{"id":6920,"date":"2009-04-22T19:05:35","date_gmt":"2009-04-22T18:05:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/04\/22\/vicente-de-paul-conferencia-081-sobre-la-practica-de-no-pedir-nada-y-no-rehusar-nada\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:25","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:25","slug":"vicente-de-paul-conferencia-081-sobre-la-practica-de-no-pedir-nada-y-no-rehusar-nada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-081-sobre-la-practica-de-no-pedir-nada-y-no-rehusar-nada\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 081: Sobre la pr\u00e1ctica de no pedir nada y no rehusar nada"},"content":{"rendered":"<p><em>(17.06.57)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>(Reglas comunes, art. 8)<\/p>\n<p>La conferencia de hoy ser\u00e1 sobre vuestra regla octava. Dice as\u00ed: \u00abHar\u00e1n todo lo posible para ponerse en aquel estado tan recomendado por los santos y que con tanta exactitud se practica en las comunidades observantes, de no pedir ni rehusar cosa alguna de la tierra; pero si tuvieren una verdadera necesidad de alguna cosa, la podr\u00e1n proponer sencillamente y con indiferencia a las personas a quienes toca proveerlas; hecho esto, quedar\u00e1n con sosiego, ya les sea negada o concedida\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, ya os he dicho muchas veces que todas vuestras reglas tienden a convertiros en verdaderas hijas de la Caridad, y por consiguiente en verdaderas hijas de Nuestro Se\u00f1or, y que ten\u00e9is que mirarlas como reglas dadas por Dios. Esto tiene que obligaros a que os esforc\u00e9is por observarlas fielmente y de este modo os conducir\u00e1n con seguridad por el mar tempestuoso de este mundo y os servir\u00e1n de bajel para llevaros al puerto tan anhelado del para\u00edso.<\/p>\n<p>Entre todas las virtudes, hijas m\u00edas, he aqu\u00ed una de la mayor importancia: la de no pedir ni rehusar nada, que se practica en todas o al menos en la mayor parte de las comunidades. Se requiere esta virtud especialmente en la vuestra por medio de la santa regla de no pedir ni rehusar nada. Pues bien, para hablaros con utilidad de ella, seguir\u00e9 el orden acostumbrado, haci\u00e9ndoos ver en primer lugar las razones que obligan a la Compa\u00f1\u00eda de la Caridad en general y a cada una de vosotras en particular a entregarse a Dios para abrazar y observar con amor\u00a0 esta regla, a fin de entrar en el verdadero y perfecto esp\u00edritu del cristianismo; en el segundo punto diremos en qu\u00e9 consiste esta virtud; y en el tercero hablaremos de los medios para practicar bien esta regla de no pedir ni rehusar nada.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, cuando decimos que no hay que pedir ni rehusar nada, podr\u00eda alguna preguntarse de qu\u00e9 manera hay que entender esto. Por eso hemos de aclarar la cuesti\u00f3n y saber que se trata de que no hay que pedir las cosas temporales; pues las espirituales s\u00ed que hay que pedirlas con insistencia, ya que as\u00ed lo quiere Nuestro Se\u00f1or que nos dijo en el evangelio: \u00abPedid y recibir\u00e9is, llamad y se os abrir\u00e1\u00bb (1). Por consiguiente, no decimos que no haya que pedir a Dios por las necesidades que se refieren al alma, como son las virtudes, la fuerza para vencer las pasiones, su santa gracia; cuando decimos que no hay que pedir nada, hay que entenderlo de las cosas que se refieren a la tierra y que no sirven de nada para el cielo, como por ejemplo pedir estar en esta parroquia en lugar de otra, con esta hermana, tener tal ocupaci\u00f3n y dejar tal otra, pedir un vestido de tal manera y de tal tela en lugar de tal otra, querer llevar consigo algo especial, que no sea com\u00fan a las dem\u00e1s. Se trata de cosas que no merecen ser pedidas ni buscadas por unas personas que se han entregado a Nuestro Se\u00f1or para servirle, en las que no cabe ning\u00fan afecto a las criaturas, a no ser por amor de Dios. En una palabra, no est\u00e1 permitido a un alma querer cualquier otra cosa con preferencia a Dios. Dios