{"id":6929,"date":"2009-05-01T19:06:00","date_gmt":"2009-05-01T18:06:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/05\/01\/vicente-de-paul-conferencia-090-sobre-las-visitas-y-la-obligacion-de-avisar-a-los-superiores\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:24","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:24","slug":"vicente-de-paul-conferencia-090-sobre-las-visitas-y-la-obligacion-de-avisar-a-los-superiores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-090-sobre-las-visitas-y-la-obligacion-de-avisar-a-los-superiores\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 090: Sobre las visitas y la obligaci\u00f3n de avisar a los superiores"},"content":{"rendered":"<p><em>(23.12.57)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>(Reglas comunes, art. 28 Y 29)<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, vamos a leer las reglas 28 Y 29 de las 43 que ten\u00e9is. Veamos lo que dicen: \u00abNo har\u00e1n visita alguna, ni siquiera a las hermanas de otra parroquia, sin permiso de la superiora, a no ser en caso de necesidad, como ser\u00eda en el caso de las enfermas, etc\u00e9tera\u00bb.<\/p>\n<p>Mis queridas hermanas, esto se refiere a la visita activa y a la pasiva. Las visitas pasivas son las que se reciben, y las activas las que se hacen a otras personas. Pues bien, las personas que viven en el mundo reconocen que las visitas son algo que hay que suprimir, y la experiencia demuestra que las visitas no son ordinariamente m\u00e1s que p\u00e9rdida de tiempo. Esto hace que las personas del mundo, que est\u00e1n acostumbradas a ver a mucha gente, gasta en visitas la mejor parte de su tiempo. De forma que, apenas una dama o un hombre quieren empezar una vida m\u00e1s perfecta, el primer consejo y la primera regla que les da el director es que modere sus visitas. \u00bfPor qu\u00e9? Porque en ellas se habla de tantas cosas que es dif\u00edcil no ofender a Dios y al pr\u00f3jimo. Si \u00e9ste es el consejo para las personas que viven en el mundo, tambi\u00e9n lo es para las hijas de la Caridad que desean vivir seg\u00fan la perfecci\u00f3n que est\u00e1n obligadas a tener. Por eso es muy importante que observen las reglas debidas en sus visitas. Es \u00e9ste un gran medio para tener el esp\u00edritu recogido en la meditaci\u00f3n. Por consiguiente, no buscar\u00e1n las visitas ni las har\u00e1n. Se quedar\u00e1n recogidas en sus casas y no tratar\u00e1n con el mundo, a no ser cuando Nuestro Se\u00f1or les obligue a ello. Fuera de ese caso, se abstendr\u00e1n de las visitas.<\/p>\n<p>Volvamos a la regla. \u00abNo har\u00e1n visita alguna, ni siquiera a las hermanas de otra parroquia\u00bb. Esto os parecer\u00e1 duro. \u00ab\u00a1C\u00f3mo!, dir\u00e9is, \u00bfno podr\u00e9 ver a las hermanas?; si somos hermanas, \u00bfqu\u00e9 mal hay en visitarse mutuamente?\u00bb. No lo hag\u00e1is nunca, hijas m\u00edas, si no ten\u00e9is previamente el permiso de la superiora. Y si una hermana siguiera su inclinaci\u00f3n, sin tener en cuenta la regla, obrar\u00eda mal, porque perder\u00eda el tiempo, con perjuicio del servicio a los pobres.<\/p>\n<p>En segundo lugar, ser\u00eda causa de que la otra hermana a quien visita cayese en la misma falta, porque es preciso que acompa\u00f1e a la visitante. Por eso Nuestro Se\u00f1or os pide que teng\u00e1is como m\u00e1xima no hacer visitas sin permiso de los superiores. &#8211; Pero, padre, me dir\u00e9is, \u00bfse hace as\u00ed en las otras comunidades?\u00a0 &#8211; S\u00ed, hijas m\u00edas, las religiosas de Santa Mar\u00eda tienen como m\u00e1xima que nunca hable una hermana con otra sin permiso, a no ser cuando est\u00e1n reunidas. Fuera de eso, no les est\u00e1 permitido hablarse sin Permiso. Si una hija de Santa Mar\u00eda hablase con otra religiosa sin permiso, cometer\u00eda una falta que habr\u00eda de recibir su castigo. \u00bfPor qu\u00e9? Porque la experiencia demuestra que, desde hace cerca de mil a\u00f1os que empez\u00f3 la instituci\u00f3n de comunidades, las hermanas pueden hacerse da\u00f1o con sus conversaciones<\/p>\n<p>Pero, padre, \u00bfqu\u00e9 hemos de hacer entonces? &#8211; Si ten\u00e9is que