{"id":54470,"date":"2019-11-29T08:15:48","date_gmt":"2019-11-29T07:15:48","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/pobreza-de-las-hijas-de-la-caridad\/"},"modified":"2019-09-09T10:22:39","modified_gmt":"2019-09-09T08:22:39","slug":"pobreza-de-las-hijas-de-la-caridad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/pobreza-de-las-hijas-de-la-caridad\/","title":{"rendered":"Pobreza de las Hijas de la Caridad"},"content":{"rendered":"<p>Me propongo exponer los criterios inspiradores de la po\u00adbreza de las Hijas de la Caridad.<span id='easy-footnote-1-54470' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/pobreza-de-las-hijas-de-la-caridad\/#easy-footnote-bottom-1-54470' title='Mi exposici\u00f3n solamente tiene un prop\u00f3sito: Dar los puntos m\u00e1s fundamentales y propios, seg\u00fan mi parecer, sobre la pobreza de las Hijas de la Caridad.&lt;\/p&gt;\n&lt;p&gt;No es un estudio exhaustivo, es s\u00f3lo orientador para los que quieren saber, cuando hablan a las Hijas de la Caridad, cu\u00e1les son los aspectos de su pobreza dentro de una teolog\u00eda general de la misma. Resalto aque\u00adllos valores que creo m\u00e1s propios, teniendo en cuenta la doctrina vicen\u00adciana y la pr\u00e1ctica seguida en la Compa\u00f1\u00eda.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\n<h2>1. Contenido espiritual de la pobreza vicenciana<\/h2>\n<h3><em>1. Consideraciones previas<\/em><\/h3>\n<p>San Vicente se encuentra con una teolog\u00eda de la pobreza y, muy especialmente, con una teolog\u00eda y una pr\u00e1ctica del llamado consejo evang\u00e9lico de pobreza, sus variantes y sus problemas concretos.<\/p>\n<p>Ni entonces, como tampoco hoy, la teolog\u00eda sobre la pobreza hab\u00eda conseguido marcar con claridad el campo y l\u00edmites de la misma. El esquema tom\u00edstico de las virtudes no se\u00f1ala a la pobreza un lugar definido. Los bienes materiales \u2014objeto material de la pobreza\u2014 entran dentro del campo de otras muchas virtudes. El mismo objeto formal, la libertad espiritual ante los bienes temporales, entra en juego al configurar otras virtudes, v. g.: la templanza en cuanto modera el deseo de dichos bienes, la abstinencia, la sobriedad, la modestia. La pobreza se relaciona tambi\u00e9n con la liberali\u00addad, virtud que dispone al recto uso, evitando el despilfarro y la avaricia. Se emparenta con la justicia y con la fortaleza capacitando al hombre para que soporte las privaciones na\u00adturales y no sea v\u00edctima de la angustia, tristeza e inseguri\u00addad. Todo esto lo insin\u00fao porque, leyendo a san Vicente, nos damos cuenta de que tampoco \u00e9l se mantiene dentro de un campo bien definido. Al hablar de la pobreza, habla de la sobriedad, de la moderaci\u00f3n, del desprendimiento, de la ayuda al pobre, de la conformidad y alegr\u00eda en las privacio\u00adnes; invade el campo de las virtudes teologales haciendo re\u00adferencia a la Providencia, al agradecimiento y confianza a Dios y en Dios, sin temer que falle porque falten los bienes materiales.<\/p>\n<p>Al hablar de la pobreza preferimos hoy referirnos a ella como una actitud, un talante que informa toda una existen\u00adcia y marca el comportamiento de una persona o comuni\u00addad en relaci\u00f3n con los bienes materiales, o mejor, con rela\u00adci\u00f3n a todos los bienes personales o comunitarios, espiritua\u00adles o materiales.<\/p>\n<p>El padre Chenu ha visto a la pobreza como un dinamis\u00admo espiritual, creador de una nostalgia sobre algo que nun\u00adca se alcanzar\u00e1 plenamente.<\/p>\n<p>Creo que la pobreza vicenciana hay que verla tambi\u00e9n en esta perspectiva, desde el talante vicenciano, para quien los fines que pretende en su acci\u00f3n caritativa y apost\u00f3lica, las circunstancias de las personas, de la Comunidad, la misma historia de la pobreza practicada en otras comunidades, son criterios para resolver muchos casos concretos e iluminar situaciones.<\/p>\n<p>San Vicente se siente libre ante los bienes materiales. Desde esta libertad los busca a veces, los aprecia y se mues\u00adtra agradecido a quien se los ofrece y, otras veces, se alegra de la privaci\u00f3n, prescinde de ellos, no se f\u00eda porque no son un valor absoluto, pero tampoco los desprecia, porque tienen su valor. Busca tener lo suficiente, le irrita el abuso pensan\u00addo en el que tiene menos.<\/p>\n<h2>II. Lo que san Vicente entiende por pobreza<\/h2>\n<p>Dos veces, por lo menos, san Vicente aborda directa\u00admente esta cuesti\u00f3n. En la conferencia del 13 de agosto de 1655 responde:<\/p>\n<p>\u00abEs una renuncia absoluta y voluntaria a todos los bie\u00adnes de la tierra por amor a Dios, para mejor servirle y para conseguir la propia salvaci\u00f3n\u00bb. En la explicaci\u00f3n insiste en lo de renuncia, desprendimiento, abandono y abnegaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Santo distinguir\u00e1 entre pobreza interior y exterior. La interior es la del coraz\u00f3n, la que mata el apego, la prin\u00adcipal, la que Dios pide. Si no se da la pobreza interior uno se queda con lo principal, con lo mejor, es decir, con el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>En la conferencia del 14 de noviembre de 1659 respon\u00adde distinguiendo: Hay una pobreza que se refiere a los bienes materiales: \u00abEl que no renuncia a todo lo que tiene no puede ser mi disc\u00edpulo. Oh, hermanos, exclama: \u00bfLlevaremos la cualidad de disc\u00edpulos del Se\u00f1or si no renunciamos a todo, s\u00ed, a todo?