{"id":72609,"date":"2024-09-01T08:29:08","date_gmt":"2024-09-01T06:29:08","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=72609"},"modified":"2023-08-20T13:02:44","modified_gmt":"2023-08-20T11:02:44","slug":"san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-1\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Renaudin). Cap\u00edtulo 1"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo I: Los comienzos de una carrera humana<\/h2>\n<h3><em>Un peque\u00f1o campesino que se levanta. <\/em><\/h3>\n<p><em>\u00bf<\/em>Hab\u00e9is visto, en alguna pac\u00edfica ciudad de provincias, un d\u00eda de vuelta al colegio? \u00bfRecord\u00e1is esas caras enrojecidas de peque\u00f1os campesinos, que recorren las calles \u2013visita al Provisor, compra de calzado y dem\u00e1s menesteres \u2013entre un padre con brazos al aire y una mam\u00e1 curtida por los soles del campo? Se han enfundado ya la gorra del liceo como un triste gorro de c\u00e1rcel. Sue\u00f1an con que van, durante diez meses, a perder los colores entre libros, a comerse las u\u00f1as entre tristes paredes. Dan pena estos pobres p\u00e1jaros de los campos; se sabe que apenas salidos de estos a\u00f1os de miseria la mayor parte se sacudir\u00e1n el polvo y la paja. Pero uno de ellos, quiz\u00e1s un le\u00f1ador silencioso, se alimentar\u00e1 de saber y, provisto de sus pergaminos, escalar\u00e1 algunos grados, si no de felicidad, al menos de la consideraci\u00f3n y de la envidia de sus semejantes.<\/p>\n<p>De esta forma se representa, cualquier d\u00eda de oto\u00f1o de 1591 o 1592, al \u00abpobre labrador\u00bb Juan de Pa\u00fal, y a su mujer Bertranda que llevan a la ciudad de Dacqs a su peque\u00f1o Vicente, para hacerle \u00abestudiar\u00bb, en el Colegio de la ciudad. Ya que, en ese tiempo como hoy, la instrucci\u00f3n era el bueno, el honrado modo de educarse. Tan solo hab\u00eda otro <em>Alma Mater<\/em>, la Iglesia, la que la impart\u00eda. En lugar de la reja del liceo, imaginad el port\u00f3n del convento de los Franciscanos: all\u00ed fue donde Juan de Paul dio el aldabonazo.<\/p>\n<p>Vicente, tercer hijo de los de Paul, o Depaul, ten\u00eda diez u once a\u00f1os, hab\u00eda nacido en abril de 1581. Ning\u00fan grabado nos ha dejado la imagen de sus rasgos de ni\u00f1o. Sin embargo tenemos algunos de su car\u00e1cter. Verdaderos o falsos: no me atrevo a afirmar: un peque\u00f1o ramillete de tradiciones amables, de flores inocentes cuidadosamente elegidas por la piedad del recuerdo, pero que no hay razones para creerlas artificiales. Siendo hijo de campesinos y formando parte de un numeroso hogar, Vicente fue naturalmente puesto a trabajar en los campos. Guardaba los reba\u00f1os de sus padres: lo ha recordado m\u00e1s de una vez. En la landa que rodea al pueblo de Pouy, en los confines de las Landas y de la Chalosse, frete al gran decorado de los Pirineos, Vicente, como Genevi\u00e8ve, llev\u00f3 las ovejas a pastar y los cerdos a la bellota. Nos le pintan como un ni\u00f1o piadoso que ten\u00edan una devoci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora de Buglose (si bien el santuario estuviera por entonces desierto, o tal vez no existiera a\u00fan), y que rezaba tambi\u00e9n a una Virgen cuya imagen hab\u00eda escondido en una encina. Como un ni\u00f1o caritativo, de un corazoncito bueno, que distribu\u00eda a los pobres la harina que llevaba al molino. Un d\u00eda les entreg\u00f3 toda su bolsa: treinta sueldos reunidos despacio\u2026 Les cae bien, a los Santos, una infancia amable cuando no es prodigiosa.<\/p>\n<p>A\u00f1adamos tambi\u00e9n, sin miedo a equivocarnos: un ni\u00f1o bien dotado, de esp\u00edritu vivo y avispado, cuyos padres dec\u00edan, por las noches de invierno en que se tiene tiempo de so\u00f1ar: \u00ab\u00c9ste podr\u00eda llegar lejos\u2026\u00bb Pues, el \u00fanico de seis hermanos, les dio la idea de hacer por \u00e9l un sacrificio y sacarle de su humilde condici\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 no hacerle de la Iglesia, a aquel hombrecito? Los Depaul no eran gente de nada. Pobres como todos los Pedazos de pan de esa triste \u00e9poca; pero cultivaban sus bienes, ten\u00edan su casita; pod\u00edan pensar en establecer a uno de los suyos \u2013que les permitir\u00eda aprovecharse de su fortuna. Este pensamiento, rond\u00e1ndoles en la cabeza sin duda, los llev\u00f3 un d\u00eda a Dax, y Vicente fue confiado a los Franciscanos, por sesenta libras al a\u00f1o. Al volver a Pouy, Juan y Bertranda so\u00f1aban con el porvenir de su chaval; ellos ya le hab\u00edan puesto el pie en el estribo.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o no les decepcion\u00f3. Trabaj\u00f3, sus maestros quedaron satisfechos. Pero las sesenta libras eran pesadas para sus padres. Fue entonces cuando un abogado de la corte de Dax, el Sr. de Comet, que era al mismo tiempo juez de la parroquia de Pouy, vino en su ayuda. Buscaba un preceptor para sus hijos. Ofreci\u00f3 el empleo a Vicente, a pesar de su juventud. Y aqu\u00ed tenemos al peque\u00f1o campesino, a sus trece o catorce a\u00f1os, bastante preparado ya, bastante serio al menos para ofrecerle un medio de mantenerse por s\u00ed mismo mientras continuaba sus estudios en el Colegio y su pensi\u00f3n en los Franciscanos.