{"id":68351,"date":"2024-05-13T08:10:09","date_gmt":"2024-05-13T06:10:09","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=68351"},"modified":"2023-08-20T00:44:42","modified_gmt":"2023-08-19T22:44:42","slug":"federico-ozanam-segun-su-correspondencia-30","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-segun-su-correspondencia-30\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam seg\u00fan su correspondencia (30)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XXX: \u00daltimos d\u00edas<\/h2>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Lleg\u00f3 el momento supremo y la hora inevitable.<\/em><br \/>\nVirgilio (Eneida. Lib. II)<\/p>\n<h3><em>1.\u2014 San Jacopo<\/em><\/h3>\n<p>Liorna dista cinco leguas de Pisa, sobre la orilla del mar. A un cuarto de hora de Liorna est\u00e1 situada la aldea de San Jacopo. All\u00ed encontramos a Ozanam, que recrea su vista ante la grandeza del espect\u00e1culo y canta con entusiasmo las bellezas de aquella naturaleza, con su mar imponente y sus monta\u00f1as cubiertas de nieve.<\/p>\n<p>Apenas instalado, acuden a \u00e9l, el primero de mayo, los miembros de las Conferencias de Liorna, quienes vienen a exigirle que presida el segundo aniversario de su fundaci\u00f3n. No bastaba que presidiese. Quer\u00edan que hablase. Ozanam consinti\u00f3 con gusto y pronunci\u00f3 unas cortas palabras que los socios, entusiasmados, recogieron y conservaron. \u00a1Escuch\u00e9moslas! Son sus \u00faltimas palabras en p\u00fablico. Son el testamento de su caridad:<\/p>\n<h3><em>2.\u2014 \u00daltimas palabras de Ozanam en p\u00fablico<\/em><\/h3>\n<p>\u00abA\u00fan cuando por el mal estado de mi salud estoy impedido de pronunciar discurso alguno, por breve que sea, no puedo resistir al deseo de dirigiros hoy algunas palabras que os expresen la emoci\u00f3n que siento al encontrarme en medio de vosotros, amados hermanos de San Vicente de Pa\u00fal.\u00bb Y entonces se abandona Ozanam con emoci\u00f3n a aquellos recuerdos de otros tiempos. Tiempos revividos con mayor intensidad por el convencimiento que tiene de su pr\u00f3ximo fin:<\/p>\n<p>\u00abCuando suenan para el cristiano las horas amargas de la vida \u2014les dice\u2014, cuando se siente presa de tenaz dolencia, es cuando debe remontar su pensamiento hacia los d\u00edas que fueron, cuando debe recordar el bien y el mal que hizo: el mal, para arrepentirse de \u00e9l y por \u00e9l castigarse. El bien, para lograr por \u00e9l consuelo y aliento en la aflicci\u00f3n presente. Esa hora ya ha sonado para m\u00ed y no encuentro fuerza en mi palabra que exprese el consuelo que procura a mi alma el recuerdo de los primeros a\u00f1os de mi juventud, sobre todo, ahora que no s\u00e9 si Dios me conceder\u00e1 ver, durante mucho tiempo, el bien que nuestra querida Sociedad realiza en el mundo.<\/p>\n<p>Felicita, en seguida, Ozanam a la Conferencia liorniana, por los progresos que ha realizado en dos a\u00f1os que cuenta de existencia. Naci\u00f3, como la Sociedad primitiva, en el mes de las flores, mes consagrado a la m\u00e1s amorosa de las Madres, protectora especial de la Sociedad. Const\u00f3 en su principio de ocho miembros, rasgo de familia con el que tambi\u00e9n se asemeja a la primera Conferencia.