{"id":65890,"date":"2021-07-07T08:05:12","date_gmt":"2021-07-07T06:05:12","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=65890"},"modified":"2021-03-21T11:15:59","modified_gmt":"2021-03-21T10:15:59","slug":"barbara-angiboust-una-hija-de-la-caridad-silenciosa-tercera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/barbara-angiboust-una-hija-de-la-caridad-silenciosa-tercera-parte\/","title":{"rendered":"B\u00e1rbara Angiboust, una Hija de la Caridad silenciosa (Tercera parte)"},"content":{"rendered":"<p>La alegr\u00eda le dur\u00f3 tres a\u00f1os. En la primavera de 1652, la condesa de Brienne, Dama de la reina Ana de Austria y Dama de la Caridad del Gran Hospital, pidi\u00f3 Hijas de la Caridad para atender su ciudad de Brienne-la\u00adCh\u00e1teau repleta de pobres hambrientos. Los alrededores eran un desierto arrasado por la guerra con los espa\u00f1oles. Las Hijas de la Caridad que fueran all\u00e1 deb\u00edan amar a los pobres entra\u00f1ablemente y ser sacrificadas pues tambi\u00e9n ellas pasar\u00edan hambre. Los fundadores eligieron a Sor B\u00e1r\u00adbara y a Sor Juana, una Hermana sacrificada pero apocada y de pocos alcances, con el inconveniente de no saber leer para poder llevar la es\u00adcuela.<\/p>\n<p>Cuando las dos Hermanas llegaron a Brienne se les cay\u00f3 el alma a los pies. Sor B\u00e1rbara hab\u00eda visto pobrezas pero aquello era miseria desoladora. Pasaron los d\u00edas y Sor B\u00e1rbara se descorazonaba. No ten\u00eda nada para dar a los pobres ni para comer ellas mismas. Viv\u00edan de limosnas, pocas, que ella empleaba para los pobres. Acudi\u00f3 a la Condesa de Brienne y a Santa Luisa. No ped\u00eda nada para ellas, solo ped\u00eda para los pobres. Luisa le escribi\u00f3, sobre todo para que no se desanimara: <em>\u00abEst\u00e1is viendo infinidad de miserias que no pod\u00e9is socorren pues tambi\u00e9n Dios las ve\u00bb. <\/em>A \u00c9l le toca socorrerlas. No pod\u00eda enviarles dinero por miedo a perderlo en el camino. Esperar\u00eda que la condesa fuera a su ciudad y entonces les dar\u00eda dinero, ya que la condesa llevaba buena escolta. Las dos Hermanas, casi sin comer, repart\u00edan lo poco que les llegaba.<\/p>\n<p>En octubre lleg\u00f3 la paz a Paris y sus alrededores y, con la paz, los alimentos. Desde Paris tanto la condesa como Santa Luisa les enviaban dinero. La alegr\u00eda entr\u00f3 en casa de las dos Hijas de la Caridad. Ahora s\u00ed pod\u00edan atender a los pobres. Sin embargo, el trabajo era enorme y Sor B\u00e1rbara estaba d\u00e9bil, ten\u00eda adem\u00e1s 48 a\u00f1os, una anciana para aquella \u00e9poca. Sor Juana, m\u00e1s joven, se deshac\u00eda trabajando. Necesitaban una tercera Hija de la Caridad, pero la se\u00f1orita Le Gras no ten\u00eda. Como una excepci\u00f3n les recomend\u00f3 que cogieran una empleada. La situaci\u00f3n se alivi\u00f3.