{"id":57199,"date":"2012-01-05T03:32:02","date_gmt":"2012-01-05T02:32:02","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=57199"},"modified":"2016-07-27T12:11:10","modified_gmt":"2016-07-27T10:11:10","slug":"las-hijas-de-la-caridad-en-los-campos-de-batalla-1836-1863","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-hijas-de-la-caridad-en-los-campos-de-batalla-1836-1863\/","title":{"rendered":"Las Hijas de la Caridad en los campos de batalla (1836-1863)"},"content":{"rendered":"<p><em><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/hija_caridad_en_campo_de_batalla.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-57681\" title=\"hija_caridad_en_campo_de_batalla\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/hija_caridad_en_campo_de_batalla-225x300.jpg?resize=225%2C300\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" \/><\/a><\/em><\/p>\n<p>Antes de presentar a ustedes a las Hijas de la Caridad en los Campos de Batalla durante el per\u00edodo tenido en cuenta por este Coloquio, deseo darles a conocer el pensamiento que ten\u00eda San Vicente de Pa\u00fal acerca del servicio de sus Hijas, porque el precursor, realmente, es \u00e9l, ya que las Hijas de la Caridad no han hecho sino cum\u00adplir lo que \u00e9l les recomendaba.<\/p>\n<p>En una conferencia del 18 de octubre de 1655, cuyo t\u00edtulo era \u00abSobre el fin de la Compa\u00f1\u00eda\u00bb, les dijo entre otras cosas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>&#8230;Por tanto, el fin al que deb\u00e9is tender es honrar a Nuestro Se\u00f1or Je\u00ad<\/em><em>sucristo, sirvi\u00e9ndole en los ni\u00f1os para honrar su infancia, en los po\u00adbres necesitados como en el Nombre de Jes\u00fas y como a esas pobres gentes a las que asististeis cuando vinieron a refugiarse en Par\u00eds por causa de las guerras. As\u00ed es como ten\u00e9is que estar dispuestas a servir a los pobres en todos los sitios a donde os env\u00eden: al ej\u00e9rcito, como hab\u00e9is hecho cuando os han llamado all\u00e1, a los pobres criminales y en cualquier otro lugar en donde pod\u00e1is asistir a los pobres, ya que es ese vuestro fin&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>As\u00ed es como hab\u00e9is de portaros para ser buenas Hijas de la Cari\u00ad<\/em><em>dad, para ir adonde Dios quiera; si es a \u00c1frica, a \u00c1frica, al ej\u00e9rcito, <\/em><em>a las Indias, adonde os pidan, \u00a1enhorabuena!; sois Hijas de la Caridad y hay que ir&#8230; Nunca os lo recomendar\u00e9 bastante, hermanas m\u00edas, pues \u00e9se es el fin de vuestra Compa\u00f1\u00eda&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber estado en los campos de batalla en vida de San Vicente, las Hermanas estaban dispuestas, dos siglos despu\u00e9s, a ir a ellos.<\/p>\n<p>Las aprobaciones oficiales de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad pusieron el gobierno y direcci\u00f3n de la misma Cofrad\u00eda en manos de Vicente de Pa\u00fal, de por vida, y, a su muerte, en las de sus sucesores los Generales de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. El Superior General de esta Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, en la \u00e9poca que estamos considerando, era el Padre Etienne, al que oir\u00e1n ustedes nombrar varias ve\u00adces. La Superiora General era Sor Montcellet.<\/p>\n<h2>\u00a0<strong>1) Las Hijas de la Caridad en Argelia despu\u00e9s del desembarco de los franceses en aquel pa\u00eds, en<\/strong><strong> 1830.<\/strong><\/h2>\n<p>En 1836, despu\u00e9s del desastre del primer asedio de Constantina, a petici\u00f3n del Coronel Lamorici\u00e9re, seis Hermanas fueron al Hospital de Bon para hacerse cargo del cuidado de los heridos y enfermos. All\u00ed permanecieron poco tiempo.<\/p>\n<p>Oficialmente, y a petici\u00f3n del Arzobispo de Argel, no llegaron al pa\u00eds hasta 1842. Posteriormente, se encargaron, entre otros, de cuatro Hospitales militares, pero du\u00adrante el per\u00edodo considerado, s\u00f3lo lo hicieron del de Argel, abierto en 1854.<\/p>\n<h2><strong>2)\u00a0<strong>Las Hijas de la Caridad en <\/strong>Crimea durante la guerra.<\/strong><\/h2>\n<p>Las hostilidades ruso-turcas empezaron el 23 de octubre de 1853, pero las flotas inglesa y francesa se hallaban en los Dardanelos desde el 27 de junio. El 23 de marzo de 1854, Inglaterra y Francia declararon la guerra a Rusia. El Reino de Piamonte y Cerde\u00f1a se uni\u00f3 a la contienda el 26 de enero de 1855.