{"id":59238,"date":"2012-01-08T06:22:24","date_gmt":"2012-01-08T05:22:24","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=59238"},"modified":"2016-07-26T19:24:47","modified_gmt":"2016-07-26T17:24:47","slug":"la-ancianidad-vista-desde-la-biblia-y-el-magisterio-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-ancianidad-vista-desde-la-biblia-y-el-magisterio-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"La ancianidad vista desde la Biblia y el magisterio de la Iglesia"},"content":{"rendered":"<h2><strong>I.- Introducci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/jornadas_almendros_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-59239\" title=\"jornadas_almendros_01\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/jornadas_almendros_01-300x168.jpg?resize=300%2C168\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"168\" \/><\/a>Somos muchas las Hijas de la Caridad mayores en el momento presente de la vida de la Compa\u00f1\u00eda. Es un hecho bien visible que se inserta en el conjunto de los acontecimientos que estamos presenciando en nuestro mundo. No somos algo excepcional. Vivimos en una sociedad en la que aumenta el n\u00famero de ancianos de forma bastante notoria. Las conquistas de la ciencia, las mejoras en las condiciones de habitabilidad y alimentaci\u00f3n, as\u00ed como los progresos de la medicina han contribuido a ello. Este hecho reta a la Iglesia a reflexionar sobre el hecho y revisar la pastoral de la tercera edad. Dada la prolongaci\u00f3n de la vida en los \u00faltimos a\u00f1os, se habla ya de Tercera Edad para los mayores comprendidos entre los 65 y 80 a\u00f1os, y Cuarta Edad para las personas con m\u00e1s de 80 a\u00f1os. Los especialistas en Pastoral de personas mayores buscan formas y m\u00e9todos nuevos que correspondan mejor a sus necesidades y expectativas afectivas, f\u00edsicas y espirituales. Todas las Conferencias episcopales occidentales est\u00e1n elaborando criterios pastorales para esta etapa de la vida, fundamentados en la defensa de la vida, su significado y su destino. Esos criterios pretenden estimular a los mayores, y particularmente a los consagrados, a que aporten cuanto puedan a la misi\u00f3n de la Iglesia. De esta manera cuantos les acompa\u00f1amos pastoralmente, hemos de ayudarles a vivir con optimismo y esperanza esta etapa del atardecer de la vida.<\/p>\n<p>Sabemos que la \u00abTercera edad\u00bb abarca una parte considerable de la poblaci\u00f3n mundial. Seg\u00fan estudios del Departamento de poblaci\u00f3n y asuntos econ\u00f3mico-sociales de Naciones Unidas del a\u00f1o 2000, se prev\u00e9 un aumento considerable de personas ancianas. De los 66 millones de ancianos de m\u00e1s de ochenta a\u00f1os, presentes en el mundo en el a\u00f1o 2000, pasaremos a 370 millones en el a\u00f1o 2050 y habr\u00e1 entre ellos 2,2 millones de centenarios. La prolongaci\u00f3n de la vida media, por un lado, y la disminuci\u00f3n, a veces dram\u00e1tica, de la natalidad, por otro, est\u00e1n produciendo un cambio demogr\u00e1fico sin precedentes. El fen\u00f3meno, que comenz\u00f3 durante los a\u00f1os setenta en los pa\u00edses del hemisferio norte, llega ahora tambi\u00e9n a las naciones del hemisferio sur, donde el proceso de envejecimiento es todav\u00eda m\u00e1s r\u00e1pido.<\/p>\n<p>Esta especie de <em>\u00abrevoluci\u00f3n silenciosa\u00bb<\/em> supera de lejos los datos demogr\u00e1ficos y plantea problemas de orden social, econ\u00f3mico, cultural, psicol\u00f3gico y religioso. El alcance de estas cuestiones es objeto, desde hace alg\u00fan tiempo, de una esmerada atenci\u00f3n por parte de la Comunidad internacional. La Asamblea mundial de las Naciones Unidas, celebrada en Viena (Austria) del 26 de julio al 6 de agosto de 1982, vers\u00f3 sobre el envejecimiento de la poblaci\u00f3n. Entonces se elabor\u00f3 un <em>Plan de acci\u00f3n internacional<\/em> que sigue siendo hoy un punto de referencia a nivel mundial. Despu\u00e9s se han realizado ulteriores estudios que han llevado a la definici\u00f3n de <em>Los principios de las Naciones Unidas para los ancianos <\/em>(Son 18 y est\u00e1n repartidos en cinco grupos: <em>independencia, participaci\u00f3n, atenci\u00f3n, realizaci\u00f3n personal y dignidad<\/em>). La aplicaci\u00f3n de estos principios ha sido el tema de la quinta revisi\u00f3n del <em>Plan internacional de acci\u00f3n<\/em>, en la Asamblea de las Naciones Unidas, dando lugar a los <em>\u00abObjetivos globales relativos al envejecimiento\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En la ONU se tom\u00f3 la decisi\u00f3n de dedicar a los ancianos una Jornada mundial cada a\u00f1o cuya celebraci\u00f3n se asign\u00f3 al 1 de octubre. A la vez se declar\u00f3 el a\u00f1o 1999 como <em>A\u00f1o Internacional de los Ancianos, <\/em>celebrado bajo el<em> <\/em>lema: <em>\u00abHacia una sociedad para todas las edades\u00bb<\/em>.