{"id":6887,"date":"2009-04-15T18:42:58","date_gmt":"2009-04-15T17:42:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/04\/15\/vicente-de-paul-conferencia-074-sobre-la-aceptacion-del-sufrimiento-fisico-y-moral\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:27","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:27","slug":"vicente-de-paul-conferencia-074-sobre-la-aceptacion-del-sufrimiento-fisico-y-moral","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-074-sobre-la-aceptacion-del-sufrimiento-fisico-y-moral\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 074: Sobre la aceptaci\u00f3n del sufrimiento f\u00edsico y moral"},"content":{"rendered":"<p><em>(23.07.56)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>(Reglas comunes, art. 6)<\/p>\n<p>Mis queridas hermanas, la charla de hoy es sobre la explicaci\u00f3n de las reglas. Como ya hemos tratado de los art\u00edculos primero, segundo, tercero, cuarto y quinto, vamos a ver el sexto: \u00abSufrir\u00e1n de buena gana y por amor de Dios las incomodidades, contradicciones, burlas, calumnias y otras mortificaciones que hasta del bien obrar podr\u00e1n sobrevenirles, a ejemplo de Nuestro Se\u00f1or, que despu\u00e9s de haber padecido por culpa de los mismos que hab\u00edan recibido de \u00e9l tantos beneficios, hasta ser crucificado, rez\u00f3 por ellos\u00bb. Hermanas m\u00edas, ya veis c\u00f3mo este art\u00edculo de las reglas se refiere a las incomodidades, los disgustos, los sufrimientos, las calumnias y las contrariedades que podr\u00edan sobrevenir sirviendo a los enfermos. Y veis por \u00e9l c\u00f3mo quiere Nuestro Se\u00f1or que sufr\u00e1is todo esto de buena gana y por amor a \u00e9l.<\/p>\n<p>Pero, padre, me dir\u00e9is, \u00bfqui\u00e9n har\u00e1 da\u00f1o a unas hermanas que s\u00f3lo desean hacer bien, que trabajan con todas sus fuerzas por socorrer a los pobres en sus enfermedades y por su propia perfecci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 hacerles da\u00f1o alguno? Hermanas m\u00edas, por eso precisamente hay que estar dispuestos a sufrir, pues por eso mismo es por lo que Dios se vio afligido. S\u00ed, hijas m\u00edas, las aflicciones nos vienen por servir a Dios; como \u00e9l nos ama, nos trata como fue tratado \u00e9l mismo. Permite que unas veces suframos fr\u00edo, que otras veces estemos mal vestidos. Otras veces, habr\u00e1 que ir a las aldeas, donde se pasan muchas fatigas; otras veces habr\u00e1 que sufrir una maledicencia o una injuria. Esto es, mis queridas hermanas, lo que la Providencia permite que les ocurra a los siervos de Dios. Los sufrimientos son un regalo para las personas de bien, que se han hecho dignas por su virtud y su fidelidad de hacer buen uso de ellos. Ya conoc\u00e9is el ejemplo de Tob\u00edas, que era tan caritativo que se levantaba de la mesa y dejaba de comer para ir a enterrar los cuerpos de los que hab\u00edan matado. La sagrada Escritura nos dice que, por eso, Dios lo encontr\u00f3 digno de que perdiera la vista. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Un hombre que se ocupa en acciones de caridad, en sepultar a los muertos, y Dios le priva de la luz, que es tan agradable! S\u00ed, y son sus obras de caridad las que lo hicieron digno de esa privaci\u00f3n. Por tanto, es preciso que una hija de la Caridad est\u00e9 dispuesta a sufrir y que se entregue a Dios para recibir con agrado todo lo que le ocurra en contra de sus deseos.<\/p>\n<p>Lo que va contra esta regla es murmurar contra quienes se cree que son la causa de nuestras penas o si, cuando una siente cierto descontento en su vocaci\u00f3n, va a quejarse a otra hermana y le dice: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo!\u00a1Lo duro que es estar en esta Compa\u00f1\u00eda! Hay que hacer esto y aquello; estoy en una parroquia donde hay tanto que hacer; tengo una compa\u00f1era tan molesta&#8230;\u00bb. Obrar de esta manera es faltar a la regla. Murmurar de que vuestra habitaci\u00f3n no es c\u00f3moda, de que cuando vais a alguna parte os rechazan, de que sois mal recibidas cuando ven\u00eds aqu\u00ed, todo eso es un gran mal. Porque, hijas m\u00edas, si sois hijas de Nuestro Se\u00f1or, como deb\u00e9is serlo, ya que una hija de la Caridad se llama hija de Nuestro Se\u00f1or, no murmur\u00e9is jam\u00e1s. El no criticaba nunca las \u00f3rdenes de su Padre, \u00bfy os quejar\u00e9is vosotras de estar mal alimentadas, mal alojadas?; y si est\u00e1is enfermas, \u00bfos quejar\u00e9is de estar mal atendidas?