<\/p>\n<p>Sabe Ozanam que el principal inconveniente con que tropieza esta Conferencia para su desarrollo estriba en las divisiones pol\u00edticas: \u00abEse inconveniente no deber\u00eda existir \u2014les dice\u2014 en las ciudades de Italia que vieron un d\u00eda a un Padre Juan de Vicente y a un San Bernardino de Siena, lanzarse entre los combatientes, con el crucifijo en la mano para reconciliarlos entre s\u00ed.\u00bb<\/p>\n<p>Sabe tambi\u00e9n Ozanam que los divide la lucha de clases: \u00abOs toca a vosotros, amados vicentinos \u2014agrega\u2014, os toca a vosotros interponeros entre los ricos y los pobres, en nombre de Jesucristo, que es Dios del pobre y del rico, que es el m\u00e1s poderoso, entre los ricos, ya que lo es por naturaleza, y es el m\u00e1s santo entre los pobres, ya que por amor escogi\u00f3 el formar parte de sus filas\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam les demostraba as\u00ed la senda segura para practicar el bien. Les revelaba as\u00ed el sello inconfundible que distingue toda genuina caridad.<\/p>\n<h3><em>3.\u2014 Ozanam y la raza jud\u00eda<\/em><\/h3>\n<p>Y ese mismo esp\u00edritu de genuina caridad gui\u00f3 su pluma, en la carta dirigida al se\u00f1or Jerusalemy, uno de sus disc\u00edpulos de Par\u00eds, jud\u00edo convertido a costa de grandes sacrificios y que hab\u00eda sido recomendado a la Sociedad de Liorna por las Conferencias de Roma y de Constantinopla. Ozanam, en su gran caridad, empieza por felicitar a su disc\u00edpulo por pertenecer a esa raza que muchos llaman maldita: \u00abAmigo m\u00edo, es un gran honor el haber nacido israelita para aqu\u00e9l que ha logrado la dicha de convertirse al cristianismo. Entonces es un honor el sentirse hijo de aquellos patriarcas y de aquellos profetas cuyas palabras son tan bellas que la Iglesia no ha encontrado otras para colocar en la boca de sus hijos. Sepa usted que durante mi larga dolencia he tenido siempre entre las manos los salmos de David. Y \u00bfno nos dice el Evangelio que el Divino Salvador oy\u00f3 con gusto cuando lo llamaron Hijo de David? Yo tambi\u00e9n, como aqu\u00e9llos, grito en mis horas de congoja: Jes\u00fas, Hijo de David, tened piedad de m\u00ed.<\/p>\n<p>\u00abYo no s\u00e9 si mi hermano Carlos le ha dicho que nosotros tenemos la idea de que nuestro origen pertenece a esa raza. Habr\u00eda as\u00ed, entre Vd. y nosotros, un lazo m\u00e1s de uni\u00f3n. Espero que mi hermano Carlos lo habr\u00e1 invitado a formar parte de las Conferencias de San Vicente de Pa\u00fal. Muy grato me ser\u00eda el que ese lazo tambi\u00e9n nos uniese&#8230;\u00bb Como vemos, dif\u00edcilmente se podr\u00e1 practicar la justicia con mayor caridad, coloc\u00e1ndose por encima de todos los prejuicios que la mente humana alimenta.<\/p>\n<p>Los aires del mar parec\u00edan fortalecer la salud de Ozanam, quien lleno de esperanza, ensaya, tal vez por d\u00e9cima vez, la relaci\u00f3n final de su viaje a Burgos, su odisea de tres d\u00edas.<\/p>\n<p>En ese mismo tiempo \u2014junio de 1853\u2014, <em>Los Poetas franciscanos <\/em>abren a Ozanam las puertas de la Academia franciscana de <em>La Crusca<\/em>, donde fue recibido junto con C\u00e9sar Balbo, el ilustre autor de <em>Las Esperanzas de Italia<\/em>. Ozanam era ya miembro correspondiente de la Academia Tiberiana de Roma, desde 1841, y miembro de la Academia de Arcades, desde 1844. Era, adem\u00e1s, miembro de la Real Academia de Baviera, desde 1847, y de la Academia de Lyon, desde 1848. Pero de todo esto, lo que pareci\u00f3 satisfacer plenamente su coraz\u00f3n fue el diploma que recibi\u00f3 en San Jacopo, con el sello general de la Orden de San Francisco, mediante el cual quedaba afiliado a la misma Orden. \u00abMe cuentan entre los bienhechores de la familia franciscana y me asocian a los m\u00e9ritos de los Hermanos Menores que trabajan y oran dispersados por todo el mundo. No es \u00e9ste el menor de mis t\u00edtulos.