{"id":53173,"date":"2019-07-11T08:00:58","date_gmt":"2019-07-11T06:00:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-5-la-estacion-de-los-frutos-1836-1869\/"},"modified":"2019-06-07T09:08:56","modified_gmt":"2019-06-07T07:08:56","slug":"vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-5-la-estacion-de-los-frutos-1836-1869","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-5-la-estacion-de-los-frutos-1836-1869\/","title":{"rendered":"Vida de Catalina Labour\u00e9 (Ren\u00e9 Laurentin): 5. La estaci\u00f3n de los frutos (1836-1869)"},"content":{"rendered":"<p>Los a\u00f1os que van desde los votos de Catalina y su proceso por contumacia (1836) hasta la guerra y la Comuna (1871) no han llamado mucho la atenci\u00f3n de los historiadores. Es como si se tratase de una \u00e9poca de bruma. Sin embargo, son a\u00f1os de plenitud en su vida, la estaci\u00f3n de los frutos.<\/p>\n<h3><strong>En el <\/strong><strong>centro de la fuente medicinal<\/strong><\/h3>\n<p>\u00bfEs acaso la \u00e9poca dichosa de las personas sin historia? Ser\u00eda un error imagin\u00e1rselo. Su apariencia de mujer robusta, capaz de enfrentarse con cualquier cosa, se ve desmentida por una carta del 11 de junio de 1841 en la que sor Cany le muestra su compasi\u00f3n: <em>Se encuentra usted en el centro de la ciencia m\u00e9dica sin poder obtener de ella ning\u00fan alivio.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed pues, Catalina se encuentra hospitalizada con unos dolores ci\u00e1ticos\u00bb que es imposible remediar. Es extra\u00f1o. \u00bfC\u00f3mo compaginar este dato con su eficacia en tantos frentes? Su sobrina Leonia Labour\u00e9, que la visita con frecuencia a partir de 1850 \u00a0confirma este dato m\u00e9dico y nos explica c\u00f3mo logr\u00f3 resolver este problema a pesar de sus dolores:<\/p>\n<p>Le dol\u00edan las rodillas; es una enfermedad familiar que yo tambi\u00e9n sufro. Cuando intent\u00e1bamos quejarnos, ella respond\u00eda que no era nada y que mientras pudiera trabajar pod\u00eda sentirse feliz.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se dio cuenta sor d&#8217;Aragon. \u00abBajo una apariencia de buena salud sufr\u00eda continuamente y nadie lo notaba\u00bb.<\/p>\n<p>El que siembra con l\u00e1grimas, cosecha en la alegr\u00eda. As\u00ed pues, visitemos los huertos de Catalina, extra\u00f1amente variados, desde los m\u00e1s pegados al suelo hasta los m\u00e1s secretos.<\/p>\n<h2><strong>1. El huerto terreno de Revilly<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Una nueva granja<\/strong><\/h3>\n<p>Est\u00e1 en primer lugar el huerto que Catalina cultiva entre la calle de Picpus y la calle de Reuilly. A este huerto lo va ella transformando poco a poco en una peque\u00f1a granja en donde prosperan los animales. Probablemente fue ella la que introdujo la cr\u00eda de palomas, poco corriente en la regi\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>Vacas y cuentas<\/strong><\/h3>\n<p>Fue ella la que prepar\u00f3 el establo, donde habr\u00e1 dos vacas permanentemente y tres a veces. La primera la compr\u00f3 el 19 de marzo de 1846: 480 francos; pero fue preciso cuidarla mucho, porque se puso enferma. La recupera el 18 de abril y la revende por 260 francos; total, 220 francos de p\u00e9rdida. Todo est\u00e1 anotado y registrado.<\/p>\n<p>No se desanima. El 10 de mayo compra una segunda vaca por 310 francos y la revende en octubre, esta vez con 10 francos de beneficio. Entretanto, la vaca n.\u00b0 2 ha dado 1247 cuencos de leche (casi otros tantos litros, porque en Par\u00eds el cuenco de leche son 0,93 litros). Es estimulante.<\/p>\n<p>Pero los problemas vuelven con la tercera vaca. Catalina la compr\u00f3 por 400 francos aquel mismo d\u00eda y tuvo que venderla en octubre del a\u00f1o siguiente por 240 francos: casi a mitad de precio; la p\u00e9rdida se compens\u00f3 con una producci\u00f3n de 2.436 cuencos. Con las vacas siguientes hubo m\u00e1s bien p\u00e9rdidas; por t\u00e9rmino medio, unos 100 francos con cada una.<\/p>\n<p>Con la vaca 14\u00aa<sup>,<\/sup> la situaci\u00f3n se enderez\u00f3. Catalina la compra el 19 de agosto de 1851 por 420 francos y la revende cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde, el 31 de marzo de 1857, con 30 francos de beneficio. De 1852 a 1861 las cosas se van manteniendo m\u00e1s o menos bien. Si Catalina revende con p\u00e9rdida, el d\u00e9ficit es peque\u00ad\u00f1o. Con la vaca 18.<sup>a<\/sup> gan\u00f3 40 francos el 1 de junio de 1855. La 24\u00aaI se vendi\u00f3 al mismo precio de compra. Pero despu\u00e9s, los disgustos se precipitan. Los precios suben notablemente: de 300 \u00a0\u00f3 400 francos suben a 500 \u00f3 600 francos: francos-oro. La vaca comprada por 500 francos el 21 de enero de 1860 se vende el 26 de noviembre del mismo a\u00f1o \u00abpor cosas de enfermedad, \u00a1pero a mitad de precio! La 30\u00aa y \u00faltima vaca, valorada el 1 de noviembre por 580 francos se vende el 13 de octubre de 1862 por 120 francos menos.<\/p>\n<p>La nueva superiora que lleg\u00f3 el 18 de octubre de 1860, sor Dufes, empieza a preocuparse. El establo grava sobre un presupuesto limitado. \u00a1Las hijas de la Caridad no son el ministerio de Hacienda! Sor Duf\u00e9s no est\u00e1 contenta. Pide cuentas y Catalina pone en l\u00ednea sus n\u00fameros. Est\u00e1 en perfecto orden. Pero el orden pone de manifiesto la amplitud del d\u00e9ficit. En 17 a\u00f1os Catalina\u00a0 ha perdido 3.655 francos en las adquisiciones y ventas de vacas. Buena granjera, pero mala chalana. En Fain aquello lo llevaba su padre, que no la inici\u00f3 en el secreto: Catalina es \u00a0demasiado recta para jugar a este juego: vende m\u00e1s barato que compra. Si la cosa sali\u00f3 bien con la vaca 18\u00aa, fue por casualidad. Y Catalina estaba tan orgullosa de aquello que no pudo ocultarlo en su libro de cuentas, donde termina el curriculum vitae de aquel animal con una nota de lirismo ins\u00f3lito (entre l\u00edneas) \u00abesta vaca produjo 16.302 cuencos de leche en 5 a\u00f1os y 8 meses\u00bb. Le cost\u00f3 tanto separarse de aquel animal ya viejo que al chal\u00e1n le dio la impresi\u00f3n de que se trataba de un verdadero tesoro. Y as\u00ed al menos una vez vendi\u00f3 por encima de su precio una vaca a punto de morir.<\/p>\n<h3><strong>No hubo 31.a<\/strong><\/h3>\n<p>Catalina no dimiti\u00f3 a la hora de presentar cuentas a sor Duf\u00e9s en 1862. Adelant\u00e1ndose a sus proyectos ya hab\u00eda escrito en su cuaderno: \u00ab31\u00aa vaca comprada el&#8230;\u00bb. Estas palabras han quedado en suspenso en la p\u00e1gina en blanco. Sor Duf\u00e9s es inflexible. Catalina obedece. A\u00f1ora aquella leche fresca, que tanto apreciaban los ancianos y que no se contabilizaba.<\/p>\n<p>No por eso se encuentra en paro. En su libro de cuentas siguen apareciendo los cerdos y los conejos hasta el a\u00f1o 1875.<\/p>\n<p>A partir de 1861 vemos tambi\u00e9n aparecer un caballo, luego algunos m\u00e1s. Conocemos el nombre de uno de ellos, \u00abBib\u00ed\u00bb, un tanto caprichoso. De \u00e9l nos cuenta sor Levacher: <em>Un d\u00eda \u00edbamos en coche a la casa madre, en la calle del Bac; sor Vincent quer\u00eda pasar por las calles principales.<\/em><\/p>\n<p><em>Al caballo le era m\u00e1s f\u00e1cil ir por all\u00ed; adem\u00e1s sab\u00edamos que no era muy d\u00f3cil. A sor Catalina, por el contrario, le habr\u00eda gustado que fuera por otro camino. Por qu\u00e9 motivo: No puedo decirlo exactamente. De lo que me acuerdo es que le dijo a sor Vincent con un poco de terquedad:<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Vaya! Le gusta a usted que la gente vea a su \u00abBib\u00ed\u00bb. \u00a1S\u00ed que es apuesto este \u00abBib\u00ed\u00bb! <\/em><\/p>\n<p>Las aves siguen siendo el principal trabajo de sor Catalina. Lo mismo que en Moutiers, vende pollos para sacar adelante la granja. Los huevos, al parecer, se dedican por entero al consu\u00admo de la casa. No va mal el negocio. En 1861, las 39 gallinas han puesto 2.626 huevos.<\/p>\n<p>El palomar es m\u00e1s abundante. En 1864 Catalina vende nada menos que 313 palomas. Si en 1867 y 1868 las ventas bajan a 194, en 1870 vuelven a subir a 257.<\/p>\n<h3><strong>Balance<\/strong><\/h3>\n<p>\u00bfGan\u00f3 la comunidad con la granja de sor Catalinar Podemos decir que s\u00ed, en conjunto. Si perdi\u00f3 con la venta de las vacas, \u00e9stas dieron a la casa 97.258 cuencos de lecha, que a 50 c\u00e9ntimos son 48,629 francos, lo cual \u00a0supera el total de las p\u00e9rdidas (gastos de piensos: 33.859 francos).<\/p>\n<p>La cr\u00eda de palomas es tambi\u00e9n positiva para los 14 a\u00f1os 1861-1874, en los que se contabilizan 3.656, 85 francos de venta. Es decir, un beneficio de 1.195, 85 francos.<\/p>\n<p>La explotaci\u00f3n del gallinero tambi\u00e9n parece positiva para los 4 a\u00f1os contabilizados (1861-1864). La alimentaci\u00f3n y mantenimiento fueron 900 \u00a0francos de gasto; el valor de los huevos por\u00a0 s\u00ed solo es de 775 francos, y el de los pollos vendidos 203, 50 francos&#8230;. sin contar los que se comieron.<\/p>\n<p>Estas columnas de cifras que resumen en una o dos p\u00e1ginas un a\u00f1o de actividades granjeras le divierten a sor Duf\u00e9s. Pero Catalina que aprendi\u00f3 bastante tarde la contabilidad, sabe que est\u00e1 administrando el bien de !os pobres y que, seg\u00fan san Vicente, una hija de la Caridad tiene que saber dar muy bien cuenta de ello.<\/p>\n<p>Un recuerdo que nos refiere sor Olande da un puco de sabor a este relato de la vida cotidiana:<\/p>\n<p>Una tarde, la hermana de la cocina se hab\u00eda olvidado de hacer la sopa. Lleg\u00f3 la hora de la comida y entonces la hermana grit\u00f3: \u00a1Ay, Dios m\u00edo! \u00a1Si no he hecho la sopa!<\/p>\n<p>Sor Catalina, sin gritar, le dice con calma: <em>No se preocupe, hermana: acabo de orde\u00f1ar las vacas: ya ver\u00e1 qu\u00e9 contentos se ponen de tener esta noche leche fresca.<\/em><\/p>\n<p>Esta hermana era precisamente [sor Vincent, la cocinera ahorradora] la que le hac\u00eda sufrir.<\/p>\n<h2><strong>2.- <\/strong><strong>Servicios de otra clase<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Los ancianos<\/strong><\/h3>\n<p>No contenta con \u00abproducir\u00bb como una buena campesina, Catalina sirve tambi\u00e9n en otros frentes.<\/p>\n<p>Tras las primeras armas en la cocina y luego en la lavander\u00eda sigue todav\u00eda echando all\u00ed una mano y cooperando en los trabajos pesados durante el tiempo de recreo. Pero su principal funci\u00f3n son los ancianos.<\/p>\n<p>Catalina es firme, imparcial, sabe mantener el orden y adelantarse a todo posible altercado. Y sobre todo los quiere y es querida por ellos. Su \u00abdefecto\u00bb en este servicio que se considera dif\u00edcil, en que hay que v\u00e9rselas con antiguos guardas jurados mayordomos, camareros, porteros, nost\u00e1lgicos de sus libreas doradas, es que nunca se enfada con ellos, dice sor Duf\u00e9s. Acuesta al borracho incorregible que ha perdido la cabeza y aguarda al d\u00eda siguiente para hacerle razonar. Y cuando \u00e9ste le pide perd\u00f3n, ella le dice: <em>No es a m\u00ed a quien tienes que pedir perd\u00f3n, sino a Dios.<\/em><\/p>\n<p>Es buena incluso con los m\u00e1s desagradables, como si los \u00abmalos\u00bb (como se dec\u00eda entonces) tuvieran derecho a atencio\u00adnes especiales, a ser un poco los preferidos. Los ve\u00eda tal como eran: heridos que ped\u00edan ayuda y se daban con la frente en la pared y re\u00f1\u00edan con todos, como ni\u00f1os a los que hay que dar \u00e1nimos y hacer que confiaran en s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>No es que supiera \u00abcondescender\u00bb. No, tiene el sentido de la justicia, Est\u00e1 pronta a reaccionar si las cosas se salen de ella.<\/p>\n<p>Les serv\u00eda la comida con generosidad y no se cansaba de repetir: \u00bfTiene bastante?<\/p>\n<p>Qu\u00e9 alivio para aquellos ancianos, siempre temerosos de que les faltase algo! \u00bfPsic\u00f3logo Catalina? Buena ante todo, porque no calculaba sus efectos.<\/p>\n<p>Cuando uno de ellos no toleraba alguna clase de alimentos, procuraba buscarle otros. El servicio a los ancianos iba asociado a la responsabilidad de su residencia. Catalina organizaba este servicio y acud\u00eda normalmente en sus horas libres o cuando le tocaba realizarlo sin interrupci\u00f3n desde las 7 de la ma\u00f1ana a las 7 de la tarde. Manten\u00eda aquel sitio limpio y sobrio, sin cachivaches, como una celda mon\u00e1stica.<\/p>\n<h3><strong>Los <\/strong><strong>pobres<\/strong><\/h3>\n<p>Seg\u00fan sus compa\u00f1eras, amaba \u00absobre todo a los pobres\u00bb, que eran para ella los miembros doloridos de Jesucristo.<\/p>\n<p>Para con ellos, lo mismo que para con los ancianos, hab\u00eda asimilado espont\u00e1neamente aquel consejo de san Vicente:<\/p>\n<p>La verdad es que, nunca han sido los designios de Dios al hacer esta Compa\u00f1\u00eda, que s\u00f3lo cuidar\u00e9is los cuerpos&#8230; La intenci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or es que atend\u00e1is tambi\u00e9n a las almas de los pobres enfermos.<\/p>\n<p>Era un gozo para ella dar limosnas, dice sor Maurel.<\/p>\n<p>Nadie se ha quejado de la acogida que le hac\u00eda (dice sor Combes).<\/p>\n<h3><strong>La Negra<\/strong><\/h3>\n<p>Un d\u00eda, por el a\u00f1o 1860, llama a la puerta llorando una pobre mujer, de unos cincuenta a\u00f1os: <em>\u00a1Blasina! <\/em>dice Catalina abraz\u00e1ndola.