{"id":59170,"date":"2015-04-03T06:11:54","date_gmt":"2015-04-03T04:11:54","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=59170"},"modified":"2016-07-26T19:17:51","modified_gmt":"2016-07-26T17:17:51","slug":"santa-luisa-y-la-salud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/santa-luisa-y-la-salud\/","title":{"rendered":"Santa Luisa y la salud"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/rostros_luisa_02.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-54188\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/09\/rostros_luisa_02-226x300.jpg?resize=226%2C300\" alt=\"rostros_luisa_02\" width=\"226\" height=\"300\" \/><\/a>\u00bfC\u00f3mo capt\u00f3 Santa Luisa la salud, en su \u00e9poca? Tal era la pregunta a la que Sor Gislhaine KIZLIK, Directora de la Escuela de Enfermeras del Hospital San Jos\u00e9, de Lyon, intent\u00f3 dar una respuesta, en el contexto del Cursillo sobre \u00ab<em>Sanidad<\/em>\u00bb que reuni\u00f3 a Hermanas de las seis Provincias de Francia interesadas en el tema.<\/p>\n<p>Los Ecos de la Compa\u00f1\u00eda han querido recoger la parte central de la exposici\u00f3n dedicada a las actividades de Santa Luisa en el campo de la Salud, ya que permite descubrir uno de los aspectos m\u00e1s ricos de su personalidad. Por lo que refiere a las otras partes, centradas en la sociedad y condiciones de vida del siglo XVII, en Francia, de inter\u00e9s sobre todo para las participantes en el Cursillo, los Ecos han optado por algunos extractos.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<h2>El pan seco (Extractos)<\/h2>\n<p>&#8230; En 1660, San Vicente de Pa\u00fal escrib\u00eda: \u00ab<em>Llegan hasta nosotros, cada d\u00eda, tantos casos extra\u00f1os y en tantos lugares, que ser\u00eda necesario un libro para expresar la aflicci\u00f3n general. Baste con que les digamos que, de doscientas personas que habitan en un pueblo, hay que contar con que ciento ochenta no disponen m\u00e1s que de un pedazo de pan, vi\u00e9ndose reducidas a languidecer o a robar o bien desesperarse de rabia, y a todas ellas les aguarda una muerte inevitable, si no se las socorre con prontitud. Se puede asegurar que m\u00e1s de diez mil han muerto ya en las regiones de Maine, Turena, Blaisois, la Perche y otras; unas ciento treinta mil se hallan en miserables condiciones o est\u00e1n acabando, unas tras otras&#8230;<\/em>\u00bb (citado por Philippe GUILHAUME, en \u00ab<em>San Vicente de Pa\u00fal, Embajador de los Pobres<\/em>\u00ab, Ed. RMC, Colecci\u00f3n: \u00ab<em>Les Grandes Figures du Midi<\/em>\u00ab, 1988, p. 61-62).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se hab\u00eda llegado a tal estado de cosas? \u00bfCu\u00e1les eran las causas de semejante situaci\u00f3n? De hecho, las causas son m\u00faltiples y ese c\u00famulo agrava cada una en particular&#8230; A las dificultades demogr\u00e1ficas, t\u00e9cnicas, clim\u00e1ticas, se a\u00f1aden los desastres, los horrores que llevan consigo las luchas fratricidas entre diferentes Provincias. Como lo seguimos constatando en nuestra \u00e9poca, la unidad de un pa\u00eds cuesta muy cara a la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con todo esto, \u00bfcu\u00e1l pod\u00eda ser la salud del pueblo?<\/p>\n<p>Las posibilidades alimentarias eran muy reducidas. La base de la alimentaci\u00f3n la constitu\u00edan los cereales; pero no siempre se daban en cantidad suficiente. La carne no ten\u00eda mayor importancia, por varios motivos. La cr\u00eda de bueyes ten\u00eda m\u00e1s bien por objetivo el hacerse con instrumentos de trabajo y no con productos de carnicer\u00eda. Las prohibiciones religiosas, que se concretaban en ciento sesenta d\u00edas de abstinencia de carne, no favorec\u00edan este comercio. Y por lo que se refiere a los campesinos, los derechos sobre caza de conejos y de palomas, que se hab\u00edan reservado para s\u00ed los se\u00f1ores, no les dejaban la posibilidad de consumir conejos y aves.<\/p>\n<p>En cuanto al pescado, los caminos poco seguros y las dificultades de conservaci\u00f3n (aparte de los precios elevados) hac\u00eda pr\u00e1cticamente imposible este tipo de alimento. Adem\u00e1s, tambi\u00e9n estaban gravados los rurales por tasas se\u00f1oriales sobre arroyos y r\u00edos. Por \u00faltimo, quedaba la temible gabela* que arruinaba la posibilidad de disponer de sal para conservar los alimentos. Todas estas razones hac\u00edan, como acabamos de decir, que el pescado no tuviera pr\u00e1cticamente acceso en la alimentaci\u00f3n de la clase pobre.<\/p>\n<p>As\u00ed se comprende m\u00e1s f\u00e1cilmente el volumen que adquir\u00edan las epidemias y c\u00f3mo hac\u00edan presa en esta poblaci\u00f3n agotada y mal nutrida. La peste sol\u00eda diezmar pueblos y ciudades y hab\u00eda que contar con que durara varios meses. Por otra parte, las condiciones de higiene y los conocimientos m\u00e9dicos de la \u00e9poca tampoco aportaban posibilidades para cortar las epidemias.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n podemos encontrarla reflejada en los escritos de Santa Luisa.