{"id":57130,"date":"2015-02-08T07:00:43","date_gmt":"2015-02-08T06:00:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=57130"},"modified":"2016-07-26T19:17:59","modified_gmt":"2016-07-26T17:17:59","slug":"mision-y-caridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/mision-y-caridad\/","title":{"rendered":"Misi\u00f3n y Caridad"},"content":{"rendered":"<h2>I. <strong>La misi\u00f3n es obra de caridad por excelencia<\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/12\/mision-y-caridad.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-139113\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/12\/mision-y-caridad-300x182.jpg?resize=300%2C182\" alt=\"mision y caridad\" width=\"300\" height=\"182\" \/><\/a>Los Ejercicios Espirituales (Retiro), seg\u00fan San Vicente de Pa\u00fal, consisten senci\u00adllamente en un volver a leer la propia vida a la luz de la Fe y con una finalidad pr\u00e1cti\u00adca: se trata de confrontar nuestra \u00abvivencia\u00bb personal, comunitaria, apost\u00f3lica, en la unidad que forman con el Evangelio y, m\u00e1s concretamente, con el Evangelio tal como tenemos que vivirlo en la l\u00ednea de nuestra vocaci\u00f3n. \u00abEstamos, dice, con una f\u00f3rmula un poco sorprendente a primera vista, muy dispuestos y obligados a practi\u00adcar las m\u00e1ximas de Nuestro Se\u00f1or si no son contrarias al Instituto\u00bb (Coste XII, 129; S\u00edg. XI\/3, 428). De hecho no se puede expresar mejor que toda vocaci\u00f3n, dentro de la Iglesia, tiene su manera espec\u00edfica de seguir a Cristo y de revestirse de su esp\u00edri\u00adtu.<\/p>\n<p>\u00abMisi\u00f3n y Caridad\u00bb es precisamente lo, que caracteriza a Vicente de Pa\u00fal en su totalidad, o, m\u00e1s exactamente, es el coraz\u00f3n mismo del Evangelio, tal como lo perci\u00adbi\u00f3 con una extraordinaria agudeza. Sus principales fundaciones \u2014las Cofrad\u00edas de la Caridad, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad \u2014ja\u00adlonan e ilustran perfectamente su itinerario de cristiano y de sacerdote, muy atento al mensaje evang\u00e9lico en lo que tiene de esencial y a la vez a las miserias espirituales y materiales de su tiempo&#8230; y, podr\u00edamos a\u00f1adir, de todos los tiempos: por grandes que sean todas las evoluciones, siempre volvemos a encontrar en profundidad la misma necesidad de una promoci\u00f3n integral \u2014humana y evang\u00e9lica, individual y colectiva\u2014 de todos los hombres y sobre todo de los m\u00e1s desprovistos, de los m\u00e1s abandona\u00addos, de los m\u00e1s oprimidos.<\/p>\n<p>\u00abOh, Salvador \u2014dice tambi\u00e9n en un texto fundamental\u2014, que viniste a traernos esta ley de amar al pr\u00f3jimo como a s\u00ed mismo, que tan per\u00adfectamente la practicaste entre los hombres, no s\u00f3lo a su manera, sino de una forma incomparable! \u00a1S\u00e9 T\u00fa, Se\u00f1or, nuestro agradecimiento por habernos llamado a este estado de vida de estar continuamente aman\u00addo al pr\u00f3jimo, s\u00ed, por estado y profesi\u00f3n entregados a este amor, ocupados en el ejercicio actual del mismo o en disposici\u00f3n de estarlo, aban\u00addonando incluso cualquier otra ocupaci\u00f3n para dedicarnos a las obras caritativas! De los religiosos se dice que est\u00e1n en un estado de perfec\u00adci\u00f3n; nosotros no somos religiosos, pero podemos decir que estamos en un estado de Caridad, ya que estamos continuamente ocupados en la pr\u00e1ctica real del amor o en disposici\u00f3n de ello\u00bb (Coste XII, 275 S\u00edg. XI\/4, 564).<\/p>\n<p>Vamos, pues, a reflexionar sobre este \u00abEstado de Caridad\u00bb, es decir en la rela\u00adci\u00f3n \u00edntima y rec\u00edproca entre la Misi\u00f3n y la Caridad, entre la Caridad y la Misi\u00f3n. En efecto, San Vicente de Pa\u00fal supo captar de manera extraordinaria la relaci\u00f3n \u00edntima que existe entre la extensi\u00f3n del Evangelio en el mundo y el signo concreto de la Caridad, especialmente con los pobres. <em>\u00abEn esto conocer\u00e1n todos que sois mis dis\u00adc\u00edpulos: si ten\u00e9is amor unos para con otros\u00bb. <\/em>(Jn. 13, 35). De hecho, la Misi\u00f3n es por excelencia obra de la Caridad en su inspiraci\u00f3n y en su puesta en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<h3>A) <strong>La misi\u00f3n en su inspiraci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>La Caridad que el Esp\u00edritu Santo ha derramado en nuestros corazones es al mis\u00admo tiempo motivo, motor y finalidad de la Misi\u00f3n. Y como San Vicente est\u00e1 profun\u00addamente animado por esa Caridad, su pasi\u00f3n m\u00e1s grande consiste en evangelizar con la fuerza de sus brazos y con el sudor de su rostro, es decir, en revelar a sus hermanos el amor infinito que Dios tiene hacia nosotros y en ponerlos en disposici\u00f3n de devolverle amor por amor. De ese modo Dios ser\u00e1 glorificado mediante la realiza\u00adci\u00f3n de su designio misericordioso sobre toda la humanidad. Este es el fin esencial de la Misi\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed, pues, se dice que hay que buscar el Reino de Dios. Eso de buscar, no es una palabra vana, sino que dice muchas cosas. Quiere decir que hemos de obrar de tal forma que aspiremos siempre a lo que se nos recomienda, que trabajemos incesantemente por el Reino de Dios sin quedarnos en un estado c\u00f3modo y flojo \u00bb (Coste XII, 131; S\u00edg. X\/3, 429).<\/p>\n<h4>1. <strong>Pureza de intenci\u00f3n<\/strong><\/h4>\n<p>Por eso insiste tanto San Vicente en la <em>pureza de intenci\u00f3n <\/em>y en la <em>sencillez. <\/em>Indudablemente sabe aprovechar las circunstancias: as\u00ed, por ejemplo, la Compa\u00f1\u00eda de las Indias facilitar\u00e1 el env\u00edo de los primeros misioneros a Madagascar, pero \u00e9stos no tendr\u00e1n otro inter\u00e9s, como lo reconoce \u00e9l mismo al hacer el elogio de aquellos misioneros, que el de consumirse por Dios, llevando la Buena Nueva a los Pobres, a diferencia del gobernador de la isla y de sus hombres, que s\u00f3lo sue\u00f1an en conquis\u00adtar territorios, en la gloria de las armas, en honores y dignidades.<\/p>\n<p>Siguiendo a Jesucristo, se trata \u00fanicamente de servir y no de hacerse servir y San Vicente se levanta contra los que se predican a s\u00ed mismos o predican otra cosa que no sea las verdades necesarias para la salvaci\u00f3n, recomend\u00e1ndoles con fuerza \u2014son sus propias palabras\u2014 que no obren nunca por alguna utilidad propia, sen\u00adsual o temporal, ni por atraer a nuestro bando, ni tampoco por alguna propuesta que redunde en nuestra alabanza o ventaja, sino siempre por agradar a Dios. Si acepta, por ejemplo, que a sus cohermanos se les nombre c\u00f3nsules en Argelia o en T\u00fanez, es esencialmente por trabajar en la Salvaci\u00f3n de los pobres esclavos, para fortalecer\u00adlos en la prueba, para preservarlos de la abjuraci\u00f3n. Precisamente despu\u00e9s de haber pronunciado los nombres de Juan y Felipe LE VACHER es cuando dice aquellas pa\u00adlabras tan conocidas:<\/p>\n<p>El celo consiste en un puro deseo de hacerse agradable a Dios y \u00fatil al pr\u00f3jimo. Celo por extender el Reino de Dios, celo de procurar la sal\u00advaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. \u00bfHay en el mundo algo m\u00e1s perfecto? Si el amor de Dios es fuego, el celo es la llama; si el amor es un sol, el celo es su rayo. El celo es lo m\u00e1s puro que hay en el amor de Dios\u00bb (Coste XII, 307-308; S\u00edg. XI\/4, 590).