<\/p>\n<p>Las hermanas que viven lejos de las pr\u00e1cticas de Nuestro Se\u00f1or y faltan a esta regla, por la que los cristianos y especialmente las hijas de la Caridad son exhortadas a no murmurar nunca de lo que Dios env\u00eda y a recibir todas las cosas como viniendo de \u00e9l, no se dan cuenta de que nada ocurre sin su orden y sin su permiso. \u00bfC\u00f3mo no va a venirnos una pena de parte de Dios, si no cae ni un solo cabello de nuestra cabeza sin su permiso? (2), Por eso, cuando una hermana aflige a otra hermana, cuando una superiora u oficiala no concede lo que se le pide, no hay que recibir estas cosas como si vinieran de ellas, sino como enviadas por Dios para hacernos merecer o ponernos en un estado m\u00e1s perfecto por la paciencia en soportarlas.<\/p>\n<p>La paciencia es la virtud de los perfectos. Hijas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1nto consuelo se siente al sufrir alguna cosa por amor de Dios y al aceptar las humillaciones, cuando uno se encuentra en ese estado de perfecci\u00f3n que consiste en sufrir de buena gana los peque\u00f1os disgustos, porque se sabe que son enviados por Dios!. \u00a1Qu\u00e9 consuelo! Por tanto, hay que mirar todo lo que nos sucede de molesto como enviado por Dios para hacernos merecer; pues \u00e9se es el motivo de que permita que nos veamos afligidos. Hijas m\u00edas, Dios no es un tirano; no se complace en hacer sufrir a los que le sirven; no es posible que una hermana se vea colmada de penas y enfermedades y afligida por sus enemigos, a no ser porque esto sirve para hacerla m\u00e1s agradable a los ojos de su divina Majestad.<\/p>\n<p>En aquellos momentos, todas las hermanas se pusieron de rodillas para adorar a Nuestro Se\u00f1or, que era llevado a un enfermo; lo mismo hizo el padre Vicente y, al levantarse, les dijo:<\/p>\n<p>Cuando se predica en las iglesias y pasa Nuestro Se\u00f1or, no hay que arrodillarse, porque se est\u00e1 hablando de \u00e9l, y entonces eso es tambi\u00e9n honrarle, de modo que en otra ocasi\u00f3n como \u00e9sta no es necesario que os arrodill\u00e9is. Bastar\u00e1 con que yo me descubra.<\/p>\n<p>Y reanudando su pl\u00e1tica, dijo:<\/p>\n<p>Por eso permite Dios que sus servidores tengan que sufrir. Pero, padre, me dir\u00e9is, \u00bfc\u00f3mo es posible esto? Hijas m\u00edas, nos pasa como a una piedra de la que se quiere sacar una hermosa imagen de Nuestra Se\u00f1ora, de san Juan o de alg\u00fan otro santo. \u00bfQu\u00e9 tiene que hacer el escultor para lograr su prop\u00f3sito? Tiene que tomar el martillo e ir quitando de esa piedra todo lo superfluo. Para ello golpea la piedra a martillazos, de forma que al verlo dir\u00edais que la quiere hacer a\u00f1icos; luego, despu\u00e9s de haber quitado lo m\u00e1s grueso, toma otro martillo m\u00e1s peque\u00f1o, y luego el cincel, para empezar a dise\u00f1ar la figura con todas sus partes, y finalmente otros utensilios m\u00e1s delicados para ultimar los detalles y dar la perfecci\u00f3n deseada a esa imagen.<\/p>\n<p>Mirad, hijas m\u00edas, Dios obra tambi\u00e9n de esa forma con nosotros. Por ejemplo, una pobre hija de la Caridad o un misionero: antes de que Dios los saque del mundo, son como unos bloques de piedra, bastos y sin labrar; pero Dios quiere hacer de ellos una hermosa imagen, y por eso pone su mano encima y golpea encima con grandes martillazos. \u00bfC\u00f3mo lo hace? Unas veces les hace sufrir calor, otras fr\u00edo, luego cuando van a ver a los enfermos de las aldeas, sopla el viento de invierno. No hay que dejar de ir por el mal tiempo. Esos son los martillazos que Dios descarga sobre una pobre hija de la Caridad. A los que s\u00f3lo miran las apariencias, esa hermana les parecer\u00eda desgraciada; pero si ponemos los ojos en los designios de Dios, veremos que todos esos golpes no son m\u00e1s que para formar esa hermosa imagen. Y cuando al principio Dios ha enviado grandes penas, tanto del cuerpo como del esp\u00edritu, y ve que lo que hab\u00eda en aquel alma de m\u00e1s basto ha desaparecido por medio de la paciencia que ha practicado, entonces toma el cincel para perfeccionarla, esto es, permite a veces que tenga algunas penas peque\u00f1as, por ejemplo, cierta antipat\u00eda contra una hermana, que no deja de mortificarla; s\u00ed, hijas m\u00edas, esto puede suceder, incluso en contra de la superiora.