{"id":6932,"date":"2009-05-04T19:06:09","date_gmt":"2009-05-04T18:06:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/05\/04\/vicente-de-paul-conferencia-093-caridad-mutua-obligacion-de-reconciliarse\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:23","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:23","slug":"vicente-de-paul-conferencia-093-caridad-mutua-obligacion-de-reconciliarse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-093-caridad-mutua-obligacion-de-reconciliarse\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 093: Caridad mutua. Obligaci\u00f3n de reconciliarse"},"content":{"rendered":"<p><em>(04.03.58)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>(Reglas comunes, art. 36 Y 37)<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, vamos a continuar las charlas que hace tiempo comenzamos sobre vuestras reglas. Hemos llegado ya a la 36, que vamos a explicar ahora. \u00a1Quiera Dios que sea con el esp\u00edritu con que debo hacerlo! Dice lo siguiente: \u00abSe acordar\u00e1n con frecuencia del nombre de hijas de la Caridad que llevan y procurar\u00e1n hacerse digna de \u00e9l por el santo amor que siempre tendr\u00e1n a Dios y al pr\u00f3jimo. Sobre todo vivir\u00e1n en gran uni\u00f3n con sus hermanas y jam\u00e1s murmurar\u00e1n ni se quejar\u00e1n una de otra, desechando cuidadosamente todos los pensamientos de aversi\u00f3n que puedan tener una contra otra, etc\u00e9tera\u00bb.<\/p>\n<p>Esta regla habla por s\u00ed misma, de forma que casi no necesita ninguna explicaci\u00f3n, pues est\u00e1 todo tan claro que me parece que no se puede a\u00f1adir nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>El primer p\u00e1rrafo de este art\u00edculo dice que procur\u00e9is haceros dignas del nombre de hijas de la Caridad. \u00bfPuede haber otro nombre mayor? \u00bfHab\u00e9is o\u00eddo hablar alguna vez de un nombre m\u00e1s hermoso ni m\u00e1s favorable para los pobres? Hijas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1ntos motivos ten\u00e9is para entregaros a Dios a fin de haceros dignas de vuestro nombre y no hacer como un obispo del que se habla en el Apocalipsis! Dios, quej\u00e1ndose de \u00e9l, le dice: \u00abT\u00fa tienes nombre de tal, pero no haces sus obras\u00bb (1). Mis queridas hermanas, procurad que Dios no tenga que dirigiros ese reproche y procurad haceros dignas del nombre que llev\u00e1is.<\/p>\n<p>No s\u00e9 si hab\u00e9is pensado alguna vez en esas tres cosas que indica esta regla.<\/p>\n<p>La primera es que am\u00e9is a Dios por encima de todas las cosas, que se\u00e1is por completo suyas, que no am\u00e9is cosa alguna m\u00e1s que a \u00e9l; y si se ama alguna otra cosa, que sea por amor de Dios. Si am\u00e1is a Dios de ese modo, una se\u00f1al de que sois verdaderas hijas de la Caridad es que am\u00e1is mucho a vuestro Padre.<\/p>\n<p>La segunda se\u00f1al de que sois verdaderas hijas de la Caridad es que am\u00e1is al pr\u00f3jimo, serv\u00eds a los pobres y os anim\u00e1is a superar todas las dificultades que para ello teng\u00e1is, puesto que os hab\u00e9is entregado a Dios para eso, mir\u00e1ndolos como a vuestros se\u00f1ores y demostr\u00e1ndoles un gran respeto.<\/p>\n<p>La tercera cosa que os constituir\u00e1 hijas de la Caridad es que no hag\u00e1is nada unas contra otras, que no toler\u00e9is ning\u00fan pensamiento de aversi\u00f3n que pod\u00e1is tener, aun naturalmente, unas contra otra. Hijas m\u00edas, apenas nazcan esos pensamientos, hay que apagarlos; si se presentan una o dos veces, hay que rechazarlos siempre. &#8211; \u00a1Pero si es que vuelven a presentarse!\u00a0 &#8211; Hay que resistirles siempre, tanto la tercera vez como la segunda, hasta que los hay\u00e1is apagado del todo y os haya concedido Dios la gracia de acabar con ese mal humor. En segundo lugar, no decir nunca nada que pueda molestar a la otra hermana, a no ser que una est\u00e9 obligada a ello por su oficio; pues las oficialas tienen el derecho de reprenderlas.\u00a0 &#8211; \u00a1Pero eso molestar\u00e1 a la hermana!