<\/p>\n<p>En 1639 hab\u00eda ingresado tambi\u00e9n Hija de la Caridad Cecilia, herma\u00adna de B\u00e1rbara. Luisa de Marillac las estimaba y las quer\u00eda. En aquellos tiempos inseguros de los comienzos las dos hermanas fueron dos pilares que aseguraron y afirmaron la Compa\u00f1\u00eda. Siempre que escribe a una le da noticias de la otra hermana. Siempre noticias buenas que las llenaban de alegr\u00eda. Sin embargo el 8 de febrero de 1653 Santa Luisa escribi\u00f3 a Sor B\u00e1rbara noticias tristes: su padre y su hermano hab\u00edan muerto. Santa Luisa la consuela y le dice c\u00f3mo est\u00e1 Sor Cecilia y c\u00f3mo se porta mejor que nunca. Seguramente Sor B\u00e1rbara recordar\u00eda los d\u00edas que pas\u00f3 en su casa y hac\u00eda las veces de madre para sus hermanos, recordar\u00eda el d\u00eda en que sali\u00f3 del pueblo, hac\u00eda justo veinte a\u00f1os, sin volver a visitarlo, y llor\u00f3 y rez\u00f3 por ellos.<\/p>\n<p>Brienne estaba en paz. Pero por la ciudad se escuchaban noticias preocupantes: Sainte-M\u00e9n\u00e9hould, a tan solo cien kil\u00f3metros al norte, hab\u00eda ca\u00eddo en poder de los espa\u00f1oles en noviembre de 1652. La Guerra de los Treinta a\u00f1os hab\u00eda terminado con la Paz de Westfalia, pero Espa\u00f1a no la firm\u00f3 esperando arrancar a Francia una paz m\u00e1s ventajosa.<\/p>\n<p>Cuando termin\u00f3 la Fronda, el perdedor incondicional fue el Pr\u00edncipe de Cond\u00e9 que prefiri\u00f3 abandonar su enorme fortuna y sus posesiones y expatriarse a los territorios espa\u00f1oles de los Pa\u00edses Bajos. Espa\u00f1a le nom\u00adbr\u00f3 general\u00edsimo de los ej\u00e9rcitos del Rey. Al frente de un ej\u00e9rcito espa\u00f1ol invadi\u00f3 el nordeste de Francia y se apoder\u00f3 de gran n\u00famero de plazas fuertes, entre ellas Sainte-M\u00e9n\u00e9hould, puerta valiosa en la guerra.<\/p>\n<p>Francia la necesitaba para impedir el ataque a Paris y para contratacar las posesiones espa\u00f1olas de Luxemburgo. Todo el a\u00f1o 1653 fue una con\u00adtinua batalla sitiando, perdiendo y recuperando plazas fuertes y cuarteles de invierno. El 20 de noviembre de 1653 Sainte-M\u00e9n\u00e9hould fue recupe\u00adrada por los franceses. El sitio y la batalla final desparram\u00f3 por el campo infinidad de cad\u00e1veres y de heridos que transportaban al hospital de Ch\u00e1lons-sur-Marne, convertido en hospital militar.<\/p>\n<p>Ana de Austria pidi\u00f3 misioneros pa\u00fales e Hijas de la Caridad para atender a sus soldados heridos. San Vicente y Santa Luisa quedaron at\u00f3\u00adnitos al recibir la petici\u00f3n. Era la primera vez en la historia que unas mujeres cuidar\u00edan de los heridos en el mismo campo de batalla. Las Hi\u00adjas de la Caridad temblaron solamente al escuchar que deb\u00edan cuidar a soldados. La mayor\u00eda de ellos eran aventureros, bandidos, revoluciona\u00adrios y borrachos; es decir, mercenarios de cualquier nacionalidad y reli\u00adgi\u00f3n o de ninguna, que se alquilaban al mejor postor y se les pagaba con el pillaje, permitido por los jefes. Violaban, robaban, torturaban y asesi\u00adnaban, llevando la desolaci\u00f3n y la ruina a las tierras por donde pasaban, acaso el pa\u00eds de alguna Hija de la Caridad.<\/p>\n<p>Para cuidar a esta chusma Santa Luisa escogi\u00f3 a tres de sus hijas. Al frente iba Sor Ana Hardemont. Pero mand\u00f3 a Sor B\u00e1rbara que fuera a Ch\u00e1lons para ayudarlas. En Brienne qued\u00f3 la pobre Sor Juana continua\u00admente llorando al verse la responsable de la obra. Al poco tiempo hubo que abrir una especie de dispensario en el mismo cerco de Sainte\u00adM\u00e9n\u00e9hould y all\u00e1 fue Sor Ana, a veces sola a veces con otra compa\u00f1era. En Sainte-M\u00e9n\u00e9hould hac\u00edan las