{"id":53174,"date":"2019-07-13T08:00:58","date_gmt":"2019-07-13T06:00:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-6-la-guerra-y-la-comuna-julio-1870-junio-1871\/"},"modified":"2019-06-07T09:09:58","modified_gmt":"2019-06-07T07:09:58","slug":"vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-6-la-guerra-y-la-comuna-julio-1870-junio-1871","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-6-la-guerra-y-la-comuna-julio-1870-junio-1871\/","title":{"rendered":"Vida de Catalina Labour\u00e9 (Ren\u00e9 Laurentin): 6. La guerra y la comuna (julio 1870 &#8211; junio 1871)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>1.- La guerra de 1870<\/strong><\/h2>\n<p>El 19 de julio de 1870 el emperador declara la guerra a Prusia. Los franceses que so\u00f1aban todav\u00eda con la epopeya napole\u00f3nica se sienten llenos de exaltaci\u00f3n. Hasta las hermanas rezaban por la victoria, atestigua sor Josefina Tranchemer (44 a\u00f1os), bretona, legitimista, que sor Duf\u00e9s considera como mujer \u00abde piedad exaltada\u00bb. Catalina no participa de aquel entusiasmo. Solamente dice: \u00a1pobres soldados!&#8217;.<\/p>\n<h3><strong>La serpiente en el desierto<\/strong><\/h3>\n<p>El 4 de agosto de 18 70 el padre Etienne publica una circular para incitar a la confianza. Evoca el extraordinario movimiento de gracia que experimentan los lazaristas y las hijas de la Caridad y lo pone en relaci\u00f3n -m\u00e1s expl\u00edcitamente que nun\u00adca- con la primera visi\u00f3n de Catalina: la del coraz\u00f3n de, san Vicente, \u00abprofundamente afligido por las grandes desgracias que van a caer sobre Francia\u00bb. Las dos casas-madres gozaron de una especial protecci\u00f3n en 1830 seg\u00fan la predicci\u00f3n de la desconocida vidente, afirma en esta carta.<\/p>\n<h3><strong>Sitio de Par\u00eds<\/strong><\/h3>\n<p>La guerra va mal: a comienzos de agosto, el desastre de Alsacia; luego el de Lorena. El 2 de septiembre capitula Sedan. Napole\u00f3n III se entrega prisionero. El imperio se derrumba. El 4 de septiembre se proclama la Rep\u00fablica. Los prusianos se acer\u00adcan a Par\u00eds. El 13 y 14 de septiembre las hermanas de las 30 casas de los suburbios, acompa\u00f1adas a veces de sus pobres, se refugian en la capital. En la casa madre se instala un ambulato\u00adrio.<\/p>\n<p>Catalina trabaja en la cocina de Reuilly para preparar comida no s\u00f3lo a los ancianos del hospicio, sino tambi\u00e9n a otros muchos pobres hambrientos que cada vez acuden en mayor n\u00famero. A veces ha sido necesario repartir 1.200 comidas diarias. Dura tarea para las hermanas. \u00a1Y una prueba m\u00e1s dura todav\u00eda!<\/p>\n<p>El 11 de septiembre de 1870 los superiores les conceden excepcionalmente la comuni\u00f3n diaria; en ella encuentran paz y energ\u00eda.<\/p>\n<p>El 18 de septiembre de 1870 los prusianos ponen sitio a Par\u00eds. Las hermanas se conf\u00edan a la protecci\u00f3n de Mar\u00eda y ponen la \u00abMedalla\u00bb en las puertas y ventanas de la casa: Conviene <em>disimularlas, dice una hermana. \u00a1No! -protesta Catalina. Ponedlas en el centro del por\u00adt\u00f3n<\/em><\/p>\n<h3><strong>Catalina superiora<\/strong><\/h3>\n<p>Durante los primeros d\u00edas de asedio viene a visitarla a Enghien su sobrino Felipe, ya lazarista. La encuentra en su \u00abgarita de portera\u00bb, en su peque\u00f1a habitaci\u00f3n que mantiene despojada como si fuera una celda mon\u00e1stica: <em>No quer\u00eda hablar de la tragedia de lo que pasaba. Pero su conversaci\u00f3n fue m\u00e1s familiar que de costumbre. Me habl\u00f3 de su juventud, luego de su vida de comunidad. Solo me acuerdo de una cosa&#8230;: la Superiora general de las Hijas de la Caridad era, seg\u00fan creo, la madre Devos, muerta en olor de santidad) la llam\u00f3 y le habl\u00f3 de nombrarla hermana sirviente (es decir, superiora de una casa).<\/em><em>Madre, <\/em><em>respondi\u00f3 sor Catalina. <\/em><em>\u00a1Ya sabe usted que no soy capaz de ello! Y <\/em><em>me mandaron de nuevo a Enghien, conclu\u00eda ella. <\/em><em>El <\/em><em>tono que empleaba expresaba bien su pensamiento. Quer\u00eda decir: \u00a1Y <\/em><em>estuvo muy bien hecho!<\/em><\/p>\n<p>Catalina no tendr\u00e1 el t\u00edtulo de superiora, pero sabr\u00e1 mos\u00adtrarse superiora en aquella ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Metz capitula el 31 de octubre. Ante este hecho la revolu\u00adci\u00f3n explota, para abortar enseguida. Esto no impide que el 14 de noviembre se celebre en la casa madre una toma de h\u00e1bito para 30 hermanas, que ir\u00e1n a sustituir a las que fueron envia\u00addas a Bic\u00e9tre para atender a los enfermos de viruela. El 28 toman el h\u00e1bito otras 23, con lo que puede enviarse un nuevo refuerzo al mismo hospital<em>.<\/em><\/p>\n<h3><strong>Hambre y cocina<\/strong><\/h3>\n<p>En Reuilly las \u00abclases y el asilo\u00bb se convierten en ambulato\u00adrios; el hospital militar de Val de Gr\u00e1ce, atendido por las hijas de la Caridad, establece all\u00ed un \u00abanejo\u00bb. El municipio encarga a las hermanas de distribuir la carne a los peque\u00f1os ambulatorios del barrio.<\/p>\n<p>Se implanta el racionamiento. La escasez se convierte en hambre y complica la tarea de Catalina en la cocina econ\u00f3mica. Los 40 caballos del almac\u00e9n del Bon March\u00e9, \u00abtan hermosos, tan limpios, tan lustrosos y gordos\u00bb, como no pueden ser alimentados, son vendidos para carne. Las hermanas de la calle del Bac se enteran demasiado tarde. \u00a1Los hubieran comprado!<\/p>\n<p>La carne de asno se vende a <em>5 <\/em>francos la libra y cuesta incluso trabajo encontrarla. No hay pescado ahumado, ni salchichas. S\u00f3lo arroz, pan y vino. Estamos racionadas a 30 gramos de carne por persona: se lee en el Diario del 10 de noviembre de 1870.El 13 de noviembre un conejo cuesta 20 francos; un gato, 8 francos. Se empieza a comer carne de perro (\u00abexcelente\u00bb)&#8230; y de rata (p. 226).<\/p>\n<p>Sor Catalina, a quien le gustaba servir con esplendidez, se ve obligada a aquella forma de ahorrar que no soportaba en sus primeros d\u00edas de cocina al lado de sor Vincent. La joven sor Mauche, de 25 a\u00f1os (futura superiora general) no puede ver que se alimente tan mal a sus heridos. Se las ingenia para procurarles alguna \u00abpropina\u00bb; se mueve tanto que los enfermos la llaman \u00abel jud\u00edo errante\u00bb. Un d\u00eda, mientras las hermanas rezan en la capilla, los asilados celebran sus m\u00e9ritos con tanto entusiasmo que la comunidad los oye a trav\u00e9s de los tabiques, incluida la hermana que oculta su cabeza entre las manos. \u00a1Hab\u00eda conseguido hacer para sus 90 enfermos un postre de naranjas bien regadas con 3 litros de ron, sonsacados al m\u00e9dico y al \u00abcomandante\u00bb, un severo oficial de barba blanca.Aquel lujo disimulaba el hecho de que no hab\u00eda suficientes naranjas para todos.<\/p>\n<p>Sor Catalina se las ingenia igualmente en la sala del ambula\u00adtorio, de que est\u00e1 encargada, seg\u00fan nos refiere sor Tranchemer.<\/p>\n<p>Dos de sus sobrinas, Marta (6 a\u00f1os) y Juana (4 a\u00f1os), \u00abdelicadas de salud\u00bb, se acordar\u00e1n muchos a\u00f1os de las \u00abgolosi\u00adnas\u00bb que ella les tenia preparadas cuando iban a visitarla a Reuilly, con permiso de sus superiores. Recuerdo nuestra alegr\u00eda infantil, escribe Marta, cuando nos daba un panecillo blanco y una porci\u00f3n de guisantes asados con tocino, \u00a1cosas raras en aquellos momentos! Mi hermana, con su ingenuidad de ni\u00f1a, suplicaba a mi abuela (Tonina): <em>\u00a1Otro guisante!<\/em><\/p>\n<p>Las \u00abgolosinas\u00bb se reservaban para los enfermos y los heri\u00addos. Las hermanas se contentaban con la raci\u00f3n normal. A sor Duf\u00e9s le apena verlas \u00abdevorar a veces un trozo de pan negro y nada m\u00e1s\u00bb despu\u00e9s de una jornada de duro trabajo. La joven sor Eugenia confesar\u00e1 m\u00e1s tarde que, ante de ponerse a fregar las ollas de servicio, miraba si estaba sola y, cuando nadie la ve\u00eda, recog\u00eda con avidez las \u00faltimas cucharadas del fondo de la sopera.