{"id":6871,"date":"2009-04-01T18:40:07","date_gmt":"2009-04-01T17:40:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/04\/01\/vicente-de-paul-conferencia-060-sobre-la-envidia\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:30","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:30","slug":"vicente-de-paul-conferencia-060-sobre-la-envidia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-060-sobre-la-envidia\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 060: Sobre la envidia"},"content":{"rendered":"<p><em>(24.06.54)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Mis queridas hermanas, el tema de esta conferencia es el de la envidia o los celos. La dividiremos en tres puntos: el primero, sobre los grandes males que vendr\u00edan sobre la Compa\u00f1\u00eda en general y sobre cada hermana en particular si llegasen a reinar la envidia o los celos; el segundo, sobre las diversas maneras de pecar por envidia o por celos; y el tercero, sobre los medios que hay que emplear para no caer en ese pecado.<\/p>\n<p>Hermana, por favor, \u00bfquiere indicarnos sus ideas sobre este tema?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, me parece que la envidia resulta peligrosa y es causa de grandes males porque es la que hizo morir a nuestro Se\u00f1or; pero que, si en lugar de esos malos deseos, tenemos deseos del bien y de la perfecci\u00f3n, entonces se tratar\u00eda de una buena envidia.<\/p>\n<p>&#8211; Entonces, hija m\u00eda, pone usted dos clases de envidia, una buena y otra mala. La que tiende al mal es para las personas del mundo y no para los que sirven a Dios. La otra es la que nos recomienda san Pablo cuando dice: \u00abSed celosos, pero de la virtud; no para impedirle que produzca los buenos efectos que suele producir, sino m\u00e1s bien para adquirirla\u00bb (1).<\/p>\n<p>Nuestra hermana ha hablado de otra envidia. La que hace que una hermana se ponga triste y est\u00e9 quejosa del bien de sus hermanas, de que la otra est\u00e9 mejor alimentada, mejor mantenida, mejor vestida que ella, de que goce de mayor estima y est\u00e9 mejor vista por los superiores. Esos son los efectos de esa maldita envidia, que es causa de grandes des\u00f3rdenes en las almas que la albergan.<\/p>\n<p>Pues bien, hermana, esa es la envidia que hemos de detestar, porque fue la que d;o muerte a nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Los fariseos, al ver que el pueblo le segu\u00eda y a ellos les abandonaba, se llenaron de envidia y buscaron la manera de quitarle la vida. \u00a1Cu\u00e1nto poder tuvo que tener la envidia para hacer morir a un Dios encarnado! \u00a1Dios m\u00edo! Hermanas m\u00edas, fue la envidia la que impuls\u00f3 a Judas a vender a nuestro Se\u00f1or. Podemos decir que tiene un poder muy grande cuando se aloja en el alma de alguien, ya que llev\u00f3 a la muerte al autor de la misma vida.<\/p>\n<p>\u00bfY usted, hermana? \u00bfqu\u00e9 da\u00f1o cree que acarrea la envidia una hermana?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, en primer lugar le quita la paz de la conciencia; y esto es un gran mal; tanto que, cuando una no est\u00e1 tranquila en su interior, no tiene m\u00e1s que pena y tristeza.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la envidia puede ser la causa de la p\u00e9rdida de la vocaci\u00f3n, ya que cuando la tristeza nos ataca, s\u00f3lo queda en nosotras el sinsabor, todo nos cansa, y esto podr\u00eda acabar arrastr\u00e1ndonos fuera de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Un medio para impedir esta envidia creo que es el de rechazar estos pensamientos, apenas nos damos cuenta de ellos.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Dios le bendiga, hija m\u00eda! \u00bfY usted, hermana? \u00bfqu\u00e9 males acarrear\u00eda la envidia y los celos en la Compa\u00f1\u00eda?