<span id='easy-footnote-1-59238' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/la-ancianidad-vista-desde-la-biblia-y-el-magisterio-de-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-1-59238' title='El entonces Secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, en su mensaje para la Jornada mundial de los ancianos afirm\u00f3: &lt;em&gt;\u00abUna sociedad para todas las edades es una sociedad que, lejos de hacer una caricatura de los ancianos present\u00e1ndolos como enfermos y jubilados, los considera m\u00e1s bien agentes y beneficiarios del desarrollo\u00bb.&lt;\/em&gt;'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> La Iglesia ha permanecido muy atenta a esta evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con motivo de la celebraci\u00f3n del <em>A\u00f1o Internacional de los Ancianos en 1999,<\/em> la Santa Sede hizo escuchar la voz del Papa, tanto en el campo de la reflexi\u00f3n como en el de la acci\u00f3n. La <em>Carta de Juan Pablo II a los ancianos<\/em> es un referente magn\u00edfico, adem\u00e1s de la Instrucci\u00f3n del Pontificio Consejo para los Laicos titulada: <em>La dignidad del anciano y su misi\u00f3n en la Iglesia y el mundo. Esta Instrucci\u00f3n i<\/em>nsiste en el respeto a la dignidad y a los derechos fundamentales de la persona anciana y, con la convicci\u00f3n de que los ancianos tienen a\u00fan mucho que dar a la vida social, desea que se afronte la cuesti\u00f3n con un gran sentido de responsabilidad por parte de todos: individuos, familias, asociaciones, gobiernos y organismos internacionales, seg\u00fan las competencias y deberes de cada cual y de acuerdo con el principio, tan importante, de subsidiariedad. S\u00f3lo as\u00ed se podr\u00e1 perseguir el objetivo de garantizar al anciano condiciones de vida siempre m\u00e1s humanas y dar valor a su papel insustituible en una sociedad en continua y r\u00e1pida transformaci\u00f3n econ\u00f3mica y cultural.<em><\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en noviembre del a\u00f1o 2007, el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud dedic\u00f3 unas <em>Jornadas sobre la problem\u00e1tica de los ancianos y sus posibilidades misioneras<\/em>. Las intervenciones y estudios de estas Jornadas constituyen una de las fuentes de la reflexi\u00f3n que vamos a compartir. El Magisterio de la Iglesia, lejos de considerar la situaci\u00f3n de los ancianos como un mero problema de asistencia y de beneficencia, ha insistido siempre en la importancia de valorar a las personas mayores cuya experiencia y la sabidur\u00eda acumuladas durante la vida son fuente de riqueza humana y espiritual para todos.<\/p>\n<p title=\"\">El Papa Juan Pablo II el 23 de marzo de 1984 en una audiencia a unos ocho mil ancianos dej\u00f3 constancia de la preocupaci\u00f3n de la Iglesia por los mayores: <em>\u00abNo os dej\u00e9is sorprender por la tentaci\u00f3n de la soledad interior<\/em>. <em>A pesar de la complejidad de vuestros problemas [&#8230;], las fuerzas que progresivamente se debilitan, las deficiencias de las organizaciones sociales, los retrasos de la legislaci\u00f3n oficial y las incomprensiones de una sociedad ego\u00edsta, no est\u00e1is ni deb\u00e9is sentiros al margen de la vida de la Iglesia, o elementos pasivos en un mundo en excesivo movimiento<strong>, <\/strong>sino sujetos activos de un per\u00edodo humana y espiritualmente fecundo de la existencia humana.<\/em> <em>Ten\u00e9is todav\u00eda una misi\u00f3n que cumplir<\/em>\u00ab.<span id='easy-footnote-2-59238' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/la-ancianidad-vista-desde-la-biblia-y-el-magisterio-de-la-iglesia\/#easy-footnote-bottom-2-59238' title='Discursos de Juan Pablo II, Tomo VII, n\u00ba 1 (1984), p. 744.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Nosotras tenemos el deber de ayudar a nuestras Hermanas mayores a asumir y vivir esta misi\u00f3n con esp\u00edritu evang\u00e9lico. Este es el objetivo de las presentes Jornadas: dar respuesta a las llamadas de la Iglesia y hacer realidad lo que nos pide la C. 35: <em>\u00ab<\/em><em>Las Hermanas enfermas y las mayores son parte activa de la misi\u00f3n por su oraci\u00f3n, la ofrenda de sus sufrimientos y su testimonio de vida. <\/em><em>La Comunidad las rodea de cuidados y afecto y les ayuda a aceptar, con paz y serenidad, sus limitaciones de edad y salud como una forma de servicio\u00bb.