hablar de alguna cosa, bien sea a las personas de fuera, bien a nuestras hermanas, hay que pedir permiso, o bien escribir; si se trata de cosas \u00edntimas, ten\u00e9is que venir aqu\u00ed. Mis queridas hermanas, es justo que unas hijas que lo han dejado todo por seguir a Nuestro Se\u00f1or, que es un verdadero esposo, no busquen m\u00e1s diversi\u00f3n que en su amor y en el servicio a los pobres. Por eso es conveniente que obr\u00e9is de esta manera, a no ser en caso de necesidad. Por ejemplo, hay una hermana que se encuentra enferma en una parroquia; su hermana lo sabe; hace bien en acudir a su lado; as\u00ed es como las reglas est\u00e1n hechas con juicio y seg\u00fan justicia. Pero, fuera del caso de necesidad, in nomine Domini!<\/p>\n<p>Tampoco buscar\u00e1n, para distraerse, que las visiten otras personas; es decir, hijas m\u00edas, las hijas de la Caridad no tienen que buscar que las visiten otras hermanas, para tener ocasi\u00f3n de entretenerse y charlar. Con las enfermas es otra cuesti\u00f3n, como acabo de decir. Recomiendo a nuestras hermanas que, cuando haya alguna enferma, la visiten las de otras casas; pues me parece que es un gran consuelo para una enferma ver a sus hermanas; pero, fuera de ese caso, hijas m\u00edas, nada de visitas; seguid las indicaciones de vuestras reglas.<\/p>\n<p>La regla 28 habla de lo que se refiere especialmente a las hermanas que no viven con la superiora, las cuales no deben permitir que nadie de fuera suba a sus habitaciones sin mucha necesidad, especialmente los hombres, ni siquiera los sacerdotes, ni los confesores, a no ser cuando est\u00e9n enfermas.<\/p>\n<p>Mirad, hijas m\u00edas, lo que os acabo de decir es de tanta importancia que no s\u00e9 que haya ninguna otra cosa tan digna de recomendaci\u00f3n, despu\u00e9s del amor a Dios y al pr\u00f3jimo, que la observancia de esta regla, que tiene como finalidad la conservaci\u00f3n de la pureza. Pues bien, es preciso que sep\u00e1is que el mayor riesgo que corren las hijas de la Caridad es faltar a la pureza. \u00bfY por qu\u00e9? Porque el esp\u00edritu maligno, rabioso al verse despreciado y al ver el servicio que le hacen a Dios las hermanas que guardan la pureza, les presenta muchas tentaciones y acecha continuamente en torno a las personas religiosas o de una comunidad para hac\u00e9rsela perder. Por eso ten\u00e9is que evitar el trato con los hombres, fuera del caso de necesidad, incluso trat\u00e1ndose de conversaciones piadosas. Porque el maligno esp\u00edritu se servir\u00e1 de eso para tentaros. Cuando no hay objeto para eso, la cosa pasa f\u00e1cilmente; pero donde hay alguna ocasi\u00f3n para la tentaci\u00f3n, entonces es m\u00e1s violenta y de duraci\u00f3n m\u00e1s larga. Por eso se guarda la clausura entre las religiosas. No siempre se hizo as\u00ed, ya que al principio las religiosas no estaban encerradas; iban, lo mismo que vosotras, por todas partes. Pero sufr\u00edan tentaciones tremendas contra la pureza y por eso nuestros santos padres los papas, viendo este inconveniente, ordenaron que estuvieran encerradas, debido a la dificultad de guardar la pureza, si se presentan ocasiones para perderla.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, vosotras tendr\u00e9is que sufrir las tentaciones que ellas sufr\u00edan y que las hicieron caer a veces; aunque no a vosotras, gracias a Dios, pues no sabemos que haya sucumbido ninguna hasta el presente. Si alguna ha tenido tentaciones, las ha superado, por la misericordia de Dios. Pero, si os hab\u00e9is visto preservadas hasta ahora, conviene tomar medidas para el futuro, por vosotras y por las que vengan luego, si falt\u00e1is a esta regla.<\/p>\n<p>Pero, padre, \u00bfqu\u00e9 habr\u00e1 que hacer entonces?\u00a0 &#8211; Hijas m\u00edas, es menester que las hijas de la Caridad hagan de su habitaci\u00f3n su claustro. Si viene un pariente a visitaros, hay que bajar abajo y hablarle ante todo el mundo. Y conviene incluso abreviar.<\/p>\n<p>Padre, \u00bfno le parece algo duro todo esto? \u00bfNo resulta algo inhumano?