{"id":6936,"date":"2009-05-09T19:06:19","date_gmt":"2009-05-09T18:06:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/05\/09\/vicente-de-paul-conferencia-098-humildad-caridad-obediencia-paciencia\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:22","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:22","slug":"vicente-de-paul-conferencia-098-humildad-caridad-obediencia-paciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-098-humildad-caridad-obediencia-paciencia\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 098: Humildad, caridad, obediencia, paciencia"},"content":{"rendered":"<p><em>(14.007.58)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>(Reglas Comunes, art. 42)<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, hemos llegado finalmente a la regla 42, que dice lo siguiente: \u00abAunque su vocaci\u00f3n requiere que se esfuercen durante toda su vida en practicar toda clase de virtudes para imitar a su modelo Jesucristo, pondr\u00e1n sin embargo una atenci\u00f3n m\u00e1s particular en las que est\u00e1n representadas por los cuatro extremos de la cruz, a saber la humildad, la caridad, la obediencia y la paciencia. Por eso obrar\u00e1n de tal modo que sus acciones est\u00e9n animadas de esas virtudes y pensar\u00e1n que sin ellas ser\u00eda in\u00fatil que llevaran siempre sobre s\u00ed una cruz material\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, este art\u00edculo dice que, aunque las hijas de la Caridad est\u00e9n obligadas a ejercitarse en la pr\u00e1ctica de todas las virtudes, tienen que practicar durante toda su vida especialmente cuatro, obrando de tal forma que en cada una de las acciones que hag\u00e1is y en cada una de las palabras que pronunci\u00e9is aparezcan estas cuatro virtudes, que est\u00e1n representadas en los cuatro extremos de la cruz del Hijo de Dios, tal como indica la regla. Hab\u00e9is escogido a Nuestro Se\u00f1or por Esposo y ten\u00e9is que tener vuestros ojos puestos en \u00e9l para imitarle, lo mismo que todos los que se han apartado, o mejor dicho ha apartado \u00e9l mismo, de las heces de este mundo. Pues bien, vosotras sois de ese n\u00famero, ya que hab\u00e9is tomado a Jesucristo por Esposo y \u00e9l os considera como esposas. Pero no es eso todo. Ten\u00e9is que llevar su librea, tomar las armas que \u00e9l emple\u00f3, estar vestidas como \u00e9l e imitarlo todo cuanto pod\u00e1is en su inter\u00e9s por aprovechar todas las ocasiones de obrar o de sufrir que se le ofrecieron durante su vida mortal. Pues bien, si Nuestro Se\u00f1or practic\u00f3 toda clase de virtudes, vosotras deb\u00e9is tener el deseo de imitarle en todas ellas.<\/p>\n<p>Dios os lo pide, hijas m\u00edas. El se mostr\u00f3 siempre conforme con la voluntad de su Padre y desea que conform\u00e9is en todo vuestra voluntad a la suya. El dijo de s\u00ed mismo que cumpl\u00eda la voluntad de su Padre celestial y nosotros debemos estar dispuestos a conformar nuestra voluntad con la suya, no s\u00f3lo en las cosas divinas, sino incluso en las temporales. El exige de vosotras que todas sus virtudes sean tambi\u00e9n virtudes vuestras, que vuestras pr\u00e1cticas sean conformes a las suyas, no s\u00f3lo en las cosas espirituales, sino tambi\u00e9n en las corporales que \u00e9l practic\u00f3 sobre la tierra, de forma que hay que convertir en realidad el que una hermana de la Caridad sea equivalente a una hermana cuyas acciones, palabras y pensamientos son totalmente otras tantas pr\u00e1cticas de virtud. S\u00ed, decir hija de la Caridad es decir que esa hermana tiene que ejercer todas las virtudes y en todas las circunstancias en que sea necesario practicarlas. As\u00ed pues, hijas m\u00edas, pensad que todas vosotras no s\u00f3lo est\u00e1is obligadas a practicar una o dos virtudes, sino todas. Entregaos a Dios para practicar todas las virtudes que \u00e9l pide de vosotras, con las personas a las que se os asocie y en los lugares adonde se os env\u00ede, aunque sea a cien leguas o m\u00e1s lejos todav\u00eda, y esto por amor a vuestro Esposo, que os ha dado ejemplo de todas las virtudes y que os ha inspirado la idea de abandonar el mundo, los parientes y todas las pretensiones que pod\u00e1is tener, por amor suyo.<\/p>\n<p>\u00bfNo es \u00e9se, hijas m\u00edas, el motivo que os ha tra\u00eddo aqu\u00ed? \u00bfEs posible que una hermana que, despu\u00e9s de haber renunciado a todo lo que m\u00e1s quer\u00eda, se va a vivir a m\u00e1s de cien leguas, pueda verse llevada a una empresa tan generosa por un motivo distinto del amor de Dios y el deseo de servirle con mayor perfecci\u00f3n que en el mundo? \u00bfQu\u00e9 raz\u00f3n hay para pensar que alguna de vosotras haya venido aqu\u00ed por otro motivo, como podr\u00eda ser la ligereza o la curiosidad? No tenemos raz\u00f3n alguna para creerlo as\u00ed. Entonces, hijas m\u00edas, hab\u00e9is dejado el mundo y os hab\u00e9is entregado a Dios; no os arrepint\u00e1is de ello. Lo hab\u00e9is dejado de coraz\u00f3n; le hab\u00e9is dicho adi\u00f3s a todas sus m\u00e1ximas; hab\u00e9is dicho: \u00abNo quiero vivir en adelante m\u00e1s que para Dios\u00bb. Esta es, mis queridas hermanas, la disposici\u00f3n que debisteis de tener al entrar aqu\u00ed y la que sigo esperando de vosotras; sin ella los santos no ser\u00edan santos; no podr\u00edan haber llegado a la santidad sin haber dejado antes todas las cosas, al menos su afecto a las mismas.