{"id":72937,"date":"2024-09-07T08:09:38","date_gmt":"2024-09-07T06:09:38","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=72937"},"modified":"2023-08-20T13:13:08","modified_gmt":"2023-08-20T11:13:08","slug":"san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-4\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Renaudin). Cap\u00edtulo 4"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo IV: El fundador de la Misi\u00f3n<\/h2>\n<p>Regresemos a 1617. Vicente de Pa\u00fal ha escrito, de Ch\u00e2tillon, al Sr.General de las Galeras que no volver\u00eda a la casa. El Sr. de Gondi env\u00eda a su mujer la carta de su desertor. \u00abAndo en desesperaci\u00f3n por una carta que me ha escrito el Se\u00f1or Vicente. Me siento extremadamente sorprendido que nos haya dicho nada de su resoluci\u00f3n\u2026\u00bb La Sra. de Gondi no est\u00e1 menos aturdida por el golpe: \u00abJam\u00e1s lo habr\u00eda pensado&#8230; En verdad, su abandono resulta bien extra\u00f1o, y confieso que no entiendo ni palabra\u2026\u00bb Estamos ante una pareja m\u00e1s confundida por este peque\u00f1o suceso interior que por los graves acontecimientos pol\u00edticos que sacuden Francia en ese mismo momento. El Sr. General: \u00abOs ruego que actu\u00e9is de forma que, por todos los medios, no le perdamos\u2026 Aun cuando el Sr. Vicente no tuviera el m\u00e9todo de ense\u00f1ar a la juventud, puede dirigir a un hombre, pero\u2026yo deseo con pasi\u00f3n que vuelva a mi casa, donde vivir\u00e1 como quiera, y yo un d\u00eda como hombre de bien, si ese hombre est\u00e1 conmigo\u00bb. La Sra. Generala: \u00ab\u00c9l sabe la necesidad que tengo de su direcci\u00f3n y los asuntos que tengo que comunicarle; los dolores del alma y del cuerpo que he sufrido, por falta de asistencia; el bien que deseo hacer en mis pueblos\u2026En una palabra, estoy viendo mi alma en un lamentable estado\u00bb. En fin, el Sr. Vicente es el hombre <em>indispensable\u2026<\/em><\/p>\n<p>Los correos se suceden en Ch\u00e2tillon, y los embajadores: du Fresne entre otros. Pero \u00abno hay nada m\u00e1s poderoso en \u00e9l \u00abque el Sr. de B\u00e9rulle. B\u00e9rulle, acosado, promete intervenir. Por mediaci\u00f3n del Padre Bence, de Lyon. Vicente es cuestionado, capitulado. Promete finalmente venir a Par\u00eds, a ver al Sr. B\u00e9rulle. La victoria est\u00e1 pr\u00f3xima. A finales de diciembre, el desertor vendr\u00e1 a entregarse; le encantar\u00e1n con buenas promesas y juramentos. Se canta el <em>Te Deum<\/em> en la casa del General.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les fueron las razones de lo que se puede llamar una fuga? Busqu\u00e9moslas para iluminar un poco el alma del fugitivo. Vicente adelant\u00f3 su \u00abincapacidad\u00bb de pedagogo. Cierto es que no sent\u00eda gusto por ense\u00f1ar a j\u00f3venes. Ninguno de sus preceptorados parece haber dejado recuerdos en \u00e9l, ni efectos duraderos en sus disc\u00edpulos. Pero en fin, se ve bien claro que no es m\u00e1s que un pretexto. En realidad, no estaba a su gusto en la casa. La direcci\u00f3n del alma de la Sra. de Gondi le pesaba. Sent\u00eda que la joven mujer estaba demasiado apegada, demasiado pendiente de \u00e9l. En diversas ocasiones, con dulzura y cortes\u00eda, \u00e9l la hab\u00eda persuadido de dirigirse en otra parte: ella obedec\u00eda, luego volv\u00eda siempre. Debi\u00f3 creer sinceramente que le har\u00eda bien a su penitente separ\u00e1ndola brutalmente de \u00e9l. No le gustaba m\u00e1s, en cuanto a s\u00ed mismo ser el \u00eddolo de gentes as\u00ed. El Sr. Vicente por aqu\u00ed, el Sr. Vicente por all\u00e1, un poco demasiado frecuente para su gusto\u2026 Santa casa, sin duda; la voluntad de salvaci\u00f3n de estos esposos impresiona; pero al fin la atm\u00f3sfera de los grandes, sus adulaciones, sus peque\u00f1as debilidades, \u00abel gran aire del mundo\u00bb, como dice Abelly, no le han convencido nunca. Ah\u00ed \u00e9l respira mal.<\/p>\n<p>\u00a1Y c\u00f3mo respirar\u00eda mejor, c\u00f3mo bregar\u00eda con m\u00e1s fuerza, entre los pobres de los campos! Es all\u00ed donde Dios me llama a vivir: eso es lo que ha debido estar en juego con B\u00e9rulle. Me parce ver, en la fuga de Vicente, un \u00faltimo sobresalto de la naturaleza, una nostalgia de campesino a quien llama la tierra; siento en ello un alma que tiene todav\u00eda reacciones humanas, que no est\u00e1 del todo <em>entregada. <\/em>Advi\u00e9rtase que B\u00e9rulle es incierto, como nosotros lo estamos a\u00fan. Se le ve escuchando al Sr. Vicente en silencio y, lleno de dudas, dej\u00e1ndole hacer. El no zanja la cuesti\u00f3n, ya no manda; deja partir a Vicente y, dos meses despu\u00e9s, se entrometer\u00e1 para hacerle volver. Anda pues titubeando, nada seguro \u00e9l mismo. Al mismo tiempo, se ve que respeta m\u00e1s la libertad de esta alma, con la seguridad en delante de que seguir\u00e1 las luces de arriba. Su papel se ha terminado; B\u00e9rulle no es ya m\u00e1s que un espectador, que ve actuar a la Providencia en este sacerdote. Y es el momento mismo en que descubrimos en Vicente un resto de inquietud humana, un testimonio indirecto, pero seguro, de los progresos que ha hecho en la santidad. Berulle, por su sola actitud, nos informa. Ha puesto confianza en el hombre guiado por Dios.<\/p>\n<p>Vemos pues al Sr. Vicente de vuelta con los Gondi. En enseguida ya est\u00e1 misionando en sus tierras. \u00abPero bueno!, hab\u00eda exclamado la marquesa, estas siete u ocho mil almas que est\u00e1n en mis tierras \u00bfno han sido tambi\u00e9n rescatadas por la sangre preciosa de Nuestro Se\u00f1or como las de Bresse?\u00bb Vicente corre a sus ovejas, y la idea que hab\u00eda germinado en el pueblo de Gannes, va por fin, poco a poco, a tomar cuerpo.<\/p>\n<p>La Sra. de Gondi no la hab\u00eda olvidado. Desairada en sus primeros pasos, abandonada del Sr. Vicente, temiendo que la idea se muriera con ella (admirad la energ\u00eda de esta mujer enfermiza y su puro deseo del bien), hace su testamento: diecis\u00e9is mil libras para la fundaci\u00f3n de misiones que dar, por turno, en todas sus tierras.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente una vez en casa, ella vuelve a su proyecto. Apremia, con la impaciencia de una mujer, a su capell\u00e1n de paso lento. En el fondo, se ve bien lo que \u00e9l espera: una luz de la que prescinden los hombres de ordinario. Espera que la Providencia le indique con claridad el modo de realizar un plan tan grande. Y \u00e9l tiene raz\u00f3n, y la Providencia tiene raz\u00f3n: todos estos buenos Religiosos a quienes se dirige no hubieran sin duda hecho el trabajo, el <em>opus novum <\/em>que se necesitaba. Ya se rodea el Sr. Vicente de auxiliares libres: los Se\u00f1ores Coqueret, Berger, Gonti\u00e8re y otros piadosos eclesi\u00e1sticos misionan con \u00e9l; pero todav\u00eda no hay nada reglado. A falta de su capell\u00e1n, la marquesa llega a convencer a su marido, a su cu\u00f1ado: la congregaci\u00f3n que se busca en vano, se crear\u00e1; ser\u00e1 un grupo de esos sacerdotes entregados que trabajan ya con el Sr. Vicente. Emmanuel de Gondi ser\u00e1 el fundador del nuevo Instituto; el Arzobispo lo aprobar\u00e1 y lo alojar\u00e1. Al