{"id":6800,"date":"2009-03-02T18:07:18","date_gmt":"2009-03-02T17:07:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/03\/02\/vicente-de-paul-conferencia-030-sobre-las-reglas\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:36","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:36","slug":"vicente-de-paul-conferencia-030-sobre-las-reglas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-030-sobre-las-reglas\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 030: Sobre las reglas"},"content":{"rendered":"<p><em>(30.05.47)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, el tema de la presente conferencia es sobre la importancia que tiene guardar bien las reglas, sobre el bien y la utilidad que se saca de su observancia y sobre el mal que ocurre si las descuidamos. Esta conferencia se divide en tres puntos. Acabo de deciros el primero; el segundo es sobre las faltas que se cometen ordinariamente y en las que m\u00e1s f\u00e1cilmente se cae; el tercero, sobre los medios para remediar los defectos que se hayan observado. Quiera la divina bondad concedernos la gracia de que todos saquemos mucho fruto y utilidad de esta conferencia.<\/p>\n<p>Hermana, \u00bfquiere decirnos sus pensamientos?<\/p>\n<p>Entonces la hermana respondi\u00f3 que era necesario guardar hasta la m\u00e1s peque\u00f1a de las reglas, porque si la naturaleza empieza a relajarse, ir\u00e1 pidiendo cada vez m\u00e1s. Si hoy se descuida una cosa, ma\u00f1ana se descuidar\u00e1 otra.<\/p>\n<p>Entonces, nuestro venerad\u00edsimo padre dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Lo que quiere decir esta hermana es muy interesante; tenedlo en cuenta, hijas m\u00edas, porque es una sutileza de la naturaleza, que busca siempre su comodidad. Si hoy, por ejemplo, una se levanta tarde, ma\u00f1ana el cuerpo se encontrar\u00e1 m\u00e1s pesado, porque no habr\u00e1 tenido tanto reposo; si hoy a una se le ocurre ir a pasearse tranquilamente, ir a hacer visitas, ma\u00f1ana el esp\u00edritu y el cuerpo no querr\u00e1n sujetarse a estar metidas dentro de los l\u00edmites de las reglas. Por eso, hermanas m\u00edas, no hay nada mejor que acostumbrarse a hacer todo lo que hay que hacer, para no encontrar nada dif\u00edcil. Cuando el cuerpo se ha acostumbrado, ya no se cansa y se encuentra bien. Por ejemplo, un pobre soldado que haya estado mucho tiempo en el ej\u00e9rcito, mal alimentado, acost\u00e1ndose sobre la paja, (se siente tan feliz! Al volver a su casa, cuando tiene ya un poco m\u00e1s de reposo, cuando tiene una cama mejor, se pone enfermo. Por eso, hijas m\u00edas, esta hermana tiene mucha raz\u00f3n al decir que si hoy se hace poco, ma\u00f1ana se querr\u00e1 hacer menos. Contin\u00fae, hermana.<\/p>\n<p>La hermana a\u00f1adi\u00f3 que, para entrar en la pr\u00e1ctica de las reglas, le parec\u00eda conveniente proponerse todos los d\u00edas ser fiel a ellas, y por la tarde hacer el examen sobre este punto para ver en qu\u00e9 se ha faltado.<\/p>\n<p>&#8211; Entonces, hija m\u00eda, cada d\u00eda por la ma\u00f1ana, dir\u00e9is: \u00abQuiero guardar mi regla hoy (sin hablar de ma\u00f1ana); con la ayuda de Dios, no faltar\u00e9 en nada\u00bb. Y por la noche, incluso a veces durante el d\u00eda, en los ex\u00e1menes generales o particulares, ver\u00e9is en qu\u00e9 hab\u00e9is faltado. Yo creo que esto que ha querido decir, hermana m\u00eda, es para hacer penitencia; porque es necesario; hay que castigarse si uno ha faltado, diciendo por ejemplo una decena del rosario, o besando la tierra, o incluso tomando la disciplina. Si segu\u00eds este consejo, advertir\u00e9is enseguida el progreso en la observancia de vuestras reglas. Cuando el cuerpo se ve as\u00ed tratado, se sujeta enseguida. \u00a1Dios le bendiga, hermana m\u00eda!<\/p>\n<p>Y usted, hermana, \u00bfquiere decirnos lo que ha pensado?<\/p>\n<p>&#8211; Yo he pensado que, desde la entrada en esta Casa, estamos obligadas a practicar las reglas, ya que hemos prometido a Dios vivir conforme a ellas y al esp\u00edritu de la Comunidad; y faltar ser\u00eda ser infiel a Dios.<\/p>\n<p>&#8211; Es verdad, ser\u00eda ser infiel a Dios; tiene raz\u00f3n, hija m\u00eda, \u00a1ser\u00eda ser infiel a Dios! Contin\u00fae, por favor.<\/p>\n<p>La hermana a\u00f1adi\u00f3 que, para ser verdadera Hija de la Caridad, no basta con llevar el nombre y el h\u00e1bito, sino que hay que hacer obras; si no, se dar\u00eda mal ejemplo a toda la Compa\u00f1\u00eda. Lo cual ser\u00eda un gran perjuicio. Sobre el segundo punto, dijo que los defectos m\u00e1s ordinarios son: la negligencia y el poco amor con que cada una acepta sus cargos, la falta de cordialidad, de paciencia y de deferencia con el juicio de nuestras hermanas, de donde se deriva habitualmente la poca caridad que hay entre nosotras; finalmente, las faltas al silencio en las horas debidas. Sobre el tercer punto, observ\u00f3 que un buen medio era tener a las reglas mucha estima y amor, ya que son el camino por el que llegaremos al Cielo; y que tengamos cuidado de no hacer nada que pueda desedificar a nuestras hermanas.<\/p>\n<p>Otra hermana observ\u00f3 que no hab\u00eda mejor medio que la pr\u00e1ctica de las reglas para agradar a Dios y progresar en la virtud, que se faltaba muchas veces hablando de los defectos de las dem\u00e1s y que ese defecto se corregir\u00eda ejercit\u00e1ndose en la presencia de Dios.<\/p>\n<p>Otra hermana dio como razones para la observancia de nuestras reglas, que no hay nada en ellas que no tienda a la gloria de Dios, que nuestro Se\u00f1or quiso cumplir fielmente en la tierra todo lo que los profetas hab\u00edan dicho de \u00e9l, sin dejar un s\u00f3lo detalle, y que las reglas prescritas en las comunidades son otras tantas luces que Dios ha dado a los superiores para conocer quienes son los que desean abrazarlas y ser fieles. Sobre el segundo punto, una de las principales faltas es que no reflexionamos bastante en las excelencias de nuestras reglas; de ah\u00ed viene que no nos damos cuenta de su valor, y que poco a poco nos vamos dejando llevar por la negligencia. El remedio es animarse por las dos razones del primer punto, es decir, que damos gloria a Dios y le llenamos de contento.