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad estaban en Turqu\u00eda desde 1839. En 1854, eran unas 150 las que resid\u00edan en Constantinopla y sus alrededores. Para poder dedicar mayor n\u00fa\u00admero de Hermanas al cuidado de los heridos, se cerraron las escuelas. En un primer momento, fueron las Hermanas a los Hospitales de El Pireo, Gall\u00edpoli, Varna. En un relato de los hechos, el P. Doumerq, Sacerdote de la Misi\u00f3n, dice:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230;En cuanto a la estancia de las Hermanas en dichos hospitales, no recordar\u00e9 <\/em><em>sino una cosa: el efecto moral producido por su presencia. Fue inmenso. Los enfer\u00admeros, diezmados ya por la plaga <\/em>(el c\u00f3lera), <em>no se atrev\u00edan a acercarse a los enfer\u00ad<\/em><em>mos&#8230; pero en cuanto vieron a las Hermanas desembarcar y dirigirse al hospital con el rostro sereno y alegre, todo el mundo se sinti\u00f3 fortalecido. Ese mismo hecho se ha ido produciendo por todas partes&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En aquellos tres hospitales no hab\u00edan de permanecer mucho tiempo: s\u00f3lo unos meses; en efecto, las tropas que acampaban en las ciudades vecinas, se hallaban de momento ante Sebastopol y los enfermos hab\u00edan sido evacuados a Constantinopla.<\/p>\n<p>Tan pronto como le avisaban la llegada de un barco, Sor Lesueur (que hab\u00eda fundado la misi\u00f3n de Constantinopla) enviaba a dos Hermanas a bordo con provisio\u00adnes y cuanto fuera necesario para proporcionar los primeros auxilios a enfermos o heridos, ya que el desembarco requer\u00eda mucho tiempo. Esta medida era tanto m\u00e1s importante cuanto que aquellos hombres hacinados en los barcos, hab\u00edan tenido ya mucho que sufrir durante la traves\u00eda y llegaban en un estado de debilidad grande.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, las Hermanas visitaban tambi\u00e9n con frecuencia a los presos, ya fran\u00adceses detenidos por delitos o faltas contra la disciplina militar, ya rusos y polacos hechos prisioneros en los combates cerca de Sebastopol. Unos estaban en las c\u00e1r\u00adceles de la ciudad; otros, en viejos barcos anclados en el puerto. Por todas partes se les dispensaba a las Hermanas la misma acogida, porque por todas partes tam\u00adbi\u00e9n ellas se presentaban para aliviar las miserias que encontraban. A veces, llega\u00adban a conseguir la libertad condicional de los enfermos para poder transportarlos a los hospitales y cuidarlos all\u00ed hasta su completa curaci\u00f3n&#8230; Los cuidados prestados a los presos enemigos causaron el mejor efecto. \u00abA Dios sea dada toda la gloria\u00bb, fue la conclusi\u00f3n que sacaba Sor Lesueur en una carta dirigida al Padre Etienne.<\/p>\n<p>Como quiera que los heridos llegaban en gran n\u00famero a Constantinopla, a la vez que el c\u00f3lera hac\u00eda su aparici\u00f3n en el ej\u00e9rcito, se establecieron en la capital unas doce ambulancias. Ven\u00edan a representar \u2014oscilando seg\u00fan la intensidad de los combates\u2014 de 7 a 8.000 soldados. A los pocos d\u00edas de su instalaci\u00f3n, se declar\u00f3 un incendio en una de esas ambulancias, y las Hermanas, ayudadas por los enferme\u00adros y personal empleado, se ingeniaron para salvar a todos los heridos. En tal oca\u00adsi\u00f3n, el General Canrobert escribi\u00f3 a la Superiora General una carta de agradecimiento.<\/p>\n<p>En julio de 1855, la Administraci\u00f3n ped\u00eda que las Hermanas volvieran a hacerse cargo del hospital de Varna porque el General en Jefe hab\u00eda dado \u00f3rdenes de dirigir hacia aquella ciudad varios convoyes de heridos. Diez Hermanas marcharon hacia all\u00e1 en dos veces. Pero la situaci\u00f3n se hizo cr\u00edtica por la enfermedad y aun el falleci\u00admiento de varias Hermanas, y el Ministerio de la Guerra pidi\u00f3 al Padre Etienne un refuerzo de quince Hermanas m\u00e1s. Aquella petici\u00f3n lleg\u00f3 a los Superiores en el mo\u00admento en que se estaba celebrando una tanda de Ejercicios Espirituales en la Casa Madre de la calle del Bac, en Par\u00eds; y no s\u00f3lo quince, sino un n\u00famero mayor de Her\u00admanas se agolparon a la puerta del despacho de la Madre General para pedir con insistencia la dicha de ir a ayudar a las Hermanas de Oriente. Varios grupos numero\u00adsos partieron, en efecto.