{"id":51485,"date":"2019-10-23T08:21:14","date_gmt":"2019-10-23T06:21:14","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=51485"},"modified":"2019-09-09T09:31:32","modified_gmt":"2019-09-09T07:31:32","slug":"la-oracion-segun-la-ensenanza-de-san-vicente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-oracion-segun-la-ensenanza-de-san-vicente\/","title":{"rendered":"La Oraci\u00f3n seg\u00fan la ense\u00f1anza de San Vicente"},"content":{"rendered":"<p><em>Uno de los momentos clave de su jornada es&#8230; la <\/em>oraci\u00f3n, <em>contemplaci\u00f3n desinteresada, escucha del Se\u00f1or en busca <\/em><em>de su voluntad, presentaci\u00f3n de la vida y de las necesidades del mundo\u00bb <\/em>(Constituciones, 2.7).<\/p>\n<h2><strong>Presentaci\u00f3n de la Conferencia del 31 de Mayo de 1648<\/strong><\/h2>\n<p>Se celebr\u00f3 el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, fiesta tan querida a Santa Luisa, quien reconoce haber escogido el tema de la conferencia<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00absin haberle pedido antes parecer, mi muy Honorable Padre&#8230;<em>\u00bb <\/em>(IX, 413).<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Feliz iniciativa! Es la \u00fanica conferencia consagrada exclusivamente a la oraci\u00f3n. San Vicente hab\u00eda abordado con frecuencia este tema, pero, trat\u00e1ndose de las Hijas de la Caridad, a trav\u00e9s de la explicaci\u00f3n del Regla\u00admento, y, trat\u00e1ndose de los Misioneros, con motivo de las repeticiones de oraci\u00f3n, en las cuales, por lo dem\u00e1s, su \u00abcr\u00edtica\u00bb nos vale preciosas en\u00adse\u00f1anzas. Aquel domingo por la tarde, el Sr. Vicente ten\u00eda prisa \u2014lo repite tres veces&#8230; Pero afortunadamente, se toma todo el tiempo necesario.<\/p>\n<p>Seg\u00fan su costumbre, empieza por preguntar a las Hermanas lo que han pensado; tambi\u00e9n a la Se\u00f1orita. Sus intervenciones nos ser\u00e1n igualmente de utilidad.<\/p>\n<p>En realidad, el tema de la conferencia es doble:<\/p>\n<ul>\n<li><em>Punto primero: Importancia de la oraci\u00f3n diaria.<\/em><\/li>\n<li><em>Punto segundo: Pensamientos sobre el misterio del d\u00eda: la venida del <\/em><em>Esp\u00edritu Santo.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>De suerte que, en el segundo punto, puede verse la aplicaci\u00f3n de los principios enunciados en el primero. O sea: la teor\u00eda y su aplicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Otras fuentes vicencianas sobre la oraci\u00f3n: <em>En sus conferencias:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li>A <em>las Hijas de la Caridad: <\/em>adem\u00e1s de esta conferencia del 31 de mayo: con ocasi\u00f3n de la explicaci\u00f3n del Reglamento, cuya primer art\u00edculo se re\u00adfiere a \u00abActos de levantarse y Oraci\u00f3n\u00bb, Conferencias del 31-7-34 (C. IX, 3); 2 y 16-8-40 (IX, 26); 13-10-58 (X, 567); 17-11-58 (X, 585).<\/li>\n<li><em>A los Misioneros: C. IX, <\/em>183 (Santisimo Sacramento); XI, 215 (acer\u00adcarse a Dios); XI, 252, 301, 356, 403; XII, 64, 70 (un sacerdote se niega a repetir su oraci\u00f3n&#8230;). Extractos de conferencias, XI, 83 (transmitidos por Abelly).<\/li>\n<\/ul>\n<h2 align=\"center\">I. La oraci\u00f3n permanente<\/h2>\n<p><em>\u00abDigo: hacer oraci\u00f3n todos los d\u00edas, hijas m\u00edas; pero si fuera posible, <\/em><em>yo dir\u00eda: no salgamos de ella&#8230; Hacedla, si pod\u00e9is, en todo momento, o <\/em><em>mejor, no la dej\u00e9is nunca\u00bb <\/em>(31-5-48).