{"id":72612,"date":"2017-07-24T08:35:13","date_gmt":"2017-07-24T06:35:13","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=72612"},"modified":"2017-04-16T12:21:38","modified_gmt":"2017-04-16T10:21:38","slug":"el-servicio-espiritual-ejercido-por-los-laicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-servicio-espiritual-ejercido-por-los-laicos\/","title":{"rendered":"El servicio espiritual ejercido por los laicos"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"400028\" data-permalink=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/ozanam-candelas\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?fit=1200%2C630&amp;ssl=1\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"ozanam-candelas\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?fit=300%2C158&amp;ssl=1\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?fit=846%2C444&amp;ssl=1\" class=\"alignnone size-medium wp-image-400028 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?resize=300%2C158&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?resize=768%2C403&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?resize=1024%2C538&amp;ssl=1 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?resize=100%2C53&amp;ssl=1 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?resize=846%2C444&amp;ssl=1 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?resize=1004%2C527&amp;ssl=1 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/ozanam-candelas.jpg?w=1200&amp;ssl=1 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Quiz\u00e1 nos hayamos preguntado ya alguna vez: <strong>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 servir a los Po\u00ad<\/strong><strong>bres?\u00bb <\/strong>\u00bfPor compasi\u00f3n? \u00bfPara tratar de hacerlos felices? S\u00ed, sin duda&#8230; <strong>\u00abPero \u00bfc\u00f3mo?\u00bb <\/strong>\u00bfColm\u00e1ndolos de goces o de objetos in\u00fatiles, de im\u00e1genes y de ruido? \u00bfD\u00f3nde se halla su mayor felicidad, su verdadera felicidad? \u00bfNo se halla a la vez en el hecho de amar y de ser amados, y esto, eternamente? Si es para desapare\u00adcer en la nada, no merece la pena&#8230; <strong>La verdadera dicha de los hombres es <\/strong><strong>saber que Dios los ama y que los ama por siempre.<\/strong><\/p>\n<p>As\u00ed lo hab\u00eda comprendido Vicente de Pa\u00fal, quien, el 30 de mayo de 1659, a sus 78 a\u00f1os, exclamaba:<\/p>\n<p><strong><em>\u00abHemos sido escogidos por Dios como instrumentos de su caridad in\u00ad<\/em><\/strong><strong><em>mensa y paternal, que desea reinar y ensancharse en las almas&#8230;<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>\u00abNuestra vocaci\u00f3n <\/em><\/strong><em>consiste en ir, no a una parroquia, ni s\u00f3lo a una di\u00f3cesis, <\/em><em>sino por toda la tierra; \u00bfpara qu\u00e9? Para <strong>abrasar los corazones de todos los <\/strong><\/em><strong><em>hombres, <\/em><\/strong><em>hacer lo que hizo el Hijo de Dios, que vino a traer fuego a la tierra <\/em><em>para inflamarla con su amor .. Es cierto que yo <strong>he sido enviado no s\u00f3lo para <\/strong><\/em><strong><em>amar a Dios, sino para hacerlo amar. No me basta con amar a Dios, si <\/em><\/strong><strong><em>no lo ama mi pr\u00f3jimo.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abHe de amar a mi pr\u00f3jimo como imagen de Dios y objeto de su amor, y obrar <\/em><em>de manera que a su vez los hombres amen a su Creador, que los conoce y reco<\/em><em>noce como a hermanos, que los ha salvado, para que con una caridad mutua <\/em><em>tambi\u00e9n ellos se amen entre s\u00ed por amor de Dios que los ha amado hasta el punto <\/em><em>de entregar por ellos a la muerte a su \u00fanico Hijo&#8230;\u00bb (C. XII, 262; S\u00edg. XI\/4, p. 553-54).<\/em><\/p>\n<p>En estas l\u00edneas tenemos el <strong>resumen de todo lo esencial del contenido <\/strong><strong>de la evangelizaci\u00f3n: <\/strong>desvelar a los hombres el amor infinito de Dios&#8230; e invi\u00adtarles a que entren en \u00e9l&#8230;<\/p>\n<p>Se mutila el pensamiento y la acci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal si se los limita a la ayuda material o si se cree que reserva la evangelizaci\u00f3n a los Sacerdotes y los cuidados corporales a las Hermanas y a los laicos&#8230; Vamos a ver c\u00f3mo a unos y otros <em>encarga el servicio espiritual, <\/em>tanto como el servicio corporal. Luego ve\u00adremos <em>c\u00f3mo <\/em>propone a las Hermanas y a otros seglares que practiquen el servi\u00adcio espiritual. Pero previamente desarrollaremos <em>las convicciones teol\u00f3gicas que <\/em><em>fundamentan dichas proposiciones.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p align=\"center\"><strong><em>A &#8211; LOS FUNDAMENTOS TEOLOGICOS<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Las convicciones que sustenta Vicente de Pa\u00fal sobre la misi\u00f3n de los laicos en la Iglesia se <strong>fundamentan en la teolog\u00eda, <\/strong>en criterios de fe.<\/p>\n<p><em>\u00abSan Pablo dice que por el bautismo nos revestimos de Jesucristo\u00bb <\/em>(C. XII, 224; S\u00edg. XI\/4, 522). Y despu\u00e9s San Vicente saca las consecuencias.<\/p>\n<p><strong>Todos los bautizados <\/strong>forman el <strong>Cuerpo M\u00edstico de Jesucristo: <\/strong><em>\u00abTodos los <\/em><em>hombres componen un cuerpo m\u00edstico; todos somos miembros unos de otros\u00bb <\/em>(C. XII, 271; S\u00edg. XI\/4, 560).