<\/p>\n<h3><strong>Verdaderas <\/strong><strong>y <\/strong><strong>falsas esperanzas<\/strong><\/h3>\n<p>Las hermanas siguen esperando ingenuamente que Dios conceder\u00eda la victoria a los franceses.<\/p>\n<p>Una de ellas moviliza la oraci\u00f3n de Catalina. Esta le res\u00adponde: <em>\u00a1Pobres hijos! Rezad tambi\u00e9n por nuestros pobres soldados, tan desventurados en esta guerra terrible&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Cuando se anuncia una pretendida victoria, sonr\u00ede con un aire de incredulidad: <em>\u00a1Ave de mal ag\u00fcero!, <\/em>protesta sor Tranchemer. Ella responde: <em>No se asuste. La Virgen nos protege. Ella tiene sus ojos sobre nosotras, sobre toda la comunidad.<\/em><\/p>\n<p>Sor Tranchemer, fascinada por aquella Catalina de la que sabe que es la vidente de la Medalla, no comprende su actitud: \u00a1parece ver solamente desgracias, capitulaci\u00f3n, entrada de los prusianos en Par\u00eds! iY sin embargo manifiesta una calma y una confianza total que invita a los dem\u00e1s a compartir!<\/p>\n<p>El 16 de diciembre dos palomas mensajeras traen una noticia incre\u00edble: los prusianos han pasado el Loira. Orle\u00e1ns ha ca\u00eddo. En Par\u00eds el 1 de enero es un d\u00eda siniestro; nadie se atreve a festejar la entrada del a\u00f1o 1871. Pero el <em>Officiel <\/em>del 2 de enero asegura que \u00abno se capitular\u00e1 a ning\u00fan precio\u00bb. Se cuenta con los 400.000 guardias nacionales para una salida en masa. Corren profec\u00edas sobre un gran combate que habr\u00e1 de librarse bajo las murallas de Par\u00eds: sangriento pero victorioso&#8230;<\/p>\n<h3><strong>Crudo invierno<\/strong><\/h3>\n<p>Desde el mes de diciembre hiela fuertemente: el 5 de enero de 1871 el term\u00f3metro baja a 11 grados y medio bajo cero. Los obuses llueven copiosamente sobre la capital. Los ni\u00f1os venden los cascotes. Cuentan que entre un vendedor y su cliente hubo el siguiente di\u00e1logo: \u00bf<em>A cu\u00e1nto el cascote de ob\u00fas? Se m<\/em><em>e <\/em><em>han acabado, se\u00f1or, los estoy esperando. <\/em><em>Se inspeccionan los signos del cielo.<\/em><\/p>\n<p>El 17 de enero, a las 7 de la tarde, el huerto de Rouilly se cubre de nieve en polvo. Las j\u00f3venes obreras, al volver a su casa, se admiran ante el color \u00abextraordinario\u00bb del \u00abhorizonte, miste\u00adrioso velado\u00bb; lo sienten como un presagio: <em>El cielo lleva el luto de todos nuestros lutos&#8230;, dice sor Tranchener.<\/em><\/p>\n<p>Catalina mira y no dice nada. Su compa\u00f1era sabr\u00e1 pronto que aquella misma tarde la Virgen se aparec\u00eda en la aldea de Pontmain, tambi\u00e9n en un decorado de nieve. \u00bfPensaba en ello Catalina?, se pregunta sin obtener respuesta.<\/p>\n<p>El 11 de febrero, \u00abuna aurora boreal llena de miedo\u00bb a todo el personal de la casa: las hermanas, los ni\u00f1os, los heridos. Pero Catalina no se asusta.<\/p>\n<p>El 1 8 de enero, los generales Trochu y Ducrot preparan en secreto una salida para la que movilizan todas las fuerzas posibles. Vienen al ambulatorio de Catalina a buscar a todos los hombres v\u00e1lidos. Algunos no se han restablecido del todo: \u00a1<em>Pobres corderos! <\/em>-dice ella-; los <em>llevan al matadero.<\/em><\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, 19 de enero es la salida por Buzenval. Las tropas llegan hasta las colinas de Montretout, Garcher y la Jonch\u00e9re, pero han de replegarse en medio de un cruento fracaso.<\/p>\n<h3><strong>Ca\u00edda de Par\u00eds<\/strong><\/h3>\n<p>El 26 de enero de 1871 caen 72 bombas sobre el hospital militar de Val de Gr\u00e1ce, a las cuatro y media de la ma\u00f1ana. La enfermera-una hija de la Caridad en vela-ordena la evacua\u00adci\u00f3n de los enfermos al piso superior. Apenas los \u00faltimos hab\u00edan dejado la sala, se hunde el techo. El 29 se firma un armisticio. El 1 de marzo los alemanes entran en Par\u00eds.<\/p>\n<h2><strong>2. La comuna (Marzo-Mayo 1871)<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Otra guerra<\/strong><\/h3>\n<p>Llega una paz humillante. Pero adem\u00e1s una paz siniestra y llena de amenazas. Rezando ante \u00abla Virgen del huerto\u00bb con sor Catalina, sor Tranchemer le dice: <em>\u00a1Comprende usted todo esto, sor Catalina: \u00a1Hemos capitulado y nuestros militares dicen que vamos <\/em>ti <em>tener una guerra! \u00a1Una guerra todav\u00eda m\u00e1s<\/em> <em>terrible que la otra!<\/em><\/p>\n<p>Catalina, aparentemente pesimista sobre los acontecimien\u00adtos, irradia una paz y un confianza a prueba de los choques de cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Sor Tranchemer cree acordarse de que ella hab\u00eda predicho la \u00abguerra civil\u00bb.De hecho, en la fecha que pone aquella conver\u00adsaci\u00f3n, el 21 de marzo, la Comuna est\u00e1 ya implantada despu\u00e9s de una larga fermentaci\u00f3n y de la creaci\u00f3n de comit\u00e9s ocultos: desde el 2 de marzo. Aquel movimiento de resistencia popular, an\u00e1rquico y laico, se muestra hostil a todo lo que recuerda al antiguo r\u00e9gimen: el clero y la familia real que subvencionaba el hospicio de Enghien. Las hermanas por tanto est\u00e1n \u00abdel otro lado\u00bb. Su servicio incansable a todos los desgraciados les hab\u00eda atra\u00eddo, sin embargo, la simpat\u00eda de muchos y ocupaban un puesto de prestigio en aquel barrio que la Comuna intentaba despertar a los nuevos ideales. Entre los comuneros de banda roja y palabras c\u00e1lidas y las hermanas seguras de su fe y de su misi\u00f3n, extra\u00f1as al clima pol\u00edtico que lo rodea todo, se quiera o no. habr\u00e1 toda una serie de psicodramas que acabar\u00e1n ordina\u00adriamente sin vencedores ni vencidos.<\/p>\n<p>La nueva revoluci\u00f3n es una explosi\u00f3n adolescente en la que se al\u00edan la violencia y la gentileza, la utop\u00eda y la organizaci\u00f3n, la ideolog\u00eda y la humanidad. Los humillados, promovidos a la palabra y al <a href=\"http:\/\/poder.no\/\">poder, no<\/a> siempre se muestran dignos de su nueva situaci\u00f3n. V el movimiento se ver\u00e1 a menudo desbordado por esos apasionados a quienes ser\u00e1 un deber reprimir.<\/p>\n<p>En la noche del 17 al 18 de marzo, el \u00abd\u00eda anterior a san Jos\u00e9\u00bb, los insurrectos toman por asalto la cima de Montmartre. El ca\u00f1\u00f3n ruge. Se oye desde Reuilly. La comuna se establece ahora en el H\u00f3tel de Ville y prepara elecciones para el 22 de marzo.<\/p>\n<p>La v\u00edspera, sor Tranchemer se aprovecha de un momento de pausa para sondear a sor Catalina, cuyo aparente pesimismo hiere su patriotismo: <em>Pero, sor Catalina, \u00bfc\u00f3mo supo usted lo que iba a pasar<\/em><em><sup>;<\/sup><\/em><em> \u00bfQui\u00e9n se lo dijo: \u00bfFue su \u00e1ngel<\/em><em><sup>;<\/sup><\/em><em> \u00bfFue Nuestro Se\u00f1or: &#8230; \u00a1Entonces s\u00ed no ha sido ni el \u00e1ngel, ni nuestro Se\u00f1or, habr\u00e1 sido la Virgen! <\/em>Catalina elude toda respuesta y permanece sombr\u00eda: <em>-\u00a1Dios m\u00edo, cu\u00e1nta sangre y cu\u00e1ntas ruinas!<\/em><\/p>\n<p>Sor Tranchemer, asustada por esta sombr\u00eda perspectiva, acude a la superiora, que est\u00e1 hablando con el confesor de la casa, el padre Chinchon. Apenas llegado de Dax, ha ido directa\u00admente a Enghien, aquel 21 de marzo.: <em>\u00bfQu\u00e9 le ocurre?, le dice la superiora con sequedad, conoce bien la exaltaci\u00f3n de la importuna, que exagera siempre las cosas.<\/em><\/p>\n<p>El padre Chinchon se calla. Sor Duf\u00e9s contin\u00faa: \u00a1<em>C\u00e1llese! Usted pierde f\u00e1cilmente la cabeza, como sor Catalina. \u00a1Vaya a decir todas esas predicciones a sus compa\u00f1eras! \u00bfEs lo que quiere hacer? No. desde luego, hermana Pues entonces, mantenga el silencio<\/em>. S\u00ed, hermana, concluye sor Trancherner.