<\/p>\n<h3><strong>1.\u00b0 La consagraci\u00f3n \u00abcelebrada\u00bb<\/strong><\/h3>\n<p>Estas palabras lo demuestran: en el pensamiento de San Vicente, el tiempo de oraci\u00f3n medido por el reloj (cf. 17-11-58) es verdaderamente el \u00abtiempo fuerte\u00bb de una actividad permanente, cr\u00f3nica; una mayor densidad de fe y amor sobre un fondo de vida ya consagrada a Dios; una tensi\u00f3n acentuada de la mirada y del coraz\u00f3n: la mirada fija en Nuestro Se\u00f1or, el coraz\u00f3n entregado a Dios, conscientemente, sabi\u00e9ndolo, regocij\u00e1ndose por ello.<\/p>\n<p>La vida consagrada, en efecto, se llama as\u00ed porque pertenece a Dios fun\u00addamental y exclusivamente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSer Hijas de la caridad, es ser hijas de Dios, hijas que pertenecen por <\/em><em>completo a Dios&#8230;\u00bb <\/em>(5-7-40, IX, 14).<\/p>\n<p>Pues bien, hacer oraci\u00f3n no es otra cosa que vivir intensamente, con el esp\u00edritu y el coraz\u00f3n, esa pertenencia, dar gracias a Dios por ella, podr\u00eda\u00admos decir: <em>celebrarla. <\/em>Y tender a que sea cada vez m\u00e1s \u00edntima, cada vez m\u00e1s efectiva tambi\u00e9n (a eso corresponden las resoluciones).<\/p>\n<p>El ideal de la santidad, seg\u00fan San Vicente, es eminentemente pr\u00e1ctico:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abhacer bien <em>las cosas que se hacen, hacerlas <\/em>en el esp\u00edritu <em>en que Nuestro <\/em><em>Se\u00f1or hac\u00eda todas sus acciones&#8230; en eso es en lo que consiste la verdadera <\/em><em>y s\u00f3lida santidad\u00bb <\/em>(15-11-57, X, 353).<\/p>\n<p>San Vicente explicar\u00e1 que, lo mismo que los sacramentos \u2014por ejemplo, el bautismo\u2014 nuestras acciones tienen una materia \u2014\u00bbhacerlas bien\u00bb\u2014 y una forma \u2014\u00bben el esp\u00edritu\u00bb\u2014 (cf. 18-10-55, C. X, 131).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00bfCu\u00e1l era, pues, ese \u00abesp\u00edritu de Jesucristo\u00bb? <\/em>Ese es el tema esencial que hemos de meditar: <em>\u00abEn Cristo contemplan, para traducirlas a la propia <\/em><em>vida, esas disposiciones\u00bb <\/em>(Constituciones 1975, p. 20).<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or estaba sin cesar unido de coraz\u00f3n a su Padre \u2014Adorador del Padre\u2014 y, sin cesar, caminaba, hablaba, obraba para hacer las obras de su Padre: Servidor de su designio <em>de <\/em>Amor, <em>\u00abEvangelizador de los Pobres\u00bb <\/em>(XI, 32, citado por Abelly). Refiri\u00e9ndose a El, San Vicente repite las pala\u00adbras que el Salmo 16, 8 le aplica: <em>\u00abTengo siempre a Yahve ante <\/em>m\u00ed&#8230;\u00bb Nuestro Se\u00f1or es el modelo del esp\u00edritu de oraci\u00f3n: <em>\u00abEra hombre de gran\u00ad<\/em><em>d\u00edsima oraci\u00f3n. Su principal y continuo ejercicio (actividad) era la ora\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n\u00bb <\/em>(31-5-48, IX, 415),<\/p>\n<p>Por eso, debemos honrar sus oraciones cuando hacemos las nuestra, uni\u00e9ndolas a las suyas (cf. 18-10-55, X, 129).<\/p>\n<h3><strong>2.\u00b0<\/strong> <strong>Mirada, afecto, ofrenda<\/strong><\/h3>\n<p>La oraci\u00f3n es la respiraci\u00f3n, las pulsaciones del alma consagrada. Tene\u00admos en los grandes momentos de oraci\u00f3n su curva natural y tambi\u00e9n la \u00abdial\u00e9ctica\u00bb de la vida.