{"id":72943,"date":"2024-09-09T08:17:11","date_gmt":"2024-09-09T06:17:11","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=72943"},"modified":"2023-08-20T13:16:56","modified_gmt":"2023-08-20T11:16:56","slug":"san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-5\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Renaudin). Cap\u00edtulo 5"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo V<em>: <\/em>El\u00a0 reformador del clero de Francia<\/h2>\n<p>Con B\u00e9rulle, Olier, Bourdoise y algunos m\u00e1s, Vicente de Pa\u00fal es uno de los poderosos reformadores del clero de Francia.<\/p>\n<p>La evangelizaci\u00f3n del pobre pueblo le llevaba directamente a esta reforma. Constataba cada d\u00eda la lamentable insuficiencia del clero rural. Un n\u00famero muy alto de sacerdotes eran ignorantes; muchos viv\u00edan mal, muy mal. Algunos no se sab\u00edan la f\u00f3rmula de la absoluci\u00f3n; algunos confesaban a los ni\u00f1os en tropel, acabar pronto; otros comenzaban la misa en el <em>Pater. <\/em>Los de cierta di\u00f3cesis eran, nueve de cada diez, borrachos\u2026 Dej\u00e9moslo. En una palabra, no se salvar\u00eda nunca al pobre reba\u00f1o sin darle primero buenos pastores; el misionero, por s\u00ed solo, era incapaz.<\/p>\n<p>Formar a buenos sacerdotes es pues, con Vicente de Pa\u00fal, una idea <em>segunda, <\/em>en funci\u00f3n de su idea dominante. Pero se encontr\u00f3 enseguida con otra en el esp\u00edritu del santo: la alta idea que ten\u00eda del sacerdocio. B\u00e9rulle la ten\u00eda tambi\u00e9n; en aquel tiempo en que su Iglesia estaba debilitada y enferma, Dios suscit\u00f3 verdaderamente a algunos hombres ardientes para regenerarla, no solo como se pone remedio a un desorden social, sino en el nombre de un ideal interior. Jesucristo era profanado en el coraz\u00f3n de sus ministros. Des estado de abandono en que encontr\u00f3 a las almas, Vicente no sufri\u00f3 tan solo por las ovejas, sino por los pastores. La visi\u00f3n de un sacerdote indigno le part\u00eda al coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>La empresa era enorme. A ella se puso sin dudar, pero al comenzar, como siempre, por peque\u00f1os ensayos limitados, la desarroll\u00f3 lentamente bajo la presi\u00f3n de los hechos, bajo la inspiraci\u00f3n divina. All\u00e1, como en otras partes, se halla al hombre que no lo construy\u00f3 de una vez, que no tiene grandes visiones y que al menos las tiene secretas y sometidas a las de la Providencia; el hombre prudente, suave, s\u00f3lido, que no sale en busca de las ocasiones, sino al que ellas le encuentran siempre listo como si no hubiera cesado de preverlas; el hombre al que le sale bien todo lo que hace, bajo un falso aire de improvisaci\u00f3n, porque no introduce en sus empresas ninguno de esos elementos de fracaso que han hecho arruinar pronto las nuestras: nuestros humores, nuestras ilusiones, nuestras complacencias.<\/p>\n<h3><em>Los ejercicios de los ordenandos.<\/em><\/h3>\n<p>Desde hace tiempo, no hab\u00eda ya seminarios en Francia; la preparaci\u00f3n a las \u00f3rdenes no exist\u00eda.<\/p>\n<p>El Parlamento se opon\u00eda con todo su poder a la introducci\u00f3n de la reforma de Trento; la Universidad combat\u00eda a los Jesuitas, quienes solo\u00a0 se ocupaban aqu\u00ed y all\u00e1 de la instrucci\u00f3n de los j\u00f3venes cl\u00e9rigos. Las Asambleas del Clero del primer cuarto de siglo hab\u00edan sin embargo decidido a algunos obispos a intentar en sus lugares seminarios; pero todas las tentativas hab\u00edan fracasado vegetado. Eran, se puede decir, la tabla rasa. Y, sobre esta tabla, no era f\u00e1cil construir, ya que hombres que llevaban pens\u00e1ndolo veinticinco a\u00f1os, no hab\u00eda podido a\u00fan poner en marcha nada.<\/p>\n<p>Fue entonces, en 1628, cuando toma cuerpo una idea. Es sugerida a Vicente de Pa\u00fal por el obispo de Beauvais, Potier de Gerves; pero se adue\u00f1a de ella con una prontitud que permite tal vez invertir los papeles. Es sencilla. Los j\u00f3venes que van a recibir las \u00f3rdenes har\u00e1n en adelante un retiro de diez d\u00edas, bajo la direcci\u00f3n del Sr. Vicente. As\u00ed pues, en septiembre de 1628, Vicente va a Beauvais con Duchesne y Messier, doctores de Sorbona, y prepara a los ordenandos. El \u00e9xito es completo; se vuelve a empezar y, dos a\u00f1os despu\u00e9s, Potier decide al arzobispo de Par\u00eds para que establezca estos mismos ejercicios en Par\u00eds. Una ordenanza de 1631 los hace <em>obligatorios<\/em> para la recepci\u00f3n de las \u00f3rdenes en la di\u00f3cesis. La instituci\u00f3n ha nacido; habr\u00e1 en adelantes cinco retiros de ordenaci\u00f3n al a\u00f1o. Pero es muy caro recibir a cuatrocientos o quinientos j\u00f3venes cada a\u00f1o. Grandes damas forman una renta; Ana de Austria se interesa en la empresa, cuando su cofrecito no est\u00e1 demasiado vac\u00edo; luego, hacia 1646, las desdichas de los tiempos hacen que todos los gastos recaigan sobre Vicente, entran en la gran sima de sus obras\u00a0 que llena, no se sabe c\u00f3mo, el gran milagro de su caridad.<\/p>\n<p>Diez\u00a0 d\u00edas de retiro, en lugar de cinco a\u00f1os de seminario, encontramos que es poco. Pero Vicente logra que sea mucho. Recibe en su casa a los j\u00f3venes, les sirve, los alimenta, habla con ellos. A veces la urgencia es tal que \u00e9l mismo hasta quita el barro de los zapatos de los ordenandos. Ejercicios por la ma\u00f1ana y por la tarde, instrucciones sobre los deberes y las virtudes del estado eclesi\u00e1stico, sobre el culto y la liturgia, oraci\u00f3n en com\u00fan, meditaci\u00f3n: de todo eso, Vicente es el alma. Ha llamado para ayudarle a doctores, a veces a prelados; pero es \u00e9l quien da el tono. Los que hablan deben seguir los programas trazados por \u00e9l, y sobre todo hacerlo sencillo y pr\u00e1ctico. Se les ha de entregar\u00a0 la moral familiar\u2026 y descender siempre a lo particular, para que lo entiendan y comprendan bien. La sencillez los edifica. Se encuentran satisfechos, y no vienen aqu\u00ed a buscar m\u00e1s que\u00a0 eso\u00bb. Cuando uno de los oradores se aparta, Vicente sabe llamarlo al orden. \u00abYo me vi obligado, durante una ordenaci\u00f3n, a postrarme dos veces a los pies\u00a0 de un sacerdote para rogarle que no se apartara por esos hermosos caminos (de la elocuencia), y no quer\u00eda creerme. Por eso, Dios nos ha librado de este esp\u00edritu vano\u00bb.