<\/em> Con nuestras Hermanas mayores, recordamos que todas somos Hijas de Dios, por eso volvemos hoy nuestra mirada a la Palabra de Dios recordando lo que nos dice la Sagrada Escritura sobre la ancianidad. Somos tambi\u00e9n Hijas de la Iglesia, por tanto, seguidamente reflexionaremos sobre lo que el reciente Magisterio de la Iglesia nos dice en torno a este tema.<\/p>\n<h2><strong>II.- El anciano en la Biblia<\/strong><\/h2>\n<p>La ancianidad no es el final ni el agotamiento de la vida espiritual, al contrario, es una reserva de riquezas, de experiencias, de capacidades para captar lo esencial e importante para nuestras vidas. Como Iglesia, debemos crear las oportunidades y alentar la manifestaci\u00f3n de esta vitalidad, muchas veces callada, pero indispensable para los miembros que somos m\u00e1s j\u00f3venes. Necesitamos encontrar nuevos motivos que den a los ancianos de nuestras familias y comunidades cristianas plenitud a lo \u00abcotidiano\u00bb. Toda persona posee una creatividad insospechada y casi ilimitada: \u00a1Hemos sido creados a imagen de Dios! Debemos favorecer esta creatividad en todas las etapas de la vida, mirando a la Palabra de Dios.<\/p>\n<p>Ella nos aporta la luz de la verdad para sondear la plena dimensi\u00f3n espiritual, moral y teol\u00f3gica de esta etapa de la vida. La Sagrada Escritura considera la vejez como un don que se renueva y que debe ser vivido cada d\u00eda en la apertura a Dios y al pr\u00f3jimo. Ya en el Antiguo Testamento se considera al anciano sobre todo como un maestro de vida: <em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 bien dice la sabidur\u00eda a los ancianos&#8230;! La corona de los ancianos es su rica experiencia, y el temor del Se\u00f1or, su gloria<\/em>\u00bb (<em>Eclo<\/em> 25, 7-8).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el anciano tiene otra importante tarea: transmitir la Palabra de Dios a las nuevas generaciones: <em>\u00abCon nuestro o\u00eddo, \u00a1oh Dios!, hemos o\u00eddo; nos contaron nuestros padres la obra que t\u00fa hiciste en sus d\u00edas\u00bb<\/em> (<em>Sal<\/em> 44, 2). Al anunciar a los j\u00f3venes la propia fe en Dios, \u00e9l conserva la fecundidad de esp\u00edritu, que no decae con el declive de las fuerzas f\u00edsicas: <em>\u00ab<\/em> <em>En la vejez seguir\u00e1 dando frutos, se mantendr\u00e1 lozano y frondoso, para proclamar qu\u00e9 justo es el Se\u00f1or, mi Roca, en quien no existe la maldad\u00bb <\/em>(<em>Sal<\/em> 92, 15-16).<\/p>\n<p>A estas tareas de los ancianos, corresponden los deberes de los j\u00f3venes, o sea, el deber de <em>escucharles<\/em><em>:<\/em> <em>\u00abNo desprecies las sentencias de los ancianos\u00bb (Eclo 8, 11), \u00abpregunta a tu padre, y te ense\u00f1ar\u00e1; a tus ancianos, y te dir\u00e1n\u00bb <\/em>(<em>Dt<\/em> 32, 7); y el de <em>asistirles<\/em><em>:<\/em> <em>\u00abHijo, acoge a tu padre en su ancianidad, y no le des pesares en su vida. Si llega a perder la raz\u00f3n, mu\u00e9strate con \u00e9l indulgente y no le afrentes porque est\u00e9s t\u00fa en plenitud de fuerza\u00bb <\/em>(<em>Eclo<\/em> 3, 14-15).<\/p>\n<p>No menos rica es la ense\u00f1anza del Nuevo Testamento, donde San Pablo presenta el ideal de vida de los ancianos mediante consejos \u00abevang\u00e9licos\u00bb muy concretos sobre la sobriedad, dignidad, buen sentido, seguridad en la fe, en el amor y en la paciencia (cf. <em>Tit<\/em> 2, 2). Un ejemplo muy significativo es el del anciano Sime\u00f3n, vivido en la espera y en la esperanza del encuentro con el Mes\u00edas, y para quien Cristo pasa a ser la plenitud de la vida y la esperanza del futuro para \u00e9l y para todos los hombres. Al estar preparado con fe y humildad, sabe reconocer al Se\u00f1or y canta con entusiasmo no una despedida de la vida, sino un himno de gracias al Salvador del mundo, en el umbral de la eternidad (cf. <em>Lc<\/em> 2, 25-32).<\/p>\n<p>Veamos algunos puntos de referencia b\u00edblicos, importantes e iluminadores para nuestra situaci\u00f3n actual:<\/p>\n<p><strong>1) <\/strong><strong>Respeto al anciano<\/strong> (Lv 19,32)<\/p>\n<p>En la Escritura, la estima del anciano se transforma en ley: <em>\u00abPonte en pie ante las canas, [&#8230;] y honra a tu Dios\u00bb (ibid.)<\/em>. Adem\u00e1s: <em>\u00abHonra a tu padre y a tu madre\u00bb<\/em> (Dt 5,16). Una delicad\u00edsima exhortaci\u00f3n en favor de los padres, especialmente en la edad senil (Eclo 3, 1-16). El texto del Eclesi\u00e1stico termina con una afirmaci\u00f3n muy grave: <em>\u00abQuien desampara a su padre es un blasfemo, un maldito del Se\u00f1or quien maltrata a su madre\u00bb.