{"id":58989,"date":"2021-06-27T08:30:57","date_gmt":"2021-06-27T06:30:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=58989"},"modified":"2021-03-14T11:23:02","modified_gmt":"2021-03-14T10:23:02","slug":"las-primeras-sirvientas-de-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-primeras-sirvientas-de-los-pobres\/","title":{"rendered":"Las primeras sirvientas de los pobres"},"content":{"rendered":"<p>El 30 de mayo de 1647, comentando a las primeras Hermanas su regla de vida, Vicente de Pa\u00fal \u00abexclam\u00f3 dulcemente\u00bb \u2014es la expresi\u00f3n que emplea la secretaria que toma los apuntes, Sor Isabel Hellot\u2014, es decir, con admiraci\u00f3n, como contemplando y al mismo tiempo dando gracias:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Ah!, \u00a1qu\u00e9 hermoso t\u00edtulo!, hijas m\u00edas, \u00a1qu\u00e9 hermoso t\u00edtulo y qu\u00e9 hermosa cualidad!&#8230; sirvientas de los pobres, es como si se dijese sirvientas de Jesucristo, ya que El considera como hecho a S\u00ed mismo lo que se hace por ellos, que son sus miembros&#8230;\u00bb (Conf. esp. n.\u00b0 535).<\/p>\n<p>Por su parte, Luisa de Marillac recuerda de continuo a las Hermanas que son siervas: por ejemplo, a B\u00e1rbara Angiboust le escribe: \u00abEl recuerdo de su con-dici\u00f3n de siervas de los pobres es muy necesario a las Hijas de la Caridad para mantenerse fieles a su deber\u00bb, y por el hecho de ser sierva, Sor B\u00e1rbara tiene que aceptar el no tener demasiada prisa en la consecuci\u00f3n del Hospital de Bernay&#8230; \u00abLas cosas que se hacen lentamente, se hacen con solidez\u00bb, le dice tambi\u00e9n Luisa de Marillac (Corr. y Escr. C. 475, p\u00e1g. 444)<\/p>\n<p>Esta palabra, siervas o sirvientas, se encuentra con mucha frecuencia en los labios o en la pluma de ambos fundadores. \u00bfA qu\u00e9 se refer\u00edan al emplearla? Indudablemente, a Cristo Servidor, a Mar\u00eda, Sierva del Se\u00f1or: \u00e9ste es el fundamento teol\u00f3gico de la vocaci\u00f3n de siervas de los pobres, y la primera cita que acabamos de hacer \u2014la de San Vicente\u2014 recuerda el Evangelio de Mateo, cap\u00edtulo 25. Pero es muy probable tambi\u00e9n, y as\u00ed lo parece al menos, que en su carta a B\u00e1rbara, Santa Luisa se refiera asimismo a una realidad social. El contexto lo indica: las Hijas de la Caridad tienen que asemejarse a las sirvientas de su tiempo.<\/p>\n<p>Por lo tanto, nuestra reflexi\u00f3n va a dividirse en tres puntos:<\/p>\n<ol>\n<li>\u00bfQui\u00e9nes eran las sirvientas en el siglo XVII?<\/li>\n<li>Las Hijas de la Caridad: unas sirvientas para los Pobres.<\/li>\n<li>Interpelaciones para nosotras, hoy.<\/li>\n<\/ol>\n<h2>I &#8211; Las sirvientas en el siglo XVII<\/h2>\n<p>Poco nos dicen los libros de Historia acerca de esta categor\u00eda social. Las sir-vientas pertenecen a la masa de la \u00abgente humilde\u00bb, de la que no se habla: se encuentra entre la servidumbre de los ricos: ayudas de c\u00e1mara, lacayos, coche-ros, jardineros&#8230;<\/p>\n<p>En \u00abLa Historia econ\u00f3mica y social de Francia en el siglo XVII\u00bb, Pierre CHAUNU y Richard GASCON les consagran una p\u00e1gina que lleva por t\u00edtulo: \u00abLos criados: esos olvidados de la Historia\u00bb. El t\u00edtulo ya de por s\u00ed es sugestivo; su contenido lo es tambi\u00e9n. \u00abA nivel del pueblo bajo \u2014y por lo mismo al margen de la sociedad\u2014 la servidumbre dom\u00e9stica constitu\u00eda una categor\u00eda numerosa\u00bb. Los autores citan un censo llevado a cabo en Lyon en 1709. En aquella \u00e9poca los criados formaban del 13 al 26% de la poblaci\u00f3n: eran, pues, unos 15.000 de los 86.000 habitantes de la ciudad. Se trata de un censo no muy fiable a causa de la proximidad existente entre el exiguo taller y la vivienda, lo que hace dif\u00edcil distinguir entre el trabajo dom\u00e9stico y el trabajo profesional. La falta de precisi\u00f3n en los contratos de alquiler (de estos criados) demuestra que su \u00abestatus\u00bb estaba mal definido: \u00abAlimentado a boca\u00bb, \u00abse le proporciona fuego y cama\u00bb, es decir se le proporciona alojamiento; pero \u00bfen qu\u00e9 condiciones? Con un sueldo siempre escaso, el criado debe servir a su amo \u00aba cualquier hora\u00bb.<\/p>\n<p>Ambig\u00fcedad y precariedad son las caracter\u00edsticas de la condici\u00f3n de criado. Alimentado y alojado, puede escapar a la miseria, pero tiene que estar a la merced del car\u00e1cter de su amo y de su situaci\u00f3n econ\u00f3mica. Si lo despiden, se encontrar\u00e1 siendo un pobre m\u00e1s entre los pobres, privado de toda seguridad (Cf. \u00abHistoire \u00e9conomique et sociale de la France, au XVIle si\u00e9cle\u00bb, p. 423).<\/p>\n<p>Contemplemos ahora m\u00e1s de cerca a las sirvientas.<\/p>\n<p>Encontramos tipos bastante representativos de \u00absirvientas\u00bb en las comedias de Moli\u00e9re, gran pintor de las costumbres del siglo XVII. Sin duda, a sus sirvientas: Martine, Toinette, Nicole, Dorine&#8230; les asigna la \u00abparte bella\u00bb o digamos el papel simp\u00e1tico, en contraste con la imagen poco seductora que atribuye a sus amos: nobles o m\u00e1s bien burgueses enriquecidos, hinchados de est\u00fapida vanidad o de hipocres\u00eda.<\/p>\n<p>Pero no hay que ver en toda comedia simplemente una caricatura. Es tambi\u00e9n reflejo de una realidad social. Pues bien, resulta que las sirvientas de Moli\u00f3- re vienen a tener unas caracter\u00edsticas constantes que nos permiten suponer que Martine, Toinette, Dorine y Nicole no eran \u00fanicamente personajes de ficci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfQuienes son esas sirvientas?<\/p>\n<p>En su mayor\u00eda, muchachas del campo, aldeanas \u2014los campesinos constitu\u00edan en aquella \u00e9poca del 80 al 85% de la poblaci\u00f3n \u2014 que hab\u00edan ido a la ciudad para ganarse la vida&#8230; Eran pobres de dinero y de cultura&#8230; Segu\u00edan usando el traje y la manera de hablar de su regi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abNo habemos estudiao como ust\u00e9<br \/>\ny hablemos sin remilgor como en nuestro lugar..\u00bb<\/p>\n<p>responde Martina a sus rid\u00edculas amas, que se pagan de su exquisito lenguaje.<\/p>\n<p>Desempe\u00f1an los trabajos humildes y duros en la casa, no retroceden ante ninguna dificultad y no les falta ni la inteligencia ni la iniciativa. Pero son sumisas a sus amos, que tienen poder para abofetearlas o despedirlas en cual-quier momento.<\/p>\n<p>Poseen un buen sentido espont\u00e1neo, que expresan con franqueza y buen humor, un humor a trav\u00e9s del cual se descubre a veces la ternura, el afecto&#8230; porque esas sirvientas son verdaderamente personas de casa, de la familia, adictas a sus amos, atentas y fieles.<\/p>\n<p>Su filosof\u00eda es sencilla: condenan la hipocres\u00eda y la falsa grandeza y se empe\u00f1an en hacer triunfar lo que es sencillo y verdadero.<\/p>\n<p>Por eso merecen la confianza y aun las confidencias de sus se\u00f1ores&#8230; Pers-picaces y listas, son ellas las que facilitan el matrimonio de los j\u00f3venes enamorados a los que se contrar\u00eda en su amor por la locura de un padre o de una madre.<\/p>\n<p>Estas dos fuentes de informaci\u00f3n, documento de historia y teatro, nos permiten tener una idea acerca de la personalidad y de la condici\u00f3n social de las sir-vientas del siglo XVII&#8230; Pobreza, trabajo, sumisi\u00f3n, dependencia, fidelidad, son sus rasgos caracter\u00edsticos.<\/p>\n<h2>II &#8211; Las Hijas de la Caridad, unas sirvientas<\/h2>\n<p>Ya conocemos la historia de nuestros or\u00edgenes.