<\/p>\n<p>La otra pobreza va m\u00e1s all\u00e1, porque es renunciar a uno mismo, a la propia opini\u00f3n, a la propia voluntad, a los de\u00adseos e inclinaciones&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Si comparamos lo que nos dice san Vicente con lo que podemos leer lo que entonces estaba escrito, veremos que san Vicente repite lo mismo. No basta con recordar lo que escribi\u00f3 santo Tom\u00e1s: la pobreza es \u00abAbjectio temporalium rerum, quae fit spiritu, id est, propia voluntate, per instinc\u00adtum S. Sancti\u00bb. Existe otra pobreza, la interna, que, seg\u00fan el mismo santo Tom\u00e1s, se define como: \u00abexinanitio inflati spi\u00adritus, superbi spiritus\u00bb.<\/p>\n<p>No nos podemos fiar totalmente de estas explicaciones, porque al fin, san Vicente seleccionar\u00e1 y acentuar\u00e1 algunos aspectos y dejar\u00e1 en la penumbra a otros. Como siempre, san Vicente no se ata a unos conceptos preestablecidos.<\/p>\n<h3><em>El ejemplo de Cristo.<\/em><\/h3>\n<p>Tampoco la pobreza de Xto. es posible definirla. Va des\u00adde el despojo total hasta el hecho de tener bolsa y dejarse servir por mujeres buenas. Los seguidores de Xto. pobre han ido desde un radicalismo apenas humanamente posible, hasta el uso moderado, pero confortable, de los bienes temporales. Hoy, hay quien defiende poder ser pobre evang\u00e9licamente aceptando gozoso todo lo que la sociedad supertecnificada nos ofrece, con tal de que todo se oriente a un servicio me\u00adjor del pr\u00f3jimo. No es cuesti\u00f3n de concretar ahora las posi\u00adbles formas de pobreza, pero creo que s\u00ed interesa se\u00f1alar cu\u00e1les son los valores fundamentales de la pobreza evan\u00adg\u00e9lica.<\/p>\n<ol>\n<li>La pobreza de Jes\u00fas es un elemento importante en la proclamaci\u00f3n del reino, en la comunicaci\u00f3n de su mensaje.<\/li>\n<li>Es una pobreza de contenido religioso.<\/li>\n<li>Se muestra libre ante los bienes temporales.<\/li>\n<li>Lleva una vida sencilla.<\/li>\n<li>En ciertos momentos llega a grados extremos.<\/li>\n<li>Acepta el trabajo manual.<\/li>\n<li>Predica el desapego, el peligro de las riquezas.<\/li>\n<li>Conf\u00eda en la Providencia.<\/li>\n<li>Hace part\u00edcipe a los otros de lo que El tiene.<\/li>\n<\/ol>\n<p>A partir de ah\u00ed empiezan las interpretaciones: san Pablo, la primera comunidad cristiana, los fundadores.<\/p>\n<h3><em>El consejo evang\u00e9lico de pobreza<\/em><\/h3>\n<p>Es una concretizaci\u00f3n de la pobreza evang\u00e9lica, una mo\u00addalidad. Los seguidores de Xto. pobre se han visto sacudi\u00addos por la tensi\u00f3n de un desapego interior, sin paliativos, y la relatividad de la renuncia exterior.<\/p>\n<p>La pobreza mon\u00e1stica exige la desapropiaci\u00f3n personal, la Comunidad estricta de bienes, la liberaci\u00f3n de preocupa-<\/p>\n<p>ciones materiales para centrarse en la contemplaci\u00f3n y servi\u00adcio de Dios. No renuncia a la propiedad colectiva que da seguridad.<\/p>\n<p>La pobreza de los mendicantes propugna una desapro\u00adpiaci\u00f3n personal y colectiva para acentuar el valor del tes\u00adtimonio, mostrando el amor a los pobres participando de lleno en la pobreza y sus consecuencias.<\/p>\n<p>Los institutos apost\u00f3licos dar\u00e1n preponderancia al fin apost\u00f3lico y, seg\u00fan las exigencias del mismo, har\u00e1n una selecci\u00f3n de los valores de la pobreza. Esta se har\u00e1 funcio\u00adnal, evitando no hacer desaparecer el sentido propio de la pobreza tanto interior como exterior.<\/p>\n<p>Creo que a san Vicente hay que verle en esta misma perspectiva.<\/p>\n<h3>2. <em>Las opciones vicencianas<\/em><\/h3>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son estas opciones?<\/p>\n<p>Creo que la pobreza vicenciana se caracteriza:<\/p>\n<p>\u2014 Por la renuncia afectiva de los bienes.<\/p>\n<p>Esta afirmaci\u00f3n tiene importancia porque se ha insisti\u00addo, quiz\u00e1s con matices de exclusividad, en el recto uso de los bienes, lo cual es verdad, pero no toda la verdad de la pobreza vicenciana. Decir que la pobreza vicenciana no lleva consigo privaci\u00f3n voluntaria y, por tanto, carencia de bie\u00adnes, no me parece exacto, san Vicente nos habla de renuncia voluntaria, buscada, aceptada. Es decir, pobreza efectiva, tanto por decisi\u00f3n de las personas como por decisi\u00f3n de la Comunidad o sus \u00f3rganos representativos.<\/p>\n<p>Inmediatamente se presentar\u00e1 la cuesti\u00f3n de su exten\u00adsi\u00f3n: \u00bfDe qu\u00e9 debemos prescindir? No es cuesti\u00f3n siempre f\u00e1cil el dar una respuesta. No ha sido f\u00e1cil en la historia del consejo evang\u00e9lico de pobreza. De ah\u00ed las respuestas tan diferentes que se han dado.