{"id":6787,"date":"2009-02-27T18:00:38","date_gmt":"2009-02-27T17:00:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/02\/27\/vicente-de-paul-conferencia-027-sobre-la-practica-del-respeto-mutuo-y-de-la-mansedumbre\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:37","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:37","slug":"vicente-de-paul-conferencia-027-sobre-la-practica-del-respeto-mutuo-y-de-la-mansedumbre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-027-sobre-la-practica-del-respeto-mutuo-y-de-la-mansedumbre\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 027: Sobre la pr\u00e1ctica del respeto mutuo y de la mansedumbre"},"content":{"rendered":"<p><em>(19.08.46)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>El primer punto ha sido sobre las razones por las que las Hijas de la Caridad tienen que esforzarse en adquirir estas virtudes del respeto y de la mansedumbre.<\/p>\n<p>Sobre ello se ha dicho que:<\/p>\n<p>1.\u00b0 Esto agrada a Dios y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>2.\u00b0 Es imitar a nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que durante toda su vida estuvo lleno de mansedumbre.<\/p>\n<p>3.\u00b0 No podr\u00edamos ser verdaderas Hijas de la Caridad si no tuvi\u00e9semos esas dos virtudes, ya que sin respeto no se tiene mansedumbre, y sin mansedumbre no se tiene caridad.<\/p>\n<p>4.\u00b0 No basta con tener caridad con los extra\u00f1os, sino que principalmente hemos de tenerla con nuestras hermanas; si les faltamos al respeto y no somos mansas con ellas, es se\u00f1al de que no las amamos y que por consiguiente, no somos Hijas de la Caridad m\u00e1s que en apariencia, indignas de llevar su nombre y su h\u00e1bito.<\/p>\n<p>5.\u00b0 Si no tuvi\u00e9semos respeto ni mansedumbre, ser\u00eda de muy mal ejemplo para nuestras hermanas nuevas y podr\u00eda apartar a todas las j\u00f3venes que tuviesen deseos de ser de nuestra Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>6.\u00b0 No hay nada que pueda cambiar los corazones m\u00e1s envenenados tanto como la mansedumbre; si queremos obtener algo de una persona, se lo pedimos con respeto y mansedumbre, y de esta manera casi siempre estamos seguros de obtenerlo.<\/p>\n<p>7.\u00ba Si tenemos mansedumbre con nuestras hermanas, ellas la tendr\u00e1n con nosotras, con toda la Compa\u00f1\u00eda y con los pobres, con los cuales tenemos obligaci\u00f3n especial de tenerla.<\/p>\n<p>8.\u00b0 En consideraci\u00f3n con la gracia que Dios nos ha concedido de unirnos a todas en un estado que parece el m\u00e1s conforme con la vida laboriosa de Jesucristo y con sus realizaciones, hemos de esforzarnos en adquirir estas virtudes, ya que desde toda la eternidad ha tenido el designio de que sirvi\u00e9semos a sus pobres con mansedumbre y con cordialidad; \u00e9l nos ha dado notables ejemplos en muchas circunstancias de su vida, tanto con los enfermos que se le presentaban para obtener su curaci\u00f3n, como con los pecadores y los que le persegu\u00edan, como con Judas (1) que le traicion\u00f3, y con el criado del pont\u00edfice que le dio una bofetada (2).<\/p>\n<p>9.\u00b0 El respeto y la mansedumbre nos los ha recomendado nuestro Se\u00f1or entre todas las virtudes, cuando dijo: \u00abAprended de Mi que soy manso y humilde\u00bb.<\/p>\n<p>10.\u00b0 El dio esta lecci\u00f3n a sus disc\u00edpulos antes de separarse de ellos: \u00abEn esto, les dijo, conocer\u00e1n que sois mis disc\u00edpulos, s\u00ed os am\u00e1is los unos a los otros\u00bb.<\/p>\n<p>11.\u00b0 Igualmente, en esto se conocer\u00e1 que somos verdaderas Hijas de la Caridad, si se ve entre nosotras un respeto y una mansedumbre mutuos, ya que estas virtudes solamente pueden ser producidas por la caridad.<\/p>\n<p>12.\u00b0 El respeto y la mansedumbre alimentan la paz; donde hay paz, all\u00ed est\u00e1 Dios; las obras hechas con esp\u00edritu de mansedumbre y de paz le son muy agradables y, por el buen ejemplo que de ellas recibe el pr\u00f3jimo, puede ser glorificado.<\/p>\n<p>En el segundo punto habr\u00eda que decir en qu\u00e9 consiste este respeto y esta mansedumbre y cu\u00e1les son las faltas que se cometen en contra. Sobre eso se ha observado:<\/p>\n<p>Primeramente, el respeto y la mansedumbre consisten en tener deferencia en todas las cosas con nuestras hermanas y demostrarles, al acercarse a ellas, una gran sumisi\u00f3n con un rostro contento y alegre, que testimonie el amor que les tenemos.<\/p>\n<p>2.\u00b0 El respeto consiste en hacer de buena gana lo que nos manden nuestras hermanas, sin contradecirles, ya que con nada podr\u00edamos honrar m\u00e1s a una persona que haciendo lo que desea de nosotras, no por obligaci\u00f3n, sino de buen coraz\u00f3n, con amor y cordialidad. La mansedumbre consiste en hacer a nuestras hermanas lo que nos gustar\u00eda que ellas nos hiciesen y soportar de ellas lo que nos gustar\u00eda que ellas soportasen de nosotras.