<\/p>\n<p>Era una antigua compa\u00f1era de los a\u00f1os de seminario, sor Lafosse. Su misticismo hac\u00eda creer en su vocaci\u00f3n, pero pronto empez\u00f3 a manifestarse como irremediablemente obstaculizada por su psiquismo desastroso. Sus impulsos de buena voluntad terminaban en olvidos, reyertas, desconfianzas, palabras hirien\u00adtes que tampoco perdonaban a Catalina. Ten\u00eda adem\u00e1s per\u00edodos c\u00edclicos de exaltaci\u00f3n y de depresi\u00f3n, de euforia y de melancol\u00eda. Mientras Catalina se hab\u00eda afincado en Enghien, Blasina hab\u00eda recorrido en un cuarto de siglo nada menos que 14 casas: \u00a1todo un record! Por dos veces hab\u00eda salido de las Hijas de la Caridad para volver catastr\u00f3ficamente; la tercera vez, ya sin remedio, fue el 14 de abril de 1855. Estaba viviendo como una mendiga. Catalina no se hace la desentendida. Acude convincente a la superiora y logra que la recojan.<\/p>\n<p>No por ello se lo agradece Blasina. S\u00f3lo recibe quejas<em>. <\/em><em>\u00a1Esa mujer ha perdido la cabeza! \u00a1No le funciona el cerebro!,<\/em> comprueban las hermanas a vista de sus desprop\u00f3sitos.<\/p>\n<p>Catalina no se hace ilusiones, pero procura acallar las quejas y sostiene a Blasina con todas sus fuerzas. Es la \u00fanica que puede influir en la que todos llaman \u00abla Negra\u00bb por su mal humor y los frutos de su actividad. S\u00f3lo Catalina puede conven\u00adcerla para que coma en los momentos de depresi\u00f3n cuando rechaza todo alimento, porque Blasina sabe que ella es la vidente de la medalla. Y lo repite (\u00a1en secreto!) a todo el mundo cuando Catalina ha vuelto la espalda. Eso no facilita precisa\u00admente el mantenimiento del inc\u00f3gnito.<\/p>\n<h2><strong>3.- El huerto familiar<\/strong><\/h2>\n<p>Catalina no ha perdido el contacto con los suyos. En una gran familia siempre hay alegr\u00edas, pero tambi\u00e9n preocupacio\u00adnes. Ella las comparte siempre con eficacia.<\/p>\n<p>El 18 de julio de 1835 se casa su tercer hermano, Santiago, y se viene a vivir a Par\u00eds. En adelante visitar\u00e1 a Catalina dos o tres por a\u00f1o. Le trae a sus peque\u00f1as, Luisa y luego Leonia, nacida en 1842, que ser\u00e1 m\u00e1s tarde testigo en el proceso de canonizaci\u00f3n&#8217;.<\/p>\n<p>El 11 de septiembre de 1838 es Tonina, la valiente compa\u00ad\u00f1era de Fain, la que se casa. Algo tarde. Tiene cerca de 30 a\u00f1os. El cuidado de su padre la manten\u00eda en la granja, en esta aldea donde se encuentra novio f\u00e1cilmente. Tambi\u00e9n la hab\u00eda tocado cuidar de Augusto, el m\u00e1s peque\u00f1o, ahora de 29 a\u00f1os, pero siempre d\u00e9bil y raro de car\u00e1cter. Finalmente se cas\u00f3 con Claudio Meugniot, comerciante de madera en Viserny. Catalina a alegra por su hermana, pero le preocupa su padre y el hermanito, procura que se alojen con Antonio, que se queda con la casa familiar y con todas sus responsabilidades. Nueve meses m\u00e1s tarde, el 14 de junio de 1839, Catalina recibe la noticia del nacimiento de Mar\u00eda Antonieta, la hija mayor de Tonina, con la que pronto tendr\u00e1 relaciones privilegiadas.<\/p>\n<h3><strong>Muerte<\/strong><strong> del padre<\/strong><\/h3>\n<p>El padre sobrevivi\u00f3 s\u00f3lo seis a\u00f1os a la marcha de Tonina, en una casa que se hab\u00eda quedado triste y abandonada. Muere el 19 de marzo de 1844. Jos\u00e9, otro hermano de Par\u00eds, avisado por Antonio, le escribe a Catalina tres d\u00edas m\u00e1s tarde: <em>Estaba muy enfermo&#8230; Lo enterraron ayer jueves, 21 del corrien\u00adte. Como no pudimos asistir a sus \u00faltimos momentos, nuestra intenci\u00f3n es hacer que le digan una misa y reunirnos en familia. Ya te avisar\u00e9 el d\u00eda&#8230; <\/em><\/p>\n<p>Catalina no hab\u00eda calculado el abandono de su padre, muerto de soledad. Lo llevaba muy hondo en el coraz\u00f3n. Y sali\u00f3 a flor como un grito, el 15 de septiembre de aquel mismo a\u00f1o 1844, cuando Mar\u00eda Luisa, la hija mayor, salida de las hijas de la Caridad, le habla de su proyecto de volver a Fain, \u00abpara ocupar\u00adse de Augusto\u00bb. \u00bfVolver ahora a Fain despu\u00e9s de morir el padre? \u00a1Eso s\u00ed que no! La vivacidad de Catalina nos revela su herida:\u00a0 <em>Me parece muy bien eso de cuidar del hermano y todo el mundo lo aprobar\u00e1. Pero tambi\u00e9n habr\u00eda aprobado, hace 10 a\u00f1os, cuando te saliste de la comunidad, que acudieras a rendir los \u00faltimos servicios que se rinden en la vejez a un padre afligido como era el nuestro en su ancianidad&#8230;, muerto lejos aunque en su familia, abandonado en su misma familia. La gente habr\u00eda aplaudido que hubieras ido a rendirle los \u00faltimos deberes que un hijo rinde a sus padres en el momento de morir&#8230;, sobre todo cuando se tiene la libertad que t\u00fa ten\u00edas.<\/em><\/p>\n<p>Catalina que hab\u00eda dejado con la muerte en el alma el servicio de su padre, ha envidiado esa \u00ablibertad\u00bb, la \u00fanica vez de su vida. No te sorprendas -concluye- si no eres bien vista en la familia y no esperas ser bien recibida.<\/p>\n<p>Catalina conjuga aqu\u00ed su doble pena: el abandono del padre y la vocaci\u00f3n rota de su hermana mayor; dos desgracias que no han podido encontrarse para apoyarse mutuamente.<\/p>\n<h3><strong>\u00bfVolver\u00e1 Mar\u00eda Luisa?<\/strong><\/h3>\n<p>La carta prosigue todav\u00eda, ya que Mar\u00eda Luisa le propon\u00eda a Catalina ir a verla a Enghien. Ese proyecto choca con las reglas de la comunidad respecto a las que la han \u00abdejado\u00bb. \u00bfAd\u00f3nde quiere ir Catalina? Despu\u00e9s de decir a Mar\u00eda Luisa que no vuelva a Fain, ahora le dice que no venga al hospicio de Enghien.<\/p>\n<p>Mi querida amiga, en cuanto a tu proyecto de venir a verme, ser\u00eda poco conveniente porque te conoce la mayor parte de las hermanas de la casa. No te aconsejo que vengas. Me dices que te costar\u00e1 un sacrificio tener que dejarme. Cre\u00eda que ese sacrificio lo hiciste ya hace 10 a\u00f1os y cre\u00eda que lo hiciste con alegr\u00eda. No cre\u00eda que hubiera que hacerlo m\u00e1s. Yo s\u00ed que <em>he hecho <\/em>ese sacrificio, <em>que <\/em>me ha costado mucho, pues Dios sabe la pena que sent\u00ed. \u00a1S\u00ed, solo Dios y Mar\u00eda nuestra Madre lo saben! \u00a1Y ahora de nuevo se renueva esta penal<\/p>\n<p>Catalina habla tambi\u00e9n aqu\u00ed a trav\u00e9s de su herida: la misma. La muerte del padre, lejos y abandonado, despierta en ella el recuerdo de aquella muerte al padre por la que tuvo que pasar para seguir su vocaci\u00f3n. Esto levanta desde el fondo de su alma el sentimiento de la duraci\u00f3n que est\u00e1 en el fondo de la filosof\u00eda campesina: <em>Entonces todav\u00eda pensaba que volver\u00edas a entrar en una comuni\u00addad. Pero veo que el tiempo pasa y ya ha pasado. S\u00ed, el tiempo pasa todos los d\u00edas&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Catalina ha ido contando esos 10 a\u00f1os desde su marcha en 1834. Que su hermana se haya visto calumniada, que haya sabido solucionar sus problemas hasta colocarse honorable mente como institutriz en Par\u00eds, en eso no entra. No se resigna a ese presente.<\/p>\n<p>El tiempo pasado ya no es nuestro, el presente s\u00ed que lo es, y el porvenir todav\u00eda no. Aprovech\u00e9monos de \u00e9l, d\u00e9monos a Dios y totalmente a Dios, sin compartir con nadie. Te recuerdo la carta que te escrib\u00ed hace 6 a\u00f1os luna carta perdida), donde te hac\u00eda las mejores propuestas. Las rechazaste todas, todas. Y ahora vuelvo a ponerlo todo en manos de Dios y de la sant\u00edsima Virgen, tu patrona. Te encomiendo a la sant\u00edsima Virgen como a una tierna Madre&#8230; \u00a1Que ella te tome bajo su protecci\u00f3n! Te ruego que pidas por m\u00ed. Adi\u00f3s para el tiempo y quiz\u00e1s para siempre.<\/p>\n<p>\u00bfSe trata acaso de una ruptura? \u00bfAd\u00f3nde quiere llegar Catalina? No lo sabe ella misma. En esto ella es dirigida, m\u00e1s que llevar la direcci\u00f3n, dividida entre los continuos fracasos y lo indesarraigable, entre las reglas de la comunidad y de esperan\u00adza. \u00a1No! No se resigna a una ruptura. Y reacciona enseguida: <em>Hay que ESPERAR que volvamos a vernos, pero \u00bfcu\u00e1ndo?<\/em><\/p>\n<p>La objeci\u00f3n procede de la disciplina. Y vuelve sobre ello: <em>Ya sabes que, cuando se sale una persona de la compa\u00f1\u00eda, no se tiene ya trato con las personas que salieron. T\u00fa conoces nuestras santas reglas. Y ahora m\u00e1s que nunca se renueva en la comuni\u00addad el fervor, como en tiempos de san Vicente&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Y propone finalmente la soluci\u00f3n que se le ha ocurrido, con cierta pena&#8230; y sin presionar: <em>Nuestra buena madre me encarga que te diga mil cosas de parte suya. Sigue estando dispuesta a hacerte todos los servicios que pueda y en cualquier ocasi\u00f3n puedes contar con su bondad. Te sigue queriendo y le agradar\u00eda servirte en algo. Si entretanto tienes algo que comunicarnos, puedes venir cualquier d\u00eda de la semana, excepto el jueves pr\u00f3ximo. Ya sabe cu\u00e1les son las horas libres. Dinos el d\u00eda y la hora que puedes venir a la comunidad de las Damas blancas, en la calle de Picpus n.\u00b0 15&#8230; En el fondo del patio hay una capilla, donde puedes esperarnos. Haz el favor de decirle al hermano que nos esperas a la superiora y a m\u00ed. Adi\u00f3s, mi buena hermana, te abrazo de todo coraz\u00f3n y soy toda mi vida tu devota hermana&#8230;<\/em><\/p>\n<p>El orgullo de Mar\u00eda Luisa reaccion\u00f3 mal ante esta carta. Su aspecto negativo endureci\u00f3 su actitud. Se march\u00f3 a Fain a cuidar del hermano. \u00a1All\u00ed fue donde Dios y la caridad acabaron sali\u00e9ndose con la suya!<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 seguridad sigue moviendo a Catalina? Insiste. Escribe de nuevo el 29 de septiembre. Acaba de leer aquella carta inflamada que Mar\u00eda Luisa le hab\u00eda enviado en 1829, entusiasmada por su vocaci\u00f3n: un himno entusiasta a la vida de las hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Catalina copia aquella carta y env\u00eda el original a Mar\u00eda Luisa para que se enfrente con ella misma tal como era cuando Dios hablaba as\u00ed en ella. La tensi\u00f3n es bastante fuerte para que Catalina dude entre el t\u00fa y el usted al dirigirse a su hermana, doblemente hermana como hija de Pedro Labour\u00e9 y de san Vicente, un mes despu\u00e9s de la elecci\u00f3n del padre Etienne que da nuevos impulsos a las dos familias espirituales: <em>Te env\u00edo una carta que sin duda le agradar\u00e1. Me la escribi\u00f3 usted cuando deseaba entrar en nuestra comunidad&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Los buenos consejos que entonces me dio apl\u00edqueselos a usted misma y medite bien esas palabras&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Si en estos momentos una persona fuera lo suficientemente poderosa para ofrecerme, no ya un reino, sino todo el universo, mirar\u00eda todo eso como el polvo de mis zapatos, pues estoy convencida de que no encontrar\u00eda en la posesi\u00f3n del universo la felicidad y el contento que siento en mi querida vocaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>En el fuego de su entusiasmo Catalina a\u00f1ade la palabra querida, que no estaba en el original. Y prosigue en la p\u00e1gina siguiente: <em>Y ahora usted ha preferido esa felicidad \u00bfa qu\u00e97 \u00a1No me atrevo a decirlo! \u00a1A una tentaci\u00f3n!<\/em><\/p>\n<p>Se muestra convincente y severa Catalina; le parece muy claro que la luz de Dios y su futuro est\u00e1n all\u00ed, a pesar de sus resistencias. \u00bfEs que se tiene por un Dios para dar lecciones? No; la lecci\u00f3n sela aplica a s\u00ed misma. Despu\u00e9s del t\u00fa y del usted utiliza el nosotras para hablar de la humildad: <em>Hay que confesar que nosotras somos d\u00e9biles, cuando no pone\u00admos toda nuestra confianza en Dios, que conoce lo m\u00e1s profundo de nuestros corazones&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Catalina ataca al \u00faltimo reducto de Mar\u00eda Luisa, a la \u00faltima defensa que su cabeza levanta contra su coraz\u00f3n, atribuyendo a Dios sus proyectos de huida: <em>En casi todas sus cartas me habla usted de milagro, como si Dios los hiciera por cualquier cosa. \u00a1Somos criaturas demasiado po\u00adbres para esperar que Dios nos conceda milagros!<\/em><\/p>\n<p>No, Catalina, que se conoce muy bien, no cree en milagros sin m\u00e1s ni m\u00e1s, para satisfacer a nuestros caprichos.<\/p>\n<p>Y contin\u00faa: <em>\u00bfHubo un milagro cuando sali\u00f3 usted de la comunidad: \u00a1Ay! Dios sabe si hubo alguno. Pero \u00bfacaso nuestro Se\u00f1or y la Virgen y todos los santos fueron predicando sus milagros? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 nuestra humildad? Muy lejos de la de ellos. Mejor dicho, la verdad es que no tenemos ninguna.<\/em><\/p>\n<p>El final de la carta es una invitaci\u00f3n ir\u00f3nica a huir: <em>Adi\u00f3s, te invito a la casa paterna: se encontrar\u00e1 usted sola, y all\u00ed es donde Dios le hablar\u00e1 al coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Lo que aqu\u00ed aflora en el coraz\u00f3n de Catalina, metida en este combate de Jacob, es la doble muerte que la ha marcado, que la ha hecho levantarse hasta nuestro Se\u00f1or y hasta la Virgen.