{"id":5542,"date":"2023-07-17T08:18:50","date_gmt":"2023-07-17T06:18:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=5542"},"modified":"2023-04-15T12:37:03","modified_gmt":"2023-04-15T10:37:03","slug":"francois-du-coudray","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/francois-du-coudray\/","title":{"rendered":"Fran\u00e7ois du Coudray (1584-1649)"},"content":{"rendered":"<p>El Se\u00f1or Francisco du Coudray naci\u00f3 en Amiens en 1586. Fue ordenado sacerdote en setiembre de 1618 y admitido en la peque\u00f1a familia de san Vicente en 1626 . Su nombre figura el primero al lado del de san Vicente de Pa\u00fal en el acta notarial, por la que los Srs. Portail y de la Salle reconoc\u00edan al Sr. Vicente como su Superior, y \u00e9sta va escrita totalmente de su mano.<\/p>\n<p>El Sr. du Coudray hab\u00eda hecho excelentes estudios en Sorbona; perece seg\u00fan algunos indicios que hab\u00eda recibido el birrete de Doctor. Su conocimiento de los Libros sagrados y de las lenguas antiguas era muy extenso. Sabemos este detalle por una carta de san Vicente (de la que hablaremos m\u00e1s tarde) que le disuade de hacer una nueva traducci\u00f3n de la Biblia.<\/p>\n<p>Le vemos en octubre de 1627 trabajar con san Vicente en la misi\u00f3n de Verneuil, como nos lo dice el santo en persona en su carta a la Srta. Le Gras:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abYa que vuestra buena se\u00f1orita quiere pues que su caridad corporal presente no da\u00f1e a la espiritual en el futuro, y que se distribuya ahora lo que ella nos ha entregado, os ruego que nos envi\u00e9is por el Sr. du Coudray, portador actual, la suma de cincuenta libras y tranquilizadla que Nuestro Se\u00f1or mismo se lo devolver\u00e1 en buena moneda, y que ya he comenzado a aplicar cuatro, en este lugar, para fundar la caridad que se establece aqu\u00ed, y donde se encuentran necesidades temporales muy grandes junto con las espirituales, cantidad de hugonotes que hay, ricos, que se sirven de algunos alivios que dan a los pobres para corromperlos, con lo que causan un mal indecible. Nos enviar\u00e9is adem\u00e1s cuatro camisas, y presentad nuestras muy humildes recomendaciones a vuestra buena se\u00f1orita, por favor, y hacedme el favor de tranquilizar vuestro coraz\u00f3n que con tal que honre la santa tranquilidad del de Nuestro Se\u00f1or en su amor, le ser\u00e1 agradable, y soy en este mismo amor,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abVuestro muy humilde servidor, VICENTE DE PA\u00daL\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente, hall\u00e1ndose san Vicente en Beauvais escribi\u00f3 al Sr. du Cournay que se encontraba en Par\u00eds, para pedirle noticias de la Compa\u00f1\u00eda:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfC\u00f3mo est\u00e1 la Compa\u00f1\u00eda? \u00bfEst\u00e1 todo el mundo en buenas disposiciones y bien contentos? Se observan los peque\u00f1os reglamentos, se estudia y se ejercita en las controversias? \u00bfobserv\u00e1is en todo el orden prescrito? Os ruego, Se\u00f1or, que se trabaje cuidadosamente en esto, que se procure tener el peque\u00f1o Becan; imposible decir qu\u00e9 \u00fatil es este librito para esto. Dios ha querido servirse de este miserable (hable de s\u00ed mismo) para la conversi\u00f3n de tres personas, despu\u00e9s de salir yo de Par\u00eds; pero debo confesar que la dulzura, la humildad y la paciencia, al tratar con estos pobres descarriados, es como el alma de este bien. He necesitado dos d\u00edas de mi tiempo para convertir a uno; los otros dos no me han robado el tiempo. Os lo he querido decir para mi confusi\u00f3n, para que la Compa\u00f1\u00eda vea que si Dios ha querido servirse del m\u00e1s ignorante y m\u00e1s miserable del equipo, se servir\u00e1 todav\u00eda con mayor eficacia de cada uno de los dem\u00e1s\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La familia religiosa, que estaba bajo la direcci\u00f3n de san Vicente, hab\u00eda sido aprobada por la autoridad eclesi\u00e1stica en 1626 y su acta de fundaci\u00f3n fue al a\u00f1o siguiente (mayo de 1627), revestida con el sello de la autoridad real.<\/p>\n<p>Pero san Vicente deseaba una aprobaci\u00f3n m\u00e1s alta, la del Soberano Pont\u00edfice. A fin de conseguirla con mayor seguridad, resolvi\u00f3 enviar a Roma a uno de sus sacerdotes, h\u00e1bil y prudente que deb\u00eda negociar este asunto. Su elecci\u00f3n cay\u00f3 en el Sr. du Courday.<\/p>\n<p>Acababa de llegar a Roma cuando san Vicente le escribi\u00f3 el 20 de julio de 1631.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abya est\u00e1is pues en Roma, donde est\u00e1 la cabeza visible de la Iglesia militante, donde est\u00e1n los cuerpos de san Pedro y de san Pablo, y de tantos otros m\u00e1rtires y santos personajes, que en otros tiempos dieron su sangre y su vida para Jesucristo. Oh Se\u00f1or, qu\u00e9 suerte la vuestra de caminar por la tierra que han pisado tantos personajes grandes y santos!. Esta consideraci\u00f3n me conmovi\u00f3 tanto cuando estuve en Roma hace treinta a\u00f1os que, aunque me viera cargado de pecados, no dej\u00e9 de enternecerme y hasta derramar l\u00e1grimas, me parece. Pienso, Se\u00f1or, que es esta misma consideraci\u00f3n la que os fortaleci\u00f3 y conserv\u00f3 la noche que llegasteis a Roma; all\u00e1, despu\u00e9s del agotamiento de un camino de treinta millas que hicisteis a pie, os visteis obligado a dormir en el suelo y a trabajar al d\u00eda siguiente con el ardor del sol para entrar en la ciudad. Oh qu\u00e9 m\u00e9ritos est\u00e1is haciendo!