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, puede causar graves des\u00f3rdenes e incluso hacer que se pierda la vocaci\u00f3n, ya que apenas nos imaginamos que son preferidas las dem\u00e1s, nos ponemos tristes y nos desalentamos, y de esta forma nos quedamos hundidas.<\/p>\n<p>&#8211; Tiene raz\u00f3n, hija m\u00eda, al decir que estamos hundidos cuando llegamos a ese punto. \u00bfDe forma que la envidia tiene el poder de hacer que perdamos la vocaci\u00f3n?<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, padre, porque ocurre que los celos nos hacen ver que la otra hermana es m\u00e1s apreciada, m\u00e1s querida y estimada, m\u00e1s virtuosa; y acabamos desalent\u00e1ndonos y lo queremos dejar todo.<\/p>\n<p>El remedio para ello, seg\u00fan creo, consiste en pensar que las dem\u00e1s tienen m\u00e1s m\u00e9ritos que nosotras; si la otra es m\u00e1s estimada y le dan cargos m\u00e1s importantes, es que tiene mejores cualidades que yo.<\/p>\n<p>&#8211; Fijaos, hijas m\u00edas; cuando una hermana est\u00e1 m\u00e1s con los superiores, cuando les habla m\u00e1s veces y cre\u00e9is que es m\u00e1s apreciada que las dem\u00e1s, est\u00e1is equivocadas. \u00a1Pero si est\u00e1 siempre hablando con la se\u00f1orita Le Gras, con la hermana sirviente! No, no, no es que se la estime m\u00e1s. El padre que tiene dos hijos, uno mayor y otro peque\u00f1o, casi nunca habla al mayor, sino que acaricia al m\u00e1s joven, le habla y juega con \u00e9l. \u00bfCre\u00e9is acaso que ese padre quiere m\u00e1s al peque\u00f1o que al mayor, porque habla m\u00e1s veces con \u00e9l? Ni mucho menos; quiere m\u00e1s al otro; y cuando haga su testamento, dejar\u00e1 m\u00e1s al mayor que al peque\u00f1o. Por tanto, el que la superiora hable m\u00e1s frecuentemente con una hermana no es se\u00f1al de que la quiera m\u00e1s que a las otras. Si le demuestra m\u00e1s cari\u00f1o y afecto, quiz\u00e1s es porque se trata de una hermana abatida, desolada y afligida de pesares, que necesita por eso mismo m\u00e1s mansedumbre y afabilidad que de ordinario. Es preciso compadecerse de ella Y es lo que pide nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>\u00bfOs acord\u00e1is, mis queridas hermanas, de lo que se dice del hijo pr\u00f3digo? (2) El pr\u00f3digo exige a su padre los bienes que le pertenecen, abandona su casa y se marcha a malgastarlos. Despu\u00e9s de haberlo perdido todo hasta verse obligado a compartir con los cerdos su comida, se decidi\u00f3 a volver. Y entonces el padre exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Ah! \u00a1Ah\u00ed est\u00e1 mi hijo! \u00a1Que me lo cuiden, que preparen un banquete, que maten el ternero cebado, que le traigan vestidos y que todo el mundo se alegre de la vuelta de mi hijo!\u00bb. Pues bien, hermanas, ved c\u00f3mo acaricia aquel padre al pobre desdichado; lo abraza, le ofrece un gran banquete y toda su casa se llena de alegr\u00eda. \u00bfEs que acaso lo quiere m\u00e1s que al mayor, que solamente le ha dado motivos de satisfacci\u00f3n? No; lo que pasa es que es m\u00e1s digno de compasi\u00f3n por su miseria.<\/p>\n<p>El mayor, que ven\u00eda del campo, al o\u00edr los violines y los preparativos que se hac\u00edan en casa de su padre, se llen\u00f3 de tristeza. \u00abVed, dijo, c\u00f3mo mi padre trata de ese modo a mi hermano, que no le ha dado m\u00e1s que disgustos, mientras que a m\u00ed no me ha demostrado nunca tanto afecto, a pesar de que he procurado obedecerle en todo. \u00a1Esa es la recompensa que le da! Parece como si lo quisiera casar\u00bb.