<\/p>\n<p>Se retira, algo humillada, pero impresionada por la calma de sor Catalina y por su esperanza en el fondo de aquel horizonte tan sombr\u00edo.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed se seguir\u00e1 padre Chinchon, su confesor, intrigado por aquella conversa\u00adci\u00f3n. Fue entonces cuando debi\u00f3 mandarle que escribiera las predicciones recibidas en la noche del 18 al 19 de julio de 1830, incluida la muerte del arzobispo, anunciada con un intervalo de 40 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Las elecciones que decidi\u00f3 la Comuna chocaban con muchas oposiciones. La empresa era arriesgada. Pero el nuevo r\u00e9gimen cuenta con el prestigio de su resistencia frente a los prusianos y de sus ideas por una sociedad nueva sobre las ruinas de un imperio hundido en la cat\u00e1strofe. La participaci\u00f3n se muestra superior a las previsiones: 229.000 electores de los 480.000 inscritos, la mayor parte de ellos en los barrios obreros. El 26 de marzo el nuevo gobierno empieza a legislar. A pesar de la antipropaganda de los versalleses, pone en marcha los servicios p\u00fablicos, tasa el pan y la carne, controla el mercado y los comercios, reorganiza cl servicio sanitario (13 de abril), supri\u00adme el trabajo nocturno de los panaderos y el derecho que ten\u00edan entonces los patronos de imponer multa sobre los salarios (20 mayo). Prepara la elecci\u00f3n de una c\u00e1mara federal de trabajadores. Proliferan los comit\u00e9s revolucionarios.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n contra la antigua sociedad incluye el anticleri\u00adcalismo. Las hermanas no encuentran sitio en esta nueva sociedad. Est\u00e1n amenazadas. El pesimismo las domina. Y enton\u00adces Catalina las tranquiliza: <em>La Virgen velar\u00e1 y lo solucionar\u00e1 todo. No nos pasar\u00e1 nada malo. <\/em>Y tambi\u00e9n: <em>Hay que rezar para que Dios abrevie los d\u00edas malos.<\/em><\/p>\n<h3><strong>Un sue\u00f1o<\/strong><\/h3>\n<p>En los primeros d\u00edas de abril, sor Duf\u00e9s, preocupada, recibe la visita de sor Catalina en su habitaci\u00f3n: <em>Me dijo con su sencillez habitual: Madre, la<\/em><em> Virgen ha venido a verla y no la ha encontrado. \u00bfC\u00f3mo? <\/em><em>-le dije- \u00bfHa venido la Virgen?<\/em><em> S\u00ed, madre, ha entrado en la habitaci\u00f3n de la comunidad y han preguntado por usted. Como no estaba, ha ido a su despacho. Se ha sentado en su sitio y me ha dicho: \u00abD\u00edgale a sor Duf\u00e9s que est\u00e9 tranquila, que un no pasara nada a<\/em><em> esta <\/em><em>casa, que puede marcharse. Ocupare yo su lugar. <\/em><em>Luego sor Catalina me anuncio que tendr\u00eda que dejar la casa, que marchar\u00eda con sor d&#8217;Aragon, cuya familia deseaba conce\u00addernos hospedaje, y que no regresar\u00eda hasta el 31 de mayo.<\/em><\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s se encoge de hombros. \u00a1Un bonito sue\u00f1o!<\/p>\n<p>Pero el \u00absue\u00f1o\u00bb ha llamado la atenci\u00f3n. Le preguntan a sor Catalina durante el recreo. Sor Maurel d&#8217;Aragon que no estaba entonces le pregunta al d\u00eda siguiente. Recoge otra versi\u00f3n que se resume en lo siguiente: <em>Cuando vi a la sant\u00edsima Virgen, <\/em><em>fui <\/em><em>a buscarle para que le rindiera usted los honores de la casa <\/em><em>y <\/em><em>fue usted la que la condujo a sor Duf\u00e9s. Se sent\u00f3 en el despacho diciendo que ella guardar\u00eda la casa. Luego desapareci\u00f3.<\/em><\/p>\n<p>La comunicaci\u00f3n de sor Catalina no se tom\u00f3 en serio: un espejismo que suele darse en los d\u00edas turbios. La acogieron con m\u00e1s sentido de humor que de tragedia. La misma Catalina estaba asustada de haber hecho a las dem\u00e1s esta confidencia. Aquel mismo d\u00eda se encontr\u00f3 con sor Duf\u00e9s y le dijo: <em>Madre, no hay que hacer mucho caso de lo que he contado. -Pero, hermana, \u00a1si ni siquiera he pensado en ello!, <\/em>respondi\u00f3 la hermana sirviente.<\/p>\n<p>Para todo el mundo se trataba s\u00f3lo de un sue\u00f1o fant\u00e1stico. Pero m\u00e1s tarde, cuando se cumpli\u00f3, sor Duf\u00e9s lo tuvo por una visi\u00f3n.<\/p>\n<p>Catalina se lo confirmar\u00eda m\u00e1s tarde. Sor Clara d&#8217;Aragon estaba convencida de que, si Catalina habl\u00f3 de <em>sue\u00f1o <\/em>por enton\u00adces, \u00abfue por humildad\u00bb. Sin embargo, la mayor parte de los testigos lo refieren como un sue\u00f1o.<\/p>\n<h3><strong>Viernes Santo (27 de abril)<\/strong><\/h3>\n<p>Los acontecimientos se precipitan en aquella caliente prima\u00advera.<\/p>\n<p>El 7 de abril, Viernes Santo, alerta en el hospital improvisado en donde las hermanas atienden a unos 200 soldados. Dos de ellos \u00abfueron a denunciar la presencia de dos gendarmes en el ambulatorio. El hecho era exacto\u00bb.<\/p>\n<p>Eran dos heridos. Pero la noticia es explosiva, porque \u00ablos gendarmes de Versalles fusilan y asesinan a los patriotas\u00bb dicen los carteles de la Comuna.<\/p>\n<p>La gente acude a casa de las hermanas para apoderarse de aquellos dos hombres y fusilarlos. No pudieron escapar y fueron llevados al cuerpo de guardia.<\/p>\n<p>Parec\u00eda que no hab\u00eda esperanza para ellos. Pero sor Duf\u00e9s corre al cuartel de Reuilly e insiste: <em>Esos gendarmes no han tomado parte en ninguna expedici\u00f3n contra el pueblo. Est\u00e1n enfermos. Se encuentran en el ambulatorio por prescripci\u00f3n m\u00e9dica.<\/em><\/p>\n<p>Su autoridad obtiene lo imposible. Le devuelven aquellos dos hombres: <em>\u00a1Est\u00e1n bajo su responsabilidad!<\/em><\/p>\n<p>Las cosas se solucionaron de momento.<\/p>\n<h3><strong>Una pascua violenta (29 de abril)<\/strong><\/h3>\n<p>Dos d\u00edas m\u00e1s tarde, el domingo de pascua, nueva y \u00faltima visita del padre Chinchon, ya que los atrevidos viajan en estos tiempos agitados. El padre Chinchon se va a Bruselas antes de volver a Dax. Confiesa a las hermanas. Catalina, su penitente desde hace 20 a\u00f1os, se aprovecha de la ocasi\u00f3n. \u00bfLe entrega entonces las profec\u00edas de la libreta negra, \u00ab15 cent\u00edmetros por 21\u00bb, cuyo contenido impresion\u00f3 mucho al padre Serpette, cuan\u00addo lo ley\u00f3 en Dax? El padre Chinchon celebra la misa que no hab\u00edan o\u00eddo hac\u00eda ya tiempo. \u00a1Una fiesta de pascua maravillosa! En medio del desconcierto y de la incertidumbre, la Eucarist\u00eda adquiere todo su valor transcendente en la muerte y resurrec\u00adci\u00f3n de Cristo, con un alcance insospechado. El gozo y la paz relativizan las privaciones, las preocupaciones y los dramas cotidianos.<\/p>\n<p>Aquella tarde de pascua, durante el recreo, una turba de 100 comuneros armados invade de nuevo la casa. Esta vez va al frente de ellos el nuevo alcalde del XII distrito de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda criticado la liberaci\u00f3n de los dos gendarmes. \u00bfC\u00f3mo es que los representantes del pueblo se dejaron influir por las palabras de una monja, sin duda c\u00f3mplice de la reacci\u00f3n? Los que aquella ma\u00f1ana cedieron ante ella hab\u00edan perdido la cabe\u00adza. La gente hostil viene tumultuosamente a buscar a los gendarmes.<\/p>\n<p>Las hermanas resisten. Una de ellas reconoce en primera fila a un hombre a cuya familia hab\u00eda estado alimentando durante el asedio.<\/p>\n<p><em>-\u00bfUsted?, <\/em>exclama.<\/p>\n<p>El procura esconderse entre los dem\u00e1s, sin atreverse a inter\u00advenir para calmar a sus camaradas. Entregadnos <em>a los dos gendarmes. -\u00a1Jam\u00e1s!, <\/em>responde sor Duf\u00e9s.