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El Sr. du Coudray encontr\u00f3 en roma muchas dificultades para obtener la aprobaci\u00f3n del nuevo Instituto; comunic\u00f3 a san Vicente los obst\u00e1culos que encontraba y el santo Fundador le escribi\u00f3 para animarlo hacia finales de agosto de 1631.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abDeb\u00e9is hacer comprender que el pobre pueblo se condena, por no conocer las cosas necesarias a la salvaci\u00f3n, y por no confesarse. Que si Su Santidad conociera esta necesidad no tendr\u00eda descanso hasta hacer todo lo posible para remediarlo, y que es conocimiento que se tuvo el que hizo erigir la Compa\u00f1\u00eda para, de alguna manera, ponerle remedio, que para hacerlo es necesario vivir en Congregaci\u00f3n y observar cinco cosas como fundamentales de este plan: 1\u00ba dejar el poder a los obispos de enviar a los Misioneros a la parte de su di\u00f3cesis que quieran; 2\u00ba que dichos sacerdotes est\u00e9n sometidos a los p\u00e1rrocos adonde vayan a dar la misi\u00f3n, durante el tiempo de \u00e9sta; 3\u00ba que no reciban nada de esta pobre gente, sino que vivan a sus expensas; 4\u00ba que no prediquen, ni catequicen ni confiesen en las ciudades donde hay arzobispado, obispado o Tribunal de apelaci\u00f3n, exceptuados los ordenandos o los que hagan ejercicios en la casa; 5\u00ba que el Superior de la Compa\u00f1\u00eda tenga la direcci\u00f3n total de \u00e9sta; y que estas cinco m\u00e1ximas han de ser como fundamentales de esta Congregaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abNotad que el parecer del Sr. Duval es que no hace falta que se cambie nada en absoluto en el proyecto del que os env\u00edo las memorias; en cuanto a las palabras, pase; pero en cuanto a la sustancia [99], es necesario que quede como est\u00e1; que no se podr\u00eda cambiar nada ni quitar, sin que causara un gran perjuicio. Este pensamiento es s\u00f3lo suyo, sin que yo haya hablado de \u00e9l. Manteneos firme en \u00e9l y haced comprender que hace muchos a\u00f1os que se piensa en esto y se tiene experiencia de ello\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. du Coudray continuaba negociando con celo. Los \u00e1nimos de su Padre no le faltaban; le indicaba los motivos m\u00e1s graves en su carta del 4 de setiembre de 1631.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abUn gran personaje en doctrina y en piedad me dec\u00eda ayer que era de la opini\u00f3n de santo Tom\u00e1s: que el que ignora el Misterio de la Santa Trinidad y el de la Encarnaci\u00f3n, si muere en ese estado, muere en estado de condenaci\u00f3n, y sostiene que es el fondo de la doctrina cristiana. Bueno pues, eso me impresion\u00f3 tanto y me impresiona todav\u00eda que temo condenarme yo mismo por no ocuparme incesantemente en la instrucci\u00f3n del pobre pueblo. Qu\u00e9 motivo de compasi\u00f3n, qui\u00e9n nos excusar\u00e1 delante de Dios por la p\u00e9rdida de un n\u00famero tan grande de hombres que pueden salvarse por el peque\u00f1o socorro que se les puede dar?. Quiera Dios que tantos buenos Eclesi\u00e1sticos que los pueden asistir entre el mundo lo hiciesen Pedid a Dios, Se\u00f1or, que nos concedas la gracia de aumentar el celo por la salvaci\u00f3n de estas pobres almas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Las gestiones del Sr. du Coudray comenzaban a tener alg\u00fan \u00e9xito, pero con el fin de apresurar la conclusi\u00f3n del asunto, quiso ayudarse de personas bien situadas y presentar sus memorias por ellas. Se lo comunic\u00f3 a san Vicente el 23 de diciembre de 1631:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEn cuanto a las memorias que dese\u00e1is que sean presentadas por otros que tengan menos inter\u00e9s en la cosa, yo consentir\u00eda tambi\u00e9n , aunque me parece que sea bastante ingenuo; pero qu\u00e9 remedio. Quien dice las cosas buenamente como son y se somete, Dios acepta, creo yo, este proceder. La verdad y la humildad se entienden bien juntas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por \u00faltimo, el Sr. du Coudray pudo anunciar a san Vicente el pleno \u00e9xito de la misi\u00f3n que le hab\u00eda sido encomendada; la Bula de Urbano VIII (12 de enero de 1632) erigi\u00f3 en Congregaci\u00f3n a la Compa\u00f1\u00eda naciente de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, y el Soberano Pont\u00edfice pidi\u00f3 al oficial del Arzobispo de Par\u00eds que se aprobaran las reglas.<\/p>\n<p>\u00c9l mismo aprob\u00f3 la elecci\u00f3n de san Vicente como Superior.