\u00bb<\/p>\n<p>Por otro lado, en ese mismo tiempo, retir\u00f3 su candidatura a la Academia de las Inscripciones y de las Bellas Letras de Par\u00eds, para la cual sus amigos lo hab\u00edan declarado, designado y preparado. \u00abEn estos momentos \u2014contesta \u00e9l a Amp\u00e8re, que le urg\u00eda\u2014 en que todo lo relativo a mi porvenir depende de la gran inc\u00f3gnita de mi salud, cuando imploro de Dios la gracia de la vida, pensando ante todo en mi mujer y en mi hija, \u00bfno habr\u00eda algo de temeridad al agregar esta nueva s\u00faplica superflua, para satisfacci\u00f3n de mi amor propio literario?\u00bb<\/p>\n<h3><em>4.\u2014 Antignano<\/em><\/h3>\n<p>Terminado el plazo de arrendamiento de la casa de San Jacopo, convinieron los m\u00e9dicos en que se trasladase Ozanam a Antignano, preciosa aldea al pie de Montenero. Pero en Antignano no lo pod\u00edan recibir hasta mediados de julio. Por eso, decidi\u00f3 dedicar la primera quincena del mes a lo que \u00e9l llamaba \u00absu visita pastoral\u00bb a las Conferencias de la regi\u00f3n: Florencia, Pontedera, Prato, etc., cuyos cuidadosos informes remiti\u00f3 a Par\u00eds.<\/p>\n<h3><em>5.\u2014 El amolador de Pontedera<\/em><\/h3>\n<p>Veamos lo que dice Ozanam de Pontedera: \u00abPontedera cuenta con cinco o seis mil almas. No hay que buscar all\u00ed ni sabios ni nobles en abundancia. <em>Non multi nobiles, no multi sapientes<\/em>. Pero ah\u00ed encontramos al socio B&#8230; y en \u00e9l a uno de los presidentes m\u00e1s capaces y amables que se pueda hallar. El socio B&#8230; es amolador, pero no amolador ambulante. No; \u00e9l tiene su tienda acreditada y los d\u00edas de mercado amuela all\u00ed la guada\u00f1a, a hoz y el machete del aldeano. Pero, en las horas de descanso, y los italianos tienen muchas horas de descanso, el socio B&#8230; lee mucho. Estudia la religi\u00f3n en la vida y en las obras de los Santos. Platicando de esa manera con los m\u00e1s bellos genios del Cristianismo, ha ganado, primero, una s\u00f3lida instrucci\u00f3n y, adem\u00e1s, una exquisita elevaci\u00f3n de sentimientos y una encantadora elocuencia, acompa\u00f1ada de una sencillez y delicadeza de modales que duplican su encanto. Se me present\u00f3, la primera vez que lo vi, con el traje del obrero, pero no hab\u00edan pasado cinco minutos de nuestra conversaci\u00f3n, cuando ya se hab\u00eda dado a conocer el hombre superior, infinitamente m\u00e1s interesante que los se\u00f1ores distinguidos que circulan por los salones. Con pocas palabras, no dir\u00e9 ya que me hizo conocer, sino que me hizo ver con mis propios ojos la peque\u00f1a Conferencia de Pontedera, sus obras, sus dificultades y sus esperanzas. Y todo con una sencillez, un tacto y una propiedad en la expresi\u00f3n que deleitaba mi esp\u00edritu, mientras que su exquisita pronunciaci\u00f3n toscana recreaba mis o\u00eddos.\u00bb<\/p>\n<h3><em>6.