{"id":72949,"date":"2024-09-11T08:23:48","date_gmt":"2024-09-11T06:23:48","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=72949"},"modified":"2023-08-20T13:21:08","modified_gmt":"2023-08-20T11:21:08","slug":"san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-6\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Renaudin). Cap\u00edtulo 6"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo VI: El gran maestro de la Caridad<\/h2>\n<p>Esta es la imagen tradicional, la imagen popular, que nos ha quedado del santo. El ap\u00f3stol de la piedad se inclina, silueta desgastada y querida; recoge a los ni\u00f1os abandonados,\u00a0 alberga en los pliegues de su manto a estos pobres seres, s\u00edmbolos de la miseria y del abandono. La imagen resulta incompleta, ya lo sabemos; pero el agradecimiento popular la ha impuesto, y por cierto que no es falsa; el coraz\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal ha luchado por todas las miserias que ha encontrado, y ha puesto para aliviarlas un paciente, ingenioso, inagotable amor. En esta hermosa historia es donde debemos entrar ahora.<\/p>\n<p>Conocemos al p\u00e1rroco de Clichy; hemos visto nacer las primeras Caridades. El ap\u00f3stol no ha terminado a\u00fan el aprendizaje ni ha fijado su vida; \u00e9l contin\u00faa en la casa de los Gondi observando y esperando las ocasiones. Aqu\u00ed tenemos una que se presenta: oye al Sr. de Gondi hablar de sus galeotes; se informa, y pide ver a estos parias. As\u00ed va a nacer la obra de los Galeotes.<\/p>\n<h3><em>Entre los forzados.<\/em><\/h3>\n<p>Antes de ser enviados a los barcos del Rey, no eran a\u00fan m\u00e1s que \u00abforzados\u00bb; repartidos en la Conciergerie y por diversas prisiones de Par\u00eds, donde figuraban en el \u00faltimo c\u00edrculo de los criminales. La justicia humana era entonces sin humanidad. El r\u00e9gimen de los forzados no la honraba en absoluto. Cuando Vicente de Pa\u00fal visit\u00f3 los s\u00f3tanos de la Conciergerie, sali\u00f3 de ellas aturdido. \u00bfQu\u00e9 hacer por estos desdichados? El excelente hombre que era el general de las Galeras debi\u00f3 decirle que no hab\u00eda nada que hacer. Hay cosas que forman parte del orden mismo del mundo\u2026 Vicente no se detiene. Ha visto el sufrimiento y el mal, tiene que darse prisa. Este prudente que consulta siempre la raz\u00f3n antes de actuar, a veces no escucha m\u00e1s que su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Obtiene la carta blanca de su se\u00f1or y ya est\u00e1 en obra. Primero necesita reunir a todos sus condenados dispersos aqu\u00ed y all\u00e1, tenerlos todos a su alcance, y tratarlos humanamente. Vicente alquila, en el barrio de Saint-Honor\u00e9, una casa. Obtiene del obispo Henri de Gondi que ordene\u00a0 a los p\u00e1rrocos que encomienden la obra de los forzados\u00a0 a los fieles. (V\u00e9ase la confianza que se tiene en \u00e9l, en 1618). Va todos los d\u00edas a visitar a su ovejas sarnosas. \u00c9l las \u00abalimenta bastante honradamente\u00bb y, una vez aliviados los cuerpos, se dirige a las almas. No necesita mucho tiempo para enternecerlos, llevarlos al arrepentimiento y, a falta de otra cosa mejor, a la resignaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Consideremos que no eran todos tal vez grandes endurecidos, almas de piedra. En esos tiempos revueltos y violentos, pronto estaba el crimen, prontos tambi\u00e9n los \u00abarrepentimientos\u00bb; se ve en todos las clases de la sociedad. La daga o el cuchillo entraban en funcionamiento f\u00e1cilmente, sin que el coraz\u00f3n estuviera corrompido del todo. Vicente de Pa\u00fal ha podido encontrarse con algunas almas accesibles, felices con descargarse del crimen. Estos condenados de los hombres no eran todos condenados de Dios. y, ganados los menos malos, el contagio se extendi\u00f3 pronto. Pero el milagro de la caridad no est\u00e1 menos en eso. Para tomar con piedad a estos r\u00e9probos, para abordarlos, para abrirles los labios, tener en las suyas sus manos manchadas de sangre, para ganar su confianza y despertar en las tinieblas la luz que est\u00e1 en todo hombre que viene al mundo, se necesitaba el coraz\u00f3n de un Vicente de Pa\u00fal. \u00c9l los ha amado como ha amado a todos los pobres, y a los m\u00e1s deca\u00eddos, m\u00e1s que a los otros. No pod\u00eda separarse de ellos; a veces se pasaba varios d\u00edas en la casa del barrio de Saint-Honor\u00e9; hab\u00eda se\u00f1alado a los Srs. Belin y Portail para quedarse con los forzados, pero sufr\u00eda por no poder ocupara su lugar. Eso es lo que se llama el instinto, el impulso invencible; una caridad sobrenatural sin duda, pero que tiene su germen en un amor humano. Vicente hizo maravillas con sus forzados.<\/p>\n<p>Estas maravillas se las conoce pronto por fuera. En esta sociedad pulida, la gaceta hablada era casi tan r\u00e1pida como nuestra prensa. Y adem\u00e1s, \u00a1qu\u00e9 curiosa maravilla que difundir! Este nuevo Daniel en la fosa de los leones resultaba bien pintoresco. Si la Sra. de S\u00e9vign\u00e9 hubiera tenido ya su pluma, \u00a1qu\u00e9 hermosa carta habr\u00edamos tenido! Sea como fuere, la Corte fue advertida y, desde febrero de 1619, Luis XIII rubrica una bonita patente: \u00abSu Majestad, compadeci\u00e9ndose\u00a0 de dichos forzados y deseando que se aprovechen espiritualmente de sus penas corporales, ha otorgado y hace gracia del cargo de capell\u00e1n real de las galeras al Sr. Vicente de Pa\u00fal, sacerdote, bachiller en teolog\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Esta patente, era para Vicente la posibilidad de continuar su obra. Los forzados, en efecto, eran candidatos a las galeras: al cabo de poco tiempo, iban a empu\u00f1ar el remo y la cadena en las embarcaciones del Rey, en el puerto de Marsella. El pensamiento del ap\u00f3stol los segu\u00eda all\u00e1 abajo. Solamente tres a\u00f1os despu\u00e9s, sin embargo, lo vemos con certeza en Marsella, visitando las mazmorras de las galeras. Extenuados, revolucionados por su duro empleo (menos duro probablemente que el de nuestros pa\u00f1oleros, pero la crueldad de los hombres les a\u00f1ad\u00eda todo lo que pod\u00eda), pervertidos los unos por los otros, debi\u00f3 encontrar a estos parias menos f\u00e1ciles de enternecer que los forzados parisienes, \u00abpor oraciones y amonestaciones, un trato m\u00e1s humano\u00bb. Con los propios galeotes, \u00bfc\u00f3mo se desenvolvi\u00f3? Entra en el secreto de su caridad. Obtuvo, se dice, arrepentimientos, confesiones; la conversi\u00f3n incluso de algunos Turcos. \u00abEscuchaba sus quejas con gran paciencia\u00bb, dice Abelly; \u00abse compadec\u00eda de sus penas; los abrazaba y besaba sus cadenas\u00bb. \u00bfLleg\u00f3 como lo quiere una tradici\u00f3n hasta llevar las cadenas de un joven galeote que le hab\u00eda enternecido? El episodio, a pesar de que Abelly lo haya aceptado, tiene pocos visos de aut\u00e9ntico; y la inverosimilitud material, administrativa si se me permite decirlo, es definitiva. Pero la verdad moral y psicol\u00f3gica del gesto responder\u00eda con toda seguridad al car\u00e1cter del ap\u00f3stol, hasta tal punto que uno se siente tentado a creerlo. Si hay en ello una leyenda, es el momento de decir que la leyenda es con frecuencia m\u00e1s verdadera que la historia.<\/p>\n<p>Habiendo preparado as\u00ed los caminos, el pens\u00f3 naturalmente en dar una misi\u00f3n en las galeras. Esta tuvo lugar al a\u00f1o siguiente, en Burdeos, donde se hab\u00edan reunido diez galeras. El cardenal de Sourdis concedi\u00f3 veinte religiosos a Vicente de Pa\u00fal; el santo iba de uno a otro nav\u00edo. La misi\u00f3n obtuvo grandes frutos. Se prob\u00f3 en adelante que la palabra de Dios pod\u00eda dejarse o\u00edr por todas partes, tocar los corazones m\u00e1s salvajes. Nosotros no tenemos ya galeras; pero cu\u00e1ntas tristes prisiones en nuestros barrios, donde la luz del cielo no penetra ya La impiedad de nuestro tiempo \u00bfno es m\u00e1s profunda y m\u00e1s invencible? Y nuestras poblaciones trabajadas por el materialismo cient\u00edfico \u00bfno est\u00e1n m\u00e1s lejos de Dios que esta turba de criminales? Una misi\u00f3n de San Vicente hoy en Saint Denis o en Aubervillierrs, \u00bfqu\u00e9 dar\u00eda de s\u00ed?<\/p>\n<p>Quedaba por fijar, por asentar este nuevo apostolado de los forzados. La cosa no marchaba muy a prisa. Absorbido por otros cuidados, Vicente parece no haber olvidado ciertamente, sino descuidado un poco a los forzados. A partir de 1630, la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento tom\u00f3 a su cargo, con vigilancia, la mejora de su suerte. En 1632, muy apoyado por Luis XIII y los magistrados de Par\u00eds, estableci\u00f3 a sus forzados en la antigua Tour de Saint-Bernard, cerca de Saint Nicolas du Chardonnet. Encarg\u00f3 de la capellan\u00eda a los sacerdotes que resid\u00edan en el colegio de Bons-Enfants, muy pr\u00f3ximos. La <em>Caridad<\/em> de Saint-Nicolas, por entonces dirigida por la Se\u00f1orita Le Gras, llev\u00f3 a los forzados sus servicios y sus limosnas. Un legado caritativo asegur\u00f3 casi del todo la vida del establecimiento.<\/p>\n<p>En Marsella, el socorro a los forzados era m\u00e1s importante todav\u00eda, m\u00e1s pesado tambi\u00e9n. Vicente fue seriamente ayudado por la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento. El grupo de Marsella, fundado en 1639, hab\u00eda comenzado inmediatamente a visitar a los galeotes, a preparar la fundaci\u00f3n de un hospital. El Obispo Jean-Baptiste Gault, el caballero Simiane de la Coste se entregaron por entero a la obra. Durante este tiempo, Vicente de Pa\u00fal se dirig\u00eda a Richelieu, que se hab\u00eda atribuido las funciones de superintendente general de la navegaci\u00f3n, y que hab\u00eda nombrado a sus sobrino, Fran\u00e7ois du Pont-Courlay, general de las Galeras. Los galeotes eran de su dominio y de su cargo. Acept\u00f3 convertirse en su protector. La construcci\u00f3n del hospital se decidi\u00f3. A la muerte del Cardenal, su sobrina la duquesa de Aiguillon hab\u00eda heredado de todos sus bienes. Viuda a los dieciocho a\u00f1os, piadosa con el pesar de no poder hacerse carmelita, entr\u00f3 de lleno en todas las fundaciones caritativas. La casa de los forzados, empujada por sus cuidados, fue acabada en 1643, dotada con una renta permanente. Luis XII, en 1646 la reconoci\u00f3 por letras patentes. Con la casa de la Misi\u00f3n de Marsella, ella se volvi\u00f3 en el centro de una actividad considerable. Misiones en las galeras, en el campo provenzal y, ya lo hemos visto, en Berber\u00eda. En veinticinco a\u00f1os, 1618 al 1643, Vicente de Pa\u00fal ha conducido hasta una instituci\u00f3n regular y asegurada el gesto espont\u00e1neo de su coraz\u00f3n para con los forzados.