<\/p>\n<p>Est\u00e1n, pues, <strong>llamados a vivir de su vida y a continuar su misi\u00f3n, <\/strong>cada uno seg\u00fan su condici\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>\u2014 La vocaci\u00f3n a la perfecci\u00f3n. <\/strong>Vicente de Pa\u00fal inculca esta vocaci\u00f3n a la perfecci\u00f3n a <strong>las Se\u00f1oras o Damas de la Caridad:<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abDichas Se\u00f1oras, tanto las \u00aboficiales\u00bb como las dem\u00e1s, se esforzar\u00e1n por adqui\u00ad<\/em><em>rir la perfecci\u00f3n cristiana que requiere su condici\u00f3n&#8230;\u00bb <\/em>(Reglamento de las Da\u00admas del Hospital General de Par\u00eds, 1660, n. 14, C. XIII, 827; S\u00edg. X, 967). Y se lo repite a <strong>las Hijas de la Caridad: <\/strong><em>\u00ab\u00bfPens\u00e1is que s\u00f3lo los religiosos y las religio\u00ad<\/em><em>sas tienen que aspirar a la perfecci\u00f3n? \u00a1Oh, Hermanas m\u00edas! Todos los cristianos <\/em><em>est\u00e1n obligados a ella, y vosotras m\u00e1s a\u00fan que las religiosas&#8230;\u00bb <\/em>(C. X, 143; Conf. esp. n. 1425). Y tambi\u00e9n, por supuesto, los Misioneros: <em>\u00abSi nos preguntasen:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1 usted en la Misi\u00f3n? Habr\u00eda que reconocer que es Dios el que la <\/em><em>ha hecho, para que trabaj\u00e1ramos en ella, primero en nuestra perfecci\u00f3n; segun\u00ad<\/em><em>do, en la salvaci\u00f3n de los pobres; y tercero, en el servicio a los sacerdotes&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>(C. XII, 75; S\u00edg. XI\/3, 383).<\/p>\n<p><strong>Vocaciones a diversas misiones, <\/strong>seg\u00fan las necesidades de la Iglesia: <em>\u00abLa <\/em><em>vocaci\u00f3n es una llamada de Dios para hacer una cosa. La vocaci\u00f3n de los <strong>ap\u00f3s\u00ad<\/strong><\/em><strong><em>toles <\/em><\/strong><em>fue la llamada de Dios para plantar la fe en toda la tierra; la vocaci\u00f3n de <\/em><em>los <strong>religiosos <\/strong>es una llamada de Dios a la pr\u00e1ctica de las reglas de la religi\u00f3n <\/em>(es decir, de su congregaci\u00f3n); <em>la vocaci\u00f3n de los <strong>casados <\/strong>es una llamada de <\/em><em>Dios para servirle en la formaci\u00f3n de una familia y en la educaci\u00f3n de los hijos; <\/em>y <em>la vocaci\u00f3n de una <strong>Hija de la Caridad <\/strong>es la llamada de Dios&#8230; para servirle <\/em><em>en todos los quehaceres que son propios de esta clase de vida, a los que El per\u00ad<\/em><em>mitir\u00e1 se las dedique&#8230;\u00bb <\/em>(C. IX, 354; Conf. esp. n. 588). Vicente insiste con fre\u00adcuencia en el hecho de que las Hijas de la Caridad no son religiosas, sino seglares, \u00abmuchachas\u00bb entregadas al servicio espiritual y corporal de los pobres, como las Se\u00f1oras de la Caridad.<\/p>\n<p><strong>Aqu\u00ed es donde toman ra\u00edz las diversas misiones de los laicos, espe\u00ad<\/strong><strong>cialmente de las mujeres, en la Iglesia.<\/strong><\/p>\n<p>\u2022 En todo esto, los <strong>bautizados son sacerdotes en Cristo, miembros de Cristo <\/strong><strong>Sacerdote. <\/strong>Vicente no se sirve de las expresiones \u00absacerdocio bautismal\u00bb o \u00absa\u00adcerdocio com\u00fan de los fieles\u00bb, a las que ha devuelto su primitivo valor el Concilio Vaticano II, pero vive de la doctrina que las mismas representan. <strong>El acto esen\u00ad<\/strong><strong>cial del sacerdocio es el de la ofrenda. <\/strong>Ahora bien, como lo recuerda San Pablo, todo bautizado debe ofrecerse a s\u00ed mismo como v\u00edctima viva, santa y agra\u00addable a Dios (Rm. 12, 1). Sin cesar, y tanto dirigi\u00e9ndose a las Se\u00f1oras como a las Hijas de la Caridad, del mismo modo que a los Misioneros, San Vicente repi\u00adte: <em>\u00abofrezc\u00e1monos a Dios&#8230; consagr\u00e9monos&#8230;\u00bb, <\/em>y presenta el Servicio a los Po\u00adbres como un culto que se ofrece a Dios: \u00abhonrar a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo en la persona de los Pobres\u00bb, les dice con frecuencia a las Hijas de la Caridad (por ejemplo en X, 122-23; Conf. esp. n. 1391). Y a las Se\u00f1oras: <em>\u00ab&#8230;Todas adora\u00ad<\/em><em>r\u00e1n a Nuestro Se\u00f1o<sup>.<\/sup> r; al entrar en la capilla del Hospital, le ofrecer\u00e1n el servicio <\/em><em>que le van a rendir&#8230;\u00bb <\/em>(Reglamento de las Damas del Hospital de Par\u00eds, n. 8, C. XIII, 826; S\u00edg. X, 966). Se trata de la m\u00e1s pura doctrina de la Escritura y de la Tradici\u00f3n, que desenvuelve Santo Tom\u00e1s: <em>\u00abTales servicios prestados al pr\u00f3jimo, <\/em><em>eh tanto en cuanto se ofrecen a Dios, reciben el nombre de sacrificios, seg\u00fan <\/em><em>Hebreos, 13, 16: \u00abDe la beneficencia <\/em>y <em>de la mutua asistencia no os olvid\u00e9is, que <\/em><em>en tales sacrificios se complace Dios\u00bb\u00bb <\/em>(Suma Teol\u00f3gica, 2a, 2ae, q. 188, art. 2).<\/p>\n<p><strong>Esta ofrenda culmina en la Eucarist\u00eda <\/strong>con el ofrecimiento del sacrificio de Cristo: <em>\u00abNo es solamente el sacerdote el que ofrece el Santo Sacrificio, sino <\/em><em>todos los que asisten a \u00e9l&#8230;\u00bb, <\/em>les dice a las Hijas de la Caridad el 31 de julio de 1634 (C. IX, 5; Conf. esp. n. 11).<\/p>\n<p><strong>Resumamos <\/strong>ahora las convicciones de Vicente de Pa\u00fal en cuanto a la mi\u00adsi\u00f3n de los laicos en la Iglesia:<\/p>\n<p>1)\u00a0\u00a0 Est\u00e1n llamados a la perfecci\u00f3n, seg\u00fan su estado, lo mismo que los religiosos <em>y <\/em>los sacerdotes.<\/p>\n<p>2)\u00a0\u00a0 Est\u00e1n llamados a participar en el servicio espiritual a los Pobres, tanto como en el corporal.<\/p>\n<p>3)\u00a0\u00a0 Las mujeres est\u00e1n llamadas, al igual que los hombres.<\/p>\n<p>4)\u00a0\u00a0 Y este servicio se hace con esp\u00edritu de ofrenda que culmina en la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>5)\u00a0\u00a0 Los sacerdotes ordenados son los animadores y consejeros espirituales, los catequistas oficiales, los dispensadores de los sacramentos, los que consa\u00adgran la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>6)\u00a0\u00a0 Los Obispos y el Papa son los representantes m\u00e1s cualificados de Cristo-Cabeza.