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la firma del Tratado de Par\u00eds, el 30 de marzo de 1856, todas las auto\u00adridades escribieron para expresar su gratitud. Durante aquella guerra, fallecieron 33 Hermanas: 10 piamontesas y 23 francesas. El General Espinasse fue a visitar a Sor Lesueur para poner en su conocimiento que se le hab\u00eda concedido una condecora\u00adci\u00f3n. Ella dio las gracias, pero puntualiz\u00f3 que, m\u00e1s que una cruz de guerra, prefer\u00eda que le ayudasen a abrir un hospital para los pobres de los que nadie se ocupa, que no tienen ni canciller\u00edas ni consulados para atenderlos.<\/p>\n<h2><strong>3) Las relaciones de Miss Nightingale con la compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad.<\/strong><\/h2>\n<p>Cuando el gobierno ingl\u00e9s, estimulado por la opini\u00f3n p\u00fablica, hubo decidido de\u00addicar al servicio de las ambulancias de su ej\u00e9rcito de Oriente un cuerpo de enferme\u00adras, puso los ojos, para dirigir a dichas enfermeras, en Miss Nightingale. Aquella se\u00ad\u00f1ora que hac\u00eda tiempo se hallaba en Londres al frente de las obras ben\u00e9ficas anglica\u00adnas, acept\u00f3 llena de abnegaci\u00f3n la dif\u00edcil tarea que se le ofrec\u00eda. Reuni\u00f3 a unas cua\u00adrenta se\u00f1oras y j\u00f3venes y se embarc\u00f3 con ellas rumbo a Oriente, en el mes de octu\u00adbre de 1854.<\/p>\n<p>Al dirigirse a Marsella donde deb\u00eda embarcar, pas\u00f3 por Par\u00eds y Miss Nightingale quiso aprovechar esta ocasi\u00f3n para conocer m\u00e1s de cerca a las Hijas de la Caridad, estudiar sus reglamentos e iniciarse en su forma de vida. Provista de una carta de la Reina Victoria y recomendada por el Embajador de Inglaterra en Francia, fuese a ver al Padre Etienne y le pidi\u00f3 su autorizaci\u00f3n para que ella y sus compa\u00f1eras pasa\u00adsen unos d\u00edas en alg\u00fan establecimiento dirigido por las Hermanas. El Padre Etienne no juzg\u00f3 oportuna esta soluci\u00f3n, pero llev\u00f3 a Miss Nightingale a la Casa Madre. Y all\u00ed le dio a leer las Reglas de las Hermanas, pudo visitar los diferentes oficios, exami\u00adnarlo todo a su gusto. Los d\u00edas siguientes pudo visitar el Orfanato de la calle Oudi\u00adnot, el hospital Necker y la casa de la calle de Reuilly. Por todas partes se pusieron gustosamente a su disposici\u00f3n para darle cuantos informes pudo desear. Una vez terminadas sus visitas, fue a dar las gracias al Padre Etienne y tuvo con \u00e9l una larga conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con su comunidad de diaconisas, tom\u00f3 la direcci\u00f3n de la ambulancia de Esc\u00fa\u00adtari, en la que permaneci\u00f3 hasta su cierre. Con Sor Lesueur mantuvo las relaciones m\u00e1s cordiales: ten\u00eda tanta confianza en ella y la estimaba tanto, que cuando march\u00f3 le entreg\u00f3 las abundantes provisiones de que dispon\u00eda, sabiendo que no pod\u00eda dejar en mejores manos lo que deseaba aplicar al alivio de los pobres.<\/p>\n<h2><strong>4) Durante la guerra civil en M\u00e9xico.<\/strong><\/h2>\n<p>M\u00e9xico hab\u00eda logrado su independencia en 1829, pero desde aquella \u00e9poca el pa\u00eds no hab\u00eda dejado de verse desgarrado por disensiones internas. Las diez primeras Hijas de la Caridad llegaron de Espa\u00f1a en 1844. En 1847, uno de los pretendientes a la presidencia, Santa Ana, desencadenaba una nueva guerra civil. Las Hermanas fueron a cuidar a los heridos en las ambulancias. Pero los enfermos, que estaban acostados sobre esterillas, sin medicamentos ni cuidados, casi sin comida, irritados por su triste situaci\u00f3n, las recibieron de manera desconcertante. A fuerza de bondad y mansedumbre, las Hermanas llegaron, no obstante, a gan\u00e1rselos. Poco despu\u00e9s, hizo su aparici\u00f3n el tifus que se ceb\u00f3 en cuatro Hermanas, de las que fallecieron dos.