{"id":6765,"date":"2009-02-18T17:50:38","date_gmt":"2009-02-18T16:50:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/02\/18\/vicente-de-paul-conferencia-018-sobre-el-afecto-desordenado-a-si-mismo\/"},"modified":"2016-07-26T11:00:39","modified_gmt":"2016-07-26T09:00:39","slug":"vicente-de-paul-conferencia-018-sobre-el-afecto-desordenado-a-si-mismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-018-sobre-el-afecto-desordenado-a-si-mismo\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 018: Sobre el afecto desordenado a s\u00ed mismo"},"content":{"rendered":"<p><em>(11.12.44)<br \/>\n<\/em><\/p>\n<p>El 11 de diciembre de 1644 se reunieron todas las Hermanas de la Caridad, por orden de nuestro muy honorable padre Vicente, para la conferencia sobre el mal que nos hace el excesivo amor a nuestro cuerpo y esp\u00edritu cuando nos dejamos llevar de \u00e9l.<\/p>\n<p>Una hermana puso como motivo que cuanto m\u00e1s abandonamos la preocupaci\u00f3n por el cuerpo, m\u00e1s f\u00e1cilmente nos unimos con Dios.<\/p>\n<p>&#8211; Al renunciar a este amor, que nos ata a la carne y nos hace carne, venimos a ser un mismo esp\u00edritu con Dios, que nos llena de su santo amor, y nos da un santo odio hacia nos otros mismos. Yo he ofendido a Dios por un excesivo cuidado de mi comida y vestido; no he sido creada para ocuparme en cosa tan poco importante, y cada vez que me he dejado llevar por esta preocupaci\u00f3n he ca\u00eddo en sensualidad y vanidad. El medio m\u00e1s seguro y mejor para corregirme es acudir a mis superiores en todas mis necesidades y preocupaciones y considerar a Jes\u00fas en su cuna, sin ayuda ninguna en medio de sus necesidades, y a san Juan en medio del desierto, vestido pobremente y alimentado de igual manera.<\/p>\n<p>La hermana que habl\u00f3 a continuaci\u00f3n no pudo encontrar ninguna raz\u00f3n; dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Creo que ofendo a Dios por el excesivo cari\u00f1o que me tengo a m\u00ed misma a prop\u00f3sito del vestido y de la comida. Deber\u00eda esperarlo todo de mis superiores, y no preocuparme de nada, sino de hacer la sant\u00edsima voluntad de Dios. Ese cuidado excesivo de lo que deseo me puede llevar a la gula en el alimento y a la vanidad en los vestidos.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY usted, hermana, qu\u00e9 ha pensado?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, yo he pensado que es muy peligroso dejarnos llevar por los afectos a los que nos lleva la naturaleza. Tenemos que deshacernos de ellos, ya que son un gran impedimento para el amor de Dios, que es el \u00fanico que puede contentarnos. Hay motivos para temer que nos suceda como a la higuera que no ten\u00eda fruto en la estaci\u00f3n oportuna, y por eso fue maldecida por nuestro Se\u00f1or (1). Caer\u00edamos en esa desgracia, si Dios nos arrojase de su presencia, por no tener su santo amor.<\/p>\n<p>El segundo punto de nuestra oraci\u00f3n es de los pecados que esos excesivos afectos nos hacen cometer. Nos llevan a despreciar los consejos de nuestros superiores, con el pretexto de que no estamos obligados a seguir tantas reglas. Excusamos nuestra pereza con el pensamiento de que nos cuestan demasiado. La pereza nos mete la idea de que no tenemos que levantarnos tan temprano. Pecamos tambi\u00e9n cuando, por ese afecto, deseamos sin gran necesidad m\u00e1s de lo que tienen nuestras hermanas, u otra cosa distinta de lo que tienen: lo cual puede llevarnos hasta los celos.<\/p>\n<p>He pensado, padre, que hay que pasar con coraje por encima de todas las dificultades y decir en nuestro interior: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 estoy en este lugar? No es ciertamente para dar reposo o descanso a mi cuerpo\u00bb; y si estuviese tan descuidada que me sintiese apegada a algunos de estos afectos y satisfacciones, deber\u00eda dec\u00edrselo a mis superiores, para que, si lo creen conveniente, me alejen de ellos.<\/p>\n<p>&#8211; Bien dicho, hija m\u00eda. Ved, hermanas m\u00edas, c\u00f3mo no hay mejor remedio. Si as\u00ed lo hac\u00e9is, pronto os ver\u00e9is libres de esos peque\u00f1os y molestos afectos que pueden perjudicar tanto a vuestra vocaci\u00f3n. \u00a1Bendito sea Dios, hermanas m\u00edas!<\/p>\n<p>\u00bfY usted, hermana, qu\u00e9 pensamientos le ha dado Dios?