<\/p>\n<h4><strong>2. Consecuencias<\/strong><\/h4>\n<p>a) El sentido de Dios<\/p>\n<p>Lo que acabamos de decir tiene dos consecuencias bastante parad\u00f3jicas. La pri\u00admera es que San Vicente \u2014que llama al misionero a desvivirse incondicionalmente como si todo dependiera de \u00e9l\u2014 le pide tambi\u00e9n vivamente que se entregue total\u00admente al Se\u00f1or para el resultado de su ministerio y que viva a este respecto un total desinter\u00e9s en lo que a \u00e9l personalmente se refiere. Pensar u obrar de otro modo ser\u00eda considerarse como un instrumento necesario en una obra de la que, en definitiva, Dios s\u00f3lo es el autor; ser\u00eda atribuirse o querer atribuirse parte del \u00e9xito que, en su totalidad, es de Dios ya que es El quien suscita el querer y el hacer. Por otra parte, \u00bfevangelizar, no es precisamente anunciar a los hombres su \u00danico Salvador? Y San Vicente dice y repite:<\/p>\n<p>Tres hacen m\u00e1s que diez cuando Nuestro Se\u00f1or echa una mano\u00bb (C. IV, 116; S\u00edg. IV, 117).<\/p>\n<p>Los asuntos de Dios se van haciendo poco a poco y casi impercepti\u00adblemente\u00bb (C. <strong>II, <\/strong>226; S\u00edg. II, 190).<\/p>\n<p>En las cosas de Dios el que anda con prisas retrocede\u00bb (C. <strong>II, <\/strong>473; S\u00edg. II, 398).<\/p>\n<p>Hay sobre todo una expresi\u00f3n que le es familiar: <em>\u00abD\u00e9monos a Dios para&#8230;\u00bb. <\/em>Di\u00adcho de otro modo, entregu\u00e9monos sin reserva al Se\u00f1or y El llevar\u00e1 a cabo su obra en nosotros, a trav\u00e9s de nosotros, desde el momento en que nos ponemos en sus manos como instrumentos muy d\u00f3ciles y obedientes. No puede haber \u00e9xito real y durable si no procede de Dios.<\/p>\n<p>b) El sentido de la acci\u00f3n<\/p>\n<p>La segunda consecuencia \u2014no menos parad\u00f3jica en apariencia\u2014 es que San Vicente, que ha puesto en pie tantas instituciones y con tanta eficacia y tes\u00f3n, des\u00adcarta el empleo de medios humanos como tales para llevar a cabo la obra de evange\u00adlizaci\u00f3n. En esto tambi\u00e9n, correr\u00edamos el riesgo de creer en la eficacia de estos me\u00addios en s\u00ed mismos y de atribuirnos el m\u00e9rito. San Vicente hubiera suscrito estas pala\u00adbras del P. de Montcheuil:<\/p>\n<p>\u00abLa Iglesia no nos llama a una propaganda sino a un apostolado. \u00bfQu\u00e9 quiere decir esto? No se trata de aumentar el n\u00famero de adictos a la Iglesia, de reclutar numerosos militantes&#8230;, ni de organizar manifesta\u00adciones grandiosas, sino de hacer que los hombres accedan a la vida cristiana o ayudarles a que penetren m\u00e1s en ella; se trata de conseguir que empiecen a entregarse a Dios o de que se entreguen a El m\u00e1s pro\u00adfundamente. Las instituciones cristianas no tienen otro sentido ni valor que el de ser apoyo y expresi\u00f3n de una vida cristiana. De otro modo no son m\u00e1s que marcos vac\u00edos.\u00bb<\/p>\n<p>En el momento en que un determinado n\u00famero de cristianos vuelve a encontrar con raz\u00f3n el sentido y el gusto de ciertas formas de presencia visible y significativa, tenemos que persuadirnos ante todo y persuadirles a ellos de que la Misi\u00f3n es esen\u00adcialmente obra de Caridad en toda la plenitud de este t\u00e9rmino y por tanto con un desinter\u00e9s absoluto, hasta del mismo \u00e9xito, que s\u00f3lo pertenece a Dios. La verdadera Caridad se hace humilde y pobre, humilde y sierva.<\/p>\n<h4><strong>3. Misi\u00f3n y amor fraterno<\/strong><\/h4>\n<p>Como obra por excelencia que es de la Caridad, la Misi\u00f3n s\u00f3lo es aut\u00e9ntica si se emprende y contin\u00faa por amor a los hombres \u2014sobre todo a los pobres\u2014 a quie\u00adnes Dios ama infinitamente y porque El les ama infinitamente. Esto se reconoce en dos se\u00f1ales principalmente:<\/p>\n<p>a) La universalidad de la Misi\u00f3n<\/p>\n<p>En efecto, este amor de Dios hacia la humanidad, no conoce, por definici\u00f3n, ning\u00fan l\u00edmite. Si la Iglesia es cat\u00f3lica, universal, es precisamente porque su unidad no es la de una raza, la de una casta, sino la que pone en ella el Infinito, Aquel que no conoce l\u00edmite de ninguna clase ni en su ser, ni en su amor y que, por tanto, quiere unirse a todas las criaturas. La Iglesia tendr\u00e1 siempre sentimientos maternales hacia todo ser humano, hacia todo grupo humano. El Esp\u00edritu hace estable en ella esta disposici\u00f3n: la de ver en todo ser a alguien que es objeto del amor infinito de Dios y que est\u00e1 llamado a entrar en comuni\u00f3n con El al mismo tiempo que todos los de\u00adm\u00e1s y con todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Por eso la Misi\u00f3n no conoce otros l\u00edmites en extensi\u00f3n y en profundidad que los l\u00edmites de la Humanidad entera salvada por Cristo y a la que hay que dar a cono\u00adcer la Buena Nueva de la Salvaci\u00f3n. San Vicente dec\u00eda precisamente en su Confe\u00adrencia sobre la Caridad, el 30 de mayo de 1659:<\/p>\n<p>\u00abNuestra vocaci\u00f3n consiste en ir, no a una parroquia, ni s\u00f3lo a una di\u00f3\u00adcesis, sino por toda la tierra. \u00bfPara qu\u00e9? Para abrasar los corazones de los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios, que vino a traer fuego a la tierra para inflamarla con su amor. \u00bfQu\u00e9 otra cosa hemos de desear sino que arda y lo consuma todo?&#8230; Es cierto que yo he sido enviado, no s\u00f3lo para amar a Dios, sino para hacerlo amar. No me basta con amar a Dios si mi pr\u00f3jimo no lo ama\u00bb (C. XII, 262; S\u00edg. XI\/4, 553).<\/p>\n<p>Evangelizaci\u00f3n universal, caridad universal, es lo mismo.<\/p>\n<p>b) El amor preferencial por los Pobres<\/p>\n<p>\u00abSiempre tendr\u00e9is pobres entre vosotros\u00bb, dijo Cristo quien, ya desde los co\u00admienzos de su vida p\u00fablica se hab\u00eda presentado como Aquel a quien el Padre ha con\u00adsagrado y enviado para llevar la Buena Nueva a los Pobres. San Vicente medit\u00f3 con frecuencia estas palabras as\u00ed como la respuesta de Jes\u00fas a los enviados de Juan Bau\u00adtista:<\/p>\n<p>Id y comunicad a Juan lo que hab\u00e9is visto y o\u00eddo: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muer\u00adtos resucitan, los pobres son evangelizados, y bienaventurado quien no se escandaliza de m\u00ed\u00bb. (Luc. VII, 22-23).