<\/p>\n<p>Siempre se tiene miedo, cuando se escribe la vida de un santo a dejarse ganar en una atm\u00f3sfera de maravillas, y a creer en el milagro permanente. Estas l\u00e1grimas de los forzados, estos abrazos, estas comuniones, \u00bfno est\u00e1 un poco embellecido? Esta prisi\u00f3n, \u00abguarida de todos los vicios, cambiada en un templo en el que se o\u00edan sin cesar las alabanzas de Dios\u00bb, oh piadosos bi\u00f3grafos, \u00bfluego sent\u00eds envidia por hacernos esc\u00e9pticos? Vicente de Pa\u00fal no ha ca\u00eddo nunca en esos excesos; pensaba m\u00e1s bien, \u00e9l, en las almas que no hab\u00eda podido impresionar. Por eso se\u00a0 ha de creer a los contempor\u00e1neos cuando su testimonio nos ha llegado. Nada de nosotros dir\u00e1 mejor lo que la Misi\u00f3n ha hecho en Marsella que el pueblo de Marsella mismo. Se ve, nos habla en la carta en que Vicente, en 1645, cuenta la muerte de uno de sus Misioneros, el Sr. Robiche: \u00abLa caridad que hab\u00eda ejercido con los pobres galeotes enfermos se hab\u00eda ganado se hab\u00eda ganado tan bien el coraz\u00f3n de los Marselleses que aunque no se tuviera el plan de celebrar solemnemente su entierro, y no se hubiera rogado m\u00e1s que a los amigos de la Misi\u00f3n, acudieron sin embargo en tanta afluencia que se tem\u00eda que las tablas se quebraran\u00a0 bajo sus pies de manera que fue necesario bajar el cuerpo de la habitaci\u00f3n donde hab\u00eda muerto para colocarlo en la capilla de la gran sala de abajo, a fin de que todos tuvieran la satisfacci\u00f3n de verlo. Una vez visto, alzaban los ojos y las manos al cielo, diciendo: \u00ab\u00a1Oh, qu\u00e9 hermosa alma, oh el bienaventurado! Y aun siendo bien espaciosa la sala y que m\u00e1s de cien personas pudieran verlo a la vez, no obstante unos trepaban por las ventanas. Los otros se sub\u00edan por escaleras y trozos de le\u00f1os que se encontraban. Ocurri\u00f3 all\u00ed una cosa notable entre otras. Fue que un hombre de condici\u00f3n se apoder\u00f3 de un coj\u00edn y le rompi\u00f3 con los dientes, para tener sangre que hab\u00eda ca\u00eddo encima. Los otros rascaban la silla sobre la que se hab\u00eda sentado, otras recog\u00edan la cera que ca\u00eda de los candeleros; de manera que se les dejara, se habr\u00edan llevado y rasgado todo cuanto le pertenec\u00eda, hasta romper im\u00e1genes que hab\u00eda. Puesto que todo el mundo quer\u00eda quedarse con algo suyo para guardarlo como reliquia. Al bajarlo de la habitaci\u00f3n todo el mundo se arrodillaba y procuraba besarle los pies, y el rumor com\u00fan de la ciudad es que es un beato (bienaventurado)\u00bb.<\/p>\n<h3><em>La Se\u00f1orita Le Gras. Las Hijas de la Caridad. <\/em><\/h3>\n<p>La obra popular entre todas, las Hijas de la Caridad: ya estamos pues ante la simple y maravillosa historia\u2026 Se querr\u00eda poder contarla con una pluma humilde, ferviente \u2013igual que el\u00a0 pincel de los artistas que representaban con amor una <em>Anunciaci\u00f3n<\/em> o una <em>Natividad<\/em>, algo grande y silencioso misterio, y luego, acabada la obra, se arrodillaban ellos mismos a un lado de su cuadro.<\/p>\n<p>Hemos visto a las piadosas mujeres de un pueblo de los Dombes que, un d\u00eda, a la llamada de su p\u00e1rroco, se re\u00fanen para \u00abhacer la olla\u00bb de los enfermos pobres por turno. Veamos estos \u00abpeque\u00f1os comienzos imprevistos\u00bb como los quiere Vicente de Pa\u00fal. Las Caridades, una vez montadas, funcionaban por s\u00ed solas a perfecci\u00f3n. Pero las peque\u00f1as rivalidades, los peque\u00f1os ego\u00edsmos humanos, desajustaban con facilidad los mejores mecanismos. Era bueno no dejar demasiado a las Caridades a su aire. Vicente no pod\u00eda estar en todas partes. Un intendente, un visitador se echaba de menos. E incluso, las Caridades de mujeres, siendo con mucho las m\u00e1s numerosas, \u00a1qu\u00e9 bien les caer\u00eda una <em>visitadora!<\/em>\u00a0\u00a0 Por una casualidad que se explica humanamente, pero que se ilumina mucho m\u00e1s de otro modo, se encontr\u00f3 con la Se\u00f1orita Le Gras.<\/p>\n<p>La Se\u00f1orita Le Gras era la viuda de Antonio Le Gras, secretario de Mar\u00eda de M\u00e9dicis. Hab\u00eda nacido Luisa de Marillac, hija de Luis de Marillac, sobrina del Mariscal y del Ministro de justicia. Era una mujer de alto valor, cultivada, artista y muy pura de coraz\u00f3n, pero melanc\u00f3lica, h\u00e1bil en torturarse y de una piedad inquieta. Hab\u00eda amado tiernamente a su marido; viuda a los treintaicuatro a\u00f1os, no ten\u00eda ya m\u00e1s que dos amores: a su hijo, el peque\u00f1o Michel, y a los pobres. Estas dos pasiones se la repart\u00edan, la desgarraban casi, porque ella habr\u00eda querido, volvi\u00e9ndose a un pensamiento de su juventud, consagrarse por completo al servicio ce los pobres, pero \u00bfc\u00f3mo hacerlo sin romper con su deber materno? Hombres, por otra parte, expiaban su viudez. As\u00ed ella esperaba, sin seguridad, escrupulosa, vacilante.<\/p>\n<p>Ten\u00eda como director al obispo de Balley, Camus, el amigo de Francisco de Sales. Camus, al regresar a Saboya, leg\u00f3 a su penitente al Sr, Vicente. Hubo que insistir mucho: al Sr. Vicente no le gustaba dirigir a las mujeres del mundo, ni a las almas complicadas. Obligado a aceptar, por el recuerdo de san Francisco de Sales, se dedic\u00f3 con todo a su penitente; y he aqu\u00ed que reconoci\u00f3 en ella el instrumento que buscaba.\u00a0 Pero, prudente como siempre, hizo durar cinco a\u00f1os\u00a0 hasta 1629 esta probaci\u00f3n, a la vez humana y m\u00edstica.<\/p>\n<p>Las cartas del santo a Luisa de Marillac, de 1625 a 1629, nos permiten entrever el trabajo que hizo sufrir a esta alma. La oven parece haber tenido una vocaci\u00f3n dif\u00edcil; ella se sinti\u00f3 atra\u00edda por diversas \u00abreligiones\u00bb, atra\u00edda tambi\u00e9n por el simple servicio de los pobres. Vicente la inclina con suavidad por este camino. Pero \u00bfc\u00f3mo librarse del mundo sin dejarlo? Ella multiplica los actos que la consagran a Dios y a los pobres, sin quedar satisfecha. \u00a1Qu\u00e9 penoso es este estado! \u00abTratad de vivir contenta entre vuestros motivos de descontento\u00bb, responde su director, \u00aby honrad siempre el <em>no-hacer<\/em>\u00a0 y el estado desconocido del Hijo de Dios. No pens\u00e9is demasiado en vuestro estado, en vuestro porvenir. Comunic\u00e1dmelo a m\u00ed; yo ya lo pienso bastante por los dos\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la Se\u00f1orita Le Gras visita a los enfermos y comienza a recibir en su casa a algunas j\u00f3venes del pueblo a las que forma en la instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os o en el cuidado de los pobres. En las cartas que Vicente cambia con ella se comienza a ver pasar a Germaine, y a Margarita, y a \u00abesta buena joven\u00bb de Maisons y a esta otra de Suresnes, \u00aby a la buena gordita joven se\u00f1orita que lleva el duelo\u2026\u00bb A un peque\u00f1o enjambre de postulantes, casi novicias ya. Pero no nos adelantemos, gru\u00f1e el Sr. Vicente. \u00abEn cuanto al resto (la idea de una fundaci\u00f3n), os ruego de una vez por todas que no pens\u00e9is en ello. Se desean muchas buenas cosas de un deseo que parece estar seg\u00fan Dios, y no obstante no lo est\u00e1. Pero Dios permite estos buenos deseos para la preparaci\u00f3n a ser seg\u00fan lo que quiere\u2026\u00a0 Trat\u00e1is en convertiros en la sirviente de estas pobres j\u00f3venes, y Dios quiere que se\u00e1is la suya, y tal vez de m\u00e1s personas de las que ser\u00edais de esta forma; y aunque no lo se\u00e1is m\u00e1s que \u00e9l, \u00bfno es bastante?\u00bb<\/p>\n<p>De esta manera, emplea su propio m\u00e9todo, a la espera del agrado divino, con esta mujer a quien ve que va a convertirse en su colaboradora, y que quiere que est\u00e9 muy unida a su esp\u00edritu. En 1628, le permite hacer una consagraci\u00f3n solemne de su vida a Dios y a los pobres. \u00abS\u00ed por fin, mi querida se\u00f1orita, lo consiento. \u00bfPor qu\u00e9 no? Ya que Nuestro Se\u00f1or os ha dado este santo sentimiento. Comenzad pues ma\u00f1ana y preparaos a la saludable revisi\u00f3n que os propon\u00e9is. Yo no podr\u00eda expresaros qu\u00e9 ardientemente desea mi coraz\u00f3n ver el vuestro para saber c\u00f3mo ha ocurrido esto en \u00e9l\u2026\u00bb<\/p>\n<p>En 1629, de Montmirail donde misiona, le hace una se\u00f1al: \u00ab\u00bfOs ha dicho vuestro coraz\u00f3n que vinierais, Se\u00f1orita? Si es eso, deber\u00edais partir el mi\u00e9rcoles en la diligencia de Ch\u00e2lons\u2026 y tendremos la suerte de veros en Montmirail\u00bb. Por fin, le abre todas las barreras: en adelante va a enviarla, sin \u00e9l, a visitar las Caridades. Id pues, Se\u00f1orita, id en nombre de Nuestro Se\u00f1or; ruego a su divina bondad que sea vuestro consuelo en vuestro camino, vuestra sombra contra al ardor del sol, vuestro albergue en la lluvia y en el fr\u00edo, vuestro lecho blando en vuestro cansancio, vuestra fuerza en vuestro trabajo, y que al fin os recoja con buena salud y llena de buenas obras\u00bb.<\/p>\n<p>De 1629 al 1631, la Se\u00f1orita Le Gras visita las Caridades establecidas en las tierras de los Gondi, en Picard\u00eda, en Champa\u00f1a. Ella parte con algunas damas, llevando ropas y medicamentos. Enciende el celo de las damas de la Cofrad\u00eda, les ense\u00f1a a instruir a las jovencitas (preludiando a las escuelas de las Hijas de la Caridad). No deja de dar cuenta a Vicente; responde a todas sus preguntas, se ocupa de los menores detalles. \u00abNo conviene que una dama se dispense de mandar cocer la carne (de los enfermos). Si quit\u00e1is esto, nunca podr\u00e9is arreglarlo\u2026 y vuestra Caridad fracasar\u00e1\u00bb. \u00c9l ha previsto todas las causas de fracaso. Entre todas, da importancia a apartar\u00a0 las desconfianzas de las autoridades religiosas. El primer cuidado de la Se\u00f1orita Le Gras debe ser ir a ver a los p\u00e1rrocos, asegurarse de su conformidad; si no la consigue, que se vaya de all\u00ed. Vicente sabe qu\u00e9 delicada es su empresa. Cuando el Obispo es susceptible, hay que ir hasta \u00e9l. As\u00ed el Obispo de Ch\u00e2lons: hay que ir a saludarle lo primero, y seguir su direcci\u00f3n. Deb\u00e9is tenerle como int\u00e9rprete del Se\u00f1or en el caso que se presenta. Que si ve que conviene cambiar algo de vuestra manera de hacer, conformaos\u00a0 a lo que se diga\u2026 Si ve bien que os volv\u00e1is, hacedlo tranquilamente y gozosamente\u00bb. As\u00ed sucedi\u00f3 con todo lo dem\u00e1s; \u00a1y qu\u00e9 hermosa carta recibi\u00f3 la Se\u00f1orita Le Gras para vendar su decepci\u00f3n!<\/p>\n<p>Todo marchaba bastante bien, de ordinario, en las Caridades de los burgos o de las peque\u00f1as ciudades. Pero en Par\u00eds, se planteaban nuevos problemas. Las Caridades parisinas estaban compuestas en gran parte por mujeres de calidad cuya vida mundana y costumbres delicadas se acomodaban mal a los cuidados asiduos, desagradables, que exigen los enfermos. Y despu\u00e9s volv\u00eda a aparecer la peste en 1631, infectaba los hospitales; los maridos tem\u00edan por sus mujeres el contagio, y tal vez pos ellos mismos. El celo se enfriaba, las Caridades se echaron de menos y no precisamente por falta de dinero, sino de brazos. La necesidad se hizo sentir de verdaderas siervas de los pobres, profesionales, si se puede decir.