<\/p>\n<p>Es la envidia la que le hace decir esas cosas al hermano mayor; cree que es su hermano el preferido. Pero aunque el padre parece amar m\u00e1s al hijo pr\u00f3digo que al otro, la verdad es que quiere mucho m\u00e1s al mayor, y con raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Por este ejemplo pod\u00e9is ver, hermanas m\u00edas, que, si se muestra mayor afecto a unas que a otras, no es porque se las quiera m\u00e1s. Por tanto, no os enga\u00f1\u00e9is, y creed, por favor, que no es ese el motivo.<\/p>\n<p>Cuando ve\u00e1is a alguna hermana m\u00e1s veces con la superiora, hab\u00e9is de creer que es por alg\u00fan motivo: se trata de una oficial que necesita un consejo sobre lo que tiene que hacer, de una hermana que tiene alg\u00fan pesar y ha de ser consolada.<\/p>\n<p>No os enga\u00f1\u00e9is, pues, hijas m\u00edas, y no os dej\u00e9is llevar por esos pensamientos, pues ser\u00eda un abuso creer que los superiores quieren m\u00e1s a una que a otra; es la red que os tiende el esp\u00edritu maligno para que tropec\u00e9is en ella.<\/p>\n<p>Hermana, \u00bfhay motivos para temer que la envidia infecte a la Compa\u00f1\u00eda? \u00bfqu\u00e9 da\u00f1o puede acarrear a las hermanas?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, me parece que la envidia es fuente de celos; esto hace que una sienta envidia de lo que las dem\u00e1s tienen y que se moleste de que las otras sean mejor que una.<\/p>\n<p>&#8211; Bien dicho: la envidia es fuente de celos; bien dicho, hija m\u00eda. \u00a1Que Dios la bendiga! Fijaos, hermanas m\u00edas, en lo que ha dicho: si la envidia se mete en el esp\u00edritu de una hermana, engendra celos, y los celos engendran divisi\u00f3n, y entonces est\u00e1 todo perdido, pues de ah\u00ed nacen todos los males que caen sobre una casa. Me parece que no he visto nunca alg\u00fan desorden en ninguna casa religiosa, a no ser por la envidia y por los celos. Pues bien, si en alg\u00fan sitio hemos de temer la envidia, es entre nosotros, ya que podr\u00eda ser como la corrupci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda. Cuando hay un fruto podrido y corrompido, no sirve para nada; lo mismo pasar\u00eda si la envidia se colase entre vosotras: vuestra Compa\u00f1\u00eda se vendr\u00eda bien pronto abajo. Hermanas m\u00edas, \u00bfpodr\u00eda caer sobre las Hijas de la Caridad una desgracia mayor que los celos, que son la causa de tanta desuni\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 bien puede haber donde hay divisi\u00f3n? Estad seguras de que, si la envidia entrase en vuestra Compa\u00f1\u00eda, se derrumbar\u00eda esa Compa\u00f1\u00eda, no ser\u00edais Hijas de la Caridad m\u00e1s que de nombre, pero no tendr\u00edais las se\u00f1ales interiores. Por eso pod\u00e9is decir, hijas m\u00edas, que apenas se vea a ese vicio alojado en esta pobre casa, habr\u00eda que hacer las exequias de nuestra pobre Compa\u00f1\u00eda; no habr\u00eda nada que hacer; estar\u00eda muerta. \u00bfY por qu\u00e9? Porque sois Hijas de la Caridad, hijas del amor de Dios, del amor al pr\u00f3jimo; y lo contrario de la caridad es la envidia. Una religiosa que tuviera ese esp\u00edritu, de hija de Dios que era se convertir\u00eda en hija del diablo, en hija de la perdici\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 desgracia ser hija del diablo! Fijaos bien, el verdugo de las Hijas de la Caridad es la envidia, que hace que una se sienta molesta al ver a su hermana mejor asistida cuando est\u00e1 enferma, cuando es m\u00e1s deseada en una parroquia porque lo hace bien, cuando va mejor vestida que ella. Eso es lo que hace la envidia. Cuando una hermana ha ca\u00eddo en ella, pod\u00e9is decir: \u00abEsa hermana ya no es Hija de la Caridad, se ha despojado de su fuerza interior, que es el amor de Dios y del pr\u00f3jimo\u00bb. \u00a1Pero si sigue llevando los vestidos! \u00a1Pobre hija m\u00eda, no es el vestido el que la hace Hija de la Caridad, sino la fuerza interior del alma!