{"id":53170,"date":"2019-06-23T08:30:58","date_gmt":"2019-06-23T06:30:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-2-la-vocacion\/"},"modified":"2019-06-02T18:16:52","modified_gmt":"2019-06-02T16:16:52","slug":"vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-2-la-vocacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-catalina-laboure-rene-laurentin-2-la-vocacion\/","title":{"rendered":"Vida de Catalina Labour\u00e9 (Ren\u00e9 Laurentin): 2. La vocaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Una granjera de 12 a\u00f1os<\/strong><\/h2>\n<p>Ya tenemos a Catalina convertida en granjera. Asume el papel de madre de familia y de se\u00f1ora de la casa.<\/p>\n<p>La granja, con su tejado de color entre gris y rojo, forma un \u00e1ngulo casi cerrado de edificios, una especie de claustro. Da a la calle por un porche y culmina a 10 metros de altura en el c\u00e9lebre palomar que da impresi\u00f3n de ser m\u00e1s bajo por lo ancho que resulta y que indica al mismo tiempo con su altura que los Labour\u00e9 son \u00abuna de las familias principales de la aldea\u00bb. La gente se lo piensa dos veces antes de franquear la puerta del antiguo alcalde.<\/p>\n<p><em>&#8211; \u00bfIbais vosotras a jugar con Zoe?, preguntaron a una anciana de la misma edad que Catalina.<\/em>Respondi\u00f3: <em>\u00a1Oh, no! Los Labour\u00e9 eran de una situaci\u00f3n por encima de la nuestra. No se nos permit\u00eda ir a su casa sin alg\u00fan motivo. Eran muy ricos. Eran de las mejores casas de Fain<\/em>.<\/p>\n<p><em>Fain e<\/em>ra una peque\u00f1a aldea. Pero el padre de Catalina era el m\u00e1s importante por su instrucci\u00f3n y por su prestigio.<\/p>\n<p>Huysman ha presentado a Catalina como una \u00abantigua criada de una granja\u00bb. No era precisamente esa su posici\u00f3n. \u00bfLa escogi\u00f3 la Virgen por ser \u00abtosca y de escasos alcances\u00bb, como el afirma? La verdad es que es analfabeta y que lo seguir\u00e1 siendo hasta los 20 a\u00f1os, mas tarde todav\u00eda que Bernardette de Lourdes. Pero, lo mismo que Bernardette, es de cuerpo robusto y tiene toda la riqueza humana de los pobres, que no han espera\u00addo a leer y a escribir para existir. Bernadette ten\u00eda como primo\u00adg\u00e9nita los deberes de \u00abheredera\u00bb al estilo de Bigorre. El t\u00edtulo de \u00abheredera\u00bb era una iron\u00eda para Bernadette, cuyos padres no ten\u00edan m\u00e1s que deudas&#8230; pero los padres de Catalina eran due\u00f1os de las tierras que cultivaban.<\/p>\n<p>Como hu\u00e9rfana, Catalina tuvo que ejercer desde la infancia las funciones de ama de casa: una posici\u00f3n que muchas mujeres solo alcanzaban a los cincuenta a\u00f1os, o quiz\u00e1s nunca: algunas ten\u00edan que permanecer hasta su muerte bajo el yugo de una todopoderosa suegra. Catalina, a los 12 a\u00f1os, es reina de esta granja cerrada como un baluarte: una reina trabajadora y que al mismo tiempo manda sobre los sirvientes y sobre una criada.<\/p>\n<p>Su reino es el cercado, el establo, el huerto y sobre todo la granja. Pero all\u00ed el verdadero rey es el padre cuando regresa de trabajar los campos: habla poco, pero cuando lo hace sus palabras son decisivas. Estas palabras representan para Cata\u00adlina la autoridad, incluso en sus dominios m\u00e1s propios: la cocina y la sala de estar. La reina no es nada sin la autoridad del rey y se mantiene callada cuando el est\u00e1 delante. Tambi\u00e9n domina en el horno, en el jard\u00edn, el establo, el gallinero, el palomar 1121 casetas \u00abdonde se cobijan de de 600 a 800 palomas. A Catalina le gusta todo aquel mundo ruidoso y acogedor que bate a su alrededor las alas intentando atrapar al vuelo los granos que lanza generosamente. La imaginaci\u00f3n de los testigos le dar\u00eda mas tarde a este revoloteo de las palomas la forma de una aureola&#8217;.<\/p>\n<h2><strong>La Jornada de Catalina<\/strong><\/h2>\n<p>Como ama de casa, Catalina es la primera en levantarse. En cualquier estaci\u00f3n del a\u00f1o tiene que despertarse la primera. Sus ojos se abren cuando la noche empieza a abrirse, el horizonte se va ti\u00f1endo de azul o de malva y la luz asoma por las ventanas que dan a la meseta cubierta de arboles. Le gusta ver amanecer todo en invierno, cuando las noches son m\u00e1s largas que su cansancio y ella acecha, bajo el edred\u00f3n, el primer rayo de sol.<\/p>\n<p>El verano es otra cosa. Ella empieza a las 4 de la ma\u00f1ana y los d\u00edas nunca son demasiado largos para el trabajo. Al despertarse que luchar contra la fatiga y las agujetas, para volver a empezar la cadena. La aurora insiste con agresividad y un remordimiento la acosa. \u00a1\u00c1nimo! \u00a1Con Dios y con la faena!<\/p>\n<p>La principal tarea de todos los d\u00edas es atender a la cocina. Las tres comidas: el desayuno (bien nombrado, porque rompe el ayuno de la noche, consiste en una sopa y en un bocadillo que los labradores se llevan al campo; la comida del mediod\u00eda da mucho trabajo en verano, porque hay que llev\u00e1rsela a los segadores; la cena exige cocinar mas, pero siempre lo mismo: un puchero legumbres con tocino.