{"id":55127,"date":"2015-06-19T05:51:21","date_gmt":"2015-06-19T03:51:21","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=55127"},"modified":"2015-06-19T05:51:21","modified_gmt":"2015-06-19T03:51:21","slug":"san-vicente-de-paul-maestro-de-oracion-05","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-maestro-de-oracion-05\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal, maestro de oraci\u00f3n (05)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Cap\u00edtulo V: La oraci\u00f3n accesible a todos.<\/strong><\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/06\/vincent-Croatia-Zagreb-2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-176057\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/06\/vincent-Croatia-Zagreb-2-300x208.jpg?resize=300%2C208\" alt=\"vincent Croatia Zagreb 2\" width=\"300\" height=\"208\" \/><\/a>Despu\u00e9s de las p\u00e1ginas precedentes en que la oraci\u00f3n mental est\u00e1 reconocida necesaria para toda alma prendida de amor de Dios, el siguiente cap\u00edtulo sobre la posibilidad de Este ejercicio puede parecer in\u00fatil. En el momento que un acto es necesario a los cristianos cuidadosos de perfecci\u00f3n, debe ser realizable para todos, bien entendido con la ayuda de la gracia.<\/p>\n<p>Si no se encontrara a nadie que pusiera en duda esta posibilidad, san Vicente no se ocupar\u00eda de ello, cuando acude una y otra vez en sus cartas de direcci\u00f3n y en sus conversaciones y en sus conferencias. En su tiempo como en el nuestro, varios declaraban que les era imposible entregarse a la oraci\u00f3n, y apoy\u00e1ndose en su ineptitud, se dispensaban de ella ellos mismos.<\/p>\n<p>Este estado de esp\u00edritu se encuentra hoy y se presenta bajo formas id\u00e9nticas. Los directores de conciencia encuentran las objeciones rechazadas por el santo, en el siglo diecisiete. En este orden de ideas, constituye un perpetuo recomenzar. De donde la utilidad de reproducir estas refutaciones siempre nuevas ya que responden a necesidades\u00a0 siempre nuevas.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9nes son los contradictores con los que est\u00e1 en lucha el Sr. Vicente? Sin duda laicos poco instruidos en las cosas de la Religi\u00f3n, Cristianos que dan sus primeros pasos por el camino de la oraci\u00f3n mental.<\/p>\n<p>\u00a1Vaya equivocaci\u00f3n! Lejos de ser todos ignorantes o sin experiencia, la mayor parte son, por el contrario, sacerdotes y religiosas, hombres y mujeres cuyo esp\u00edritu y coraz\u00f3n deber\u00edan estar orientados solo hacia Dios. Varios incluso est\u00e1n familiarizados\u00a0 con el ejercicio en cuesti\u00f3n ya que se entregan a \u00e9l hace diez, quince o veinte a\u00f1os. No siendo las almas en cuesti\u00f3n unas cualquiera, el problema ofrece un mayor inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Estos contradictores, cuyo punto com\u00fan es el de estimarse sinceramente incapaces de hacer oraci\u00f3n, reparti\u00e9ndose en varias categor\u00edas seg\u00fan la diversidad de las causas de su pretendida ineptitud. Antes de examinar la naturaleza de estas causas, se impone una advertencia general. Suponiendo sinceros a los sujetos, su buena fe no es la misma en todos. Se mezclan de ordinario factores inconscientes que la alteran un tanto y disminuyen su valor.<\/p>\n<p>Al afirmar la imposibilidad para ella de recogerse y de meditar, la persona no miente ya que su afirmaci\u00f3n es el eco de su pensamiento; pero este \u00faltimo no est\u00e1 en desacuerdo con lo que era en el momento de su formaci\u00f3n o al menos no responde m\u00e1s que imperfectamente a su punto de partida. Si el sujeto pudiera abrazarla con una mirada en su evoluci\u00f3n completa, realizar\u00eda entonces una afirmaci\u00f3n mentirosa. Detr\u00e1s de la imposibilidad de hacer oraci\u00f3n\u00a0 que alega, se le presentar\u00eda un sentimiento de pereza o de cobard\u00eda. Y de pronto se ver\u00eda obligado a reconocer en su foro interno que no hace otra cosa que obedecer a su ego\u00edsmo.<\/p>\n<p>Esta advertencia debe hacer reflexionar en su caso a todo el que se considere incapaz de meditar. En lugar de decirse, yo siento demasiado vivamente esta incapacidad para que sea ilusoria, es conveniente, por el contrario, considerarla a priori como tal hasta m\u00e1s amplia informaci\u00f3n. Casi siempre el sujeto descubrir\u00e1, mientras rememora su conducta y sondea su coraz\u00f3n, que le resulta m\u00e1s penoso que a otros entregarse a la oraci\u00f3n y que renuncia a ella por falta de valor bajo capa de imposibilidad.<\/p>\n<p>Sean las que fueren nuestras prevenciones\u00a0 contra este ejercicio, teng\u00e1mosle firmemente por accesible a todas las almas de buena voluntad. Es la tesis mantenida por san Vicente de Pa\u00fal y por los maestros de la vida espiritual.<\/p>\n<p>Los contradictores habituales del santo le oponen su ignorancia. Meditar\u00edamos de buen grado \u2013dicen ellos- si nuestra cabeza no estuviera vac\u00eda de ideas. A pesar de nuestros esfuerzos, no podemos fijar nuestro esp\u00edritu en verdades abstractas. No nosd pid\u00e1is m\u00e1s lo imposible. Y el santo les dice y repite en todos los tonos que est\u00e1n en el error. Es por su parte una verdadera campa\u00f1a llevada contra ellos con una obstinaci\u00f3n sonriente. Qu\u00e9 interesantes en esta materia sus conferencias dadas a las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>La t\u00e1ctica del santo merece ser estudiada en detalle. Su car\u00e1cter de bondad se ve dominado por la buena fe de los adversarios. Estos \u00faltimos tienen en efecto m\u00e1s necesidad de \u00e1nimos que de reproches: palabras duras les resultar\u00edan fatales. Lo importante es dar confianza a estos \u00edntimos. Vicente los tranquiliza afirmando que Dios no puede negarles esta gracia de la oraci\u00f3n despu\u00e9s de concederles tantas otras, y tan grandes: \u00abNo, no tem\u00e1is que unas pobres j\u00f3venes de pueblo, ignorantes como pens\u00e1is que son, no deban pretender este santo ejercicio. Dios ya ha sido tan bueno con vosotras al llamaros al ejercicio de la caridad; \u00bfpor qu\u00e9 pensar que os iba a negar la gracia que necesit\u00e1is para hacer bien oraci\u00f3n? Que no se os ocurra pensarlo\u00bb. Ese es un argumento v\u00e1lido para todas las almas de buena voluntad.<\/p>\n<p>Como algunas Hermanas se quejan de no poder meditar por no saber leer, Vicente les responde que se ha encontrado con grandes santos quienes, sin ninguna letra, han tenido el don de oraci\u00f3n. Les explica el motivo sacado del Evangelio: \u00abEs en los corazones que no tienen la ciencia del mundo y que buscan a Dios en s\u00ed mismo, donde se complace en difundir\u00a0 muy excelentes luces y muy grandes gracias. Descubre a estos corazones lo que todas las escuelas no han hallado, y les revela misterios donde los m\u00e1s sabios no ven gota\u00bb.