<\/p>\n<p>La envidia, pues, se refiere a los bienes exteriores. Mira tambi\u00e9n a la reputaci\u00f3n. Se siente resquemor en el coraz\u00f3n de que la otra sea m\u00e1s estimada, de que se fijen en ella para los cargos, de que tenga fama de caminar en la presencia de Dios, de que d\u00e9 buen ejemplo a todos con los que trata. El demonio es el que hace que se sienta envidia de todo esto.<\/p>\n<p>Hay que confesar que hasta ahora tenemos motivos para alabar a Dios. No he visto m\u00e1s que a muy pocas que me hayan desedificado por la ciudad. S\u00f3lo me acuerdo de una, que iba agitando algo que ten\u00eda en la mano. Lo dir\u00e9 esto solamente aqu\u00ed. Quiz\u00e1s es que se lo quer\u00eda ofrecer a alguien. Si est\u00e1 aqu\u00ed esa hermana, que pida perd\u00f3n a Dios por esa falta y por el mal ejemplo que dio con su ligereza.<\/p>\n<p>Hermanas, tened cuidado de esto; esos malditos pensamientos son como un gusano que roe el coraz\u00f3n, quita la paz y hace que sintamos pesar, no s\u00f3lo de ver que los dem\u00e1s tienen buena reputaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de los bienes interiores del alma, de que la otra hermana sea m\u00e1s humilde y la tengan por una santa. El diablo es el que da la envidia de todo esto.<\/p>\n<p>Por eso, mis queridas hermanas, hay que detestar la envidia, n.o s\u00f3lo porque la Sagrada Escritura nos hace ver que tuvo el poder de hacer morir a nuestro Se\u00f1or, sino porque ella ha puesto el pecado en el mundo. Seg\u00fan esto, podemos decir, sin duda alguna, que todos los males que caen sobre una Compa\u00f1\u00eda, vienen por la envidia lo mismo que todos los pecados que hay en el mundo comenzaron tambi\u00e9n por la envidia.<\/p>\n<p>Hermana, \u00bfcree que la envidia puede echar abajo a la Compa\u00f1\u00eda?<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, padre, porque desune a las personas que se dejan llevar por ella, y si no hubiera uni\u00f3n entre nosotras, la Compa\u00f1\u00eda se vendr\u00eda abajo enseguida.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed hermanas m\u00edas, porque vosotras sois hijas del amor; y la envidia es todo lo contrario de la caridad. Es como el fuego y el agua, que se oponen entre s\u00ed. Y lo mismo que entre esos dos elementos hay tanta falta de proporci\u00f3n, lo mismo pasa con la envidia y la caridad. Como el agua apaga al fuego, tambi\u00e9n la envidia apaga y hace que muera la caridad. Si llegara a notarse la envidia en la Compa\u00f1\u00eda, se os despreciar\u00eda con raz\u00f3n y dir\u00eda la gente: \u00ab\u00bfSon esas las hermanas de las que tanto se habla? \u00a1Qu\u00e9 va! Esas no son las indicadas para distribuir las limosnas de la gente rica; para eso se necesitar\u00edan personas caritativas\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed es como la envidia puede arruinar a la Compa\u00f1\u00eda de Hijas de la Caridad. \u00a1Y a cu\u00e1ntas otras ha derribado! Muchas se han hundido y se han disuelto por causa de la envidia; desde hace poco tiempo han sido abolidas en Par\u00eds dos Compa\u00f1\u00edas, porque la envidia se hab\u00eda metido entre ellas. Toda una Orden que se llamaba Scolapia (3) ha quedado disuelta, excepto una sola casa, que todav\u00eda se ha conservado en alg\u00fan reino.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, mis queridas hermanas, unos poderosos motivos para hacer que sint\u00e1is horror a ese maldito pecado. Veamos a continuaci\u00f3n en qu\u00e9 se puede pecar por envidia.