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Estas virtudes consisten en ser humildes, serviciales y respetuosas unas con otras.<\/p>\n<p>4.\u00b0 En amarse mucho mutuamente y en considerarse siempre por debajo de las otras, estimando que hemos de tener m\u00e1s respeto con la hermana con quien estamos que ella con nosotras.<\/p>\n<p>5.\u00b0 En no dejarnos llevar nunca a ninguna acci\u00f3n contraria al honor que hemos de rendirnos mutuamente, consider\u00e1ndonos todas como hijas de un mismo Padre, que nos ama a todas cari\u00f1osamente y que nos ha escogido a todas para servirle en las personas de sus pobres, que es un empleo que pide toda clase de mansedumbre, como \u00e9l mismo nos dio ejemplo en el evangelio por la curaci\u00f3n tan caritativa de los diez leprosos que le presentaron (5) seg\u00fan se nos ha propuesto hoy para la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p>6.\u00b0 En mirar a nuestras hermanas como siervas y esposas de Jesucristo; si tenemos respeto y mansedumbre con el esposo, tambi\u00e9n lo tendremos con sus esposas.<\/p>\n<p>7.\u00b0 En ser francas, ayudando a nuestras hermanas en lo que creamos que les puede aliviar, salud\u00e1ndolas y mostr\u00e1ndoles respeto con un rostro tan alegre que no se noten nuestros enfados ni resentimientos, y demostr\u00e1ndoles nuestra aceptaci\u00f3n por las advertencias que nos den. Y si tenemos nosotras que avisarles de algo, que no sea p\u00fablicamente, sino en particular.<\/p>\n<p>8.\u00b0 En no usar nunca palabras molestas, ni desprecios, sino por el contrario, ser muy sinceras, respetuosas, sin reprenderse nunca mutuamente con resquemor, sino con esp\u00edritu de caridad; y tener mucha condescendencia con la hermana con quien estamos en todo lo que desee de nosotros.<\/p>\n<p>De las faltas que se comenten a prop\u00f3sito del respeto y la mansedumbre, se han se\u00f1alado dos. O sea.<\/p>\n<p>1.\u00b0 Un gran desprecio mutuo; lo cual hace que se replique y se mortifique a las otras con palabras continuas; que nunca quiera ceder una ante la otra, y que se hable con rudeza, sin respeto, ni mansedumbre.<\/p>\n<p>2.\u00b0 Ver a las hermanas trabajando duramente y no ayudarles, con la excusa de que es cosa suya, y contentarse con trabajar lentamente sin apresurarse para ir a ayudarles.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Ver mal todo lo que hacen nuestras hermanas y, si quieren pedirnos consejo en alguna cosa, rechazarlas con dureza.<\/p>\n<p>4.\u00b0 Hablarse mutuamente en las conversaciones ordinarias con demasiada libertad y sin respeto.<\/p>\n<p>5.\u00b0 Si alguna vez hay alg\u00fan peque\u00f1o choque, no excusarse mutuamente; esto puede dar origen a sospechas y murmuraciones y alterar la caridad.<\/p>\n<p>El tercer punto ha sido sobre los medios para remediar estas faltas, y se se\u00f1alaron ocho:<\/p>\n<p>1.\u00b0 Ver siempre a Dios en la persona de nuestras hermanas, tener alta estima de ellas y creerse indigna de estar en su Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>2.\u00b0 Tomar una firme resoluci\u00f3n de esforzarse por adquirir estas dos virtudes.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Mortificar las pasiones y hacer que aparezca la mansedumbre, aunque nuestro coraz\u00f3n sienta lo contrario.<\/p>\n<p>4.\u00b0 En la vidas de los santos se advierte que han sobresalido especialmente en estas dos virtudes y las han ejercido incluso con sus perseguidores, y que, cuando observaban alguna falta en alguno, solamente les avisaban con gran modestia y cordialidad; y si no recib\u00edan bien sus advertencias, segu\u00edan conservando el mismo esp\u00edritu de mansedumbre y se humillaban delante de Dios, pensando que eran quiz\u00e1s ellos la causa de que los dem\u00e1s no se aprovechasen de sus avisos.<\/p>\n<p>5.\u00b0 Tener en gran estima el juicio de los dem\u00e1s y mortificar el nuestro, someti\u00e9ndonos siempre al de los otros, y reprender a los dem\u00e1s con mucha mansedumbre, acord\u00e1ndonos de la que nuestro Se\u00f1or ten\u00eda con los pecadores.<\/p>\n<p>6.\u00b0 Prever, antes de acercarnos a nuestras hermanas, la forma con que hemos de comportarnos; si tenemos alguna pena en el esp\u00edritu, no dejar que aparezca; y si ellas la tienen, soportarlas con mansedumbre y compadecerlas, sin quejarse a las dem\u00e1s de lo que ocurre.<\/p>\n<p>7.\u00b0 Concebir una elevada estima de nuestras hermanas, pensando que son personas en las que Dios no se ha desde\u00f1ado de poner los ojos para llevarlas a su santo servicio; la estima engendra respeto; y el respeto hace nacer la mansedumbre.<\/p>\n<p>8.