<\/p>\n<p>La bondad inteligente de Comet, el m\u00e9rito del ni\u00f1o: tal es la feliz conjunci\u00f3n que comienza una fortuna. Comet no dud\u00f3 en proyectar a su protegido hacia la Iglesia. Humanamente, no hab\u00eda mejor consejo que dar, ni mejor partido que tomar. No obstante, Vicente titube\u00f3, se dice. \u00bfModestia de s\u00fabito asustada? \u00bfInquietud (bastante curiosa en esa \u00e9poca, en la que la Iglesia era ante todo una carrera) por no tener una vocaci\u00f3n? Por fin, se dej\u00f3 persuadir. En diciembre de 1596 (es la primera fecha del todo segura de su vida), recibi\u00f3 la tonsura y las \u00f3rdenes menores, de manos del obispo de Tarbes.<\/p>\n<p>En cinco a\u00f1os, era un hermoso camino. Ya no era Vicente un peque\u00f1o campesino. Un d\u00eda que su padre hab\u00eda venido a verle, a su Colegio, se neg\u00f3 a bajar para hablarle: este padre con casaca y botas le hac\u00edan enrojecer. M\u00e1s tarde, contando este lance a la duquesa de Aiguillon, a\u00f1ad\u00eda: \u00abEn lo que comet\u00ed un gran pecado\u00bb. Gran pecado, no\u2026 Peque\u00f1o orgullo de un chico que comienza a sacudirse la pesada gleba natal. Joven ambici\u00f3n que elimina puentes tras s\u00ed\u2026 Toda su vida, el santo se ocupar\u00e1 con frecuencia en levantarlos, en mostrarse ligado a su bajo origen, para humillarse mejor ante los grandes que le alaban. Sorprend\u00e1mosle en el momento en que, ardiendo en deseos de adelantar en el mundo, deja a un lado, con un gesto un tanto vivo, el recuerdo de estos a\u00f1os penosos y malolientes.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, otros sentimientos, m\u00e1s nobles, le ocupaban: y sobre todo la pasi\u00f3n del saber. A finales del a\u00f1o 1596, los Franciscanos no teniendo probablemente m\u00e1s que ense\u00f1arle, acept\u00f3 con satisfacci\u00f3n ir a proseguir sus estudios a Toulouse. \u00c9l acept\u00f3 el dinero que su padre le entreg\u00f3: el precio de una hermosa pareja se bueyes vendidos por el labrador. Dax, Toulouse: el humo de su pueblecito se pierde en el horizonte. Entr\u00f3 orgullosamente en la ciudad del saber, donde florec\u00eda una c\u00e9lebre Universidad.<\/p>\n<p>No lo volveremos a ver m\u00e1s en la vida de Vicente, el dulce paisaje de la landa de Dacqs, a la vez fino y noble, destac\u00e1ndose en la l\u00ednea de los montes azules coronados de nieves. Una vez apenas, en 1623, por unos d\u00edas, Vicente regresar\u00e1 a sentarse a la mesa de familia, a arrodillarse ante la Virgen de Buglose, a derramar algunas l\u00e1grimas sobre su infancia. No es desapego o ingratitud: es la vida despiadada que le encadena en otra parte. Por el contrario, no cesar\u00e1 apenas, creo yo, de pensar en su pa\u00eds, en ese secreto del coraz\u00f3n en el que reside la imagen de lo que no se volver\u00e1 a ver m\u00e1s y retiene el deseo. En todo caso, Vicente de Pa\u00fal ha nacido campesino de las Landas: esta doble cicatriz no se borrar\u00e1 nunca.<\/p>\n<h3><em>El estudiante pobre.<\/em><\/h3>\n<p>El precio de un par de bueyes, la conmovedora ofrenda paterna al futuro del hijo, no era con qu\u00e9 llevar a un estudiante hasta los grados de teolog\u00eda. En Dax, el escolar hab\u00eda vivido de la protecci\u00f3n de Comet. En Toulose tiene que encontrar algo distinto.<\/p>\n<p>No es suficiente para poner en apuros a un Gasc\u00f3n de la niebla. A partir del verano del a\u00f1o 1598, Vicente sacrifica el descanso de sus vacaciones y lo consagra a la educaci\u00f3n de los hijos del se\u00f1or de Buzet. Buzet exhibe su castillo fuerte (con frecuencia disputado entre religionarios y cat\u00f3licos, en este sangriento decimosexto siglo) por encima del Tarn, a algunas leguas de Toulouse. Otros se\u00f1ores se unen pronto a los primeros; y ya tenemos a Vicente convertido en regente de una pensi\u00f3n de j\u00f3venes arist\u00f3cratas. Se hace querer, apreciar: \u00bfpor qu\u00e9 el final de las vacaciones interrumpir\u00eda estos estudios? Pero Vicente no quiere abandonar los suyos. Entonces se lleva a Toulouse a su nidada de los gentilhombres. Sin duda aprendi\u00f3 m\u00e1s \u00e9l con su comercio que ellos en el de \u00e9l: peque\u00f1os atolondrados muy indignos de su maestro, me parece a m\u00ed. \u00a1C\u00f3mo desear\u00edamos tener las memorias de uno de ellos! Pero no nos han conservado nada, ni transmitido nada. Injuriosa noche del pasado, en que tantas cosas conmovedoras se entierran, como las indiferentes.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, siete u ocho a\u00f1os en blanco, 1596 a 1604, al cabo de los cuales se llega a saber que el estudiante de teolog\u00eda se ha graduado de Bachiller: las cartas que lo certifican son del 12 de octubre de 1604. Ten\u00eda en adelante el derecho de explicar, y lo hizo en efecto, se nos dice, el <em>Libro de las Sentencias<\/em> de Pedro Lombardo. Estas Universidades de la Edad Media constitu\u00edan grandes organismos bien montados, bien reglados en las que la ciencia ten\u00eda sus grados y los maestros su jerarqu\u00eda. La de Toulouse hab\u00eda sido fundada, seg\u00fan la orden de san Luis, por Raymundo VII, en 1228. Contaba, aparte de la facultad de Teolog\u00eda, con una Facultad de las Artes, una de Medicina, una de Derecho can\u00f3nico y de Derecho civil. Era la m\u00e1s considerable, despu\u00e9s de la de Par\u00eds. Imponentes estatutos regulaban los estudios, los ex\u00e1menes, el ceremonial, la elecci\u00f3n a las c\u00e1tedras, la vida de los <em>colegiados.