<\/p>\n<p>El santo vuelve en estos t\u00e9rminos sobre esta idea que tanto le importa porque ella encuadra con su humildad: \u00abPobres campesinos que no saben nada han recibido de Dios el don de oraci\u00f3n y en un grado m\u00e1s alto que muchos otros muy sabios. Y en este sentido debemos entender lo que dec\u00eda Nuestro Se\u00f1or: \u00abPadre, os confieso y reconozco que hab\u00e9is ocultado las cosas que acabo de ense\u00f1ar a los sabios y a los doctos y se las hab\u00e9is revelado a los peque\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente se sirve de la comparaci\u00f3n siguiente para dar una idea de lo que es la intervenci\u00f3n divina a favor de los sencillos: \u00abNuestro Se\u00f1or ser\u00e1 vuestro pedagogo. El os ense\u00f1ar\u00e1 como se hace con los ni\u00f1os que no saben nada a\u00fan. \u00bfNo veis c\u00f3mo en las escuelas\u00a0 se muestran las letras a los y poco a poco se les hace adelantar? As\u00ed es como Nuestro Se\u00f1or obra con las j\u00f3venes que no se estiman en nada y se creen las peores de todas\u00bb.<\/p>\n<p>No solo la oraci\u00f3n instruye a los ignorantes de las verdades cristianas, sino que les hace hasta hablar de ellas con elocuencia. Qu\u00e9 maravillosa perspectiva abierta a hombres por su naturaleza\u00a0 incapaces de iluminar a su pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>El santo hace reflejarse h\u00e1bilmente esta perspectiva\u00a0 en los ojos de sus oyentes: \u00abSi supierais el gozo que siente Dios al ver que\u00a0 una pobre joven de pueblo se dirige amorosamente a \u00e9l, oh, acudir\u00edais con m\u00e1s confianza de la que yo os puedo aconsejar. Si supierais cu\u00e1nta ciencia conseguir\u00e9is, cu\u00e1nto amor y dulzura hallar\u00e9is en ello! Lo encontrar\u00e9is todo en ella porque es la fuente de todas las ciencias.<\/p>\n<p>\u00abDe d\u00f3nde viene que ve\u00e1is a gentes sin letras hablar de Dios, manifestar los misterios con m\u00e1s inteligencia de la que lo har\u00eda un doctor? Un doctor, que no tiene m\u00e1s que su doctrina, habla de Dios de la manera que su propia ciencia le ha ense\u00f1ado; pero una persona de oraci\u00f3n habla de ella de otra manera.<\/p>\n<p>\u00abLa diferencia de los dos viene de lo que uno habla por simple <em>ciencia<\/em> <em>adquirida, <\/em>y el otro por una <em>ciencia<\/em> <em>infusa <\/em>llena de amor, de manera que el doctor, en este encuentro, no es el m\u00e1s sabio. Y es preciso que se calle donde se halla una persona de oraci\u00f3n, pues habla de Dios con toda la diferencia que puede\u00bb.<\/p>\n<p>El santo saca a la luz, en este texto, la superioridad de las iluminaciones y de las inspiraciones\u00a0 divinas sobre toda la actividad natural de la inteligencia. Ve en ello este modo sobreeminente de la gracia operante por el que el Esp\u00edritu Santo suscita pensamientos, los dirige y los especifica. De esta forma es c\u00f3mo en virtud del don de <em>sabidur\u00eda, <\/em>el alma adquiere un conocimiento de Dios muy diferente del saber teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>No se trata de altas pero fr\u00edas especulaciones sobre datos metaf\u00edsicos o textos de la Escritura. Dios es conocido por decirlo as\u00ed experimentalmente por su acci\u00f3n en nuestro interior y por el sosiego <em>\u00a0<\/em>y la alegr\u00eda que se desprenden. Como lo escribe san Pablo: \u00bb El Esp\u00edritu, \u00e9l mismo, da testimonio a nuestro esp\u00edritu que somos hijos de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>An\u00e1logo con el misterioso man\u00e1 saboreado en el desierto por los Israelitas, el Ser divino se siente, se gusta, se ama.\u00a0 De esta clase de experiencia resulta una certeza inefablemente dulce de la existencia de Dios y de su presencia. Los Cristianos as\u00ed favorecidos siguen imperturbables en medio de las agitaciones y de las pruebas porque ven a Dios siempre y en todas las cosas: por eso hablan de \u00e9l con una elocuencia a la que los m\u00e1s sabios no pueden llegar. Vicente revela con una palabra el secreto de esta elocuencia: su ciencia infusa est\u00e1 toda llena de amor; y nadie habla mal de lo que ama.<\/p>\n<p>Se comprender\u00e1 mejor la superioridad de este conocimiento cuasi experimental de Dios sobre el saber especulativo despu\u00e9s de la lectura de este texto paulino que aplica santo Tom\u00e1s\u00a0 al don de sabidur\u00eda: \u00abNosotros predicamos la sabidur\u00eda de Dios en el misterio, sabidur\u00eda que ha estado oculta y predestinada durante siglos para nuestra gloria\u2026 El Esp\u00edritu penetra todas las cosas, incluso las profundidades de Dios. \u00bfQu\u00e9 hombre sabe lo que hay en el hombre, sino el esp\u00edritu del hombre que est\u00e1 en \u00e9l? As\u00ed lo que est\u00e1 Dios, nadie lo conoce sino el Esp\u00edritu de Dios\u2026 El hombre espiritual juzga de todas las cosas y no es juzgado por nadie. Pues quien ha conocido el pensamiento del Se\u00f1or para poder instruirlo, sino nosotros, nosotros tenemos el pensamiento de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Ning\u00fan maestro de la espiritualidad m\u00e1s convencido que el Sr. Vicente de la importancia de los dones del Esp\u00edritu Santo en la oraci\u00f3n. Los libros y los estudios no favorecen apenas este ejercicio. Y el santo cita las palabras de san Buenaventura en respuesta a las felicitaciones de un sencillo sobre su saber. \u00abOh, hermano m\u00edo, para hacer bien oraci\u00f3n, la ciencia no es necesaria, basta con amar mucho a Dios. Por eso, una mujer cualquiera y el hermano m\u00e1s ignorante del mundo, si aman a Dios, hacen mejor la oraci\u00f3n que yo\u00bb.<\/p>\n<p>Alquien -a\u00f1ade el santo- inform\u00e1ndose de santo Tom\u00e1s en qu\u00e9 libros recog\u00eda los conceptos tan hermosos y tan elevados, recibi\u00f3 esta respuesta: \u00abSe\u00f1or, por favor, os llevar\u00e9 a mi biblioteca\u00bb. Y santo Tom\u00e1s le condujo delante de su crucifijo y le dijo que no hac\u00eda otro estudio que aqu\u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>El agrado de Dios es conversar con los peque\u00f1os. Es un hecho de experiencia: las luces y las ternuras espirituales son con m\u00e1s frecuencia comunicadas a las mujeres verdaderamente devotas que a los hombres, por no decir a los sencillos y a los humildes.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente ha conocido a un labrador de las monta\u00f1as de Auvergne quien, mientras llevaba el arado y guardaba las cabras, hac\u00eda oraci\u00f3n, y hablaba de Dios tan dignamente \u2013afirma el santo- que no hay prelado, te\u00f3logo, ni nadie que pudiera hablar as\u00ed, y no espero o\u00edr hablar tan bien.<\/p>\n<p>Un hecho m\u00e1s significativo todav\u00eda es la transformaci\u00f3n intelectual de varios Hermanos conversos, cuyo santo es con frecuencia testigo en San L\u00e1zaro. \u00abHacemos la repetici\u00f3n de la oraci\u00f3n en casa \u2013escribe-. Ahora bien, por la gracia de Dios, a los sacerdotes les va bien, a los cl\u00e9rigos tambi\u00e9n, unos m\u00e1s, otros menos, pero en cuanto a nuestros pobres Hermanos, oh, en ellos se verifica la promesa que Dios ha hecho de descubrirse a los peque\u00f1os y a los humildes, pues nos maravillan las luces que Dios les da; y tal parece que es \u00e9l solo, pues ellos no tienen ninguna ciencia. Este ser\u00e1 un pobre zapatero, este ser\u00e1 un panadero, un carnicero, y sin embargo ellos\u00a0 nos llenan de asombro.