<\/p>\n<h2>Las tres camisas (Extractos)<\/h2>\n<p>En octubre de 1627, con el fin de ayudar a Luisa de Marillac a salir del estado de alma en que se encontraba, Vicente de Pa\u00fal le pidi\u00f3, por primera vez, un ser-vicio: \u00ab<em>Me har\u00e1 usted el favor&#8230; de enviar dos o tres camisas a la Se\u00f1orita DE LAMY, a GENTILLY, para la Caridad de aquel lugar<\/em>\u00bb (Coste I, 30; S\u00edg. I, 100). \u00a1Ya est\u00e1! Con esto quedaba metida en el engranaje&#8230; y hab\u00eda de durar la cosa treinta y tres a\u00f1os.<\/p>\n<p>Desde entonces, van a ir sucedi\u00e9ndose los acontecimientos. Vicente le pedir\u00e1 a Luisa que visite las Caridades ya establecidas, que se ocupe de las muchachas que voluntariamente se ofrecen para el servicio, luego har\u00e1 que participe en el establecimiento de nuevas Caridades&#8230; As\u00ed, ir\u00e1n apoy\u00e1ndose cada vez m\u00e1s mutuamente para responder a todas las miserias de su tiempo. No es f\u00e1cil delimitar con exactitud a cu\u00e1l de los dos corresponde una u otra iniciativa, una u otra organizaci\u00f3n. Luisa permaneci\u00f3 siempre en una actitud muy respetuosa y sumisa a su Director, es verdad; pero tambi\u00e9n lo es que no deja de recordarle algunos pasos que hay que dar o de llamar su atenci\u00f3n sobre determinados \u00ab<em>de-talles<\/em>\u00bb de organizaci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>En la edici\u00f3n de \u00ab<em>Correspondencia y Escritos<\/em>\u00bb (pp. 78-80) encontramos die-cinueve preguntas expuestas por Luisa a Vicente, y en los espacios blancos que ella deja, entre pregunta y pregunta, Vicente escribe su respuesta. Se trata de todo: el destino de las Hermanas, sus condiciones de vida, las dificultades del servicio, la instalaci\u00f3n de una chimenea, las nodrizas para los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, la proposici\u00f3n de organizar revisiones de vida. Nada se deja a la improvisaci\u00f3n. Todo se piensa con los menores detalles.<\/p>\n<p>\u00a1Y todo hab\u00eda empezado por \u00ab<em>tres camisas<\/em>\u00ab, como gustaba de hacer notar el P. MORIN, C.M.!<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<h2>Los cuidados a domicilio<\/h2>\n<p>En los a\u00f1os 1525-1530, las ciudades hab\u00edan organizado lo que llamaban \u00ab<em>Ofi-cinas de los Pobres<\/em>\u00ab. En efecto, el vagabundeo estaba prohibido desde finales del siglo XV o principios del XVI. Todo pobre deb\u00eda permanecer en su ciudad y ser atendido en ella. La organizaci\u00f3n de estas Oficinas era muy semejante de una ciudad a otra. Su cometido consist\u00eda en llevar un registro de los pobres, a veces, se les impon\u00eda una se\u00f1al para reconocerlos; en distribuir pan a los inv\u00e1lidos: los que pod\u00edan valerse, ten\u00edan que buscarse un trabajo y, si no, se les empleaba por fuerza en los trabajos p\u00fablicos. A los ni\u00f1os se les pon\u00eda en aprendizaje. Estas Oficinas ten\u00edan su milicia privada: unos bedeles a los que se llamaba \u00ab<em>caza p\u00edcaros<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>En 1554, en Par\u00eds, a los pobres se les encerr\u00f3 en el Hospital San Germ\u00e1n. Determinadas tasas de asistencia y colectas hechas en las iglesias estaban desti-nadas a asegurar su manutenci\u00f3n. Pero la insuficiencia de los medios y el hecho de que los interesados intentaran escapar a tales medidas hicieron fracasar este primer intento. Cuando se quiera reanudarlo, en 1656, Vicente se negar\u00e1 a cola-borar en \u00e9l.<\/p>\n<p>Con la colaboraci\u00f3n de Luisa, organizan entonces el \u00ab<em>Asilo del Santo Nombre de Jes\u00fas<\/em>\u00ab. Y con el fin de garantizar a los pobres, sobre todo a los ancianos, su dignidad, Luisa se las ingenia para proporcionarles trabajos compatibles con sus fuerzas y utiliza su competencia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, mediante el establecimiento de las Caridades en las Parroquias, que empez\u00f3 en 1617 en CHATILLON-LES-DOMBES, Vicente y Luisa, con sus hijas, van a encargarse de socorrer a los pobres en sus domicilios. En el establecimiento de esos \u00ab<em>antepasados<\/em>\u00bb de nuestra actual organizaci\u00f3n de asistencia domicilia-ria, Luisa se preocupa \u2014ya lo veremos\u2014 de la formaci\u00f3n de las Hermanas, pero, en cierto modo tambi\u00e9n, de que adquieran una autonom\u00eda. S\u00ed, ciertamente, Luisa les pide sumisi\u00f3n a las Se\u00f1oras y a los M\u00e9dicos, pero no faltan ocasiones en que expone a Vicente situaciones que deplora, ya a nivel de las condiciones de vida \u2014alojamiento inaceptable\u2014 ya a nivel de las condiciones en que tienen que desempe\u00f1ar su servicio, pues no es ins\u00f3lito que cada Se\u00f1ora quiera mandar seg\u00fan su propio m\u00e9todo, lo que crea dificultades a las Hermanas (ver p\u00e1g. 78 de \u00ab<em>Correspondencia y Escritos<\/em>\u00ab).