<\/em> Es preciso, pues, hacer todo lo posible para detener la tendencia a ignorar a los ancianos y a marginarlos, \u00abeducando\u00bb a las nuevas generaciones para la integraci\u00f3n y la convivencia. J\u00f3venes, adultos y ancianos nos necesitamos y nos enriquecemos mutuamente.<\/p>\n<p><strong>2) <\/strong><strong>Conexi\u00f3n con el pasado:<\/strong><\/p>\n<p>El Salmo 44 afirma: \u00ab<em>Nuestros antepasados nos contaron la obra que realizaste en sus d\u00edas, en los tiempos antiguos\u00bb<\/em><strong> <\/strong>(Sal 44 [43], 2). Las historias de los patriarcas son particularmente elocuentes al respecto. Cuando Mois\u00e9s vive la experiencia de la zarza ardiente, Dios se le presenta as\u00ed: <em>\u00abYo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrah\u00e1n, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob\u00bb<\/em> (Ex 3,6). Dios pone su propio nombre junto al de los grandes ancianos que representan la legitimidad y la garant\u00eda de la fe de Israel. El hijo, el joven encuentra a Dios siempre a trav\u00e9s de los padres, de los ancianos.<\/p>\n<p>En el pasaje de Mois\u00e9s mencionado, junto al nombre de cada patriarca aparece la expresi\u00f3n <em>\u00abDios de&#8230;\u00bb,<\/em> para significar que cada uno de ellos viv\u00eda su propia experiencia de Dios. Y esta experiencia, que era el patrimonio de los ancianos, era tambi\u00e9n la raz\u00f3n de su juventud espiritual y de su serenidad ante la muerte. Parad\u00f3jicamente, el anciano que transmite lo que ha recibido es quien esboza el presente; en un mundo que ensalza una eterna juventud, sin memoria y sin futuro, esto es una llamada y un motivo para reflexionar.<\/p>\n<p><strong>3) <\/strong><strong>La ancianidad como posibilidad de esperanza y vida plena:<\/strong><\/p>\n<p>De nuevo los salmos nos lo advierten. <em>\u00abEn la vejez seguir\u00e1n dando fruto\u00bb<\/em> (Sal 92 [91], 15). La potencia de Dios se puede revelar en la edad senil, incluso cuando \u00e9sta se ve marcada por l\u00edmites y dificultades. <em>\u00abDios ha escogido lo que el mundo considera necio para confundir a los sabios; ha elegido lo que el mundo considera d\u00e9bil para confundir a los fuertes; ha escogido lo vil, lo despreciable, lo que no es nada a los ojos del mundo para anular a quienes creen que son algo. De este modo, nadie puede presumir delante de Dios\u00bb<\/em> (1 Cor 1,27-28). El designio de salvaci\u00f3n de Dios se cumple tambi\u00e9n en la fragilidad de un cuerpo anciano, d\u00e9bil e impotente. As\u00ed, del vientre est\u00e9ril de Sara y del cuerpo centenario de Abrah\u00e1n nace el Pueblo elegido (cf. Rom 4,18-20). Y del vientre est\u00e9ril de Isabel y de un viejo cargado de a\u00f1os, Zacar\u00edas, nace Juan el Bautista, precursor de Cristo. Incluso cuando la vida se hace m\u00e1s d\u00e9bil, el anciano tiene motivos para sentirse instrumento de la historia de la salvaci\u00f3n: <em>\u00abLe har\u00e9 disfrutar de larga vida, y le mostrar\u00e9 mi salvaci\u00f3n\u00bb <\/em>(Sal 91 [90], 16), promete el Se\u00f1or.<\/p>\n<p><strong>4) <\/strong><strong>Consideraci\u00f3n sobre la fugacidad de la vida:<\/strong><\/p>\n<p>El libro sapiencial del Eclesi\u00e1stico nos recuerda: <em>\u00abTen en cuenta a tu Creador en los d\u00edas de tu juventud, antes de que lleguen los d\u00edas malos y se acerquen los a\u00f1os de los que digas: \u00abNo me gustan\u00bb\u00bb<\/em><strong> <\/strong>(Eclo 12,1). Este enfoque b\u00edblico de la vejez impresiona por su objetividad. Adem\u00e1s, como recuerda el salmista, la vida pasa en un soplo y no siempre es suave y sin dolor: <em>\u00abSetenta a\u00f1os dura nuestra vida, y hasta ochenta llegan los m\u00e1s fuertes; pero sus afanes son fatiga in\u00fatil, pues pasan pronto, y nosotros nos desvanecemos\u00bb<\/em> (Sal 90 [89], 10). Las palabras de Qoh\u00e9let -que hace una larga descripci\u00f3n, con im\u00e1genes simb\u00f3licas, de la decadencia f\u00edsica y de la muerte- pintan un triste retrato de la vejez. La Escritura nos llama aqu\u00ed a no hacernos ilusiones acerca de una edad que lleva a malestares, problemas y sufrimientos. Y nos recuerda que debemos mirar hacia Dios durante toda la existencia, porque \u00c9l es el punto de llegada hacia el cual hemos de dirigirnos siempre, pero sobre todo en el momento del miedo que sobreviene cuando se vive la vejez como un naufragio.