<\/p>\n<p>\u00abHablamos de ellos a veces entre nosotros, con confusi\u00f3n por no ser tales como los vemos. Nos decimos unos a otros: \u00abMirad a este pobre Hermano; \u00bfacaso no hab\u00e9is advertido los bellos y buenos pensamientos que Dios le ha dado?\u00a0 \u00bfno es admirable? Ya que lo que dice no lo dice por haberlo aprendido anteriormente; es desde que hace oraci\u00f3n cuando lo sabe\u00bb.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Vicente, estos hechos tienen providencialmente por fin probar que toda la ciencia del mundo no es m\u00e1s que ignorancia al lado de la otorgada por Dios a las almas seriamente entregadas a la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En su deseo de impresionar\u00a0 m\u00e1s la imaginaci\u00f3n de sus auditoras, el santo les pone como ejemplo una figura que ha sido popular entre las Hijas de la Caridad, al Hermano Antonio: \u00ab\u00bfHab\u00e9is visto alguna vez a una persona hablar de Dios como lo hac\u00eda este hombre? \u2013dice-. En cuanto a m\u00ed, nunca he visto nada parecido, pues diez palabras diez palabras de su boca produc\u00edan m\u00e1s impresi\u00f3n en los corazones que no os podr\u00eda decir cu\u00e1ntas predicaciones. Estaba lleno de una unci\u00f3n que se comunicaba tan dulcemente a los corazones que\u00a0 se sent\u00edan en comuni\u00f3n. \u00bfY d\u00f3nde hab\u00eda aprendido todo eso? Lo hab\u00eda aprendido de algunas predicaciones que hab\u00eda escuchado, luego meditado; y Dios se hab\u00eda dado a \u00e9l tan abundantemente que nunca le hab\u00edan hablado mejor; y esto por la oraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Esa es con tanta exactitud como sencillez la influencia dulce, pero profunda de los hombres de oraci\u00f3n sobre las almas. Su elocuencia no se parece a ninguna otra; no es de la Tierra: el Esp\u00edritu Santo es su inspirador. Es reconocer que no depende ni de la inteligencia, ni del saber, y que un ignorante, sin saber leer ni escribir, pude obtenerla de Dios sin poner de su parte otra disposici\u00f3n que una ardiente caridad.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n considerada bajo el punto de vista sobrenatural no tiene nada de inquietante, ni de desalentador, ni siquiera para las cabezas\u00a0 m\u00e1s vac\u00edas y los esp\u00edritus menos abiertos. Nuestro error es considerarla de una manera demasiado humana, de ver en ella sobre todo un ejercicio de atenci\u00f3n y de reflexi\u00f3n, de lo que muchos son evidentemente incapaces.<\/p>\n<p>En lugar de tanto agobio por sus cualidades intelectuales, igual que si se tratara de las pruebas del bachillerato o de una licencia, es suficiente preguntarse si se ama a Dios o m\u00e1s exactamente si se le quiere amar con todas sus fuerzas o con todo el coraz\u00f3n. Se desear\u00eda solamente, si este deseo es sincero. La oraci\u00f3n tardar\u00e1 poco en transformarle en una verdadera y s\u00f3lida volici\u00f3n. Una vez admitido este principio y aceptado definitivamente este punto de vista sobrenatural, nada puede apartar de este ejercicio, e incluso todo lleva a los ignorantes a entregarse a \u00e9l.<\/p>\n<p>Este es un dominio que les est\u00e1 abierto, mientras que a tantos otros les est\u00e1 cerrado por su incapacidad.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 maravilla! As\u00ed como las ciencias humanas son para ellos inaccesibles, as\u00ed la ciencia divina est\u00e1 en sus manos. Que entren all\u00ed con valor, y all\u00ed encontrar\u00e1n a Dios para instruirlos. Tal vez esta instrucci\u00f3n tendr\u00e1 lugar sin darse cuenta ellos, pero qu\u00e9 importa. Lo esencial es que se d\u00e9, e infaliblemente se dar\u00e1. El Sr. Vicente se lo asegura bas\u00e1ndose en el Evangelio y en hechos tan ciertos como numerosos.<\/p>\n<p>Los esp\u00edritus mediocres est\u00e1n seguros del \u00e9xito si se colocan resueltamente en el plano sobrenatural. Su buena voluntad corre no obstante al peligro, y Vicente se lo advierte. Es el de hacer demasiado grandes esfuerzos en la oraci\u00f3n. El santo les recomienda que act\u00faen <em>moderada y suavemente <\/em>all\u00ed como en cualquier otra parte. \u00abLa demasiado grande aplicaci\u00f3n del entendimiento, observa \u00e9l, calienta el cerebro y produce dolores de cabeza; los actos de la voluntad reiterados con frecuencia, o demasiado violentos, agotan el coraz\u00f3n y lo debilitan. Hay que moderarse en todo, y el exceso no es nunca loable en lo que pueda serlo.<\/p>\n<p>Pr\u00e1cticos para todo el mundo incluso en las m\u00e1s l\u00facidas inteligencias, estos consejos del santo lo son todav\u00eda m\u00e1s para los sencillos y los ignorantes. Estos \u00faltimos encuentran en ello el \u00fanico m\u00e9todo apropiado a su caso: \u00abDebemos actuar por esp\u00edritu de fe en la oraci\u00f3n, y considerar los misterios y las virtudes, que meditamos, en este esp\u00edritu de fe, dulcemente, humildemente, sin esfuerzos para la imaginaci\u00f3n, y aplicar m\u00e1s bien la voluntad para los afectos y resoluciones, que el entendimiento para los conocimientos\u00bb.<\/p>\n<p>Los enfermos y los temperamentos d\u00e9biles deben m\u00e1s que todos los dem\u00e1s evitar durante la oraci\u00f3n un trabajo intelectual por encima de sus fuerzas. Bajo el imperio de esta preocupaci\u00f3n, el Sr. Vicente ruega al Superior Louis Rivet que vigile\u00a0 en particular al Sr. Fleury que sufre del h\u00edgado. Que le recomiende que se dedique a la oraci\u00f3n <em>sin esfuerzo y se comporte dulcemente y sin esfuerzo<\/em> en ella.<\/p>\n<p>En este trato con Dios, el alma puede suplir la falta de actividad cerebral por un aumento de actividad afectiva y voluntaria. Cuando la inteligencia no funciona sino con lentitud y dificultad, en vez de pedirle m\u00e1s de lo que puede dar, lo mejor es recurrir al coraz\u00f3n y a la voluntad.<\/p>\n<p>El santo cita a prop\u00f3sito el caso de un Hermano quien confesaba ingenuamente no tener suficiente esp\u00edritu para meditar. De las facultades del alma, una sola le serv\u00eda: la voluntad. Propuesto el tema, lo empleaba \u2013seg\u00fan las palabras del interesado mismo- en producir afectos, pasando el tiempo en dar gracias a Dios, en dolerse de sus faltas, en implorar la gracia de imitar tal virtud de Nuestro Se\u00f1or. El \u00faltimo acto era tomar resoluciones.<\/p>\n<p>Lejos de reprocharle su conducta, el santo le aprobaba plenamente. \u00abNo os preocup\u00e9is por las aplicaciones del entendimiento, -le dijo- que no se hacen m\u00e1s que para la voluntad, ya que la vuestra, sin estas consideraciones, se deja llevar as\u00ed a los afectos y a las resoluciones de practicar la virtud. Que Dios os conceda la gracia de continuar as\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Es bueno record\u00e1rselo una vez m\u00e1s a los ignorantes: la oraci\u00f3n no es, y no debe serlo nunca, un estudio; es un di\u00e1logo con Dios en el que el alma o habla o escucha. Cuanto m\u00e1s tierna es esta conversaci\u00f3n, ingenua, confiada, mejores son los frutos. No ser\u00eda tratar al Eterno como a un hombre sensible al buen lenguaje antes que esforzarse en decirle bonitas frases. Content\u00e9monos con mantenernos bajo la mirada divina.