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, alegraos en estos momentos y decid: \u00abSalvador m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 sal\u00ed yo de mi pueblo? \u00bfQui\u00e9n me hizo venir a Par\u00eds? Es f\u00e1cil averiguar si ha sido tu amor; \u00bfC\u00f3mo?: si he venido a esta casa sin m\u00e1s pretensiones que la de servirte, sin pensar en ning\u00fan placer del cuerpo y en ning\u00fan deleite del esp\u00edritu, sino solamente para entregarme por completo al servicio de los pobres\u00bb. Si esto es as\u00ed, mis queridas hermanas, como hay motivos para creer, ten\u00e9is que esperar todas las gracias necesarias para convertiros en verdaderas esposas de Nuestro Se\u00f1or mediante la pr\u00e1ctica de todas las virtudes. \u00a1Animo! Hay que esperar que Dios os conceda la gracia de llegar a la perfecci\u00f3n que pide de vosotras.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, consolaos con este pensamiento, cuando vay\u00e1is a visitar a los enfermos y en todo lo que hag\u00e1is: \u00abHe de esperar de la bondad de Dios, puesto que es \u00e9l el que me ha llamado para esto, que me conceder\u00e1 la gracia de hacerlo virtuosamente\u00bb. Hijas m\u00edas, \u00bfacaso no ten\u00e9is derecho a esperarlo as\u00ed? \u00a1Salvador m\u00edo! \u00a1Ir a buscar la ocasi\u00f3n para servirte a cuarenta y cincuenta leguas, dejar el padre y la madre y todos los parientes por eso! \u00bfY va a negaros Dios su asistencia? No; esperad que Dios os dar\u00e1 la gracia de agradarle en todo cuanto hag\u00e1is. Mirad, hijas m\u00edas, mantened firme esta confianza, pues una de las principales cosas para adquirir la virtud es la confianza en Dios, como lo hab\u00e9is o\u00eddo \u00faltimamente. Dec\u00edos, pues, a vosotras mismas: \u00abBien; me dicen que he de abandonar todas las costumbres del mundo para tomar las de Nuestro Se\u00f1or. Por m\u00ed misma no puedo hacerlo, pero espero que Dios me dar\u00e1 la gracia de conseguirlo y de obrar de tal forma que en mis obras no se vea nada que no le sea agradable, que no haya nada en mis ojos, ni en mi rostro, ni en mi aspecto, que no est\u00e9 dentro de la modestia, que no salgan de mis labios palabras que puedan desedificar a mi pr\u00f3jimo. Con la gracia de Dios espero practicar todas las virtudes con la perfecci\u00f3n que \u00e9l desea que las practique\u00bb. As\u00ed pues, hijas m\u00edas, tened esta confianza en Dios.<\/p>\n<p>Pero, padre, \u00bfes posible que una pobre muchacha aldeana pueda llegar a la perfecci\u00f3n que usted dice?\u00a0 &#8211; S\u00ed, hijas m\u00edas, pod\u00e9is conseguirlo lo mismo que las religiosas.<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo! \u00bfPuede una pobre mujer pretender la perfecci\u00f3n de esas personas distinguidas que han entrado en el claustro, inclinadas naturalmente al bien y a todo lo referente a la honestidad y a la educaci\u00f3n cristiana, y a quienes tanto les cuesta alcanzar todas las cualidades requeridas de alma y de cuerpo? \u00bfPuede decirse de las pobres hijas de la Caridad que son capaces de igualar en virtud a esas personas educadas de esa forma? \u00bfPuedo yo esperar esa perfecci\u00f3n, si no me han instruido m\u00e1s que en las cosas del campo? \u00bfY dice usted, padre, que debo tender a eso y que he de practicar todas las virtudes? &#8211; S\u00ed, hija m\u00eda, hay que esperar llegar a esa misma perfecci\u00f3n. Mis queridas hermanas, \u00a1si supierais lo que es la confianza en Dios y lo que puede un alma que est\u00e1 bien asentada en ella! Lo que ten\u00e9is que prever es que las tentaciones de la carne y del esp\u00edritu no dejar\u00e1n de inclinaros a la cobard\u00eda y al descorazonamiento.<\/p>\n<p>\u00a1C\u00f3mo! \u00bfSer\u00e1 menester que me levante todos los d\u00edas a las cuatro, que vaya a la oraci\u00f3n, que est\u00e9 dispuesta a ir y a venir a cualquier parte, a servir a los pobres sin descanso? \u00a1Y tendr\u00e9 que hacer esto durante toda mi vida! Si se tratase s\u00f3lo de Par\u00eds, pase. \u00a1Pero ir a las aldeas, verme expuesta a tantos peligros por los caminos! Eso no est\u00e1 bien para una mujer. No tengo fuerzas para resistirlo.