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, sobre el primer punto he pensado que los afectos excesivos al esp\u00edritu como al cuerpo, nos impiden tener amor a Dios que tanto nos quiere, que es dejar el cielo por la tierra, y tambi\u00e9n que el cuidado excesivo de nosotros mismos nos impide trabajar en nuestra perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Me he preguntado luego de cu\u00e1ntas maneras puede esta costumbre hacernos ofender a Dios, y he visto que pecamos contra el primer mandamiento de Dios, de amarlo sobre todas las cosas, porque la b\u00fasqueda de estas satisfacciones s\u00f3lo proviene de nuestro amor propio; pecamos tambi\u00e9n contra el Esp\u00edritu Santo que, por su bondad, nos da tantas inspiraciones. Esta costumbre impide el cuidado vigilante y celoso que hemos de tener con nuestros pobres enfermos si, por ese afecto, no los socorremos cuando lo necesitan, dej\u00e1ndolo para m\u00e1s tarde; impide tambi\u00e9n mucho la pr\u00e1ctica de nuestras reglas; nos puede ocasionar alg\u00fan menosprecio de nuestra vocaci\u00f3n e impedir tener cordialidad y mansedumbre con nuestras hermanas, cuando deseamos lo que les est\u00e1 prohibido darnos. Un medio para romper con estos afectos demasiado grandes, es pensar muchas veces cu\u00e1n austero ha sido el Hijo de Dios, y c\u00f3mo todos los santos lo han querido imitar.<\/p>\n<p>He tomado la resoluci\u00f3n de abandonar todos los afectos a los que hasta ahora he estado demasiado apegada y tenerlos solamente para con Dios, que tanto me quiere; y los afectos que quiero tener para con \u00e9l se los ofrecer\u00e9 en la persona de los pobres, a los que servir\u00e9 por su amor. Suplico a su bondad que me conceda esta gracia.<\/p>\n<p>&#8211; Hijas m\u00edas, \u00a1bendito sea Dios! As\u00ed es como tienen que obrar las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Que hable la hermana siguiente.<\/p>\n<p>&#8211; Padre, mi primera raz\u00f3n ha sido que trabajar en destruir las delicadezas que me tengo a m\u00ed misma es alejarme de mi; y cuanto m\u00e1s alejada est\u00e9, m\u00e1s amor tendr\u00e9 para con Dios, que es mi soberano bien.<\/p>\n<p>Otra raz\u00f3n es que estos afectos me pueden llevar a poseer alguna cosa en particular, lo que ser\u00eda contra mi regla, y de esta forma ir\u00eda en contra de la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Sobre el segundo punto, he visto que esos afectos son causa de muchos pecados; porque nos excitan siempre a desear algo en especial; lo cual produce envidia contra las dem\u00e1s, nos mantiene incesantemente ocupadas en nosotras mismas y nos impide pensar en Dios. Adem\u00e1s, las satisfacciones que buscamos nos apegan demasiado a las criaturas.<\/p>\n<p>He tomado la resoluci\u00f3n de no detenerme en estos apegos espirituales y corporales sin ver de antemano si van contra la voluntad de Dios; no demostrar amistad particular con ninguna de mis hermanas; no tener ninguna preferencia por el vestido o el alimento; no buscar ning\u00fan gusto, porque todo esto es contrario a las Hijas de la Caridad; y romper con todo afecto que no sea el amor de Dios; as\u00ed espero hacerlo con su santa gracia.<\/p>\n<p>&#8211; Hable, hermana.<\/p>\n<p>&#8211; Padre, una raz\u00f3n para deshacernos de los afectos excesivos que nos tenemos a nosotras mismas es que nos impiden la uni\u00f3n con Dios. Cuando se nos dice: \u00abSe hace algo contra usted\u00bb, nos sentimos tan turbadas que nos ponemos de mal humor y nos hacemos insoportables a nuestras hermanas e incluso a nosotras mismas.<\/p>\n<p>Otra raz\u00f3n es que Dios me ha concedido la gracia de llamarme a la Compa\u00f1\u00eda, a la que tengo que estimar m\u00e1s que todos los contentamientos del mundo; pues bien, si me tengo demasiado afecto a mi misma, la observancia de mis reglas y de las ense\u00f1anzas tendr\u00e1 que resentirse.<\/p>\n<p>Los apegos a cosas espirituales son causa de que murmuremos a veces contra nuestros superiores, especialmente cuando, en la confesi\u00f3n, no nos sentimos satisfechas ni de lo que hemos dicho ni de lo que nos hubiera gustado que nos dijesen. De esos apegos nacen con frecuencia peque\u00f1as envidias y celos contra aquellas hermanas que creemos que son preferidas, y manifestamos estos sentimientos. Igualmente, en las cosas corporales, miramos si las otras son mejor cuidadas que nosotras, y si lo creemos as\u00ed murmuramos contra ellas. Esos apegos son un obst\u00e1culo para que nos soportemos. Hacen, por ejemplo que una hermana m\u00e1s educada que las dem\u00e1s se burle de las otras, cuando ve en ellas alguna groser\u00eda.<\/p>\n<p>Mi resoluci\u00f3n ha sido, mediante la gracia de Dios, esforzarme en romper con estos apegos, para evitar todas estas imperfecciones y estos pecados.<\/p>\n<p>Otra hermana dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Padre, una raz\u00f3n para romper con los afectos desordenados que tengo hacia m\u00ed misma, son las faltas que he cometido, ya que por ellas me he visto impedida de practicar las virtudes y particularmente lo que nos mandan nuestras reglas.<\/p>\n<p>Sobre el segundo punto, he pensado que este afecto demasiado grande nos lleva a buscar siempre nuestras satisfacciones, a no querer sufrir nada y a apegarnos a las criaturas; de lo que se sigue que, cuando querernos rezar a Dios, nuestro esp\u00edritu piensa en otra cosa. He tomado la resoluci\u00f3n de pedir muchas veces a Dios, por intercesi\u00f3n de la sant\u00edsima Virgen, la gracia de despegarme de las criaturas para unirme m\u00e1s fuertemente a \u00e9l.