<\/p>\n<p>Una hermana respondi\u00f3 que es el amor propio el que nos hace pecar por envidia, pues el amor excesivo que nos tenemos hace que nos sintamos molestas de que las dem\u00e1s sean preferidas a nosotras; que se puede pecar as\u00ed por pensamiento, creyendo que merecemos ser empleadas en un cargo determinado tan bien como la que lo ocupa, que la otra no tiene mucho conocimiento ni experiencia; tambi\u00e9n se puede pecar de palabra, diciendo que unas son preferidas a las otras, que les toleran demasiadas cosas, etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Dios la bendiga, hija m\u00eda! Dice usted que la envidia se presenta en las palabras y que se puede ofender a Dios de esa manera; tiene raz\u00f3n. As\u00ed pues, si se ve a una hermana que habla con frecuencia con la hermana sirviente y se le tiene envidia, se pensar\u00e1: \u00ab\u00bfQu\u00e9 le habr\u00e1 dicho?\u00bb. Si tiene una ropa distinta de las dem\u00e1s, aunque sea por necesidad, se pensar\u00e1 que tienen con ella m\u00e1s consideraci\u00f3n, pues el diablo se sirve de todo esto.<\/p>\n<p>Una hermana me dec\u00eda llorando en cierta ocasi\u00f3n: \u00abPadre, una de las cosas que m\u00e1s temo es ser hermana sirviente\u00bb. Fijaos, hermanas m\u00edas, en las palabras de esta buena hermana. \u00a1Que lejos est\u00e1n de estos sentimientos las que tienen ambici\u00f3n de cargos! \u00a1Ay! \u00a1En qu\u00e9 mala situaci\u00f3n se encuentran! Es el diablo el que las incita. Buscad en vuestra memoria si hab\u00e9is tenido antes estos deseos alguna vez Si todav\u00eda los ten\u00e9is, \u00a1pobres hijas m\u00edas, en qu\u00e9 situaci\u00f3n est\u00e1is! Si alguna vez ten\u00e9is que tener miedo de algo, es de esto. Si os sent\u00eds atacadas por este vicio, pedid a Dios con insistencia que os libre de \u00e9l; y si ten\u00e9is l\u00e1grimas, derramadlas ante su bondad para obtenerlo. No descans\u00e9is hasta que os hay\u00e1is librado de \u00e9l, y decid: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo! \u00bfC\u00f3mo pod\u00e9is sufrir que una Hermana de la Caridad sea hija del diablo, que es el orgullo?\u00bb. Pues el diablo y el orgullo son la misma cosa; si ten\u00e9is envidia, que es su hija, sois hijas del diablo. \u00bfEs posible que una Hermana de la Caridad no sufra al verse en tal estado? Entonces es que no tiene ning\u00fan sentimiento de Dios. La que se siente culpable de esto no tiene que descansar hasta no haber obtenido de Dios la gracia de verse libre. Que se encomiende a las oraciones de las dem\u00e1s, que suplique a su hermana le alcance esa gracia de Dios; si se encuentra con alg\u00fan buen religioso, que le diga: \u00abPadre, le suplico que ruegue a Dios me libre de un maldito pensamiento de orgullo que me atormenta: tengo ganas de ser hermana sirviente. Alc\u00e1nceme de su bondad que me libre de esta tentaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Hace poco se celebraba una reuni\u00f3n de prelados para elegir a un superior. Dos de esos buenos prelados me escribieron, y yo les contest\u00e9 sobre este tema. Cuando se lleg\u00f3 al momento de nombrar al superior, esos buenos padres pertenecientes a aquella Orden se pusieron a llorar con abundantes l\u00e1grimas, por miedo a verse elevados a un cargo, que ellos consideraban demasiado pesado para sus hombros. El arzobispo de Narbona y el obispo de Alet me escribieron entonces que hab\u00edan quedado tan edificados de la humildad de aquellos padres, como es imposible decir. En efecto, hermanas m\u00edas, \u00bfno es verdad que los cargos son pesados y peligrosos para los que los buscan? \u00a1Cu\u00e1n lejos hemos de estar de la envidia!<\/p>\n<p>As\u00ed pues, el medio para poner remedio a la envidia es no desear los cargos, ni buscarlos. Que a una la env\u00eden a una nueva fundaci\u00f3n como cuando se envi\u00f3 a Polonia; no sentirse capaz de ello.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed ten\u00e9is, hermanas m\u00edas, unas cuantas razones para que dese\u00e9is veros libres de la envidia, si la ten\u00e9is. Ya conoc\u00e9is la desgracia que tiene un alma invadida por los celos. Es una situaci\u00f3n diab\u00f3lica. Hay que librarse de la envidia cuanto antes, si se quiere perseverar y si queremos que Dios no nos abandone, ya que da su gracia a los humildes y resiste a los soberbios (4).