<\/p>\n<p>La granjera es due\u00f1a y criada. Paga con su persona mas que cualquier. No come en la mesa con los hombres, sino en un rinc\u00f3n de la chimenea. No interviene en la conversaci\u00f3n. Catalina se ha formado en un mundo jer\u00e1rquico, en la escuela del respeto y del silencio, pero tambi\u00e9n de las lentas deliberacio\u00adnes para lograr lo que se proyecta y hacer que lo imposible se haga posible, si es necesario.<\/p>\n<p>El cuidado de los animales va poniendo ritmo en la jornada. Por la ma\u00f1ana y por la noche hay que orde\u00f1ar las vacas; un duro trabajo para las manos y todav\u00eda m\u00e1s para la espalda que esta continuamente curvada. Catalina distribuye el forraje y lleva el reba\u00f1o al abrevadero comunal. Prepara para los cerdos la comida a base de restos y desechos. Recoge los huevos del gallinero&#8230; Todo el d\u00eda va y viene del pozo, por fortuna no demasiado lejos, a sacar el agua necesaria.<\/p>\n<p>Durante largas noches de invierno las tareas menudas se prosiguen sin descanso. La velada se pasa unas veces en casa y otras con los vecinos, a la luz de las velas delante del fuego de la chimenea: lo m\u00e1s frecuente es reunirse en casa de los Labour\u00e9, que tienen una sala grande y un buen horno para el pan. All\u00ed se refugian cuando hiela. El aire se conserva all\u00ed c\u00e1lido, con un calor denso, mantenido por todo el espesor de los rojos ladrillos.<\/p>\n<p>La reuni\u00f3n ahorra le\u00f1a y da tiempo para cambiar impresio\u00adnes: noticias, recuerdos, cuentos de miedo o de encantamien\u00adtos&#8230; La oraci\u00f3n con que se cierra la velada ahonda la comuni\u00adcaci\u00f3n: todo un tiempo de libertad, interiormente programado por el rito y la tradici\u00f3n.<\/p>\n<h2><strong>La semana<\/strong><\/h2>\n<p>En la trama de estas jornadas es preciso insertar otras actividades peri\u00f3dicas. Cada semana Catalina ten\u00eda que amasar la harina con levadura y calentar el horno. Se necesitaban siete u ocho haces de le\u00f1a. Cuando el horno estaba bien caliente. Catalina quitaba la ceniza y el carb\u00f3n con la raedera, recog\u00eda las brasas en el apagador e iba metiendo ordenadamente con las largas paletas al horno siete y ocho hogazas de pan. Aguarda mientras realiza otras tareas y al cabo de una hora retira los panes, blancos y calientes bajo la corteza dura y crujiente. \u00a1Qu\u00e9 miedo, las primeras veces, de que el milagro no llegara a producirse! Los jueves hab\u00eda que ir al mercado de Montbard, a unos 15 kil\u00f3metros. Cada semana hab\u00eda que hacer tambi\u00e9n la colada: una rutina siempre vulgar.<\/p>\n<h2><strong>El a\u00f1o de Fain<\/strong><\/h2>\n<p>Pero adem\u00e1s de la colada semanal hab\u00eda que hacer dos o tres al a\u00f1o otra colada general: la de la ropa blanca que se conserva de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n y que tan pocas veces se usa. \u00a1Todo un acontecimiento en el lento correr de los meses! Se sacan de los ba\u00fales verdaderas monta\u00f1as de s\u00e1banas. Los vecinos vienen a echar una mano. Es una fiesta&#8230; \u00a1una dura fiesta! En el fondo de una enorme cuba Catalina pone unos sarmientos sacados de la poda de las vi\u00f1as. Los recubre con una manta y coloca sobre ella una capa de ceniza (\u00a1ojo! \u00a1no mezclar con ella las c\u00e1scaras de huevo, que manchan!. Recubre la ceniza con otra manta y pone encima la ropa que ya ten\u00eda en remojo con agua fr\u00eda desde la v\u00edspera. Luego empieza la opera\u00adci\u00f3n. La cuba grande esta ya hirviendo a m\u00e1s hervir. Con una jarra va echando sobre las s\u00e1banas el agua humeante que penetra la masa; sin cansarse va recogiendo esta agua y la vuelve a echar por encima. As\u00ed se concentra la lej\u00eda. Pero no hay que hacer esto demasiadas veces, pues la lej\u00eda acabar\u00eda atacando a las manos y a la misma ropa. Catalina sabe que lo mejor es a veces enemigo de lo bueno. Cuando la ceniza ha cumplido con su misi\u00f3n, hay que llevar la colada en una carretilla al lavadero comunal, que est\u00e1 delante de la casa. Para acercarse al agua las lavanderas tienen que bajar varios escalo\u00adnes; una vez all\u00ed se ponen de rodillas sobre un caj\u00f3n y aclaran y golpean la ropa con la pala; esperando que el tiempo y el viento permitan un secado m\u00e1s o menos r\u00e1pido, antes de planchar y colocar de nuevo en los armarios las sabanas limpias y perfuma\u00addas de retama y espliego.<\/p>\n<p>Todos los a\u00f1os a principios de invierno se mata el cerdo. En una granja importante como esta se matan incluso dos si es preciso, el martes de carnaval. Engordan al animal hasta un peso aproximado de 300 libras. Es una fiesta m\u00e1s alegre que la de la colada. Hay abundancia de morcillas, de carne asada a la parrilla, de chicharrones, pues hay que comer enseguida o repartir lo que se estropea pronto. Los que viven en casa y los que vienen a ayudar son capaces de consumir aquel d\u00eda hasta doce o trece platos de carne. Los est\u00f3magos s\u00f3lidos compensan de este modo la carencia de prote\u00ednas. Todo ello va acompa\u00f1ado de buen vino: aunque los Labour\u00e9 no tienen vi\u00f1as, siempre se encuentran alguna botella y abundante el buen humor.