<\/p>\n<p>Otra hermana dijo otra raz\u00f3n: que, llamadas a donde estamos por la voluntad de Dios, tenemos que creer que es un camino seguro para llegar a la perfecci\u00f3n adonde nos quiere llevar. La falta m\u00e1s general, fuente de otras muchas particulares, es el no estimar bastante nuestras reglas, el creer que podemos dispensarnos f\u00e1cilmente de ellas por cualquier obst\u00e1culo que acontezca. El remedio para ello es concebir una alta estima de las mismas y entregarnos a Dios totalmente de nuevo para entrar en una pr\u00e1ctica m\u00e1s fiel de ellas.<\/p>\n<p>Otra hermana dijo que, si guardamos nuestras reglas, tambi\u00e9n estas reglas nos guardar\u00e1n; que una falta bastante frecuente es faltar a la mansedumbre y compasi\u00f3n con los enfermos; que un buen remedio es movernos, al comienzo de nuestras acciones, a hacerlas por amor de Dios.<\/p>\n<p>Hablaron otras muchas hermanas, pero como la mayor\u00eda no lo llevaban escrito, no se ha podido tomar nota de todo. La se\u00f1orita, invitada por nuestro venerad\u00edsimo padre a decir lo que pensaba, ley\u00f3 sus notas que dec\u00edan lo siguiente:<\/p>\n<p>Una raz\u00f3n es el reconocimiento de las obligaciones que tenemos con Dios, que sabe que necesitamos de las reglas para nuestra salvaci\u00f3n, y nos ha dado este medio para cooperar por ellas con su gracia. Otra raz\u00f3n es que, si en las Compa\u00f1\u00edas no se observan las reglas, tanto en lo que aconsejan como en lo que proh\u00edben, ser\u00edan continuos el desorden y la desuni\u00f3n y Dios ser\u00eda entonces m\u00e1s deshonrado que glorificado.<\/p>\n<p>Las faltas m\u00e1s ordinarias son el poner poco cuidado en dedicarse a la oraci\u00f3n, el no estimar bastante nuestras reglas, el estar convencidas de que no nos obligan, el ver mal que nuestros superiores tengan conocimiento de nuestras faltas y el tomarse la libertad de manifestar las faltas ajenas las unas a las otras, lo mismo que nuestras penas y peque\u00f1os descontentos, murmurando muchas veces contra los superiores.<\/p>\n<p>Como medio, hacer todo lo contrario, informarse muchas veces de cu\u00e1les son nuestras reglas, declarar a nuestros superiores lo antes posible las faltas que hemos cometido contra ellas, entregarse a Dios todos los d\u00edas para practicarlas, pedir su gracia y rezar a la sant\u00edsima Virgen y a nuestro \u00e1ngel de la guarda.<\/p>\n<p>Nuestro venerad\u00edsimo padre, despu\u00e9s de haber aprobado todo lo que se hab\u00eda dicho, tanto las razones como las observaciones y los medios, empez\u00f3 su discurso poco m\u00e1s o menos de esta manera:<\/p>\n<p>&#8211; Doy gracias a Dios, mis queridas hijas, por las luces que ha dado a vuestros esp\u00edritus en el presente tema, que son tales, por su misericordia, que en vuestros mismos rostros se puede ver que han sido tocados vuestros corazones. Me parece que leo en ellos el deseo de entrar con generosidad en la pr\u00e1ctica fiel de vuestras reglas. Veo en vuestro aspecto algo distinto de lo ordinario. Por esto le doy gracias con todo mi coraz\u00f3n y suplico a su bondad que nos haga entrar en el verdadero conocimiento de la gloria que con ello alcanzar\u00e1.<\/p>\n<p>\u00bfSab\u00e9is, hijas m\u00edas, cu\u00e1l es un motivo poderoso para abrazar vuestras reglas? Vosotras mismas lo hab\u00e9is dicho; es que Dios se las ha inspirado a los superiores para que os las den a vosotras. Hab\u00e9is dicho que Dios era quien las hab\u00eda hecho. No sois vosotras las que hab\u00e9is dicho esto; es san Pablo, hijas m\u00edas: \u00abTodo bien, dice este gran santo (1), viene de Dios\u00bb; nada se hace por Dios que no sea \u00e9l mismo quien lo hace. Pues bien, hijas m\u00edas, \u00bfen qu\u00e9 otra obra ha tenido Dios m\u00e1s parte que en la vuestra? \u00bfqui\u00e9n habr\u00eda podido hacerla como \u00e9l la ha hecho? \u00bfqu\u00e9 otra cosa hubiera podido hacer Dios para hacerla mejor?<\/p>\n<p>En primer lugar, Dios tom\u00f3 a unas mujeres pobres. Si hubiese tomado a unas mujeres ricas, \u00bfhubiesen hecho lo que estas hac\u00edan? \u00bfHubiesen servido a los enfermos en los servicios m\u00e1s bajos y penosos? \u00bfHubiesen ido a llevar un puchero, una cesta al mercado, comprar las provisiones? Y aunque, por la gracia de Dios, haya ahora entre vosotras personas de muy buena condici\u00f3n, podemos creer que, en el comienzo, ellas no lo hubiesen hecho as\u00ed.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto, \u00bfpod\u00eda Dios haber hecho algo mejor que poner entre vosotras la frugalidad que aqu\u00ed se observa? \u00bfY no es \u00e9sta una se\u00f1al de que se trata de Dios? Si hubiese s estado bien alimentadas, si hubieseis tenido manjares delicados, entonces, hijas m\u00edas, la naturaleza, que busca su comodidad, no se habr\u00eda preocupado de ir a socorrer a los dem\u00e1s; os habr\u00edais puesto a holgazanear con la buena comida; entonces, nadie os hubiese querido; pues, como ten\u00e9is que gastar poco para no ser ninguna carga a los lugares que os pidan, necesariamente ten\u00e9is que vivir con esta frugalidad de vida, que es una se\u00f1al muy segura de que vuestra obra es obra de Dios.