<\/p>\n<p>Expliqu\u00e9monos: \u00bfqu\u00e9 Hija de la Caridad, al ser a la vez mujer de ora\u00adci\u00f3n y mujer de acci\u00f3n, no experimenta cierta dificultad para equilibrar en su vida ese di\u00e1logo entre la acci\u00f3n y la oraci\u00f3n (de donde surge la pala\u00adbra culta \u00abdial\u00e9ctica\u00bb)? \u00bfDificultad en unificar la vida, en encontrar la pro\u00adpia identidad profunda? Con mayor claridad todav\u00eda: \u00bfes la misma persona la que se entrega a la oraci\u00f3n con la impresi\u00f3n de sustraer algo a la ac\u00adci\u00f3n? \u00bfEs la misma persona la que se empe\u00f1a en la actividad, pero sufrien\u00addo cierta dispersi\u00f3n, qued\u00e1ndosele Dios como un tanto lejano? \u00bfC\u00f3mo darse por igual a Dios y a los pobres? Problema pr\u00e1ctico de unidad de vida&#8230; El esp\u00edritu de oraci\u00f3n consigue esa unidad de la vida consagrada. Unidad que, por lo dem\u00e1s, reivindican con insistencia las Constituciones (Ed. 1975):<\/p>\n<ul>\n<li>P\u00e1g. 24: <em>\u00abLa vida de las Hijas de la Caridad <\/em>es a la vez <em>oraci\u00f3n y -servicio&#8230;\u00bb<\/em><\/li>\n<li>C. 9: <em>\u00ab&#8230; la oraci\u00f3n, contemplaci\u00f3n desinteresada&#8230; para conocer la volun\u00adtad (del Se\u00f1or)&#8230; saben dejar a Dios, contemplado en la oraci\u00f3n, para encontrarlo en el pobre\u00bb. <\/em><\/li>\n<li>P\u00e1g.<em> 15: \u00ab<\/em>Un mismo amor <em>anima y orienta su contemplaci\u00f3n y su servicio&#8230;\u00bb<\/em> De ah\u00ed esta expresi\u00f3n un poco \u00abculta\u00bb: <em>\u00abla unidad din\u00e1mica de su vida\u00bb. <\/em>Porque la pertenencia a Dios se expresa en el servicio a los pobres, en la acci\u00f3n generosa en s\u00ed (&#8216;Dynamis&#8217;, quiere decir &#8216;fuerza&#8217;).<\/li>\n<li>C. 13: \u00ab&#8230; <em>Como Ella <\/em>(Mar\u00eda) (tratan de hacer) <em>de la propia vida un culto a Dios <\/em>(oraci\u00f3n) y <em>de su culto <\/em>(oraci\u00f3n), <em>un compromiso de vida.\u00bb<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>Algunos pensamientos de San Vicente ilustrar\u00e1n todo esto:<\/p>\n<ul>\n<li>La mirada de Fe: <em>\u00abEl ejercicio de vuestra vocaci\u00f3n consiste en el recuerdo frecuente <\/em><em>de la presencia de Dios\u00bb <\/em>(31-7-34, IX, 6). <em>\u00abHemos de hacer nuestras acciones como Nuestro Se\u00f1or hizo las suyas cuando estaba en la tierra y para ello, comportarnos <\/em>como si le vi\u00e9ramos (cf. 18-10-55, X, 129 y Heb. 11, 27).<\/li>\n<li>El afecto dirigido a Dios: <em>\u00abCuando el reloj da la hora, haced alg\u00fan acto de adoraci\u00f3n&#8230; como <\/em><em>decir en el fondo de vuestro coraz\u00f3n \u00a1Dios m\u00edo! os adoro. Dios m\u00edo,<\/em> <em>sois mi Dios. Dios m\u00edo, os amo con lodo mi coraz\u00f3n. Quisiera, <\/em><em>m\u00edo, que todo el inundo os conociera y honrara\u00bb <\/em>(31-7-34, IX, 6). (Acerca de las palabras \u00abDios es mi Dios\u00bb, v\u00e9ase la carta de Santa Luisa a San Vicente, del 24-8-47, C. III, 231. (el a\u00f1o no es seguro).<\/li>\n<li>\u00abEn la oraci\u00f3n, el alma conversa con Dios en amor y familiaridad\u00bb (Pensamiento de una Hermana, 31-5-48, IX, 410).<\/li>\n<li>\u00abQue al mismo tiempo que hac\u00e9is la acci\u00f3n exterior, vuestro esp\u00edritu se est\u00e9 ocupando interiormente con Dios\u00bb (18-10-55, X, 130).