tiene celos del amor de sus esposas y no lo quiere compartir con nadie. Apenas queremos una cosa m\u00e1s que otra, es se\u00f1al de que Dios no es el \u00fanico objeto de nuestro amor. Veis entonces la importancia que tiene que nos entreguemos a \u00e9l para mantener esta pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hijas m\u00edas, repito que la primera raz\u00f3n que tenemos para observar esta regla es porque se trata de una pr\u00e1ctica que nos conduce a la indiferencia, la cual hace que un alma que ha llegado a ese estado casi no sepa si quiere o no quiere, pues solamente est\u00e1 apegada a Dios y no quiere m\u00e1s cosas que las que \u00e9l quiere y como \u00e9l las quiere. \u00a1Qu\u00e9 felicidad la de un alma que ha llegado a ese estado! Ense\u00f1adme una hermana con esta disposici\u00f3n, tal como hay varias entre vosotras, gracias a Dios, que cuando se le dice: \u00abHermana, venga\u00bb, ella viene, y cuando se le dice: \u00abHermana, vaya para all\u00e1\u00bb, ella va. Cuando ve\u00e1is a una hermana obrar de esta manera, pod\u00e9is decir que tiene su coraz\u00f3n indiferente, v \u00e9sta es la mayor satisfacci\u00f3n que puede tenerse en este mundo. \u00bfQu\u00e9 mayor contento podr\u00edais tener que querer o no querer aquello mismo que los superiores quieren o no quieren? Hijas m\u00edas, \u00bfquer\u00e9is estar muy unidas a Dios y tener un coraz\u00f3n como \u00e9l? Pues no hay mejor medio que no querer otra cosa m\u00e1s que lo que \u00e9l desea que tengamos, estar dispuestas a obedecer en todo, como los servidores de aquel centuri\u00f3n del que nos habla el evangelio: \u00abYo tengo servidores; cuando les digo que vayan, ellos van\u00bb (2). De la misma manera, hay personas que, a la menor se\u00f1al de la voluntad de los superiores, inmediatamente se ponen a ejecutarla; decidle: \u00abEs preciso hacer esto\u00bb, y lo hacen sin preocuparse de si ser\u00eda mejor hacer otra cosa. Mis queridas hijas, ense\u00f1adme una hermana que sea como os acabo de decir, y os aseguro que esa hermana no tiene m\u00e1s entendimiento ni m\u00e1s voluntad que la de Dios. Cuando se ha llegado a ese estado, puede uno decir: \u00abvivo yo, pero no soy yo, sino Jesucristo quien vive en m\u00ed\u00bb (3). Es san Pablo el que lo dice. Esto es: vivo yo en cuanto a la vida del cuerpo, con una vida animal, pero no es de esa vida de la que yo vivo; es Jesucristo el que hace que yo no viva solamente de esa vida animal, puesto que es \u00e9l quien vive en m\u00ed. Por eso vivo como Nuestro Se\u00f1or quiere que viva, conform\u00e1ndome a \u00e9l todo lo que es posible, de manera que el que me vea, ver\u00e1 una imagen que representa a Jesucristo. Hijas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 felices ser\u00e9is si entr\u00e1is en la pr\u00e1ctica de esta regla! Hermanas m\u00edas, \u00a1ojal\u00e1 le conceda Dios a la Compa\u00f1\u00eda de la Caridad la gracia de llegar a este estado! \u00a1Qu\u00e9 felicidad ser\u00eda entonces la vuestra! Cada una de vosotras, contenta de su estado, no tendr\u00eda ya ning\u00fan motivo para desear una situaci\u00f3n m\u00e1s elevada. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1No querer m\u00e1s que lo que Dios quiere, no tener otra satisfacci\u00f3n m\u00e1s que la de cumplir su voluntad! La verdad es que no hay condici\u00f3n m\u00e1s alta que la que nos une con Dios. Y el medio para conseguir esta uni\u00f3n es no pedir ni rehusar nada. Pero si una se empe\u00f1a en ir a aquel lugar, en cambiar de cargo, si adem\u00e1s insiste pidi\u00e9ndole a la se\u00f1orita Le Gras que la saque de all\u00ed, y al padre Portail que se ocupe de eso, \u00a1ay! \u00a1cu\u00e1n alejada est\u00e1 de lo que Dios pide de ella! Creo que no hay entre vosotras ninguna de esa clase y que todas vosotras quer\u00e9is realmente no pedir ni rehusar nada, o al menos dese\u00e1is ser as\u00ed, con la gracia de Dios. Pero si hubiera alguna que pensase y hablase de esa manera, que se corrija y le diga a Nuestro Se\u00f1or: \u00abSe\u00f1or, no deseo ninguna cosa; me someto por entero a tu santa voluntad, tal como se manifiesta por medio de los superiores\u00bb. Esta es, pues, la primera raz\u00f3n.