<\/p>\n<p>Pero lo importante es lo que no se come aquel d\u00eda: el jam\u00f3n y el tocino hay que salarlos luego. Proporcionaran carne para el resto del a\u00f1o, pues la venta de carne fresca es cosa rara. Solo bajo Napole\u00f3n lll se dedicar\u00e1n aquellos pueblos a la cr\u00eda del ganado para el matadero.<\/p>\n<p>A veces s\u00ed que hay carne de vaca en abundancia, pero solo cuando se ha accidentado una res demasiado vieja. Se reparte con los vecinos a reciprocidad: \u00abhoy me toca a mi, ma\u00f1ana a ti\u00bb. Las p\u00e9rdidas se convierten de este modo en fiesta por necesidad de que no se pierda nada. La desgracia se trasforma en abundancia y en ocasi\u00f3n de compartir con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>De esta manera Catalina se va familiarizando con todo un mundo de ritos, de recetas y de tradiciones que cada a\u00f1o ira cumpliendo mejor. Hay que andar con tiento con los animales (la vaca que no quiere dar leche porque le han quitado el ternero), con la gente (esas se\u00f1oras de la ciudad que regatean en la compra de la mantequilla y los huevos) y tambi\u00e9n con el tiempo, ese tiempo que se abre hacia la eternidad, a trav\u00e9s del eterno retorno en el ciclo de las fiestas.<\/p>\n<p>Cada a\u00f1o Catalina comprende y cumple mejor el ciclo lit\u00fargico: desde el Adviento hasta la Pascua y la interminable serie de domingos verdes despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s: es el per\u00edodo de los trabajos m\u00e1s pesados. Al empezar el invierno, el 2 de Noviembre, viene el sacerdote a la iglesia donde esta reunido todo el pueblo. A lo largo de la tarde multiplica sus responsos por los difuntos. Es una ceremonia interminable, porque cada fami\u00adlia quiere que se rece por sus muertos. Los d\u00edas empiezan a acortarse. Se entra en la noche como en el seno materno. Se sue\u00f1a, se conversa, se duerme m\u00e1s tranquilamente. Es la estaci\u00f3n de la muerte a la que le toca ahora entrar en el ciclo de la vida.<\/p>\n<h2><strong>El secreto de Catalina<\/strong><\/h2>\n<p>Catalina sabe defender sus dominios y dar a cada uno lo que sele debe seg\u00fan su rango y sus necesidades, empezando por su padre y por aquel hermanito enfermizo que es objeto de sus mayores atenciones. Los mejor servidos son Pedro, porque es el responsable de la familia y Augusto porque su desgracia clama al cielo. Despu\u00e9s de ellos, los hermanos, las hermanas y la servidumbre. Y ella, la \u00faltima.<\/p>\n<p>Catalina no se preocupa por sus errores de principiante: procura repararlos calladamente y saca lecci\u00f3n de todo. Esa es a su escuela, ya que no puede ir a otra. \u00bfQui\u00e9n le ha ense\u00f1ado a cumplir as\u00ed a los 12 a\u00f1os esa abrumadora tarea? Su vida esta llena desde los primeros esplendores del amanecer, cuando se pone a encender el fuego, hasta la noche, cuando la ultima llama aviva la penumbra para que pueda terminar las tareas menos delicadas, aquellas que se pueden hacer sin demasiada luz, como fregar la vajilla y arreglar las cosas de la cocina. No es esa la hora m\u00e1s oportuna para ponerse a coser. Catalina sabe que hay que ser ordenada.<\/p>\n<p>Ella sola se las arregla tan bien que no se necesita la criada. Adem\u00e1s, la ingerencia de una persona mayor que no acepta f\u00e1cilmente la autoridad de una \u00abjoven\u00bb da m\u00e1s preocupaci\u00f3n que ayuda. A Catalina le cunde bien el trabajo: adem\u00e1s, empieza a contar vez m\u00e1s con la ayuda de Tonina, que es muy activa y colabora de buena gana. A los 14 a\u00f1os Catalina despide a la criada apenas se le presenta la ocasi\u00f3n. Y gana la apuesta: las cosas marchan mucho mejor que antes.<\/p>\n<p>\u00bfLa sostiene acaso su amor a la tierra: S\u00ed, le gusta la tierra bienhechora, aquel alba que la despierta todas las ma\u00f1anas, aquella tarea que llena sus jornadas despu\u00e9s del vac\u00edo del destierro en Saint-R\u00e9my. Pero esto no es m\u00e1s que la superficie de las cosas.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00e1 acaso el incentivo de lucro, la pasi\u00f3n campesina por ahorrar cada vez m\u00e1s, cueste lo que cueste? Catalina administra bien su tarea, mezclando unas faenas con otras. Si no lo hiciera as\u00ed, ser\u00eda la ruina. La gente de la ciudad no tiene ni idea de lo que es eso. Hay<sup>,<\/sup> que pensar en los imprevistos: las enfermedades de los animales y de las plantas, las malas cosechas, los acciden\u00adtes, etc. Pero Catalina siente m\u00e1s amor a la gente y a las cosas que al dinero. Sabe muy bien que su gesti\u00f3n interior en circuito cerrado, no es m\u00e1s que un elemento de la econom\u00eda dom\u00e9stica, c\u00ede la que lo esencial est\u00e1 en manos de su padre.<\/p>\n<p>El verdadero secreto del esfuerzo de Catalina est\u00e1 escondido en sus escapadas fuera de la granja. Todos los d\u00edas busca la manera de ausentarse por un rato. No se trata de ir a ver a un gal\u00e1n. Su amor est\u00e1 escondido en la iglesia de Fain, situada cerca de la granja al otro lado de la calle, un poco m\u00e1s arriba. Es una iglesia sin sacerdote, pues el p\u00e1rroco se esfum\u00f3 durante la Revoluci\u00f3n. Fain depende de un sacerdote que va de un sitio para otro celebrando bodas, entierros y alguna que otra vez la misa de los domingos.