<\/p>\n<p>El anuncio de la Salvaci\u00f3n, es por tanto Cristo entre los Pobres en sus angustias f\u00edsicas y en sus miserias morales. Por eso, la doble acci\u00f3n conjunta de San Vicente consistir\u00e1, siguiendo a Cristo, en evangelizar y al mismo tiempo levantar, promocio\u00adnar al Pobre. En su relaci\u00f3n con Jesucristo se da un enfoque selectivo: Jesucristo es el Misionero del Padre y San Vicente se ve impulsado a hacer una opci\u00f3n, dentro de esa Misi\u00f3n, una opci\u00f3n que es tanto m\u00e1s din\u00e1mica y actual cuanto que es m\u00e1s concreta: el Misionero de los Pobres, el Enviado a los Pobres:<\/p>\n<p>En esta vocaci\u00f3n vivimos \u2014dice\u2014 de modo muy conforme a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo que, al parecer, cuando vino a este mundo, escogi\u00f3 como principal tarea la de asistir y cuidar a los pobres. Me envi\u00f3 para evangelizar a los Pobres. Y si se le pregunta a Nuestro Se\u00f1or: \u00bfQu\u00e9 es lo que has venido a hacer en la tierra? \u2014&#8217;Asistir a los pobres&#8217; 2A algo m\u00e1s?&#8217; \u2014&#8217;A asistir a los pobres&#8217; &#8230;Por eso, \u00bfno nos sentiremos felices nosotros por estar en la Misi\u00f3n con el mismo fin que impuls\u00f3 a Dios a hacerse hombre?\u00bb (C. XI, 108; S\u00edg. XI\/3, 33-34).<\/p>\n<p>Puesto que la Evangelizaci\u00f3n ha de extenderse a todos los hombres, pero sobre todo y ante todo a aquellos cuyo estado, situaci\u00f3n o circunstancias los tienen aleja\u00addos de ella, San Vicente ir\u00e1 con preferencia a los Pobres y los amar\u00e1 con el mismo amor con el que Cristo los ama:<\/p>\n<p>Miremos al Hijo de Dios: \u00a1qu\u00e9 coraz\u00f3n de Caridad! \u00a1Qu\u00e9 llama de amor! Jes\u00fas m\u00edo, dinos por favor, \u00bfqu\u00e9 es lo que te ha sacado del Cielo para venir a sufrir la maldici\u00f3n de la tierra y todas las persecuciones y tor\u00admentos que has recibido? \u00a1Oh, Salvador! \u00a1Fuente de amor humillado hasta nosotros y hasta un suplicio infame! \u00bfQui\u00e9n ha amado en esto al pr\u00f3jimo m\u00e1s que t\u00fa? Hermanos m\u00edos, si tuvi\u00e9semos un poco de ese amor, \u00bfnos quedar\u00edamos con los brazos cruzados? \u00bfDejar\u00edamos morir a todos esos que podr\u00edamos asistir? No, la caridad no puede permane\u00adcer ociosa, sino que nos mueve a la salvaci\u00f3n y al consuelo de los de\u00adm\u00e1s? (C. XII, 264-285, S\u00edg. XI\/4, 555).<\/p>\n<h3>B) <strong>La misi\u00f3n en su puesta en pr\u00e1ctica<\/strong><\/h3>\n<p>La Misi\u00f3n, como obra de Caridad por excelencia en su inspiraci\u00f3n, debe serlo igualmente, nos dice San Vicente, en su puesta en pr\u00e1ctica. Ya conocemos el famo\u00adso pasaje:<\/p>\n<p>\u00bfNo son los pobres los miembros afligidos de Nuestro Se\u00f1or? \u00bfNo son hermanos nuestros? Y si los sacerdotes los abandonan, \u00bfqui\u00e9n quer\u00e9is que les asista? De modo que, si hay algunos entre nosotros que crean que est\u00e1n en la Misi\u00f3n para evangelizar a los pobres y no para aliviar\u00adlos, para remediar sus necesidades espirituales y no las temporales, les dir\u00e9 que tenemos que asistirles y hacer que les asistan de todas las ma\u00adneras, nosotros y los dem\u00e1s, si queremos o\u00edr esas agradables palabras&#8230;: \u00abVenid, benditos de mi Padre, etc\u00bb. Hacer esto es evangelizar de pala\u00adbra y de obra, es lo m\u00e1s perfecto&#8230;\u00bb (C. XII, 87-88; S\u00edg. XI\/3, 393).<\/p>\n<p>De momento quisiera detenerme en la expresi\u00f3n: \u00abEvangelizar de palabra y de obra es lo m\u00e1s perfecto\u00bb. Recuerdo que el P. Li\u00e9g\u00e9 nos dec\u00eda en una conferencia titulada precisamente \u00abEvangelizaci\u00f3n y Caridad\u00bb: \u00abPara llevar a creer, es preciso ha\u00adcer ver y hacer o\u00edr a Cristo muerto y resucitado\u00bb. Yo voy a fijarme en esta expresi\u00f3n: \u2014hacer ver y hacer o\u00edr\u2014 que coincide exactamente con la de San Vicente: \u00abEvan\u00adgelizar de palabra y de obra, es lo m\u00e1s perfecto\u00bb, sin olvidar, una vez m\u00e1s, que es el Esp\u00edritu Santo quien inspira nuestro poner en pr\u00e1ctica la Misi\u00f3n y quien, a trav\u00e9s de ella, puede hacer que reconozcan a Jesucristo, hacer que acojan su Evangelio.<\/p>\n<h4><strong>1. \u00abHacer ver\u00bb a Jesucristo muerto y resucitado<\/strong><\/h4>\n<p>a) Referencia evang\u00e9lica<\/p>\n<p>Era preciso que Jes\u00fas muriera&#8230; para reunir en uno todos los hijos de Dios que estaban dispersos\u00bb (Jn. XI, 51-52).<\/p>\n<p>En esto conocer\u00e1n todos que sois mis disc\u00edpulos: si ten\u00e9is amor unos para con otros\u00bb (Jn. XIII, 35).<\/p>\n<p>Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos\u00bb (1.a Jn., III, 14).<\/p>\n<p>Podemos ver el encadenamiento l\u00f3gico de estas frases tan conocidas de San Juan. Y San Vicente nos ense\u00f1a, en la misma l\u00ednea, m\u00e1s y mejor que ning\u00fan otro, que no basta con hablar de la Caridad \u2014por muy importante que esto sea\u2014 sino que, ante todo, hay que \u00abhacerla visible\u00bb o, dicho de otro modo, hay que dar testimonio de que nuestra adhesi\u00f3n a Cristo muerto y resucitado transfigura nuestras vi\u00addas, nuestros corazones, nuestra relaci\u00f3n con los dem\u00e1s:<\/p>\n<p>\u00abVivimos en Jesucristo, escrib\u00eda San Vicente al P. Portail en 1635, esta vez con acentos paulinos, vivimos en Jesucristo por la muerte de Je\u00adsucristo, y hemos de morir en Jesucristo por la vida de Jesucristo y nuestra vida tiene que estar oculta en Jesucristo y llena de Jesucristo y para morir como Jesucristo hay que vivir como Jesucristo\u00bb (C. I, 295; S\u00edg. I, 320).<\/p>\n<p>b) El testimonio de vida<\/p>\n<p>Efectivamente, \u00a1qu\u00e9 contradicci\u00f3n existir\u00eda si desminti\u00e9ramos nuestra ense\u00f1an\u00adza con nuestra vida!&#8230; San Vicente considera precisamente este esc\u00e1ndalo como una de las faltas m\u00e1s graves contra la Caridad, pues si Caridad es evangelizar con senci\u00adllez, bondad, mansedumbre, humildad, a\u00fan m\u00e1s hay que confirmar mediante el tes\u00adtimonio lo que se predica.<\/p>\n<p>Cristo dec\u00eda a sus disc\u00edpulos: \u00abSi no cre\u00e9is mis palabras, creed al menos a causa de mis obras\u00bb (Jn. XIV, 11). San Pedro escribir\u00e1, a su vez, a una comunidad cristia\u00adna: \u00abTened en medio de los gentiles una conducta ejemplar, a fin de que, en lo mis\u00admo que os calumnian como malhechores, a la vista de vuestras buenas obras den gloria a Dios en el d\u00eda de la Visita\u00bb. (1\u00aa P. II, 121. Cuando Dios quiere llevar a los paganos a la Fe, les hace ver el comportamiento sorprendente de los bautizados, de los resucitados. La Iglesia debe manifestar la presencia renovadora de Dios entre los hombres e incluso antes de que hablemos de ello, debe ser evidente de alguna manera que ya nada es como antes, desde el momento en que hemos acogido la ternura de Dios en Jesucristo.