<\/p>\n<p>La carta acababa al final de la p\u00e1gina 2, pero quiere prolon\u00adgarla todav\u00eda escribiendo a trav\u00e9s en la p\u00e1gina primera: <em>Medite usted bien <\/em><em>la <\/em><em>muerte de nuestra madre, <\/em><em>que usted vio, y la <\/em><em>de nuestro padre, que es tan reciente&#8230; <\/em><em>Es el mejor medio <\/em><em>para encontrar gracia ante Dios<\/em><\/p>\n<p>Es lo que ocurrir\u00e1.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Luisa acude enseguida a la cita de la calle de Picpus. Todo se resuelve tranquilamente, sin duda alguna, con sor Montcellet, la eficaz superiora que dio impulso a la casa fundada en uno de los barrios m\u00e1s miserables de Par\u00eds.<\/p>\n<p>El 26 de junio de 1845 el Consejo acepta admitir de nuevo a Mar\u00eda Luisa entre las hijas de la Caridad, <em>\u00abdadas las circunstan\u00adcias que hubo en su salida y su edificante conducta posterior\u00bb. <\/em>Toma de nuevo el h\u00e1bito en Enghien. Tiene 50 a\u00f1os. As\u00ed pues, es en la comunidad de Catalina donde deja el h\u00e1bito seglar y vuelve a la toca blanca, probablemente el 2 de julio, fiesta de la Visitaci\u00f3n. \u00a1Hab\u00eda rezado tanto Catalina! \u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda supuso esta \u00abvisita\u00adci\u00f3n\u00bb para las dos hermanas, reunidas tras las huellas de Nuestra Se\u00f1ora y de san Vicente! Una alegr\u00eda oculta en el fondo del coraz\u00f3n e imposible de expresar.<\/p>\n<p>Pero era tambi\u00e9n la v\u00edspera de la separaci\u00f3n. Aquel mismo d\u00eda 2 de julio Mar\u00eda Luisa recibe su destino para ir a Tur\u00edn con otras 3 hermanas, enviadas por el padre Etienne. Lleg\u00f3 el 19 a la comunidad de San Salvador. Sirvi\u00f3 como enfermera en la guerra de Italia y no volvi\u00f3 a ver a Catalina hasta el a\u00f1o 1858, cuando fue llamada de nuevo a la casa madre de la calle del Bac.<\/p>\n<h3><strong>Altercados con un artista<\/strong><\/h3>\n<p>El a\u00f1o 1855 otro reci\u00e9n venido a Par\u00eds. Es Antonio Ernesto, hijo de Carlos, el bodeguero-restaurador en cuya casa Catalina hab\u00eda estado probando su vocaci\u00f3n. Viene de Semur-en-Auxois a continuar sus estudios. Catalina mira a aquel palomo viajero de veinte a\u00f1os, \u00abcon aires de artista\u00bb, aficionado al viol\u00edn con muy buenas dotes, que quiere nada menos que ser admitido como miembro de la orquesta de la Opera. \u00a1Peligrosa ciudad para su temperamento! Esta vez Catalina siente miedo. Al enviarle a su \u00fanico hijo, \u00bfno le conf\u00eda acaso su hermano la responsabilidad sobre \u00e9l? Los escr\u00fapulos que sent\u00eda la iglesia de aquella \u00e9poca se abaten pronto sobre ella. Procura que se aloje cerca de casa; lo cuidar\u00e1 como la gallina a sus polluelos.<\/p>\n<p>Pero a \u00e9l no le gusta mucho esta monja inspectora. Una ma\u00f1ana -tarde para Catalina que se levanta a las 4, pero temprano para \u00e9l, p\u00e1jaro trasnochador- ella lo encuentra <em>todav\u00eda <\/em>en la cama, con la mesa llena de botellas vac\u00edas y de vasos sucios. Su preocupaci\u00f3n explota: <em>\u00bfConque de boda? \u00a1T\u00fa recibes aqu\u00ed a mujeres! -No, solamente amigos.<\/em><\/p>\n<p>Y a\u00f1ade fr\u00edamente: <em>Estoy en mi casa. <\/em>No vengas m\u00e1s por aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Nacido en 1834, Antonio Ernesto es ya mayor y Catalina sabe lo que esto significa. Ella us\u00f3 de ese t\u00edtulo con su padre. Ahora comprende su error; no volver\u00e1 m\u00e1s por all\u00ed.<\/p>\n<p>El muchacho volvi\u00f3 por Enghien a principios de 1861 para presentarle a su mujer, Clara Letort. El matrimonio se hab\u00eda celebrado en Puligny, en Borgo\u00f1a, el 14 de enero de 1861 y, como viaje de bodas, Antonio Ernesto renueva sus sustituciones en la Opera para ofrecer a su joven esposa un agradable invierno: una experiencia agradable que se renovar\u00e1 los a\u00f1os siguientes. Pero no vuelve a ver a su t\u00eda. Se olvidar\u00e1 incluso de presentarle a su hijo mayor, Carlos Antonio, nacido el 8 de junio de 1863. Catalina est\u00e1 ahora preocupada por Tonina y sus hijos; Antonio Ernesto y Clara prefieren visitar a Mar\u00eda Luisa, que ha vuelto ya a la calle del Bac.<\/p>\n<h3><strong>Tonina en Par\u00eds<\/strong><\/h3>\n<p>La preocupaci\u00f3n de Catalina por la familia de Tonina es toda una historia que podr\u00eda parecer una mala novela, dada su poca verosimilitud.<\/p>\n<p>Es en 1857 cuando Tonina llega a Par\u00eds, dos o tres a\u00f1os despu\u00e9s del sobrino violinista. La capital ha atra\u00eddo siempre a los Labour\u00e9. Su marido, hombre rapaz y generoso, ha vendido su comercio de maderas y de vinos. Ten\u00eda la debilidad de no poder soportar ni el olor del alcohol, lo cual resultaba dif\u00edcil en su profesi\u00f3n. La m\u00e1s peque\u00f1a equivocaci\u00f3n le volv\u00eda loco y Tonina sufr\u00eda por ello. Para librarse de aquel c\u00edrculo infernal hab\u00eda liquidado sus negocios y hab\u00eda buscado trabajo en los ferrocarriles.<\/p>\n<p>Para Catalina fue una gran alegr\u00eda volver a encontrarse con la confidente de sus primeros a\u00f1os y conocer a sus tres hijos: Mar\u00eda Antonieta de 18 a\u00f1os, Carlos Alberto de 17 y Felipe de 13.<\/p>\n<p>En 1858 logra que la mayor sea recibida el padre Aladel entre las hijas de Mar\u00eda de Reuilly. Ella asiste al acto con l\u00e1grimas en los ojos.<\/p>\n<h3><strong>Vocaci\u00f3n de Felipe<\/strong><\/h3>\n<p>En marzo de 1858, el a\u00f1o de las apariciones de Lourdes, entera por Tonina y Mar\u00eda Antonieta que Felipe ha ido a pasar unos d\u00edas con el p\u00e1rroco de su aldea: <em>\u00bfEs que quieres ser sacerdote?<\/em>, le pregunta cuando vuelve a verlo.<\/p>\n<p>-Creo que es ese mi camino -responde Felipe, a punto de cumplir 14 a\u00f1os-; <em>pero no puedo prometer nada.<\/em><\/p>\n<p>Siente cierta inclinaci\u00f3n. Pero maldice ese \u00ablat\u00edn\u00bb que el buen cura de la aldea se empe\u00f1a en ense\u00f1arle. El \u00abpensum\u00bb le hace dudar de su vocaci\u00f3n. \u00bfSer sacerdote? \u00a1S\u00ed! \u00bfPasar por esos vericuetos? \u00a1Eso no!<\/p>\n<p>Pero lograr\u00e1 vencer el obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>Catalina obtiene de los lazaristas que se encarguen de sus estudios en el colegio de Montdidier (Somme), gracias a la ayuda econ\u00f3mica de una compa\u00f1era. Ella se siente administra\u00addora de esa ayuda. Por eso le dice un d\u00eda a Felipe: <em>Si no tienes intenci\u00f3n de entrar en el estado eclesi\u00e1stico, tienes que dec\u00edrmelo.<\/em><\/p>\n<p>El ten\u00eda 17 a\u00f1os y no olvidar\u00e1 aquella provocaci\u00f3n ins\u00f3lita que su t\u00eda le lanzaba al final de sus estudios: <em>iSi quieres entrar con esos padres, te recibir\u00e1n. Pronto podr\u00e1n nombrarte superior, luego ir a China como el padre Perboyre. Podr\u00e1s viajar, ver pa\u00edses. Tambi\u00e9n podr\u00e1s volver&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Me dijo aquello con cierta picard\u00eda, como si leyera en el porvenir. Yo lo tom\u00e9 como una broma, pero todo se realiz\u00f3 al pie de la letra y en el mismo orden que ella lo hab\u00eda dicho.<\/p>\n<p>El 9 de agosto de 1863 me acompa\u00f1\u00f3 a mi entrada en San L\u00e1zaro. Antes me hab\u00eda hecho visitar al padre Etienne, superior general. Actu\u00f3 en todo aquello con la mayor caridad y con el asentimiento de sus superiores&#8230;, pero sin ejercer nunca sobre m\u00ed la menor presi\u00f3n.<\/p>\n<p>Ella lo hab\u00eda comprendido. Hay que respetar la libertad de los individuos, moderando incluso el celo.<\/p>\n<h3><strong>Muertes y conversiones<\/strong><\/h3>\n<p>Entretanto Claudio Meugniot, padre de Felipe, fue atropella\u00addo por una locomotora el enero de 1861. Empez\u00f3 un calvario de 33 meses. Como burgu\u00e9s de la \u00e9poca, Claudio es poco creyente; la religi\u00f3n es cosa de mujeres. Catalina est\u00e1 preocupada. Visita a su cu\u00f1ado, pero sus ideas son simples y definitivas: <em>\u00a1No vale la pena! Ya tenemos en la familia una santa. No nos condenaremos.<\/em><\/p>\n<p>Pero Catalina (la santa&#8230;) le da \u00e1nimos: <em>Yo rezo por usted: \u00a1rece usted tambi\u00e9n!<\/em><\/p>\n<p>Claudio sigue esc\u00e9ptico: <em>Quiere convertirme, Zo\u00e9&#8230;: \u00a1pero no <\/em><em>lo conseguir\u00e1!<\/em><\/p>\n<p>Y a\u00f1ade con buen humor: <em>De todas <\/em><em>formas<\/em><em>, es una buena mujer.<\/em><\/p>\n<p>Felipe habla continuamente de la salud de su padre en sus cartas. Quiere que le den noticias, que procuran ocultarle, porque no son buenas.<\/p>\n<p>En oto\u00f1o de 1862 el m\u00e9dico no da ya esperanzas. Sin embargo, ante la extra\u00f1eza de todos, su salud mejora. Mar\u00eda Antonieta se lo comunica a Catalina: <em>Ya <\/em><em>ves -le responde \u00e9sta-: nunca hay que desesperar<sup>.<\/sup><\/em><\/p>\n<p>Es entonces cuando Claudio, impresionado por esta mejor\u00eda, se convierte. Desde entonces es un \u00abmodelo de paciencia\u00bb, dice su hija Mar\u00eda Antonieta. Vivir\u00e1 todav\u00eda un a\u00f1o. A veces se levanta. Pero muere finalmente el 26 de octubre en la calle de Ch\u00e1lon.<\/p>\n<p>En la familia siempre cre\u00edmos que su conversi\u00f3n se debi\u00f3 a las oraciones de mi t\u00eda, conf\u00eda su hija Mar\u00eda Antonia Duhamel.<\/p>\n<p>Catalina asiste a sus hermanos a medida que van muriendo: Santiago en 1855, a quien le pone en el cuello la medalla milagrosa; luego Antonio, que vivi\u00f3 con los Meugniot cuando se hizo operar en Par\u00eds, antes de morir en Fain en 1864&#8230;<\/p>\n<h3><strong>Una viuda y Am\u00e9rica<\/strong><\/h3>\n<p>El 15 de octubre de 1864 Mar\u00eda Antonieta Meugniot, a los 25 a\u00f1os, se casa con un joven apuesto de 32 a\u00f1os, Eugenio Duhamel, todo un hombre de aventuras.Lo mismo que su difunto suegro, hace carrera en el mundo de los ferrocarriles, en el que disfruta de una buena posici\u00f3n.<\/p>\n<p>Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, el 4 de agosto de 1865, nace Marta,la mayor de la nueva familia. Catalina puede conocerla pronto, porque los Duhamel viven tambi\u00e9n en el distrito 14, al que el imperio ha a\u00f1adido la antigua aldea de Reuilly.<\/p>\n<p>En diciembre de 1876, Mar\u00eda Antonieta est\u00e1 a punto de dar a luz a su segundo hijo. Y entonces Eugenio desaparece de pronto. \u00bfAsesinato? La polic\u00eda investiga, busca su cuerpo por todas partes. Es in\u00fatil. Mar\u00eda Antonieta se viste de luto.<\/p>\n<p>El 22 de enero de 1867 nace Juana Carolina. El llanto del beb\u00e9 apaga al de la madre que toma valientemente las riendas de la casa.<\/p>\n<p>Las dos mujeres animosas de Fain, Tonina y Catalina est\u00e1n firmemente a su lado: Catalina, con su fe intr\u00e9pida en Dios que lo soluciona todo, hasta lo imposible; Tonina con su sentido com\u00fan y su buena dosis de experiencias amargas. Un d\u00eda le dice a Catalina: <em>Si <\/em><em>hubiera sabido <\/em><em>la que me iba a pasar, me habr\u00eda hecho religiosa como t\u00fa.<\/em><\/p>\n<p>Catalina le responde: <em>\u00a1Cada una tiene su vocaci\u00f3n! <\/em><em>No tendr\u00edas <\/em><em>entonces el consuelo de <\/em><em>haber dado un hijo a Dios!<\/em><\/p>\n<p>Catalina no se limita a los consejos espirituales. Se ocupar\u00e1 de las hijas de su sobrina hu\u00e9rfanas, cuya educaci\u00f3n plantea no pocos problemas, en primer lugar econ\u00f3micos. Porque los hermanos Meugniot, del primer matrimonio, se muestran indi\u00adferentes con su cu\u00f1ada. Catalina aportar\u00e1 una ayuda seguida y sabr\u00e1 interesar a su superiora por aquella situaci\u00f3n dram\u00e1tica.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os despu\u00e9s del drama, citan a Mar\u00eda Antonieta en el Ministerio de asuntos exteriores: <em>Se\u00f1ora, se trata de su marido. Mi marido muri\u00f3 hace dos a\u00f1os&#8230;<\/em><em>-No, <\/em><em>se\u00f1ora, est\u00e1 vivo.<\/em><\/p>\n<p>Mar\u00eda Antonieta cay\u00f3 desvanecida. Al volver a casa se entera de lo sucedido. Un amigo hab\u00eda tenido sorpresa de encontrarse en Am\u00e9rica con aquel Eugenio que cre\u00edan asesinado; all\u00ed hab\u00eda montado una importante lavander\u00eda. El amigo inform\u00f3 al Ministerio de asuntos exteriores no atrevi\u00e9ndose a hablar de ello a la familia.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hab\u00eda ocurrido? Un buen d\u00eda Eugenio tom\u00f3 el tren para el Havre, donde le ofrecieron un buen puesto en Am\u00e9rica. Estaba para zarpar un barco y \u00e9l subi\u00f3 a bordo como un loco. S\u00f3lo cuando vio desaparecer en el horizonte la tierra de Europa comprendi\u00f3 su locura.<\/p>\n<p>Al llegar un mes m\u00e1s tarde, no vio m\u00e1s salida que la de rehacer su vida en el nuevo continente, con la esperanza de volver alg\u00fan d\u00eda a los suyos aureolado por el \u00e9xito y la fortuna. Era la Am\u00e9rica de la reconstrucci\u00f3n, tras la guerra de secesi\u00f3n, el asesinato de Lincoln y la abolici\u00f3n de la esclavitud (1869). El norte atra\u00eda a los emigrantes para confirmar su preponderancia y su victoria.