<\/p>\n<p>Esos domingos Catalina y su familia ocupan un banco especial, en la capilla de la Virgen, llamada capilla de los Labour\u00e9, pues fue esa familia quien la hizo restaurar. Pero no es este honor del banco de mayordomo lo que atrae a Catalina a la iglesia. Va all\u00ed sola, entre semana, para rezar largo rato arrodillada sobre las fr\u00edas baldosas. Se dice que fue all\u00ed donde debi\u00f3 contraer la artrosis. Pero lo cierto es que esos rezos son lo que dan sentido a todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Los vecinos dicen a veces: <em>Los rezos no hacen adelantar la faena<\/em>.<\/p>\n<p>Pero ella ha hecho ya su faena. Catalina es fuerte y tiene una salud de hierro. Ese tiempo no lo necesita para su casa; es un tiempo que le sobra.<\/p>\n<p>Pero a veces el pueblo critica la piedad de Catalina y los ratos que pasa en la iglesia: \u00a1<em>Tiempo perdido!<\/em><\/p>\n<p>Eso no le preocupa. El tiempo de Catalina no es el de sus vecinas, enterradas en su rutina cotidiana. Ella vive la tarea de cada d\u00eda en otra duraci\u00f3n distinta que da sentido a las vueltas a comenzar indefinidas, a las personas a las que se cruza uno cada d\u00eda y que valdr\u00eda m\u00e1s no encontrar. Y \u00e9se es un sentido que no pasar\u00e1 jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Catalina vive con Dios, en la fe y en el amor; y tambi\u00e9n en comuni\u00f3n con los santos, como conciudadana de todos ellos. En Saint-Remy su t\u00eda le ense\u00f1\u00f3 un d\u00eda una estatua de su patrona, santa Catalina de Alejandr\u00eda, la santa llena de sabidur\u00eda y de luz que resisti\u00f3 valientemente a sus perseguidores. Zo\u00e9-Catalina est\u00e1 familiarizada con todos aquellos santos protecto\u00adres cuyas siluetas bondadosas adornan las paredes de la iglesia. , tanto en Fain como en Saint-Remy. Pero sobre todo conoce a la Virgen Mar\u00eda. Se encuentra con ella siempre que va a la iglesia de Fain: primero en el p\u00f3rtico, con el Ni\u00f1o en los brazos y luego en el interior, con las manos abiertas en un gesto de acogida.<\/p>\n<p>El sagrario est\u00e1 vac\u00edo en esta iglesia sin sacerdote, pero la presencia del Se\u00f1or llena su casa y se revela en el fondo de su coraz\u00f3n. Para Catalina es una felicidad. Y siente la necesidad de sumergirse en ella. Tambi\u00e9n es all\u00ed donde encuentra fuerzas para poner a todos buena cara y hacerles un buen servicio. All\u00ed est\u00e1 su sue\u00f1o para el porvenir, un sue\u00f1o que Tonina ha sabido adivinar. Su hermana peque\u00f1a se dio cuenta de que Catalina se iba volviendo muy \u00abm\u00edstica\u00bb. Seg\u00fan dec\u00eda, a partir de su primera comuni\u00f3n. Su compatriota san Bernardo la habr\u00eda llamado mejor \u00abmire contemplativa\u00bb, asombrosamente contem\u00adplativa.<\/p>\n<p>El r\u00edo de la oraci\u00f3n, que aparentemente hab\u00eda secado la Revoluci\u00f3n, vuelve a correr en el alma de Catalina, as\u00ed como en la de otros contempor\u00e1neos suyos que ella no conoce: Juan Mar\u00eda Vianney, Juana Jugan, Juana-Antida Thouret, madre Javouhey, Magdalena-Sof\u00eda Barat, etc. La oraci\u00f3n brota en ella irresistiblemente de muy buena fuente. Permanece largos ratos en la iglesia de Fain, cuyo tr\u00e1gico vac\u00edo hace mas intenso el silencio y permite captar mejor la llamada.<\/p>\n<p>Se trata de una experiencia muy densa. Y esta analfabeta encontrara m\u00e1s tarde un estilo vigoroso para expresarla, cuan\u00addo finalmente aprenda a escribir: <em>\u00a1Vaya religi\u00f3n la que tenemos en este pueblo! \u00a1Una misa los domingos y hasta tiene que venir un sacerdote de fuera para poderla decir! Las v\u00edsperas las canta el maestro de escuela y por tanto no tenemos bendici\u00f3n, para que se confiesen los enfermos, tenemos que enviar a buscar al sacerdote. \u00a1F\u00edjate si la poca religi\u00f3n que hay estar\u00e1 segura! (Carta a su hermana Mar\u00eda Luisa) <\/em><\/p>\n<p>Al no poder encontrar al Se\u00f1or en la Eucarist\u00eda, lo busca en su coraz\u00f3n de bautizada y m\u00e1s especialmente en los pobres que acoge y en los enfermos que visita: otra actividad austera y luminosa que ha llenado su vida.<\/p>\n<p>Para poder o\u00edr misa el domingo tiene que ir a menudo a Moutiers, pues el sacerdote viene pocas veces a Fain. Tonina la acompa\u00f1a. Pero para Catalina eso no basta: a pesar de que tiene que recorrer una legua de ida y otra de vuelta, busca la ocasi\u00f3n para ir tambi\u00e9n entre semana a o\u00edr misa a Moutiers. Hay m\u00e1s de un kil\u00f3metro de cuesta arriba y otro de cuesta abajo. Cuando Catalina ve asomar el campanario de la iglesia, se siente sobre\u00adcogida de una gran alegr\u00eda: la alegr\u00eda del reencuentro. Al regresar, se siente con fuerzas para subir de nuevo la cuesta que le llevar\u00e1 a su trabajo cotidiano. Los senderos que habr\u00e1 de recorrer en su vida no ser\u00e1n ciertamente los de la facilidad.<\/p>\n<p>No era aficionada a las distracciones, asegura una de sus antiguas compa\u00f1eras: <em>Aquellas se\u00f1oritas Catalina y Tonina Labour\u00e9 eran muy piadosas: nunca iban a divertirse con las dem\u00e1s muchachas, <\/em>atesti\u00adgua una anciana de 88 a\u00f1os, contempor\u00e1nea de Catalina<em>.