamente votos simples; la ignorancia ha perjudicado mucho a otras, o m\u00e1s bien la falta de convicci\u00f3n de lo que supon\u00edan <\/em><\/strong>(los votos). <em>Tengo muchos motivos para consi\u00adderarme culpable de todas las faltas que cometen nuestras queridas Hermanas, y por ello imploro la asistencia de sus santas oraciones para que me alcancen misericordia&#8230;\u00bb <\/em>(Corr. y Escr. C. 636).<\/p>\n<p>En enero de 1659, expresa a San Vicente su preocupaci\u00f3n ante las disensio\u00adnes de las Hermanas respecto al estilo de la Comunidad:<\/p>\n<p><em>\u00abAlgunos esp\u00edritus puntillosos de la Compa\u00f1\u00eda sienten repugnancia por <strong>esa pala\u00ad<\/strong><\/em><strong><em>bra Cofrad\u00eda <\/em><\/strong><em>y no querr\u00edan m\u00e1s que Sociedad o Comunidad. Yo me he tomado <\/em><em>la libertad de decir que <strong>dicha palabra nos es esencial porque pod\u00eda servir de <\/strong><\/em><strong><em>mucho para mantenernos con firmeza sin innovar nada, <\/em><\/strong><em>y que <strong>para nosotras <\/strong><\/em><strong><em>significaba secularidad; <\/em><\/strong><em>y ya que la Providencia ha querido se a\u00f1adiera Socie\u00ad<\/em><em>dad y Compa\u00f1\u00eda, <strong>esto nos ense\u00f1aba que debemos vivir como regulares obser\u00ad<\/strong><\/em><strong><em>vando las reglas que hemos recibido <\/em><\/strong><em>al ser erigida nuestra Cofrad\u00eda, tal como <\/em><em>se nos ha explicado\u00bb <\/em>(Corr. y Escr. C. 671).<\/p>\n<p>Los temores aparecen tambi\u00e9n en enero de 1660, unidos al hecho de que la admiraci\u00f3n de los comienzos hacia las Hermanas, se ha cambiado, en varios lugares, en desprecio, lo que en algunas suscita reacciones:<\/p>\n<p><em>\u00abReflexionando en el estado actual de la Compa\u00f1\u00eda&#8230;, me parece necesario, mi <\/em><em>muy Honorable Padre, expresarle mi pensamiento que es <strong>el temor de que decai\u00adga en varias maneras: <\/strong>primero, me he dado cuenta de que en varias parroquias <\/em><strong><em>las se\u00f1oras empiezan a desconfiar de ellas <\/em><\/strong>(de las Hermanas), <em>aunque me parece poder asegurar que no s\u00e9 de ninguna que haya dado verdadero motivo <\/em><em>para ello, como no sean las que, en su celo por aliviar a los Pobres, reciben <\/em><em>limosnas de las se\u00f1oras para repart\u00edrselas y lo hacen sin comunicarlo a las Oficia- <\/em><em>las que se dan por ofendidas.<\/em><\/p>\n<p><em>Esto me ha hecho pensar, mi muy Honorable Padre, en la necesidad de que las <\/em><em>reglas obliguen siempre a la vida pobre, sencilla y humilde, por miedo a que, si <\/em><em>se adoptar una forma de vida que requiriera m\u00e1s gasto y con pr\u00e1cticas que <\/em><em>atrajeran a la ostentaci\u00f3n y, en parte, a la clausura, esto obligara a buscar medios para subsistir en esta forma, como ser\u00eda, por ejemplo, constituir un cuerpo o grupo interior y sin acci\u00f3n, que se alojar\u00eda por separado de las que entraran y salieran, mal vestidas (es decir, dos categor\u00edas: contemplativas claustradas, y activas, sier\u00advas de los Pobres); porque hay ya algunas que dicen que este <strong>tocado <\/strong><\/em>(\u00abtortill\u00f3n\u00bb: nombre despectivo de su cofia), <strong><em>este nombre de Hermana, <\/em><\/strong><em>no nos dan autoridad, <\/em><em>sino que <strong>atraen desprecio. <\/strong><\/em>Y <em>s\u00e9 muy bien que no s\u00f3lo las Hermanas, sino otras personas que deber\u00edan considerarse obligadas a honrar los designios de Dios en <\/em>cuanto al servicio espiritual y corporal de los pobres enfermos, est\u00e1n muy incli\u00adnadas a este modo de pensar tan peligroso para la continuaci\u00f3n de la obra de Dios, la que con tanta firmeza, mi muy Honorable Padre, ha sostenido su caridad contra todas las oposiciones\u00bb (Corr. y Escr. C. 721).