<\/p>\n<p>Se levantan los sables, las manos se tienden hacia ella, pero sin atreverse a tocarla. Uno de los guardias m\u00f3viles, que hab\u00eda denunciado a los dos gendarmes, fuerza la barrera de las hermanas, \u00abseguido de los guardias\u00bb, y empieza una inspecci\u00f3n de la casa en busca de los dos proscritos que conoc\u00eda perfectamente por haber pasado dos meses con ellos. Uno de ellos estaba muy bien oculto y no lo encontraron. El otro estaba en cama y Dios permiti\u00f3 que el guardia lo viera, pasara delante de \u00e9l y no lo reconociera<em>. <\/em>El fracaso de la inspecci\u00f3n subleva los \u00e1nimos. Sor Duf\u00e9s encaja con valent\u00eda la situaci\u00f3n. Pero su autoridad no sirve de nada. Uno de los invasores le echa mano y se la quiere llevar a la fuerza: <em>O los gendarmes o la superiora, <\/em>grita. <em>\u00a1Ella se ha hecho <\/em><em>responsable!<\/em><\/p>\n<p>Los enfermos y los soldados heridos la protegen. Se acer\u00adcan las 30 hermanas (entre ellas Catalina) y forman un grupo en torno a ella. \u00a1Las llevar\u00e1n a todas o a ninguna! La solidaridad de aquellas 30 mujeres plantea el problema de aquel hospital, cuyo servicio es preciso asegurar. El psicodrama se trasforma en comedia: <em>\u00bfQu\u00e9 quer\u00e9is que hagamos con todas estas golondrinas asusta\u00addas?, <\/em>exclama el alcalde del distrito XII.<\/p>\n<p>Aquella salida salva la situaci\u00f3n. Pero a\u00f1ade: <em>Ma\u00f1ana tendr\u00e9is noticias m\u00edas.<\/em><\/p>\n<p>Las cosas quedan as\u00ed. Son las 10 de la noche. Las hermanas se sienten asombradas por aqu\u00e9llas oleadas de violencia en su propia casa. El comandante ha tenido un lenguaje trucu\u00adlento, \u00abinconveniente\u00bb. \u00a1Nunca hab\u00edan visto nada semejante, ni siquiera las que hab\u00edan estado en el Medio Oriente o en los Estados Unidos!<\/p>\n<h3><strong>Lunes de pascua<\/strong><\/h3>\n<p>Las hermanas, que cuentan con muchas amistades en el barrio, reciben un aviso discreto de que se ha firmado una \u00aborden regular de arresto\u00bb contra sor Duf\u00e9s, por \u00abconspiraci\u00f3n con los Orle\u00e1ns\u00bb, fundadores del hospicio de Enghien. Dos religiosas de Picpus de un convento cercano y dos hijas de la Caridad han sido ya conducidas a la c\u00e1rcel de San L\u00e1zaro. No respetar\u00e1n a sor Duf\u00e9s. Se la fuerza a que desaparezca.<\/p>\n<p>El lunes de pascua, 10 de abril, a las 11, se escapa aprove\u00adchando el momento en que los guardias nacionales est\u00e1n en el bar<em>.<\/em>Se lleva consigo no a sor d&#8217;Aragon, como hab\u00eda predicho sor Catalina, sino a sor Tanguy. Aquella misma tarde llegan a Versalles en donde tiene sus cuarteles el ej\u00e9rcito regular. Pero al llegar, sor Duf\u00e9s se siente preocupada: \u00bfc\u00f3mo se le habr\u00e1 ocurri\u00addo llevarse a sor Tanguy, dejando a la comunidad sin cabeza, en una situaci\u00f3n tan dif\u00edcil?<\/p>\n<p>De hecho, la comunidad ha reaccionado bien. Ha encontra\u00addo una cabeza para enfrentarse con la situaci\u00f3n dram\u00e1tica&#8230;<\/p>\n<h3><strong>Catalina en el cuartel general<\/strong><\/h3>\n<p>Mientras sor Duf\u00e9s se eclipsaba, \u00abuna hermana\u00bb que el <em>Diario <\/em>de la Comuna mantiene en el anonimato, tuvo la idea genial de tomar la delantera y de dirigirse al cuartel general de los insurrectos de Reuilly. M\u00e1s vale discutir las cosas all\u00ed que en su casa. Y de esta manera se disimula la huida de sor lluf\u00e9s.<\/p>\n<p>\u00bfOui\u00e9n es la hermana an\u00f3nima? Ni sor Tanguy, que acaba de marcharse, ni sor Mauche, que es a\u00fan demasiado joven. Es Catalina, la antigua, responsable ya del hospicio de Enghien j` y suplente de la superiora en su ausencia. El anonimato de las notas de la \u00e9poca se explica muy bien por la discreci\u00f3n que es de rigor cuando se trata de Catalina, cuyo secreto hay que mante\u00adner.<\/p>\n<p>Viene tranquilamente a defender la causa de su superiora ante el nuevo alcalde del distrito XII. Recuerda los tiempos en que tambi\u00e9n su padre era alcalde de Fain. \u00a1Pero aqu\u00ed hay gente elegante con banda roja! \u00a1Para impresionar a gente menos s\u00f3lida que ella!<\/p>\n<p>Esta visita inquieta a los comuneros, preocupados por sus relaciones tensas con las hermanas, a las que apoya la opini\u00f3n p\u00fablica y cuya utilidad reconoce todo el mundo. Catalina se asombra de la facilidad con la que \u00abpudo entrar en aquel santuario\u00bb.<\/p>\n<p>Se encontr\u00f3 ante unos sesenta individuos, sentados unos alrede\u00addor de una mesa y los otros armados de fusil, otros comiendo 0 fumando, todos enfajados de bandas rojas que les sub\u00edan hasta el cuello, escribe la cr\u00f3nica del Diario con cierta exageraci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Comuna est\u00e1 al tanto del asunto. Apenas empieza sor Catalina a defender la causa de sor Duf\u00e9s, la acoge una sarta de invectivas. Ella \u00absufre\u00bb la afrenta sin rechistar, todo el tiempo necesario, en pie y tranquila.<\/p>\n<p>Cuando han vaciado el saco y pregunta: \u00bfMe <em>permiten que me explique?<\/em><\/p>\n<p>Hab\u00eda sabido escoger el momento. Instintivamente Catalina sigue la antigua regla del evangelio: ante los tribunales no preocupaos de lo que vais a decir; el Esp\u00edritu Santo os lo inspirar\u00e1. Se explica \u00abcon decisi\u00f3n y con pocas palabras\u00bb. Su laconismo favorece su causa. Seg\u00fan la cronista, su argumento era el siguiente: La superiora hab\u00eda quedado libre de su responsabilidad, ya que hab\u00eda recibido de la misma Comuna pasaportes con sello oficial para los gendarmes, que, naturalmente, hab\u00edan podido servirse de ellos.<\/p>\n<p>\u00a1Es falso! <em>\u00a1Es falso! <\/em>-gritan-. <em>Adem\u00e1s, nos lo deb\u00edais haber dicho&#8230;<\/em><\/p>\n<p>La sangre borgo\u00f1ona de Catalina arde en sus venas. -;C\u00f3mo? -responde-. \u00bf<em>Nos toca a nosotras hacer de polic\u00eda? Apenas hemos visto un pasaporte, con vuestro sello, \u00bfdebemos sospe\u00adchar de \u00e9l?<\/em><\/p>\n<p>La quieren coger. Pero ella apela al orden y a la regularidad de los prestigiosos papeles de que tanto se honra la Comuna: <em>-\u00a1Mu\u00e9streme su orden de arresto! \u00a1Su mandato!, <\/em>dice con coraje. El comandante del destacamento echa mano del sable: \u00a1<em>Aqu\u00ed est\u00e1 mi orden y mi mandato!<\/em><\/p>\n<p>La rodean varios hombres con la banda roja. Pero uno de los soldados, al que hab\u00eda estado cuidando en el ambulatorio, un hombre de coraz\u00f3n, se levante m\u00e1s pronto que los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Tomando a la hermana con los dos brazos, la aparta de aquellos locos. La agarr\u00f3 tan fuerte, que la hermana todav\u00eda tiene los brazos amoratados, indica la cronista.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 ha sido tratada de un modo brusco.<\/p>\n<p>Pero lo mejor es que puede salir libremente del ayuntamien\u00adto. \u00a1Ha ganado!<\/p>\n<p>Aquella noche pudieron sacar a los dos guardias nacionales que estaban en la casa de Reuilly.<\/p>\n<p>\u00bfVolver\u00e1n los comuneros?, se preguntaban temblando las hermanas. El relato del sable desenvainado les impresiona. Y tambi\u00e9n los brazos \u00abamoratados\u00bb que Catalina tuvo que ense\u00ad\u00f1arles al regresar&#8230;<\/p>\n<p>La Comuna espera durar, tiene, por tanto, que avenirse con las Hermanas que viven tan intr\u00e9pidamente en este barrio.<\/p>\n<h3><strong>Medallas e inseguridad<\/strong><\/h3>\n<p>El 23 de abril se intensifican los combates. Se observa una gran agitaci\u00f3n. Se prepara la batalla para el d\u00eda siguiente. Los comuneros acuden, pero esta vez para pedir medallas Catalina. Las que ella hab\u00eda dado hab\u00edan demostrado su eficacia. Un joven, blasfemo habitual, quiere una. <em>\u00bfAd\u00f3nde va tan corriendo?<\/em><em><sup>,<\/sup><\/em> le dice sor Tranchemer. \u00a1A <em>buscar una medalla! \u00a1Pero si no cree en Dios ni en el diablo! \u00bfPara qu\u00e9 la quiere? Es verdad, pero ma\u00f1ana vamos a luchar. \u00a1Ella me proteger\u00e1! Vaya, pues: esperemos que ella lo convierta: <\/em>responde sor Tranchemer.<\/p>\n<p>El otro est\u00e1 dispuesto a todo para conseguir lo que quiere y Catalina distribuye generosamente las medallas, sin acepci\u00f3n de ideas ni de personas. La Virgen reconocer\u00e1 a los suyos y convertir\u00e1 a los dem\u00e1s. Catalina se f\u00eda de ella.