<\/p>\n<p>La privaci\u00f3n o carencia no es un valor absoluto. Su valor relativo queda a merced de otros valores como es la Caridad, el apostolado, las exigencias de un estado de convivencia, e incluso el ambiente socio-econ\u00f3mico, eclesial, etc.<\/p>\n<p>Confieso que esta caracter\u00edstica no est\u00e1 formulada con gran explicitaci\u00f3n. Pero se deduce como consecuencia de otras caracter\u00edsticas de la pobreza vicenciana y de otras exigencias, y es necesaria para que la pobreza vicenciana se presente como verdadera. La lectura de las R.C. y de las Reglas de las Hijas de la Caridad y de sus Constituciones actuales permiten afirmar lo que he dicho. Es interesante conocer lo que la M. Guillemin escribe en su circular del 2 de febrero de 1965 sobre la pobreza: \u00abLas prescripciones de nuestras reglas sit\u00faan nuestra pobreza en el plano del renunciamiento. Y quiz\u00e1 convenga insistir en ello en una \u00e9poca en la que no gozan de mucho favor el renunciamien\u00adto y la mortificaci\u00f3n\u00bb y a\u00f1ade: \u00abPero nuestra pobreza no consiste en la miseria, sino en la moderaci\u00f3n\u00bb. Antes, en otro pasaje, hab\u00eda afirmado: \u00abEn nuestros d\u00edas, en los que tanto se insiste en la pobreza de esp\u00edritu, se corre el riesgo de ol\u00advidar, a veces, un poco la pobreza efectiva\u00bb.<\/p>\n<h3>3. <em>La pobreza vicenciana es principalmente afectiva<\/em><\/h3>\n<p>Casi me contento con el enunciado. Sin duda alguna, es la caracter\u00edstica que san Vicente puso m\u00e1s de relieve. No pod\u00eda ser de otra manera. Es lo fundamental de la po\u00adbreza evang\u00e9lica, la que da valor a la pobreza efectiva, la que evitar\u00e1 que la pobreza de bienes sea, si no causa, al menos ocasi\u00f3n, de malestar, desequilibrio, frustraciones y compensaciones il\u00edcitas y relajantes.<\/p>\n<p>De nuevo se plantear\u00e1 la cuesti\u00f3n de los l\u00edmites entre la pobreza afectiva seria y la efectiva. En el plano de lo perso\u00adnal es cuesti\u00f3n de un discernimiento, teniendo en cuenta las exigencias vocacionales. En el plano comunitario, el proble\u00adma, creo, es m\u00e1s dif\u00edcil. De hecho las normas han procurado establecer los m\u00ednimos. Estos m\u00ednimos no pueden, de ningu\u00adna manera, ser criterios decisivos para la pobreza afectiva personal exigida como respuestas a gracias particulares. Es m\u00e1s, las exigencias personales debieran poner en tela de juicio, exigiendo una revisi\u00f3n, los cauces tradicionales de la pobreza comunitaria.<\/p>\n<h3>4. <em>La pobreza vicenciana est\u00e1 en funci\u00f3n de la misi\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>Esta caracter\u00edstica es muy repetida y puesta de relieve. Parece l\u00f3gica consecuencia de la naturaleza y fin de las comunidades vicencianas, de la naturaleza y fin de la en\u00adtrega personal.<\/p>\n<p>Existen formulaciones bastante claras, v. g. el n\u00famero 18 del c. 2 de las R.C. El n\u00famero 14 de las Constituciones de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Existen experiencias vicencianas y de los vicencianistas v. g.: que san Vicente no se despos\u00f3 con la pobreza, sino con los pobres.<\/p>\n<p>Yo no dudo de este principio de la funcionalidad de la pobreza vicenciana. El principio de la funcionalidad parece invadirlo todo entre nosotros. Es claro, en este sentido, lo que el breve pr\u00f3logo de la 2.a parte de las Constituciones de las Hijas de la Caridad establece: Todo est\u00e1 en funci\u00f3n del servicio: la oraci\u00f3n, la consagraci\u00f3n, la vida fraterna.<\/p>\n<p>Pero creo que este principio tampoco se debe extralimi\u00adtar. La pobreza, aunque est\u00e9 en funci\u00f3n del fin, no es s\u00f3lo un medio. Tiene valor en s\u00ed misma. Valor que debe orien\u00adtarse al fin, para no evaporarlo ni diluirlo. Ser\u00eda destruir la pobreza. Creo que esta cuesti\u00f3n puede tener importancia cuando se trata de los medios de apostolado y las exigencias de la pobreza, entre la pobreza efectiva y las exigencias de la vida comunitaria, la formaci\u00f3n, etc.<\/p>\n<p>El dilema pobreza-servicio se ha planteado en casi todas las comunidades apost\u00f3licas e instituciones seculares. Las respuestas han sido muy diferentes, pero el pensamiento de Pablo VI es claro: \u00abLa pobreza no se puede desvirtuar por razones de la eficacia en el apostolado\u00bb.<\/p>\n<p>No se trata de que la pobreza vicenciana sea preferente\u00admente testimonial, solamente quiero plantear una cuesti\u00f3n en busca de un equilibrio entre el servicio y la pobreza. Busco cierta lucidez para no preferir los valores de la po\u00adbreza vicenciana por la superficial interpretaci\u00f3n de unos principios o slogan.<\/p>\n<p>Otra cuesti\u00f3n muy importante es si la funcionalidad de la pobreza vicenciana lleva consigo el que sea plural en las formas y en el estilo de vivirse dentro de una misma insti\u00adtuci\u00f3n vicenciana.<\/p>\n<p>Parece claro que el servicio, la misi\u00f3n, impone diversidad en las formas de pobreza y el estilo de vida. Entonces, \u00bfhay que aceptar las desigualdades dentro de un mismo Instituto, provincia, ciudad y hasta dentro de la misma comunidad local?