Sr. Vicente le tocar\u00e1 lo m\u00e1s duro\u2026<\/p>\n<p>\u00c9l se dej\u00f3 llevar, creyendo verdaderamente que, esta vez, Dios hab\u00eda hablado. El 1\u00ba de marzo de 1624, fue nombrado director del viejo Colegio de los Bons Enfants, que se encontraba vacante por una dimisi\u00f3n; tom\u00f3 posesi\u00f3n de \u00e9l por sus compa\u00f1eros, habiendo prometido seguir en la casa de los Gondi; hizo de Antonio Portail jefe de la peque\u00f1a comunidad naciente. Por un contrato de la fundaci\u00f3n, los Gondi dieron 45.000 libras (abril de 1625). Luis XIII otorg\u00f3 letras patentes en 1627. Despu\u00e9s de varias dificultades, fueron registradas en 1631. Y el papa Urbano VIII, el 12 de enero de 1633, erig\u00eda la Compa\u00f1\u00eda en Congregaci\u00f3n oficial de la Iglesia, bajo el nombre de <em>Sacerdotes de la Misi\u00f3n. <\/em><\/p>\n<p>El contrato de fundaci\u00f3n establece a la perfecci\u00f3n el car\u00e1cter de los nuevos misioneros, se trata de \u00abla piadosa asociaci\u00f3n de algunos sacerdotes de doctrina, piedad y capacidad conocidas\u00bb, que van a renunciar \u00abtanto a las condiciones de las ciudades como a todos los beneficios, cargos y dignidades de la Iglesia, para, bajo el consentimiento de los prelados, cada uno en la extensi\u00f3n de su di\u00f3cesis, aplicarse por completo y puramente a la salvaci\u00f3n del pobre pueblo, yendo de pueblo en pueblo, a expensas de la bolsa com\u00fan, a predicar, instruir, exhortar y catequizar a estas pobres gentes, pidi\u00e9ndoles que hagan todos una buena confesi\u00f3n general de toda su vida pasada, sin recibir por ello ninguna retribuci\u00f3n, de cualquier modo que sea, con el fin de distribuir gratuitamente los dones que ellos hayan recibido gratuitamente de la mano liberal de Dios\u00bb. En esta larga frase, que suena a su siglo XVII, sopesad cada una de las palabras, ved qu\u00e9 sabidur\u00eda, qu\u00e9 previsi\u00f3n se encierra en cada una de ellas: comprender\u00e9is que Vicente ha reflexionado detenidamente, durante a\u00f1os, a la luz de todas sus experiencias, y no os sorprender\u00e1 si, treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde, la carta definitiva de la Misi\u00f3n apenas introduce retoques en este primer esbozo.<\/p>\n<p>No obstante, no hay que equivocarse: es una gran novedad. Era el tiempo de las novedades: el Oratorio es una, y la Visitaci\u00f3n tambi\u00e9n es una, y la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento es otra. Tras la gran sacudida de la Iglesia en el siglo XVI, se ha de rehacer un edificio, adaptado a los tiempos modernos. <em>Vetera et nova; <\/em>es siempre la Iglesia. Vicente de Pa\u00fal est\u00e1 pues en la tradici\u00f3n, si se puede decir, estando en el rejuveniciento-1. Pero se da cuenta, con seguridad; ha previsto las desconfianzas de los Obispos, la oposici\u00f3n de los p\u00e1rrocos, los titubeos de Roma; por eso ha tardado tanto; por eso multiplica las precauciones; por eso al fin no dar\u00e1 tanto ruido alrededor de su Compa\u00f1\u00eda naciente, ni siquiera reclutamiento. La sepulta en la oscuridad, -a la vez por prudencia humana y por uni\u00f3n a la humildad de Cristo Jes\u00fas- la oscuridad donde comienzan todas las grandes cosas.<\/p>\n<p>\u00c9l mismo ha trazado un breve cuadro de estos principios; recuerdos que est\u00e1n revestidos para \u00e9l de la poes\u00eda del pasado, de la juventud, y para nosotros de una especie de luz de Evangelio. Ved a estos ap\u00f3stoles de puro coraz\u00f3n como a los de la Galilea: \u00abNosotros \u00edbamos buenamente y sencillamente, enviados por Nuestros Se\u00f1ores los Obispos a evangelizar a los pobres, como lo hab\u00eda hecho Nuestro Se\u00f1or. Esto es lo que hac\u00edamos; y Dios por su parte hac\u00eda lo que hab\u00eda previsto de toda la eternidad. Dio alguna bendici\u00f3n a nuestros trabajos, al verlo otros buenos eclesi\u00e1sticos, se unieron a nosotros y pidieron estar con nosotros\u2026\u00bb En esta \u00e9poca, habiendo muerto la Se\u00f1ora de Gondi-2, Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda ido a verse con Portail en el Colegio de los Bons Enfants. La vivienda se hallaba deteriorada, ruinosa, poco confortable; no se pod\u00eda pagar ni a un alba\u00f1il, ni tan solo a un guarda; los misioneros, al salir, dejaban la llave a un vecino: qu\u00e9 pod\u00eda robarles, Dios m\u00edo, Tomaban un bast\u00f3n, un pobre bagaje, y part\u00edan, primero de dos en dos, luego de tres o cuatro en cuatro. La mies es mucha, y hay pocos obreros. \u00abmirad que os env\u00edo como a corderos en medio de los lobos. A cualquier lugar que llegu\u00e9is, anunciad la paz, curad a los enfermos, y decidles: el reino de Dios est\u00e1 cerca.\u00bb La turn\u00e9 duraba por lo general un mes. Tras lo cual los misioneros regresaban a tomarse quince d\u00edas de descanso y de retiro. Reposo bien necesario y que les costaba lo suyo. Ya que ellos llevan consigo la visi\u00f3n dolorosa del mal que queda por combatir. \u00abMe acuerdo que en otro tiempo, cuando volv\u00eda de misi\u00f3n, me parec\u00eda, al acercarme a Par\u00eds, que las puertas de la ciudad deber\u00edan caer sobre m\u00ed y aplastarme\u2026 La raz\u00f3n de ello es que yo consideraba para mis adentros como si me hubieran dicho: T\u00fa te marchas cuando otros pueblos se quedan esperando de ti el mismo auxilio que acabas de dar a \u00e9ste; si no puedes ir all\u00ed lo m\u00e1s probable es que tales personas, muriendo en el estado en que t\u00fa las has encontrado, se perder\u00edan y se condenar\u00edan. Pues bien, si t\u00fa has encontrado tales y tales pecados en esa parroquia, \u00bfno tienes motivos de pensar que abominaciones parecidas se cometen en la parroquia vecina, donde esta pobre gente espera tu misi\u00f3n? Y t\u00fa te marchas, dej\u00e1ndolos all\u00ed\u2026\u00bb<\/p>\n<p>\u00a1Oh los puros ap\u00f3stoles! Y qu\u00e9 celosamente guardan su pobreza, su oscuridad, su incapacidad misma. Prefieren seguir siendo un pu\u00f1ado de gente, pobres de nacimiento, de ciencia y de virtud, la hez, la barredura y el desecho del mundo\u00bb, y la irrisi\u00f3n de de las Compa\u00f1\u00edas poderosas. Diez a\u00f1os despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n, en 1635, apenas llegaba a tener una docena de obreros, y escribe a Portail: \u00abLa Compa\u00f1\u00eda est\u00e1 en una muy buena base, Gracias a Dios\u2026 el numero de los que han entrado con nosotros desde vuestra partida es de seis. Oh Se\u00f1or, c\u00f3mo temo la multitud y la propagaci\u00f3n, y qu\u00e9 motivos tenemos de alabar a Dios por habernos hecho honrar el peque\u00f1o de los disc\u00edpulos de su Hijo\u2026\u00bbTodo lo que pide es que los suyos guarden con \u00e9l este esp\u00edritu de cortes\u00eda y de perfecto desapego sin el cual no har\u00e1n la obra de Dios. \u00abVivimos una vida casi tan solitaria en Par\u00eds como entre los Cartujos, porque no predican, ni catequizan, ni confiesan en la ciudad, nadie tiene que hab\u00e9rselas con nosotros ni nosotros con nadie <em>y esta soledad nos hace aspirar al trabajo de los campos, y este trabajo en la soledad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, la Compa\u00f1\u00eda se traslad\u00f3 al