<\/p>\n<p>Hermana, \u00bfqu\u00e9 medios hay que emplear para combatir la envidia?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, el mejor medio creo que es pedir a nuestro Se\u00f1or la humildad.<\/p>\n<p>&#8211; Bien, s\u00ed que es un medio; es un pensamiento que Dios le ha dado. Otro es que nos pongamos delante el ejemplo de los santos para no tener ambici\u00f3n de nada. Otro medio es pensar que esto disgusta a Dios. \u00bfCree usted, hija m\u00eda, que es un buen medio para no pecar de envidia el preferir las ropas remendadas?<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, padre.<\/p>\n<p>&#8211; Ciertamente, es un medio muy bueno: sentirse a gusto con el vestido malo, disgustarse cuando le dan un vestido nuevo, sin querer tener nada mejor que los dem\u00e1s, y decir a la se\u00f1orita Le Gras: \u00abSe\u00f1orita, esa es una ropa demasiado buena para m\u00ed. Me hace usted demasiado honor. \u00bfNo sabe que soy muy orgullosa y que de ese modo me enorgullecer\u00e9 m\u00e1s todav\u00eda? Soy muy vanidosa y estoy llena de envidia. Por eso no merezco que me vistan de ese modo\u00bb. As\u00ed es, hijas m\u00edas, como hay que portarse.<\/p>\n<p>Usted, hermana \u00bfqu\u00e9 medios hay para no caer en el pecado de envidia?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, me parece que hay que buscar siempre las cosas m\u00e1s bajas.<\/p>\n<p>&#8211; Dice usted bien, hija m\u00eda. Y cuando nos dan algo mejor que a los dem\u00e1s, hay que enrojecer de verg\u00fcenza. Cuando uno se ve mejor vestido que los pobres, hermanas m\u00edas, hay que llenarse de verg\u00fcenza y confusi\u00f3n, pues los pobres son vuestros amos y vosotras sois sus criadas; por eso, ten\u00e9is que tener menos que ellos.<\/p>\n<p>Padre, me parece que tambi\u00e9n es un buen medio rechazar enseguida todo pensamiento que tienda a la envidia, sin querer detenerse mucho en \u00e9l.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Muy bien dicho! Dice que, apenas se sienta una un pensamiento de envidia, no hay que aguardar hasta ma\u00f1ana; hay que rechazarlo inmediatamente, como si se tratara de un veneno. \u00a1Pero volver\u00e1 de nuevo! Si vuelve, hay que empezar otra vez y pedir a las buenas personas que uno conoce que rueguen a Dios os libre de un maldito pensamiento que quiere echaros a perder, y a vuestra hermana, que os diga alguna cosa para ayudaros a superar esa envidia que os atormenta y que pida a nuestro Se\u00f1or os libre de ella. \u00abDios m\u00edo, conc\u00e9deme la gracia de no desear nunca ser hermana sirviente. Se la concediste a mi hermana aquella que lloraba ante el miedo de serlo y que ped\u00eda a la se\u00f1orita Le Gras que no la nombrara jam\u00e1s\u00bb. Luego, acudid enseguida a vuestro confesor, venid ac\u00e1 junto a la se\u00f1orita y junto al padre Portail, descubrid vuestro interior abiertamente y confesaos as\u00ed: \u00abMe acuso de tener un maldito pensamiento de envidia contra mi hermana; y adem\u00e1s, me he dejado llevar hasta pronunciar palabras de desprecio y de arrogancia tantas veces\u00bb. As\u00ed es como hay que confesarse, porque lo ordinario es que la envidia haga caer en esos defectos.<\/p>\n<p>&#8211; Si se oye hablar bien de una hermana contra la que se tienen celos, se dir\u00e1 que no es tanto: \u00abS\u00ed, s\u00ed; no es tan buena como dec\u00eds; es que no la conoc\u00e9is bien; \u00a1buena beata est\u00e1 hecha!\u00bb, y palabras por el estilo. Pero eso es obra del diablo; \u00e9l es el que pone los celos del bien y de la virtud que se practica; y cuando no se puede acusar la acci\u00f3n, hace que uno ataque la intenci\u00f3n y que se piense que no es tan pura, sino que lo hace as\u00ed por humor. Hermanas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 desorden cuando esto pasa!