<\/p>\n<p>Si el Se\u00f1or habla, escuchemos sus palabras sin interrumpirlas con comentarios. Si la voz divina enmudece y nuestro esp\u00edritu no encuentra qu\u00e9 decir, resign\u00e9monos sencillamente al silencio. Los m\u00e1s sabios y los m\u00e1s santos se han resignado a ello. Dios no necesita\u00a0 ni de hablar a las almas, ni o\u00edrlas para instruirlas y santificarlas.<\/p>\n<p>Llega al momento de tratar del principal motivo ya adelantado para abstenerse de hacer oraci\u00f3n. A falta de aceptar este estado de silencio y de inercia aparente al que acabamos de hacer alusi\u00f3n, hay cristianos que se hast\u00edan de un ejercicio que no les parece tener ya para ellos raz\u00f3n de ser; y pronto se abandonan como un vestido ya demasiado estrecho. Esta deserci\u00f3n temprana o tard\u00eda seg\u00fan los caracteres es demasiado general.<\/p>\n<p>Los maestros de la espiritualidad han comprendido la gravedad del peligro y se han propuesto conjurarlo en todo momento. El Sr. Vicente emplea su celo y su perspicacia psicol\u00f3gica en ello. Su esp\u00edritu de previsi\u00f3n le lleva a se\u00f1alar a las almas la prueba que los espera. Lejos de atenuarla, la muestra en todo cuanto puede tener de m\u00e1s penoso.<\/p>\n<p>Coma cada uno de nosotros est\u00e1 expuesto a este g\u00e9nero de prueba, nadie leer\u00e1 sin provecho los consejos siguientes entregados por el santo a las Hijas de la Caridad-19: \u00abMe pregunt\u00e1is c\u00f3mo se ha de hacer oraci\u00f3n, porque os parece que no la hac\u00e9is. Ante todo, debo deciros, Hermanas, que no la dej\u00e9is nunca porque os parece que sois in\u00fatiles para ella. No os extra\u00f1\u00e9is, las que sois nuevas, de veros un mes, dos meses, tres meses, seis meses sin hacer nada; oh, no, no, ni siquiera un a\u00f1o, ni dos, ni tres. Pero no dej\u00e9is de acudir como si hicieseis mucho all\u00ed.<\/p>\n<p>\u00abSanta Teresa\u00a0 pas\u00f3 veinte a\u00f1os sin poder hacer oraci\u00f3n. No entend\u00eda nada. Si iba al coro, dec\u00eda: Dios m\u00edo, yo voy, porque la regla lo manda, pues no har\u00e9 nada; mas porque lo quer\u00e9is, acudir\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Y en todos estos veinte a\u00f1os, aunque ella no tuviera m\u00e1s que desagrado, no falt\u00f3 una sola vez. Y al cabo de veinte a\u00f1os, Dios, recompensando su perseverancia le concedi\u00f3 un don tan eminente que, desde los ap\u00f3stoles, nunca persona alguna ha alcanzado a santa Teresa.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfSab\u00e9is, Hijas m\u00edas, si Dios no quiere hacer unas santas Teresa?<\/p>\n<p>\u00abVosotras pens\u00e1is que acudiendo a la oraci\u00f3n, no lograr\u00e9is nada porque no sent\u00eds en ello agrado: y es preciso que sep\u00e1is, Hijas m\u00edas, que todas las virtudes se encuentran all\u00ed: primero la obediencia, de la que hac\u00e9is un acto a la hora que la regla la ha mandado; la humildad, pues, pensando que no lograr\u00e9is nada, tendr\u00e9is un bajo sentimiento de vos misma; la fe, la esperanza y la caridad. Por \u00faltimo, Hijas m\u00edas, en esta acci\u00f3n est\u00e1n encerradas la mayor parte de las virtudes que os son necesarias.<\/p>\n<p>Por todas estas razones, que nos muestran la bendici\u00f3n que Dios da a los que practican el ejercicio de la santa oraci\u00f3n, que les sea agradable, o se sientan en aridez, debemos ahora, vosotras y yo, darnos a Dios para no faltar a ella nunca, pase lo que pase.\u00bb<\/p>\n<p>Nosotros podemos todos, sacerdotes y fieles, hacer la aplicaci\u00f3n a nosotros mismos de los consejos del santo, aunque sean dirigidos a Religiosas. Los sinsabores, sequedades, arideces se encuentran\u00a0 en el mundo como en el claustro. Apenas existe vida espiritual que no sufra de esto en un tiempo o en otro. Unas veces su duraci\u00f3n se prolonga durante diez, veinte a\u00f1os y m\u00e1s; otras es corta en extremo. \u00bfPor qu\u00e9 estas diferencias? Es el secreto de Dios que ser\u00eda insensato querer sorprender.<\/p>\n<p>Aceptemos las pruebas, con los ojos cerrados, acept\u00e9moslas en toda su extensi\u00f3n y bajo la forma particular determinada por la Providencia.<\/p>\n<p>Esta tranquilidad de coraz\u00f3n en este g\u00e9nero de sufrimiento es m\u00e1s f\u00e1cil.<\/p>\n<p>Cuando se est\u00e1 convencido de su utilidad. Cuanto m\u00e1s firme y profunda sea la certeza, m\u00e1s plena y duradera ser\u00e1 la aceptaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el tiempo de la prueba hay que decirse y volver a decirse diariamente: mi oraci\u00f3n tan fr\u00eda, tan pobre glorifica a Dios y me es \u00fatil, a pesar de las apariencias contrarias. \u00bfSer\u00eda razonable fiarme antes de mis impresiones personales que de las afirmaciones de un san Vicente de Pa\u00fal y de la ense\u00f1anza de los maestros de la espiritualidad? \u00bfPuedo yo por otra parte tener la pretensi\u00f3n de seguir el trabajo de la gracia dentro de m\u00ed? Si hay operaciones que desaf\u00edan todo control son las acciones de Dios sobre las almas.<\/p>\n<p>Comprendamos de una vez para siempre que ser\u00eda pueril establecer una proporci\u00f3n entre\u00a0 el crecimiento o la disminuci\u00f3n de nuestra vida espiritual y los gozos o las tristezas\u00a0 experimentadas en el curso de nuestras oraciones. Ayer, mi fervor sensible pod\u00eda no corresponder a ning\u00fan progreso espiritual, mientras que hoy mi estado de desgana y de sequedad puede coincidir con un avance por el camino de la perfecci\u00f3n. Me equivocaba ayer alegr\u00e1ndome de una cosa ilusoria, y me enga\u00f1o hoy al desanimarme cuando convendr\u00eda sentirse lleno de esperanza.<\/p>\n<p>Como lo demuestra san Vicente, el \u00fanico hecho de ser fiel a su oraci\u00f3n cotidiana y de consagrarle siempre el mismo tiempo, a pesar del vac\u00edo de ideas y de sentimientos, no transcurre sin un desarrollo de las virtudes teologales de fe, de esperanza, de caridad, y de las virtudes de obediencia y de humildad.<\/p>\n<p>Apoy\u00e1ndose en esta verdad absolutamente cierta, se arma uno de valor para soportar las sequedades interiores, por largas y por duras que sean.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente expone otro principio no menos cierto y no menos \u00fatil. Se trata de la procedencia y del papel\u00a0 de las arideces espirituales. La naturaleza y el demonio no son siempre la causa. Dios mismo se sirve de ellas para santificar las almas y un\u00edrselas m\u00e1s estrechamente. Despu\u00e9s de prodigar sus dulzuras\u00a0 para atraerlas a la oraci\u00f3n, el Se\u00f1or las priva de ello cuando est\u00e1n bastante familiarizadas con este ejercicio para entregarse por deber y con desinter\u00e9s. Al privarlas de sus consuelos, Dios, por un lado, las humilla y las separa de la Tierra, hasta que, por el otro, \u00c9l las eleva y se las une con lazos menos dulces, pero cu\u00e1nto m\u00e1s fuertes. En definitiva es un medio del que usa el Esposo divino para hacerse querer.