<\/p>\n<p>Pero \u00bfpor qu\u00e9 hab\u00eda partido Eugenio? \u00bfTensiones con su esposa? De ninguna manera. Era un marido delicado y sol\u00edcito. \u00bfHistorias de mujeres?, Tampoco. Historia de una madre: una madre posesiva. El era el menor de los hijos. Cuando ella se qued\u00f3 viuda, se aferr\u00f3 a \u00e9l como al \u00faltimo reducto contra su soledad: el peque\u00f1o marido de sus \u00faltimos a\u00f1os. Para conser\u00advarlo mejor, hizo que se encargara \u00e9l de su situaci\u00f3n econ\u00f3mi\u00adca, como hab\u00eda hecho el difunto esposo, \u00abcon gastos poco adecuados a su situaci\u00f3n\u00bb. A pesar de su buena posici\u00f3n, Eugenio no pod\u00eda atender a dos casas; sobre todo a la de su madre, que era la que m\u00e1s gastaba. Mar\u00eda Antonieta quer\u00eda a su marido; se hab\u00eda imaginado que podr\u00eda tambi\u00e9n ganarse a su suegra a fuerza de cari\u00f1o. Todos los meses le enviaba (sin dec\u00edrselo siquiera a su propia madre, Tonina) \u00abun sobre con algunos de sus ahorros\u00bb. Pero no era \u00e9se el problema. La suegra embaucaba al hijo habl\u00e1ndole de las maravillas de Am\u00e9rica y las fant\u00e1sticas proporciones que ven\u00edan de all\u00e1 obscuramente, prefer\u00eda perder a su hijo antes que compartirlo con su nuera.<\/p>\n<p>Eugenio intent\u00f3 conciliar ambas cosas: marchar all\u00e1 con Mar\u00eda Antonieta. La joven esposa, sin saber de d\u00f3nde ven\u00edan las presiones, intentaba hacer razonar a su marido: <em>Tomar el barco, encinta, y con Marta, una ni\u00f1a de 17 meses. \u00a1Eso es una locura!<\/em><\/p>\n<p>D\u00e9bil y dividido entre las dos mujeres -la madre y la esposa-. Eugenio se march\u00f3 para librarse de la obsesi\u00f3n de aquel descuartizamiento y embaucado tambi\u00e9n por la llamada del viaje. Pero los remordimientos y la verg\u00fcenza segu\u00edan acos\u00e1ndolo. Intent\u00f3 ahogarlos con el trabajo, acariciando la idea de volver a justificarse con una fortuna que fuera la felicidad de los suyos.<\/p>\n<p>Anticipemos el final, que nos lleva a la \u00e9poca despu\u00e9s de la muerte de Catalina. Once a\u00f1os despu\u00e9s de haber embarcado, Eugenio vuelve para la Exposici\u00f3n de 1878. Mont\u00f3 all\u00ed un stand, \u00abatendido por dos negras\u00bb. Hab\u00eda hecho fortuna. Reanu\u00add\u00f3 su amistad con sus amigos, pero no se atreve a presentarse ante su esposa. \u00a1Se comprende! No obstante, le quema el deseo de ver a sus hijos. Acude a la escuela, en donde eluden sus preguntas. Espera a la salida. Y se acerca a su hija m\u00e1s peque\u00f1a, Juana: <em>\u00bfEres Adriana?<\/em><\/p>\n<p>Hab\u00eda decidido con su esposa ponerle aquel nombre, antes de que naciera. Pero los sucesos hab\u00edan dispuesto las cosas de otro modo.<\/p>\n<p><em>-\u00a1No! \u00a1<\/em><em>Me llamo Juana!<\/em><\/p>\n<p><em>-Hija m\u00eda, \u00bfquieres que te d\u00e9 un abrazo?<\/em><\/p>\n<p>Todo un mundo se le echa encima y le conmueve: un inmenso deseo de hacer algo por su mujer, que hab\u00eda perdido toda su confianza en \u00e9l, por sus hijas abandonadas y pasando apuros&#8230; Vuelve a Nueva York con proyectos e ilusiones de llev\u00e1rselas all\u00e1 y rodearlas de munificencia.<\/p>\n<p>Pero las fortunas suben y bajan pronto al otro lado del Atl\u00e1ntico. Un incendio devora todo el barrio que hab\u00eda edificado con casas de madera. No las hab\u00eda asegurado. Su salud no resiste aquella prueba. Vuelve enfermo; a los 57, a\u00f1os parece ya un octogenario. Mar\u00eda Antonieta hab\u00eda rechazado su dinero y la vida en com\u00fan despu\u00e9s del abandono, inexplicable para ella. Ahora se siente fuerte. Por entonces ya no vive Catalina. Ha pasado del palomar al para\u00edso. Mar\u00eda Antonieta se niega a recibir al marido contrito. Son sus dos hijas las que lo llevan al hospital. Por fin un d\u00eda su esposa accede a visitarlo; Eugenio, destrozado, se baja de la cama, cae de rodillas llorando a los pies de su esposa. Poco despu\u00e9s muri\u00f3, el 14 de septiembre de 1889.<\/p>\n<p>Pero volvamos a los tiempos en que viv\u00eda Catalina. El 22 de mayo de 1869, Felipe Meugniot es ordenado sacerdote en San L\u00e1zaro. Una gran alegr\u00eda para Catalina.<\/p>\n<h3><strong>Abundancia de frutos<\/strong><\/h3>\n<p>Los frutos abundaron en el huerto familiar. Ayuda econ\u00f3mi\u00adca para Mar\u00eda Antonieta. Catalina la salv\u00f3 de la desesperaci\u00f3n y de la miseria. La ayud\u00f3 a hacerse una mujer fuerte, madre y padre a la vez de dos hu\u00e9rfanas, antes de ser para la tercera generaci\u00f3n una abuela amable y matriarcal.<\/p>\n<p>Gracias a ella se lograron dos vocaciones: la de su hermana Mar\u00eda Luisa, ingresada de nuevo, y la de Felipe, despertada y sostenida hasta el fin.<\/p>\n<p>Reconciliaciones con Dios de sus hermanos y de su cu\u00f1ado, incr\u00e9dulos o poco creyentes, convencidos de que \u00abbasta una santa en la familia\u00bb.<\/p>\n<p>Recordando tantos hechos menudos, sepultados en el olvi\u00addo, es importante reconocer que hizo mucho por su familia. Sin embargo, nunca en perjuicio de sus deberes de estado.<\/p>\n<p>Un d\u00eda vino a verla Mar\u00eda Antonieta Duhamel. Catalina iba a orde\u00f1ar las vacas. Ella contin\u00faa haciendo caer la leche tibia en el cuenco de espumosa leche y dice a su sobrina con mirada implorante desde debajo de la vaca: <em>\u00a1Ya ves c\u00f3mo estoy!<\/em><\/p>\n<p>Y luego, acabada su tarea, la atiende con solicitud.<\/p>\n<p>La fidelidad de Catalina a su obligaci\u00f3n irrita a veces a los suyos. \u00a1Para ella su obligaci\u00f3n lo era todo! Lo sabe Leonia Labour\u00e9, y por eso procura ir a verla \u00aben el momento de la recreaci\u00f3n\u00bb. Pero a veces ten\u00edan que ir a buscar a Catalina: <em>Estoy casi segura de que est\u00e1 en la capilla, <\/em><em>dec\u00eda Leonia. Voy <\/em><em>a ver. <\/em><em>En efecto: all\u00ed era donde la encontraba casi siempre.<\/em><\/p>\n<p>Tos\u00eda discretamente para hacer notar su presencia. Era in\u00fatil. Catalina, con los ojos fijos en el sagrario, parec\u00eda una estatua. Estaba entregada del todo a Dios. Cuando terminaba, Leonia le dec\u00eda: <em>Ya hace tiempo que la esperaba.<\/em><\/p>\n<p>Catalina respond\u00eda: <em>No me esperabas en la calle: estabas al lado de Dios. Aqu\u00ed nunca se est\u00e1 demasiado<\/em>.<\/p>\n<p>Y era tan puntual que nos desped\u00eda apenas sonaba el primer toque de campana, a\u00f1ade Leonia.<\/p>\n<h2><strong>4.-\u00a0 Los huertos del se\u00f1or Vicente<\/strong><\/h2>\n<p>Los huertos que florecen mejor durante este per\u00edodo, para gozo de Catalina, fueron los de san Vicente, en sus dos \u00abfami\u00adlias\u00bb: los lazaristas y las hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Catalina, despertada a su vocaci\u00f3n por un sue\u00f1o maravillo\u00adso, se hab\u00eda mostrado sensible a la decadencia post-revolu\u00adcionaria.La Virgen le hab\u00eda confiado la misi\u00f3n de intervenir ante su confesor para que se procurase salir de ella:<\/p>\n<p>No se observa la Regla. La regularidad deja mucho que desear. En las dos comunidades hay un gran relajamiento. D\u00edselo a la persona que se encarga de ti, etc.<\/p>\n<h3><strong>Primeras reformas<\/strong><\/h3>\n<p>Curaciones, conversiones, ejemplos de protecci\u00f3n&#8230;, todo eso crea un nuevo clima. Cada d\u00eda surge lo imposible. Los sucesos sirven de alimento a las conversaciones y a la oraci\u00f3n: <em>\u00bfNo sabe usted lo que ha pasado?&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Las reformas van progresando. Nada de condescendencias ni trampas. Ni botines, ni sedas, ni peinados&#8230; Todo eso desapa\u00adrece. En 1834 la madre Boulet ha conseguido restablecer la uniformidad: h\u00e1bito gris, toca y regularidad en todo unifor\u00adme.<\/p>\n<h3><strong>Luces espirituales<\/strong><\/h3>\n<p>El 25 de mayo de 1838, despu\u00e9s de una conferencia que escuch\u00f3 en la calle del Bac sobre el santo Nombre de Mar\u00eda, Catalina escribe esta resoluci\u00f3n: <em>Tomarla como modelo al comienzo de todos mis actos&#8230; Pensar si Mar\u00eda realiz\u00f3 esa acci\u00f3n, c\u00f3mo y por qu\u00e9 la hizo, con qu\u00e9 intenci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 hermoso y consolador es el nombre de Mar\u00eda!<\/em><\/p>\n<p>El retiro predicado por el padre Aladel a finales del mes de Mar\u00eda de 1843 \u00abensancha sus horizontes\u00bb. Se observa entonces nuevo impulso. Al comienzo, dos im\u00e1genes: Mar\u00eda en pie ante la cruz; Mar\u00eda en el cen\u00e1culo con los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Esperar en silencio los dones del Esp\u00edritu -indica Catalina- \u00adMar\u00eda estaba en el cen\u00e1culo, con los ap\u00f3stoles. Guardaba silencio mientras esperaba la llegada del Esp\u00edritu. \u00a1Qu\u00e9 lecci\u00f3n! Mar\u00eda es nuestro ejemplo&#8230;; Oh Mar\u00eda, haz que te ame y no me ser\u00e1 dif\u00edcil imitarte!<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de Mar\u00eda vislumbra que el servicio a los pobres conduce a una \u00abmuerte dulce\u00bb<\/p>\n<p>Mar\u00eda am\u00f3 a los pobres y una hija de la Caridad que ame a los pobres no tendr\u00e1 miedo a la muerte. Sentir\u00e1 un gran consuelo por haber servido bien a los pobres. Nunca se ha o\u00eddo decir que una hija de la Caridad que haya amado a los pobres, haya sentido terror ante la muerte. Al contrario, siempre se las ha visto llenas de los m\u00e1s dulces consuelos, con la muerte m\u00e1s tranquila&#8230;<\/p>\n<h3><strong>Resurrecci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>El 4 de agosto siguiente el padre Etienne es elegido superior de las dos congregaciones.Tiene 42 a\u00f1os. El 15 de agosto, fiesta de la Asunci\u00f3n, clausura la asamblea renovando el acto de confianza en Mar\u00eda que se pronunci\u00f3 por primera vez el 15 de agosto de 1062, dos a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte del fundador. Aquel acto se derivaba del que las Hijas de la Caridad pronun\u00adciaban desde 1658, cuando viv\u00eda a\u00fan san Vicente, en la fiesta de la Inmaculada Concepci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00abRecurrimos a ti&#8230; Rec\u00edbenos a todas en general y a cada una en particular bajo tu santa protecci\u00f3n&#8230; E impetramos de la bondad infinita de Dios que esta humilde compa\u00f1\u00eda de hijas de la Caridad, de la que somos miembros, te tenga siempre por \u00fanica y verdadera madre\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Desde su primera circular, con fecha del 8 septiembre 1843, el nuevo superior general evoca abiertamente las apariciones, como fuente de gracia que sostiene ahora a las dos familias de san Vicente, Catalina debi\u00f3 saltar de gozo interiormente cuando se dec\u00eda: <em>No puedo ignorar una intervenci\u00f3n muy clara de la augusta e inmaculada Mar\u00eda que nos ha concedido prendas&#8230; tan extraor\u00addinarias de su cari\u00f1o&#8230; Es su poderosa mediaci\u00f3n la que ha obtenido de Dios que nuestras dos familias no perecieran en medio de las dificultades que han pasado y que se sirviera de ella para reanimar la fe. \u00bfAcaso podr\u00edamos atribuir a otra causa esas vocaciones, tan <\/em><em>incomprensiblemente numerosas, <\/em><em>que se manifies\u00adtan en todas partes&#8230;, ese desarrollo tan prodigioso&#8230; de vuestra Compa\u00f1\u00eda en el seno mismo de la tempestad? <\/em><\/p>\n<p>El a\u00f1o siguiente, el 4 de agosto de 1844, aniversario de su elecci\u00f3n, el padre Etienne concreta su pensamiento en una carta de 40 p\u00e1ginas: la influencia de las visiones de Catalina resulta all\u00ed m\u00e1s manifiesta todav\u00eda. Su acci\u00f3n de gracias explota, cuando ella escribe a su hermana el 15 de septiembre de 1844.<\/p>\n<p>En estos momentos m\u00e1s que nunca el fervor se renueva en la comunidad, lo mismo que en tiempos de san Vicente. Si ha habido abusos, \u00a1ahora todo se renueva!<\/p>\n<p>S\u00ed, Catalina no tiene miedo de repetir esa palabra renovar ni de decir: todo. Se trata de una renovaci\u00f3n desde la ra\u00edz, por dentro, que afecta a toda la vida, poco a poco: la oraci\u00f3n, las relaciones humanas, la iniciativa, la generosidad, la eficacia&#8230;<\/p>\n<p>En mayo de 1845 el nombramiento de la madre Mazin al frente de las hijas de la Caridad acent\u00faa este movimiento. Una hermana da este testimonio: <em>Cre\u00edamos haber vuelto a los tiempos felices en que nuestra venerable Luisa de Marillac pon\u00eda bajo la direcci\u00f3n del santo fundador los primeros fundamentos de la comunidad naciente&#8230; Los deseos de los superiores, apenas conocidos o sospechados, eran acogidas por todas partes con sumisi\u00f3n y cumplidos sin resistencia. \u00a1Qu\u00e9 hermoso era el espect\u00e1culo que entonces ofrec\u00eda la Casa Madre! La piedad, el recogimiento, la uni\u00f3n, hac\u00edan de ella un lugar de delicias y la serenidad que se extend\u00eda a todos los rostros revelaba la felicidad com\u00fan.<\/em><\/p>\n<p>La acci\u00f3n de gracias invade a las dos familias, arrastradas a la vez a una renovaci\u00f3n cualitativa y cuantitativa. La fuerza del gobierno del padre Etienne consiste en que concede la prioridad al impulso carism\u00e1tico, concedido por la gracia, pero ali\u00e1ndolo a la observancia, de manera que la llama y el orden reinan en fructuosa armon\u00eda, la misma que inspiraba la vida de Catalina.<\/p>\n<p>El 1 de enero de 1855 el padre Etienne expresa la convicci\u00f3n general cuando escrib\u00eda: <em>La compa\u00f1\u00eda, que se ha levantado dolorosamente de sus ruinas, no ten\u00eda m\u00e1s que una existencia muy d\u00e9bil y est\u00e9ril; hab\u00eda pocas esperanzas de que pudiera recuperar aquel hermoso lugar que hab\u00eda ocupado en la Iglesia, cuando <\/em><em>una voz misteriosa le anunci\u00f3 que Dios se servir\u00eda de las dos familias de san Vicente para reanimar la fe.<\/em><\/p>\n<p>\u00abLa voz\u00bb de que habla el padre Etienne fue la que escuch\u00f3 Catalina. Sigue \u00e9l diciendo: <em>Poco despu\u00e9s tuvo lugar en la capilla de la casa madre de las Hijas de la Caridad <\/em><em>la aparici\u00f3n de Mar\u00eda Inmaculada que dio origen a la Medalla milagrosa. <\/em><em>Este acontecimiento tuvo lugar en 1830. Entonces fue cuando empez\u00f3 una era nueva para la Compa\u00f1\u00eda.