<\/em><\/p>\n<p>Absorbida demasiado pronto por sus responsabilidades, madur\u00f3 antes de tiempo debido a las duras tareas de la granja. Por\u00ad eso Catalina no fue nunca muy \u00abjuguetona\u00bb.Pero ser\u00e1 una exageraci\u00f3n hagiogr\u00e1fica afirmar -como afirma su sobrino Felipe Meugniot- que ten\u00eda \u00abun car\u00e1cter serio, modesto y grave\u00bb.<\/p>\n<p>Otra contempor\u00e1nea &#8211;\u00abuna amiga de aquel tiempo\u00bb, cuyo nombre no se ha conservado- dice que se divert\u00eda mucho cuando su padre las llevaba a las fiestas de Cormar\u00edn, a casa de sus primos y primas\u00bb.<\/p>\n<h2><strong>Las fiestas de San Roberto de Cormar\u00edn<\/strong><\/h2>\n<p>He aqu\u00ed el recuerdo de una muchacha de Cormarin, un tanto aureolado por los 80 a\u00f1os que hab\u00edan trascurrido en 1896<em>: Catalina no era bonita, pero muy buena y servicial; siempre se mostraba amable y complaciente con sus compa\u00f1eras, incluso cuando la hac\u00edamos rabiar, como suelen hacer los ni\u00f1os. Y si ve\u00eda que est\u00e1bamos enfadadas entre nosotras, intentaba poner paz. Si se presentaba un pobre, le daba las golosinas que ten\u00eda&#8230; En la misa del patrono San Roberto. Catalina Labour\u00e9 rezaba como un \u00e1ngel&#8230;, sin mirar a la derecha ni a la izquierda.<\/em><\/p>\n<h2><strong>El ayuno que alimenta<\/strong><\/h2>\n<p>A los 14 a\u00f1os empez\u00f3 a ayunar los viernes y los s\u00e1bados durante todo el a\u00f1o Ss. Tonina se dio cuenta de ello. Temi\u00f3 que pod\u00eda hacerle da\u00f1o. Intent\u00f3 disuadirla, pero en vano. La amena\u00adz\u00f3 con dec\u00edrselo a su padre, pero Catalina no se dejo impresio\u00adnar: <em>Pues bien, d\u00edselo.<\/em><\/p>\n<p>Al sentirse provocada, Tonina cumpli\u00f3 con su amenaza. Su padre le dio la raz\u00f3n. Pero Catalina hab\u00eda tomado aquella decisi\u00f3n y aquel ayuno era un asunto entre ella y Dios. En el encontraba su fuerza. Aquello no le importaba a nadie, ni siquiera a su padre, con tal que se hiciera el trabajo que hab\u00eda que hacer&#8230; Y sigui\u00f3 ayunando.<\/p>\n<p>No guard\u00f3 ning\u00fan rencor por lo ocurrido. Su padre era su padre, pero Dios es Dios. Aquella desavenencia no enturbi\u00f3 en lo m\u00e1s m\u00ednimo sus buenas relaciones con Tonina, cuya coope\u00adraci\u00f3n era siempre tan decidida y tan sagaz.<\/p>\n<h2><strong>La vocaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Por estas mismas fechas Catalina le confi\u00f3 a Tonina-s\u00f3lo a ella- su proyecto de vida: su vocaci\u00f3n. Pero todav\u00eda no sabe ni d\u00f3nde ni cu\u00e1ndo. No se trataba de \u00abhacer como Mar\u00eda Luisa\u00bb; no, se trataba m\u00e1s bien de un proyecto \u00edntimo entre ella y Dios. Tonina comprende. Defiende a su hermana y la ayudar\u00e1 en sus deseos.<\/p>\n<p>Esto permanece secreto entre ellas porque su padre, en este punto, tiene ya arregladas sus cuentas con Dios. Con lo necesa\u00adria que le era para la granja, \u00e9l no ha reprochado la marcha de Mar\u00eda Luisa. Ha entregado la hija y la dote. Ya es suficiente.<\/p>\n<h2><strong>Un sue\u00f1o<\/strong><\/h2>\n<p>Pero una noche esta llamada toma la forma de un sue\u00f1o. Catalina se encuentra en la iglesia de Fain, en su sitio de costumbre, en la capilla de los Labour\u00e9. Est\u00e1 rezando. Llega un anciano sacerdote vestido con los ornamentos sacerdotales y se pone a celebrar misa en el altar blanco con molduras doradas. Lo que mas le impresiona es su mirada cuando se vuelve para el <em>Dominus vobiscum. <\/em>En el <em>Ite, missa est <\/em>le hace una se\u00f1al para que se acerque. El temor la sobrecoge. Retrocede fascinada. No Puede apartar de s\u00ed aquella mirada. Durante toda su vida la recordar\u00e1. A la salida de la iglesia va a visitar a una enferma (todav\u00eda en sue\u00f1os). All\u00ed la encuentra el anciano sacerdote, que le dice: <em>Hija m\u00eda, es una buena obra cuidar de los enfermos. Ahora huyes de m\u00ed, pero alg\u00fan d\u00eda te sentir\u00e1s feliz<\/em> <em>de poder venir conmigo. Dios tiene sus designios sobro ti. No lo olvides.<\/em><\/p>\n<p>Vuelve a alejarse de el, siempre llena de miedo pero con el coraz\u00f3n ardiendo. \u00abSus pies no se posaban en la tierra\u00bb. Al pasar el porche de su casa, se despierta.<\/p>\n<p>Aquello no era m\u00e1s que un sue\u00f1o. Pero es un nuevo impulso para Catalina. Su reino-su granja-se ha convertido en un lugar provisional, casi en un destierro. Realiza su trabajo mejor que antes, pero como si no lo estuviera haciendo. Su vida real domina lo cotidiano, que ella ha abandonado ya en esp\u00edri\u00adtu. Reflexiona. Forja proyectos. Para entrar en las Hermanas ser\u00e1 menester saber leer y escribir por lo menos: le han dicho que es esa una condici\u00f3n necesaria para ser admitida. Adem\u00e1s su falta de instrucci\u00f3n la humilla.<\/p>\n<p>Con el \u00fanico fin de ocultar su ignorancia, le paga entonces 30 francos -todos sus ahorros- a un charlat\u00e1n que se com\u00adpromete a ense\u00f1arla a firmar con su nombre. Pero esto no basta&#8230; Va siendo hora de aprender a leer, a escribir, a hacer cuentas; en el papel y no solo en su cabeza, aunque una cabeza de campesina y los diez dedos de su mano constituyen una buena m\u00e1quina de calcular.