<\/p>\n<p>Queda por preguntarnos, indudablemente, c\u00f3mo podr\u00e1 ser legible esta se\u00f1al, c\u00f3mo podr\u00e1 ser perceptible en el mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<h4><strong>2. \u00abHacer o\u00edr\u00bb a Jesucristo muerto y resucitado<\/strong><\/h4>\n<p>San Vicente pone de relieve una vez m\u00e1s:<\/p>\n<p>a) La importancia de la mansedumbre y de la humildad En la misma carta a su amigo Portail escribe:<\/p>\n<p>\u00abNo se le cree a un hombre porque sea muy sabio, sino porque lo consi\u00adderamos bueno y lo apreciamos\u00bb (C. I, 295; S\u00edg. 1, 320).<\/p>\n<p>Ten\u00eda m\u00e1s confianza en la bondad y en la mansedumbre que en los razonamien\u00adtos mejor preparados para anunciar el Evangelio. No quer\u00eda, por ejemplo, que se dis\u00adcutiese con los calvinistas: nada de pol\u00e9micas, invectivas o reproches mezclados con la Palabra de Dios: \u00abCuando se disputa contra alguien \u2014dice San Vicente, seg\u00fan nos cuenta Abbely&#8211;, si uno se enfrenta con \u00e9l dej\u00e1ndose llevar de la altaner\u00eda parece como si quisiera dominarle; por eso se dispone a resistir en vez de disponerse a reco\u00adnocer la verdad; de modo que, en esta discusi\u00f3n, en vez de conseguir que se abra su esp\u00edritu, se cierra ordinariamente la puerta de su coraz\u00f3n. Por el contrario, la man\u00adsedumbre y la afabilidad se la abren\u00bb. E inmediatamente despu\u00e9s evoca a San Fran\u00adcisco de Sales, \u00abque, aunque era muy h\u00e1bil en las controversias, sin embargo con\u00advert\u00eda a los herejes m\u00e1s con su mansedumbre que con su doctrina\u00bb (C. XI, 65-66, S\u00edg. XI\/4, 753).<\/p>\n<p>Del mismo modo escrib\u00eda a Felipe Le Vacher que estaba en misi\u00f3n en Argelia entre los esclavos (especialmente eclesi\u00e1sticos):<\/p>\n<p>\u00abLe ruego se muestre condescendiente con la debilidad humana, en to\u00addo cuanto pueda&#8230; Ellos no carecen de luces sino de fuerzas, y esa fuerza se les puede dar mejor con la unci\u00f3n exterior de las palabras y del buen ejemplo. No digo que sea menester aprobar o permitir sus de\u00ads\u00f3rdenes; lo que digo es que los remedios tienen que ser suaves y be\u00adnignos\u00bb (C. IV, 121; S\u00edg. IV, 498).<\/p>\n<p>b) La importancia de la sencillez<\/p>\n<p>Sabemos con qu\u00e9 tes\u00f3n San Vicente quiso implantar lo que \u00e9l llamaba el <em>\u00abpe\u00adque\u00f1o m\u00e9todo\u00bb <\/em>(naturaleza, motivos, medios), sencillo, claro, accesible a los humil\u00addes, a los m\u00e1s humildes. Es precisamente la Caridad la que requiere esta sencillez, pues ser\u00eda frustrar al pueblo en lo que m\u00e1s derecho tiene a esperar, en aquello de lo que tiene hambre, predicarse a s\u00ed mismo en vez de predicar a Jesucristo, ser\u00eda frus\u00adtrarle no ayudar a las gentes esencialmente a descubrir a Cristo en S\u00ed mismo y a tra\u00adv\u00e9s de todas las realidades de su vida.<\/p>\n<p>No nos extra\u00f1ar\u00e1, por tanto, que San Vicente diga que la sencillez es la virtud que m\u00e1s ama y en la que pone m\u00e1s atenci\u00f3n (C. I, 284; S\u00edg. I, 310): <em>\u00abLa sencillez <\/em><em>es mi Evangelio\u00bb, <\/em>dice con una f\u00f3rmula que toma toda su fuerza de significado aqu\u00ed en el coraz\u00f3n de la Misi\u00f3n. S\u00ed, es vivir la Caridad efectiva despojarse de este modo de s\u00ed mismo, de la propia vanidad, de todos los adornos in\u00fatiles, para hacerse cerca\u00adno a los dem\u00e1s, sobre todo a los peque\u00f1os y anunciarles las maravillas de Dios con un lenguaje que les \u00abhable\u00bb verdaderamente. Una vez m\u00e1s, se conoce al \u00e1rbol por sus frutos y San Vicente, apoyado en su excepcional experiencia misionera, pondera los efectos del \u00abpeque\u00f1o m\u00e9todo\u00bb: a nosotros nos toca mantener en la pr\u00e1ctica el esp\u00edritu de dicho m\u00e9todo en el apostolado que nos incumbe hoy.<\/p>\n<p>En todo caso est\u00e1 claro que la Caridad, en toda la plenitud de la palabra, es el alma de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n podemos decir, seg\u00fan una expresi\u00f3n del P. Dodin (Mission et Charit\u00e9, n.\u00b0 29-30, p. 37), que uno de los grandes principios de la espiritualidad vicenciana es no separar la acci\u00f3n caritativa del conjunto de la vida espiritual y por consiguiente unir siempre el amor del pr\u00f3jimo al amor de Dios. Centr\u00e1ndose cada vez m\u00e1s en la imitaci\u00f3n de Cristo, San Vicente afirma que tenemos que amar al pr\u00f3ji\u00admo como Cristo le ha amado y como El nos ama:<\/p>\n<p>\u00abEl pr\u00f3jimo, y sobre todo el pr\u00f3jimo pobre y abandonado, es imagen de Jes\u00fas; el pr\u00f3jimo es un miembro del Cuerpo M\u00edstico de Jes\u00fas; el pr\u00f3ji\u00admo es amigo de Jes\u00fas y Cristo est\u00e1 interesado en todo lo que le suce\u00adde\u00bb (ibid. p. 39).<\/p>\n<p>Por eso tenemos que meditar en el comportamiento de Cristo: c\u00f3mo entra en solidaridad con los pobres, c\u00f3mo sus opciones son siempre las del Servidor, c\u00f3mo reintegra a los excluidos y los remite a sus responsabilidades, etc. Pero, sobre todo, no perdamos nunca de vista que el Hijo de Dios vino a nosotros para llevarnos a El. El es a la vez el Camino y lo que hay al final del Camino: la Verdad y la Vida. Hablar de que el Reino futuro se inaugura aqu\u00ed abajo no son palabras vanas.<\/p>\n<p>Por eso no hay que hacer de la Misi\u00f3n una t\u00e1ctica m\u00e1s o menos humana, toda\u00adv\u00eda menos, una simple estrategia, por necesarios que sean nuestros proyectos de todo tipo. Se trata de la Misi\u00f3n en la contemplaci\u00f3n del Amor a Cristo y con una larga paciencia. Es preciso no caer \u2014precisamente ser\u00eda algo muy poco vicenciano \u2014 en una especie de irrealismo de la Fe. Puesto que estamos llamados como Iglesia (y reunidos como miembros de la Iglesia \u2014insistir\u00e9 sobre esto m\u00e1s adelante\u2014) para ser testigos de Cristo, para hacerle reconocer por los hombres, por los pobres como un Dios que nos ama en su vida real, reconozcamos que se trata de un trabajo en extremo largo y exigente, siempre en v\u00edas de realizaci\u00f3n, y que, de todas formas no podr\u00e1 llevarse a cabo si no nos convertimos nosotros mismos cada vez m\u00e1s a Jesu\u00adcristo. Esta conversi\u00f3n cada vez m\u00e1s profunda nos permitir\u00e1 especialmente unirnos a su Amor prioritario por los pobres.<\/p>\n<p>Como miembros de la Iglesia, y siguiendo sus pasos, hemos de descentrarnos de nosotros mismos para centrarnos en Jesucristo y, con El, en la Misi\u00f3n, en los Pobres. De este modo, nos convertimos en los signos visibles de su presencia. Es una cuesti\u00f3n de fidelidad y de autenticidad: si la Iglesia se mira a s\u00ed misma, es infiel, porque est\u00e1 hecha precisamente para continuar la Misi\u00f3n de Jesucristo, para hacer ver y o\u00edr la venida de Dios en Jesucristo. Y si la Iglesia est\u00e1 \u00fanicamente preocupada por el rostro que muestra, es igualmente infiel, pues debe entrar sin cesar en comu\u00adni\u00f3n con su Se\u00f1or para poder continuar su Misi\u00f3n. Tenemos aqu\u00ed una importante fuente de reflexi\u00f3n para nosotros que, como misioneros de los pobres, debemos des\u00adcentrarnos cada vez m\u00e1s de nosotros mismos y centrarnos en Jesucristo. Esta co\u00admuni\u00f3n profunda con El en la Caridad nos permitir\u00e1 dejarle continuar, en nosotros y a trav\u00e9s de nosotros, su propia Misi\u00f3n de Evangelizador de los Pobres.