<\/em> La ense\u00f1anza se daba en conventos, en algunos de los numerosos Colegios, o en las Escuelas p\u00fablicas de la Universidad. Era todo un mundo, del que nos dar\u00edan mejor idea Oxford o Cambridge que nuestra Sorbonne actual. Regentes, lectores, escolares, formaban una poblaci\u00f3n con frecuencia movida, trabajada por tempestades religiosas o de pasiones juveniles. Habr\u00eda que ver a Vicente evolucionar, saber c\u00f3mo se aprendi\u00f3 all\u00ed los libros y los hombres. Nos interesar\u00eda m\u00e1s que su diploma. De todo ese hermoso misterio de una juventud de gran hombre, no poseemos m\u00e1s que un pergamino oficial\u2026<\/p>\n<p>Por fin, este es Vicente de Pa\u00fal, el hijo del labrador de Pouy, provisto de doce o trece a\u00f1os de estudios. Con su esp\u00edritu abierto y s\u00f3lido, su ardor, y una hermosa vida que sin duda nada tuvo de estudiantina, deb\u00eda saber lo suficiente. No lo pongamos en duda, y que hubiera podido f\u00e1cilmente sacar otros grados, argumentar al estilo Sorbona, desarmar con facilidad a algunos espadachines jansenistas, que la trataron de ignorante. Llev\u00f3 su esfuerzo m\u00e1s all\u00e1 de la ciencia y la disputa y, por mucha autoridad que haya mostrado m\u00e1s tarde en ciertas querellas doctrinales, \u00e9l no aparecer\u00e1 nunca como un Doctor. Pero es porque lo ha querido, y solo la humildad le hac\u00eda llamarse \u00abun pobre escolar de Cuarto\u00bb. Conserv\u00e9mosle su verdadera figura, que no se ha de simplificar hasta el exceso. Este buen hombre del campo, este ap\u00f3stol caritativo, que pareci\u00f3 desde\u00f1ar la ciencia, hab\u00eda estudiado tanto como muchos otros. Y \u00bfno resulta curioso, esta vida de hombre de acci\u00f3n que, pr\u00f3ximo a la madurez, est\u00e1 sumergido totalmente en el estudio?<\/p>\n<p>He hablado de a\u00f1os en blanco: no olvido que el estudiante oscuro era tambi\u00e9n un levita y que, durante estos a\u00f1os de Toulouse, recibi\u00f3 una tras otra todas las \u00f3rdenes sagradas. En septiembre, en diciembre de 1598, el subdiaconado y el diaconado-1. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, el 13 de septiembre de 1599, el obispo de Dax, Jean-Jacques de Sault, le otorgaba las dimisorias para el sacerdocio. Vicente habr\u00eda podido ser sacerdote a los dieciocho a\u00f1os\u2026 Quiso prepararse durante un a\u00f1o m\u00e1s, y no fue ordenada hasta el 23 de septiembre de 1600, por Fran\u00e7ois de Bourdeille, obispo de P\u00e9rigueux, en la capilla de su castillo de Saint-Julien.<\/p>\n<p>Se comprende este retraso, esta espera. Vicente aprovecha, con otros muchos, un abuso que sin duda no parec\u00eda escandaloso en esta \u00e9poca. Pero \u00e9l siente verg\u00fcenza por su juventud. Y podemos a\u00f1adir, yo creo, que duda ante el sacerdocio, a causa de la alta idea que se ha formado ya. No es nada para la que sentir\u00e1 m\u00e1s tarde cuando haya conocido a B\u00e9rulle, Olier, Condren, todos los grandes restauradores de la idea sacerdotal. Escuchad lo que escribe en 1656 al can\u00f3nigo de Saint Martin: \u00abOs doy las gracias por los cuidados que os tom\u00e1is por mi peque\u00f1o sobrino, de quien os digo que nunca he deseado que fuera eclesi\u00e1stico; y menos a\u00fan he tenido la idea de que se preparara para este proyecto, siendo esta condici\u00f3n la m\u00e1s sublime que haya en la tierra, y la misma que el Se\u00f1or ha querido tomar y ejercer. <em>En cuanto a m\u00ed, si hubiera sabido lo que es cuando tuve la temeridad de entrar en \u00e9l, como lo he sabido despu\u00e9s, yo habr\u00eda preferido trabajar la tierra a comprometerme en un estado terrible. <\/em>Es lo que yo he declarado m\u00e1s de cien veces a los pobres del campo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Extra\u00f1a confesi\u00f3n, y tan conmovedora! Si hubiera dicho: Pi\u00e9nselo bien, no compromet\u00e1is a un ni\u00f1o a la ligera, estad bien seguro de que Dios le llama. Pero parece decir: \u00abYo no estoy todav\u00eda seguro yo mismo de haber sido llamado, no soy digno de este misterio temible\u00bb. Un coraz\u00f3n repleto de los favores divinos, establecido en el amor, y que sigue doblegado por el temor. Captemos pues, en lo m\u00e1s \u00edntimo de un alma, el resorte secreto que anime un d\u00eda los gestos de una vida. Hasta mucho despu\u00e9s Vicente de Pa\u00fal no se dar\u00e1 a la reforma del clero. Y se puede decir que la idea le vendr\u00e1 del espect\u00e1culo de los hechos, de la tristeza de haber visto a tantos beneficiarios indignos, a tantos catequistas ignorantes, a tantos sacerdotes mundanos y toscos. \u00bfPero le habr\u00eda arrastrado esa idea si no hubiera tenido, en el fondo de s\u00ed mismo, una idea tan temible del sacerdocio? Esta emoci\u00f3n del joven, ante el pensamiento detener en sus manos al Dios-sacrificio, esta duda al subir al altar del Se\u00f1or, mientras que tantos otros lo abordan caballerosamente, ese es el germen interior de una larga actividad. El peque\u00f1o pueblerino, que estudiaba, que adquir\u00eda sus grados, se separa hoy de sus semejantes que no aspiran m\u00e1s que a convertirse en hombres de Iglesia: \u00e9l va a ser el sacerdote de Jesucristo.<\/p>\n<p>Si se quisiera dudar, que se asista con el pensamiento a la primera misa del nuevo sacerdote. \u00bfA d\u00f3nde va a decirla? \u00bfA P\u00e9rigueux donde ha sido ordenado? \u00bfEn presencia de su obispo? \u00bfO a Toulouse delante de sus maestros? \u00bfO en alguna capilla se\u00f1orial, que se le ofreci\u00f3 sin duda? Escogi\u00f3 una capilla aislada en medio de los bosques, en la cima de una colina que domina un vasto horizonte. No tiene por todo decorado m\u00e1s que un altar dedicado a Mar\u00eda; es un antiguo oratorio a donde los monjes benedictinos llegaron en tiempos pasados a orar en el silencio y la soledad. Es all\u00ed donde se encierra la Virgen, sin otros asistentes que un anciano sacerdote y un ayudante. \u00abSe le ha o\u00eddo decir, escribe su primer historiador, Abelly, que ten\u00eda tal aprensi\u00f3n por la majestad de esta acci\u00f3n tan divina, que temblaba por ello y que, no teniendo el valor de celebrarla p\u00fablicamente, escogi\u00f3 m\u00e1s bien decirla en una capilla retirada, asistido tan solo por un sacerdote y un ayudante\u00bb.