<\/p>\n<h2><strong>Primera estancia en Chatillon (1824-1826)<\/strong><\/h2>\n<p>Tiene 18 a\u00f1os. Y Antonia Gontard, una prima hermana por parte de su madre, le propone llev\u00e1rsela a Ch\u00e1tillon para que adquiera un poco de instrucci\u00f3n. Dirige all\u00ed un pensionado, conocido por toda la comarca.<\/p>\n<p>Tonina tiene 16 a\u00f1os. Ya es lo bastante mayor para asumir las funciones de ama de casa. Adem\u00e1s, sigue siendo c\u00f3mplice de su hermana. Su padre sigue mostr\u00e1ndose reticente. La sensatez y el fervor de su hija le tienen preocupado. Tiene miedo de perderla.Pero no se siente muy ufano de la ignorancia de sus hijos m\u00e1s peque\u00f1os, despu\u00e9s de haber dejado marcharse a los mayores por el mundo bien equipados. De este modo Catalina consigue lo que deseaba.<\/p>\n<p>En Ch\u00e1tillon tiene la dicha de poder asistir f\u00e1cilmente misa: hay una iglesia, con el Sant\u00edsimo Sacramento, y un sacerdote a su disposici\u00f3n. Se trata del abate Gailhac arcipreste, un ancia\u00adno de ochenta a\u00f1os (1743-1828). Se atreve a confiarle su sue\u00f1o. El sacerdote conoce mucho a las hijas de la Caridad. Le impresiona la descripci\u00f3n del anciano: con barbas, el solideo negro, el servicio a los pobres&#8230;<\/p>\n<p><em>-Hija m\u00eda, me parece <\/em><em>que <\/em><em>ese sacerdote no era otro sino san Vicente.<\/em><\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s, Catalina acude acompa\u00f1ada de una prima suya a la casa de las hermanas, en la calle de la Juder\u00eda. \u00a1En el locutorio, una sorpresa! El retrato que ve all\u00ed representa al sacerdote que hab\u00eda visto en sue\u00f1os.<\/p>\n<p><em>-\u00a1Pero si <\/em><em>es nuestro <\/em><em>padre san Vicente de <\/em><em>Pa\u00fal!, le explican <\/em><em>las hermanas.<\/em><\/p>\n<p>Alguien se ha preguntado c\u00f3mo es posible que no hubiera visto nunca el retrato aut\u00e9ntico que se conserva en las Herma\u00adnas de Moutiers. Es que aquel cuadro lleno de vida, atribuido a Francisco de Tours, se conservaba entonces en la sala de la comunidad, que estaba reservada a las hermanas.<\/p>\n<p>La decisi\u00f3n de Catalina esta ya tomada en concreto. Pero, \u00bfqu\u00e9 hacer: La entrada en el postulantado exigir\u00eda el permiso de su padre y no pod\u00eda pensarse en ello. Esperar: Catalina tiene prisa y la faltan todav\u00eda dos a\u00f1os y medio para alcanzar la mayor\u00eda de edad. Y eso parece toda una eternidad a esa edad y para el impulso de un tal deseo.<\/p>\n<p>Por otra parte, Catalina no se encontraba a gusto en casa de la prima. A los 18 a\u00f1os se encuentra en el mismo nivel escolar que las peque\u00f1as y sus costumbres campesinas desentonan de las de aquellas se\u00f1oritas. Su prima y las compa\u00f1eras la invitan amablemente a que imite sus buenas maneras. Pero no le atrae aquel mundo de peinados con cintas y de refinamiento: la condescendencia de sus compa\u00f1eras hiere su amor propio e incluso a veces su rectitud y su sencillez.<\/p>\n<h2><strong>Un drama<\/strong><\/h2>\n<p>En este callej\u00f3n sin salida busca lo que es m\u00e1s franco y tambi\u00e9n m\u00e1s duro: volver a su casa. Su estancia en Ch\u00e1tillon ha sido relativamente corta.<\/p>\n<p>Nada se ha perdido. Al regresar a Fain, Catalina ya puede firmar con mano segura y lo hace en el bautizo de una ahijada. Catalina Zoe Suriot, el 16 de julio de 1826. Sin duda es en esta circunstancia cuando estrena el vestido de seda violeta que formar\u00eda luego parte de su \u00abequipo\u00bb. Su padre se lo ha mandado hacer, ya que anda en edad de casarse. Un flechazo lo arreglar\u00eda todo. Entretanto la vida de la granja tiene que seguir adelante: terneros, vacas, cerdos, pollos, palomas&#8230; Catalina, imperturba\u00adble y silenciosa, no pone mala cara al trabajo, pero no deja de pensar. Su vocaci\u00f3n la acosa.<\/p>\n<p>Todo va bien en lo que se refiere a Tonina, que ha asumido con decisi\u00f3n sus tareas de granjera. Pero en lo que se refiere al padre se ciernen negros nubarrones; ser\u00eda una locura hacer estallar la tormenta antes de tiempo. Catalina espera paciente\u00admente su mayor edad. Llega finalmente el 2 de mayo de 1827.Ha cumplido 27 a\u00f1os. Expone su decisi\u00f3n. Su padre la rechaza encolerizado.<\/p>\n<p>Ya le ha dado a Dios una hija. Siempre ha dicho que no le dar\u00eda dos. Adem\u00e1s, Catalina es \u00fatil, es normal, es alegre, no lo pasa mal en las fiestas de los pueblos cercanos: Senailly, Cormarin.Alguien anda interesado en pedirla en matrimonio. Segura\u00admente acabar\u00e1 dej\u00e1ndose tentar por un buen mozo o un buen partido. Pero, por desgracia para Pedro Labour\u00e9, Catalina sabe muy bien lo que quiere&#8230;: y lo que Dios quiere para ella.