\u2014 Conferencia en Siena<\/em><\/h3>\n<p>No se consolaba Ozanam de que no funcionase una conferencia en Siena, sobre todo en aquellos momentos, cuando la mitad de la Universidad de Pisa hab\u00eda sido trasladada a ese lugar, arrastrando tras ella un gran n\u00famero de estudiantes. Con tal fin, quiso Ozanam dirigir sus pasos a Siena, y como le dijeran que el viaje era muy penoso y tal vez demasiado fuerte para \u00e9l, contest\u00f3: \u00abPuesto que Dios me devuelve las fuerzas, debo emplearlas en su servicio.\u00bb<\/p>\n<p>En Siena lo recibieron de la manera m\u00e1s cordial a \u00e9l y a su familia. El P. Pendola, personaje principal del lugar, director del Colegio de Tolomei, que era una de las principales escuelas de Italia, director general del Instituto de Sordomudos y profesor de la Universidad, se dedic\u00f3 por entero a agasajarlo durante los cinco d\u00edas que pasaron all\u00ed, colm\u00e1ndolos de atenciones y cari\u00f1os. Pero no consigui\u00f3 ver realizado el objeto de su viaje, objeto, para \u00e9l, de mucho m\u00e1s inter\u00e9s que todo lo dem\u00e1s. Despu\u00e9s de pasar cuatro d\u00edas en diligencias para lograr su empe\u00f1o de fundar una Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal, en ese lugar, y a pesar de una reuni\u00f3n en la que Ozanam expuso ante el P. Pendola y ante personas influyentes de la ciudad, los deseos que all\u00ed lo hab\u00edan tra\u00eddo, la \u00fanica respuesta que obtuvo fue que nunca se lograr\u00eda reducir el esp\u00edritu de los j\u00f3venes de la nobleza toscana hasta hacerles aceptar el trato con el pobre.<\/p>\n<p>Esto desgarr\u00f3 el coraz\u00f3n de Ozanam. Si hab\u00eda afrontado las consecuencias de ese viaje tan penoso, hab\u00eda sido \u00fanicamente con el fin de lograr aquel objeto. Triste y descorazonado, regres\u00f3 a su casa pregunt\u00e1ndose d\u00f3nde estar\u00eda su falta que as\u00ed obstaculizaba la bendici\u00f3n de Dios, causa \u00fanica de todo \u00e9xito.<\/p>\n<p>Sin embargo, el P. Pendola no hab\u00eda dicho su \u00faltima palabra. Quince d\u00edas despu\u00e9s de su regreso a Antignano, se resolvi\u00f3 Ozanam a llamar una vez m\u00e1s a la puerta de aquel gran coraz\u00f3n. Las \u00faltimas l\u00edneas de esa carta, caldeadas por el amor de Jesucristo, son las m\u00e1s sublimes que brotaron de aquel gran coraz\u00f3n de fuego, que ya estaba a punto de apagarse:<\/p>\n<p>\u00abMi Rvdo. Padre: Demasiada felicidad sinti\u00f3 mi coraz\u00f3n ante la idea de ver la buena semilla de San Vicente de Pa\u00fal fructificando en vuestra tierra toscana. Pero, sobre todo, se regocij\u00f3 mi coraz\u00f3n al pensar en el bien que esa Obra podr\u00eda hacer all\u00ed, al imaginar c\u00f3mo podr\u00eda sostener en la virtud a esa numerosa juventud y encender en ella el celo por la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abTenemos Conferencias en M\u00e9jico, las tenemos en Quebec y en Jerusal\u00e9n. La tenemos seguramente en el Para\u00edso, ya que m\u00e1s de mil de los nuestros, desde hace veinte a\u00f1os que llevamos de acci\u00f3n, han dirigido sus pasos hacia una existencia mejor. \u00bfC\u00f3mo se nos va a legar una Conferencia en Siena a quien llaman la antesala del Para\u00edso? \u00bfC\u00f3mo, en la ciudad de la Sant\u00edsima Virgen, no se ha de ver surgir esta Obra que tiene a la Sant\u00edsima Virgen por protectora?<\/p>\n<p>\u00abUsted tiene bajo su direcci\u00f3n a una juventud que es rica. \u00a1\u00datil lecci\u00f3n para fortificar los corazones d\u00e9biles y bienhechor espect\u00e1culo ser\u00e1 mostrarles a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, no solamente en los cuadros pintados por los grandes maestros, no solamente sobre los altares resplandecientes de oro y luz, sino en la persona y en el sufrimiento del pobre!