<\/p>\n<p>-\u00bfY usted, hermana? D\u00edganos sus pensamientos.<\/p>\n<p>&#8211; Padre, una raz\u00f3n para despegarme de mis afectos es que, seg\u00fan creo, ser\u00eda as\u00ed m\u00e1s agradable a Dios. Quiz\u00e1s sea \u00e9ste el motivo por el que me ha llamado a la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad y me ha procurado la felicidad de poder imitar la vida de Jesucristo y la de la sant\u00edsima Virgen, que en todas las cosas pod\u00edan haber tenido sus comodidades, pero que sin embargo sufrieron muchas incomodidades durante todo el tiempo que estuvieron en la tierra, empezando desde el d\u00eda de su nacimiento. Tambi\u00e9n he pensado que no haya un camino m\u00e1s seguro para ir al cielo, ya que los ap\u00f3stoles y todos los santos pasaron por \u00e9l, y que, para purificar el alma, hay que donar el cuerpo. He tenido mucha confusi\u00f3n al verme tan poco inclinada a la pr\u00e1ctica de esta virtud.<\/p>\n<p>Podemos pecar en este punto por sensualidad en nuestro comer y dormir, por vanidad en nuestro vestido, por muy pobre que parezca, y por murmuraci\u00f3n contra las hermanas que ocupan un cargo en la casa.<\/p>\n<p>El mal que se desprende de los apegos espirituales es grande. Nos inclinan hacia conversaciones particulares y a otras satisfacciones semejantes, que no sirven para perfeccionar nuestra alma, sino solamente para mantener nuestro amor propio.<\/p>\n<p>He resuelto, mediante la gracia de Dios, trabajar en deshacerme de este gran defecto, no mirar m\u00e1s que a Dios en todo y unirme fuertemente a \u00e9l, pensando en los sufrimientos de nuestro Se\u00f1or durante su vida y en la cruz, y teniendo en cuenta a la sant\u00edsima Virgen.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY usted, hermana?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, he considerado que el d\u00eda en que abandon\u00f3 el seno de su Padre, el Hijo de Dios dej\u00f3 tambi\u00e9n sus delicias para sujetarse a las penas y sufrimientos. Por tanto, es razonable que, escogida desde toda la eternidad para rendirle en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de Caridad servicios desconocidos a los hombres y trabajar en mi perfecci\u00f3n, me esfuerce en superar estos apegos que constituyen tan gran impedimento.<\/p>\n<p>Sobre el segundo punto, he pensado que ofender\u00eda a Dios si desease, en mi vestido y en mi calzado, algo especial; mis hermanas murmurar\u00edan de ello. Ir\u00eda tambi\u00e9n en contra de nuestras reglas y en contra de la obediencia si desease mejor alimento que la comunidad, o si murmurase de ser tratada de manera diferente a como a mi me gusta.<\/p>\n<p>Por lo que ata\u00f1e a las satisfacciones del esp\u00edritu, he pensado que podemos ofender a Dios con nuestras peque\u00f1as envidias; por ejemplo, si creemos que nuestros superiores se preocupan m\u00e1s de las dem\u00e1s que de nosotras, si tenemos apego a nuestro confesor, o si tuvi\u00e9semos alguna devoci\u00f3n particular contra la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>He tomado la resoluci\u00f3n de vigilar cuidadosamente sobre mi misma, de no tener estos pensamientos y deseos en mi coraz\u00f3n y de abandonarme por entero a la divina Providencia.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY usted, hermana?<\/p>\n<p>&#8211; He pensado, padre, que no puedo tener un medio mejor para deshacerme de estos afectos excesivos que me tengo, que el de desprenderme de todo y el de apreciar la confusi\u00f3n que estos defectos traen sobre mi. En el segundo punto, he pensado que ofendemos a Dios cuando nos preocupamos de las cosas temporales y cuando tenemos repugnancia de obedecer a las \u00f3rdenes que van en contra de nuestro parecer. He tomado la resoluci\u00f3n de abandonar todos los afectos que pueden impedirme ser verdadera Hija de la Caridad.<\/p>\n<p>Otra hermana dijo:<\/p>\n<p>Padre, una raz\u00f3n para deshacerme del amor a mi misma, es que cada vez me apega m\u00e1s a mi propia voluntad y me impide hacer la de Dios. Estos apegos nos impiden muchas veces seguir nuestras reglas y comprender la felicidad que tenemos de ser llamadas por Dios para este g\u00e9nero de vida. He tomado la resoluci\u00f3n, cuando sienta ganas de tratarme con delicadeza, de animarme a no hacer nada de eso, por amor de Dios.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Bendito sea Dios, hermanas m\u00edas! He aqu\u00ed unos buenos pensamientos. D\u00edganos los suyos, hermana.