<\/p>\n<p><strong>5)<\/strong> <strong>Llamada a tener presente el car\u00e1cter sagrado de la muerte:<\/strong><\/p>\n<p><em>Abrah\u00e1n expir\u00f3; muri\u00f3 en buena vejez, colmado de a\u00f1os, y fue a reunirse con sus antepasados <\/em><em>(Gn 25,7. <\/em>Este pasaje b\u00edblico tiene gran actualidad. El mundo contempor\u00e1neo ha olvidado la verdad sobre el valor de la vida humana -verdad grabada por Dios, desde el principio, en la conciencia del hombre-, y, con ella, el sentido pleno de la ancianidad y la muerte. La muerte ha perdido su car\u00e1cter sagrado, su significado de paso, de puerta que se abre a la comuni\u00f3n con Dios y nuestros progenitores en la fe. Se ha transformado en tab\u00fa: se hace lo posible para que pase desapercibida. Su tel\u00f3n de fondo tambi\u00e9n ha cambiado: se muere cada vez menos en casa y m\u00e1s en el hospital o en una instituci\u00f3n, lejos de la familia o de la propia comunidad. En muchos casos ya no se usan los rituales del p\u00e9same y ciertas pr\u00e1cticas de piedad. El hombre actual est\u00e1 como anestesiado ante la muerte; hace lo posible por no afrontar su realidad que le produce turbaci\u00f3n, angustia y miedo. Con ello se queda inevitablemente solo ante la propia muerte.<\/p>\n<p>Pero el Hijo de Dios hecho hombre trastoc\u00f3 en la cruz el significado de la muerte. \u00c9l nos ha abierto de par en par las puertas de la esperanza: <em>\u00abYo soy la resurrecci\u00f3n y la vida. El que cree en m\u00ed, aunque haya muerto, vivir\u00e1; y todo el que est\u00e9 vivo y crea en m\u00ed, jam\u00e1s morir\u00e1\u00bb<\/em> (Jn 11,25-26). A la luz de estas palabras, la muerte -que ya no es condena, ni necia conclusi\u00f3n de la vida en la nada- se revela como el tiempo de la esperanza viva y cierta del encuentro cara a cara con el Se\u00f1or.<\/p>\n<p><strong>6) La ancianidad tiempo de verdadera sabidur\u00eda de la vida: <\/strong><\/p>\n<p>De nuevo el libro de los Salmos nos ense\u00f1a a ver y a orar.<strong> <\/strong><em>\u00abEns\u00e9\u00f1anos a calcular nuestros d\u00edas, para que adquiramos un coraz\u00f3n sabio\u00bb<\/em> (Sal 90 [89], 12). Uno de los \u00abcarismas\u00bb de la longevidad, seg\u00fan la Biblia, es la sabidur\u00eda, aunque no es una prerrogativa autom\u00e1tica de la edad. <em>Es un don de Dios que el anciano debe acoger y proponerse como meta,<\/em> para alcanzar esa sabidur\u00eda del coraz\u00f3n que permite <em>\u00absaber contar los propios d\u00edas\u00bb,<\/em> es decir, vivir con sentido de responsabilidad el tiempo que la Providencia concede a cada cual. N\u00facleo de esta sabidur\u00eda es el descubrimiento del <em>sentido <\/em>m\u00e1s profundo de la vida humana y del <em>destino <\/em>trascendente de la persona en Dios. Y si esto es importante para el joven, con mayor raz\u00f3n lo es para el anciano, llamado a orientar su propia vida de cara a la <em>\u00ab\u00fanica cosa necesaria\u00bb<\/em> (cf. Lc 10,42).<\/p>\n<p><strong>7)<\/strong> <strong>La ancianidad tiempo para la confianza en Dios:<\/strong><\/p>\n<p><em>\u00abA ti, Se\u00f1or, me acojo; no quede yo avergonzado para siempre\u00bb<\/em><em> <\/em>(Sal 71 [70], 1). Este salmo, que destaca por su belleza, es s\u00f3lo una de las muchas oraciones de ancianos que encontramos en la Biblia. Es un bello testimonio de los sentimientos religiosos del alma orante del anciano\/a. La oraci\u00f3n es el camino real para una comprensi\u00f3n de la vida seg\u00fan el esp\u00edritu, propia de las personas mayores. La ancianidad es la \u00e9poca privilegiada para la Confianza y el abandono en Dios.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n es un servicio, un ministerio que los mayores, las Hermanas ancianas, pueden ejercer para bien de toda la Iglesia y del mundo. Incluso las m\u00e1s enfermas, o inmovilizadas, pueden orar y ofrecer. La oraci\u00f3n es su fuerza, el aliento de su vida. A trav\u00e9s de la oraci\u00f3n participan en los dolores y en las alegr\u00edas de los dem\u00e1s, y pueden romper la barrera del aislamiento y salir de su condici\u00f3n de impotencia. Un anciano agotado, en su cama, es como un monje, un ermita\u00f1o: con su oraci\u00f3n puede abrazar al mundo entero. Parece imposible que una persona que haya vivido en plena actividad pueda volverse contemplativa. Recordemos la experiencia de Santa Luisa de Marillac, san Vicente de Pa\u00fal, P. Arrupe, Sor Rosal\u00eda Rendu, santa Catalina Labour\u00e9 y tantos otros\u2026<\/p>\n<h2><strong>III.