<\/p>\n<h2>II. La caridad es por s\u00ed misma eminentemente misionera<\/h2>\n<p>Este tema me lleva forzosamente a algunas repeticiones. Por otra parte, resulta pr\u00e1cticamente una evidencia que la Caridad evang\u00e9lica es, por s\u00ed misma y en s\u00ed mis\u00adma, misionera, tanto para aquellos hacia quienes se dirige como para los que se es\u00adfuerzan en dar testimonio de esa Caridad, saliendo al encuentro de Cristo en la per\u00adsona de los pobres.<\/p>\n<p>Pero quisiera aprovechar la oportunidad para perfilar un poco m\u00e1s la fisonom\u00eda del misionero seg\u00fan San Vicente de Pa\u00fal y mostrar su enorme actualidad que no es otra que la del mismo Evangelio.<\/p>\n<p>Por otra parte, nuestros Fundadores o Institutores se adelantaron a crear lo que el actual Derecho Can\u00f3nico llama las Sociedades de Vida Apost\u00f3lica. Basta recordar la definici\u00f3n, tal como nos la presenta el Canon 731:<\/p>\n<p>\u00ab<em>las sociedades de vida apost\u00f3lica, cuyos miembros, sin votos reli<\/em><em>giosos, buscan el fin apost\u00f3lico propio de la sociedad y, llevando vida <\/em><em>fraterna en com\u00fan, seg\u00fan el propio modo de vida, aspiran a la perfec\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n de la caridad por la observancia de las Constituciones.<\/em><\/p>\n<p><em>Entre \u00e9stas existen sociedades cuyos miembros abrazan los Con\u00ad<\/em><em>sejos evang\u00e9licos mediante un v\u00ednculo determinado por las constitu\u00ad<\/em><em>ciones.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Este es el ideal que nosotros hemos de vivir con el car\u00e1cter espec\u00edfico de cada vocaci\u00f3n. Siguiendo a San Vicente, quisiera muy especialmente llamar la atenci\u00f3n tambi\u00e9n sobre la dimensi\u00f3n de la vida comunitaria, pues la Caridad que modela al misionero modela al mismo tiempo a la Comunidad misionera para que sea verdade\u00adramente evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>Todo esto constituye un amplio tema, pero trat\u00e1ndose de una conferencia de Ejercicios, bastar\u00e1 con entresacar algunos puntos de reflexi\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>A) La caridad modela al misionero<\/strong><\/h3>\n<h4><strong>1. Como evangelizador<\/strong><\/h4>\n<p>Cristo es <em>la Regla de la Misi\u00f3n, <\/em>ha dicho San Vicente (C. XII, 130; S\u00edg. XI\/3, 429). Asimismo dir\u00e1 a las Hijas de la Caridad que El es el <em>Ma\u00ad<\/em><em>nantial y Modelo de toda Caridad, <\/em>y Luisa de Marillac les dar\u00e1 como divi\u00adsa una frase inspirada en San Pablo: <em>\u00abLa Caridad de Jesucristo Crucifi\u00ad<\/em><em>cado nos apremia\u00bb. <\/em>Es interesante observar este t\u00e9rmino \u00abcrucificado\u00bb que nos pone m\u00e1s especialmente en relaci\u00f3n con el Misterio Pascual y con Cristo, que en la Cruz alcanza el punto culminante de su actitud de \u00abServidor\u00bb. Nosotros vamos al pobre con Cristo y como Cristo. La rela\u00adci\u00f3n con Cristo y la relaci\u00f3n con el pobre forman un todo.<\/p>\n<p><em>a) Relaci\u00f3n con Cristo<\/em><\/p>\n<p>San Vicente, despu\u00e9s de haber explicado que el Esp\u00edritu de Jesucristo habita en cada bautizado para comunicarle su propia vida, sus propias disposiciones, sus propias inclinaciones, dice hablando a los Misioneros:<\/p>\n<p><em>Pero \u00bfqu\u00e9 es el Esp\u00edritu de Nuestro Se\u00f1or? Es un Esp\u00edritu de perfecta <\/em><em>Caridad&#8230; Y su amor, \u00bfc\u00f3mo era? \u00a1Oh, qu\u00e9 amor! \u00a1Salvador m\u00edo, cu\u00e1n <\/em><em>grande era el amor que ten\u00edas a tu Padre! \u00bfPod\u00eda acaso tener un amor <\/em><em>m\u00e1s grande, hermanos m\u00edos, que anonadarse por El?&#8230; $us humilla\u00adciones no eran m\u00e1s que amor; su trabajo era amor, sus sufrimientos <\/em><em>amor, sus oraciones amor, y todas sus operaciones exteriores e interio\u00ad<\/em><em>res no eran m\u00e1s que actos repetidos de su amor\u00bb. <\/em>(Coste. XII, 109; S\u00edg. XI\/3, 411-412).<\/p>\n<p>Cristo, obedeciendo a su Padre y enviado por El para llevar la Buena Nueva a los Pobres, forjar\u00e1, por tanto, nuestra personalidad y, a pesar de nuestras limitacio\u00adnes, nos comunicar\u00e1 su Caridad.<\/p>\n<p><em>El prop\u00f3sito de la Compa\u00f1\u00eda es imitar a Nuestro Se\u00f1or en la medida en que pueden hacerlo unas personas pobres y ruines\u00bb. <\/em>(Coste. XII, 75; S\u00edg. XI\/3, 383).<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de haber concretado bien el fin de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, la meta hacia la que nos dirigimos, San Vicente concluye:<\/p>\n<p><em>Por tanto, si nos hemos propuesto hacernos semejantes a este divino <\/em><em>modelo y sentimos en nuestros corazones este deseo y esta santa afi\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n, es menester procurar conformar nuestros pensamientos, nuestras obras y nuestras intenciones a las suyas\u00bb. <\/em>(Coste, XII, 75; S\u00edg. XI\/3, 383).<\/p>\n<p>Por tanto, el criterio fundamental para distinguir una Caridad misionera que tie\u00adne su principio en Cristo, es el celo, pero como se trata de dirigirnos a los pobres y con un coraz\u00f3n de pobre, este celo habr\u00e1 de hacerse sencillo, humilde y lleno de mansedumbre y habr\u00e1 de enraizarse en la mortificaci\u00f3n: \u00e9sta constituye el medio m\u00e1s seguro para vaciarnos de nosotros mismos para revestirnos de Jesucristo y para ha\u00adcer frente a las exigencias de tal apostolado. Porque los pobres son amos terrible\u00admente exigentes.<\/p>\n<p>No hay duda alguna de que para San Vicente nuestra fisonom\u00eda verdadera re\u00adsulta de estas cinco virtudes cristol\u00f3gicas (sencillez, humildad, mansedumbre, mor\u00adtificaci\u00f3n y celo) y que, viviendo estas m\u00e1ximas evang\u00e9licas, estamos seguros de que respondemos al designio de Dios sobre nosotros. Al contrario de lo que ocurre con las m\u00e1ximas del mundo, aqu\u00e9llas no llevan a enga\u00f1o y ser\u00e1n como dicen nues\u00adtras Reglas Comunes<\/p>\n<p><em>\u00abcomo las cinco piedras limp\u00edsimas de David, con las cuales, hiriendo<br \/>\n<\/em><em>al primer golpe al infernal Goliat, le venceremos&#8230;\u00bb <\/em>(R. C. XII, 12)<\/p>\n<p>Vemos que est\u00e1 siempre presente la \u00f3ptica misionera, pero sin perder de vista ese sentimiento profundo de no ser m\u00e1s que pobres instrumentos de la Caridad de Jesucristo. El Padre de Condren no se equivocaba, cuando un d\u00eda dec\u00eda a San Vicen\u00adte:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 feliz es usted al tener en su Compa\u00f1\u00eda el sello de las obras de <\/em><em>Jesucristo! Pues, lo mismo que al instituir la Iglesia quiso escoger a <\/em><em>unos pobres hombres, ignorantes y pecadores&#8230; de la misma forma la <\/em><em>mayor parte o casi todos los que Dios llama a su compa\u00f1\u00eda son pobres o de humilde condici\u00f3n, o de los que no resplandecen mucho en cien\u00adcia. \u00bb <\/em>(Coste XI, 132; S\u00edg. XI\/3, 54)<\/p>\n<p>He le\u00eddo, no recuerdo d\u00f3nde, que el Se\u00f1or Ober hab\u00eda hecho reflexiones del mis\u00admo estilo, pero que tambi\u00e9n por respeto hacia su padre no se hab\u00eda atrevido a hablar en su presencia a los pobres en plena calle, como \u2014a\u00f1ad\u00eda \u00e9l\u2014 se hace com\u00fanmen\u00adte ahora en Par\u00eds&#8230; \u00abAhora\u00bb&#8230; \u00bfQuiere esto decir que estaba pensando en San Vi\u00adcente en ese momento? Bossuet predicar\u00e1 sobre la eminente dignidad de los pobres y sobre la parad\u00f3jica inversi\u00f3n que a este respecto opera el Evangelio:<\/p>\n<ul>\n<li>los \u00faltimos se convierten en los primeros;<\/li>\n<li>servirles constituye el mejor honor y la mayor gracia;<\/li>\n<li>son ellos quienes nos abren la puerta de la Iglesia y del Reino.