<\/p>\n<p>\u00abJuntos hemos platicado sobre la debilidad y la nulidad de los hombres, aun cristianos, que componen la nobleza de Francia y de Italia. Le aseguro que, si son tales, es porque hay algo que falt\u00f3 en su educaci\u00f3n. Hay algo que no les ense\u00f1aron, algo que tan s\u00f3lo conocieron de nombre. Y ese algo es el dolor, la privaci\u00f3n y la necesidad. Le aseguro tambi\u00e9n que, para saber lo que significa sufrir, es preciso haber visto de cerca el sufrimiento ajeno. Y esta ciencia hay que adquirirla para cuando \u2014tarde o temprano\u2014 tengamos que practicarla nosotros mismos.<\/p>\n<p>\u00abPreciso es que esos j\u00f3venes sepan lo que es el hambre, el fr\u00edo y la sed de una buhardilla. Preciso es que vean a los miserables, a los ni\u00f1os enfermos, a los ni\u00f1os que lloran porque tienen hambre Preciso es que los vean, para que as\u00ed los amen. Porque, o ese espect\u00e1culo despertar\u00e1 alg\u00fan sentimiento en su coraz\u00f3n, o esta generaci\u00f3n est\u00e1 perdida. Pero nunca hay que creer en la muerte de la juventud cristiana. No est\u00e1 muerta. Tan s\u00f3lo est\u00e1 dormida.\u00bb<\/p>\n<p>Luego, le habla sobre el Reglamento de la Obra, sobre la manera de efectuar las visitas a los pobres, por peque\u00f1os grupos, bajo la vigilancia de un maestro, etc.? Y, despu\u00e9s de darle todos los informes necesarios, termina pidiendo excusas por haberle predicado. \u00abNo, Padre m\u00edo, no le predico. Es su ejemplo, es su conversaci\u00f3n, es su caridad la que a m\u00ed me predica y me dice que conf\u00ede en Vd. y que ponga esa Obra entre sus manos.\u00bb<\/p>\n<p>Esta carta estaba fechada el 19 de julio, d\u00eda de San Vicente de Pa\u00fal. La respuesta no se dej\u00f3 esperar. Lleg\u00f3 dos d\u00edas despu\u00e9s. Fueron tres l\u00edneas, breves, en estilo telegr\u00e1fico. Fue un bolet\u00edn de victoria: \u00abQuerido amigo: fund\u00e9 dos Conferencias, una en el Colegio y otra en la ciudad.\u00bb<\/p>\n<p>Ese mismo d\u00eda de San Vicente de Pa\u00fal, tuvo lugar en Par\u00eds la Asamblea general anual de la Sociedad. El presidente, Cornudet, tuvo a su cargo el discurso de orden. Llegado el momento, propuso el mismo se\u00f1or Cornudet que el discurso fuese reemplazado por la lectura de una carta que acababa de recibir de Ozanam.<\/p>\n<p>\u00abEsta carta \u2014dijo Cornudet\u2014 contiene detalles emocionantes y edificantes sobre cierto n\u00famero de Conferencias de Italia, visitadas por nuestro vice- presidente en estos \u00faltimos d\u00edas. Veamos el final de la misma:<\/p>\n<p>\u00abLejos de encontrar en ese desarrollo de nuestra Obra un motivo de orgullo, debemos ver en \u00e9l una ocasi\u00f3n para humillarnos. El c\u00e9sped de los campos se propaga r\u00e1pidamente, pero no deja por eso de ser peque\u00f1o y no porque cubra una gran extensi\u00f3n de terreno le ser\u00e1 dado el decir: Yo soy la encina. Nosotros tambi\u00e9n, al aumentar en n\u00famero, seguiremos siendo peque\u00f1os y d\u00e9biles y no so\u00f1aremos en compararnos con esas instituciones que Dios hizo crecer en su Iglesia como los grandes \u00e1rboles, para que diesen sombra y frutos. Seamos humildes.