<\/p>\n<p>Prescindiendo de la igualdad absoluta por ut\u00f3pica e in\u00adhumana, parece cierto que la desigualdad en el \u00e1mbito de la Congregaci\u00f3n tambi\u00e9n es posible por las circunstancias tan diversas en lo econ\u00f3mico y en lo social, y en los ministerios que existen.<\/p>\n<p>Si nos reducimos al \u00e1mbito de una naci\u00f3n tampoco pa\u00adrece claro que se pueda alcanzar esa igualdad.<\/p>\n<p>Volvemos a las mismas razones: la diversidad de las obras, el trabajo tan diferentemente remunerado. Tambi\u00e9n estas razones pueden existir en el \u00e1mbito de la misma pro\u00advincia y ciudad.<\/p>\n<p>Dentro de los l\u00edmites de la comunidad local es m\u00e1s in\u00adexplicable. Para clarificar el problema es necesario distinguir entre la pobreza y su incidencia en el apostolado y la pobre\u00adza que afecta al estilo de vida. En el primer aspecto, entra de lleno el principio de la funcionalidad de la pobreza y las desigualdades que se sigan. Hay que aceptarlas. No as\u00ed en lo que se refiere al estilo de vida. Las diferencias en este cam\u00adpo hay que considerarlas como un mal y, por tanto, inadmi\u00adsibles. Son escandalosas y causa de divisiones e injusticias.<\/p>\n<p>Otra cuesti\u00f3n es c\u00f3mo resolverlas. Un medio, aunque no pueda considerarse como definitivo es el respeto a los derechos que tiene cada Hermana. El otro medio, es el sen\u00adtido de pobreza que pide no crear desigualdades por ning\u00fan motivo. En la Compa\u00f1\u00eda ha sido constante la llamada a des\u00adtruir las desigualdades.<\/p>\n<p>El Estatuto 14, p. 52, aunque se refiere a los bienes personales, va en este sentido.<\/p>\n<h3>5. <em>La pobreza vicenciana es comunitaria<\/em><\/h3>\n<p>Dos aspectos muy distintos, pero ambos muy importan\u00adtes, quiere detectar, dentro de esta caracter\u00edstica de la po\u00adbreza vicenciana.<\/p>\n<ul>\n<li>La comunidad de bienes.<\/li>\n<li>La pobreza personal y comunitaria necesaria para la pervivencia de la Compa\u00f1\u00eda.<\/li>\n<\/ul>\n<p><strong><em>Comunidad de bienes<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Tres clases de bienes se han distinguido en la Compa\u00f1\u00eda: Los bienes de la Comunidad en cuanto tal, los bienes perso\u00adnales que la configuraci\u00f3n de la pobreza en ambas la Com\u00adpa\u00f1\u00eda respeta, y los bienes que la Compa\u00f1\u00eda puede adminis\u00adtrar y que tradicionalmente se llaman bienes de los pobres.<\/p>\n<p>Me refiero solamente a los bienes que son de la Comu\u00adnidad. El origen de estos bienes puede ser muy diferente: legados, frutos de una buena administraci\u00f3n, ahorro, etc. Pero me interesa recalcar la otra fuente, la principal: el tra\u00adbajo de las Hermanas, o mejor, lo que les viene por ser hija de la Caridad, excepto lo que proceda como donaci\u00f3n fami\u00adliar. En general, de ambas comunidades se puede afirmar lo mismo: lo que proviene del trabajo y con ocasi\u00f3n del trabajo pasa a ser de la Comunidad. Lo que proviene por raz\u00f3n de la persona <em>\u2014intuitu personae\u2014 <\/em>pasa a ser propiedad de la Hermana. La casu\u00edstica que ofrecen los <em>intuitus <\/em>no tienen so\u00adluci\u00f3n f\u00e1cil. La \u00fanica soluci\u00f3n legal que existe es no acep\u00adtarlos sin previo permiso. De sobra sabemos que vida de pobreza y legitimaci\u00f3n de los actos por el permiso no coin\u00adciden necesariamente. Existe el problema de las pensiones por situaciones o trabajos realizados por las Hermanas antes de entrar en la Comunidad. Son propiedad de las Hermanas, entrando a formar parte de su \u00abcapital\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, seg\u00fan dice el Padre Jamet en las orienta\u00adciones dadas a los Directores provinciales en 1968, este prin\u00adcipio debe ser matizado seg\u00fan los casos, sobre todo cuando se refieren a las pensiones de ancianidad, aunque sean fruto de su trabajo realizado antes de entrar en la Comunidad.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed el problema es doble:<\/p>\n<ul>\n<li>No est\u00e1 claro, al menos en algunos casos, si son bie\u00adnes propios de la Hermana o de la Comunidad.<\/li>\n<li>El uso de estos bienes. En todo caso es cierto, en teor\u00eda, la necesidad de usarlos con una orientaci\u00f3n clara: \u00abObras p\u00edas\u00bb y con el permiso debido de quien corresponde darlo.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Para m\u00ed, la cuesti\u00f3n no es tanto de normas, aun conce\u00addiendo que \u00e9stas llegaran a iluminar todas las situaciones. El problema, creo que grave, es c\u00f3mo se va desmoronando lo que es b\u00e1sico: la comunidad de bienes y el sentido de su uso.<\/p>\n<p>No creo exagerar si afirmo que es uno de los problemas m\u00e1s graves que algunas Hermanas, no s\u00e9 en qu\u00e9 proporci\u00f3n, tienen planteados a la Comunidad. Los abusos, aunque no muy extendidos, son alarmantes. Las consecuencias son de\u00adplorables a nivel de la persona, de la comunidad local y de la pobreza en general, por una falta clar\u00edsima de testimonio y de justicia.