- Magisterio de la Iglesia sobre los ancianos<\/strong><\/h2>\n<p>El mensaje del Papa Juan Pablo II a la Asamblea Mundial sobre <em>\u00abLos problemas del envejecimiento de la poblaci\u00f3n\u00bb<\/em>, organizada por las Naciones Unidas y celebrada en Viena en julio 1982, contiene una doctrina muy actual para nuestro tiempo. El Papa con fuerza y singular energ\u00eda, adem\u00e1s de ofrecer una visi\u00f3n de la ancianidad seg\u00fan la Sagrada Escritura, habl\u00f3 de los siguientes aspectos:<\/p>\n<p><strong>Visi\u00f3n humana y cristiana de la vejez:<\/strong><\/p>\n<p>Los temas mencionados manifiestan ya que no se trata de problemas abstractos o solamente t\u00e9cnicos, sino m\u00e1s bien del destino de personas humanas, con su historia particular, hecha de ra\u00edces familiares, de lazos sociales, de \u00e9xitos o de fracasos profesionales que han marcado o marcan todav\u00eda su existencia. A vuestra importante Asamblea, volcada sobre estas realidades para profundizarlas y para encontrarlas concretas y juiciosas, la Iglesia querr\u00eda ofrecer la contribuci\u00f3n de su <em>reflexi\u00f3n, de su experiencia y de su fe en el hombre<\/em>. Pr\u00e1cticamente, ella os propone su visi\u00f3n humana y cristiana de la vejez, su convicci\u00f3n a prop\u00f3sito de la familia o de instituciones de tipo familiar como los lugares m\u00e1s favorables para la realizaci\u00f3n de las personas ancianas, y su apoyo en el inter\u00e9s de la sociedad moderna al servicio de las generaciones ancianas.<\/p>\n<p><strong>La vejez, una fase natural de la vida<\/strong><\/p>\n<p>Yo me acuerdo con emoci\u00f3n del encuentro con los ancianos, en noviembre de 1980, en la catedral de Munich. Yo puse de relieve entonces que la vejez humana es una etapa natural de la existencia y que, generalmente, debe ser la coronaci\u00f3n de la misma. Esta visi\u00f3n supone, evidentemente, que la vejez -cuando uno llega a la misma- sea comprendida como un elemento que tiene su valor particular en el seno de toda la vida humana, y requiere, igualmente, una concepci\u00f3n exacta de la persona que es a la vez cuerpo y alma.<\/p>\n<p><strong>Dignidad de la persona. Respeto a la vida<\/strong><\/p>\n<p>La vida es, en verdad, un don de Dios a los hombres, creados a su imagen y semejanza. Esta comprensi\u00f3n de la dignidad sagrada de la persona humana conduce a dar un valor a todas las etapas de la vida. Es una cuesti\u00f3n de coherencia y de justicia. Es, en efecto, imposible apreciar, en verdad, la vida de un anciano sin apreciar, en verdad, la vida de un ni\u00f1o desde el comienzo de su concepci\u00f3n. Nadie sabe hasta d\u00f3nde se podr\u00eda llegar si la vida no fuese respetada como un bien inalienable y sagrado.<\/p>\n<p><strong>Eutanasia. Muerte digna<\/strong><\/p>\n<p>Es necesario, pues, asegurar firmemente, con la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, en su declaraci\u00f3n sobre la eutanasia, del 5 de mayo de 1980, que, \u00abnada ni nadie puede autorizar la supresi\u00f3n de la vida de un ser inocente, feto o embri\u00f3n, ni\u00f1o o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante&#8230; Hay en ello la violaci\u00f3n de la ley divina, ofensa a la dignidad de la persona humana, crimen contra la vida, atentado contra la humanidad\u00bb. Y es muy oportuno a\u00f1adir tambi\u00e9n lo que la misma declaraci\u00f3n dec\u00eda sobre el empleo de los medios terap\u00e9uticos \u00abHoy d\u00eda es muy importante proteger, en el momento de la muerte, la dignidad de la persona humana y la concepci\u00f3n cristiana de la vida contra un tecnicismo que corre el riesgo de tornarse abusivo.\u00bb<\/p>\n<p><strong>Muerte con dignidad y serenidad<\/strong><\/p>\n<p>La muerte forma parte de nuestro horizonte humano y le imprime su verdadera y misteriosa dimensi\u00f3n. El mundo moderno, sobre todo en Occidente, tiene necesidad de aprender a reintegrar la muerte en la vida humana. \u00bfQui\u00e9n no puede desear para sus semejantes y desear para s\u00ed mismo el aceptar y asumir este postrer acto de la existencia terrena en la dignidad y la serenidad, sin duda alguna posible para los creyentes?<\/p>\n<p><strong>Aspectos positivos de la vejez<\/strong><\/p>\n<p>Es el tiempo en el que los hombres y las mujeres pueden recoger la experiencia de toda su vida, hacer la separaci\u00f3n entre lo accesorio y lo esencial, alcanzar un nivel de gran sabidur\u00eda y de profunda serenidad. Es la \u00e9poca en la que disponen de mucho tiempo, e incluso de todo su tiempo, para amar el entorno habitual u ocasional con un desinter\u00e9s, una paciencia y una alegr\u00eda discreta, de lo que tantos ancianos dan ejemplos admirables. Constituye tambi\u00e9n, para los creyentes, la feliz posibilidad de meditar sobre los esplendores de la fe y de orar m\u00e1s. La fecundidad de estos valores y su supervivencia est\u00e1n unidas a dos condiciones inseparables. La primera requiere de las mismas personas ancianas que <em>acepten profundamente su edad<\/em> y estimen sus posibles recursos. La segunda condici\u00f3n concierne a la sociedad de hoy. Necesita hacerse capaz de <em>reconocer los valores<\/em> morales, afectivos, religiosos que habitan en el esp\u00edritu y en el coraz\u00f3n de los ancianos y necesita trabajar en favor de su inserci\u00f3n en nuestra civilizaci\u00f3n que sufre un desfase inquietante entre su nivel t\u00e9cnico y su nivel \u00e9tico.