<\/p>\n<p>Cuando Dios ha decidido perfeccionar a un alma, permite que se vea tentada contra su vocaci\u00f3n y que a veces est\u00e9 dispuesta a dejarlo todo. Luego, como el escultor, toma el cincel y empieza a hacer los rasgos de aquel rostro; la pule y embellece, se complace en enriquecerla con sus gracias y no ceja hasta que la ha hecho totalmente agradable a sus ojos. Pero, lo mismo que ning\u00fan hombre del mundo es capaz de hacer una hermosa imagen de una piedra si no es a golpes de martillo, tambi\u00e9n para hacer de una hija de la Caridad una hermosa imagen con rostro bello que d\u00e9 gusto a Dios, es necesario usar el martillo. Cuando hablo de un rostro bello no me refiero al aspecto exterior, pues no lo necesita para nada y Dios se fija poco en esas cosas, sino que hablo del rostro del alma, que agrada inmensamente a Dios y a los bienaventurados. \u00a1Qui\u00e9n podr\u00eda imaginarse el placer que experimenta en una hija de la Caridad, despu\u00e9s de que la ha puesto en ese estado!<\/p>\n<p>Las que se quejan a sus hermanas, como ya he dicho, faltan a esta regla. Una hermana ir\u00e1 a buscar a otra y se quejar\u00e1 de que anda mal vestida, de que tiene demasiado trabajo en su parroquia y est\u00e1 enfadada con su compa\u00f1era; quejarse de estas cosas es ir contra la regla. Adem\u00e1s, si alguna se queja de que le cuesta ir a las aldeas, estar mal alojada, el obrar de este modo es hacer lo que proh\u00edbe la regla. Y todas las hermanas que se quejan del trato de la comunidad obran en contra de los designios de Dios, que env\u00eda todo eso para hacer una hermosa imagen; y as\u00ed ellas se oponen a la voluntad de Dios. Es preciso entregarse a \u00e9l para sufrir todo lo que pueda venirnos de molesto y trabajoso.<\/p>\n<p>\u00bfCre\u00e9is acaso que nadie sufre en la tierra? \u00bfLos pr\u00edncipes? \u00a1Muchas veces son ellos los que tienen mayores aflicciones! \u00bfLos ricos? \u00bflos papas? No, no, no est\u00e1n libres de penas. El papa tiene tambi\u00e9n sus sufrimientos, e incluso mayores que los nuestros. Esto tiene que animarnos a recibir de la mano de Dios todo lo que nos salga mal, a imitaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, que nos dio ejemplo sufriendo toda su vida en su alma, en su cuerpo, en su morada no teniendo nunca casa propia, en su comida viviendo de limosna, en su honor; en una palabra, en todas las cosas que se pueden imaginar.<\/p>\n<p>Pues bien, mis queridas hermanas, si el Hijo de Dios vivi\u00f3 en el sufrimiento, \u00bfqui\u00e9n querr\u00e1 verse libre de \u00e9l? Cuando, al ir a visitar a los pobres, pasaba delante de las tabernas, se re\u00edan de \u00e9l, se burlaban, y ten\u00eda que escuchar las canciones indecentes y las palabras groseras que se dec\u00edan en aquellos lugares. Por tanto, hijas m\u00edas, no os extra\u00f1\u00e9is de que a vosotras os digan cosas semejantes y, si al ir por la calle o incluso en las casas os encontr\u00e1is con personas insolentes que os dicen palabras injuriosas, pensad en que tambi\u00e9n se las dijeron al Hijo de Dios; cuando os digan alguna frase deshonesta que apenas se puede tolerar, no ten\u00e9is que responder, sino elevar el coraz\u00f3n a Dios para pedirle la gracia de sufrir aquello por su amor e ir delante del Sant\u00edsimo Sacramento para contarle vuestras penas al Se\u00f1or, sin quejarse a las otras hermanas, puesto que, al indicarles vuestros disgustos, no recibir\u00e9is ning\u00fan alivio y las molestar\u00e9is. Por eso no ten\u00e9is que contar nunca vuestras penas a las hermanas. Ten\u00e9is una pu\u00f1alada en el pecho y sois tan crueles que quer\u00e9is asest\u00e1rsela tambi\u00e9n a las dem\u00e1s; pues, al decirles vuestra pena, pon\u00e9is en el coraz\u00f3n de vuestra hermana la misma herida que llev\u00e1is en el vuestro. Si se lo dec\u00eds a varias, habr\u00e9is causado mil tentaciones y disgustos, que quiz\u00e1s les hagan perder la vocaci\u00f3n. Es muy importante que no os quej\u00e9is con nadie, a no ser con los superiores. Cuando teng\u00e1is alguna dificultad, dec\u00eddsela a la superiora si est\u00e1is aqu\u00ed; y si no, escribid a la se\u00f1orita Le Gras o a m\u00ed; pero sobre todo, acudid a Dios, pues de \u00e9l es de quien ten\u00e9is que esperar vuestro consuelo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n van contra esta regla las que dicen sus penas, no solamente a las hermanas, sino incluso a personas seglares. Les cuentan imprudentemente sus descontentos a una dama oficiala o a alguna buena amiga; si se encuentran con una religiosa, har\u00e1n lo mismo. Es curioso c\u00f3mo hay personas tan d\u00e9biles que no pueden sufrir la cosa m\u00e1s peque\u00f1a sin quejarse y murmurar; cualquier tonter\u00eda les da pena. Hermanas m\u00edas, hay que evitar estas faltas y, en vez de dejarse llevar por la pasi\u00f3n cuando