\u00b0 Poner un continuo cuidado en la adquisici\u00f3n de estas virtudes, a fin de destruir el h\u00e1bito contrario.<\/p>\n<p>9.\u00b0 Prever las ocasiones en las que podamos mostrar a nuestras hermanas alguna clase de respeto, o manifestar alg\u00fan acto de mansedumbre, y no descuidarse nunca.<\/p>\n<p>10.\u00b0 Sobre todo, esforzarse en adquirir la mansedumbre en nuestro coraz\u00f3n, ya que por fuera aparecemos siempre como seamos por dentro; y para esto, no conservar ning\u00fan resentimiento de lo que pase entre nosotras; sino que, apenas nos demos cuenta de ello, vayamos a ofrecer satisfacci\u00f3n; de esta forma, aplacaremos el coraz\u00f3n de nuestra hermana y el nuestro.<\/p>\n<p>Todo lo anterior fue dicho por varias de nuestras hermanas a las que nuestro venerad\u00edsimo padre se tom\u00f3 la molestia de preguntar sobre el tema de la conferencia. A continuaci\u00f3n, \u00e9l empez\u00f3 m\u00e1s o menos de esta manera:<\/p>\n<p>&#8211; Doy gracias a Dios, mis queridas hijas, por las luces y conocimientos que su bondad os ha dado sobre el tema de la presente conferencia, m\u00e1s clara y m\u00e1s amplia, por su misericordia, que los dem\u00e1s temas tratados desde hace tiempo.<\/p>\n<p>Le doy gracias de todo coraz\u00f3n y le suplico, al \u00e9l que es la mansedumbre, el amor y la caridad, que quiera, por su divina misericordia, insinuar en vuestros corazones las verdades que ha mostrado a vuestros esp\u00edritus. \u00a1Quiera su bondad infinita derramar en ellos este esp\u00edritu de respeto y de mansedumbre que, por su misericordia, os ha dado a conocer como tan necesario! Yo creo, mis queridas hermanas, que todas vosotras ten\u00e9is muchos deseos de ello. Me parece que todo esto os toca el coraz\u00f3n; s\u00ed, sin duda, os toca el coraz\u00f3n; vosotras podr\u00edais hablar de esto con mayor conocimiento.<\/p>\n<p>Pero sobre todo toca mucho al coraz\u00f3n de Dios, que os lo pide a vosotras y que solamente os lo ha concedido para que los us\u00e9is bien. Los te\u00f3logos, queridas hijas, no podr\u00edan hablar mejor que vosotras de la mansedumbre y del respeto, por la misericordia de Dios; aunque no hay\u00e1is hablado con tan suficiencia sobre este tema, lo hab\u00e9is hecho con tanto amor y de tal forma que estoy seguro de que todo esto viene de Dios.<\/p>\n<p>Se ha dicho en primer lugar que Dios se complace mucho en este respeto y mansedumbre. \u00bfNo es cierto, hijas m\u00edas? No hay nada que le sea tan agradable como este respeto y mansedumbre, que son las virtudes del Hijo de Dios. Como hab\u00e9is dicho vosotras mismas, se trata de una instrucci\u00f3n que \u00e9l mismo nos ha dejado. \u00abAprended de mi, dijo, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb (6); esto es, hijas m\u00edas, aprended de mi, que soy respetuoso y manso, ya que por humildad se entiende el respeto, puesto que el respeto procede de la humildad. \u00bfY ha habido jam\u00e1s un hombre m\u00e1s manso y respetuoso que Jesucristo? No, \u00e9l era manso y humilde con todos.<\/p>\n<p>No dijo: \u00abAprended de mi a hacer mundos, ni \u00e1ngeles\u00bb, porque no podr\u00edamos hacerlo, y esto solamente conviene a la omnipotencia de Dios; sino: \u00abAprended de mi, que soy manso y humilde\u00bb; y al decirnos que lo aprendi\u00e9semos de \u00e9l, queridas hijas, quiso decirnos que aprendi\u00e9semos a serlo. Es el sello que llevan todos los que le pertenecen, y vosotras acab\u00e1is de ofrecer la prueba. \u00abSi est\u00e1is re\u00f1idos, les dijo, no se conocer\u00e1 en eso que sois m\u00edos, sino que se conocer\u00e1 que sois mis disc\u00edpulos en que os am\u00e1is los unos a los otros\u00bb (7). Estad seguras, queridas hijas, de que esto agrada a Dios y grandemente, y que en esto se conocer\u00e1 que sois verdaderas Hijas de la Caridad; porque \u00bfqu\u00e9 es la caridad sino amor y mansedumbre? Y si no ten\u00e9is este amor y esta mansedumbre, no pod\u00e9is ser Hijas de la Caridad y, como se ha dicho, solamente llevar\u00e9is el nombre y el h\u00e1bito; lo cual ser\u00eda una gran desgracia. Quiera Dios, por su infinita misericordia, apartar esta desgracia de vuestra Compa\u00f1\u00eda! S\u00ed, hijas m\u00edas, es preciso que sep\u00e1is que una Hija de la Caridad, que est\u00e1 enfadada con su hermana, que la contrista, que la molesta y que sigue en esa situaci\u00f3n, sin procurar corregirse por la pr\u00e1ctica de esas dos virtudes del respeto y de la mansedumbre, esa ya no es Hija de la Caridad; no, no los es; no hay que hablar de ello; es un hecho; solamente tiene el h\u00e1bito. \u00a1Oh! sed pues as\u00ed, hijas m\u00edas. Esto agrada a Dios, y le agrada de tal forma que es una de las cosas del mundo que le resulta m\u00e1s agradable.