<br \/>\nVamos a desarrollar s\u00f3lo la <strong>participaci\u00f3n en el servicio espiritual.<\/strong><\/p>\n<p>Este desarrollo r\u00e1pido podr\u00e1 mostrarnos toda la dimensi\u00f3n m\u00edstica, sacerdo\u00adtal y eucar\u00edstica que toma en Vicente de Pa\u00fal el servicio espiritual y corporal a los pobres. A\u00f1adamos que no se trata de nada abstracto, que \u00e9l no se detiene y contenta con bonitas especulaciones ajenas a la vida. San Vicente expresa tam\u00adbi\u00e9n sus convicciones <strong>bajando a las aplicaciones concretas, <\/strong>a los diferentes cometidos que incumben a los seglares, hombres y mujeres y que les es dado desempe\u00f1ar. Esto es lo que vamos a tratar de detallar un poco.<\/p>\n<p><strong><em>\u00a0<\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong><em>B &#8211; EL CUIDADO DE LAS ALMAS ES TODAV\u00cdA MAS URGENTE<br \/>\n<\/em><\/strong><strong><em>QUE EL DE LOS CUERPOS<\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><em>por parte de las Hermanas y otros laicos<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya era \u00e9ste el pensamiento de Santo Tom\u00e1s (Suma Teol. 2a 2ae, q. 188, art. 4). A lo largo de los a\u00f1os, Vicente de Pa\u00fal no deja de insistir en ello, dirigi\u00e9ndose a las Hijas de la Caridad. Por ejemplo, el 22 de enero de 1646:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfCre\u00e9is, hijas m\u00edas, que <strong>Dios <\/strong>espera de vosotras solamente que les llev\u00e9is a sus <\/em><em>pobres un trozo de pan, un poco de carne <\/em>y <em>de sopa <\/em>y <em>algunos remedios? Ni <\/em><em>mucho menos, no ha sido \u00e9se su designio al escogeros para el servicio que le <\/em><em>rend\u00eds en la persona de los pobres. <strong>El espera de vosotras que mir\u00e9is por sus <\/strong><\/em><strong><em>necesidades espirituales, <\/em><\/strong><em>tanto como por las corporales. Necesitan el man\u00e1 <\/em><em>espiritual, necesitan el esp\u00edritu de Dios&#8230;\u00bb <\/em>(C. IX, 239; Conf. esp. n. 392).<\/p>\n<p>El 11 de noviembre de 1657:<\/p>\n<p><em>\u00abPorque mirad, mis queridas Hermanas, es muy importante asistir a los pobres <\/em><em>corporalmente, pero la verdad es que <strong>no ha sido nunca ese el plan de Nues\u00ad<\/strong><\/em><strong><em>tro Se\u00f1or al hacer vuestra Compa\u00f1\u00eda: cuidar solamente a los cuerpos, <\/em><\/strong><em>porque no faltar\u00e1n personas para ello. La <strong>intenci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or es que asist\u00e1is a las almas de los pobres enfermos, <\/strong><\/em>y <em>por eso ten\u00e9is que reflexionar <\/em><em>dentro de vosotras mismas: \u00ab&#8230;si no tengo otra intenci\u00f3n m\u00e1s que la de asistir <\/em><em>al cuerpo, \u00a1ay! eso es poco; no hay nadie, cualquiera que sea, que no haga otro <\/em><em>tanto&#8217; <strong>Un turco, un id\u00f3latra, puede asistir al cuerpo. <\/strong>Por eso <strong>Nuestro Se\u00ad<\/strong><\/em><strong><em>\u00f1or no ten\u00eda ning\u00fan motivo para instituir una Compa\u00f1\u00eda solamente con <\/em><\/strong><strong>esa finalidad, ya que la naturaleza obliga suficientemente a ello. <\/strong>Pero no pasa lo mismo con el alma. No todos pueden ayudarles en eso, y Dios os ha escogido principalmente para que les deis las instrucciones necesarias para su salvaci\u00f3n. Reflexionadlo en vosotras mismas&#8230;\u00bb (C. X, 333; Conf. esp. n. 1760).<\/p>\n<p>Este texto es iluminador, no s\u00f3lo para una teolog\u00eda de los ministerios de los laicos y de las mujeres, sino tambi\u00e9n por lo que se refiere a su concepto de la naturaleza; sin duda, cree en el pecado original, pero podemos ver que de ello no surge desprecio a la naturaleza; cree en los valores naturales y en una ayuda mutua natural. Texto muy iluminador para nuestros d\u00edas en que el aspecto servi\u00adcio corporal no atrae ya tanto las vocaciones puesto que puede ejercerse sin de\u00adjar la vida seglar y en el matrimonio. Quiz\u00e1 se hab\u00eda hecho demasiado hincapi\u00e9 en ese aspecto del servicio desde hac\u00eda ciento setenta a\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p>Esa insistencia de Vicente la encontramos tambi\u00e9n con fuerza cuando se diri\u00adge a las Cofrad\u00edas de la Caridad, por ejemplo en el Reglamento de mujeres de M ont mira il:<\/p>\n<p><em>\u00abPensar\u00e1n con frecuencia que para ser buenas sirvientas de los pobres, es preci\u00ad<\/em><em>so asistirles espiritual y corporalmente y tener tierna compasi\u00f3n de su miseria&#8230;\u00bb <\/em>(C. XIII, 473-4, S\u00edg. X, 618).<\/p>\n<p>Vicente sabe, por otra parte, que no est\u00e1 haciendo una completa innovaci\u00f3n, pues otros le han precedido, pero s\u00f3lo trat\u00e1ndose de hombres. En 1636, a las Se\u00f1oras de la Caridad del Hospital General de Par\u00eds, les explica:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; (A las \u00aboficialas\u00bb) les ha parecido oportuno designar a trece o catorce de las m\u00e1s asiduas y piadosas a fin de que se dediquen de dos en dos cada d\u00eda a hacer todo lo posible para preparar solamente a las mujeres enfermas a la confesi\u00f3n general, ya que Dios ha querido disponer de unos cuantos hombres de piedad y debidamente preparados para trabajar con los hombres e inducirles a que ha\u00adgan dicha confesi\u00f3n general&#8230;\u00bb (C. XIII, 763; S\u00edg. X, 901).