\u00a0 &#8211; No, hijas m\u00edas; porque, si se lo permit\u00eds a un pariente, dej\u00e1is la puerta abierta para otras personas. Por eso no ten\u00e9is que dejar que ninguna de vosotras permita entrar a m hombre en vuestras habitaciones, ni tampoco a las mujeres, no ser en caso necesario.<\/p>\n<p>No solamente tienen prohibido las religiosas abrir la puerta a los hombres, sino hasta a las mujeres, que no entran all\u00ed nunca, o muy raras veces. Incluso se necesita permiso del obispo o del general. Pero los hombres no entran jam\u00e1s, a no ser los sacerdotes y los m\u00e9dicos en caso de enfermedad. Si ten\u00e9is que hablar con vuestros confesores, pod\u00e9is hablar con ellos en la iglesia, pero nunca en vuestras habitaciones, aunque fuera el padre Portail, o yo mismo; no ten\u00e9is que permitirlo.<\/p>\n<p>Padre, eso parece muy duro. &#8211; Hijas m\u00edas, es justo que as\u00ed sea. Cuando Dios quiera daros a conocer el peligro que hay para las hijas de la Caridad en esas conversaciones, ver\u00e9is que se ha tenido raz\u00f3n al daros esta regla. \u00a1Quiera Dios concederos esta gracia! Salvador m\u00edo, concede a mi s\u00faplica que estas hermanas conozcan la utilidad de esta regla, t\u00fa que tuviste una madre tan pura que se turb\u00f3 al ver a un \u00e1ngel en su habitaci\u00f3n, porque ten\u00eda forma humana. \u00a1Quiera la bondad de Dios, oh Salvador de nuestras almas, dar a conocer a nuestras hermanas la importancia de que los hombres no entren nunca en sus habitaciones! Es la humilde plegaria que te hago, Se\u00f1or, que por el amor que tuviste a la pureza, queriendo ser concebido y nacer de una madre tan pura, nos concedas esta gracia. Hijas m\u00edas, vamos a celebrar una fiesta de pureza (1). Pid\u00e1mosle a Nuestro Se\u00f1or que por su santa natividad nos conceda la gracia de observar bien esta regla. Entregu\u00e9monos a Dios para ello, pues se trata de una regla de la mayor importancia entre todas las que ten\u00e9is.<\/p>\n<p>Por consiguiente, cuando teng\u00e1is que hablar con vuestros confesores, hacedlo en la iglesia o en la puerta de casa. Adem\u00e1s, no tiene que ser a una hora indebida, por muy buenas intenciones y razones que teng\u00e1is. Y una hora indebida, hijas m\u00edas, despu\u00e9s del atardecer o tambi\u00e9n muy de ma\u00f1ana. Ten\u00e9is que poner cuidado, al hablar con alguien, que sea a una hora en que se pueda ver con claridad lo que hac\u00e9is. Hermanas m\u00edas, esto es lo que Dios pide de vosotras por vuestra regla, que hab\u00e9is de guardar, pensando muchas veces en esto para animaros a observarla. Sabed que el alfabeto, el abec\u00e9 o llamado tambi\u00e9n la cruz de Dios (2), tanto para las personas que quieren vivir bien en el mundo como para las hijas de la Caridad que desean vivir en la pureza, es precisamente cortar ante todo las visitas, no recibi\u00e9ndolas ni haci\u00e9ndolas m\u00e1s que en el caso que os he dicho.<\/p>\n<p>En segundo lugar, es menester que os entregu\u00e9is a Dios para no dejar entrar a los hombres en vuestra habitaci\u00f3n, ni siquiera a los sacerdotes, ni a m\u00ed mismo, porque eso va contra la voluntad de Dios, de forma que si les dej\u00e1is entrar, ofender\u00edais a Dios, y yo tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Dice as\u00ed el art\u00edculo 29 de vuestras reglas: \u00abNo pudiendo el superior y la superiora remediar los des\u00f3rdenes que se introduzcan en la comunidad sin saberlos, y no pudiendo saberlo si no se les advierten, y estando expuesta la Compa\u00f1\u00eda al peligro de decaer con el tiempo, por falta de estas noticias, cada una tendr\u00e1 cuidado de manifestar humildemente al superior o a la superiora las faltas notables que haya notado en sus hermanas\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, esto habla por s\u00ed mismo. Lo entend\u00e9is muy bien. Es imposible que, en las compa\u00f1\u00edas que se re\u00fanen para el servicio de Dios, no se cometan faltas notables. Nuestra debilidad y el diablo, que acecha continuamente a nuestro alrededor, son causa de que hagamos cosas que no deber\u00edamos hacer. Pas\u00f3 esto en la compa\u00f1\u00eda de Nuestro Se\u00f1or, y no hay ninguna compa\u00f1\u00eda, por santa y perfecta que parezca, donde no se cometan