primeras curas y luego los heridos pasa\u00adban al hospital de Ch\u00e1lons. Aqu\u00ed qued\u00f3 como responsable Sor B\u00e1rbara haciendo malabarismos para conjugar a las Hermanas entre Brienne y Ch\u00e1lons. San Vicente y Santa Luisa estaban tranquilos. Sab\u00edan que Sor B\u00e1rbara ten\u00eda arranque, firmeza y bondad para dirigir a las Hermanas y a los soldados. Procuraba que todas las Hermanas hicieran oraci\u00f3n todos los d\u00edas y los fieros soldados eran como ni\u00f1os delante de ella. Y lo m\u00e1s emocionante era ver cu\u00e1nto la quer\u00edan. El obispo de Ch\u00e1lons no la deja\u00adba marchar, el de\u00e1n de Brienne la reclamaba, San Vicente la felicitaba y Santa Luisa depositaba en ella su confianza. El Ayuntamiento de la ciu\u00addad alab\u00f3 el servicio de las Hermanas, el obispo qued\u00f3 admirado del orden que hab\u00eda en el hospital, la reina y el rey que llegaron a Ch\u00e1lons recibieron a las Hermanas en p\u00fablico y ante todos los nobles las agasaja\u00adron y felicitaron. \u00a1Toda una Hija de la Caridad, a pesar de estar agotada y enferma y ser casi una anciana para aquel siglo!<\/p>\n<p>En diciembre ya no hay heridos y vuelve a Brienne con el alborozo alegre de Sor Juana, pero por poco tiempo. En febrero de 1654 Luisa la llam\u00f3 a Paris para ir a fundar una Comunidad en Normand\u00eda. La Cofra\u00add\u00eda de la Caridad que hab\u00edan fundado los misioneros pa\u00fales despu\u00e9s de una misi\u00f3n pidieron Hijas de la Caridad. Hacia setiembre march\u00f3 a Bernay con Sor Lorenza, una Hermana joven. La fundaci\u00f3n parec\u00eda tranquila y la se\u00f1orita Le Gras la enviaba con idea de que descansara. Lo merec\u00eda aquella mujer debilitada por tantos a\u00f1os de servicio en favor de los po\u00adbres.<\/p>\n<p>El viaje fue c\u00f3modo y alegre por Mantes-la-Jolie y Evreux, pues el tiempo era agradable, ni fr\u00edo ni calor. Era primavera. Al llegar a Bernay Sor B\u00e1rbara sinti\u00f3 que el coraz\u00f3n se le romp\u00eda de emoci\u00f3n. Estaba en una peque\u00f1a ciudad tranquila del campo; le daba la sensaci\u00f3n de que hab\u00eda mucha gente de bien, muchos ricos venidos a menos y bastantes pobres. No distingu\u00eda que hubiera rencor entre unos y otros. Caminando hacia la iglesia cercana, casi sin darse cuenta, Sor B\u00e1rbara y su compa\u00f1e\u00adra se presentaron a las Damas de la Caridad.<\/p>\n<p>El recibimiento fue simp\u00e1tico por lo espont\u00e1neo. La Presidenta les se\u00f1al\u00f3 su servicio: una escuelita de ni\u00f1as, la catequesis a las mujeres y atender a los enfermos pobres. Justamente como en los inicios de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda, cuando entr\u00f3 ella, pens\u00f3 Sor B\u00e1rbara; y a\u00f1adi\u00f3 para sus adentros: especialmente a los pobres vergonzantes (ricos ca\u00eddos en la pobreza a causa de las guerras) como insistentemente se lo hab\u00eda recalcado la se\u00f1o\u00adrita Le Gras. El alojamiento de las dos Hermanas era pobre, muy pobre. Y esto le alegr\u00f3 a Sor B\u00e1rbara. No obstante una de las se\u00f1oras precis\u00f3 que era un alojamiento transitorio.