<\/p>\n<p>En 1617, viendo las miserias de su tiempo, Vicente de Pa\u00fal funda las Cofrad\u00edas de la Caridad, que, despu\u00e9s de la de Chatillon, se van multiplicando por las provincias y tambi\u00e9n en Par\u00eds. Ocurre con frecuencia que, debido a sus obliga-ciones sociales y a su posici\u00f3n, las se\u00f1oras de las \u00abcaridades\u00bb no pueden cum-plir de manera permanente los \u00abservicios bajos y penosos\u00bb de que necesitan los pobres. Para sustituirlas, env\u00edan a sus criados, que no responden a lo que se pretende.<\/p>\n<p>Entonces, se presenta Margarita Naseau, que mostrar\u00e1 el camino a las dem\u00e1s, y tras ella, Mar\u00eda Joly, Enriqueta Gesseaume, B\u00e1rbara Angiboust, Juana, Genoveva, Isabel&#8230; y muchas m\u00e1s.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac las re\u00fane y las forma para el servicio.<\/p>\n<h3>A. \u00bfQui\u00e9nes son?<\/h3>\n<p>Son aldeanas, muchachas sencillas. Algunas han servido como criadas: tal es el caso de Juana Lepintre, en casa de la Sra. Goussault, el de Juana Dalmagne, en San Germ\u00e1n en Laye (Conf. esp. nn. 312, 315), probablemente tambi\u00e9n el de Mar\u00eda Joly&#8230;<\/p>\n<p>El \u00abSe\u00f1or Vicente\u00bb se complace en record\u00e1rselo para incitarlas a la humildad y a la acci\u00f3n de gracias: \u00abPobres aldeanas, porqueras, como yo&#8230; ten\u00e9is la dicha de ser las primeras llamadas a este santo ejercicio, vosotras, pobres aldeanas e hijas de artesanos&#8230;\u00bb (Conf. esp. n. 37\/39).<\/p>\n<p>\u00abHijas m\u00edas, procedemos de familias humildes, vosotras y yo. Yo soy hijo de un labrador, me han alimentado muy pobremente&#8230; Hermanas m\u00edas, acord\u00e9monos de nuestra condici\u00f3n&#8230;\u00bb (Conf. esp. n. 1769)<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Ay! \u00bfqu\u00e9 somos nosotros sino pobres gentes? Somos unos pobres, vosotras y yo; vosotras sois, si no todas, al menos la mayor parte, unas pobres aldeanas&#8230;\u00bb (Conf. esp. 2096).<\/p>\n<p>Y cuando se presenten tambi\u00e9n j\u00f3venes de ambientes m\u00e1s desahogados \u2014familias de labradores propietarios o del primer escal\u00f3n de la burgues\u00eda de las ciudades\u2014, tendr\u00e1n que tener las mismas se\u00f1as exteriores e iguales disposicio-nes interiores que las sirvientas: tal es su identidad.<\/p>\n<p>\u00abNinguna distinci\u00f3n, ninguna diferencia&#8230;\u00bb (Conf. esp. n. 144).<\/p>\n<p>Su nombre de \u00abhijas\u00bb (o j\u00f3venes o muchachas, traducci\u00f3n de \u00abfilles) indica un estado de vida y una condici\u00f3n social. No son ni se\u00f1oras ni se\u00f1oritas. Llevan la indumentaria de las campesinas de la regi\u00f3n en torno a Par\u00eds. Margarita Ch\u00e9tif quisiera modificar el tocado porque los feligreses de Arras no dejan de mirarlas en la iglesia. El Se\u00f1or Vicente se opone a ello y le pide que \u00absoporte con paz esa humillaci\u00f3n\u00bb (S\u00edg. VI, 110). En cambio, no oculta su alegr\u00eda cuando ve a Hermanas \u00abpor la calle, con el cesto a la espalda\u00bb (Conf. esp. n. 1411.<\/p>\n<p>Los documentos oficiales de la Compa\u00f1\u00eda: s\u00faplica, aprobaci\u00f3n&#8230; estipulan que, siendo las sirvientas de los pobres de humilde condici\u00f3n&#8230; sean empleadas en las cosas m\u00e1s bajas que hay que hacer con esos enfermos&#8230;\u00bb (S\u00edg. X, p. 771-12), y los Fundadores recuerdan en su correspondencia esa relaci\u00f3n esencial que existe entre la condici\u00f3n y el servicio.<\/p>\n<p>Como las sirvientas, las primeras Hermanas tienen que trabajar.<\/p>\n<p>\u00abSor Ana&#8230; \u00bfqu\u00e9 hace usted? \u2014escribe Santa Luisa \u2014 Si no se encuentra bien, le dir\u00e9 lo que otras veces le he dicho: que hay que trabajar, porque la holgazaner\u00eda fomenta el pecado en el alma y la indisposici\u00f3n en el cuerpo&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 622, p. 568).<\/p>\n<p>Pero los Fundadores establecen siempre una diferencia entre el \u00abempleo\u00bb, es decir, el servicio a los pobres y el trabajo para ganarse la vida: lavar ropa, hacer dulces, cr\u00eda de animales a peque\u00f1a escala, hilar o tejer&#8230;<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Trabajo manual quiere decir lo que hac\u00e9is fuera de las horas en que est\u00e1is ocupadas con los enfermos\u00bb, explica San Vicente en la Conferencia del 30 de mayo de 1647 (Conf. esp. n. 536); y en la de 28 de noviembre de 1649, sobre el amor al trabajo, enumera las razones que existen para que se d\u00e9 ese trabajo manual: ganarse la vida, ayudar a la formaci\u00f3n de las Hermanas j\u00f3venes, permenecer en el estado de sirvientas, sin olvidar los propios or\u00edgenes: \u00abLa mayor\u00eda de nosotras estar\u00edamos obligadas a ganarnos la vida si estuvi\u00e9ramos en el mundo&#8230;\u00bb (Conf. esp. n. 801).<\/p>\n<p>En el servicio a los pobres, la situaci\u00f3n de las Hermanas es con frecuencia delicada y la sumisi\u00f3n que deben mostrar hacia las personas que las han pedido<\/p>\n<p>sobre todo las Se\u00f1oras de la Caridad\u2014 exige de ellas mucha humildad.<\/p>\n<p>\u00abNo me extra\u00f1an todas sus dificultades con las se\u00f1oras; es corriente all\u00e1 donde hay Hospitales unidos con la Caridad de las parroquias que se vean desavenencias; sin que haya culpa por parte de unos ni de otros&#8230;<\/p>\n<p>escribe Luisa de Marillac a Lorenza Dubois, en Bernay\u2014. Lo que tiene usted que hacer&#8230; es ser muy humilde&#8230; pensar que est\u00e1 sujeta a todos, que es la \u00faltima de todos y que no tiene ning\u00fan poder&#8230; En lo que se refiere a las cuentas que tiene que rendir, h\u00e1galas siempre con la mayor exactitud y lo m\u00e1s humildemente que pueda&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 622, p. 567).<\/p>\n<p>Ya las Hermanas de Montreuil s\/Mer, Ana Hardemont y Mar\u00eda Lullen: \u00abAcu\u00e9rdense, queridas Hermanas, de ser siempre las m\u00e1s peque\u00f1as y las \u00faltimas en el Hospital&#8230; Me alegro de la determinaci\u00f3n que han mostrado esos se\u00f1ores de elegir una superiora para el Hospital \u2014 no una Hija de la Caridad \u2014: obed\u00e9zcanla en todo lo que puedan y no piensen que por humillarse van a ser objeto de desprecio\u00bb (Corr. y Escr. Coste, n. 214, p. 222).<\/p>\n<p>No obstante, a veces la situaci\u00f3n de las Hermanas se hace imposible y Luisa de Marillac trata de poner remedio:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfNo se podr\u00eda dar una orden \u2014escribe a Vicente de Pa\u00fal \u2014 para que nuestras Hermanas de San Sulpicio no estuvieran tan recargadas en tener que llevar medicinas? Tienen que llev\u00e1rselas a enfermos que no son atendidos por la Caridad. Hay cinco o seis personas que les dan \u00f3rdenes; esto a\u00f1adido a los desprecios que les hacen y las sospechas que de ellas se tienen, las desanima mucho. \u00bfNo podr\u00edan tambi\u00e9n cambiar de habitaci\u00f3n?\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 171, p. 79).<\/p>\n<p>En Angers existe el mismo problema, y escribe al Abad de Vaux: \u00abNuestra Sor Magdalena (Magdalena Mongert, la Hermana Sirviente) me hace ver las faltas de que se las acusa, de modo que veo muy dif\u00edcil que puedan hacerlo mejor, ya que hay demasiadas personas para mandarlas&#8230;; con mucha frecuencia, lo que uno manda, otro lo prohibe&#8230; \u00bfNo habr\u00eda medio de proponerles que&#8230; sea uno s\u00f3lo, por turno, el que ordene&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 42, p. 54).