faltas. Por eso es l\u00f3gico pensar que tambi\u00e9n se cometer\u00e1n en la nuestra. Pues bien, si este mal permanece oculto, no se podr\u00e1 remediar, y con el tiempo podr\u00eda arruinar a la Compa\u00f1\u00eda. Por ejemplo, hay una persona que tiene una \u00falcera en el pecho; ella se lo calla y nadie se da cuenta. Aquel mal con el tiempo llegar\u00e1 a tal extremo que no tendr\u00e1 ya soluci\u00f3n y morir\u00e1 esa persona, por no haberle dado los remedios necesarios. De la misma forma, hijas m\u00edas, cuando hay en una compa\u00f1\u00eda personas que cubren las \u00falceras de sus almas, es menester que las descubran quienes las conozcan; si no, se arruinar\u00e1 la Compa\u00f1\u00eda. Las personas que tienen ese mal y se ven agitadas por grandes tentaciones no lo dir\u00e1n de ordinario o, si lo dicen, se lo dir\u00e1n a alguna confidente que tenga parecidos sentimientos.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, repito que es muy raro que una persona manifieste ella misma sus faltas, a no ser que sea virtuosa; pues hay almas, y yo las conozco, que no podr\u00edan tolerar nada en su esp\u00edritu sin dec\u00edrselo a sus superiores; pero son almas que no participan de esta masa corrompida de la carne y de la sangre y que buscan su perfecci\u00f3n. No teng\u00e1is miedo de que oculten nada a su superiora si son de vuestro sexo, o a, su superior si son del nuestro. Pero como hay muy pocos as\u00ed, se necesitaba una regla que obligase a comunicar las faltas notables que se adviertan en las otras hermanas. Pues bien, cuando se trata de hermanas que desean ser estimadas, no dicen nunca sus faltas; y si no saben nada, tampoco dir\u00e1n nada el superior y la superiora; inmediatamente las otras har\u00e1n lo mismo y dir\u00e1n: \u00abEsa hermana hace tal cosa, y no la reprenden. Seguramente no ser\u00e1 eso tan malo, puesto que no lo proh\u00edben\u00bb.<\/p>\n<p>Por consiguiente, hay que avisar a una hermana de las faltas que not\u00e9is en ella: en primer lugar, porque la persona que falta podr\u00e1 hacerlo mejor gracias a la advertencia que reciba; en segundo lugar, porque la Compa\u00f1\u00eda reciba un esc\u00e1ndalo cuando no se corrigen las faltas. Una superiora no puede ver todo lo que ocurre en cada lugar. Por ello, si hay alg\u00fan mal, \u00bfc\u00f3mo remediarlo? El remedio, hijas m\u00edas, estar\u00e1 en que vosotras avis\u00e9is al superior o a la superiora; no me refiero a ciertas cosas que no son m\u00e1s que tonter\u00edas, sino a las faltas considerables. Por ejemplo, una hermana tiene la tentaci\u00f3n de dejarlo todo, le costar\u00e1 someterse a la direcci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda y hablar\u00e1 muchas veces de eso con otra hermana. Las que lo sepan tienen que advertir a los superiores y decirles: \u00abPadre (o se\u00f1orita), parece que hay algo especial entre esas hermanas; hablan muchas veces de sus cosas\u00bb, o bien: \u00abCreo que tal hermana vacila un poco en su vocaci\u00f3n\u00bb. Y si por desgracia a alguna se le ocurriera coger dinero, habr\u00eda que avisar. Si pasa eso, estad seguras de que se trata de una trampa para hacer caer a la Compa\u00f1\u00eda. Si se descubriera, inmediatamente las hijas de la Caridad ser\u00edan consideradas como unas hermanas que hacen su agosto con el dinero de los pobres enfermos. Y hay que vigilar a las que podr\u00edan tener ese defecto; pues, apenas una lo haga, toda la Compa\u00f1\u00eda participar\u00e1 de su falta por el esc\u00e1ndalo que de ella se recibir\u00e1. Pues bien, para impedir que suceda esta desgracia, \u00bfqu\u00e9 hay que hacer? Hijas m\u00edas, apenas sep\u00e1is de alguna hermana que cometa faltas notables contra la regla, inmediatamente ten\u00e9is que venir a buscar a la superiora y decirle lo que ocurre, sobre todo si alguna cogiese dinero, por poco que sea. Pues, si empieza a tolerarse este vicio entre vosotras, pronto quedar\u00e1 reducida a la nada la Compa\u00f1\u00eda; y apenas se enteren de eso en una parroquia, empezar\u00e1n a trataros como a personas sospechosas que se apropian del dinero de los pobres. Se dir\u00e1, que si lo hubieran sabido al principio, no os habr\u00edan llamado. Esto es, hijas m\u00edas, lo que dir\u00e1 la gente.