priorato San L\u00e1zaro al suburbio de Saint Denis, por la oferta que hizo Le Bon, superior de los can\u00f3nigos de San V\u00edctor. De ah\u00ed vino en nombre de Lazaristas dado a los sacerdotes de la Misi\u00f3n. Ser\u00eda demasiado largo contar este \u00e9xodo: las resistencias de Vicente, su repugnancia a salir de la indigencia donde viv\u00eda en los Bons Enfants; la oposici\u00f3n de ciertos can\u00f3nigos, los retrasos de Roma\u2026 El asunto dur\u00f3 varios a\u00f1os. En 1632 solamente, Vicente tom\u00f3 posesi\u00f3n del priorato de San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>Las misiones de los primeros a\u00f1os no se alejaron de las tierras de los Gondi y de la di\u00f3cesis de Par\u00eds. Ante la modestia de los misioneros, \u00abel buen olor que la Compa\u00f1\u00eda difunde en las provincias\u00bb, los Obispos pierden sus desconfianzas, y varios rompen a llamar a Vicente de Pa\u00fal y a sus compa\u00f1eros. Se ven, de 1627 a 1636, a los misioneros en el Sur, en Normand\u00eda, en Burgo\u00f1a, en Champa\u00f1a, en Lorena. Vicente comienza a enviar sin \u00e9l a sus obreros, y es entonces cuando podemos conocer mejor sus trabajos, por las cartas que les escribe, los relatos que les pide. Uno de estos nos ha llegado: la carta que el Sr. Olier escribi\u00f3 a Vicente, sobre la misi\u00f3n de Brioude, en 1636:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSe comenz\u00f3 la misi\u00f3n el domingo de la Ascensi\u00f3n, la cual dur\u00f3 hasta el quince de este mes\u2026 Se quiso que me despidiera por la tarde, en la presencia del Sant\u00edsimo Sacramento, lo que se hizo con toda la reverencia hacia la majestad de Dios que presidia, y tambi\u00e9n con tantos suspiros y l\u00e1grimas que yo pienso, Se\u00f1or, que se necesitar\u00eda haberse encontrado all\u00ed para dar fe de ello. \u00a1Dios sea bendito en todo!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abCasi la misma cosa sucedi\u00f3 en la procesi\u00f3n de los peque\u00f1os y en la comuni\u00f3n, all\u00ed donde la multitud era tan grande, lo mismo que en el resto de las fiestas que era preciso siempre disponer de vino dentro de la iglesia para los d\u00e9biles, de las que una entre otras estuvo seis semanas enferma.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEl pueblo, al principio, ven\u00eda seg\u00fan lo deb\u00edamos desear, a saber cuando los pod\u00edamos confesar; pero eso, Se\u00f1or, con tales movimientos de gracia que por todas partes era f\u00e1cil saber d\u00f3nde condesaban los sacerdotes por sus suspiros y sollozos, se hac\u00edan o\u00edr por todas partes. \u00a1Jesucristo sea alabado en todo!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPero, hacia el final, el pueblo nos obligaba tan vivamente y la multitud era tan grande que ten\u00edamos que ser a veces doce o trece sacerdotes para satisfacer el ardor de este celo\u2026 Se los ve\u00eda desde el amanecer en medio del calor que era extraordinario hasta la \u00faltima predicaci\u00f3n, sin beber ni comer.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abA veces, a favor de los extra\u00f1os, hab\u00eda que hacer dos horas o m\u00e1s de catecismo, de donde sal\u00edan tan hambrientos como hab\u00edan entrado. Esto nos dejaba muy confusos. Lo ten\u00edamos que hacer desde el p\u00falpito, no habiendo lugar en la iglesia, los alrededores del cementerio encontr\u00e1ndose llenos, las puertas obstruidas y las ventanas cargadas de gente. Lo mismo se ve\u00eda en el serm\u00f3n de la ma\u00f1ana y en el de la tarde. Por esto no puedo decir otra cosa sino <em>Benedictus Deus, Benedictus Deus<\/em>, el cual tan liberalmente se comunica a todas sus criaturas, pero sobre todo a sus pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se ve, casi todo, el orden de cada misi\u00f3n. Un catecismo por la ma\u00f1ana, seguido de repeticiones en grupos peque\u00f1os en la iglesia. Luego la comida de los pobres, servido de personas de calidad o burgueses. Hacia la noche, la instrucci\u00f3n contin\u00faa. Cuando los pobres est\u00e1n bastante instruidos se los prepara para la confesi\u00f3n general, luego la comuni\u00f3n de clausura de la misi\u00f3n. Y siguiendo un ritmo querido en la Iglesia, el descanso despu\u00e9s del esfuerzo, la despedida dada a la naturaleza: todo se termina con una abundante cena de adi\u00f3s, en la que los grandes sirven a los peque\u00f1os.<\/p>\n<p>Cuando la misi\u00f3n se da en una regi\u00f3n protestante (hab\u00eda todav\u00eda muchas en el centro y mediod\u00eda de Francia), Vicente multiplica las recomendaciones a sus sacerdotes. No quiere m\u00e1s que la dulzura, la caridad, la luz que venga de las virtudes y del ejemplo.<\/p>\n<p>El gusto por las controversias era vivo entonces. Regi\u00f3n donde gustan el juego de las ideas, las justas del bello lenguaje. Por todas partes, el clero cat\u00f3lico y ministros reformados discut\u00edan p\u00fablicamente, se bat\u00edan ante la galer\u00eda. Y los resultados eran bien escasos. Vicente de Pa\u00fal proscribe resueltamente este m\u00e9todo detestable. Para comenzar, nada de nombres hirientes, nada de \u00abherejes\u00bb. Luego, que no se desaf\u00eda a los ministros en el p\u00falpito. \u00abCuando el rey os envi\u00f3 a S\u00e9dan fue con la condici\u00f3n de no disputar nunca contra los herejes, ni en el p\u00falpito ni en particular, sabiendo que sirve de poco, y que con mucha frecuencia se hace m\u00e1s ruido que fruto\u00bb. La vanidad, el placer de tener raz\u00f3n no le distraen; se pone en el lugar de los pobres que est\u00e1n al pie del p\u00falpito, lee en sus corazones: \u00abNosotros no creemos a los hombres por sabios, sino porque los estimamos buenos y los queremos\u2026 La buena vida, el buen olor de las virtudes cristianas llevadas a la pr\u00e1ctica, atraen a los desviados al camino recto\u00bb. \u00abHagamos todo lo que queramos: no nos creer\u00e1n si no mostramos amor y compasi\u00f3n hacia aquellos que queremos que crean en nosotros\u2026\u00bb<\/p>\n<p>En 1636, se vio una f\u00f3rmula nueva: la Misi\u00f3n ambulante, la misi\u00f3n a los ej\u00e9rcitos. Esta vez los misioneros no han tenido siquiera una granja para reposar la cabeza; es preciso contentarse con una carreta y una tienda. Era en el momento m\u00e1s cr\u00edtico de la guerra de los Treinta a\u00f1os. Despu\u00e9s de esta toma de Corbie que hizo temblar a Par\u00eds y al reino. Un ej\u00e9rcito improvisado en la capital hab\u00eda tomado primeramente por cuartel el patio de San L\u00e1zaro: all\u00ed tenemos a Vicente y a sus compa\u00f1eros despertados al ruido del tambor, perdidos en medio de setenta y dos compa\u00f1\u00edas que se instruyen a toda prisa \u2013lo que no les impide \u00abhacer su retiro\u00bb. Pienso tambi\u00e9n que cambiando el mal en bien se aprovechan de las circunstancias para instruir a estos reclutas de un modo diferente, y difundir la palabra de Dios. Y he aqu\u00ed que el Rey recurre a ellos para continuar su apostolado en los ej\u00e9rcitos: pide veinte sacerdotes. \u00a1Veinte sacerdotes! Toda la compa\u00f1\u00eda no cuenta con tantos, y muchos est\u00e1n en misi\u00f3n. Vicente re\u00fane a los auxiliares, acaba por llegar a quince, y va a presentar su tropa al Rey en Senlis. De camino ha improvisado un reglamento. Vivir\u00e1n en com\u00fan, si pueden; har\u00e1n sus ejercicios interiores, sus \u00abpeque\u00f1os reglamentos\u00bb; \u00abse callar\u00e1n siempre sobre los asuntos del Estado\u00bb. Por \u00faltimo se imaginar\u00e1n que, \u00absi no pueden quitar todos los pecados del ej\u00e9rcito, tal vez Dios les d\u00e9 la gracia de disminuir el n\u00famero, lo que es hacer que\u2026 de mil almas que deb\u00edan ser condenadas, muchas no lo ser\u00e1n\u00bb. El \u00e9xito fue fulgurante. Los misioneros sitiaron Corbie, acamparon y decamparon con las tropas, compartieron las fatigas del soldado, las privaciones, la peste y ganaron los corazones. Hemos visto no hace mucho, los milagros de esta fraternidad ante la miseria y la muerte. Vicente mismo se qued\u00f3 maravillado: \u00abOh, Dios. Se\u00f1or, esto sobrepasa mis esperanzas!