<\/p>\n<p>La segunda raz\u00f3n que tenemos para no pedir ni rehusar nada es que, al portarnos de ese modo, ya no tenemos voluntad, pues siempre estaremos satisfechos, tanto en un lugar como en otro. Pues bien, esas personas, a pesar de vivir todav\u00eda en la tierra, viven como si no vivieran en ella, pues empiezan ya a gustar de las delicias del para\u00edso y a participar de la felicidad de los bienaventurados. \u00bfEn qu\u00e9 cre\u00e9is que consiste la felicidad de los santos del cielo? En que no tienen m\u00e1s voluntad que la de Dios ni desean otra cosa m\u00e1s que lo que Dios quiere. En eso consiste su felicidad. Y de esta forma, cuando un alma se muestra conforme con la voluntad de Dios, cuando no tiene ninguna queja del estado en que se encuentra, realmente, hijas m\u00edas, eso es empezar el cielo en la tierra, y no creo que haya ninguna felicidad comparable en este mundo. \u00bfNo es verdad, hijas m\u00edas, las que as\u00ed lo practic\u00e1is, que experiment\u00e1is vosotras mismas lo que os digo? \u00bfSent\u00eds alg\u00fan placer mayor que conformar vuestra voluntad con la de Dios? Creo que todas estar\u00e9is en este estado, unas m\u00e1s y otras menos. Pero las que hayan recibido de Dios la gracia de estar bien afianzadas en \u00e9l comprender\u00e1n muy bien la felicidad que hay en llegar a tan alto nivel.<\/p>\n<p>Pero, padre, dir\u00e1 alguna, \u00bfcree usted que yo puedo llegar a eso, siendo una pobre aldeana? S\u00ed, hija m\u00eda; las que sirven a los pobres sin tener afecto a un lugar ni a otro, las que s\u00f3lo buscan contentar a Dios, las que no piden ni reh\u00fasan nada, que las env\u00eden a otro sitio o que las dejen donde est\u00e1n, las que siempre se muestran lo mismo, os aseguro que no conozco personas m\u00e1s felices que \u00e9sas y que no conozco un estado m\u00e1s feliz que \u00e9se. Hijas m\u00edas, cuando llegu\u00e9is a pensar en vuestro interior: \u00bfqu\u00e9 es lo que quiero?, y reconozc\u00e1is que no quer\u00e9is m\u00e1s que lo que Dios quiere, \u00bfno es verdad que experiment\u00e1is un gozo, una paz interior y un consuelo tan grande que es imposible expresar?<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, pues, dos razones, entre otras muchas, que ten\u00eda que deciros a este prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Pero, padre, me dir\u00e9is tambi\u00e9n, \u00bfqu\u00e9 es lo que hizo Nuestro Se\u00f1or? \u00bfNo sigui\u00f3 acaso su voluntad? Hijas m\u00edas, Nuestro Se\u00f1or no hizo nunca su propia voluntad; al contrario, cumpli\u00f3 siempre la voluntad de su Padre celestial (4), que era su director. Si somos hijos de Dios, debemos parecernos a \u00e9l; y si sois verdaderas hijas de la Caridad, que quiere decir lo mismo que hijas de Nuestro Se\u00f1or, \u00bfno es verdad que ten\u00e9is que seguir su ejemplo? Todos los santos han seguido esta pr\u00e1ctica, y entre otros san Pablo. Cuando Dios lo derrib\u00f3 de su caballo, cuando su conversi\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 es lo que le dijo a Nuestro Se\u00f1or?: \u00abAqu\u00ed estoy en tierra, le dijo; \u00bfqu\u00e9 quieres que haga?\u00bb (5). No hizo otra cosa m\u00e1s que preguntar cu\u00e1l era la voluntad de Dios; eso es la indiferencia; ya no hace lo que \u00e9l quiere ni puede decir otra cosa m\u00e1s que \u00e9sa: \u00abSe\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 quieres que haga? Estoy pronto a obedecerte\u00bb. Nuestro Se\u00f1or le orden\u00f3 que fuera a buscar a Anan\u00edas para que le instruyera. Y as\u00ed lo hizo. \u00a1Salvador de mi alma! \u00a1Qui\u00e9n nos diera m\u00e1s deseos de entrar en sentimientos semejantes!