<\/p>\n<p>Bossuet vino a hacer su retiro en 1652 -aureolado ya con una reputaci\u00f3n de esp\u00edritu selecto y de orador. Fue confiado al m\u00e1s humilde de los misioneros; pero recibi\u00f3 una impresi\u00f3n tan fuerte que conserv\u00f3 toda su vida su estima y su admiraci\u00f3n hacia Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>En 1633, ya pod\u00eda Vicente escribir a Du Coudray: \u00abEs necesario que sep\u00e1is que ha sido del agrado de la bondad de Dios dar una bendici\u00f3n muy particular, y que no es imaginable, a los ejercicios de nuestros ordenandos. Es tal que todos los que han pasado por ellos, o la mayor parte, llevan una vida tal como debe ser la de los buenos y perfectos eclesi\u00e1sticos\u2026 Hay incluso muchos que son de notar por su nacimiento\u2026 los cuales viven en sus casas tan reglados como nosotros en las nuestras, y son tanto e incluso m\u00e1s interiores que muchos de nosotros. Hacen oraci\u00f3n mental, celebran la santa misa, hacen los ex\u00e1menes de conciencia todos los d\u00edas como nosotros\u2026 Hay doce o quince de Par\u00eds que bien as\u00ed, y que son personas de condici\u00f3n, lo que comienza a ser conocido del p\u00fablico\u2026\u00bb<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 novedad! Los Parisienses son los primeros en maravillarse, pero la provincia a su vez recibe el ejemplo. Se distingue enseguida a los sacerdotes formados por el Sr. Vicente de los dem\u00e1s sacerdotes por su comportamiento, su dignidad, su celo. Son un reclamo parlante. Los Obispos de todos los lados piden retiros para sus s\u00fabditos. Piden tambi\u00e9n en Italia, en G\u00e9nova y en Roma. Alejandro VIII, pronto, hace del retiro en la casa de la Misi\u00f3n una condici\u00f3n <em>indispensable<\/em> de la recepci\u00f3n de las \u00f3rdenes, para todos los s\u00fabditos de Roma y de los seis obispados suburbanos. Inocencio XI e Inocencio XII confirman expresamente esta regla. As\u00ed Vicente de Pa\u00fal tiene el honor de contribuir por su parte a la reforma del clero italiano, del pa\u00eds del Concilio de Trento. Tal es la virtud de una obra bien modesta pero que responde a las necesidades del tiempo, y que es dirigida por un hombre lleno del esp\u00edritu divino.<\/p>\n<h3><em>La conferencia de los martes<\/em><\/h3>\n<p>Preparar a los ordenandos a su ministerio est\u00e1 bien; pero \u00bfc\u00f3mo ayudarles, una vez sacerdotes, a perseverar en el esp\u00edritu de sacrificio y\u00a0 celo?<\/p>\n<p>Vicente piensa en ello, naturalmente; pero en esto tampoco tomar\u00e1 la iniciativa. Espera a que su idea nazca en otros.<\/p>\n<p>Un sacerdote \u2013no sabemos qui\u00e9n- vino a verle y la pidi\u00f3 que recibiera en San L\u00e1zaro a los que quer\u00edan mantener en ellos la gracia de la ordenaci\u00f3n. Vicente, despu\u00e9s de deliberar con el arzobispo, escogi\u00f3 un peque\u00f1o grupo de sacerdotes a quienes conoc\u00eda bien y los envi\u00f3 a dar una misi\u00f3n entre los obreros que trabajaban en la iglesia de las Hijas de la Visitaci\u00f3n. As\u00ed se concedi\u00f3 tiempo, y probaba su celo. Por fin, en junio de 1633, les propuso su plan.\u00a0 Continuad, amigos m\u00edos, viviendo en el mundo. Pero observad un reglamento com\u00fan, practicar los mismos ejercicios de virtud y reun\u00edos de vez en cuando para conversar sobre los deberes de vuestra vocaci\u00f3n. Vendr\u00e9is todos los martes a San L\u00e1zaro y nos ayudaremos mutuamente a servir a Dios con fidelidad.<\/p>\n<p>Tal fue la \u00abConferencia de los Martes\u00bb. Reuni\u00f3 pronto a todos los que hab\u00eda de m\u00e9rito o de piedad en el clero parisiense. El Sr. Olier, el Sr. Duval, el Sr. Pavillon formaron parte desde el principio, Bossuet en 1653.\u00a0 Todo lo que se se\u00f1al\u00f3 m\u00e1s tarde en la Iglesia de Francia, Obispos o Arzobispos, Superiores de comunidades, p\u00e1rrocos, can\u00f3nigos, Superiores de seminarios, pas\u00f3 por la Conferencia. No digamos que era \u00abtodo perfecto\u00bb, pro algunos \u00edndices lo har\u00edan creer. Se creer\u00eda que el fundador encontraba su \u00e9xito demasiado hermoso.<\/p>\n<p>En todo caso,\u00a0 se cuidaba de que la Conferencia no se convirtiera en una ch\u00e1chara, \u00e9l la dirig\u00eda hacia la acci\u00f3n. Los sacerdotes de la Misi\u00f3n, no pudiendo, seg\u00fan sus estatutos,\u00a0 evangelizar m\u00e1s que los campos, Vicente dedic\u00f3 a los otros a las misiones en las ciudades. Se vio, en Par\u00eds, misiones en diversos hospitales, en los Quinze-Vingt, una grande y c\u00e9lebre en el H\u00f4tel-Dieu. En 1641, hubo una en Saint-Germain, que por poco convierte a la Corte\u2026 Y por fin la gran misi\u00f3n de Metz, en 1658, adonde Vicente env\u00eda entre \u00abdieciocho y veinte sacerdotes de los Martes\u00bb, bajo la direcci\u00f3n del abate de Chandenier: fue c\u00e9lebre\u00a0 en los anales de la ciudad de Metz, en la historia religiosa del siglo diecisiete.<\/p>\n<h3><em>Los seminarios.<\/em><\/h3>\n<p>No obstante la Iglesia de Francia segu\u00eda estando sin seminarios, y todo lo dem\u00e1s no parec\u00eda m\u00e1s que medios de fortuna.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no ha guardado, para la posteridad, el t\u00edtulo de fundador de los seminarios, que pertenece al Sr. Olier. No establezcamos un debate delicado. Con todo, si la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda del Sr. Olier, tras algunos ensayos sin futuro, no vino a establecerse en Vaugirard, luego en San Sulpicio hasta 1642, ya Vicente hab\u00eda, para esta fecha, fundado diversos seminarios.<\/p>\n<p>En 1635, comenzaba a recibir en Bons-Enfants a doce adolescentes a los que hac\u00eda que les ense\u00f1aran las letras humanas, el canto, la liturgia, las cosas de iglesia. Un estilo de Seminario Menor.