<\/p>\n<p>Uno de los mayores males que puede venir sobre la Compa\u00f1\u00eda, es que las hermanas &#8211; hablo de algunas, y no de todas, pues s\u00e9 muy bien que hay entre vosotras algunas que viven muy santamente; \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1qu\u00e9 almas tan santas ha habido y hay todav\u00eda en esta Compa\u00f1\u00eda! &#8211; que las hermanas, digo, se pusiesen a hablar de los defectos de unas y de otras. Cuando ven\u00eds por aqu\u00ed, os pon\u00e9is a preguntaros: \u00ab\u00bfCon qui\u00e9n est\u00e1 usted? \u00bfQu\u00e9 es lo que hac\u00e9is? \u00bfQu\u00e9 tal se porta tal hermana? \u00bfVerdad que tiene un poco de mal humor? \u00bfY aqu\u00e9lla, la de tal parroquia, qu\u00e9 tal va? \u00bfOs entend\u00e9is bien?\u00bb.<\/p>\n<p>Ante estas preguntas, las otras manifestar\u00e1n sus quejas: \u00ab\u00a1Ay, hermana! \u00a1qu\u00e9 mal estoy con aquella hermana! \u00a1Se porta tan mal conmigo! Est\u00e1 siempre refunfu\u00f1ando; hace esto y aquello\u00bb; y muchas otras cosas que se dicen en esas ocasiones.<\/p>\n<p>Mis queridas hermanas, que nunca jam\u00e1s se abran vuestras bocas para hablar as\u00ed de vuestras hermanas. Hablad m\u00e1s bien de cosas buenas, de vuestras reglas, del servicio que hac\u00e9is a los pobres, de su n\u00famero, para que no deis lugar a conversaciones malas. Y cuando ve\u00e1is que os preguntan: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tal os va en la parroquia en donde est\u00e1is?\u00bb, haced el favor de responder: \u00abAcord\u00e9monos que est\u00e1 prohibido hablar de estas cosas y de nuestras hermanas\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed es, hijas m\u00edas, como ten\u00e9is que obrar. Si ella sigue con su conversaci\u00f3n, dejadla y no la escuch\u00e9is, ya que dando o\u00eddos a semejantes conversaciones le dais motivos para que contin\u00fae. Por eso dicen los te\u00f3logos que los que escuchan a los que hablan mal, se portan tan mal como ellos; y es verdad, porque est\u00e1 en nuestras manos el evitarlo, y no lo hacemos. Por eso mismo pecamos tanto como ellos.<\/p>\n<p>Cuando veng\u00e1is por aqu\u00ed, no refir\u00e1is nunca lo que hac\u00e9is, ni los disgustos que hay\u00e1is podido tener unas con otras, sino hablad de cosas buenas, de los medios de perfeccionaros y de adquirir las virtudes que necesit\u00e1is, para animaros mutuamente a la perseverancia. Si lo hac\u00e9is as\u00ed, evitar\u00e9is muchas de las tentaciones que provienen de semejantes conversaciones.<\/p>\n<p>Se\u00f1orita, \u00bfquiere usted decirnos sus pensamientos sobre este tema?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, su caridad y los pensamientos de nuestras hermanas, nos han advertido ya muy bien de los peligros que hay de que este malaventurado esp\u00edritu de envidia y de celos infecte a la Compa\u00f1\u00eda en general y a cada una en particular. Pensando hoy en todo ello, me ha parecido que pod\u00eda muy bien ser la envidia, tanto como el orgullo, lo que hizo que Lucifer se convirtiera, de \u00e1ngel que era, en habitante del infierno, ya que ese maldito pecado es como un gusano que va royendo continuamente hasta que lo destruye todo o se destruye a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu envidioso o celoso de los dem\u00e1s no se concede jam\u00e1s reposo alguno y persigue incesantemente desde cerca o desde lejos a la persona envidiosa, que de esta forma se ve imposibilitada para llegar a ninguna perfecci\u00f3n y est\u00e1 siempre en peligro de perderse.