<\/p>\n<p>&#8211; -He pensado, padre, que era muy razonable que me corrigiese de estos afectos, porque solamente proceden del amor propio, e impiden el amor que deber\u00eda tener a mi Dios. Nos hacen caer en impaciencia contra nuestras hermanas, y provocan antipat\u00edas y aversiones contra las que nos niegan lo que nos gusta, para poder satisfacernos. Para luchar contra esto, he pensado, padre, que ten\u00eda que ser indiferente a todo, no amar m\u00e1s que la voluntad de Dios, y contentarme con lo que se me d\u00e9 para comer, vestir, y todo lo dem\u00e1s. Dios me conceda la gracia de cumplir perfectamente las resoluciones que me ha dado su bondad.<\/p>\n<p>Otra hermana dijo:<\/p>\n<p>&#8211; Una raz\u00f3n para librarnos de nuestros afectos es que el amor propio, al tener nuestro esp\u00edritu demasiado ocupado en las cosas que deseamos, lo separa del pensamiento de Dios, nuestro creador y nuestro bienhechor, e impide en nosotros la morada del Esp\u00edritu Santo, que es un Dios de paz, y que no quiere la inquietud en nuestros esp\u00edritus. Adem\u00e1s, estos afectos le disgustan a Dios, nos hacen d\u00e9biles y son la fuente de muchos pecados. Nos apartan de la pr\u00e1ctica de las reglas y nos llevan a murmurar contra nuestros superiores, cuando nuestro esp\u00edritu no est\u00e1 satisfecho. He resuelto pedir muchas veces esta gracia a Dios, con gran deseo de mi perfecci\u00f3n, y esforzarme en la mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY usted, hermana?<\/p>\n<p>&#8211; Padre, la mayor raz\u00f3n para luchar contra las inclinaciones que me llevan muchas veces a buscar mis propias satisfacciones, es que nuestro Se\u00f1or, que ten\u00eda un cuerpo muy delicado, no ahorr\u00f3 ning\u00fan esfuerzo. Este ejemplo me ense\u00f1a a sacrificarme tambi\u00e9n yo, pobre y desdichada criatura, que no soy m\u00e1s que vicio e imperfecci\u00f3n, si quiero participar de su santo amor y de los m\u00e9ritos de sus sufrimientos, para gozar alg\u00fan d\u00eda de su gloria.<\/p>\n<p>Sobre el segundo punto, he pensado que nuestros apegos espirituales nos hacen ofender a Dios. La sequedad y la aridez nos desaniman y nos hacen descuidar y omitir nuestros ejercicios; cuando nuestros superiores nos amonestan caritativamente de nuestros defectos, murmuramos en nuestro interior o testimoniamos nuestro descontento, lo cual es un gran mal.<\/p>\n<p>Un gran medio para luchar contra estos apegos es, cuando dude de si lo que deseo es conveniente para mi perfecci\u00f3n, propon\u00e9rselo a mis superiores y someterme a lo que me digan. Nuestro excesivo amor propio nos hace caer en dos clases de afectos perjudiciales a nuestra perfecci\u00f3n, uno espiritual y otro corporal. De estos dos afectos tenemos mucho inter\u00e9s en librarnos: nos impiden obrar por la gloria de Dios y su amor, y aprovecharnos de los consejos de las personas que pueden ayudarnos en nuestro progreso, cuando no son de nuestro gusto. Adem\u00e1s, hemos de temer encontrar en esas sensibler\u00edas la recompensa de lo que podamos haber hecho, en vez de esperarla de Dios por la liberalidad de su amor.<\/p>\n<p>Las faltas que cometen los que se dejan llevar por esos afectos son much\u00edsimas: desprecian a las personas que no les agradan y murmuran contra ellas, se sienten apegadas a sus propios gustos, no se someten a la direcci\u00f3n de la divina Providencia, y no reciben lo que les sucede por orden de la voluntad de Dios. Las sensibler\u00edas corporales nos rebajan, en cierto modo, al estado de las bestias; nos llevan a criticar todo lo que se hace en contra de nuestros sentimientos, y de esta forma son un obst\u00e1culo para la uni\u00f3n cordial. Por lo que a mi se refiere, por la costumbre inveterada que tengo a estos afectos por mi propio cuerpo, cometo muchas faltas, desedifico a mis compa\u00f1eras y doy mal ejemplo a toda la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Para deshacerme de estos afectos, mediante la gracia de Dios, tengo muchos deseos de honrar la forma de vivir del Hijo de Dios que, por hacer la voluntad de Dios su Padre, no ten\u00eda ning\u00fan apego a las criaturas, ni excesiva preocupaci\u00f3n por las necesidades corporales, y no buscaba en todo m\u00e1s que el cumplimiento de esa santa voluntad, que era el alimento y la ley de todas sus acciones. Tambi\u00e9n me servir\u00e9 del ejemplo de los santos y me cuidar\u00e9 mucho de mortificar mis sentidos y pasiones, y como no puedo, a causa de mis enfermedades, vivir como mis hermanas, me humillar\u00e9 por mis necesidades y le ofrecer\u00e9 a Dios todas las penas que permita vengan sobre mi, y las aceptar\u00e9 como ejercicios de su justicia sobre mi.