<\/p>\n<p>\u00bfY no se ve tambi\u00e9n todo esto claramente en su comienzo y en sus progresos? Una se\u00f1al para reconocer las obras de Dios es, dice san Agust\u00edn, que se hacen por s\u00ed mismas. Empiezan de una manera que nadie puede observar; y finalmente se llevan a cabo sin que se pueda decir c\u00f3mo ha sido. As\u00ed ha ocurrido con vuestra fundaci\u00f3n, mis queridas hijas, porque nadie puede decir c\u00f3mo se hizo, ni qui\u00e9n la hizo, a no ser Dios. Preguntad a la se\u00f1orita Le Gras si pensaba en ello. Ni mucho menos. De mi, os puedo decir delante de Dios que jam\u00e1s lo hab\u00eda pensado. Entonces, \u00bfqui\u00e9n pensaba en ello? Era Dios, hijas m\u00edas, el que sab\u00eda muy bien lo que quer\u00eda hacer. Por tanto, amad su protecci\u00f3n sobre vuestra Compa\u00f1\u00eda y apegaos al esp\u00edritu que \u00e9l ha puesto en ella y a la pr\u00e1ctica de las reglas que ha introducido, las cuales contienen los medios m\u00e1s seguros para vivir como verdaderas cristianas. Y no solamente esto, sino que, observadas en el esp\u00edritu de Dios, os har\u00e1n alcanzar la m\u00e1s alta piedad religiosa y la m\u00e1s s\u00f3lida virtud que pueda practicarse en el cristianismo.<\/p>\n<p>En primer lugar, esas reglas son conformes con el Evangelio. Contienen todo lo que nuestro Se\u00f1or nos ha ense\u00f1ado de m\u00e1s perfecto, todo el camino que ha indicado para llegar al reino de los cielos. Las reglas os lo se\u00f1alan; me gustar\u00eda hac\u00e9roslo ver en todo, si no estuviese con prisas; pero se\u00f1alar\u00e9 solamente dos o tres art\u00edculos.<\/p>\n<p>El primer consejo evang\u00e9lico ense\u00f1a la pobreza, y es por donde nuestro Se\u00f1or empieza cuando ense\u00f1a el camino de la perfecci\u00f3n a quien quiere seguirle; y por la misericordia de Dios, hijas m\u00edas, es por donde vosotras comenz\u00e1is. Porque, al entrar aqu\u00ed no pose\u00e9is nada; si ten\u00e9is algo, renunci\u00e1is a ello, seg\u00fan el precepto evang\u00e9lico; en la casa ten\u00e9is la pobreza en todo: vest\u00eds con la tela m\u00e1s basta, no hay ning\u00fan tocado m\u00e1s sencillo que el vuestro, en vuestro vivir se observa la frugalidad que os dec\u00eda hace poco que era la se\u00f1al de la protecci\u00f3n de Dios sobre vuestra obra; y todo lo dem\u00e1s, por su gracia, se encuentra en una grand\u00edsima pobreza.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, para vuestro consuelo os dir\u00e9 que no hay nada tan santo ni tan perfecto en los consejos evang\u00e9licos como aquello que se os escribe en las reglas que Dios os ha dado; y es esto, por su gracia, lo que todas vosotras hac\u00e9is.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la pobreza, nuestro Se\u00f1or ordena abandonarse s\u00ed mismo; \u00bfno es esto, mis queridas hijas, lo que hac\u00e9is al venir a la Compa\u00f1\u00eda de Hijas de la Caridad? Porque, de todas las \u00f3rdenes que hay en la iglesia de Dios, \u00bfqui\u00e9n tiene que renunciar tanto y tan continuamente a s\u00ed mismo como vosotras? No conozco ninguna otra. Abandonar la propia voluntad desde que se viene, no tener ning\u00fan pensamiento de poder satisfacerse en nada, estar en una continua y entera dependencia de la voluntad de los superiores para ir, para quedarse, para tener este oficio o aquel otro, todo esto es renunciar a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>En tercer lugar, el Se\u00f1or aconseja el desprecio de s\u00ed mismo, y por su infinita misericordia, es lo que vosotras busc\u00e1is. \u00bfHay algo tan despreciable a los ojos del mundo como una pobre Hija de la Caridad? Las santas reglas que la bondad de Dios ha querido daros \u00bfno os ense\u00f1an el desprecio, cuando os ordenan que somet\u00e1is vuestro juicio, que teng\u00e1is siempre una alta opini\u00f3n de vuestra hermana y que cre\u00e1is que todo lo malo proviene de vosotras?<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1nta perfecci\u00f3n contienen vuestras reglas y c\u00f3mo ten\u00e9is que estar seguras de que es la mano de Dios la que os las ha dado, ya que est\u00e1n llenas de las pr\u00e1cticas m\u00e1s santas que Jesucristo ense\u00f1\u00f3 a los que quieren seguirle, y las observaron los ap\u00f3stoles y los santos! Una de vosotras ha dicho, y es cierto, que es muy dif\u00edcil perseverar en la vocaci\u00f3n si se descuidan esas reglas. Hijas m\u00edas, es Dios el que la ha hecho hablar de esta forma; porque no solamente es dif\u00edcil, sino dir\u00eda yo imposible; pues \u00bfc\u00f3mo se har\u00e1 una persona digna de las gracias de la perseverancia si desprecia estas reglas? Y es un desprecio el no guardarlas. Hab\u00e9is dicho tambi\u00e9n que, si las guard\u00e1is, ellas os guardar\u00e1n. \u00bfDe qu\u00e9 cre\u00e9is, hijas m\u00edas, que os guardar\u00e1n? Os guardar\u00e1n de ser infieles a Dios; porque no se ha visto todav\u00eda que una persona aficionada a la pr\u00e1ctica de sus reglas haya ca\u00eddo en la p\u00e9rdida de su vocaci\u00f3n. Si comete otras faltas, Dios le da gracias para arrepentirse de ellas.<\/p>\n<p>Este es un poderoso motivo, hijas m\u00edas, y una raz\u00f3n v\u00e1lida para animaros al cumplimiento y a la pr\u00e1ctica de vuestras reglas. Lo hab\u00e9is dicho vosotras mismas, y no yo. Pero insisto en ello para se\u00f1alar su importancia, que es tal, si bien lo pensamos, que en ello va la salvaci\u00f3n eterna; pues, aunque no est\u00e9is obligadas a vuestras reglas bajo pena de pecado, es cierto que, puesto que est\u00e1is en la Compa\u00f1\u00eda, est\u00e1is obligadas a observarlas. Es un camino que Dios ha se\u00f1alado; son los senderos por donde quiere conduciros; y si os apart\u00e1is, creed, hijas m\u00edas, que hay mucho peligro de perderse.