<\/p>\n<p>Los misioneros las encontraban en los campos a estas valientes j\u00f3venes que no pon\u00edan ni condiciones ni l\u00edmites a su dedicaci\u00f3n. Y la Se\u00f1orita Le Gras las ve\u00eda llegar, cuyo coraz\u00f3n limpio no pon\u00eda condiciones al sacrificio. Margarita Naseau \u00bfno fue una Hija de la Caridad antes de la carta?\u00a0 \u00abMargarita Naseau, de Suresnes, es la primera hermana que haya tenido la suerte de mostrar el camino a las otras tanto para ense\u00f1ar a las j\u00f3venes como para asistir a los enfermos, aunque no haya tenido apenas otro maestro o maestra que a Dios. No era m\u00e1s que una pobre vaquera\u2026 Tuvo la idea de instruir a la juventud, compr\u00f3 un alfabeto y, al no poder ir a la escuela, iba a pedir al Sr. p\u00e1rroco o al vicario qu\u00e9 letras eran las cuatro primeras. Otra vez preguntaba por las cuatro siguientes, y as\u00ed sucesivamente. Despu\u00e9s, mientras guardaba las vacas, ella estudiaba su lecci\u00f3n. Que ve\u00eda pasar a alguien que ten\u00eda cara de saber leer, le preguntaba: Se\u00f1or, \u00bfc\u00f3mo se debe pronunciar esta palabra?\u00bb As\u00ed paso a paso aprendi\u00f3 a leer. Luego instruy\u00f3 a las dem\u00e1s j\u00f3venes de su pueblo. Y luego resolvi\u00f3 ir de pueblo en pueblo, para ense\u00f1ar a la juventud, con otras dos o tres j\u00f3venes a quienes ella hab\u00eda formado\u2026 Ella ayun\u00f3 con frecuencia d\u00edas enteros. Habit\u00f3 en lugares donde no hab\u00eda m\u00e1s que paredes. Dedicaba a veces d\u00eda y noche a la instrucci\u00f3n y ello sin otro deseo que la gloria de Dios, que prove\u00eda a sus necesidades sin que ella lo pensara\u2026 Los campesinos se burlaban de ella y la calumniaban. Pero su celo ard\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s\u2026<\/p>\n<p>\u00abPor fin, una vez que ella supo que hab\u00eda en Par\u00eds una cofrad\u00eda de la Caridad para los pobres enfermos, all\u00e1 fue, llevada del deseo de ser empleada en ella\u2026 Llev\u00f3 consigo a otras j\u00f3venes, a quienes hab\u00eda ayudado a apartarse de todas las vanidades\u2026 En las parroquias se mostr\u00f3 siempre tan caritativa como en el campo, dando todo lo que pod\u00eda tener; no pod\u00eda negar nada, y habr\u00eda querido retirar a todo el mundo en su casa. Hemos de notar que no hab\u00eda habido comunidad formada en absoluto.<\/p>\n<p>\u00abSu caridad ha sido tan grande que muri\u00f3 que muri\u00f3 por haber hecho acostarse con ella a una pobre joven enferma de la peste. Contagiada de este mal\u2026 se fue a San Luis, con el coraz\u00f3n lleno de regocijo y de conformidad con la voluntad de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>La Se\u00f1orita Le Gras urg\u00eda siempre a Vicente que reuniera a estas j\u00f3venes con un lazo m\u00e1s fuerte y le permitiera ser la sirvienta de estas siervas de los pobres. \u00c9l daba largas, maduraba su deseo com\u00fan. Hacia finales de 1633, eligi\u00f3 por fin a unas cuantas, a quienes reuni\u00f3 en la casa de la Se\u00f1orita Le Gras, para una especie de noviciado. Otras las remplazaron al cabo de unos meses. Permiti\u00f3 entonces a las Se\u00f1orita Le Gras entregarse a esta nueva obra por un voto irrevocable, el 25 de marzo de 1634. Hoy todav\u00eda, en la fiesta de la Anunciaci\u00f3n, todas las Hijas de la Caridad renuevan el gesto de su fundadora y la entrega que las une al servicio de Dios.<\/p>\n<p>La Compa\u00f1\u00eda, que se fundaba as\u00ed, era una creaci\u00f3n tan original como lo hab\u00eda sido, algunos a\u00f1os antes, la de los sacerdotes de la Misi\u00f3n. Raz\u00f3n de m\u00e1s para someterla a la prueba del tiempo. Durante diez a\u00f1os, las \u00abbuenas j\u00f3venes\u00bb que llegan de todas las Caridades campesinas no estar\u00e1n unidas m\u00e1s que por un peque\u00f1o reglamento y por una devoci\u00f3n com\u00fan a su padre y a su madre espirituales. Por otro lado, sus empleos se van a multiplicar, por eso se necesitar\u00e1n un d\u00eda reglamentos particulares para las que instruyen a los ni\u00f1os, las que sirven a los forzados, los prisioneros, los alienados, los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, para aquellas en fin que se hacen guarda enfermos en el H\u00f4tel-Dieu. Y como ellas sirven a todo, las reclaman por todas partes y el instrumento cread es tan suave que se muestra capaz de oponer, a las mil formas de la miseria, los mil remedios de la caridad. Vicente de Pa\u00fal, no obstante, observa y reflexiona. Se dedica a desarrollar en sus hijas un puro esp\u00edritu de desprendimiento, de humildad, que va a ser al alma del futuro Instituto, cualquiera que deba ser. Luego, cuando est\u00e1 seguro de que la f\u00f3rmula es buena y que los servicios ya prestados har\u00e1 que se acepte, solo entonces cede a las insistencias de la Se\u00f1orita Le Gras, pide al arzobispo de Par\u00eds, en 1646, la erecci\u00f3n de las Hijas de la Caridad en cofrad\u00eda. El Arzobispo hizo justicia a petici\u00f3n, y el Rey otorg\u00f3 sus letras patentes.<\/p>\n<p>Pero Vicente de Pa\u00fal, con gran desagrado de la Se\u00f1orita Le Gras, hab\u00eda omitido una cosa: de pedir que la nueva cofrad\u00eda fuera puesta bajo la dependencia de los sacerdotes de la Misi\u00f3n. Hab\u00eda dejado este punto a la decisi\u00f3n del Arzobispo. La Se\u00f1orita Le Gras acab\u00f3 por convencer a esta humildad, bien imprudente humanamente. Ella logr\u00f3 que Vicente presentara, en 1651, una nueva petici\u00f3n; pidi\u00f3 al Cardenal de Retz que diera, a \u00e9 y a los Superiores de la Misi\u00f3n despu\u00e9s de \u00e9l, la autoridad sobre la Cofrad\u00eda de las siervas de los pobres enfermos. Lo que fue concedido el 18 de enero de 1655.<\/p>\n<p>En el mes de agosto, Vicente de Pa\u00fal hizo un \u00abacta de fundaci\u00f3n\u00bb. Convoc\u00f3 en asamblea general a todas las Hijas que se hallaban en Par\u00eds: peque\u00f1o reba\u00f1o cuyos humildes nombres se hallaban al pie del acta oficial, cuando no es una cruz la que remplaza a la firma\u2026 Se nombr\u00f3 a las oficialas; la superiora fue la Se\u00f1orita Le Gras. Vicente, demasiado sobrecargado, les dio por director a Antonio Portail. Les record\u00f3 que en asamblea para un com\u00fan proyecto, ellas no hab\u00edan tenido a\u00fan estatutos. \u00abY en esto la divina Providencia os ha conducido como condujo a su pueblo, que desde la creaci\u00f3n han sido m\u00e1s de mil a\u00f1os sin \u00e9l.\u00bb Les explic\u00f3 tambi\u00e9n que su fundaci\u00f3n no ven\u00eda de los hombres, sino de Dios. \u00ab\u00bfQui\u00e9n habr\u00eda pensado que debiera haber Hijas de la Caridad, cuando llegaron las primeras para servir a los pobres en algunas parroquias de Par\u00eds?&#8230; Y \u00bfqui\u00e9n habr\u00eda podido formar este proyecto de procurar a la Iglesia una compa\u00f1\u00eda de Hijas en h\u00e1bito secular? Eso no hubiera parecido posible. Oh hijas m\u00edas, yo no pensaba en ello, vuestra Hermana sirviente no pensaba en ello, tampoco el Sr. Portail; es pues Dios quien pensaba en ello para vosotras, es pues \u00c9l de quien podemos decir que es el autor de vuestra Compa\u00f1\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>No s\u00e9 c\u00f3mo se hab\u00edan agrupado en torno \u00e9l; pero nada programado, me imagino; un c\u00edrculo estrecho, apresurado, de buenas figuras campesinas, unas todav\u00eda nuevas, otras gastadas ya por el trabajo; con los labios entreabiertos, las miradas dirigidas hacia el Padre que les habla:<\/p>\n<p>\u00abY ahora, hijas m\u00edas, Dios quiere que se\u00e1is un cuerpo particular que, sin separarse del de las Damas (de la Caridad), no deje de tener sus ejercicios y sus funciones particulares\u2026 Ahora, Dios quiere uniros m\u00e1s estrechamente, mediante la aprobaci\u00f3n que ha permitido que se haga de vuestro modo de vivir y de vuestras reglas\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Entonces les hizo la lectura\u00a0 de estas reglas: obra de paciencia, en la que hab\u00eda puesto todo su coraz\u00f3n. Luego les pregunt\u00f3 de una manera a la vez solemne y familiar. \u00bfNo estaban todas en la disposici\u00f3n de amar y de practicar sus reglas? \u00bfNo quer\u00edan vivir y morir en su observancia? \u00bfNo ten\u00edan que pedir perd\u00f3n por haber pecado ya contra estas reglas? \u00a8El mismo, \u00e9l se acus\u00f3 de las faltas que hab\u00eda cometido en lo que se refer\u00eda a esta obra. Y, arrodill\u00e1ndose, besaba el suelo. Quisieron su bendici\u00f3n, \u00e9l la negaba, indigno, dec\u00eda. Al fin se dej\u00f3 vencer. \u00abAs\u00ed lo quer\u00e9is, hijas. Pedid pues a Dios que no mire mi indignidad\u2026 sino que por su misericordia, quiera derramar sus santas bendiciones sobre vosotras al mismo tiempo que yo pronuncie las palabras. <em>Benedictio Dei omnipotentis, Patris\u2026\u00bb<\/em><\/p>\n<p>De estas reglas, yo no podr\u00eda dar detalles; todo lo m\u00e1s tratar\u00e9 de recordar su esp\u00edritu. Es tal como era de esperar del fundador de la Misi\u00f3n. El fin del Instituto es de honrar a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo como la fuente y el modelo de toda caridad, sirvi\u00e9ndole espiritual y corporalmente en la persona de los pobres. \u00abOh, qu\u00e9 suerte la vuestra, hijas m\u00edas, que Dios os haya destinado a un empleo tan grande y tan santo\u2026 Sirvientas de los pobres, \u00a1oh! es tanto como decir sirvientas de Jesucristo, ya que \u00e9l tiene como hecho a s\u00ed mismo lo que se hace\u00a0 a sus miembros. Conservad pues, hijas, el hermoso t\u00edtulo que os da; es el m\u00e1s hermoso y m\u00e1s glorioso que pod\u00e1is tener\u00bb.