<\/li>\n<\/ul>\n<p>b) <em>Relaci\u00f3n con el pobre <\/em><\/p>\n<p>Deteng\u00e1monos de momento en dos puntos.<\/p>\n<p>El amor al pobre, cuya fuente es Cristo, se traduce esencialmente a trav\u00e9s de la misi\u00f3n evangelizadora. Nuestras Constituciones que han pretendido volver a ha\u00adcer actual el pensamiento de San Vicente y bas\u00e1ndose para ello, de manera especial, en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica de Pablo VI \u00abEvangelii nuntiandi\u00bb, presentan la evange\u00adlizaci\u00f3n como un humanismo transfigurado por el mensaje evang\u00e9lico. El anuncio de la Buena Nueva promueve, al mismo tiempo, una civilizaci\u00f3n humana, pero, si no anunci\u00e1ramos, esencialmente y ante todo (en el orden de los valores) esta Buena Nueva, no s\u00f3lo ser\u00edamos, como dice San Pablo, los m\u00e1s desgraciados de los hom\u00adbres, sino que nuestro servicio al hombre no ser\u00eda ni siquiera plenamente humano. No hay dicotom\u00eda entre Evangelio y mundo, entre Fe e historia, sino que la plenitud del hombre reside en su comuni\u00f3n con Cristo, <em>\u00abLuz verdadera que ilumina a todo <\/em><em>hombre que viene a este mundo\u00bb <\/em>(Jn. 1,9). Nunca lo repetiremos bastante: Cristo vino a nosotros para atraernos a El y adentrarnos en la vida trinitaria.<\/p>\n<p>Esta s\u00edntesis de la evangelizaci\u00f3n y de la promoci\u00f3n humana es caracter\u00edstica de la tradici\u00f3n vicenciana. Los pobres no son el objeto de nuestra solicitud \u00fanica\u00admente por un sentimiento humanitario, sino porque participan en el mismo destino de la Redenci\u00f3n en Jesucristo. Son los miembros sufrientes del Cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p><em>\u00abPero dadle la vuelta a la medalla y ver\u00e9is con las luces de la Fe que <\/em><em>son esos los que nos representan al Hijo de Dios, que quiso ser po\u00ad<\/em><em>bre. \u00bb <\/em>(Coste. XI, 32; Sig. XI\/4, 725).<\/p>\n<p>Esto explica por qu\u00e9 San Vicente se centra en la \u00abpersona\u00bb del pobre, en la que encuentra a Cristo en \u00abpersona\u00bb. Vamos a a\u00f1adir dos puntualizaciones:<\/p>\n<p>* Considera al pobre como \u00abun todo\u00bb. No por una parte el cuerpo y por otra el alma. La Caridad, enfoca a la persona en su unidad, en su totalidad, porque es as\u00ed como Dios la llama a vivir de su vida en Jesucristo. La Caridad es Dios mismo revelado \u00abmediante palabras y obras\u00bb, y el mismo Jesucristo ha dicho:<\/p>\n<p><em>\u00abPues para que sep\u00e1is que el Hijo del Hombre tiene en la tierra poder de per\u00ad<\/em><em>donar pecados&#8230;: &#8216;Lev\u00e1ntate, toma tu camilla y vete a tu casa. \u00bb <\/em>(Mt. 9,6)<\/p>\n<p>* No opongamos tampoco \u00abpersona\u00bb y \u00absociedad\u00bb. Por definici\u00f3n, la per\u00adsona est\u00e1 llamada a la comuni\u00f3n y no se realiza, no llega a su plenitud, si no alcanza dicha comuni\u00f3n. San Vicente hizo de la pobreza un problema social y ya sabemos cu\u00e1ntas dificultades le vali\u00f3 esto. Y sobre todo, sab\u00eda, mejor que nadie, a qu\u00e9 comu\u00adni\u00f3n est\u00e1 llamado a participar el hombre: a la de la misma Sant\u00edsima Trinidad. \u00bfSer\u00eda San Vicente el Santo de la Caridad si le hubiera faltado esto? Nuestras Constitucio\u00adnes subrayan, por lo dem\u00e1s, tres niveles de pobreza: la que procede de la injusticia social, la que viene determinada por las condiciones culturales, las del mundo de la marginaci\u00f3n.<\/p>\n<h4><strong>2. Como evangelizado<\/strong><\/h4>\n<p>No sin profundas razones San Vicente gust\u00f3 tanto para designar a los pobres, de la expresi\u00f3n <em>\u00abNuestros Amos y Se\u00f1ores\u00bb, <\/em>Maestros que nos predican con su sola presencia, puntualizaba el reglamento del Hotel-Dieu. S\u00ed, el encuentro aut\u00e9ntico con el pobre en nuestra tarea misionera constituye una rigurosa provocaci\u00f3n a la santi\u00addad. Pensemos a este respecto en Luisa de Marillac a quien San Vicente hizo descu\u00adbrir su camino de santidad descentr\u00e1ndola de ella misma y orient\u00e1ndola hacia los pobres. Ozanam dir\u00e1 a su vez:<\/p>\n<p><em>\u00abPara comprender al pobre hay que ser o pobre o santo. \u00ab<\/em><\/p>\n<p>La Caridad para con el pobre nos evangeliza a nosotros mismos.<\/p>\n<p><em>a) <\/em><em>En nuestro haber.<\/em><\/p>\n<p>Bien vemos nuestra abundancia en todos los \u00f3rdenes, mientras que tantos otros carecen de lo estrictamente necesario, material y espiritualmente. Somos conscien\u00adtes de nuestro \u00ababurguesamiento\u00bb y nos sentimos impulsados a revisar nuestro esti\u00adlo de vida personal y comunitario: \u00a1nos instalamos tan pronto en nuestras costum\u00adbres, en nuestra tranquilidad (\u00abpeque\u00f1a periferia\u00bb dec\u00eda San Vicente)! Hablando con m\u00e1s profundidad dir\u00edamos que olvidamos demasiado f\u00e1cilmente que todo nos viene de Dios. Y como dec\u00eda San Agust\u00edn: si di\u00e9ramos de nuestros propios bienes, ser\u00eda generosidad, pero como damos lo que hemos recibido, es simplemente restituci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>b) <\/em><em>En nuestro obrar.<\/em><\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer ante tantas pobrezas de todo tipo? Nos vemos obligados a volver\u00adnos hacia Aquel para quien nada es imposible, sobre todo cuando vemos que los Pobres, al menos en nuestros pa\u00edses, tienen ya un coraz\u00f3n de ricos, lo que hace m\u00e1s dif\u00edcil todav\u00eda la segunda evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cualquier caso los pobres obligan a la sinceridad de coraz\u00f3n: no se puede fingir que se les ama. Luchando por ellos y con ellos, nos convertimos cada vez m\u00e1s en \u00abservidores\u00bb, en verdaderos testigos del Amor.<\/p>\n<p>c) <em>En nuestro ser.<\/em><\/p>\n<p>El pobre no es solamente alguien a quien tenemos que aportar. Es un interlocu\u00adtor que nos recuerda las limitaciones inherentes a nuestra propia condici\u00f3n humana y a nuestra singularidad. Todos necesitamos radicalmente ser salvados, para ello nos necesitamos radicalmente unos a otros.