<\/p>\n<p><strong><em>La pobreza es necesaria para la pervivencia de la Comunidad<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Es una idea que san Vicente repite con frecuencia y en tono pat\u00e9tico. Creo conveniente una relectura de todos los pasajes en los cuales san Vicente expone esta idea, desde nuestra situaci\u00f3n actual. Creo necesario concienciar a las Hermanas de este pensamiento de san Vicente, de su actuali\u00addad, de su necesidad, de su exigencia, dado el contexto so\u00adcial-eclesial e interno en el que vivimos.<\/p>\n<p>Aun suponiendo que la pervivencia jur\u00eddica de la Cari\u00addad pueda arrastrarse todav\u00eda por siglos \u2014el padre Hosti dice que una comunidad puede vivir ag\u00f3nica durante m\u00e1s de un siglo\u2014 lo que interesa es su pervivencia carism\u00e1tica, su eficacia apost\u00f3lica, su vida espiritual, y \u00e9sta, a nivel de comunidades locales, y aun provinciales, f\u00e1cilmente se mata y se destruye.<\/p>\n<p>El texto de san Vicente, recordado por la M. Guillemin, es suficiente para poner de relieve este problema del que todas las Hermanas deben tomar conciencia, no obstante las dificultades que por una u otra causa est\u00e1n actuando en contra: \u00ab\u00bfC\u00f3mo no temblar pensando que es cuesti\u00f3n de vida o muerte de la Compa\u00f1\u00eda, puesto que Nuestro Bienaven\u00adturado Padre dice: Si guard\u00e1is esta regla y am\u00e1is la pobreza, Dios bendecir\u00e1 la Compa\u00f1\u00eda; mas si no la observ\u00e1is os ase\u00adguro que es muy dif\u00edcil, por no decir imposible, que perdure?\u00bb.<\/p>\n<p>Ciertamente, la llamada va dirigida a todas: Hermanas particulares, Hermanas sirvientes, administraci\u00f3n provincial y general.<\/p>\n<h3>6. <em>La pobreza vicenciana exige vivir del propio trabajo sin ser carga para los pobres<\/em><\/h3>\n<p>De esta caracter\u00edstica quiero resaltar:<\/p>\n<ul>\n<li>El trabajo como entrega de lo que uno es y tiene. La entrega personal, sin reservas, al servicio del pobre.<\/li>\n<li>El trabajo debe ser remunerado de alguna manera para que no sirva de carga a quien se sirve.<\/li>\n<li>La remuneraci\u00f3n econ\u00f3mica no debe ser determi\u00adnante, como norma general, del servicio que se pue\u00adde y debe prestar al pobre.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Prescindo de las cuestiones que la naturaleza del trabajo puedan plantear. Me fijo solamente en el aspecto remune\u00adrativo.<\/p>\n<p>San Vicente y la Compa\u00f1\u00eda, de hecho, han aceptado las diversas formas de remuneraci\u00f3n existentes en la sociedad y en la Iglesia: legados, fundaciones p\u00edas, limosnas, salarios, acumulaci\u00f3n del capital de la Comunidad, explotaci\u00f3n de posesiones trabajadas por miembros de la Comunidad o por asalariados. En general, ha prevalecido el convenio econ\u00f3mico entre los administradores de los centros y la Comuni\u00addad. Tambi\u00e9n han existido, y existen a\u00fan, las cuotas que gozan los servidos v. g., en algunos colegios.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n que no veo clara es la siguiente: \u00bfSe puede decir que con este sistema econ\u00f3mico se vive del trabajo y se presta un servicio gratuitamente? \u00bfConviene mantenerse en la l\u00ednea tradicional, es decir, en lo seguido hasta ahora, o hay que dar un nuevo rumbo en la organizaci\u00f3n eco\u00adn\u00f3mica?<\/p>\n<ul>\n<li>Creo que en general las Hermanas viven del trabajo.<\/li>\n<li>Estoy cierto que much\u00edsimos trabajos de las Herma\u00adnas est\u00e1n insuficientemente remunerados. Hay signos de gratuidad objetivos.<\/li>\n<li>No niego que esta gratuidad sea a veces hacer \u00abel caldo\u00bb a instituciones civiles.<\/li>\n<li>De lo que no estoy tan seguro es del testimonio y evidencia global de vivir del trabajo y de la gratuidad del mismo.<\/li>\n<li>Estoy seguro de esta preocupaci\u00f3n, que espero se llegue a realizaciones conformes a la pobreza y que se hagan transparentes a los de dentro y, \u00a1ojal\u00e1! tam\u00adbi\u00e9n a los de fuera.<\/li>\n<\/ul>\n<h3>7. <em>La pobreza vicenciana exige el uso moderado de los bienes<\/em><\/h3>\n<p>El pensamiento y las orientaciones de san Vicente y de los Superiores son clar\u00edsimas y abundantes. Es suficiente conocer lo que nos dice sobre la vivienda, ajuar, vestidos, comidas, etc. La raz\u00f3n es siempre la cercan\u00eda al pobre.<\/p>\n<p>Lo que sucede es que no es f\u00e1cil encontrar criterios para entender lo que es el <em>uso moderado <\/em>de los bienes ante el acoso de la sociedad de consumo, del nivel de vida a que toda la sociedad aspira, a las exigencias del grupo que vive en comunidad, ante las nuevas necesidades que parecen ra\u00adzonables, ante la abundancia de dinero que a veces se tiene, ante la facilidad con que nos regalan familiares, amistades, organismos, etc., ante las exigencias de las relaciones con colaboradores, amistades, familia, etc.