<\/p>\n<p>Luego, en junio de 1637, para las necesidades de la Misi\u00f3n, un <em>Seminario interno,\u00a0 <\/em>al que da por director a uno de sus primeros compa\u00f1eros, Jean de la Salle. Esta vez, son j\u00f3venes de veinte a\u00f1os, ya seguros de su vocaci\u00f3n, nuevamente recibidos en la Misi\u00f3n a los que va a alimentar durante dos a\u00f1os antes de que pronuncien sus votos. Especie de noviciado, m\u00e1s bien que de seminario. En esta casa, Vicente, fiel a sus principios, quiere que se muestre a esta joven gente sobre todo los rigores de su vocaci\u00f3n. Nada de temas dudosos, nada de reclutas m\u00e1s o menos solicitados. Es Dios solo quien debe atraer al misionero. \u00abDejemos obrar a Dios, Se\u00f1ores. Por su misericordia, as\u00ed se ha hecho en la Compa\u00f1\u00eda hasta el presente, y podemos decir que no hay nada en ella que Dios no haya puesto\u2026 Manteng\u00e1monos en ello, y dejemos hacer a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>En 1637, Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda mandado misioneros a fundar una casa en Annecy. Muy pronto, de acuerdo con el obispo Gu\u00e9rin, los misioneros abrieron un Seminario. Por el parecer formal de su Superior, esta vez fue un Seminario Mayor, que no recibi\u00f3 m\u00e1s que a j\u00f3venes con los estudios profanos ya terminados.<\/p>\n<p>En 1642, Vicente de Pa\u00fal abr\u00eda otro en Bons-Enfants, con la ayuda financiera de Richelieu pr\u00f3ximo a su muerte. Traslada a sus adolescentes del seminario menor al recinto de San L\u00e1zaro, a una casa que \u00e9l llama el Seminario de San Carlos. El primero, pues, \u00e9l realiza la f\u00f3rmula que ha prevalecido definitivamente; separaci\u00f3n de los peque\u00f1os y los mayores seminaristas. La organizaci\u00f3n estaba completa; dio los resultados que se buscaban hac\u00eda tiempo.<\/p>\n<p>Desde entonces, el movimiento se propag\u00f3 r\u00e1pidamente. \u00abNuestros Se\u00f1ores los obispos parecen desear todos\u00a0 tener seminarios de sacerdotes, hombres j\u00f3venes. Mons. Obispo de Meaux,\u00a0 que recibe con agrado\u00a0 una fundaci\u00f3n que se hace en su di\u00f3cesis, lo desea\u2026 Mons. de Saintes nos ofrece lo mismo\u00bb. En Alet, en Cahors en 1643, en Saintes en 1644, en Saint-M\u00e9en en 1645, se abren casas; m\u00e1s tarde en Agen. Montauban, Tr\u00e9guier. Hacia 1650, Vicente puede escribir a la reina de Polonia: \u00abNo hace mucho que tenemos seminarios en este reino, y no obstante sus progresos son considerables. Uno de los Se\u00f1ores Obispos me hizo el honor de escribirme \u00faltimamente que no pod\u00eda consolarse lo suficiente al ver a su clero reformado por medio de su seminario, establecido hac\u00eda tan solo ocho o nueve a\u00f1os , y dirigido por cuatro sacerdotes de nuestra Compa\u00f1\u00eda\u00bb. De esta manera, lo que hace cincuenta a\u00f1os parec\u00eda imposible se ha cumplido ya. Despu\u00e9s de la muerte del santo, el movimiento sigue creciendo. Esta difusi\u00f3n r\u00e1pida, el \u00e9xito de todas las obras de Vicente de Pa\u00fal, \u00bfpor qu\u00e9 siguen sorprendi\u00e9ndonos? Es el triunfo de una justa f\u00f3rmula, exactamente adaptada a las necesidades; y es el fruto que Dios da a las obras que est\u00e1n hechas puramente para su gloria.<\/p>\n<p>Dejemos a un lado el reglamento que Vicente daba a sus seminarios, los m\u00e9todos que preconizaba para la ense\u00f1anza de la teolog\u00eda, cuestiones demasiado especiales. Escuch\u00e9mosle tan solo decir qu\u00e9 esp\u00edritu quiere difundir en sus casas. \u00abAl comienzo de la Misi\u00f3n, no pens\u00e1bamos en nada menos que en servir\u00a0 a los eclesi\u00e1sticos; pens\u00e1bamos solo en nosotros y en los pobres. \u00bfY c\u00f3mo comenz\u00f3 el Hijo de Dios? \u00c9l se ocultaba; parec\u00eda que no pensaba m\u00e1s que en s\u00ed mismo; \u00e9l oraba a Dios y no hac\u00eda m\u00e1s que acciones particulares. Despu\u00e9s, anunci\u00f3 el Evangelio a los pobres; se tom\u00f3 la molestia de avisarlos y formarlos, y por \u00faltimo les anim\u00f3 con su esp\u00edritu, no para ellos solamente, sino para todos los pueblos de la tierra\u2026 De esta forma, al comienzo, nuestra peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda no se ocupaba m\u00e1s que en su avance espiritual en evangelizar a los pobres\u2026 Pero en la plenitud de los tiempos, el nos ha llamado para contribuir a hacer buenos sacerdotes. Oh, qu\u00e9 alto es este empleo, y qu\u00e9 sublime\u2026 Pens\u00e9moslo todo lo que queramos, nosotros no encontraremos que podamos contribuir a cosa m\u00e1s grande que a hacer buenos sacerdotes\u00bb. Buenos sacerdotes, esto no quiere decir grandes te\u00f3logos, sino hombres que tengan una s\u00f3lida formaci\u00f3n espiritual, que amen la casa de Dios, los oficios, el culto, que amen una vida desprendida y pura. \u00abSe necesita capacidad y buena vida; sin esta la otra es in\u00fatil y peligrosa. Debemos llevarlos igualmente a las dos.. Acordaos del esp\u00edritu de san Pablo, que recomienda ser sobrios en la ciencia\u2026 Si no quer\u00e9is saber que a Jesucristo crucificado, si no quer\u00e9is vivir m\u00e1s que su vida, no dud\u00e9is que \u00e9l mismo sea vuestra ciencia y vuestra operaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Se ha acusado alguna vez a Vicente de Pa\u00fal de despreciar la ciencia; y \u00e9l mismo se ha tratado voluntariamente de ignorante, de asno, otras preciosidades. Se ha de mirar esto de m\u00e1s cerca. Ciertamente ha sido duro con la hermosa ciencia \u00abcuadrada\u00bb y bien sonante de los doctores. Eso, est\u00e1 con buenos compa\u00f1eros, entre Montaigne: \u00abCiencia sin conciencia es la ruina del alma\u00bb, y Bossuet: \u00abMaldici\u00f3n al conocimiento est\u00e9ril que no se vuelve para amar!\u00bb La palabra de Vicente no es menos hermosa: \u00abQue la luz del esp\u00edritu se convierta en un fuego en el coraz\u00f3n\u00bb. Quiz\u00e1s ha ido m\u00e1s lejos y despreciado en efecto la ciencia por la ciencia, la pasi\u00f3n del saber. \u00abHuid de la curiosidad, esta peste espiritual, que ha introducido todos los males en el mundo\u00bb. \u2013\u00bbDios no necesita de sabios para realizar sus obras\u2026\u00bb Pero no le tomemos por un Filisteo ni por un loco. \u00c9l ten\u00eda demasiado buen sentido y demasiada cultura para querer que sus sacerdotes fueran ignorantes. Llamaba doctores de Sorbona para hablarles, y quer\u00eda que hubiese en la Compa\u00f1\u00eda ciertos hombres capaces de sostener controversias y devolver a la fe a los herejes. Siempre ha honrado a los prudentes y a los sabios, a quienes el saber no\u00a0 convert\u00eda en orgullosos. No, no ha despreciado la ciencia, sino que ha hecho de ella deliberadamente la sierva de la caridad. Ten\u00eda a la vista siempre fines pr\u00e1cticos.