<\/p>\n<p>Desde este d\u00eda comienza una correspondencia entre Sor B\u00e1rbara y Santa Luisa y San Vicente. Es una correspondencia amable de descanso. En las cartas se nota ese cari\u00f1o que se tienen los tres santos. Las cartas de San Vicente son de direcci\u00f3n espiritual y de direcci\u00f3n de una obra reli\u00adgiosa. Las de Santa Luisa son cartas de organizaci\u00f3n, de animaci\u00f3n y de di\u00e1logo entre dos amigas. En ellas hablan, como dos amas de casa, de precios, de hilos, de telas, de cacharros y, muy propio de la se\u00f1orita Le Gras, se dan noticias de los familiares, de las Hermanas y de las obras. Son a\u00f1os de paz para la persona de Sor B\u00e1rbara Angiboust.<\/p>\n<p>Hacia 1656, en las cartas entra un elemento transcendental para la mentalidad futura de la Compa\u00f1\u00eda. Sor B\u00e1rbara ama a los pobres como pocos son capaces de amarlos. Pide que se mejore la situaci\u00f3n de los enfermos, y se piensa hacer un hospital nuevo. Luisa de Marillac los ama tanto o m\u00e1s que ella y es m\u00e1s lista y m\u00e1s realista; por ello anota varias circunstancias:<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, el superior, es reacio a hacer hospitales en los pue\u00adblos donde hay Caridades de se\u00f1oras, por el peligro de desentenderse de la visita personal a los pobres.<\/p>\n<p>No se puede exigir a las familias un gasto tan exorbitante como es la construcci\u00f3n de un hospital nuevo en unos a\u00f1os de graves trastornos eco\u00adn\u00f3micos.<\/p>\n<p>Un hospital es un refugio aceptable para muchos pobres, pero hay otros pobres, los vergonzantes, que nunca ir\u00e1n a \u00e9l por la humillaci\u00f3n que supone para unas familias que antes ten\u00edan dinero y eran atendidos por los m\u00e9dicos en sus casas. Hay peligro de que nadie les atienda en adelante.<\/p>\n<p>Si, a pesar de todo, se hace el hospital, no debe ser lujoso, con gastos superfluos y escandalosos ante otros pobres.<\/p>\n<p>En cuanto a la vivienda de las Hijas de la Caridad es necesario que sea sencilla y d\u00e9 la sensaci\u00f3n de vivir en la pobreza. Pues la Hija de la Caridad no puede tener <em>\u00abnada m\u00e1s que el vivir y el vestido que Dios hace <\/em><em>que se lo den gratuitamente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sor B\u00e1rbara comprendi\u00f3 y lograr\u00e1 que as\u00ed se hiciera. La impresi\u00f3n que causaban Sor B\u00e1rbara y su joven compa\u00f1era era arrebatador. Varias j\u00f3venes quer\u00edan ser Hijas de la Caridad. Sor B\u00e1rbara se lo comunicaba entusiasmada a Santa Luisa, pero Santa Luisa y San Vicente tem\u00edan que las j\u00f3venes sintieran tan solo curiosidad por ver Paris y no una vocaci\u00f3n divina. Hab\u00eda necesidad de probarlas seriamente.<\/p>\n<p>As\u00ed iban pasando los meses. As\u00ed pasaron dos a\u00f1os. Desde finales de 1656 la se\u00f1orita Le Gras le iba insinuando c\u00f3mo alejada de las dem\u00e1s comunidades hab\u00eda una casa de Hermanas, por la que ella sent\u00eda una compasi\u00f3n y un cari\u00f1o sin medida. Era la Comunidad de Sainte-Marie\u00addu-Mont, en Normand\u00eda, no muy lejos de Cherbourg. La aldea estaba fuera de las l\u00edneas de comunicaci\u00f3n. A la aldea de Sainte-Marie no llega\u00adban ni las diligencias ni el correo. Sor Claudia Chanteron y Sor Isabel de Angers sintieron las alegr\u00edas de los pobres y el afecto de la duquesa de Ventadour que las hab\u00eda llamado, pero sufrieron la terrible sensaci\u00f3n