{"id":6935,"date":"2009-05-08T19:06:17","date_gmt":"2009-05-08T18:06:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/05\/08\/vicente-de-paul-conferencia-097-sobre-la-confianza-en-la-providencia\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:23","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:23","slug":"vicente-de-paul-conferencia-097-sobre-la-confianza-en-la-providencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-097-sobre-la-confianza-en-la-providencia\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 097: Sobre la confianza en la Providencia"},"content":{"rendered":"<p><em>(09.06.58)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>(Reglas comunes, art. 41)<\/p>\n<p>Mis queridas hermanas, de las 43 reglas que hay, hemos llegado ya a la explicaci\u00f3n de la 41. Quedan tres por explicar. Esta trata de la confianza en Dios. Dice lo siguiente: \u00abTendr\u00e1n una gran confianza en la divina Providencia, abandon\u00e1ndose a ella por completo, lo mismo que un ni\u00f1o en manos de su nodriza, convencidas de que, mientras de su parte procuren ser fieles a su vocaci\u00f3n y a la observancia de sus reglas, Dios las mantendr\u00e1 siempre bajo su protecci\u00f3n, les asistir\u00e1 en todo cuanto necesiten, tanto para el cuerpo como para el alma, en el mismo instante en que se imaginen que est\u00e1 ya todo perdido\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, se trata por consiguiente de la confianza en la Providencia de Dios. Para explicaros esto, es preciso que sep\u00e1is, mis queridas hermanas, que hay dos cosas distintas: la confianza y la esperanza. La esperanza, hijas m\u00edas, produce la confianza; es una virtud teologal por la que esperamos que Dios nos dar\u00e1 las gracias que se necesitan para llegar a la vida eterna. Y fijaos bien, esta virtud de la esperanza tiene que estar llena de fe creyendo sin vacilar que Dios nos conceder\u00e1 la gracia de llegar al cielo, con tal que nos sirvamos de los medios que \u00e9l nos da Y tenemos que creerlo as\u00ed, que Dios quiere concedernos todas las gracias necesarias para salvarnos. De forma que una persona que no creyera que Dios piensa salvarnos por los caminos que su Providencia sabe que son los m\u00e1s adecuados para nosotros, ofender\u00eda a Dios. Si no nos mantenemos fuertemente en la esperanza y no creemos que Dios piensa en nuestra salvaci\u00f3n, caemos en una desconfianza que le desagrada. Por tanto, la esperanza consiste en esperar de la bondad de Dios que cumplir\u00e1 las promesas que nos ha hecho.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s est\u00e1 la confianza en la Providencia. Confianza y esperanza son casi la misma cosa. Tener confianza en la Providencia quiere decir que debemos esperar de Dios que se cuidar\u00e1 de todos cuantos le sirvan, lo mismo que un esposo se cuida de su esposa y un padre mira por su hijo. As\u00ed es como se cuida Dios de nosotros, y mucho m\u00e1s. No tenemos que hacer otra cosa m\u00e1s que confiarnos a su direcci\u00f3n, tal como dice la regla que hace un ni\u00f1o en manos de su nodriza. Si ella pone al ni\u00f1o en su brazo derecho, a \u00e9ste le parece bien; si se lo pone en el izquierdo, se queda contento; con tal que le d\u00e9 de mamar, se quedar\u00e1 satisfecho. As\u00ed pues, hemos de tener tambi\u00e9n nosotros esa confianza en la Providencia divina, ya que ella se preocupa de todo lo referente a nosotros, del mismo modo que lo hace una nodriza con el ni\u00f1o y un esposo con su esposa; as\u00ed tambi\u00e9n hemos de abandonarnos nosotros a ella por completo, lo mismo que el ni\u00f1o al cuidado de su madre y como conf\u00eda la esposa en que su marido se cuide de sus bienes y de toda la casa.<\/p>\n<p>Esto, mis queridas hermanas, est\u00e1 apoyado en tantos pasajes de la sagrada Escritura que se necesitar\u00eda mucho tiempo para citarlos todos; y adem\u00e1s ser\u00eda in\u00fatil. La raz\u00f3n que nos obliga a confiar en Dios es que sabemos que \u00e9l es bueno, que nos ama con mucho cari\u00f1o, que desea nuestra perfecci\u00f3n y nuestra salvaci\u00f3n, que piensa en nuestras almas y en nuestros cuerpos, que quiere concedernos todos los bienes necesarios para el uno y para la otra.<\/p>\n<p>Esta regla os dice todo esto y os recomienda que os abandon\u00e9is a la Providencia de Dios. Si \u00e9l quiere conduciros por los caminos duros, como son los de la cruz, las enfermedades, la tristeza, los abandonos interiores, dej\u00e9mosle hacer y pong\u00e1monos con indiferencia en manos de su Providencia. Dejemos hacer a Dios; \u00e9l sabr\u00e1 sacar su gloria de todo eso y har\u00e1 que todo ceda en provecho nuestro, ya que nos ama con mayor cari\u00f1o que un padre a su hijo. Estas son, hijas m\u00edas, unas razones muy poderosas para que os dej\u00e9is conducir por la Providencia.<\/p>\n<p>Por otra parte, \u00bfqu\u00e9 haremos y qu\u00e9 ganaremos si no tenemos confianza en Dios? \u00bfLa pondremos acaso en nuestro propio gobierno y en nuestras propias fuerzas?