<\/p>\n<p>Y adem\u00e1s, ten\u00eda contra la ciencia dos quejas. La primera es que hac\u00eda dif\u00edcil la virtud esencial, la querida humildad. (Dir\u00edamos tal vez hoy que cuanto m\u00e1s sabia es uno m\u00e1s se siente el misterio de las cosas y m\u00e1s nos humilla; mas pensemos en la ciencia, sobre todo deductiva y doctoral del siglo diecisiete). La segunda es que la ciencia, si no hincha el esp\u00edritu, con frecuencia le confunde: lleva al an\u00e1lisis, a la duda, al riesgo de la fe. Vicente no hab\u00eda visto tales efectos, y una vez a costa suya. No tengamos pues una fe demasiado curiosa, demasiado sabia. \u00abComo m\u00e1s se ponen los ojos para mirar al sol, y menos se lo ve, as\u00ed, m\u00e1s se esfuerza en razonar sobre las verdades de nuestra religi\u00f3n, y menos se las conoce por la fe. S\u00e9anos suficiente que la Iglesia nos las proponga: no podr\u00edamos dejar de creerla, y de someternos a ella. \u00abEstamos lejos de los <em>Pens\u00e9es; <\/em>pero cada uno tiene sus puntos de vista: ese es de un hombre de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por eso el bachiller en teolog\u00eda de Toulouse, deliberadamente, no ha querido para sus seminaristas m\u00e1s que \u00abla ciencia \u00fatil al pr\u00f3jimo\u00bb.<\/p>\n<h3><em>La guerra \u00aba los coeli coelorum\u00bb.<\/em><\/h3>\n<p>Tanto como a la vana ciencia, Vicente de Pa\u00fal ha perseguido a la vana elocuencia. Entre los abusos y los errores del clero, \u00e9l puso animosamente el modo pomposo de predicar, que hab\u00eda remplazado (sin destruirla tal vez) la trivial y grosera de otro tiempo. \u00a1Guerra sin cese a la elocuencia \u00abde catedral\u00bb! Se jur\u00f3 exterminar el \u00abbibus\u00bb y el \u00abcoeli coelorum\u00bb que ca\u00edan de un p\u00falpito\u00a0 tonante sobre la cabeza de los oyentes.<\/p>\n<p>En \u00e9l, en su casa, se hab\u00eda acabado. La buena gente de Clichy y de Ch\u00e2tillon. Los sacerdotes de San L\u00e1zaro nunca han o\u00eddo m\u00e1s que la ense\u00f1anza m\u00e1s simple, familiar sin ser baja, nutrida de hechos y de ejemplos muy cercanos. Salida del coraz\u00f3n. Pero este m\u00e9todo, bueno para las gentes de los campos y para el c\u00edrculo de familia, \u00bfhab\u00eda que escucharlo en los grandes auditorios urbanos? Vicente no lo ha puesto en duda nunca. No quiso otros para las Conferencias del Martes. All\u00e1 se formaron en el \u00abpeque\u00f1o m\u00e9todo\u00bb los sacerdotes m\u00e1s distinguidos, los m\u00e1s sabios. Los que ven\u00edan a hablar a los Ordenandos debieron tambi\u00e9n plegarse a \u00e9l. La regla fue inflexible.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9? Por un gusto natural de Vicente por la sencillez; por un respeto cristiano a la palabra de Dios que no debe ser adulterada con ning\u00fan elemento humano. Por \u00faltimo porque Nuestro Se\u00f1or y los Ap\u00f3stoles han hablado as\u00ed. Los Ap\u00f3stoles \u00bfc\u00f3mo predicaban? Buenamente, familiarmente y con sencillez. Y esa es nuestra manera de predicar\u00bb. Por otro lado, Vicente de Pa\u00fal, que es un realista, que juzga el \u00e1rbol\u00a0 por sus frutos y las cosas por su beneficencia, se sorprende de lo poco de eficacia de la predicaci\u00f3n a la moda. Lo dir\u00e1 sin rodeos: \u00abSe dan todos los d\u00edas tantas predicaciones en esta gran ciudad, tantos Advientos, tantas Cuaresmas: y d\u00edganme un hombre\u2026 que se haya vuelto mejor. \u00a1Oh Salvador! Os cuesta mucho trabajo encontraros con uno solo, uno solo convertido despu\u00e9s de haber escuchado todas esas predicaciones\u00bb. Esto basta: la elocuencia en uso queda condenada<span id='easy-footnote-1-72943' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-5\/#easy-footnote-bottom-1-72943' title='Francisco de Sales la hab\u00eda condenado tambi\u00e9n \u2013sin gran \u00e9xito- en una carta al arzobispo de Bourges.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 era el nuevo m\u00e9todo? Seg\u00fan un resumen hecho por el Sr. Alm\u00e9ras despu\u00e9s de la muerte del santo, Vicente de Pa\u00fal guardaba un cuadro bastante r\u00edgido: exordio, propuesta del asunto, divisi\u00f3n en tres puntos. El cuerpo del discurso comprend\u00eda. Los motivos o razones de estimar tal virtud; la definici\u00f3n, los medios de adquirirla. El Superior predic\u00f3 \u00e9l mismo, seg\u00fan estas divisiones bien estrictas. Nada, pues, de improvisaci\u00f3n, de abandono. Lo que es nuevo es el tono del discurso. Ya no se trata\u00a0 de \u00abescoger bien sus palabras, de disponer bien los periodos\u00bb; de ir a buscar, en la Biblia o en la antig\u00fcedad, toda clase de alusiones sabias, de ejemplos lejanos e ineficaces; mucho menos a\u00fan de pronunciar su discurso con un tono elevado que respira el canto o la declamaci\u00f3n\u00bb. \u00ab\u00bfA d\u00f3nde va toda esta fanfarria\u00bb? pregunta Vicente de Pa\u00fal. Se necesita un tono natural, ideas accesibles a todos, ejemplos sacados de la vida cotidiana, hechos que hablan, exhortaciones que urgen, y \u00abalgunos afectos para excitar a los oyentes a hacer lo que se les ha propuesto\u00bb.<\/p>\n<p>Se necesita sobre todo \u2013y aqu\u00ed reconocemos al hombre que renueva todas las cosas por el interior- necesita el predicador disposiciones morales muy otras que las que\u00a0 se le ven de ordinario. Cu\u00e1nto de ellos no se proponen m\u00e1s que la gente diga de ellos: \u00abVerdaderamente este hombre comienza bien, es elocuente, tiene hermosos pensamientos, se expresa admirablemente. A esto se reduce todo el fruto de su serm\u00f3n\u00bb. \u00a1Cu\u00e1ntos otros echan a perder por su mala vida el bien que podr\u00edan hacer con sus palabras! \u00abUna persona que predica para hacerse aplaudir, alabar, estimar, \u00bfqu\u00e9 hace esta persona, este predicador? \u00a1Un sacrilegio, s\u00ed, un sacrilegio! \u00bfQu\u00e9! Servirse de la palabra de Dios para adquirir honores y reputaci\u00f3n, s\u00ed es un sacrilegio\u2026 Es preciso pues, Se\u00f1ores, es preciso, en primer lugar, tener la rectitud de la intenci\u00f3n\u2026 no apuntar m\u00e1s que a la conversi\u00f3n de nuestros oyentes y en la gloria de Dios. \u00abVicente de