<\/p>\n<p>Esta vez no echamos de menos el silencio de los documentos o de los testimonios. Este sacrificio, cuya fecha exacta se nos escapa y cuyo lugar incluso no se deduce m\u00e1s que de tradiciones y conjeturas, nos agrada imaginarlo en una especie de cumbre misteriosa, por encima de la tierra, semejante a aquella en que Mois\u00e9s conversaba con su Dios. La primera misa de san Vicente de Pa\u00fal, de quien deb\u00eda hacer tanto para enderezar, en la pureza del sacerdocio, a la Iglesia de Francia degenerada, ese es uno de esos acontecimientos que la historia no registra y que sin embargos est\u00e1n cargados de historia \u2013porque la Providencia ha colaborado en ello m\u00e1s que en tantos grandes gestos humanos.<\/p>\n<p>Parece ser que, nada m\u00e1s ordenarse, el joven sacerdote fue nombrado para una de las buenas parroquias de su di\u00f3cesis. Pero otro candidato la solicitaba ya, y plante\u00f3 oposici\u00f3n en la curia de Roma. Vicente le cedi\u00f3 el paso. Se qued\u00f3 en esta gran ciudad de Toulouse, donde su rastro se pierde de nuevo, durante cuatro a\u00f1os.<\/p>\n<h3><em>Un cadete de Gascu\u00f1a en apuros<\/em><\/h3>\n<p>Cuando le volvemos a ver, nos va a llevar lejos\u2026 Y haremos, como hizo Vicente sin quererlo, un viaje bastante curioso.<\/p>\n<p>En primer lugar, a principios de 1605, el bachiller en teolog\u00eda parte para Burdeos. \u00bfPor qu\u00e9? Por un asunto \u00abque su temeridad no le permite nombrar\u00bb. \u00bfSu temeridad? En otras palabras, \u00bfsu jactancia? Lo que quiere decir alg\u00fan puesto de importancia, que le habr\u00edan ofrecido, y que no desvela: este Gasc\u00f3n no vender\u00e1 nunca la piel del oso antes de cazarlo. La prosecuci\u00f3n del asunto requer\u00eda \u00abgrandes gastos\u00bb, al parecer. \u00bfCu\u00e1nto tiempo transcurri\u00f3 despu\u00e9s? \u00bfQu\u00e9 era exactamente? Poco nos importa, despu\u00e9s de todo: no se hallaba en los planes de la Providencia.<\/p>\n<p>De regreso a Toulouse, Vicente se entera de que se ha dado un testamento a su favor por una buena anciana de la ciudad, \u00abel bien de la cual consist\u00eda en algunos muebles y algunas tierras, que la C\u00e1mara bi-partida (cat\u00f3lica y reformados) de Castres le hab\u00eda adjudicado por trescientos o cuatrocientos escudos que un grand\u00edsimo granuja le deb\u00eda\u00bb. Es la buena suerte \u2013tanto m\u00e1s oportuna que, aparte de los grandes gastos que se han de hacer para Burdeos, no se estudia siete a\u00f1os la teolog\u00eda sin dejar detr\u00e1s de uno \u00abalgunas deudas\u00bb. El pensionado de j\u00f3venes se\u00f1ores no ha sido suficiente; por otra parte los padres, fieles a una costumbre desenvuelta de la \u00e9poca, \u00bfno se olvidaban de pagar al regente? Por ello, hay que convertir en realidad este sue\u00f1o. Vicente se encamina a los lugares, para vender el bien. All\u00ed, ve que \u00abel galante\u00bb se ha marchado del lugar, para escapar de una detenci\u00f3n que la buena mujer ten\u00eda contra \u00e9l. Se ha marchado y, llev\u00e1ndose a otra parte sus bribonadas, se mueve en Marsella, donde tiene \u00abbuenos medios\u00bb. \u00bfQu\u00e9 piedad con semejante hombre? Aconsejado por sus amigos, su procurador, Vicente quiere partir para Marsella. Pero los viajes cuestan mucho\u2026\u00bbNo teniendo dinero para resolverlo, vend\u00ed el caballo que hab\u00eda alquilado en Toulouse, estimando pagarlo al regreso\u00bb. Lo que le parece ser una soluci\u00f3n completa (su Panurgo)\u2026 Pero est\u00e1n las costumbres del tiempo, y la hermosa presunci\u00f3n de la juventud, que no cree que un mal paso lleve infaliblemente a otro. Tambi\u00e9n existe el remordimiento, que Vicente acabar\u00e1 por sentir. Ya que el caballo no fue abonado en mucho tiempo, aun cuando Vicente logr\u00f3 apresar a su hombre y sacarle los trescientos hermosos escudos, pagados al contado; pero malos azares sobrevinieron, pero el peque\u00f1o de Gasco\u00f1a, en lugar de reponerse, se hundi\u00f3 m\u00e1s, en una palabra, su \u00abdeshonor fue grande, por haber dejados sus negocios tan embarullados\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, corriendo tras su gal\u00e1n, deb\u00eda, de una peque\u00f1a escapada cl\u00e1sica, caer en la gran aventura. Un gentilhombre con quien se hab\u00eda alojado, le anim\u00f3 a volver por mar, de Marsella a Narbona, viaje m\u00e1s r\u00e1pido y menos costoso. El viento el deseado, la mar tranquila; pero \u00abDios permiti\u00f3\u00bb que tres bergantines turcos se presentaran de repente, les diesen la caza\u2026 Ca\u00f1oneo, abordaje, buena defensa; despu\u00e9s de todo, todo el mundo fuera de combate, no hubo otro medio que rendirse a estos \u00abfelones y peores que tigres\u00bb. Encadenados, curados groseramente, zarandeados ocho d\u00edas en el mar al ritmo de las correr\u00edas y robos de estos piratas, Vicente y su compa\u00f1ero son llevados por fin a Berber\u00eda y, apodados Espa\u00f1oles por temor al c\u00f3nsul de Francia, los ponen a la venta como esclavos.