de vivir incomunicadas de sus compa\u00f1eras. Las cartas iban a Bernay, de aqu\u00ed a Carentan, y si alg\u00fan vecino pasaba por all\u00ed recog\u00eda lo que hubiera para el pueblo. Si nadie pasaba, a esperar a veces meses. La se\u00f1orita Le Gras, que tembl\u00f3 de soledad, se enter\u00f3 que hab\u00eda muerto Sor Claudia, y Sor Isabel, en la soledad, ped\u00eda una compa\u00f1era. Santa Luisa rog\u00f3 y forz\u00f3 a Sor B\u00e1rbara que ella, la m\u00e1s cercana, a unos 150 kil\u00f3metros, la visitara, pasara con ella un tiempo y le trajera noticias a Paris, pues en marzo le hab\u00eda enviado a Sor Mar\u00eda como compa\u00f1era, pero no ten\u00eda noticias segu\u00adras de su vida y de sus necesidades.<\/p>\n<p>Y Sor B\u00e1rbara Angiboust, enfermiza y cargada de a\u00f1os, se dispuso a hacer los 150 kil\u00f3metros en julio de 1657. En una diligencia hasta Caen. Nueva diligencia hasta Carentan. Aqu\u00ed se acab\u00f3 la civilizaci\u00f3n. A pie, en mula o en alguna carreta de quien pasara, por montes, veredas y bosques, la buena Sor B\u00e1rbara lleg\u00f3 a Sainte-Marie. Los gritos de alegr\u00eda y las l\u00e1grimas de emoci\u00f3n se mezclaron en el abrazo y en los besos que se dieron. Sor Isabel y Sor Mar\u00eda casi no pod\u00edan creerlo. Sor B\u00e1rbara, la amiga de Luisa de Marillac, una de las primeras Hijas de la Caridad ven\u00eda a visitarlas y a quedarse un tiempo con ellas. Y era la se\u00f1orita Le Gras quien se la enviaba.<\/p>\n<p>Sor B\u00e1rbara llevaba \u00f3rdenes bien precisas: volver directamente a Paris por el camino m\u00e1s r\u00e1pido. Y as\u00ed lo cumpli\u00f3. Sin detenerse en Bernay lleg\u00f3 a Paris. Largamente en una conversaci\u00f3n de amigas Sor B\u00e1rbara le cont\u00f3 a Luisa de Marillac d\u00f3nde estaba el pueblo, c\u00f3mo era la gente, qu\u00e9 trabajo ten\u00edan las Hermanas y qu\u00e9 vida llevaban. Santa Luisa se tranqui\u00adliz\u00f3. La duquesa de Ventadour, una devota firme, se preocupaba de ellas. Mientras B\u00e1rbara, sentada al lado de Luisa, hablaba y hablaba, a Luisa de Marillac el Esp\u00edritu de Dios la iba iluminando: \u00a1Ch\u00e1teaudun! El pro\u00adblema de Ch\u00e1teaudun lo podr\u00eda solucionar admirablemente esta mujer, Hija de la Caridad de cuerpo entero. Al terminar la conversaci\u00f3n tan s\u00f3lo le dijo:<\/p>\n<p>No vuelvas a Bernay hasta que yo haya hablado con nuestro padre Vicente. Acaso no vuelvas a Bernay.<\/p>\n<p>Pero mis cosas las he dejado all\u00ed \u2014le dijo Sor B\u00e1rbara.<\/p>\n<p>Ya las mandaremos traer \u2014le asegur\u00f3 la santa.<\/p>\n<p>De acuerdo con San Vicente, al de unos d\u00edas sali\u00f3 como Hermana Sirviente para Ch\u00e1teaudun, no lejos, al suroeste de Paris. Su misi\u00f3n <strong>era <\/strong>devolver la observancia a la comunidad. Al llegar a Ch\u00e1teaudun Sor B\u00e1rbara no innov\u00f3 nada. Eso s\u00ed, las Hermanas notaron que observaba el reglamento con toda naturalidad y arrastraba a las compa\u00f1eras. A\u00fan es\u00adtando enferma acud\u00eda a la oraci\u00f3n con todas. No dejaba la oraci\u00f3n, sa\u00adbiendo anteponer el servicio a la oraci\u00f3n; los pobres eran los \u00fanicos que pod\u00edan romper, si era necesario, la puntualidad. A la gente le extra\u00f1aba esta observancia.