<\/p>\n<p>La vida prosigue en Enghien-Reuilly. Catalina se dedica a sus tareas, m\u00e1s duras todav\u00eda porque ha disminuido el n\u00famero de hermanas en medio de la tormenta. De 33 ahora s\u00f3lo quedan 14.<\/p>\n<p>Es el sofoco con la carga, la cocina, los v\u00edveres, las presiones de la Comuna, la inseguridad de los ancianos y de los ni\u00f1os&#8230; Se ha encontrado la manera de enviar a las mujeres ancianas a Ballainvilliers a casa de sor Mettavent, en una zona tranquila. De los hu\u00e9rfanos algunos han ido a casa de sus familiares, m\u00e1s o menos lejanos, los que los tienen. Pero todav\u00eda quedan unos treinta. \u00bfQu\u00e9 hacer con ellos? El doctor Marjolin, m\u00e9dico del hospital de Santa Eugenia (hoy Trousseau), al ver la situaci\u00f3n, \u00abviene espont\u00e1neamente a ofrecerles su casa de convalecencia de Epinay-sous-Bois (Seine et Marne)\u00bb. Sor Millon se los lleva \u00abal abrigo de todo peligro\u00bb.<\/p>\n<p><em>Estoy <\/em>convencida <em>de <\/em>que debemos a la protecci\u00f3n de la Virgen estos <em>felices <\/em>resultados y que sor Catalina no es extra\u00f1a <em>a <\/em>todo <em>ello: <\/em>dice <em>sor <\/em>Millon en el proceso de canonizaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>C\u00f3mo se cumpli\u00f3 la profec\u00eda<\/strong><\/h3>\n<p>Entretanto en Versalles sor Duf\u00e9s, lejos de sus responsabili\u00addades, se siente devorada por la preocupaci\u00f3n. Al d\u00eda siguiente de su llegada, 11 de abril, comienza la batalla entre versalleses y comuneros. \u00bfQu\u00e9 ocurrir\u00e1 en casa? \u00bfY c\u00f3mo se le habr\u00e1 ocurri\u00addo llevarse al elemento m\u00e1s s\u00f3lido y din\u00e1mico de la comunidad, sor Ang\u00e9lica Tanguy? \u00a1Est\u00e1 dispuesta a volver! Afortunadamen\u00adte sor Tanguy le quita de la cabeza este proyecto suicida. Ser\u00e1 ella la que vuelva a Enghien. Sor Duf\u00e9s acepta, aliviada: <em>Env\u00edeme a sor Clara d&#8217;Aragon. Y si la situaci\u00f3n se prolonga, me ir\u00e9 con ella hacia el sur.<\/em><\/p>\n<p>La familia de sor Clara vive cerca de Toulouse. Les ha ofrecido hospedaje. Fue tambi\u00e9n en Toulouse donde sor Duf\u00e9s fue destinada a la casa Saint-Michel cuando sali\u00f3 del seminario hace 30 a\u00f1os.<\/p>\n<p>El 17 \u00f3 18 de abril sor Tanguy vuelve a la casa de Enghien. Inmediatamente ordena a sor Clara que vaya a Versalles. Sor Duf\u00e9s se march\u00f3 enseguida a Toulouse con su nueva compa\u00f1e\u00adra; lleg\u00f3 el 20 de abril. Estar\u00e1 all\u00ed m\u00e1s de un mes. As\u00ed se realiza la predicci\u00f3n de Catalina.<\/p>\n<p>-Yo no pensaba ya en aquello, dir\u00e1 m\u00e1s tarde sor Duf\u00e9s. Pero luego, aquella relaci\u00f3n me impresion\u00f3 mucho.<\/p>\n<h3><strong>Las ciudadanas<\/strong><\/h3>\n<p>Apenas volver, sor Tanguy reanud\u00f3 la direcci\u00f3n de la escue\u00adla que segu\u00eda funcionando, como pod\u00eda, con el personal que quedaba y con los locales todav\u00eda llenos de heridos. El 18 de abril llegan dos mujeres, ciudadanas con banda roja: <em>Venimos a sustituir a las hermanas.<\/em><\/p>\n<p>Vienen con una misi\u00f3n. Se trata de educar a los ni\u00f1os en el nuevo esp\u00edritu, evitando \u00abtodo cuanto pudiera violentar sus j\u00f3venes conciencias\u00bb. Esto supone que no hay que \u00abhablarles de Dios\u00bb, \u00abquitar el crucifijo, dejar de darles el catecismo\u00bb, etc.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda las ciudadanas no van m\u00e1s all\u00e1. Se marchan diciendo: <em>Volveremos.<\/em><\/p>\n<p>Y no tardan. Una antigua alumna de sor Ang\u00e9lica se presen\u00adta para \u00abocupar el puesto de directora\u00bb. La antigua maestra increpa a la antigua alumna que ha venido a suplantarla: <em>\u00bfC\u00f3mo? \u00bfEres t\u00fa, ciudadana? \u00bfY aceptas t\u00fa ese mandato? \u00bfNo te da verg\u00fcenza?<\/em><\/p>\n<p>Ella no quiere escuchar. Se instala en el pupitre como hab\u00eda visto hacer a sor Tanguy en otros tiempos y se dispone a mandar un deber a las ni\u00f1as. Pero una de ellas se pone de rodillas. Las otras hacen lo mismo: <em>Perd\u00f3n, se\u00f1ora; no hemos rezado. Nuestra maestra nos hac\u00eda empezar siempre as\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, la solidaridad va contra corriente. Las hijas de Mar\u00eda vigilan en la casa para que no roben nada. Van ocultan\u00addo poco a poco lo que parec\u00eda m\u00e1s amenazado.<\/p>\n<p>Las ciudadanas se han convertido en la preocupaci\u00f3n pri\u00admordial. Est\u00e1n all\u00ed para pisar el terreno a las hermanas. Una de ellas es terrible: la \u00abValentin\u00bb, a la que los testigos califican de \u00abmonstruosa\u00bb sin m\u00e1s precisi\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>Catalina y la \u00abmonstruosa\u00bb Valentin<\/strong><\/h3>\n<p>En la segunda quincena de abril dos comuneros armados atraviesan el huerto de Reuilly, entran en el peque\u00f1o comedor de Enghien y preguntan por sor Catalina. Hay all\u00ed dos hermanas con pocas prisas por atenderles. Ellos ponen el rev\u00f3lver bajo la garganta de una de ellas. Sor Tranchemer interviene: \u00a1<em>Desgraciado! \u00a1Esa no es sor Catalina! Gu\u00e1rdese el arma y yo le dir\u00e9 qui\u00e9n es, si me asegura usted que no le har\u00e1 ning\u00fan da\u00f1o. Vengo a buscarla para llevarla a Reuilly. La busca el ciudadano Felipe, pero no le haremos da\u00f1o. Yo mismo la devolver\u00e9.\u00a1Aqu\u00ed est\u00e1&#8230;! Pero gu\u00e1rdese el arma Las hermanas no tienen necesidad de eso para ir, si lo que les piden no va contra su conciencia.<\/em><\/p>\n<p>Las hermanas la ven marcharse, con el coraz\u00f3n en un pu\u00f1o. Hablan de rehenes, de ejecuciones&#8230; Se ponen a rezar, tienen las \u00abventanas abiertas\u00bb y aguardan el ruido de \u00abun disparo\u00bb. Pasan dos horas, que parecieron \u00abmortales\u00bb.<\/p>\n<p>Pero Catalina volvi\u00f3 escoltada por sus dos guardias. Tuvie\u00adron muchas consideraciones con ella. Si la hab\u00edan interrogado, no era por el proceso a las hermanas, sino por la \u00abValentin\u00bb&#8230;, y como testigo de cargo.La Comuna estaba harta de los abusos de aquella exaltada. Y quer\u00eda dar un ejemplo. \u00bfPor qu\u00e9 citar a Catalina? \u00bfAcaso por la confianza que inspiraba? \u00bf0 porque era ella la que m\u00e1s hab\u00eda padecido por culpa de la \u00abciudadana\u00bb?<\/p>\n<p>Lo que el tribunal esperaba era una acusaci\u00f3n firme de aquella hermana que sab\u00eda hablar con justicia. \u00a1Sorpresa! Se erige en testigo de \u00abdescargo\u00bb y excusa a la Valentin. \u00a1Estas monjas desconciertan a todo el mundo! Nunca se sabe de qu\u00e9 lado est\u00e1n. \u00a1Y los jueces tendr\u00e1n que tener misericordia!<\/p>\n<h3><strong>\u00daltima misa en Reuilly<\/strong><\/h3>\n<p>La tarde del 23 de abril, segundo domingo de pascua, el padre Mailly, procurador de San L\u00e1zaro, intr\u00e9pido \u00abmetomento\u00addo\u00bb, viene en busca de noticias. Llevan quince d\u00edas \u00absin misa ni comuni\u00f3n\u00bb. Promete venir al d\u00eda siguiente y cumple con su palabra. Sabe pasar desapercibido seg\u00fan los sectores que atra\u00adviesa. Y all\u00ed est\u00e1 el lunes d\u00eda 24, por la ma\u00f1ana. Su nuevo disfraz hace sonre\u00edr a las hermanas. Parece \u00abun artista decora\u00addor de tercera categor\u00eda\u00bb (sic). Pero trae tambi\u00e9n una sotana envuelta en un paquete. Les celebra la misa, confiesa hasta las 9 y se eclipsa a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hace bien, porque esta misa ha sido descubierta. Adem\u00e1s, dej\u00f3 a las hermanas todo un cargamento de provisiones envia\u00addas por los ingleses para las familias pobres. El reparto comienza poco despu\u00e9s de su marcha.