<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, una persona que ha llegado hasta aqu\u00ed est\u00e1 muy adelantada en la gracia de Dios, ya que era eso lo que practicaba Nuestro Se\u00f1or, lo que hizo san Pablo y tambi\u00e9n el se\u00f1or obispo de Ginebra (6). \u00bfEn qu\u00e9 grado tan eminente lo practicaba este \u00faltimo! Dec\u00eda en cierta ocasi\u00f3n: \u00abSi fuera religioso, no me gustar\u00eda nunca pedir nada ni rehusar nada. Pero no puedo hacerlo, pues soy obispo y me veo obligado a mandar, en virtud de mi cargo\u00bb. En otra ocasi\u00f3n dec\u00eda tambi\u00e9n: \u00abMe siento tan indiferente que si Dios no me dijera: \u00a1Ven a m\u00ed!, no me apresurar\u00eda en caminar hacia \u00e9l\u00bb. En fin, este bienaventurado apreci\u00f3 tanto esta pr\u00e1ctica que la convirti\u00f3 en regla especial para las hijas de Santa Mar\u00eda, para obligarlas a no pedir ni rehusar nada.<\/p>\n<p>Es bonito leer lo que se refiere de la suegra de san Pedro en el evangelio (7). Aquella mujer, sinti\u00e9ndose enferma de una fiebre molesta, oy\u00f3 decir que Nuestro Se\u00f1or estaba en Cafarna\u00fan haciendo grandes milagros, curando a los enfermos, echando el demonio de los posesos, y otras maravillas. Ella sab\u00eda que su yerno estaba con el Hijo de Dios y pod\u00eda decirle a san Pedro: \u00abHijo m\u00edo, tu maestro es muy poderoso y es capaz de librarme de esta enfermedad\u00bb. Poco tiempo despu\u00e9s, Nuestro Se\u00f1or fue a su casa, en donde ella no mostr\u00f3 ninguna impaciencia por su mal; no se quej\u00f3, ni le dijo nada a su yerno, ni siquiera al mismo Jes\u00fas; pues pod\u00eda haberle dicho: \u00abS\u00e9 que t\u00fa puedes curar toda clase de enfermedades, Se\u00f1or; ten compasi\u00f3n de m\u00ed\u00bb. Sin embargo, no dijo nada y Nuestro Se\u00f1or, al ver su indiferencia, orden\u00f3 a la fiebre que se retirase; y en aquel instante qued\u00f3 curada.<\/p>\n<p>Mis queridas hermanas, cuando vengan sobre nosotros algunas molestias, no hemos de preocuparnos, ni siquiera por las enfermedades o los achaques; no hemos de desear vernos libres de ellas, sino dejar todo eso en manos de la Providencia y saber que nos basta con que Nuestro Se\u00f1or nos vea y sepa que padecemos por su amor y por imitar los grandes ejemplos que \u00e9l nos dio, especialmente en el huerto de los olivos, cuando acept\u00f3 el c\u00e1liz (8) para excitarnos a la indiferencia; pues, aunque le pidi\u00f3 al Padre que pasase de \u00e9l aquel c\u00e1liz, si fuera posible, sin que tuviera que beberlo, a\u00f1adi\u00f3 inmediatamente que se hiciera la voluntad de Dios, demostrando que se encontraba en una perfecta indiferencia ante la vida o la muerte. Esto es, mis queridas hermanas, lo que os obliga a estar siempre sometidas a lo que Dios quiera enviaros, y a acostumbraros de tal forma a la indiferencia que ninguna cosa humana sea capaz de proporcionaros ninguna turbaci\u00f3n o descontento. \u00a1Salvador de mi alma, conc\u00e9denos la gracia de entrar en este esp\u00edritu! Mirad, hermanas m\u00edas, esto parece duro a la carne; pero un alma que ama a Dios, un alma que quiere salvarse, esa alma no encuentra en ello tanta dificultad como a primera vista pudiera parecer.<\/p>\n<p>En cuanto al segundo punto, que trata de saber en qu\u00e9 consiste la pr\u00e1ctica de no pedir ni rehusar nada en cuanto a las cosas temporales, no tengo nada especial que deciros, ya que la cosa habla por s\u00ed misma y no creo que sean necesarias m\u00e1s explicaciones.<\/p>\n<p>En cuanto al tercer punto, sobre los medios para practicar bien esta regla, el primer medio es considerar con atenci\u00f3n las ventajas que de aqu\u00ed se derivan para las almas que se esfuerzan en ello, y hacer oraci\u00f3n sobre este punto; hablar de \u00e9l cuando se re\u00fanen dos o tres hermanas, charlar sobre lo que aqu\u00ed se ha dicho, en vez de hablar sobre tonter\u00edas o cosas malas.<\/p>\n<p>El segundo medio para obtener esta virtud es considerar las desventajas que hay en hacer lo contrario a esta pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>El tercero es considerar que por medio de esta virtud os convertir\u00e9is en perfectas hijas de la Caridad. Os pregunt\u00e1is a veces sobre cu\u00e1l es el medio para superar vuestras pasiones, est\u00e1is preocupadas por saber qu\u00e9 hay que hacer para convertiros en verdaderas hijas de la Caridad; pues bien, hijas m\u00edas, observad esta regla, practicad las virtudes que componen vuestro esp\u00edritu, que consiste en la humildad, la sencillez y la caridad; \u00e9se es el medio para haceros muy virtuosas.