\u00a1Ay! No somos capaces de guiarnos a nosotros mismos. Hay que dejar hacer a Dios, que es nuestro padre. Mientras tengamos confianza en Dios, \u00e9l cuidar\u00e1 de nosotros. Pero querer apartarnos de sus brazos para seguir nuestra propia iniciativa es seguir un mal consejo, ya que no podemos tener ni un solo buen pensamiento si Dios no nos lo da; no podemos hacer nada, ni decir nada, ni pronunciar siquiera estas palabras: Abba, Pater, sin la gracia de Dios, como dice san Pablo (1). \u00bfQu\u00e9 somos entonces? Somos unos pobres pecadores. Lo que creemos que es un bien es un mal; y con frecuencia lo que creemos un mal no lo es. Creemos que la enfermedad es un mal, pero no lo es; Dios, previendo que podr\u00eda ocurrirnos algo peor mientras estamos sanos y que podr\u00edamos encontrarnos con ocasiones para obrar mal, nos env\u00eda una enfermedad corporal para impedir la enfermedad interior del alma.<\/p>\n<p>Una persona que desea ser estimada busca el honor como si fuera un bien, pero no lo es. Una hermana que desea ser estimada por los superiores, por las hermanas o por las damas, quiere que digan de ella: \u00abEsa es una buena hermana, muy capaz para este cargo\u00bb; pero entonces se deja llevar por la naturaleza. No es eso lo mejor para ella, hijas m\u00edas; desear conseguir alg\u00fan cargo es orgullo. De esta forma, una cosa que buscamos como si fuera un bien, por encontrar all\u00ed un motivo de satisfacci\u00f3n para nuestro esp\u00edritu, no es m\u00e1s que vanidad. Otras veces una pobre hermana sufrir\u00e1 tentaciones contra la fe, contra la esperanza o contra la pureza, que la acongojan y le hacen creer que ya no puede resistir m\u00e1s; desea verse libre de ellas, y por eso habla unas veces con una y otras con otra. \u00bfPor qu\u00e9? Porque mira esas tentaciones como un mal, pero no son un mal mientras no consienta en ellas. Esa pobre hermana no sabe que las almas mejores son tratadas de ese modo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer, pues, cuando uno se encuentra en semejante aflicci\u00f3n? \u00bfHabr\u00e1 que dejar de confiar en Dios, como si ya no se preocupara de nosotros? Hijas m\u00edas, hemos de esperar que har\u00e1 una de estas dos cosas: o que nos sacar\u00e1 de la tentaci\u00f3n, o que nos dar\u00e1 gracias para sacar provecho de ella. \u00bfNo veis c\u00f3mo se purifica el oro en el crisol? Del mismo modo, un alma se hace m\u00e1s pura y m\u00e1s bella por la tentaci\u00f3n, as\u00ed como el oro resplandece m\u00e1s despu\u00e9s de pasar por el fuego. Hijas m\u00edas, siendo esto as\u00ed, no hay por qu\u00e9 preocuparse de que nos vengan tentaciones, de cualquier clase que \u00e9stas sean. Cuando Dios permita que alguna se vea atacada, que diga: \u00abSe\u00f1or, t\u00fa has prometido que no pasar\u00e1 nada que no sea para nuestro bien. Estoy sufriendo una tentaci\u00f3n. Ay\u00fadame, Se\u00f1or, a soportarla, de modo que no te ofenda jam\u00e1s. La acepto por amor a ti y espero que sacar\u00e1s de ella tu gloria por medio de la victoria que me dar\u00e1s la gracia de alcanzar. Me pongo en manos de tu Providencia\u00bb.<\/p>\n<p>Por consiguiente, hay que confiar en la Providencia, pues hijas m\u00edas, una hija de la Caridad que no tenga esta confianza no s\u00e9 para qu\u00e9 puede servir. Apenas sienta algo que le cueste, le parecer\u00e1 todo perdido. Est\u00e1 enferma y empieza a inquietarse, a quejarse unas veces del alimento, o del lugar, o de cualquier otra cosa que le cueste. \u00bfPor qu\u00e9? Porque no tiene confianza en la Providencia. Hijas m\u00edas, una de las cosas m\u00e1s importantes y que m\u00e1s ten\u00e9is que pedir a Dios es esta confianza. Si os abandon\u00e1is en manos de la Providencia, como os ense\u00f1a esta regla, Dios tendr\u00e1 cuidado de vosotras; os conducir\u00e1, como de la mano, en las ocasiones m\u00e1s molestas; si est\u00e1is enfermas, os consolar\u00e1; si est\u00e1is en la c\u00e1rcel, estar\u00e1 a vuestro lado para defenderos; si sois d\u00e9biles, \u00e9l ser\u00e1 vuestra fuerza. Por eso, lo \u00fanico que hab\u00e9is de hacer es dejaros conducir por Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Un d\u00eda le preguntaron a un santo personaje qui\u00e9n era su director. Respondi\u00f3: \u00abLe pido consejos a fulano\u00bb.\u00a0 &#8211; \u00abPero, \u00bfc\u00f3mo?; si es usted doctor, \u00bfc\u00f3mo no se sirve de su propio saber para su direcci\u00f3n?\u00bb, le dijeron. &#8211; Y aquel santo individuo respondi\u00f3: \u00abSi tomase yo mismo mi direcci\u00f3n, seguir\u00eda una direcci\u00f3n alocada\u00bb.<\/p>\n<p>Mirad, hijas m\u00edas, si un doctor, con todos sus doctorados, no se fiaba de s\u00ed mismo, \u00bfc\u00f3mo vamos a sustraernos nosotros de la direcci\u00f3n que Dios nos ha dado? Por eso, hijas m\u00edas, aprended a no apoyaros nunca en vuestras fuerzas o en vuestro saber, sino poned todo vuestra confianza en la Providencia. Si hay alguna persona en el mundo que necesite esta confianza, sois precisamente vosotras, debido a las tareas con que hab\u00e9is de enfrentaros en vuestro g\u00e9nero de vida. Las religiosas que se encierran en un monasterio est\u00e1n lejos del jaleo del mundo y como protegidas contra las tentaciones. Pero vosotras, casi no hay momento o lugar en que no est\u00e9is expuestas a la tentaci\u00f3n. Por eso necesit\u00e1is una gran confianza.