<\/p>\n<p>Sea como quiera de esas situaciones dif\u00edciles, lo que los Fundadores temen m\u00e1s que nada es que las Hermanas se alejen o desv\u00eden de su identidad de sirvientas, terminando por dejar la vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En La F\u00e9re, Sor Juliana ense\u00f1a el catecismo de una manera un tanto llamativa y brillante&#8230; Luisa escribe en sus notas: \u00abHabiendo Dios escogido a j\u00f3venes aldeanas para el establecimiento s\u00f3lido de las siervas de los Pobres Enfermos, y siendo esta forma de instruir llamativa y brillante, puede resultar que&#8230; una vez entrenadas (las Hermanas)&#8230; pretendan que se les exima de otros trabajos y hasta el trato con las que en ellos se emplean, lo que, al neg\u00e1rseles, pronto las empujar\u00eda a salir de la Compa\u00f1\u00eda&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. E. 108, n. 284, p. 285).<\/p>\n<p>Veamos el retrato que hace Santa Luisa de Margarita Ch\u00e9tif, escribiendo al P. Ozenne, Superior de Varsovia. A Margarita se la hab\u00eda escogido como Hermana Sirviente de la peque\u00f1a Comunidad que hab\u00eda de partir para Polonia: \u00ab&#8230;lo \u00fanico que temo es que no est\u00e1 acostumbrada al ambiente de la corte, ni mucho tampoco a los cumplidos mundanos. Obra buenamente; aunque no le faltan ni la inteligencia ni el criterio, tiene toda la prudencia necesaria y sabe hacer uso de ella; en una palabra, parece actuar en todo dentro de una gran sencillez\u00bb (Corr. y Escr., Coste, 501, p. 467).<\/p>\n<p>Es el retrato de una sirvienta. En 1660, a la muerte de Santa Luisa, Margarita Ch\u00e9tif ser\u00e1 la Superiora General de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<h3>B. \u00bfSirvientas para qui\u00e9n?<\/h3>\n<p>En 1630, las primeras j\u00f3venes se conf\u00edan a las Se\u00f1oras de las Cofrad\u00edas para desempe\u00f1ar los empleos humildes al servicio de los pobres. Las Se\u00f1oras les indican cada d\u00eda lo que tienen que hacer y les piden que les den cuenta de ello: pero su vocaci\u00f3n est\u00e1 clara: no est\u00e1n al servicio de las Se\u00f1oras.<\/p>\n<p>En 1636, tres a\u00f1os despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, Mar\u00eda Dionisia y B\u00e1rbara dan la misma respuesta a la Duquesa de Aiguillon, que desea tener en su casa una Hija de la Caridad: \u00abSe\u00f1ora, he salido de casa de mis padres para servir a los pobres, y usted es una gran dama, rica y poderosa. Si usted fuera pobre, se\u00f1ora, la servir\u00eda de buena gana\u00bb (Cf. esp. n. 2242).<\/p>\n<p>\u00a1Extraordinaria novedad! \u00a1Inversi\u00f3n de valores por causa del Evangelio! Estas j\u00f3venes escogen deliberadamente servir a los pobres en vez de a los ricos. Vicente no pudo por menos de a\u00f1adir al referir esto a Luisa de Marillac: \u00ab\u00bfQu\u00e9 le parece, Se\u00f1orita? \u00bfNo le entusiasma ver la fuerza del Esp\u00edritu de Dios en esas dos pobres j\u00f3venes y el desprecio que les inspira del mundo y su grandeza?\u00bb (S\u00edg. I, p. 358).<\/p>\n<p>Y cuando hay peligro de que se difumine esta prioridad, por causa de diferentes circunstancias, los Fundadores la recuerdan con energ\u00eda:<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal escribe a Sor Ana Hardemont, que est\u00e1 en Ussel: \u00abLas Hijas de la Caridad est\u00e1n \u00fanicamente para los pobres enfermos que no tienen a nadie que les atienda, y no para las se\u00f1oras que tienen medios para hacerse servir&#8230;\u00bb (S\u00edg. VII, 388).<\/p>\n<p>A Sor Francisca M\u00e9nage, en Nantes: \u00abLa pr\u00e1ctica de la caridad, cuando es necesaria, como la de asistir a los miembros afligidos de Nuestro Se\u00f1or, es preferible a cualquier otro ejercicio\u00bb (S\u00edg. VI, 459).<\/p>\n<p>Y Luisa de Marillac a Lorenza Dubois, en Bernay: \u00ab&#8230;Dios no ha llamado a nuestra vocaci\u00f3n para ayudar a las se\u00f1oras en el servicio a los pobres y por consiguiente somos las servidoras de unas y otras\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 588, p. 539).<\/p>\n<h3>C. Sirvientas de los pobres, \u00bfPor qu\u00e9?<\/h3>\n<p>A siete Hermanas enviadas a misi\u00f3n a Hennebont, Montmirail y Nantes, Vi-cente de Pa\u00fal puntualiza: \u00ab&#8230;si os llevan a ver al Sr. Obispo de esa regi\u00f3n, le pedir\u00e9is su bendici\u00f3n&#8230; Si os pregunta qui\u00e9nes sois&#8230; decidle que sois unas pobres Hijas de la Caridad que os hab\u00e9is entregado a Dios para el servicio a los pobres&#8230;\u00bb (Conf. esp. n. 906-7).<\/p>\n<p>Animadas por la Fe y el Amor a Dios, aquellas sirvientas de un tipo nuevo ven a Jesucristo en el pobre que sufre, quienquiera que sea ese pobre y dondequiera que se encuentre. Comentando el pensamiento expresado por una Hermana en la conferencia sobre el amor de Dios, San Vicente insiste: \u00ab&#8230;Como ha dicho una Hermana&#8230; al servir a los pobres se sirve a Jesucristo. Hijas m\u00edas \u00a1cu\u00e1nta verdad es esto!&#8230; Id a ver a los pobres condenados a galeras, en la cadena, y en ellos encontrar\u00e9is a Dios&#8230; servid a esos ni\u00f1os, y en ellos encontrar\u00e9is a Dios&#8230; Vais a unas casas muy pobres, pero all\u00ed encontrar\u00e9is a Dios. \u00a1Oh, hijas m\u00edas!, \u00a1a cu\u00e1nto agradecimiento nos obliga esto!\u00bb (Conf. esp. n. 414).<\/p>\n<p>Fortalecidas con tales convicciones, las sirvientas consideran a los pobres como a sus amos, que tienen derecho a ser exigentes: Sor B\u00e1rbara recoge con toda mansedumbre la sopa que un forzado a galeras le ha tirado a la cabeza, y le muestra un rostro afable (Conf. esp. n. 2243). Juana Dalmagne escog\u00eda el pan m\u00e1s tierno para d\u00e1rselo a los pobres, diciendo: \u00abA Dios no se le puede dar m\u00e1s que lo que es bueno\u00bb (Conf. esp. n. 305). Enriqueta Gesseaume suplic\u00f3 a Vicente de Pa\u00fal que la enviara a Calais a tomar el puesto de las que hab\u00edan muerto cuidando a los soldados heridos en la batalla de las Dunas (S\u00edg. XI\/3 p. 353).<\/p>\n<p>Jesucristo es a la vez el pobre a quien se sirve con amor y el modelo deteni-damente contemplado en la oraci\u00f3n: \u00ab&#8230;tenemos que tener continuamente ante la vista nuestro modelo, que es la vida ejemplar de Jesucristo, a cuya imitaci\u00f3n estamos llamadas no s\u00f3lo como cristianas, sino tambi\u00e9n por haber sido elegidas por Dios para servirle en la persona de sus pobres\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 257, p. 259).<\/p>\n<h3>D. Sirvienta de los pobres, \u00bfC\u00f3mo?<\/h3>\n<p>Si el servicio a los ricos resulta dif\u00edcil, el que se presta a los pobres no lo es menos, por el sufrimiento continuo que tienen. Escuchemos a San Vicente: \u00abJua-na, pronto ver\u00e1s que la caridad pesa mucho&#8230; T\u00fa eres la humilde sirvienta de los pobres, siempre sonriente y de buen humor. Ellos son tus amos, unos amos terriblemente susceptibles y exigentes: ya lo ver\u00e1s. Entonces, cuanto m\u00e1s feos sean y sucios, cuanto m\u00e1s injustos y groseros sean, tanto m\u00e1s tendr\u00e1s que darles tu amor. \u00a1S\u00f3lo a cambio de tu amor te perdonar\u00e1n los pobres el pan que les des! (seg\u00fan la pel\u00edcula: Monsieur Vincent).<\/p>\n<p>Entre las numerosas exigencias del servicio a los pobres, vamos a detenernos en tres: la proximidad o cercan\u00eda, la competencia y la obediencia.<\/p>\n<p>\u2022 La proximidad<\/p>\n<p>Estar cercano a alguien lleva consigo connotaciones de trato, de semejanza, de comprensi\u00f3n. Estar cercano a alguien no significa \u00abser como\u00bb, sino \u00abestar con\u00bb.