\u00a0 &#8211; Es natural; pero no por eso hay que dejar de hacerlo. Y las que lo saben tienen que decir: \u00abHay que dejar que lo haga; est\u00e1 cumpliendo con su misi\u00f3n de oficiala\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Bonito ser\u00eda ver a un cirujano que no se atreviese a pinchar a un enfermo por miedo a suscitar su resentimiento! Pues lo mismo ser\u00eda que la superiora o las oficialas no se atrevieran a decirle nada a una hermana por medio a que lo recibiera mal. Si una hija de la Caridad se pusiera a decir que la dejen en paz, que ya sabe bien lo que tiene que hacer, que no quiere tolerar que la corrijan, cuando lo merece, bien sea aqu\u00ed o bien en una parroquia, ser\u00eda una cosa horrible. Cuando se dice que no hay que decir nada que pueda molestar a una hermana, hay que entenderlo de las que no tienen la misi\u00f3n de velar por las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Mirad, hijas m\u00edas, no ten\u00e9is que escuchar estas cosas como se escuchan otras muchas, sino que hay que o\u00edrlas con la intenci\u00f3n de ponerlas en pr\u00e1ctica, y al mismo tiempo que o\u00eds que no hay que tolerar en el coraz\u00f3n ninguna aversi\u00f3n en contra de nadie, ten\u00e9is que preguntaros en vuestro interior: \u00abDios m\u00edo, \u00bftengo yo algo contra mis hermanas?\u00bb. No basta con escuchar una predicaci\u00f3n tal como la est\u00e1is escuchando; hay que escucharla como algo que se refiere muy especialmente a vosotras. Es un lenguaje desconocido para los dem\u00e1s, que hay que escuchar como si saliera de la boca de Dios, que es el que os ha dado estas reglas. Porque mirad, el h\u00e1bito no hace al monje, ni tampoco a vosotras vuestro h\u00e1bito os convierte en hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>\u00a1Pero ya hace tantos a\u00f1os que estoy en la Compa\u00f1\u00eda!\u00a0 &#8211; No es la duraci\u00f3n lo que nos permite jugar si una hermana es digna de llevar el hermoso nombre de hija de la Caridad, sino el que est\u00e9 revestida interiormente de ese ropaje de la caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo. Eso es lo que la convierte en hija de la Caridad. S\u00ed, hijas m\u00edas, la caridad es como una hermosa ropa nupcial que adorna al alma, sin la cual es imposible agradar a Dios. \u00abRetirad a ese miserable, que no lleva traje nupcial, se dice en el evangelio, echadlo fuera de aqu\u00ed\u00bb (2),<\/p>\n<p>As\u00ed pues, son \u00e9stas las tres se\u00f1ales que dan a conocer a una verdadera hija de la Caridad y que pueden servir de medios para convertirse en tales: la primera, amar a Dios sobre todas las cosas; la segunda, amar al pr\u00f3jimo; y la tercera, amaros entre vosotras como verdaderas hermanas, por amor de Dios, de forma que parezca que sois todas miembros de un solo cuerpo, o hijas de un mismo Padre, sin amar m\u00e1s que lo que \u00e9l ama y por amor a \u00e9l.<\/p>\n<p>Mirad si se dan en la Compa\u00f1\u00eda algunos esp\u00edritus negros, como los hay, que obran mal en donde est\u00e1n, sin preocuparse de amar a Dios ni de amar al pr\u00f3jimo, y que pasan semanas y meses sin deciros nada, sin mostrar ning\u00fan inter\u00e9s por echar esa hiel que llevan en el coraz\u00f3n, tengo miedo de que al final acaben con la Compa\u00f1\u00eda. Pues bien, he notado que hay algunas entre vosotras, aunque no muchas, pero s\u00e9 que las hay, que le hacen da\u00f1o a la Compa\u00f1\u00eda en el sitio en donde est\u00e1n. En los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, en las parroquias, hay algunas hermanas con ese esp\u00edritu. \u00bfEs esto acaso ser hijas de la Caridad? Ni mucho menos. El h\u00e1bito que llev\u00e1is no os convierte en hijas de la Caridad. No llev\u00e1is la ropa nupcial. No sois dignas del nombre que llev\u00e1is.<\/p>\n<p>Pues bien, \u00bfqu\u00e9 haremos con esas hermanas? Hay que pedir a Dios por ellas, hacer algunas mortificaciones por ellas y o\u00edr la misa alguna vez para que quiera Dios unirlas a todas las dem\u00e1s por el v\u00ednculo de la caridad.<\/p>\n<p>Una de las cosas que m\u00e1s me extra\u00f1an es que haya hermanas que hagan&#8230; Prefiero callarme ante que deciros lo que s\u00e9. \u00a1La amistad, hijas m\u00edas! \u00bfHay algo en el cielo que no sea caridad? El nombre de hijas de la Caridad es ese amor de Dios, del pr\u00f3jimo, de las hermanas; y en cualquier sitio en donde os encontr\u00e9is, all\u00ed estar\u00e1 el cielo.