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os y Santa Luisa la hab\u00edan hecho m\u00e1s flexible, pero hab\u00eda co\u00adsas que ella, atenta a las directrices de San Vicente en los m\u00ednimos deta\u00adlles, no pod\u00eda tolerar. Al de unos meses comprendi\u00f3 d\u00f3nde estaba el pro\u00adblema de la comunidad. Era una comunidad entregada a los pobres, el trato mutuo rezumaba caridad, se sacrificaban por atender a la gente de la ciudad. Y \u00e9ste era su fallo: cualquiera entraba, no s\u00f3lo en el hospital, sino tambi\u00e9n en las dependencias de las Hijas de la Caridad. Las habita\u00adciones de las Hermanas, sagradas para San Vicente de Pa\u00fal, eran como locutorios donde cualquiera pod\u00eda entrar para hablar con ellas. Cierta\u00admente tan s\u00f3lo entraban a la sala, a la cocina, a los pasillos, pero alguna vez entraron hombres. Y \u00e9sto se propuso atajar radicalmente Sor B\u00e1rba\u00adra.<\/p>\n<p>Un d\u00eda un se\u00f1or de la ciudad fue a la puerta de las dependencias de las Hijas de la Caridad en el hospital y la encontr\u00f3 cerrada; llam\u00f3, le abri\u00f3 Sor B\u00e1rbara y le llev\u00f3 a un recibidor. El buen hombre qued\u00f3 cortado, \u00bfera desconfianza? y lo cont\u00f3 en la ciudad. La gente se extra\u00f1\u00f3 y lo critic\u00f3, pero de una manera suave. Al de unos d\u00edas un sacerdote intent\u00f3 entrar en casa de las Hermanas y Sor B\u00e1rbara en\u00e9rgica se puso delante y le dijo: <em>\u00abPero, padre, \u00bfva a entrar usted en donde no hay m\u00e1s que muje\u00ad<\/em><em>res?\u00bb. <\/em>Y tom\u00e1ndolo del brazo lo sac\u00f3 fuera. Aquello era demasiado. La superiora no se fiaba ni de los curas. La ciudad se alborotaba con aquella en\u00e9rgica superiora. Pero, por otro lado, era amable con la gente, caritati\u00adva con todos y los enfermos la adoraban. Las Hermanas se iban poniendo al lado una Hermana Sirviente que pon\u00eda orden en la casa, que las guiaba en la espiritualidad y que no hac\u00eda nada m\u00e1s que cumplir lo que tanto les inculcaba Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Pero los eclesi\u00e1sticos estaban heridos. Una noche, cuando las Herma\u00adnas se hab\u00edan retirado, enviaron a un mozo conocido por su violencia a encender el candil. Llam\u00f3 a la puerta, le abri\u00f3 Sor B\u00e1rbara y el mozo, de un empuj\u00f3n, la ech\u00f3 a un lado. Sor B\u00e1rbara volvi\u00f3 a interponerse y orde\u00adn\u00f3 al joven que saliera. Ella le encender\u00eda el candil. La respuesta fue una bofetada que le hizo girar la cara y casi caer contra la mesa. El joven se detuvo al comprender lo que hab\u00eda hecho. Momento que aprovech\u00f3 la superiora para sacarlo d\u00f3cilmente hasta la puerta, encender el candil y entreg\u00e1rselo con toda calma.<\/p>\n<p>El suceso se conoci\u00f3 en la ciudad y no gust\u00f3. La gente empezaba a dar la raz\u00f3n a la superiora: a las mujeres no trataba de aquella manera, era virtuosa y no hac\u00eda nada m\u00e1s que cumplir sus reglas. Pasados unos meses toda la ciudad la alababa. Se hab\u00eda ganado a\u00fan a los que murmu\u00adraron su primera decisi\u00f3n. En Paris Luisa de Marillac la felicitaba y la animaba a seguir la peque\u00f1a \u00abreforma\u00bb.