<\/p>\n<p>\u00abAdvierto diariamente, lo mismo en Italia que en Francia, que nuestras Conferencias logran siempre vencer todos los prejuicios y todas las dificultades. El mundo se yergue siempre contra toda Obra nueva que anuncia grandes proyectos. Pero, \u00bfqui\u00e9n puede armarse contra unos hombres oscuros que tienen por \u00fanica pretensi\u00f3n el llevar un pedazo de pan y un poco de consuelo a la buhardilla del pobre?<\/p>\n<p>\u00abQuiera Dios conservarnos siempre la sencillez de nuestro origen y pueda San Vicente de Pa\u00fal, bajo ese aspecto, reconocernos por sus disc\u00edpulos.\u00bb Aqu\u00ed, como en la Sorbona, sigue Ozanam hasta el fin. En la Universidad dijo a sus disc\u00edpulos: \u00abSi muero, ser\u00e1 sirvi\u00e9ndoos\u00bb. Igualmente ahora, ya casi expirante, no niega sus \u00faltimas fuerzas al servicio de la caridad. Darse a los pobres hasta el martirio, tal hab\u00eda sido el lema de nuestro ap\u00f3stol cuando contaba apenas veinte a\u00f1os.<\/p>\n<p>El aire de Antignano concedi\u00f3 todav\u00eda d\u00edas gratos al enfermo. Hasta fines de julio, pudo Ozanam todas las tardes pasearse a la orilla del mar, sent\u00e1ndose sobre las rocas para descansar, contemplar, respirar&#8230;<\/p>\n<p>Todos los d\u00edas o\u00eda misa en la iglesia que le quedaba cerca. Era una iglesia muy pobre, incrustada en la muralla fortificada que la hab\u00eda protegido en otros tiempos de los ataques de los sarracenos, azote terrible que con frecuencia devastara esas playas.<\/p>\n<p>Por otro lado, pudo, al fin, Ozanam terminar su <em>Peregrinaci\u00f3n al pa\u00eds del Cid<\/em>. Pero, \u00a1con qu\u00e9 trabajo! Apenas si pod\u00eda escribir tres l\u00edneas seguidas, sin verse obligado a recostarse sobre un sof\u00e1. Recib\u00eda a muy contados amigos, los Ferruci, por ejemplo, que despu\u00e9s habr\u00edan de ser conocidos en Francia por la peque\u00f1a biograf\u00eda que sobre su hija Rosa hiciera el P. Perreyve.<\/p>\n<p>Las personas notables del lugar y de sus alrededores solicitaban con empe\u00f1o entrar en relaci\u00f3n con el ilustre franc\u00e9s. Agradecido por esas bondades, Ozanam, sin embargo, rehusaba aquellos homenajes, ya que ni sus fuerzas f\u00edsicas ni morales le permit\u00edan ning\u00fan trato social. Pero s\u00ed hubo algunas excepciones. Por ejemplo, un d\u00eda se excus\u00f3 de recibir a un gran pr\u00edncipe que vino a visitarlo con grandes campanillas. Y en la tarde de ese mismo d\u00eda recibi\u00f3 a un joven de Cerde\u00f1a, que ven\u00eda a pie de Liorna, lleno de polvo, a pedirle algunos informes que necesitaba para fundar una Conferencia en su isla. El enfermo lo recibi\u00f3 con alegr\u00eda y lo retuvo durante dos horas a su lado.<\/p>\n<p>Los pescadores y los aldeanos del lugar le manifestaban tambi\u00e9n su simpat\u00eda, \u00e1vidos de conseguir algo con que obsequiar al \u00abpiadoso extranjero\u00bb. Y, junto con los regalos que le tra\u00edan, le dec\u00edan dulces y sencillas palabras de amistad compasiva, palabras de esas que la lengua italiana sabe expresar con tanta suavidad. Todo esto lo recib\u00eda Ozanam con profundo agradecimiento.<\/p>\n<p>En los primeros d\u00edas de agosto decayeron notablemente las fuerzas del enfermo. Las piernas, cada d\u00eda m\u00e1s hinchadas, apenas si pod\u00edan ya sostenerlo. S\u00f3lo con gran esfuerzo, lograba llegar hasta el final del jard\u00edn. Avisaron a sus dos hermanos. Carlos, el m\u00e9dico, acudi\u00f3 en seguida. Nadie se hac\u00eda ilusiones, ni en Par\u00eds, ni en Liorna, sobre el resultado del combate.