<\/p>\n<p>Se trata aqu\u00ed de una iniciativa de la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento, que data de 1632: la de enviar todos los lunes al Hospital General a dos de sus miem\u00adbros, un seglar que preparaba a los enfermos para hacer la confesi\u00f3n y un sacer\u00addote que los confesaba<sup>&#8211;<\/sup>. Tenemos que a\u00f1adir a esto que Vicente formaba parte de dicha Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento y que es muy posible que tuviera gran parte en esta iniciativa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>C- <\/strong><strong><em>C\u00d3MO CUMPLIR EL SERVICIO ESPIRITUAL<\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong><em>C\u00d3MO EVANGELIZAR<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal est\u00e1 profundamente convencido de la necesidad capital de instruir a la gente, de catequizarla. En su concepto, la salvaci\u00f3n eterna y la uni\u00f3n con Dios consisten en el amor. Pero el amor necesita del conocimiento. Es preci\u00adso conocer al menos los grandes <em>\u00abmisterios\u00bb <\/em>de un Dios que es vida de relaci\u00f3n y de amor: Trinidad (relaciones y amor en lo \u00edntimo del mismo Dios), Encarna\u00adci\u00f3n (relaciones y amor de Dios hacia el hombre), Redenci\u00f3n (integraci\u00f3n de los hombres en la relaci\u00f3n y el amor de Dios). Tal es el contenido de la f\u00f3rmula ad\u00admitida por cierto n\u00famero de te\u00f3logos: <em>\u00ablas verdades necesarias para la salvaci\u00f3n\u00bb,<\/em><\/p>\n<p><strong>1. Catequizar en sentido amplio: <\/strong>La evangelizaci\u00f3n empieza <strong>a trav\u00e9s del trato <\/strong><strong>y de los cuidados dirigidos al cuerpo<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u2022 Por la irradiaci\u00f3n de la bondad y con breves palabras salidas del coraz\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>La raz\u00f3n es muy sencilla: \u00bfQu\u00e9 significado tendr\u00eda anunciar a los pobres que Dios los ama si nosotros no somos bondadosos con ellos? El 16 de abril de 1640, Vicente de Pa\u00fal les dice a las Se\u00f1oras:<\/p>\n<p>\u00abHac\u00e9is ver y sentir la bondad de Dios a trav\u00e9s de la vuestra a esas pobres gen\u00adtes, y hac\u00e9is as\u00ed que lo glorifiquen; por eso es por lo que os recomienda que visit\u00e9is a los pobres: ut glorificent Patrem vestrum (para que glorifiquen a vues\u00adtro Padre)\u00bb (C. XIII, 781, n. 2; S\u00edg. X, 924, n. ,2).<\/p>\n<p>Y una vez m\u00e1s a las Hijas de la Caridad, el 11 de noviembre de 1657:<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;est\u00e1is destinadas a representar la bondad de Dios ante estos pobres enfer\u00ad<\/em><em>mos&#8230;\u00bb <\/em>(C. X, 332; Conf. esp. n. 1759).<\/p>\n<p>Vicente no deja de insistir en ello tanto dirigi\u00e9ndose a los Misioneros como a las Hermanas. Content\u00e9monos con uno de sus p\u00e1rrafos m\u00e1s bellos, en la con\u00adferencia del 11 de noviembre de 1657, a las Hijas de la Caridad:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Vuestro <strong>principal empleo, <\/strong>despu\u00e9s del amor de Dios y del deseo de hace- ros agradables a su divina Majestad, tiene que ser servir a los pobres enfermos con mucha dulzura y cordialidad, <strong>compadeci\u00e9ndoos de su mal y escuchan\u00ad<\/strong><strong>do sus peque\u00f1as quejas, como tiene que hacerlo una buena madre, <\/strong>por\u00adque ellos os miran como a sus madres nutricias y como a personas enviadas por Dios para asistirles. Por eso est\u00e1is destinadas a representar la bondad de Dios ante esos pobres enfermos&#8230;<\/p>\n<p><strong>\u00abHay que decirles siempre alguna cosa para llevarlos a Dios. No decir mu\u00ad<\/strong><strong>chas cosas a la vez, <\/strong>sino ir poco a poco d\u00e1ndoles la instrucci\u00f3n que necesitan, lo mismo que a los ni\u00f1os de pecho que s\u00f3lo se les da de mamar un poco cada vez. Pues bien, vuestros enfermos son como ni\u00f1os en la devoci\u00f3n, aunque sean personas mayores. <strong>Una buena palabra que salga del coraz\u00f3n y se diga con <\/strong><strong>el debido esp\u00edritu <\/strong>ser\u00e1 suficiente para llevarles a Dios. Si esa palabra est\u00e1 llena de esp\u00edritu, lograr\u00e1 lo que se pretende&#8230; Un alma buena de verdad, que ama mu\u00adcho a Nuestro Se\u00f1or y a la Sant\u00edsima Virgen, que no mira ninguna otra cosa en cuanto hace m\u00e1s que agradar a Jesucristo, <strong>es como una llama de amor que <\/strong><strong>penetra en el coraz\u00f3n de aquellos a quienes habla. <\/strong>Pues bien, esa buena palabra que ten\u00e9is que decirles debe tender a excitarles a la paciencia, o a hacer una buena confesi\u00f3n, o a bien morir, o a vivir como es debido si recobran la sa\u00adlud y a ense\u00f1arles las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>\u00abQuiz\u00e1 me diga alguna: \u00abSe\u00f1or, <strong>tenemos que atender a treinta enfermos; <\/strong>\u00bfc\u00f3mo llevarles a cada uno su porci\u00f3n e instruirles?\u00bb. Mis queridas Hermanas, responder\u00e9 a eso que habr\u00e1 que decirles al menos una buena palabra, de pasa\u00adda, algunas frases de Nuestro Se\u00f1or, <strong>procurando elevarse hasta Dios para <\/strong><strong>tomar del coraz\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or algunas palabras de consuelo&#8230; <\/strong>y as\u00ed decirle alguna cosa <strong>seg\u00fan las necesidades que veamos en \u00e9l&#8230;<\/strong><\/p>\n<p>\u00abY para lograr que esto resulte \u00fatil, <strong>ten\u00e9is que llenaros del esp\u00edritu de Nues\u00adtro Se\u00f1or, <\/strong>de modo que todos vean que lo am\u00e1is y que intent\u00e1is hacerle amar&#8230; <strong>Las que est\u00e1n llenas de Dios hablar\u00e1n con afecto, porque llevan a Dios <\/strong><strong>en su coraz\u00f3n, y lo que salga de ese coraz\u00f3n ser\u00e1 como un poco de fue\u00ad<\/strong><strong>go que penetre en el del enfermo, <\/strong>ser\u00e1 como un b\u00e1lsamo que lo llena todo con su aroma&#8230;\u00bb (C. X, 332-35; Conf. esp. nn. 1759-60-61).