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas reflexionemos cada uno en nuestro interior y que cada una se pregunte: \u00ab\u00bfLlevo yo dignamente ese hermoso nombre? \u00bfTengo las se\u00f1ales de las verdaderas hijas de la Caridad? No, porque t\u00fa amas a tu pa\u00eds, porque te entretienes en tonter\u00edas, en seguir tu gusto, deseas estar con esa o con aquella\u00bb. Obrar as\u00ed es portarse como las bestias; no obrar nada m\u00e1s que por inclinaci\u00f3n es hacer lo que hacen las bestias; de modo que una hermana que no hace m\u00e1s que lo que le sugiere la pasi\u00f3n no tiene raz\u00f3n ni juicio. Va como una bestia bruta, sin pensar que no basta con llevar el h\u00e1bito, si no se tiene ese ropaje interior de la caridad. Veis que sigue siendo siempre la misma, tal como vino. Ha tra\u00eddo sus costumbres mundanas; no las ha dejado, y as\u00ed sigue siendo tal como era.<\/p>\n<p>Me dir\u00e9is: \u00abPadre, a m\u00ed me gustar\u00eda hacer todo lo que usted dice, pero siento repugnancia a lo que me dice mi hermana, o a lo que hace. Por consiguiente, no tengo amistad\u00bb. Hay algunas personas escrupulosas que podr\u00e1n alegar esto. Pero no, de aqu\u00ed no se sigue que por sentir repugnancia a alguna cosa, se obre siempre mal. Es el escr\u00fapulo el que les hace hablar de ese modo. Les parece que no hacen nada que valga la pena, porque sienten tentaciones de aversi\u00f3n, de disgusto y de otras cosas. Hijas m\u00edas, eso no importa, con tal que no se consienta en ello. Mientras una persona que sufre repugnancia interiormente se sienta molesta de tenerlas y est\u00e9 decidida a no aceptarlas voluntariamente, por muy escrupulosa que sea, no tienen por qu\u00e9 preocuparse, pues se trata de algo natural y ocurre en contra de su voluntad. Por eso, hijas m\u00edas, mientras hag\u00e1is todo lo posible por superar vuestras antipat\u00edas y por tener amistad unas con otras, demostrando incluso m\u00e1s amistad a la que os resulte m\u00e1s antip\u00e1tica que a las dem\u00e1s, tendr\u00e9is las se\u00f1ales de una verdadera hija de la Caridad.<\/p>\n<p>Un d\u00eda le contaron a san Juan el limosnero, arzobispo de Alejandr\u00eda, que hab\u00edan injuriado a un sobrino suyo, con lo que qued\u00f3 muy impresionado. Pero san Juan, que era un santo muy misericordioso, le dijo a su sobrino: \u00ab\u00a1Conque han tenido el atrevimiento de injuriarte! \u00a1Ser\u00e1 menester que le d\u00e9 un escarmiento a ese individuo!\u00bb. \u00bfY sab\u00e9is lo que hizo? Le envi\u00f3 un regalo al que hab\u00eda injuriado a su sobrino y mand\u00f3 que le dispensaran de ciertas obligaciones que ten\u00eda. El que se lo llev\u00f3 le dijo: \u00abSe\u00f1or, \u00e9ste es el regalo que el se\u00f1or arzobispo le env\u00eda; y para demostraros m\u00e1s afecto, le perdona el tributo que le debe usted\u00bb. Aquel hombre fue a buscar a san Juan, se ech\u00f3 a sus pies y le dijo: \u00abMonse\u00f1or, le he ofendido; y usted me honra con este favor sin tener en consideraci\u00f3n mi ofensa. No merezco que se porte as\u00ed conmigo\u00bb. Hizo m\u00e1s todav\u00eda, porque se fue a echar a los pies de aquel a quien hab\u00eda ofendido y le dio plena satisfacci\u00f3n. Despu\u00e9s de aquello, le dijo san Juan a su sobrino: \u00abBien, sobrino m\u00edo; \u00bfno te he vengado ya, haciendo que tu enemigo se pusiera a tus pies?\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, cuando os cueste hablar con una hermana que os haya causado alg\u00fan disgusto, ten\u00e9is que procurar no hacer nada en su contra, sino saltar a su cuello, abrazarla, demostrarle todo el afecto posible y decirle: \u00ab\u00a1Mi querida hermana!\u00bb. Si os dais cuenta de que le cuesta soportaros, decidle: \u00abQuiz\u00e1s no he vivido hasta ahora de una forma digna de ser hermana suya. Le pido perd\u00f3n por las preocupaciones que quiz\u00e1s le he dado y en adelante deseo rendirle todos los servicios que me sean posibles\u00bb. Si obr\u00e1is de esta manera, conquistar\u00e9is a la que os ten\u00eda alguna antipat\u00eda. Aunque esto os cueste alg\u00fan trabajo, no dej\u00e9is de hacerlo. Es el esp\u00edritu maligno el que os pone dificultades para que no lo hag\u00e1is as\u00ed. Por eso, una de las cosas que m\u00e1s os recomiendo es \u00e9sta, porque vuestro Instituto es el esp\u00edritu propio de las hijas de la Caridad, que deben amarse como hijas de un mismo Padre. Y as\u00ed, apenas sint\u00e1is alguna peque\u00f1a turbaci\u00f3n en vuestro esp\u00edritu o alg\u00fan intento de romper la amistad que debe reinar entre vosotras, hay que salir al paso y decirle a la otra hermana con el coraz\u00f3n en la mano: \u00abHermana, \u00a1si supiera usted c\u00f3mo la quiero y c\u00f3mo me lo manda Dios! Le pido que me quiera tambi\u00e9n usted\u00bb. Si vuestra hermana no entiende este lenguaje la primera vez, decidle lo mismo una vez m\u00e1s y Dios permitir\u00e1 que se vaya amansando.