\u00a0 &#8211; \u00a1Ay!, mis queridas hermanas, cuando se os ocurran esas ideas, que necesariamente provienen del demonio, decid: \u00abTienes raz\u00f3n, esp\u00edritu maligno, tienes raz\u00f3n; mi carne corrompida me obliga a dudar de mis fuerzas, porque por m\u00ed misma no puedo nada; si me fijo solamente en m\u00ed, estoy segura de que no puedo hacer nada que valga la pena. Pero, cuando pienso en que Dios trabajar\u00e1 por m\u00ed, lo mismo que un padre que lo hace todo por su hijo, cuando conf\u00edo en su bondad y pienso que \u00e9l vela por todo lo que se necesita para mi bien, entonces espero que \u00e9l ser\u00e1 mi fortaleza. Un padre trabaja por su hijo peque\u00f1o, porque \u00e9ste no puede trabajar por s\u00ed mismo; y el hijo no tiene por qu\u00e9 preocuparse de nada, dejando a su padre el cuidado de todo lo que necesita. \u00bfPor qu\u00e9 no voy a hacer yo lo mismo, si s\u00e9 que es un buen padre? Quiero esperar que Dios me conceder\u00e1 la gracia de practicar mis reglas. Y aunque me asuste el pensar que tengo que practicar todas las virtudes, la verdad es que no puedo hacerlo por m\u00ed misma\u00bb. Y decid con-osad\u00eda: \u00abEs verdad que no lo puedo con mis fuerzas solamente, pero tengo la confianza de que Dios me conceder\u00e1 la gracia de hacerlo y de llevarlo a cabo con el esp\u00edritu debido, tal como se dice en la sagrada Escritura: decidle al hombre justo que no basta con que haga el bien y practique las virtudes, sino que tiene que hacerlo como es debido, esto es, con perfecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Pues bien, mis queridas hermanas, entre todas las virtudes que deb\u00e9is poseer, son cuatro las que ten\u00e9is que tener y practicar especialmente, ya que por ellas se conocer\u00e1 si sois hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Cuando los ap\u00f3stoles empezaron a predicar, al ver que ten\u00edan que separarse, se dijeron entre s\u00ed que era preciso ponerse de acuerdo en la forma de instruir al pueblo; entonces hicieron lo que se llama el s\u00edmbolo de los ap\u00f3stoles. San Pedro empez\u00f3 el primero y dijo: \u00abCreo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra\u00bb; los dem\u00e1s ap\u00f3stoles continuaron hasta el final y decidieron que \u00e9sa ser\u00eda la se\u00f1al por la que reconocer\u00edan a los que siguiesen su doctrina. De modo que los ap\u00f3stoles, temiendo que algunos se pusieran a imitar a los cristianos e introdujesen entre los fieles alg\u00fan mal prop\u00f3sito, dijeron: \u00abCuando nos encontremos con alguno que diga ser cristiano, le pediremos esta se\u00f1al. Si nos la da, la recibiremos como tal; si la ignora,le diremos: Si fueras cristiano, sabr\u00edas el s\u00edmbolo\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, \u00bfquer\u00e9is saber cu\u00e1les son las verdaderas hijas de la Caridad, entre todas aquellas que llevan el h\u00e1bito y el nombre? Son las que practican estas cuatro virtudes: la humildad, la caridad, la obediencia y la paciencia. Mostradme una hermana en la que resplandezca la humildad, una pobre mujer que no se estime en nada, que desee que la desprecien, bien sea sus superiores, bien las dem\u00e1s hermanas, que crea que no sirve para nada, que lo estropea todo y que todo lo hace de manera imperfecta, mostradme una hermana as\u00ed y os dir\u00e9 de ella que es una verdadera hija de la Caridad. Al contrario, ense\u00f1adme una en la que no se advierta la humildad, que aspire a ser m\u00e1s estimada que las otras, que desee pasar por una persona de val\u00eda en la Compa\u00f1\u00eda, llegar a altos cargos o ser sirviente, y entonces, \u00a1Salvador m\u00edo!, \u00e9sa es la ra\u00edz del orgullo, y del orgullo m\u00e1s necio, muy parecido al del esp\u00edritu maligno, que desea ocupar un lugar por encima de los dem\u00e1s. Una hermana que desee ser estimada, que en todo busque su propio provecho, que diga: \u00abTenemos tantos enfermos y estamos continuamente trabajando; pero, gracias a Dios, todo va bien\u00bb, diciendo esto para ser estimada, \u00e9sa no es una hija de la Caridad. La verdadera hija de la Caridad es la que lleva el ropaje de la caridad y de la humildad, la que siente un gran amor al desprecio, la que cree que va a fracasar en lo que se le ordena y que lo estropea todo en donde est\u00e1. Hijas m\u00edas, si veis entre vosotras a una hermana as\u00ed, decid: \u00abEsa es una verdadera hija de la Caridad; nunca la hemos visto hacer o decir nada que pudiera tender a buscar la propia estima\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a las otras que tienen las cualidades contrarias, aunque lleven el h\u00e1bito, os dir\u00e9 que no lo son en realidad. Llevan el nombre de hijas de la Caridad, pero no tienen caridad, que consiste en buscar la estima de los dem\u00e1s m\u00e1s que la propia nuestra.