nos han hecho alguna cosa, recurrir a Nuestro Se\u00f1or, si est\u00e1is cerca de la iglesia, y decirle: \u00abSe\u00f1or, ten piedad de m\u00ed; tu hija est\u00e1 sufriendo tal cosa; ten piedad de m\u00ed\u00bb. As\u00ed hay que hacerlo, hermanas m\u00edas. Y escuchad lo que \u00e9l os diga. Os hablar\u00e1 con su lenguaje y os dir\u00e1 lo que ten\u00e9is que hacer; estoy seguro de que, si escuch\u00e1is bien lo que \u00e9l os dice, sentir\u00e9is fuerzas suficientes para soportar vuestras peque\u00f1as penas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de todo, ten\u00e9is que estas resueltas a sufrir. \u00bfY qui\u00e9n no sufre en la tierra? Pensad en las mejores almas que hay\u00e1is conocido y mirad a ver si no tuvieron todas ellas sufrimientos, unas de una clase y otras de otra. Quiz\u00e1s cre\u00e1is que sois vosotras las \u00fanicas. Pero es una regla general que todas las personas buenas ser\u00e1n perseguidas: esto debe obligaros a no quejaros nunca ni a decir vuestras penas a las hermanas o a los seglares. Hermanas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1ntas han perdido su vocaci\u00f3n por no haber tomado de la mano de Dios las mortificaciones que les llegaban y se arrepent\u00edan cuando ya no era tiempo! Las hemos visto volver despu\u00e9s de haber salido: se quejaban y murmuraban, exagerando las cosas y mintiendo a veces, ya que la pasi\u00f3n las cegaba tanto que a veces dec\u00edan lo que no era. Por tanto, no hay que descargar nunca el coraz\u00f3n con las otras hermanas; si ten\u00e9is alguna cosa que decir, acudid a la se\u00f1orita Le Gras o al padre Portail y no os extra\u00f1\u00e9is de tener penas; pues no hay nadie que no sea tentado. Somos como esas veletas que ponen encima de las torres; las ver\u00e9is unas veces hacia oriente y otras hacia occidente, unas veces hacia el norte y otras hacia el sur. As\u00ed es tambi\u00e9n la vida del hombre en la tierra: hoy le gusta una cosa, ma\u00f1ana le disgusta; y as\u00ed tiene siempre alguna pena. Pero si sabe hacer buen uso de ello, da grandes motivos de alegr\u00eda a los \u00e1ngeles y adquiere muchas gracias. Cuando una hermana ha conseguido eso, se guarda mucho de quejarse y, por el contrario, recibe las penas con alegr\u00eda y como un testimonio del amor que Dios le tiene; dice, como la esposa del Cantar de los cantares: \u00abMi secreto es para m\u00ed (esto es, mis penas, mis peque\u00f1as aflicciones); por eso no las manifestar\u00e9, a no ser a los que Dios ha ordenado para ello\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, una hermana poco mortificada no se contentar\u00e1 con murmurar cuando no le gusta alguna cosa y dec\u00edrsela a un seglar; buscar\u00e1 tambi\u00e9n en eso su satisfacci\u00f3n. Si tiene unos zapatos que no le gustan, procurar\u00e1 hacerse con otros; si un h\u00e1bito no est\u00e1 hecho como a ella le gusta, querr\u00e1 tener otro de mejor tela. La que no quiere padecer nada intenta buscar su satisfacci\u00f3n buscando lo que no tiene. Una hermana no encontrar\u00e1 el cuello tal como a ella le agrada, y lo devolver\u00e1. \u00a1Qu\u00e9 cosa tan mala es \u00e9sta, si sucede entre vosotras! \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Para tener la satisfacci\u00f3n de ir como le gusta, pasar\u00e1 por encima de todas las cosas! \u00a1Qu\u00e9 desgracia la de esa hermana! Otra arreglar\u00e1 su cabeza, sacar\u00e1 un poco los cabellos para que los dem\u00e1s los vean. Hermanas m\u00edas, no se ven aqu\u00ed estas cosas, gracias a Dios, pero si ocurriera con alguna de las que est\u00e1n en otros lugares, \u00a1qu\u00e9 gran mal que ser\u00eda! Otra tendr\u00e1 una camisa con las mangas un poco desgastadas; no s\u00f3lo murmurar\u00e1 de ello, sino que querr\u00e1 hacerse otra y quiz\u00e1s con tela m\u00e1s fina que la de la comunidad. \u00a1Qu\u00e9 malo es eso! Nunca pod\u00e9is compraros nada para vestir; la casa os lo proporciona todo; por eso no ten\u00e9is que buscar esas satisfacciones, que no os est\u00e1n permitidas mientras est\u00e9is cerca de esta casa. Las que viven lejos y no pueden sacar su ropa de aqu\u00ed, tienen que ped\u00edrsela a los que tienen que mantenerlas y decirles c\u00f3mo tiene que ser la tela, ni m\u00e1s blanca ni m\u00e1s fina que la que se usa en esta casa. Pero aqu\u00ed no hay que hacer eso. Del mismo modo, las que quieren tener ropa m\u00e1s fina que las dem\u00e1s, las que est\u00e1n tan apegadas a sus satisfacciones que, si no les gusta la carne o el pan, procuran cambiar y comprar otros g\u00e9neros, van en contra de la regla.