\u00bb<\/p>\n<h3><em>Extensi\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>Pronto, la Misi\u00f3n va a salir de Francia: se ver\u00e1 a los hijos del Sr. Vicente caminar por las rutas de Europa, franquear los mares, llevar el Evangelio casi hasta las extremidades del mundo. Qu\u00e9, esta \u00abpeque\u00f1a compa\u00f1\u00eda?\u00bb \u00bfEs que se ha hecho muy numerosa y floreciente?<\/p>\n<p>De ninguna forma. Esta extensi\u00f3n no viene, como se podr\u00eda creer, de un desarrollo num\u00e9rico, de una especie de poder material. Vicente sigue no disponiendo m\u00e1s que de un pu\u00f1ado de hombres y, para enviar al extranjero, necesita sin cesar, si me atrevo a decirlo, tapar un agujero con otro. \u00c9l presta, el da sus m\u00e1s pr\u00f3ximos auxiliares, \u00abarranc\u00e1ndose un ojo\u00bb o un brazo. \u00c9l usa a sus s\u00fabditos, \u00e9l pide a un hombre el trabajo de diez; constituye una Misi\u00f3n con dos, tres obreros lo m\u00e1s; renueva en todo momento, en el desierto donde las almas esperan la palabra divina, el milagro de los cinco panes que alimentan a una multitud.<\/p>\n<p>Para romper as\u00ed con la pol\u00edtica de prudencia y de lentitud, es preciso que obedezca a sugerencias urgentes. \u00bfCu\u00e1les?<\/p>\n<p>En primer lugar, a un pensamiento que le persigue. \u00ab\u00bfNo tenemos ocasi\u00f3n de temer que Dios abandona a Europa a la merced de las herej\u00edas que combaten a la Iglesia desde hace un siglo, y que han hechos tales estragos que la han reducido a un peque\u00f1o punto? Y, para colmo de males, lo que queda parece disponerse a una divisi\u00f3n por las opiniones nuevas todos los d\u00edas (el Jansenismo entre otros). \u00bfQu\u00e9 sabemos nosotros si Dios no quiere transferir la misma Iglesia a los infieles, los cuales guardan tal vez m\u00e1s inocencia en sus costumbres que la mayor\u00eda de los cristianos\u2026 En cuanto a m\u00ed, yo s\u00e9 que este sentimiento me acecha hace mucho tiempo\u00bb. (Escribe en 1647). A partir de 1640, en efecto, no cesa de sentirse preocupado. \u00abLa Iglesia ha perdido desde cien a\u00f1os para ac\u00e1, la mayor parte del Imperio, y los reinos de Suecia, Dinamarca, y Noruega, Escocia, de Inglaterra y de Irlanda, de Bohemia y de Ungr\u00eda. Pues estas p\u00e9rdidas de la Iglesia\u2026 me dan motivos de temer que dentro de cien a\u00f1os perdamos del todo a la Iglesia en Europa\u2026 Yo tengo por bienaventurados a los que pueden cooperar en extender la Iglesia por otras partes\u00bb. La invasi\u00f3n de Polonia por los Suecos, en 1655, le confirma en estas aprensiones. \u00a1Oh Se\u00f1or! \u00bfQui\u00e9n sabe si este temible conquistador (Carlos Gustavo) se detendr\u00e1 all\u00ed?\u00bb Entonces, hablando a sus sacerdotes, exclama: \u00a1Ah, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, qu\u00e9 alegr\u00eda sentir\u00e1 Dios si, entre los escombros de su Iglesia, en estos trastornos que han causado las herej\u00edas\u2026 se encuentran algunas personas para trasladar a otra parte, si se puede hablar as\u00ed, los restos de su Iglesia, y otras para defender y guardar aqu\u00ed esto poco que queda\u2026 \u00a1Oh, Se\u00f1ores, qu\u00e9 motivo de j\u00fabilo! Esto es o que debemos hacer: mantener aqu\u00ed denodadamente las posesiones de la Iglesia y los intereses de Jesucristo, y con ello trabajar sin cesar en hacerle nuevas conquistas y darle a conocer de los pueblos m\u00e1s alejados\u00bb.<\/p>\n<p>A estas llamadas \u00edntimas se unieron bien pronto las solicitaciones de Roma. En 1641, el papa Urbano VIII hab\u00eda autorizado el establecimiento en Roma de una casa de la Misi\u00f3n, que Louis Le Breton hab\u00eda fundado por orden de Vicente de Pa\u00fal. \u00abEs preciso que nos acostumbremos a ese lugar\u00bb, hab\u00eda dicho Vicente con su sentido claro de las cosas humanas. Le Breton, ayudado de algunos pobres obreros, hab\u00eda evangelizado a los pastores de la campi\u00f1a romana, a los campesinos de Ostia, a los monta\u00f1eses del Apenino. Su palabra despertaba, en esta tierra de entusiasmo, los milagros de la Edad Media: confesiones p\u00fablicas, reconciliaciones, cr\u00edmenes lavados con las l\u00e1grimas. \u00c9tienne Blatiron hab\u00eda hecho, en G\u00e9nova, otras maravillas; y mor\u00eda m\u00e1rtir, con cinco compa\u00f1eros en una epidemia de peste. Los Obispos italianos como los nuestros, llamaban a los sacerdotes de la Misi\u00f3n para transformar sus di\u00f3cesis. La duquesa de Aiguill\u00f3n hac\u00eda, en la casa de Roma, una serie de donaciones reales. En una palabra, la Propaganda se hab\u00eda enterado, de 1640 a 1645, del celo de los hijos de Vicente de Pa\u00fal. Volvi\u00f3 los ojos hacia ellos. Vicente fue solicitado que los enviara a Babilonia, despu\u00e9s a las India orientales (el asunto sigui\u00f3 en el aire y acab\u00f3 por fracasar), en Irlanda donde, a petici\u00f3n de Inocencio X, env\u00eda en 1646, a ocho misioneros; a Madagascar, donde el nuncio apost\u00f3lico, Cardenal Bagni, le pidi\u00f3 que destinara a ap\u00f3stoles. Se intent\u00f3 la Am\u00e9rica (\u00abel plan de Am\u00e9rica no nos ha resultado\u00bb); la China misma, riberas lejanas, entr\u00f3 en los pensamientos del santo que ya abrazaban el mundo.<\/p>\n<p>Es una historia larga, cautivadora y magn\u00edfica, que necesitar\u00eda varios vol\u00famenes para contar. Los anales de Madagascar, por ejemplo, son una cadena conmovedora de naufragios, de sinsabores, de hero\u00edsmos oscuros y sin recompense, que oprimen el coraz\u00f3n, si no se piensa en el trono de gloria en que Cristo a debido colocar en el cielo a estos siervos de su reino en la tierra. \u2013La Misi\u00f3n de Polonia no ha tenido a\u00fan a su historiador. Llamada en 1651, bajo felices auspicios, junto a la reina Mar\u00eda de Gonzaga, conoci\u00f3 todos los obst\u00e1culos: la oposici\u00f3n de los Jesuitas, la peste nada m\u00e1s llegar a Varsovia: \u00abNadie entierra all\u00ed a los muertos; se los deja en las calles donde los perros se los comen. En el momento en que alguien se siente afectado de esta enfermedad en una casa, los dem\u00e1s le ponen en la calle, donde tiene que morir\u2026 Todos los ricos han huido\u00bb. Luego la invasi\u00f3n de los Suecos, de los Moscovitas; la guerra, el hambre, los \u00e9xodos. Antes de morir, Vicente de Pa\u00fal pudo ver sin embargo estos males terminados, los soberanos de Polonia restablecidos y los misioneros libres de hacer sus cosechas de almas. Varios hab\u00edan muerto al pie del ca\u00f1\u00f3n, como en Irlanda o en las H\u00e9bridas; Vicente no temi\u00f3, \u00e9l tan circunspecto, llamarlos m\u00e1rtires; m\u00e1rtires de sus fatigas, de sus privaciones, de esa muerte lenta que es m\u00e1s cruel que la otra. Un d\u00eda \u00e9l exclamaba, con una especie de transporte que no est\u00e1 entre sus costumbres: \u00a1Qu\u00e9 motivos no tenemos para dar gracias a Dios por haber dado a esta Compa\u00f1\u00eda el esp\u00edritu del martirio! \u00a1Esta costumbre, digo yo, esta gracia que hace ver algo grande, luminoso, resplandeciente y divino, en morir por el pr\u00f3jimo, a imitaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or!