<\/p>\n<p>Transcurrido alg\u00fan. tiempo de calma, al menos aparente, Santa Ana fue derro\u00adcado en 1885 y el pa\u00eds qued\u00f3 en manos de varios partidos. El 11 de enero de 1858, estall\u00f3 en la capital una rebeli\u00f3n m\u00e1s importante contra el gobierno del momento. En aquella circunstancia escrib\u00eda un Sacerdote de la Misi\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230; Los hospitales de la ciudad quedaron ocupados, ya por las tropas gubernamen\u00adtales, ya por los insurrectos. Tanto en un caso como en otro, las Hijas de la Caridad estuvieron d\u00eda y noche junto a los enfermos proporcion\u00e1ndoles los cuidados que re\u00adquer\u00edan sus heridas, las amputaciones y los horribles dolores de los \u00faltimos momentos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">La victoria fue de los insurrectos. Cuando los soldados del gobierno, que ocu\u00adpaban el hospital de San Juan de Dios, supieron que los insurrectos hab\u00edan vencido, suplicaron a las Hermanas que les ayudaran a ponerse a salvo. Una Hermana les hizo acostar en camas de enfermos haci\u00e9ndolos pasar por tales. M\u00e1s tarde confes\u00f3 al jefe de los insurrectos lo que hab\u00eda hecho, y \u00e9ste la alab\u00f3 sin ambages. Otros soldados gubernamentales llegaron, ca\u00edda ya la noche, al hospital de San Andr\u00e9s y se oculta\u00adron por los rincones del edificio. La Superiora les llev\u00f3 alimentos, ropas de paisano y les facilit\u00f3 la salida uno tras otro.\u00bb<\/p>\n<p>El 15 de diciembre de 1860, el mismo sacerdote escribe:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abSupongo que conoce usted este pa\u00eds y la desolaci\u00f3n en que le ha sumido la larga y cruenta guerra que se ha abatido sobre \u00e9l&#8230; En Saltillo, dos Hermanas han dado comienzo a una ambulancia. Estaban sencillamente de paso en esta ciudad el 8 de agosto y pensaban regresar al d\u00eda siguiente a Monterrey. Por la noche dio comienzo un fuerte tiroteo y estas Hermanas ofrecieron sus servicios para atender a los heridos. Por la ma\u00f1ana continuaban las cosas igual y se decidieron a ir a varias casas en busca de ropa blanca, hilas, vendas y todo lo necesario en tales circunstan\u00adcias; al mismo tiempo, rogaron a los vecinos que fueran a ayudarlas a preparar las curas. Cuando termin\u00f3 el tiroteo, el General dio \u00f3rdenes de trasladar a los heridos a la casa en que estaban las Hermanas; les llevaron 27.\u00bb<\/p>\n<p>Por la misma \u00e9poca escrib\u00eda Sor Saillard:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;Ya tiene usted noticias del asedio y toma de la ciudad de Guadalajara por los Federales. Las Hermanas han recibido en sus hospitales tropas de los dos ban\u00addos. Se ha instalado una ambulancia en el centro de la ciudad, y en ella han recibido a los soldados del gobierno. En Bel\u00e9n, trece Hermanas se han hecho cargo de 800 heridos y enfermos de fiebre pertenecientes a los Federales. Diez Hermanas han sido v\u00edctimas de la fiebre y tres han permanecido en pie para atender a todo el hospital. Dios las ha protegido y duplicado sus fuerzas&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>A la guerra civil se a\u00f1adi\u00f3 la guerra con Francia, Inglaterra y Espa\u00f1a; despu\u00e9s, con Francia sola; pero esto era ya despu\u00e9s de 1863.<\/p>\n<h2><strong>5) La guerra del Piamonte y de Francia contra Austria <\/strong><strong>(1850-1860).<\/strong><\/h2>\n<p>Despu\u00e9s de haber firmado una alianza con el rey del Piamonte, V\u00edctor Manuel \u2014que no ten\u00eda m\u00e1s deseo que el de conseguir la unidad italiana\u2014, el gobierno fran\u00adc\u00e9s declar\u00f3 la guerra a Austria, en mayo de 1859, y pidi\u00f3 al Padre Etienne un n\u00famero de Hermanas lo bastante considerable para poder organizar inmediatamente las am\u00adbulancias. El Superior envi\u00f3 cuarenta Hermanas que deb\u00edan reunirse en Mil\u00e1n. Una de ellas escribe:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;Hicimos el viaje de G\u00e9nova a Mil\u00e1n atravesando un pa\u00eds en el que la guerra lo ha destrozado todo&#8230; Los comienzos de nuestro servicio fueron penosos&#8230; Entre otras cosas, hac\u00eda falta poner remedio al despilfarro que privaba a los enfermos de recursos aportados para ellos&#8230; Nada igualaba el contento y agradecimiento de los pobres heridos&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>En la ambulancia de Mil\u00e1n, las Hermanas tuvieron que sustituir a se\u00f1oras distin\u00adguidas de gran abnegaci\u00f3n&#8230; aunque no todas&#8230; Muy pronto se pudo admirar el or\u00adden del servicio \u2014el buen entendimiento que reinaba entre las Hermanas de las di\u00adversas ambulancias&#8230;\u2014 Sor Coste, encargada del conjunto de las Hermanas francesas, visitaba constantemente las ambulancias. Y lo mismo hac\u00eda Sor Cordero, encargada de las ambulancias italianas. La campa\u00f1a termin\u00f3 el 16 de julio de 1860 y Napole\u00f3n firm\u00f3 el tratado de Villafranca&#8230;<strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<h2><strong>6) Durante la guerra en Italia.