<\/p>\n<p>Se ha dicho en segundo lugar que esto agrada al pr\u00f3jimo; s\u00ed, al pr\u00f3jimo. \u00bfHay algo que le pueda agradar m\u00e1s? Vemos a dos hermanas que viven juntas como en un para\u00edso, con mansedumbre, con respeto mutuo. Lo que una quiere, lo quiere tambi\u00e9n la otra. Lo que a una le parece bueno, a la otra tambi\u00e9n. \u00bfHay algo m\u00e1s impresionante? \u00bfNo es eso empezar el para\u00edso aqu\u00ed en la tierra? \u00bfY puede querer el pr\u00f3jimo algo que le agrade m\u00e1s?<\/p>\n<p>Por el contrario, \u00bfhay algo m\u00e1s villano, m\u00e1s brutal, incluso podr\u00edamos decir m\u00e1s diab\u00f3lico que no estar de acuerdo entre s\u00ed? Eso es lo que hacen los diablos en el infierno. Se desgarran continuamente del odio y de la rabia que se tienen entre s\u00ed; y uno de los mayores tormentos que tienen las almas condenadas es odiarse siempre unas a otras, vivir en un odio irreconciliable, en perpetua discordia, sin tener jam\u00e1s un solo momento de buena inteligencia. Pues bien, mis queridas hijas, estad seguras de que, mientras practiqu\u00e9is el respeto y la mansedumbre las unas con las otras, vuestra casa ser\u00e1 un para\u00edso; pero dejar\u00e1 de serlo, para convertirse en un infierno, cuando no est\u00e9is de acuerdo ni teng\u00e1is respeto ni mansedumbre entre vosotras, y ser\u00e9is semejantes a los demonios y a las almas condenadas.<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 podr\u00eda escandalizarse tanto el pr\u00f3jimo como de ver a dos Hijas de la Caridad que viven juntas entre quejas y divisiones? Ten\u00e9is que estar seguras de que todo esto pasar\u00e1 tambi\u00e9n a conocimiento de los vecinos. Oir\u00e1n hablar de ello y se extra\u00f1ar\u00e1n con raz\u00f3n de que unas hermanas, que se han entregado a Dios y que han renunciado a todo, puedan tener rencor entre s\u00ed. No habr\u00eda nada tan odioso. S\u00e9 de una ciudad en donde ocurri\u00f3 esta desgracia; hubo tal esc\u00e1ndalo que, si hubiese dependido de ellos expulsar a las Hijas de la Caridad, no las hubieran querido ver jam\u00e1s; y esto porque, seg\u00fan se dice, se llaman Hijas de la Caridad y no lo eran, ya que no pod\u00edan soportarse ni vivir en paz una con otra. El no corresponder con las costumbres al nombre que se tiene, al h\u00e1bito que se lleva, es disminuir la gloria de Dios, mis queridas hijas. \u00a1Es cometer una gran injuria contra Dios! Ved pues, mis queridas hijas, la obligaci\u00f3n que ten\u00e9is de esforzaros, durante toda vuestra vida, en la adquisici\u00f3n y en la pr\u00e1ctica de estas dos virtudes, para ser verdaderas Hijas de la Caridad, para agradar a Dios y para edificar a vuestro pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Un medio es que os entregu\u00e9is generosamente a Dios por la pr\u00e1ctica del respeto y de la mansedumbre las unas con las otras, empezando desde ahora por una firme resoluci\u00f3n de amarlas y de ejercitaros en ellas durante toda vuestra vida. Hay que ped\u00edrselo mucho a Dios; y para ello mis queridas hijas, recemos todos juntos y decid conmigo: \u00abDios m\u00edo, con todo coraz\u00f3n, por agradarte, deseo ser respetuosa y mansa con mis hermanas; y me entrego a ti de nuevo para trabajar en ello y para ejercitarme de una manera muy distinta de como lo he hecho hasta ahora. Pero como soy d\u00e9bil y no puedo hacer nada de lo que me propongo sin tu especial asistencia, te suplico, Dios m\u00edo, por tu querido hijo Jes\u00fas, que no es m\u00e1s que mansedumbre y amor, que me lo quieras conceder, con la gracia de no hacer nada en contra\u00bb.<\/p>\n<p>Eso, mis queridas hijas, en lo que se refiere al primer medio. El segundo es que hay que sacar de nuestro coraz\u00f3n el respeto y la estima que hemos de tener con nuestras hermanas ya que es su fuente, puesto que la fuente del respeto es la estima, y la estima se forma en el coraz\u00f3n, y del respeto nace la mansedumbre, como muy bien hab\u00e9is indicado. \u00a1Que Dios bendiga a la que lo ha dicho! Mis queridas hermanas, \u00bfpor qu\u00e9 no \u00edbamos a tener una gran estima de nuestras hermanas, si son las esposas de Jesucristo que las ha buscado con tanto amor?