<\/p>\n<p>As\u00ed es, hermanas m\u00edas, como hab\u00e9is de vivir en conformidad con el estilo de esta casa y privaros de las satisfacciones que uno se imagina encontrar en esas cosas. Pero, para hacerlo como es debido, ten\u00e9is que estar dispuestas a sufrir. \u00a1Dichosos los que sufren (4), puesto que Nuestro Se\u00f1or ha dicho que son bienaventurados los que padecen aflicciones! Por eso ten\u00e9is que ver de buena gana que se os presente alguna ocasi\u00f3n. \u00bfDe d\u00f3nde cre\u00e9is que nacen las murmuraciones y las quejas cuando no tenemos lo que queremos? Todos los pecados, grandes y peque\u00f1os, provienen de alg\u00fan pecado mortal; por ejemplo, el orgullo produce la estima de s\u00ed mismo, convencido de que uno tiene m\u00e1s talento que los dem\u00e1s y que lo hace mejor; inclina a presumir de lo que se hace, impide someterse a los dem\u00e1s y le hace a uno esclavo de su propio juicio. Un alma orgullosa hace todo esto. Los avariciosos que aman el dinero roban y son usureros para vivir a su gusto, y esto procede del pecado de avaricia. Por ahora no hay motivos para creer que ocurra esto en la Compa\u00f1\u00eda, ya que gracias a Dios hay muchas de vosotras que aman la pobreza. Todos nuestros defectos, por peque\u00f1os que parezcan, proceden de alguna mala fuente. As\u00ed pues \u00bfde d\u00f3nde cre\u00e9is que vienen las cr\u00edticas y las quejas contra las aflicciones, el fr\u00edo y otras incomodidades? Provienen \u00fanicamente del pecado de pereza, que es un mal muy grande y el mayor de los pecados mortales.<\/p>\n<p>Pero me dir\u00e9is: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 dice usted, padre, que es el mayor de los pecados mortales, si lo ponen el \u00faltimo de todos?\u00bb.\u00a0 &#8211; S\u00ed, es verdad que lo ponen el \u00faltimo; pero no es menor que los dem\u00e1s. \u00bfQu\u00e9 es la pereza, hermanas m\u00edas? La pereza es un aburrimiento de las cosas de Dios, un cansancio de la virtud, que hace que uno no aproveche las ocasiones de practicarla. Y as\u00ed, en vez de sentirse llevado uno hacia Dios por los motivos de sufrimiento que sobrevienen, para hacer de ellos el buen uso que \u00e9l desea, se hace todo lo contrario: se murmura, se queja uno. \u00bfY de d\u00f3nde procede todo esto? De una pereza de esp\u00edritu que le quita al alma el gusto para todo. Si va a la oraci\u00f3n, tiene el esp\u00edritu distra\u00eddo y sin atenci\u00f3n; en la comuni\u00f3n, lo mismo. \u00bfPor qu\u00e9 cre\u00e9is que no tenemos ning\u00fan gusto en la comuni\u00f3n ni en los dem\u00e1s ejercicios de piedad? Porque nos hemos hecho indignos de los consuelos de Dios. Y al no sentir gusto por las cosas buenas, no hay que extra\u00f1arse de que se tengan dificultades, pues se las encuentra en donde no deber\u00edan existir. Ver\u00e9is a algunas que, si se les manda ir a tal parroquia, dir\u00e1n: \u00abMe cuesta mucho ir all\u00e1; no puedo sufrir esa cosa\u00bb. Y no contenta con ello, se lo dir\u00e1 a las otras hermanas y se quejar\u00e1 delante de ellas. Hermanas m\u00edas, un alma perezosa se queja y murmura siempre; no hay nada que le pueda dar satisfacci\u00f3n; es que no ha calado en el amor de las virtudes y no encuentra en su coraz\u00f3n ning\u00fan consuelo en practicarlas.<\/p>\n<p>Entonces, padre, dice usted que la pereza es la fuente de las quejas y murmuraciones en las que caemos. Y por consiguiente, una hermana, cuando cae en estos defectos, hace ver que no tiene la virtud de la paciencia, que pod\u00eda proporcionarle una corona en el cielo, si sufriera de buena gana y por amor de Dios las peque\u00f1as penas que le sobrevienen. &#8211; S\u00ed, hijas m\u00edas, ella misma es la causa de sus desgracias; una persona que no es paciente se hace un problema de la cosa m\u00e1s peque\u00f1a. Si no la saludan, se imagina que no la estiman como es debido; si siente alguna incomodidad o tiene el pulso unos d\u00edas m\u00e1s acelerado que otros, piensa que est\u00e1 enferma; si no la miman, se hunde en la tristeza; acusa a las dem\u00e1s de dureza y de faltas contra la caridad y no se da cuenta de que ella no busca m\u00e1s que su propia satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero, padre, \u00bfes eso un pecado? \u00bfy un pecado tan grave?\u00a0 &#8211; Hermanas m\u00edas, tengo que deciros dos cosas para que lo comprend\u00e1is.<\/p>\n<p>La primera es que los que hacen las cosas de Dios con tristeza y negligencia son maldecidos por \u00e9l. &#8211; \u00a1C\u00f3mo, padre! \u00bfqu\u00e9 dice usted? \u00a1Qu\u00e9 desgracia verse maldecido por Dios! \u00a1Eso s\u00ed que nos parece extra\u00f1o!