<\/strong><\/h2>\n<p>En 1860 casi todos los Estados italianos se unieron y V\u00edctor Manuel fue procla\u00admado Rey de Italia. Pero esto no ocurri\u00f3 sin ir precedido de lucha. Por ejemplo, Gari\u00adbaldi hab\u00eda sublevado el reino de las Dos Sicilias contra el Soberano Francisco II. \u00c9ste se refugi\u00f3 en Gaeta despu\u00e9s de la entrada de Garibaldi en N\u00e1poles. All\u00ed se vio sitiado por los piamonteses; capitul\u00f3 el 13 de febrero de 1861.<\/p>\n<p>Sor Coste que, despu\u00e9s de la guerra con Austria, hab\u00eda sido nombrada respon\u00adsable de la Provincia de Hijas de la Caridad de N\u00e1poles, tuvo que ocuparse todav\u00eda de ambulancias. Los restos del ej\u00e9rcito de Francisco II llegaron a N\u00e1poles poco des\u00adpu\u00e9s que ella misma llegara all\u00e1: heridos, hombres v\u00e1lidos, mujeres, ni\u00f1os, se halla\u00adban acampados en el m\u00e1s completo desorden. Y en medio de esta tropa sin freno ni disciplina fue donde Sor Coste tuvo que desplegar su caridad. Dio muestras de autoridad suficiente como para poder establecer el orden y obtener obediencia y res\u00adpeto de aquella multitud en medio de la cual, poco antes, hubieran estado en peligro sus mismos d\u00edas.<\/p>\n<p>A la vista del enemigo que se acercaba, se vio obligada a dispersar a aquella gente. Poco despu\u00e9s, Garibaldi entraba como due\u00f1o y se\u00f1or en N\u00e1poles. Una vez all\u00ed, pidi\u00f3 a Sor Coste Hermanas para sus ambulancias. En efecto, el n\u00famero de heridos crec\u00eda sin cesar y fue necesario para tener refuerzo de Hermanas cerrar las escue\u00adlas y hacer un llamamiento a toda la Provincia. Una Hermana hace esta observaci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230;Aquellas ambulancias ofrec\u00edan un espect\u00e1culo aterrador. Y entre aquellos po\u00ad<\/em><em>bres heridos, \u00a1cu\u00e1ntos j\u00f3venes! algunos eran casi ni\u00f1os&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En Gaeta, donde se hab\u00eda refugiado la familia real juntamente con los restos del ej\u00e9rcito regular, abundaban los enfermos. El Almirante de la flota francesa escribi\u00f3 a Sor Coste rog\u00e1ndole que le enviara Hermanas. Fue ella misma a acompa\u00f1arlas, y en diciembre de 1860 escrib\u00eda a la Superiora General:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;\u00bfQu\u00e9 decirle de los pobres enfermos? Se mueren de agotamiento al carecer de todo. El chocolate que recibimos gracias a la Providencia, ha podido aliviar algu\u00adnas necesidades: se lo damos en trozos peque\u00f1os como si fueran pastillas; y por ese m\u00ednimo servicio, recibimos miles de bendiciones. La caja de caramelos ha colma\u00addo de alegr\u00eda a un pobre Garibaldista, enfermo del pecho&#8230; Tengo que regresar a N\u00e1poles, pero me cuesta dejar a ocho Hermanas solas para atender a mil enfermos&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Diecisiete Hermanas hab\u00edan de morir en N\u00e1poles y en las ambulancias v\u00edctimas de la epidemia del tifus. Las Hermanas hab\u00edan cuidado a seguidores de Garibaldi, piamonteses y partidarios del rey, de la misma manera. No obstante, a Sor Coste se la tuvo por sospechosa en algunos ambientes oficiales.<\/p>\n<h2><strong>7) La guerra de secesi\u00f3n en los Estados Unidos <\/strong><strong>(1861-1865).<\/strong><\/h2>\n<p>La lucha entre el Norte (\u00abNordistas\u00bb o gubernamentales) y el Sur (\u00abSudistas\u00bb o Confederados) tuvo por causa la cuesti\u00f3n de la esclavitud de los negros, que Lin\u00adcoln, Presidente de los Estados Unidos, quer\u00eda suprimir. Esta lucha armada llev\u00f3 tam\u00adbi\u00e9n a las Hijas de la Caridad norteamericanas junto a los soldados heridos o prisio\u00adneros de guerra. Veamos algunos de los episodios por los que pasaron las Hermanas durante la primera parte de la guerra.