<\/p>\n<h3><strong>Distribuci\u00f3n agitada<\/strong><\/h3>\n<p>\u00abA las 10\u00bb llegan los delegados de la Comuna. Hay m\u00e1s de 200 personas haciendo cola en la calle. Las hermanas han empezado a repartir las provisiones. Por consejo del padre Mailly, deseoso de evitar la aglomeraci\u00f3n, el enfado de los que se quedaran sin nada, les han dicho: <em>Buena gente, \u00a1s\u00f3lo habr\u00e1 para los primeros! <\/em><em>La espera es resignada pero ansiosa. <\/em><em>-\u00a1Detened la distribuci\u00f3n!, ordenan los delegados. Se\u00f1ores, <\/em><em>an\u00fancienlo <\/em><em>ustedes mismos. Las mujeres del barrio nos sacar\u00e1n los ojos si las despedimos con las manos vac\u00edas. -Bien, <\/em><em>dicen los delegados. Dicho y hecho. <\/em><em>\u00a1La comuna requisa todos estos v\u00edveres!, <\/em><em>anuncian.<\/em><\/p>\n<p>Se organiza un l\u00edo tremendo. Los delegados tienen que recurrir a un pelot\u00f3n de guardias nacionales armados para llevarse los toneles de galletas y de salazones. Pero aquel despliegue de fuerzas no soluciona nada. La \u00abirritaci\u00f3n popular\u00bb toma las proporciones de un mot\u00edn. Los delegados renuncian: <em>\u00a1Que siga la distribuci\u00f3n!.Ciudadanos, h\u00e1ganla ustedes mismos, <\/em><em>dicen cort\u00e9smente a las hermanas.<\/em><\/p>\n<p>Aquel honor les halaga. Pero no resulta f\u00e1cil distribuir unos v\u00edveres limitados a un mont\u00f3n de gente hambrienta. Deseando reparar la mala impresi\u00f3n, los reci\u00e9n llegados se muestran amables. Intentan \u00abatender\u00bb a todo el mundo a la vez. De nuevo cunde el desorden: \u00abla calle parece un concierto de gritos y de chillidos\u00bb: \u00a1Esa es una ladrona!, grita un ni\u00f1o, \u00a1es la tercera vez que pasa! despu\u00e9s de dejar en sitio seguro lo que le hab\u00edan dado! La agitaci\u00f3n aumenta. Nadie se entiende. Desbordados, des\u00adga\u00f1itados, los delegados piden consejo a las hermanas para apaciguar a la multitud. Ellas acuden. El orden vuelve con la confianza de la gente. Los delegados se admiran: -\u00bfEs que tienen ustedes muchas escenas de esta clase?, pregun\u00adta uno de ellos al final de la distribuci\u00f3n. -Desde luego, se\u00f1or. Todos los d\u00edas en la cocina econ\u00f3mica -Bien. Les deseo mucha suerte.<\/p>\n<p>Y se van.<\/p>\n<p>Catalina sigue siempre tan mente: -\u00a1Calma! \u00a1No pasar\u00e1 nada!<\/p>\n<p>Y sigue atendiendo a los ancianos y a los heridos. La escasez creciente la aflige, pero consigue que la vayan aceptando sin p\u00e1nico.<\/p>\n<h3><strong>Medallas y bandas rojas<\/strong><\/h3>\n<p>Acude con frecuencia a la calle de Picpus n.\u00b0 12, al lado de Enghien, que hay que vigilar&#8217;. Sus medallas tienen \u00e9xito. Los comuneros de guardia hacen que les releven un momento sus compa\u00f1eros, para venir a buscarlas. Ella se las da a todo el que viene, con unas palabras de est\u00edmulo adaptadas a cada uno.Acude incluso Siron, el jefe de los ocupantes, un antiguo conde\u00adnado a galeras que viene a pedir m\u00e1s. Catalina, no hace acepci\u00f3n de personas. Y aquel bandido sin disimular dice abierta\u00admente: <em>\u00a1Me qued\u00e9 totalmente cambiado! <\/em>Y se convierte en defensor de las hermanas.<\/p>\n<h3><strong>El paroxismo<\/strong><\/h3>\n<p>Lo necesitaban. Porque la lucha entre Versalles y Par\u00eds se fue endureciendo. La violencia se exasperaba en aquellos com\u00adbates desesperados. El 28 de abril un club vota la muerte del arzobispo de Par\u00eds.<\/p>\n<p>En Reuilly se lanzan acusaciones contra las hermanas. La imaginaci\u00f3n se desboca en aquella hora en que era preciso saciar una de las necesidades m\u00e1s antiguas de la sociedad: encontrar chivos expiatorios. Acusan a las hermanas de haber matado a tres mujeres del barrio. Citan a Catalina ante el ciudadano Felipe para un interrogatorio del que sale airosa a fuerza de calma. El 28 llegan unos hombres encolerizados, con los fusiles cargados. Penetran en la sala de la comunidad. Las hermanas, reunidas en n\u00famero de 14, se refugian en el primer piso de la lavander\u00eda, inmediatamente encima. A trav\u00e9s del suelo oyen los gritos y amenazas.<\/p>\n<h3><strong>Vi\u00e1tico<\/strong><\/h3>\n<p>Al d\u00eda siguiente, una de ellas temiendo una profanaci\u00f3n va a buscar el cop\u00f3n de la capilla. Lo deja sobre una mesita, con dos velas encendidas. Con toda paz adoran al Se\u00f1or, atentas a lo que pudiera pasar. El sacerdocio de los fieles recobra sus dimen\u00adsiones en \u00e9poca de crisis.<\/p>\n<p>Abajo, los ocupantes descubren las botellas de vino destina\u00addas para el ambulatorio. \u00bfEstaban en aquella famosa \u00abcueva\u00bb, que ser\u00e1 la \u00faltima morada de Catalina? Aquellas botellas no las hab\u00edan ocultado las hijas de Mar\u00eda. Saltan los tapones. La inspecci\u00f3n estimulada por este hallazgo, sigue en medio de una euforia exaltada, con amenazas de muerte contra las hermanas. Los delegados suben armando ruido. Vacilan ante la puerta de la lavander\u00eda. Se animan mutuamente: <em>\u00bfEntramos?<\/em><\/p>\n<p>Siron est\u00e1 all\u00ed. Los detiene y grita a trav\u00e9s de la puerta: <em>No teman, hermanas. Antes de tocarlas tendr\u00e1n que pasar sobre mi cuerpo.<\/em><\/p>\n<p>All\u00ed arriba, se acuesta delante de la puerta y se queda dormido, bajo el efecto de las libaciones. Los dem\u00e1s le imitan. \u00bfQu\u00e9 hacer? A medianoche, entre el 29 y el 30 de abril, las hermanas comulgan con sus manos. \u00bfEl vi\u00e1tico? Se sienten con fuerzas, como El\u00edas, para caminar 40 d\u00edas y 40 noches. Vuelve el silencio. Entreabren la puerta. Los comuneros est\u00e1n profundamente dormidos. De puntillas saltan sobre los cuerpos tumbados.<\/p>\n<p>Se juntan en la otra parte de la casa y se preparan a marchar. A Catalina le cuesta dejar a sus ancianos. Si por ella fuese, se quedar\u00eda. Pero no es ella la que manda, Hay que obedecer.<\/p>\n<h3><strong>La corona<\/strong><\/h3>\n<p>Antes de abandonar la casa va a arrodillarse por \u00faltima vez ante la estatua de la Virgen. Ma\u00f1ana, primero de mayo, empe\u00adzar\u00e1 el mes de Mar\u00eda: <em>\u00a1Volveremos antes de que acabe el mes!, dice Catalina!<\/em><\/p>\n<p>Las hermanas rezan y entonan un c\u00e1ntico. Ni un solo comunero se atreve a intervenir. \u00a1Ni la \u00abValentin\u00bb! Catalina le quita la corona a la estatua para evitar toda profanaci\u00f3n<em>. <\/em><em>Te la devolver\u00e9: le dice a la Virgen.<\/em><\/p>\n<p>Los ocupantes las dejan marchar despu\u00e9s de haberlas some\u00adtido a un registro minucioso. Vac\u00edan en el suelo sus sacos azules en medio de bromas.<\/p>\n<p>-No os asust\u00e9is. No pasar\u00e1 nada grave: dice sor Catalina a las hermanas.<\/p>\n<h2><strong>3.- El \u00e9xodo<\/strong><\/h2>\n<p>A las 6 de la tarde suben a un \u00f3mnibus. Por el camino observan un ambiente enrarecido. La gente, furiosa contra todo lo que se refiere al clero, insulta a las hermanas.Pero el trayecto es directo y r\u00e1pido. Una hora m\u00e1s tarde, a las 7, llegan a Saint-Denis, a casa de sor Randier.<\/p>\n<h3><strong>Saint-Denis<\/strong><\/h3>\n<p>Felipe Meugniot, el sobrino de Catalina, hab\u00eda pasado aquel mismo d\u00eda por all\u00ed Acaba de marcharse, disfrazado de viajante de comercio, con las manos en los bolsi\u00adllos, sin breviario desde luego, confiado en una especie de pasa\u00adporte extra\u00f1o, que ense\u00f1a a los \u00abultranzas\u00bb.<\/p>\n<p>Con este nombre se designaba a los agentes de la Comuna, \u00abpartidarios de la guerra a ultranza\u00bb contra los alemanes. Catalina estuvo a punto de encontrarse con su sobrino; pero \u00e9l march\u00f3 para Loos, donde estuvo ense\u00f1ando casi sin libros.<\/p>\n<p>Sor Randier las acoge con cari\u00f1o. Hab\u00eda sido la tercera superiora de Catalina en Enghien, de 1852 a 1855. Pero desgraciadamente la administraci\u00f3n s\u00f3lo le autorizaba a alojar a una sola persona.<\/p>\n<p>La comunidad de Reuilly se dispersa, seg\u00fan las ocasiones o relaciones familiares o comunitarias. La mitad ya se hab\u00edan separado antes de llegar a Saint-Denis. Al d\u00eda siguiente, sor Ang\u00e9lica parte para Toulouse al encuentro de sor Duf\u00e9s.