<\/p>\n<p>En el Reglamento de 1660, se lo repetir\u00e1 a las Se\u00f1oras de la Caridad del Hos\u00adpital General:<\/p>\n<p>\u00abLas que hayan sido destinadas a distribuirles la colaci\u00f3n&#8230; (aprovechar\u00e1n) la oca\u00adsi\u00f3n para <strong>consolar a los enfermos <\/strong>con alguna palabra edificante apropiada <strong>a <\/strong><strong>sus necesidades&#8230;\u00bb <\/strong>(C. XIII, 826, 7, 2.\u00b0; S\u00edg. X, 966, 7, 2.\u00b0).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s se puede decir? Podemos desprender, a la vez: <em>la intenci\u00f3n, la fina\u00ad<\/em><em>lidad, <\/em>que debemos tener muy claras: la de abrir a esas personas las puertas de la eternidad de Dios; <em>la motivaci\u00f3n, lo que nos anima: <\/em>un amor de Dios y del pr\u00f3jimo que tenemos ante nosotros, muy vivo; <em>las modalidades, los medios <\/em>con los que nos recomienda que seamos muy flexibles: <strong>saber \u00abver\u00bb, <\/strong>saber apreciar las necesidades, las oportunidades.<\/p>\n<p><em>Cuando sea posible, <strong>instruir a la persona, hacerle una lectura <\/strong><\/em>En el Reglamento de la primera Caridad, en 1617, Vicente de Pa\u00fal lo preve\u00eda as\u00ed:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;convendr\u00e1 que lean de vez en cuando alg\u00fan libro devoto en presencia de los que sean capaces de sacar alg\u00fan provecho de ello; les exhortar\u00e1n a soportar la enfermedad con paciencia, por amor de Dios&#8230;\u00bb (C. XIII, 429; S\u00edg. X, 579).<\/p>\n<p>Pero esto no debi\u00f3 de tener demasiado \u00e9xito, ya que no se vuelve a mencio\u00adnar en ninguno de los Reglamentos de las Caridades que siguieron estableci\u00e9n\u00addose. En adelante, no se trata m\u00e1s que de hablarles de palabra. Sin duda, los pobres eran m\u00e1s receptivos a la palabra viva, la entend\u00edan mejor.<\/p>\n<p><strong>Conversar amistosamente con la gente, partiendo de sus intereses<\/strong><\/p>\n<p>Ya en 1629, el Reglamento de la Caridad de la Parroquia de San Salvador, de Par\u00eds, a la que acababa de llegar, precisamente, Margarita Naseau, puntualiza lo siguiente:<\/p>\n<p>\u00abEn cuanto a la visita de los pobres enfermos, es muy \u00fatil para su salvaci\u00f3n y para la nuestra, ya que <strong>en esta visita se puede <\/strong>instruir a los padres, a las ma\u2011<\/p>\n<p><em>dres, a sus hijos y <strong>o\u00edr lo que ellos nos dicen, lo cual es muy provechoso <\/strong><\/em><strong><em>para su conversi\u00f3n, <\/em><\/strong><em>anim\u00e1ndoles a que se confiesen y comulguen todos los <\/em><em>meses, a que vivan <\/em>en <em>paz en la familia, e instruirles como buenos cristianos&#8230;\u00bb <\/em>(C. XIII, 626; S\u00edg. X, 667).<\/p>\n<p>Es cierto que hoy en d\u00eda no empezar\u00edamos tan pronto la exhortaci\u00f3n cristia\u00adna. Pero qued\u00e9monos, al menos, con la actualidad del enfoque dado a la cues\u00adti\u00f3n. S\u00f3lo cambia que hoy hacemos durar m\u00e1s el pre\u00e1mbulo&#8230;<\/p>\n<p>Veintisiete a\u00f1os despu\u00e9s, en la conferencia del 17 de noviembre de 1656, a los Misioneros, acerca del deber de catequizar a los pobres, encontramos un pa\u00adsaje elocuente:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1ores y Hermanos m\u00edos: ser\u00e1 siempre un acto de mucha caridad por nuestra parte, si instruimos a esas pobres personas, sean quienes fueren, y no debemos desaprovechar ocasi\u00f3n alguna de hacer lo que podemos.<\/p>\n<p>\u00abPor la gracia de Dios, s\u00e9 de algunos en la Compa\u00f1\u00eda que no faltan casi nunca en esto, a no ser que se vean impedidos por alguna cosa. No s\u00e9 si <strong>en la porter\u00eda <\/strong>se cumple esto bien; me parece que all\u00ed no van tan bien las cosas como antes; temo que los dos Hermanos encargados de la porter\u00eda se han descuidado un po\u00adco en esto. <strong>Puede ser <\/strong>que se deba a que los dos son nuevos <strong>y no saben <\/strong>c\u00f3mo se suele hacer<\/p>\n<p>\u00abEn <strong>la granja, <\/strong>no s\u00e9 si se observa, y <strong>si el Hermano que est\u00e1 all\u00ed <\/strong>se cuida de ver si nuestros criados est\u00e1n suficientemente instruidos, <strong>si les habla a cada uno <\/strong><strong>en particular, de vez en cuando, acerca de estas cosas, imitando a Nues\u00ad<\/strong><strong>tro Se\u00f1or <\/strong>cuando fue a sentarse en la piedra que hab\u00eda junto al pozo, desde donde <strong>empez\u00f3 a instruir a aquella mujer pidi\u00e9ndole agua. <\/strong>\u00abMujer, dame de beber\u00bb, le dijo (Jn. 4, 7).<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed se puede ir preguntando a uno, despu\u00e9s a otro: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hay?, \u00bfqu\u00e9 tal esos caballos? \u00bfC\u00f3mo va esto? \u00bfC\u00f3mo va aquello? \u00bfY usted, qu\u00e9 tal?\u00bb. Y as\u00ed empezar por algo semejante, para pasar luego a nuestro intento\u00bb (C. XI, 382-3; S\u00edg. IX\/3, 267-8).<\/p>\n<p>Nos encontramos siempre con flexibilidad, sentido de lo real y de lo posible, inquietud de adaptaci\u00f3n y respeto por lo que viven las personas&#8230; Partir de lo que les interesa, atreverse a pedirles algo&#8230;<\/p>\n<p><strong>Si hay ni\u00f1os, dirigirse a ellos: <\/strong>es tanto m\u00e1s provechoso para los padres<\/p>\n<p>En este aspecto, Vicente revela ser un excelente psic\u00f3logo y pedagogo. En mayo de 1658, explica de la siguiente manera a las Hermanas enviadas a Ussel, cu\u00e1l ha de ser su tarea:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfHay algo mayor que eso? \u00a1Dar a conocer la grandeza de Dios, su bondad, el amor que tiene a las criaturas, y eso ense\u00f1\u00e1ndoles los misterios de la fe y partir de ese conocimiento para llevarlos a su amor! \u00bfHay algo m\u00e1s grande que eso? \u00a1Qu\u00e9 felices ser\u00e9is, hijas m\u00edas, si con vuestras sencillas ense\u00f1anzas, al servir a vuestros enfermos, pod\u00e9is contribuir a la salvaci\u00f3n de alg\u00fan alma!