<\/p>\n<p>Este primer resultado recibido alegr\u00f3 a san Vicente y a su Congregaci\u00f3n naciente, pues la bendici\u00f3n del Vicario de Jesucristo les era querida. Esta acta de Urbano VIII daba a la Congregaci\u00f3n una vida real y un lugar, en cierto modo oficial, entre las familias religiosas que trabajaban en la defensa de la santa Iglesia.<\/p>\n<p>Pero lo que alborozaba a san Vicente y a sus disc\u00edpulos, indispuso tambi\u00e9n en Roma que en Par\u00eds una congregaci\u00f3n poderosa entonces y cuyo Superior general era el Padre Bourgoing a quien san Vicente hab\u00eda remplazado en el curato de Clichy.<\/p>\n<p>El Sr. du Coudray dio parte de lo que ve\u00eda y o\u00eda a fin de que san Vicente bien informado pudiera trazarle una l\u00ednea de conducta, y recibi\u00f3 esta respuesta con fecha del 12 de julio de 1632:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abCuando haya recibido los testimonios que la Congregaci\u00f3n desea de Mons. el Nuncio y de Mons. el Arzobispo, os los enviar\u00e9, si es que podemos conseguirlos.; ya que, es cierto, se trata de enredarnos, como me hab\u00e9is informado, y eso que se trata de la persona de quien deber\u00edamos esperar la mayor ayuda despu\u00e9s de Dios; pero todo ello no me sorprender\u00eda sin mis pecados que me dan motivo de temer , no ya el \u00e9xito de la cosa que tarde o temprano se concluir\u00e1, tanto aqu\u00ed como all\u00ed; pero yo no sabr\u00eda expresaros cu\u00e1nto me sorprenden los artificios! El R. P. General desaprueba sin embargo todo eso y me ha prometido escribir a Mons. el Cardenal Barberini, al Sr. Embajador y al R. P. Ren\u00e9, Cuando tenga sus cartas, os las enviar\u00e9; no obstante vos actuar\u00e9is, por favor, lo m\u00e1s cristianamente que os sea posible con los que nos estorban; yo los veo aqu\u00ed tambi\u00e9n con frecuencia y cordialmente, por la misericordia de Dios, como yo lo hac\u00eda; y me parece que, por la gracia de Dios, no s\u00f3lo no les siento aversi\u00f3n, sino que los honro y aprecio m\u00e1s; y os dir\u00e9 m\u00e1s, que no me he quejado a\u00fan al P. de Gondi por miedo a indisponerle en su vocaci\u00f3n. Es verdad, (lo que han escrito de la otra parte), que el P. B\u2026 ha ido en misi\u00f3n a Normand\u00eda con seis o siete, hace unos quince d\u00edas despu\u00e9s de Pascua , y que yo les he entregado al Sr. Renard, porque me lo han pedido, para conformarse a nosotros; y que a partir de entonces, uno de los suyos ha venido a pasar dos o tres d\u00edas en una de nuestras casas de esta Di\u00f3cesis para ver c\u00f3mo se hace; y si les place venir m\u00e1s, ser\u00e1n bienvenidos; pues no creer\u00eda ser cristiano si no participara o si no me esforzara por participar en aquello de ojal\u00e1 todos profetizaran de san Pablo. Ay, Se\u00f1or, el campo es tan grande! hay pueblos por miles que llenan el infierno; todos los eclesi\u00e1sticos no ser\u00edan suficientes, con todos los Religiosos para poner remedio a esta desgracia \u00a1 \u00bfser\u00eda preciso que fu\u00e9ramos tan miserables envidiando que esas personas se dedicasen a al socorro de estas pobres almas que se van incesantemente perdiendo? Oh, ciertamente, ser\u00eda ser culpable del cumplimiento de la voluntad de Jesucristo en la tierra! Que si nos lo quieren impedir, a nosotros, debemos rezar, humillarnos, hacer penitencia por los pecados que hayamos cometido en el ministerio santo. Os suplico despu\u00e9s de esto, Se\u00f1or, que nos dej\u00e9is de ver a estos Padres, y de hacer con ellos lo que Nuestro Se\u00f1or aconseja hacer con los que ejercen e impiden, y pedir por ellos a quienes ha dado Dios caridad por nosotros y no perjudicarlos de palabra ni de obras\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero las dificultades que encontraba san Vicente no le imped\u00edan continuar con un celo siempre admirable las buenas obras emprendidas y comenzar otras nuevas.<\/p>\n<p>La obra se los ordenandos hab\u00eda producido frutos maravillosos. La obra de las conferencias eclesi\u00e1sticas, que deb\u00eda rendir al clero tan grandes servicios, iba a tener nacimiento.<\/p>\n<p>As\u00ed es como san Vicente habla de ella al Sr. du Coudray, el 5 de julio de 1633. para animarle en las dificultades que encontraba en Roma<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abconviene que sep\u00e1is, lo que creo que no os he escrito a\u00fan, que ha querido la bondad de Dios dar una bendici\u00f3n muy particular, y que no es imaginable, a los ejercicios de nuestros ordenandos; es tal que todos los que han pasado por ellos, o la mayor parte, llevan una vida tal y como debe ser la de los buenos y perfectos eclesi\u00e1sticos. Hay incluso [103] muchos que son considerables por su nacimiento o por las dem\u00e1s cualidades que Dios ha puesto en ellos, que viven tambi\u00e9n seg\u00fan una regla en sus casas como vivimos nosotros, y son tan interiores incluso m\u00e1s que varios de nosotros; se entregan a visitar los hospitales y las prisiones, donde catequizan, predican, confiesan , como tambi\u00e9n en los colegios, con bendiciones muy particulares de Dios. Entre otros muchos, hay doce o quince