<\/p>\n<p>La se\u00f1al de una verdadera hija de la Caridad es lo contrario. Una persona que se tiene en un concepto elevado, que no es capaz de soportar ning\u00fan desprecio, ni en palabras ni en silencio, tiene muchos motivos para echarse a temblar. Esa es, pues, hijas m\u00edas, la gran se\u00f1al para ver si una hija de la Caridad es verdadera hija de la Caridad: si es humilde, si lleva esa hermosa vestidura, que es tan agradable a los ojos de Dios y de los hombres. \u00bfNo veis c\u00f3mo todas estim\u00e1is mucho a una hermana de la casa, cuando la veis practicar esta humildad? \u00a1Qu\u00e9 buena hermana!, decimos todos cuando hablamos de las difuntas. \u00bfNo os acord\u00e1is c\u00f3mo una de las principales virtudes que alabamos en ellas es la humildad? Cuando lleg\u00e1is a esta virtud, no lo dud\u00e1is. Me acuerdo de una de ellas, que ten\u00eda un sentimiento tan bajo de s\u00ed misma que ten\u00eda miedo de que todo lo que hac\u00eda estuviera mal hecho, lo mismo que Job, que dec\u00eda: Verebar omnia opera mea (2); ten\u00eda miedo de ofender a Dios en todo lo que hac\u00eda. Acordaos de aquel gran santo; tem\u00eda todas sus acciones. \u00bfY por qu\u00e9? Si \u00e9l hubiera estado aqu\u00ed, por ejemplo, habr\u00eda tenido miedo de no escuchar bien la predicaci\u00f3n a lo que se est\u00e1 diciendo, de haber concedido a su esp\u00edritu demasiada libertad para entretenerse en otras cosas; habr\u00eda tenido miedo de no haber elevado a Dios su coraz\u00f3n, al o\u00edr hablar de las virtudes que hemos dicho, diciendo: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo, conc\u00e9deme esa virtud!\u00bb; si hubiera dado limosna a los pobres, habr\u00eda tenido miedo de que fuera m\u00e1s bien por compasi\u00f3n natural que por un motivo sobrenatural.<\/p>\n<p>As\u00ed es como son las personas humildes y las que creen que no hacen nada bien. Tienen miedo en todas sus obras. Por el contrario, la que se cree con experiencia en todos los asuntos, la que se complace en verse estimada, no es una verdadera hija de la Caridad. \u00a1Salvador m\u00edo! Si hay algunas que se sienten en ese estado, hijas m\u00edas, que esas pobres hermanas procuren humillarse y tener miedo. Mirad, esto es lo que hace que se pierda la vocaci\u00f3n, ya que no hay miedo de que una hermana humilde salga de su casa, mientras que, por el contrario, es imposible que persevere una que no tenga humildad. El esp\u00edritu de orgullo, que le hace desear ser estimada, le obligar\u00e1 a pensar enseguida que no goza de la estima de sus superiores, que las oficialas no le demuestran ning\u00fan afecto y que las dem\u00e1s hermanas la desde\u00f1an. As\u00ed es como surge en ella la tristeza, la melancol\u00eda y el disgusto por su vocaci\u00f3n. Y m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde tendr\u00e1 que salir.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, amemos la humildad, pongamos inter\u00e9s en practicar esta virtud, tan querida por el Hijo de Dios que, para practicarla, quiso morir en una cruz a la vista de todo el mundo; pongamos inter\u00e9s en hacer actos de humildad tanto interiores como exteriores, y para ello dig\u00e1mosle a Nuestro Se\u00f1or: \u00abSalvador m\u00edo, conc\u00e9deme la gracia de amar el desprecio y de que no busque ser estimada, sino que prefiera todas las tareas m\u00e1s bajas y el \u00faltimo lugar de todos\u00bb. \u00bfEs posible que haya alguna que quiera ser la primera? \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Una pobre hermana querer ser apreciada en algo! \u00a1Pobre hija m\u00eda! \u00a1En qu\u00e9 situaci\u00f3n tan deplorable la ha puesto el esp\u00edritu de orgullo! Por consiguiente, tomemos la resoluci\u00f3n, si queremos evitar esa desdicha, de esforzarnos en adquirir la humildad, y entregu\u00e9monos a Dios para ello.<\/p>\n<p>La segunda virtud recomendada a las hijas de la Caridad es la misma caridad. Es lo que nos dice la regla cuando nos recomienda la pr\u00e1ctica de esta virtud, diciendo que ten\u00e9is que ser lo que vuestro nombre indica. Pues bien, si me pregunt\u00e1is qu\u00e9 es la caridad, es, hijas m\u00edas, amar a Dios sobre todas las cosas y, en segundo lugar, amar al pr\u00f3jimo por amor de Dios.<\/p>\n<p>Empezando por las hermanas, el amor al pr\u00f3jimo quiere que os esforc\u00e9is en amaros mutuamente y en soportaros en vuestras peque\u00f1as debilidades, comenzando por vosotras mismas. Es preciso que la caridad se extienda luego a los pobres para servirles con amor; a los ni\u00f1os, las que trabajan con ellos; amad a los pobres forzados. El nombre de la caridad que llev\u00e1is os obliga a entregaros con amor a todas estas tareas. Cuando est\u00e9is all\u00ed, ten\u00e9is que considerarlo como la obra de Dios y consideraros dichosas de veros empleadas en esas cosas que a los santos les gustar\u00eda hacer personalmente, si estuvieran en la tierra.