<\/p>\n<p>\u00a1Pero si es una pobre mujer! \u00a1No! \u00a1No! Es un alma que ha sido honrada por la llamada de un Dios; ella ha consentido y \u00e9l la ha tomado por esposa. \u00bfQu\u00e9 dignidad mayor podr\u00eda tener? Es una mujer, es una se\u00f1orita, que ha dejado su tocado para tomar este h\u00e1bito despreciable y entregarse a Dios en un estado de humillaciones, de trabajos viles, y penas, porque Dios se lo ha pedido; \u00a1no hay nada tan digno de estima! Una joven vendr\u00e1 desde Flandes, desde Holanda, desde ciento ochenta leguas, para consagrarse a Dios en el servicio de las personas m\u00e1s abandonadas de la tierra. \u00bfNo es esto ir al martirio? S\u00ed, sin duda. Un santo padre dice que todo el que se entrega a Dios para servir al pr\u00f3jimo, y sufre de buena gana todas las dificultades que all\u00ed encuentre, es m\u00e1rtir. \u00bfHan sufrido los m\u00e1rtires m\u00e1s que ellas? Ni mucho menos; porque cortarle la cabeza a uno es un mal que pasa pronto. Si ellos padecieron grandes tormentos, no fueron de gran duraci\u00f3n; terminaron enseguida con la muerte. Pero esas mujeres que se entregan a Dios en vuestra Compa\u00f1\u00eda, lo hacen para estar unas veces entre enfermos llenos de infecciones y de llagas y con frecuencia de humores molestos, otras veces con unos pobres ni\u00f1os a los que hay que hacerles todo, o entre unos pobres galeotes cargados de cadenas y de pesares; y vienen a someterse a otras personas que no conocen, para estar en esta clase de ocupaciones bajo la obediencia. \u00bfY no estimar\u00edas a estas mujeres dignas de respeto? \u00a1Ah! Lo son muy por encima de lo que yo pod\u00eda decir y no veo nada semejante. Si vi\u00e9semos en la tierra el lugar por donde ha pasado un m\u00e1rtir, nos acercar\u00edamos a \u00e9l con respeto y lo besar\u00edamos con gran reverencia. \u00bfY podremos despreciar a nuestras hermanas, que son personas a las que Dios conserva y hace vivir en el martirio? Mis queridas hijas, teng\u00e1moslas en gran estima, guard\u00e9mosles esa estima pase lo que pase, y mir\u00e9moslas como m\u00e1rtires de Jesucristo, ya que sirven al pr\u00f3jimo por su amor.<\/p>\n<p>\u00a1Pero si es una hermana imprudente y de muy mal genio! Hijas m\u00edas, \u00bfqui\u00e9n no tiene defectos? Nadie en el mundo; no, nadie. San Pablo era un gran santo; pero \u00bfno era de los m\u00e1s prontos y col\u00e9ricos que se pueden encontrar? No era m\u00e1s que fuego. \u00bfY hubo alg\u00fan hombre tan obstinado como san Pedro? Miradlos a todos, y ver\u00e9is c\u00f3mo todos tienen alguna tara. Pero miraos luego a vosotras, y ver\u00e9is otras muchas faltas; porque sabed, hijas m\u00edas, que cuando nos comparamos con nuestro pr\u00f3jimo, vemos nuestras faltas de manera distinta que las suyas, y nos encontramos con que toda la equivocaci\u00f3n est\u00e1 de nuestra parte.<\/p>\n<p>\u00a1Pero si esta hermana es tan triste! Tambi\u00e9n san Pedro lloraba continuamente. Si veis triste a vuestra hermana, edificaos pensando que pide misericordia a Dios, y confund\u00edos con no tener tanto dolor de vuestros pecados y ser tan insensibles a las ofensas que se cometen contra Dios.<\/p>\n<p>\u00a1Pero es de tan mal humor que jam\u00e1s podemos tener ning\u00fan gozo ni consuelo con ella! Tambi\u00e9n santa Catalina tom\u00f3 a su lado a una mujer que nunca se lo dio y ella le serv\u00eda con cari\u00f1o, pensando que de esto depend\u00eda su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No, hijas m\u00edas, no hay nada que deba destruir la estima que tenemos de nuestras hermanas. Hay que interpretarlo todo de la mejor manera. Como dice el obispo de Ginebra, si un asunto tiene cien caras, hay que mirarlo siempre por la m\u00e1s hermosa. Por eso, mis queridas hijas, si os dicen algo en contra de vuestras hermanas, negaos a creerlo. Hay actos de los que hay que avisar a los superiores; pero esto no tiene que cambiar en nada la estima que hab\u00e9is de tener de vuestras hermanas, porque el juzgar mal a alguien no es una falta peque\u00f1a. Juzgar a vuestra hermana va contra la caridad. Mis queridas hijas, es un gran mal, e incluso a veces podr\u00eda ser pecado mortal, si la cosa fuera de importancia. Por ejemplo, yo sospecho de una persona algo que es pecado mortal, y se lo digo a otra; cometo un pecado mortal. Mis queridas hijas, no caig\u00e1is en este defecto, porque arruina la estima en la que ten\u00e9is que basar el respeto y la mansedumbre que hab\u00e9is de tener las unas con las otras.<\/p>\n<p>Se ha dicho muy bien que hay que mortificar nuestras pasiones y hacer aparecer la mansedumbre, aunque nuestro coraz\u00f3n sienta lo contrario; pero, d\u00edgame, hija m\u00eda, \u00bfno cree que esto es hipocres\u00eda? Porque es aparentar una cosa distinta de lo que se siente en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>A eso la hermana respondi\u00f3 que no. Y nuestro muy honorable padre prosigui\u00f3:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Oh! no, hija m\u00eda; no es hipocres\u00eda, ni mucho menos por el contrario, es una virtud y una prudencia no manifestar a las hermanas el resentimiento que tiene nuestro coraz\u00f3n por lo que nos han dicho o lo que nos han hecho, sino mostrarles un rostro alegre y hacer toda clase de actos de mansedumbre.