en Par\u00eds que viven de esta manera, y que son personas de condici\u00f3n; lo que comienza a ser conocido del p\u00fablico. As\u00ed pues, estos d\u00edas pasados uno de ellos hablando del estilo de vida que llevaban los que hab\u00edan pasado con \u00e9l por los ejercicios de los ordenandos, propuso un pensamiento que hab\u00eda tenido para unirlos entre s\u00ed a modo de asamblea o de compa\u00f1\u00eda, lo que se ha hecho con plena satisfacci\u00f3n de todos los dem\u00e1s. El fin de esta asamblea es entregarse a la propia perfecci\u00f3n, a procurar que Dios no sea ofendido, sino que sea conocido y servido en sus familias, y a procurar su gloria en las personas eclesi\u00e1sticas y entre los pobres, y esto bajo la direcci\u00f3n de una persona de all\u00ed donde deben reunirse cada ocho d\u00edas. Y como Dios ha bendecido los retiros que muchos p\u00e1rrocos de esta Di\u00f3cesis hab\u00edan hecho aqu\u00ed, estos se\u00f1ores han deseado hacer lo mismo y ya han comenzado. Se manera que hay razones para esperar grandes bienes de todo esto, si agrada a nuestro Se\u00f1or dar su bendici\u00f3n a su obra que yo recomiendo especialmente a vuestras oraciones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. du Coudray continu\u00f3 poniendo a san Vicente al corriente de lo que pod\u00eda servirle de inter\u00e9s. Le anunci\u00f3 hasta que una compa\u00f1\u00eda de eclesi\u00e1sticos de Provenza ten\u00eda la intenci\u00f3n de unirse a la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>San Vicente le respondi\u00f3 a prop\u00f3sito el 17 de enero de 1634: [104]\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfQu\u00e9 os dir\u00e9 de esos eclesi\u00e1sticos de Provenza? Hab\u00e9is visto la carta que me han escrito, c\u00f3mo se han unido a la Congregaci\u00f3n de san Pablo de Matha, que me informan que tienen el mismo proyecto que nosotros; que si queremos unirnos, que lo podr\u00e1n comprender y venir con uno de la Congregaci\u00f3n del R. P. Paul a esta ciudad para hablar juntos. Alabo a Dios porque ha visto agradable suscitarse en este siglo tantas almas buenas y santas para la asistencia del pobre pueblo, y le ruego con toda la fuerza de mi coraz\u00f3n que bendiga los planes de todos estos eclesi\u00e1sticos y les haga salir adelante para su gloria. En cuanto a la uni\u00f3n, es de desear; pero las uniones requieren un mismo fin, unos mismos medios y tambi\u00e9n un mismo esp\u00edritu. Aunque se tengan los mismos planes, no se deje separar. Todas las \u00f3rdenes de la Iglesia tienen el mismo fin que es la Caridad y, a falta de tener los mismos medios, no se ponen siempre de acuerdo. Una orden tiene el mismo fin, los mismos medios y el mismo esp\u00edritu, y no dejan con frecuencia de tener discordias. Digo esto, Se\u00f1or, para que ve\u00e1is, si nos unimos, que tengamos el mismo fin, los mismos medios, el mismo esp\u00edritu, y que antes de unirnos, seamos informados mutuamente de nuestras pretensiones, de los medios de llegar, si tenemos un mismo esp\u00edritu. Pues bueno, para ser informados, tienen raz\u00f3n al proponer que nos veamos. Si nos hacen esta caridad, Dios sabe con qu\u00e9 ganas los recibiremos, y que feliz y sencillamente procederemos a ello. Doy respuesta a este buen eclesi\u00e1stico, vos la ver\u00e9is; y si est\u00e1 en la misma disposici\u00f3n que me ha demostrado, y que el P. Paul est\u00e9 tambi\u00e9n all\u00ed, vos se la entregar\u00e9is; pero si no est\u00e1 no se la entregar\u00e9is, y si est\u00e1, y el P. Paul no quiere entrar, vos ver\u00e9is si ser\u00e1 oportuno entreg\u00e1rsela. Si verdaderamente desean unirse a nosotros, tender al mismo fin, adoptar nuestros medios y enviar a algunos aqu\u00ed para recibir el esp\u00edritu; pienso que no habr\u00eda nada que discutir\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. du Coudray que ten\u00eda, seg\u00fan se ha dicho, un gran conocimiento de los libros sagrados y de las lenguas hebreo y sirio, quiso dar una nueva traducci\u00f3n de la Biblia. Pero, como hijo de obediencia, no quiso hacer nada sin hablar de ello a su superior: y \u00e9sta es la respuesta que recibi\u00f3, el 16 de febrero de 1634:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abOs ruego que no os deteng\u00e1is ante la propuesta que se os ha hecho de trabajar en esta versi\u00f3n. Yo s\u00e9 muy bien que servir\u00eda para satisfacer a la curiosidad de algunos, pero no, ciertamente, seg\u00fan creo, a la salvaci\u00f3n de las almas del pobre pueblo, al que la Providencia de Dios ha planeado desde toda la eternidad dedicaros; os debe ser suficiente, Se\u00f1or, que por la gracia de Dios , hab\u00e9is empleado tres o cuatro a\u00f1os para aprender el hebreo y que sep\u00e1is lo suficiente para sostener la causa del Hijo de Dios en su lengua original y para confundir a sus enemigos en este reino. Piense que hay miles de almas que os tienden las manos y que os dicen: Ay Se\u00f1or, hab\u00e9is sido escogido por Dios para contribuir a salvarnos; tened pues compasi\u00f3n de nosotros, y venid a darnos la mano para sacarnos del mal estado