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, \u00a1se os piden desde tantos sitios para el servicio de los pobres! Si vuestra Compa\u00f1\u00eda fuera seg\u00fan la carne, \u00bfc\u00f3mo ser\u00edais capaces de emprender tan largos viajes? Una hermana que no tenga confianza en la Providencia dir\u00e1: \u00ab\u00a1Ay! Soy d\u00e9bil y estoy enferma; si me env\u00edan all\u00e1, morir\u00e9 por el camino\u00bb. Pero la que tiene toda su confianza en Dios no tiene miedo de nada, sino que dice: \u00abPuesto que Dios quiere que me env\u00eden all\u00e1, me dar\u00e1 las gracias necesarias para ello. El es mi Dios. Conf\u00edo en que no me abandonar\u00e1\u00bb. Por eso necesit\u00e1is entregaros a Dios para obtener la gracia de tener una gran confianza en su bondad, ahora que place a Nuestro Se\u00f1or que la Compa\u00f1\u00eda goce de cierta estimaci\u00f3n y que os deseen tantas personas. Os piden desde veinte leguas, desde cuarenta, cincuenta, sesenta. Para ir all\u00e1, se necesita confianza en Dios. La reina os pide para que vay\u00e1is a Calais a curar a los pobres heridos. \u00a1Qu\u00e9 motivo para humillaros al ver que Dios quiere servirse de vosotras en tan grandes cosas! Salvador m\u00edo, los hombres van a la guerra para matarse entre s\u00ed; \u00a1y vosotras vais a la guerra para reparar los da\u00f1os que all\u00ed se hacen! \u00a1Qu\u00e9 bendici\u00f3n de Dios! Los hombres matan los cuerpos y muchas veces las almas, cuando los heridos mueren en pecado mortal; vosotras vais a devolverles la vida o, al menos, para ayud\u00e1rsela a conservar a los que quedan con el cuidado que pon\u00e9is, intentando con vuestros buenos ejemplos e instrucciones hacerles ver que tienen que conformarse con la voluntad de Dios en su estado. Ved si no se necesita confianza en Dios para hacer esto. S\u00e9 que, gracias a Dios, hay muchas entre vosotras dispuestas a ir all\u00e1, cuando se le ordene. S\u00ed, s\u00e9 muy bien que hay algunas que no preguntan m\u00e1s que esto: \u00ab\u00bfAd\u00f3nde tengo que ir? Dios es mi padre. No me importa que me ponga del lado derecho, esto es, donde a m\u00ed me gusta, o del lado izquierdo, que significa la cruz; espero que en todos los casos me dar\u00e1 fuerzas\u00bb. Eso es lo que tiene que decir una buena hija de la Caridad, que no tiene m\u00e1s voluntad que la de Dios.<\/p>\n<p>\u00a1Dichosa cautividad! Hijas m\u00edas, \u00bfpod\u00e9is emplear mejor vuestra libertad que sujet\u00e1ndola a Dios, sin hacer nunca otra cosa m\u00e1s que su sant\u00edsima voluntad? Ved c\u00f3mo la confianza os es absolutamente necesaria para ir a todos los sitios a donde la Providencia os llame, como tambi\u00e9n la necesitan nuestros padres, muchos de los cuales est\u00e1n dispuestos a ir, unos a cien leguas, otro a mil, a fin de acudir al lado de los pobres miserables. \u00bfQui\u00e9n es el que los mueve a ello? El amor a Dios, hijas m\u00edas, y nada m\u00e1s; la confianza en su Providencia.<\/p>\n<p>Podr\u00e9is decirme: \u00abEllos son hombres; \u00bfpero y nosotras, pobres mujeres?\u00bb. Sabed, hijas m\u00edas, que muchas personas, incluso de vuestro mismo sexo, atraviesan los mares para ir a servir a Dios sirviendo al pr\u00f3jimo. Hace unos cinco a\u00f1os vino a verme una se\u00f1ora para manifestarme el deseo que ten\u00eda de marchar al Canad\u00e1. Al principio me pareci\u00f3 aquello dif\u00edcil, teniendo en cuenta la cualidad de su persona; pero al ver, por su perseverancia, que su vocaci\u00f3n ven\u00eda de Dios, le aconsej\u00e9 que la siguiera. Se march\u00f3 y sigue todav\u00eda all\u00ed produciendo mucho fruto. \u00bfNo hemos visto tambi\u00e9n a algunas religiosas y a otras personas ir m\u00e1s all\u00e1 del oc\u00e9ano por semejantes motivos? Son de vuestro sexo. Mirad si acaso ten\u00e9is m\u00e1s motivos para tener miedo que ellas. Ellas lo hacen as\u00ed para ayudar a salvar almas. Y si Dios os concede la gracia de llamaros a esos lugares tan lejanos, \u00bfno estar\u00e9is obligadas a alabarlo? Hijas m\u00edas, ten\u00e9is que dar muchas gracias a Dios al ver cu\u00e1nto os desean y c\u00f3mo os piden desde tantos sitios que no es posible atender a todos. \u00a1Y entretanto unas religiosas est\u00e1n intentando recomendaciones en Par\u00eds para fundar dos casas de su orden, y todav\u00eda no han logrado conseguirlo! Es \u00e9ste un gran motivo para que os humill\u00e9is.