<\/em><\/p>\n<p>Antes, a pesar de los esfuerzos que aqu\u00ed enumera el padre Etienne, se mostraba siempre impotente para levantarse, conservando de su antigua vida s\u00f3lo un \u00faltimo resplandor que parec\u00eda estar pronto a apagarse. Las vocaciones eran raras e inconstantes. No contaba en Francia m\u00e1s que con algunas casas en decadencia y en los otros pa\u00edses con algunas casas abandonadas donde los antiguos misioneros acababan tristemente una carrera apost\u00f3li\u00adca que s\u00f3lo hab\u00eda estado llena de l\u00e1grimas y de dolores, sin que pudieran endulzarse nunca por el consuelo y la esperanza. Pero despu\u00e9s de esta aparici\u00f3n de Mar\u00eda Inmaculada todo cambi\u00f3 de aspecto. La vida pareci\u00f3 renacer en su seno. Desde 1831 colonias de misioneros animados de un celo cada vez m\u00e1s puro y m\u00e1s ardiente empezaron a atravesar los mares y fueron hasta<sup>&#8211;<\/sup> el oriente y hasta China a reanudar con nuestras misiones extran\u00adjeras la cadena de generaciones que hab\u00eda roto la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Un himno de reconocimiento en el doble sentido de la palabra: reconocer y dar gracias!<\/p>\n<p>El padre Etienne evoca la expansi\u00f3n mundial que sigui\u00f3 a aquel cambio cualitativo.Subieron los efectivos del Semina\u00adrio: de un escaso centenar a m\u00e1s de 500. Hubo que construir un gigantesco edificio para albergarlos. No bast\u00f3 aquello. Hubo que descentralizar la formaci\u00f3n en los diferentes pa\u00edses y provincias.<\/p>\n<p>Entre los lazaristas se observa el mismo movimiento. Las casas agonizantes reciben sangre nueva con el aflujo de j\u00f3venes. Hay que fundar aprisa, nombrando superiores j\u00f3venes, que reciben este cargo apenas terminada su formaci\u00f3n: en 1839 los padres fundan en China y las hermanas en Esmirna. En 1842, en Argel, etc.<\/p>\n<p>El padre Etienne constata: <em>Todo esto se ha llevado a cabo durante los 24 a\u00f1os que nos separan de la aparici\u00f3n de Mar\u00eda Inmaculada. \u00bfQui\u00e9n no ve en todo esto una intervenci\u00f3n maravillosa del cielo? \u00bfQui\u00e9n no tendr\u00e1 un sentimiento de admiraci\u00f3n como el que tendr\u00eda san Vicente y dir\u00eda con \u00e9l: \u00abEl dedo de Dios est\u00e1 aqu\u00ed\u00bb?<\/em><\/p>\n<p>La conclusi\u00f3n de la carta evita el triunfalismo siguiendo el mismo camino que el santo fundador: <em>Todo esto reposa en un hecho esencial para los hijos de san Vicente: <\/em><em>la virtud de la humildad.<\/em><\/p>\n<p>La doble familia vicentina no era m\u00e1s que un instrumento, pero la irradiaci\u00f3n de la Medalla era mundial. Su expansi\u00f3n es incalculable: del orden de los mil millones. Las noticias de conversiones se multiplicaban. Y de todo ello se da cuenta Catalina.<\/p>\n<p>En 1837, una carta del padre Perboyre, misionero en China al que Catalina tiene en gran aprecio, cuenta c\u00f3mo la Medalla libr\u00f3 a una mujer que hab\u00eda perdido la raz\u00f3n, quiz\u00e1s posesa del diablo.<\/p>\n<p>A comienzos de 1842 Catalina tuvo conocimiento de una noticia que se extendi\u00f3 como un reguero de p\u00f3lvora; toda la prensa hablaba de ella. Un joven banquero alsaciano, jud\u00edo, reci\u00e9n casado, al ir a Roma con prejuicios contra el catolicismo recibi\u00f3 la medalla que le ofreci\u00f3 como un desaf\u00edo un amigo franc\u00e9s, Teodoro de Bussi\u00e9res. Se convirti\u00f3 de pronto en la iglesia de Sant&#8217;Andrea delle Fratte. Se le apareci\u00f3 la Virgen, tal como la representaba la medalla. No me <em>dijo nada <\/em>-comenta-, <em>pero lo entend\u00ed todo. <\/em>El papa Gregorio XVI recibi\u00f3 al convertido el 20 de enero. El cardenal vicario mand\u00f3 hacer un proceso oficial de la conversi\u00f3n en forma can\u00f3nica, como lo saben hacer en Roma. Todos los testigos hablaron de ello, desde el amigo hasta los sacerdotes de la iglesia y el sacrist\u00e1n.<\/p>\n<p>Alfonso Ratisbona, que recibe las sagradas \u00f3rdenes, pide ver a la hermana que fue la primera en tener aquella misma visi\u00f3n. Le gustar\u00eda compartir con ella y confirmar la gracia de Dios. Pero Catalina ha hecho su elecci\u00f3n: la de la discreci\u00f3n y el trabajo. Y rehusa.<\/p>\n<h3><strong>Desarrollo y problemas de Reuilly<\/strong><\/h3>\n<p>En Rcuilly, la comunidad en donde vive Catalina, la renova\u00adci\u00f3n mundial se encarna en una vida cotidiana de trabajo vulgar.<\/p>\n<p>La casa se encuentra en una situaci\u00f3n extra\u00f1a, de la que su noble fundadora no se hac\u00eda ni idea: <em>Una verdadera China<\/em>, dir\u00e1 pronto sor Duf\u00e9s.<\/p>\n<p>Fundada y subvencionada por la familia cercana al rey Felipe este amplio edificio nuevo se levanta en un barrio pobre y agitado. Las hijas de san Vicente trabajan all\u00ed procurando ser todo para todos, sin miras pol\u00edticas, preocupadas tan s\u00f3lo por las exigencias del evangelio. Aqu\u00ed est\u00e1 la aventura de la casa de Reuilly, que pronto tomar\u00e1 una forma dram\u00e1tica.<\/p>\n<p>Sor Savart, la primera superiora de Catalina (1819-\u00ad1844), no se encerr\u00f3 en sus propiedades como en una isla solitaria. Catalina guard\u00f3 de ella un buen recuerdo: <em>Era una buena anciana -dec\u00eda-, que quer\u00eda todos los a\u00f1os que los primeros frutos del huerto se ofrecieran a las familias pobres del barrio o a sus buenos ancianos; las hermanas no pod\u00edan probarlos hasta despu\u00e9s de ellos.<\/em><\/p>\n<p>Convivi\u00f3 con ella 13 a\u00f1os, hasta su muerte el 29 de diciem\u00adbre de 1844.<\/p>\n<p>La acogida que Catalina dispensaba a las j\u00f3venes principian\u00adtes es un tesoro oculto. Nos cuenta sor Clavel: <em>Cuando llegu\u00e9 (1858), me acogi\u00f3 sor Catalina; fue la primera en abrazarme con mucha cordialidad.<\/em><\/p>\n<p>La unidad de la casa debe mucho a aquella acogida que nac\u00eda del coraz\u00f3n, a aquellos consejos llenos de experiencia profunda y pr\u00e1ctica que daba a las reci\u00e9n llegadas: sor Millon (1859), sor Combes y sor Thomas (1861), Sor Maurel d&#8217;Aragon y la bretona sor &#8216;franchemer (186Z): la nobleza y el pueblo se mezclan en el servicio a los pobres en una comunidad sin distinci\u00f3n: oraci\u00f3n, sonrisas, horas de costura&#8230; Las m\u00e1s inteli\u00adgentes se dan cuenta de la extra\u00f1a santidad de Catalina: <em>Quiz\u00e1s hab\u00eda otras tan perfectas exteriormente como ella, pero ninguna produc\u00eda la impresi\u00f3n de un alma anonadada por el <\/em><em>amor de Dios, de la sant\u00edsima Virgen, y completamente despren\u00addida de s\u00ed misma<\/em>, dir\u00e1 m\u00e1s tarde sor Cosnard.<\/p>\n<p>En 1856 o 1857 Catalina se fija en una hermana de 23 a\u00f1os que han enviado a pasar unos d\u00edas en Enghien para que cambie de ideas. \u00bfAdivina quiz\u00e1s algo que no va bien? Se acerca a ella en el huerto que atravesaba para ir de Enghien a Reuilly<em>: Peque\u00f1a, \u00a1le est\u00e1 <\/em><em>dando <\/em><em>vueltas a un mal pensamiento en su cabeza!<\/em><\/p>\n<p>Ha acertado. La \u00abpeque\u00f1a\u00bb le responde: <em>Entr\u00e9 en la comunidad para cuidar <\/em><em>de <\/em><em>los enfermos, pero no puedo ponerme a hablar delante <\/em><em>de <\/em><em>todo el mundo&#8230;<\/em><\/p>\n<p>A sor Foquet acababan de destinarla en agosto para el asilo de Boulogne. Lo que la pone enferma no es ocuparse de los ni\u00f1os, sino verse expuesta al p\u00fablico; porque en aquella \u00e9poca todo el mundo \u00abpod\u00eda entrar y asistir a las clases que la hermana daba a los ni\u00f1os\u00bb, incluso las personas mayores. Por eso aquella hermana, desanimada, conclu\u00eda con tristeza: <em>Prefiero <\/em><em>volverme <\/em><em>a casa.<\/em><\/p>\n<p><em>-\u00a1Animo!<\/em> -le dijo Catalina subrayando su s\u00f3lido acento borgo\u00f1\u00f3n-. Le pedir\u00e9 a la sant\u00edsima Virgen por usted. Prom\u00e9tame que por un a\u00f1o usted tambi\u00e9n se lo pedir\u00e1. \u00a1Saldr\u00e1 bien en sus ex\u00e1menes y perseverar\u00e1 en su vocaci\u00f3n!<\/p>\n<p>De hecho, durante dos a\u00f1os sor Fouquet super\u00f3 sus repug\u00adnancias. Despu\u00e9s, en 1858 fue destinada seg\u00fan sus deseos a la casa de Nesle (Somme) para atender a los ancianos&#8230;, como Catalina en Enghien.<\/p>\n<p>En 1860, al llegar sor Josefina Combes, de 29 a\u00f1os, aventu\u00adra una confidencia imprudente a una de sus compa\u00f1eras. \u00bfC\u00f3mo lo supo Catalina?<\/p>\n<p>Me lo reproch\u00f3 (cuenta sor Combes), a\u00f1adiendo: <em>\u00a1Ya ver\u00e1 lo que le ocurre a ella!<\/em><\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, aquella compa\u00f1era renunciaba a su vocaci\u00f3n y regresaba al mundo.<\/p>\n<p>Sor Montcellet, que le sucedi\u00f3 en 1845, abri\u00f3 la era de las fundaciones en servicio del barrio.<\/p>\n<p>En 1849 -el a\u00f1o del c\u00f3lera- estableci\u00f3 en la parte poste\u00adrior del huerto la obra de la Providencia de santa Mar\u00eda: algunas clases y un asilo, construidos pero sin pagar, que acog\u00edan la miseria f\u00edsica y moral, incluida la de los ni\u00f1os obreros, explota\u00addos de forma horrible. En 1850 fund\u00f3 un peque\u00f1o internado para los hu\u00e9rfanos del c\u00f3lera. El a\u00f1o siguiente (9 de junio de 1951) fue nombrada superiora general.<\/p>\n<p>La sustituy\u00f3 sor Mazin, antigua superiora general, pero s\u00f3lo durante unos meses (1851-1852).<\/p>\n<p>Le sucedi\u00f3 sor Randier de 1852 a 1855, una mujer decidida que conjuga como nadie la cabeza con una generosidad inventi\u00adva. Catalina apreciaba mucho a esta cuarta superiora, pero pronto se la quitaron.<\/p>\n<p>Viene luego sor Guez (1855-1860), una mujer prudente, que quer\u00eda mucho a Catalina y crec\u00ed en todos los niveles muy buenas relaciones. Pero tambi\u00e9n la destinaron.<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n que promovi\u00f3 sor Guez fue r\u00e1pida. La casa estaba dividida entre el hospicio de los ancianos y el servicio devorador del barrio, entre la tarea confiada por la familia de Orle\u00e1ns y las urgencias de la miseria. El administrador de la familia real protesta contra la marcha de sor Guez. Y tambi\u00e9n las hermanas.<\/p>\n<p>Y viene entonces sor Duf\u00e9s, la \u00faltima superiora de Catalina. Lleg\u00f3 el 18 de octubre de 1860. Tiene 37 a\u00f1os, grandes proyec\u00adtos y una voluntad de hierro, que pone inmediatamente al servicio de la inmensa miseria del barrio. Su juventud emprendedora ahoga a la comunidad, que intenta defender las costum\u00adbres establecidas por dos superioras generales. Las hermanas querr\u00edan apoyarse en Catalina, una s\u00f3lida columna de la casa que ya ha cumplido las bodas de plata en ella, para resistir al nuevo estilo, que no les gusta a los ancianos. Y cuando \u00e9stos se preocupan y se quejan a la reina Amelia desterrada, la cosa crea cierto malestar. Catalina no entra en estas razones. Defiende a la autoridad. Llega incluso a reunir a las hermanas j\u00f3venes que vacilan para decirles: <em>No os mezcl\u00e9is en nada de eso<\/em>.<\/p>\n<p>En el fuego de la discusi\u00f3n a\u00f1ade incluso: <em>La superiora es Dios<\/em>. Sor Duf\u00e9s se lo deber\u00eda haber agradecido; sali\u00f3 bien del asunto, porque muy bien podr\u00edan haberla relevado de sus funciones (como antes a Mar\u00eda Luisa).<\/p>\n<p>Las dificultades tienden a resurgir. Sor Combes, de 28 a\u00f1os, que lleg\u00f3 en 1861, se ve implicada en ello: <em>Varias veces me alent\u00f3 sor Catalina para que me sometiera a la superiora.<\/em><\/p>\n<p>Tambi\u00e9n sor Maurel d&#8217;Aragon, de 21 a\u00f1os, que lleg\u00f3 en 1862. Un d\u00eda Catalina la llama a su oficio: <em>Nuestra vida es la fe; ver a Dios en todo, en los superiores, en los acontecimientos.<\/em><\/p>\n<p>Y sor Maurel comprendi\u00f3 para toda su vida que s\u00f3lo importa la obra de Dios, por encima de todas las rencillas.<\/p>\n<p>Las quejas vienen sobre todo de aquellos ancianos que se sienten marginados en aquel rinc\u00f3n suburbano que les hace a\u00f1orar su vida cortesana. Catalina, que comprende la importancia de los pobres del barrio, tiene que atender sus quejas y suscitar sus buenos sentimientos.<\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s fue solucionando las cosas con maestr\u00eda, a pesar de la dificultad de coexistencia de las dos casas situadas en los dos extremos del huerto: el hospicio fundado por la familia de Orle\u00e1ns y las obras devoradoras del barrio popular. En 1865, Catalina le dijo a sor Cosnard, de 24 a\u00f1os, seguramente despu\u00e9s de algunas quejas de los ancianos a la reina Amelia: <em>Enghien tendr\u00e1 que trasladarse a un castillo&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Pens\u00f3 quiz\u00e1s en aquel \u00abcastillo del Loire\u00bb en donde estaba escrito \u00abHospicio de Enghien\u00bb. Pero no insisti\u00f3 en aquella pre\u00admonici\u00f3n, que se cumplir\u00eda en 1901.<\/p>\n<p>Fue una confidencia excepcional. Pero lo cierto es que sent\u00eda una gran confianza con sor Cosnard, una normanda de 24 a\u00f1os que supo apreciar el ejemplo de Catalina y que se acord\u00f3 toda su vida de los peque\u00f1os secretos de \u00abpr\u00e1cticas de pobreza\u00bb que ella le ense\u00f1o a su llegada en 1864.