<\/p>\n<p>Pero hay adem\u00e1s otras faltas de las que hay que avisar cuanto antes. Por ejemplo, cuando una hermana falta a la regla permitiendo que entren hombres en su habitaci\u00f3n. En cuanto lo sepa otra, har\u00e1 lo mismo, si no se le dice nada. Dir\u00e1: \u00abTal hermana ha hecho esto y no le ha ocurrido ning\u00fan mal; \u00bfpor qu\u00e9 no lo voy a hacer yo?\u00bb. Esto, hijas m\u00edas, es un esc\u00e1ndalo para la Compa\u00f1\u00eda. Y si lo supiera la superiora, pondr\u00eda remedio. Pero, como no lo sabe, no dice ni una palabra. Y la hermana contin\u00faa haci\u00e9ndolo. Las dem\u00e1s dir\u00e1n: \u00abEsa hermana lleva haci\u00e9ndolo as\u00ed bastante tiempo; \u00bfy qu\u00e9 le ha ocurrido?\u00bb. As\u00ed ir\u00e1 aumentando el mal. Y vosotras que lo sab\u00e9is tendr\u00e9is que dar cuenta de ello a Dios, por no haber dado aviso de ese mal. \u00bfVeis a una persona que ofende a Dios y os vais a quedar mudas? \u00a1Ah, mutus! \u00a1Un mudo, un mudo! Es el t\u00e9rmino que emplean los te\u00f3logos cuando dicen que una persona que se hace el mudo, tolerando el mal sin poner impedimento, se hace tambi\u00e9n culpable del mal que otros hacen, por no dar aviso a las personas que podr\u00edan poner remedio.<\/p>\n<p>Por consiguiente, hijas m\u00edas, ten\u00e9is que acudir al superior o a la superiora, sin decirle nada a la hermana que ha cometido la falta. Porque si se lo dec\u00eds a ella, puede ser que no se preocupe. Si hac\u00e9is lo que os digo con esp\u00edritu de caridad, adquirir\u00e9is el m\u00e9rito de haber hecho una obra muy \u00fatil a toda la Compa\u00f1\u00eda. Si no lo hac\u00e9is, matar\u00e9is el alma de aquella persona. Porque, mirad, hijas m\u00edas, puede matarse a las personas de dos maneras: una, d\u00e1ndoles un golpe mortal, y otra quit\u00e1ndoles las cosas necesarias para la conservaci\u00f3n de su vida. Pues lo mismo pasa con la vida espiritual, que se le puede arrebatar al alma de dos maneras: primero, incit\u00e1ndolas al mal; segundo, quit\u00e1ndoles lo que necesitan para vivir, eso es, quit\u00e1ndoles el remedio que vuestras reglas os ordenan que le proporcion\u00e9is mediante las advertencias que los superiores les har\u00edan, si conocieran su necesidad, y las oraciones que rezar\u00edan para obtenerles la gracia de corregirse.<\/p>\n<p>Por eso es muy importante, hijas m\u00edas, que os entregu\u00e9is a Dios para observar bien esta regla. Y estad seguras de que, si sois fieles a ella, podr\u00e9is esperar que el mal no dure mucho tiempo, porque se pondr\u00e1 remedio oportuno; por el contrario, si no lo hac\u00e9is, la Compa\u00f1\u00eda acabar\u00e1 en ruinas, por no haber utilizado el remedio conveniente.<\/p>\n<p>Pues bien, cuando cre\u00e1is delante de Dios que est\u00e1is obligadas a avisar de los defectos de las hermanas, ten\u00e9is que tener cuidado y hacerlo con caridad, sin exagerar las cosas. \u00bfY c\u00f3mo hacerlo? Hijas m\u00edas, no ten\u00e9is nada que temer. Tendr\u00e9is que proceder de esta manera: primero, pedirle consejo a Dios de lo que hay que hacer y rezar de este modo: \u00abDios m\u00edos, conc\u00e9deme la gracia de conocer si tengo que avisar de tal defecto\u00bb; luego, si cre\u00e9is que ese defecto puede traer alg\u00fan perjuicio a la Compa\u00f1\u00eda, avisar cuanto antes a los superiores, como indica la regla. Cuando se trate de tonter\u00edas, no es necesario que vay\u00e1is siempre a indicarlas, sino que hay que pensar delante de Dios: \u00abSi no digo nada de esto, \u00bfpodr\u00e1 quedar perjudicada en algo mi hermana?\u00bb. Y si, despu\u00e9s de pensarlo, cre\u00e9is que hay que manifestar ese mal, ten\u00e9is que deciros: \u00abTengo que avisar a mi superiora de tal falta y hacerlo cuanto antes\u00bb.