<\/p>\n<p>\u00a1Salvador m\u00edo! \u00bfQu\u00e9 es lo que somos para que te dignes servirte de nosotras? \u00a1Unas pobres mujeres, que son la escoria del mundo! \u00bfNo es verdad, hijas m\u00edas? \u00bfHay entre vosotras algunas de clase distinguida? La mayor parte sois hijas de labradores o de obreros; si hay alguna de la nobleza, es raro. \u00a1Bendito sea Dios, si hay ahora alguna de la ciudad! Todas sois unas mujeres pobres, de forma que hay muchos motivos para admirarse al ver c\u00f3mo Dios ha pensado desde toda la eternidad en hacer lo que estamos viendo, como si dijera: \u00abQuiero formarme una Compa\u00f1\u00eda de muchachas pobres y de viudas, que las soliciten desde todos los rincones\u00bb. Hijas m\u00edas, si no recurr\u00eds a la confianza en la Providencia, \u00bfqu\u00e9 pod\u00e9is hacer? Pues como las cosas son tal como acabamos de decir, ya veis que no sois capaces de tan grandes cosas por vosotras mismas. \u00a1Pobres mujeres, que la mayor parte apenas saben leer! \u00bfqu\u00e9 har\u00e1n si no se conf\u00edan a la Providencia? \u00a1Oh! \u00a1Cu\u00e1ntas gracias hab\u00e9is de dar a Dios por haberos puesto en esta Compa\u00f1\u00eda!<\/p>\n<p>Cierto santo var\u00f3n me dec\u00eda un d\u00eda, hablando de vuestra casa: \u00abPadre Vicente, \u00a1qu\u00e9 felices son en esa casa! \u00a1C\u00f3mo viven en paz!\u00bb. No hay que extra\u00f1arse de ello, siendo lo que es la tela, esto es, unas pobres mujeres. As\u00ed es como empez\u00f3 tambi\u00e9n la Iglesia. Los ap\u00f3stoles eran todos ellos una pobre gente, que no sab\u00edan nada, que iban descalzos, que apenas ten\u00edan para cubrirse. Sin embargo, \u00bfqu\u00e9 no hicieron con la gracia que les dio Nuestro Se\u00f1or? Convirtieron a todo el mundo. \u00a1Qu\u00e9 gracia, hijas m\u00edas, que Dios haya querido emplear esa misma tela, de que se sirvi\u00f3 para salvar a todo el mundo, para hacer vuestra Compa\u00f1\u00eda! Manteneos siempre dispuestas a hacer todo lo que \u00e9l quiera que hag\u00e1is. Pero no pretend\u00e1is nada, ni estar en esta casa, ni en las parroquias, ni en las aldeas, y no teng\u00e1is miedo de ir adonde se os env\u00ede. Estad segura de que Dios cuidar\u00e1 en todas partes de vosotras. Manteneos firmes en esto y no perd\u00e1is jam\u00e1s la confianza que hab\u00e9is de tener en la Providencia, aun cuando estuvierais en medio de dos ej\u00e9rcitos, y no teng\u00e1is miedo de que os suceda alg\u00fan mal. \u00bfLes ha pasado algo a las que estuvieron all\u00ed? \u00bfRecibi\u00f3 alguna el menor da\u00f1o o muri\u00f3 all\u00ed? Y aunque hubiera perdido la vida, ser\u00eda eso un bien para ella; habr\u00eda muerto con las armas en la mano y habr\u00eda ido a la presencia de Dios cargada de m\u00e9ritos.<\/p>\n<p>Hace alg\u00fan tiempo me hablaron de una hermana que estaba agonizando, pero que al ver a un pobre que necesitaba una sangr\u00eda, se levant\u00f3 de la cama, lo sangr\u00f3 y, desmay\u00e1ndose poco despu\u00e9s de haberlo hecho, muri\u00f3 enseguida. No me acuerdo ahora de su nombre.<\/p>\n<p>Algunas hermanas se pusieron a decir en voz baja de qui\u00e9n se trataba y nuestro venerado padre pregunt\u00f3 qui\u00e9n era; le respondieron que era sor Mar\u00eda Jos\u00e9, muerta en Etampes. Entonces se acord\u00f3 de ella y prosigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>Esa buena hermana puede ser llamada m\u00e1rtir de la caridad. \u00bfCre\u00e9is acaso que no hay m\u00e1s m\u00e1rtires que los que derramaron su sangre por la fe? Por ejemplo, esas hermanas que ha llamado la reina son unas m\u00e1rtires, pues, aunque no mueran, se exponen al peligro de muerte; lo mismo que tantas buenas hermanas que han dado su vida por el servicio a los pobres; eso es un martirio. Y creo que, si hubieran vivido en tiempos de san Jer\u00f3nimo, \u00e9l las habr\u00eda puesto en las filas de los m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>\u00a1Bendito sea Dios! Hemos de esperar que la Compa\u00f1\u00eda seguir\u00e1 haciendo mucho bien, con tal que siga confiando en la Providencia y no se separe de su direcci\u00f3n. Estad seguras, dice vuestra regla, de que si sois fieles a vuestra vocaci\u00f3n y guard\u00e1is vuestras reglas, Dios os asistir\u00e1 con todo lo que necesit\u00e9is en el mismo instante en que lo cre\u00e1is todo perdido. As\u00ed pues, son necesarias dos condiciones: perseverar en vuestra vocaci\u00f3n y guardar vuestras reglas. Observadlo bien y la Providencia os guardar\u00e1, con tal que guard\u00e9is vuestras reglas y teng\u00e1is cuidado de servir a los pobres. Por lo dem\u00e1s dejaos llevar de la Providencia, aun cuando os parezca que todo est\u00e1 a punto de perderse, convencidas de que entonces es cuando m\u00e1s motivos ten\u00e9is para esperar que Nuestro Se\u00f1or est\u00e1 con vosotras y que dirigir\u00e1 todas las cosas para vuestro bien.<\/p>\n<p>Algunas se imaginan que su tranquilidad depende de estar con tal hermana o de vivir con una que no tenga tal car\u00e1cter de residir en un sitio en lugar de otro, y ponen en eso su confianza. Mirad, una hermana que ha puesto su confianza en Dios no se pone a mirar con qui\u00e9n la ponen. Y cuando sint\u00e1is menos inclinaci\u00f3n a ir con esta hermana en vez de con aquella, ten\u00e9is que deshaceros de este sentimiento, que es una tentaci\u00f3n y que sembrar\u00e1 la divisi\u00f3n entre vosotras si no pon\u00e9is el remedio Oportuno. As\u00ed pues, hijas m\u00edas, a una hermana de la Caridad que conf\u00eda en la Providencia no se le ocurre preguntar nunca: \u00ab\u00bfCon qui\u00e9n me va a enviar usted?