<\/p>\n<p>S\u00f3lo podemos ser salvados por y en Jesucristo. El encuentro con el pobre es precisamente un lugar privilegiado de encuentro con El. Los rasgos del pobre son para nosotros los rasgos de Cristo: \u00abYo busco tu rostro, Se\u00f1or\u00bb. Este rostro del pobre nos recuerda que somos salvados por el pobre por excelencia. Por otra parte, para ver al pobre con la mirada misma de Cristo, debemos identificarnos cada vez m\u00e1s con El y vivir de su Amor.<\/p>\n<p>Se comprende que San Vicente considera su descubrimiento del pobre como la gracia de las gracias que ilumin\u00f3 y transfigur\u00f3 su vida. Mientras nosotros ayuda\u00admos a nuestros hermanos desprovistos a reconocer y acoger a Cristo, ellos son para nosotros el Memorial (recordemos c\u00f3mo San Vicente y Santa Luisa hac\u00edan una apro\u00adximaci\u00f3n entre el pobre y la Eucarist\u00eda) Memorial de Aquel que, s\u00f3lo El, puede col\u00admar nuestra propia espera, nuestra propia indigencia.<\/p>\n<h3>B) <strong>La caridad modela a la comunidad misionera<\/strong><\/h3>\n<p>La vocaci\u00f3n es inseparable de una convocaci\u00f3n, lo cual es verdad, por defini\u00adci\u00f3n, para todo cristiano. Pero tambi\u00e9n en este caso los carismas son variados y esta dimensi\u00f3n eclesial podr\u00e1 especificarse en una u otra l\u00ednea determinada. Para San Vi\u00adcente la misi\u00f3n com\u00fan es la que suscita y exige la vida comunitaria, a la que confiere al mismo tiempo sus caracter\u00edsticas propias. E indudablemente, es el mismo Esp\u00edritu de Caridad el que la va a modelar con miras a la evangelizaci\u00f3n de los pobres y a partir de la misma. As\u00ed por ejemplo, en la famosa conferencia ya citada sobre la Cari\u00addad, expone el v\u00ednculo que existe entre la Misi\u00f3n y la Comunidad:<\/p>\n<p><em>\u00abSi tenemos la vocaci\u00f3n de ir a encender este fuego divino por toda <\/em><em>la tierra&#8230; \u00a1cu\u00e1nto he de arder yo mismo con este fuego! \u00a1C\u00f3mo he <\/em><em>de inflamarme en amar a aquellos con quienes vivo, edificando a mis <\/em><em>propios hermanos por el ejercicio del amor e impuls\u00e1ndoles a que prac\u00ad<\/em><em>tiquen los actos que de \u00e9l emanan! En la hora de la muerte veremos lo mucho que hemos perdido sin remedio, si no todos, al menos los <\/em><em>que no tienen ni practican como es debido esta caridad fraterna. \u00bfC\u00f3\u00ad<\/em><em>mo se la daremos a los dem\u00e1s si no la tenemos entre nosotros? Obser\u00ad<\/em><em>vemos bien si existe&#8230; pues&#8230; si no nos amamos mutuamente como nos am\u00f3 Jesucristo y no producimos actos semejantes a los suyos, \u00bfc\u00f3mo vamos a esperar que podremos llevar este amor por todo el mun\u00addo? <\/em>(Coste, XII, 263; S\u00edg. XI\/4, 554).<\/p>\n<p>Sin embargo, el texto en el que San Vicente ha hecho, a m\u00ed juicio, la mejor ex\u00adposici\u00f3n de su m\u00edstica de la vida fraterna en comunidad, se encuentra en un Consejo de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, del 19 de junio de 1647. Perm\u00edtanme que recurra a \u00e9l, por una parte para darlo a conocer, porque verdaderamente merece ser conocido, y, por otra parte porque el esp\u00edritu que en \u00e9l se expresa es precisamente el que nos debe animar. All\u00ed encontramos tres ideas-fuerza a partir de la Sant\u00edsima Trinidad como alma de la vida comunitaria.<\/p>\n<h4><strong>1. Una comuni\u00f3n de personas.<\/strong><\/h4>\n<p><em>\u00abLo mismo que Dios no es m\u00e1s que uno en s\u00ed, y hay en Dios tres perso\u00ad<\/em><em>nas, sin que el Padre sea mayor que el Hijo, ni el Hijo superior al Esp\u00edri\u00ad<\/em><em>tu Santo, tambi\u00e9n es preciso que las Hijas de la Caridad, que tienen que ser la imagen de la Sant\u00edsima Trinidad, aun cuando sean muchas, sin embargo no tienen que ser m\u00e1s que un solo coraz\u00f3n y una sola alma. \u00bb <\/em>(Coste. XIII, 633; S\u00edg. X, 766)<\/p>\n<p>El art\u00edculo 32 de nuestras Constituciones habla del mismo modo cuando nos da como punto de referencia suprema y como imagen de la vida comunitaria, la vida de la Sant\u00edsima Trinidad, en el acto de su donaci\u00f3n salv\u00edfica a la humanidad, para atraerla a participar en su comuni\u00f3n, que es el fin \u00faltimo de nuestra existencia.<\/p>\n<p><em>a) La Sant\u00edsima Trinidad, Misterio primordial.<\/em><\/p>\n<p>La Sant\u00edsima Trinidad es el Misterio primordial y la vida cristiana es una partici\u00adpaci\u00f3n en esta perfecta comuni\u00f3n de las personas divinas dentro de la m\u00e1s total reci\u00adprocidad.<\/p>\n<p>Como Misioneros que somos, tenemos que anunciar esencialmente esta Buena Noticia. Por el Bautismo somos sumergidos en la vida del Padre, del Hijo y del Esp\u00edri\u00adtu Santo. Todo consiste en esto, o tiende a ello o se desprende de ello, en el designio infinitamente misericordioso de Dios sobre nosotros. En la Bula de erecci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, Urbano VIII, el 12 de enero de 1633 pone a \u00e9sta (\u00bfpudo haber hecho algo mejor?) bajo el patronazgo de la Sant\u00edsima Trinidad. San Vicente lo recordaba con frecuencia y acabamos de indicar la raz\u00f3n.<\/p>\n<p><em>b) Mostrar a la Sant\u00edsima Trinidad.<\/em><\/p>\n<p>El texto de San Vicente que estamos comentando equivale a decir: Puesto que ten\u00e9is que anunciar esencialmente a la Sant\u00edsima Trinidad, empezad por ser sus tes\u00adtigos mediante vuestra vida fraterna. Antes que hablar de ella, \u00a1mostradla, hacedla ver, siendo vosotros un solo coraz\u00f3n y una sola alma a imagen suya!<\/p>\n<p>Volvemos a encontrar ese \u00abhacer ver\u00bb, primordial tambi\u00e9n y por la misma raz\u00f3n, del que habl\u00e1bamos esta ma\u00f1ana. Cuando nos vieran, deber\u00eda ser evidente de algu\u00adna manera que vivimos de esta Buena Nueva que llevamos a los pobres, porque la vida divina, vida de perfecta comuni\u00f3n de las personas, que se nos ofrece en Jesu\u00adcristo por el Esp\u00edritu, nos ha invadido e irradia desde nuestras Comunidades misione\u00adras. Ah\u00ed comienza la misi\u00f3n.<\/p>\n<h4>2. <strong>Una vida de comunicaci\u00f3n.