<\/p>\n<p>Genoveva Doinel se ha quedado cierto tiempo sola en Chantilly cuando recibe una nueva compa\u00f1era que le env\u00edan. Con esta ocasi\u00f3n, Luisa de Marillac le escribe: \u00ab&#8230;Le ruego sea usted para ella ejemplo de verdadera Hija de la Caridad, que es de Dios para el servicio a los pobres y que, por consiguiente, tiene que estar m\u00e1s con los pobres que con los ricos&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 690, p. 622). Con frecuencia encontramos esta recomendaci\u00f3n en las cartas de Santa Luisa, porque de sobra sabe la tentaci\u00f3n tan fuerte que resulta para las Hermanas el conversar con personas acomodadas.<\/p>\n<p>Al igual que los pobres, sus amos, las Hijas de la Caridad han de vivir pobre-mente; as\u00ed lo prescribe con firmeza el reglamento de Angers: \u00abCuidar\u00e1n de los bienes de los pobres como si fueran de Dios&#8230;; para vivir, vestir y dormir, se contentar\u00e1n con lo que se les d\u00e9; en resumen, se acordar\u00e1n de que han nacido pobres, de que tienen que vivir como pobres, por amor al Pobre de los pobres, Jesucristo Nuestro Se\u00f1or&#8230;\u00bb (S\u00edg. X, p. 681).<\/p>\n<p>Vivir pobremente es ahorrar, aceptar vivir con restricciones, escoger lo menos bueno, dar lo mejor a los pobres: d\u00eda tras d\u00eda y al filo de los acontecimientos, Luisa de Marillac invita a las Hermanas a que acomoden su estilo de vida al de los pobres. Sor Ana Hardemont ha hecho un pedido de medicamentos demasiado abundante. Estos correr\u00edan el riesgo de echarse a perder: \u00abRecuerden que es a los pobres a quienes sirven y que es el dinero de ellos el que emplean ustedes, por lo que tienen que ahorrarlo al c\u00e9ntimo para tener la conciencia tranquila\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 214, p. 222).<\/p>\n<p>Con frecuencia, la asignaci\u00f3n prevista en los contratos de fundaci\u00f3n para el servicio a los pobres y el sostenimiento de la Comunidad, no se abona a tiempo: las Hermanas se ven entonces en aprietos; tal es el caso de Arras. Luisa escribe a Margarita Ch\u00e9tif: \u00abLe ruego, querida Hermana, que me diga cu\u00e1ndo necesita dinero, porque no quiero que les falte lo necesario para alimentarse y vestirse, como si estuvieran en la Casa&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 717, p. 648).<\/p>\n<p>Sin embargo, para el alimento y el vestido, las sirvientas de los pobres deben preferir, cuando de ellas se trata, lo menos bueno: \u00abLe agradezco de coraz\u00f3n, querida Hermana (Sor Genovena Doinel)&#8230; el hermoso pescado que nos ha enviado: si hubiese sido posible devolv\u00e9rselo con prontitud, le hubiera rogado diera usted con \u00e9l un fest\u00edn a sus pobres enfermos, porque bien sabemos que nuestra Compa\u00f1\u00eda no se regala de ese modo&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 573, p. 527). Sor Juliana Loret, que ha tenido el detalle de enviar hermosa fruta a la Casa Madre, y a su vez Sor B\u00e1rbara, sidra de Normand\u00eda, recibir\u00e1n la misma respuesta.<\/p>\n<p>En Bernay, las se\u00f1oras de la Caridad est\u00e1n buscando un alojamiento para las Hermanas. Luisa escribe a Sor B\u00e1rbara: \u00ab&#8230;Pienso, Hermana, que cuando se trate de buscarles alojamiento definitivo, tendr\u00e1 usted cuidado de elegir una vivienda propia para unas pobres muchachas&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 475, p. 445). Pero resulta que la casa escogida es demasiado hermosa para unas sirvientas, y Luisa no vacila en adoptar un tono severo: \u00abY \u00bfqu\u00e9 le dir\u00e9 de esa hermosa casa en que habitan ustedes? Su profesi\u00f3n de peque\u00f1ez y pobreza, \u00bfno le hace sentir a veces como oleadas de temor? (Corr. y Escr. Coste, 553, p. 508).<\/p>\n<p>Pobreza de bienes y pobreza de coraz\u00f3n son inseparables. El sufrimiento, la enfermedad, la humillaci\u00f3n, constituyen \u00abla fortuna\u00bb de los pobres. \u00bfPor qu\u00e9 no habr\u00eda de serlo tambi\u00e9n la de sus sirvientas?<\/p>\n<p>La guerra civil de La Fronda ha causado estragos en Angers. Luisa escribe a Sor Cecilia Angiboust, Hermana Sirviente del Hospital: \u00abLa lectura de todas las aflicciones y calamidades ocurridas en Angers me ha causado honda pena por todo lo que los pobres tendr\u00e1n que sufrir; suplico a la divina bondad los consuele y les d\u00e9 el socorro que necesitan. Tambi\u00e9n ustedes, queridas Hermanas, han tenido gran trabajo y dificultades; pero, \u00bfhan pensado que era justo que las siervas de los pobres sufriesen con sus amos?&#8230; (Corr. y Escr. Coste, 404, p. 382).<\/p>\n<p>Al hacer los env\u00edos a misi\u00f3n, San Vicente no oculta a las Hermanas lo que tendr\u00e1n que sufrir: \u00abOtro medio para humillaron ser\u00e1n las ocasiones que podr\u00e9is tener para ello por parte de las mismas personas a quienes quer\u00e1is ayudar. Hijas m\u00edas, pod\u00e9is esperarlo as\u00ed&#8230; y podr\u00e1 suceder, quiz\u00e1, que el desprecio con que os traten sea tan grande que toda la Compa\u00f1\u00eda tenga que sufrir alguna censura&#8230;\u00bb (Conf. esp. n. 1523 &#8211; env\u00edo de dos hermanas a La F\u00e9 re).<\/p>\n<p>Esta semejanza con los pobres, querida y buscada, hace que las Hermanas est\u00e9n atentas a sus necesidades, envuelto todo ello en gran respeto: \u00abNo s\u00e9 si tienen ustedes la costumbre de lavar las manos a los pobres; si no lo hacen, les ruego se acostumbren a ello\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 331, p. 324). \u00a1Cu\u00e1nta delicadeza encierran estas palabras!: \u00ab&#8230;les ruego&#8217; hagan por sus pobres todo lo que puedan, especialmente en relaci\u00f3n con el servicio espiritual que les deben ustedes&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 241, p. 243).<\/p>\n<p>Hay una expresi\u00f3n que solemos encontrar frecuentemente en la correspon-dencia de Luisa de Marillac: \u00ablos pobres vergonzantes\u00bb; con ella designa a los pobres que se ocultan, que no se atreven a manifestar o mostrar su pobreza. El objetivo de las Caridades era la visita a los pobres, al enfermo, en su propia casa: la relaci\u00f3n personal, el descubrimiento de sus necesidades. Ahora bien, en diferentes lugares las se\u00f1oras de las cofrad\u00edas prefer\u00edan abrir un hospital. En ese caso, \u00bfqu\u00e9 suerte les esperas a los pobres vergonzantes? Luisa pone en guardia a las Hermanas:<\/p>\n<p>A Sor B\u00e1rbara, en Bernay: \u00ab&#8230;Ya ver\u00e1 usted c\u00f3mo los pobres vergonzantes van a verse privados del socorro que era para ellos la comida ya preparada y las medicinas, y que la peque\u00f1a cantidad de dinero que se les proporcionaba ya no se emplear\u00e1 en sus necesidades&#8230; Estamos obligadas&#8230; a impedir que esto ocurra&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 553, p. 508). Igualmente es la advertencia hecha a Sor Francisca Carcireux, en Narbona.<\/p>\n<p>Por todas partes, la vocaci\u00f3n de sirvientas implica que las Hermanas sean la voz de los que no tienen voz. Luisa escribe a Sor B\u00e1rbara Angiboust: \u00ab&#8230;gozan ustedes la dicha de tener ah\u00ed, en Fontainebleau, a nuestra bondadosa Reina; si Su Majestad quiere hablarle, no ponga ninguna dificultad&#8230; no dejen de hacerlo tambi\u00e9n (exponerle las necesidades), con toda verdad, con las de los pobres.\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 241, p. 243).<\/p>\n<p>\u2022 La competencia<\/p>\n<p>Como las sirvientas de su tiempo, las primeras Hermanas son, en general, pobres de cultura, pero no carecen ni de inteligencia ni de buen juicio, ni de perspicacia, y los Fundadores no dudan en confiarles pesadas responsabilidades. As\u00ed tenemos a Juliana Loret Directora del Seminario a los 25 a\u00f1os, y a los 26, reemplazar\u00e1 a Santa Luisa durante sus viajes, como Hermana Sirviente de la Casa Madre.