\u00a0 &#8211; Pues est\u00e1 en la Sagrada Escritura, hijas m\u00edas\u00a0 &#8211; Padre, d\u00edganos las palabras en las que Dios maldice a los perezosos &#8211; Helas aqu\u00ed: Maledictus homo qui facit, etc\u00e9tera; esto es, maldito sea el hombre que hace la obra de Dios con negligencia y que se comporta perezosamente en el servicio de Dios. De hecho, ya veis c\u00f3mo de ordinario esas personas carecen de firmeza en el bien y tienen el esp\u00edritu abatido, de forma que todo les resulta penoso. Mis queridas hermanas, no os extra\u00f1\u00e9is si veis a algunas que parec\u00edan fervorosas al principio y eran muy edificantes y fieles en la observancia de las reglas, y que incluso continuaron durante alg\u00fan tiempo en su fervor, pero al cabo de varios a\u00f1os no muestran m\u00e1s que tibieza y negligencia, resultando tan perezosas como antes parec\u00edan fervorosas. Eran buenas muchachas cuando entraron en la Compa\u00f1\u00eda, pero fueron aflojando poco a poco en el servicio de Dios. No hay que extra\u00f1arse de ello, porque se dejaron llevar por ese pecado de pereza, dejando de ejercitarse en las buenas obras y de producir actos de fe, de esperanza y de caridad. Cuando est\u00e1n en la misa, lo hacen s\u00f3lo por cumplir; en la oraci\u00f3n lo mismo, con el esp\u00edritu disipado. \u00bfY por qu\u00e9 esto? Porque la pereza se ha apoderado de ellas, de forma que no han podido soportar las penas que Dios les enviaba. Esa hermana se dej\u00f3 llevar por su propia satisfacci\u00f3n. Luego, estando en ese miserable estado, rara vez la ver\u00e9is contenta, ni en esta parroquia, ni con esta hermana, ni en este cargo. Siempre tendr\u00e1 el esp\u00edritu perturbado. \u00a1Salvador m\u00edo! \u00bfQu\u00e9 dir\u00e1n los que antes la ve\u00edan hacer tantas cosas buenas?: \u00ab\u00a1C\u00f3mo! \u00a1Cu\u00e1nto ha deca\u00eddo esta hermana, que antes era tan decidida, que no se asustaba ante las dificultades, que era tan fervorosa que no perd\u00eda una sola ocasi\u00f3n de practicar la virtud!\u00bb. \u00bfY de d\u00f3nde procede este cambio? Es que se encuentra en el n\u00famero de esos que han sido maldecidos por Dios. \u00bfY qu\u00e9 puede hacer una persona sobre la que ha ca\u00eddo la maldici\u00f3n de Dios? Mirad, hermanas m\u00edas, c\u00f3mo es preciso tener mucho cuidado. Y no os imagin\u00e9is que es un juego de ni\u00f1os lo que os estoy diciendo, pues es verdad que el hombre que se encuentra en el estado que hemos dicho est\u00e1 maldito de Dios.<\/p>\n<p>Pues bien, la clave del edificio espiritual de las hijas de la Caridad consiste en hacer bien todo lo que est\u00e1n obligadas a hacer, a fin de que no sean de las que hacen la obra de Dios con negligencia siendo ellas mismas la causa de su desgracia; pues, aunque la maldici\u00f3n de Dios caiga sobre ellas, no es \u00e9se su designio, sino que esto les pasa por su culpa. Un arcabucero que tira al blanco no tiene m\u00e1s intenci\u00f3n que la de acertar y hacer que su tiro vaya derecho a su objetivo. Si se interpone una persona sin darse cuenta, la bala lo mata. No es \u00e9se ni mucho menos lo que intenta el que dispara, pero como el otro se pone en medio, el golpe cae sobre \u00e9l. Lo mismo pasa con Dios: \u00e9l maldice la pereza, env\u00eda sus tiros contra ese vicio. Vosotras o yo nos encontramos en lugar del blanco, y esa maldici\u00f3n cae sobre vosotras o sobre m\u00ed. Ese tiro no iba disparado contra vosotras; pero os pusisteis en este estado de pereza y de negligencia, contra el que se lanz\u00f3 la maldici\u00f3n. No os extra\u00f1\u00e9is entonces de que sea eso lo que ocurre: Dios no quiere hacerlo, pero vosotras os hab\u00e9is colocado en ese estado. Por tanto, hay que temer y evitar las cosas que pueden poner a una persona en esa desgraciada situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La pereza inclina todo a la falta de observancia de las reglas. Una hermana negligente falta hoy a una regla; ma\u00f1ana faltar\u00e1 a otra, porque, apenas se relaja uno en el bien, una falta atrae a otra. Si ma\u00f1ana os preocup\u00e1is de guardar esta regla, pasado ma\u00f1ana faltar\u00e9is a otra, si no pon\u00e9is cuidado. Hermanas m\u00edas, hab\u00e9is de saber que la hermana que no guarda sus reglas, se pone bajo los disparos de Dios; y entre las reglas, la prontitud en la obediencia es la principal. Pero no querer obedecer o hacerlo tan mal que m\u00e1s valdr\u00eda no hacerlo, es un efecto del pecado de