\u00bb<\/p>\n<p>\u00a1Este algo de grande y de luminoso c\u00f3mo se ver\u00eda tambi\u00e9n en las Misiones que Vicente estableci\u00f3 en Berber\u00eda! Esta p\u00e1gina de la historia de Francia \u2013pues es una de ellas, que se olvida demasiado- viene a arrojar un rayo de orgullo en el humillante cuadro de nuestras relaciones con los Estados Berberiscos. Tratados de Francisco I y de Enrique IV con el Gran Sult\u00e1n, tratados de Richelieu con los Berberiscos, tributos pagados al Rey de Argel, obsequios, <em>afrentas<\/em> diversas, nada de todo eso era glorioso. Y la pirater\u00eda continuaba, prosperaba, poco menos que reconocida por nuestros signatarios, con sus consecuencias afrentosas, la esclavitud y la apostas\u00eda. Mal necesario con el que se arreglaban. Nuestros c\u00f3nsules, despu\u00e9s de hacer lo que pod\u00edan, cerraban los ojos. Vicente hab\u00eda visto de cerca todas estas servidumbres. \u00c9l no se consolaba por ellas, \u00e9l. Pero \u00e9l no pensaba, en 1607, que ser\u00eda llamado un d\u00eda a llevar all\u00ed el remedio. Una vez que lleg\u00f3 ese d\u00eda, unos treinta y cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde no dej\u00f3 de ver en ello una indicaci\u00f3n de la Providencia.<\/p>\n<p>La Misi\u00f3n se hab\u00eda establecido en Marsella despu\u00e9s de una donaci\u00f3n de la Duquesa de Aiguillon, cerca del hospital de los Forzados. Misi\u00f3n permanente que irradiaba sobre la regi\u00f3n, y que deb\u00eda evangelizar a las gentes de las Galeras del Rey (1643). Los sacerdotes de la Misi\u00f3n ten\u00edan la mano alzada para el nombramiento y la vigilancia de los capellanes de la flota; el Sr. Vicente se convert\u00eda en \u00abcapell\u00e1n real de las galeras\u00bb, con un suplente en los lugares. Por \u00faltimo \u2013es aqu\u00ed donde llega su idea secreta \u2013los Misioneros deb\u00edan, \u00absiempre y cuando lo juzgaran a prop\u00f3sito\u00bb, enviar ap\u00f3stoles a Berber\u00eda, \u00abpara consolar e instruir a los pobres cristianos cautivos\u00bb.<\/p>\n<p>Este \u00absiempre y cuando\u00bb no tard\u00f3 en llegar; todo estaba listo, solo faltaba el dinero. Luis XIII mand\u00f3 una peque\u00f1a suma. Entonces, Vicente echa mano de un subterfugio, de una ficci\u00f3n prudente: escribe al c\u00f3nsul que el Rey mantiene all\u00e1, en T\u00fanez, Lange de Martin para pedirle si puede recibir como capell\u00e1n a un sacerdote de la Misi\u00f3n. Lange acepta, y Vicente env\u00eda a Gu\u00e9rin a su lado. Gu\u00e9rin trabaja al principio en el mayor secreto: ap\u00f3stol de una Cristiandad de las catacumbas. Poco a poco (los Turcos tienen estas cortes\u00edas), se le permite establecer en las mazmorras peque\u00f1as capillas, donde se muestra t\u00edmidamente el culto, se anima. La fiesta de San Luis se celebra solemnemente, en el Concordato y dem\u00e1s partes. Las abjuraciones de renegados (hab\u00eda, seg\u00fan se dice, diez o doce mil en Argelia y T\u00fanez), comienzan; las comuniones se multiplican. Gu\u00e9rin salva a la vez las almas y los cuerpos, que arranca a las pasiones de los amos. Pero entonces estos comienzan a detestar al ap\u00f3stol que los priva de sus placeres, y la joven cristiandad recibe el bautismo del martirio. Se querr\u00eda detenerse en estos anales maravillosos, donde reviven el ardor, el secreto, el \u00edmpetu victorioso de los primeros siglos cristianos. \u00a1Cu\u00e1ntas cosas bellas hechas por Franceses ignoramos todav\u00eda!<\/p>\n<p>En 1647, la duquesa de Aiguillon habiendo dado cuarenta mil libras para Berber\u00eda, Vicente env\u00eda all\u00ed a Jean Le Vacher.<\/p>\n<p>En ese momento, tiene entre las manos un poder nuevo. La duquesa ha comprado, a su intenci\u00f3n, los consulados de Argel y de T\u00fanez (cargos venales, que produc\u00edan grandes beneficios, al menos a los que los ejerc\u00edan sin escr\u00fapulos). Vicente duda, por desinter\u00e9s temporal, en disponer de estos puestos para sus sacerdotes. Pero qu\u00e9 autoridad tendr\u00edan. Las circunstancias le obligan a aceptar para Jean Le Vacher el consulado de T\u00fanez. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s, llama para remplazarle a un extranjero de quien est\u00e1 seguro, Martin Husson. Desde entonces, la evangelizaci\u00f3n de los cautivos se extiende y se organiza. Los nombres de Jean y de Philippe Le Vacher, de Jean Barreau, van unidos a esta larga historia, que culmina por fin en la creaci\u00f3n de un vicariato apost\u00f3lico. La Iglesia de \u00c1frica cuenta tambi\u00e9n entre sus fundadores con san Vicente de Pa\u00fal. No pedo pensar en volver a decir las dificultades pol\u00edticas entre las cuales se debate la Iglesia renaciente, los cambios de humor de los amos, las oposiciones de la Propaganda, las intrigas francesas que acaban por hacer perder a Jean Le Vacher su consulado; por \u00faltimo los apuros financieros de estos c\u00f3nsules-ap\u00f3stoles, desbordados por sus caridades, a los cuales Vicente, en los apuros generales de Francia en esta \u00e9poca, remedia como puede. Produce sorpresa ver lo que estos tres o cuatro hombres han realizado en medio de estos obst\u00e1culos, sostenidos y dirigidos por el esp\u00edritu siempre presente, siempre en acci\u00f3n, de Vicente de Pa\u00fal. Nunca el Rey cristian\u00edsimo estuvo tan bien servido, y sin que ello le costara pensiones ni honores. Cuando Le Vacher vuelve a Francia, rodeado de los sinsabores y las l\u00e1grimas de los que deja, va a enterrarse en San L\u00e1zaro, donde descansa haciendo vela. En cuanto a Barreau, despu\u00e9s de pasar la peste, la c\u00e1rcel, la paliza, regresa tambi\u00e9n, puede decir que ha servido gratuitamente los intereses y el prestigio de Francia. Pero todos, todos han servido a Cristo, en esta tierra de \u00c1frica a trav\u00e9s de los siglos por tantos sudores y sangre. A Jean Le Vacher no le bastan la desgracia humana y la ingratitud como recompensa, le falta el martirio. Una vez que puede, se vuelve all\u00ed, all\u00ed trabaja por largo tiempo; y cuando ve por fin su cuello atado a la garganta del ca\u00f1\u00f3n consular, preparado a volar en pedazos, que canto de alegr\u00eda debe escap\u00e1rsele del pecho. De tales vidas, de tales muertes \u00bfc\u00f3mo se puede medir la fecundidad? Un d\u00eda de des\u00e1nimo, Vicente de Pa\u00fal por poco renuncia a los consulados, y hasta a la misi\u00f3n de Berber\u00eda. A lo que le impulsaban de varias partes. Pero se recupera; y a los que le insuflan el mal consejo, les responde: \u00abAunque no llegara otro bien por parte de esos puestos de trabajo que hacer ver a esta tierra maldita la belleza de nuestra religi\u00f3n, enviando a hombres que atraviesan los mares, que dejan voluntariamente a su pa\u00eds y sus comodidades, y que se exponen a mil ultrajes para el consuelo de sus hermanos afligidos, estimo que los hombres y el dinero estar\u00edan bien empleados\u00bb. <em>Sanguis martyrum, semen christianorum.