<\/p>\n<p>Esas son, pues, dos se\u00f1ales de una verdadera hija de la Caridad: amar a las otras hermanas y a todos sus pr\u00f3jimos con cordialidad. Mis queridas hermanas, \u00e9sa es la se\u00f1al que dio Nuestro Se\u00f1or para que se conociera a sus disc\u00edpulos; les dec\u00eda: \u00abEn esto conocer\u00e1n que sois mis disc\u00edpulos, si os am\u00e1is mutuamente\u00bb. Pero, si los que no se aman as\u00ed quieren presumir del nombre, como Judas, aquel desgraciado que cometi\u00f3 aquel deicidio, no lo son en realidad. Hijas m\u00edas, mientras reine la caridad entre vosotras, la Compa\u00f1\u00eda edificar\u00e1 a todos. Pero apenas deje de notarse y se vea a dos hermanas en una parroquia que no est\u00e1n de acuerdo entre s\u00ed, estad seguras de que dir\u00e1n que no son hijas de la Caridad; carecen de humildad y de caridad; porque si tuvieran esas virtudes, empezar\u00edan a hacer lo que tienen que hacer entre ellas, y luego con los dem\u00e1s, puesto que han sido llamadas a amar a Dios y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>\u00bfY de d\u00f3nde procede todo eso? De una falta de humildad. Porque es la humildad lo que conserva la caridad. Una hermana que tiene humildad no est\u00e1 en desacuerdo con las otras, pues la humildad engendra la caridad. \u00bfQu\u00e9 es lo que producen esas peque\u00f1as desavenencias entre vosotras? El orgullo, pues cada una quiere salirse con la suya y quedarse satisfecha con lo que hace; desea que la conozcan y que crean que cumple bien con su cargo. Y si las dem\u00e1s no la estiman, aquel pobre coraz\u00f3n no puede soportarlo. Hijas m\u00edas, os aseguro que una persona de esa clase es causa de grandes des\u00f3rdenes en la Compa\u00f1\u00eda. Os lo digo con los sentimientos m\u00e1s profundos de mi coraz\u00f3n: m\u00e1s valdr\u00eda que se saliera. Es causa de que las dem\u00e1s, por su culpa, empiecen a criticar las disposiciones de los superiores y formen sus capillitas. \u00bfNo ser\u00eda mejor que una hermana que critica todo lo que ve y que siembra la desuni\u00f3n por todas partes se saliese de la casa en que est\u00e1? \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Ser la causa de que unas esposas de Nuestro Se\u00f1or, que tanto le agradaban mientras reinaba la uni\u00f3n entre ellas, se hagan feas y odiosas a los ojos de su Esposo! Hijas m\u00edas, Dios no ama m\u00e1s que la Caridad. Por eso ser\u00eda mejor que se retirase una hermana que se encontrase en ese estado, antes que dar motivo para que aparezcan unas manchas tan negras en esas almas.<\/p>\n<p>El Hijo de Dios dec\u00eda hablando de Judas: \u00ab\u00a1Pobre miserable! \u00a1M\u00e1s valdr\u00eda que no hubiera nacido jam\u00e1s!\u00bb. Del mismo modo, hijas m\u00edas, os digo que m\u00e1s valdr\u00eda que no hubiera existido nunca una hermana de esa clase y que no hubiera entrado nunca en la Compa\u00f1\u00eda, antes que portarse de esa manera. Si hubiera alguna de ese estilo, habr\u00eda que pedir a Dios por ella, pues es realmente digna de compasi\u00f3n, y hay que esperar que se corrija con su gracia, con tal que ella se esfuerce.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, \u00e9sas son dos se\u00f1ales que dan a conocer cu\u00e1les son las verdaderas hijas de la Caridad, esto es, la humildad y la caridad; y las cualidades contrarias a estas virtudes son se\u00f1ales de perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>Quedan las otras dos virtudes que componen la cruz espiritual de Nuestro Se\u00f1or, representadas en los dos brazos de la cruz material. No es necesario indicar d\u00f3nde est\u00e1 el lugar de la caridad, de la que acabamos de hablar; est\u00e1 representada en la parte superior de la cruz. Y la humildad est\u00e1 representada en la inferior, para que sepamos que la humildad tiene que haceros preferir los lugares bajos, aunque la verdad es que se trata de una virtud que no deja nunca que permanezcan debajo los que la poseen, sino que por el contrario los eleva muy arriba en la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>La obediencia, representada en el brazo derecho, ya sab\u00e9is lo que es; \u00a1ojal\u00e1 lo sep\u00e1is tambi\u00e9n por la pr\u00e1ctica! \u00bfQu\u00e9 quiere decir obediencia? Quiere decir que la persona obediente nunca quiere nada m\u00e1s que la voluntad de Dios en todas las cosas y la conformidad en todo con la voluntad de los superiores, de las oficialas y de las hermanas sirvientes. \u00a1Qu\u00e9 felicidad! A veces est\u00e1 uno preocupado por la manera como ser\u00e1 posible hacer la voluntad de Dios; vosotras no ten\u00e9is que hacer m\u00e1s que obedecer a vuestras reglas, y har\u00e9is la voluntad de Dios. Est\u00e1is seguras de que siempre que una hermana obre por obediencia, se conforma con la voluntad de Dios; por el contrario, cuando hace lo que a ella se le ocurre, deja de cumplir la voluntad de Dios. Nunca cumplimos la voluntad de Dios cuando dejamos de obedecer a nuestras reglas y a las \u00f3rdenes de nuestros superiores. \u00a1Bendita obediencia! \u00a1Qu\u00e9 hermosa eres! \u00a1Eres tan agradable a Dios que conviertes en agradables a sus ojos todo lo que por ti se hace!