<\/p>\n<h2><strong>El destierro en Par\u00eds (1828-1829)<\/strong><\/h2>\n<p>En la primavera de 1828 su padre piensa otra manera de disuadirla. Su hijo Carlos, el quinto de sus hijos, ha puesto en Par\u00eds una tienda de vinos y taberna, en la calle Echiquier. Su mujer tema ya tambi\u00e9n all\u00ed un restaurante para que comieran los obreros: desgraciadamente, acaba de morir dos a\u00f1os despu\u00e9s de su matrimonio con el hermano de Catalina, el 21 de febrero de 1828. Carlos necesita ayuda. Catalina tendr\u00e1 que ir a echarle una mano. La capital espabila pronto a las chicas. Es f\u00e1cil que alguno la corteje en el restaurante.<\/p>\n<p>Para ella esta decisi\u00f3n supone una nueva herida sobre la que ya tiene. Despu\u00e9s del rechazo de su vocaci\u00f3n, el despido de su padre, la ruptura de unos lazos que representaban mucho para ella. \u00danicamente el deber y la prudencia la mantienen en este nuevo trabajo al lado de su hermano viudo, que empieza as\u00ed a consolarse. Esta satisfecho de su hermana y le gustar\u00eda retenerla \u00abpara el gobierno de la casa\u00bb. Intenta casarla con alguno de los clientes; pero a ella el trato de los posibles pretendientes, que ver\u00e1n ciertos atractivos en aquella borgo\u00f1o\u00adna de 22 a\u00f1os, las felices perspectivas y el negocio del restau\u00adrante la resultan totalmente extra\u00f1os. Las distracciones del barrio y sus \u00e9xitos culinarios entre los clientes tropiezan siempre con su decisi\u00f3n inquebrantable.<\/p>\n<p>Carlos prefiere no insistir. Y la ocasi\u00f3n para liberar a Catali\u00adna llega oportunamente cuando su hermano vuelve a casarse el 3 de febrero de 1829. Dos mujeres en una casa, una est\u00e1 de mas.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, Catalina aprovecha la ocasi\u00f3n. Escribe a su cu\u00f1a\u00adda de Ch\u00e1tillon, muy conmovida por su situaci\u00f3n, y luego a su hermana Mar\u00eda Luisa que acaba de ser nombrada el a\u00f1o anterior hermana sirviente, es decir, superiora de las hijas de la Caridad de Castelsarrasin (Tarn-et-Garonne). Su respuesta desborda felicidad y pasi\u00f3n: <em>\u00bfQue significa ser hija de la Caridad? significa darse a Dios, sin reservas, para servir en los pobres a sus miembros que sufren&#8230; Si en estos momentos una persona fuera lo suficientemente poderosa para <\/em><em>ofrecerme no<\/em><em> ya un reino, sino todo el universo, mirar\u00eda todo eso como el polvo de mis zapatos, pues estoy convencida de que no encontrar\u00eda en la posesi\u00f3n del universo la felicidad y el contento que siento en mi vocaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>Y detiene este impulso ante un posible escr\u00fapulo: <em>Me gustar\u00eda que pasaras alg\u00fan tiempo en casa de nuestra cu\u00f1ada, tal como ella misma te lo ha propuesto, para que te formaras un poco mejor, ya que en algunas ocasiones es preciso ser todo lo educada que una pueda ser. Aprender\u00e1s a hablar franc\u00e9s un poco mejor de como lo hacen en nuestra aldea, te dedicar\u00e1s a la escritura y al calculo, y sobre todo a la piedad, al fervor y al amor de los pobres. No tenemos por costumbre inducir a nadie a que entre en nuestra comunidad.<\/em><\/p>\n<p>Pero se perdona pronto esta \u00abdebilidad\u00bb y termina repitiendo su deseo de que Catalina entre alg\u00fan d\u00eda a formar parte de las que un d\u00eda ser\u00e1n llamadas&#8230; \u00abM\u00e1s vale servir a Dios que al mundo&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Mar\u00eda Luisa recibir\u00e1 mas tarde esta misma carta como un boomerang en las circunstancias que luego veremos (23 abril 1834). De momento, ella aconseja volver a Ch\u00e1tillon.<\/p>\n<h2><strong>Segunda estancia en Ch\u00e1tillon<\/strong><\/h2>\n<p>La casona de su prima, situada al pie de la colina de Saint\u00adVorles, ha cambiado desde su primera estancia en ella; el 15 de diciembre de 1828 Juana-Antonia Gontard se hab\u00eda convertido en cu\u00f1ada de Catalina al casarse con su hermano mayor Huberto, subteniente de polic\u00eda despu\u00e9s de haber sido guardia de corps de Carlos X en Paris en 1824.<\/p>\n<p>Los reci\u00e9n casados son buenos abogados de de Catalina ante su padre, poco orgulloso de la situaci\u00f3n o sin salida en la que se hab\u00eda metido a pesar suyo.<\/p>\n<p>Aprovecha entonces la ocasi\u00f3n de un compromiso honora\u00adble.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, Catalina vuelve a aquel pensionado que le gusta tan poco, pero frecuenta cada vez m\u00e1s las hijas de la Caridad. Esta vez se encuentra all\u00e1 con una hermana nueva, sor Victoria S\u00e9jole, agarrada de golpe por esa simpat\u00eda discretamente admiradora que le har\u00e1 decir a lo largo de toda su vida, cada vez que tenga que hablar de Catalina: <em>Nunca conoc\u00ed un alma tan inocente y tan pura<\/em><\/p>\n<p>Catalina y sor Victoria tienen muchas afinidades: las dos pertenecen a buenas familias de campesinos, tienen aproxima\u00addamente le misma edad, 22 y 27 a\u00f1os, y las dos tienen una hermana mayor entre las hijas de la Caridad; pero sobre todo las dos sienten un gran amor a la Virgen y a los pobres. Sor Victoria comprende muy bien el malestar que experimenta esta campesi\u00adna en medio del refinamiento del pensionado. Por eso insiste ante sor Cany, superiora desde 1814: <em>Rec\u00edbala: es todo inocencia y piedad. No se encuentra en su sitio entre esas sabihondas. Es una buena chica de pueblo, como las que le gustaban a<\/em> <em>san Vicente<\/em>.