en que estamos; ved que estamos sumidos en la ignorancia de las cosas necesarias a la salvaci\u00f3n, y en los pecados que nunca hemos confesado por verg\u00fcenza, y que, por falta de vuestro socorro, corremos gran peligro de condenarnos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abPero, adem\u00e1s de los gritos de estas pobres almas, que la caridad nos hace o\u00edr interiormente, escuchad tambi\u00e9n, por favor, Se\u00f1or, lo que mi coraz\u00f3n dice al vuestro, que se siente muy apremiado por el deseo de ir a trabajar y de morir en las C\u00e9vennes, y que ir\u00e1 all\u00e1, si no ven\u00eds pronto, a esas monta\u00f1as, desde donde Monse\u00f1or[106] el obispo pide auxilio y dice que este regi\u00f3n que fue en otro tiempo de las m\u00e1s florecientes en piedad de todo el Reino est\u00e1 ahora toda empecatada y que su pueblo se muere de hambre por la palabra de Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En el mes de julio del mismo a\u00f1o, san Vicente volvi\u00f3 a escribir al Sr. du Coudray para pedirle que consiguiera a los misioneros, que van a los campos, las indulgencias concedidas a los Padres Jesuitas y a los Padres del oratorio. En esta misma carta, le pidi\u00f3 indulgencias para las Cofrad\u00edas de la Caridad, dio a conocer el bien considerable operado en Par\u00eds por damas de calidad que formaban parte de ellas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abHaced lo posible para lograr las indulgencias que Su Santidad ha dado a los RR. PP. jesuitas y a los Padres del Oratorio cuando van de Misiones al campo. Hay una indulgencia plenaria a los que se confiesan a ellos y luego comulgan. Quiera Dios que pod\u00e1is obtener para las cofrad\u00edas de la caridad que, por la gracia de Dios, hacen cosas maravillosas. Nosotros la hemos erigido en diversas parroquias de esta ciudad, y desde hace alg\u00fan tiempo tenemos una compuesta de cien a ciento veinte damas de calidad, quienes, cada d\u00eda, de cuatro en cuatro, van a visitar y a socorrer entre ochocientos o novecientos enfermos, llev\u00e1ndoles gelatina, consom\u00e9s, confituras y toda clase de dulces, adem\u00e1s de la porci\u00f3n ordinaria que la casa les suministra, y esto para disponer a esta pobre gente para hacer una buena confesi\u00f3n general de su vida pasara y procurar a los que mueren partir de este mundo en buen estado y los que sanan hacer buen prop\u00f3sito de no ofender m\u00e1s a Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esto se hace con una bendici\u00f3n especial de Dios, no s\u00f3lo en Par\u00eds, sino tambi\u00e9n en los pueblos, sea por esta cofrad\u00eda, sea por los que les proporcionan las limosnas.<\/p>\n<p>Entre las numerosas cartas que san Vicente escribi\u00f3 a este celoso Misionero, citemos la del 6 de noviembre de 1634, en la que da al Sr. du Coudray una lecci\u00f3n encantadora de sencillez y nos da conocer al mismo tiempo su atractivo por esta virtud.<\/p>\n<p>El Sr. du Coudray se hab\u00eda quejado a san Vicente y parec\u00eda dudar de su sinceridad. \u00c9sta es la respuesta que recibe:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abOs suplico muy humildemente que no deis ocasi\u00f3n a ning\u00fan sentimiento contrario al que yo veo en vuestra carta y que ten\u00e9is de m\u00edo de este buen Padre. Sab\u00e9is que la bondad de vuestro coraz\u00f3n me ha dado, por la gracia de Dios, la libertad de hablaros con toda confianza y de no ocultaros ni disfrazaros ninguna cosa, y me parece que hab\u00e9is podido notar algo hasta el presente en mi modo de proceder con vos. Jes\u00fas, buen Dios, caer\u00eda yo en la desgracia de hacer o decir algo contra la santa virtud de la sencillez con relaci\u00f3n a vos. Oh Dios, que Dios me guarde, Se\u00f1or, como tambi\u00e9n con cualquiera que sea. Es la virtud que m\u00e1s quiero, eso me parece, y la que m\u00e1s me aprecio en mis acciones, y si se me permite hablar as\u00ed, dir\u00e9 que con alg\u00fan progreso, por la misericordia de Dios. En el nombre de Dios, mi padrecito, rechazad esos pensamientos como tentaciones que el esp\u00edritu maligno pone en el vuestro, y creed que mi coraz\u00f3n no es tanto el m\u00edo como el vuestro, y que y que sois para m\u00ed satisfacci\u00f3n y consuelo mucho m\u00e1s de lo que lo soy conmigo mismo.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>A finales del a\u00f1o de 1637, la duquesa de Aiguillon fund\u00f3 una casa en su ducado de Aiguillon y, con el consentimiento del obispo, estableci\u00f3 a los misioneros en la Peregrinaci\u00f3n de de Nuestra Se\u00f1ora de la Roze (di\u00f3cesis de Agen). M\u00e1s tarde, en 1640, Mons. d&#8217;Elb\u00e8ne, obispo de Agen, puso a perpetuidad el curato en la capilla de Nuestra Se\u00f1ora de la Roze.