&#8230;<\/p>\n<p>\u00abHijas m\u00edas, <strong>no hay que dirigirse de inmediato a los enfermos, ni a los pa\u00ad<\/strong><strong>dres, ni a las madres, sino preguntar a los ni\u00f1os en su presencia, <\/strong>ense\u00ad\u00f1\u00e1ndoles con claridad los principales misterios de la fe&#8230;\u00bb (C. X, 476; Conf. esp. n. 1970).<\/p>\n<p>Encontramos de nuevo el objetivo, lo esencial de la evangelizaci\u00f3n: dar a co\u00adnocer a la gente el amor inmenso que Dios les tiene&#8230; Y al mismo tiempo, la flexibilidad y de manera especial el respeto: no correr el riesgo de humillar a los padres poniendo al descubierto su ignorancia. En cambio, al ver el inter\u00e9s de\u00admostrado hacia sus hijos, sentir\u00e1n satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sobre este punto, Vicente redactar\u00e1 una Regla para las Hermanas de las Pa\u00adrroquias, la regla novena, que explicar\u00e1 el 11 de noviembre de 1659:<\/p>\n<p>\u00abSi la ayuda espiritual que dan a un enfermo puede extenderse a las otras personas que est\u00e1n en la misma habitaci\u00f3n, tratar\u00e1n de hacerlo <strong>con la debida discre\u00adci\u00f3n; esto es f\u00e1cil principalmente cuando hay ni\u00f1os, <\/strong>porque pregunt\u00e1ndo\u00adles sobre los principales misterios de nuestra santa fe o recomend\u00e1ndoles sus deberes, los padres y madres y otras personas que est\u00e9n presentes podr\u00e1n apro\u00advecharse de esta instrucci\u00f3n, sin que puedan advertir que lo que se dice es en parte para ellos&#8230; <strong>\u00abY dici\u00e9ndoles pocas cosas a la vez, <\/strong>al mismo tiempo se las dec\u00eds a sus padres y a sus madres. <strong>S\u00e9 de algunas Se\u00f1oras que as\u00ed lo ha\u00ad<\/strong><strong>c\u00edan y con mucho provecho <\/strong>para esas pobres gentes. Y creo que lo siguen haciendo\u00bb\u00bb (C. X, 672; Conf. esp. n. 22881.<\/p>\n<p>Observemos una vez m\u00e1s la insistencia en la discreci\u00f3n y en el hecho de decir pocas palabras. Adem\u00e1s, Vicente indica aqu\u00ed las fuentes: sabe enriquecerse con todo lo bueno que ve hacer. Por supuesto, no es la \u00fanica vez que ha visto y ha admirado las cualidades de las Se\u00f1oras&#8230; y la calidad del trabajo que desempe\u00f1an.<\/p>\n<p>Pero ese trabajo, ese ministerio, debe llegar a ser una verdadera catequesis, una verdadera ense\u00f1anza.<\/p>\n<p><strong>2. Catequizar en el pleno sentido de la palabra<\/strong><\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal habr\u00e1 de recomendar siempre, tanto a las Se\u00f1oras como a las Hijas de la Caridad y a los laicos de su Congregaci\u00f3n (los Hermanos) <strong>que <\/strong><strong>ense\u00f1en a los pobres, que les den una catequesis <\/strong>en toda ocasi\u00f3n, partien\u00addo de las circunstancias que se presenten y de sus centros de inter\u00e9s.<\/p>\n<p>En abril de 1633, la Se\u00f1ora Goussault, Dama de la Caridad, ha hecho la cate\u00adquesis de adultos en la iglesia de Artenay, con ocasi\u00f3n de un viaje para visitar los hospitales de provincias. Veamos los p\u00e1rrafos de su carta que se refieren a nuestro tema:<\/p>\n<p>\u00abAl d\u00eda siguiente fui a pernoctar a Artenay, <strong>donde tuve el catecismo de adul\u00ad<\/strong><strong>tos en la iglesia, <\/strong>como creo haberle dicho; despu\u00e9s fui a comer a Orleans&#8230; era jueves\u2026\u00bb.<\/p>\n<p>Al jueves siguiente estuvo en Saumur y el domingo siguiente, en Angers, desde donde escribe:<\/p>\n<p><em>\u00abEl domingo fui a v\u00edsperas a un convento, en donde, contra mi costumbre, estu\u00ad<\/em><em>ve dos horas ante el Sant\u00edsimo Sacramento, y all\u00ed se me ocurri\u00f3 el pensamiento <\/em><em>de c\u00f3mo podr\u00eda hablar del catecismo a estas se\u00f1oritas* de aqu\u00ed, que me imagi\u00ad<\/em><em>naba lo necesitar\u00edan bastante. Me decid\u00ed a ir a los pobres, a las granjas, a donde <\/em><em>las llev\u00e9, y les pregunt\u00e9 a los ni\u00f1os, que estaban bastante bien instruidos. Hay <\/em><em>un buen eclesi\u00e1stico que se ocupa mucho de ellos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPadre, esto result\u00f3 tan perfecto, que la Se\u00f1orita Le F\u00e9vre, que est\u00e1 casada con <\/em><em>un consejero y tiene cuatro hijos, me dijo, a la vuelta, lo que le hab\u00eda gustado <\/em><em>y que ella no sab\u00eda casi nada de todo ello, y a\u00f1adi\u00f3: \u00abBien se ve que ama usted <\/em><em>a los pobres y que se encuentra entre ellos con toda la alegr\u00eda de su coraz\u00f3n. <\/em><em>Parec\u00eda usted dos veces m\u00e1s hermosa cuando les hablaba\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPadre, es admirable que Dios me d\u00e9 <strong>el atrevimiento de hablar delante de <\/strong><\/em><strong><em>su sacerdote y por lo menos de unas cien personas <\/em><\/strong><em>que me escuchaban <\/em><em>y que luego me llenaron de alabanzas; incluso aquel buen sacerdote me dijo que <\/em><em>se estimar\u00eda muy feliz de poder acabar sus d\u00edas a mi lado, sin sueldo ni recom\u00adpensa, sino solamente oyendo las palabras que saldr\u00edan de mi boca. Tales fueron <\/em><em>sus propios t\u00e9rminos.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPues bien, Padre, es a usted a quien escribo, con la confianza de que alabar\u00e1 <\/em>a <em>Dios y lo amar\u00e1 por su misericordia infinita. El me ha concedido, en Saumur <\/em><em>y aqu\u00ed, gracias que no le puedo decir, a pesar de mi enorme infidelidad; todo <\/em><em>esto tiene que arrebatarme de amor hacia El. Padre, p\u00eddale que humille mi orgu\u00ad<\/em><em>llo por el medio que El quiera. Estoy dispuesta a perderlo todo y a dejarlo todo, <\/em><em>prefiriendo la humildad a todos los consuelos y bienes. El ejemplo de mi Salva\u00ad<\/em><em>dor es muy poderoso, El que dej\u00f3 el seno de su Padre para venir a practicar esa <\/em><em>humildad en la pobreza y el anonadamiento.