<\/p>\n<p>Ecos semejantes se encuentran en una nota que data probablemente de 1660:<\/p>\n<p>\u00abEsta manera de instruir como hacen en La Fere._ dar tanta importancia a esta funci\u00f3n dentro de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, es un camino para destruirla o al menos para introducir en ella, como dos cuerpos en uno, es decir, el de las que se considerar\u00edan aptas para tal empleo, que ser\u00edan el cuerpo dominante y tendr\u00edan la pretensi\u00f3n de ejercer las funciones de Santa Magdalena, someter\u00edan y tendr\u00edan por debajo de ellas a las que estuvieran empleadas en la visita a los enfermos, y poco a poco, las j\u00f3venes sencillas dejar\u00edan de tener entrada en la Compa\u00f1\u00eda, y las otras se convertir\u00edan en \u00abMadres\u00bb (\u00abDamas\u00bb, dice el original, apelativo que sol\u00eda darse a ciertas religiosas de coro) lo que es ya la pretensi\u00f3n de var\u00edas\u00bb (Corr. y Escr. E. 108, pp. 825-826).<\/p>\n<h3>3. El ver a la Iglesia en peligro en tantas regiones<\/h3>\n<p>Las oraciones de San Vicente no pueden ser ya una contemplaci\u00f3n ingenua y pl\u00e1cida de Dios, pues no solamente hay demasiadas desgracias acumuladas por las guerras, desde 1632, sino que ahora, es la Iglesia misma en su existencia la que est\u00e1 en peligro. Por eso, sus oraciones son un combate para creer, a pesar de todo, en los planes de Dios y para rogarle. En sus repeticiones de oraci\u00f3n, le o\u00edmos describir los acontecimientos y sus propias angustias, ante Dios.<\/p>\n<p>a) Amenazada desde el interior por el jansenismo<\/p>\n<p>San Vicente ten\u00eda la gran preocupaci\u00f3n de la fidelidad a la Fe de la Iglesia y sufr\u00eda por los ataques de los jansenistas. En junio de 1653, el Hermano Robineau anota lo que San Vicente a\u00f1ade despu\u00e9s de haber anunciado la condenaci\u00f3n de cinco proposiciones de Jansenius por el Papa:<\/p>\n<p>\u00abTambi\u00e9n nos dijo que la mayor preocupaci\u00f3n de toda su vida hab\u00eda sido la de encontrarse ante nuevas opiniones, con miedo de adherirse a ellas. En tiem\u00adpos de la herej\u00eda de Arrio, se quebraron muchas columnas, lo mismo que en tiempos de Calvino&#8230;<\/p>\n<p>Dec\u00eda: \u00abHemos de dar muchas gracias a Dios por haber preservado a la Compa\u00ad\u00f1\u00eda de este mal que hoy vemos condenado por la Santa Sede. Cuando nos encon\u00adtremos con algunos de los que ten\u00edan estas opiniones, no hemos de reproch\u00e1rselas, sino m\u00e1s bien pasar todo esto en silencio\u00bb\u00bb (Conferencias a los misioneros; CEME, p. 86).<\/p>\n<p>Sabemos que estos conflictos doctrinales continuaron de forma \u00e1spera y cau\u00adsaron un gran da\u00f1o a la Iglesia de Francia y un gran dolor a San Vicente.<\/p>\n<p>b) Amenazada desde el exterior por la conquista y la persecuci\u00f3n \u2022 En Escocia y en Irlanda, por los protestantes de Cromwell<\/p>\n<p>En abril de 1655, San Vicente anuncia el arresto de un cohermano:<\/p>\n<p>\u00abEncomendaremos a Dios a nuestro buen Padre Le Blanc, que trabajaba en las monta\u00f1as de Escocia, y que ha sido hecho prisionero por los ingleses here\u00adjes, junto con un Padre jesuita&#8230; Entretanto ese buen misionero est\u00e1 en ca\u00admino hacia el martirio.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si hemos de alegrarnos o de afligimos por ello; pues, por una parte, Dios recibe honor por su detenci\u00f3n, ya que ha sido por su amor; y la Compa\u00f1\u00eda podr\u00eda sentirse dichosa si Dios la encontrase digna de darle un m\u00e1rtir, y \u00e9l est\u00e1 contento de sufrir por su nombre y de ofrecerse, como lo hace, a cuanto Dios quiera hacer con su persona y su vida&#8230;<\/p>\n<p>Mas, por otra parte, es nuestro hermano el que sufre; \u00bfno tenemos que sufrir con \u00e9l? De m\u00ed, confieso que, seg\u00fan la naturaleza, me siento muy afligido y con un dolor muy sensible; pero seg\u00fan el esp\u00edritu, me parece que hemos de bendecir por ello a Dios como si se tratara de una gracia muy especial\u00bb (S\u00edg. XI\/3, 98).