<\/p>\n<p>La superiora sor Cany qued\u00f3 convencida. Empiezan los tratos. Catalina recibe la noticia con alegr\u00eda. Pero no quiere entrar sin dote, sabiendo que era aquella la costumbre general. Se encarga de hablar confidencialmente sobre este tema con su hermano y su cu\u00f1ada. En esto Pedro Labour\u00e9 se muestra inflexible: su hija puede hacer lo que quiera, pero, palabra de Labour\u00e9, no dar\u00e1 una segunda dote.<\/p>\n<p>Que la cosa no falle por eso; su hermano y su cu\u00f1ada le dar\u00e1n la dote. Viven bien, ya que ganan los dos: \u00e9l como oficial y ella como directora de un pensionado afamado.<\/p>\n<h2><strong>El postulantado<\/strong><\/h2>\n<p>A principios de enero de 1830 sor Cany env\u00eda su opini\u00f3n favorable a la Casa Madre, en donde el Consejo de las hijas de la Caridad la adopta en estos t\u00e9rminos, con fecha del 14 de enero: <em>Sor Cany propone a la se\u00f1orita Labour\u00e9, hermana de la que est\u00e1 de superiora en Castelsarrasin. Tiene 23 a\u00f1os y re\u00fane todas las condiciones exigidas para nuestro estado: es devota, tiene buen car\u00e1cter, un temperamento decidido, amor al trabajo y muy alegre. Comulga regularmente cada H d\u00edas. <\/em><em>Es <\/em><em>de familia intacha\u00adble en costumbres y honestidad, aunque tiene poca fortuna; nos dan prisas para que la recibamos.<\/em><\/p>\n<p>La que da prisas es en primer lugar sor S\u00e9jole. La alusi\u00f3n a la \u00abpoca fortuna\u00bb de la familia intenta preparar la aceptaci\u00f3n de una peque\u00f1a dote, seg\u00fan la costumbre de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>El 22 de enero llega la respuesta de Par\u00eds. Es favorable. Catalina, muy contenta, se despide de sus amigas pensionistas, demasiado refinadas para ella. Y franquea con alegr\u00eda la verja de la calle de la Juder\u00eda.<\/p>\n<p>A Sor S\u00e9jole le encanta ser ella la encargada de formarla en los rezos y costumbres de la comunidad.<\/p>\n<p>La inicia en la \u00abmarmita de los pobres enfermos\u00bb. Esta obra hab\u00eda quedado suprimida a principios de la Revoluci\u00f3n, como una cosa \u00abde otros tiempos\u00bb. Pero fue preciso restablecerla, bien pronto, ya que respond\u00eda a necesidades urgentes. Catalina aprende de este modo a conocer la miseria y el servicio a los pobres en sus dimensiones masivas; dos veces por semana, los domingos y los jueves a la una de la tarde, se prepara una gran olla de caldo en una caldera humeante y los pobres acuden provistos de una cacerola, de un puchero o de cualquier otro recipiente para llevar la sopa a sus enfermos.<\/p>\n<p>Marieta, antigua empleada de la casa, siente gran admira\u00adci\u00f3n por la forma de rezar de Catalina: todos los d\u00edas acude a la capilla a las 3 de la tarde para rezar el acto prescrito por la regla: <em>Te adoro, Salvador m\u00edo Jesucristo, que mueres en la cruz por mi amor. Te agradezco que hayas dado tu vida por redimirme. Padre eterno&#8230;. recibe su divino sacrificio&#8230; <\/em><em>Es <\/em><em>la muerte de un <\/em><em>Dios, <\/em><em>es <\/em><em>Dios <\/em><em>mismo a quien te ofrezco&#8230;<\/em><\/p>\n<p>La \u00abmuerte de un Dios\u00bb. Estas palabras adquir\u00edan una extra\u00f1a resonancia al d\u00eda siguiente de tantos atentados en contra de Dios y de sus ministros.<\/p>\n<p>A comienzos de su postulantado Catalina recibi\u00f3 de su hermana mayor, que segu\u00eda siendo hermana sirviente en Cas\u00adtelsarrasin, una carta fechada en 22 de enero de 18330. Mar\u00eda Luisa, \u00abmuy edificada con la \u00faltima\u00bb carta que hab\u00eda recibido de Catalina, que desgraciadamente no se ha conservado, la exhor\u00adta con un entusiasmo contenido.<\/p>\n<h2><strong>La Partida<\/strong><\/h2>\n<p>A mediados de abril ha terminado la prueba del postulanta\u00addo. Catalina ha salido airosa de ella.<\/p>\n<p>Llega la hora de preparar el equipo. Van metiendo las cosas en el ba\u00fal: 4 pares de s\u00e1banas algo usadas; 12 toallas algo usadas; tela para camisas; 11 camisas ya hechas; 5 vestidos (4 de tela de indiana y uno de seda violeta); 11 pa\u00f1uelos de bolsillo; 3 pares de \u00abbolsillos\u00bb (que entonces se usaban como bolsas de mano).<\/p>\n<p>Catalina se lleva adem\u00e1s la dote que han ofrecido Huberto y su cu\u00f1ada: 693 francos.Est\u00e1n a su lado cuando llega la diligencia. El pesado veh\u00edculo sale de la ciudad gloriosamente por la \u00abpuerta de Par\u00eds\u00bb, que tiene la forma de un arco de triunfo. La hermana Hinault (70 a\u00f1os), que ha sido durante mucho tiempo hermana sirviente en Ch\u00e1tillon, acompa\u00f1a a Catalina: va a incorporarse a la comunidad de hermanas ancianas en la calle del Bac.<\/p>\n<p>Un largo viaje de 300 kil\u00f3metros, casi unas 100 leguas, como entonces se dec\u00eda. La campi\u00f1a se muestra radiante de nuevo verdor y de flores. Es la luz y la alegr\u00eda de la regeneraci\u00f3n pascual.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una granjera de 12 a\u00f1os Ya tenemos a Catalina convertida en granjera. Asume el papel de madre de familia y de se\u00f1ora de la casa. 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