<\/p>\n<p>El Sr. Fran\u00e7ois du Coudray fue elegido como primer superior de esta casa pero no dur\u00f3 m\u00e1s que un a\u00f1o, pues apenas se hab\u00eda organizado esta casa cuando san Vicente le envi\u00f3 a tomar la direcci\u00f3n de la nueva casa fundada en Troyes, y donde hab\u00eda un seminario y una misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El 12 de marzo de 1638, Mons. Ren\u00e9 de Bresles, obispo de Troyes dio a la Congregaci\u00f3n una casa situada en la calle mayor del barrio Saint-Michel. Ped\u00eda seis sacerdotes para la direcci\u00f3n del seminario y para la misi\u00f3n ; con la carga de recibir cada semana en retiro a un p\u00e1rroco o a otro eclesi\u00e1stico enviado por el obispo, y por \u00faltimo a los ordenandos durante diez d\u00edas en las cuatro t\u00e9mporas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de poner en orden el seminario y la misi\u00f3n, el Sr. du Coudray, fue enviado despu\u00e9s a la misi\u00f3n de Toul. San Vicente quer\u00eda, para representarle en este desdichado pa\u00eds, a un misionero que pudiera secundar su acci\u00f3n caritativa.<\/p>\n<p>Era el momento en que la Lorena pasaba su mayor desolaci\u00f3n. Escuchemos lo que dice Collet:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abUna parte de las ciudades, de los burgos y de los pueblos estaban desiertos, los dem\u00e1s estaban reducidos a cenizas. Aquellos de los que el soldado no se hab\u00eda podido apoderar sufr\u00edan todo lo que la peste y el hambre tienen de m\u00e1s terrible; sus habitantes l\u00edvidos, demacrados, desfigurados, se sent\u00edan con suerte, cuando se pod\u00edan come en paz la hierba y las ra\u00edces de los campos. La bellota y los frutos silvestres se vend\u00edan com\u00fanmente en el mercado para la alimentaci\u00f3n para la alimentaci\u00f3n del hombre. Los animales muertos por s\u00ed mismos, las carro\u00f1as m\u00e1s infectas eran objeto de su avidez, o m\u00e1s bien rabiosamente. Una madre se asociaba a otra para comerse a su propio hijo con la promesa de pagarle con la misma moneda. Colgaron a las puertas de Nancy a un hombre convencido de haber matado a su hermana por un pan de suministro. Todo lo que las ciudades de Samaria y de Jerusal\u00e9n tuvieron de m\u00e1s terrible era todav\u00eda menos de lo que se vio entonces. No sabemos que durante el sitio de la ciudad santa los ni\u00f1os hab\u00edan devorado a quienes les dieron la vida; estos horrores quedaban reservados a la Lorena, y no nos atrever\u00edamos a relatarlos, si no tuvi\u00e9ramos ante los ojos a autores contempor\u00e1neos que nos han transmitido la funesta memoria. Es lo que le hizo decir al Padre Caussin, que viv\u00eda entonces y que era confesor de Luis XIII, que la Lorena era el \u00fanico pa\u00eds del mundo que hubiera dado al universo un espect\u00e1culo tan horrible como el del \u00faltimo sitio de Jerusal\u00e9n: Sola Lotharingia Ierosolimam calamitate vincit.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>San Vicente envi\u00f3 nuevos socorros, y el Sr. du Coudray estaba encargado de mandarlos distribuir.<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n el momento en que el santo se multiplicaba para salvar a esta pobre regi\u00f3n. As\u00ed se expresa Collet:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLas penas que pas\u00f3 el santo sacerdote no fueron infructuosas. Se vio poco a poco en situaci\u00f3n de salvar la vida y a menudo el honor a los habitantes de veinticinco ciudades y de un n\u00famero infinito de burgos y de pueblos, que se ve\u00edan en las \u00faltimas; dio de comer a una multitud de gente hambrienta; \u00e9l hizo llegar a un mont\u00f3n de enfermos que se acostaban a menudo en las plazas p\u00fablicas todo g\u00e9nero de auxilios que pod\u00edan esperar de la caridad m\u00e1s sensible. Procur\u00f3 ropas a los que no las ten\u00edan, es decir(pues se pod\u00eda enga\u00f1ar) no s\u00f3lo a un n\u00famero prodigioso de gentes de la hez del pueblo, sino tambi\u00e9n a cantidad de j\u00f3venes de condici\u00f3n que se hallaban a punto de perecer en m\u00e1s de un sentido, a cantidad de religiosos cuyos monasterios hab\u00edan sido saqueados; a cantidad de v\u00edrgenes consagradas a Dios, que estaban tan desfiguradas como aquellas de quienes habla Jerem\u00edas: que en su mayor parte no ten\u00edan ni velos ni calzados y que, cubiertas de andrajos igualmente rid\u00edculos y extra\u00f1os, hab\u00edan hasta entonces anunciado in\u00fatilmente a toda Europa el exceso de su aflicci\u00f3n y de su pobreza.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abComo una sabia econom\u00eda en el manejo de las limosnas es uno de los mejores medios de que se pueda uno servir para valorar a los que los hacen, y hacerlos \u00fatiles a los que los reciben. Vicente tom\u00f3 en la distribuci\u00f3n de que se hab\u00eda encargado todas las medidas de una prudencia consumada. Envi\u00f3 a doce de sus Misioneros llenos de celo a diferentes lugares de la regi\u00f3n. Les asoci\u00f3 algunos Hermanos de su congregaci\u00f3n que ten\u00edan secretos contra la peste, y que sab\u00edan de medicina y de cirug\u00eda, les traz\u00f3 un largo y sabio reglamento, por medio del cual no pod\u00edan ofender ni a los obispos, ni a los gobernadores ni a los magistrados. Les prescribi\u00f3 consultar a los p\u00e1rrocos o, cuando no los hab\u00eda, lo que pasaba con frecuencia, a las personas m\u00e1s