<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<h2>Las comidas para los pobres<\/h2>\n<p>A las muchas preocupaciones y trabajos, vienen a a\u00f1adirse los disturbios civiles que agravan la situaci\u00f3n. Luisa organiza en su casa el reparto de una sopa a mil trescientos pobres vergonzantes. En el arrabal de San Dionisio, sus hijas hacen otro tanto a ochocientos refugiados, y en la Parroquia de San Pablo, las cuatro o cinco Hermanas que en ella atienden a sesenta u ochenta enfermos, se encargan tambi\u00e9n de dar cada d\u00eda una comida a cinco mil personas.<\/p>\n<p>Por supuesto, entonces no se exig\u00eda la semana de cuarenta horas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<h2>Los ni\u00f1os exp\u00f3sitos<\/h2>\n<p>\u00ab<em>En aquella \u00e9poca era muy grande el n\u00famero de ni\u00f1os abandonados cada a\u00f1o en la ciudad y en los arrabales de Par\u00eds&#8230; De trescientos a cuatrocientos contaba San Vicente (seg\u00fan Abelly)&#8230; Los ni\u00f1os encontrados eran llevados al \u00abHotel-Dieu\u00bb \u2014Hospital General\u2014 y de all\u00ed a \u00abLa Couche\u00bb \u2014 la Cuna \u2014&#8230; Las sirvientas les daban narc\u00f3ticos para hacerles dormir, o los vend\u00edan por 8 sueldos a gentes miserables que, despu\u00e9s de romperles los brazos y las piernas, los utilizaban para conmover a los transe\u00fantes&#8230; Despu\u00e9s de dos a\u00f1os de oraci\u00f3n y de reflexi\u00f3n, San Vicente se decidi\u00f3 a hacer una prueba&#8230;<\/em>\u00bb (Coste, I, 417; S\u00edg. I., 429, Nota 3).<\/p>\n<p>El resultado de todo ello ser\u00e1 la apertura de una nueva obra: \u00ab<em>Los ni\u00f1os exp\u00f3sitos<\/em>\u00ab, obra que tantas preocupaciones y dificultades habr\u00eda de acarrear a Vicente y a Luisa. Pero obra, tambi\u00e9n, en la que el genio de ambos como a organizadores y su amor a los pobres, a aquellas criaturitas, se desplegar\u00e1n al m\u00e1ximo y har\u00e1n maravillas a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n, el empleo del tiempo, la preparaci\u00f3n del porvenir mediante el aprendizaje de un oficio.<\/p>\n<p>Santa Luisa estar\u00e1 alerta para que sus hijas \u2014y de rechazo los ni\u00f1os\u2014 no sufran por las condiciones materiales, a las que las Se\u00f1oras no prestaban demasiada atenci\u00f3n, content\u00e1ndose pronto con cualquier cosa por lo que se refer\u00eda a los hu\u00e9rfanos, siempre v\u00edctimas de los prejuicios que persistentemente exist\u00edan hacia ellos.<\/p>\n<p>Como todas las dem\u00e1s, esta obra empez\u00f3 modestamente. Luisa tuvo mucho que hacer, ayudada con la colaboraci\u00f3n de las Se\u00f1oras. Pero, preferentemente a reanudar lo que ya exist\u00eda con \u00ab<em>La Cuna<\/em>\u00ab, se quiso emprender algo nuevo, una obra m\u00e1s libre, m\u00e1s cristiana. A petici\u00f3n de las mismas Se\u00f1oras, Luisa se encarg\u00f3 de abrir y organizar la nueva casa. Y lo hizo con mucho amor y competencia. Fue \u00e9sta una obra por la que siempre tuvo predilecci\u00f3n. No pod\u00eda dejar de pensar que si su padre no la habr\u00eda reconocido, su vida hubiera sido la de estos ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Pero como ocurre con toda apertura, con todo comienzo, Luisa quiso, desde un primer momento, se\u00f1alar el cometido de cada uno. Las Se\u00f1oras se encargar\u00edan de proveer de lo necesario y de la administraci\u00f3n material. De Luisa depender\u00eda la direcci\u00f3n de las Hermanas y de las nodrizas, de los ni\u00f1os. Esa medida prudente garantizar\u00eda el esp\u00edritu de la obra. Y para poder fijar mejor su reglamento, Luisa vivi\u00f3 los primeros d\u00edas con sus hijas en la calle de \u00ab<em>Boulangers<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Hab\u00eda nacido la asistencia a la ni\u00f1ez. Adem\u00e1s de la casa de Par\u00eds, Luisa organiz\u00f3 el llevar los ni\u00f1os al campo, a casa de nodrizas previamente escogidas y a las que se visitaba con regularidad. Para este menester form\u00f3 debidamente, alent\u00f3 y sostuvo a sus Hijas.<\/p>\n<p>Cuando se desencadenaron los disturbios de la Fronda, lleg\u00f3 hasta contratar a arqueros que se encargaran de custodiar el trigo, garantizando as\u00ed que llegar\u00eda a su destino el alimento de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<h2>Los Hospitales<\/h2>\n<p>Los Hospitales Generales, Asilos de Ancianos y otros Hospitales exist\u00edan desde hac\u00eda ya varios siglos. Administraban estos establecimientos bien congregaciones religiosas d bien seglares.<\/p>\n<p>Los conocimientos m\u00e9dico-quir\u00fargicos, la diversidad de terap\u00e9uticas, hac\u00edan de estos establecimientos m\u00e1s bien lugares de tipo social, en los que se hacinaban las miserias, que verdaderos Centros sanitarios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n nos es familiar este cap\u00edtulo. Y a nosotras nos resulta m\u00e1s provechoso detenernos en lo que fue la actividad de Luisa para organizar el servicio de las Hermanas en los Hospitales.