<\/em><\/p>\n<p>Estas p\u00e1ginas de epopeya cristiana y francesa \u00bfseguir\u00e1n estando siempre enterradas en el silencio en que san Vicente las manten\u00eda? \u00bfQu\u00e9 historiador las har\u00e1 revivir con la amplitud y el respeto que se merecen?<\/p>\n<h3><em>La predilecci\u00f3n de Vicente<\/em><\/h3>\n<p>Por mucho entusiasmo que sintiera, desde 1640, por la evangelizaci\u00f3n de los infieles, Vicente de Pa\u00fal no modifica por ello ni la forma, ni el esp\u00edritu de su Misi\u00f3n. \u00abLa peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda\u00bb seguir\u00e1 tal como sali\u00f3 del pensamiento de su fundador, la humilde creaci\u00f3n de un sacerdote campesino.<\/p>\n<p>Esta obra de la Misi\u00f3n, se cree bien sentir en ella la idea maestra del santo, y su hija de predilecci\u00f3n. \u00abEl pobre pueblo de los campos se muere de hambre, y se condena\u00bb: nunca ha dejado de repetir la dolorosa verdad. Todo lo que \u00e9l ha hecho, podr\u00edamos decir, viene de ah\u00ed. Esta sencilla idea, servida con una entrega y una secuencia admirables, ha constituido una gran vida. \u00abTodo eso ha ido llegando sin saber c\u00f3mo\u2026\u00bb No obstante, \u00e9l ha confesado un d\u00eda que hab\u00eda pensado en la Misi\u00f3n largo tiempo, sin tregua, durante varios a\u00f1os como el asunto de mayor importancia. Y \u00e9l se reprochaba su complacencia: \u00abRecordad, Se\u00f1or, que vos y yo fuimos sometidos a mil jugarretas de la naturaleza y de lo que os dije que, hall\u00e1ndome al principio de la Misi\u00f3n, en esta continua ocupaci\u00f3n de esp\u00edritu y que esto me hizo desconfiar de que la cosa viniera de la naturaleza o del esp\u00edritu maligno, y que yo hice un retiro expresamente en Soissons, a fin de que Dios se dignara quitarme de la cabeza el placer y la diligencia que sent\u00eda en este asunto, y que fuese del agrado de Dios que me escuchara, de manera que por su misericordia \u00e9l permiti\u00f3 que yo cayera en disposiciones contrarias. Y yo pienso que si Dios da alguna bendici\u00f3n a la Misi\u00f3n\u2026 despu\u00e9s de a Dios se lo atribuyo a aquello\u00bb.<\/p>\n<p>Durante los treinta a\u00f1os que ser\u00e1n necesarios para dar a sus sacerdotes su constituci\u00f3n definitiva y hacerla aprobar por Roma (1655), \u00a1cu\u00e1nta paciencia, cu\u00e1ntos cuidados, cu\u00e1nto amor-1! Sobre todo, tengamos esto en cuenta. Sea cual fuere el n\u00famero creciente, la extensi\u00f3n de sus casas-2, su expansi\u00f3n al exterior, Vicente nunca ha considerado la Misi\u00f3n como una obra cuyo crecimiento se ha de proseguir, el \u00e9xito exterior: en cuanto a \u00e9l, es una obra \u00edntima. \u00c9l no se regocija de ver el gran \u00e1rbol expandirse prodigiosamente; \u00e9l escucha si la savia sigue por \u00e9l pura y vigorosa. Es por donde se reconoce que la Misi\u00f3n es hija de su coraz\u00f3n m\u00e1s todav\u00eda que de su esp\u00edritu. Lleva su ideal en s\u00ed y no se ocupa m\u00e1s que de mantenerle, antes que de considerar los frutos. Como el misionero es para \u00e9l la imagen del sacerdote de Jesucristo, en toda su grandeza sencilla y humillada. \u00ab\u00bfNo nos sentimos felices, hermanos m\u00edos, al expresar ingenuamente le vocaci\u00f3n de Jesucristo? Ya que, \u00bfqu\u00e9 es lo que expresa mejor el modo de vida que Jesucristo ha tenido en la tierra como los misioneros?\u00bb\u2026 Est\u00e1n hechos para acabar la obra que Jesucristo ha comenzado, y que no ha abandonado desde el primer instante que le ha sido se\u00f1alada por la voluntad de su Padre. Pensemos que nos ha dicho interiormente: \u00abSalid, misioneros, id a donde yo os env\u00edo. Ah\u00ed ten\u00e9is a pobres almas que os esperan, la salvaci\u00f3n de las cuales depende en parte de vuestras predicaciones y de vuestros catecismos\u2026 Qu\u00e9 felices ser\u00e1n los que, a la hora de su muerte, ver\u00e1n cumplidas en ellos estas hermosas palabras de Nuestro Se\u00f1or: <em>Evangelizare pauperibus misit me Dominus\u2026 <\/em>ya que, despu\u00e9s de haber sido llamados por Dios, y de entregarnos a \u00c9l para ello, descansa de alguna manera en nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal ha pasado su vida formando amorosamente al buen misionero. Todas las virtudes que ha buscado y cultivado para \u00e9l mismo: fe sencilla y confiada, humildad, paciencia, dulzura, celo de las almas, desconfianza de s\u00ed mismo y abandono a los planes de Dios, desinter\u00e9s absoluto de todos los bienes, los empleos y la dignidades, amor de la oscuridad, fe la abyecci\u00f3n, del desprecio de los hombres, a tratado de ense\u00f1\u00e1rselos a sus hijos espirituales. Charlas con los que se encontraban con \u00e9l, cartas a los ausentes, virtud del ejemplo cotidiano, no ha descuidado nada por realizar en ellos la imagen perfecta del <em>miserable <\/em>que \u00e9l mismo quer\u00eda ser.<\/p>\n<p>Se dir\u00e1: todos los fundadores lo han hecho. Todos, en su regla, sus instrucciones, han encerrado y difundido su esp\u00edritu. Pero Vicente de Pa\u00fal ha hecho m\u00e1s. Estas virtudes que daba a sus hijos, las ha querido tambi\u00e9n para su Compa\u00f1\u00eda. Es la Misi\u00f3n que \u00e9l ha querido pobre, oscura, despreciada. La Compa\u00f1\u00eda no perecer\u00e1 por la pobreza. Es por la falta de pobreza m\u00e1s bien cuando se ha de temer que llegue a perecer\u00bb. Algo raro. Pero escuchad esto: \u00ab\u00bfNo es acaso extra\u00f1o ver claro que los particulares de una Compa\u00f1\u00eda, como Pedro, Juan y Santiago deben huir del honor y buscar el desprecio, y que no obstante la Compa\u00f1\u00eda deba amar y buscar el honor? Se ha de reconocer ciertamente que estas dos cosas son incompatibles\u2026 Yo digo que se debe aceptar que se diga de nuestra congregaci\u00f3n que es in\u00fatil en la Iglesia\u2026 que sus empleos del campo son sin fruto, sus seminarios sin gracia, sus ordenaciones sin orden\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLa Misi\u00f3n debe buscar su grandeza en la bajeza, y su reputaci\u00f3n en el amor de su abyecci\u00f3n\u00bb. Cierto d\u00eda que un sacerdote hab\u00eda hablado delante de \u00e9l de su \u00absanta congregaci\u00f3n\u00bb, le detuvo al momento: \u00abSe\u00f1or, cuando hablamos de la Compa\u00f1\u00eda, no debemos servirnos de ese t\u00e9rmino, o de otros t\u00e9rminos equivalentes y notables, sino de estos: la pobre Compa\u00f1\u00eda, la peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, y parecidos\u2026 \u00a1Oh, c\u00f3mo querr\u00eda que agradara a Dios hacer la gracia a esta despreciable Congregaci\u00f3n que se estableciera en la