<\/p>\n<p>Para responder a esta santa vocaci\u00f3n, las Hijas de la Caridad trabajar\u00e1n con el mayor cuidado en su propia perfecci\u00f3n. Vivir\u00e1n pobremente, poniendo todo en com\u00fan, no pidiendo ni reusando nada para ellas. Tendr\u00e1n horror a las m\u00e1ximas del mundo, para abrazar mejor las m\u00e1ximas de Jesucristo: amar\u00e1n la modestia, la pureza, la sobriedad, la mortificaci\u00f3n, los empleos\u00a0 bajos y repugnantes; practicar\u00e1n el desprendimiento absoluto de los bienes, de los empleos y de las personas, y la sumisi\u00f3n perfecta de su juicio en toda circunstancia. Tendr\u00e1n entre ellas una caridad perfecta, que evitar\u00e1 toda aversi\u00f3n o simpat\u00eda particular. Ellas ser\u00e1n rigurosamente fieles a sus ejercicios espirituales, omiti\u00e9ndolos sin embargo, si es preciso, para el servicio de los pobres. Se abandonar\u00e1n por \u00faltimo\u00a0 a la direcci\u00f3n de la Providencia, como el ni\u00f1o a su nodriza. \u00abQue la nodriza ponga al ni\u00f1o en su braza derecho, all\u00ed est\u00e1 contento; que le cambie al lado derecho, no le importa\u2026\u00a0 Oh, yo s\u00e9 que las hay entre vosotras\u00a0 que no piden otra cosa, y que dicen: Dios es mi padre: que me ponga al lado derecho, es decir c\u00f3modamente, o al lado izquierdo, que significa la cruz, no me importa; \u00e9l me fortalecer\u00e1, eso espero\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no ha cesado de explicar, de comentar, de hacer amar\u00a0 sus reglas a sus hijas. \u00abSin duda que hab\u00e9is o\u00eddo hablar de la conducta que observan los n\u00e1uticos cuando est\u00e1n en alta mar\u2026 Pues bien, ellos est\u00e1n en perfecta seguridad mientras observan las reglas de la navegaci\u00f3n; pero si se equivocan, corren riesgo de perderse. Igualmente, hijas m\u00edas, en todas las comunidades, y en particular en la vuestra. Es una peque\u00f1a embarcaci\u00f3n que boga en alta mar, pero un mar muy peligroso, y donde los peligros son m\u00faltiples. Vuestra fidelidad a vuestra vocaci\u00f3n, vuestra buena conducta y la pr\u00e1ctica continua de vuestras reglas constituyen toda vuestra seguridad\u00bb. Otra vez, buscando otra imagen, comparar\u00e1 a sus hijas con p\u00e1jaros y sus reglas con las alas de las que se sirven para volar a Dios; y encuentra estas palabras deliciosas, dignas de Francisco de Sales: \u00abLas reglas son dulces y suaves y las hijas que las aman no sienten m\u00e1s carga que los p\u00e1jaros en sus alas\u00bb.<\/p>\n<p>Se comprende, por lo dem\u00e1s, su insistencia. Ya que no obligaba a sus hijas a pronunciar ninguna clase de votos, solemnes o simples. Deb\u00edan tan solo renovar cada a\u00f1o un compromiso <em>solo interior, <\/em>\u00a0que comprend\u00eda los tres votos ordinarios de religi\u00f3n y el voto de estabilidad. \u00abHijas m\u00edas, vosotras no sois religiosas, y si se hallara entre vosotras alg\u00fan esp\u00edritu chismoso que dijera: \u00abDeber\u00edamos ser religiosas, que es m\u00e1s hermoso\u00bb, \u00a1ah, hermanas m\u00edas, la Compa\u00f1\u00eda estar\u00eda en la extremaunci\u00f3n. Temed, hijas m\u00edas, y mientras viv\u00e1is, no permit\u00e1is este cambio\u2026 No lo consint\u00e1is de ninguna forma, ya que quien dice religiosas dice un claustro, y las Hijas de la Caridad deben ir a todos partes. Pero aunque no se\u00e1is religiosas, deb\u00e9is ser tanto o m\u00e1s perfectas que ellas. Y \u00bfC\u00f3mo es eso?&#8230; Es que siendo claustradas, no tienen ocasiones de portarse mal, y aunque quisieran obrar mal, la verja que est\u00e1 siempre cerrada se lo impedir\u00eda; mientras que no hay nadie que no vaya al mundo como las Hijas de la Caridad, ni que tenga tantas ocasiones de perderse; de manera que si no hay m\u00e1s que un grado de perfecci\u00f3n para las religiosas, se necesitan dos para las Hijas de la\u00a0 Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Era una gran osad\u00eda. Francisco de Sales, quien hab\u00eda tenido la idea para las Hijas de la Visitaci\u00f3n, hab\u00eda renunciado a ello. Vicente de Pa\u00fal logr\u00f3 implantarla, por la virtud de un admirable reglamento, por el \u00e9xito mismo de su creaci\u00f3n, que se impuso; por fin por la fuerza del esp\u00edritu interior que supo dar a sus hijas. Hoy tres siglos despu\u00e9s muy pronto, nosotros las vemos mantener por el mundo la pureza de este esp\u00edritu, la fecundidad de su apostolado, el brillo de mujeres que pasan haciendo el bien. El Instituto de las Hijas de la Caridad no es solamente un organismo maravilloso en el que no se ve ning\u00fan signo de deterioro; es tambi\u00e9n y sobre todo una gran creaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<h3><em>Otras obras m\u00e1s.<\/em><\/h3>\n<p>Al mismo tiempo que se entrega a las humildes hijas de la Se\u00f1orita Le Gras, vemos a Vicente de Pa\u00fal arrastrado a pesar suyo a la m\u00e1s alta sociedad parisiense.<\/p>\n<p>No se ha empujado, ciertamente, entre los grandes. Entre ellos, \u00e9l ocupa su lugar, con un atisbo de obsequiosidad que no perjudica su autoridad creciente. Se le respeta, porque \u00e9l no busca claramente m\u00e1s que la gloria de Dios; se le escucha porque sus consejos son luminosos y prudentes; le quieren, por este fuego de caridad que sale de su coraz\u00f3n y que se hace sensible incluso a los mundanos. Y adem\u00e1s, este sacerdote campesino es, bajo su pobre h\u00e1bito, un esp\u00edritu muy fino; es hombre honrado. Ah\u00ed lo vemos en adelante rodeado de la admiraci\u00f3n, de la devoci\u00f3n de toda una pl\u00e9yade de mujeres de calidad, a quienes arrebata a su vida fr\u00edvola para hacer de ellas, tambi\u00e9n de ellas, nobles sirvientas de los pobres, santas de muchos quilates.<\/p>\n<p>La sociedad pulida del tiempo de Luis XIII llevaba una vida bien agitada y f\u00fatil. Biznietos que, salidos de las violencias de la guerra, se ejercitaban, como los pastores de la Astrea, en los hermosos pasatiempos de la paz (aunque muchas de sus diversiones no fueran muy refinadas). Pero la \u00abfina galanter\u00eda\u00bb, por haber venido de los poetas y de los hombres cultos, no segu\u00eda siempre plat\u00f3nica: abrigaba bien los reglamentos, y la sociedad pulida apenas era moral.<\/p>\n<p>Todas estas mujeres, sin embargo, no eran Montbazon o Chevreuse. Algunas eran fieles al honor conyugal, al deber materno, preparadas a escuchar una palabra que las llamara a hacer de su vida un empleo generoso. Algunas incluso que, por razones diversas, no hab\u00edan podido entrar en el claustro, buscaban un alimento a su inquietud divina. Recordad c\u00f3mo junto al Sr. Vicente, la condesa de Joigny se hab\u00eda cambiado d\u00f3cilmente en ap\u00f3stol, como la Se\u00f1orita Le Gras hab\u00eda encontrado su camino, la duquesa de Aiguillon su revancha por no ser Carmelita. Muchas otras eran atra\u00eddas.<\/p>\n<p>Las primeras caridades de parroquias, en Par\u00eds, se llenaron de mujeres de calidad. Vicente de Pa\u00fal tendr\u00e1 en adelante, en torno a sus obras, una aureola mundana de grandes nombres \u2013lo que apenas le impresiona- pero tambi\u00e9n para sus necesidades crecientes, recursos, apoyos, y dedicaciones\u00a0 verdaderas. Va de este modo a agrupar a todas las clases de la sociedad en la lucha contra las miserias del tiempo. Y habr\u00e1 realizado una obra de aproximaci\u00f3n que no exist\u00eda ni siquiera en las \u00abreligiones\u00bb (ciertos conventos eran totalmente aristocr\u00e1ticos, otros de baja condici\u00f3n), y que \u00e9l solo pod\u00eda hacer, en una sociedad cuyos medios hab\u00eda recorrido, cuyos prejuicios ignoraba de buena gana, donde por \u00faltimo aparec\u00eda como el puro servidor de Cristo, en quien todos los hombres son hermanos.<\/p>\n<p>El H\u00f4tel-Dieu de Par\u00eds recib\u00eda en sus vastos pabellones a m\u00e1s de veinte mil enfermos pobres por a\u00f1o. En 1634, era, al mismo tiempo que un hospital, una especie de convento, en el que\u00a0 viv\u00edan bajo la regla de san Agust\u00edn cien religiosas profesas y unas cincuenta novicias. Hab\u00eda sido reformado, hac\u00eda unos quince a\u00f1os, por Marguerite Bouquet, que hab\u00eda mejorado mucho su esp\u00edritu y sus servicios. Le administraba una comisi\u00f3n laica, y veinticuatro sacerdotes, bajo la direcci\u00f3n del cap\u00edtulo de Nuestra Se\u00f1ora, aseguraban la capellan\u00eda.<\/p>\n<p>Esta organizaci\u00f3n, excelente en s\u00ed, funcionaba mediocremente. La asistencia a los enfermos estaba mal asegurada, por diversos t\u00edtulos. La Presidenta Gousault, sin duda a instigaci\u00f3n de los miembros de la Compa\u00f1\u00eda del Santo Sacramento, vino a hablar a Vicente de Pa\u00fal y a pedirle que tomara cartas en el asunto. \u00a1Grave asunto! Hab\u00eda Hermanas Agustinas; hab\u00eda Can\u00f3nigos. \u00abNo le gustaba meter la hoz en cosecha de otro\u00bb. Se neg\u00f3. Ninguna insistencia le decid\u00eda, aunque \u00e9l conviniera en el inter\u00e9s de la cosa.\u00a0 La Sra. Goussaullt hizo intervenir al Arzobispo, quien rog\u00f3 a Vicente que estableciera una Compa\u00f1\u00eda de damas que se tomaran un cuidado particular del H\u00f4tel-Dieu.<\/p>\n<p>Entonces \u00e9l acept\u00f3. Hubo, en 1634, dos o tres asambleas en casa de la Presidenta Goussault, en las que se vio figurar a lo m\u00e1s notorio de las damas de la Robe, mezcladas con las mujeres de la aristocracia. La Compa\u00f1\u00eda fue fundada; comprendi\u00f3 a cien o ciento veinte damas de alta calidad\u00bb. Les dieron un reglamento espiritual, y su servicio en el H\u00f4tel-Dieu estuvo minuciosamente reglado. Todas las dificultades que se pod\u00edan temer cayeron all\u00ed. Las Damas deb\u00edan\u00a0 desaparecer antes de los Agustinos. Guardarse bien de \u00abquerer quedarse con ello\u00bb, pusieron mucho tacto, y fueron bien acogidas. De la una a las cuatro de la tarde, de cuatro en cuatro, ellas pudieron acercarse a los enfermos y hablarles. Hab\u00edan suprimido la obligaci\u00f3n brutal, para los enfermos, de confesarse <em>al entrar en el hospital.\u00a0 <\/em>Los interrogaban, los instru\u00edan siguiendo el m\u00e9todo dulce y cordial del Sr. Vicente. Cuando estaban preparados, se llamaba a los confesores. Se necesit\u00f3 bien pronto a\u00f1adir a los can\u00f3nigos de Notre Dame a seis sacerdotes seculares que se preparaban para su misi\u00f3n con un retiro en San L\u00e1zaro. La asistencia corporal no se vio menos felizmente llevada a cabo. Las Damas pensaron en los dulces, que gustan tanto: hubo grandes distribuciones de helados, consom\u00e9s, confituras, que deb\u00edan parecer un lujo de Para\u00edso. No se necesita m\u00e1s, con una sonrisa, para ganarse el coraz\u00f3n de un pueblo<span id='easy-footnote-1-72949' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-6\/#easy-footnote-bottom-1-72949' title='La Se\u00f1orita Le Gras\u00a0 se entregaba tambi\u00e9n en el H\u00f4tel-Dieu. \u00abEstar siempre ah\u00ed, no es recomendable\u00bb, le escrib\u00eda Vicente de Pa\u00fal, \u00abpero ir y venir sienta bien\u00bb. Y, en una casa vecina, varias hijas de la Caridad confeccionaban estos buenos helados, estos suculentos caldos que las Damas distribu\u00edan a continuaci\u00f3n.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Pronto, Vicente de Pa\u00fal pod\u00eda decir a sus colaboradoras: \u00abNo sentir\u00e9is consuelo, Se\u00f1oras, cuando me oig\u00e1is decir lo que sab\u00e9is tal vez mejor que yo: que las religiosas parecen muy satisfechas con la Compa\u00f1\u00eda;\u2026 que muchos centenares de pobres enfermos han hecho su confesi\u00f3n general; que muchos hugonotes se han convertido;\u00a0 que varias j\u00f3venes han sido apartadas del pecado\u2026 en fin que todas las cosas mejoran en el H\u00f4tel-Dieu\u00bb.