<\/p>\n<p>San Vicente vive este acontecimiento con un profundo esp\u00edritu de fe. Liberado en agosto, el Padre Le Blanc regresa valientemente a su ministerio<sup>2<\/sup>, dando oca\u00adsi\u00f3n a San Vicente de dejarnos ver su celo para seguir a Jes\u00fas<sup>3<\/sup>. El 4 de agosto de 1658, se ve obligado a volver a Francia, mientras Cromwell contin\u00faa la perse\u00adcuci\u00f3n, y comienza maquinaciones en el continente:<\/p>\n<p>\u00abDios&#8230; permite que su Iglesia se vea tan perseguida, afligida y casi aniquilada en algunos sitios, como en Inglaterra, Irlanda, Escocia, \u00a1y quiera Dios que no suceda lo mismo en Flandes! Porque se dice que Cromwell empieza a tomar bajo su protecci\u00f3n a todos los que son de opini\u00f3n contraria a la religi\u00f3n cat\u00f3lica, haci\u00e9n\u00addose intercesor por ellos, y todo lo dem\u00e1s&#8230;\u00bb (S\u00edg. X113, 353).<\/p>\n<p>\u2022 En Polonia, por la invasi\u00f3n de los suecos protestantes y de los rusos ortodoxos.<\/p>\n<p>En una repetici\u00f3n de oraci\u00f3n, de septiembre de 1656, San Vicente habla de ello:<\/p>\n<p>\u00abSe dice, aunque todav\u00eda no es seguro ni se ha confirmado el rumor, que no s\u00f3lo no se han pacificado las cosas en Polonia, sino que incluso el rey, que contaba con un ej\u00e9rcito de cerca de cien mil hombres, ha dado una batalla y la ha perdido<sup>4<\/sup>. \u00a1Ay, Padres y hermanos m\u00edos! \u00a1Qu\u00e9 confusi\u00f3n hemos de sentir al ver que nuestros pecados han impedido que Dios atendiera nuestras plegarias! \u00a1Lle\u00adn\u00e9monos de aflicci\u00f3n por este reino tan grande y tan vasto, que ha sido tan fuertemente atacado y que est\u00e1 en peligro de perderse, si la noticia es cierta. Pero sintamos sobre todo pena por la Iglesia, que se perder\u00e1 en aquel pa\u00eds, si el rey llega a sucumbir, pues la religi\u00f3n no puede mantenerse m\u00e1s que por la con\u00adservaci\u00f3n del rey, y la Iglesia va a caer en manos de sus enemigos en aquel reino. Los moscovitas (ortodoxos) ocupan ya m\u00e1s de cien o ciento veinte leguas de extensi\u00f3n, y ahora el resto est\u00e1 en peligro de ser invadido por los suecos (luteranos)&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s adelante sigue:<\/p>\n<p>\u00abEs muy deplorable la desgracia que vemos con nuestros ojos: seis reinos arre\u00adbatados a la Iglesia, a saber, Suecia, Dinamarca, Noruega, Inglaterra, Escocia e Irlanda; y adem\u00e1s Holanda y gran parte de Alemania y muchas de esas grandes ciudades hanse\u00e1ticas. \u00a1Oh Salvador! \u00a1Qu\u00e9 p\u00e9rdida! Y ahora estamos a punto de ver perdido tambi\u00e9n el reino de Polonia, si no lo preserva Dios con su misericordia.<\/p>\n<p>Es cierto que el Hijo de Dios ha prometido que estar\u00eda en su Iglesia hasta el fin de los tiempos; pero no ha prometido que esta Iglesia estar\u00eda en Francia, o en Espa\u00f1a, etc.\u00bb (S\u00edg. XI\/3, 243-244).<\/p>\n<p>Encontramos con frecuencia esta angustia en San Vicente cuando iba enveje\u00adciendo&#8230; como la vivi\u00f3 Santa Teresa de Avila frente al progreso del protestantis\u00admo&#8230; y como la vivi\u00f3 Santa Teresita de Lisieux ante el desencadenamiento de la increencia moderna&#8230;, pero San Vicente le\u00eda tambi\u00e9n todos estos acontecimientos desde la fe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8230;\u00bfA partir de que edad se puede hablar de edad avanzada para Vicente de Pa\u00fal y la Se\u00f1orita Le Gras? y por tanto \u00bfa partir de que a\u00f1o estudiarlos? 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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