<\/p>\n<p>Pero, padre, yo puedo hablar as\u00ed con la boca, pero sin sentirlo en el coraz\u00f3n; al contrario, me cuesta dec\u00edrselo. &#8211; No importa; no deje usted por eso de hacerlo. Es una inclinaci\u00f3n maligna la que pone esa dificultad, de la que se sirve el diablo, para nuestro da\u00f1o. Por eso hay que superar toda antipat\u00eda, y el demonio os dejar\u00e1 sin continu\u00e1is en esta pr\u00e1ctica. Si pas\u00e1is por encima de vuestra repugnancia, \u00bfqu\u00e9 suceder\u00e1? Que el demonio, que hab\u00eda suscitado esa malicia de la naturaleza, al ver que no segu\u00eds sus sugestiones, huir\u00e1; y todo aquello se convertir\u00e1 en gloria de Dios y en confusi\u00f3n del diablo, que no sabe lo que hacer ante un alma que tiene este esp\u00edritu de caridad y que tiende con todas sus fuerzas a unir a las almas con el v\u00ednculo de una santa amistad. Ese es el verdadero medio de dar caza al demonio, que es el enemigo de Dios, del hombre y de los dem\u00e1s demonios, ya que ellos no se aman entre s\u00ed; y cuando se dirigen a un alma buena, por ejemplo a un alma humilde, que con su fidelidad saca provecho de la tentaci\u00f3n, entonces no pueden sufrirlo y algunos doctores sostienen que entonces se hunden hasta lo m\u00e1s profundo del infierno.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, procurad haceros dignas del nombre que llev\u00e1is, para que no se diga de vosotras lo que se dijo a aquel hombre: \u00abLlevas un nombre de vida, dice el Apocalipsis, pero est\u00e1s muerto; llevas un nombre de caridad, pero eres un hombre que no tienes caridad\u00bb (3). Del mismo modo, vosotras sois hijas de la Caridad, llev\u00e1is ese hermoso nombre, \u00a1y sent\u00eds odio a vuestras hermanas! Lo llev\u00e1is en vano, puesto que la caridad no tolera el odio. Pues bien, notar\u00e9is que las faltas contra la caridad nacen a veces de la envidia, como dice la regla, y la envidia nace del orgullo. Tambi\u00e9n puede brotar de alguna malicia oculta, que es el resto del pecado, de forma que hay algunas que no podr\u00edan soportar los humores que le son contrarios sin mucho esfuerzo. Apenas ven a esas otras personas, sienten movimientos de antipat\u00eda contra ellas; y esto procede de una naturaleza hecha de este modo, que hemos heredado de Ad\u00e1n.<\/p>\n<p>Otras se sentir\u00e1n llevadas a ello por envidia, creyendo que prefieren a las dem\u00e1s. Si mandan a otra que haga alguna cosa, dir\u00e1n: \u00abLe han dado ese cargo a tal hermana; \u00a1y a ti te dejan! Hablan con cordialidad con tal hermana, \u00a1y a ti ni siquiera te hablan!\u00bb. Entonces el diablo se mete en eso y dice: \u00abTienes raz\u00f3n; la otra hermana est\u00e1 mejor vista que t\u00fa; seguramente habr\u00e1n hablado algunas mal de ti\u00bb. Y la cosa sigue adelante; se pone entonces a pensar que la otra es una tal y una cual. Es el demonio el que se introduce entonces en el alma; llen\u00e1ndola de envidia; y as\u00ed se siente el alma pose\u00edda por el demonio del orgullo, que es sumamente contrario a la caridad. \u00bfQu\u00e9 hay que hacer cuando se encuentra uno en ese estado? Lo contrario de la envidia es la caridad. Hay que animarse al amor de Dios y decir: \u00ab\u00a1Pobre miserable! \u00a1T\u00fa te preocupas de que los dem\u00e1s te quieran y ni siquiera piensas en amar a Dios! \u00a1Tienes pena de que no te den ning\u00fan cargo, sin pensar en lo mal que te portaste cuando te lo dieron! Dios permite que le den un cargo a esa; cuando haya ocasi\u00f3n, te lo dar\u00e1n a ti, si lo creen conveniente. Por lo dem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 es lo que pides cuando pides cargos? Estas pidiendo que se satisfaga tu orgullo\u00bb. Porque mirad, hijas m\u00edas, apenas una persona desea alg\u00fan cargo, se ve tentada de orgullo, que le obliga a presumir de ser m\u00e1s capaz que las dem\u00e1s; y es el diablo el que hace eso. Se va cayendo de un pecado en otro, porque la envidia nace del orgullo, que tiene la propiedad de hacernos aparentar m\u00e1s de lo que somos. Por el contrario, el esp\u00edritu de Dios hace que uno se juzgue incapaz de ser empleado para algo y capaz de estropearlo todo.