Pa\u00fal ha flagelado sin cansarse a los que suben al p\u00falpito \u00abno para predicar a Dios,\u00a0 sino para predicarse a s\u00ed mismos\u00bb. Y ha dejado a sus hijos un precepto, una imagen admirables: \u00abSe ha de subir a un p\u00falpito como a un calvario, para no conseguir m\u00e1s que confusi\u00f3n\u00bb:<\/p>\n<p>Una vez adoptado por los eclesi\u00e1sticos de la Conferencia, el <em>peque\u00f1o m\u00e9todo<\/em> tuvo un \u00e9xito r\u00e1pido. Por la misma \u00e9poca, la declamaci\u00f3n ampulosa desaparec\u00eda del teatro, y nuestros grandes cl\u00e1sicos de 1660 volv\u00edan en todos los g\u00e9neros, a m\u00e1s de natural. Es curioso ve a Vicente de Pa\u00fal, con un entero esp\u00edritu cristiano, entrar en la corriente del siglo, adelantarse incluso y actuar sobre su tiempo en un dominio que le era tan extra\u00f1o. Citaba bien a sus sacerdotes el ejemplo de los comediantes: \u00bfpor qu\u00e9 la gente del teatro no se habr\u00edan inspirado en el ejemplo de los misioneros?<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal constataba su \u00e9xito. Y no se persuaden ustedes, Se\u00f1ores, de que este m\u00e9todo no es m\u00e1s que para el campo, la plebe, los campesinos. \u00a1Ah! es\u2026 tambi\u00e9n eficaz para los oyentes m\u00e1s capaces, para las ciudades, para las ciudades, en Par\u00eds, en Par\u00eds mismo. En la misi\u00f3n que se dio en Saint-Germain, la gente llagaba de todas partes, de todos los barrios de esta gran ciudad; se la ve\u00eda de todas las parroquias, y a personas de condici\u00f3n, a doctores, doctores incluso. Se predic\u00f3 a todo este gran mundo que siguiendo el <em>peque\u00f1o m\u00e9todo\u2026 <\/em>\u00a1Y qu\u00e9 fruto no se hizo! \u00a1qu\u00e9 fruto! Se hicieron confesiones generales como en\u00a0 los pueblos, y fue con gran bendici\u00f3n. Ahora bien, \u00a1Dios! \u00bfSe vio alguna vez tanta gente convertida por todas las predicaciones refinadas?<\/p>\n<p>\u00abPero digamos m\u00e1s. El peque\u00f1o m\u00e9todo es para la Corte, bueno para la Corte. Ya dos veces ha comparecido en la Corte y, si me atrevo a decirlo, ha sido bien recibido. Es verdad que la primera vez hubo muchas contradicciones, hubo grandes oposiciones; no obstante se produjo mucho fruto, un gran fruto. Monse\u00f1or obispo de Alet (Pavillon) llevaba la voz cantante. Se logr\u00f3 acallar a todas las oposiciones. Y la segunda vez, uno de los nuestros llevaba la palabra, el Sr. Louistre. Gracias a Dios, no hubo ninguna oposici\u00f3n; el peque\u00f1o m\u00e9todo, \u00a1oh miserable!, me atrevo a decirlo, triunf\u00f3 all\u00ed. \u00a1En la Corte, en la Corte, el peque\u00f1o m\u00e9todo! \u00a1Y luego, dec\u00eds que no es m\u00e1s que para las gentes rudas y para el pueblo!&#8230; Concluid. Entremos pues todos en este peque\u00f1o, pero poderoso m\u00e9todo\u00bb.<\/p>\n<p>Todos no entraron, pero muchos. (Bossuet mismo \u00bfno deber\u00eda a Vicente de Pa\u00fal lo que hay de libertad y de lozan\u00eda bajo su gran estilo?) En 1655, el santo pod\u00eda escribir: \u00abSi un hombre quiere ahora pasar por buen predicador en todas las iglesias de Par\u00eds y en la Corte, ha de predicar de esta manera, sin ning\u00fan g\u00e9nero de afectaci\u00f3n. Y se dice de este que predica as\u00ed y como los mejores: \u00abEste hombre hace maravillas, predica a lo misionero, a lo misionero, como un ap\u00f3stol\u2026 \u00a1Oh Salvador! vos hab\u00e9is dado pues esta gracia a la peque\u00f1a y despreciable Compa\u00f1\u00eda de inspirarle un m\u00e9todo que todo el mundo quiere seguir; os damos gracias por ello con todas nuestras fuerzas\u2026\u00bb<\/p>\n<h3><em>Los ejercitantes.<\/em><\/h3>\n<p>De esta forma, poco a poco, se forma en Par\u00eds, se difunde por las provincias, un clero nuevo, f\u00e1cil de distinguir del antiguo. Tiene el favor de los fieles, as\u00ed como el de los Obispos. Y el antiguo cero se conmueve: porque cuenta todav\u00eda junto a los elementos podridos, con una masa de buena gente que han recibido solamente malas costumbres y sufrido un fastidioso ambiente. El \u00abbuen olor\u00bb que difunden por todas partes los sacerdotes del Sr. Vicente atrae a s\u00ed a estos d\u00e9biles, a estos extraviados; pues el bien tambi\u00e9n es contagioso, y la salud se gana, como la enfermedad.<\/p>\n<p>Entonces, del fondo de las provincias, tiene lugar un \u00e9xodo de eclesi\u00e1sticos de todos los grados que vienen a Par\u00eds para informarse, calentarse el fog\u00f3n de vida espiritual que es la casa del Se\u00f1or Vicente. Todos a quienes llama a la capital un asunto, un proceso, una peregrinaci\u00f3n, o un santo deseo, y que temen perderse, ser puestos en rid\u00edculo o robados, disponen de unas residencias seguras, donde hallar\u00e1n, con el alojamiento y el cubierto gratuitos, el buen consejo que esperan. Y adem\u00e1s, apenas llegados, los vemos no solamente c\u00f3modamente instalados. Sino seducidos, edificados, impresionados; porque esta casa de buena acogida es sobre todo una hosteler\u00eda de las almas. Sienten la suya obligada a despertarse; hay algo que purificar, que cambiar en su vida, y ah\u00ed tienen la ocasi\u00f3n. Se les propone un retiro de algunos d\u00edas; ellos aceptan; se han convertido en <em>ejercitantes.<\/em><\/p>\n<p>Se les ha designado a cada uno un director. El director entra en la habitaci\u00f3n, \u00abmodestamente alegre y alegremente modesto\u00bb. \u00ab\u00bfHab\u00e9is hecho ya un retiro, Se\u00f1or? Si responde s\u00ed, le recuerda las pr\u00e1cticas; si no, se le instruye. Le ofrece libros, papel, tinta, una vela; se mira a ver si no le falta nada: luego le anima a su confesi\u00f3n general. Pero nada de brusquedad ni de m\u00e9todo autoritario, el visitante no impone sus ideas particulares; observa, se adapta al car\u00e1cter y a la condici\u00f3n del ejercitante; no es m\u00e1s que el <em>servidor<\/em> de un alma, desconfiando de s\u00ed mismo y confiando en la operaci\u00f3n de Dios. Todo este directorio del visitador, fijado por Vicente, es de una psicolog\u00eda tan delicada donde se al\u00edan la prudencia humana, el respeto y el amor de las almas. Eso sabe a hombre honrado as\u00ed como a ap\u00f3stol. Mirad qu\u00e9 discreci\u00f3n: \u00abNo se invitar\u00e1 al ejercitante a volver sino en alg\u00fan caso excepcional\u00bb; se le ruega tan solo que conserve en el mundo sus resoluciones. Y ved qu\u00e9 delicadeza: \u00abLe llevar\u00e1n por \u00faltimo ante el Sant\u00edsimo Sacramento para dar gracias a Dios; luego se le acompa\u00f1ar\u00e1 hasta la puerta de la casa, con civilidad, respeto y cordialidad. Sea cl\u00e9rigo o laico, Prelado o simple p\u00e1rroco, r\u00fastico u hombre de calidad, son los mismos cuidados, los mismos tratos: aqu\u00ed se acabaron las etiquetas, mas para todos la cortes\u00eda cristiana. \u00a1Qu\u00e9 hermoso es! Y que all\u00ed existe, podr\u00edamos decir, m\u00e1s educaci\u00f3n verdadera que en Versalles.