<\/p>\n<p>Varias de ellas asumir\u00e1n la funci\u00f3n de Hermana Sirviente muy poco despu\u00e9s de su ingreso en la Compa\u00f1\u00eda, y aunque la Fundadora no dejar\u00e1 de seguirlas muy de cerca, tendr\u00e1n que enfrentarse con toda suerte de dificultades: con los admi-nistradores, el P\u00e1rroco, las Se\u00f1oras \u2014y salir adelante d\u00eda tras d\u00eda.<\/p>\n<p>La buena voluntad y la intuici\u00f3n no siempre bastan: el servicio a los pobres exige una verdadera competencia esto es cuesti\u00f3n de justicia. Enriqueta Gesseaume es una excelente boticaria y prepara los medicamentos con gran competencia. Por eso, antes de que se la llame del Hospital de Nantes, la Hermana Sirviente tendr\u00e1 que cuidar de preparar a otra Hermana en esos empleos. \u00ab&#8230;Le ruego me diga lo m\u00e1s pronto posible si no podr\u00eda usted acabar de ense\u00f1ar a una Hermana que ya sepa hacer remedios, a que haga las preparaciones de los medicamentos, porque ahora nos ser\u00eda dif\u00edcil enviarle una ya for-mada\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 286, p. 283).<\/p>\n<p>El nivel de instrucci\u00f3n en las escuelas primarias no era muy alto, que digamos; pero por lo menos hab\u00eda que saber leer y escribir para ense\u00f1arlo a las ni\u00f1as. Sor B\u00e1rbara tiene setenta alumnas en Fontainebleau, y puesto que ha llegado a nuestro poder el documento oficial permitiendo la apertura de una escuela en la Casa Madre, en la feligres\u00eda de San Lorenzo, \u00bfpor qu\u00e9 no pensar que serv\u00eda de escuela de pr\u00e1cticas para las Hermanas j\u00f3venes que hab\u00edan de aprender para ense\u00f1ar? \u00abHay que pensar un poco en la manera de ense\u00f1ar a sus hijas a llevar la escuela&#8230;\u00bb, le escribe Vicente a Luisa (S\u00edg. I, 446).<\/p>\n<p>Para este aprendizaje, las primeras Hermanas podr\u00e1n ir a casa de las Ursulinas, que est\u00e1n m\u00e1s especializadas en la ense\u00f1anza. Despu\u00e9s, utilizar\u00e1n los mismos m\u00e9todos pedag\u00f3gicos. Con relaci\u00f3n a la ense\u00f1anza a los Ni\u00f1os Exp\u00f3sitos, en Bic\u00e9tre, Luisa escribe: \u00abMe gustar\u00eda tuvi\u00e9semos esos carteles alfab\u00e9ticos que pondr\u00edamos en las paredes: es el m\u00e9todo que tienen las Ursulinas en alg\u00fan lugar&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 210, p. 217).<\/p>\n<p>En lo tocante a las enfermeras, es muy importante que sepan hacer sangr\u00edas y administrar los remedios, ya que en ello va la salud de los enfermos. Tienen que poner tambi\u00e9n gran atenci\u00f3n en c\u00f3mo proceden los m\u00e9dicos, e instruirse mutuamente. \u00abTodo esto es muy necesario \u2014dice el Sr. Vicente\u2014 y har\u00e9is mucho bien cuando est\u00e9is instruidas en todo. Es conveniente que teng\u00e1is algunas charlas sobre este tema\u00bb (Conf. esp. n. 363). Hay que tener en cuenta tambi\u00e9n que las cartas de Luisa de Marillac est\u00e1n llenas de consejos acerca de los cuidados que hay que dar a los enfermos, de recetas para preparar medicamentos y pociones eficaces&#8230; recetas que se transmiten de unos a otros.<\/p>\n<p>La ense\u00f1anza del catecismo es una de las prioridades de la Iglesia en el siglo XVII: la ha recomendado el Concilio de Trento para poner remedio a la ignoran-cia del pueblo. En las escuelas, en las parroquias, en las salas de los hospitales, las Hermanas \u00abense\u00f1an la doctrina\u00bb. Para ello es necesario que adquieran una formaci\u00f3n (v\u00e9ase la conferencia del 16 de marzo de 1659: Conf. esp. n. 2212 y ss.). En el Consejo del 22 de marzo de 1648, se dio un hecho significativo. Luisa de Marillac se da cuenta de que ha enviado a Sor Turgis el catecismo de Belarmino, pero teme que esta obra no sea adecuada para las Hijas de la Caridad, que deben permanecer en humildad. \u00abNuestro venerado Padre respondi\u00f3: Se\u00f1orita, no hay ning\u00fan catecismo mejor que el de Belarmino; si todas nues-tras Hermanas lo supieran y lo ense\u00f1aran, no ense\u00f1ar\u00edan m\u00e1s que lo que deben ense\u00f1ar, ya que les toca a ellas instruir a los dem\u00e1s, y sabr\u00edan lo que tienen que saber los p\u00e1rrocos\u00bb (Sig. X. p. 792).<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 decir de la formaci\u00f3n psicol\u00f3gica y espiritual de las Hermanas Sirvientes que, alejadas de la Casa Madre, deben cuidar de la buena marcha de una comunidad?<\/p>\n<p>Creo que se puede asegurar que, para el servicio a los pobres, y gracias a sus fundadores, las Hijas de la Caridad ten\u00edan una formaci\u00f3n superior a las de las mujeres de su clase social.<\/p>\n<p>\u2022 La obediencia<\/p>\n<p>Tenemos ocho conferencias de San Vicente dedicadas a este tema: cuatro tratan de la obediencia propiamente; otras cuatro, de la \u00abindiferencia\u00bb, es decir, la disponibilidad. Van surcando, por decirlo as\u00ed, la historia de la Compa\u00f1\u00eda de 1642 a 1659. Con esto queda dicho, a la vez, la necesidad de la obediencia y sus difi-cultades.<\/p>\n<p>Obedecer: \u00bfpor qu\u00e9? Para imitar a Jesucristo: \u00ab&#8230;la Hija de la Caridad, que tiene que formarse sobre el modelo de Jesucristo, \u00bfquerr\u00e1 hacer algo distinto de la voluntad de Dios? (Conf. esp. n. 850).<\/p>\n<p>y para servir a los pobres: \u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si alguna se atreviese a desobedecer?&#8230; \u00bfQui\u00e9n ir\u00eda a esos pobres condenados a galeras? \u00bfQui\u00e9n servir\u00eda a esos pobres enfermos de las aldeas? \u00bfQui\u00e9n visitar\u00eda a los que est\u00e1n sin asistencia en sus habitaciones, en esos pajares?&#8230; \u00bfPodr\u00eda realizarse todo esto si no se os pudiese mover de un lugar?&#8230; (Conf. esp. n. 856).<\/p>\n<p>Estas j\u00f3venes que van y vienen por las calles para el servicio, \u00abtienen por clausura la obediencia\u00bb. Por eso, no podr\u00e1n emprender nada por propia voluntad suya: los fundadores se muestran firmes y exigentes en este punto.<\/p>\n<p>Vicente escribe a Sor Maturina Gu\u00e9rin, que est\u00e1 en La F\u00e9re: \u00abLe ruego que una vez que reciba la presente, se disponga a venir en el primer coche; se ha presentado la apertura de un establecimiento importante, en Breta\u00f1a (era Belle-Isle), para el que la necesitamos. D\u00e9 las instrucciones que crea necesarias a la Hermana que est\u00e1 con usted, para que se haga cargo de las cosas hasta que le hayamos enviado una Compa\u00f1era&#8230;\u00bb (S\u00edg. VIII, 383).<\/p>\n<p>En agosto de 1651, Sor Enriqueta Gesseaume, que est\u00e1 en N\u00e1ntes, recibe la siguiente carta del \u00abSe\u00f1or Vicente\u00bb: \u00abSiento una gran alegr\u00eda al tener la oca-si\u00f3n de encomendarme a sus oraciones, como ahora lo hago, y de se\u00f1alarle la voluntad de Dios que la llama a usted a Hennebont. Le he pedido a nuestra Hermana Ana Hardemont que vaya a Nantes a trabar en el hospital de ustedes; a usted le ruego que vaya a ocupar su puesto para ser Hermana Sirviente, y que consiga de los Se\u00f1ores Padres de los Pobres (los Administradores del Hospital) que acepten esta decisi\u00f3n, como lo espero\u00bb (S\u00edg. IV, 232).<\/p>\n<p>Pero Sor Enriqueta no se distingue precisamente por su docilidad, y es, por otra parte, la mejor boticaria. Como el efecto no sigue a la carta, recibe otra el 1.\u00b0 de octubre: \u00abRecibo su carta con gran alegr\u00eda al verla dispuesta a marchar donde la Providencia la llame&#8230; Le ruego, sin embargo, que me indique si tiene usted m\u00e1s inclinaci\u00f3n a quedarse en Nantes&#8230; o si sigue usted deseando que la saquemos de ah\u00ed. En este \u00faltimo caso, hemos decidido la Srta. Le Gras y yo enviarla a Hennebont por alg\u00fan tiempo, seg\u00fan nuestro primer plan, y le ruego que vaya all\u00e1, una vez recibida la presente&#8230;\u00bb (S\u00edg. IV, 251-52).