<\/p>\n<p>De esta forma se evaporaron los trescientos escudos penosamente arrancados al mal tipo de Marsella. As\u00ed acabaron, provisionalmente al menos, los l\u00edos de un joven Gasc\u00f3n en un mal de porvenir: durante dos a\u00f1os, en Berber\u00eda, bajo diversos amos, despojado de todo.<\/p>\n<h3><em>En cautividad<\/em><\/h3>\n<p>\u00abSu procedimiento al vendernos fue que despu\u00e9s de desnudarnos, nos entregaron a cada uno un par de calzones, un mant\u00f3n de lino con un gorro, nos pasearon por la ciudad de T\u00fanez\u2026 Tras darnos cinco o seis vueltas por la ciudad, con la cadena al cuello, nos devolvieron al barco para que los mercaderes pudieran ver qui\u00e9nes pod\u00edan comer y qui\u00e9nes no, para mostrar c\u00f3mo nuestras heridas no eran mortales; hecho esto, nos devolvieron a la plaza, donde los mercaderes vinieron a visitarnos, como se hace en la compra de un caballo o de un buey, haci\u00e9ndonos abrir la boca para visitar nuestros dientes, palp\u00e1ndonos las costillas, sondeando nuestras heridas y haci\u00e9ndonos andar al paso, trotar y correr, luego cargar peso y despu\u00e9s luchar para ver la fuerza de cada uno, y mil otras clases de brutalidades.<\/p>\n<p>Esto no es un episodio de novela; o al menos, si las novelas de entonces est\u00e1n llenas de combates de corsarios y de secuestros de cristianos, es que sus autores encontraban en la realidad estas aventuras pintorescas \u2013pintorescas para los que no las sufr\u00edan. Desde hac\u00eda un siglo, los Musulmanes establecidos en la costa norte de \u00c1frica, de T\u00e1nger a T\u00fanez, pirateaban el Mediterr\u00e1neo. El bandidaje se re\u00eda de los tratados que un\u00edan Francia con la Puerta. En vano nuestro comercio ve\u00eda abrirse los puertos y los mercados del Imperio otomano; en vano Enrique IV trataba con el Sult\u00e1n (1604), Richelieu con los Berberiscos: la pirater\u00eda continuaba, y los cruceros o las expediciones de represi\u00f3n no la atenuaban apenas. Mercanc\u00edas y vidas humanas, a merced de una sorpresa, ca\u00edan en manos de los piratas. Solamente la ciudad de Argel, al principio del siglo diecisiete contaba con veinte a treinta mil esclavos de diversas naciones. Antes de Vicente de Pa\u00fal, Cervantes, despu\u00e9s de \u00e9l, Regnard, sufrieron el mismo infortunio. Es estremecedor imaginar a estos tres hombres bajo el azote de los mercaderes de esclavos, estas tres flores de nuestra cultura en las manos de los salvajes. La Berber\u00eda estaba en nuestra puerta; mas para la gente de entonces, era un mal necesario: se defend\u00edan de \u00e9l por el descuido.<\/p>\n<p>Vicente mismo no se queja. Discreci\u00f3n o decencia, \u00a1qu\u00e9 tono de \u00abhombre honrado\u00bb en su larga carta a Comet sobre su cautiverio! Pero su descripci\u00f3n nos basta para evocar sus sufrimientos f\u00edsicos y morales. Afortunadamente, no cay\u00f3 bajo amos demasiado malos. El pescador que le compr\u00f3 el primero se sinti\u00f3 enga\u00f1ado por la mercanc\u00eda: un esclavo que no soportaba el mar. Se deshizo pronto de \u00e9l, y Vicente cay\u00f3 en manos de un hombre m\u00e1s interesante. Era un m\u00e9dico espag\u00edrico (alquimista) \u00abel cual hab\u00eda trabajado cincuenta a\u00f1os en la b\u00fasqueda de la piedra filosofal: en vano en cuanto a la piedra, pero con toda seguridad en otras clases de transmutaci\u00f3n de metales\u00bb. El trabajo no era demasiado duro: mantener el fuego de diez a doce hornos donde coc\u00edan las cocinas misteriosas. Se conversaba, se discut\u00eda de mil y mil cosas, entre gente uno y otro de vieja cultura. El anciano \u00abhac\u00eda todos los esfuerzos para atraerme e su ley\u00bb (religiosa) \u2013y Vicente, estad seguro, para atraer al anciano a la suya; \u00a1vaya justa, qu\u00e9 debates, y c\u00f3mo se desear\u00eda haber estado all\u00ed! Pero no estaba en la edad para cambiar las ideas del mundo; y el otro aunque joven, era un Gasc\u00f3n cabezudo. El espagirita sin embargo le hab\u00eda tomado amistad a este muchacho maligno, curioso, que serv\u00eda tan bien; le ofrec\u00eda como al hijo de su coraz\u00f3n, su sucesi\u00f3n espiritual: \u00abmucha riqueza, y todo su saber\u00bb. Se ve en la pared del antro a sombra del Tentador: \u00abTe dar\u00e9 todos los reinos de este mundo\u2026\u00bb La cabeza, por suerte, no le dio vueltas: Vicente no se hizo Musulm\u00e1n y no se vio a un baj\u00e1 Depaul, como se vio poco despu\u00e9s a un baj\u00e1 Bonneval\u2026<\/p>\n<p>El \u00abGran Sult\u00e1n\u00bb le orden\u00f3 que fuera a trabajar con \u00e9l, y el alquimista parti\u00f3 de mala gana, pereciendo por el camino. Vicente cay\u00f3 en las manos de un hombre originario de Niza en Saboya, que cultivaba un dominio o <em>Temat. <\/em>Se hab\u00eda hecho renegado como tantos otros desdichados, tentados por las ventajas que conced\u00edan los Berberiscos a los que abjuraban la religi\u00f3n de Cristo. Buen sectario y aprovechado del Cor\u00e1n, pose\u00eda tres mujeres. Vemos a Vicente en un har\u00e9n. \u00abUna de ellas era una Griega cristiana (pero cism\u00e1tica); ten\u00eda un hermoso car\u00e1cter y me ten\u00eda mucho cari\u00f1o\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9 no? Los d\u00edas eran largos en el temat de la monta\u00f1a y no se tiene a menudo para pasar las horas a un esclavo de esta calidad. Despu\u00e9s de la Griega, vino la Turca a mariposear en torno a Vicente. \u00bfCelos de la otra mujer, curiosidad, ociosidad? No importa: el Diablo se sirve de todo, pero Dios tambi\u00e9n. Y vemos que esta Turca, que se