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, cuando os cueste hacer alguna cosa, decid: \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde proviene esto? De la envidia que siento contra esas personas. Por consiguiente, estoy pose\u00edda de orgullo. \u00a1Miserable criatura! \u00a1Qu\u00e9 metido est\u00e1 en su cabeza el demonio del orgullo!\u00bb. S\u00ed, hijas m\u00edas; porque la envidia nace del orgullo, como os he dicho. Pues bien, las que fomentan estas antipat\u00edas es porque est\u00e1n llenas de orgullo. La envidia les ciega los ojos, porque no pueden ver a las dem\u00e1s satisfechas sin sentirse molestas; les cierra los o\u00eddos, la boca, el coraz\u00f3n; y no pueden o\u00edr una sola palabra en su alabanza. Si se trata de hablar bien de ellas, son incapaces. \u00bfNo os parece una situaci\u00f3n muy triste? Entregaos a Dios, hijas m\u00edas, para no dejaros caer en ese estado y para haceros dignas del nombre que llev\u00e1is.<\/p>\n<p>Quede esto dicho sobre la regla 36. Pasemos a la 37.<\/p>\n<p>Dice as\u00ed la regla 37: \u00abSi por fragilidad sucediese que alguna haya causado motivo de mortificaci\u00f3n a otra, le pedir\u00e1 perd\u00f3n de rodillas en el mismo instante, o a m\u00e1s tardar antes de acostarse, y la otra recibir\u00e1 con agrado esta humillaci\u00f3n, poni\u00e9ndose tambi\u00e9n de rodillas. Esta santa pr\u00e1ctica es un remedio eficaz para curar con prontitud la amargura que pudiera haberse causado\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, este es el remedio m\u00e1s pronto que se puede emplear. Una de las reglas que lleva su fruto consigo es precisamente \u00e9sta. Cuando practic\u00e1is la virtud, no siempre veis enseguida sus frutos. Yo hago esta acci\u00f3n o esta mortificaci\u00f3n por amor de Dios. Estoy seguro de que producir\u00e1 su fruto alg\u00fan d\u00eda, pero no inmediatamente. No pasa lo mismo con la pr\u00e1ctica de esta regla. Hab\u00e9is ofendido a vuestra hermana y le hab\u00e9is dado motivos para sentirse molesta. Pedidle perd\u00f3n entonces; y quedar\u00e1 curada enseguida la llaga que le abristeis. Por eso, entregaos a Dios para no abandonar esta pr\u00e1ctica, pues es el medio de conservar la caridad con el pr\u00f3jimo: no hacer nada una en contra de la otra, pero, si la hab\u00e9is molestado en alguna cosa, pedirle perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Padre, \u00bfen qu\u00e9 se basa para afirmarlo as\u00ed? &#8211; Hijas m\u00edas, est\u00e1 contenido en la sagrada Escritura, que dice: \u00abSi vas a presentar tu ofrenda al altar y te acuerdas de que has irritado a tu hermano, deja all\u00ed mismo tu ofrenda y vete a reconciliarte con \u00e9l; y vuelve luego a presentar tu ofrenda\u00bb (4). \u00bfCre\u00e9is que pod\u00e9is agradar a Dios si no est\u00e1is unidas al pr\u00f3jimo por la caridad? No, hijas m\u00edas, Dios no tiene en cuenta vuestras confesiones ni vuestras comuniones, ni siquiera el servicio que les hac\u00e9is a los pobres, si no va hecho por un alma unida a \u00e9l y al pr\u00f3jimo por la caridad. Prefiero la reconciliaci\u00f3n de dos personas que no se aman, m\u00e1s que todos vuestros sacrificios. Has molestado a una hermana; bien, p\u00eddele perd\u00f3n. Si no est\u00e1 ella all\u00ed, decidle a otra hermana: \u00abHermana, he hecho tal cosa, una cosa que ha molestado a una de mis hermanas. Ella no est\u00e1 ahora presente; si lo estuviera, le pedir\u00eda perd\u00f3n de todo coraz\u00f3n. Se lo pido a usted en su ausencia y le ruego que rece a Dios por m\u00ed\u00bb. Esto es duro a la carne y al esp\u00edritu del diablo; \u00bfpor qu\u00e9 humillarse y decir nuestras faltas a quienes no las saben? Pero para un alma que tiene el esp\u00edritu de Dios, esto resulta f\u00e1cil y dulce.<\/p>\n<p>Pero, padre, \u00bflo hacen as\u00ed en otras partes? \u00bfLo hacen as\u00ed en casa de ustedes?\u00a0 &#8211; Yo mismo lo he hecho hoy, hijas m\u00edas, en la repetici\u00f3n de la oraci\u00f3n. Me acord\u00e9 de que ayer hab\u00eda hablado con dos o tres con cierta suficiencia. Les ped\u00ed perd\u00f3n y reconoc\u00ed delante de toda la Compa\u00f1\u00eda que era yo la causa de todos los males que ocurr\u00edan en la casa. \u00bfY qu\u00e9 pas\u00f3? Me vino un gran consuelo y alegr\u00eda. \u00bfPor qu\u00e9? Porque s\u00e9 que esto es agradable a Dios.