pereza. Pod\u00e9is conocerlo en esto: por ejemplo, si estoy en un sitio en que no observo mis reglas, en que no puedo soportar la m\u00e1s peque\u00f1a dificultad, me costar\u00e1 mucho obedecer cuando me ordenen alguna cosa y me resultar\u00e1 muy dif\u00edcil. Mis queridas hermanas, es el pecado de pereza el que causa todo esto: es ese pecado el que ha sido maldecido por Dios. Pensad un poco para ver si est\u00e1is en ese estado; y si es as\u00ed, \u00bfen d\u00f3nde est\u00e1is? En la pereza. \u00bfY d\u00f3nde est\u00e1 el pecado de pereza? En el sitio adonde Dios env\u00eda sus tiros y sus maldiciones. Mirad entonces si no debe tener miedo una hermana de encontrarse all\u00ed.<\/p>\n<p>Pero hay m\u00e1s todav\u00eda, mis queridas hermanas: es que Dios detesta y odia tanto a los perezosos que amenaza con vomitarlos. Pues bien, una persona que hace todo lo que acabo de decir est\u00e1 en la pereza, y Dios no puede soportarla en su est\u00f3mago, porque odia tanto a esas personas que obran con diligencia que amenaza con vomitarlas. Pues bien, cuando se dice que Dios no puede soportar a un alma tibia en su est\u00f3mago, es seg\u00fan nuestro modo de hablar, para que lo entendamos mejor. \u00a1Qu\u00e9 espantoso! \u00abYo os vomitar\u00e9\u00bb (6). \u00bfY de qu\u00e9 sirve lo que uno vomita? De nada, a no ser para repugnar a los que lo ven. Una persona que ha llegado a esa situaci\u00f3n s\u00f3lo sirve para seguir sus pasiones y correr tras los efectos desordenados. Para eso es para lo que sirve. Tened cuidado, hermanas m\u00edas; es un asunto de importancia, pues a veces no le ocurre solamente a una persona, sino que puede caer sobre toda una comunidad. \u00a1Salvador m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 motivos para temer por esta pobre Compa\u00f1\u00eda! \u00a1Pero tambi\u00e9n qu\u00e9 consuelo para una hermana que observa fielmente sus reglas y que se complace en hacer todo lo que hace, por Dios! Dios entonces no tiene ojos m\u00e1s que para ver aquello. Todo lo que hace le agrada a su divina Majestad; le agrada no s\u00f3lo en las acciones que son de suyo buenas, como o\u00edr la santa misa, comulgar y hacer oraci\u00f3n, sino incluso en todo lo que hace, hasta durmiendo. Pero las que no tienen esta disposici\u00f3n, hijas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1nto miedo deben tener!<\/p>\n<p>\u00bfNo hab\u00e9is o\u00eddo lo que se dec\u00eda en el evangelio de hoy? Cuando los que no hayan cumplido la voluntad de Dios le digan en la hora de la muerte: \u00ab\u00a1Se\u00f1or, Se\u00f1or!\u00bb, \u00e9l les dir\u00e1: \u00abNo os conozco; puede ser que me hay\u00e1is rezado, puede ser que me hay\u00e1is alabado, pero no os conozco\u00bb (7). Y eso no hay que temerlo s\u00f3lo en la hora de la muerte, sino durante toda la vida; pues si nos hacemos indignos de ser escuchados por Dios en nuestras oraciones y las acciones que realizamos no nos dan a conocer como siervos suyos, \u00bfqu\u00e9 haremos? \u00bfPor qu\u00e9 cre\u00e9is que Nuestro Se\u00f1or no quiere reconocer a esas personas? Porque no conoce m\u00e1s que a las almas virtuosas; no admite a las que son infieles a sus gracias, y por eso dice: \u00abNo os conozco\u00bb. Cuando una Compa\u00f1\u00eda cae en ese estado de tibieza y de negligencia, mirad, hijas m\u00edas, est\u00e1 en peligro de perecer, porque se ha quedado por debajo de donde Dios la hab\u00eda puesto. Al principio, los sujetos de esa hermosa Compa\u00f1\u00eda, que dieron tantas satisfacciones a Dios mientras perseveraron, le disgustaron luego tanto por caer en el estado de pereza que ya no puede verlos y no tiene m\u00e1s remedio que vomitarlos. \u00a1Ay de aquella desventurada que fuera la causa de ese mal!<\/p>\n<p>Pues bien, veamos en cu\u00e1l de esos dos estados nos encontramos nosotros: \u00bfen el primero o en el segundo? Est\u00e1is en el primero si observ\u00e1is bien la regla, si sufr\u00eds de buena gana las penas que os sobrevienen y no murmur\u00e1is en vuestros sufrimientos. Si es as\u00ed, \u00a1qu\u00e9 agradable ser\u00e1 a Dios la Compa\u00f1\u00eda! \u00a1Salvador m\u00edo! \u00bfhay algo que te agrade tanto como las almas que te sirven como t\u00fa deseas? Pero, si alguna se relaja en particular o m\u00e1s bien si toda la Compa\u00f1\u00eda se enfr\u00eda en la observancia de las reglas, \u00a1qu\u00e9 gran da\u00f1o, Salvador m\u00edo! Hemos de esperar que no ocurra esto en general, pero si alguna en particular est\u00e1 relajada, que tenga mucho cuidado, que ponga la mano en su conciencia y vea c\u00f3mo recibe las penas que le sobrevienen. Esa dificultad que se presenta, \u00bfla recibimos como si viniera de parte de Dios para aumentar nuestros m\u00e9ritos? Si as\u00ed lo hacemos, hemos de alabar a Dios; pero si vemos lo contrario, temamos su maldici\u00f3n. Y para evitarla, levant\u00e9monos de ese estado.