<\/p>\n<p>El santo no dejaba de asistir a las asambleas de las Damas. Se ve c\u00f3mo les habla; con m\u00e1s preparaci\u00f3n, con un tono menos familiar, pero siempre con la mayor sencillez. Con frecuencia \u00e9l desaparece ante su sentimiento. Y como sabe que, con las mujeres del mundo, emprender es f\u00e1cil, pero perseverar es dif\u00edcil, \u00e9l se dedica a no dejar que se enfr\u00ede su celo. Disponemos, entre otros, de un largo informe del a\u00f1o 1657. All\u00ed vemos que la Compa\u00f1\u00eda recluta ya menos. \u00abEl n\u00famero de la Compa\u00f1\u00eda llegaba, al principio, a doscientos y a trescientos; en la actualidad ha quedado reducido a ciento cincuenta\u00bb. Vicente ha puesto a la vista de las Damas el cuadro de sus buenas obras; ha recordado que su Compa\u00f1\u00eda es una obra de Dios y no de los hombres: \u00abDios ha intervenido\u00bb; les ha mostrado de nuevo la excelencia de su vocaci\u00f3n. \u00bfVan a dejar ellas que su obra desaparezca de entre sus manos? \u00abSer\u00eda una gran desdicha, Se\u00f1oras, y tanto mayor que la gracia que Dios os ha concedido de emplearos en ella es m\u00e1s rara y m\u00e1s extraordinaria. Hace ochocientos a\u00f1os, m\u00e1s o menos,\u00a0 que las mujeres no han tenido empleo p\u00fablico de la Iglesia\u2026 Y vemos que la Providencia se dirige hoy a algunas de vosotras\u2026 Ellas responden a su deseo, y pronto despu\u00e9s, otras habi\u00e9ndose asociado a las primeras, Dios las declara madres de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, las directoras de su hospital y las dispensadoras de las limosnas de Par\u00eds para las provincias\u2026 \u00a1Ah, Se\u00f1oras, si todos estos bienes acabaran perdi\u00e9ndose en vuestras manos, ser\u00eda un motivo de gran dolor! \u00a1Oh, qu\u00e9 desolaci\u00f3n, qu\u00e9 verg\u00fcenza! Pero \u00bfqu\u00e9 se podr\u00eda pensar de un desconcierto as\u00ed? Y \u00bfde d\u00f3nde podr\u00eda provenir? Que cada una de vosotras se haga esta pregunta ya: \u00bfSoy yo la que contribuye a hacer fracasar esta obra? \u00bfQu\u00e9 hay en m\u00ed que me hace indigna de sostenerla? \u00bfSoy yo la causa de que Dios cierre su mano a estas gracias?\u00bb<\/p>\n<p>A un entrenador as\u00ed, \u00bfc\u00f3mo resistirse? Pero mirad sobre todo c\u00f3mo las lleva. Les dice: Dad m\u00e1s dinero, sostened vuestra reputaci\u00f3n. \u00abEl primer medio que os propongo, Se\u00f1oras, es tener un afecto interior y continuo a trabajar en vuestro adelanto espiritual y de vivir en toda la perfecci\u00f3n que os sea posible; <em>tener siempre la l\u00e1mpara encendida dentro de vosotras; <\/em>quiera decir un deseo cordial, ardiente y perseverante de agradar a Dios y de obedecerle, en una palabra de vivir como verdaderas siervas de Dios\u2026\u00a0\u00a0\u00a0 Viviendo as\u00ed, obtendr\u00e9is la perseverancia en las buenas obras, porque el Se\u00f1or de las misericordias habitar\u00e1 en vosotras. Y as\u00ed como las m\u00e1ximas del mundo no se acomodan con estas y que nada nos priva del esp\u00edritu de Dios m\u00e1s que vivir mundanamente en el siglo, \u2026 las Damas de la Caridad se deben alejar de este esp\u00edritu del mundo como de un aire infecto; necesitan declararse del partido de Dios y de la caridad; y lo digo <em>por entero <\/em>ya que quien querr\u00eda adherirse por poco que sea al partido contrario lo echar\u00eda a perder todo, porque Dios no puede permitir un coraz\u00f3n compartido: \u00e9l lo quiere todo; s\u00ed, \u00e9l lo quiere todo\u00bb.<\/p>\n<p>Yo no digo que no se hab\u00eda predicado esto nunca; sino de lo alto del p\u00falpito, y como de los hermosos lugares comunes a la vida de los cristianos; no con este acento, esta emoci\u00f3n, este ejemplo; no de tan cerca, y hablando de las mujeres cada una de las cuales sab\u00eda lo que quer\u00eda decir para ella.<\/p>\n<p>Muchas fueron santas, al decir de Vicente mismo. Saludemos estas mujeres que, en un siglo de grandes vanidades, de ambiciones feroces, de pasiones enmascaradas bajo la cortes\u00eda mundana, hicieron florecen la modestia, la cordialidad, la caridad, puras virtudes cristianas. Ellas nos recuperan de las de la Fronda, de las Preciosas, de las desvergonzadas y de las locas.\u00a0 Ellas distancian, de esta sociedad del siglo XVII, el anatema que Bossuet lanzaba a la cara maquillada de las mujeres, cuando las llamaba \u00ablodos coloreados\u2026\u00bb<\/p>\n<p>El agua llega del r\u00edo: el trabajo viene en lo sucesivo por s\u00ed mismo a las Damas y a las Hijas de la Caridad. En 1638, se van a encargar de, los ni\u00f1os exp\u00f3sitos.<\/p>\n<p>Es cierto que la miseria de estos peque\u00f1os restos gritaba socorro; abren sobre las taras de la \u00e9poca, algunas ideas siniestras. De cuatrocientos a quinientos ni\u00f1os eran expuestos, aqu\u00ed y all\u00e1, en las esquinas de las calles. Recogidos por la polic\u00eda o por buenas almas, eran llevados al H\u00f4tel-Dieu, y de all\u00ed a la <em>Casa de la Cuna <\/em>(Couche)<em>, <\/em>en el barrio Saint-Landry. Una pobre casa, una viuda y dos sirvientas, mercenarias en la empresa: se imagina lo que eran sus pensionistas. La mayor parte se mor\u00edan al cabo de unos d\u00edas. Eran los dichosos. Los otros eran vendidos, oh, no muy caros, \u00aba ocho sueldos la pieza\u00bb, a diversos empresarios de comercios innobles. A mendigos que los mutilaban para mejor excitar la piedad de los transe\u00fantes; a profesionales del chantaje jur\u00eddico, que se serv\u00edan de ellos como de ni\u00f1os \u00absupuestos\u00bb para intervenir en las sucesiones y captar partes de herencia (\u00a1qu\u00e9 pena que Moli\u00e8re no haya buscado alguna comedia hiriente en todo esto!) entre los adeptos de la magia negra, que dec\u00edan sobre el cuerpo de estos peque\u00f1os sus misas sacr\u00edlegas. En una palabra, sin hablar de estas torpezas, toda esta pobre simiente de humanidad estaba perdida para la sociedad; perdida tambi\u00e9n para el cielo, ya que no se dispon\u00eda de tiempo de pensar en el bautismo en la hospitalaria casa\u2026 En verdad, detr\u00e1s de la escena brillante del siglo, se ven algunas trasteras infernales.<\/p>\n<p>Es en una carta de Vicente de Pa\u00fal a la Se\u00f1orita Le Gras, fechada el 1 de enero de 1638, donde vemos la primera menci\u00f3n de los Ni\u00f1os exp\u00f3sitos. \u00abHubo acuerdo, en la \u00faltima asamblea de las Damas, para pediros que hicierais un ensayo con los ni\u00f1os abandonados, si habr\u00e1 modo de alimentarlos con leche de vaca, y hacerlo con dos o tres a este efecto\u2026 Yo s\u00e9 bien que hay varias cosas que discutir. Ya volveremos a habar\u2026\u00bb Dos o tres: estos son los \u00abpeque\u00f1os comienzos\u00bb como a \u00e9l le gusta. Otra carta: \u00abHablemos\u2026 de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos. Me agobian de una forma que no es imaginable, por parte del Sr. Hardy. Me hace culpable de todo el retraso. \u00bfQu\u00e9 inconveniente que mand\u00e9is comprar una cabra y continu\u00e9is haciendo una m\u00e1s amplia experiencia?\u00bb El retraso, \u00a1yo creo que \u00e9l es el culpable! Se quiere que \u00e9l env\u00ede a las Damas a la Couche para reformarlo todo, no quiere rendir \u00abtantas cuentas ni tantas dificultades que vencer\u00bb;\u00a0 \u00a1prefiere una nodriza y algunas cabras en vuestra casa, vaya!\u00bb\u00a0\u00a0 Su idea prevalece. Pronto doce ni\u00f1os son trasladados a una casa cerca de la puerta Saint-Victor; se les buscan nodrizas del campo. Durante dos a\u00f1os, sin prisas, la prueba se prosigue. En marzo de 1640, Vicente permite que las Damas se encarguen decididamente de todos los ni\u00f1os abandonados. Logra interesar para su suerte a Ana de Austria, que acaba por fin de ser madre; Luis XIII da una renta de cuatro mil libras sobre el dominio de Gonesse y la dobla dos a\u00f1os despu\u00e9s. Pero las cargas aumentan, las Damnas se ver\u00e1n obligadas a buscar hasta cuarenta mil libras. Y llega el tiempo en el que las guerras, las revueltas pol\u00edticas, agotan o inquietan todas las fortunas. El gasto recae en parte sobre la Se\u00f1orita Le Gras y sus Hijas, que llegan hasta las privaciones, hasta el hero\u00edsmo, para que sus peque\u00f1os no se mueran de hambre. En varias ocasiones se trata de abandonar la obra. Vicente conjura a las Damas\u00a0 a ayudarle a continuar. \u00abSi vosotras los abandon\u00e1is, \u00bfqu\u00e9 dir\u00e1 Dios, que os ha llamado para esto? \u00bfQu\u00e9 dir\u00e1 el Rey y el magistrado, quien, por letras patentes verificadas, os atribuye el cuidado de estos peque\u00f1os ni\u00f1os? \u00bfQu\u00e9 dir\u00e1 el p\u00fablico que ha estallado en aclamaciones por las bendiciones de ver el cuidado que os tom\u00e1is por ellos? \u00bfQu\u00e9 dir\u00e1n estas pobres criaturas? \u00abAh! mis queridas madres, vosotras nos abandon\u00e1is! Que nuestras propias madres nos hayan abandonado, \u00a1bueno! ellas son malas; pero que lo hag\u00e1is vosotras, que sois buenas, es tanto como decir que Dios nos ha abandonado y que \u00e9l no es nuestro Dios\u00bb. Todo eso, Se\u00f1oras, parece requerir que os esforc\u00e9is\u00bb.<\/p>\n<p>En 1567, en el momento m\u00e1s cr\u00edtico, reuni\u00f3 de nuevo a las Damas, y esta vez tenemos un pasaje de elocuencia al que el santo no estaba acostumbrado: \u00abPues bien, Se\u00f1oras, la compasi\u00f3n y la caridad os han hecho adoptar a estas peque\u00f1as criaturas como a ni\u00f1os vuestros\u2026 Dejad de ser sus madres para convertiros ahora en sus jueces; su vida y su muerte est\u00e1n en vuestras manos; ahora os voy a pedir los votos y los sufragios; llegada es la hora de pronunciar su destino y de saber si no quer\u00e9is ya tener misericordia para ellos. Vivir\u00e1n, si continu\u00e1is teniendo de ellos un cuidado caritativo; y por el contrario morir\u00e1n y perecer\u00e1n infaliblemente si los abandon\u00e1is; la experiencia no permite tener la menor duda\u00bb.<\/p>\n<p>La obra continu\u00f3 pues. Los ni\u00f1os estaban cuidados en una casa del barrio Saint-Denis por doce hijas de la Caridad. Nodrizas rurales llegaban a buscarlos; la visita y el control de estas mujeres estaban organizados. Despu\u00e9s de su destete, los ni\u00f1os volv\u00edan a Par\u00eds; se los pon\u00eda en situaci\u00f3n poco a poco de escoger un oficio. En 1657, hab\u00eda unos cuatrocientos, en los campos o en la ciudad. En 1670, Luis XIV tom\u00f3 la obra a su cargo, mand\u00f3 construir el hospital de los Ni\u00f1os exp\u00f3sitos, y lo uni\u00f3 al Hospital Genera.<\/p>\n<p>De esta manera, una de las creaciones de Vicente de Pa\u00fal se convert\u00eda en uno de los mecanismos oficiales de la Asistencia p\u00fablica.<\/p>\n<p>\u00bfHabr\u00e1 que decir que otro de estos mecanismos, y m\u00e1s importante, el Hospital General, fue tambi\u00e9n su obra? S\u00ed y no. S\u00ed, porque \u00e9l tom\u00f3 en ello una parte activa; adem\u00e1s, en esta fecha, se puede afirmar que ninguna obra grande pod\u00eda hacerse enteramente sin \u00e9l. No, porque ha sido llevado por otros, y la realizaci\u00f3n no fue del todo la que \u00e9l hubiera escogido.