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 conveniente examinar si no hay alguna envidia por medio que haga parecer el mal mayor de lo que es en realidad; y si sent\u00eds que hay alguna antipat\u00eda, porque la otra no congenia con vosotras y esto os impide juzgar bien del asunto, en ese caso, hijas m\u00edas, convendr\u00e1 suspender la advertencia y esperar a que est\u00e9is libres de pasi\u00f3n; pues nunca hay que dar una advertencia por antipat\u00eda. Por otra parte, si os cuesta trabajo avisar al superior, a pesar de conocer alguna cosa que merece ser sabida, ten\u00e9is que preguntaros a vosotras mismas: \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde procede esto? \u00bfPor qu\u00e9 me cuesta tanto avisar de este mal? \u00bfNo podr\u00e1 ser perjudicial mi silencio? \u00bfNo ser\u00e1 que tengo demasiado afecto a mi hermana?\u00bb. Si resulta que es as\u00ed, hay que pedirle a Dios que os d\u00e9 a conocer lo que quiere que hag\u00e1is, y luego ver a qu\u00e9 os sent\u00eds m\u00e1s inclinada. \u00ab\u00bfTendr\u00e9 que hablar de esto? Me parece que s\u00ed; pero por otra parte me parece que no\u00bb. Hijas m\u00edas, no cabe duda de que en la hora de la muerte a todos nos gustar\u00eda haber avisado a una persona que estuviera en peligro de perdici\u00f3n. Pues bien, hay que tener presente lo que nos gustar\u00eda haber hecho en aquella hora. Por consiguiente, hay que avisar al superior y pasar por encima de todos nuestros recelos; pues mirad, hijas m\u00edas, es un asunto de gran importancia para la conservaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda y para lograr que cada una cumpla con su deber; y esto es imposible conseguirlo si no es por medio de esas advertencias.<\/p>\n<p>Cuando ven\u00eda para ac\u00e1, me encontr\u00e9 al salir de casa con un consejero de la corte; me dijo: \u00abPadre, acabo de ver a dos de sus hijas, llevando una el cesto y la otra el puchero de los enfermos. He observado en una de ellas una modestia tan grande que no levantaba los ojos\u00bb.<\/p>\n<p>Ved c\u00f3mo la modestia de esa hermana ha edificado a ese hombre. Si hubiera visto lo contrario, habr\u00eda quedado escandalizado. Hijas m\u00edas, dad gracias a Dios de que haya entre vosotras algunas hermanas tan edificantes y estad seguras de que, si hubiera algo importante, habr\u00eda que avisarlo cuando fuera de temer el esc\u00e1ndalo del pr\u00f3jimo o alg\u00fan otro mal. Si as\u00ed lo hac\u00e9is, merecer\u00e9is que Dios siga derramando sus bendiciones sobre vosotras y sobre toda la Compa\u00f1\u00eda y cumplir\u00e9is aquel consejo del evangelio, que ordena que se preocupen los unos de los otros. Sed, pues, fieles a esto y Dios os bendecir\u00e1.<\/p>\n<p>\u00abCada una tendr\u00e1 cuidado de avisar humilde y caritativamente\u00bb. S\u00ed, me olvidaba de esto. Hijas m\u00edas, cuando os sint\u00e1is obligadas a manifestar a los superiores o a la se\u00f1orita Le Gras los defectos de vuestras hermanas, ten\u00e9is que hacerlo humildemente con la idea de que vosotras comet\u00e9is faltas mayores. Por ejemplo, en mi hermana aparece externamente una falta; pero yo cometo otras muchas en mi interior, etc\u00e9tera. Y con este esp\u00edritu de humildad, decid: \u00abPadre (o se\u00f1orita), siento gran confusi\u00f3n al decirle esto\u00bb, como ya sab\u00e9is. No hay que exagerar el mal ni excusarlo, sino decir la verdad tal como os gustar\u00eda que se la dijese si fuerais vosotras las que cometisteis aquella falta.<\/p>\n<p>Sobre todo hay que hacerlo oportunamente. Hijas m\u00edas, cuando se trate de dar un aviso, es preciso que sea pensando en Dios y en las faltas de las que se quiere hablar: \u00bfson faltas notables o de poca importancia? \u00bfson faltas seguidas o que se cometen s\u00f3lo de vez en cuando? Por tanto, hay que tener en cuenta la cualidad de la falta: si es por debilidad, o si es una falta de esa gravedad de la que acabamos de hablar, como apropiarse del dinero o faltar a la regla que proh\u00edbe dejar que entren los hombres en vuestras habitaciones. Si se sabe que alguna hermana sufre alguna tentaci\u00f3n fuerte y habla de ello con las dem\u00e1s, las que lo sepan est\u00e1n obligadas a dec\u00edrselo a la superiora, a no ser que esa hermana lo haya dicho para pedir consejo. Por ejemplo, cuando se dirige a una hermana virtuosa y le dice para pedirle consejo y \u00e1nimos: \u00bfHermana, tengo tentaciones contra mi vocaci\u00f3n; le ruego que me diga qu\u00e9 es lo que tengo que hacer\u00bb. En ese caso, o sea, si es para pedir un consejo, esto merece atenci\u00f3n y que lo encomendemos a Dios.