<\/p>\n<p>Algunas veces me pregunto a m\u00ed mismo c\u00f3mo va la Compa\u00f1\u00eda de la Caridad, si permanece en la obediencia a las reglas, a los superiores, a las oficialas y a las hermanas sirvientes fuera de la casa. Hijas m\u00edas, os dir\u00e9 que siempre he observado que se manten\u00eda en vigor, con la ayuda de Dios, por lo que le doy las gracias con todo el coraz\u00f3n. Pero hace alg\u00fan tiempo, cuando me hac\u00eda esta misma pregunta al pensar en las cosas que tengo que pensar por mi cargo, me parece que esta virtud estaba en vigor en la mayor parte de vosotras, pero que en otras deja algo que desear. Pod\u00e9is imaginaros lo mucho que esto me preocupa. Hay unas pocas, pero las hay, que se van relajando, que las veo poco sumisas a Dios en las cosas que ocurren, poco sumisas a las reglas y a los superiores. Pod\u00e9is imaginaros lo que esto me aflige y a la se\u00f1orita Le Gras m\u00e1s todav\u00eda que a m\u00ed, viendo a una Compa\u00f1\u00eda que ha cumplido la voluntad de Dios hasta el presente, pero que est\u00e1 a punto de ver c\u00f3mo abre en ella una brecha el esp\u00edritu maligno.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 motivo tan grande de pena y de temor! Estoy seguro de que cada una se dir\u00e1 a s\u00ed misma lo que el traidor Judas dijo con los dem\u00e1s ap\u00f3stoles la noche que iba a traicionar a su maestro: Numquid ego sum, Domine? \u00bfSoy yo acaso esa persona de la que se habla? (5). Resulta que hay unas pocas, tal como dicen, que se muestran reacias a la obediencia, que no siguen el esp\u00edritu de las reglas y que obran a su antojo. Dios m\u00edo, \u00bfser\u00e9 yo una de esas? Hijas m\u00edas, \u00bfno ten\u00e9is estos pensamientos? Se dice que hay en la Compa\u00f1\u00eda algunas que faltan a la obediencia; \u00bfno ser\u00e9 yo una de esas desventuradas? Tengo que examinarme y hacer sobre ello la oraci\u00f3n de ma\u00f1ana. Si permanezco en la observancia de mis reglas, dar\u00e9 gracias a Dios; si no cumplo con mi deber, tendr\u00e9 que esforzarme en ello. \u00a1Ay! No ser\u00e1 necesario esperar hasta ma\u00f1ana, hijas m\u00edas; estoy seguro de que os lo est\u00e1 diciendo vuestra conciencia. Porque, mirad, la sind\u00e9resis (6) es un buen testimonio. Ahora mismo puede examinarse cada una<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfC\u00f3mo estoy yo en la obediencia? \u00bfGuardo mis reglas? \u00bfMe muestro conforme con los consejos de la se\u00f1orita Le Gras?\u00bb. Y si resulta que no, tomar la resoluci\u00f3n de corregirse y hacer penitencia; por ejemplo, tomar la disciplina con obediencia y suplicar misericordia a Dios: \u00abAunque me siento inclinada a prescindir de la obediencia en mi vida, \u00a1Dios m\u00edo, antes la muerte! Conc\u00e9deme la gracia de no obrar nunca m\u00e1s que por obediencia ya que es ella la que me hace cumplir tu voluntad, mientras que la desobediencia por el contrario me obliga a seguir siempre mi propio gusto\u00bb.<\/p>\n<p>La cuarta virtud que ten\u00e9is que practicar especialmente y que est\u00e1 representada en el brazo izquierdo de la cruz es la paciencia. Casi no hay un solo momento en que no necesitemos esa virtud de la paciencia. Un enfermo se pondr\u00e1 a quejarse; vuestra hermana os dir\u00e1 alguna palabra molesta; \u00a1ay!, de momento sentir\u00e9is herido el coraz\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo remediarlo? Nada m\u00e1s que con la paciencia. Entonces, \u00bfqu\u00e9 es la virtud de la paciencia? Es la que nos hace tolerar pacientemente todos los sucesos molestos con que nos encontramos en la vida, sin irritarnos; y si a veces nos dejamos llevar del malhumor, la paciencia nos hace entrar cuanto antes dentro de nosotros mismos y serena nuestra impaciencia. De aqu\u00ed se sigue, mis queridas hermanas, que necesitamos tener una buena dosis de paciencia, pues aunque no tuvi\u00e9ramos nada que sufrir por culpa de los hombres, nosotros mismos somos tan ruines que encontramos abundante materia para sufrir, y tan tornadizos que bastantes motivos tenemos para soportarnos a nosotros mismos; y para todo esto se necesita mucha paciencia.<\/p>\n<p>Pero, padre, una persona que no se irrita con nada de la que le pasa, y que deja que la reprendan cuando ha cometido una falta, \u00bfes eso paciencia? &#8211; S\u00ed, hijas m\u00edas; y ten\u00e9is que ejercitaros todas en esto cuando os toque algo que sufrir, tanto por parte de las damas como de los enfermos o de los ni\u00f1os, a fin de no decir nada que demuestre la menor impaciencia; sin embargo, cuando los pobres se quejen o murmuren de vosotras. pod\u00e9is amonestarles, con tal que lo hag\u00e1is sin enfadarlos, para poner remedio a las faltas que podr\u00edan seguir haciendo.