<\/p>\n<p>En quinto lugar, la pr\u00e1ctica de las reglas es meritoria y satisfactoria para las personas que las han abrazado. Todo pecado merece castigo, o en este mundo o en el otro. Pues bien, si una persona de buen coraz\u00f3n se entrega a Dios en un g\u00e9nero de vida que tiende a su gloria, para reparar all\u00ed el tiempo perdido, todas sus observancias le ser\u00e1n satisfactorias por las penas debidas a los pecados que cometi\u00f3, de forma que puede aplicar todo lo que sus reglas le ordenan en reparaci\u00f3n de sus pecados pasados. Hijas m\u00edas, \u00bfqui\u00e9n de vosotras menospreciar\u00e1 esta ventaja? \u00bfqui\u00e9n no ha tenido vanidad alguna vez? \u00bfcu\u00e1ntas mentiras, maledicencias, malos pensamientos, y cu\u00e1ntas otras faltas que no conoc\u00e9is, por las que nuestras reglas nos sirven de dulce penitencia?<\/p>\n<p>Son tambi\u00e9n meritorias por s\u00ed mismas, ya que, al satisfacer por los pecados pasados, adquieren nuevo m\u00e9rito, y tal m\u00e9rito, que solamente se necesita esto para hacer que una persona sea santa, si permanece fiel a ellas. Yo he visto a un santo papa, que era Clemente VIII, un hombre muy santo, tan santo que los mismos herejes dec\u00edan: \u00abEl papa Clemente es un santo\u00bb. Se sent\u00eda tan tocado de Dios y ten\u00eda el don de l\u00e1grimas en tal abundancia que, cuando sub\u00eda por unas escaleras que se llaman la Escala santa (2), se llenaba de l\u00e1grimas. Pues bien, aquel santo personaje dec\u00eda: \u00abQue me traigan a una persona religiosa, bien sea una joven o una mujer, que haya perseverado en la obediencia a sus reglas, que me den suficiente testimonio de ello, y no necesito ninguna otra se\u00f1al de su santidad para canonizarla. Yo no quiero ninguna resurrecci\u00f3n de muertos, ninguna curaci\u00f3n de enfermos, ni otros milagros, sino solamente que haya guardado sus reglas; la har\u00e9 inscribir en el calendario e instituir\u00e9 su fiesta\u00bb.<\/p>\n<p>Este gran personaje, que ha sido un papa de nuestro tiempo (3), estimaba mucho la pr\u00e1ctica de las reglas. Ved pues, mis queridas hijas, cu\u00e1nto m\u00e9rito tienen \u00e9stas delante de Dios y a qu\u00e9 perfecci\u00f3n de vida conducen a las almas que las cumplen con exactitud, ya que aquel hombre tan santo no ped\u00eda m\u00e1s testimonio de santidad que la fidelidad a las reglas para canonizar a un alma. \u00bfNo es \u00e9ste un motivo suficiente para amarlas, para tenerlas en gran estima y para no faltar nunca a ellas?<\/p>\n<p>\u00bfNo basta acaso creer que se cumple la voluntad de Dios, para sentir por ello gran satisfacci\u00f3n? \u00bfHay algo m\u00e1s poderoso? Un alma deseosa de amar a Dios \u00bfpuede desear otra cosa que hacer su voluntad? Al hacer lo que os prescriben vuestras reglas, hijas m\u00edas, pod\u00e9is estar tan seguras de que cumpl\u00eds la voluntad de Dios que, aunque \u00e9l os lo dijera por su propia boca no podr\u00edais estarlo m\u00e1s. Es que vuestras reglas vienen de \u00e9l, vuestra Compa\u00f1\u00eda viene de \u00e9l, y \u00e9l os ha llamado para hacer lo que les ha ordenado a todas las dem\u00e1s. \u00a1Bendito sea Dios, hijas m\u00edas! Entregu\u00e9monos a \u00e9l para cumplir siempre esta sant\u00edsima voluntad.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, pues, mis queridas hijas, algunos motivos para excitaros al amor, a la estima, y a la fidelidad que deb\u00e9is a vuestras reglas. El primero es que vuestra obra es una obra de Dios; el segundo, que vuestra regla contiene los medios para encaminaros a la perfecci\u00f3n cristiana; el tercero, que son conformes con el Evangelio y compuestas de lo que all\u00ed est\u00e1 tan claro para encaminar el alma hacia la virtud; que es dif\u00edcil perseverar en la vocaci\u00f3n si se descuidan estas reglas; que son meritorias y satisfactorias; y que, aunque no hubiese m\u00e1s motivo que el de creer que as\u00ed se cumple la voluntad de Dios, ese motivo ser\u00eda lo bastante poderoso para obligarnos a no apartarnos de ellas jam\u00e1s. \u00a0Ahora quedan por se\u00f1alar los medios; \u00a1in nomine Domini! Entre todos los medios que Dios os ha inspirado, hijas m\u00edas, encuentro especialmente uno de una eficacia maravillosa, el de pedir esta gracia a Dios, pero ped\u00edrsela de buena manera, esto es, con el deseo de corresponder a ella con todo nuestro poder, con el deseo de ser fieles hasta los m\u00e1s peque\u00f1os detalles, porque como hab\u00e9is se\u00f1alado, el que es fiel en lo poco y en las peque\u00f1as cosas, lo ser\u00e1 tambi\u00e9n en las cosas grandes (4). Pues bien, hijas m\u00edas, no hemos de pensar que haya cosas de poca importancia en las reglas; porque todo lo que se refiere a Dios y a su gloria es sagrado y augusto, y no tenemos que dejar cosa alguna que est\u00e9 en nuestro poder. Hay que ped\u00edrselo a Dios todas las ma\u00f1anas, hay que ped\u00edrselo a lo largo del d\u00eda, hay que ped\u00edrselo por la noche y no hay que dejar nunca de ped\u00edrselo.<\/p>\n<p>Pero, padre, me objetar\u00e1 alguna, eso es muy f\u00e1cil de decir, pero es muy dif\u00edcil poder hacer todas las cosas tal como se nos dice. Sobrevienen mil ocasiones que nos impiden hacer en las horas determinadas lo que se hace en la Casa. Hijas m\u00edas, para el consuelo de la que est\u00e1 en quehaceres dif\u00edciles, os dir\u00e9 que no se admite retraso alguno cuando se trata del servicio a los pobres. Si, a la hora de vuestra oraci\u00f3n, por la ma\u00f1ana, ten\u00e9is que ir a llevar una medicina, marchad tranquilamente; despu\u00e9s de un acto de resignaci\u00f3n con la santa voluntad de Dios, ofrecedle vuestra acci\u00f3n, unid vuestra intenci\u00f3n a la oraci\u00f3n que se tiene en la casa, o en otras partes, y marcharos sin ninguna preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Si, cuando est\u00e1is de vuelta, vuestra comunidad os permite hacer un poco de oraci\u00f3n o de lectura espiritual, \u00a1estupendamente! Pero no ten\u00e9is que inquietaros por ello, ni creer que hab\u00e9is faltado, cuando la perd\u00e1is; porque no se la pierde cuando se la deja por un motivo leg\u00edtimo. Y si hay alg\u00fan motivo leg\u00edtimo, mis queridas hijas, es el servicio del pr\u00f3jimo. El dejar a Dios por Dios no es dejar a Dios, esto es, dejar una obra de Dios para hacer otra, o de m\u00e1s obligaci\u00f3n o de mayor m\u00e9rito.