<\/p>\n<p>&#8211; Hijas m\u00edas, os puedo decir que entre todos los temas que podr\u00edamos escoger, no hay ninguno que sea de tanta importancia como este. \u00a1Bendito sea Dios por haber permitido que tengamos estas conversaciones! Nuestro bienaventurado padre el obispo de Ginebra ten\u00eda este tema en gran estima; dec\u00eda que estos afectos y satisfacciones no son m\u00e1s que amor propio. Pues bien, el amor propio produce estos deseos de afecto a nosotros mismos de dos maneras: una corporal y otra espiritual. La primera, como dice la meditaci\u00f3n, se refiere a los vestidos, al alimento y a los cargos; la segunda consiste en amar los propios pensamientos y sentimientos. Pues bien, hermanas m\u00edas, este tema interesa especialmente a las Hijas de la Caridad, cuya vida tiene que ser de total renuncia a s\u00ed misma. Est\u00e1is por necesidad en la pr\u00e1ctica de esta renuncia; \u00bfno est\u00e1is entonces, m\u00e1s que todas las dem\u00e1s, obligadas a ejercitaros en ella? Hijas m\u00edas, ten\u00e9is que aceptarla voluntariamente por amor de Dios.<\/p>\n<p>La primera raz\u00f3n es que no hay nada que nos recomiende tanto la Sagrada Escritura. Escuchad a nuestro Se\u00f1or: \u00abEl que quiera venir detr\u00e1s de mi y seguirme, que renuncie a s\u00ed mismo y que tome su cruz\u00bb. Fijaos, hijas m\u00edas, renunciar a s\u00ed mismo es romper con esos afectos que solamente est\u00e1n en nosotros por el amor desordenado a nosotros mismos. En otro pasaje dice nuestro Se\u00f1or: \u00abEl que no se odia a s\u00ed mismo, no puede ser mi disc\u00edpulo\u00bb y tambi\u00e9n: \u00abEl que no odia a su padre y a su madre, a sus hermanos y hermanas, no es digno de ser hijo de Dios\u00bb; esto es, hijas m\u00edas, que hay que odiarlos cuando nos impidan dejarlo todo, para poder seguirle. Y tambi\u00e9n nos lo dice san Pablo. Hijas m\u00edas, por tanto, hay que morir a los propios sentimientos, morir a los propios deseos de estar con esta o con aquella. Ved, hijas m\u00edas, cu\u00e1n contentos estamos de poder estar con Dios, y sin embargo nos gustar\u00eda tener de todo en abundancia, ser amadas y estimadas, especialmente por las oficiales de las parroquias en donde servimos a los pobres, ser llamadas a las reuniones y exponer all\u00ed nuestros pensamientos; lo cual nos lleva a murmurar de todo lo que ocurre en contra de nuestro sentimiento, porque no estamos satisfechas; y luego nos escapamos diciendo; \u00abPero, \u00bfpor qu\u00e9 esa superiora? Aquella otra ser\u00eda mucho m\u00e1s indicada\u00bb. Y as\u00ed con todo lo que se hace en las Caridades. Hijas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 desgracia si esto llegase a arraigar en vuestra Compa\u00f1\u00eda! Guardaos mucho de ello, y Dios no lo quiera permitir.<\/p>\n<p>Eso por lo que se refiere al primer punto, que es el de deshacernos de los efectos a las buenas satisfacciones que se pueden tener en el vestido, y del placer que la carne y la sangre quisieran tener en la comida, y es Dios nuestro Se\u00f1or quien os lo pide, diciendo que si quer\u00e9is seguirle, hay que renunciar a vosotras mismas. \u00bfLo rechazar\u00e9is acaso? Ni mucho menos; estoy seguro, hijas m\u00edas.<\/p>\n<p>Otra raz\u00f3n es que, como las primeras, casi todas hab\u00e9is sido sacadas de una baja condici\u00f3n y, por consiguiente, esas vanas satisfacciones no os son naturales, ni estabais acostumbradas a ellas en vuestra juventud. \u00a1Qu\u00e9 dichosas sois, y yo con vosotras, por habernos concedido Dios la gracia de escogernos de las heces del mundo para servirse de nosotros! Siendo as\u00ed, \u00bfvamos a hacernos los presumidos? \u00bfNos vamos a elevar por encima de lo que somos? Si el mundo no lo tiene en cuenta haciendo de nosotros m\u00e1s caso de lo que merecemos, \u00bfvamos a abusar nosotros, hijas m\u00edas? M\u00e1s a\u00fan, aunque fueseis de condici\u00f3n noble, como hay algunas entre vosotras, deber\u00edais prescindir de ello y estar\u00edais tambi\u00e9n obligadas a deshaceros de todos los afectos y vanas satisfacciones que la naturaleza y el h\u00e1bito os hubieran hecho adquirir. El Hijo de Dios \u00bfno era m\u00e1s que vosotras, no s\u00f3lo como Hijo de Dios, sino incluso como hombre? \u00bfno era de la familia real? Sin embargo, ya veis su humillaci\u00f3n, su trabajo y su mortificaci\u00f3n continua, en medio de tan gran pobreza, que ten\u00eda que ganarse la vida con san Jos\u00e9. No, hijas m\u00edas, no ser\u00eda razonable que os elevaseis por encima de lo que sois. \u00a1Estar\u00eda bonito ver que una muchacha acostumbrada a vivir toscamente, que no ha conocido nunca los buenos bocados ni las vanidades, que vino a Par\u00eds con el aparente deseo de servir a Dios y cumplir continuamente su santa voluntad, y apenas llegada, se olvidase de que ha salido de unos padres de baja condici\u00f3n, en casa de los cuales se hab\u00eda alimentado siempre con un poco de caldo, de leche, y raras veces de carne, y quisiera elevarse por encima de lo que tiene que ser! Hijas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 deplorable ser\u00eda semejante conducta! Guard\u00e9monos bien de dejarnos enga\u00f1ar por nuestras inclinaciones, que infaliblemente nos causar\u00edan esta miseria, si los quisi\u00e9semos escuchar. Hijas m\u00edas, pongamos mucho cuidado. Si hemos hecho a Dios el don de todo lo que somos por la gracia de nuestra vocaci\u00f3n, \u00bfno tenemos motivos para estar muy agradecidas? \u00bfOs cre\u00e9is que sois las \u00fanicas llamadas a una continua mortificaci\u00f3n? \u00a1Cu\u00e1ntas personas de condici\u00f3n, por el mismo motivo del ejemplo de nuestro Se\u00f1or, lo dejan todo, sus padres y sus bienes y su propia satisfacci\u00f3n! \u00a1Si supieseis qu\u00e9 ventaja hay en ser de Dios, despreciar\u00edais por entero las vanas satisfacciones del mundo!