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, 1 de mayo, a las 11 no quedan en Saint\u00adDenis m\u00e1s que las dos antiguas, sor Catalina (65 a\u00f1os) y sor Tranchemer (45 a\u00f1os). En medio de la incertidumbre, de la dispersi\u00f3n y las despedidas, Catalina siente que explota en ella todo el cansancio y la tensi\u00f3n acumulada. Piensa en la muerte, con la preocupaci\u00f3n de lo mucho que debe a la Virgen: todo lo que se le ha rehusado a\u00fan. En el momento en que sor Ang\u00e9lica, valiente y joven, va a unirse con sor Dufes y todas las dem\u00e1s se desparraman, ella siente la necesidad de no estar sola, pero quiz\u00e1s tambi\u00e9n la de sostener el esp\u00edritu fr\u00e1gil de sor Tranche\u00admer.<\/p>\n<p>Cuando los versalleses empiezan el bombardeo de la capital, le dice a su compa\u00f1era: <em>Ya estarnos solas, las dos m\u00e1s antiguas. \u00bfQu\u00e9 vamos a hacer<sup>&#8211;<\/sup>? -Sor Randier quiere que nos quedemos. S\u00ed, pero yo sola. Bajan al jard\u00edn: <\/em><em>No <\/em><em>me encuentro bien, le conf\u00eda Catalina. Tengo muchos a\u00f1os. Puedo morirme. Me gustar\u00eda tener una compa\u00f1era a mi lado. \u00bfQuiere seguirme usted? \u00a1Claro que s\u00ed, sor Catalina! \u00a1Estoy a su disposici\u00f3n! -Gracias. <\/em><em>No <\/em><em>nos separaremos.<\/em><\/p>\n<p>Y va a dar las gracias a sor Randier, que les pide se queden a descansar all\u00ed aquella noche.<\/p>\n<h3><strong>Ballainvilliers (2-30 mayo)<\/strong><\/h3>\n<p>El martes. 2 de mayo, las dos hermanas .salen para 13allainvi\u00adlliers. Catalina le dice entonces a su compa\u00f1era: <em>Tengo algo que confiarle para el momento de mi muerte. <\/em><em>No puedo dec\u00edrselo a ninguna hermana extra\u00f1a. Me gustar\u00eda tener una compa\u00f1era para ello&#8230; Ser\u00e1 usted. \u00a1Marchemos, entonces!<\/em><\/p>\n<p>Se pone en camino con una \u00absonrisa\u00bb. Aquel mismo martes, a las 5 de la tarde, las dos quedan \u00abinstaladas en el castillo de Ballainvilliers\u00bb,en casa de sor Mettavent.<\/p>\n<p>Es una mujer decidida, de unos cincuenta a\u00f1os. Ha bregado por el Medio Oriente: Constantinopla. Alejandr\u00eda. Conoci\u00f3 all\u00ed todo lo peor: c\u00f3lera (1865), revueltas, calumnias, un oc\u00e9ano de miserias, una terrible mortandad. Destinada a Ballainvilliers poco antes de 1870, ya ha fundado all\u00ed un asilo de hu\u00e9rfanos, una escuela maternal, una farmacia, adem\u00e1s de la escuela que hab\u00eda cuando llego. Durante la guerra ha organizado dos ambu\u00adlatorios, ha recogido a los ancianos abandonados. Su interven\u00adci\u00f3n ante los prusianos ha salvado a muchos condenados, entre ellos a un padre de familia. Un d\u00eda se encontr\u00f3 con una columna de 300 prisioneros franceses muri\u00e9ndose de hambre y de fr\u00edo y orden\u00f3 requisar por su cuenta en las panader\u00edas todo lo que pudo. Lo distribuy\u00f3 ante los ojos de los prusianos, mudos de admiraci\u00f3n. Al abrirse las puertas de Par\u00eds despu\u00e9s del asedio, march\u00f3 con un carro grande de v\u00edveres para la casa madre, en donde hab\u00eda sido administradora de 1866 a 1868. Los centine\u00adlas alemanes le hab\u00edan dado el alto como a los dem\u00e1s, pero un oficial prusiano la reconoci\u00f3: tom\u00f3 las riendas del caballo y lo hizo pasar con todas sus provisiones. En Ballainvilliers procura salvar ahora a la aldea del pillaje y organiza distribuciones equitativas. Se ha preocupado de ocultar una provisi\u00f3n de trigo, reserv\u00e1ndola para la siembra. Se la dar\u00e1 a los campesinos que han huido, cuando regresen.<\/p>\n<p>Catalina y su compa\u00f1era cooperan con gusto con la valiente superiora de la casa. Es tambi\u00e9n ella la que hab\u00eda acogido hace algunas semanas a las ancianas de Reuilly: era una de las razones que atrajeron all\u00e1 a Catalina. Se encuentra entre personas conocidas.<\/p>\n<p>Le escribe a sor Duf\u00e9s una carta de 8 p\u00e1ginas. Aquella carta, destruida desgraciadamente, ha dejado el recuerdo de una predicci\u00f3n que entonces parec\u00eda no tener sentido: \u00a1toda la comunidad estar\u00e1 en Reuifly para clausurar el mes de Mar\u00eda!.<\/p>\n<p>El mes de mayo va avanzando. Las violencias se exasperan cada vez m\u00e1s.<\/p>\n<p>Los sacerdotes no pueden circular con sotana, so pena de arresto. Los lazaristas se visten de paisano, de \u00abpekin\u00e9s\u00bb, como se dice entonces: <em>Se creer\u00e1 que todo est\u00e1 perdido y cerrar\u00e1n las iglesias, <\/em><em>hab\u00eda dicho sor Catalina.<\/em><\/p>\n<p>El 16 de mayo se derriba la columna Vend\u00f3me en medio de la algazara popular.<\/p>\n<p>El 18 un batall\u00f3n de \u00abvengadores de la Rep\u00fablica\u00bb saquea Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias, sede de una archicofrad\u00eda mundialmente extendida, que tiene como insignia la Medalla milagrosa. Catalina se entera de la noticia: <em>Han tocado a la Virgen. No llegar\u00e1n muy lejos.<\/em><\/p>\n<p>A Cecilia Delaporte, lavandera de Keuilly, una mujer con la que ha tratado muchas veces, le confirma tranquilamente: <em>La sant\u00edsima Virgen guarda nuestra casa. La encontraremos intacta.<\/em><\/p>\n<h3><strong>Muerte del arzobispo<\/strong><\/h3>\n<p>El 21 de mayo las tropas versallesas entran en Par\u00eds por la puerta de Saint-Cloud\u00bb. Empieza una semana de duros comba\u00adtes. Los rehenes tomados por la Comuna se ven amenazados. El arzobispo de Par\u00eds, monse\u00f1or Darboy, es fusilado en la c\u00e1rcel de la Koquette el 24 de mayo, junto con el p\u00e1rroco de la Madeleine, 5 jesuitas, otros 15 sacerdotes y 45 gendarmes.<\/p>\n<p>Catalina hab\u00eda vislumbrado la muerte del arzobispo hac\u00eda 40 a\u00f1os. El padre Chinchon, su confesor, hab\u00eda recogido esta predicci\u00f3n al pasar por Reuilly a finales de marzo. La ten\u00eda consignada en una libreta negra. Al volver a Dax el 19 de mayo confi\u00f3 esta predicci\u00f3n a sus hermanos, por la ma\u00f1ana: 5 d\u00edas antes del fusilamiento de los rehenes, asegura el padre Serpette, joven lazarista (22 a\u00f1os), testigo de aquella conversaci\u00f3n. Im\u00adpresionado por ese anuncio fue a ver aquella misma tarde al padre Chinchon, confesor de Catalina, que hoje\u00f3 con \u00e9l la famosa libreta negra.<\/p>\n<p>Me ley\u00f3 dos l\u00edneas, que predec\u00edan la muerte de monse\u00f1or Dar\u00adboy.Me dijo que los dem\u00e1s sacerdotes ser\u00edan tambi\u00e9n fusila\u00addos&#8230; Corrieron l\u00e1grimas por sus ojos&#8230; Me despidi\u00f3, sin darme la bendici\u00f3n, como suele hacerse al final de la comunicaci\u00f3n espiri\u00adtual. Estaba muy impresionado. A partir de aquel d\u00eda, cuando pod\u00eda hablar con algunos de los padres que le\u00edan el peri\u00f3dico, les preguntaba siempre si hab\u00eda noticias del arzobispo de Par\u00eds. Llegaron por fin, terribles.<\/p>\n<p>Desgraciadamente, esa libreta no ha podido encontrarse, ni siquiera identificarse con exactitud.<\/p>\n<h3><strong>La protecci\u00f3n de la Virgen<\/strong><\/h3>\n<p>El 27 de mayo, sor Tranchemer al volver de Longiumeau ve el resplandor de un incendio en el centro de Par\u00eds. Exclama: -\u00a1&#8217;Par\u00eds est\u00e1 ardiendo! \u00bfQu\u00e9 va a pasar con la casa-madre? Catalina est\u00e1 imperturbable.<\/p>\n<p>-No tema por nuestras casas. La sant\u00edsima Virgen las guarda. No pasar\u00e1 nada.<\/p>\n<p>Sin embargo, la comunidad vive en medio de la tragedia. San L\u00e1zaro ha sido cercado por los guardias nacionales. El 105\u00b0 de Ligne ha instalado un puesto permanente en el locutorio. Los \u00faltimos hermanos lazaristas dejan la capital para irse a Dax. Les gustar\u00eda evacuar tambi\u00e9n a las hermanas del seminario, pero los delegados se oponen a ello durante toda la jornada. A las 10 de la noche es cuando toman el tren para el Berceau de san Vicente, el 27 de mayo.