<\/p>\n<p>Hacia fines de abril de 1861, el bombardeo de Norfolk y de Portsmouth (dos ciu\u00addades separadas por una bah\u00eda muy estrecha) se desencaden\u00f3 por decisi\u00f3n de un Consejo de guerra. Comenzaron a caer las bombas y como el fuego se hubiera pro\u00adpagado hasta el arsenal, ardi\u00f3 una gran cantidad de p\u00f3lvora. Las dos ciudades tem\u00adblaron hasta en sus cimientos&#8230; Norfolk estaba ocupada por los Confederados; el hospital de las Hermanas se vio pronto abarrotado de heridos en lastimoso estado. Era un dolor contemplar tantos males dif\u00edciles de remediar.<\/p>\n<p>En Portsmouth, el gobierno pidi\u00f3 Hermanas para que atendieran a los heridos de aquella parte. Cuando \u00e9stas llegaron se encontraron con centenares de heridos procedentes de los campos de batalla: llegaban en un estado deplorable. Sin p\u00e9rdida de tiempo hab\u00eda que poner manos a la obra y era mucho lo que hab\u00eda que hacer, ya que en muchos casos las heridas eran mortales. D\u00eda y noche estaban las Herma\u00adnas junto a los heridos, ofreci\u00e9ndoles sucesivamente alimento, medicinas y palabras de consuelo. No daban abasto para acudir a todos aquellos males de que eran testi\u00adgos. Seg\u00fan ellas, hubieran querido poder prescindir de comer, de dormir, de atender a sus propias necesidades, a la vista del estado en que se encontraban aquellos po\u00adbres heridos. Mientras atend\u00edan a uno, o\u00edan los gritos de dolor con que otro las lla\u00admaba&#8230; y sus fuerzas no estaban a la altura de su caridad: no pod\u00edan llegar a todo. Por fin, otras Hermanas m\u00e1s acudieron en su ayuda.<\/p>\n<p>El 7 de junio de 1861, tres Hermanas llamadas por los Confederados llegaban al hospital de Harpersferry. Tuvieron unos comienzos dif\u00edciles porque el hospital ca\u00adrec\u00eda de lo necesario en relaci\u00f3n con el n\u00famero de hospitalizados. Cuando las cosas empezaban a organizarse, fue necesario evacuar la ciudad y dirigirse a Winchester, donde se hicieron cargo de una ambulancia con otras tres Hermanas. El 21 de junio de 1862, el Padre Gondolfo, Sacerdote de la Misi\u00f3n, escrib\u00eda al Superior General:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230; Las Hermanas han obedecido a la llamada urgente que les ha dirigido el m\u00e9\u00addico cirujano del Ej\u00e9rcito, General Hammon, en nombre del Gobierno. Se han presta\u00addo a atender a los heridos y enfermos de cualquier nacionalidad, hacinados en los diferentes hospitales de varias ciudades del Norte&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>En la misma carta explica c\u00f3mo se recibi\u00f3 el 17 de junio un telegrama solicitan\u00addo cien Hermanas, con el ruego de hacerlas marchar lo antes posible. Las Superioras consiguieron reunir ochenta Hermanas que marcharon el d\u00eda 18, en barco, rumbo al fuerte Monroe, donde las esperaban dos hospitales y cinco barcos improvisados como ambulancias. Apenas hab\u00edan llegado, cuando el enemigo oblig\u00f3 a la divisi\u00f3n en que se encontraban a cambiar de posici\u00f3n. Veamos c\u00f3mo presenta los hechos una de las Hermanas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230;Aqu\u00ed empez\u00f3 una escena de confusi\u00f3n como apenas puede uno imaginarse. Los soldados se precipitaban en los barcos ya cargados de enfermos y heridos; ade\u00adm\u00e1s, hubo que transportar los caballos y las provisiones, de tal manera que est\u00e1ba\u00admos m\u00e1s cerca de hundirnos que de navegar&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Una Hermana anciana, en particular, aventaj\u00f3 a todas las dem\u00e1s en actividad y celo. Se hallaba en la bodega donde la oscuridad era tan intensa que no pod\u00eda ver\u00adse nada&#8230; Por eso se hab\u00edan dispuesto, ac\u00e1 y all\u00e1, algunas lamparillas, que no eran suficientes para alumbrar la \u00absala\u00bb. La falta de aire y de claridad en un local en que se hallaban doscientos hombres atacados de tifus y disenter\u00eda&#8230; etc., produc\u00eda efec\u00adtos que cuesta trabajo imaginar a quienes no los han experimentado. Esta Hermana de que les hablo pasaba el d\u00eda y la noche junto a los enfermos; no se la pod\u00eda arran\u00adcar de su lado&#8230; El amor de Dios que desbordaba de su coraz\u00f3n era como el aceite misterioso que manten\u00eda encendida la l\u00e1mpara de su celo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Llegados a su destino, se instal\u00f3 a los heridos en hospitales en los que las Her\u00ad<\/em><em>manas los cuidaron. Diez de ellas quedaron en