<\/p>\n<p>\u00a1Pero mi coraz\u00f3n gru\u00f1e! Hijas m\u00edas, no importa; esto os har\u00e1 ver que no lo admit\u00eds. No dej\u00e9is, aunque vuestro pobre coraz\u00f3n est\u00e9 triste y lleno de amargura por el disgusto de lo que os ha dicho o hecho vuestra hermana, no dej\u00e9is, os lo pido, de ser respetuosa, cordial, humilde y mansa con ella, y vuestro coraz\u00f3n se sentir\u00e1 muy consolado.<\/p>\n<p>Me parece que se ha dicho tambi\u00e9n que era conveniente condescender siempre con el juicio de la otra hermana. \u00a1Dios m\u00edo!, mis queridas hermanas, \u00a1cu\u00e1nta raz\u00f3n tiene la que lo ha dicho! Porque no hay nada tan f\u00e1cil y tan dulce; y un gran doctor aconseja que, en todo lo que no es pecado, hay que condescender, si es posible, con lo que nuestro pr\u00f3jimo desea de nosotros. Una hermana dir\u00e1:\u00bbVamos a aquel sitio\u00bb; es muy f\u00e1cil decir: \u00abVamos, hermana, tambi\u00e9n lo quiero yo\u00bb. \u00abHermana, hagamos esto de esta manera\u00bb \u00abHermana, hagamos esto, me parece muy bien\u00bb. Y aunque algunas veces os pueda parecer que ser\u00eda mejor hacerlo de otra forma, condescended sin embargo, con tal que no se ofenda a nadie; y creedme, mis queridas hijas, vuestro coraz\u00f3n sentir\u00e1 m\u00e1s dulzura y consuelo condescendiendo que siguiendo vuestros sentimientos. \u00a1C\u00f3mo descansar\u00e9is haci\u00e9ndolo as\u00ed!<\/p>\n<p>Haced mucho caso, mis queridas hijas, del juicio de las dem\u00e1s y ateneos a \u00e9l siempre que pod\u00e1is; porque, al creer en lo posible que nuestra hermana juzga las cosas mejor que vosotras, dar\u00e9is un gran testimonio de respeto y har\u00e9is una pr\u00e1ctica de humildad. \u00a1Cu\u00e1nto agrada esto a Dios y c\u00f3mo se conseguir\u00e1 de esta forma que las cosas sean para su mayor gloria!<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n me parece, mis queridas hijas, que este respeto se ha de mostrar externamente por alguna acci\u00f3n, como saludarse entre s\u00ed, hacerse mutuamente una reverencia; en las congregaciones m\u00e1s ordenadas que hay en la iglesia de Dios, las religiosas tienen como regla, cuando se encuentran por los claustros, hacerse mutuamente una inclinaci\u00f3n; y si faltan a ello, cuando se las visita, se acusan y piden penitencia.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9, hijas m\u00edas, no lo ibais a hacer vosotras? Si Dios ha querido que tuvieseis el honor de constituir un cuerpo en su iglesia, \u00bfno hay que respetar a todas las que lo componen? Os encontr\u00e1is con una esposa de Jesucristo. Lo menos que pod\u00e9is hacer es saludarla. Esto tiene que hacerse especialmente, hijas m\u00edas, cuando vais por la calle, y en otras muchas ocasiones tambi\u00e9n en casa. Por lo que se refiere a esta habitaci\u00f3n, no creo que sea necesario; pero al entrar, estar\u00eda bien. No obstante, si una hermana entra en esta habitaci\u00f3n y otra le sale al encuentro, no veo ninguna dificultad en que se saluden. Pero no es necesario si se cambia de sitio, o se levanta para ir a buscar o traer una cosa, como sucede muchas veces.<\/p>\n<p>Las hermanas de las parroquias que van y vienen juntas a su habitaci\u00f3n no tienen que hacerse la reverencia en cada encuentro. Pero si una hermana viene de fuera y se encuentra con su hermana en la habitaci\u00f3n, \u00bfqui\u00e9n impedir\u00eda que se la haga a Dios que est\u00e1 en el coraz\u00f3n de su hermana, y que su hermana se la devuelva? Yo creo, mis queridas hijas, que es muy conveniente hacerlo as\u00ed; es una se\u00f1al de estima, de respeto y de amor.<\/p>\n<p>Cuando una hermana de fuera viene a la casa, hay que saludarla humildemente, con alegr\u00eda y suavidad, demostrarle que una est\u00e1 contenta y consolada de verla y acogerla de forma que quede contenta.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay que cuidar de no hablar demasiado alto, sino con modestia y con gran suavidad. \u00a1Dios m\u00edo! Hay algunas que tienen mucha gracia para esto, y hablan con tanta dulzura y cordialidad, que lo que dicen produce una impresi\u00f3n muy fuerte. S\u00e9 muy bien que hay otras que, por tener los \u00f3rganos de la voz mal dispuestos, tienen naturalmente el tono alto y \u00e1spero, sin poder endulzarlo, porque no tienen esa posibilidad; pero al menos, que obren siempre de tal manera que lo que dicen tenga el acento de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Se practica tambi\u00e9n el respeto cuando, al encontrarse en una puerta para pasar, se dice a la hermana: \u00abHermana, haga el favor de pasar primero\u00bb. Si se niega a ello, pasad vosotras. \u00bfPero hay que hacerlo esto en todas las puertas con que uno se encuentra? Porque hay muchas puertas en la casa, y quiz\u00e1s se encuentren diez veces cada d\u00eda. Os contestar\u00e9, hijas m\u00edas, que no es necesario que se haga en todas esas ocasiones; pero creo que