convierte, sin saberlo, en el instrumento de \u00abla inmensa misericordia de Dios\u00bb. En efecto, \u00abcuriosa como era por conocer nuestra manera de vivir, ella me ven\u00eda a ver todos los d\u00edas a los campos donde yo cavaba\u00bb. Lejos de las miradas, en la monta\u00f1a caliente y desierta, ella llega; ellos hablan, y Vicente, suavemente, d\u00eda a d\u00eda, le hace \u00abun relato de nuestro Dios\u00bb. Es todo lo que \u00e9l dice, pero a\u00f1adamos el resto. Poco a poco el atrae a esta alma, y la ilumina. Un d\u00eda cansada de escuchar hablar, la Turca le pide que cante. \u00abCantadme, le dice ella, las alabanzas de vuestro Dios\u00bb. Vicente no ten\u00eda la\u00fad, ni tal vez voz; pero \u00bfqu\u00e9 importa? \u00abAl recordar el <em>Quomodo cantabimus in terra aliena <\/em>de los hijos de Israel cautivos en Babilonia me dio fuerzas para comenzar, con l\u00e1grimas en los ojos, el salmo <em>Super flumina Babylonis<\/em> y luego el <em>Salve Regina <\/em>y otras cosas m\u00e1s, que le satisfizo tanto que la maravilla fue mayor\u00bb.<\/p>\n<p>Su maravilla fue grande, s\u00ed, ya lo creo. Muchas veces sin duda, privado de todas las cosas que le eran queridas, y en especial del Santo Sacrificio, el cautivo ha cantado para s\u00ed el c\u00e1ntico del exilio. Esta vez, cuando el salmo brota de sus labios, est\u00e1 cargado con toda su larga nostalgia. Las mujeres prefieren las razones del coraz\u00f3n a los argumentos. Aquellas las comprende la Turca; ella escucha y llora. Nunca, piensa ella yo he amado a mi Dios como este extranjero ama al suyo. Este Dios desconocido, ella le siente presente, ella experimenta un \u00abplacer tan divino\u00bb que el Allah de Mahoma no le parece m\u00e1s que un \u00eddolo.\u00bbElla no cre\u00eda que el Para\u00edso de sus padres y el que ella esperaba un d\u00eda fuera tan glorioso y acompa\u00f1ado de tanto gozo como el placer que sent\u00eda mientras yo alababa a mi Dios, concluyendo que hab\u00eda alguna maravilla\u2026\u00bb<\/p>\n<p>En los muros de nuestras catedrales, se ven estatuas que representan, frente a la Fe, a la humanidad infiel, bajo los rasgos e una mujer con los ojos vendados, as\u00ed esta Musulmana, de pie junto al extranjero quien le ha revelado al Dios de los cristianos. De pronto, cae el vendaje de sus ojos, la luz de Cristo la deslumbra. Instante de emoci\u00f3n sagrada, pero humana tambi\u00e9n; instante de \u00abdivino placer\u00bb, para nosotros como para la Musulmana. Yo no le he conocido de esta calidad, de esta frescura arrebatadora, en la vida de Vicente de Pa\u00fal. O al menos, los dem\u00e1s, los ocultar\u00e1 cuidadosamente, \u00ablos enterrar\u00e1 bajo el velo del silencio\u00bb. La carta a Comet es casi la \u00fanica expansi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, y adem\u00e1s no la tendr\u00edamos, sin la piadosa astucia de un secretario que, m\u00e1s tarde, la salv\u00f3 para nosotros, a pesar del Santo\u2026<\/p>\n<p>Plena de su descubrimiento maravilloso, la mujer se lo comunic\u00f3 a su marido. Y as\u00ed ella lo atrajo a la fe de sus padres, que no le hab\u00eda parecido tan bella\u2026 Vicente intervino sin duda y sac\u00f3 al mismo tiempo a su amo de la apostas\u00eda y a s\u00ed mismo de la esclavitud. Ya que el renegado, no pudiendo abnegar en Berber\u00eda, decidi\u00f3 regresar a Francia. La aventura era peligrosa; diez meses transcurrieron antes de poder lograr escaparse en un \u00abpeque\u00f1o esquife\u00bb, que abord\u00f3 sin contratiempo en Aguas-muertas, el 28 de junio de 1607. De all\u00ed se dirigieron a Avignon, donde toda la historia fue contada al Sr. Vice-Legado, Pedro Montorio y el renegado recibido p\u00fablicamente en la iglesia de San Pedro, en honor de Dios y edificaci\u00f3n de los espectadores.<\/p>\n<p>De esta forma el cautivo no ha perdido estos dos a\u00f1os. Fuera de la conversi\u00f3n y del regreso de sus amos, \u00e9l ha edificado, no lo dudemos, a muchos compa\u00f1eros. Sobre todo ha conocido sus sufrimientos y medido la miseria moral de los esclavos cristianos: se trata de esas cosa que se guarda en el coraz\u00f3n y que, un d\u00eda u otro, cuando Dios quiera le inspirar\u00e1n una obra que emprender. Vicente no deja que nada se escape. Es un hombre que lleva largamente en s\u00ed mismo, y de pronto echa mano de las profundidades de su experiencia silenciosa, una idea ya madura. Nunca ha hablado de su cautividad en Berber\u00eda. Pero sigue pensando en ello. Lo veremos cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde. Y se pone uno a pensar que la Providencia ha puesto estos tres bergantines en la ruta de Narbona, para obligar a Vicente a ir a ver la Berber\u00eda.<\/p>\n<h3><em>En Roma<\/em><\/h3>\n<p>Pedro de Montorio viajaba corrientemente a Roma: se llev\u00f3 a su penitente quien decididamente se arrepent\u00eda de veras, y quer\u00eda inscribirse en la cofrad\u00eda de los <em>Fate bien<\/em> <em>Fratelli<\/em>. Pero se lleva consigo a Vicente. \u00bfPor qu\u00e9? Porque Vicente le ha conquistado ya. Por lo que se deduce, las razones de esta conquista son desigualmente v\u00e1lidas. La piedad, la inteligencia, las buenas costumbres del joven han impresionado a este hombre de Iglesia. Pero tambi\u00e9n algunos juegos de alquimia que el cautivo ha aprendido de su estagirita y que le chiflan al Vice-Legado\u2026 quiere continuar instruy\u00e9ndose, y quiere deslumbrar a los prelados en la Curia romana, a quienes apasiona por igual el arte herm\u00e9tico. Excus\u00e9mosle enseguida. El gusto de estos