<\/strong><\/h4>\n<p>\u00abY <em>lo mismo que en la sagradas personas de la Sant\u00edsima Trinidad, las <\/em><em>operaciones, aunque sean diversas y se atribuyan a cada una en parti\u00ad<\/em><em>cular, tienen relaci\u00f3n una con la otra, sin que por atribuir la sabidur\u00eda <\/em><em>al Hijo y la bondad al Esp\u00edritu Santo se pretenda que el Padre est\u00e1 pri\u00ad<\/em><em>vado de estos dos atributos, ni que la tercera persona carezca del po\u00adder del Padre o de la sabidur\u00eda del Hijo, de la misma forma es preciso que entre las Hijas de la Caridad la que est\u00e1 encargada de los pobres tenga relaci\u00f3n con la que cuida de los ni\u00f1os, y la que cuida de los ni\u00ad\u00f1os con la que atiende a los pobres. \u00bb <\/em>(Coste, XIII, p. 633; S\u00edg. X, 766)<\/p>\n<p>a) Dios invita a la comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Como perfecta comuni\u00f3n que es, la vida trinitaria no puede ser sino comunica\u00adci\u00f3n en el sentido m\u00e1s perfecto de la palabra. Por esto, todo el Misterio de la Salva\u00adci\u00f3n est\u00e1 bajo el signo de esa comunicaci\u00f3n en la que Dios quiere que participemos. Nos ofrece su propia vida en su Hijo, quien, para esto viene a compartir nuestra pro\u00adpia suerte, haci\u00e9ndose semejante a nosotros en todo menos en el pecado, es decir, precisamente en la falta de amor. Es de ese pecado del que viene a liberarnos para que podamos llegar a ser hijos en El y, tambi\u00e9n en El, hermanos entre nosotros.<\/p>\n<p>A diferencia de lo que ocurre con el plan de Dios, el pecado es esencialmente divisi\u00f3n: con Dios, entre los hermanos, con nosotros mismos:<\/p>\n<p><em>\u00abNos has hecho, Se\u00f1or, para Ti y anda inquieto nuestro coraz\u00f3n hasta <\/em><em>que descanse en Ti. \u00ab<\/em><\/p>\n<p>b) Misi\u00f3n y comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por eso es tan importante la comunicaci\u00f3n como testimonio en la vida misio\u00adnera, ya se trate de compartir entre nosotros o de hacerlo con los pobres. Una vez m\u00e1s, San Vicente, que no pierde nunca de vista esta finalidad apost\u00f3lica, insiste en esta comunicaci\u00f3n a partir de la Misi\u00f3n y con miras a ella. La renovaci\u00f3n continua de nuestras vidas comunitarias debe pasar por esta escucha, juntos, del clamor de los pobres.<\/p>\n<p>Para San Vicente las diversidades son algo natural y constituyen una riqueza. Lo que salva del aislamiento es precisamente la comunicaci\u00f3n en todas sus formas: comunicaci\u00f3n de oraci\u00f3n, intercambio y revisi\u00f3n comunitaria de vida, proyectos co\u00admunitarios en los que se expresa un mismo enfoque misionero en medio de la diver\u00adsidad de nuestras tareas. Con esta condici\u00f3n nuestra vida fraterna es comunidad de oraci\u00f3n, de trabajo, de pobreza.<\/p>\n<p>De este modo se establece todo un clima, todo un esp\u00edritu que \u2014nunca mejor dicho\u2014 no es otra cosa sino el de la Misi\u00f3n entre los pobres. El Esp\u00edritu Santo est\u00e1 operante en nuestras Comunidades, consagr\u00e1ndolas, uni\u00e9ndolas cada vez m\u00e1s para el anuncio de la Buena Nueva. San Vicente habla de las \u00abvirtudes de la corporaci\u00f3n\u00bb: sencillez, humildad, mansedumbre, mortificaci\u00f3n, celo, deben impregnar la vida co\u00admunitaria y no s\u00f3lo a cada uno de nosotros individualmente. Por tanto, desde este punto de vista hemos de revisar todo nuestro estilo de vida. \u00bfViven e irradian esto nuestras Comunidades como tales?<\/p>\n<h4><strong>3. <\/strong><strong>Los frutos del Esp\u00edritu.<\/strong><\/h4>\n<p><em>\u00abTambi\u00e9n me gustar\u00eda que las Hermanas se conformasen en esto a la <\/em><em>Sant\u00edsima Trinidad, que como el Padre se entrega totalmente al Hijo <\/em><em>y el Hijo se entrega totalmente al Padre, de donde procede el Esp\u00edritu <\/em><em>Santo, de la misma manera ellas sean totalmente la una de la otra para <\/em><em>producir las obras de caridad que se atribuyen al Esp\u00edritu Santo, a fin <\/em><em>de parecerse a la Sant\u00edsima Trinidad. \u00bb <\/em>(Coste, XIII, 633; S\u00edg. X, 766)<\/p>\n<p>a) El Esp\u00edritu Santo, v\u00ednculo de Amor.<\/p>\n<p>En este magn\u00edfico pasaje es quiz\u00e1 donde se expresa m\u00e1s claramente la relaci\u00f3n que San Vicente ve entre la uni\u00f3n entre nosotros, a imagen de la Sant\u00edsima Trinidad, y nuestra misi\u00f3n entre los pobres, fruto de esta uni\u00f3n, como el Esp\u00edritu Santo es el fruto de la uni\u00f3n del Padre y del Hijo. Por tanto este Esp\u00edritu va a animar, a partir de ah\u00ed, el trabajo misionero. El Esp\u00edritu Santo es esencialmente unitivo y, como ya lo hemos dicho, nos hace entrar en esa uni\u00f3n del Padre y del Hijo que es El mismo en persona.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed vemos la relaci\u00f3n vida fraterna-Misi\u00f3n, como siendo \u00e9sta fruto de aqu\u00e9lla. Es lo que dec\u00eda San Vicente en el texto que acabamos de citar. Hemos dicho que, si la Iglesia es santa, cat\u00f3lica, apost\u00f3lica, es ante todo porque es \u00abuna\u00bb y en la medi\u00adda en que se deja unificar por el Esp\u00edritu. Esto sirve para cada c\u00e9lula de la Iglesia y, en especial, cuando esa Comunidad de la Iglesia, y actuando como miembro de la Iglesia, quiere dedicarse a llevar la Buena Nueva a los pobres.<\/p>\n<p>b) Comunidad, lugar de reuni\u00f3n y recuperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dicho con otras palabras, nuestra vida misionera est\u00e1 hecha, dentro de su uni\u00addad, de dispersi\u00f3n y de reuni\u00f3n. Como lo hac\u00edan notar los Obispos de Francia en una de sus Asambleas plenarias de Lourdes (1976), esa tensi\u00f3n entre dispersi\u00f3n y reuni\u00f3n es normal y es enriquecedora. La reuni\u00f3n es indispensable para que la dispersi\u00f3n misionera conserve su aut\u00e9ntica finalidad: en la reuni\u00f3n es donde hemos de poder rehacer las fuerzas juntos en un clima fraterno con miras a una presencia de mejor calidad en el mundo de los pobres. Pero, por muy dispersos que nos encontre\u00admos, cuando sea necesario por las necesidades de la Misi\u00f3n, nos sentimos unidos con nuestros hermanos de Comunidad, responsables juntamente con ellos de la Mi\u00adsi\u00f3n, enviados por nuestra Comunidad y, a trav\u00e9s de ella, por la Iglesia.<\/p>\n<p>En una palabra, la vida fraterna en comunidad es una realidad de Fe y de Amor. Es verdad que no hemos de descuidar nada de lo que puede nutrirla humanamente. Pero todo est\u00e1 relacionado. En este aspecto, el servicio de autoridad tiene, especial\u00admente, un gran papel que desempe\u00f1ar, para guiar, unir, animar, dentro de la fidelidad al Esp\u00edritu y dentro de un clima de aut\u00e9ntica libertad. En este aspecto tambi\u00e9n, es importante que nuestras Comunidades sean espacios en los que se experimente la misericordia, lugares de perd\u00f3n y de reconciliaci\u00f3n. Esto es indispensable ya que es\u00adtamos llamados a ser, de modo especial, mensajeros y testigos de esta misericordia divina entre aquellos que tienen m\u00e1s necesidad de ella.<\/p>\n<p>Estos Ejercicios nos ofrecen precisamente la oportunidad de una conversi\u00f3n pro\u00adfunda de coraz\u00f3n y de vida. San Vicente, siempre pr\u00e1ctico y realista, nos dice que se juzga el valor de unos Ejercicios por sus frutos, y nos invita a plasmarlos en las resoluciones que nos dictar\u00e1 el Esp\u00edritu despu\u00e9s de una sincera revisi\u00f3n de vida. De este modo, Misi\u00f3n y Caridad formar\u00e1n, cada vez m\u00e1s, un todo, siguiendo los pasos de Cristo, Mensajero de la Buena Nueva a los Pobres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. 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