<\/p>\n<p>Este delicado trato no se olvida de las almas no pierde de vista su prop\u00f3sito. Despu\u00e9s de la \u00faltima comuni\u00f3n, el ejercitante regresa a su puesto, cambiado en sus costumbres, renovado en su vocaci\u00f3n, fortalecido en su celo sacerdotal. En adelante el p\u00e1rroco de pueblo dir\u00e1 su misa con piedad, mantendr\u00e1 limpia su iglesia, ense\u00f1ar\u00e1 el Evangelio y no cualquier <em>Dormi secure. <\/em>El Can\u00f3nigo ser\u00e1 regular en su silla de coro en la catedral y en su casa. El beneficiario mismo habr\u00e1 reflexionado sobre el deplorable abuso del que vive; no cobrar\u00e1 sin ejercer las funciones. \u00abAqu\u00ed se les aconseja\u00a0 dejar los beneficios que no les convienen, y se someten a ello voluntariamente\u00bb. \u00bfEs Dios posible? \u00a1Qu\u00e9 poderosa es la palabra de este hombre! Sino m\u00e1s bien, \u00a1con qu\u00e9 plenitud, cuando no se trabaja m\u00e1s que para \u00e9l,\u00a0 Dios a\u00f1ade su acci\u00f3n a la de los hombres! Rance dir\u00e1: \u00abEra la casa de Dios\u00bb Vicente mismo confesar\u00e1: \u00abEl Esp\u00edritu Santo hace un descenso continuo sobre las almas\u00bb Esta casa de Bons-Enfants, con su noviciado de misioneros y su Seminario mayor, con sus retiros p\u00fablicos y privados, con su vaiv\u00e9n de incesante de eclesi\u00e1sticos \u2013\u00bbSe\u00f1or, vamos a sucumbir bajo el peso de los ejercitantes\u00bb, gem\u00eda el Padre ec\u00f3nomo- fue tal vez el instrumento m\u00e1s poderoso de Vicente de Pa\u00fal para la reforma del clero. Ya que las instituciones no cambian a los hombres, sin su adhesi\u00f3n \u00edntima. La Reforma de Trento hab\u00eda fracasado porque no era aceptada por todos. Lo que Vicente ha obtenido es la reforma por dentro. Ha aprendido, ha hecho sentir a todos estos hombres de Iglesia lo que era un sacerdote de Jesucristo. Conviene volver siempre a esto: la renovaci\u00f3n del clero fue la palabra, el ejemplo, la influencia personal de Vicente en Bons-Enfants o en San L\u00e1zaro, la irradiaci\u00f3n de un santo.<\/p>\n<h3><em>El Consejo de Conciencia.<\/em><\/h3>\n<p>Vicente se dio cuenta<em>; <\/em>y la formaci\u00f3n de los sacerdotes lleg\u00f3 a ser uno de los objetos principales de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Resum\u00eda as\u00ed su obra en una carta: \u00abAs\u00ed el buen Dios se servir\u00e1 de esta Compa\u00f1\u00eda respecto del pueblo por las misiones, y respecto del clero que comienza por las ordenaciones, con respecto de los que son ya sacerdotes no admitiendo a nadie a los beneficios y a los vicariatos que no haya hecho el retiro y se haya formado en los seminarios, y respecto de los beneficiarios por los ejercicios espirituales\u00bb.<\/p>\n<p>El edificio estaba bien construido; pero le faltaba una coronaci\u00f3n. Faltaba trabajar a los grandes dignatarios, los prelados, los grandes beneficiarios;\u00a0 reprimir los abusos que formaban parte\u00a0 de la organizaci\u00f3n misma\u00a0 de la sociedad de la \u00e9poca. Apuntar a esta cabeza de la Iglesia que se un\u00eda por tantos lazos al mundo, era tanto como decir, llevar la mano a la cabeza misma del reino. \u00bfPod\u00eda Vicente pensar en ello?<\/p>\n<p>En 1643, se present\u00f3 una ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>El piadoso rey Luis XIII estimaba en mucho al Sr. Vicente; segu\u00eda sus esfuerzos; habr\u00eda dicho un d\u00eda: \u00abOh Se\u00f1or Vicente, yo no\u00a0 nombrar\u00e9 a nadie para el episcopado que no haya pasado tres a\u00f1os con vos\u00bb. \u00a1Palabra de muy buena voluntad! Pero que hac\u00edan caduca la cantidad de influencias.<\/p>\n<p>A la muerte del rey, Ana de Austria, cuya recta intenci\u00f3n se ha de alabar tambi\u00e9n, estableci\u00f3, para tratar de todos los asuntos religiosos, un consejo que recibi\u00f3 el nombre de Consejo de conciencia. Vicente de Pa\u00fal fue llamado a \u00e9l, con Mazarino, el canciller S\u00e9guier, con algunos m\u00e1s; \u00e9l deb\u00eda ser el alma.<\/p>\n<p>Esto le asust\u00f3; trat\u00f3 de negarse, se neg\u00f3. \u00abNo he sido nunca m\u00e1s digno de compasi\u00f3n, como lo soy\u2026 yo pido a Dios todos los d\u00edas ser tenido por un insensato, como lo soy, para no ser empleado en esta suerte de comisi\u00f3n\u2026\u00bb Cuando se piensa en el poder que ella le pon\u00eda en las manos para acabar su obra, queda uno sorprendido. Es verdad, era la obligaci\u00f3n que ten\u00eda de volver a la Corte, de frecuentar a los grandes, todo lo que \u00e9l detestaba. Y las solicitaciones, las intrigas, las luchas que pod\u00eda prever\u2026 Pero \u00a1qu\u00e9 compensaciones para estas molestias! Despu\u00e9s de rodo pienso que la naturaleza habl\u00f3, m\u00e1s que la sumisi\u00f3n a la Providencia\u2026<\/p>\n<p>Le persuadieron; debi\u00f3 resignarse; se le volvi\u00f3 a ver por el Louvre. Una vez aceptado el sacrificio, mostr\u00f3 todo su valor y su voluntad decidida. En uno de los primeros consejos, hizo una propuesta para la distribuci\u00f3n de las abad\u00edas y para el nombramiento de los obispados. Cuando se necesita un plan de acci\u00f3n, no tarda en presentar su papel.<\/p>\n<p>Yo no entro en detalles sobre dicho plan que exigir\u00eda una exposici\u00f3n de toda la Iglesia\u00a0 bajo el antiguo r\u00e9gimen. Vicente de Pa\u00fal estableci\u00f3 principios que debieron parecer severos, exorbitados tal vez, y que nos parecen hoy muy conciliadores\u2026 Pidi\u00f3 que los beneficios, mientras fuera posible, dados ni a ni\u00f1os ni a indignos: que los obispados fueran atribuidos al m\u00e9rito, sin excluir el privilegio del nacimiento; que las abad\u00edas de encargo que no eran m\u00e1s que vitalicias no se convirtieran en hereditarias por diversas infracciones a la ley; por \u00faltimo que los buenos y honrados beneficiarios no fuesen despose\u00eddos, expulsados, por \u00abtransmisores\u00bb, que no eran m\u00e1s que trapaceros y bandidos. Y persegu\u00eda bajo sus m\u00faltiples formas la simon\u00eda.