<\/p>\n<p>La idea de acabar de una vez con la mendicidad, de separar a los falsos pobres de los verdaderos, de internar y hacer trabajar a los indigentes v\u00e1lidos, hab\u00eda nacido hac\u00eda tiempo, hab\u00eda constituido el objeto de varios edictos; es una tarea de polic\u00eda y de gobierno as\u00ed como de asistencia. Para atenernos al tiempo de Vicente de Pa\u00fal, un ensayo tuvo lugar en Lyon en 1614; Luis XIII, de 1612 a 1629, hab\u00eda intentado fundar \u00abdep\u00f3sitos de mendicidad\u00bb, \u00abcasas de trabajo\u00bb; hab\u00eda nombrado a Teofrasto Renaudot, este original pleno de ideas, \u00abComisario general de los pobres del reino\u00bb. Pero el proyecto que acab\u00f3 por tomar cuerpo es, se sabe hoy, la obra de la compa\u00f1\u00eda del Santo Sacramento. Fue ella la que estudi\u00f3 la idea, que le conquist\u00f3 apoyos en altas esferas, en el Parlamento, en la burgues\u00eda, en las \u00abesferas oficiales\u00bb. Vicente de Pa\u00fal formaba parte, desde 1636 probablemente, de la Compa\u00f1\u00eda; ha conocido pues el proyecto con toda probabilidad, se le solicit\u00f3 colaboraci\u00f3n. La idea pod\u00eda satisfacerle por lo dem\u00e1s; la hab\u00eda tanteado, en grado menor, en M\u00e2con y en Beauvais. Pero en Par\u00eds es otra cosa. Vicente sabe muy bien que desde hace cincuenta a\u00f1os todos los mandatos reales, todas las Ordenanzas del Parlamento han fracasado frente a la poderosa corporaci\u00f3n de los mendicantes parisienses. Lo pone en duda pues durante largo tiempo y, despu\u00e9s de la Compa\u00f1\u00eda del Santo Sacramento, es preciso que la Asamblea de las Damas le obligue. Cuando por fin se ha decidido a pedir al Rey, en 1653, la casa y el vasto terreno de la Salp\u00eatri\u00e8re y cuando los ha recibido, las Damas creen que ya no hay m\u00e1s que invitar a los mendigos a entrar: \u00e9l las desenga\u00f1a: \u00abSe\u00f1oras, las obras de Dios van poco a poco; tienen sus comienzos y sus progresos\u2026 Seg\u00fan eso, no es conveniente querer hacerlo todo a la vez y ya, ni pensar que todo se perder\u00e1 si todos y cada uno no se apresuran con nosotras para cooperar\u00a0 un poco con la\u00a0 buena voluntad que tenemos nosotras. \u00bfQu\u00e9 hay que hacer entonces? Andar despacio, rogar mucho a Dios, y obrar de mutuo acuerdo. Seg\u00fan mi modo de pensar, <em>no se ha de hacer lo primero m\u00e1s que un\u00a0 ensayo, <\/em>y recibir tan solo a cien o doscientos pobres, y tambi\u00e9n tan solo a aquellos que vengan de buen grado, sin obligar a nadie. Al verse bien tratados y bien contentos servir\u00e1n de llamada a los dem\u00e1s; y as\u00ed se aumentar\u00e1 el n\u00famero a medida que la Providencia nos vaya mandando fondos. Podemos estar seguros de no estropear nada si lo hacemos as\u00ed\u2026 Si la obra es de Dios, saldr\u00e1 flote y subsistir\u00e1; pero si es tan solo industria humana, no llegar\u00e1 demasiado bien, ni demasiado lejos\u00bb.<\/p>\n<p>Ese es todo su m\u00e9todo, a la vez prudente y m\u00edstico. La obra no fue llevada sobre estas bases. Interesaba de cerca, adem\u00e1s, a un servicio de polic\u00eda general, que proven\u00eda de los poderes p\u00fablicos, para verse totalmente bajo la influencia del santo. No tuvo \u00e9l toda la responsabilidad, no le imprimi\u00f3 su marca.<\/p>\n<p>El edicto del Rey que institu\u00eda el Hospital General es de 1656. Un primer chasco tuvo lugar cuando, en las magn\u00edficas edificaciones que acababan de terminarse, se dio la orden a todos los pobres a son de trompeta por las calles, desde lo alto de los p\u00falpitos en las iglesias, de reunirse en el patio de la Piti\u00e9, desde donde se los deb\u00eda dirigir a la Salp\u00eatri\u00e8re, Bic\u00eatre o los dem\u00e1s lugares de internamiento. De los cuarenta mil mendigos \u2013un ej\u00e9rcito- cinco mil apenas se dejaron internar: muchos m\u00e1s que los doscientos\u00a0 de Vicente de Pa\u00fal, pero muchos menos de los que se hubiera esperado. Los otros se ocultaron o desaparecieron: los de las muletas arroj\u00e1ndolas, los lisiados recuperando sus miembros:<\/p>\n<h3><em>Nunca se ha visto en Par\u00eds <\/em><em>a tanta gente tan pronto curados all\u00ed\u2026\u00a0 <\/em><\/h3>\n<p>Adem\u00e1s, pronto, las Cortes de los milagros volvieron a encontrar a sus hu\u00e9spedes, Par\u00eds fue infestado igual que anteriormente, y las disposiciones, y las condenas, los arqueros funcionaron\u00a0 sin cesar durante todo el reinado, contra los recalcitrantes. Vicente de Pa\u00fal habr\u00eda obrado m\u00e1s dulcemente, pero m\u00e1s eficazmente, el <em>Compelle<\/em> <em>intrare <\/em>(Hazles pasar).<\/p>\n<p>A todo esto la obra era grandiosa: dotada regiamente, ayudada con gigantescas limosnas, pregonada por todas las voces de la \u00e9poca, en un concierto hiperb\u00f3lico como \u00abla m\u00e1s maravillosa obra del siglo\u00bb. Todo eso suena a su Luis XIV, mucho m\u00e1s que a nuestro Vicente de Pa\u00fal. Ella prest\u00f3 incontestables servicios. Una declaraci\u00f3n del Parlamento, de 1663, constataba que en seis a\u00f1os m\u00e1s de sesenta mil pobres hab\u00edan hallado alimentaci\u00f3n, ropas, medicamentos; se comenzaba a darles trabajo.<\/p>\n<p>El edicto del Rey hab\u00eda confiado la direcci\u00f3n espiritual del Hospital General a los sacerdotes de la Misi\u00f3n. El Rey y el Parlamento, <em>sin hacerme hablar de ello<\/em>, han destinado a los sacerdotes de nuestra congregaci\u00f3n y a las Hijas de la Caridad<em>\u00a0 <\/em>para el servicio de los pobres. No hemos resuelto todav\u00eda sin embargo a comprometernos en estos empleos, por no conocer lo suficiente si el buen Dios lo quiere\u00bb. Habiendo reunido a sus sacerdotes, les consult\u00f3; y la respuesta fue negativa. Hay una prueba\u00a0 que Vicente de Pa\u00fal no reconoc\u00eda el Hospital General como obra suya: atribu\u00edrsela, para engrosar el cuadro de sus creaciones me parece bien ligero. El rector nombrado fue Luis Abelly, miembro de la Compa\u00f1\u00eda del Santo Sacramento, de la Conferencia de los Martes, disc\u00edpulo pues de Vicente, cuya vida escribir\u00e1 por otra parte; pero no se qued\u00f3 all\u00ed m\u00e1s que varios meses. Y las relaciones de Vicente de Pa\u00fal con el Hospital General cesaron.<\/p>\n<h3><em>Y siempre Beneficios.<\/em><\/h3>\n<p>Como hab\u00eda tomado por piedad a los ni\u00f1os, Vicente se preocup\u00f3 de los ancianos.<\/p>\n<p>En 1653, un burgu\u00e9s de la ciudad viene a verle, poniendo a su disposici\u00f3n una suma de cien mil libras. Vicente compr\u00f3 una casa, en ella instal\u00f3 a cuarenta ancianos de uno y otro sexo. Les dio oficios, \u00fatiles para ocupar sus \u00faltimos espacios libres y el resto de sus fuerzas. Trabajo, oraci\u00f3n, orden y decencia perfectos, graciosas visitas de las Damas: la casa del Nombre de Jes\u00fas no fue un trist\u00f3n asilo, sino un amable retiro, donde muchos artesanos, incluso burgueses desearon acabar sus vidas. Sus plazas eran disputadas.<\/p>\n<p>Quedaba todav\u00eda otra miseria: la de las mujeres ca\u00eddas en el pecado. La ancianidad, la muerte que se acercaba impidieron a Vicente ocuparse de ellas personalmente; pero todas las obras de las mujeres arrepentidas tuvieron sus solicitud. La que se llamaba <em>la Magdalena<\/em> se hab\u00eda establecido por la marquesa de Maignelay, una de las disc\u00edpulas del santo; puso a la cabeza de la casa a cuatro Hijas de la Visitaci\u00f3n, y las mantuvo por medio de cartas o visitas. La comunidad de <em>Hijas de la Providencia<\/em>, establecida por la Srta.\u00a0 Poulaillon, conoci\u00f3 igualmente todos los cuidados del santo. Fue superior de la casa; form\u00f3 con la Se\u00f1orita Poulaillon la idea de la <em>Uni\u00f3n cristiana,\u00a0 <\/em>asociaci\u00f3n de mujeres misioneras que trabajaban en la conversi\u00f3n de los protestantes o en su perseverancia en la fe cat\u00f3lica; a la muerte de la fundadora, \u00e9l salv\u00f3 la casa a punto de caer con la ayuda de la duquesa de Liancourt. Cu\u00e1ntas obras m\u00e1s convendr\u00eda citar todav\u00eda, que no nacieron o no se sostuvieron sino con los consejos de Vicente de Pa\u00fal: <em>las Hijas de Santa Genoveva, <\/em>de la Srta. de Blosset; <em>Hijas de la Cruz, <\/em>de la Sra. de Villeneuve. Apenas existe fundaci\u00f3n, en esta \u00e9poca, en la que no se encuentre su paso o su influencia; el bien que se hace al lado de \u00e9l se hace raramente sin que haya tomado parte \u00e9l.<\/p>\n<p>Por otra parte, entre las Damas de la Caridad y el santo, hay cada vez m\u00e1s un intercambio de ideas generosas y de atrevidos proyectos. Ha sido en primer lugar su animador; ahora se siente obligado a hacer de moderador de estos celos demasiado ardientes. Las Damas quieren emprenderlo todo; piensan que con el Sr. Vicente no se puede fracasar. Les deja trabajar, h\u00e1bil en servirse de ellas para medir las dificultades, para probar a la Providencia. Cuando van demasiado a prisa, acalla suavemente su impaciencia; cuando su celo decae, las exalta mostr\u00e1ndoles lo que han hecho ya. \u00abBueno, Se\u00f1oras, el relato de estas cosas, \u00bfes que no os enternece el coraz\u00f3n? \u00bfNo sent\u00eds gratitud por la bondad de Dios con vosotras\u2026? La historia no dice que algo parecido les haya pasado a las damas de Espa\u00f1a, de Italia o de algunos pa\u00edses m\u00e1s. Eso os estaba reservado a vosotras, Se\u00f1oras, que os hall\u00e1is aqu\u00ed\u2026\u00bb \u00a1Qu\u00e9 bien las dirige, y siempre hacia los fines m\u00e1s altos! Pero as\u00ed es como ellas responden bien a su direcci\u00f3n, y que hay, entre estas grandes damas, pocas rivalidades, pocas vanidades, un meritorio desprendimiento del esp\u00edritu del mundo. Es verdaderamente un hermoso espect\u00e1culo, y satisface ver a esta flor de la sociedad francesa, que no era m\u00e1s que un adorno, convertirse, en las manos del santo, en una gran fuerza moral.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, es para \u00e9l una especie de publicidad que no ha buscado, sino que aumenta singularmente la irradiaci\u00f3n de su acci\u00f3n. Vicente de Pa\u00fal es en adelante, a los ojos de todos los Parisienses, de Francia incluso, el gran intendente de los pobres, el hombre que puede combatir la miseria en todos sus dominios, y casi expulsar el mal de la tierra. Regalos, legados, remordimientos de los moribundos, pensamientos generosos de los vivos, afluyen a \u00e9l. Nunca se echaran cuentas del dinero que ha pasado por sus manos; mucho menos todav\u00eda de los bienes espirituales cuya dispensa por decirlo as\u00ed \u00e9l ten\u00eda. Ya que, al renovar la caridad, \u00e9l despertaba la piedad y, entre los que reciben como entre los que dan, lo hace de tal suerte que el beneficio llega a Dios. Esto es lo que no se ha de olvidar para comprender la obra caritativa de Vicente. Humanamente, fue una filantrop\u00eda precisa y eficaz; se ha adelantado en varios puntos a las ideas de nuestras sociedades modernas sobre la asistencia. Pero este fil\u00e1ntropo era sobre todo un ap\u00f3stol. La mirada que se posaba tan claro sobre las realidades\u00a0 eternas. Los servicios que ha prestado a las almas no se miden como los que ha prestado a los cuerpos; pero se puede afirmar que los sobrepasan infinitamente.