\u00bb. Le basta con saber que es Dios el que ha inspirado a los superiores la idea de enviarla all\u00e1. Y por eso se va con la esperanza de que nunca la abandonar\u00e1.<\/p>\n<p>El Hijo de Dios, que debe ser vuestro modelo, tuvo una confianza tan grande en su Padre eterno que emprendi\u00f3 la salvaci\u00f3n de los hombres apoyado en este fundamento, ya que, en cuanto hombre, se reconoc\u00eda incapaz de llevar a cabo esta obra. Abandon\u00e9monos a la direcci\u00f3n de la Providencia, no nos busquemos a nosotros mismos en nuestras tareas, mir\u00e9monos como a personas que no sirven para nada, y entonces tendr\u00e9is motivos para poner toda vuestra confianza en Dios, para agradecerle todos los buenos resultados que consig\u00e1is y para manteneros unidas a su querido Hijo. \u00bfQu\u00e9 habr\u00edais hecho sin esos? Habr\u00edais seguido viviendo cada una en vuestra aldea, formando quiz\u00e1s a una familia. Pero son pocas las personas que logran formar una buena familia. Si la mujer cumple con su deber, el marido ser\u00e1 insolente v desvergonzado; no se preocupar\u00e1 de nada. Es lo que se ve de ordinario en las aldeas. \u00a1Qu\u00e9 pena veros reducidas a esa miseria! \u00bfNo os sent\u00eds dichosas de veros libres de todo esto, sin tener que preocuparos m\u00e1s que de vuestra salvaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Abandonaos en manos de Dios y no dig\u00e1is nunca: \u00abSe\u00f1orita, m\u00e1ndeme adonde quiera, pero no me mande a ese sitio con los soldados\u00bb. \u00a1Dios m\u00edo! No dig\u00e1is eso. Sabed, hijas m\u00edas, que me he enterado que esas pobres gentes est\u00e1n muy agradecidas a la gracia que Dios les ha hecho y, al ver que van a asistirles y que esas hermanas no tienen m\u00e1s inter\u00e9s en ello que el amor de Dios, dicen que se dan cuenta entonces de que Dios es el protector de los pobres. \u00a1Ved qu\u00e9 hermoso es ayudar a esas pobres gentes a reconocer la bondad de Dios! Pues comprenden perfectamente que es \u00e9l el que las mueve a hacer ese servicio. Y entonces conciben elevados sentimientos de piedad y dicen: \u00abDios m\u00edo, ahora nos damos cuenta de que es cierto lo que tantas veces hemos o\u00eddo predicar, que te acuerdas de todos los que necesitan socorro y que no abandonas nunca a una persona que est\u00e1 en peligro, puesto que cuidas de unos pobres miserables que han ofendido tanto a tu bondad\u00bb. He sabido, incluso por medio de personas que fueron atendidas por nuestras hermanas y por medio de otras muchas, que se sent\u00edan muy edificados al ver c\u00f3mo esas hermanas se preocupaban de visitarles, reconociendo en ello la divina bondad y vi\u00e9ndose obligados a alabarle y darle gracias. S\u00ed hijas m\u00edas, las personas que os ven y aquellos a quienes asist\u00eds alaban a Dios, y con raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Mis queridas hermanas, entregaos a Dios desde ahora mismo para ir a todos los sitios en donde quieran servirse de vosotras, y decidle: \u00abSe\u00f1or, \u00bfno ser\u00e9 yo a quien env\u00eden a Metz o a Cahors? Si soy yo, estoy dispuesta, Se\u00f1or. \u00bfQui\u00e9n habr\u00eda pensado que querr\u00edas servirte de unas miserables criaturas como nosotras? Yo nunca lo hubiese cre\u00eddo, si no lo hubiera visto. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Verme escogida para ayudar a esas pobres gentes a salvarse! \u00bfQui\u00e9n soy yo para entrar as\u00ed en los planes de Dios?\u00bb. Y decidle: \u00abMe pongo en tus manos y me arrojo a tus brazos, lo mismo que un ni\u00f1o en los brazos de su padre, para hacer siempre tu santa voluntad. Yo soy del Havre de Gr\u00e2ce, pero, si quieres, ser\u00e9 de Metz o de Cahors; de todas partes, de todos los sitios adonde quieras enviarme; pero soy indigno de que hayas puesto en m\u00ed tus ojos. Sin embargo, Se\u00f1or, me abandono en tus manos para todo lo que quieras\u00bb.<\/p>\n<p>Por tanto, interrogaos a ver si hab\u00e9is llegado a ese estado, lo mismo que los ap\u00f3stoles cuando Judas se empe\u00f1\u00f3 en entregar a Jes\u00fas a la muerte: Numquid ego sum, Domine? (2), \u00bfSoy yo acaso, Se\u00f1or? Judas sab\u00eda muy bien que era un miserable; pero los ap\u00f3stoles no lo sab\u00edan. Ten\u00edan miedo, pero vosotras no ten\u00e9is por qu\u00e9 temer, cuando dec\u00eds: \u00ab\u00bfNo soy yo acaso?\u00bb, pues no se trata de hacer morir a Nuestro Se\u00f1or; al contrario, es para hacerle un servicio. Por tanto, que la confianza eche fuera todo el miedo, y decid: \u00abSoy una pobre miserable, incapaz de hacer bien alguno por culpa de mi debilidad; pero, como Dios est\u00e1 siempre conmigo, si \u00e9l permite que pongan en mi los ojos, espero que no habr\u00e1 de faltarme su divina gracia\u00bb.<\/p>\n<p>Hay adem\u00e1s otra cosa que se refiere a la confianza en Dios: la obediencia a los confesores que os han dado y que os abandon\u00e9is con confianza en Dios para que os dirijan.