cualificadas de los lugares que visitaban, a fin de evitar la sorpresa y de proporcionar los auxilios a las necesidades y a la condici\u00f3n de aquellos a quienes les deb\u00edan ser aplicados. Aunque las damas de su asamblea se refiriesen absolutamente a \u00e9l, y le dejaran una libertad total de disponer a su gusto de las grandes sumas que le pon\u00edan en las manos; no hizo nunca nada sin pedirles el parecer; con frecuencia incluso quer\u00eda recibir, por s\u00ed mismo o por otros, las \u00f3rdenes de la reina, a fin de seguir en todo la intenci\u00f3n de los bienhechores, y de evitar toda sospecha de acepci\u00f3n de personas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Encontramos en esta fecha (1640) dos cartas de san Vicente al Sr. du Coudray relativas al socorro que le enviaba dan a conocer la caridad del santo y la sabia prudencia que pon\u00eda en la distribuci\u00f3n de las limosnas.<\/p>\n<p>\u00c9sta es la primera, con fecha del 17 de junio de 1840:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abEnviamos todo lo que tenemos para los religiosos y para las religiosas. Por la carta que escribo al Sr. Villeteau, y que vos sellar\u00e9is ver\u00e9is el sentimiento de la Sra. duquesa de Aiguillon sobre el asunto de la distribuci\u00f3n. Mathieu os lleva vuestro peque\u00f1o cometido, vos ajustar\u00e9is vuestros gastos a esto. en cuanto a las 2000 libras que hab\u00e9is recibido del Sr. de Saint-Nicolas para las religiosas, en nombre del Dios, Se\u00f1or, , no quit\u00e9is nada de ellas para vuestro uso, bajo cualquier pretexto de caridad que sea. No existe caridad que no vaya acompa\u00f1ada de justicia, ni que nos permita hacer m\u00e1s de lo que podemos razonablemente. No os digo nada sobre el asunto del S. F., sino que me parece bien que lo hable con el Sr. Midot y que vos cont\u00e9is con \u00e9l sobre vuestras diferencias amistosamente, mientras que el Sr. presidente de Tr\u00e9lon est\u00e9 ah\u00ed, quien podr\u00e1 moderar los peque\u00f1os calores. Ser\u00eda de desear que estos se\u00f1ores vieran bien que las cosas volvieran al primer estado; pero habiendo dispuesto la Providencia otra cosa por este bueno y santo prelado difunto, hay que someterse, visto que no hay que esperar que la justicia disponga de otro modo, ni conveniente intentarlo.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abTodas las visitas que he hecho hasta el presente en Richelieu y en Troyes se han hecho con tanto fruto y bendici\u00f3n que he visto la verdad de lo que se dice de los Cartujos: que entre los medios por los que se conservan en su primera observancia est\u00e1 la visita anual. Por eso he pensado que es conveniente que hagamos las nuestras cada a\u00f1o, y que para ello, no pudiendo ir yo mismo en persona para hacerlas en Lorena, env\u00edo all\u00ed al Sr. d&#8217;Horgny, cuya sencillez y piedad, y su exactitud en la observancia del peque\u00f1o reglamento de la casa vos conoc\u00e9is; os suplico, Se\u00f1or, que le recib\u00e1is en esta calidad, y le mostr\u00e9is la misma confianza que a m\u00ed, sab\u00e9is que sois vos quien nos le hab\u00e9is dado y el agradecimiento que conserva, y la estima en que os tiene, har\u00e1, as\u00ed lo espero, que obr\u00e9is de suerte que todos de la casa se aproveche de esta acci\u00f3n, que no se hace sin gran fruto y bendiciones. Acabo de enviar al Sr. Lambert a nuestra casa de la Roze con el mismo fin, y espero ir a hacer lo mismo a mediados del oto\u00f1o respecto de Troyes, G\u00e9nova y otros lugares, si Dios me da vida y salud para ello. Importa que dicho se\u00f1or no sea conocido en Toul por el que es, por muchas razones. Os contar\u00e1 nuestras peque\u00f1as noticias, y como os abrazo en esp\u00edritu con toda la humildad y el afecto posible\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La segunda carta tiene fecha del 10 de julio de 1640:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00c9ste es Mathieu quien os lleva vuestro cometido, nos enteramos por el Sr. Presidente del estado del asunto del Sr. de Fleury, y veremos luego. Os he escrito que hag\u00e1is las distribuciones por el orden del Sr. de Villereau, y que las mand\u00e9is hacer as\u00ed. Estimo que hab\u00e9is recibido orden firmada de \u00e9l y que la seguir\u00e9is con exactitud. Os ruego tambi\u00e9n muy humildemente que recoj\u00e1is recibo en cada monasterio de lo que deis, y en cuanto a las distribuciones que hacer en las dem\u00e1s ciudades donde hay personas de nuestra Compa\u00f1\u00eda, les insistir\u00e9is en esto; que sigan con exactitud el orden que nos ha dado dicho se\u00f1or de Villereau, que recojan recibo de todo lo que den pues lo necesitamos, y que bajo ning\u00fan pretexto no se quite ni se aplique a otras partes ni una blanca; y vos me enviar\u00e9is, por favor, por el Hermano Mathieu, una copia de las cuentas firmada por el Sr. de Villereau y de su ordenanza, si la hay, y me avisar\u00e9is cada mes de las sumas particulares que distribu\u00eds. Se las ense\u00f1o a estas buenas Damas, todos los meses, de todos los dem\u00e1s lugares. S\u00f3lo me