<\/p>\n<p>Como cuarto medio, hay que pensar, como ya hemos dicho, que la cosa no es tan dif\u00edcil como parece, aunque al comienzo resulte un poco dura. Si os acostumbr\u00e1is a ello, lo har\u00e9is sin ning\u00fan esfuerzo, con la gracia de Dios; pero es preciso que le pid\u00e1is esa gracia.<\/p>\n<p>Otro medio consiste en mortificarse en las ocasiones en que os cueste un poco. Pod\u00e9is estar seguras, mis queridas hermanas, que si os mortific\u00e1is bien, como hemos dicho, entrar\u00e9is en esa indiferencia y por consiguiente en la verdadera libertad de los hijos de Dios. \u00a1Qu\u00e9 dicha llegar a ese estado!<\/p>\n<p>Ten\u00edamos a un hermano nuestro que, al hablar de la oraci\u00f3n, dec\u00eda: \u00abMire, padre, cuando Dios quiere que me mortifique en alguna cosa, en la bebida, en la comida, en el hablar o en el mirar, entonces tengo buenos pensamientos en la oraci\u00f3n; me vienen en mont\u00f3n; de forma que lo que m\u00e1s necesito entonces es elegir entre los que me parecen m\u00e1s apropiados\u00bb.<\/p>\n<p>Os estoy hablando de un hermano ignorante, hijas m\u00edas, y Dios le ha dado la gracia de poder decir: \u00abMe vienen en mont\u00f3n\u00bb. He de confesaros que esto me impresion\u00f3. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Un pobre hermano que ha llegado hasta tal punto en su oraci\u00f3n! De aqu\u00ed podemos deducir que la mortificaci\u00f3n es el medio para hacer bien la oraci\u00f3n. Seguramente recordar\u00e9is lo que os dije en una charla que os di sobre la mortificaci\u00f3n, c\u00f3mo debe extenderse a todos los sentidos, impidiendo a los o\u00eddos que oigan lo que no es necesario, a los ojos ver, al gusto deleitarse en comer fuera de lo necesario; por ejemplo: cuando estoy en una parroquia o en un hospital, comer\u00e9 lo que me est\u00e1 permitido comer en casa, observando el mismo orden, tanto en la cantidad como en la calidad: si no se usa vino, no beber\u00e9 vino; si hay fruta en abundancia, no tomar\u00e9 m\u00e1s que lo ordinario. Aunque est\u00e9 lejos de casa, no har\u00e9 nunca nada que no est\u00e9 conforme con lo que all\u00ed se hace; por ejemplo, me gustar\u00eda mucho ir a tal parroquia con tal hermana; es una buena ocasi\u00f3n para mortificaros y dec\u00edrselo al padre Portail o a la superiora; ten\u00e9is que hacerlo y decirles: \u00abPadre, se\u00f1orita, creo que es mi obligaci\u00f3n advertirle que me gusta mucho estar en tal sitio con tal hermana, con la que me desean enviar: mire usted si ser\u00e1 conveniente enviarme all\u00e1\u00bb. As\u00ed es, mis queridas hermanas, como proceden los siervos de Dios y como deb\u00e9is hacer vosotras.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es una buena ocasi\u00f3n de mortificaros cuando quieren mandaros a un sitio al que sent\u00eds repugnancia; cuando una hermana siente esa repugnancia, \u00bfcomete una falta al decirlo o no? No est\u00e1 mal decirlo, content\u00e1ndose con ofrecer esa pena a Nuestro Se\u00f1or y con pedirle la gracia para poder superarlo; pero lo mejor ser\u00eda no decir nada.<\/p>\n<p>Hay mortificaciones interiores, o sea, que hay que mortificar el entendimiento, impidiendo que se llene de vanas curiosidades. A la memoria le gustar\u00eda acordarse del pasado, de la juventud, de los placeres y pasatiempos, de las personas que nos ayudaron a ello, para sentir un poco de alegr\u00eda; o, por el contrario, acordarse de los que nos han causado alg\u00fan disgusto, para sentir indignaci\u00f3n contra ellos. Hijas m\u00edas, hay que mortificar el recuerdo de todas esas cosas y no hablar de ellas, sino hablar de cosas buenas, de las virtudes de nuestras hermanas y cuando sintamos afecto a alguna cosa de la tierra, acordarse de que debemos despreciarlas y elevar entonces el coraz\u00f3n a Dios para decirle: \u00abDios m\u00edo, \u00a1qu\u00e9 feliz ser\u00e9 si logro entrar en estas pr\u00e1cticas! \u00a1c\u00f3mo podr\u00e9 entonces avanzar en la virtud!