<\/p>\n<p>La doctrina es clara, la pr\u00e1ctica exigida muy dif\u00edcil. Basta leer el Estatuto 3 de la p. 32: \u00abLlevar\u00e1n una vida sencilla, con gran confianza en la Providencia, y se conten\u00adtan con los gastos necesarios para sus actividades apost\u00f3licas y su vida de siervas. Optan por habitaciones de estilo mo\u00addesto\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo conseguirlo? No se me ocurre otra cosa que lo que a rengl\u00f3n seguido dicen las Constituciones. \u00abCon el de\u00adseo de compartir su vida con los pobres, se esfuerzan por convertirse todos los d\u00edas a la pobreza evang\u00e9lica, tal y como la vivieron los Fundadores, ya que s\u00f3lo la pr\u00e1ctica, personal y comunitaria, de esa pobreza podr\u00e1 dar testimonio aut\u00e9n\u00adtico\u00bb. Esta Constituci\u00f3n se complementa con el Estatuto 14, p. 51 imponiendo la revisi\u00f3n peri\u00f3dica del uso de los bienes y del tenor de vida.<\/p>\n<h3>8. <em>La pobreza vicenciana exige la dependencia o permiso de los Superiores para el uso de los bienes, de la Comu\u00adnidad o personales<\/em><\/h3>\n<p>La necesidad del permiso es tan repetida como exigen\u00adcia de la pobreza en san Vicente que, se puede afirmar, es una de sus caracter\u00edsticas, tanto para usar los bienes de la Comunidad que tienen su destino, como para usar los bienes personales que tambi\u00e9n tienen el suyo.<\/p>\n<p>Por otra parte, tenemos la advertencia del P.C. n. 13 en el que se nos dice no ser suficiente los permisos para ser consecuentes con las exigencias de la pobreza, sino que es preciso que los miembros sean pobres real y experimental\u00admente, teniendo sus tesoros en el cielo (Mt 6, 25).<\/p>\n<p>Hoy se ha impuesto una reflexi\u00f3n sobre la dependencia, es decir, sobre los permisos en la pobreza. Se ha visto que una excesiva dependencia no est\u00e1 en conformidad con la confianza en las personas, con su dignidad, con la naturali\u00addad y agilidad que piden ciertas situaciones.<\/p>\n<p>Por otra parte, se ha visto el sentido profundo que tiene el permiso si se le sit\u00faa, no en una dimensi\u00f3n puramente ju\u00adr\u00eddica, sino teol\u00f3gica, como mediaci\u00f3n y seguridad de que nuestros deseos est\u00e1n en la l\u00edneas de nuestros compromisos y en consonancia con un proyecto de vida. No se trata de sancionar una decisi\u00f3n ya tomada, sino de adquirir mayor seguridad de que obramos bien. Es una ayuda a un quehacer de discernimiento. El instinto de propiedad, lo sabemos, est\u00e1 tan profundamente arraigado en la humana naturaleza que constituye \u2014dice la M. Guillemin\u2014 una de las grandes tentaciones de la edad madura, y de la vejez, m\u00e1s a\u00fan que de la juventud.<\/p>\n<p>Los pobres siempre dependen de la voluntad de otros. Dos aspectos podemos distinguir:<\/p>\n<ul>\n<li>La institucionalizaci\u00f3n de los permisos, su regula\u00adci\u00f3n y normativa.<\/li>\n<li>La recuperaci\u00f3n de su valor espiritual a la luz de la exigencia de la pobreza y del oficio del Superior.<\/li>\n<\/ul>\n<p>En cuanto al primer aspecto hay que darle una gran flexibilidad, es cambiante, y depender\u00e1 de las situaciones ge\u00adnerales de las personas y de las comunidades.<\/p>\n<p>Las Constituciones actuales recogen el valor de la de\u00adpendencia en el n. 17, <strong>P. <\/strong>3 (p. 31) y <strong>P. <\/strong>4 (p. 32). En el Es\u00adtatuto 14 (pp. 51-52) se determina, en general, cu\u00e1ndo se requiere permiso y cu\u00e1ndo no, v.g.: para hacer gastos nece\u00adsarios para la conservaci\u00f3n de los bienes personales y dispo\u00adner de ellos por testamento. En los dem\u00e1s casos, se requiere permiso bien del Superior General o Director, bien de la Hermana Sirviente para las cosas se\u00f1aladas en los estatutos provinciales. El Estatuto 14 es en general y quiz\u00e1s no del to\u00addo claro.<\/p>\n<p>En cuanto al segundo aspecto, se debe mantener el valor espiritual del permiso.<\/p>\n<ul>\n<li>Como opci\u00f3n que siempre se ofrece a la persona particular.<\/li>\n<li>Como exigencia, cuando se requiere garant\u00eda de la pobreza en casos de cierta importancia para la per\u00adsona y para la Comunidad.<\/li>\n<li>Como medio, aunque no sea el mejor, que se da a los Superiores para cumplir con su responsabilidad en materia de pobreza.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Si el primer aspecto es competencia de las Hermanas, el segundo puede depender en parte de nosotros, si orienta\u00admos bien esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<h3>9. <em>La pobreza vicenciana exige emplear los bienes propios en \u00abobras p\u00edas\u00bb<\/em><\/h3>\n<p>La formulaci\u00f3n para los misioneros se encuentra en el estatuto de la pobreza para la C.M. aprobado por Alejan\u00addro VII en 1659 (Alias nos supplicationibus).<\/p>\n<p>El contenido ha pasado, como tantas otras cosas, a las Hermanas. En la instrucci\u00f3n o catecismo de votos de 1701, escrito por el Padre H\u00e9nin y aprobado por el Padre General Pierron, se recoge la disposici\u00f3n. Se ha venido repitiendo a trav\u00e9s de los siglos y ha sido recogido por las \u00faltimas dis\u00adposiciones legales v.g. Las Constituciones actuales, aunque s\u00f3lo hace alusi\u00f3n a las rentas (17. p. 32).