<\/p>\n<p>Es una falta de confianza querer tener un confesor a su gusto. Una quiere ir a este, otra a aquel. \u00a1Salvador m\u00edo! Si sucediera esto, tened cuidado; es una se\u00f1al de que reina la discordia entre las hermanas, y un gran motivo de esc\u00e1ndalo ver a las hijas de la Caridad acudir a dos confesores. Si la hermana a la que ocurre esto tuviera confianza en Dios, no cambiar\u00eda de confesor. Hijas m\u00edas, apoyarse en un confesor, poner la confianza en los hombres, \u00bfno es apartarse del gobierno de la Providencia y querer hacerse un dios a nuestro gusto? \u00bfQu\u00e9 pena que una pobre criatura quiera seguir otra direcci\u00f3n distinta de la que Dios le ha dado y que se apegue a ella tanto que se llene de aflicci\u00f3n si se la quitan, sin encontrar descanso y creyendo que todo est\u00e1 perdido para ella! Como aquel pobre hombre que ten\u00eda un \u00eddolo que se hab\u00eda hecho \u00e9l mismo y que lo perdi\u00f3, y se puso a llorar y a lamentarse porque le hab\u00edan quitado a su dios; y cuando le preguntaron: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 llora usted de ese modo?\u00bb, respondi\u00f3: \u00ab\u00bfC\u00f3mo no he de llorar? \u00a1Me han quitado a mi dios, que yo mismo me hab\u00eda hecho!\u00bb. Eso es lo que hac\u00e9is cuando quer\u00e9is tener confesores a vuestro capricho y escogerlo vosotras mismas. \u00a1Que nunca se os ocurra cambiar de confesor, pues no hay ni uno solo de ellos que no se os haya dado sin orden de vuestros superiores! \u00bfY qui\u00e9n tendr\u00e1 jurisdicci\u00f3n sobre vosotras si no se le da? Dej\u00e1is al confesor que se os ha dado para acudir a otro que no tiene orden para ello. Hijas m\u00edas, \u00e9ste no tiene facultades para ello, sino aquel que se os ha nombrado (3).<\/p>\n<p>Pero, dir\u00e1 alguna, tiene cosas raras; no me gusta su manera de ser. \u00bfQu\u00e9 mal os ha hecho con su manera de ser y qu\u00e9 es lo que os disgusta? \u00bfNo tiene poder para perdonar vuestros pecados, cuando os confes\u00e1is con \u00e9l? \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s dese\u00e1is? \u00bfTen\u00e9is que hacer algo m\u00e1s que decirle vuestros pecados?<\/p>\n<p>\u00bfQuer\u00e9is acaso que os quite vuestras preocupaciones? Hijas m\u00edas, no ten\u00e9is por qu\u00e9 decirle vuestras preocupaciones; os basta con confesar vuestros pecados. Por eso, si os sent\u00eds inclinadas a lo que os digo, quitaos esas ideas y sabed que ser\u00eda una gran desgracia para la Compa\u00f1\u00eda el que una se mostrara tan apegada a sus propias satisfacciones que quisiera seguir su propia direcci\u00f3n. Y si esto hubiera sucedido ya, \u00a1qu\u00e9 desgracia, Dios m\u00edo! \u00a1qu\u00e9 desorden!<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, es de suma importancia lo que se dice en esta conferencia, y s\u00e9 que de aqu\u00ed precisamente han nacido todos los des\u00f3rdenes en una de vuestras casas que gozaba de muy buena fama entre vosotras y entre el pueblo. Miraban con admiraci\u00f3n a esas hermanas venidas de Par\u00eds. Su comportamiento hac\u00eda que estuvieran en olor de santidad entre las personas piadosas. Pero el diablo, envidioso de la gloria que todo esto daba a Dios, crey\u00f3 que, para impedir el bien que hac\u00edan, ten\u00eda que hacerles perder la reputaci\u00f3n de que gozaban entre el pueblo. Por eso insinu\u00f3 en el esp\u00edritu de una que acudiese a otro confesor distinto del que le hab\u00edan dado sus superiores. Y la otra sigui\u00f3 acudiendo al que le hab\u00edan dado. Esta hizo bien en no cambiar. Pero surgi\u00f3 entre ellas la desavenencia. \u00bfQu\u00e9 iban a decir quienes vieran todo esto?: \u00ab\u00a1C\u00f3mo! \u00a1Esas hermanas, de las que todos hablaban tan bien, no est\u00e1n de acuerdo entre s\u00ed! \u00a1La verdad es que no lo parec\u00eda!\u00bb. Hijas m\u00edas, esto os ense\u00f1a que deb\u00e9is seguir la direcci\u00f3n que se os ha dado. Jesucristo no busc\u00f3 otra distinta de la que le hab\u00eda dado su Padre. Por tanto, no hag\u00e1is como esa pobre desgraciada de la que os he hablado, que no ten\u00eda m\u00e1s dios que el que ella misma se hab\u00eda hecho. No os hag\u00e1is un dios a vuestro gusto y sabed que nunca hab\u00e9is de cambiar de confesor por inclinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, les proh\u00edbo a las hijas de la Caridad presentes y ausentes que dejen a los confesores que se les ha dado. Que se contenten con decirles sus pecados; todo lo dem\u00e1s que busquen por encima de eso, es un apego. Lo repito una vez m\u00e1s: proh\u00edbo de parte de Dios a todas las hijas de la Caridad, tanto a las que est\u00e1n aqu\u00ed como a las ausentes, que escojan a otros confesores distintos de aquellos que les hayan dado sus superiores; y quiero que acudan siempre al confesor que se les ha dado desde aqu\u00ed. Si hubiera alguna cosa que no marchara bien, escribid sobre ella. Si obr\u00e1is como os he dicho, ya ver\u00e9is c\u00f3mo no surgir\u00e1 nunca ning\u00fan inconveniente.