<\/p>\n<p>Dej\u00e1is la oraci\u00f3n o la lectura, o perd\u00e9is el silencio por asistir a un pobre: pues sabed, hijas m\u00edas, que hacer esto, es servir a Dios. \u00a1Qu\u00e9 consuelo para una buena Hija de la Caridad pensar: \u00abVoy a asistir a mis pobres enfermos, pero Dios se complacer\u00e1 m\u00e1s en esto que en la oraci\u00f3n que ten\u00eda que hacer ahora\u00bb! Y marchar alegremente a donde Dios la llama.<\/p>\n<p>Cuando Mois\u00e9s ley\u00f3 al pueblo de Israel la ley que Dios le hab\u00eda dado escrita en la piedra, le pregunt\u00f3 \u00ab\u00bfCumplir\u00e9is esto?\u00bb. Se elev\u00f3 una voz que dijo: \u00abNo podr\u00edamos hacerlo por nosotros mismos, pero se lo pediremos a Dios\u00bb. As\u00ed ocurre con vuestras reglas, hijas m\u00edas. Por vosotras mismas no podr\u00e9is nunca ser exactas en ellas; pero hay que ped\u00edrselo a Dios. \u00a1Ah, mi Se\u00f1or Jesucristo! Es verdad que, por nosotros mismos, somos unos pobres seres capaces solamente de ofender a tu divina Majestad y de deshonrar por nuestra cobard\u00eda la elecci\u00f3n que tu bondad ha hecho de nosotros para servirte en la manera de vivir adonde nos has llamado. Pero, confiando en esa misma bondad y misericordia divina, te pedimos con todo nuestro coraz\u00f3n la gracia, para todas las que estamos y estaremos en nuestra Compa\u00f1\u00eda, de cumplir las reglas que nos has querido dar, de la forma con que t\u00fa cumpliste en este mundo la sant\u00edsima voluntad de tu Padre eterno, de morir antes que cometer jam\u00e1s una sola infidelidad con conocimiento, y, si somos tan fr\u00e1giles que nos dejamos caer, que nos des tu mano compasiva, por tu inmensa caridad, para levantarnos de nuestras ca\u00eddas. Te lo pedimos todas un\u00e1nimemente, Dios m\u00edo, y protestamos que queremos morir antes de faltar a un solo punto de lo que quieres de nosotras. Quiera tu bondad concedernos abundantemente la gracia de cumplirlo con la perfecci\u00f3n que t\u00fa deseas. Tal es, mis queridas hijas, la oraci\u00f3n que elevo con todo mi coraz\u00f3n a Dios por vosotras; le suplico que quiera responder al deseo que ten\u00e9is todas. Si le ped\u00eds muchas veces la gracia de cumplir vuestras reglas y os entreg\u00e1is a \u00e9l para practicarlas, \u00e9l no permitir\u00e1 que caig\u00e1is en la infidelidad.<\/p>\n<p>Otro medio, y muy eficaz, hijas m\u00edas, es que quer\u00e1is ser advertidas de las faltas que comet\u00e9is contra vuestras reglas, aceptando que os adviertan y os reprendan los superiores, sufri\u00e9ndolo con esp\u00edritu de mansedumbre, contentas de que se os haga esta caridad, y pidiendo a la hermana con qui\u00e9n est\u00e1is que nos lo comunique a la se\u00f1orita o a mi, pero esto con toda bondad y sinceridad: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo! Hermana, le ruego, por amor de Dios, que advierta al padre Vicente y a la se\u00f1orita de las faltas que me ha visto cometer\u00bb.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, no pod\u00e9is imaginaros cu\u00e1n \u00fatil resulta esto; porque, desgraciadamente, nosotros no advertimos nada m\u00e1s que una m\u00ednima parte de nuestras faltas; perdemos incluso de vista algunas faltas de condenaci\u00f3n, como sucedi\u00f3 a David, despu\u00e9s de haber matado a Ur\u00edas. El no pensaba en ello, y Dios le envi\u00f3 un profeta para amonestarle por su falta, y enseguida la reconoci\u00f3. \u00abS\u00ed, dijo, \u00a1yo he cometido ese pecado!\u00bb. Y se le qued\u00f3 tan impreso este sentimiento que despu\u00e9s dec\u00eda todos los d\u00edas; \u00abSe\u00f1or, perdona mis pecados\u00bb. Y san Pedro, cuando reneg\u00f3 de nuestro Se\u00f1or, no pensaba que obraba mal. Pero cuando fue amonestado, no dej\u00f3 de llorar, al conocer que hab\u00eda sido una falta enorme.<\/p>\n<p>Pero \u00bfcre\u00e9is, hijas m\u00edas, que hay en vuestra Compa\u00f1\u00eda y entre vosotras alguna que tenga esta disposici\u00f3n de querer ser advertida de sus faltas y que quiera que se avise a los superiores? \u00a1Oh! Por la misericordia de Dios, s\u00ed que las hay; hay, lo s\u00e9 muy bien, quienes querr\u00edan que fuesen conocidas todas sus faltas; y s\u00e9 que hay algunas muy contentas de que se las comuniquen y se las digan a los superiores. M\u00e1s todav\u00eda, hijas m\u00edas; quiero creer que todas vosotras ten\u00e9is esta disposici\u00f3n, no solamente de ser advertidas en particular, sino incluso en p\u00fablico. Ved, hijas m\u00edas, las misericordias de Dios con una alma de vuestra Compa\u00f1\u00eda (no la nombrar\u00e9, al menos por ahora). Desde el pueblo en donde est\u00e1, escribe a su hermana que ha venido a Par\u00eds; he aqu\u00ed lo que le dice: \u00abMi querid\u00edsima hermana, la saludo al pie de la cruz de nuestro querido Salvador que sufre por nosotros. Le dirijo estas palabras para rogarle que haga el favor de avisar de todas mis faltas a la se\u00f1orita, sin ocultarle nada; ese ser\u00e1 el mayor testimonio de amor que puede usted demostrarme, pues, si me ama, querr\u00e1 tambi\u00e9n mi perfecci\u00f3n, y al hacer esto, no me negar\u00e1 lo que puede contribuir tanto a ella. Y para obligarle m\u00e1s a hacer lo que le pido, le env\u00edo una estampa de la Virgen, que la invita, por los m\u00e9ritos de su Hijo Jesucristo, a que no me niegue una cosa tan justa como esta; pues ya sabe, mi querida hermana, el bien que se hace cuando se hace esto; crea pues, por favor, que