<\/p>\n<p>Sostenida ahora por su comunidad, sor Duf\u00e9s sigue adelante en medio de enormes dificultades econ\u00f3micas. La \u00abProvidencia de santa Mar\u00eda\u00bb, construida hace tiempo en la calle de Reuilly, sigue sin pagarse. Los plazos caen implacables sobre la superio\u00adra. Un d\u00eda no tiene para pagar al panadero. Entra en la capilla para confiar su preocupaci\u00f3n a la Virgen. En la puerta una visitante le pregunta d\u00f3nde est\u00e1 el \u00abcepillo\u00bb. Deja su ofrenda y se va. Sor Duf\u00e9s encontrar\u00e1 exactamente la cantidad que necesita\u00adba.<\/p>\n<p>Al llegar sinti\u00f3 roto su coraz\u00f3n al ver por la calle totalmente borrachos a un grupo de muchachos que acababan de hacer la primera comuni\u00f3n. Eran unos \u00abcargadores\u00bb, como se les llama\u00adba: ni\u00f1os explotados por las f\u00e1bricas de papel que prosperan con la miseria de los habitantes de Reuilly; se trataba a los j\u00f3venes como \u00abbestias de carga\u00bb, dec\u00eda sor Duf\u00e9s. La mayor parte de ellos ni siquiera hac\u00edan la primera comuni\u00f3n. Los que la hac\u00edan no iban bien preparados y la fiesta era como una revancha de aquellos chicos frustrados, degradados por la miseria. Y aque\u00adllo era una lucha cotidiana, con la que ten\u00edan que v\u00e9rselas continuamente.<\/p>\n<p>Por exigencias del gobierno, finalmente preocupado por la \u00abChina\u00bb de Reuilly, la escuela que hab\u00edan fundado las herma\u00adnas para esos ni\u00f1os pas\u00f3 pronto a ser municipal.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o internado, establecido en 1850 por el arzobispa\u00addo para los hu\u00e9rfanos del c\u00f3lera, ve florecer algunas vocacio\u00adnes. El domingo est\u00e1 dedicado a ense\u00f1ar a los j\u00f3venes -sobre todo a los \u00abcargadores\u00bb de las f\u00e1bricas de papel pintado- a escribir, a leer y se les da catecismo. Las nuevas tareas, siempre ilimitadas, obligan a aumentar los locales y el personal; afortu\u00adnadamente hay abundancia de novicias. Tras el c\u00f3lera de 1866 fue preciso habilitar los graneros para las nuevas hu\u00e9rfanas. Enghien contaba con 5 hermanas al llegar sor Catalina: con 29 en 18h0, al llegar sor Duf\u00e9s; con 40 en 1870.<\/p>\n<p>Las nuevas obras de la comunidad estimulan la generosidad, pero en medio de aventuras y apuros.<\/p>\n<p>A las 4 de la ma\u00f1ana del martes de carnaval, 17 de febrero de 1863, estalla un violento incendio en la f\u00e1brica de papel pintado contigua a la capilla de Reuilly. Las llamas llegan al tejado de las hermanas amenazando con devorarlo todo.<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos consternadas &#8211;escribe sor Filomena Millon.<\/p>\n<p>Sor Catalina, muy tranquila, reza ante la estatua de la Virgen que hab\u00eda en el huerto. Tranquiliza a sor Dufes y a la comunidad: -\u00a1No teng\u00e1is miedo! El fuego se detendr\u00e1 y no pasara nada malo.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os que acuden al catecismo en las salas del locutorio son hijos de los sublevados de 1848: revoltosos, un d\u00eda levantan una barricada en la calle de Picpus, ahora tan tranquila. Se asustan los ancianos, antiguos servidores de la alta nobleza. \u00a1Con raz\u00f3n dec\u00edan ellos que las hermanas no deber\u00edan atender a esos canallas! Protestan ante la autoridad. Desde su destierro, la reina Mar\u00eda Amelia sale de su benevolencia habitual para pedir a sor Dufes que no reciba a aquellos revoltosos j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s no cede. El porvenir de aquellos j\u00f3venes es el porvenir de Dios en aquel barrio abandonado. En el n.\u00b0 79 de la calle de Reuilly (al lado del n.\u00b0 77 en donde las hermanas hab\u00edan levantado sus primeras obras), la comunidad posee unos terrenos, que tiene alquilados un fabricante de cuerdas. Para romper el contrato, presenta exigencias poco razonables. Sor Duf\u00e9s acude a la oraci\u00f3n e improvisa con las hermanas una noche entera de adoraci\u00f3n al Sant\u00edsimo. Al d\u00eda siguiente el arrendatario viene espont\u00e1neamente con proposiciones m\u00e1s razonables. Sor Dufes las acepta. Construye unas clases y un patio de recreo. Queda fundado el patronato para los ni\u00f1os, que a partir de 1864 reciben all\u00ed formaci\u00f3n, instrucci\u00f3n y catecis\u00admo. Autorizados para construir una nueva asociaci\u00f3n de hijos de Mar\u00eda, entran en ella con entusiasmo.<\/p>\n<p>En 1868 la real fundadora se preocupa al ver marginada su obra por aquel desborde de actividades. No era \u00e9sa la finalidad de la fundaci\u00f3n que sigue subvencionando a raz\u00f3n de 500 francos por cama, 600 francos por hermana y el doble por el capell\u00e1n. Act\u00faa con todo su peso, pero sor Duf\u00e9s no se doblega. Despu\u00e9s de todo, la familia real no ha fundado m\u00e1s que la casa de Enghien. Y ahora hay dos. Las 25 hermanas -sin subven\u00adci\u00f3n- que se ocupan en las obras del barrio se alojar\u00e1n en la otra parte del huerto, en la calle de Reuilly, incluida sor Duf\u00e9s que de esta forma marca distancias. Desde 1867 los ejercicios de la comunidad se trasladan a la nueva casa.Se deja en el hospicio de la calle de Picpus s\u00f3lo a las hermanas encargadas de los ancianos; Catalina se queda all\u00ed como responsable y sor Duf\u00e9s le entrega las llaves.<\/p>\n<p>Esta soluci\u00f3n obliga a nuevas construcciones. Los apuros econ\u00f3micos van en aumento como las casas; los plazos cada vez m\u00e1s implacables. Un d\u00eda, mientras hac\u00eda une colecta, no para ella, sino para Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias, sor Duf\u00e9s es interrogada por una bienhechora muy<sup>,<\/sup> atenta. Tiempo perdido en una jornada muy ajetreada. Pero la dama ha anotado la direcci\u00f3n. Linos d\u00edas m\u00e1s tarde pasa por Reuilly y entrega a sor Duf\u00e9s 30.000 francos para su casa, en recuerdo de su hija difunta. El problema queda resuelto.<\/p>\n<h3><strong>Criada para todo<\/strong><\/h3>\n<p>\u00bfQu\u00e9 lugar ocupa Catalina en esta comunidad: Aunque responsable del Hospicio, no participa en las deliberaciones ni decisiones. Se hace poco caso de su persona. Es solamente la \u00abhermana regular\u00bb, vaquera, hortelana, la criada para todo. Parece algo natural. Y como ella parece contenta, no hay que preocuparse por eso. Le gusta tratar con las j\u00f3venes de la casa, y no crea problemas a nadie. Nadie se queja de ella, ni los ancianos ni los dem\u00e1s. Es la buena empleada que todo lo arregla, los problemas materiales y los de car\u00e1cter. Parece normal. No se le nota nada.<\/p>\n<p>Sor Duf\u00e9s, aunque sabe en secreto que Catalina es la vidente, la trata con severidad:<\/p>\n<p>Cinco o seis veces -cuenta sor Cosnard- vi a sor Catalina de rodillas ante sor Duf\u00e9s, que le reprochaba por cosas que no hab\u00eda hecho y de las que no era responsable. Los reproches eran vivos, muy vivos. Sor Catalina, aunque inocente, no se excusaba. Sin embargo, me pareci\u00f3 notar una lucha en su alma. Sus labios se entreabr\u00edan como si fuera a hablar&#8230; La lucha terminaba siem\u00adpre con el triunfo de la humildad.<\/p>\n<p>Me impresiono tanto aquello&#8230; que le pregunt\u00e9 a sor Duf\u00e9s como pod\u00ed tratarla de aquel modo&#8230; Me respondi\u00f3 con un tono muy firme: <em>Hermana, d\u00e9jeme obrar as\u00ed, me siento movida a ello.<\/em><\/p>\n<p>La actitud severa de la superiora es como mancha de aceite. Las hermanas instruidas, que influyen en la comunidad, no aprecian mucho a aquella hermana tosca, cuyo acento y delan\u00adtal huelen a establo. Una de ellas la \u00abhumilla\u00bb, la \u00abultraja\u00bb -asegura son Clavel- trat\u00e1ndola de \u00abtonta y de boba\u00bb<\/p>\n<p>Pero Catalina, siempre acogedora, reci\u00e9n llegadas que con frecuencia no asustaban por las nuevas tarcas de aquel barrio maldito.<\/p>\n<p>Los criados tambi\u00e9n la quieren, porque siempre sabe aten\u00adderles.<\/p>\n<p>Cecilia Delaporte, la peque\u00f1a lavandera de 20 a\u00f1os, cae enferma poco despu\u00e9s de llegar en 1868. Catalina va a visitarla lo mismo que Bernadette visitara a Juana Jardet, la criada enferma de Nevers, olvidada por todos en su lecho: en medio de aquel tr\u00e1gico invierno de 1870-1871 le llevo \u00abun edred\u00f3n y un jarabe\u00bb:<\/p>\n<p>Un d\u00eda -recuerda- preparaba las planchas para las hermanas. Ella vio que estaba pasando mucho calor y me trajo un vaso de leche.<\/p>\n<p>Se entend\u00eda bien con los peque\u00f1os y con los humildes. Los que estaban en apuros acud\u00edan a ella como a una bondadosa abuela, s\u00f3lida columna en la familia&#8230;, aunque dispuestos a olvidarse de la pobre anciana apenas hayan aprendido a volar por sus propias alas.<\/p>\n<p>Los ancianos se muestran agradecidos de ver c\u00f3mo mantie\u00adne el hospicio en orden en los momentos en que se ven margina\u00addos en esta colmena desbordante. Y aquel orden le viene bien a Sor Duf\u00e9s a quien los fundadores hubieran despedido de no ser as\u00ed. Catalina no ahorra sus fuerzas. Aparece extra\u00f1amente presente en todos los frentes: el huerto y el patio, la puerta y sobre todo los pobres. Siempre se queda con las tareas m\u00e1s bajas y humildes. Es la encargada de \u00abencerar\u00bb el piso y repasar el parquet con la pesada \u00abgalera\u00bb. \u00a1Es fuerte Catalina!, y piensan en ella para las tareas m\u00e1s duras. Sin embargo, ya va a cumplir los sesenta. A veces se extra\u00f1a de sentir que el coraz\u00f3n le falla. Tiene que tomar aliento. Pero \u00a1cuando se quiere, se puede!<\/p>\n<p>Se hab\u00eda hecho con una fama discreta, pero s\u00f3lida, como veladora de los moribundos. Se priva del sue\u00f1o para atender a los agonizantes, numerosos entre los ancianos. S\u00f3lo entre los hombres mueren tres o cuatro cada a\u00f1o. Conjuga armoniosa\u00admente la atenci\u00f3n a los cuerpos y la oraci\u00f3n. Todos los que ella velaba encontraban la par. Los descre\u00eddos se convert\u00edan y a menudo \u00abmor\u00edan santamente\u00bb, como dec\u00edan en la casa. Ni uno solo de ellos dej\u00f3 de reconciliarse, constata sor Duf\u00e9s al final de su vida.<\/p>\n<p>Sor Isabel de Brioys, de una ilustre familia y tambi\u00e9n de \u00abgran juicio y de gran virtud\u00bb, tiene a Catalina para este \u00faltimo servicio. Hija de la Caridad desde 1852, fue aceptada por sus cualidades de alma a pesar de una tuberculosis que degener\u00f3 en meningitis. El 24 de agosto de 1863 sali\u00f3 del coma que sufr\u00eda: llena de lucidez, le dijo de pronto a sor d&#8217;Aragon que la velaba: <em>Voy a morir. Busque a sor Catalina y d\u00edgale que no me abandone.<\/em><\/p>\n<p>Es ya tarde. Sor d&#8217;Aragon difiere la petici\u00f3n aparentemente prematura. Adem\u00e1s, no est\u00e1 ella all\u00ed: A las 11 de la noche, la enferma \u00abreitera\u00bb su petici\u00f3n. Catalina est\u00e1 acostada desde las 9. Duerme profundamente. Cuando la sacude sor Clara, se despierta enseguida, se pone la toca y acude corriendo al lado de la moribunda, con su mirada de ojos azules. Reza tranquila\u00admente. A las 4 de la ma\u00f1ana suena la campana. Es la hora de levantarse. Catalina sigue rezando: el jadeo de la moribunda se va acentuando pero pac\u00edficamente. Se apaga, a las 6, con los primeros rayos de sol de aquel 25 de agosto. Catalina le deja y prosigue su quehacer.<\/p>\n<h3><strong>El huerto <\/strong><strong>de <\/strong><strong>las hijas <\/strong><strong>de <\/strong><strong>Mar\u00eda<\/strong><\/h3>\n<p>En este resurgir general hay un punto especialmente sensi\u00adble para Catalina, el que hab\u00eda recibido el encargo de transmitir al padre Aladel: <em>La sant\u00edsima Virgen quiere de usted una misi\u00f3n&#8230; Ser\u00e1 usted su fundador y su director. Se trata de una Cofrad\u00eda de hijas de Mar\u00eda a la que la sant\u00edsima Virgen conceder\u00e1 muchas gracias. Le conce\u00adder\u00e1n indulgencias&#8230; Se celebrar\u00e1n muchas fiestas. El mes de Mar\u00eda se celebrar\u00e1 con mucha pompa en muchos sitios.<\/em><\/p>\n<p>La obra surgi\u00f3 espont\u00e1neamente en 1838, cuando el padre Aladel era tercer asistente y colaborador del padre Etienne, entonces procurador de la Misi\u00f3n. Benigna Hairon, nacida en Beaune en 1822, empez\u00f3 en dicha ciudad a los 16 a\u00f1os, el 8 de diciembre de 1838, con un grupo de hijas de Mar\u00eda. De esta forma, como dec\u00eda ella misma, se convert\u00eda en la \u00abprimera de todas\u00bb entre las hijas de la Caridad. La asociaci\u00f3n qued\u00f3 Consti\u00adtuida el 2 de febrero de 1840. Desde entonces empez\u00f3 a espar\u00adcirse por otros lugares: el 7 9 de marzo de 1840 en Sainte-Eulalie de Burdeos, en 1841 en Saint-Flour. La primera asociaci\u00f3n parisina naci\u00f3 en Saint-Louis-en-I&#8217;lsle el 16 de diciembre de 1845. El padre Etienne nombr\u00f3 entonces a Aladel director de la nueva obra. El 20 de junio de 1847 se dirige a Roma y obtiene de P\u00edo IX una audiencia, en la que el papa le concede por escrito la facultad \u00abde establecer en las escuelas dirigidas por las hijas de la Caridad\u00bb una Asociaci\u00f3n bajo e( patrocinio de la Virgen Inmaculada, con todos los privilegios de que gozaba la Asocia\u00adci\u00f3n que hab\u00edan fundado antiguamente en Roma los padres jesuitas.<\/p>\n<p>En 1848 Aladel publico un Manual de las hijas de Mana, cuyas ediciones se fueron sucediendo peri\u00f3dicamente: 25.000 ejemplares en menos de 10 a\u00f1os.