<\/p>\n<p>A pesar de la inseguridad y de la falta absoluta de comodidades que ofrec\u00edan los viajes, Luisa de Marillac no dudaba en emprenderlos, primero para poder apreciar la oportunidad, o no, de la apertura de la obra. Se quedaba residiendo en el lugar para estudiar la situaci\u00f3n. Pon\u00eda gran atenci\u00f3n en las personas que ya interven\u00edan en el establecimiento, apreciaba las posibilidades que exist\u00edan, o no, de que las Hermanas colaboraran con ellas; estudiaba igualmente si las costumbres del lugar eran compatibles con el estilo de vida que era de desear llevaran las Hermanas. Y s\u00f3lo despu\u00e9s de este tiempo de estudio y experiencia elaboraba el reglamento. As\u00ed fue como hizo con los hospitales de ANGERS y de NANTES. La ausencia de estas precauciones previas en LE MANS, no permiti\u00f3 que se llevara a cabo la implantaci\u00f3n de la Comunidad. El Padre GONTH I ER ha subrayado muy bien la acci\u00f3n de Luisa en esta obra.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<h2>Las c\u00e1rceles, los galeotes<\/h2>\n<p>Por lo que se refiere a Luisa, en esta obra de asistencia empez\u00f3 por tomar algunas medidas de higiene. Quitar a los presos las camisas hechas andrajos podridos y cambi\u00e1rselas por otras limpias. Tener preparada una muda todos los s\u00e1bados y encargarse de lavar la otra. A esto se a\u00f1adi\u00f3 el proporcionar a los presos alimentos adecuados.<\/p>\n<p>Ella misma recib\u00eda a los presos que se presentaban cuando sal\u00edan de la c\u00e1rcel: \u00ab<em>les lavaba los pies, les cuidaba las heridas y les vest\u00eda con las ropas de su hijo&#8230;<\/em>\u00bb (Coste X, 710; Conf. esp. n. 2346). Consider\u00e1ndolos como a pobres entre los pobres, Luisa recomienda a sus Hijas que tengan de ellos \u00ab<em>m\u00e1s compasi\u00f3n que de los de las Parroquias<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<h2>La salud, el m\u00e1s preciado de todos los tesoros de la vida<\/h2>\n<p>No nos enga\u00f1emos acerca de las intenciones de Luisa. En los textos donde habla de la salud de San Vicente o de ella le habla a \u00e9l mismo, es donde podemos descubrir las razones de su solicitud: todo por la gloria de Dios. \u00ab<em>Padre, nuestro buen Dios quiere que se encuentre usted enfermo, \u00a1sea por ello bendito!&#8230;<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Repetidas veces encontramos en los Escritos de Santa Luisa esta expresi\u00f3n, que no es una figura literaria y mucho menos una f\u00f3rmula, sino que est\u00e1 cargada de esp\u00edritu de fe y aceptaci\u00f3n de la Voluntad de Dios: \u00ab<em>Nuestro buen Dios quiere que se encuentre usted enfermo, \u00a1sea por ello bendito!; pero tambi\u00e9n quiere que, por amor suyo, tenga usted con su cuerpo la misma caridad que tendr\u00eda con el de un pobre; y si me atreviera, mi muy Honorable Padre, a\u00f1adir\u00eda que lo quiere de manera absoluta. Aproveche usted, pues, esta ocasi\u00f3n, se lo suplico, y que perdone la excesiva libertad que me tomo, interesada por la gloria de Dios<\/em>\u00bb (S. L., Corr. y Escr. C. 103).<\/p>\n<p>Queda claro: todo lo que tenemos y todo lo que somos es para el servicio a los Pobres, para gloria de Dios. Al considerar su inquietud por la salud de las Hermanas, he podido comprobar cu\u00e1les eran sus preocupaciones a este respecto. Aun cuando la salud est\u00e1 al servicio de la gloria de Dios, podemos descubrir en la solicitud de Santa Luisa su afecto real hacia las Hermanas, pero los imperativos del servicio estar\u00e1n siempre por encima.<\/p>\n<p>Ella, de salud tan fr\u00e1gil, no vacila en poner en el reglamento sobre los oficios de la Casa Principal refiri\u00e9ndose al de la Hermana Boticaria: \u00ab<em>La salud es el m\u00e1s preciado de todos los tesoros de la vida<\/em>\u00bb (Escr. n.\u00b0 246).<\/p>\n<p>Santa Luisa conoce la importancia de la salud y valora las posibilidades que ofrece para el servicio a los Pobres. Por eso no duda en recordar al Abad de Vaux, que quiz\u00e1 ten\u00eda demasiada prisa por enviar postulantes a Par\u00eds: \u00ab<em>Le ruego muy humildemente, Se\u00f1or, que se tome la molestia de sondear su vocaci\u00f3n y la solidez de su esp\u00edritu, y si las encuentra usted aptas para nosotras, ser\u00e1n aqu\u00ed bien recibidas&#8230;<\/em>\u00ab. Y temiendo no haber sido bastante clara a\u00f1ade: \u00ab<em>Tienen que ser robustas y sanas<\/em>\u00bb (C. 77).<\/p>\n<p>Una vez dadas estas condiciones de principio, Luisa se ingenia para inculcarles las bases de los cuidados de la \u00e9poca, bastante rudimentarios por cierto: \u00ab<em>Le ruego, Hermana, que ense\u00f1e usted a sangrar a nuestra Hermana; pero cuide sobre todo de ense\u00f1arle el peligro que representan las arterias, los nervios y dem\u00e1s \u2014cu\u00e1nto siento no haya llegado hasta nosotras el Manual de Anatom\u00eda que ella utilizaba \u2014 y recuerde que si les parece que han abierto una arteria, deben sacar bastante cantidad de sangre y poner luego una moneda en la compresa para hacer bien la ligadura<\/em>\u00bb (C. 304).<\/p>\n<p>Indica tambi\u00e9n las precauciones que hay que tomar. As\u00ed, escribe a San Vicente, pero debi\u00f3 de haberlo dicho tambi\u00e9n a sus hijas: \u00ab<em>El mejor tiempo para sangrarse, en personas de nuestra edad, es el de la luna llena, y para purgarse, el cuarto menguante, para evitar una excesiva evacuaci\u00f3n<\/em>\u00bb (C. 648).