<\/p>\n<p>\u00bfY por qu\u00e9 cre\u00e9is que en estos \u00faltimos siglos ha surgido en la Iglesia una Compa\u00f1\u00eda que le rinda unos servicios m\u00e1s importantes que cualquier otra, que yo sepa, y cuya utilidad s\u00f3lo Dios conoce? \u00a1Pues qu\u00e9, hijas m\u00edas! Abandonarlo todo, sin esperanzas de poseer nada, sin saber lo que pasar\u00e1, ni tener m\u00e1s seguridad que la confianza en Dios, \u00bfno es esa la vida de nuestro Se\u00f1or Jesucristo? \u00bfY hay algo m\u00e1s grande, algo m\u00e1s alto? Os aseguro, hermanas m\u00edas, que pienso en ello muchas veces, y os puedo decir que no veo nada semejante. Sin embargo, a pesar de tratarse de algo tan grande, nuestro Se\u00f1or ha escogido los medios m\u00e1s bajos para que su obra se reconociese con mayor facilidad y para que su Padre fuese m\u00e1s honrado en ello. De forma que ten\u00e9is que consideraros muy felices por haber sido escogidas, humillaros mucho por ello y ser fieles, pues, aunque os consider\u00e9is como sujetos d\u00e9biles y aunque quiz\u00e1s no conozc\u00e1is la grandeza de vuestra vocaci\u00f3n, Dios la sabe por vosotras. \u00bfNo ha querido \u00e9l que su Hijo aceptase ser de una condici\u00f3n tan baja, cuando le ve\u00edan hacer algunas obras por encima de lo que aparentaba, el pueblo exclamaba \u00ab\u00bfNo es \u00e9ste Jes\u00fas, el hijo de Jos\u00e9 el carpintero?\u00bb, Ved, hijas m\u00edas, cu\u00e1n ocultos son los planes de Dios. Por eso, las que entre vosotras sean de condici\u00f3n m\u00e1s elevada tienen que ajustarse a vuestra manera de vivir y de vestir, y hacerse en todo como aldeanas para seguir el plan de Dios en vuestra fundaci\u00f3n y para hacerlo subsistir, ya que, sin el fundamento de esa bajeza todo se vendr\u00eda abajo.<\/p>\n<p>Ved esos dos extremos en el Hijo de Dios. \u00bfHay algo tan grande como el Hijo \u00fanico de Dios, algo m\u00e1s grande, en cuanto hombre, que nacer de sangre real, y hay algo m\u00e1s bajo y ruin que su necesidad y su manera de vivir? Hijas m\u00edas, humillaos todo lo que pod\u00e1is. El os invita a seguirle e imitarle; y aunque lo imit\u00e9is muy de lejos, su bondad y su amor son tan grandes que quiere sentirse honrado con ello. Esto es admirable. Creed tambi\u00e9n, hermanas m\u00edas, que cuanto m\u00e1s os rebaj\u00e9is, m\u00e1s seguras estar\u00e9is.<\/p>\n<p>Como la manera de vivir de las Hijas de la Caridad consiste en imitar la del Hijo de Dios, no tienen que tener m\u00e1s pr\u00e1ctica que la penitencia y la mortificaci\u00f3n. Para esto hay que negar al cuerpo y al esp\u00edritu sus sensibler\u00edas y vanas satisfacciones. El esp\u00edritu os pedir\u00e1 quedaros en una parroquia o con una hermana determinada, ir a una iglesia para realizar all\u00ed una devoci\u00f3n especial. Hijas m\u00edas, son enga\u00f1os del esp\u00edritu maligno, que os sugiere pretextos muy bonitos, incluso en la elecci\u00f3n que os gustar\u00eda hacer de un confesor. El cuerpo os pedir\u00e1 peque\u00f1os consuelos, dispensarse de las pr\u00e1cticas de las reglas, si no en todo, al menos en alguna parte; le gustar\u00e1 estar bien vestido y con esmero, aunque sea de una manera vulgar, y os insinuar\u00e1 que, para la conservaci\u00f3n de sus fuerzas, necesita un alimento m\u00e1s abundante o mejor. Hijas m\u00edas, guardaos mucho de todo esto, para no ser del n\u00famero de aquellos de los que san Pablo dec\u00eda que hacen de su vientre un Dios (7). Eso no ser\u00eda escuchar el designio que Dios ha tenido al llamaros a la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, ni demostrar que quer\u00e9is honrar su santa vida en la tierra. \u00bfY por qu\u00e9 cre\u00e9is que \u00e9l quiso carecer de todo en este mundo, si no para ense\u00f1aros a practicar la pobreza? \u00bfQu\u00e9 es lo que se dir\u00eda, hermanas m\u00edas, si quisierais ser unas criadas caras? Si as\u00ed lo hacemos, si amamos la vanidad (sabed que, en medio de nuestra vulgaridad, podemos tener estos defectos), ser\u00edamos dignos de desprecio y l\u00e1stima. De esta forma saldr\u00edamos de la sencillez de nuestra vida aldeana. Y vosotras, las que sois de condici\u00f3n m\u00e1s elevada, os hab\u00e9is entregado a Dios para la pr\u00e1ctica de esta manera de vivir, y no pod\u00e9is olvidarlo. Hijas m\u00edas, guard\u00e9monos mucho de irritar a Dios.