<\/p>\n<p>Estos principios aplicados con rigor, hay que pensar a cu\u00e1ntas familias iban a afectar, cu\u00e1ntos intereses iban a perjudicar. Romper el orden establecido, abusos que se han visto siempre, costumbres antiguas y fruct\u00edferas: \u00a1cu\u00e1nta gente furiosa en todo el reino! \u00a1Cu\u00e1ntos menores que no ser\u00edan ya de Iglesia! \u00a1Cu\u00e1ntos ni\u00f1os que no ser\u00edan ya provistos desde la cuna! Cu\u00e1ntas rentas que saldr\u00edan de las familias, en estos tiempos de vida dura. No olvidemos que se era muy \u00e1vidos entonces por el \u00abestablecimiento\u00bb de los ni\u00f1os, y que la nobleza se arruinaba por todos los costados. Vicente arriesg\u00f3, con valent\u00eda, su popularidad. Ning\u00fan otro que no fuera \u00e9l, yo creo,\u00a0 habr\u00eda podido correr semejante aventura. Aguant\u00f3 durante diez a\u00f1os bajo el toltole de las grandes familias, y ante la oposici\u00f3n creciente de Mazarino, que acab\u00f3 con salirse con la suya; pero en el intervalo, hab\u00eda hecho buena labor. Y se ve a la vez, curioso espect\u00e1culo,\u00a0 trabajando al hombre y al santo. El hombre que sabe qu\u00e9 dif\u00edcil de obtener es lo que \u00e9l quiere: quien, en el Consejo, habla el \u00faltimo, da su consejo escueto, pero con dulzura, quien gana la mayor parte de las veces, y cuando debe ceder, desaprueba con su silencio; quien no considera ni el rango ni el poder de las gentes, cuando hay que rechazar una injusticia, pero que sabe con todo y no obstante sabe manejarlos y prepararlos; quien al fin multiplica los tr\u00e1mites, \u00e9l de ordinario tan \u00abencerrado en su cascar\u00f3n\u00bb, cuando ve el medio de impedir una mala elecci\u00f3n. Y se le ve al santo, que rechaza siempre defenderse de las calumnias por las que se tratar\u00e1 de derribarle; que aprovecha todas las ocasiones en que alg\u00fan sacerdote solicita un empleo, un\u00a0 favor, para elevar el coraz\u00f3n del candidato por encima de la intriga terrestre y ense\u00f1arle el desprendimiento; quien se niega a atraer sobre sus propias obras el dinero o la protecci\u00f3n de los grandes cuando se hace el precio de una complacencia, incluso enteramente leg\u00edtima; quien por \u00faltimo sufre sin decir palabra las afrentas, las humillaciones que las gentes decepcionadas se permiten infligirle. Maltratado por un se\u00f1or furioso, se arroja a sus pies; tratado de viejo loco por otro, \u00e9l se pone de acuerdo y va m\u00e1s lejos; acusado por un eclesi\u00e1stico de haberse dejado comprar por un concurrente guarda silencio. Se atreve finalmente a ir a buscar a cierta dama y retirarle un obispado que la Reina hab\u00eda otorgado a la ligera a uno de sus hijos, notorio bebedor: la tormentosa entrevista termina con un taburete que le arrojan a la cabeza; se marcha se venda la herida con el pa\u00f1uelo y, para el hermano que la acompa\u00f1aba, da con esas palabras deliciosas que son de un santo: pero tambi\u00e9n de un Gasc\u00f3n lleno de humor: \u00ab\u00bfNo es acaso algo admirable ver hasta d\u00f3nde llega la ternura de una madre por su hijo?\u00bb<span id='easy-footnote-2-72943' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-5\/#easy-footnote-bottom-2-72943' title='Esta an\u00e9cdota, seg\u00fan el Sr. Coste, tendr\u00eda un origen muy dudoso, y habr\u00eda sido contada por primera vez hacia 1860. Yo no creo apenas, en efecto, en el proyectil final. Pero pinta muy bien la rivalidad de las c\u00f3leras que el santo debi\u00f3 suscitar en ciertos medios.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Todas estas oposiciones no impidieron que Vicente tuviera la \u00faltima palabra, o poco menos, sobre la Iglesia de Francia. Pronto lo veremos. En pocos a\u00f1os, verdaderamente se ven los cambios. En todas partes desaparecen los abusos, el culto recobra su regularidad y su belleza. Los obispos nombrados o formados por Vicente de Pa\u00fal \u00abdestacan entre los dem\u00e1s prelados, de manera que hasta el Rey los se\u00f1ala como hechos de otra manera\u00bb. Vicente, por otra parte, contin\u00faa aconsej\u00e1ndoles o dirigi\u00e9ndoles con sus cartas. Con las \u00f3rdenes religiosas el consejo funciona de igual manera. Sostiene al Cardenal de la Rochefoucauld en las reformas de las que \u00e9ste ha sido encargado por la Santa Sede. Ayuda a Alain de Solminihac, Charles Fr\u00e9mont, el cardenal de Sourdis y otros m\u00e1s, a regenerar sus casas. Apacigua las divisiones o las querellas entre comunidades. Y \u00bfqu\u00e9 no hace? Es el que lleva en su esp\u00edritu y en su coraz\u00f3n a toda la Iglesia de Francia, y quien podr\u00eda decir como el Ap\u00f3stol: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es d\u00e9bil sin que yo sea d\u00e9bil, y qui\u00e9n llega a caer sin que un fuego me devore? Me he convertido en el servidor de todos\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no fue el primero en trabajar en la gran obra, y no quiero reducir la parte de los dem\u00e1s obreros. Pero ninguno de ellos, me parece, tuvo una acci\u00f3n m\u00e1s extensa, tan completa. Dir\u00e9 m\u00e1s: la acci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal desbord\u00f3 los cuadros mismos del clero. \u00c9l ha cambiado la idea que los cl\u00e9rigos se hac\u00edan de s\u00ed mismos; pero tambi\u00e9n la idea que se ten\u00eda de ellos en el mundo. El respeto que tenemos hoy al sacerdote, por su funci\u00f3n y su h\u00e1bito, es sin duda a Vicente a quien se lo debemos. Ni la Edad Media ni el siglo diecis\u00e9is le ha conocido.