<\/p>\n<p>El catecismo de votos, edici\u00f3n 1961 \u2014creo que la \u00falti\u00adma en franc\u00e9s\u2014 explica con detalle todo lo que se refiere a los bienes personales:<\/p>\n<ul>\n<li>No se exige la renuncia de esos bienes. Se conserva la propiedad, el derecho a gastar sin permiso lo ne\u00adcesario para su conservaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Se conserva el derecho natural a las sucesiones y herencias.<\/li>\n<li>Se puede disponer, sin permiso, de estos bienes, por testamento, aunque por prudencia se aconseja acudir a los Superiores: Superior General o al Director Ge\u00adneral o provincial.<\/li>\n<li>Pero se renuncia a usar estos bienes o sus intereses o rentas sin permiso, aun para las propias necesida\u00addes, por raz\u00f3n de la uniformidad y esp\u00edritu de pobre\u00adza o para no malgastar el propio patrimonio.<\/li>\n<li>Se deben emplear en obras p\u00edas. Por \u00e9stas se entien\u00adde necesidades de los pobres, familiares pobres, de la casa, de la Comunidad, obras de la Iglesia: culto, misiones, etc.<\/li>\n<\/ul>\n<p>No se excluye cualquier obra social: Campa\u00f1a del ham\u00adbre, c\u00e1ncer, etc. Se requiere permiso de los Superiores.<\/p>\n<p>La doctrina es clara, pero creo que se debe tener en cuenta una interpretaci\u00f3n pr\u00e1ctica m\u00e1s estricta, y es que los bienes personales no se usan para satisfacer necesidades per\u00adsonales y as\u00ed la igualdad entre las Hermanas se consigue mejor. Con todo, la explicaci\u00f3n literal no exige esta pr\u00e1ctica m\u00e1s rigurosa.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con los bienes personales tenemos la cuesti\u00f3n de la <em>capitalizaci\u00f3n. <\/em>Para los misioneros es taxativa en el Breve \u00abAlias nos supplicationibus\u00bb antes citado. Para las Hermanas no lo he encontrado formulado sino <em>indirectamen\u00adte, <\/em>en cuanto les obliga a emplear las rentas en obras p\u00edas y no hacer ni pr\u00e9stamos ni empr\u00e9stitos sin permiso de la autoridad competente (Constituciones 1954, n. 51, b).<\/p>\n<h3>10. <em>La pobreza vicenciana exige una recta y transparente administraci\u00f3n de todos los bienes<\/em><\/h3>\n<p>Es una exigencia obvia. Pero creo que hay que insistir en lo que se refiere a los bienes llamados de los pobres. Entran en juego la justicia, la honradez, el buen nombre de la Comunidad, el sincero amor a los pobres.<\/p>\n<p>Este dinero debe cumplir su destino siempre, bien porque el donante lo haya establecido concretamente, bien porque se lo haya dejado al arbitrio y conciencia de la Hermana o de la Comunidad.<\/p>\n<p>La legislaci\u00f3n actual (Estatuto 14, p. 51) establece:<\/p>\n<ul>\n<li>Que pueden aceptarse y usar los donativos que les hacen para los pobres.<\/li>\n<li>Contando con el parecer de la Hermana Sirviente.<\/li>\n<li>Deben emplearse seg\u00fan la intenci\u00f3n de los donantes.<\/li>\n<\/ul>\n<p>La Constituci\u00f3n de 1954 dec\u00eda que se pod\u00edan aceptar sin permiso de los Superiores de la Compa\u00f1\u00eda, pero las Hermanas particulares deben dar cuenta de ello a la Herma\u00adna Sirviente y entregarle lo que les hayan dado.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica actual est\u00e1 m\u00e1s conforme con lo que estable\u00adcen las Constituciones de 1954, pero es necesario reconocer que, el derecho de retener tales bienes, el Estatuto actual no lo menciona. No s\u00e9 si por imperfecci\u00f3n de la redacci\u00f3n o por una intenci\u00f3n especial, dadas las diversas situaciones en las que se encuentran las Hermanas, y que les permite exigir cierta autonom\u00eda.<\/p>\n<h2>III. Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>No se trata de un estudio sobre la bibliograf\u00eda. Se trata de dar una bibliograf\u00eda suficiente para ayudar a los que desean orientar sobre la pobreza vicenciana a las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<ul>\n<li>AGUILAR, L. y SALAZAR, A., <em>La pobreza vicenciana como dinamismo apos\u00adt\u00f3lico entre los hombres de hoy: <\/em>CLAPVI (Conferencia latinoamerica\u00adna Padres Vicentinos), n. 14 (1978).<\/li>\n<li>CASTA\u00d1ARES, R., <em>Vida y escritos de santa Luisa de Marillac. <\/em>t. I-III, Ma\u00addrid, 1945. V\u00e9ase el \u00edndice anal\u00edtico en el t. III las citas sobre el t\u00e9rmino <em>pobreza <\/em>y afines.<\/li>\n<li><em>Circulares MM. Generales, 1672-1914. <\/em>Madrid, 1914. Se recogen todas las circulares de las Madres Generales sobre los votos a partir de 1672 hasta 1914.<\/li>\n<li><em>Circulares PP. Generales: <\/em>ETIENNE, BORE Y FIAT, <em>Renovaci\u00f3n de los votos, <\/em>2 tomos. Madrid, 1913. En estos dos tomos se recogen las circulares de dichos PP. Generales sobre los votos escritas con ocasi\u00f3n de la renovaci\u00f3n anual.<\/li>\n<li><em>Constituciones de las Hijas de la Caridad, 1954. <\/em>Aprobadas por la S.C. de Religiosos en 1954, elevan a categor\u00eda de norma lo que hasta entonces hab\u00eda sido pr\u00e1ctica de la pobreza en la Compa\u00f1\u00eda. Imponen ciertos aspectos no tradicionales como es la dis\u00adtinci\u00f3n entre el voto y la virtud de la pobreza.