<\/li>\n<li>La ofrenda (u oblaci\u00f3n) de uno mismo: pensamiento de Santa Luisa la conferencia que estamos estudiando: \u00abMucho he deseado glorificar a Dios en sus maravillas, darme a El para que haga en m\u00ed y por m\u00ed su Sant\u00edsima Voluntad\u00bb (31-5-48, IX, 413).<\/li>\n<li>Este pensamiento coincide con el de San Vicente, cuando envi\u00f3 a Metz a cuatro Hermanas: \u00abTen\u00e9is, pues, que pedir a Nuestro Se\u00f1or os d\u00e9 las disposiciones que deb\u00e9is tener y que, por su bondad, haga en vosotras, por vosotras y con vosotras, todo lo que quiere que hag\u00e1is\u00bb (26-8-58, X, 559).<\/li>\n<li>\u00abPorque al levantaros hab\u00e9is hecho una oblaci\u00f3n de vosotras mis\u00admas a Dios&#8230; todos vuestros pensamientos, todas vuestras acciones, todas vuestras palabras y todo lo que hag\u00e1is, ser\u00e1 agradable a los ojos de Dios\u00bb (cf. 17-11-58, X, 600).<\/li>\n<li>\u00abDios pide lo primero el coraz\u00f3n, y despu\u00e9s, la obra\u00bb (cf. 18-10-55, X, 131).<\/li>\n<\/ul>\n<h3><strong>3.\u00b0 Condiciones para la oraci\u00f3n permanente: silencio y mortificaci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p>La oraci\u00f3n en acto \u2014o \u00abactual\u00bb\u2014 es el \u00abtiempo fuerte\u00bb consagrado al ejercicio de la oraci\u00f3n. Pero acabamos de ver la importancia que da San Vicente a la oraci\u00f3n \u00abvirtual\u00bb, o lo que es lo mismo \u00abla oraci\u00f3n en poten\u00adcia\u00bb: estar dispuestos habitualmente a hacer oraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNo salgamos de ella, no dejemos pasar mucho tiempo sin estar en oraci\u00f3n, es decir, sin tener nuestro esp\u00edritu elevado a Dios&#8230;\u00bb (31-5-48, IX, 422).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abHermanas, un alma interior es la que se ocupa s\u00f3lo en Dios; porque, \u00bfqu\u00e9 quiere decir interior si no es estar ocupada en Dios? Bien se echa de ver&#8230;\u00bb (Acerca de las virtudes de Santa Luisa, 3-7-60, X, 716).<\/p>\n<p>Esta tensi\u00f3n, que no es inquietud evidentemente, puede constituir lo que se llama preparaci\u00f3n remota a la oraci\u00f3n; supone un clima habitual de silencio y mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<ul>\n<li>El silencio: \u00abEstimo mucho a los religiosos que guardan silencio&#8230; El silencio sirve para hablar con Dios, que no nos habla fuera del silencio, porque las palabras de Dios no se mezclan con las palabras y el tumulto de los hombres\u00bb (cf. 1-8-55, X, 96).<\/li>\n<\/ul>\n<p>Recomienda el ejemplo de la Sant\u00edsima Virgen<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">&#8230; \u00a1Ay! \u00bfexiste algo que disipe m\u00e1s el coraz\u00f3n que las palabras y algo que perjudique m\u00e1s al recogimiento y al adelanto espiritual que las visitas in\u00fatiles? \u00a1Ah!, si alguna de vosotras, hijas m\u00edas, bajo cual\u00adquier pretexto enga\u00f1oso, cualquier pretexto piadoso, porque de manera no lo aceptar\u00edais, se dejase ir a hacer visitas, de las que no se ve provecho ante Dios, \u00a1que se deshaga de ellas!&#8230; La Sant\u00edsima Virgen sal\u00eda por las necesidades de su familia o para el alivio y consuelo de su pr\u00f3jimo; pero siempre era en la presencia de esos casos permanec\u00eda en paz en su casa, conversando en esp\u00edritu con Dios y los \u00e1ngeles. Pedidle, hijas m\u00edas, que os alcance ese recogi\u00admiento interior&#8230;\u00bb (18-8-47, IX, 340).