<\/p>\n<p>En el siglo diecisiete, si se respetaba en el alto clero el nacimiento y la \u00abcalidad\u00bb, el p\u00e1rroco del Tercer mundo era todav\u00eda tenido en poco, por muy poco. Era incre\u00edblemente despreciado\u00a0 de los grandes. El Sr. Olier escribe un d\u00eda a Vicente de Pa\u00fal: \u00abUn p\u00e1rroco cerca de Par\u00eds, ha sido golpeado y molido a bastonazos por el se\u00f1or de su pueblo, en presencia de sus parroquianos, con la mayor ignominia y confusi\u00f3n que se pueda en cuanto al estado eclesi\u00e1stico. El p\u00e1rroco es una persona de gran integridad y capacidad\u2026 Pienso que en este inicio de la\u00a0 regencia de la Reina (en 1643), si quisiera obligar a una satisfacci\u00f3n p\u00fablica a este gentilhombre, ella\u2026 reprimir\u00eda mucha de la audacia y de la insolencia que la nobleza acostumbra a ejercer sobre la Iglesia\u00bb. Habla otra vez de \u00abla vejaci\u00f3n y opresi\u00f3n en la que viven los p\u00e1rrocos de las regiones distantes de la Corte donde los sacerdotes no tienen la palabra para quejarse y parecen no tener m\u00e1s que hombros para sufrir\u00bb. El duque de Beauvilliers, mucho m\u00e1s tarde, dir\u00e1 tambi\u00e9n; \u00abQu\u00e9 mala suerte la m\u00eda por haber venido al mundo en un tiempo tan deplorable que se desprecia, que se maltrata, que se deshonra a los eclesi\u00e1sticos\u00bb. \u00c9l mismo confiesa que no saluda a un p\u00e1rroco de pueblo, no le admite en su mesa, mientras que yo lo har\u00eda con personas de una condici\u00f3n mediocre\u00bb. Abelly, poco propenso a la cr\u00edtica, escribe: \u00abSe ten\u00eda por una especie de envilecimiento a las personas de condici\u00f3n, entrar en las santas \u00f3rdenes, si no se tuviera alg\u00fan beneficio considerable para tapar la verg\u00fcenza. Y, seg\u00fan la costumbre del mundo, era una especie de contumelia y de injuria decir a un eclesi\u00e1stico de calidad que era un sacerdote\u00bb. Eso se explicaba sin duda por la jerarqu\u00eda que reinaba en toda esta sociedad y por la mala compostura del clero popular. Pero por \u00faltimo tenemos consideraci\u00f3n por un p\u00e1rroco de campo, hasta cuando nos parece un pat\u00e1n. Un hombre de calidad, en el siglo XVII, no le conced\u00eda el saludo, no le ped\u00eda que se sentara en una compa\u00f1\u00eda, y le enviaba a comer con los criados. No nos equivoquemos en esto, hay una gran novedad, una revoluci\u00f3n de las ideas y de las costumbres en los hechos que Vicente se\u00f1ala Le Breton en 1649: \u00abEl estado eclesi\u00e1stico secular recibe mucho de Dios en este momento. Se dice que nuestra peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda ha contribuido mucho a ello por los ordenandos\u00a0 y la Compa\u00f1\u00eda de los eclesi\u00e1sticos de Par\u00eds. <em>Hay mucha gente de calidad que abraza este estado hoy. <\/em>El Se\u00f1or de la Marguerie, hasta ahora primer\u00a0 Presidente de provincias, se ha hecho simple sacerdote hace diez d\u00edas. Tenemos entre los ordenandos a un consejero del gran Consejo, y a un maestro de las Cuentas <em>que se hacen simples sacerdotes por devoci\u00f3n\u2026\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Esta ruptura de un largo prejuicio, esta rehabilitaci\u00f3n del sacerdote, aparte de toda dignidad temporal, es la obra de Vicente. Ha colocado tan alto el ideal eclesi\u00e1stico, que ha logrado desprenderlo de toda condici\u00f3n, de toda jerarqu\u00eda. Y actuando sobre el esp\u00edritu del mundo como sobre el de los seminarios, rodea\u00a0 la reforma del clero de una especie de simpat\u00eda, de colaboraci\u00f3n laica. Sin duda que no ha contribuido solo a la renovaci\u00f3n religiosa en la sociedad. Francisco de Sales hab\u00eda comenzado; Port Royal ha tenido su acci\u00f3n brillante y a veces ruidosa; los Carmelitas su irradiaci\u00f3n discreta; la Compa\u00f1\u00eda del Santo Sacramento su trabajo oculto; y el Oratorio, y los Jesuitas, y otros m\u00e1s. Pero uno de los m\u00e1s activos focos de renovaci\u00f3n espiritual es la casa de San L\u00e1zaro. All\u00ed con esa gran mezcla de ejercitantes todas las clases se re\u00fanen: gentes de Iglesia y laicos, se\u00f1ores y campesinos, preocupados tan solo, unos y otros para llegar a ser mejores cristianos. Todo el mundo no puede retirarse al <em>Desierto<\/em> o penetrar en el locutorio de los Carmelitas; pero todo el mundo se sienta a la mesa del Se\u00f1or Vicente. No existe lugar donde se realice mejor la fusi\u00f3n de las clases, en la gran fraternidad cristiana. \u00abMuchos llegan a esta casa\u2026 de diez, veinte, cincuenta leguas, expresamente para recogerse aqu\u00ed, hacer una confesi\u00f3n general, determinarse a una elecci\u00f3n de vida en el mundo y emplear los medios de salvarse\u2026\u00bb \u00abTenemos un capit\u00e1n que quiere ser Cartujo; os suplico que le encomend\u00e9is a Nuestro Se\u00f1or\u00bb \u00abViene mucha gente de guerra y, estos d\u00edas pasados, hab\u00eda uno que me dec\u00eda: \u2018Se\u00f1or, debo irme pronto a las ocasiones, y deseo en adelante ponerme en buen estado\u2026\u2019\u00bb \u00abTen\u00edamos\u00a0 un sacerdote, estos d\u00edas pasados, que llegando de lejos para hacer su retiro aqu\u00ed, me dijo lo primero de todo: Se\u00f1or, vengo a vuestra casa, y si no me recib\u00eds, yo estoy perdido\u2026 Otros tres partieron del fondo de la Champa\u00f1a, que se hab\u00edan animado mutuamente a venir a San L\u00e1zaro. Oh Dios, cu\u00e1ntos hubo de cerca y de lejos, a quienes el Esp\u00edritu Santo concede este movimiento!\u00bb<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 casa de almas! Es como una luz que se ha puesto a brillar en la noche, para todos los perdidos, los inquietos, los peregrinos del siglo. All\u00ed se dirigen, cada uno viene a buscar lo que necesita; se convierte en la gran casa del pueblo cristiano, un lugar de reuni\u00f3n y de consuelo \u00fanico en este siglo, creo yo.\u00a0 \u00abSomos los <em>mediadores <\/em>para reconciliar a los hombres con Dios\u00bb, escribe Vicente. Habr\u00eda podido a\u00f1adir: para reconciliarlos consigo, acercarlos unos a otros. Es un aspecto de la obra social de Vicente de Pa\u00fal que no hay que descuidar. Es una de las razones del \u00e9xito de su reforma del clero. \u00c9l le ha creado un ambiente favorable. \u00c9l ha regenerado el cuerpo de los pastores en la medida en que con seguridad acercaba a Dios, al mismo tiempo, el gran reba\u00f1o de los fieles.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo V: El\u00a0 reformador del clero de Francia Con B\u00e9rulle, Olier, Bourdoise y algunos m\u00e1s, Vicente de Pa\u00fal es uno de los poderosos reformadores del clero de Francia. 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