<\/p>\n<h3><em>El Auxilio nacional\u2026<\/em><\/h3>\n<p>A sus males inevitables, la pobre humanidad a\u00f1ade, ay, los que se inflige a s\u00ed misma. La indigencia, la enfermedad, la ancianidad no era suficiente: fue preciso hacer cara a las miserias de la guerra.<\/p>\n<p>La asistencia a las \u00abprovincias desoladas\u00bb, es decir saqueadas al paso y por la hibernaci\u00f3n de los ej\u00e9rcitos, fue una de las tareas m\u00e1s pesadas de Vicente de Pa\u00fal y sus colaboradoras, de 1625 a 1660. Ya que, en el brillante cuadro del gran siglo, hubo, durante estos veinticinco a\u00f1os, un rev\u00e9s espantoso: sangre l\u00e1grimas, el hambre, la peste, esto es lo que una buena parte de Francia ha conocido, mientras que la historia inscribe victorias y tratados gloriosos, grandes fechas literarias, la aurora de un reinado resplandeciente.<\/p>\n<p>Todo comenz\u00f3 por la Lorena. A Richelieu le apetec\u00eda; el duque Carlos IV, turbulento, imprudente, le ofrec\u00eda una tras otra las ocasiones de intervenciones provechosas. En 1633, Luis XIII entraba en Nancy, forzaba a Carlos IV a abdicar, se apropiaba la Lorena ya en gran parte ocupada. Dos a\u00f1os despu\u00e9s, el duque volv\u00eda de Alemania para reconquistar sus estados. La Lorena fue pisoteada por siete cuerpos de ej\u00e9rcito, tres de Franceses y cuatro de Imperiales. \u00a1Y qu\u00e9 soldados! Suecos, Alemanes, Checos, Croatas; Luteranos que saciaban su odio religioso en las iglesias y los monasterios, Franceses que destru\u00edan los castillos para dar caza a los bandidos, pero tambi\u00e9n castigar a la nobleza lorenesa demasiado fiel a su duque; conjunto de criados, mujeres, bandidos que segu\u00edan a los ej\u00e9rcitos y acababan\u00a0 el pillaje; y la peste que dejaba los campos despoblados como un desierto.<\/p>\n<p>Fue en 1637, en Toul, donde se hab\u00eda fundado una casa de la Misi\u00f3n, cuando Vicente de Pa\u00fal comenz\u00f3 a enviar socorros. Las Damas se hab\u00edan conmovido; ellas hab\u00edan conmovido a Ana de Austria, al Rey. Se hab\u00edan reunido fondos. Doce misioneros fueron enviados a Lorena, m\u00e1s algunos hermanos de la Compa\u00f1\u00eda. En las ciudades establec\u00edan la lista de los pobres, con el consentimiento del obispo, de los p\u00e1rrocos, de los magistrados; luego compraban trigo, hac\u00edan cocer pan para una semana, y comenzaban sus distribuciones, lo que llamar\u00edamos sopas populares. Para los enfermos, hab\u00eda carne, medicinas, y cuidados, algunos hermanos eran m\u00e9dicos o cirujanos. Despu\u00e9s de Toul, fue Metz, donde un obispo indigno y el Parlamento, hab\u00edan abandonado la ciudad; luego Verdun, Nancy, Bar-le-Duc, Saint-Mihiel, Pont-\u00e1-Mousson, Lun\u00e9ville. Y pronto los campos, donde los desdichados se mor\u00edan en sus campo devastado. \u00abSi Nuestro Se\u00f1or no me diera fuerzas, no me atrever\u00eda a mirarlos\u00bb, escribe un misionero. \u00abTienen la piel como m\u00e1rmol bronceado y de tal forma arrugada que los dientes se les ven muy secos y al descubierto\u2026\u00bb Pobres esqueletos ambulantes, que comen hierba, culebras, carro\u00f1as, hasta el d\u00eda en que se acuestan para morirse en un poco de paja podrida. El misionero reanima los \u00e1nimos, lleva lo m\u00e1s urgente; ense\u00f1a a los hombres que siguen v\u00e1lidos a sacar el arado para trabajar todav\u00eda; remplaza al sacerdote desaparecido, ense\u00f1a a los laicos a dar el bautismo, entierra a los muertos. Hace ver, sobre todo, que hay en Francia un pensamiento de piedad por las miserias de los loreneses; el valor de vivir renace en ellos que no se sienten ya abandonados.<\/p>\n<p>La despensa, que se construye enseguida, la hacen las Damas. Vicente pone en ella gran cuidado de orden y de empleo; hay visitantes que recorren las parroquias socorridas y vigilan para que el dinero se emplee bien. Todas las semanas las hermanas se re\u00fanen, votan y controlan la despensa. Nunca el socorro nacional fue m\u00e1s directa y estrictamente repartido.<\/p>\n<p>Si no se pierde dinero en burocracia, \u00bfc\u00f3mo no se pierde por las rutas en un pa\u00eds infestado de soldados y de salteadores? Eso es el milagro. Tenemos un relato de Mathieu Regnard, el principal correo de Vicente en las regiones devastadas, que es muy curioso y divertido. La bolsa del hermano Regnard conten\u00eda diez, veinte mil libras y una vez hasta cincuenta. Se necesitaba un hombre intr\u00e9pido y un t\u00edo astuto para escapar de los malos encuentros (pues acababa por ser conocido y cacheado de todos los atracadores), arrojar su tesoro tras un espino o en una charca, hacerse el tonto cuando le registraban, salir por fin de todos los peligros, hasta el punto\u00a0 de creerle invulnerable y hasta invisible. Era un hombre que no hab\u00eda pensado en servir a Dios de una manera tan pintoresca.<\/p>\n<p>Sin embargo la asistencia se extend\u00eda con las necesidades. Los Monasterios de mujeres, en particular, se mor\u00edan de hambre careciendo ya de rentas y de limosnas. Vicente las mand\u00f3 socorrer ampliamente. Las j\u00f3venes de los campos estaban expuestas a perder su honor. Vicente les hizo proponer su venida a Par\u00eds. Una multitud se present\u00f3, hubo que hacer una elecci\u00f3n. La Srta. Le Gras recibi\u00f3 a la colonia, lleg\u00f3 a colocar a estas j\u00f3venes. Al fin la nobleza lorenesa, expulsada de sus castillos demolidos ven\u00eda en gran n\u00famero a buscar refugio en Par\u00eds. All\u00ed viv\u00eda en miseria; el Loren\u00e9s es silencioso y orgulloso. Advertido de este desamparo mudo, Vicente quiso aliviarla. No pod\u00eda ya pedir nada a las Damas sobrecargadas. Con el bar\u00f3n de Renty traz\u00f3 el plan de una asociaci\u00f3n de hombres de la nobleza que ayudar\u00edan a sus pares sin causarles da\u00f1o. Renty, desde hac\u00eda tiempo, practicaba en la Compa\u00f1\u00eda del Santo Sacramento la caridad oculta e ingeniosa. \u00c9l se encarg\u00f3 de la delicada encuesta\u00a0 sobre las familias que socorrer. Los miembros de la asociaci\u00f3n se cotizaron, primeramente por un mes, luego de mes en mes, renovando sin cansarse su gesto\u00a0 durante cerca de ocho a\u00f1os.<\/p>\n<p>El socorro de la Lorena disminuy\u00f3 a partir de 1642, pero dur\u00f3 largo tiempo todav\u00eda. Diez a\u00f1os no fueron demasiado para vendar profundas heridas, y reparar lo que era reparable. Innumerables testimonios de gratitud llegaron a la Misi\u00f3n por parte de los magistrados municipales, de los Obispos, de los Religiosos. Vicente de Pa\u00fal fue el \u00fanico salvador de este infeliz pa\u00eds: el Rey y su ministro ten\u00edan demasiados asuntos y ej\u00e9rcitos que atender, demasiada poca piedad tambi\u00e9n. Algunos misioneros y algunas pobres j\u00f3venes fueron solos a representar,\u00a0 por los Loreneses, el rostro humano de Francia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la Lorena, todo el norte de nuestro pa\u00eds, hasta el Orleanesado, deb\u00eda conocer las mismas calamidades, o peores. Richelieu hab\u00eda declarado la guerra a los Habsburgos de Madrid, en 1635; los Espa\u00f1oles respond\u00edan al a\u00f1o siguiente invadiendo Francia hasta Corbie. Durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os, la guerra extranjera, despu\u00e9s de los juegos crueles de la Fronda, iban a tener el Artois, la Picard\u00eda, la Champa\u00f1a, la Brie, la Isla-de-Francia, el Orleanesado, bajo la violencia de los soldados de todos los uniformes. Las operaciones propiamente dichas no eran peores que los \u00abpasos y los alojamientos\u00bb; los enemigos no peores que los Franceses. Richelieu manten\u00eda a cuatro o cinco ej\u00e9rcitos, cuyos soldados por lo com\u00fan no recib\u00edan sueldo, cuyos generales ve\u00edan muy raramente que les pagaran sus servicios: hab\u00eda que vivir a costa del pa\u00eds. Ninguna disciplina pod\u00eda impedir a las tropas el pillaje para comer; ninguna indemnizaci\u00f3n pod\u00eda venir de un tesoro a secas. Las victorias cuestan siempre caras; pero nos imaginamos mal lo que costaban cuando ning\u00fan derecho de las gentes, ninguna organizaci\u00f3n exclu\u00edan de la guerra a los no combatientes, y cuando la hibernaci\u00f3n de las tropas se hac\u00eda a expensas del habitante.<\/p>\n<p>La iniciativa de los socorros no vino de Vicente de Pa\u00fal. Parece que no se haya hecho gran cosa hasta la paz de Westphalia. Pero en 1649, cundo la Fronda vino a renovar los males que se daban por terminados, un jefe de pesquisas en el Parlamento de Rouen, Charles Maignart de Berni\u00e8res, present\u00f3 su dimisi\u00f3n para hacerse el \u00abprocurador de nuestras provincias\u00a0 desoladas\u00bb. Constituy\u00f3 un grupo de Parlamentarios y de Jansenistas, con el concurso de la Madre Ang\u00e9lica, y admiti\u00f3 afiliados. Tuvo tambi\u00e9n la idea de un bolet\u00edn, de una <em>Relato<\/em> de las miserias constadas en nuestras provincias, para mover la piedad de Par\u00eds y del resto de Francia. De 1649 a 1655, los <em>Relatos<\/em> tuvieron todo el \u00e9xito deseado: hasta los pobres dieron para los m\u00e1s pobres. Saludemos a este hombre de bien; Vicente de Pa\u00fal le debe quiz\u00e1s mucho.