<\/p>\n<p>Ya os he dicho que nuestros sacrificios no son agradables a Dios sin la caridad y la reconciliaci\u00f3n cuando han surgido algunas diferencias. Esto es tan seguro que la santa iglesia ha ordenado que los sacerdotes se acusen de sus faltas antes de decir la santa misa, confes\u00e1ndose delante del pueblo y diciendo: \u00abYo me confieso ante Dios todopoderoso, etc\u00e9tera\u00bb. De forma que, cuando ve\u00e1is bajar al sacerdote ante las gradas del altar, acordaos: le que es para decirle al pueblo que es un miserable pecador. Y por eso recita sus culpas y los pecados que ha cometido de pensamiento, palabra y obra.<\/p>\n<p>Esto os demuestra, mis queridas hermanas, ya que es lo que cree la Iglesia, que nada puede agradarle a Dios sin caridad; de aqu\u00ed hemos de concluir que la confesi\u00f3n de nuestras faltas y la reconciliaci\u00f3n con el pr\u00f3jimo, cuando le hemos ofendido, es lo que m\u00e1s le agrada, puesto que ni siquiera quiere sin esto a su propio Hijo, cuando se le ofrece en el altar.<\/p>\n<p>M\u00e1s todav\u00eda, hijas m\u00edas; no s\u00e9 si una hermana obrar\u00e1 bien al ir a confesarse sin haber pedido perd\u00f3n a la hermana que contrist\u00f3. No soy de la opini\u00f3n de ciertos doctores que dicen que no hay que o\u00edr la santa misa cuando se est\u00e1 en pecado mortal; pero si que creo que hemos de temer que todo lo que hacemos no es del agrado de Dios si no llevamos ese ropaje de la caridad. Pues bien, lo que os recomiendo es que, puesto que ten\u00e9is esta santa costumbre de pediros perd\u00f3n, no falt\u00e9is nunca a ella, cuando hay\u00e1is dado a otra motivos para molestarse, que os pong\u00e1is inmediatamente de rodillas, o al menos antes de acostaros, para pedirle perd\u00f3n por la mortificaci\u00f3n que le hay\u00e1is causado. Esto es conforme con la palabra de Dios, que dice: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 el sol no se ponga sobre vuestra ira!\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfNo sab\u00e9is que los turcos son esto mejores que muchos cristianos? Un sacerdote de la Misi\u00f3n, enviado para la conversi\u00f3n de los infieles, me escrib\u00eda que se encontr\u00f3 con un turco y un cristiano, ambos bautizados, que tuvieron un choque entre si, de forma que no pod\u00edan verse el uno al otro. Aquel sacerdote le dijo a uno: \u00abAmigo m\u00edo, he sabido que han surgido algunas diferencias entre vosotros dos; tienes que perdonarle\u00bb. Aquel pobre esclavo le dijo: \u00abPero, padre, me ha hecho esto y esto; no puedo perdonarle; apenas le veo, no lo puedo tragar\u00bb. &#8211; \u00abEs la naturaleza la que te presenta estas dificultades\u00bb, le dijo el sacerdote, acudiendo al lado del otro para decirle lo mismo. Y estuvo una hora entera yendo del uno al otro sin poder convencerles de que ten\u00edan que reconciliarse. Un turco de cierta categor\u00eda que ve\u00eda todo aquello le dijo al sacerdote: \u00abVen; \u00bfqu\u00e9 es lo que haces con esos dos hombres habl\u00e1ndoles tanto?\u00bb. Le dijo que trataba de reconciliarlos entre si. Y le respondi\u00f3 el turco: \u00abYa lo he visto; pero \u00bfqu\u00e9 religi\u00f3n es la vuestra? \u00bfDe d\u00f3nde proviene que les cueste tanto perdonarse? La verdad es que nosotros obramos de manera muy diferente, pues nunca dejamos que se ponga el sol sobre nuestra ira\u00bb.<\/p>\n<p>Eso es lo que hacen los turcos. Por consiguiente, una hija de la Caridad que guarda en su coraz\u00f3n el rencor contra su pr\u00f3jimo sin preocuparse de reconciliarse con \u00e9l es peor que los turcos. As\u00ed pues, os recomiendo esta pr\u00e1ctica; y que la que ha recibido alg\u00fan desplante, se humille tambi\u00e9n y reciba cordialmente a la hermana que le pide perd\u00f3n. Hay algunos corazones tan duros que no reciben las humillaciones. Se dir\u00e1, por ejemplo: \u00ab\u00a1Usted me pide perd\u00f3n, pero est\u00e1 haciendo siempre lo mismo!\u00bb. Esa es una mala reacci\u00f3n, que demuestra que tambi\u00e9n ella siente odio contra su hermana, la cual, a pesar del demonio y de todas las repugnancias que pod\u00eda sentir al hacer esto, se crey\u00f3 en la obligaci\u00f3n de conservar aquel hermoso ropaje de la caridad que debe existir entre vosotras, como hermanas que han concertado el amor entre s\u00ed, puesto que Dios las ha reunido. \u00bfQu\u00e9 es lo que puede hacer esa hermana m\u00e1s que pedir perd\u00f3n? Ella os ha molestado, quiz\u00e1s sin darse cuenta, \u00bfy usted le responde con esa amargura? Mire, una de las mayores faltas que puede usted cometer, es recibirla mal. \u00bfQu\u00e9 quiere usted que haga? Ha demostrado que siente mucho la pena que le ha causado a usted y que desea enmendarse. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s puede hacer para satisfacerle? Dios se contenta con ello y usted, una miserable criatura, \u00bfno va a sentirse contenta? Dios promete perdonar al pecador en el mismo instante en que se convierte, \u00bfy una hermana no ser\u00e1 capaz de perdonar a la otra? \u00a1Eso ser\u00eda una se\u00f1al de que el esp\u00edritu del demonio est\u00e1 muy metido en esa alma!<\/p>\n<p>Pues bien, \u00bfqu\u00e9 debe hacer aquella a la que se pide perd\u00f3n? Tiene que decir: \u00abHermana, quiero creer que lo hizo usted sin pensar; yo tambi\u00e9n le pido perd\u00f3n por la pena que he podido darle\u00bb. Hay que dejar que se ponga primero de rodillas la queha cometido la falta (es justo que empiece ella), y que diga: \u00abHermana, le pido muy humildemente perd\u00f3n por tal y tal cosa\u00bb. Y la otra tiene que ponerse tambi\u00e9n de rodillas y decirle: \u00abHermana, le prometo que no volver\u00e9 a pensar en ello\u00bb. No hay que decir: \u00abLe perdono a usted\u00bb, sino que no desea acordarse m\u00e1s de ello, y pedir perd\u00f3n de haber sido quiz\u00e1s la causa de la falta que la otra cometi\u00f3. Porque, mirad, puede ser que a la otra le cueste tanto tolerarle a usted, como usted a ella.<\/p>\n<p>Hermanas m\u00edas, haced este prop\u00f3sito desde ahora mismo. Es el medio de conservar la caridad y, lo que es m\u00e1s, de desarmar al demonio, que pierde as\u00ed m\u00e1s que gana en las tentaciones que os presenta. Lo que \u00e9l pretende es echarnos a perder. Y cuando ve que sus tentaciones sirven para que nos humillemos, se irrita tanto de no haber conseguido lo que pretend\u00eda que queda totalmente desquiciado. Pero hay que hacerlo as\u00ed lo antes posible, no sea que el mal vaya aumentando; pues es como el aceite que se derrama sobre un lienzo. Le hab\u00e9is causado dolor a una hermana. El medio para que pase todo ello, es pedirle perd\u00f3n cuanto antes.<\/p>\n<p>Si Dios nos concede la gracia de practicar esta gran lecci\u00f3n que hoy hemos aprendido en la escuela de Cristo, se oir\u00e1 decir de la Compa\u00f1\u00eda que es una Compa\u00f1\u00eda que vive m\u00e1s al estilo de los santos del cielo que de las personas de la tierra. \u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda ver a dos hermanas muy unidas por el v\u00ednculo de la caridad! Hijas m\u00edas, haced lo que os indican vuestras reglas y llevar\u00e9is dignamente el hermoso nombre de hijas de la Caridad; si no, hab\u00e9is de tener mucho miedo de que Dios os borre del libro de la caridad. Deleantur nomina vestra de libro vitae (6); se borrar\u00e1 vuestro nombre del libro de la vida. No ten\u00e9is m\u00e1s que el nombre de caridad, pero no llev\u00e1is esa hermosa vestidura nupcial. Hijas m\u00edas, todas vosotras hab\u00e9is sido escritas en el libro de la caridad cuando os entregasteis a Dios para servir a los pobres; especialmente el d\u00eda en que hicisteis los votos, recibisteis este nombre que os ha dado el mismo Dios. Por consiguiente, ten\u00e9is que vivir en conformidad con el nombre que llev\u00e1is, puesto que es Dios el que ha dado este nombre a la Compa\u00f1\u00eda; pues no ha sido ni la se\u00f1orita Le Gras, ni el padre Portail, ni yo tampoco, lo que os hemos llamado hijas de la Caridad. Fijaos que ha sido el pueblo el que, al ver lo que hac\u00e9is y el servicio que nuestras primeras hermanas hac\u00edan a los pobres, os dieron este nombre, que ha quedado como propio de vuestras tareas.<\/p>\n<p>Pero, padre, \u00bfha sido el mundo el que nos ha dado ese nombre? \u00bfAprueba Dios lo que hace el mundo?\u00a0 &#8211; Hijas m\u00edas, as\u00ed es en cuanto al bien, pero no en cuanto al mal. Cuando todo el mundo habla bien de una cosa, entonces la voz del pueblo es la voz de Dios. Por tanto, ha sido Dios el que os ha dado este nombre. Por eso conservadlo con cuidado; procurad tener siempre el vestido de la caridad, cuyas se\u00f1ales son el amor de Dios, el del pr\u00f3jimo y el de las hermanas, no sea que Dios os borre del libro de la vida. Y como todos nosotros somos pobres pecadores, d\u00e9mosle gracias a Dios por habernos dado un medio tan f\u00e1cil para reconciliaros unas con otras; pid\u00e1mosle la gracia de emplearlo bien, a fin de conservar esa vestidura interior. El amor de Dios es la parte m\u00e1s alta; la caridad del pr\u00f3jimo y el amor a los pobres es la parte central; y la parte de abajo es la caridad entre vosotras. \u00a1Qu\u00e9 hermosa vestidura! Si pudi\u00e9ramos verla como la ve\u00eda san Juan, nos sentir\u00edamos arrebatados de su esplendor y del deseo de tenerla.