secretos maravillosos era muy grande en todo ese siglo (existen bastantes ejemplos en Francia), y la gente m\u00e1s culta se daba furiosamente a la magia. La gente de la Iglesia tambi\u00e9n, seg\u00fan parece. Antes de escandalizarse, se ha de saber que la alquimia se distingu\u00eda mal, o en absoluto, de la qu\u00edmica; que la astrolog\u00eda parec\u00eda de un uso leg\u00edtimo; y que la curiosidad por las cosas de la naturaleza no ten\u00eda otro alimento que estas investigaciones. Entre la ciencia y la magia negra, exist\u00edan dudosas fronteras. Y adem\u00e1s, no todo era descabellado en la alquimia, ni siquiera la famosa transmutaci\u00f3n de los metales, cuyas modernas teor\u00edas sobre la unidad de la materia nos acercan singularmente\u2026 Sin duda, el peligro de extraviarse era grande, en esta selva m\u00e1s sendereada; pero Pedro de Montorio no daba muestras de una curiosidad malsana queriendo penetrar en ella, de un poco de puerilidad tal vez, y de vanagloria bastante risible; Ya que \u00abmi dicho Se\u00f1ores tan celoso (de estos secretos que le ense\u00f1o), que no quiere que me arrime a nadie por miedo a que se lo ense\u00f1e deseando tener para s\u00ed solo la reputaci\u00f3n de saber estas cosas, las cuales hace ver a veces a Su Santidad y a los Cardenales\u2026\u00bb Por \u00faltimo, era una manera para Montorio de hacer su curia\u2026 Excusemos a Vicente haber hecho la suya por los mismos medios ante Montorio. Pues es precioso tener a la vez \u00abla buena mesa y el buen ojo del Legado; y el encanto de visitar Roma, y la seguridad despu\u00e9s de todo de que se le mira bien y que se le proporcionar\u00e1 pronto alg\u00fan beneficio en Francia.<\/p>\n<p>Como el Vicente de Pa\u00fal de entonces en Roma es f\u00e1cil de leer; se ha retratado \u00e9l mismo en una o dos cartas, con una amable cubierta. Salvado de una penosa esclavitud, tiene, seg\u00fan parece, una especie de alivio feliz, de confianza en la Providencia y en su fortuna. Visita Roma con regocijo; entra en su patria cristiana, se le oye cantar, despu\u00e9s del c\u00e1ntico del exilio, el himno del regreso. \u00abSent\u00ed tanto consuelo al verme en esta ciudad maestra de la cristiandad, donde est\u00e1 la cabeza de la Iglesia militante, donde est\u00e1n los cuerpos de San Pedro y de san Pablo\u2026 Me sent\u00eda dichoso de caminar por la tierra por la que tantos grandes santos hab\u00edan caminado\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Luego, vuelve a sus estudios; una especie de purificar el esp\u00edritu tras dos a\u00f1os de trabajos serviles. Despu\u00e9s, piensa en su porvenir, y la imagen que se figura no ha cambiado; es un beneficio que le asegure \u00abuna honrosa retirada\u00bb. Su ambici\u00f3n sigue modesta: volver con los suyos, darse al estudio y a la oraci\u00f3n, socorrer a algunos desafortunados con sus rentas; \u00a1nada de grandezas ni de l\u00edos! Vicente tiene poca imaginaci\u00f3n; ama, como hijo de campesinos, las realidades s\u00f3lidas y pac\u00edficas. Y las que \u00e9l entrev\u00e9, las persigue con suficiente ingenuidad, y tenacidad. Dos, tres cartas urgentes, a sus amigos de Francia son para pedir los papeles de ordenaci\u00f3n, los de los grados de teolog\u00eda, necesarios para el nombramiento que postula. Estos papeles se pierdan, hay que tener los otros. Vicente multiplica las llamadas, las precauciones. \u00bfPor qu\u00e9 reproch\u00e1rselo, o creernos v\u00edctimas de un piadoso pudor? Por lo menos tenemos a la vista a un hombre, y no a un santo de conveniencia. En 1607, a los veintis\u00e9is a\u00f1os, Vicente es un buen sacerdote, m\u00e1s puro y m\u00e1s digno seguramente que tantos otros; pero quiere ser due\u00f1o de su vida, y llevarla seg\u00fan la sabidur\u00eda humana.<\/p>\n<p>Mientras tanto, no se olvida de las deudas dejadas en Toulouse. Y est\u00e1 resuelto a pagarlas. Pero, bien pensado, conserva a la vista, hasta su regreso de Roma, las sumas que podr\u00eda ya enviar all\u00ed, \u00abpara evitar los accidentes que pudieran ocurrir\u00bb. Y piensa, con una hermosa confianza, que \u00abtodo ese esc\u00e1ndalo se convertir\u00e1 en bien\u00bb. Nosotros tambi\u00e9n, pero en fin\u2026<\/p>\n<p>Cu\u00e1ntos otros es verdad, llevaban m\u00e1s ligeramente, entonces, los escr\u00fapulos de esta naturaleza!<\/p>\n<h3><em>La llegada a Par\u00eds.<\/em><\/h3>\n<p>Vicente volvi\u00f3 de Roma a principios de 1608: no con un beneficio, sino, al parecer, con una misi\u00f3n diplom\u00e1tica: nueva peripecia.<\/p>\n<p>Hab\u00eda frecuentado mucho la curia pontificia, siguiendo los pasos de su protector. Con tal que fuera mudo sobre los secretos de la Grande Oeuvre (la transmutaci\u00f3n de los metales en oro), le contrataban para instruirse y para agradar. All\u00ed como en todas partes, Vicente se hizo apreciar, \u00abquerer y acariciar\u00bb. Que despu\u00e9s de seis u ocho meses de estancia este joven sacerdote haya sido escogido por el Papa Pablo IV, antes que a otros grandes astutos personajes para una misi\u00f3n confidencial ante el rey de Francia es un impresionante testimonio de la fineza de su esp\u00edritu, como de su seriedad, su discreci\u00f3n y de su seguridad. Ahora bien, \u00bfde qu\u00e9 se trataba? \u00bfde un asunto de orden privado, de un gran plan pol\u00edtico, de una coalici\u00f3n contra la casa de Austria, en la que el Papa deb\u00eda entrar con los Venecianos, el duque de Saboya, el Gran duque de Toscana, sin hablar de las grandes potencias? Las conjeturas siguen abiertas. No era todav\u00eda el tiempo de la diplomacia en la plaza p\u00fablica.