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hijas m\u00edas, son \u00e9stas las virtudes que ten\u00e9is que pedir muchas veces y que ten\u00e9is que esforzaros en tener. Las personas que no tengan estas virtudes, \u00a1cu\u00e1ntos motivos tienen para afligirse! Porque si una hija de la Caridad no tiene humildad, es seguro que la vanidad se apoderar\u00e1 enseguida de su pobre esp\u00edritu; y si no tiene humildad, tampoco tendr\u00e1 obediencia, ni paciencia. \u00a1Pobre hermana que durante tantos a\u00f1os ejercit\u00f3 estas virtudes, que era tan paciente que no hab\u00eda nada capaz de perturbarla, que era tan puntual en la obediencia! \u00bfD\u00f3nde ha ido a parar todo eso? Hijas m\u00edas, se dir\u00e1 de ella lo que se dice de la gran ciudad de Cartago. Despu\u00e9s que fue vencida por los romanos, no quedaron de ella m\u00e1s que ruinas. Las personas que por all\u00ed pasan dicen que s\u00f3lo quedan unas cuantas piedras. Aquellas hermanas que al principio demostraban tan hermosas virtudes, \u00a1qu\u00e9 agradables eran a los ojos de Dios! Pero cuando se derrumbaron esas virtudes, \u00bfqu\u00e9 es lo que queda? \u00a1Nada m\u00e1s que ruinas! Se vinieron abajo aquellos magn\u00edficos edificios de caridad, de humildad, de otras virtudes que antes eran la admiraci\u00f3n de todos; fueron algo, pero ya no queda nada; el esp\u00edritu maligno no ha dejado m\u00e1s que ruinas. \u00bfNo os parece digno de l\u00e1stima ver en un alma derrumbado tan hermoso edificio espiritual? \u00a1Si supi\u00e9semos lo que era aquello! \u00a1Qu\u00e9 hermoso palacio el que ha construido una hermana con la humildad, la caridad, la obediencia y la paciencia! Hijas m\u00edas, no hay nada m\u00e1s precioso. Los \u00e1ngeles de todo el cielo miran complacidos la hermosa armon\u00eda de esas virtudes. Pero quitad esto de una hija de la Caridad; \u00bfqu\u00e9 es lo que queda? Hijas m\u00edas, no encontrar\u00e9is m\u00e1s que orgullo. \u00a1Pobre hermana, a la que por tantos a\u00f1os se vio tan obediente, y que ahora se ha quedado sin nada! \u00a1Qu\u00e9 pena no ver ya m\u00e1s que, en lugar de paciencia, impaciencia! \u00a1Tan sufrida y ahora de tan mal genio! \u00bfQu\u00e9 se puede decir de ella sino que es una hermosa ciudad de Cartago arruinada? Ya no queda m\u00e1s que ese pobre vestido gris y el nombre de hija de la Caridad. \u00a1Qu\u00e9 pena da ver todo eso!<\/p>\n<p>No quiere decir que haya algunas que hayan llegado a tan lamentable estado; pero las que comiencen a relajarse, llegar\u00e1n pronto a \u00e9l si no se corrigen. Por eso, cuando se ve a alguna relajarse en la santa obediencia, hay muchos motivos para temer que le pase como a aquella gran ciudad. Entonces se dir\u00e1: a \u00a1Qu\u00e9 caritativa y paciente era esta pobre hermana! \u00a1Pero ya no lo es! Ha cambiado por completo\u00bb. Mirad, hijas m\u00edas, los vicios llegan a veces a tal extremo que una persona es peor despu\u00e9s de haber dejado la virtud que lo que era antes de emprender el buen camino; de modo que una hermana que era antes humilde se vuelve totalmente orgullosa, mucho m\u00e1s de lo que hab\u00eda sido; y as\u00ed con los dem\u00e1s vicios. No pod\u00e9is decirle una sola palabra sin que se sienta ofendida. Quiero creer que hace tan s\u00f3lo un mes que ha empezado a estar en esta disposici\u00f3n; no ha llegado todav\u00eda a una situaci\u00f3n desesperada, pero mucho me temo que llegar\u00e1 pronto. S\u00ed, hijas m\u00edas, si esa hermana no se corrige, si no reconoce su miserable situaci\u00f3n y sigue en ella durante m\u00e1s de un mes, es muy de temer que ya no pueda volver atr\u00e1s. Si uno se deja llevar de los vicios y llega hasta cierto grado, ya no es posible volver. Se endurece uno de tal forma que ya no se preocupa de nada. Aunque se le amoneste, no se consigue ning\u00fan efecto. Hijas m\u00edas, me cuesta creer que haya alguna de vosotras en tan triste estado; al contrario, deseo creer que, si la naturaleza ha prevalecido hasta ahora hasta borrar por debilidad, y no por otro motivo, esos hermosos rasgos que las virtudes trazan en un alma, dejando que broten los vicios contrarios, en adelante todas har\u00e9is la guerra a esos vicios. Deseo creer que, si tom\u00e1is esta firme resoluci\u00f3n, Dios os dar\u00e1 la gracia de corregiros, si se la ped\u00eds como es debido en la oraci\u00f3n. Pero hay que poner remedio a ese mal cuanto antes.