<\/p>\n<p>Este es el principio iluminado por el santo en estas l\u00edneas tan prudentes y tan mesuradas: \u00abDios permite algunas veces que se pierda el gusto que se sent\u00eda y el atractivo que se ten\u00eda por la oraci\u00f3n, y hasta que se disguste. Pero es de ordinario un ejercicio que nos env\u00eda y una prueba que quiere hacer de nosotros, por la que no hay por qu\u00e9 desolarse, ni dejarse caer en el des\u00e1nimo.<\/p>\n<p>\u00abHay almas buenas que son alguna vez tratadas as\u00ed, como varios santos lo han sido tambi\u00e9n. S\u00ed,\u00a0 conozco a varias personas\u00a0 muy virtuosas que no tienen m\u00e1s que desgana y sequedades en la oraci\u00f3n; pero, como son muy fieles a Dios, hacen buen uso de ellas; lo que no contribuye poco para su adelanto en la virtud.<\/p>\n<p>\u00abEs verdad que cuando estas desganas y sequedades llegan a los que comienzan a entregarse a la oraci\u00f3n, hay a veces motivos para temer que ello provenga de alguna negligencia por su parte\u00bb. Esta \u00faltima advertencia del santo es de un te\u00f3logo experimentado. Como Dios atrae de ordinario a las almas a la oraci\u00f3n por sus dulzuras, es raro que un alma de buena voluntad, se vea privada desde las primeras meditaciones. Por eso esta alma debe juzgarse la causa de este estado. Un serio examen de conciencia le permitir\u00e1 descubrir la causa de sus sufrimientos. Importa hacerlo sin confusi\u00f3n, ni precipitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El sujeto se preguntar\u00e1 si lleva en sus relaciones con Dios las disposiciones queridas para sacar provecho, puesto que se entrega lo mejor que puede a la oraci\u00f3n y en condiciones favorables.<\/p>\n<p>\u00abPsic\u00f3logo prudente, Vicente de Pa\u00fal comprende el martirio que pasan las personas probadas por sequedades espirituales, y \u00e9l se compadece cordialmente de su triste suerte.<\/p>\n<p>\u00abOs compadezco mucho por las penas de esp\u00edritu que sufr\u00eds, -escribe a un cl\u00e9rigo-porque no hay nada que aflija tanto a un alma que ama a Dios, ni la desanime m\u00e1s en sus primeras resoluciones, ni que la exponga m\u00e1s a las tentaciones, como lo hacen estas tibiezas que ten\u00e9is por las cosas de Dios y estas desganas por la oraci\u00f3n&#8230; Por eso, mi querido Hermano, deb\u00e9is pedir mucho a Dios que las aleje de vos, o que os d\u00e9 la gracia de usar bien de ellas.<\/p>\n<p>\u00abSu bondad har\u00e1 sin duda lo uno y lo otro si, a pesar de estas sequedades, segu\u00eds fiel a estos ejercicios. Pero por lo dem\u00e1s no os alarm\u00e9is por veros en este estado; os es com\u00fan\u00a0 con cantidad de santos que han pasado por \u00e9l, y espero que\u00a0 se cambiar\u00e1\u00a0 pronto a favor y regocijo de esp\u00edritu visto que el hombre no est\u00e1 nunca en el mismo estado, y que Nuestro Se\u00f1or ejercita a sus mejores servidores bien de un modo bien de otro para probarlos de todas las maneras. As\u00ed las cosas, tratad de acoger todos los sucesos de su conducta paternal, y permanecer firma entre sus cambios en no buscar m\u00e1s que a \u00e9l y vuestra propia abnegaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Esta carta del santo encierra preciosas indicaciones tanto para el gobierno de su alma como para la de los dem\u00e1s. Cuando alguien est\u00e1 cansado de la oraci\u00f3n y que le parece imposible hacerla bien, es una torpeza recordarle fr\u00edamente los principios arriba mencionados y atenerse a ellos. Se ha de tener por natural su conmoci\u00f3n y darle la seguridad que un estado tan penoso se explica, m\u00e1s a\u00fan se comparte simp\u00e1ticamente.<\/p>\n<p>Los cristianos as\u00ed atormentados\u00a0 son proclives al escr\u00fapulo y a la acritud, como todos los que sufren de dolores interiores mal definidos. Reproches algo secos pueden llevarlos a esto, a veces incluso simples explicaciones dadas con frialdad. El pre\u00e1mbulo de sincera conmiseraci\u00f3n abre el alma a la confianza y hace m\u00e1s eficaces los remedios propuestos. \u00a1Qu\u00e9 reconfortante este pensamiento de una comunidad de pruebas con los santos! \u00bfNo es cosa h\u00e1bil recordar a los corazones en la angustia a rapidez con la que el hombre pasa de la tristeza a la alegr\u00eda? Solo despu\u00e9s de estos trabajos de acercamiento, predica el santo a su corresponsal el olvido de s\u00ed y la completa sumisi\u00f3n a la benevolencia de Dios. Tambi\u00e9n les muestra las complejidades\u00a0 de la hora presente cambiadas pronto en regocijo<\/p>\n<p>El \u00fanico medicamento indicado es la fidelidad a los ejercicios religiosos particularmente a la oraci\u00f3n que no se puede lograr sin el esp\u00edritu de orar, firmeza de car\u00e1cter y abnegaci\u00f3n. En este sentido la renuncia, condici\u00f3n <em>sine\u00a0 qua non <\/em>de los estados superiores de oraci\u00f3n, es necesaria en los primeros movimientos del alma hacia Dios.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed nos vemos obligados a tratar de un pretexto detr\u00e1s del cual se abrigan muchos para omitir la oraci\u00f3n con toda seguridad de conciencia. Sacerdotes absorbidos por el ministerio parroquial o por la predicaci\u00f3n, Religiosas dedicadas a la educaci\u00f3n de la infancia o al cuidado de los enfermos, mujeres o j\u00f3venes del mundo entregadas a las buenas obras, gimen por no tener el tiempo de meditar.<\/p>\n<p>Estas quejas no son cosa nueva, Vicente de Pa\u00fal las ha escuchado con frecuencia, como los directores espirituales las escuchan tambi\u00e9n a su vez. Si estos \u00faltimos las toman en serio alguna vez, su ilustre predecesor, \u00e9l, las daba por justificadas hasta probarse lo contrario. Nueve veces de diez, en efecto,\u00a0 si la hora o la media hora de oraci\u00f3n no encuentra su sitio en el d\u00eda, la causa no es el n\u00famero de las ocupaciones, ni su duraci\u00f3n respectiva, sino una falta de orden y de previsi\u00f3n.<\/p>\n<p>Sucede con nuestros actos diarios como con las ropas y objetos de aseo al colocarlas en una maleta para un viaje. Al disponerlas\u00a0 inteligentemente, es posible colocar el doble que ponerlas revueltas. En lugar de obrar al azar, preparemos un programa de vida en relaci\u00f3n con nuestros deberes de estado.<\/p>\n<p>Fijemos la hora del levantarse, y que sea lo m\u00e1s matinal posible, teniendo en cuenta del descanso que exige nuestra edad y nuestra salud. Es el principal punto del reglamento ya que hall\u00e1ndose cronol\u00f3gicamente\u00a0 el primero, influye sobre los dem\u00e1s. \u00bfAcaso la oraci\u00f3n\u00a0 no se omite con frecuencia totalmente o en parte, por falta de levantarse siempre a la misma hora? Esta indeterminaci\u00f3n al comienzo de la jornada de trabajo es un elemento perturbador por el que las relaciones con Dios sufren el contragolpe. El retrasado al preguntarse, no sin inquietud, si podr\u00e1 con la tarea, no duda en sacrificarlas, visto lo que se dice que a lo imposible nadie est\u00e1 obligado.