<\/p>\n<p>En cuanto a \u00e9l, \u00e9l no entr\u00f3 en acci\u00f3n hasta 1650. Despu\u00e9s de la triste campa\u00f1a de Turena aliado a los Espa\u00f1oles y, como siempre, debido a una \u00abocasi\u00f3n bastante fortuita\u00bb. Le hab\u00edan advertido que, terminado el sitio de Guisa, soldados heridos o enfermos se quedaban sin socorro alrededor de la ciudad. Envi\u00f3 a dos misioneros con algunos v\u00edveres. Los dos hombres se encontraron no con algunos soldados, sino toda una provincia que socorrer. Lanzaron un grito de alarma. \u00abHemos visitado a los pobres de este lugar y dem\u00e1s pueblos del valle, donde la aflicci\u00f3n que hemos presenciado sobrepasa todo lo que os han contado. Ya que, para comenzar por las iglesias, han sido profanadas, el Sant\u00edsimo Sacramento pisoteado, los c\u00e1lices y los copones robados, las pilas bautismales rotas, los ornamentos robados\u2026 La mayor parte de los habitantes se han muerto en los bosques, mientras que el enemigo ocupaba sus casas. Los dem\u00e1s han regresado para terminar su vida, pues no vemos por todas partes m\u00e1s que enfermos. Tenemos m\u00e1s de mil doscientos, aparte de seiscientos que languidecen, dispersos por m\u00e1s de treinta pueblos arruinados\u2026 Encontramos a los vivos con los muertos\u2026\u00bb En otra ocasi\u00f3n: \u00abEl hambre es tal que vemos a los hombres comer tierra, pastar hierba, arrancar la corteza de los \u00e1rboles, desgarrando los harapos sucios que los cubren para comerlos. Pero lo que no nos atrever\u00edamos a decir, si no lo hubi\u00e9ramos visto, ellos se comen los brazos y las manos, y se mueren en la desesperaci\u00f3n\u00bb. Cien cartas parecidas; los misioneros han encontrado por todas partes los mismos horrores, un infierno del Dante. En nuestros hermosos campos franceses, se ve a los hombres regresar al estado salvaje: las v\u00edctimas por un lado, los verdugos por otra. No son tan solo las bandas del Bar\u00f3n de Erlach, son los soldados de Turenne los que se portan como demonios: \u00abEl pueblo de Bi\u00e8vre ha sido tratado con una crueldad inaudita por algunos regimientos de los ej\u00e9rcitos del Rey\u2026 como lo ha sido tambi\u00e9n el pueblo de Saint-Julien, que han sido asaltados y saqueados por dichos regimientos que los han incendiado, y hasta en las iglesias de dichos lugares, adonde los habitantes se hab\u00edan retirado. Los soldados, despu\u00e9s de abrasar el pueblo, incendiaron la iglesia y redujeron a la pobre gente refugiada en el campanario a precipitarse desde lo alto al vac\u00edo\u00bb. M\u00e1s de una provincia de Francia se convirti\u00f3 en un Palatinado<span id='easy-footnote-2-72949' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-6\/#easy-footnote-bottom-2-72949' title='Si se quiere conocer estas miserias que se lea el &lt;em&gt;Journal&lt;\/em&gt; de un notario de Marles, Lehault, los &lt;em&gt;Relatos&lt;\/em&gt;\u00a0 de Berni\u00e8res, el trabajo de E. Fleury sobre la regi\u00f3n de Laon, el libro de Feuillet sobre &lt;em&gt;la Miseria durante la Fronda.&lt;\/em&gt;'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Vicente no duda ya; propone la inmensa empresa a las Damas ya sobrecargadas. Obtiene una orden del Arzobispo, le\u00edda en todos los p\u00falpitos de Par\u00eds; manda imprimir en los <em>Relatos<\/em> las cartas de sus misioneros; se encarga, multiplic\u00e1ndolos por la fuerza que ten\u00eda en mano, todo los medios de Berni\u00e8res. Muy pronto env\u00eda a diecis\u00e9is misioneros, y a Hijas de la Caridad, al Vermandois, al Soissonais, a la Thi\u00e9rache, al Laonnois. Hace descombrar los campos de batalla de los cad\u00e1veres que envenenan al aire y las aguas, despacha montones de pa\u00f1os y ropas para vestir a la gente; en las regiones en que se puede esperar un poco, una cosecha, env\u00eda semillas, cebada, habas, guisantes; aperos de trabajo, hachas, podaderas, tornos; no se olvida del clero y del culto, env\u00eda ornamentos, vasos sagrados: en una palabra, todo lo que hemos visto el Estado por una parte, innumerables obras por otra, hacer en nuestras provincias devastadas despu\u00e9s de la guerra. Lamentablemente, en ese tiempo, la guerra volv\u00eda una y otra vez. A partir de 1652, son los alrededores de Par\u00eds, las afueras inmediatas las que son saqueadas por los ej\u00e9rcitos de los Pr\u00edncipes y los del rey. Esta vez los socorros los organiza el Arzobispo de Par\u00eds, que asigna a cada uno su cant\u00f3n; pero \u00abla direcci\u00f3n de los misioneros del Sr. Vicente, quien tiene mucha experiencia ha servido de modelo para casi todas las estaciones\u00bb. Y no es tan solo en \u00c9tampes o en Palaiseau donde trabajan, sino que sucumben en una entrega sin l\u00edmites. En todas partes, tambi\u00e9n, se piden Hijas de la Caridad. Y la miseria es tal que, a pesar de los esfuerzos de un ej\u00e9rcito de caridad y de gastos que ning\u00fan historiador ha podido tan solo evaluar, nuestras m\u00e1s bellas regiones se despueblan: \u00aball\u00ed se mueren\u00a0 a montones, se entierra a los muertos de tres en tres, de cuatro en cuatro\u00bb.<\/p>\n<p>En Par\u00eds tambi\u00e9n, hubo una \u00abimportuna borrasca\u00bb. Todo el mundo conoce el aspecto pintoresco, el ca\u00f1onazo de la Gran Se\u00f1orita, la agradable jornada del barrio Saint-Antoine. Son los bellos cuadros, pero que cuestan caros al pobre pueblo. Las <em>Cartas<\/em> de la madre Ang\u00e9lica Arnauld nos lo revelan como lo m\u00e1s triste. Par\u00eds fue invadido por las gentes de los barrios despojados y enloquecidos. La casa de San L\u00e1zaro fue asediada por desgraciados que ped\u00edan un abrigo, un pedazo de pan. \u00abTenemos a cien j\u00f3venes refugiadas en una casa\u2026 Nos mandan a los pobres p\u00e1rrocos, vicarios y dem\u00e1s sacerdotes de los campos que han abandonado su parroquia para refugiarse en esta ciudad; nos llegan todos los d\u00edas. As\u00ed es como Dios quiere que participemos en tantas santas empresas. Las Hijas de la Caridad tienen mayor participaci\u00f3n que nosotros\u2026 Ellas hacen y distribuyen potajes todos los d\u00edas a mil trescientos pobres vergonzantes, y en el barrio de Saint-Denis a ochocientos refugiados, y en la sola parroquia de Saint-Paul, cuatro o cinco de esas j\u00f3venes se los dan a cinco mil pobres\u2026 Hay otros que hacen lo mismo en otras partes\u2026\u00bb<\/p>\n<p>En esta calamidad, el ap\u00f3stol encontr\u00f3 despu\u00e9s de todo su ventaja. \u00abYo me he ofrecido a darles misiones, seg\u00fan esta m\u00e1xima del derecho que quiere que se tome su bien donde se lo encuentra\u00bb. \u00abHemos comenzado hoy en nuestra propia iglesia con ochocientos de esta pobre gente alojada en este barrio; y luego iremos a los otros\u00bb.<\/p>\n<p>Este papel de san Vicente en las desgracias de Francia, menos conocido todav\u00eda de lo que deb\u00eda ser, ha quedado por largo tiempo en el silencio. Los contempor\u00e1neos parecen haber hablado poco; muchas historias lo han rehusado, ocupados en seguir los juegos de la pol\u00edtica, o deslumbrados por el resplandor creciente de las victorias. Queda claro sin embargo en documentos aut\u00e9nticos, y ante todo en la gratitud de las poblaciones. Que se lean tan solo las cartas dirigidas a Vicente por los magistrados de Rethel de 1650 a 1653; se ver\u00e1 que el Reth\u00e9lois vivi\u00f3 por sus sola asistencia durante a\u00f1os; y muchas m\u00e1s regiones igualmente. La carencia absoluta del Estado, una uni\u00f3n nacional a\u00fan muy imperfecta, y nuestra idea moderna del deber social casi desconocida, pusieron por as\u00ed decirlo en las manos de Vicente este papel nacional<span id='easy-footnote-3-72949' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-6\/#easy-footnote-bottom-3-72949' title='Fue reconocido en un documento importante, una ordenanza real del 14 de febrero de 1651, que descubri\u00f3 el Sr Feillet felizmente y public\u00f3 en su &lt;em&gt;Miseria durante la Fronda.&lt;\/em&gt;'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>. Le hizo frente con su maestr\u00eda habitual de las realidades, y gracias a este instrumento siempre listo\u00a0 se encontraron ser su Misi\u00f3n, sus Hijas, su grupo de Damas. Si no hubiera sido as\u00ed, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s\u00a0 grande habr\u00eda sido la desolaci\u00f3n de nuestras provincias! Francia le debe un inmenso reconocimiento, y que no se haya contado lo suficiente.<\/p>\n<p>Pero esta coronaci\u00f3n de la acci\u00f3n caritativa de Vicente de Pa\u00fal no es no obstante m\u00e1s que un episodio de su historia. Muestra la calidad de sus m\u00e9todos, la flexibilidad de sus creaciones, no es ah\u00ed donde se ha de buscar el esp\u00edritu que le animaba. La obra caritativa de Vicente de Pa\u00fal, en su conjunto, se inspira en dos principios: honrar y servir en la persona de los pobres a la persona misma de Jesucristo; luego sanar las almas por los cuerpos, y emprender aqu\u00ed abajo la misi\u00f3n que el Padre ha dado al Hijo: <em>Evangelizare pauperibus misit me. <\/em>Esto es lo que se renueva en el origen de todas sus iniciativas, en el fondo de todos sus reglamentos, en el curso de sus dos creaciones esenciales. La maravilla est\u00e1 en que estas ideas tan espirituales hayan tomado un cuerpo tan firme en la realidad; que este m\u00edstico, este hombre \u00fanicamente\u00a0 ocupado de Dios, completamente perdido en la \u00absanta indiferencia\u00bb, haya renovado la asistencia privada y p\u00fablica de su tiempo, y creado obras o m\u00e9todos que valen a\u00fan para el nuestro. La inmensidad de la obra cumplida por Vicente de Pa\u00fal nos sorprende, y con raz\u00f3n. Se explica sin embargo. Si este hombre ha hecho tantas cosas es primeramente por haber venido en una \u00e9poca en que todo estaba por hacer. Cuando se ve por ejemplo le programa\u00a0 que se dio la Compa\u00f1\u00eda del Santo Sacramento, la prodigiosa variedad de sus ideas, sus proyectos, sus iniciativas, se comprende que hab\u00eda que retocarlo todo. Pensad en la miseria end\u00e9mica de los campos desde el siglo XVI, en desorganizaci\u00f3n de las ciudades, en los estragos de las guerras, en el agotamiento de los impuestos, en el abandono espiritual de los campesinos. \u2013Por otra parte, Vicente de Pa\u00fal ha sido sostenido y llevado por una corriente de opini\u00f3n. Los cat\u00f3licos deseaban una reforma del clero y de sus abusos; esperaban reconstructores para su culto, su piedad, su caridad. Cuando se ve con qu\u00e9 rapidez se extendieron las <em>Caridades,<\/em>\u00a0 los Grupos provinciales de la Compa\u00f1\u00eda del Santo Sacramento, la organizaci\u00f3n de la caridad jansenista, se comprende que la idea de asociar\u00a0 a los laicos al restablecimiento religioso estaba en el ambiente, y aceptada por la Iglesia oficial. No es disminuir Vicente de Pa\u00fal si decimos que ha encontrado para su obra un momento favorable, y una colaboraci\u00f3n eficaz del sentimiento cristiano.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, sin querer quitarle nada, tal vez la tradici\u00f3n ha reunido bajo su nombre, por una simplificaci\u00f3n que le es habitual, todo lo que se ha hecho en el orden caritativo en el siglo XVII. Era justicia, porque sigue siendo el gran nombre de la \u00e9poca, el incontestable maestro de obra. Pero no hay que exagerar, y decir que lo ha creado todo, por s\u00ed solo.\u00a0 Se actuaba en torno a \u00e9l. Se han tomado prestadas muchas de sus ideas. Al realizarlas, las ha se\u00f1alado con una huella extremadamente fuerte \u2013pero es sobre todo la huella la que es suya. Ning\u00fan hombre, por grande que sea\u00a0 su genio, es un fen\u00f3meno, nadie est\u00e1 aislado. Vicente de Pa\u00fal es por cierto de su tiempo; ha percibido las necesidades, reunido y dirigido las energ\u00edas, espiritualizado todos los buenos instintos. De muchos esfuerzos convergentes, ha seguido el mejor, ha hecho de \u00e9l una obra marcada con su sentido pr\u00e1ctico y con su humildad cristiana, y que, con toda la raz\u00f3n, honra su gran memoria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VI: El gran maestro de la Caridad Esta es la imagen tradicional, la imagen popular, que nos ha quedado del santo. 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