<\/p>\n<p>Sigue diciendo la regla: \u00abLlevar\u00e1 a bien el que sus defectos sean igualmente descubiertos al mismo superior o a la superiora, recibiendo con agrado las advertencias que le hicieren, tanto en p\u00fablico como en particular\u00bb. Esto quiere decir, hijas m\u00edas, que hab\u00e9is de entregaros a Dios, y yo con vosotras, para sacar provecho de las faltas que cometemos recibiendo las advertencias que nos hagan el superior o la superiora. Es muy dif\u00edcil que no caigamos a veces, hasta los m\u00e1s virtuosos; pero es importante que, cuando una hermana ha cometido alguna falta, deje que se le reprenda.<\/p>\n<p>Una alma buena dir\u00e1: \u00abSe\u00f1orita, \u00e9sos son los frutos de una pobre pecadora como soy; le suplico que ruegue a Dios por m\u00ed, para que su bondad me ayude a corregirme\u00bb. As\u00ed es como hay que portarse; y pedirle a Dios esa gracia: \u00abDios m\u00edo, conc\u00e9deme la gracia de recibir bien las advertencias que t\u00fa permitas que me hagan\u00bb. Pues en el fondo no es una hip\u00e9rbole afirmar que Dios habla por boca de los superiores. Es Nuestro Se\u00f1or el que lo dice con estas palabras: \u00abEl que os escucha, a m\u00ed me escucha; el que os desprecia, a m\u00ed me desprecia\u00bb (4). Pues bien, no recibir bien los avisos que nos dan los superiores es despreciarlos. Por ejemplo, una hermana dice, cuando se le avisa de alguna cosa: \u00abSe\u00f1orita, no s\u00e9 qui\u00e9n le habr\u00e1 dicho eso; ser\u00e1 alguna que me quiere mal. Escucha usted con demasiada facilidad lo que le cuentan\u00bb. Hijas m\u00edas, eso es lo que hacen las imperfectas; porque un alma humilde no es excusa. Cuando se le habla de sus faltas, las confiesa ingenuamente.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s diga alguna: \u00abPero, si no es verdad, \u00bfqu\u00e9 hay que hacer?\u00bb.\u00a0 &#8211; Hijas m\u00edas, si la cosa es importante, una hermana har\u00e1 bien en recibir la correcci\u00f3n con humildad y sin excusarse; pero algunos d\u00edas m\u00e1s tarde, no inmediatamente, convendr\u00e1 decir: \u00abSe\u00f1orita, he hecho honor a la humildad; pero tambi\u00e9n tengo que hacerlo a la verdad. Gracias a Dios, no s\u00e9 que haya ca\u00eddo nunca en la falta que hizo usted el favor de corregirme tal d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Mis queridas hermanas, si quer\u00e9is adquirir la perfecci\u00f3n, ah\u00ed ten\u00e9is un camino para llegar a ella y para haceros santas, tal como deben ser las verdaderas hijas de la Caridad; para ello s\u00f3lo se necesita que guard\u00e9is vuestras reglas. Si busc\u00e1is los medios para ser santas (y, seg\u00fan creo, todas aspir\u00e1is a ello, pues eso es lo que se dice en vuestras reglas), guardadlas y lo ser\u00e9is, seg\u00fan afirmaba el papa Clemente VIII, del que os habl\u00e9 la \u00faltima vez: \u00abUna persona que guarda sus reglas puede ser canonizada sin m\u00e1s pruebas de su santidad\u00bb. Por consiguiente, el medio para llegar a la santidad, tanto vosotras como yo (\u00a1miserable de m\u00ed, que estoy tan lejos de ello!), el verdadero medio es la observancia de vuestras reglas. Ese es el barco por medio del cual pasar\u00e9is felizmente de este mundo al otro; es el canal por el que Dios os enviar\u00e1 toda clase de gracia, mientras las observemos. Por eso mismo el esp\u00edritu maligno pondr\u00e1 todo su esfuerzo en apartarnos de la observancia de estas reglas. Y entonces unas sufrir\u00e1n la tentaci\u00f3n de no preocuparse de todas las cosas que debe llevar a cabo una hija de la Caridad; otras tendr\u00e1n la tentaci\u00f3n de ir con un tocado distinto. Entonces ya no se preocupar\u00e1n de esa falta contra la observancia de las reglas y, relaj\u00e1ndose poco a poco, caer\u00e1n en una disipaci\u00f3n tan grande que llegar\u00e1n a burlarse de todas vuestras pr\u00e1cticas tan santas. \u00bfPor qu\u00e9? Por haberse dejado llevar de la falta de observancia a las reglas. No digo que eso ocurra inmediatamente; pero, si no sois fieles en guardarlas, y \u00e9sta especialmente, pronto ocurrir\u00e1 algo parecido.