<\/p>\n<p>En la casa madre ya hace varios d\u00edas que no se celebra la misa. El padre Mailly sigue celebrando por diversos sitios; el 24 de mayo se arriesga a pasar el muro de los Incurables (hoy Laennec) para celebrar una misa en la capilla de la Medalla milagrosa.<\/p>\n<p>Los obuses llueven. Uno de ellos cae sobre los muros del Seminario y rebota en la puerta del refectorio de San Jos\u00e9. No explota. Otro penetra en un dormitorio y prende fuego. Un comando se introduce en el hospital de los Incurables y tirotea a la casa. Los federados responden desde la enfermer\u00eda, desde las cocinas, desde el huerto. La superiora general re\u00fane a la comunidad en el obrador de S. Jos\u00e9 y le da sus consignas. En el interior, las hermanas rezan. Fuera los tiros se entrecruzan. El Consejo de estado, las Tuller\u00edas, el Louvre est\u00e1n en llamas. Por la tarde se oyen violentas explosiones: es el polvor\u00edn del Luxem\u00adbourg que salta. El incendio se propaga toda aquella jornada del 24 de mayo, hasta los muelles del Sena. Los combates prosiguen encarnizados, los cad\u00e1veres se acumulan en las aceras. Pero ninguna v\u00edctima entre las hermanas.<\/p>\n<p>Sin embargo, todo es drama, todo es urgencia, todo es incertidumbre. En la calle del Infierno se levanta una barricada junto al asilo de ni\u00f1os exp\u00f3sitos, que dirigen las hijas de la Caridad. Los insurrectos, en posici\u00f3n insostenible, dan la orden de evacuar el asilo porque van a incendiar el edificio. En un cuarto de hora habr\u00eda que llevarse a 700 beb\u00e9s en pleno combate. \u00a1Es imposible! La hermana superiora se pone de rodi\u00adllas ante el comandante. El revoca su decisi\u00f3n diciendo: -Hermana, yo creo en Dios, no quemar\u00e1n su casa.<\/p>\n<p>Da orden a los artilleros que se lleven los ca\u00f1ones que acaban de colocar. Le obedecen. Pero no se revoca impunemen\u00adte una orden desesperada: los insurrectos lo cogen y lo fusilan all\u00ed mismo por haber debilitado la resistencia.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo es que una vez m\u00e1s las hermanas y sus enfermos salen indemnes en la calle del Bac, del Infierno y en los dem\u00e1s sitios:? El 28 de mayo el ej\u00e9rcito de Versalles domina Par\u00eds.<\/p>\n<h2><strong>4. Regreso a Enghien (31 de Mayo)<\/strong><\/h2>\n<p>Sor Duf\u00e9s recibe en Toulouse un telegrama para que vuelva. En Versalles se encuentra con las compa\u00f1eras de Ballainvilliers: con Catalina y sor Tranchemer. Les hubiera gustado volver aquel mismo martes, d\u00eda 30, pero necesitan un permiso y les cuesta tiempo obtenerlo. Se deja la marcha para el d\u00eda siguiente, 31 de mayo.<\/p>\n<p>A las 5 de la ma\u00f1ana asisten juntas a la misa en donde sor Eugenia Mauche, la hermanita de las naranjas al ron, futura superiora general, pronuncia sus votos. Aquella misma ma\u00f1a\u00adna del mi\u00e9rcoles, 31 de mayo, sor Dufes est\u00e1 en Reuilly con toda su comunidad, excepto sor Clara, su compa\u00f1era, que se ha quedado en el sur y no volver\u00e1 hasta el 4 de junio.<\/p>\n<p>Era la cita para el 31 de mayo que Catalina esperaba con confianza II. La estatua del jard\u00edn ha recibido algunos da\u00f1os; la han revestido con una tela roja y est\u00e1 quiz\u00e1s derribada.Es a la Virgen de la \u00abcapilla de Enghien\u00bb a la que Catalina devuelve la corona que quit\u00f3 e130 de abril. No es la estatua lo que importa, sino la que ella representa: <em>Te hab\u00eda dicho, mi buena Madre, antes de finales de mes.<\/em><\/p>\n<p>La casa est\u00e1 en desorden, pero los destrozos son insignifican\u00adtes y las hijas de Mar\u00eda traen los objetos que hab\u00edan recogi\u00addo y Sor Duf\u00e9s piensa en el sue\u00f1o de Catalina y la promesa de Nuestra Se\u00f1ora: <em>Yo guardar\u00e9 la casa. Volver\u00e9is antes de que acabe el mes de Mar\u00eda<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p>Las dos familias de san Vicente se han visto incre\u00edblemente protegidas. Circulan los relatos, innumerables, con acciones de gracias. Aquel mismo a\u00f1o fueron recogidos en gran n\u00famero en la cr\u00f3nica de aquellos tiempos heroicos.<\/p>\n<p>Algunos j\u00f3venes lazaristas se sienten desconcertados, escan\u00addalizados: \u00bfpor qu\u00e9 esta protecci\u00f3n sobre las dos familias de san Vicente, mientras que otros, incluidos religiosos y religiosas han sufrido hasta la muerte? El padre Fiat tendr\u00e1 que derrochar ingenio para tranquilizar a aquellos frustrados de la cruz.<\/p>\n<p>Se les comprende, ya que la paz que vuelve es dura y violenta.<\/p>\n<p>En Reuilly algunos comuneros heridos han quedado instala\u00addos en el dormitorio de los hu\u00e9rfanos trasformado en ambulato\u00adrio, para ser curados all\u00ed. Pero mientras se espera un juicio inexorable, sor Dufes los conf\u00eda a sor Mauche (25 a\u00f1os), muy famosa entre los enfermos durante el hambre por su \u00abbuen chocolate y su buen caf\u00e9 con leche\u00bb&#8230; y su buen coraz\u00f3n. Se siente con energ\u00edas despu\u00e9s de los votos que ha hecho esa misma ma\u00f1ana en la misa, antes de volver a Reuilly.<\/p>\n<p>Cuando le conf\u00edan a los enfermos, le dicen cu\u00e1l es la suerte que les espera. Hay unos treinta. Estaba un poco asustada de sus rostros desconfiados y hostiles, de sus miradas ansiosas. Y ahora la oprime un temor m\u00e1s hondo todav\u00eda, m\u00e1s irremedia\u00adble. \u00bfOu\u00e9 hacer? Recurre a sor Catalina que hab\u00eda repartido tantas medallas entre los insurrectos: <em>\u00bfLe quedan todav\u00eda?<\/em><\/p>\n<p>Recibe un pu\u00f1ado de medallas y unas palabras de aliento: -Vaya, hermana, no tenga miedo.<\/p>\n<p>Sor Eugenia tiene miedo de provocar a los blasfemos y de precipitar la impenitencia final. Espera durante dos d\u00edas el momento favorable. Una tarde se le ocurre una idea. Re\u00fane todo su valor: <em>Amigos, tengo que pedirles una \u00bfQu\u00e9 quiere usted? Permiso para rezar una. R\u00e9cela.<\/em><\/p>\n<p>Adivinan muy bien la suerte que les aguarda. Se han quitado la gorra y la han dejado sobre la cama. Sor Eugenia empieza con fervor, pero al final del Padrenuestro estalla en sollozos. Todos la miran, sorprendidos: <em>Mis pobres amigos, \u00a1es ma\u00f1ana!<\/em><\/p>\n<p>Se hace el silencio. La emoci\u00f3n es tal que la hermana no se atreve a ofrecerles la medalla. En una habitaci\u00f3n cercana va ensart\u00e1ndolas cada una en un cord\u00f3n. Llega la noche. Sigue rezando y cari\u00f1osamente va dejando una medalla en cada almohada.<\/p>\n<p>Cuando deja el dormitorio a las 4 de la ma\u00f1ana para ir a misa, los heridos duermen. Las medallas siguen sobre la almo\u00adhada de cada uno. Cuando vuelve, se la han colgado al cuello; se la ense\u00f1an y le dan las gracias. Entretanto se han confesado, a propuesta de sor Duf\u00e9s. Ha venido un sacerdote; es un antiguo reh\u00e9n de la Comuna. Se ha retirado profundamente edificado.<\/p>\n<p>A las 7 de la ma\u00f1ana vienen unos coches y unos carros para llev\u00e1rselos a Versalles. Est\u00e1n tranquilos. Dan gracias a las hermanas. Fueron ejecutados todos.<\/p>\n<p>El ej\u00e9rcito versall\u00e9s hab\u00eda perdido 877 hombres. Fusil\u00f3 a 20.000 por la calle s\u00f3lo durante la semana sangrienta (21-28 de mayo); detuvo a 38.578 sospechosos, entre ellos a 1.064 mujeres y a 614 ni\u00f1os. La vida se reanud\u00f3 en medio de un ba\u00f1o de sangre.<\/p>\n<p>En Enghien-Reuilly las hermanas ponen en orden la casa. Se reanudan las clases. Catalina vuelve con sus ancianos. Ellos no la han olvidado. Durante el mes de mayo repet\u00edan a menudo a los ciudadanos enfermeros: <em>Nosotros haremos lo que hac\u00eda sor Catalina.S\u00f3lo le quedan 6 a\u00f1os de vida. <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1.- La guerra de 1870 El 19 de julio de 1870 el emperador declara la guerra a Prusia. Los franceses que so\u00f1aban todav\u00eda con la epopeya napole\u00f3nica se sienten llenos de exaltaci\u00f3n. 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