<\/p>\n<p>El medio para no caer en este inconveniente, es renunciar continuamente a nuestros defectos, que nos llevan a querer esto o aquello. El d\u00eda en que cambi\u00e9is vuestra manera de vida tosca y sencilla, vuestros vestidos pobres y humildes, vuestro tocado y todas las pr\u00e1cticas que os llevan a la humillaci\u00f3n, comenzar\u00e9is a apartaros, primeramente de la gracia de Dios, y luego de la estima que los dem\u00e1s tienen de vosotras. Ahora sois honradas por todos, porque parec\u00e9is humildes y virtuosas en vuestra manera de vivir; las damas os estiman y os quieren. Muchos piden vuestra presencia. Pero, hijas m\u00edas, si la virtud no es s\u00f3lida en vosotras, y decayeseis, tened miedo. S\u00e9 que muchas de vosotras preferir\u00edan morir antes que ser infieles a su vocaci\u00f3n, pero no todas. Os ruego, por las entra\u00f1as de Jesucristo, que tom\u00e9is nuevas resoluciones de perseverar en vuestra manera de vivir y en vuestro vestir. Esas damas, que tanto os veneran, que os quieren y que tanto se preocupan de vosotras, esos se\u00f1ores p\u00e1rrocos que tanto hablan de vosotras, \u00bfqu\u00e9 pensar\u00edan si cambiaseis, si os viesen caprichosas, si apareciese por fuera vuestro inter\u00e9s y vanidad? En seguida cambiar\u00edan tambi\u00e9n ellos, porque toda la estima que os tienen y el afecto que os demuestran, no es m\u00e1s que por el bien que creen que hay en vosotras; y si se diesen cuenta de lo contrario, ver\u00edais c\u00f3mo el afecto y la estima que os tienen no se debe a vuestras personas. Ser\u00edais despreciadas por todos; os abandonar\u00edan y tomar\u00edan otras; \u00a1qu\u00e9 pronto se olvidar\u00edan de vosotras! Suceder\u00eda lo que le sucedi\u00f3 a aquel ap\u00f3stol del que se dijo: \u00abHay que quitarle su cargo y entreg\u00e1rselo a otro\u00bb.<\/p>\n<p>Pues bien, hermanas m\u00edas, \u00bfqu\u00e9 hay que hacer para no causar tanta desgracia? Tenemos que entregarnos enteramente a Dios y pedirle la gracia de conocernos a nosotros mismos. Porque, cuando queremos elevarnos demasiado, cuando buscamos nuestras propias satisfacciones, la ceguera de nuestro amor propio es la que nos oculta este conocimiento, que nos impide ver que todo lo bueno que en nosotros se aprecia, no es de nosotros. Al que nos preguntase: \u00ab\u00bfC\u00f3mo hab\u00e9is entrado en la Compa\u00f1\u00eda, qui\u00e9n os ha dado el primer pensamiento?\u00bb, no se lo sabr\u00edais decir con facilidad. Ha sido la gracia la que ha causado este efecto en vosotras, y no la naturaleza, que solamente accede a ello lo m\u00e1s tarde que puede. No, hijas m\u00edas, la naturaleza, no nos inclina a abandonarlo todo, a abandonar a nuestros padres, nuestros bienes y amigos para ir a un lugar apartado, entre personas de las que no conocemos la vida, ni el humor, para pasar nuestra vida entre ellas. Solamente pertenece a Dios hacernos abandonar todo, a nosotras que somos criaturas malas y objeto de su justicia, para hacernos objeto de su amor. \u00a1Dichoso intercambio! \u00a1abandonar un amor terrestre por el celestial, eterno y totalmente divino! Dirijamos hacia \u00e9l todos nuestros afectos y abandonemos todas nuestras satisfacciones particulares. Es preciso resolverse a ello.<\/p>\n<p>Alguna hermana me podr\u00e1 decir: \u00abPero, padre, todo eso cuesta mucho. \u00bfSer\u00e1 necesario, si estoy de mal humor con una hermana que la soporte?\u00bb. Otra ser\u00e1 poco mortificada y no podr\u00e1 sufrir nada: \u00ab\u00bfEstoy obligada a sufrirla?\u00bb. S\u00ed, hermanas m\u00edas, porque si no soporta a aquella hermana y no sufre a aquella otra, es que es usted la poco mortificada. Hermanas m\u00edas, todo esto os costar\u00e1 alg\u00fan tiempo, pero lo que os parece fatigoso ahora, os resultar\u00e1 f\u00e1cil ma\u00f1ana. S\u00ed, hijas m\u00edas, sabed que llegar\u00e1 el tiempo en el que lo que os disgusta ahora, \u00a0os causar\u00e1 luego placer, y hay algunas en la Compa\u00f1\u00eda que podr\u00edan aseguraros muy bien que tienen ahora sus delicias en las dificultades que encontraron al principio para vivir o vestir pobremente. As\u00ed suceder\u00e1 con vosotras. Solamente se necesita un poco de coraje; esto se lo merece. Lo sab\u00e9is muy bien, hijas m\u00edas, las que ya os hab\u00e9is esforzado en ello. Acordaos de que, para llegar a esta situaci\u00f3n, es preciso sentir desprecio de vosotras mismas; el Hijo de Dios os lo pide para que pod\u00e1is seguirle.