ser\u00e1 conveniente hacerlo en la mayor parte. Una se encuentra con otra para salir de la casa, para entrar en la iglesia; en todo esto seguid esta pr\u00e1ctica. Pero, al hacer esto, hijas m\u00edas, hay que guardarse muy bien de caer en otra falta, esto es, convertirse en ceremoniosas; eso ir\u00eda contra la sencillez; \u00a1hay que guardarse mucho de esto! Si ofrec\u00e9is el paso a una hermana y ella os dice: \u00abHermana, pase usted\u00bb, ten\u00e9is que hacerlo sin contradecirla, y en esto practicar\u00e9is dos virtudes, la obediencia y la sencillez. Cumplir\u00e9is con el respeto ofreci\u00e9ndole el paso, y har\u00e9is un acto de obediencia y sencillez pasando cuando ella os lo diga; y sobre todo, mis queridas hijas, no os encontr\u00e9is nunca por la calle sin saludaros; ya os lo he dicho y os lo repito una vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>En una conferencia que tuvimos hace alg\u00fan tiempo, os habl\u00e9 de la pr\u00e1ctica del respeto y de la mansedumbre, de la que, por la misericordia de Dios, se ha visto un notable fruto; por eso he pensado que ser\u00eda conveniente tener otra para renovarse en la pr\u00e1ctica de las instrucciones que entonces se dieron y tomar nuevas resoluciones. Se trata, mis queridas hijas, de pedirse mutuamente perd\u00f3n, cuando ha pasado alguna cosa en la que se haya faltado al respeto o alterado la mansedumbre. Cuando haya murmurado vuestro coraz\u00f3n, cuando hay\u00e1is dicho alguna palabra agria o malhumorada, pedid perd\u00f3n; porque es preciso, hijas m\u00edas, aplacar el coraz\u00f3n de vuestra hermana y tambi\u00e9n el vuestro, que sin duda sentir\u00e1 pena por esta falta. Hoy mismo he hecho yo tambi\u00e9n, pobre miserable, lo que os aconsejo, mis queridas hijas. Habl\u00e9 ayer a un sacerdote de nuestra Compa\u00f1\u00eda con sequedad, agria y duramente. Lo que le dije, ten\u00eda que hab\u00e9rselo dicho con m\u00e1s mansedumbre. Me di cuenta luego, y como sab\u00eda que \u00e9l ten\u00eda que marchar esta ma\u00f1ana, le dej\u00e9 recado en la porter\u00eda que no saliese a la ciudad antes de haberle hablado. Vino y le ped\u00ed muy humildemente perd\u00f3n; de esta forma, hijas m\u00edas, procuro practicar lo que os aconsejo.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de esto, una hermana pregunt\u00f3 por la conducta que hab\u00eda que observar con una compa\u00f1era que se hab\u00eda negado a perdonarle, reproch\u00e1ndole que ca\u00eda muchas veces en las mismas faltas, e incluso burl\u00e1ndose de ella. A\u00f1adi\u00f3 que su ligereza le hac\u00eda faltar con frecuencia, pero que, desde el d\u00eda en que se vio rechazada, ya no se atrevi\u00f3 a pedirle perd\u00f3n.<\/p>\n<p>Entonces nuestro venerad\u00edsimo padre tom\u00f3 la palabra:<\/p>\n<p>&#8211; Hija m\u00eda, mucho me complace que me haya puesto esta objeci\u00f3n, y le voy a responder. Pero antes es preciso que os diga que la que ha obrado as\u00ed, ha hecho muy mal. \u00a1Dios m\u00edo, es una falta grande! \u00a1Burlarse de su hermana, que\u00a0 estaba a sus pies para pedirle perd\u00f3n, y decirle: \u00abMe r\u00edo de este perd\u00f3n\u00bb! \u00a1Oh! \u00a1es una falta muy grande! \u00a1Que se acuse de ella y se confiese cuanto antes!<\/p>\n<p>Le dir\u00e9 pues, hija m\u00eda, (pero no me dirijo a usted, sino que hablo en general) que hay personas que se acusan durante toda su vida y que no se enmiendan jam\u00e1s; nunca se les ve avanzar un solo paso, nunca se corrigen de nada siempre ligeras, siempre importunas, siempre chismosas; y esto les resulta un poco duro a las dem\u00e1s que est\u00e1n con ellas.<\/p>\n<p>Sin embargo, ser\u00eda muy malo rechazarlas. Cuando una hermana se pone de rodillas hay que ponerse tambi\u00e9n y decirle: \u00abHermana m\u00eda, desgraciadamente soy yo, por mi mal humor, la causa de que se haya usted molestado\u00bb; o bien: \u00abEs mi orgullo\u00bb, o alguna otra cosa como esta, seg\u00fan se trate, sin quejarse nunca de la otra hermana. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 gran falta! Siempre tenemos que atribuirnos el error y creer que el pr\u00f3jimo se ha molestado o ha cometido alguna otra falta, por causa nuestra. Y respecto a las que, por desgracia, no se enmiendan (no lo digo por usted, hija m\u00eda, ni hablo de nadie en particular), tienen que seguir pidiendo perd\u00f3n. Estad, seguras, mis queridas hijas, que si lo hac\u00e9is con un verdadero pesar de vuestras faltas, os corregir\u00e9is, por la gracia de Dios; y si veis que no os enmend\u00e1is, yo os aconsejar\u00eda entonces que recurrieseis a la penitencia, esto es, que os impusieseis a vosotras mismas alguna pena un poco dura; pues, a pesar de la repugnancia, uno se acostumbra a pedir perd\u00f3n, y esto resulta a veces muy f\u00e1cil; pero, cuando se hace con esp\u00edritu de humildad y se a\u00f1ade a ello la penitencia, entonces infaliblemente se obtiene alguna mejora.