<\/p>\n<p>Aun cuando los cuidados de la \u00e9poca son limitados, Santa Luisa vela por la competencia de las Hermanas; a Sor Nicolasa GEORGET escribe: \u00ab<em>No creo que deba usted ense\u00f1ar a nuestra Hermana, ni permitir que aprenda de otros&#8230; porque no es capaz de ello, y no quisiera yo exponer a nadie a sus ensayos<\/em>\u00bb (C. 677).<\/p>\n<p>Permanece tambi\u00e9n atenta a toda informaci\u00f3n que pudiera mejorar el servicio. Ha o\u00eddo hablar de medicina nueva y escribe a las Hermanas de Serqueux: \u00ab<em>Si pueden ir a Beauvais sin desviarse demasiado, ser\u00e1 bueno que hablen con ese excelente hombre de Iglesia y aprendan de \u00e9l la receta<\/em>\u00bb (C. 140).<\/p>\n<p>Pero las condiciones para el trabajo no son siempre f\u00e1ciles, sino muy al con-trario, y Luisa se inquieta: \u00ab<em>El trabajo de nuestras pobres Hermanas de aqu\u00ed (BI-CETRE) es casi incre\u00edble&#8230;<\/em>\u00bb (C. 229); \u00ab<em>ano se podr\u00eda dar una orden para que nuestras Hermanas de San Sulpicio no estuvieran tan recargadas en (tener que llevar) medicinas?&#8230; (C. 71); \u00ab<em>Hace tiempo que estoy queriendo manifestarles la gran pena que siento por saber est\u00e1n con tanto trabajo siendo tan pocas y muchas de ustedes delicadas de salud; pero lo que m\u00e1s siento es no saber por qu\u00e9 medio socorrerlas&#8230; <\/em>\u00bb (C. 571).<\/em><\/p>\n<p>Ante la sobrecarga de trabajo, Luisa teme que los enfermos \u00ab<em>corran el riesgo de sufrir mucho<\/em>\u00bb (cf. C. 327). En ocasiones sugiere cierta organizaci\u00f3n para paliar un poco esa sobrecarga de actividades: \u00ab<em>Hace tiempo que deseo que sus pobres sean tratados con remedios como los de las parroquias de Par\u00eds; porque de esa manera nuestras Hermanas empleadas en la botica tendr\u00edan m\u00e1s tiempo y sosiego para servir a los Pobres<\/em>\u00bb (C. 329).<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta la amplitud del trabajo, Luisa est\u00e1 atenta a las condiciones de vida de las Hermanas y pide mejoras para ellas: \u00ab<em>&#8230; no me faltaba raz\u00f3n para temer la instalaci\u00f3n en BICETRE: estas Se\u00f1oras tienen el prop\u00f3sito de pedir a las Hermanas lo imposible. Escogen para ocuparlas las habitaciones m\u00e1s peque\u00f1as, en las que el aire quedar\u00e1 en seguida corrompido, y dejan sin habitar las m\u00e1s espaciosas; pero nuestras pobres Hermanas no se atreven a decir nada<\/em>\u00bb (C. 203).<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, con relaci\u00f3n a las Hermanas de la parroquia de San Sulpicio, Luisa pregunta a Vicente: \u00ab<em>\u00bfNo podr\u00edan cambiar de habitaci\u00f3n?<\/em>\u00bb (C. 71), esto para el alivio psicol\u00f3gico de las Hermanas, tomando un poco de distancia respecto a las personas que \u00ab<em>les dan \u00f3rdenes<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>En una carta dirigida a Juliana LORET nos entrega tambi\u00e9n un cap\u00edtulo de su ense\u00f1anza: la prevenci\u00f3n. Sor Juliana est\u00e1 enferma y Luisa le recuerda su lecci\u00f3n: \u00ab<em>Ya le hab\u00eda dicho que para prevenir esa enfermedad ten\u00eda que purgarse<\/em>\u00bb (C. 403); y a Sor Mar\u00eda DONION insiste: \u00ab<em>Le ruego que no vaya a ver a los enfermos sin haberse antes frotado la nariz con vinagre con el que tambi\u00e9n debe mojarse las sienes<\/em>\u00bb (C. 683); y se preocupa por Sor B\u00e1rbara ANGIBOUST: \u00ab<em>les hemos enviado una cajita de orvietan* para que les sirviera de purificador de la atm\u00f3sfera en tiempos de fiebres malignas<\/em>\u00bb (C. 582).<\/p>\n<p>Y cuando una Hermana presenta alguna resistencia para tomar precauciones, Luisa apela a una autoridad. Por ejemplo el Abad de VAUX: \u00ab<em>&#8230; creo que tendr\u00eda necesidad de alg\u00fan remedio para prevenir una grave enfermedad. Pero como siente gran repugnancia por medicinarse, es necesario que alguien se lo mande<\/em>\u00bb (C. 22).<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n pide consejo a San Vicente: \u00ab<em>&#8230; acaban de decirme que hay contagio en la casa en la que residen las Hermanas del Hospital General \u2014se trata de la peste\u2014. Le ruego me diga si hay que sacarlas o si, dej\u00e1ndolas all\u00ed, hay que advertir a las Se\u00f1oras que no vayan all\u00e1, y si nosotras mismas debemos ir; me refiero a las Hermanas de aqu\u00ed<\/em>\u00bb (C. 10).<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo hay que tomar precauciones en tiempo de epidemias. Luisa ma-nifiesta su inquietud al Abad de Vaux: \u00ab<em>Me parece no convendr\u00eda que las Herma-nas entrasen por las ma\u00f1anas temprano en ayunas en las salas de los enfermos. &#8216;En los d\u00edas de ayuno de precepto, creo que a las que tienen buena salud les bastar\u00eda con tomar o simplemente aspirar un poco de vino, aunque no en cuaresma<\/em>\u00bb (C. 64).