<\/p>\n<ul>\n<li>El silencio, <em>\u00abclima de Dios\u00bb <\/em>(Const. 10): \u00abVuestra pr\u00e1ctica ordinaria del \u00abgran silencio\u00bb despu\u00e9s de las ora\u00adciones de la noche hasta despu\u00e9s de las oraciones de la ma\u00f1ana siguiente, deb\u00e9is tenerla tambi\u00e9n en gran<sup>.<\/sup> veneraci\u00f3n. No habl\u00e9is sin necesidad a ninguna Hermana, no sea que interrump\u00e1is la conver\u00adsaci\u00f3n que acaso sostiene su alma con Dios. Hijas m\u00edas, ese tiempo de silencio le est\u00e1 consagrado; Nuestro Se\u00f1or lo ha dicho: &#8216;Llevar\u00e9 a mi esposa al silencio y le hablar\u00e9 al coraz\u00f3n'\u00bb (Oseas, 2, 14) (22-1-45, IX, 219).<\/li>\n<\/ul>\n<p>La mortificaci\u00f3n&#8230; <em>\u00abla mortificaci\u00f3n va por delante y la oraci\u00f3n la sigue\u00bb <\/em>(31-5-48, IX, 427), porque establece en nosotros la paz al disciplinar <em>\u00ablos <\/em><em>&#8216;sentidos exteriores, las pasiones, el juicio, la voluntad propia\u00bb <\/em>(id.), creando una atm\u00f3fera interior de humildad y pobreza (cf. id.). Una Her\u00admana interrogada al principio de la conferencia hab\u00eda dicho:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHemos de tener una gran humildad y ,paz interior, porque el Dios <\/em><em>de paz no habita sino en donde reina la paz.\u00bb<\/em><\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>II. \u00abCuando se busca a Dios&#8230;\u00bb \u2014 La meditaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>1.\u00b0 Tomar el tiempo necesario para la oraci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEse tiempo consagrado a Dios\u00bb <\/em>(22-1-45, IX, 219).<\/p>\n<p>En una vida activa, el tiempo para la oraci\u00f3n no se nos da&#8230; \u00a1nos vemos \u00abcogidos\u00bb por tantas cosas! Ese tiempo debemos \u00abtomarlo\u00bb, y a veces no ser\u00e1 sin lucha: lucha contra el sue\u00f1o, contra las distracciones (suscitadas por lecturas, televisi\u00f3n&#8230;). San Vicente adelant\u00f3 la hora de levantarse, las Hermanas de las 5,30 a las 4, para que pudiesen hacer la oraci\u00f3n jun\u00adtas (cf. 1510-41, IX, 50; v\u00e9ase tambi\u00e9n la carta de 15-1-50, dirigida a los Superiores de las Casas de la Compa\u00f1\u00eda: III, 539). Pero lo que recomienda sobre todo es la organizaci\u00f3n del tiempo. Como lo dir\u00e1, entrando en su esp\u00edritu, el Sr. Thibault que hizo sus veces en la conferencia del 28-7-48 (IX, 432):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abPongan de acuerdo a Marta y a Mar\u00eda y dispongan sus asuntos de forma que acci\u00f3n y oraci\u00f3n se encuentren\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEse tiempo est\u00e1 consagrado a Dios\u00bb, <\/em>dice San Vicente (22-1-45, IX, 219). De modo que el tiempo dedicado a la oraci\u00f3n tiene ya un valor en s\u00ed, como materia preciosa ofrecida a Dios &#8211;el tiempo tiene cada vez m\u00e1s valor\u2014, y aun cuando sea una materia \u00e1rida, sin gusto ni sentimiento, hasta el punto de que, como dec\u00eda una Hermana, yendo a la oraci\u00f3n, no hac\u00eda nada, no sent\u00eda nada, a lo que San Vicente replicaba:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abten\u00e9is que saber, hijas m\u00edas, que todas las virtudes se encuentran <\/em><em>encerradas ah\u00ed: lo primero la obediencia<sub>..