<\/p>\n<p>El medio de tener tiempo para hacerlo todo, es no holgazanear en la cama. \u00abSi no se levanta a la hora, -advierte el santo- el tiempo pasa y no vemos soluci\u00f3n, hay que vestirse vivamente y de este modo se deja la oraci\u00f3n\u2026 Despu\u00e9s de cometida esta falta, un d\u00eda, se cometer\u00e1 al d\u00eda siguiente\u00bb.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que se encuentran impedimentos serios, Vicente declara que en general si se tiene cuidado, se encuentra el tiempo de entregarse a diario a la oraci\u00f3n. Si por imposible no se ha hecho esta como de costumbre, que se le dedique el primer tiempo libre.<\/p>\n<p>El santo juzga tan estrecha la correlaci\u00f3n entre el levantarse matinal y la oraci\u00f3n que dispensa muy dif\u00edcilmente del primero a las Hijas de la Caridad.\u00a0 Estas \u00faltimas alegan varios motivos para prolongar su sue\u00f1o. Una de ellas, por ejemplo, ha estado despierta por un ligero dolor o por alguna preocupaci\u00f3n, otras duermen m\u00e1s f\u00e1cilmente por la ma\u00f1ana. Las hay que, por negligencia, se acuestan tarde. Evidentemente el \u00faltimo caso no merece ser tenido en consideraci\u00f3n. Por el contrario los precedentes parecen merecerlo.<\/p>\n<p>El santo tan compasivo con las miserias humanas se muestra sincero en inter\u00e9s de las almas. Despu\u00e9s de una alusi\u00f3n a sus insomnios frecuentes, expresa en estos t\u00e9rminos su manera de obrar: \u00abYo me levanto siempre a las cuatro, porque tengo ls experiencia\u00a0 que me habituar\u00eda f\u00e1cilmente a levantarme m\u00e1s tarde. Por eso, mis queridas hermanas, haceos un poco de violencia, y luego encontrar\u00e9is una gran facilidad, ya que nuestros cuerpos son asnos: acostumbrados a un camino, van siempre por \u00e9l. Y para hacer esta costumbre f\u00e1cil sed regulares en acostaros\u00bb. M\u00e9dicos y psicoterapeutas son partidarios tambi\u00e9n de esta regularidad. Beneficiosa bajo el punto de vista religioso, no lo es menos bajo el doble punto de vista f\u00edsico y ps\u00edquico. Los pedagogos constatan igualmente sus felices efectos. La conclusi\u00f3n pr\u00e1ctica para cada uno de nosotros es llevar all\u00ed en primer lugar su atenci\u00f3n y sus esfuerzos. Importa decirse a s\u00ed mismo una y otra vez: si quiero llegar a ser hombre de oraci\u00f3n, debo comenzar por poner orden en mis actos y ente todo por fijar irrevocablemente el principio y el fin de mis jornadas. Que me sea agradable o penoso quedarme en la cama, no saldr\u00e9 de ella ni antes ni despu\u00e9s, salvo si la necesidad me obliga o la caridad me lo impone. Cuando mi noche haya sido mala, imitar\u00e9 el hermoso ejemplo del Sr. Vicente para no incurrir en una v\u00eda de abandono que me expondr\u00eda, un d\u00eda u otro, a alg\u00fan descuido en mis tratos con Dios.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n es un acto tan saludable a nuestra vida sobrenatural, que mir\u00e1ndolo bien, m\u00e1s vale, para salvaguardarla, se demasiado duro para con su cuerpo que demasiado tierno. Conviene repetirlo: esta l\u00ednea de conducta no es aplicable m\u00e1s que en caso de malestar sin gravedad.<\/p>\n<p>El santo tiene por desconsiderado este g\u00e9nero de sacrificio con los enfermos, como lo prueban las l\u00edneas siguientes\u00a0 respecto de las almas demasiado generosas\u00a0: \u00bb\u00a0Os levantar\u00e9is a la hora (del reglamento de vida). De esta primera acci\u00f3n depende todo el orden de la jornada. Se ha de tomar resta costumbre valientemente, que no es tan dif\u00edcil, mientras teng\u00e1is salud y hay\u00e1is reposado, por la noche, todo lo necesario, que debe ser de siete horas\u00a0; ya que si nos lo impidiera alguna enfermedad, habr\u00eda que reparar, por la ma\u00f1ana, el tiempo que no hayamos descansado por la noche\u00a0\u00ab.<\/p>\n<p>Refiriendo este \u00faltimo texto con el precedente tomados los dos de la misma conferencia, se da uno cuenta de las preocupaciones diferentes bajo la cuales se han dicho. El santo ve en su auditorio, por un lado, Hermanas escrupulosas, propensas a mortificaciones excesivas, o\u00a0 un celo demasiado ardiente, y por otro, a mujeres blandas por naturaleza y que hacen de\u00a0 la menor indisposici\u00f3n una tragedia. Claro que recordando el texto que importa no exigir al cuerpo m\u00e1s de lo que puede dar sin agotamiento, se aplica a las Religiosas de la primera categor\u00eda, cuando la invitaci\u00f3n a mostrarse en\u00e9rgica conviene\u00a0 solo a la del segundo grupo. Consultemos a nuestro director de conciencia para saber d\u00f3nde se encuentra nuestro lugar.<\/p>\n<p>San Vicente me pide hacer oraci\u00f3n inmediatamente despu\u00e9s de levantarme, es primeramente para que asuntos inesperados o el anuncio de noticias interesantes no me lleve a olvidarme de este deber o a cumplirlo mal. Es tambi\u00e9n, con el fin de apegarme, por decirlo as\u00ed, a este acto por un lazo muy s\u00f3lido, la costumbre.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 fuerza m\u00e1s maravillosa, en efecto, la de la costumbre! Nada m\u00e1s cierto, m\u00e1s frecuentemente constatado, con la condici\u00f3n no obstante de que no degenere en rutina. Si se tratara de un conjunto de movimientos corporales, esta \u00faltima lejos de ser da\u00f1osa en su ejecuci\u00f3n, la asegurar\u00eda m\u00e1s bien, ya que\u00a0 el automatismo del Inconsciente facilita\u00a0 y perfecciona el cumplimiento de los gestos una vez que han entrado en la memoria por la costumbre.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n, aunque afecte indirectamente\u00a0 al cuerpo por la actitud adquir\u00eda que le impone, no consiste menos en una actividad consciente y libre, en la que el psiquismo entero toma parte, como se ha visto en el cap\u00edtulo anterior. Por ello, la rutina es su enemiga, desde el momento que a directamente al encuentro de la esencia misma de la oaci\u00f3n considerada al menos en sus formas ordinarias. No es que el Inconsciente no juegue en ello un cierto papel, sino que su intervenci\u00f3n por otro lado imprevisible presupone un trabajo m\u00e1s o menos largo y dif\u00edcil del esp\u00edritu, del coraz\u00f3n y principalmente de la voluntad.<\/p>\n<p>Ocurre en este campo lo an\u00e1logo de lo que se produce en las ciencias y las artes en las que las intuiciones fecundas van precedidas de b\u00fasquedas y de estudios pacientemente sostenidos.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo escapar al inconveniente de la rutina a la vez que se favorece la facilidad que engendra la costumbre\u00a0 por la repetici\u00f3n de actos semejantes\u00a0?<\/p>\n<p>Hombre de experiencia si le hubo, Vicente encuentra, en la oraci\u00f3n misma, el medio de apartarse del peligro. Este acto no ser\u00e1\u00a0 nunca rutinario, si se verifica como debe serlo, es decir en conformidad con su naturaleza consciente y libre. En una palabra, mi meditaci\u00f3n de hoy bien llevada me predispone a hacer bien la del d\u00eda siguiente. Cuanto m\u00e1s atenci\u00f3n y amor preste a estas charlas con Dios, y m\u00e1s me parezcan cada ma\u00f1ana cosa nueva, a la par que si yo llevo un esp\u00edritu distra\u00eddo y un coraz\u00f3n indiferente, perder\u00e1n pronto su sentido y su raz\u00f3n de ser.