<\/p>\n<p>En cuanto a la Compa\u00f1\u00eda en general, hemos de decir que trabaja, gracias a Dios. Si as\u00ed no fuera, \u00bfc\u00f3mo iban a desear teneros en tantos sitios? Si se advirtiera alg\u00fan relajamiento entre las hijas de la Caridad, no las buscar\u00edan como las buscan; pues apenas pasa un d\u00eda sin que os pidan. \u00bfY qui\u00e9nes son los que nos hacen este favor? Son los obispos. Mirad, hijas m\u00edas, cu\u00e1ntos motivos ten\u00e9is para humillaros. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Que se tenga tal aprecio de unas pobres y miserables criaturas, que las pidan de tantos sitios! \u00bfNo es esto un motivo de confusi\u00f3n, cuando se piensa en lo imperfecto que es uno? Os digo esto para haceros ver la obligaci\u00f3n que ten\u00e9is de ser agradecidas a las gracias que Dios concede a la Compa\u00f1\u00eda, que goza de tan buena fama que, en un solo d\u00eda, han venido a pediros de tres lugares. Esto hace creer que, si las hijas de la Caridad, estuvieran disipadas en general, si la compa\u00f1\u00eda como tal viviera en el desorden, Dios no permitir\u00eda que tuvieran tan santas ocupaciones. \u00bfY sab\u00e9is cu\u00e1nto peso tiene el ver a una hermana entregarse con afecto al servicio de los pobres? \u00a1Si lo supierais, hijas m\u00edas! Jam\u00e1s he o\u00eddo que pidieran a unas religiosas carmelitas a ning\u00fan lugar. Pero a vosotras os desean hasta los obispos, porque hac\u00e9is profesi\u00f3n de servicio al pr\u00f3jimo. \u00a1Cu\u00e1ntos motivos de consuelo para los que observan sus reglas! Pero tened cuidado no sea que haya entre vosotras alguna que se encuentre en el estado que hemos descrito. Haced ma\u00f1ana la oraci\u00f3n sobre este tema y examinad a ver si hab\u00e9is ca\u00eddo en alguna de estas faltas, sobre todo, tomad el prop\u00f3sito de no quejaros nunca con las otras hermanas; y si advert\u00eds que est\u00e1is en el estado de pereza, pedidle a Dios que os conceda la gracia de salir de \u00e9l para poneros en el que m\u00e1s le agrada. Haced lo que dice san Pedro: si no est\u00e1is en el estado de los predestinados, haced de manera que est\u00e9is en \u00e9l cuanto antes. Esforzaos por salir de esa situaci\u00f3n y en todas vuestras oraciones pedidle a Dios esa gracia de que todas le sean fieles, que no haya ninguna que abuse de sus gracias y se sienta apegada a una tonter\u00eda, pueda atraerle las maldiciones de Dios.<\/p>\n<p>\u00a1Bendito sea Dios! \u00a1Animo, hijas m\u00edas! Esforzaos en serle fieles en todas las cosas, en no quejaros de nada, aun cuando est\u00e9is enfermas. Recib\u00e1moslo todo de la mano de Dios y dig\u00e1mosle: \u00abSe\u00f1or, cuando te pido la gracia de sufrir las penas que tu bondad me env\u00ede, me propongo al mismo tiempo recibirlas de tu mano. Se\u00f1or, puesto que es imposible estar sin penas en este mundo, me propongo recibir por amor tuyo todas las que vengan sobre m\u00ed, as\u00ed como tambi\u00e9n librarme del esp\u00edritu de pereza, hacer las cosas que se me ordenen y mantenerme con firmeza en el bien empezado, para que todo esto te resulte agradable\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, una regla bien observada, un peque\u00f1o sufrimiento que se acepte por amor de Dios y para demostrarle que lo amamos, \u00a1qu\u00e9 gran dicha encierran para Dios! Pero tambi\u00e9n \u00a1qu\u00e9 desventura aprovechar mal todas las gracias que Dios concede a ese alma! Le ruego a Nuestro Se\u00f1or que nos conceda la gracia de salir de este estado de pereza, si es que estamos en \u00e9l.<\/p>\n<p>Entonces una hermana interrumpi\u00f3 al padre Vicente y le pidi\u00f3 que pidiera a Dios perd\u00f3n por las muchas faltas de las que se reconoc\u00eda culpable en este aspecto.<\/p>\n<p>&#8211; Bien, hermana m\u00eda, le dijo. Cae usted porque es d\u00e9bil, pero se levantar\u00e1 por lo que acaba de hacer. Tenga confianza en Dios, que le dar\u00e1 fuerzas para soportar sus penas. As\u00ed se lo pido con todo el coraz\u00f3n para usted y para todos nosotros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(23.07.56) (Reglas comunes, art. 6) Mis queridas hermanas, la charla de hoy es sobre la explicaci\u00f3n de las reglas. 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