<\/p>\n<p>Luisa conoce bien a sus hijas y sabe lo que se les puede pedir o se puede esperar de ellas. A Sor B\u00e1rbara ANGIBOUST escribe: \u00ab<em>Le recomiendo de manera especial a Sor Juana; no hace mucho ha estado bastante enferma; cuide usted de lo que necesite, se lo ruego; ya la conoce usted, es un alma de paz<\/em>\u00bb (C. 244), es decir: ella no le pedir\u00e1 nada, es usted quien tiene que salir al paso de sus necesidades.<\/p>\n<p>El bienestar espiritual no escapa a su atenci\u00f3n: \u00ab<em>Me gustar\u00eda que Sor Rosa esperase nuestro regreso para hacer los Ejercicios, porque es un poco escrupulosa y hay que atenderla de manera distinta a las dem\u00e1s<\/em>\u00bb (C. 155).<\/p>\n<p>A causa de una enfermedad de la vista, solicita una cofia especial para Sor Juana Lepintre (C. 71) y para Sor Isabel un poco de ejercicio: \u00ab<em>Pienso que no hay peligro en dejarla con tal de que no sea con exceso y de que se pasee o haga alguna cosa en el huerto por lo menos dos veces al d\u00eda<\/em>\u00bb (C. 29). Adem\u00e1s del recreo y de la expansi\u00f3n, \u00bfpor qu\u00e9 no el \u00ab<em>deporte<\/em>\u00ab? En efecto, si la salud de la Hermana lo exige, \u00bfpor qu\u00e9 no unos ba\u00f1os en el r\u00edo Loira?: \u00ab<em>Tengo entendido que el r\u00edo Loira no dista mucho de ah\u00ed; siendo as\u00ed, si los m\u00e9dicos creen que ese remedio es necesario para nuestra buena Hermana y usted \u2014el Abad de VAUX no tiene nada que objetar a ello, pienso, se\u00f1or, que no estar\u00eda mal hiciese la prueba&#8230;<\/em>\u00bb (C. 50).<\/p>\n<p>Pero sabe tambi\u00e9n relativizar las cosas y no dramatizar; as\u00ed da noticias al Abad de VAUX de una postulante que \u00e9l ha enviado: \u00ab<em>est\u00e1 pagando su tributo a la atm\u00f3sfera de los enfermos y de Par\u00eds con una fiebre que espero no sea de importancia<\/em>\u00bb (C. 180).<\/p>\n<p>Conoce tambi\u00e9n los recursos de cada una y se preocupa: \u00ab<em>Le ruego, querida Hermana, que me diga cu\u00e1ndo necesita dinero, porque no quiero que les falte lo necesario para alimentarse y vestirse<\/em>\u00bb (C. 717).<\/p>\n<p>Esta atenci\u00f3n que presta a la persona de cada Hermana y que la lleva a adaptar sus exigencias la lleva tambi\u00e9n a prestar atenci\u00f3n a las familias de las Herma-nas a ella, y su correspondencia aparece esmaltada de noticias de sus parientes. Por ejemplo, escribe a Sor Juana LEPINTRE: \u00ab<em>No s\u00e9 si su t\u00edo le habr\u00e1 escrito; a m\u00ed me ha dicho que su padre y su madrastra est\u00e1n bien pero que sus asuntos van mal. Creo que el molino se ha arruinado otra vez m\u00e1s. He encargado a Sor Turgis que fuera ella misma a verle para tener noticias seguras y tambi\u00e9n para saber si est\u00e1n necesitados. Usted no se preocupe, cont\u00e9ntese con encomendarlos a Dios; yo le comunicar\u00e9 lo que sepa y nosotros cuidaremos de ellos<\/em>\u00bb (C. 75). Esto nos da a conocer las condiciones de vida de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Todas estas atenciones ponen de relieve su finura y su delicadeza psicol\u00f3gica, lo que le permite tambi\u00e9n no dejarse enga\u00f1ar en algunos casos. Conoce bien a sus hijas y pone sobre aviso a San Vicente: \u00ab<em>Nuestra Sor Ana me ha dicho que era demasiado tarde para ir a Bourbon y que hab\u00eda sabido que los m\u00e9dicos hab\u00edan mandado suspender los ba\u00f1os; quiz\u00e1 sea para reanudarlos al mes que viene&#8230; Hab\u00eda yo pensado, mi muy Honorable Padre, para que no pueda, con raz\u00f3n, reprocharnos el no haber ido, si no ser\u00eda conveniente que su caridad mandase a alguien a convencerla de que har\u00eda muy bien en ir, porque o mucho me enga\u00f1o o est\u00e1 tramando algo<\/em>\u00bb (C. 497).<\/p>\n<p>Por otra parte trata de apaciguar los escr\u00fapulos de Sor Isabel MARTIN, que se reprocha el no trabajar. Luisa ha experimentado la importancia que tiene el aspecto psico-som\u00e1tico en las enfermedades: \u00ab<em>se halla usted en el estado en que Dios la quiere&#8230; De este modo rechazar\u00e1 todos esos pensamientos que la impiden ser totalmente seg\u00fan el coraz\u00f3n de nuestro buen Dios y puede que tambi\u00e9n hasta le impidan curarse<\/em>\u00bb (C. 31).<\/p>\n<p>Son sus mismas cualidades de observadora las que le hacen reprender a Sor TURGIS, quien despu\u00e9s de haber recuperado la salud sigue sin trabajo: \u00ab<em>Y bien, tiene usted motivo de humillaci\u00f3n por no tener trabajo, o al menos tan poco&#8230; Cr\u00e9ame, no tenga en cuenta todos los peque\u00f1os obst\u00e1culos que quer\u00edan oponerse a ello. Pronto se le pasar\u00e1 el tiempo de trabajar, dada la edad que tiene usted, y entonces le pesar\u00e1<\/em>\u00bb (C. 232). Ah\u00ed tenemos un realismo expuesto con franqueza.<\/p>\n<p>De este modo Luisa sigue muy de cerca la salud de las Hermanas; reclama noticias, agradece las que recibe y sabe dirigir reproches cuando no recibe noticias o son incompletas: \u00ab<em>me extra\u00f1a no haber sabido que su enfermedad iba para largo<\/em>\u00bb (C. 602), escribe a las Hermanas de CHANTILLY refiri\u00e9ndose a Sor Genoveva. Y a las Hermanas de ANGERS escribe que tengan cuidado las unas de las otras: \u00ab<em>Les ruego que se amen ustedes unas a otras y que tengan gran cuidado tanto de los enfermos del hospital como de ustedes mismas en particular. Compadezco a nuestra Sor Mar\u00eda Marta y espero que se enardezca en el amor de Dios con el ardor de la fiebre<\/em>\u00bb (C. 72). Aqu\u00ed tenemos quiz\u00e1 un remedio para las tibiezas espirituales.