queda Toul por hacer, y ello las consuela enormemente. Empleamos, el s\u00e1bado pasado, dos o tres horas en ver las otras cartas, que las llenaban de regocijo. Esto es, Se\u00f1or, lo que ten\u00eda que decirle por ahora, que me preocupa vuestra salud, y eso os pido con todo el afecto que puedo en Nuestro Se\u00f1or en cuyo amor y en el de su santa madre, soy, etc. \u2026\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En 1642, encontramos al Sr. du Coudray en la primera asamblea general; y despu\u00e9s de la clausura de la asamblea, se queda en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Al final de este mismo a\u00f1o, una carta de san Vicente del 28 de noviembre nos anuncia la partida del Sr. du Coudray para Argel. El conocimiento que tenia de la lengua \u00e1rabe le hac\u00eda id\u00f3neo para la delicada negociaci\u00f3n de liberar esclavos. Veamos lo que dice san Vicente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl Sr. du Coudray se va a Berber\u00eda para la liberaci\u00f3n de unos ochenta esclavos, y con el fin de dar la misi\u00f3n entre los dem\u00e1s que son en n\u00famero de diez mil, en Argel\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Se adelant\u00f3 a los misioneros que tres a\u00f1os m\u00e1s tarde vinieron a fijarse en Argel.<\/p>\n<p>A finales de 1644, volvemos a encontrar a du Coudray, superior de la Roze, casa que hab\u00eda fundado en 1638. Mons. Pavillon, obispo de Alet, mucho tiempo dedicado a las misiones por san Vicente, hab\u00eda conocido al Sr. du Coudray. Tenemos de \u00e9l una carta dirigida al superior de la Roze del 23 de mayo de 1645. Es \u00e9sta:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abSe\u00f1or,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> Yo he dado cartas de orden al Sr. Lucas [115] que regresa lleno de una fuerte resoluci\u00f3n de corresponder m\u00e1s fielmente que nunca a su vocaci\u00f3n, y reparar en adelante por una profunda humildad y ciega obediencia las faltas que podr\u00eda haber cometido, -Os suplico muy humildemente que teng\u00e1is a bien ayudarle en este plan por los cuidados caritativos que tendr\u00e9is de su persona, luego por la confianza cordial que se propone en adelante tener en vos. <\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abOs agradezco de todo coraz\u00f3n por la acogida caritativa que disteis al eclesi\u00e1stico de mi di\u00f3cesis que tome hace algunos meses de dirigiros para los ejercicios espirituales. No puede por menos que testimoniar las grandes obligaciones que siente por vos, y repite que no ser\u00e1n en balde las santas y saludables instrucciones que ha recibido de vos. A\u00f1adid a esta primera gracia una segunda por favor con respecto a m\u00ed, que es que os acord\u00e9is de mi miseria en vuestros sacrificios y de creerme en el amor del Salvador y de su santa Madre,<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em> \u00abSe\u00f1or, vuestro muy humilde y afect\u00edsimo servidor. <\/em>\u00abNicolas, Obispo de Alet. \u00abDe Comance, 23 de mayo de 1645.\u00bb<\/p>\n<p>Continu\u00f3 varios a\u00f1os dirigiendo esta casa y estaba todav\u00eda cuando el Sr. Portail hizo la visita a finales del a\u00f1o 1646- Por \u00faltimo, enviado a Richelieu, muri\u00f3 all\u00ed en 1649.<\/p>\n<p>San Vicente escribi\u00f3 al Sr. Portail, en Marsella, el 1 de marzo de 1649 para anunciarle esta triste noticia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHa querido el buen Dios disponer del Sr. du Coudray en Richelieu. Siento un hondo pesar por no haberle visto anteriormente: ya sab\u00e9is las obligaciones que tiene la Compa\u00f1\u00eda. Le recomiendo muy en particular a vuestras oraciones y a las de la familia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Era el segundo de los primeros compa\u00f1eros de san Vicente que se llevaba la muerte.<\/p>\n<p>El Sr. du Coudray fallec\u00eda a la edad de sesenta y tres a\u00f1os, despu\u00e9s de servir a la Compa\u00f1\u00eda 23 a\u00f1os.<\/p>\n<p><strong>Breve resumen de su biograf\u00eda:<\/strong><\/p>\n<ul>\n<li>Su nacimiento (1586).<\/li>\n<li>Su ordenaci\u00f3n (1618).<\/li>\n<li>Su entrada en la Compa\u00f1\u00eda (1626).<\/li>\n<li>Misi\u00f3n de Verneuil (1627).<\/li>\n<li>Su Regreso a Par\u00eds (1629).<\/li>\n<li>Carta que le dirige san Vicente. Es enviado a Roma para negociar la aprobaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda. Cartas que recibe all\u00ed de san Vicente (1631-1637).<\/li>\n<li>Es enviado a Notre Dame de la Roze (1637) y de all\u00ed a Troyes(1638), luego a Toul (1640).<\/li>\n<li>Parte que toma en la Asamblea general de 1642.<\/li>\n<li>Su regreso a Notre Dame de la Roze (1644).<\/li>\n<li>Carta de Mons. Pavillon, obispo de Alet. Su muerte (1649).<\/li>\n<\/ul>\n<p>Traducci\u00f3n del P. M\u00e1ximo Agust\u00edn<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Se\u00f1or Francisco du Coudray naci\u00f3 en Amiens en 1586. Fue ordenado sacerdote en setiembre de 1618 y admitido en la peque\u00f1a familia de san Vicente en 1626 . 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