<\/p>\n<p>Guardad bien vuestras reglas; son vuestros directores. Si las hubiesen guardado aquellas que os han dado ese esc\u00e1ndalo, y sobre todo \u00e9sta, no habr\u00edan sido el hazmerre\u00edr de aquel sitio.<\/p>\n<p>Cuando observ\u00e9is con fidelidad vuestras reglas, ser\u00e9is buenas hijas de la Caridad. No ten\u00e9is que hacer otra cosa. Pues \u00bfqu\u00e9 preocupaci\u00f3n puede tener una hermana que le obligue a cambiar de confesor?<\/p>\n<p>Padre Portail, le ruego que se muestre firme en esto. Tambi\u00e9n se lo ruego a usted, se\u00f1orita, y que no tolere que se falte a esta regla. Gracias a este medio, os mantendr\u00e9is siempre en la obediencia; y mientras obedezc\u00e1is, cumplir\u00e9is la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Bien, hijas m\u00edas, esto es lo que ten\u00eda que deciros a prop\u00f3sito de la confianza en la Providencia. Recibidlo como venido de parte de Dios, que os los ha hecho decir por medio de vuestra regla. Pedidle esa santa gracia de la confianza; pedidle la gracia de no pensar nunca en tener otra gu\u00eda m\u00e1s que su Providencia, y haced el prop\u00f3sito de no querer ser vuestras propias directoras, sino abandonaros en manos de su bondad. Pedidle esta gracia en la santa misa y haced la oraci\u00f3n sobre este tema para afianzaros m\u00e1s en esta resoluci\u00f3n de abandonaros en manos de Dios y de aquellos que os dirigen de parte suya.<\/p>\n<p>Digamos tambi\u00e9n algo de la regla 42, aunque ya es un poco tarde.<\/p>\n<p>Regla 42: \u00abAunque su vocaci\u00f3n requiere que se esfuercen durante toda su vida, etc\u00e9tera\u00bb.<\/p>\n<p>Mirad, hijas m\u00edas, los santos han practicado todas las virtudes, porque sab\u00edan muy bien que no pod\u00edan llegar a la santidad sin la fe, la esperanza, la caridad y todo lo dem\u00e1s. Por eso practicaban tambi\u00e9n la templanza, la paciencia, la humildad y todas las otras virtudes. Pues bien, hijas m\u00edas, los que pretenden el para\u00edso tienen que tener todas las virtudes. Porque uno no es virtuoso si no lo es en todo. Ser vicioso en una cosa y virtuoso en otra no es ser tal como Dios nos quiere. El Esp\u00edritu Santo dice que el que peca en una cosa, peca en todas las dem\u00e1s. Seg\u00fan esto, vosotras tendr\u00e9is todas las virtudes cuando practiqu\u00e9is bien una, ya que las virtudes no van una sin la otra. Pero hay que tener una intenci\u00f3n general de esforzarse en todas.<\/p>\n<p>Pues bien, entre todas las virtudes, hay cuatro que os se\u00f1ala la regla 42, que componen vuestro esp\u00edritu, que est\u00e1n representadas por las cuatro extremidades de la cruz de Nuestro Se\u00f1or y a las que ten\u00e9is una atenci\u00f3n especial. Os las explicar\u00e9 en otra ocasi\u00f3n, ya que hoy no es posible. Nos quedaremos en la confianza en Dios. Para ello hab\u00e9is de tener un gran deseo de abandonaros en su Providencia, esto es, en la elecci\u00f3n que ha querido su Providencia hacer de vosotras, sin querer otra cosa m\u00e1s que lo que Dios quiere de vosotras. Dejaos llevar por su direcci\u00f3n. Tanto si os mandan a la ciudad o a las aldeas, o bien cuando permite que sufr\u00e1is alguna tentaci\u00f3n, someteos a la Providencia. Estad seguras de que ella os conservar\u00e1, pero entregaos a Dios y pedidle que le plazca disponer de vosotras de la forma que quiera. Con tal que os salv\u00e9is, \u00bfqu\u00e9 os importa lo dem\u00e1s? Decidle, pues, que est\u00e1is dispuesta a ir adonde su Providencia os llame, y no tem\u00e1is caer en falta alguna mientras procur\u00e9is agradar a Dios. Si lo hac\u00e9is as\u00ed, har\u00e9is un acto de amor a Dios muy excelente, poniendo vuestra vida bajo su Providencia. Y aun cuando murierais en vuestra tarea, tendr\u00e9is muchos motivos para alegraros de poder imitar entonces a Nuestro Se\u00f1or, que fue obediente hasta la muerte de cruz (4).<\/p>\n<p>\u00a1Salvador m\u00edo! \u00bfEs posible que una hija de la Caridad, llamada por Dios mediante la voz de la santa obediencia, despu\u00e9s de haber o\u00eddo todo lo que hemos dicho, quiera excusarse y decir: \u00abPadre (o se\u00f1orita), tengo miedo de caer enferma, si me env\u00eda a ese sitio\u00bb? \u00a1Pobre criatura! \u00bfpara qu\u00e9 empe\u00f1arse en conservar una carro\u00f1a, que m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde ser\u00e1 pasto de los gusanos, poniendo o\u00eddos sordos a la voz de Dios? El nos llama siempre que los superiores nos mandan ir alg\u00fan sitio; \u00a1y nosotros ponemos o\u00eddos sordos! \u00bfQu\u00e9 excusa tendremos delante de Dios? Adonde vay\u00e1is, siempre os encontrar\u00e9is con Dios. Si es \u00e9l el que os busca, lo encontrar\u00e9is en todas partes. Se\u00f1or, si t\u00fa me llamas y yo no te respondo, \u00bfd\u00f3nde me ocultar\u00e9 de ti? \u00bfHar\u00e9is acaso como Jon\u00e1s que, despu\u00e9s de haber recibido de Dios la orden de ir a predicar a los ninivitas, quiso excusarse, por no tener suficiente confianza en el Se\u00f1or? Y cuando estaba en un barco ya pronto para naufragar, tuvo la sencillez de decir que hab\u00eda faltado por no haber querido o\u00edr la voz de Dios y les pidi\u00f3 que lo arrojasen al mar. As\u00ed se hizo y se lo trag\u00f3 una ballena. \u00ab\u00a1Ay, Se\u00f1or! \u00bfD\u00f3nde me has puesto? Yo me quer\u00eda ocultar de ti y en vez de irme a N\u00ednive, adonde t\u00fa quer\u00edas mandarme, me encuentro ahora en el vientre de un pez. \u00a1Miserable de m\u00ed!