<\/p>\n<p>A veces la obediencia consiste en permanecer en una situaci\u00f3n dif\u00edcil: Es el caso de Ana Hardemont y A. Vigneron, en Ussel: est\u00e1n lejos de la Casa Madre, no tienen suficiente ocupaci\u00f3n, la Duquesa de Ventadour no acaba de concretar cu\u00e1l va a ser su ocupaci\u00f3n. Luisa comprende su sufrimiento y las invita a una mirada de Fe: \u00ab&#8230;Mis queridas Hermanas: Si queremos contentar a este buen Dios, no hay que mirar tanto a lo que nosotros queremos hacer como a lo que El quiere que hagamos. Desde que su amor las llam\u00f3 a su servicio, bien sab\u00eda El que ser\u00edan enviadas a Ussel y lo que en los comienzos tendr\u00edan que hacer ah\u00ed, y de antemano acept\u00f3 la sumisi\u00f3n de ustedes a su divino agrado&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 642, p. 583-84). Y unas semanas despu\u00e9s: \u00abMenester es amar el benepl\u00e1cito divino en todos los acontecimientos que dispone su Providencia; es verdad que est\u00e1n ustedes en grandes dificultades y penas&#8230; Somet\u00e1monos a Dios desde este momento&#8230; para querer todo lo que plazca a su bondad&#8230;, hagan lo que buenamente puedan con gran paz y tranquilidad para dejar lugar a las disposiciones de Dios sobre ustedes&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 654, p. 593).<\/p>\n<p>En Angers va a darse un cambio importante: dos Hermanas van a reintegrarse a la Casa Madre, y Luisa prepara a la Comunidad para este acontecimiento que va a ser doloroso para ella: \u00abEn cuanto a los traslados, suplico a la bondad de Dios la guarde a usted lo mismo que a todas nuestras queridas Hermanas, de desearlo formalmente&#8230; \u00bfQui\u00e9nes somos nosotras para querer escoger libremente nuestros caminos? Dejemos que Dios act\u00fae\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 245, p. 247).<\/p>\n<p>Preciso es creer que las primeras Hermanas trataron de dejar que Dios actuara. Para algunas de ellas \u2014y estoy pensando en Mar\u00eda Joly, Francisca Carcireux, Marta Dauteuil y otras\u2014 la obediencia no debi\u00f3 de ser cosa f\u00e1cil; pero una r\u00e1pi-da mirada al perfil hist\u00f3rico de su vida nos las muestra \u00e1giles y disponibles.<\/p>\n<p>Veamos algunos ejemplos: B\u00e1rbara Angiboust asumi\u00f3 doce traslados en vein-ticuatro a\u00f1os de vida de comunidad; Ana Hardemont, once en veinte a\u00f1os; Mar-garita Ch\u00e9tif, diez en cuarenta y cinco; Isabel Turgis, siete en doce a\u00f1os; Isabel Mart\u00edn, siete en trece&#8230;<\/p>\n<p>A pesar de los obst\u00e1culos interiores y exteriores, estas Hermanas albergaban en lo \u00edntimo de su coraz\u00f3n un deseo profundo de correr en servicio de los pobres. Desde Sed\u00e1n, Sor Mar\u00eda Joly env\u00eda cartas en las que describe los sentimientos de los pobres en aquella regi\u00f3n devastada por la guerra: \u00abLes he le\u00eddo a nuestras Hermanas (de la Casa Madre) todo lo que pod\u00eda servirles de est\u00edmulo al ver su ejemplo \u2014escribe Luisa de Marillac a Vicente de Pa\u00fal\u2014. Me parec\u00eda verlas como dicen que se ponen -los soldados cuando oyen el toque de alarma\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 56, p. 66).<\/p>\n<p>\u00bfNo es \u00e9sta la actitud de la sirvienta?<\/p>\n<h3>E. Sirvientas en comunidad y en una Compa\u00f1\u00eda<\/h3>\n<p>Esta dimensi\u00f3n es, evidentemente, nueva en relaci\u00f3n con lo que hemos dicho acerca de la condici\u00f3n de los criados en el siglo XVII, ya que entre ellos no exist\u00eda ninguna solidaridad organizada; m\u00e1s bien se daba el individualismo y acaso la rivalidad por temor a perder el puesto. Nueva tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con las congregaciones religiosas femeninas de la \u00e9poca, las que en su mayor\u00eda estaban formadas por se\u00f1oritas de posici\u00f3n elevada que aportaban una dote y viv\u00edan en un monasterio: Carmelitas, Capuchinas, Hijas de la Visitaci\u00f3n&#8230; y otras.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal no oculta su admiraci\u00f3n al pensar en el designio de Dios sobre aquellas muchachas del campo: \u00abVuestra instituci\u00f3n no es obra de los hombres; por tanto, pod\u00e9is decir con seguridad que es de Dios. Y ciertamente, una Compa\u00f1\u00eda ordenada para una misi\u00f3n tan agradable a Dios, tan excelente en s\u00ed misma y tan \u00fatil para el pr\u00f3jimo, no puede tener por autor m\u00e1s que al propio Dios. \u00bfQui\u00e9n ha o\u00eddo hablar alguna vez de semejante obra antes de hoy?&#8230; S\u00f3lo Dios puede hacer esto&#8230; El ha querido esta Compa\u00f1\u00eda de Hermanas de diferentes pa\u00edses para que todas ellas no fuesen m\u00e1s que un s\u00f3lo coraz\u00f3n. \u00a1Sea por siempre bendito su santo y adorable nombre!\u00bb (Conf. esp. n. 404, 406).<\/p>\n<p>Esta expresi\u00f3n \u00abno fuesen m\u00e1s que un solo coraz\u00f3n\u00bb se refiere, probablemente, en el contexto de esta conferencia, al esp\u00edritu y a la finalidad de la Compa\u00f1\u00eda; pero tambi\u00e9n a la manera de vivir de cada una de las Comunidades locales.<\/p>\n<p>A mi juicio, una lectura ordenada, seguida, de la correspondencia de Luisa de Marillac, deja dos impresiones en lo que a la vida comunitaria se refiere:<\/p>\n<p>Por una parte, su preocupaci\u00f3n constante y prioritaria por el acompa\u00f1amiento de cada Hermana y de cada Comunidad;<\/p>\n<p>Por otra, la marcha dif\u00edcil, en pugna con cantidad de obst\u00e1culos, de esas comunidades.<\/p>\n<p>Esta doble impresi\u00f3n nos lleva a preguntarnos:<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 la vida comunitaria?<\/p>\n<p>En los comienzos, las primeras aldeanas que llegan a Par\u00eds para servir a los pobres, se dispersan por las diferentes Cofrad\u00edas. Pronto, sin embargo, Vicente y Luisa ven la necesidad de reunirlas para proporcionarles un apoyo, para guiarlas. Poco a poco, van formando un grupo distinto del de las se\u00f1oras, bajo la direcci\u00f3n de Luisa de Marillac, que las env\u00eda de dos en dos, o a veces tres, a los lugares donde las piden. Y as\u00ed nace la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abTen\u00e9is que pensar con frecuencia que vuestro principal negocio, las dice Vicente, y lo que Dios os pide particularmente es que pong\u00e1is mucho cuidado en servir a los pobres, que son vuestros se\u00f1ores&#8230; Para eso os ha puesto juntas y os ha asociado Dlos; para eso ha hecho Dios vuestra Compa\u00f1\u00eda&#8230;\u00bb (Conf. esp. n. 196).<\/p>\n<p>\u00abServir mejor a los pobres todas juntas\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 110, p. 114), es decir, poder as\u00ed discernir mejor las necesidades y darles una respuesta, poder sostenerse mutuamente, ponerlo todo en com\u00fan, como hac\u00edan los primeros cris-tianos, y revelar, as\u00ed tambi\u00e9n, el amor de Dios.<\/p>\n<p>Los Fundadores no cesan de repet\u00edrselo a las Hermanas, de explic\u00e1rselo a medida que la vida les proporciona ocasi\u00f3n para ello: \u00abAs\u00ed, pues, hija m\u00eda, hay que hacerlo as\u00ed, y que no pase nada, ni se haga nada, ni se diga nada, sin que lo sep\u00e1is la una y la otra. Hay que tener ese trato mutuo (esa \u00abmutualidad\u00bb) (S\u00edg. X, p. 773), dice Vicente de Pa\u00fal a Ana Hardemont antes de su partida para Montreuil, con Mar\u00eda Lullen. Y Luisa de Marillac, en las instrucciones que les da con el mismo motivo insiste: \u00ab&#8230;las verdaderas Hijas de la Caridad, para cumplir lo que Dios pide de ellas, deben ser como una sola&#8230; debemos, para asemejarnos a la Sant\u00edsima Trinidad, no ser m\u00e1s que un coraz\u00f3n y no actuar sino con un mismo esp\u00edritu, como las tres divinas Personas&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. 