<\/p>\n<p>Un hombre ten\u00eda una costumbre muy mala y peligrosa de jurar en toda ocasi\u00f3n. Dios le inspir\u00f3 un d\u00eda de fiesta de la Virgen que fuera a confesarse a una iglesia de nuestra Se\u00f1ora, y qued\u00f3 tan impresionado que tom\u00f3 la resoluci\u00f3n de no jurar jam\u00e1s. Se le puso como penitencia dar una moneda a los pobres cada vez que jurase. Al volver a su casa, volvi\u00f3 a jurar de nuevo. Sac\u00f3 enseguida la moneda de su bolsillo y se la dio a un pobre. Otro juramento, y de nuevo sac\u00f3 otra moneda; como no hab\u00eda ning\u00fan pobre, se la puso en el otro bolsillo para d\u00e1rsela en la primera ocasi\u00f3n. Y as\u00ed continuaron las cosas. Al final, viendo que volaba su dinero, como quiz\u00e1s no ten\u00eda mucho, se corrigi\u00f3 y, por ]a misericordia de Dios, lleg\u00f3 a ser tan hombre de bien que hu\u00eda como del infierno de los que juraban y no los pod\u00eda soportar.<\/p>\n<p>Lo mismo vosotras, mis queridas hijas, cuando hay\u00e1is contristado a vuestra hermana, o la hay\u00e1is desedificado con alguna falta habitual, imponeos alguna penitencia; por ejemplo, privaos cuando pod\u00e1is hacerlo sin debilitaros excesivamente, de la mitad de vuestra comida, o tomad la disciplina o el cilicio, besad la tierra, privaos de hablar alg\u00fan tiempo, a no ser cuando os pregunten; ver\u00e9is entonces, mis queridas hijas, c\u00f3mo en poco tiempo llegar\u00e9is a ser humildes, respetuosas, mansas, tratables y muy suaves. S\u00e9 muy bien que a algunas les resultar\u00e1 un poco dif\u00edcil y que quiz\u00e1s haya otras que son de un humor un poco molesto de soportar; pero tambi\u00e9n s\u00e9 muy bien, mis queridas hijas, que no son muchas, por la misericordia de Dios, y que, entre las que tienen estas imperfecciones que combatir, una buena parte se han enmendado a partir de la conferencia que se tuvo sobre este tema. Si, lo que Dios no permita, alguna tuviese el malhadado designio de no corregirse, estar\u00eda mucho mejor fuera de la Compa\u00f1\u00eda. Si siguiera en ella, seria con gran deshonra de Dios, a quien hab\u00eda prometido servir, y con esc\u00e1ndalo del pr\u00f3jimo al que tiene que edificar. Si lo advirtieseis, mis queridas hijas, habr\u00eda que llorar sobre esta pobre hermana, gemir, hacer penitencia, pedir perd\u00f3n a Dios por ella y por todas las que han tenido que sufrir este desastre. Desde ahora, hijas m\u00edas, os ruego que lo hag\u00e1is, y para ello seguidme y decid con todo vuestro coraz\u00f3n: \u00abDios m\u00edo, te pedimos muy humildemente perd\u00f3n por nuestras hermanas y por nosotras, que hemos sido tan miserables que nos hemos enojado las unas con las otras y hemos perdido el respeto que se nos hab\u00eda encomendado con tanto afecto, y la mansedumbre que conviene al nombre las Hijas de la Caridad, que por tu voluntad tenemos el honor de llevar. Te suplicamos, por la inmensa mansedumbre de tu querid\u00edsimo Hijo, que borres estas faltas y nos concedas la gracia de que en adelante no formemos entre todas nada m\u00e1s que un solo coraz\u00f3n y una sola alma por tu amor y en tu amor\u00bb.<\/p>\n<p>Esto es, mis queridas hijas, lo que ten\u00eda que deciros sobre el tema de la presente conferencia, resumida en cuatro pr\u00e1cticas principales, la primera, pedir a Dios este respeto y esta mansedumbre, entreg\u00e1ndoos a \u00e9l y pidi\u00e9ndole una inviolable decisi\u00f3n; en segundo lugar, manifestaros por fuera este respeto, salud\u00e1ndoos; en tercer lugar, pediros mutuamente perd\u00f3n; en cuarto lugar, poneros alguna penitencia.<\/p>\n<p>Quiera la bondad de Dios, mis querid\u00edsimas hijas, repartiros en abundancia su esp\u00edritu, que es solamente un esp\u00edritu de amor, de mansedumbre, de suavidad y de caridad, para que por la pr\u00e1ctica de estas virtudes, pod\u00e1is hacerlo todo de la forma que \u00e9l desea de vosotras, para su gloria, vuestra salvaci\u00f3n y la edificaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. Y yo, aunque soy el m\u00e1s duro y el menos manso de todos los hombres, confiando en la misericordia de Dios, no dejar\u00e9 de pronunciar las palabras de la bendici\u00f3n sobre vosotras, y le suplico con todo mi coraz\u00f3n que, seg\u00fan las vaya profiriendo, quiera \u00e9l llenar los vuestros de sus santas gracias.<\/p>\n<p>Benedictio Dei Patris&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(19.08.46) El primer punto ha sido sobre las razones por las que las Hijas de la Caridad tienen que esforzarse en adquirir estas virtudes del respeto y de la mansedumbre. 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