<\/p>\n<p>Nuestras oraciones diarias forman una cadena, cuyos eslabones se parecen de ordinario. Cu\u00e1ntas personas no se explican el car\u00e1cter rutinario de sus meditaciones. Les parece ser v\u00edctimas de una especie de fatalidad que sufran contra su voluntad, sin que haya la menor falta por su parte. La idea de su responsabilidad no toca ligeramente su esp\u00edritu, tan cegadas se ven sobre la causa del mal. Esta causa es pr\u00e1cticamente inexistente, desde el momento que creen la rutina inevitable. Entre gente de piedad, cada uno se lo cuenta a los otros, y esta ilusi\u00f3n no resulta sino m\u00e1s general y m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente combate un error tan perjudicial en la santificaci\u00f3n de las almas. Nos advierte que no busquemos en otra parte que en nosotros el principio del mal. Por otro lado, su amor de Dios se indigna al vernos tan f\u00e1cilmente tomar partido en semejante estado de cosas\u00a0; mientras que con la gracia divina y nuestra colaboraci\u00f3n ser\u00eda posible remediarlo. Si vuestra oraci\u00f3n \u2013nos dice- no es ya m\u00e1s que un acto autom\u00e1tico sin valor, ni alcance, c\u00falpese a s\u00ed mismo, es sobre vos, y no sobre nadie m\u00e1s sobre quien cae la responsabilidad. \u00bfPor qu\u00e9 no haber preparado este encuentro con Dios, como prepar\u00e1is la recepci\u00f3n de un amigo? \u00bfNo es absurdo pretender pasar sin transici\u00f3n de las diversiones o de los asuntos a un acto tan diferente y de una importancia semejante?<\/p>\n<p>Sin duda la mentalidad cambia bruscamente, y el alma se eleva de repente del tierra de la vida a las regiones de lo ideal, pero qu\u00e9 locura ser\u00eda hacer estaci\u00f3n en estos cambios para abordar a Dios sin preparaci\u00f3n y decidirse a ello en el \u00faltimo momento, como se determina a la ligera en las acciones balad\u00edes de la existencia.<\/p>\n<p>El sabio, antes de emprender un sencillo paseo, sopesa los inconvenientes y las ventajas, mira si es o no es oportuno, si conviene acortarlo o prolongarlo, de hacerlo solo\u00a0 o en compa\u00f1\u00eda, a paso r\u00e1p\u00ecdo o lento; y el Cristiano por su parte, cuando el inter\u00e9s de su alma est\u00e1 en juego, se arrojar\u00eda, con la cabeza baja, sobre la oraci\u00f3n sin tomarse el tiempo de reponerse. \u00a1Que \u00e9l presentar\u00eda un acto pesado por su eternidad sin acordarse r\u00e1pidamente qu\u00e9 cosa es este acto, su fin inmediato y lejano, y el modo c\u00f3mo debe hacerse para no comprometer los resultados!<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo condena, en la Escritura, este descuido. Antes de la oraci\u00f3n, prepara tu alma, recomienda el libro del <em>Eclesiast\u00e9s<\/em>. Vicente comenta as\u00ed este texto tan aplicado a caso presente\u00a0: \u00abLa oraci\u00f3n es una elevaci\u00f3n del esp\u00edritu a Dios para presentarle nuestras necesidades, implorar el auxilio de su misericordia y de su gracia. Es pues muy razonable que debiendo tratar con una tan alta Majestad,\u00a0 se piense un poco lo que se va a hacer, delante de quien se va a presentar, lo que se le puede decir, qu\u00e9 favor se le puede pedir.<\/p>\n<p>\u00abSucede no obstante a menudo que la pereza y la flojera impiden pensar en esto; o bien, por el contrario, la precipitaci\u00f3n y la desconsideraci\u00f3n nos apartan de ello, con que hace que se caiga en falta de preparaci\u00f3n. A lo que hay que poner remedio. Tambi\u00e9n se ha de tener cuidado con nuestra imaginaci\u00f3n vagabunda y corredora para detenerla, y con la ligereza de\u00a0 nuestro pobre esp\u00edritu para mantenerle en la presencia de Dios, sin por ello hacer un esfuerzo demasiado grande, ya que el exceso es siempre da\u00f1ino\u00a0\u00ab.<\/p>\n<p>Psic\u00f3logo avisado, el santo distingue dos tipos ps\u00edquicos opuestos en los que se reparten los que descuidan prepararse a la oraci\u00f3n. El primero, con mucho el m\u00e1s extendido, est\u00e1 caracterizado por un defecto\u00a0 m\u00e1s o menos grande de voluntad, mientras que el segundo proviene de una actividad cerebral\u00a0 excesiva y mal reglada. Aquel comprende\u00a0 los inactivos por temperamento que no van nunca m\u00e1s all\u00e1, en el esfuerzo, de lo que juzgan esencial. Bien est\u00e1 \u2013piensan ellos- meditar, cada ma\u00f1ana, durante un tiempo dado, pero que no se les pida m\u00e1s. Los mejores argumentos chocar\u00edan contra un fin de no recibir.<\/p>\n<p>En otros, la falta de voluntad proviene de m\u00e1s bien de ls pobreza de su vida afectiva que priva su valor de un precioso concurso. Es milagro que mediten diariamente ya que estos indiferentes lo hacen sin calor y sin vida. Se debe esperar de su parte una deserci\u00f3n pr\u00f3xima.<\/p>\n<p>Existen por \u00faltimo miembros del primer grupo que no eran inactivos por naturaleza, pero han llegado a serlo al buscar sus comodidades.\u00a0 Son ego\u00edstas en quienes el amor propio reviste la forma de la pereza. Si se niegan al esfuerzo, es solamente cuando el esfuerzo no es generador de placer. En eso, se distinguen\u00a0 de los temperamentos flojos, de las naturalezas inertes. \u00a1Cu\u00e1nto mayor es su culpabilidad! Sorprend\u00e1monos si no han abandonado la oraci\u00f3n cotidiana, si este abandono no ha tenido lugar, se producir\u00e1 infaliblemente y pronto, a menos que cambien de mentalidad bajo el imperio de la gracia.<\/p>\n<p>El segundo tipo, al que el santo alude, se subdivide en dos categor\u00edas, cuyo punto de semejanza es llegar al desorden, pero van por caminos diferentes. Uno de estos caminos es la precipitaci\u00f3n, el otro la irreflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>Qui\u00e9n de nosotros\u00a0 no se ha encontrado con impulsivos y agitados que querr\u00edan realizar todos sus proyectos al instante mismo en que los forman. La fiebre de actuar los atormenta y los arrastra hasta el punto de no dejarle un instante de reposo. Queriendo llevarse todo de calle, estos sobrexcitados no terminan nada. Apenas se lanzan a una empresa, cuando est\u00e1n ya pensando en otra que no tiene nada en com\u00fan con la anterior y hacia la que convergen\u00a0 sus fuerzas para abandonar al punto y dirigirse hacia un fon en el que no har\u00e1n gran cosa tampoco.<\/p>\n<p>Este estado de esp\u00edritu engendra, en el sujeto, una inquietud y, en sus actos, un desorden contrario al dominio de s\u00ed y as la paz interior que exige la oraci\u00f3n.