<\/p>\n<p>Sea lo que fuere, Vicente vino a Par\u00eds, y vio al rey. En varias ocasiones, nos cuentan. El Bearn\u00e9s y el Land\u00e9s, frente a frente\u2026 Se los ve, prob\u00e1ndose, explor\u00e1ndose uno al otro. Casi compatriotas \u2013y dos esp\u00edritus desligados, que sienten cierto placer en entenderse con medias palabras\u2026<\/p>\n<p>Luego todo queda en el silencio, la historia no escribe en sus tablillas ning\u00fan resultado de estas entrevistas-1.<\/p>\n<p>Por eso, piadosos historiadores exclaman de admiraci\u00f3n ante la virtud del Santo, que rechaza los presentes de Artajerjes, y desciende las escaleras del Louvre pobre como las ha ascendido. En estos pelda\u00f1os, grandes figuras le hacen cortejo: B\u00e9rulle rechazando los obispados y las abad\u00edas. Francisco de Sales neg\u00e1ndose a abandonar a \u00absu pobre esposa de Saboya\u2026\u00bb<\/p>\n<p>M\u00e1s modestamente, digamos que hay en ello algo bastante curioso. No se puede dudar que Henrique IV haya ofrecido alguna recompensa. \u00c9l andaba coqueteando con los hombres de Iglesia; \u00e9l discern\u00eda entre ellos los verdaderos m\u00e9ritos, y se dedicaba a empujarlos. Yo pensar\u00eda mejor que lo que ofreci\u00f3 no agrad\u00f3; el negociante, ingenua o sabiamente, lo rechaz\u00f3. Se deb\u00eda a su beneficio prometido por Montorio; ten\u00eda m\u00e1s confianza en la palabra del Legado que en la tentaci\u00f3n del monarca. Debi\u00f3 desaparecer cort\u00e9smente, dejarlo para otra ocasi\u00f3n; Enrique IV, ocupado en otros asuntos, le dej\u00f3 irse. No trato de decir c\u00f3mo pasaron las cosas; adelanto una explicaci\u00f3n que me parece conforme al estado de esp\u00edritu de Vicente en esta \u00e9poca. No ha sido nunca un ambicioso: m\u00e1s bien un obstinado de oscuridad. No se cree hecho para los grandes desempe\u00f1os; no los quiere. Como se le ha visto deslizarse entre las manos de estos buenos Se\u00f1ores que quieren levantarle alto, ocupado tan solo en su peque\u00f1a idea propia. \u00c9l sigue su pendiente que va hacia una vida tranquila. Por lo dem\u00e1s, yo no me atrevo a decir que no haya en ello otra cosa que humana, una vista de la Providencia; y consiento en que haya puesto en su rechazo humildad cristiana, y tambi\u00e9n algo que se nos escapa: tal decisi\u00f3n que hacemos un d\u00eda no sale siempre de nuestra clara voluntad, ni siquiera de nuestro inconsciente: sino de un misterio m\u00e1s profundo a\u00fan, donde se percibe la mano de Dios, en la sombra.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Notas: 1. Esto no tiene importancia. La part\u00edcula no testimoniaba ninguna nobleza, y muchos de los que la llevaban la un\u00edan a su nombre. Vicente firma con una sola palabra, pero a veces con iniciales. V.D. P. En las catas p\u00fablicas o notariales se ven los dos modos de escribir el nombre. No introduzcamos, en estas variaciones de la ortograf\u00eda, un pensamiento de humildad.<\/p>\n<p>2. A menos que no entendiera con ello \u2013cosa bien posible- que sus estudios en Dax no le hab\u00edan llevado m\u00e1s lejos que hasta Toulouse, no hab\u00eda sido inscrito en ning\u00fan Colegio regular, y que guardara as\u00ed el sentimiento de estudios irregulares, a fuerza de trabajo, -una cultura de autodidacta. No lo tomemos tan a la letra, pero no creamos tampoco que lance bromas por el placer de humillarse.<\/p>\n<p>3. ten\u00eda apenas diecisiete a\u00f1os. Aqu\u00ed comienza la irregularidad que veremos que sigue hasta la ordenaci\u00f3n. Vicente de Paul fue ordenado sacerdote mucho antes de la edad requerida por el concilio de Trento (lo que era frecuente en aquel tiempo de desorganizaci\u00f3n y de abuso). Todos sus bi\u00f3grafos siguiendo a Abelly han tratado de disimular la cosa haci\u00e9ndole nacer cinco a\u00f1os antes\u2026 El Sr. Coste ha amplia e irrefutablemente demostrado que hab\u00eda nacido en 1581, y no en 1576, y por ello que fue ordenado sacerdote <em>a los diecinueve a\u00f1os. <\/em><\/p>\n<p>4. La capilla de Nuestra Se\u00f1ora de Gracia de Buzet depend\u00eda de la abad\u00eda de Nuestra Se\u00f1ora de Conques. No era ya, en 1600, m\u00e1s que una capilla votiva.<\/p>\n<p>5. En la misma frase, habla de un renegado que va a entrar en un \u00abaustero convento\u00bb, y de s\u00ed mismo que se va a proveer de \u00abalg\u00fan buen beneficio\u00bb.<\/p>\n<p>6. Se ha de confesar que no existe ning\u00fan rastro de esta misi\u00f3n en los Archivos de los Asuntos extranjeros. Al Sr. Coste se le ocurre dudar que haya tenido lugar. No me uno a la tradici\u00f3n, al reconocer que es muy dudosa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo I: Los comienzos de una carrera humana Un peque\u00f1o campesino que se levanta. \u00bfHab\u00e9is visto, en alguna pac\u00edfica ciudad de provincias, un d\u00eda de vuelta al colegio? \u00bfRecord\u00e1is esas caras enrojecidas de peque\u00f1os campesinos, &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-renaudin-capitulo-1\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":404925,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[218,168,224,152,117,267,185,116],"class_list":["post-72609","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-argel","tag-berulle","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-pouy","tag-saint-martin","tag-tarbes","tag-tunez"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>San Vicente de Pa\u00fal (Renaudin). 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