\u00bb.<\/p>\n<p>Pero, padre, me dir\u00e9is, \u00a1qu\u00e9 duro es eso de mortificarse durante toda la vida!\u00a0 &#8211; S\u00ed, hijas m\u00edas, es menester que nos decidamos a mortificar todos nuestros deseos, cuando no son conformes con la voluntad de Dios. Pero apenas empecemos a practicar esto, todo nos resultar\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil. Al principio se sentir\u00e1 alguna dificultad; pero despu\u00e9s de siete u ocho d\u00edas de esfuerzo, o todo lo m\u00e1s treinta d\u00edas, ya no sentir\u00e9is afecto a ninguna cosa y os encontrar\u00e9is en un estado en el que casi no sabr\u00e9is si quer\u00e9is o no quer\u00e9is. \u00a1Qu\u00e9 felicidad! No dig\u00e1is que es imposible llegar a eso; conozco almas en medio del mundo que son tan indiferentes que no les gustar\u00eda hacer nada por su propia elecci\u00f3n. He conocido y conozco algunas de las que ahora me acuerdo, que me dec\u00edan: \u00abSi me negara a hacer lo que me ordenan o hiciera alguna cosa seg\u00fan mi voluntad, no podr\u00eda encontrar nunca descanso\u00bb.<\/p>\n<p>Cierta se\u00f1ora que conozco no pod\u00eda hacer la cosa m\u00e1s peque\u00f1a si no se lo ordenaban. Pues bien, si las personas que viven en el mundo son capaces de tender a esta perfecci\u00f3n y de conseguirla, con mucha m\u00e1s raz\u00f3n estamos obligados nosotros a entregarnos a Dios para entrar en esta santa pr\u00e1ctica, ya que \u00e9l mismo nos lo pide en nuestra regla, que nos obliga a tal sumisi\u00f3n a las \u00f3rdenes de la divina providencia que hemos de aceptarlas todas con agrado, sin rehusar nada ni desear otra cosa. Esa es la mayor felicidad que puede caberle a un alma en este mundo. Por el contrario, una hermana que sigue su propia voluntad y ve con disgusto lo que se le ordena, o se molesta cuando le niegan alguna cosa, \u00a1Salvador m\u00edo!, \u00a1en qu\u00e9 estado tan desgraciado se encuentra! \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Pobre Compa\u00f1\u00eda de la Caridad, qu\u00e9 pronto llegar\u00edas a tu fin si te encontrases en un estado tan deplorable! Hijas m\u00edas, cuando ve\u00e1is a algunas que dicen: \u00abQuiero hacer esto; no quiero hacer aquello\u00bb, \u00a1qu\u00e9 gran aflicci\u00f3n para todas!<\/p>\n<p>\u00abPero, padre, dir\u00e1 alguna, yo acabo de entrar y todav\u00eda no tengo fuerzas para ello\u00bb. Si no eres bastante fuerte, p\u00eddele a Dios la gracia de serlo.<\/p>\n<p>\u00abPero, padre, dir\u00e1 otra, yo no puedo conseguirlo; me gustar\u00eda con todo el coraz\u00f3n, pero, cuando llega la ocasi\u00f3n, fallo en esta regla. Tengo un esp\u00edritu tan decidido que no puedo plegarlo a hacer lo que me ordenan. Siento repugnancia a todo lo que los dem\u00e1s quieren que haga\u00bb. Hijas m\u00edas, si hubiera alguna con ese esp\u00edritu, tened compasi\u00f3n de vosotras mismas, porque estar\u00eda cerca la desolaci\u00f3n. Pedidle a Nuestro Se\u00f1or que os d\u00e9 la docilidad de su esp\u00edritu y esforzaos en adquirirla. Esforzaos todo lo que pod\u00e1is en vencer vuestro car\u00e1cter y tened la firme confianza de que Dios os robustecer\u00e1 con su gracia.<\/p>\n<p>*Pero, padre, yo soy ya antigua; \u00bfno me estar\u00e1 permitido tener m\u00e1s libertad que las j\u00f3venes? \u00bfVoy a estar tan sujeta como las que acaban de llegar?