5. 55 n. 178, p. 759).<\/p>\n<p>Pero, en tiempo de los Fundadores, como hoy, la vida comunitaria \u00a1es una aventura que requiere audacia! Cuando se intenta estudiar la historia de algunas Comunidades locales de los or\u00edgenes, se las ve en pugna con toda clase de obst\u00e1culos, procedentes, unos, de las mismas Hermanas, otros, de diversas situaciones: relaciones con los administradores, con las se\u00f1oras, el clero.<\/p>\n<p>En Chars, el p\u00e1rroco, jansenista, humilla a las Hermanas en p\u00fablico.<\/p>\n<p>En Montreuil-sur-Mer, nombran a una superiora para el hospital elegida entre los miembros del personal, poco despu\u00e9s de la llegada de las Hermanas (Ana Hardemont y Mar\u00eda Lullen) y, al fallecer el Conde de Lannoy, que hab\u00eda solicitado la fundaci\u00f3n, la situaci\u00f3n se hace imposible, hasta el punto de que hubo que retirar a las Hermanas a los tres a\u00f1os de estancia all\u00e1.<\/p>\n<p>En Narbona, para responder a la petici\u00f3n del Obispo Francisco Fouquet, Vicente ha escogido Hermanas de grandes cualidades, entre ellas Francisca Carcireux, que es la Hermana Sirviente, muy competente en el servicio y antigua en la Compa\u00f1\u00eda. Pero no tienen trabajo suficiente, no les han proporcionado aloja-miento a las tres juntas&#8230; La vida comunitaria se resiente y, encontr\u00e1ndose solas, tan lejos de la Casa Madre, hacen confidencias a personas externas, descuidando el servicio a los pobres&#8230; (Corr. y Escr. cf. Coste, 713, p. 642-43).<\/p>\n<p>En Angers, a pesar de las visitas de los fundadores y del seguimiento de las Hermanas que hace el Abad de Vaux, surgen numerosos problemas entre la Co-munidad y los administradores y tambi\u00e9n entre las mismas Hermanas&#8230; Ello da lugar a numerosos traslados.<\/p>\n<p>En Nantes, la cosa es todav\u00eda peor. Conflictos comunitarios, amistades con externos, mala inteligencia con el confesor, calumnias, traslados, salidas de la Comunidad&#8230; Merece la pena leer la extensa carta escrita por Vicente de Pa\u00fal en 1647 (S\u00edg. III, 159) y el informe de la visita hecha por el P. Lamberto, Sacerdote de la Misi\u00f3n (S\u00edg. III, p. 191).<\/p>\n<p>Tenemos pocos documentos relacionados con las peque\u00f1as Comunidades de Par\u00eds: lo m\u00e1s probable es que hubiera una en cada parroquia, vinculada con la Cofrad\u00eda de la Caridad. Al estar cercanas a la Casa Madre, las Hermanas pod\u00edan ver con frecuencia a los Fundadores, asistir a las conferencias, y sin duda eran m\u00e1s manejables.<\/p>\n<p>As\u00ed, lentamente, con altos y bajos, pero con seguridad, va transcurriendo la marcha de las comunidades de vida fraterna y, juntamente con ellas, la construcci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda&#8230; Las dificultades no detienen el designio de Dios que \u00abescribe derecho con renglones torcidos\u00bb.<\/p>\n<p>\u2022 M\u00e1s que entresacar, en las conferencias y correspondencia, las motivaciones y medios que indican los Fundadores, leamos sencillamente dos cartas especialmente significativas (por supuesto, se podr\u00edan encontrar muchas m\u00e1s).<\/p>\n<p>\u2014 Luisa de Marillac a Sor B\u00e1rbara Angiboust y Sor Luisa Ganset, en Richelieu, el 26 de octubre de 1639 (C. y E. C. 15, p. 31).<\/p>\n<p>Hace apenas un a\u00f1o que han sido enviadas, a petici\u00f3n del Cardenal, a aquella ciudad acabada de construir, para atender a los enfermos e instruir a los ni\u00f1os pobres. Despu\u00e9s de unos comienzos felices, la situaci\u00f3n se ha deteriorado, y Luisa interroga a las Hermanas acerca del testimonio que est\u00e1n dando: \u00ab&#8230;son (ustedes) causa de que Dios sea ofendido&#8230; el pr\u00f3jimo escandalizado, y dan ustedes pie a que no se estime como antes el santo ejercicio de la Caridad&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>A cada una personalmente y luego a las dos juntas, Luisa invita a una revisi\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>Sor B\u00e1rbara, la Hermana Sirviente, demasiado autoritaria, tendr\u00e1 que recordar la humildad que exige su cargo. Luisa de Marillac le se\u00f1ala el remedio: \u00abP\u00f3n-gase ante la vista sus faltas, sin excusarlas&#8230; excite en su coraz\u00f3n un gran amor por nuestra querida Sor Luisa&#8230; arr\u00f3jese a sus pies y p\u00eddale perd\u00f3n por sus sequedades&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Luisa, por su parte, no practica la pobreza ni la obediencia: \u00abQuerida Sor Luisa&#8230; creo&#8230; que la causa de la mayor parte de las faltas que comete es que maneja usted dinero&#8230; p\u00f3ngalo todo en manos de Sor B\u00e1rbara&#8230; exc\u00edtese al amor de la santa pobreza para honrar la del Hijo de Dios&#8230; arr\u00f3jese tambi\u00e9n a los pies de Sor B\u00e1rbara&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Luisa se culpabiliza igualmente a ella misma, reconoce sus fallos de los que pide perd\u00f3n y da la siguiente motivaci\u00f3n a su carta, dura indudablemente: \u00ab&#8230;es el amor que Dios me da por todas ustedes el que me hace hablar as\u00ed&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, en una postdata de gran importancia, indica los pasos concretos que tienen que dar una y otra: estar juntas lo m\u00e1s posible, decirse mutuamente las cosas, que empleen bien el tiempo en el servicio a los pobres&#8230; con esta mag-n\u00edfica conclusi\u00f3n: \u00abUna verdadera humildad lo arreglar\u00e1 todo\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014 Vicente de Pa\u00fal a Ana Hardemont, Superiora en la ciudad de Ussel, el 4 de enero de 1659 (S\u00edg. VII, 369).<\/p>\n<p>Hace siete meses que se encuentran en Ussel para dar respuesta a la petici\u00f3n de la Duquesa de Ventadour, amiga de Luisa de Marillac, y servir a los pobres en aquella peque\u00f1a ciudad perdida en el departamento de Corr\u00e9ze, y tanto Sor<\/p>\n<p>Ana Hardemont como su compa\u00f1era est\u00e1n aburridas y hastiadas, por lo que pi-den su traslado al Sr. Vicente, sin poder desechar el pensamiento de que Luisa de Marillac las ha enviado all\u00e1 para deshacerse de ellas. Para colmo, no se entienden entre s\u00ed. La situaci\u00f3n es inquietante. Vicente les responde con realismo y firmeza no exenta de bondad, y va tomando punto por punto los elementos de la situaci\u00f3n:<\/p>\n<p>El comportamiento de Sor Ana es inadmisible: &#8230;\u00bbuna Hija de la Caridad, de las m\u00e1s antiguas en la Compa\u00f1\u00eda, a la que la Providencia ha conducido al Limousin&#8230; que se quiere volver por pura fantas\u00eda&#8230; A ello le respondo, Hermana, que a nadie le gusta vivir en pa\u00edses extra\u00f1os&#8230; \u00a1Cu\u00e1ntas mujeres hay que se han casado con personas de lejos y que no est\u00e1n contentas con el sitio en que vi-ven ni con su marido: Pero no por eso se vuelven a casa de sus padres&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Para servir a los pobres: \u00ab&#8230;no tiene suficiente tarea&#8230; Haga bien lo poco que tiene que hacer&#8230; vaya a visitar y servir a los pobres, turn\u00e1ndose con su Hermana o juntamente con ella; ese es un medio para no aburrirse&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>En cuanto a la vida comunitaria, Vicente recomienda un afecto rec\u00edproco, apoyado en el respeto mutuo: \u00abam\u00e1ndose como hermanas, apreci\u00e1ndose y respet\u00e1ndose como hijas de Nuestro Se\u00f1or&#8230; soport\u00e1ndose en sus peque\u00f1as debilidades como les gustar\u00eda a cada una que la soportasen&#8230; Su Hermana debe seguir sus consejos, ya que lleva usted la direcci\u00f3n, pero tambi\u00e9n debe usted por su parte mandar con humildad, con amabilidad y con prudencia.