esto me aprovechar\u00e1 con la ayuda de Dios. Esper\u00e1ndolo as\u00ed de su caridad, quedo para siempre, en el amor de nuestro querido Salvador, su muy humilde servidora, sor&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, hijas m\u00edas cu\u00e1les son los sentimientos de una de vosotras, pero no la nombrar\u00e9 al menos por ahora. \u00bfQu\u00e9 dec\u00eds a esto, hermanas m\u00edas? \u00bfPuede acaso ella, para pedir algo que le sea tan ventajoso, poner m\u00e1s insistencia de lo que ha hecho para suplicar que se digan sus faltas? \u00abY para obligarle, dice, le env\u00edo una estampa de la Virgen, que la invita por los m\u00e9ritos de su Hijo Jesucristo\u00bb. Observadlo bien: ofrecer un regalo a una persona para que diga sus faltas, y regalarle una Virgen, una imagen que quiz\u00e1s le era muy querida, para que, si se olvidase su hermana, se acordase al verla. \u00a1Oh! \u00a1que Dios la bendiga! Creedlo, hijas m\u00edas; si somos fieles a la gracia, la gracia producir\u00e1 admirables efectos en nuestras almas. He visto algunas personas que incluso han llegado a querer que todo el mundo estuviese al tanto de sus faltas. Una vez confesaba en el campo a una pobre mujer que hablaba en voz alta, de forma que todos pod\u00edan escuchar lo que dec\u00eda, y le dije: \u00abHija m\u00eda, hable bajo, la oigo bien\u00bb. \u00abNo importa, padre, me respondi\u00f3 ella, quiero que todo el mundo sepa que yo he sido tan miserable que he hecho todas estas cosas malas\u00bb. Dios le hab\u00eda concedido estos sentimientos a una pobre mujer de aldea. Conozco tambi\u00e9n a un pobre hombre que, despu\u00e9s de haberse confesado, me dijo: \u00abPadre, si me lo permite, ir\u00e9 por toda la tierra publicando mis pecados, para que todos me conozcan tal como soy\u00bb.<\/p>\n<p>Estos son, hijas m\u00edas, los efectos de la gracia en las almas que no la resisten. Creedme, hay que llegar hasta ese punto. El que quiera avanzar en la virtud tiene que querer que sean conocidas sus faltas; tiene que descubrirlas \u00e9l mismo, y sentirse feliz porque los otros las descubran. Cuando veng\u00e1is a esta Casa no dej\u00e9is de decir nunca en qu\u00e9 hab\u00e9is faltado a vuestras reglas. Si vuestra hermana viene antes que vosotras, pedidle que indique a la se\u00f1orita en qu\u00e9 os ha visto fallar. Si no pod\u00e9is ver a la se\u00f1orita, dec\u00eddselo a la hermana Juana, dec\u00eddselo a la hermana Ana, de \u00edrselo a alguna otra; dec\u00eddselo, por favor, y no falt\u00e9is en esto.<\/p>\n<p>Estos son, hijas m\u00edas, algunos medios que os hemos dado; estos son algunos motivos para inclinaros a la observancia de vuestras reglas. Pero he aqu\u00ed uno m\u00e1s, hijas m\u00edas, que Dios os env\u00eda. Hasta el presente hab\u00e9is trabajado por vosotras mismas y sin otra obligaci\u00f3n, delante de Dios, que la de satisfacer al orden que se os hab\u00eda prescrito y a la manera de vivir que se os hab\u00eda dado; hasta el presente no hab\u00e9is sido un cuerpo separado del cuerpo de las damas de la cofrad\u00eda de la Caridad; y ahora, hijas m\u00edas, Dios quiere que se\u00e1is un cuerpo especial, que, aunque sin estar separado del de las damas, no deje de tener sus propios ejercicios y sus funciones particulares. Hasta ahora hab\u00e9is trabajado sin otra obligaci\u00f3n; y ahora Dios os quiere ligar m\u00e1s estrechamente por la aprobaci\u00f3n que ha permitido que se haga de vuestra manera de vivir y de vuestras reglas por monse\u00f1or el ilustr\u00edsimo y reverend\u00edsimo arzobispo de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Tengo aqu\u00ed la petici\u00f3n que se le present\u00f3, las reglas, v luego la aprobaci\u00f3n. Os las voy a leer una tras otra.<\/p>\n<p>Entonces su caridad se tom\u00f3 la molestia de hacerlo, aunque hab\u00eda muchas escrituras.<\/p>\n<p>El primer art\u00edculo de la regla dice que la Compa\u00f1\u00eda estar\u00e1 compuesta de viudas y de doncellas, que elegir\u00e1n a una de ellas por mayor\u00eda de votos para ser superiora durante tres a\u00f1os, y podr\u00e1 seguir si\u00e9ndolo otros tres, y no m\u00e1s. El padre Vicente dijo que esto se entend\u00eda despu\u00e9s de que Dios hubiese dispuesto de la se\u00f1orita, la cual se puso de rodillas y le suplic\u00f3 que empezase desde ahora. El respondi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Sus hermanas y yo, se\u00f1orita, tenemos que pedir a Dios que os deje todav\u00eda largos a\u00f1os. La voluntad ordinaria de Dios es conservar por medios extraordinarios a los que son necesarios para el cumplimiento de sus obras. Y si se fija usted, se\u00f1orita, ya hace m\u00e1s de diez a\u00f1os que no vive, al menos de una manera ordinaria.<\/p>\n<p>Luego continu\u00f3 la lectura hasta el art\u00edculo que dice: Ser\u00e1 una cofrad\u00eda que llevar\u00e1 el nombre de Cofrad\u00eda de Hermanas de la Caridad sirvientes de los pobres enfermos+. Entonces exclam\u00f3 dulcemente:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Ah! \u00a1qu\u00e9 hermoso t\u00edtulo! Hijas m\u00edas, \u00a1Qu\u00e9 hermoso t\u00edtulo y qu\u00e9 hermosa cualidad! \u00bfQu\u00e9 hab\u00e9is hecho a Dios para merecer esto? Sirvientes de los pobres, que es como si se dijese sirvientes de Jesucristo, ya que \u00e9l considera como hecho a s\u00ed mismo lo que se hace por ellos, que son sus miembros\u00a0 \u00bfY qu\u00e9 hizo \u00e9l en este mundo, sino servir a los pobres? \u00a1Ah! mis queridas hijas, conservad bien este t\u00edtulo, porque es el m\u00e1s hermoso y el m\u00e1s ventajoso que podr\u00edais tener. No s\u00e9 si os lo he dicho ya, \u00bfsab\u00e9is qu\u00e9 t\u00edtulo toma el papa? Su t\u00edtulo m\u00e1s hermoso y m\u00e1s venerable, el t\u00edtulo del que se sirve en la expedici\u00f3n de los asuntos m\u00e1s importantes, es \u00abSiervo de los siervos de Dios\u00bb. Se dice: tal persona, Clemente, Urbano, Inocencio, actualmente Siervo de los siervos de Dios. Y vosotras, hijas m\u00edas, os pod\u00e9is poner siervas de los pobres, que son los predilectos de Jesucristo. San Francisco, cuando dio su regla, tom\u00f3 el t\u00edtulo de menor, que quiere decir peque\u00f1o. Si aquel gran patriarca se llam\u00f3 peque\u00f1o, \u00bfno ten\u00e9is que considerar como un gran honor el seguirle y llamaros sirvientes de los pobres?