<\/p>\n<p>Aquel gran santo, ya anciano, se hac\u00eda llevar a la iglesia para predicar y, una vez llegado, toda su predicaci\u00f3n era: \u00abAmaos los unos a los otros\u00bb; y luego se iba. \u00abPero, padre, le dec\u00edan sus disc\u00edpulos, todo el mundo le estaba esperando para predicar; \u00bfes \u00e9se todo el serm\u00f3n que les predica?\u00bb\u00a0 &#8211; \u00abNo les digo m\u00e1s que eso, les respondi\u00f3, porque, si lo cumplieran, cumplir\u00edan toda la ley de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 dicha saber esto! Si hac\u00e9is lo que os ordenan las reglas, cumplir\u00e9is la ley de Dios, la ley que los santos siguen en la vida bienaventurada. \u00bfCu\u00e1l es la ley de los santos en el cielo? No es m\u00e1s que la de amar a Dios perfectamente, abismarse en la consideraci\u00f3n de su esencia divina, de su belleza, de su bondad, de su sabidur\u00eda y de las dem\u00e1s perfecciones que hay en \u00e9l. Esa es la ocupaci\u00f3n de los santos con Nuestro Se\u00f1or, acord\u00e1ndose del amor que les tuvo para salvarles. De forma que se aman con un amor indisoluble. Y los santos reciben un nuevo incremento de gozo, al ver que est\u00e1 bien servido en el mundo por las almas que todav\u00eda viven en \u00e9l, y al contemplar la gloria que prepara para ellas y para cada una de vosotras en particular, mis queridas hermanas, y para toda la Compa\u00f1\u00eda de la Caridad, Compa\u00f1\u00eda que se asemejar\u00e1 al para\u00edso si observa bien esta ley del amor. S\u00ed, es realmente una Compa\u00f1\u00eda del para\u00edso cuando sus hijas se portan como si estuvieran ya en el cielo. \u00a1Quiera la bondad de Dios concedernos esta gracia!<\/p>\n<p>Luego, poni\u00e9ndose de rodillas, el padre Vicente empez\u00f3 esta oraci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a1Salvador de nuestras almas! T\u00fa, por amor, quisiste morir por los hombres y dejaste en cierto modo tu gloria para d\u00e1rnosla y, por este medio, hacernos como otros dioses, tan semejantes a ti como era posible. Imprime en nuestros corazones esa caridad, a fin de que alg\u00fan d\u00eda podamos ir a unirnos con esa hermosa Compa\u00f1\u00eda de la Caridad que hay en el cielo. Tal es la s\u00faplica que te hago, Salvador de nuestras almas. Y de tu parte pronunciar\u00e9 tu bendici\u00f3n sobre nuestras pobres hermanas, pidiendo a tu bondad que derrame una efusi\u00f3n de gracias sobre ellas para ayudarles a practicar lo que se les ha ense\u00f1ado. Son gracias que a ti te resultan muy f\u00e1ciles de dar. Haz pues, Se\u00f1or, que todas ellas se sientan llenas de amor hacia ti, hacia el pr\u00f3jimo y hacia sus otras hermanas. Tal es la s\u00faplica que le hago con todo el coraz\u00f3n a tu divina Majestad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(04.03.58) (Reglas comunes, art. 36 Y 37) Hijas m\u00edas, vamos a continuar las charlas que hace tiempo comenzamos sobre vuestras reglas. 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Era \u00e9ste Obispo de Orihuela y, cuando el Rey volvi\u00f3 del destierro fue de los primeros que acudi\u00f3 a\u2026","rel":"","context":"En \u00abHistoria de las Hijas de la Caridad\u00bb","block_context":{"text":"Historia de las Hijas de la Caridad","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/historia-de-la-familia-vicenciana\/historia-de-las-hijas-de-la-caridad\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/hijas-caridad-espanya.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6932","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6932"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6932\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/393753"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6932"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6932"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6932"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}