<\/p>\n<p>En 1857 la obra llega a Reuilly en donde hay 13 candida\u00adtas. El 21 de noviembre Aladel acude personalmente a fundar la Asociaci\u00f3n con ayuda del capell\u00e1n, el abate Pedro Coulli\u00e9, futuro cardenal. Entrega la medalla a las tres primeras aspiran\u00adtes, las hu\u00e9rfanas Ester, Antonieta y Zo\u00e9. El 8 de diciembre siguen otras m\u00e1s. El grupo elige a una presidenta: Carolina Huot, de 12 a\u00f1os, una ni\u00f1a que es una llama ardiente.<\/p>\n<p>\u00bfSe trata de la ilusi\u00f3n de una especie de milenarismo: No. El libro de actas de Reuilly nota despiadadamente una relajaci\u00f3n. El 20 de febrero de 1853 se lee en el acta que no hubo reuni\u00f3n solemne y se indica: <em>No hay consejo, ni nuevas admisiones. Poco a poco disminuye el fervor&#8230; Las reuniones semanales son cada vez menos numero\u00adsas. Las<sup>,<\/sup> hijas de Mar\u00eda no parecen comprender la dicha inefable de pertenecer a su querida Madre. Este titulo tan dulce no parece ser ahora m\u00e1s que un nombre vac\u00edo y la cinta azul un fr\u00edvolo adorno.<\/em><\/p>\n<p>Pero el carisma, vac\u00edo de interioridad, vuelve a recibir un nuevo aliento, m\u00e1s profundo. En 1858 aquel grupo acoge a Mar\u00eda Antonieta Meugniot, sobrina de Catalina.<\/p>\n<p>En 1860 cae enferma Carolina, la presidenta-fundadora. Tiene ya 21 a\u00f1os y lleva 9 a\u00f1os en el cargo. Su enfermedad intensifica su fervor y la calidad de su testimonio. Delgada, di\u00e1fana, siempre alegre, preside las reuniones con unas palabras tan iluminadas que se ve en ellas una inspiraci\u00f3n divina:<\/p>\n<p>Su acierto y precisi\u00f3n hac\u00edan ver que era Dios quien dictaba sus palabras -se lee en el libro de actas el d\u00eda siguiente de su muerte, el 17 de diciembre de 1859. Catalina sigue vigilante. Sus consejos y su ejemplo sostienen el fervor.<\/p>\n<h2><strong>5. El huerto secreto<br \/>\n<\/strong><\/h2>\n<p>En el fondo de su coraz\u00f3n Catalina cultiva su huerto cerra\u00addo. Defiende su intimidad con una rara eficacia. Sus gruesos zapatos, su delantal basto de campesina y su discreci\u00f3n son los \u00faltimos reductos bajo los que guarda su secreto, m\u00e1s amenaza\u00addo de lo que parece.<\/p>\n<h3><strong>El inc\u00f3gnito en peligro<\/strong><\/h3>\n<p>Cada vez resulta m\u00e1s dif\u00edcil disimular qui\u00e9n es \u00abla novicia de 1830\u00bb. Es por los a\u00f1os 50 cuando la noticia empieza a esparcir\u00adse&#8230;, cuando los superiores y otras personas saben o adivinan.<\/p>\n<p>En 1855 durante su \u00e9poca de seminario sor Charvier oy\u00f3 decir: La hermana que vio a la santisima Virgen est\u00e1 encargada de las vacas en una casa de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Pues bien -nos cuenta- me enviaron entonces a la casa de Enghien&#8230;, encarg\u00e1ndome de noche y de d\u00eda de la misma tarea que sor Catalina. Se me ocurri\u00f3 la idea de que quiz\u00e1s era aquella sor Labour\u00e9, encargada de las vacas, la que hab\u00eda visto a la sant\u00edsima Virgen. La observ\u00e9 de cerca, la vi muy piadosa y humilde, pero me dije: <em>No, no puede ser ella la que vio a la sant\u00edsima Virqen. No me parec\u00eda lo bastante m\u00edstica.<\/em><\/p>\n<p>A partir de 1875 le tienden continuamente trampas a Catalina. No solo \u00abprevinieron\u00bb a sor Duf\u00e9s antes de nombrarla superiora de la casa en 1860, sino que lo \u00absaben\u00bb algunas hermanas j\u00f3venes que llegaron del seminario a Reuilly. Tam\u00adbi\u00e9n lo saben algunos sacerdotes (el futuro cardenal Couilli\u00e9, capell\u00e1n de la casa), la familia de Catalina&#8230;, y \u00abLa Negra\u00bb, que se lo cuenta a todo el mundo&#8230; Los incidentes se multiplican.Solo a fuerza de seriedad, pero tambi\u00e9n de picard\u00eda \u00a0campesina consigue Catalina defender la discreci\u00f3n&#8230; y muchas veces crear la duda.<\/p>\n<p>Un d\u00eda sor Duf\u00e9s se deja convencer por unas bienhechoras, deseosas de \u00abconocer a la hermana que vio a la Virgen\u00bb. Tras las primeras resistencias, acab\u00f3 por ceder: <em>Bien, las acompa\u00f1ar\u00e9 al corredor de los ancianos en donde est\u00e1 sirviendo esa hermana.<\/em><\/p>\n<p>\u00abApenas entraron. Catalina procur\u00f3 ausentarse, con gran extra\u00f1eza de la superiora que nunca la hab\u00eda visto obrar as\u00ed\u00bb. Se hab\u00eda olido la trampa: Cuando se hubieron marchado las visitan\u00adtes, fue a pedirle a sor Dufes \u00abque no le mandara semejantes visitas\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>El hortelano<\/strong><\/h3>\n<p>Para aquel huerto cerrado Catalina sab\u00eda que no era la hortelana. Es el padre Aladel el que tiene la autoridad de Dios y de la Iglesia. El es quien tiene la ciencia y el poder en un mundo que ella adivina complicado. Sabe muy bien, como campesina, que los impulsos no realistas van al fracaso. Se da cuenta de la \u00abincapacidad\u00bb de las otras buenas hermanas para criar palomas o gallinas; tambi\u00e9n sabe que ella sale perdiendo con los chalanes: sabe que es incapaz en las cosas que ignora.<\/p>\n<p>Los \u00e9xitos de los que ha sido instrumento no la engr\u00eden. Todo progresa en un impulso en el que no faltan los avances dolorosos, como sucede con las horas de parto.<\/p>\n<p>Las relaciones con Aladel siguen siendo dif\u00edciles, tensas. El confesor sigue sospechando exageraciones&#8230;, ilusiones&#8230; La Me\u00addalla es ya un asunto concluido. \u00a1Que no vuelvan a hablarle de \u00e9l! Pero Catalina insiste de nuevo. No ha tenido m\u00e1s aparicio\u00adnes, pero la voz interior de Nuestra Se\u00f1ora le recuerda la misi\u00f3n que le ha confiado y sus consecuencias. \u00bfC\u00f3mo sigue estando cerrada al p\u00fablico aquella capilla en donde su Visitante ha abierto una fuente de gracias: \u00bfC\u00f3mo no va a ser conmemorado aquel acontecimiento con alguna peregrinaci\u00f3n, con alguna comuni\u00f3n de aniversario:<\/p>\n<h3><strong>Peticiones desechadas<\/strong><\/h3>\n<p>Lo que le atormenta desde 1839 es levantar un altar y una estatua conmemorativa en el sitio de la primera aparici\u00f3n, a la derecha seg\u00fan se mira hacia el altar mayor. Y esta estatua deber\u00e1 tener un globo terr\u00e1queo en las manos: un dato que se ha olvidado hasta ahora. Catalina se decide a hablar. Se acerca. Insiste en la sombra del confesionario. El padre Aladel se acalo\u00adra. Su descontento traiciona su habitual discreci\u00f3n: <em>\u00a1Esta avispa\u2026<\/em><em>l<\/em><\/p>\n<p>La interjecci\u00f3n ha traspasado la cortinilla y ha llegado hasta unos o\u00eddos delicados.<\/p>\n<p>-El confesionario temblaba -nos dice un testigo.<\/p>\n<p>Petici\u00f3n desechada. Sin embargo, en 1841-1842 Aladel, que se siente en profunda armon\u00eda con Catalina a pesar de las tensiones superficiales, parece que se va convenciendo. El \u00e9xito de la Medalla milagrosa, los 100.000 ejemplares de su Notice agotados, le obligan a publicar una nueva edici\u00f3n. La revisa. Hay que ampliar la capilla de la calle del Bac, que resulta demasiado peque\u00f1a, y construir un nuevo seminario para 500 hermanas j\u00f3venes. Esto le obliga a pensar, a trazar planes. A la larga la insistencia de Catalina se va abriendo camino. \u00bfFue Aladel quien la invit\u00f3 a referir por escrito la aparici\u00f3n de la Medalla, el 15 de agosto de 1841? \u00bfO bien la escribi\u00f3 ella para que \u00e9l la leyera, al no poder conseguir que la escuchara:<\/p>\n<p>Este aut\u00f3grafo insiste en algunos detalles descriptivos: <em>Por debajo del velo vi sus cabellos partidos sobre la frente y aplastados sobre los lados. Por debajo, un encaje de 3 cent\u00edme\u00adtros de ancho, sin fruncir, es decir, apoyado ligeramente sobre los cabellos: la figura bastante descubierta.<\/em><\/p>\n<p>Pero lo que le importa sobre todo son sus deseos que ya ha expuesto oralmente. En una \u00e9poca en la que la comuni\u00f3n no se conced\u00eda todos los d\u00edas, pide una comuni\u00f3n suplementaria para el aniversario de la aparici\u00f3n. Y sobre todo: <em>Ahora, despu\u00e9s de dos a\u00f1os, me siento impulsada a decirle que se construya o se erija un altar a la sant\u00edsima Virgen en el lugar mismo en donde se apareci\u00f3.<\/em><\/p>\n<p>En este altar hay que poner una estatua de la sant\u00edsima Virgen, tal como la vio. Ahora insiste en un detalle in\u00e9dito. Nuestra Se\u00f1ora tiene una bola en sus manos, que representaba al globo de la tierra. Ten\u00eda las manos elevadas a la altura del est\u00f3mago, de una forma muy suelta, con los ojos elevados hacia el cielo.<\/p>\n<p>Era una mirada, suplicatoria y un gesto de ofrecimiento de ese mundo, de esos hijos que ella quiere proteger.<\/p>\n<p>Su figura era todo belleza. No ser\u00eda capaz de pintarla; despu\u00e9s, de pronto me di cuenta de los anillos de sus dedos, revestidos de piedras preciosas, m\u00e1s bellas unas que otras.<\/p>\n<p>La voz le hace comprender que todav\u00eda no se conf\u00eda suficien\u00adtemente en ella: Las piedras de donde no nacen rayos son las gracias que se olvidan de pedirme.<\/p>\n<p>Aquel a\u00f1o 1841 la petici\u00f3n urgente de Catalina provoca una investigaci\u00f3n m\u00e1s detenida. Por primera vez se anotan en una hoja las indicaciones de Catalina, en forma de programa que se entreg\u00f3 al pintor Lelaille para realizar la imagen que ped\u00eda. Lo \u00abesencial\u00bb consiste en lo siguiente: <em>La santisima Virgen mantiene ligeramente el globo en sus manos y lo ilumina con una luz viva. Importa que se haga ver [)\u00a1en esa luz, que ilumina vivamente a la tierra, particularmente junto a las manos de donde parte el rayo de luz. La sant\u00edsima Virgen, con una ternura maternal, mira a esa pobre tierra. <\/em><em>Y <\/em><em>habr\u00e1 alrededor: <\/em><em>\u00a1Oh Mar\u00eda, <\/em><em>sin pecado concebida! Ruega <\/em><em>por nosotros.<\/em><\/p>\n<p>Siguiendo estas indicaciones Letaille dibuja un esbozo del cuadro deseado: una Virgen de pie, coronada de estrellas, la luna bajo los pies, seg\u00fan Apocalipsis 12 y la hoja-programa. Tiene en sus manos un globo enorme: es la manera (sorpren\u00addente) de que los rayos de sus manos no oculten dicho globo. Catalina espera, pero el proyecto no es aceptado.<\/p>\n<h3><strong>La cruz de 1848<\/strong><\/h3>\n<p>En v\u00edsperas de la revoluci\u00f3n, en 1848 como antes en 1830, la invade un soplo simb\u00f3lico y prof\u00e9tico: ella lo recibe como una gracia, como una exigencia. Ahora el clima es distinto; en los \u00faltimos a\u00f1os se ha confirmado la irradiaci\u00f3n religiosa de Cha\u00adteaubriand. La hostilidad contra el obscurantismo medieval ha dejado sitio a una nostalgia por la Edad Media g\u00f3tica y por la Iglesia: en torno a la Medalla ha surgido un movimiento caris\u00adm\u00e1tico y po\u00e9tico. La llevaba Ozanam cuando fund\u00f3 la Conferen\u00adcia de san Vicente de Pa\u00fal en 1833; Newman se la colg\u00f3 al cuello el 22 de agosto de 1845, dos meses antes de su conver\u00adsi\u00f3n (9 de octubre).<\/p>\n<p>Catalina no analiza estos hechos; Ella apenas lee. La visi\u00f3n se le impone repentinamente, gratuitamente, desde dentro, lo mismo que las anteriores. Lo que se le presenta es el triunfo de la Cruz, un triunfo que hay que REALIZAR: en Par\u00eds hay que levantar un Crucifijo monumental, que estrechar\u00e1 los v\u00ednculos de los cristianos con Cristo crucificado. Catalina le concede a la ca\u00edda del rey Luis-Felipe tan escasa importancia como a la de Carlos X en 1830. Est\u00e1 totalmente obsesionada por el porvenir de Dios.<\/p>\n<p>Esta cruz se llamar\u00e1 la cruz de la victoria. Ser\u00e1 muy venerada. De toda Francia y de los pa\u00edses m\u00e1s lejanos, y hasta del extranjero vendr\u00e1n unos en peregrinaci\u00f3n y otros por devoci\u00f3n y otros por curiosidad. En fin, se notar\u00e1 una protecci\u00f3n muy especial que parecer\u00e1 milagrosa. No vendr\u00e1 a Par\u00eds nadie que no vaya a ver y a visitar esa cruz, como una obra de arte.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed Catalina en vez de l&#8217;art (arte) ha escrito lard (tocino). Esto le da autenticidad a su escrito; lo sublime roza con lo vulgar. Aladel tendr\u00eda motivos para sonre\u00edr. Pero ella contin\u00faa imperturbable, mezclando los presentes con los futuros: <em>Al pie de la cruz se representar\u00e1 toda esta revoluci\u00f3n, tal como ha pasado. <\/em><em>El <\/em><em>pie de la cruz me pareci\u00f3 que ten\u00eda de 10 a 12 pies cuadrados, y la cruz de 15 a <\/em><em>20 <\/em><em>pies de alta. Y una vez levantada me parece que tendr\u00e1 unos 30 pies de alta.<\/em><\/p>\n<p>Las proporciones son m\u00e1s modestas que las de Claudel cuando proyectaba una catedral subterr\u00e1nea en Chicago con una flecha de 700 metros.<\/p>\n<p>Bajo esta cruz descansar\u00e1n parte de los muertos y de los heridos durante esos acontecimientos tan penosos&#8230;<\/p>\n<p>Entre esos muertos Catalina distingue uno (como en su visi\u00f3n de 1830) con una especial intensidad: <em>En un lado aparece un brazo y se oye una voz que dice: \u00a1La sangre corre!<\/em><\/p>\n<p><em>Y se\u00f1alando la sangre con un dedo el inocente muere, el pastor da su vida.<\/em><\/p>\n<p><em>Se sabe que monse\u00f1or Affre muri\u00f3 en 1848 junto a las barricadas, cuando quer\u00eda llevarles la paz&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>La cruz se me apareci\u00f3 con toda su belleza. Nuestro Se\u00f1or estaba como si acabase de morir. La corona de espinas en la cabeza, los cabellos esparcidos en la corona por detr\u00e1s, la cabeza inclinada del lado del coraz\u00f3n. La llaga del costado derecho&#8230; me parec\u00eda tener como tres dedos de ancha y ca\u00edan de ella gotas de sangre. La cruz me parec\u00eda de una madera preciosa, extra\u00f1a, cubierta de oro o dorada.