humildad, y que siguiera all\u00ed como en su puesto y su cuadro\u2026 no hablo solo de la humildad exterior, sino principalmente de la humildad de coraz\u00f3n, y la que nos lleva a creer verdaderamente que no hay ninguna persona m\u00e1s miserable que vosotros y yo\u2026 No, si la Misi\u00f3n no es humilde, si no est\u00e1 persuadida de que no puede hacer nada que valga la pena, que es m\u00e1s bien adecuada para estropearlo todo que a hacerlo bien, que nunca har\u00e1 gran cosa, sino cuando ella se y viva en el esp\u00edritu que acabo de decir, entonces, Se\u00f1ores, ella servir\u00e1 para los planes de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 nuevo acento! Y esto no son solamente palabras: toda la conducta de Vicente sobre su obra las confirma. Durante largo tiempo, se niega a aceptar para los suyos el priorato y las rentas de San L\u00e1zaro. Durante largo tiempo, siempre, se niega a reclutar, desanimando m\u00e1s bien a los que se ofrecen a venir a trabajar con \u00e9l. Cuando \u00e9l registra defecciones, se alegrar\u00eda m\u00e1s bien: la calidad sola de los obreros le importa. \u00abDiez tales como se necesitan valdr\u00e1n por ciento, y ciento que no han sido llamados, o que no responden a los planes de Dios, no valen por diez\u00bb. Por \u00faltimo, donde el inter\u00e9s llega su colmo es cuando el \u00e9xito de los hijos de Vicente suscita, un poco por todas partes, comentarios an\u00e1logos. \u00bfEn qu\u00e9 alma de fundador no vigila un esp\u00edritu celoso de monopolio? No en aquella. A los que se disgustan por \u00e9l de estos misioneros que no son los suyos, \u00e9l responde: \u00abM\u00e1s valdr\u00eda que hubiera cien Misiones dadas por otros que haber estropeado una sola. Tengamos m\u00e1s confianza en Dios. Dej\u00e9mosle conducir nuestra peque\u00f1a barca; si le es \u00fatil, \u00e9l la guardar\u00e1 del naufragio. Y mucho menos que la cantidad o la grandeza de los otros barcos la haga sumergirse que al contrario navegar\u00e1 entre ellos con m\u00e1s seguridad, con tal de que ella vaya directa a su fin y no se divierta en adelantarlos\u00bb. Sin duda, \u00e9l defender\u00e1, como es debido, su obra, cuando confusiones de nombre puedan da\u00f1ar a sus sacerdotes; pero siempre a\u00f1adiendo: \u00abEn cuanto a m\u00ed, yo ruego a Nuestro Se\u00f1or que no solamente bendiga las intenciones y las obras de estos nuevos Misioneros, sino que tambi\u00e9n, que si vea que est\u00e9n por hacerlo mejor que nosotros, \u00e9l nos destruya y los levante a ellos\u00bb. No se le ve nunca ninguna rivalidad; se esforzar\u00eda m\u00e1s bien y ceder\u00eda el puesto a los dem\u00e1s. Y podr\u00e1 escribir con toda sinceridad: \u00abTenemos por m\u00e1xima ceder a los dem\u00e1s las buenas obras que se presenten para hacer\u00bb. Verdaderamente, esto sobrepasa lo humano.<\/p>\n<h3><em>El amor de un padre<\/em><\/h3>\n<p>\u00abComo \u00e9l hab\u00eda amado a los suyos, los am\u00f3 hasta el fin\u00bb. La palabra del Evangelio podr\u00eda aplicarse a san Vicente.<\/p>\n<p>De San L\u00e1zaro, donde habitaba, no pudiendo ya ir \u00e9l mismo por las carreteras, segu\u00eda con el pensamiento a sus hijos por todos los caminos del mundo. Y conversaba sobre ellos con los que se quedaban. Misioneros que ven\u00edan a tomarse un poco de descanso, sacerdotes que ven\u00edan a hacer \u00absus solicitudes\u00bb, j\u00f3venes del seminario a quienes preparaba para ser ap\u00f3stoles. Nada hay tan conmovedor como estas charlas. La sencillez y la humildad del hombre, la tierna solicitud del padre, el coraz\u00f3n que no vive sino para imitar y servir al Dios de los pobres, se muestran en toda su belleza.<\/p>\n<p>\u00abYo os doy que pensar, hermanos m\u00edos, en qu\u00e9 peligro est\u00e1 ahora nuestro pobre hermano el c\u00f3nsul de Argel y tantos pobres cristianos esclavos franceses. \u00a1Oh Salvador! \u00a1Oh mi Salvador! \u00bfQu\u00e9 les pasar\u00e1 a estas pobres gentes, qu\u00e9 har\u00e1n\u2026? Y el Sr. Bourdaise, que est\u00e1 tan lejos y solo, y que como hab\u00e9is sabido, ha engendrado para Jesucristo, con tanto cuidado y pena, a un gran n\u00famero de esta pobre gente del pa\u00eds donde est\u00e1 (Madagascar), roguemos tambi\u00e9n por \u00e9l. Se\u00f1or Bourdaise, \u00bfviv\u00eds todav\u00eda, o no? Si as\u00ed es, que Dios os conserve la vida. Si est\u00e1is en el cielo, rogad por nosotros\u2026\u00bb Con la misma vivacidad, Vicente se imagina los trabajos de todos sus hijos: ha recibido alguna carta de Hibernia, de Polonia o de otra parte, que le llena de admiraci\u00f3n o de inquietudes, la comenta, expresa su alegr\u00eda por las bendiciones que Dios env\u00eda a los suyos; y los que le escuchan sienten crecer en ellos el celo del servicio de Dios. A veces, as l\u00e1grimas le detienen, otras, se pone de rodillas y, a pesar suyo, adora a este Salvador cuya presencia ha sentido. Ni siquiera necesita interrumpirse; las invocaciones a este Testigo invisible brotan a cada instante entre sus frases; se siente que Cristo est\u00e1 all\u00ed, que es su verdadero interlocutor.<\/p>\n<p>Y por eso la humildad del santo, que a veces nos parece exagerada, una especie de desaf\u00edo al esp\u00edritu del mundo y de esc\u00e1ndalo voluntario, es lo que m\u00e1s me choca aqu\u00ed. Cuando Vicente cuenta el martirio de uno de estos hombres que \u00e9l ha engendrado para Cristo, puede muy bien llamarse a s\u00ed mismo un miserable y el \u00faltimo de los hombres: no es una actitud, una f\u00f3rmula piadosa, es un sentimiento profundo. Se humilla ante sus hermanos para darles el ejemplo y el gusto de la abyecci\u00f3n, pero sobre todo se humilla ante Dios a quien ha visto de pronto cerca. No nos imaginamos, o dif\u00edcilmente, ciertas uniones de almas privilegiadas con el Esp\u00edritu de Dios, en la oraci\u00f3n: Vicente no ha elegido estos caminos, ni siquiera recibido estas gracias; pero el Dios a quien \u00e9l sirve est\u00e1 presente y sensible bastante para que se sienta \u00e9l mismo un puro nada. Ha visto verdaderamente a Jesucristo en la persona de sus pobres; le ha visto bajo la figura de sus superiores, incluso seg\u00fan el mundo (los Gondi). Por todos los lados, se encuentra con su Maestro y como es ante todo el buen servidor, el sentimiento de su indignidad le llega al coraz\u00f3n. Y por eso, cuando est\u00e1 en medio de sus hijos, la palabra y el rostro del anciano son realmente una predicaci\u00f3n viva de Cristo<em>. Testes estote:<\/em> Nadie m\u00e1s que este hombre ha sido un testigo.