uno de los barcos para servir de enla\u00ad<\/em><em>ce entre los campos de batalla y el hospital&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El 4 de junio de 1862, cuatro Hermanas llegaron al hospital de Frederik, y el 14 de julio siguiente, otras veinticinco se incorporaron a otro hospital reci\u00e9n abierto en Point-Look-Out. En su carta del 2 de junio de 1862, el Padre Gondolfo, antes mencio\u00adnado, puntualizaba que las Hijas de la Caridad ten\u00edan a su cargo diecis\u00e9is hospitales en diferentes ciudades, y visitaban a los enfermos en las ambulancias establecidas en local\u00e9s de iglesias Presbiterianas, Episcopalianas, Unitarias&#8230; El 7 de agosto de 1862, el Padre Mac Gille, Sacerdote de la Misi\u00f3n, escrib\u00eda al Padre Mallar, en Par\u00eds:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230; Lo que causa la admiraci\u00f3n de la gente es ver c\u00f3mo se parecen entre s\u00ed las <\/em><em>Hijas de la Caridad, no s\u00f3lo por el h\u00e1bito, sino sobre todo por la unidad de esp\u00edritu <\/em><em>y de intenciones; es, tambi\u00e9n, verlas trabajar en los dos lados, tanto con el ej\u00e9rcito del Norte como con el del Sur, prestando los mismos servicios y prodigando los mis\u00admos cuidados a los enfermos y heridos sin distinci\u00f3n de religi\u00f3n o de partido. Esto es lo que causa una impresi\u00f3n profunda y duradera en el esp\u00edritu de los Americanos&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El 11 de agosto de 1862, a petici\u00f3n del Mayor General del Ej\u00e9rcito, se envi\u00f3 a tres Hermanas a las c\u00e1rceles militares. Una de ellas observa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230; Nuestra primera visita fue mal acogida. Aquellos pobres soldados, despro\u00advistos de todo consuelo f\u00edsico y moral&#8230; se negaron a dirigirnos la palabra. No nos dejamos vencer por esta acogida desagradable, m\u00e1s bien fue un est\u00edmulo para nues\u00ad<\/em><em>tro celo&#8230; Lo primero que hicimos fue preparar un buen caldo y alg\u00fan otro alimento en lo posiblo apetitoso, para repart\u00edrselo a los presos&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230;Cuando pudimos penetrar junto a los presos enfermos, nos encontramos an\u00ad<\/em><em>te un espect\u00e1culo desolador; aquellos pobres, reducidos a una miseria extrema, de\u00ad<\/em><em>jaban ver el abandono y la miseria en que yac\u00edan. Gracias a Dios, los Oficiales secun\u00ad<\/em><em>daron nuestros esfuerzos con energ\u00eda y buena voluntad.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Desde Emmitsburgo, el 15 de diciembre de 1862, dicen:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230;No es f\u00e1cil responder a todas las peticiones; no obstante ponemos en juego <\/em><em>para ello el m\u00e1ximo de nuestras posibilidades&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En aquel a\u00f1o 1862, fueron a Manass\u00e9, en Virginia (con los Confederados). Y lo primero que tuvieron que hacer fue limpiar el hospital, para cuyo menester hubie\u00adron de servirse de palas. Siguieron al ej\u00e9rcito hacia Gordonville, Danville, Lynchburg&#8230; Igualmente, fueron a Entretan, en Maryland. Los caminos estaban sembrados de he\u00adridos, y el sol era de fuego. Empezaron por proteger a cada soldado mediante una especie de tienda de campa\u00f1a que prepararon con una manta de caballo extendida sobre cuatro estacas clavadas en el suelo. M\u00e1s adelante se las ver\u00eda en Natchez (Mis\u00adsissip\u00ed), en Nueva Orleans, en Filadelfia, en Washington. Estando en esta \u00faltima ciu\u00addad, les llevaron una noche 64 heridos horriblemente mutilados. S\u00f3lo 8 de ellos te\u00adn\u00edan completos todos sus miembros. Varios expiraron al ser trasladados del coche a la sala. Las Hermanas iban de una cama a otra haciendo cuanto pod\u00edan por aliviar los sufrimientos f\u00edsicos, y siempre que les era posible recordaban a aquellos pobres el pensamiento de Dios y de la eternidad.<\/p>\n<p>Una de las batallas m\u00e1s terribles fue la de Gettysburg, que dur\u00f3 del 1.