<\/p>\n<p>Da la impresi\u00f3n, por las cartas que le escribe Santa Luisa, que la ha convertido en una especie de asistente suya para que atienda tambi\u00e9n a la comunidad de Varize, a la que debe visitar y solucionar sus problemas, a pesar de tener su Hermana Sirviente. Ella debe darle noticias y examinar las necesidades de las Hermanas, y si lo ve apropiado cambiar alguna Hermana entre Ch\u00e1teaudun y Varize. Las cartas son a veces cartas senci\u00adllas entre dos amigas que se estiman y que se quieren. Luisa se f\u00eda de ella cuando se entera que Sor Ana desea hacer una peregrinaci\u00f3n. Lo deja todo en sus manos, aconsej\u00e1ndola \u00fanicamente que la ponga en buena compa\u00f1\u00eda para el viaje.<\/p>\n<p>Poco tiempo estuvo en Ch\u00e1teaudun. Unos d\u00edas antes de Navidad de 1658 cay\u00f3 enferma. Ella sinti\u00f3 que era el final. Llam\u00f3 a los ni\u00f1os hu\u00e9rfa\u00adnos del hospital que amaba como a hijos y les recomend\u00f3 sus deberes. A las Hermanas las animaba a vivir unidas y a servir a los pobres con todo el esfuerzo. Nunca olvidaron una frase que les dijo antes de morir: <em>\u00abHace <\/em><em>ya veinte a\u00f1os que estoy en la Compa\u00f1\u00eda. Gracias a Dios nunca he sen\u00adtido molestia alguna. Trabajad, hermanas m\u00edas, tened \u00e1nimo y no te\u00adm\u00e1is\u00bb. <\/em>El 27 de diciembre, de madrugada le llevaron la Comuni\u00f3n y se le escap\u00f3 una frase: <em>\u00abAmor m\u00edo\u00bb. <\/em>Parece cursi para las personas vulga\u00adres, pero es el grito de amor de un alma santa. A las siete de la ma\u00f1ana expir\u00f3.<\/p>\n<p>Cuando se supo la noticia la gente dec\u00eda que si la muerte se podr\u00eda comprar con dinero, no la hubieran dejado morir. Toda la ciudad pas\u00f3 a darle el \u00faltimo adi\u00f3s. Al verla, comentaban: la han maquillado, parece que est\u00e1 viva. Pero no, era la belleza de la santidad sencilla. Le echaban agua bendita como si fuera una bienaventurada y pasaban los rosarios por su cuerpo como por el de una santa. Dicen que pas\u00f3 toda la ciudad y que al entierro asistieron los notables de la ciudad y las autoridades.<\/p>\n<p>Santa Luisa ya lo esperaba pero cuando lleg\u00f3 la noticia sinti\u00f3 que se le desgarraba algo en su interior. Era un dolor sereno lo que sinti\u00f3 la santa, pero dolor. La noticia se la trajo una se\u00f1ora de Ch\u00f1teaudun que la hab\u00eda asistido en sus \u00faltimos momentos. Ven\u00eda de parte de las Hermanas y les tra\u00eda una carta.<\/p>\n<p>Al recibir la noticia, la se\u00f1orita Le Gras le escribi\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal: <em>\u00ab\u00a1Por el amor de Dios! D\u00edgase una Misa cantada por nuestra difunta <\/em><em>Sor B\u00e1rbara, como muy antigua en la Compa\u00f1\u00eda y muy fiel a su voca\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n; llamaremos a todas las Hermanas y creo que ser\u00e1 para ellas de <\/em><em>gran consuelo y est\u00edmulo para obrar bien\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El 27 de abril de 1659, San Vicente de Pa\u00fal tuvo una conferencia sobre sus virtudes, y otra el 11 de noviembre. Todas las Hermanas se convencieron de que hab\u00edan tenido por compa\u00f1era a una santa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La alegr\u00eda le dur\u00f3 tres a\u00f1os. 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