<\/em><\/p>\n<p>La visi\u00f3n viva est\u00e1 llena de esperanza. Catalina se siente movida a someterla al juicio del padre Aladel.<\/p>\n<p><em>-\u00a1Otra vez!,<\/em> piensa \u00e9l.<\/p>\n<p>Reitera sus consignas ya cl\u00e1sicas contra las ilusiones. Catali\u00adna vuelve a la carga, sin \u00e9xito alguno. Por eso se decide a tomar la pluma el 30 de julio de 1848: <em>Padre. Es esta la tercera vez que le hablo de esta cruz, despu\u00e9s de haber consultado con Dios, con la santisima Virgen y con nuestro buen padre san Vicente, el d\u00eda de su fiesta y durante toda su octava, en la que me he entregado en sus manos por completo y te he pedido que me quite toda idea especial sobre este asunto y sobre todos los dem\u00e1s. En vez de sentirme aliviada, me he sentido cada vez m\u00e1s urgida a pon\u00e9rselo todo por escrito. As\u00ed me someto por obediencia. Creo que ya no me preocupar\u00e9 m\u00e1s. Con todo respeto soy su hija, muy devota en el sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y de Mar\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Deposita esta \u00faltima petici\u00f3n en el papel, como una botella al mar. Deja en blanco la p\u00e1gina 3 y pone la direcci\u00f3n en una parte de la p\u00e1gina 4 (era lo que sol\u00eda hacerse entonces para ahorrar el sobre). Y escribe la direcci\u00f3n seg\u00fan la f\u00f3rmula tradicional, donde se repite ceremoniosamente el t\u00edtulo del destinatario:<\/em><\/p>\n<p><em>Se\u00f1or.<\/em><\/p>\n<p><em>Se\u00f1or Aladelle,<\/em><\/p>\n<p><em>Director de las hijas de la Caridad.<\/em><\/p>\n<p>\u00bfSe trata de un documento nulo: Catalina ha cometido una falta de ortograf\u00eda, poniendo en femenino el apellido del direc\u00adtor.<\/p>\n<p>Antes de cerrar la carta a\u00f1ade en la primera p\u00e1gina un croquis para materializar el emplazamiento de la cruz. Esta nota a\u00f1adida traduce su preocupaci\u00f3n:<\/p>\n<p>En el momento en que se elevo la cruz recorriendo una parte de Par\u00eds para poner el terror en los corazones, hasta llegar a detenerse en Notre-Dame, iba llevada por varios hombres que me parec\u00edan estar enfurecidos. Finalmente dejaron la cruz. Esta se cay\u00f3 en el barro y ellos huyeron. Me pareci\u00f3 que un estremeci\u00admiento interior los hab\u00eda obligado a marchar y abandonarlo todo. La cruz iba cubierta de un cresp\u00f3n negro.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n, rica en colores, la interpreta Catalina como hab\u00eda interpretado la del coraz\u00f3n de san Vicente: <em>El blanco que rodea la cabeza de Nuestro Se\u00f1or es la inocencia. El rojo es la sangre que se derrama&#8230;El azul es la librea de la sant\u00edsima Virgen.<\/em><\/p>\n<p>Parece ser que Catalina no se fij\u00f3 en que eran los colores de la bandera francesa&#8230;, aunque en un orden contrario. Proyecta toda la viveza de sus visiones, pero sin razonarlas. \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n hay entre esta imagen de profanaci\u00f3n y la cruz triunfal que hay que erigir? \u00bfSe trata de un acto de reparaci\u00f3n? No lo indica. Todo esto puede parecernos hoy extra\u00f1o. Pero la visi\u00f3n ten\u00eda un aspecto importante para la conciencia de media\u00addos del siglo XIX. La cruz ten\u00eda un prestigio y una popularidad inmensa. La aparici\u00f3n de una cruz luminosa en Mign\u00e9 (Vienne) en 1826 hab\u00eda dejado un recuerdo duradero en los esp\u00edritus. Y hubo otras m\u00e1s. La cruz se aparec\u00eda entonces con m\u00e1s frecuen\u00adcia que la Virgen. Es la \u00e9poca en que por toda Francia se erig\u00edan calvarios a millares, como una r\u00e9plica al iconoclasmo y a las blasfemias de comienzos de siglo. En plena revoluci\u00f3n de 1848, el 24 de febrero, sin duda poco despu\u00e9s de la visi\u00f3n premonitora de Catalina, los insurrectos llevaron efectivamente en triunfo una cruz, robada cuando la invasi\u00f3n del palacio real. Es un punto en com\u00fan con la visi\u00f3n de Catalina. El mot\u00edn que saque\u00f3 el palacio real se convirti\u00f3 en procesi\u00f3n para llevar aquel crucifijo a la iglesia seg\u00fan la cr\u00f3nica de entonces.<\/p>\n<p>El pasado jueves (24 de febrero), en el momento en que el pueblo acababa de invadir las Tuller\u00edas y arrojaba por las ventanas los muebles y los cortinajes, un joven que pertenece a las conferen\u00adcias de san Vicente de Pa\u00fal corri\u00f3 a toda prisa a la capilla, temiendo una profanaci\u00f3n&#8230; El piadoso joven pidi\u00f3 a varios guardias nacionales que le ayudasen a llevar los vasos sagrados y el crucifijo&#8230; En el patio se lanzaron gritos contra los hombres cargados de tan precioso dep\u00f3sito. Entonces el que llevaba el crucifijo lo levant\u00f3 diciendo: \u00bfQuer\u00e9is regeneraros? \u00a1Pues bien! \u00a1Sabed que no podr\u00e9is regeneraros m\u00e1s que por Cristo.<sup>,<\/sup><\/p>\n<p>-\u00a1Si, s\u00ed! -respondi\u00f3 un gran n\u00famero de voces-, \u00a1ese es de los nuestros!<\/p>\n<p>Las cabezas se descubrieron al grito de \u00a1Viva Cristo!<\/p>\n<p>Y as\u00ed el crucifijo y un c\u00e1liz sin patena fueron llevados por as\u00ed decirlo en procesi\u00f3n hasta San Roque, donde los recibi\u00f3 el se\u00f1or p\u00e1rroco.<\/p>\n<p>En 1848, a diferencia de 1830, el pueblo revolucionario de Par\u00eds aclamaba espont\u00e1neamente a la cruz de Cristo. Catalina se daba cuenta; y si se hubiera erigido el calvario que ella deseaba, habr\u00eda podido tener una irradiaci\u00f3n an\u00e1loga a la que tuvo la Medalla milagrosa. Ese monumento habr\u00eda sido la coronaci\u00f3n l\u00f3gica de sus visiones: las habr\u00eda centrado en Cristo. Esta l\u00f3gica inspiraba claramente a Catalina. Lo expresar\u00e1 en una de sus \u00faltimas palabras en su lecho de muerte, cuando manifieste su gozo de unirse con \u00abNUESTRO SE\u00d1OR, LA SANTISIMA VIRGEN Y SAN VICENTE\u00bb. Estas palabras recapitulan el tema de sus visiones, pero en un orden inverso. Catalina empez\u00f3 por san Vicente en abril de 1830, continu\u00f3 con la sant\u00edsima Virgen a partir del verano de 1830; y todo acababa con este triunfo de la cruz de Nuestro Se\u00f1or en 1848, siguiendo a las visiones eucar\u00eds\u00adticas de 1830. San Vicente y la Virgen encontraron eco, aunque con dificultades, en el padre Aladel. Pero no as\u00ed el proyecto grandioso de la cruz. Quedo enterrado. Catalina sufri\u00f3 por ello. Le parec\u00eda que hab\u00eda quedado amputado el deseo del Se\u00f1or y su propia misi\u00f3n. Arrinconada entre la visi\u00f3n y la obediencia, liber\u00f3 su conciencia por escrito. Desde ahora se refugia en Nuestro Se\u00f1or. Y no volvi\u00f3 a hablar m\u00e1s de ello.<\/p>\n<h3><strong>Un altar y una estatua<\/strong><\/h3>\n<p>Pero sigue preocup\u00e1ndose por el altar con la Virgen del globo terr\u00e1queo que conmemorar\u00eda la aparici\u00f3n y abrir\u00eda la capilla a las peregrinaciones.<\/p>\n<p>El padre Aladel, cada vez m\u00e1s atareado por el desarrollo de las hijas de Mana, se va distanciando de sor Catalina. En 1851 el padre Chinchon, de 35 a\u00f1os, pasa a ser su confesor habitual en Keuilly, hasta 1875. La escucha m\u00e1s, pero tampoco coopera mucho. \u00bfPue por su iniciativa o por la del padre Aladel por la que sor Catalina redacto en 1856 un relato aut\u00f3grafo sobre las primeras apariciones, la del coraz\u00f3n de san Vicente y aquella otra, estrictamente desconocida, en donde la Virgen le confi\u00f3 su misi\u00f3n el 18 de julio de 1830. Aquellos escritos permane\u00adcieron muy en secreto.<\/p>\n<p>Pero algo se hizo seg\u00fan sus deseos. EI ensanchamiento de la capilla, iniciado en 1849, permiti\u00f3 poner un nuevo altar mayor, detr\u00e1s del cual se coloc\u00f3 una estatua de la Virgen con rayo, seg\u00fan el modelo de la Medalla milagrosa.<\/p>\n<p>Las obras se hicieron m\u00e1s bien seg\u00fan la l\u00f3gica de la amplia\u00adci\u00f3n que seg\u00fan los deseos de Catalina: <em>No era eso precisamente lo que ella ped\u00eda<\/em>, sab\u00eda muy bien sor Hannezo.<\/p>\n<p>Ni el lugar, ni la forma: <em>No estaba ni mucho menos contenta con la estatua de la sant\u00edsima Virgen, porque no estaba representada tal como la hab\u00eda visto&#8230;. llevando la bola del mundo en sus manos.<\/em><\/p>\n<p>El padre Chinchon, el nuevo confesor, reconoce que Catali\u00adna se le quejaba de la \u00abactitud\u00bb que el padre Aladel le daba a la Virgen. Tambi\u00e9n el padre Chevalier. Ella deseaba el altar en el sitio de la primera aparici\u00f3n de la Medalla, a la <em>derecha <\/em>y no en el centro. Pero por lo menos la estatua conmemoraba la aparici\u00f3n. Respond\u00eda al deseo de ilustrar la peregrinaci\u00f3n a la calle del Bac.<\/p>\n<p>Pero la comunidad cada vez m\u00e1s numerosa, con m\u00e1s de 500 novicias por aquellos a\u00f1os, no permit\u00eda abrir la capilla al p\u00fablico. A Catalina, que experimentaba sus grandes beneficios siempre que iba all\u00e1, le hubiera gustado compartirlos con mucha m\u00e1s gente.<\/p>\n<h3><strong>Lourdes y la calle del Bac<\/strong><\/h3>\n<p>Cuando oy\u00f3 hablar de la aparici\u00f3n de Lourdes (1858), dijo: <em>\u00a1Es la misma!).<\/em><\/p>\n<p>Lo m\u00e1s extraordinario -escribe la superiora sor Duf\u00e9s- es que sin haber Ie\u00eddo ninguna de las obras publicadas, sor Catalina estaba al corriente de todo mejor que si hubiera estado entre los peregrinos a aquel lugar.<\/p>\n<p>Seg\u00fan su compa\u00f1era sor Tranchemer, ella habr\u00eda dicho: \u00a1<em>Y <\/em><em>pensar que esos milagros pod\u00edan tener lugar en nuestra capi\u00adlla! <\/em><\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n a sor Millon: <em>Si los superiores hubiesen querido, la sant\u00edsima Virgen habr\u00eda escogido nuestra capilla.<\/em><\/p>\n<p>Nos dice sor Pineau que sor Duf\u00e9s encontr\u00f3 entre las cosas de Catalina un trozo de papel en donde se leen estas palabras escritas de su mano.<\/p>\n<p>-Mi buena Madre, aqu\u00ed no se puede hacer lo que vos quer\u00e9is: manifestaos en otro lugar.<\/p>\n<p>En varias ocasiones -cuenta sor Cosnard-, sor Catalina inten\u00adt\u00f3 convencerme de que la peregrinaci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias (cuya Cofrad\u00eda llevaba la Medalla Milagrosa) y la de Lourdes hab\u00edan sido concedidas por la sant\u00edsima Virgen para suplir a las que los superiores no hab\u00edan cre\u00eddo conveniente autorizar en nuestra capilla.<\/p>\n<p><em>-Sin embargo <\/em>-me dijo ella varias veces con un acento espe\u00adcial-, <em>las peregrinaciones se acabar\u00e1n haciendo<\/em>.<\/p>\n<p>Algunas veces se sent\u00eda atormentada por no haber conse\u00adguido que la escucharan. Habr\u00eda perdido el sue\u00f1o y la cabeza si no hubiera encontrado al pie del altar lo que le hab\u00eda prometido Nuestra Se\u00f1ora: \u00a1una fuente de paz!<\/p>\n<h2><strong>6. Muerte del padre Aladel (1865)<\/strong><\/h2>\n<p>El domingo 23 de abril de 1865 el padre Aladel pronunci\u00f3 una conferencia inspirada. Recordaba en ella las apariciones del coraz\u00f3n de san Vicente.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, martes 25 de abril, fiesta de san Marcos, sus hermanos se extra\u00f1an de su ausencia; \u00a1era la regularidad en persona! Pero no hacen nada. La hermana encargada de la sacrist\u00eda de la comunidad en donde celebraba la misa se preocu\u00adpa de ver que se retrasa por primera vez en su vida. Corre a San L\u00e1zaro para informarse. Suben a su habitaci\u00f3n y lo encuentran tendido en el suelo, inconsciente, con el rostro en tierra. Lo ha derribado un ataque de apoplej\u00eda. Muere aquel mismo d\u00eda, a las 3 de la tarde.<\/p>\n<p>Las \u00faltimas palabras de su \u00faltima predicaci\u00f3n tomaron de este modo un sentido de premonici\u00f3n: <em>Cuando el \u00faltimo d\u00eda, despu\u00e9s del Consummatum est de los \u00faltimos sufrimientos nuestra alma abandone el cuerpo que la mantiene cautiva si nuestro bienaventurado padre san Vicente encuentra en nosotros un gran esp\u00edritu de fe, una gran caridad y un cari\u00f1o de predilecci\u00f3n por la sant\u00edsima Virgen, entonces nos presentara a ella, y Mar\u00eda Inmaculada nos llevara a Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p>Sus hermanos pensaron que \u00e9l hab\u00eda ofrecido su vida a cambio de la que parec\u00eda amenazada.<\/p>\n<p>El jueves 27 de abril celebro los funerales el padre Eugenio Vicart que le suceder\u00eda en el cargo de director de las hermanas y de admonitor del Superior general.<\/p>\n<p>Aquellos funerales fueron servidos por los estudiantes de San L\u00e1zaro, uno de ellos era Felipe Meugniot, de 20 a\u00f1os, sobrino de Catalina, que conserv\u00f3 un recuerdo emocionado de aquella ceremonia: <em>Yo actuaba de turiferario. Al volverme en un momento de la ceremonia mi mirada cay\u00f3 en sor Catalina que se encontraba en primera tila con su superiora (sor Duf\u00e9s). Me llamo la atenci\u00f3n el aspecto radiante de su rostro. No me lo explicaba, se tratar\u00eda del recuerdo del reflejo celestial que hab\u00edan tenido sus relaciones con el venerado difunto.<\/em><\/p>\n<p>Aquella serenidad se ver\u00eda pronto agitada por una nueva tormenta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los a\u00f1os que van desde los votos de Catalina y su proceso por contumacia (1836) hasta la guerra y la Comuna (1871) no han llamado mucho la atenci\u00f3n de los historiadores. 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