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero volvamos al hecho del catecismo. Y es que, desde entonces, esas buenas <\/em><em>se\u00f1oritas vienen a hacer oraci\u00f3n conmigo y <strong>les doy el tema de la oraci\u00f3n, <\/strong>pe\u00ad<\/em><em>ro principalmente una que es soltera. La he encontrado muy conmovida, casi <\/em><em>podr\u00eda decir que est\u00e1 ya ganada. Hay una buena mujer devota que vino a verme <\/em><em>y me dijo que, si yo estuviera aqu\u00ed un a\u00f1o, convertir\u00eda a toda la ciudad. Le asegu\u00adro que me hizo re\u00edr mucho. Dos cosas les gustan aqu\u00ed: que no tengo trazas de <\/em><em>reformada, sino que me r\u00edo de buena gana, y que voy a la parroquia&#8230;\u00bb <\/em>(C. I, 192-93-95; S\u00edg. I, 247-48).<\/p>\n<p>M\u00e1s adelante, el 17 de noviembre de 1656, <strong>Vicente de Pa\u00fal se\u00f1ala un l\u00edmi\u00ad<\/strong><strong>te: <\/strong>le parece que ense\u00f1ar en las iglesias es tarea reservada a los Obispos y Sa\u00adcerdotes. <em>\u00abLos Hermanos no deben ense\u00f1ar ni catequizar en la iglesia; no, no <\/em><em>conviene\u00bb <\/em>(C. XI, 384; S\u00edg. IX\/3, 268). Observemos que no dice que est\u00e9 prohi\u00adbido, sino s\u00f3lo que no es conveniente, oportuno&#8230; \u00bfQuiere decir que chocar\u00eda a la gente? No lo concreta. Y tampoco es seguro que \u00e9sta sea su postura definitiva.<\/p>\n<p><strong>Pero lo que a\u00f1ade es claro: <\/strong><em>\u00abFuera de esto, deben hacerlo en toda oca\u00adsi\u00f3n\u00bb. <\/em>Es obvio: \u00abdeben ense\u00f1ar y catequizar en todas las ocasiones\u00bb. Y lo mis\u00admo les dice a las Hijas de la Caridad y a las Se\u00f1oras de la Caridad.<\/p>\n<p>Hemos visto c\u00f3mo recomendaba a las Se\u00f1oras del Hospital General de Par\u00eds, en 1636, el acompa\u00f1amiento espiritual que deb\u00edan ofrecer a sus enfermos y la preparaci\u00f3n de las mujeres a la confesi\u00f3n general (cf. C. XIII, 763; S\u00edg. X, 901).<\/p>\n<p>Con bastante frecuencia ha dado detalles <strong>de los m\u00e9todos <\/strong>para hacer tal ca\u00adtequesis. El dispositivo previsto en el Hospital General de Par\u00eds permanece en vi\u00adgor: de las catorce previstas para este servicio, cada tres meses, <em>\u00abdos cada d\u00eda <\/em><em>ir\u00e1n a instruir a las mujeres enfermas en las verdades cristianas necesarias para la salvaci\u00f3n, las preparar\u00e1n para que hagan una confesi\u00f3n general de toda su <\/em><em>vida&#8230;\u00bb <\/em>dice el Reglamento de 1660 (C. XIII, 763, 7, 1.\u00b0; S\u00edg. X, 966).<\/p>\n<p><strong>Por su parte, Santa Luisa trabaja en la elaboraci\u00f3n de un breve cate\u00ad<\/strong><strong>cismo, <\/strong>del que conservamos el manuscrito y que en la edici\u00f3n espa\u00f1ola de \u00abCartas y Escritos\u00bb ocupa unas diez p\u00e1ginas (de la 703 a la 713).<\/p>\n<p>Ahora bien: \u00bfpuede uno ponerse as\u00ed, sin m\u00e1s, a ense\u00f1ar? Est\u00e1 claro que es necesaria una formaci\u00f3n para ello.<\/p>\n<p><strong><em>\u2022 Formarse<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Seguramente, Vicente de Pa\u00fal \u2014o alguno de sus co-hermanos\u2014 dieron al\u00adgunas conferencias o charlas a las Se\u00f1oras y a las Hijas de la Caridad. Pero Vi\u00adcente les recomendaba especialmente que se formaran entre ellas.<\/p>\n<p>&#8212; Lo primero, <strong>mediante intercambios:<\/strong><\/p>\n<p>El 16 de marzo de 1659, a lo largo de una amplia comunicaci\u00f3n, Vicente de Pa\u00fal explica a las Hermanas el m\u00e9todo de ense\u00f1anza que se utilizaba en los Se\u00adminarios, lo que hasta hace poco se llamaba trabajo de grupo o m\u00e9todos acti\u00advos, y ahora m\u00e1s bien se designa como \u00abseminarios\u00bb, \u00abtrabajos dirigidos\u00bb, etc. Vamos a citar la aplicaci\u00f3n que les propone:<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;pues bien, el mejor medio para que os capacit\u00e9is vosotras para instruir a los <\/em><em>pobres, es <strong>tener el catecismo entre vosotras mismas. <\/strong>Por eso es necesario <\/em><em>que os ejercit\u00e9is en esto todo el tiempo que pod\u00e1is y que observ\u00e9is esta costum\u00adbre de ahora en adelante. Que haya una que haga las preguntas y otra que con\u00ad<\/em><em>teste y que esto se haga en presencia de la Superiora&#8230;\u00bb <\/em>(C. X, 625; Conf. esp. n. 2214).<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n <strong>por el estudio <\/strong>como tal:<\/p>\n<p>Ya en 1617 invitaba a las primeras Se\u00f1oras de la Caridad <strong>a que se instruye\u00ad<\/strong><strong>ran en los caminos espirituales: <\/strong>las reuniones de la Cofrad\u00eda, todos los meses, tendr\u00e1n esa finalidad entre otras (cf. C. XIII, 430; S\u00edg. X, 580). Pero, adem\u00e1s, cada una deber\u00e1 cuidar de formarse personalmente, mediante la lectura y la ora\u00adci\u00f3n mental: <em>\u00abLas que sepan leer, <strong>leer\u00e1n todos los d\u00edas, pausada y atentamente, <\/strong>un cap\u00ed\u00ad<\/em><em>tulo del libro del Se\u00f1or Obispo de Ginebra titulado <\/em>Introducci\u00f3n a la vida devota, y <em>elevar\u00e1n de vez en cuando su esp\u00edritu a Dios\u00bb <\/em>(C. XIII, 435; S\u00edg. X, 584).