<\/p>\n<p>Incluso va m\u00e1s lejos en sus recomendaciones a Sor CARCIREUX refiri\u00e9ndose a Sor Carlota: \u00ab<em>Veo&#8230; que nuestra buena Sor Carlota sigue probada por sus dolencias. No dudo, querida Hermana, de c\u00f3mo le ayuda usted cristianamente&#8230; \u00bfNo es verdad, querida Hermana, que experimenta usted alegr\u00eda al poder servirla en sus necesidades y que la considera como la primera de sus enfermos y la amada compa\u00f1era que Dios le ha dado para ayudarla a caminar hacia la perfecci\u00f3n? \u2014todos estos interrogantes plantean otros tantos interrogantes\u2014. No tenga dificultad en dejar alguno de sus ejercicios ya para asistir a su Hermana, ya para servir a los Pobres&#8230;<\/em>\u00bb (C. 556).<\/p>\n<p>Se inquieta tambi\u00e9n por las ocupaciones que pueden ser perjudiciales a la salud de una Hermana. Llega a pedir que la descarguen de su oficio, porque ha perdido ya un ojo: \u00ab<em>Nuestra agua un poco fuerte, no mucho, puede ser excelente para ella; pero creo que el fuego del horno le es muy perjudicial; por eso le ruego que lo encienda alguna mujer&#8230;<\/em>\u00bb (C. 427). Pero la enfermedad es un medio para experimentar las necesidades de \u00ab<em>nuestros amos los pobres enfermos<\/em>\u00bb (C. 7).<\/p>\n<p>Muestra tambi\u00e9n inter\u00e9s por las terap\u00e9uticas que utilizan nuestras Hermanas. Inclinada a las medicinas suaves, aconseja: \u00ab<em>es preferible usar remedios comunes<\/em>\u00bb (C. 214); &#8230; pero tambi\u00e9n lo es a la homeopat\u00eda, as\u00ed dice a Sor HARDEMONT: \u00ab<em>He recortado algo de las drogas que me pide usted, porque no hay que caer nunca en excesos<\/em>\u00bb (C. 214); y a Sor Isabel MARTIN: \u00ab<em>Me parece que si dejara usted los medicamentos y tomase mucha agua buena, estar\u00eda usted mejor<\/em>\u00bb (C. 28).<\/p>\n<p>Pero cuando se trata de una enfermedad seria reconforta, como en el caso de Sor Isabel (C. 246); o anima, por ejemplo, a Sor Magdalena (C. 119), pero espolea a Sor B\u00e1rbara ANGIBOUST: \u00ab<em>&#8230; si su mala salud le impide levantarse a la hora, ayunar y dem\u00e1s obras de penitencia, piense que en cambio no puede privarla de tener verdadera humildad y ser muy cordial, de tener tolerancia y mansedumbre con el pr\u00f3jimo&#8230;<\/em>\u00bb (C. 186).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo pide a las Hermanas que no usen para ellas medidas diferentes de las que utilizan para los enfermos. Nada de bata, las se\u00f1oritas y burguesas de Par\u00eds no la tienen (cf. C. 559), y si acepta el pescado que le ha enviado Sor Genoveva es solamente porque no \u00ab<em>hubiera sido posible devolv\u00e9rselo con prontitud<\/em>\u00bb (573), porque teniendo en cuenta lo caro que es ese alimento Luisa no est\u00e1 de acuerdo para tomarlo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las fiebres continuas, tercianas, cuartanas (C. 618), en el correo de Luisa encontramos que habla de pulmon\u00eda (C. 262), de enfermedades del pulm\u00f3n, del bazo (C. 185), de fluxiones (C. 209), las incomodidades de una pierna (C. 616) y ya las molestias de los medios de locomoci\u00f3n: \u00ab<em>creo que la indisposici\u00f3n de Sor Mar\u00eda habr\u00e1 venido del traqueteo de la diligencia<\/em>\u00bb (C. 202).<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, Luisa se interesa por todo lo que afecta o puede afectar a la salud de las Hermanas, est\u00e1 al corriente de la epidemiolog\u00eda: \u00ab<em>casi todas las enfermedades de este a\u00f1o acaban as\u00ed<\/em>\u00bb (C. 261).<\/p>\n<p>En los consejos que da Luisa hace alguna referencia a los m\u00e9dicos: \u00ab<em>si al m\u00e9dico le parece bien<\/em>\u00bb (C. 253), \u00ab<em>cuanto antes llame a un m\u00e9dico<\/em>\u00bb (C. 7), \u00ab<em>despu\u00e9s de consultar al m\u00e9dico sobre el estado de sus fuerzas, lo mejor ser\u00eda que nos la enviara<\/em>\u00bb (C. 27).<\/p>\n<p>Respecto a los viajes, multiplica las recomendaciones: \u00ab<em>Har\u00e1 usted el viaje de regreso en dos d\u00edas para no hacer tan largo trayecto de una vez, dada la debilidad de nuestra querida Hermana<\/em>\u00ab. Para Sor Mar\u00eda desea una compa\u00f1era: \u00ab<em>&#8230; juzgo necesario enviar a otra con ella. Puede ponerse enferma en el camino<\/em>\u00bb (C. 44). Y cuando el estado de Sor B\u00e1rbara le produce inquietud, desea que regrese: \u00ab<em>me parece que estar\u00eda mejor aqu\u00ed; creo que ser\u00e1 bastante f\u00e1cil hacerlo por agua y, hasta el puerto, llevarla en una carreta, bien acomodada y abrigada&#8230;<\/em>\u00bb (C. 174).