<\/p>\n<p>Vicente establece una relaci\u00f3n entre la perseverancia en la vocaci\u00f3n, el amor a la Compa\u00f1\u00eda y el trato con los superiores: \u00ab(hay almas que se pierden por no someterse a las personas que Dios ha establecido para dirigirlas&#8230; no debe usted perder la confianza que tiene en la Se\u00f1orita. Ella es su Madre que tiene derecho a darles las instrucciones&#8230; ha recibido la gracia de Dios para darlas\u00bb.<\/p>\n<p>La carta termina con estas palabras: \u00abDios no las da (las gracias) m\u00e1s que a los humildes y sencillos. Pido a su divina bondad que la haga a usted de ese n\u00famero. Soy en su divino amor, Hermana, su afect\u00edsimo hermano y servidor.<\/p>\n<p>Las cartas de Vicente a Sor Ana casi siempre terminan as\u00ed. Probablemente esa amistad fraternal era la que permit\u00eda al Fundador hablar con tanta firmeza y sin rodeos.<\/p>\n<p>Son muchas las cartas que hacen alusi\u00f3n a acontecimientos gozosos, a mo-mentos de paz y alegr\u00eda comunitarias: \u00abAlabo a Dios con toda mi alma por el sincero afecto que su bondad les comunica una hacia otra, eso es lo que mantiene la uni\u00f3n y la tolerancia que las Hijas de la Caridad han de mantener entre s\u00ed&#8230;\u00bb (Corr. y Escr. Coste, 545, p. 502).<\/p>\n<p>He querido, sin embargo, poner de relieve esa certeza que queda inscrita en los textos de los or\u00edgenes: es decir, que la Compa\u00f1\u00eda est\u00e1 compuesta de Comunidades en marcha en seguimiento del proyecto de Dios, con Fe y Amor. Es una b\u00fasqueda que viene durando hace m\u00e1s de tres siglos&#8230; y nosotras nos hallamos en ese camino. En eso consiste la fidelidad.<\/p>\n<h2>III &#8211; Interpelaciones para nosotros, hoy<\/h2>\n<p>Las interpelaciones que han dejado huella en m\u00ed durante esta reflexi\u00f3n, pueden reunirse bajo un solo t\u00edtulo:<\/p>\n<p><strong>Invitadas a la Fe y a la Esperanza<\/strong><\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Oh hija llena de Fe!\u00bb, exclam\u00f3 San Vicente en la conferencia sobre las virtudes de Sor Juana Dalmagne. Efectivamente, les fue necesaria una Fe muy s\u00f3lida a aquellas sirvientas para poder dar cumplimiento al proyecto de Dios.<\/p>\n<p>Contemplar la vida de nuestras primeras Hermanas nos interesa, nos encanta, nos maravilla, pero de muy poco nos servir\u00eda esto si no nos hiciera sacar mo-tivos para vivir como Hijas de la Caridad, hoy. Nuestros or\u00edgenes no son un mu-seo ni un \u00e1lbum de recuerdos, sino un manantial.<\/p>\n<p>Me parece que la fidelidad no consiste ni en reproducir ni en transponer, sino en inventar para hacer algo nuevo, cimentado en el esp\u00edritu de los or\u00edgenes, en el carisma de los Fundadores: Vicente, Luisa, las primeras Hermanas&#8230; porque tambi\u00e9n ellas fundaron nuestra Compa\u00f1\u00eda: fueron las \u00abpiedras fundamentales\u00bb.<\/p>\n<p>Escuchemos lo que dec\u00eda Madre GUILLEMIN: \u00abSi queremos ser fieles a esos grandes innovadores que fueron nuestros santos Fundadores, habremos de que tener en cuenta las situaciones concretas que se presenten a nosotras y reencontrar en su pureza original la llama creadora y santificadora del esp\u00edritu primitivo.<\/p>\n<h3>A. Invitadas a la Fe<\/h3>\n<p>Invitadas a la Fe para seguir creyendo. Enfrentadas hoy a diversas dificultades, especialmente al escaso n\u00famero de vocaciones, corremos el riesgo de dejar que crezca en nosotras y en nuestras Comunidades una excesiva inquietud. \u00abHijas m\u00edas, Dios es fiel&#8230; \u2014nos dice San Vicente\u2014 \u00ab\u00a1Fiaos de El!\u00bb&#8230; \u00abEsta confianza es toda la riqueza de las Hijas de la Caridad y su seguridad&#8230;\u00bb (Conf. esp. n. 149).<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de los acontecimientos, el Se\u00f1or nos pide que contemos con El y que nos sostengamos mutuamente en esta confianza, cualesquiera que sean nuestra edad y nuestro servicio.<\/p>\n<p>Invitadas a la Fe para escuchar las llamadas de nuestro tiempo, con un coraz\u00f3n disponible&#8230; \u00abd\u00f3ciles y manejables bajo la gu\u00eda de la divina Providencia\u00bb (Conf. esp. n. 150).<\/p>\n<p>Invitadas a la Fe para contemplar nuestra vida y la vida de nuestras Comunidades, sin miedo y sin ceder a la tentaci\u00f3n de huir. \u00bfTenemos el fervor de los or\u00edgenes? \u00bfEn qu\u00e9 aspecto nos desaf\u00eda la vida de nuestras primeras Hermanas?<\/p>\n<h3>B. Invitadas a la Esperanza<\/h3>\n<p>para discernir y poner en pr\u00e1ctica nuevas respuestas, para dejar al Esp\u00edritu Santo que convierta nuestro coraz\u00f3n y transforme nuestra vida, para saber maravillarnos de lo que se da en nosotras y a nuestro alrededor.<\/p>\n<p>Ser fieles es mirar hacia el futuro. Nuestro Dios no se deja detener por nuestras limitaciones. Nos llama a que nos pongamos en marcha, a que nos atrevamos.<\/p>\n<p>El dinamismo y el entusiasmo de los comienzos, tenemos que conservarlos o reencontrarlos, hoy. En la oraci\u00f3n sacaremos fuerzas para ello.<\/p>\n<p>Llamadas a la misma vocaci\u00f3n que las primeras Hermanas, tenemos que vivir esa vocaci\u00f3n en el contexto actual social y religioso, en nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Nuestra Fe y nuestra Esperanza tendr\u00edan que ser tan vigorosas que llegaran a traslucir en nosotras y a transfigurarnos.<\/p>\n<p>El 13 de febrero de 1646, San Vicente dec\u00eda: \u00ab&#8230;vuestra Compa\u00f1\u00eda, como entonces (en los comienzos, trece a\u00f1os antes) no era lo que actualmente, hemos de creer que tampoco es ahora lo que ser\u00e1 luego, cuando Dios la haya situado en el puesto en que la quiere; porque, hijas m\u00edas, no es preciso que cre\u00e1is que las comunidades se hacen de un solo golpe&#8230;\u00bb (Conf. esp. n. 403).<\/p>\n<p>Estas palabras se nos dirigen a nosotras, hoy.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 30 de mayo de 1647, comentando a las primeras Hermanas su regla de vida, Vicente de Pa\u00fal \u00abexclam\u00f3 dulcemente\u00bb \u2014es la expresi\u00f3n que emplea la secretaria que toma los apuntes, Sor Isabel Hellot\u2014, es &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-primeras-sirvientas-de-los-pobres\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":401109,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[237],"tags":[157,173,152,174,144,131,138,140,151],"class_list":["post-58989","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-de-las-hijas-de-la-caridad","tag-abad-de-vaux","tag-chatillon-les-dombes","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-durando","tag-lambert","tag-montmirail","tag-montreuil","tag-san-sulpicio","tag-sor-turgis"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Las primeras sirvientas de los pobres - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-primeras-sirvientas-de-los-pobres\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Las primeras sirvientas de los pobres - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El 30 de mayo de 1647, comentando a las primeras Hermanas su regla de vida, Vicente de Pa\u00fal \u00abexclam\u00f3 dulcemente\u00bb \u2014es la expresi\u00f3n que emplea la secretaria que toma los apuntes, Sor Isabel Hellot\u2014, es ... 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