<\/p>\n<p>Pero <strong>para catequizar, hay que ir m\u00e1s all\u00e1. \u00bfSer\u00e1n necesarios buenos <\/strong><strong>libros? <\/strong>Sor Turgis hab\u00eda hecho esta pregunta, en 1648, a Luisa de Marillac, que le hab\u00eda respondido con cierta timidez, el 6 de marzo, prometi\u00e9ndole que habla\u00adr\u00eda de ello al Se\u00f1or Vicente. Durante el Consejo de las Hijas de la Caridad del 22 de marzo siguiente, se dirigi\u00f3, pues, a Vicente en este sentido y ahora nos es posible leer de nuevo un texto tan importante*:<\/p>\n<p><em>\u00abPadre, Sor Turgis me pidi\u00f3 \u00faltimamente <strong>un catecismo: <\/strong>le enviamos uno. A ella <\/em><em>le pareci\u00f3 que era poco extenso y nos pidi\u00f3 que le envi\u00e1ramos otro. Mandamos <\/em><em>a pedirle al Se\u00f1or Lamberto que nos enviara uno y \u00e9l nos envi\u00f3 <strong>el de Belarmi\u00ad<\/strong><\/em><strong><em>no, <\/em><\/strong><em>dici\u00e9ndole a la Hermana a la que se lo entreg\u00f3 que se trataba de un catecismo <\/em><em>muy elevado y que era solamente para los p\u00e1rrocos. Pues bien, como es menes\u00ad<\/em><em>ter que no nos las demos de muy eruditas, tuve la idea de no mand\u00e1rselo; volvi\u00f3 <\/em><em>ella a urgirme&#8230; y le dije solamente que no hiciera m\u00e1s que leerlo, porque leyen\u00ad<\/em><em>do del libro no parece cosa nuestra, no es como aprend\u00e9rselo de memoria y reci\u00ad<\/em><em>tarlo.<\/em><\/p>\n<p>\u00abA <em>lo que nuestro venerado Padre respondi\u00f3: Se\u00f1orita, <strong>no hay catecismo me\u00ad<\/strong><\/em><strong><em>jor que el de Belarmino; <\/em><\/strong><em>si todas nuestras Hermanas lo supieran y ense\u00f1aran, <strong>no ense\u00f1ar\u00edan m\u00e1s que lo que deben ense\u00f1ar, <\/strong>ya que les <strong>toca a ellas ins\u00ad<\/strong><\/em><strong><em>truir a los dem\u00e1s, y sabr\u00edan lo que los p\u00e1rrocos deben saber&#8230; ser\u00eda con\u00ad<\/em><\/strong><strong><em>veniente que se les leyera a nuestras Hermanas y que usted misma se <\/em><\/strong><strong><em>lo explicara, <\/em><\/strong><em>a fin de que todas lo aprendiesen y profundizasen en \u00e9l para ense\u00ad<\/em><em>\u00f1arlo, porque ya que es preciso que ellas ense\u00f1en, es preciso tambi\u00e9n que se\u00ad<\/em><em>pan, y no podr\u00e1n aprender nada m\u00e1s s\u00f3lido que lo que hay en ese libro\u00bb <\/em>(C. XIII, 664-65; S\u00edg. X, 792-93).<\/p>\n<p>Vicente ten\u00eda f\u00f3rmulas verdaderamente tajantes en su claridad.<\/p>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p align=\"center\"><strong><em>CONCLUSION<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Estas p\u00e1ginas se hab\u00edan propuesto mostrarnos, a partir de la realidad, c\u00f3mo aquellos franceses del s. XVII, seglares hombres y mujeres, al igual que los sacer\u00addotes formaban parte en el trabajo de la vi\u00f1a del Se\u00f1or, en ese ayudar a que cir\u00adculase la vida divina por el Cuerpo M\u00edstico de Cristo. Ciertamente, no tenemos que avergonzarnos de nuestros Fundadores, pero s\u00ed nos incumbe actualizar su celo.<\/p>\n<p>Estas p\u00e1ginas podr\u00edan ayudarnos a reavivar en nosotros la fe en la vida eterna y en nuestro destino sobrenatural. Acaso nuestras actividades en el mundo so\u00adcial, tan necesarias hoy en d\u00eda, pudieran hacernos olvidar que nuestra vida no se limita a las dimensiones terrenas ni al tiempo que hemos de pasar en la tierra, sino que ya desde ahora tenemos en nosotros la vida de Dios <strong>\u2014\u00bbla vida eterna es que te conozcan a ti, verdadero Dios y a tu enviado, Jesucristo\u00bb <\/strong>(Jn. 17, 3) y que todos juntos estamos llamados a vivir en el Cielo en la intimi\u00addad de Dios.<\/p>\n<p>\u00a1Ojal\u00e1 estuvi\u00e9ramos tan apasionados como San Vicente, a sus setenta <em>y <\/em>ocho a\u00f1os, por la b\u00fasqueda del Reino de Dios! Escuch\u00e9mosle el 21 de febrero de 1659:<\/p>\n<p><em>\u00abBusquemos, pues, hermanos m\u00edos. \u00bfEl qu\u00e9? Busquemos la gloria de Dios, bus\u00ad<\/em><em>qugmos el reino de Jesucristo&#8230; No basta con obrar de modo que Dios reine en <\/em><em>nosotros, buscando as\u00ed su reino y su justicia, sino que adem\u00e1s es preciso que deseemos y procuremos que el reino de Dios se extienda por doquier, que Dios <\/em><em>reine en todas las almas&#8230; que su justicia sea buscada e imitada por todos con <\/em><em>una vida santa, y que as\u00ed sea El perfectamente glorificado en el tiempo y en la <\/em><em>eternidad\u00bb <\/em>(C. XII, 132, 137-138; S\u00edg. XI\/3, 430, 435).<\/p>\n<p>Observemos c\u00f3mo la justicia tiene, a los ojos de San Vicente, tanto valor co\u00admo la Caridad.<\/p>\n<p><strong>Y tendremos en cuenta las palabras de aliento <\/strong>que da a sus co-hermanos el 17 de noviembre de 1656:<\/p>\n<p><em>\u00abLa Sagrada Escritura dice <\/em>(Daniel, 12, 3) <em>que los que ense\u00f1an a los dem\u00e1s las <\/em><em>cosas \u00fatiles y necesarias para su salvaci\u00f3n, brillar\u00e1n como estrellas en la vida <\/em><em>eterna\u00bb <\/em>(C. XI, 383; S\u00edg. XI\/3, 268).<\/p>\n<p>Y estas otras a las Hijas de la Caridad, el 13 de febrero de 1646:<\/p>\n<p><strong><em>\u00ab&#8230;los pobres asistidos por ella <\/em><\/strong><em>ser\u00e1n sus intercesores delante de Dios; <strong>acu\u00ad<\/strong><\/em><strong><em>dir\u00e1n en mont\u00f3n a su encuentro; <\/em><\/strong><em>dir\u00e1n al buen Dos: \u00abDios m\u00edo, \u00e9sta es la <\/em><em>que nos asisti\u00f3 por tu amor; Dios m\u00edo, \u00e9sta es la que nos ense\u00f1\u00f3 a conocerte&#8230; <\/em><em>Dios m\u00edo, \u00e9sta es la que me ense\u00f1\u00f3 a esperar que hab\u00eda un Dios en tres Perso\u00ad<\/em><em>nas; yo no lo sab\u00eda. <strong>Dios m\u00edo, \u00e9sta es la que me ense\u00f1\u00f3 a esperar en ti, <\/strong><\/em><strong><em>\u00e9sta es la que me ense\u00f1\u00f3 tus bondades por medio de las suyas\u00bb\u00bb <\/em><\/strong>(C. IX, 253; Conf. esp. n. 416).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quiz\u00e1 nos hayamos preguntado ya alguna vez: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 servir a los Po\u00adbres?\u00bb \u00bfPor compasi\u00f3n? \u00bfPara tratar de hacerlos felices? 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