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber utilizado un d\u00eda una carroza, escribe al se\u00f1or Portail para se\u00f1alarle algunos defectos de dicha carroza, que considera peligrosos: \u00ab<em>&#8230; el de tener las portezuelas demasiado bajo el estribo, estando, en cambio, todo el cuerpo del carruaje demasiado elevado por la correa de suspensi\u00f3n, porque si bien es cierto que esto hace que sea m\u00e1s suave, a pesar de todo tiene tal movimiento que yendo yo en \u00e9l, he tenido miedo de que el vaiv\u00e9n que llevaba me arrojase por la portezuela; adem\u00e1s me parece que ser\u00eda necesario hubiese unos agarraderos a cada lado de las portezuelas, aunque ya no est\u00e9n de moda<\/em>\u00bb (C. 617).<\/p>\n<p>Los cuidados que toma para mantener, mejorar o atender la salud de las Her-manas, no excluyen sin embargo las realidades del sufrimiento y de la muerte. Es sobre todo con ocasi\u00f3n de la muerte de las Hermanas cuando encontramos la espiritualidad de Luisa, su adhesi\u00f3n a Jes\u00fas Crucificado. Sus expresiones pueden parecer carentes de sentimientos humanos, como cuando escribe a Sor CARCIR EUX con relaci\u00f3n a Sor Genoveva: \u00ab<em>Si su santa voluntad es disponer de ella esta vez, en el Cielo ver\u00e1 cu\u00e1l es el valor del sufrimiento<\/em>\u00bb (C. 605), o al Padre PORTAIL: \u00ab<em>&#8230; y nuestra buena Sor Mar\u00eda Despinal lleva, seg\u00fan nos han dicho, tres d\u00edas agonizando, lo que me hace pensar que a estas horas Dios habr\u00e1 dispuesto de ella<\/em>\u00bb (C. 151).<\/p>\n<p>Pero sabe tambi\u00e9n mostrarnos la realidad de su afecto y de su fe, c\u00f3mo pode-mos ver en los siguientes extractos de dos cartas:<\/p>\n<p>\u2014A las hermanas de Chantilly reprocha el no haberle avisado c\u00f3mo se hab\u00eda agravado el estado de Sor Isabel TURGI S. Les escribe: \u00ab<em>Qu\u00e9 dolorosamente nos ha sorprendido la noticia de la muerte de nuestra querida Hermana, que est\u00e1bamos lejos de esperar. No dudo de que con toda su caridad se habr\u00e1n preocupado ustedes de proporcionarle cuanta asistencia y consuelo haya necesitado y que, como nosotros, sienten ustedes hondamente el dolor de su p\u00e9rdida. Pero, queridas Hermanas, tenemos motivos para quejarnos de que no nos hayan ustedes avisado de que hab\u00eda empeorado, porque no hubi\u00e9ramos dejado de mandar a visitarla<\/em>\u00bb (C. 263).<\/p>\n<p>Es sobre todo en la segunda, dirigida a Sor Juana DALMAGNE donde en-contramos la expresi\u00f3n m\u00e1s pura de su m\u00edstica de la cruz: \u00ab<em>Adoro con todo mi coraz\u00f3n la orden de la divina Providencia que parece querer disponer de su vida; si la sant\u00edsima voluntad de Dios es que le entregue usted su alma, \u00a1bendito sea su santo nombre!; bien sabe El el dolor que me causa el no poderla asistir en este \u00faltimo acto de amor, que estoy segura va usted a hacer, de entregar voluntariamente su alma al Padre Eterno, con el deseo de honrar el instante de la muerte de su Hijo&#8230; Adi\u00f3s, querida Hermana, suplico de todo coraz\u00f3n a Jes\u00fas Crucificado que la bendiga con todas las virtudes que El practic\u00f3 en la Cruz&#8230;<\/em>\u00bb (C. 91).<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">* * *<\/p>\n<h2>Ayer&#8230; Hoy&#8230; (Extractos)<\/h2>\n<p>En las diferentes Provincias, a lo largo y ancho del mundo, las Hijas de la Ca-ridad encuentran, hoy, situaciones similares a las de la \u00e9poca de Santa Luisa. En el siglo XVII los Poderes P\u00fablicos hab\u00edan intentado dar respuestas a las pobrezas del momento. Pero el desprecio al hombre, la ausencia de una elemental consideraci\u00f3n debida a toda persona, llevaron a nuestros Fundadores a poner en marcha estructuras m\u00e1s humanas para devolver al hombre su dignidad de hijo de Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed, Luisa acogi\u00f3 a refugiados sin distinci\u00f3n de procedencia y reorganiz\u00f3 el servicio establecido para los Ni\u00f1os exp\u00f3sitos. A una con San Vicente, se neg\u00f3 a participar en el encerramiento de los pobres y juntos establecieron el Asilo del Nombre de Jes\u00fas&#8230;<\/p>\n<p>Pero ser\u00eda traicionar a Santa Luisa \u2014y a San Vicente\u2014 no reconocer el motivo que estaba a la base de todas sus actividades: cumplir la voluntad de Dios que no es otra m\u00e1s que la del Amor. Como Hijas de la Caridad hemos sido escogidas para dar testimonio gratuitamente de ese Amor hacia todos \u00ab<em>a los que exteriormente no tienen nada de amable<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>En este mundo en que se dan conmociones de culturas que llevan la marca del desenraizamiento, de la mezcla de poblaciones; en este mundo secularizado portador de contravalores que empobrecen espiritualmente al hombre; en este mundo de hoy es donde estamos llamadas a llevar el mensaje de Cristo. Que Santa Luisa de Marillac, en este cuarto centenario de su nacimiento, nos inspire los actos que hemos de llevar a cabo para cumplir la Voluntad de Dios, nos obtenga la lucidez ante las opciones que haya que hacer y la valent\u00eda para llevarlas a cabo con miras a un mejor servicio a Cristo en los Pobres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfC\u00f3mo capt\u00f3 Santa Luisa la salud, en su \u00e9poca? 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