<\/p>\n<p>Dice el Esp\u00edritu Santo: Hodie si vocem ejus audieritis, nolite obdurare corda vestra, etc\u00e9tera; si sent\u00eds que Dios os llama hoy mismo para haceros salir de un estado tan peligroso, escuchadle; si sent\u00eds que os invita a esperar esta gracia, recurrid a la sant\u00edsima Virgen, pidi\u00e9ndole que os obtenga de su Hijo la gracia de participar de su humildad, que le hizo llamarse esclava del Se\u00f1or cuando fue elegida para ser madre suya. \u00bfQu\u00e9 es lo que movi\u00f3 a Dios a fijarse en la Virgen? Nos lo dice ella misma: \u00abFue mi humildad\u00bb. Pod\u00e9is estar seguras, hijas m\u00edas, que si recurr\u00eds a la sant\u00edsima Virgen, que tanto am\u00f3 esta virtud, ella os obtendr\u00e1 de Dios la gracia de poder practicarla.<\/p>\n<p>Bien, concluyamos de todo lo dicho que \u00e9sta es una regla muy excelente y muy importante, y que el esp\u00edritu de las verdaderas hijas de la Caridad consiste en estas cuatro virtudes: la humildad, la caridad, la obediencia y la paciencia, y que es menester que se vean brillar estas virtudes en todas vuestras acciones y palabras, de modo que, si habl\u00e1is, sea con humildad, y si pens\u00e1is alguna cosa, sea siempre con esp\u00edritu de humildad.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n la caridad: amar a todas vuestras hermanas, viendo a Dios en ella. Y as\u00ed todo lo dem\u00e1s. Estas son vuestras virtudes, hijas m\u00edas; no son las de las religiosas de Santa Mar\u00eda. Ellas pueden practicarlas, pero vosotras deb\u00e9is tenerlas por encima de todas, ya que es \u00e9sa vuestra se\u00f1al. Esto os dar\u00e1 a conocer si sois hijas de la Caridad; de modo que las que lleven estas cuatro virtudes ser\u00e1n reconocidas como verdaderas hijas de la Caridad, mientras que las que no las tengan ni trabajen por tenerlas se encuentran en grave peligro.<\/p>\n<p>Salvador m\u00edo, t\u00fa te hiciste nuestro modelo en tu nacimiento mortal. T\u00fa nos diste ejemplos de humildad durante toda tu vida y quisiste aparecer de la forma m\u00e1s humilde, que es la de un criminal. T\u00fa quisiste presentarte a nosotros de ese modo y que se dijese a ti: \u00ab\u00a1Ah\u00ed lo ten\u00e9is! \u00a1Ese es vuestro Dios!\u00bb. T\u00fa te humillaste hasta el punto de ponerte bajo unas especies tan vulgares como son el pan y el vino y estar all\u00ed, bajo esos accidentes, desde hace tantos a\u00f1os. Se\u00f1or, en todas tus acciones pusiste ese sello de la humildad, de la caridad, de la obediencia y de la paciencia, y quisiste que te imit\u00e1semos en la pr\u00e1ctica de esas mismas virtudes. Seg\u00fan esto, Se\u00f1or, t\u00fa eres la fuente de la humildad y de todas las virtudes. \u00bfA qui\u00e9n podremos dirigirnos? \u00bfA qui\u00e9n podremos ir para tener esas virtudes, sino a ti, Se\u00f1or nuestro? T\u00fa eres el autor de todas las virtudes; conc\u00e9denos parte de ellas, t\u00fa que eres tan rico en tan hermosas virtudes. Te ruego que derrames tus gracias sobre estas pobres hermanas, para que puedan imitarte; pero derr\u00e1malas tambi\u00e9n sobre m\u00ed, miserable pecador, que tengo m\u00e1s necesidad de ellas que nadie, para que todo cuanto haga vaya acompa\u00f1ado de la humildad, de la caridad, de la obediencia y de la paciencia. Conc\u00e9denos esta gracia, Dios m\u00edo, para esta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda. Se\u00f1or, t\u00fa has llamado a estas hermanas desde tan lejos para hacer de ellas tus esposas, para convertir el barro en piedras preciosas, como ya lo has hecho con las que est\u00e1n ahora en el cielo. Te pedimos con empe\u00f1o esta gracia de que, si estamos enredados en el orgullo, nos pongamos a practicar la virtud contraria y no cesemos en nuestro empe\u00f1o hasta conseguir ser humildes.<\/p>\n<p>Sant\u00edsima Virgen, que dijiste a todo el mundo en tu c\u00e1ntico que la humildad es precisamente la causa de tu gloria, obt\u00e9n para estas hijas que sean como Dios pide de ellas; ad\u00f3rnalas de tus virtudes. T\u00fa eres madre y virgen al mismo tiempo. Ellas son tambi\u00e9n v\u00edrgenes. Ruega entonces a tu Hijo, por las entra\u00f1as de tu vientre en d\u00f3nde \u00e9l estuvo alojado nueve meses, que nos conceda esta gracia. As\u00ed te lo suplico, Se\u00f1or, que lo realices por obra de las palabras de bendici\u00f3n que voy a pronunciar de tu parte, y que al propio tiempo hagas descender del cielo tu esp\u00edritu sobre todos nosotros para que nos animemos en la pr\u00e1ctica de estas hermosas virtudes y que estas hermanas no las abandonen nunca, despu\u00e9s que las hayan adquirido. Es lo que pido a tu divina majestad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber dado la bendici\u00f3n, dos hermanas pidieron perd\u00f3n por su mala conducta, y el padre Vicente les dijo:<\/p>\n<p>\u00a1Que Dios os bendiga, hijas m\u00edas! Ruego a Nuestro Se\u00f1or que acepte el sacrificio que acab\u00e1is de ofrecerle y que os d\u00e9 la santa humildad, que es la base y el fundamento de las virtudes, y que no caig\u00e1is nunca en el vicio que manifest\u00e1is desear combatir con todas vuestras fuerzas, ayudadas de la gracia de Dios. 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