\u00bb. Hijas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 esc\u00e1ndalo le dar\u00eda usted a las dem\u00e1s, si cometiese esa falta! Usted es ya antigua en la Compa\u00f1\u00eda, como dice; pues precisamente por eso tiene que ser la primera delante de Dios en la pr\u00e1ctica de las virtudes propias de una verdadera hija de la Caridad. Las hermanas antiguas est\u00e1n obligadas a una virtud mayor que las que vienen detr\u00e1s de ellas. No solamente le pide Dios m\u00e1s virtud a una antigua que a una nueva, sino que, a medida que vamos avanzando en edad estamos m\u00e1s obligados a trabajar por nuestra perfecci\u00f3n. Y yo que, como sab\u00e9is, tengo ya setenta y siete a\u00f1os, debo tener m\u00e1s perfecci\u00f3n que otro que tenga s\u00f3lo sesenta a\u00f1os; y cuanto m\u00e1s avance en edad, m\u00e1s obligado estoy a tender a ella, a imitaci\u00f3n de aquel que nunca hizo su propia voluntad, sino que estuvo siempre dispuesto a obedecer a su santa Madre y a san Jos\u00e9 (9) durante su infancia y su vida oculta, y a los jueces, a pesar de su maldad, durante su pasi\u00f3n. Por eso, mis queridas hermanas, yo no veo ninguna excusa para que os pod\u00e1is dispensar de esta santa pr\u00e1ctica, en cualquier estado en que os encontr\u00e9is, ni en salud ni en enfermedad, ya que siempre podr\u00e9is tener esta conformidad con la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>\u00abPero, padre, cuando est\u00e9 enferma, cuando tenga fiebre o est\u00e9 con un dolor de cabeza insoportable, \u00bfno me ser\u00e1 posible pedir siquiera un vaso de agua?\u00bb.\u00a0 &#8211; En ese caso, no quiero decir que no est\u00e9 permitido, especialmente en esas fiebres ardientes en las que parece que un sorbo de agua le devuelve a uno la vida, ni me gustar\u00eda tachar de imperfecci\u00f3n a una hermana que, en ese caso, pidiera alg\u00fan refrigerio; pero tambi\u00e9n os aseguro que, si se priva de ello y lo soporta todo por amor de Dios, har\u00e1 un acto de virtud tan agradable a su divina Majestad que merecer\u00e1 recibir una unci\u00f3n en el alma infinitamente superior al alivio del que se ha privado al rehusar o al dejar de pedir aquello que tanto necesitaba.<\/p>\n<p>El hombre no vive s\u00f3lo de pan, sino de la palabra de Dios (10) de forma que las personas que usan menos de los alimentos que parecen tan necesarios para la vida sienten m\u00e1s esos consuelos que acostumbra dar Nuestro Se\u00f1or a los que se privan voluntariamente de ellos por su amor.<\/p>\n<p>San Bernardo les dec\u00eda a los que se extra\u00f1aban de la austeridad de sus religiosos: \u00abEl mundo conoce bien nuestros trabajos y mortificaciones y por eso se lamenta y tiene compasi\u00f3n de nosotros. Pero no conoce las dulzuras y consuelos interiores que sentimos; no comprende que un acto de mortificaci\u00f3n nos da una satisfacci\u00f3n mucho mayor que el esfuerzo que pusimos en hacerlo. Por eso se extra\u00f1a y se compadece de nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, si lo hici\u00e9ramos as\u00ed, tendr\u00edamos un mont\u00f3n de consuelos. Acordaos de lo que os dije de aquel hermano que recib\u00eda tantas gracias despu\u00e9s de haberse mortificado. Si acept\u00e1semos las mortificaciones como venidas de la mano de Dios, sea cual fuere el motivo por el que nos vienen, sobre todo nuestros disgustos y penas interiores, la Compa\u00f1\u00eda de las hijas de la Caridad ser\u00eda un para\u00edso en la tierra. Estad seguras de que una hermana que procure mortificarse adquirir\u00e1 un mont\u00f3n de virtudes. Ya os dije en otra ocasi\u00f3n c\u00f3mo un buen religioso de una orden muy austera se hab\u00eda acostumbrado de tal forma a la mortificaci\u00f3n que ya no le costaba ning\u00fan esfuerzo y les dec\u00eda a sus hermanos: \u00ab\u00bfPero qu\u00e9 hacemos aqu\u00ed? Hemos venido a obedecer, pero nos sucede todo lo contrario, ya que todas las cosas nos obedecen a nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Mirad, hijas m\u00edas, si queremos vivir en libertad, mortifiquemos nuestras pasiones, pues es propio de la mortificaci\u00f3n dar descanso al alma, de forma que siempre estar\u00e1 contenta con lo que le pasa y no pide ni reh\u00fasa nada.