<\/p>\n<p>Hay algunas entre vosotras dispuestas a guardarlas incluso a costa de sus vidas. Poneos al lado de \u00e9stas, hijas m\u00edas, y tended a ello con todas vuestras fuerzas, superando animosamente todas las dificultades que pudieran oponerse. Mis queridas hermanas, \u00bfhay consuelo mayor que cumplir la voluntad de Dios? Las que as\u00ed lo practic\u00e1is, lo sab\u00e9is muy bien: es como un continuo banquete. Y las que no lo hacen, viven en una continua tristeza, en medio de quejas y de miserias; pues, a cualquier parte adonde miren, sentir\u00e1n un continuo reproche en su conciencia, que es un testigo insobornable. Esa conciencia les dir\u00e1: \u00abHermana, no observa usted las reglas, tal como lo hab\u00eda prometido. Ah\u00ed tiene a esa otra hermana que, aunque d\u00e9bil de cuerpo, las guarda tan bien. \u00bfNo quiere usted vencerse en tal y tal cosa?\u00bb. \u00a1Miserable de m\u00ed!, \u00bfcu\u00e1ndo empezar\u00e9 yo a hacerlo as\u00ed? Mirad, si no guard\u00e1is vuestras reglas, preparaos para sentir un continuo reproche y estad seguras de que no tendr\u00e9is jam\u00e1s verdadero consuelo hasta que no os entregu\u00e9is a Dios para guardarlas como es debido. Y vosotras, las que las guard\u00e1is, decidme: \u00bfno es verdad que no hay nada que satisfaga tanto al alma como hacer lo que Dios pide de ella? \u00bfNo os acord\u00e1is de nuestras queridas hermanas que gozan de la presencia de Dios? Ya sab\u00e9is lo que se dijo de ellas en las conferencias que hemos tenido sobre sus virtudes. Se mostraban tan cuidadosas de observar sus reglas que nunca faltaban a ellas; o si, por debilidad, quebrantaban alguna a veces, inmediatamente se arrepent\u00edan. Por eso hemos de confesar que las que hemos visto practicarlo as\u00ed merecer\u00edan que se escribieran sus vidas. S\u00ed, hijas m\u00edas, os lo digo con cari\u00f1o y con consuelo, si las que manten\u00edan esta pr\u00e1ctica hubieran vivido en tiempos de san Jer\u00f3nimo, \u00e9l habr\u00eda escrito su biograf\u00eda. Pues aquel santo se complac\u00eda en recoger las vidas de los cristianos de su tiempo que se hab\u00edan hecho dignos de elogio por sus virtudes, y principalmente las de las mujeres consagradas a Dios.<\/p>\n<p>Nos queda ya poco tiempo, hijas m\u00edas, pues las horas pasan aprisa. \u00a1Animo! Ten\u00e9is medios muy seguros para llegar al puerto adonde ellas llegaron. Aun cuando vivi\u00e9ramos todav\u00eda veinte a\u00f1os, como las que se han ido a la otra vida, \u00bfqu\u00e9 significa eso? Pero no podemos esperar tanto. Porque en primer lugar no les queda mucho a unos viejos como yo. Yo no puedo ya vivir largo tiempo. Pero tambi\u00e9n los j\u00f3venes pueden morir pronto. Si esto es as\u00ed, empleemos el tiempo que nos resta; entregu\u00e9monos a Dios para cumplir bien nuestras reglas y confiad en su bondad. Si lo hac\u00e9is, la Compa\u00f1\u00eda de la Caridad ser\u00e1 agradable a los ojos de Dios. El se complacer\u00e1 en derramar sus bendiciones sobre ella har\u00e1 que sirva de edificaci\u00f3n a todo el mundo, siempre que hag\u00e1is todo lo que deben hacer las verdaderas hijas de la Caridad. Hijas m\u00edas, tened la confianza de que, si obr\u00e1is as\u00ed, la Compa\u00f1\u00eda ir\u00e1 creciendo como la aurora, y vosotras servir\u00e9is de ejemplo a las hijas de la Caridad que vengan detr\u00e1s de vosotras y que, al seguiros, se portar\u00e1n como verdaderas hijas de la Caridad. De esta forma la Compa\u00f1\u00eda ir\u00e1 siempre aumentando en santidad. As\u00ed lo espero de su divina bondad por medio de su divino nacimiento. Se lo pido por el eterno designo que tuvo de formar para s\u00ed mismo una Compa\u00f1\u00eda de pobres mujeres en los \u00faltimos tiempos y por las gracias que ya ha hecho a esta misma Compa\u00f1\u00eda. Tal es la s\u00faplica que le hago a Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(23.12.57) (Reglas comunes, art. 28 Y 29) Hijas m\u00edas, vamos a leer las reglas 28 Y 29 de las 43 que ten\u00e9is. 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