<\/p>\n<p>El tercer medio es la oraci\u00f3n. Si no podemos tener un buen pensamiento sin la gracia de Dios, con mucha mayor raz\u00f3n hemos de creer que no podr\u00edamos alcanzar esta virtud, tan necesaria para la perfecci\u00f3n, sin esa misma gracia. El Hijo de Dios nos da ejemplo de ello, al recurrir a la oraci\u00f3n en las necesidades de su vida humana. Cuando sint\u00e1is antipat\u00eda contra el humor de una hermana, que os han dado como compa\u00f1era, elevad vuestro esp\u00edritu a Dios para pedirle esa fuerza que necesit\u00e1is para soportarla Si por amor a vosotras mismas, sent\u00eds repugnancia de esta manera de vivir y de vestir, acordaos inmediatamente de que se trata de la voluntad de Dios, ya que hab\u00e9is sido llamadas a la Compa\u00f1\u00eda, y entregaos de nuevo a \u00e9l para mortificar ese amor propio y salir de vosotras mismas, a fin de que sea \u00e9l el que vive en vosotras.<\/p>\n<p>El cuarto medio es hablar mutuamente de la felicidad de las almas que tienen esta virtud. Decid: \u00ab\u00bfNo os acord\u00e1is de que aquellas hermanas nuestras difuntas se esforzaban en mortificarse? \u00a1Qu\u00e9 felices son ahora! \u00a1C\u00f3mo gozan de la recompensa de sus esfuerzos!\u00bb. Estos son, mis queridas hermanas, los principales medios para ayudarnos a luchar contra nuestro amor propio desordenado, de donde se derivan todos esos apegos que nos causan tanta pena.<\/p>\n<p>Hijas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 felices seremos si, por estos medios, logramos llegar a ese desprecio contra nosotros mismos tan necesario para nuestra perfecci\u00f3n! S\u00ed, hijas m\u00edas, os lo he hecho ver por las advertencias que nuestro Se\u00f1or nos dio en la tierra. El mal amor nos hace faltar a Dios en nuestro pr\u00f3jimo, nos pone en peligro de no poderlo amar jam\u00e1s. Si, por el contrario, os despreci\u00e1is a vosotras mismas, por un mal amor que perd\u00e9is, vivir\u00e9is un amor sobrenatural, que es el \u00fanico amor verdadero. Hijas m\u00edas, s\u00e9 muy bien que, por la gracia de Dios, hay entre vosotras alguna que ha progresado en este celestial amor y que os esforz\u00e1is en \u00e9l casi todas. Consolaos, si no avanz\u00e1is tan pronto como quisierais. Y vosotras, hermanas m\u00edas, las que sois nuevas en la pr\u00e1ctica de esta ciencia, tened \u00e1nimos; no tem\u00e1is, nuestro Se\u00f1or os ayudar\u00e1.<\/p>\n<p>Una hermana expuso entonces su pesar por el hecho de que esos afectos le hab\u00edan hecho caer en muchas faltas, especialmente contra la pr\u00e1ctica de las reglas: y nuestro venerad\u00edsimo padre dijo:<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Bendito sea Dios, hermana m\u00eda! Que su bondad le conceda la gracia de aceptar este acto de penitencia para satisfacer por las faltas que reconoce en usted. S\u00ed, hermanas m\u00edas, es un acto de penitencia el manifestar las faltas en p\u00fablico y esto puede ser muy agradable a Dios. Es preciso que os diga, hermanas m\u00edas, lo que he aprendido desde hace tiempo de un gran prelado de nuestro tiempo, el cardenal de La Rochefoucauld, de ochenta a\u00f1os de edad. Es tan exacto en su manera acostumbrada de vivir que no quiere faltar nunca a ella, aunque su edad y otras muchas razones podr\u00edan muy bien dispensarle. Tambi\u00e9n vosotras, hijas m\u00edas, a las que Dios ha llamado a una manera de vivir, no falt\u00e9is nunca a ella.<\/p>\n<p>Pues bien, hijas m\u00edas, ruego a nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que vino a la tierra para ense\u00f1arnos ese despego de nuestro amor propio y para ayudarnos con su ejemplo, a \u00e9l que no tuvo una piedra donde reclinar su cabeza (11) y cuyas acciones no eran m\u00e1s que una mortificaci\u00f3n continua, le ruego que nos obtenga, por sus m\u00e9ritos, el poder despojarnos de toda sensibilidad contraria a su santa voluntad, y con esta ense\u00f1anza os doy la bendici\u00f3n, en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(11.12.44) El 11 de diciembre de 1644 se reunieron todas las Hermanas de la Caridad, por orden de nuestro muy honorable padre Vicente, para la conferencia sobre el mal que nos hace el excesivo amor &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-018-sobre-el-afecto-desordenado-a-si-mismo\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":393753,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[65],"tags":[],"class_list":["post-6765","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 018: Sobre el afecto desordenado a s\u00ed mismo - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-018-sobre-el-afecto-desordenado-a-si-mismo\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 018: Sobre el afecto desordenado a s\u00ed mismo - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"(11.12.44) El 11 de diciembre de 1644 se reunieron todas las Hermanas de la Caridad, por orden de nuestro muy honorable padre Vicente, para la conferencia sobre el mal que nos hace el excesivo amor ... 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