<\/p>\n<p>Nuestro venerad\u00edsimo padre prosigui\u00f3 la lectura hasta el art\u00edculo que dice que las hermanas que est\u00e1n en la Casa se alimentar\u00e1n con las peque\u00f1as rentas de dicha Casa y con el trabajo y el ahorro de las hermanas. Luego dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Hijas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 hermoso es esto!: vuestros ahorros, esto es, lo que pod\u00e9is reservar con vuestra frugalidad de vida; y vuestro trabajo manual; fijaos, trabajo manual quiere decir lo que hac\u00e9is fuera de las horas en que est\u00e1is ocupadas con los enfermos. En el tiempo que os quede, ten\u00e9is que ganar para contribuir a mantener a otras, que har\u00e1n luego lo mismo que vosotras. \u00a1Oh! \u00a1Que Dios os bendiga, hijas m\u00edas, y os d\u00e9 abundancia de gracias!<\/p>\n<p>El padre Vicente prosigui\u00f3 la lectura de la regla, y se detuvo en el art\u00edculo que habla de evitar ofender a Dios mortalmente, sobre todo en lo que se refiere a la castidad, tomando toda clase de precauciones para conservarla, sin dejar entrar a los hombres en la habitaci\u00f3n y no entreteni\u00e9ndose a hablar por la calle con personas de sexo diferente. Y, si se ven obligadas, tienen que hilar muy fino.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, dijo, esto se entiende de los hombres, con los que no os detendr\u00e9is nunca por la calle, a no ser por extrema necesidad. Hay que hilar muy fino. Decidles lo que teng\u00e1is que decirle lo m\u00e1s sucintamente que se pueda, y despu\u00e9s, desped\u00edos de ellos.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el padre Vicente sigui\u00f3 leyendo el reglamento; al llegar al art\u00edculo sobre el silencio, a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Tambi\u00e9n yo, hijas m\u00edas, os exhorto a ello. Honrad durante ese tiempo la vida oculta del Hijo de Dios. Pero, padre, dir\u00e1 alguna, eso es muy dif\u00edcil; tenemos que trabajar en esas horas. \u00a1Ah! En ese caso, hijas m\u00edas, acordaos de lo que os dec\u00eda hace poco sobre la oraci\u00f3n, que servir a un enfermo es hacer oraci\u00f3n. Lo mismo pasa con el silencio; pero al menos habr\u00e1 que guardarlo exactamente desde la lectura de la noche y desde que os levant\u00e1is por la ma\u00f1ana hasta el final de las oraciones. Y si lo tom\u00e1is con cuidado, nadie os lo puede impedir. Solamente se necesita un poco de cuidado y de reflexi\u00f3n, pero sobre todo deseos de cumplir con la regla.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber acabado con la lectura del reglamento, nuestro venerad\u00edsimo padre a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Hemos querido, hijas m\u00edas, que se dijese de vosotras lo que se dijo de nuestro Se\u00f1or, que empez\u00f3 primero a hacer, y luego a decir. Lo que acab\u00e1is de o\u00edr, hijas m\u00edas, \u00bfno es lo que ya hac\u00e9is? \u00bfHay algo que no hay\u00e1is hecho? No, por la misericordia de Dios; lo que hoy se os manda, ya lo hac\u00edais. Es verdad que ya hab\u00eda recibido yo la aprobaci\u00f3n del difunto papa (7); pero no ten\u00edais todav\u00eda un mandato expreso. Miles de a\u00f1os antes de que nuestro Se\u00f1or viniese al mundo, Dios envi\u00f3 a Mois\u00e9s, d\u00e1ndole una ley, figura de la que nuestro Se\u00f1or ten\u00eda que traer. El pueblo la observ\u00f3. Pero, cuando nuestro Se\u00f1or dio la suya, se atuvieron a ella. No es que nuestro Se\u00f1or destruyera la primera, ya que los mandamientos contenidos en ella est\u00e1n tambi\u00e9n en la nueva, sino que la perfeccion\u00f3.<\/p>\n<p>Pues bien, hijas m\u00edas, aqu\u00ed est\u00e1n las reglas, aprobadas por la misericordia de Dios, que os convierten en una cofrad\u00eda de la Caridad separada de la cofrad\u00eda de las damas de la Caridad, con las que estabais ligadas hasta ahora. No os hacen romper con la de las damas, a las que segu\u00eds estando sujetas en todo lo que se refiere al servicio de los enfermos; pero os hacen diferentes en vuestra manera de vivir; de forma que la cofrad\u00eda que formabais con las damas ya no es para vosotras m\u00e1s que como la ley de Mois\u00e9s en comparaci\u00f3n con la de Jesucristo. Ten\u00e9is que considerar estas reglas como dadas por la mano del mismo Dios, ya que os han sido dadas por orden del se\u00f1or arzobispo, de quien depend\u00e9is. \u00a1Qu\u00e9 consuelo, hijas m\u00edas, ten\u00e9is que tener al ver este efecto de la direcci\u00f3n y del esp\u00edritu de Dios sobre vosotras! Dadle gracias porque ya las hab\u00edais guardado, dadle gracias porque ahora est\u00e1is todav\u00eda m\u00e1s obligadas a guardarlas y porque ha querido su divina bondad que se os de una orden y por esto mismo, os da el testimonio y la seguridad de que le agrad\u00e1is. Que vuestra pr\u00f3xima comuni\u00f3n, mis queridas hijas, sea para darle gracias. Dadle gracias todas en la santa comuni\u00f3n del domingo, y yo lo har\u00e9 tambi\u00e9n en las del d\u00eda de Pentecost\u00e9s y de la Trinidad; que las tres sean por esta intenci\u00f3n, y tambi\u00e9n para agradecer a Dios vuestra vocaci\u00f3n y pedirle nuevas gracias para su gloria y para el cumplimiento de su obra.