\u00a0 Estos agitados son por lo general m\u00e1s dignos de lamentar que de culpar. Su mal de orden ps\u00edquico depende m\u00e1s del especialista de los males nerviosos que del director de conciencia. El sacerdote que tiene el cargo de lo espiritual har\u00e1 bien en comprometerlos a recurrir a un m\u00e9dico. Que no agraven una situaci\u00f3n dolorosa con reproches inmerecidos. Su influencia no ser\u00e1 saludable sino a condici\u00f3n de ser dulce\u00a0 y paciente. Los mejor es conformar lo m\u00e1s posible su l\u00ednea de conducta a la t\u00e1ctica de san Francisco de Sales en casos semejantes<\/p>\n<p>Lejos de indignarnos porque un agitado haga su oraci\u00f3n sin preparaci\u00f3n, demos gracias a Dios porque en su inquietud y un sus prisas consagra a es este ejercicio un tiempo apreciable. Tratemos sin embargo, con la ayuda de los consejos de un psicoterapeuta, de indicarle procedimientos propios para hacerle un poco maestro de \u00e9l cuasndo suene la hora de su oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los no reflexivos, ellos, y son legi\u00f3n, son menos irresponsables que los agitados en la mayor parte de los casos. Muchos obran desconsideradamente, no por inferioridad ps\u00edquica, sino por inferioridad moral.\u00a0 Los m\u00e1s devotos de entre ellos meditan superficialmente el modo a la manera de las gentes del mundo que conversando por pura cortes\u00eda sin prestar atenci\u00f3n a\u00a0 los lugares comunes que tratan. Este automatismo protocolar\u00a0 de sal\u00f3n se observa\u00a0 en las relaciones de un gran n\u00famero de almas con Dios.<\/p>\n<p>La causa de la irreflexi\u00f3n es el ego\u00edsmo. \u00bfPor qu\u00e9 personas dadas a las pr\u00e1cticas de piedad meditan por rutina sin atenci\u00f3n, ni voluntad de sacar provecho? Sencillamente porque fuera de ellos mismos nada les interesa. Du defecto de concentraci\u00f3n intelectual proviene de un defecto de\u00a0 de vida afectiva. Para pensar fuertemente en el buen Dios durante la oraci\u00f3n es necesario amarle que un grande y total amor. Solo las almas que arden a las que consume la divina caridad se preparan para este ejercicio, y por perfecta que sea esta preparaci\u00f3n, les parece siempre insuficiente.<\/p>\n<p>El \u00fanico medio de escapar de la rutina est\u00e1 en el amor de Dios, es locura pretender buscar otros. Sucede con la oraci\u00f3n hecha por orgullo, por inter\u00e9s o por todo otro motivo humano, como con una rama privada de savia, el alma no puede hallar en ello un reposo duradero, ya que es algo an\u00e1logo a la rama muerta\u00a0 que se descompone y se reduce a polvo.<\/p>\n<p>El secreto de hacer cada ma\u00f1ana este ejercicio m\u00e1s nuevo, m\u00e1s atractivo a pesar de su repetici\u00f3n cotidiana, nos\u00a0 es dado por el Sr. Vicente en estas l\u00edneas: \u00abLa oraci\u00f3n es tan excelente que no se puede hacer demasiado\u00a0; y cuando m\u00e1s se hace, m\u00e1s se quiere hacer, cuando en ella se busca a Dios\u00a0\u00ab.\u00a0 Todo consiste en esto\u00a0: buscar a Dios en lugar de buscarse a s\u00ed mismo, conscienteente o sin saberlo so color de encontrar a Dios. El \u00e9xito de este acto depende de la pureza de intenci\u00f3n. El problema de la rutina deb\u00eda ser estudiado con detalle.\u00a0\u00bfNo es un adversario particularmente temible ya que es tan dif\u00edcil evitarlo? Ya es mucho mirar a la cara a su enemigo y conocer a findo sus astucias. Una vez visto, su t\u00e1ctica var\u00eda seg\u00fan los sujetos y los casos. Cuanto m\u00e1s familiarizados estemos con el examen de conciencia, mejor ser\u00e1 la aplicaci\u00f3n de esta ense\u00f1anza a nosotros mismos.<\/p>\n<p>La excusa con tanta frecuencia invocada de las distracciones involuntarias para dispensarse de la oraci\u00f3n, so pretexto que pierde de pronto su utilidad, se relaciona con el problema precedente. Se prev\u00e9 cu\u00e1l ser\u00e1 la respuesta del santo. Esta nos viene formulada en t\u00e9rminos tan claros como tranquilizadores en una conferencia a las Hijas de la Caridad: \u00abMe dir\u00e9is tal vez\u00a0 que est\u00e1is tan distra\u00eddas, incluso cuando rog\u00e1is a Dios, que no pod\u00e9is pasar un cuarto de hora sin distracci\u00f3n. No os sorprend\u00e1is, los mayores siervos de Dios se ven a veces en estas penas.<\/p>\n<p>\u00abYo hablaba, uno de estos d\u00edas, a un buen sacerdote, convertido hac\u00eda algunos a\u00f1os, que emplea un gran tiempo en rogar a Dios. Me dec\u00eda que con frecuencia no ten\u00eda ni gusto, ni satisfacci\u00f3n, fuera de la de decir: \u2018Dios m\u00edo, estoy aqu\u00ed en vuestra presencia para hacer vuestra santa voluntad. Basta con que me ve\u00e1is. Haced eso mismo\u00bb.<\/p>\n<p>No seremos ni sorprendidos, ni afligidos m\u00e1s de lo debido por estar frecuente y largamente distra\u00eddos en el curso de nuestras oraciones, si consider\u00e1ramos,\u00a0 de una vez por todas, las distracciones como inevitables. El ejemplo de los santos en este particular es convincente.<\/p>\n<p>En lugar de inquietarse por esta miseria y sentir despecho, \u00bfpor qu\u00e9 no ver en ello sobre todo una ocasi\u00f3n ofrecida por Dios de humillarse en su presencia y de confesar su nada?<\/p>\n<p>Otra ventaja de estas penas interiores es ayudar al desprendimiento de s\u00ed. Ante la imposibilidad, que constata y de la que sufre, de mantener su atenci\u00f3n dirigida a Dios, el alma se ve proyectada providencialmente a no querer ya la satisfacci\u00f3n de su propios deseos, sino \u00fanicamente el cumplimiento de lo que agrada a su Creador. No solamente quiere amar a Dios, sino que la vemos indiferente a los caminos por los que su Se\u00f1or y Maestro la har\u00e1 llegar a este amor. Y las distracciones involuntarias son precisamente uno de los instrumentos\u00a0 de que Dios se sirve para realizar este adelanto espiritual. Este papel las transforma y las embellece a nuestros ojos. Lejos de ser un peso que nos impide progresar en la oraci\u00f3n, ellas son m\u00e1s bien una ayuda inesperada y con frecuencia incomprendida.<\/p>\n<p>Tomemos la resoluci\u00f3n de no entregarnos a este ejercicio por placer,\u00a0 sino por deber. En lo m\u00e1s fuerte de nuestras distracciones y de nuestras desganas, repitamos indefinidamente, si es necesario,\u00a0 esta palabra de humildad citada por el Sr. Vicente\u00a0: \u00abDios m\u00edo, estoy aqu\u00ed en vuestra presencia para hacer vuestra santa Voluntad. Es suficiente con que me ve\u00e1is\u00bb.<\/p>\n<p>Estemos bien seguros de que ni el \u00e9xito, ni el fracaso aparentes de nuestras oraciones no significan nada. \u00a1Qu\u00e9 necedad y que fatuidad creer que el Esp\u00edritu Santo proporciona sus gracias y sus dones a nuestro grado de atenci\u00f3n o a la intensidad de nuestro fervor sensible! Seguir por dentro de s\u00ed la acci\u00f3n divina y medir as\u00ed sus efectos no est\u00e1 al alcance de nadie.<\/p>\n<p>Un \u00faltimo pretexto expuesto para dispensarse\u00a0 de la oraci\u00f3n es la dificultad de tenerla en viajes. El santo no la acepta.\u00a0 Sus misioneros viajan lejos, la primera recomendaci\u00f3n que les hace\u00a0 es de no omitir nunca la oraci\u00f3n mental, ni siquiera a caballo, si no tienen el tiempo de hacerla de otro modo. \u00bfEs l\u00f3gico en circunstancias en que las tentaciones se multiplican\u00a0 y resultan m\u00e1s acuciantes, renunciar al medio m\u00e1s eficaz de resistirlas?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo V: La oraci\u00f3n accesible a todos. 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