<\/p>\n<p>Al terminar su Mensaje a la Asamblea de la ONU, el Papa expuso algunas l\u00edneas de acci\u00f3n propias de nivel pol\u00edtico internacional y otras de nivel m\u00e1s inmediato y directo:<\/p>\n<ul>\n<li>proteger su dignidad y su vida hasta su fin natural, proveyendo los cuidados paliativos;<\/li>\n<li>instar al anciano a conservar su autosuficiencia y movilidad hasta donde le sea posible;<\/li>\n<li>promover una cultura social donde se d\u00e9 lugar al anciano y se eduque as\u00ed a la sociedad, tanto en los niveles elementales como en los profesionales;<\/li>\n<li>animar al anciano a comprender la evoluci\u00f3n de la sociedad actual e instarlo a que no se sienta ajeno a ella con pesimismo y rechazo;<\/li>\n<li>educar al anciano para el uso de los adelantos tecnol\u00f3gicos elementales en el ramo de la comunicaci\u00f3n e informaci\u00f3n;<\/li>\n<li>favorecer una imagen positiva del anciano en s\u00ed mismo y desterrar de los medios de comunicaci\u00f3n falsos estereotipos;<\/li>\n<li>promover una educaci\u00f3n intergeneracional de manera que los ancianos ense\u00f1en a los j\u00f3venes y \u00e9stos a los ancianos en mutuo intercambio.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Finalmente, en el Mensaje de la Cuaresma del a\u00f1o 2005, poco antes de su muerte, el Papa Juan Pablo II nos hac\u00eda esta llamada sobre la valoraci\u00f3n de esta etapa de la vida y las posibilidades de la ancianidad, reflejando, sin duda su propia experiencia: <em>El mayor tiempo a disposici\u00f3n en esta fase de la existencia, brinda a las personas ancianas la oportunidad de afrontar interrogantes existenciales, que quiz\u00e1s hab\u00edan sido descuidados anteriormente por la prioridad que se otorgaba a cuestiones consideradas m\u00e1s apremiantes. La conciencia de la cercan\u00eda de la meta final, induce al anciano a concentrarse en lo esencial, en aquello que el paso de los a\u00f1os no destruye.<\/em><\/p>\n<p><em>Es precisamente por esta condici\u00f3n, que el anciano puede desarrollar una gran funci\u00f3n en la sociedad. Si es cierto que el hombre vive de la herencia de quien le ha precedido, y su futuro depende de manera determinante de c\u00f3mo le han sido transmitidos los valores de la cultura del pueblo al que pertenece, la sabidur\u00eda y la experiencia de los ancianos pueden iluminar el camino del hombre en la v\u00eda del progreso hacia una forma de civilizaci\u00f3n cada vez m\u00e1s plena. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 importante es descubrir este rec\u00edproco enriquecimiento entre las distintas generaciones! La Cuaresma, con su fuerte llamada a la conversi\u00f3n y a la solidaridad, nos ayuda este a\u00f1o a reflexionar sobre estos importantes temas que ata\u00f1en a todos. \u00bfQu\u00e9 suceder\u00eda si el Pueblo de Dios cediera a una cierta mentalidad actual que considera casi in\u00fatiles a estos hermanos nuestros, cuando merman sus capacidades por los achaques de la edad o de la enfermedad? \u00a1Qu\u00e9 diferentes ser\u00e1n nuestras comunidades si, a partir de la familia, trataremos de mantenernos siempre con actitud abierta y acogedora hacia ellos!<\/em><\/p>\n<p>La Iglesia es, de hecho, el lugar donde las distintas generaciones est\u00e1n llamadas a compartir el proyecto de amor de Dios en una relaci\u00f3n de intercambio mutuo de los dones que cada cual posee por la gracia del Esp\u00edritu Santo. Un intercambio en el que los ancianos transmiten valores religiosos y morales que representan un rico patrimonio espiritual para la vida de las comunidades cristianas, de las familias y del mundo. Adem\u00e1s, la tercera edad parece favorecer una apertura especial a la trascendencia. Esta tarea es fundamental en nuestra vida y misi\u00f3n: ayudar a descubrir con fuerza la misericordia entra\u00f1able de Dios. El conocimiento de la Escritura, la profundizaci\u00f3n de los contenidos de nuestra fe, la meditaci\u00f3n sobre la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, ayudar\u00e1n a cada Hermana mayor a superar la relaci\u00f3n con Dios de temor, que nada tiene que ver con su amor de Padre.