<\/li>\n<li><em>Constituciones de las Hijas de la Caridad, 1968-1969. <\/em>Son las elaboradas por la Asamblea General de 1968-1969, la primera asamblea con capacidad legislativa en la historia de la Compa\u00f1\u00eda. Sin cambiar sustancialmente el contenido de la pobreza se ve reforza\u00adda por la influencia ambiental y la del Vaticano II.<\/li>\n<li><em>Constituciones de las Hijas de la Caridad, 1974. <\/em>Es una reelaboraci\u00f3n de las anteriores, pero desde una perspectiva m\u00e1s vicenciana. En los Estatutos se concretan los principios orientado\u00adres de las Constituciones.<\/li>\n<li>COPPO, A., <em>L&#8217;evolution du voeu de pauvret\u00e9 de la Mission jusqu&#8217;en 1659. <\/em>Vincentiana, 16 (1973), pp. 257-272. La semejanza de los principios orientadores sobre la pobreza en am\u00adbas comunidades vicencianas hace que sirva este trabajo para com\u00adprender algunos aspectos de la pobreza de las Hijas de la Caridad.<\/li>\n<li>CORERA, J., <em>Las bases econ\u00f3micas de la comunidad vicenciana. <\/em>Anales de la C.M. y de las Hijas de la Caridad de Espa\u00f1a, 4 (1977), p. 462.<\/li>\n<li>COSTE, P., <em>Conferencias a las Hijas de la Caridad, <\/em>t. IX, 1\/2 de las Obras completas de san Vicente de Pa\u00fal. Ediciones S\u00edgueme, Sala\u00admanca, 1972, 1975. V\u00e9ase el \u00edndice anal\u00edtico al final del t. IX, 2.<\/li>\n<li>DECAMP, <em>La pobreza evang\u00e9lica seg\u00fan san Vicente. <\/em>Eco de la C. 6 (1977), p. 283.<\/li>\n<li>DE GRAAF, H., <em>De votis quae emittuntur in Congregatione Missionis. <\/em>Nimega, 1955. Aunque el estudio del P. De Graaf verse sobre los votos de la C.M., este trabajo puede ayudar a ilustrar ciertos aspectos de la pobreza de las Hijas de la Caridad.<\/li>\n<li>DODIN, A., <em>Conferencias a los misioneros. <\/em>t. XI, 1\/2 de las Obras com\u00adpletas de san Vicente de Pa\u00fal. Ediciones S\u00edgueme, Salamanca, 1972. V\u00e9ase el \u00edndice anal\u00edtico al final de este t. XI, 2.<\/li>\n<li>ESCOBAR, H. A., <em>Los votos que se emiten en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. <\/em>Bogot\u00e1, 1962. Es una tesis sobre los votos de las Hijas de la Caridad, teniendo en cuenta las Constituciones de 1954. Resulta interesante por la historia de los votos que se recoge en la primera parte titulada: <em>etapas de los votos hasta el estado actual.<\/em><\/li>\n<li>FERN\u00c1NDEZ, J., <em>Extensi\u00f3n del voto de pobreza en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. <\/em>Madrid, 1940.<\/li>\n<li>Este trabajo se refiere solamente al voto de los misioneros, pero dada su amplitud y las fuentes que usa, puede servir para esclarecer mu\u00adchos problemas del voto de pobreza de las Hijas de la Caridad.<\/li>\n<li>GUILLEMIN, S., <em>Circulares sobre los votos. <\/em>Madrid. Suplemento al Eco de la C. En este librito se recogen las circulares sobre los votos de la M. Gui\u00adllermin escritas entre 1963-1968. En 1965 escribi\u00f3 sobre el voto de pobreza. Creo que es una buena s\u00edntesis de todo lo que la M. Guiller\u00admin nos ha dejado sobre la pobreza de las Hijas de la Caridad.<\/li>\n<li>HENIN, <em>Instrucci\u00f3n o catecismo sobre los votos de las Hijas de la Caridad. <\/em>El P. Henin, director general de las Hijas de la Caridad, escribi\u00f3 una peque\u00f1a Instrucci\u00f3n o catecismo sobre los votos, que fue aprobada por el P. Pierron, Superior General en 1701. Es una breve instrucci\u00f3n, un breve catecismo, con lo esencial que deben saber las Hermanas sobre los votos. Se han hecho muchas ediciones a trav\u00e9s de los a\u00f1os completando la primera con nuevas ideas morales y jur\u00eddicas. Tiene un car\u00e1cter preponderantemente moral y jur\u00eddico. Muchas generacio\u00adnes de Hermanas se han formado aprendiendo este catecismo.<\/li>\n<li>JAMET, J., <em>Las Hijas de la Caridad en la Iglesia y en el mundo de hoy, tt. <\/em>I-III. Madrid, s.f. Se recoge las ense\u00f1anzas del P. Jamet sobre la pobreza. Puede verse, t. I, pp. 127-163; t. II, pp. 245-272.<\/li>\n<li>JAMET, J., <em>Los santos votos hoy. <\/em>Madrid, s.f. En este peque\u00f1o libro se recogen la mayor parte de lo que el P. Ja\u00admet ha escrito sobre los votos en Eco de la C. Pueden verse las pp. 136-145 en donde se trata de la pobreza.<\/li>\n<li>JAMET, J., <em>Cristo y la pobreza. <\/em>Eco de la C. 3 (1977), p. 109.<\/li>\n<li>VERNASCHI, A., <em>Una instituci\u00f3n original: las Hijas de la Caridad de san Vicente de Pa\u00fal. <\/em>Anales espa\u00f1oles public\u00f3 la traducci\u00f3n de este trabajo del P. Vernas\u00adchi. Se public\u00f3 en el a\u00f1o de 1978. Algunos puntos tratados por el P. Vernaschi son interesantes para conocer la pobreza de las Hijas de la Caridad.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Me propongo exponer los criterios inspiradores de la po\u00adbreza de las Hijas de la Caridad. 1. Contenido espiritual de la pobreza vicenciana 1. 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