<\/p>\n<p>Mis queridas hermanas, \u00bfno os parece admirable estar dotadas de una virtud que hace que no queramos nada m\u00e1s que la voluntad de Dios? Suponed que ahora estamos en libertad, o de seguir nuestras inclinaciones con todas las desventajas que esto supone, o de alcanzar el estado de los bienaventurados que est\u00e1n en el cielo, conform\u00e1ndonos en todo con la voluntad de Dios. Si estuviera la elecci\u00f3n en vuestras manos, \u00bfno desear\u00edais inmediatamente entregaros a Dios para poneros en este santo estado? Mis queridas hermanas, no dudo de que todas est\u00e1is en esta disposici\u00f3n. Pero, como no basta con tener buena voluntad, si no se siguen los efectos, es preciso pedirle a Dios la gracia de ponerse en este estado y empezar a ejercitarse en \u00e9l, aceptando con agrado todo lo que nos den, aunque haya algo que repugne a nuestros sentimientos, y que nunca jam\u00e1s se oiga en esta casa: \u00ab\u00bfC\u00f3mo es que me dan este cuello? \u00bfA qu\u00e9 se debe este cambio? \u00bfPor qu\u00e9 me dan esta ropa? Yo no quiero esto\u00bb. Hijas m\u00edas, quiero creer que no se da este defecto entre vosotras, aunque se haya dado otras veces. Entregaos a Dios para practicar esta virtud, que impedir\u00e1 muchas cr\u00edticas contra las disposiciones de los superiores; hemos de ver siempre en su voluntad la voluntad de Dios, sin imaginarnos que todo est\u00e1 desordenado, que la casa ha cambiado y que ya no es como era. Hijas m\u00edas, tened cuidado con esto, ved de d\u00f3nde proceden esos sentimientos y no os enga\u00f1\u00e9is. No es la casa la que ha cambiado, sino vosotras mismas. Cuando salisteis de aqu\u00ed, erais muy recogidas y estimabais la pr\u00e1ctica de vuestras reglas; pero os disipasteis y os olvidasteis de todo esto durante vuestra ausencia; y al volver a casa, os parece que \u00e9sta ha cambiado, al ver en ella ciertas pr\u00e1cticas que vosotras no observ\u00e1is. \u00a1Oh Salvador nuestro! Conc\u00e9denos la gracia de corregirnos de todas estas faltas y de ponernos en este santo estado. \u00a1Salvador m\u00edo! T\u00fa que eres la misma caridad y el padre de las hijas de la Caridad, que no hiciste nunca tu propia voluntad, sino siempre la de tu Padre, que quisiste estar sometido a tu santa madre y a tu padre putativo san Jos\u00e9, conc\u00e9deme la gracia de no querer jam\u00e1s otra cosa m\u00e1s que lo que quiere tu Padre celestial. En eso est\u00e1 la verdadera felicidad. Conc\u00e9denos, Se\u00f1or, la gracia de empezar desde ahora mismo esa vida bienaventurada que poseen los santos en el cielo, que consiste en no tener m\u00e1s que el mismo querer y no querer con Dios. \u00a1Salvador m\u00edo! Si concedes a las hijas de la Caridad esta gracia de no pedir ni rehusar cosa alguna, ellas empezar\u00e1n su para\u00edso en esta vida y gozar\u00e1n de alg\u00fan modo de la vida bienaventurada que t\u00fa posees y que nos has merecido. Esta es, mis queridas hermanas, la s\u00faplica que le hago a Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Pero no he contestado todav\u00eda a cierta objeci\u00f3n que se me podr\u00eda hacer; por ejemplo: \u00abPuede ser que no se den cuenta de que me falta alguna cosa necesaria; \u00bfqu\u00e9 he de hacer entonces?\u00bb. Hijas m\u00edas, he aqu\u00ed lo que se hace en San L\u00e1zaro: hay un hermano celador de la pobreza, que se encarga de preguntarle a cada uno si le falta alguna cosa; y \u00e9l procura proporcion\u00e1rsela. Creo, se\u00f1orita, que har\u00eda usted bien en obrar de esta manera con las hermanas.<\/p>\n<p>&#8211; Padre, dijo la se\u00f1orita, \u00bfle parece bien que le indique las dificultades que podr\u00edan surgir en eso, debido a los diferentes sitios de donde vienen las hermanas y en d\u00edas distintos? Eso nos ha obligado a hacer lo siguiente: cuando la hermana encargada de los h\u00e1bitos, o yo misma, nos damos cuenta de alguna necesidad, lo atendemos personalmente; otras veces son las hermanas las que nos lo indican; y cuando creemos necesario, se\u00f1alamos mansamente las razones que hay para rehusar alguna cosa.<\/p>\n<p>&#8211; Quiz\u00e1s sea conveniente obrar as\u00ed para las de fuera, dijo el padre Vicente, pero creo que convendr\u00eda introducir esta pr\u00e1ctica con las que viven en casa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(17.06.57) (Reglas comunes, art. 8) La conferencia de hoy ser\u00e1 sobre vuestra regla octava. 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