<\/p>\n<p>Es deber de la Iglesia motivar a los ancianos para que adquieran una viva conciencia de la tarea que tienen tambi\u00e9n ellos de transmitir al mundo el Evangelio de Cristo, revelando a todos el misterio de su perenne presencia en la historia. Y hacerlos tambi\u00e9n conscientes de la responsabilidad que se desprende para ellos de ser testigos privilegiados -ante la comunidad humana y cristiana- de la fidelidad de Dios, que mantiene siempre sus promesas al hombre. La pastoral con los ancianos debe estar enfocada hacia el desarrollo de la espiritualidad que caracteriza esa edad, es decir, la espiritualidad de ese continuo renacer que Jes\u00fas mismo indica al anciano Nicodemo, invit\u00e1ndolo a que no se deje detener por la vejez y se empe\u00f1e a renacer, en el Esp\u00edritu, a una vida siempre nueva, llena de esperanza, porque <em>\u00ablo que nace del hombre es humano; lo engendrado por el Esp\u00edritu, es espiritual\u00bb<\/em> (Jn 3,5).<\/p>\n<p>El Papa Benedicto XVI en su visita a Inglaterra visit\u00f3 la residencia de ancianos San Pedro, a cargo de las Hermanitas de los Pobres de santa Juana Jugan, y ofreci\u00f3 una hermosa s\u00edntesis del Magisterio de la Iglesia sobre los ancianos, aplicando la doctrina a la realidad actual. <em>\u00abLa Iglesia<\/em> -dijo el Pont\u00edfice- <em>ha tenido siempre un gran respeto por los ancianos. El cuarto mandamiento: \u00abHonra a tu padre y a tu madre, como el Se\u00f1or tu Dios te ha mandado\u00bb, est\u00e1 unido a la promesa \u00abque se prolonguen tus d\u00edas y seas feliz en la tierra que el Se\u00f1or tu Dios te da\u00bb. Esta obra de la Iglesia por los ancianos y enfermos no s\u00f3lo les brinda amor y cuidado, sino que tambi\u00e9n Dios la recompensa con las bendiciones que promete a la tierra donde se observa este mandamiento. Dios quiere un verdadero respeto por la dignidad y el valor, la salud y el bienestar de las personas mayores y, a trav\u00e9s de sus instituciones caritativas en el Reino Unido y otras partes, la Iglesia desea cumplir el mandato del Se\u00f1or de respetar la vida, independientemente de su edad o circunstancias\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLa vida es un don \u00fanico, en todas sus etapas, desde la concepci\u00f3n hasta la muerte natural, y Dios es el \u00fanico para darla y exigirla. Puede que se disfrute de buena salud en la vejez; aun as\u00ed, los cristianos no deben tener miedo de compartir el sufrimiento de Cristo, si Dios quiere que luchemos con la enfermedad\u00bb<\/em>, subray\u00f3. <em>\u00abMi predecesor, el Papa Juan Pablo II, sufri\u00f3 de forma muy notoria en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida. Todos ten\u00edamos claro que lo hizo en uni\u00f3n con los sufrimientos de nuestro Salvador. Su buen humor y paciencia cuando afront\u00f3 sus \u00faltimos d\u00edas fueron un ejemplo extraordinario y conmovedor para todos los que debemos cargar con el peso de la avanzada edad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn este sentido, estoy entre vosotros no s\u00f3lo como un padre, sino tambi\u00e9n como un hermano que conoce bien las alegr\u00edas y fatigas que llegan con la edad\u00bb<\/em><em>, <\/em>afirm\u00f3 el Papa.<em> <em>\u00abNuestros largos a\u00f1os de vida nos ofrecen la oportunidad de apreciar, tanto la belleza del mayor don que Dios nos ha dado, el don de la vida, como la fragilidad del esp\u00edritu humano. A quienes tenemos muchos a\u00f1os se nos ha dado la maravillosa oportunidad de profundizar en nuestro conocimiento del misterio de Cristo, que se humill\u00f3 para compartir nuestra humanidad\u00bb. <\/em><\/em><\/p>\n<p><em>\u00abA medida que el curso normal de nuestra vida crece, con frecuencia nuestra capacidad f\u00edsica disminuye; con todo, estos momentos bien pueden contarse entre los a\u00f1os espiritualmente m\u00e1s fruct\u00edferos de nuestras vidas. Estos a\u00f1os constituyen una oportunidad de recordar en la oraci\u00f3n afectuosa a cuantos hemos querido en esta vida, y de poner lo que hemos sido y hecho ante la misericordia y la ternura de Dios. Ciertamente esto ser\u00e1 un gran consuelo espiritual y nos permitir\u00e1 descubrir nuevamente su amor y bondad en todos los d\u00edas de nuestra vida\u00bb, concluy\u00f3 el Santo Padre.<\/em><em><\/em><\/p>\n<p><em>A la luz del Magisterio de la Iglesia, podemos ayudar a nuestras Hermanas mayores y a nosotras mismas a hacer de la ancianidad los a\u00f1os espiritualmente m\u00e1s fruct\u00edferos de nuestras vida.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I.- Introducci\u00f3n Somos muchas las Hijas de la Caridad mayores en el momento presente de la vida de la Compa\u00f1\u00eda. 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