\u00b0 al 8 de julio de 1863. En una carta de ese mismo d\u00eda 8, el Padre Burlando, Sacerdote de la Misi\u00f3n, refiere al Padre Etienne:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230;He acompa\u00f1ado a ocho Hermanas, con medicamentos y provisiones. Des\u00adpu\u00e9s de algunas dificultades, llegamos al campo de batalla y a la ciudad cercana. Todo estaba sumido en una verdadera confusi\u00f3n: las casas, los templos, la iglesia, el tribunal, el seminario protestante&#8230; se hallan llenos de heridos, y varios centena\u00adres de \u00e9stos est\u00e1n todav\u00eda tendidos en el campo de batalla, sin casi socorro alguno&#8230; De dos en dos, las Hermanas acuden a los hospitales m\u00e1s grandes. Otras han vuelto al d\u00eda siguiente. En realidad, toda la ciudad est\u00e1 transformada en hospital&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Dos de las Hermanas quedaron instaladas en la iglesia. Los heridos estaban echa\u00addos sobre los bancos o incluso debajo de \u00e9stos, en cualquier lugar que ofreciera es\u00adpacio suficiente para colocar en \u00e9l un cuerpo humano. Los heridos estaban all\u00ed sin que se les hubiera hecho ninguna cura en sus heridas. En algunos se hab\u00eda declarado ya la gangrena y el olor infecto de las llagas a\u00f1ad\u00eda una nota m\u00e1s de horror a toda aquella miseria. Otras cuatro Hermanas trabajaron durante varios d\u00edas en un gran co\u00adlegio al que se hab\u00edan llevado 800 heridos. El cirujano no daba abasto, y las Herma\u00adnas ten\u00edan que hacer casi todas las curas. \u00a1Qu\u00e9 terribles heridas tuvieron que ver! Heridas profundas, infectadas, con gangrena o llenas de gusanos, que hab\u00eda que la\u00advar y limpiar con el mayor cuidado para aliviar un poco siquiera el sufrimiento de aquellos hombres. Muchos de ellos, por otra parte, atacados por el t\u00e9tanos, ten\u00edan gran dificultad para injerir cualquier alimento. Era necesario mucho tiempo y mucha paciencia para conseguir que tragaran algunas cucharadas&#8230;<\/p>\n<p>En la ciudad de Gettysburg hab\u00eda un total de 113 ambulancias. La guerra no de\u00adber\u00eda terminar hasta 1865&#8230; pero nuestro Coloquio no llega hasta esa fecha.<\/p>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n.<\/strong><\/h2>\n<p>En todas aquellas situaciones, en todos aquellos combates, las Hermanas si\u00adguieron siempre la prudencia pr\u00e1ctica de San Vicente, contenida en el siguiente con\u00adsejo dado por \u00e9l:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab<em>&#8230;no pronunciarse por ning\u00fan partido en tiempo de guerra o de disen\u00ad<\/em><em>siones p\u00fablicas&#8230; . <\/em><\/p>\n<p>Y dec\u00eda tambi\u00e9n, al recomendar a sus misioneros que rezasen por la paz:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEs necesario que Dios ensanche nuestra alma, que nos d\u00e9 amplitud de entendimiento\u2026 para que podamos saber hasta d\u00f3nde llega la obligaci\u00f3n que tenemos de glorificarle de todas las formas posibles\u00bb.<\/p>\n<p>Muy acertadamente dec\u00eda Juan Pablo II, en Roma, el 26 de septiembre de 1987:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSan Vicente vivi\u00f3 con la luminosa convicci\u00f3n de que cada vez que se <\/em><em>socorre a un pobre, se opera en nosotros un acercamiento a Jesu\u00ad<\/em><em>cristo&#8230; \u00ab<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antes de presentar a ustedes a las Hijas de la Caridad en los Campos de Batalla durante el per\u00edodo tenido en cuenta por este Coloquio, deseo darles a conocer el pensamiento que ten\u00eda San Vicente &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-hijas-de-la-caridad-en-los-campos-de-batalla-1836-1863\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":57681,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[237],"tags":[168,161],"class_list":["post-57199","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-historia-de-las-hijas-de-la-caridad","tag-argel","tag-etienne"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Las Hijas de la Caridad en los campos de batalla (1836-1863) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/las-hijas-de-la-caridad-en-los-campos-de-batalla-1836-1863\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Las Hijas de la Caridad en los campos de batalla (1836-1863) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Antes de presentar a ustedes a las Hijas de la Caridad en los Campos de Batalla durante el per\u00edodo tenido en cuenta por este Coloquio, deseo darles a conocer el pensamiento que ten\u00eda San Vicente ... 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