<\/p>\n<p>De esta forma es como anima a los suyos, como los exalta. Pero preparar no es suficiente, ay, es preciso tambi\u00e9n corregir. Quien ama castiga bien; Vicente practica el duro consejo. Ya \u00e9l ha dado en el secreto muchos avisos, pero no teme hacerlo en presencia de todos. Su edad, su bondad, el amor que \u00e9l inspira se lo permiten; y el esp\u00edritu de humildad que \u00e9l quiere injertar en las almas es para \u00e9l un deber. Hay en la Compa\u00f1\u00eda un individuo que no quiere hacer m\u00e1s que lo que le agrada y lo que lleva en la fantas\u00eda: en la oraci\u00f3n, cuando le gusta<sup>; <\/sup>por aqu\u00ed, por all\u00e1, rebuscando por una parte y por otra, visitar y hojear en las habitaciones de los dem\u00e1s\u2026 \u00bfQu\u00e9 esto, Se\u00f1ores? Tambi\u00e9n hay otro en aquel tiempo de la Compa\u00f1\u00eda, que no quiere m\u00e1s que lo que quiere\u2026 En fin es compasi\u00f3n lo que se siente al ver c\u00f3mo est\u00e1n hechos. Este es, hermano m\u00edo, el camino que emprend\u00e9is, que es servir de esc\u00e1ndalo a toda la Compa\u00f1\u00eda\u00bb. En otra ocasi\u00f3n: \u00abHermano m\u00edo, poneos de rodillas. Me veo obligado a advertirle aqu\u00ed sobre las faltas que comet\u00e9is y de las que no os correg\u00eds\u2026\u00bb Entonces cuenta en voz alta las faltas de este hermano, le proh\u00edbe la comuni\u00f3n por alg\u00fan tiempo. \u00abY para que, mi pobre hermano, os acord\u00e9is de ello, no beber\u00e9is vino durante ocho d\u00edas, y ruego a nuestros hermanos de la despensa observar esto, para que si entra en alg\u00fan lugar donde haya un cuartillo, que vayan a quit\u00e1rselo de delante. \u00a1Venga, hermano!\u00bb<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n tenemos ahora una reprimenda colectiva: \u00abTodav\u00eda me queda un aviso que dar que se refiere a todos nuestros hermanos escolares: en lugar de hacer el recreo en el huerto\u2026 lo hacen en el cercado; digo lo que he visto. \u00bfNo estamos bastante contentos con este huerto? \u00bfNo es bastante grande de punta a punta? Hay bien pocos en Par\u00eds tan grandes como el nuestro. Id a todas las grandes casas, a los comerciantes, los financieros, la gente del Palacio, no los ver\u00e9is casi nunca en sus huertos; est\u00e1n acostumbrados casi todos a trabajar noche y d\u00eda; despu\u00e9s de pasar toda la ma\u00f1ana en el Palacio, apenas han cenado cuando tienen que ver documentos, para presentarlos despu\u00e9s de la cena. Y nosotros no nos contentamos con grandes jardines, necesitamos cercados. Todav\u00eda los hay que no se contentan con el cercado. Necesitamos llevar una vida\u2026 no s\u00e9 c\u00f3mo decirlo\u2026 <em>laudior; <\/em>si se pudiera hacer una palabra francesa de este lat\u00edn, <em>m\u00e1s c\u00f3moda; <\/em>esta palabra no dice lo suficiente, m\u00e1s voluptuosa, m\u00e1s deliciosa, a gog\u00f3, a gusto, m\u00e1s amplia que las gentes del mundo. \u00bfY pens\u00e1is que los Se\u00f1ores Ordenandos, que nos ven a todas horas, desde sus ventanas, pasear por este cercado, por estos huertos, revueltos\u2026 no se dicen entre ellos mismos: mirad esa gente que vive a sus anchas y que no tienen nada que hacer?\u00bb.<\/p>\n<p>Para atenuar el rigor de sus sermones, Vicente comienza con frecuencia por reprenderse a s\u00ed mismo. \u00abOh hermano m\u00edo, \u00bflo dir\u00e9, podr\u00eda decirlo sin enrojecer? \u00a1Ah, yo soy culpable tanto como vos por no haberos dado buenas instrucciones! Es preciso que yo me trague la confusi\u00f3n lo mismo que vos porque yo soy culpable de ello. \u00a1Oh miserable! Soy yo, pecador, quien soy la causa de este desorden! Y eso no habr\u00eda sucedido sin los pecados de este miserable. Oh, hermano m\u00edo, sint\u00e1monos bien confusos los dos\u00bb. Llega hasta acusarse de no cerrar las puertas. \u00abTengo todav\u00eda otro aviso que dar, y de esto soy culpable como los dem\u00e1s. Cuando se pasa por una puerta, no se la cierra, encuentro siempre todas las puertas abiertas, y yo mismo, miserable, yo no las cierro. Tengo miedo de que por nuestra negligencia, sobre todo por la m\u00eda, nuestra casa se convierta en una plaza p\u00fablica. Tan pronto como alguien ha entrado en el patio: \u00bfA d\u00f3nde quer\u00e9is ir? \u2013Al claustro. \u2013Ya tenemos dos puertas abiertas. En el corral pada lo mismo, y del claustro en todas las habitaciones, en la cocina\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal ha querido mucho tambi\u00e9n a sus Hijas; y ha tenido con ellas, en el suburbio Saint-Victor, conversaciones en las que les ha entregado todo su coraz\u00f3n. \u00c9l ha amado a sus pobres, y las horas que pasa distribuy\u00e9ndoles el pan, las limosnas, los consuelos, la palabra de Dios, son momentos felices, irradiantes, en los que se siente un hombre que cumple lo que ha venido a hacer en la tierra. Pero san Vicente entero, en la plenitud de su misi\u00f3n, est\u00e1 en esta capilla de San L\u00e1zaro, donde hay que ir a buscarle, por la ma\u00f1ana, cuando entra dulcemente en la oraci\u00f3n de sus hijos y les ense\u00f1a a encontrar a Dios, o por la tarde cuando habla a su familia espiritual sobre estos m\u00faltiples intereses que se reducen al servicio del Maestro. Libertad de la lengua y del coraz\u00f3n, dignidad familiar, humildad, desprendimiento perfecto, \u00bfd\u00f3nde se hallar\u00eda parecida atm\u00f3sfera? En todo este siglo diecisiete, que nos ofrece tan hermosos ejemplos, no hay grandeza tan pura. No, ni siquiera en el primer Port-Royal. San L\u00e1zaro es uno de esos lugares sagrados donde se forjan hombres que no tienen nada del esp\u00edritu del mundo y que sin embargo, y cuando se mezclan con \u00e9l, van, como la levadura en la masa, a levantarle y transformarle.<\/p>\n<p>El Sr. R\u00e9belliau estima que de los quince mil conventos que existen en Francia en 1626, la mitad hab\u00eda sido fundada recientemente por \u00d3rdenes nuevas. De este n\u00famero una cuarta parte apenas se consagraba al claustro; las tres cuartas partes eran congregaciones seculares que se pon\u00edan en contacto con el mundo, por la asistencia, la ense\u00f1anza, el ministerio eclesi\u00e1stico. Una congregaci\u00f3n <em>activa, <\/em>una regla muy sencilla, el deseo de suplir y estimular a un clero deficiente: Vicente de Pa\u00fal ha encontrado estas tres ideas en el aire del tiempo. No eran menos nuevas, y delicadas de realizar.<\/p>\n<p>En junio de 1625, dos meses despu\u00e9s del acta de fundaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Parece verdaderamente que Dios la hubiera designado para esta gran obra, y llamado inmediatamente. \u00a1Qu\u00e9 gratitud no se debe a esta noble mujer, ca\u00f1a que mostraba una voluntad de hierro. Vicente la encumbr\u00f3 por encima de s\u00ed misma, pero cu\u00e1nto le debe \u00e9l tambi\u00e9n!<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de los votos, por ejemplo, le ocup\u00f3 sin descanso. Fue largo tiempo para formarse una opini\u00f3n, y mucho despu\u00e9s para hacerla aceptar en Roma.<\/p>\n<p>En vida del santo, hubo 25 Misiones permanentes, o casas, fundadas en Francia y en el extranjero. En 1660, la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda visto llegar a ella a 447 sujetos; pero muchos no fueron m\u00e1s que de paso. En 1656, contaba, yo creo, 131 sacerdotes, 44 hermanos cl\u00e9rigos, y 62 hermanos coadjutores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: El fundador de la Misi\u00f3n Regresemos a 1617. Vicente de Pa\u00fal ha escrito, de Ch\u00e2tillon, al Sr.General de las Galeras que no volver\u00eda a la casa. 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Pero, cuando m\u00e1s entusiasmado estaba \u00e9ste en sus proyectos, le lleg\u00f3 una carta de Berulle: Deb\u00eda cam\u00adbiar sus actividades. El director espiritual le ped\u00eda que volviera a Par\u00eds. 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