<\/p>\n<p>La envidia y los celos son pasiones que, como el aceite, se van extendiendo, lo mismo que la inclinaci\u00f3n, sin motivo alguno y su consecuencia m\u00e1s ordinaria es producir cierta aversi\u00f3n, dar cierto disgusto por el bien temporal o espiritual que se advierte en la persona envidiada, no poder soportar que se hable bien de ella; y finalmente es una fuente que produce continuamente ocasiones de ofender a Dios y de obrar contra la caridad que hemos de tener con el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Los medios para impedir que nos habituemos a ese mal vicio son considerar que esto es directamente contrario a la voluntad de Dios y que es uno de los obst\u00e1culos m\u00e1s notables para la perfecci\u00f3n; repetir muchas veces con atenci\u00f3n los mandamientos de Dios, a fin de recordar a nuestro esp\u00edritu la obligaci\u00f3n que tenemos de hacer a los dem\u00e1s lo que nos gustar\u00eda que nos hiciesen a nosotros.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Bendito sea Dios, se\u00f1orita! Bien, hermanas m\u00edas, no dir\u00e9 m\u00e1s que dos palabras sobre esto. En primer lugar, se dice que todos los que cometen alg\u00fan pecado reciben alg\u00fan contento del mismo: por ejemplo, el ladr\u00f3n con el dinero que ha robado y que utiliza, el goloso con la satisfacci\u00f3n de comer bocados exquisitos. En una palabra, en todos los pecados uno se figura que recibe alguna satisfacci\u00f3n, pero en la envidia no es posible pretender ning\u00fan contento; por el contrario, es un verdugo que castiga en el acto a sus propias v\u00edctimas. Fijaos en una persona envidiosa: todo le causa pesar: oye hablar bien de una hermana contra la que siente envidia, y esto le hace morir y pasar un mal rato. Unas veces se imagina que no la conocen bien, otras cree que la desprecian prefiriendo a la otra.<\/p>\n<p>El envidioso se puede comparar con un hombre que tiene una serpiente en el cuerpo. Ya sab\u00e9is cu\u00e1nto da\u00f1o sufren los que tienen una serpiente en el cuerpo: les va royendo el coraz\u00f3n y no les da descanso alguno. Pues bien, todos los que tienen envidia en el alma es como si tuvieran una serpiente.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo dice: \u00abLa envidia seca los huesos de aquel en donde entra\u00bb (5). \u00a1Qu\u00e9 desgracia para las personas envidiosas! \u00a1Ser peores que los que tienen serpientes en el cuerpo! \u00a1Ay, hermanas m\u00edas! \u00bfQui\u00e9n de vosotras no tendr\u00e1 miedo de caer en ese vicio? Entregu\u00e9monos a Dios desde ahora para no envidiar jam\u00e1s el bien de las dem\u00e1s, sino para querer el cargo peor y m\u00e1s molesto, para desear los peores vestidos, para creernos los \u00faltimos de todos y contentarnos siempre con lo que tenemos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n os ayudar\u00e1 mucho confesaros de las faltas que hay\u00e1is cometido por envidia, proponiendo resueltamente corregiros de ellas; de esta forma, hijas m\u00edas, estad seguras de que Dios bendecir\u00e1 a la Compa\u00f1\u00eda y que, en todos los lugares en que pidan Hijas de la Caridad, servir\u00e1n de edificaci\u00f3n, y toda la Compa\u00f1\u00eda derramar\u00e1 buen olor. Dios os colmar\u00e1 de gracias en este mundo y os dar\u00e1 la gloria en el otro.<\/p>\n<p>\u00a1Que nuestro Se\u00f1or nos conceda la gracia de darnos a conocer y detestar este vicio maldito, tan contrario a la caridad! Ruego a la bondad de Dios que las palabras de bendici\u00f3n que voy a pronunciar de parte suya act\u00faen en vuestros corazones y en el m\u00edo, para que expulse de ellos para siempre el maldito pecado de la envidia y podamos vivir en adelante de forma que jam\u00e1s penetre en nosotros.<\/p>\n<p>Benedictio Dei Patris&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(24.06.54) Mis queridas hermanas, el tema de esta conferencia es el de la envidia o los celos. 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