<\/p>\n<h3><em>7.\u2014 Ultima salida de Ozanam<\/em><\/h3>\n<p>Se acercaba el d\u00eda de la Asunci\u00f3n. La v\u00edspera manifest\u00f3 Ozanam su deseo de ir al d\u00eda siguiente a o\u00edr misa y a comulgar. Quiso ir a pie. \u00abEs, tal vez, el ultimo paseo que haga en este mundo; quiero que sea para visitar a mi Dios y a su Madre.\u00bb Y apoyado en la que \u00e9l llamaba el \u00e1ngel de su guarda, se puso en marcha.<\/p>\n<p>Los aldeanos, sabedores de su llegada, se hab\u00edan agrupado cerca de la iglesia, y cuando, p\u00e1lido, apareci\u00f3 y pas\u00f3 entre ellos, no hubo uno que no se descubriera y no se inclinase reverente, mientras las mujeres y los ni\u00f1os le hac\u00edan la graciosa se\u00f1al de la mano con la que se acostumbra saludar en el pa\u00eds. Ozanam se sinti\u00f3 profundamente emocionado.<\/p>\n<h3><em>8.\u2014 El anciano p\u00e1rroco de Antignano<\/em><\/h3>\n<p>El anciano p\u00e1rroco de Antignano, gravemente enfermo tambi\u00e9n, esperaba la muerte, a la sombra de la iglesia. Pero al saber que Ozanam estaba all\u00ed y que ped\u00eda un sacerdote que le diese la Comuni\u00f3n, antes de la misa, quiso ser \u00e9l mismo quien se la diera, y haci\u00e9ndose levantar del lecho donde yac\u00eda, se hizo conducir al altar apoyado en uno de sus ac\u00f3litos. El otro moribundo avanz\u00f3 tambi\u00e9n, apoyado en el brazo de su esposa, y ambos recibieron La Comuni\u00f3n, que fue la \u00faltima que aquel anciano sacerdote diera.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s, tubo Ozanam la dulce sorpresa de de ver llegar a su hermano, el sacerdote, quien no se separ\u00f3 ya m\u00e1s de su lado.<\/p>\n<p>Casi todo el d\u00eda lo pasaba Ozanam junto al mar, con la mirada fija en el horizonte y ensimismado en sus pensamientos. De noche, se alternaban los dos hermanos para velar a su lado. Una noche lo vio uno de ellos que estaba llorando. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 te entristeces?, le dijo abraz\u00e1ndolo\u2014, pronto estaremos en Francia.\u00bb \u00ab\u00a1Ah!, querido \u2014contest\u00f3 Ozanam\u2014, no se trata de eso. Es que pienso en mis pecados, por los que Jesucristo padeci\u00f3 dolores tan acerbos, y \u00bfc\u00f3mo no quieres que llore?\u00bb<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, que tambi\u00e9n lloraba y dec\u00eda lo mismo, una voz infantil y dulce le dijo con ternura: \u00abPero, padre m\u00edo, \u00bfes Vd. acaso tan gran pecador?\u00bb A lo que Ozanam contest\u00f3 con gravedad: \u00abHija, no sabes cu\u00e1n grande es la santidad de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Ya no pod\u00eda salir de casa. Pasaba los d\u00edas recostado en un div\u00e1n, sin que nada lo distrajese de sus pensamientos, a no ser la voz de su hijita, que ven\u00eda de cuando en cuando a hacerle una caricia y a pedirle que la bendijese.<\/p>\n<p>Ten\u00eda siempre la Biblia abierta ante \u00e9l. Entre todos los textos, hab\u00eda algunos que rele\u00eda continuamente; sobre todo \u00e9ste: \u00abSe\u00f1or, me prestasteis este cuerpo. Ning\u00fan otro holocausto podr\u00eda complaceros mejor. Heme aqu\u00ed, pues. All\u00e1 voy. Es vuestra voluntad y yo la har\u00e9, Se\u00f1or.