\u00bb (5). \u00a1Ved qu\u00e9 malo es desconfiar de la Providencia! Hijas m\u00edas, si sucediese que alguna de vosotras, por falta de confianza, quisiera ocultarse cuando la obediencia le manda ir a alg\u00fan sitio ser\u00eda un Jon\u00e1s. \u00bfCon qu\u00e9 se encontrar\u00e1? Se encontrar\u00e1 con ella misma, no ya en el vientre de una ballena, sino dentro de s\u00ed misma, metida en una carro\u00f1a, o quiz\u00e1s en un lugar de perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en esto es precisamente en lo que consiste la perfecci\u00f3n de las hijas de la Caridad: no tener otro fundamento m\u00e1s que Dios. Nuestras hermanas que est\u00e1n ya en el cielo nos dieron ejemplo de esta confianza. \u00bfNo os acord\u00e1is de lo que se dec\u00eda de ellas, que cuando les dec\u00edan: \u00abHay que ir a tal sitio\u00bb, estaban siempre dispuestas, a cualquier hora que fuese? Acordaos, hijas m\u00edas. Ya est\u00e1 el camino desbrozado. Quiz\u00e1s haya sido su buen ejemplo y el m\u00e9rito de su confianza lo que haya dado a la Compa\u00f1\u00eda el buen nombre de que goza. \u00a1Qu\u00e9 miserables ser\u00edamos si, despu\u00e9s de eso, no tuvi\u00e9ramos mucha confianza en su Providencia! Resolveos inmediatamente a abandonaros en sus manos. Decidle a Dios: \u00ab\u00a1Se\u00f1or! Deseo con todo mi coraz\u00f3n confiarme a tu bondad; \u00bfser\u00e9 tan miserable que falte a tus \u00f3rdenes? Ay\u00fadame con tu gracia, para que nunca se me ocurra decir: No quiero ir a tal sitio. Antes morir, Dios m\u00edo, que faltar a la obediencia. \u00bfY d\u00f3nde me ocultar\u00e9is, si me dejo llevar de mi cobard\u00eda? \u00a1Antes morir, Se\u00f1or! Prefiero morir hoy mismo si ma\u00f1ana fuera a cometer esa falta\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, \u00e9sta es la disposici\u00f3n que Dios pide de vosotras para llevar a cabo su obra. Consideraos felices de que \u00e9l se digne servirse de vosotras; consideraos indignas de que Dios os haya llamado a esta Compa\u00f1\u00eda y estad seguras de que esas almas bienaventuradas que est\u00e1n en el cielo son las que han alcanzado de Dios tantas bendiciones sobre la Compa\u00f1\u00eda, ya que no hab\u00e9is sido precisamente vosotras las que le hab\u00e9is granjeado tanta estima. Alegraos, hijas m\u00edas, de haber sido elegidas por Dios para servirle de tal manera que pod\u00e9is muy bien consideraros como esposas suyas.<\/p>\n<p>Salvador de mi alma, que has llamado a estas pobres mujeres&#8230;<\/p>\n<p>Una hermana, interrumpiendo a su caridad, pidi\u00f3 perd\u00f3n. El le dijo:<\/p>\n<p>Bien, hija m\u00eda, uno mi oraci\u00f3n a la suya, suplicando a Nuestro Se\u00f1or que la ponga a usted y a todas las hermanas en la disposici\u00f3n que se requiere para los cargos que su bondad quiera confiarles. Le pido expresamente que ninguna se marche de aqu\u00ed sin el firme prop\u00f3sito de abandonarse a la Providencia de Dios. Tal es la s\u00faplica que le hago a Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Salvador de mi alma, concede a nuestras hermanas esta gracia por la sumisi\u00f3n que tuviste a las \u00f3rdenes de tu Padre y por la sumisi\u00f3n que les has dado a nuestras hermanas; conc\u00e9denoslo tambi\u00e9n por amor a la sumisi\u00f3n de la sant\u00edsima Virgen; conc\u00e9denos la gracia de que no pongamos en ninguna otra cosa nuestra confianza m\u00e1s que en ti, por la conformidad que siempre tuviste con la voluntad de tu divino Padre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(09.06.58) (Reglas comunes, art. 41) Mis queridas hermanas, de las 43 reglas que hay, hemos llegado ya a la explicaci\u00f3n de la 41. Quedan tres por explicar. Esta trata de la confianza en Dios. 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Una nota sobre San Vicente de Pa\u00fal","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"03\/05\/2015","format":false,"excerpt":"Podr\u00edamos decir muchas cosas sobre el trato que san Vicente tuvo con las mujeres. Entre sus m\u00e1s \u00edntimos amigos y colaboradores, se en\u00adcontraban dos mujeres santas: Juana Francisca de Chantal y Luisa de Marillac. 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Dios m\u00edo, lo bueno que sois El Se\u00f1or Vicente no escribi\u00f3 largos tratados ni disert\u00f3 prolijamente sobre Dios. Pero hablaba de \u00e9l continuamente y sobre todo, no cesaba de hablarle. Aun cuando conversa con los hombres, est\u00e1 siempre en conversaci\u00f3n con Dios. Le interpela. Le toma por testigo. 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