<\/p>\n<p>Cuando Mois\u00e9s ley\u00f3 la ley de Dios al pueblo de Israel, le dijo, despu\u00e9s de haber visto los deseos que de ella ten\u00eda: \u00abPueblo, esta ley se os ha dado de parte de Dios. Si la observ\u00e1is, os prometo de su parte mil bendiciones en todas vuestras obras: bendici\u00f3n cuando est\u00e9is en vuestras casas, bendici\u00f3n cuando salg\u00e1is de ellas, bendici\u00f3n en vuestro trabajo, bendici\u00f3n en vuestro descanso, bendici\u00f3n en todo lo que hag\u00e1is, bendici\u00f3n en todo lo que no hag\u00e1is; en una palabra, todas las bendiciones abundar\u00e1n en vosotros y sobre vosotros. Si en vez de guardarla, la despreci\u00e1is, os prometo todo lo contrario de lo que os acabo de decir; porque tendr\u00e9is maldici\u00f3n en vuestras casas, maldici\u00f3n fuera de vuestras casas, maldici\u00f3n cuando entr\u00e9is, maldici\u00f3n cuando salg\u00e1is, maldici\u00f3n en todo lo que hag\u00e1is y maldici\u00f3n en todo lo que no hag\u00e1is; en una palabra, todas las maldiciones vendr\u00e1n a vosotros y sobre vosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que dijo Mois\u00e9s al pueblo de Dios, os lo digo yo a vosotras, hijas m\u00edas. Estas son las reglas que se os han enviado de parte de Dios. Si sois fieles en observarlas, todas las bendiciones del cielo caer\u00e1n sobre vosotras: tendr\u00e9is bendici\u00f3n en el trabajo, bendici\u00f3n en el descanso, bendici\u00f3n al entrar, bendici\u00f3n al salir, bendici\u00f3n en lo que hag\u00e1is, bendici\u00f3n en lo que no hag\u00e1is, y todo quedar\u00e1 lleno de bendici\u00f3n por medio de vosotras.<\/p>\n<p>Si, lo que Dios no quiera, alguna no tuviese este deseo, yo le digo lo que les dijo Mois\u00e9s a los que no cumplieran la ley que les daba de parte de Dios: \u00abTendr\u00e9is maldici\u00f3n en la casa, maldici\u00f3n fuera, maldici\u00f3n en lo que hag\u00e1is y maldici\u00f3n en lo que no hag\u00e1is, etc\u00e9tera\u00bb.<\/p>\n<p>Ya os he dicho otras veces, hijas m\u00edas, que el que entra en un barco para hacer un largo viaje, tiene que sujetarse a todo lo que se hace en el barco; si no se sujeta a todas las leyes que all\u00ed se guardan se pone en peligro de perecer. Igualmente, las que han sido llamadas por Dios para vivir en una santa comunidad, tienen que observar todas sus reglas.<\/p>\n<p>Creo, por la misericordia de Dios, hijas m\u00edas, que cada una de vosotras tiene el deseo de ponerlas en pr\u00e1ctica. \u00bfNo ten\u00e9is todas este sentimiento?<\/p>\n<p>Todas a una sola voz respondieron que s\u00ed.<\/p>\n<p>Y nuestro venerad\u00edsimo padre prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; Cuando Mois\u00e9s dio la ley al pueblo de Dios, todos estaban de rodillas, como est\u00e1is vosotras ahora, y espero que su misericordia secundar\u00e1 vuestros deseos haciendo cumplir lo que se pide de vosotras. \u00bfNo os entreg\u00e1is a \u00e9l con todo vuestro coraz\u00f3n, hijas m\u00edas, para vivir en la observancia de vuestras santas reglas?<\/p>\n<p>Todas respondieron: \u00a1S\u00ed!<\/p>\n<p>Y \u00e9l continu\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNo quer\u00e9is con todo vuestro coraz\u00f3n vivir y morir en ellas?<\/p>\n<p>Todas respondieron: \u00a1S\u00ed!<\/p>\n<p>&#8211; Pues bien, yo pido a la soberana bondad de Dios que quiera, por su infinita misericordia, derramar abundantemente toda clase de gracias y de bendiciones sobre vosotras, para que pod\u00e1is cumplir perfectamente y con buenos deseos su sant\u00edsima voluntad, en la pr\u00e1ctica de vuestras reglas.<\/p>\n<p>Entonces una hermana y otras varias pidieron perd\u00f3n por las faltas que hab\u00edan cometido.<\/p>\n<p>&#8211; Ruego a Dios con todo mi coraz\u00f3n, hijas m\u00edas, que os perdone vuestras faltas. Y tambi\u00e9n a mi, miserable como soy, que no guardo mis reglas. Os pido perd\u00f3n a todas. Yo soy muy culpable con vosotras en lo que se refiere a vuestra obra. Por favor, rogad a Dios que me conceda su misericordia. Por mi parte, pedir\u00e9 a nuestro Se\u00f1or Jesucristo que os d\u00e9 \u00e9l mismo su santa bendici\u00f3n y no pronunciar\u00e9 hoy las palabras, porque las faltas que he cometido con vosotras me hacen indigno de ello. Pido, pues, a nuestro Se\u00f1or que lo haga \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>Entonces bes\u00f3 la tierra. Al ver esto la Se\u00f1orita y todas nuestras hermanas, afligidas porque no quer\u00eda darnos su bendici\u00f3n, se lo suplicaron repetidas veces, con tanta insistencia e importunidad, que termin\u00f3 por ceder.<\/p>\n<p>&#8211; Pedid, pues, a Dios que no mire mi indignidad ni los pecados de que soy culpable, sino que, concedi\u00e9ndome su misericordia, derrame sus bendiciones sobre vosotras al mismo tiempo que pronuncio las palabras.<\/p>\n<p>Benedictio Dei Patris&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(30.05.47) Hijas m\u00edas, el tema de la presente conferencia es sobre la importancia que tiene guardar bien las reglas, sobre el bien y la utilidad que se saca de su observancia y sobre el mal &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-030-sobre-las-reglas\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":393753,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[65],"tags":[],"class_list":["post-6800","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 030: Sobre las reglas - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-030-sobre-las-reglas\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 030: Sobre las reglas - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"(30.05.47) Hijas m\u00edas, el tema de la presente conferencia es sobre la importancia que tiene guardar bien las reglas, sobre el bien y la utilidad que se saca de su observancia y sobre el mal ... 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