\u00bb<\/p>\n<p>Cierta tarde, recostado en la terraza, contemplaba el sol que se pon\u00eda entre las aguas del mar. Su mujer, sentada un poco detr\u00e1s de \u00e9l, para ocultarle su llanto, se fij\u00f3, admirada, en la tranquila placidez de su rostro. Queriendo saber el pensamiento de su marido en esos momentos, le pregunt\u00f3 cu\u00e1l estimaba ser el mayor entre los dones de Dios. Ozanam, sin titubear, contest\u00f3: \u00abLa paz del coraz\u00f3n\u00bb. Luego le explic\u00f3 que, sin esa paz, no podr\u00edamos nunca encontrar la felicidad y que, con ella, se pueden soportar todos los males, aun aquellos que se sufren cuando la muerte se aproxima.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, en la misma terraza, sentada su esposa junto a \u00e9l y contemplando ambos la inmensidad del Mediterr\u00e1neo, cuyas olas, al estrellarse contra las rocas, interrump\u00edan con su quejido el silencio de la tarde, dijo Ozanam a su mujer: \u00abSi algo me consuela de abandonar este mundo antes de haber terminado la Obra que emprend\u00ed, es que nunca trabaj\u00e9 por granjearme la alabanza humana, sino \u00fanicamente para el servicio de la verdad\u00bb de todo alimento, ella encontraba todo su consuelo en la oraci\u00f3n. Y rezaba sin cesar.<\/p>\n<p>Yo, que presenciaba aquello, d\u00eda tras d\u00eda, le pregunt\u00e9 una vez: \u00ab\u00bfT\u00fa no le pides a Dios tu salud?\u00bb Esta fue su respuesta: \u00abNo, mi Yoya (as\u00ed me llamaba ella). Verg\u00fcenza me dar\u00eda con Dios el pedirle eso cuando hay tantas cosas grandes que pedir\u00bb. \u00ab\u00bfY qu\u00e9 le pides t\u00fa\u00bb, insist\u00ed yo. \u00abPues yo le pido continuamente, me respondi\u00f3 ella, el arrepentimiento de los pecadores, la conversi\u00f3n para los infieles, la fuerza para los justos y todo lo que es preciso para que el reino de Cristo se extienda por toda la tierra&#8230;\u00bb Ella muri\u00f3 viendo la muerte con una serenidad que asombra.<\/p>\n<p>Pero no terminan aqu\u00ed mis recuerdos. Pasaron los a\u00f1os. No michos, pero no recuerdo cu\u00e1ntos. Por la Prensa supimos aqu\u00ed, en Caracas, la grave enfermedad con que se vio aquejado el Papa P\u00edo XI, enfermedad que lo conden\u00f3 a no poder moverse de un sill\u00f3n no s\u00e9 por cu\u00e1nto tiempo. P\u00edo XI, con el rosario y los Salmos en las manos, rezaba sin cesar. Parece que, cierto d\u00eda \u2014nos relat\u00f3 la Prensa\u2014, le pregunt\u00f3 un cardenal si \u00e9l le ped\u00eda a Dios su salud. La respuesta del. Papa fue la siguiente: \u00abVerg\u00fcenza me dar\u00eda con Dios el pedirle mi salud cuando hay tanta cosa importante que pedir&#8230;\u00bb Insiste el cardenal en preguntarle qu\u00e9 le ped\u00eda a Dios en sus largas horas de oraci\u00f3n. La respuesta del Papa P\u00edo XI fue \u00e9sta: \u00abPues yo le pido el arrepentimiento de los pecadores, la conversi\u00f3n de los herejes, la perseverancia de los justos y la extensi\u00f3n del reino de Cristo sobre toda la tierra.\u00bb<\/p>\n<p>Creo innecesario el decir lo que experiment\u00e9 ante esa respuesta del Santo Padre. Respuesta por m\u00ed ya o\u00edda. Pero esta vez brotada de los labios del Padre de la Cristiandad. Iguala todo nivel la religi\u00f3n de Cristo. Y es la misma para el grande y para el peque\u00f1o&#8230; Pero \u00e9ste es un recuerdo que ha dejado una huella imborrable en mi coraz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XXX: \u00daltimos d\u00edas Lleg\u00f3 el momento supremo y la hora inevitable. Virgilio (Eneida. Lib. II) 1.\u2014 San Jacopo Liorna dista cinco leguas de Pisa, sobre la orilla del mar. 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