<\/sub>, la obediencia&#8230; la humil\u00ad<\/em><em>dad&#8230;\u00bb <\/em>(cf. 31-5-48, IX, 425).<\/p>\n<p>Es cierto que se pueden tener razones, santas inclusive, para faltar a la oraci\u00f3n, lo mismo que ocurre con respecto a la misa de precepto:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEn ese caso, tratad de recordar que nuestras Hermanas est\u00e1n dando <\/em><em>comienzo a sus ejercicios; ofrec\u00e9dselos a Dios y participar\u00e9is en ellos&#8230;\u00bb <\/em>(22-1-45, IX, 215).<\/p>\n<p>Claro que para ello es necesario que la mayor parte de la comunidad est\u00e9 haciendo la oraci\u00f3n, y que no se excusen tomando apoyo en la ausencia de las otras.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abOfrecedle tambi\u00e9n lo que vais a hacer durante ese tiempo que est\u00e1 <\/em><em>consagrado a Dios\u00bb <\/em>(22-1-45, IX, 216).<\/p>\n<p>S\u00ed, el tiempo de una Hija de la Caridad siempre est\u00e1 \u00abconsagrado\u00bb, porque siempre pertenece a Dios, ya est\u00e9 empleado en la oraci\u00f3n, ya en el servicio:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abDejar a Dios por Dios\u00bb <\/em>(cf. 30-8-56, X, 226, citado en Const. 9).<\/p>\n<p>A condici\u00f3n de que se sirva a los pobres en la Fe, no se deja a Dios.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abServir a los pobres es ir a Dios, y deb\u00e9is mirar a Dios en su persona&#8230; <\/em>En ese caso, <em>servir a un enfermo es hacer oraci\u00f3n\u00bb <\/em>(cf. 31-7-34, IX; 30-5-47, IX, 326).<\/p>\n<p>S\u00ed, es muy cierto que ver a Dios en la persona de los pobres y a los pobres en Dios <em>\u2014\u00bbcon la estima que Jesucristo tuvo por ellos\u00bb <\/em>(XI, 32)\u2014 es ponerse en estado de oraci\u00f3n; es haber encontrado ya a Dios, o por lo menos estarle buscando. San Vicente dice, sin embargo: <em>\u00abSi a la hora de la Comunidad, surge <\/em><em>un impedimento&#8230; recobrad ese tiempo\u00bb <\/em>(cf. IX, 414, 525, 692). <em>\u00abRecobrad\u00bb <\/em>en el lenguaje de la \u00e9poca, es \u00abrecuperad\u00bb (ambas palabras tienen la misma ra\u00edz latina: \u00abrecuperare\u00bb). Es posible que en la vida moderna se admita que ese tiempo se podr\u00e1 recuperar m\u00e1s intensamente en otra ocasi\u00f3n: en vacacio\u00adnes, en un fin de semana. Pero San Vicente es terminante en cuanto a la oraci\u00f3n diaria: <em>\u00abDigo&#8230; todos los d\u00edas, hijas m\u00edas&#8230;\u00bb <\/em>(31-5-48, IX, 420).<\/p>\n<p>En este cap\u00edtulo del tiempo consagrado a al oraci\u00f3n, San Vicente concede gran importancia a los ejercicios espirituales y retiros, tiempo privilegiado en el que Dios se comunica.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEsos ocho d\u00edas de silencio son un tiempo de cosecha. \u00a1Qu\u00e9 dicha <\/em><em>si emple\u00e1is bien ese tiempo que Dios os da para conversar con vosotras de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n!\u00bb <\/em>(22-1-45, IX, 221).<\/p>\n<p>Tomar el tiempo necesario para la oraci\u00f3n, es ya orar. En medio de los \u00abempleos duros, trabajosos\u00bb, el tiempo dedicado a la oraci\u00f3n puede ser un alto en el camino, un santo ocio. Sentarse \u2014si de ordinario se camina sin parar\u2014 o pasear \u2014si se lleva una vida sedentaria&#8230; <em>Se puede hacer oraci\u00f3n andando\u00bb, <\/em>explica San Vicente (17-11-58, X, 585). En una palabra, distenderse, descansar. \u00a1Gradas, Dios m\u00edo! Es, en cierto modo, lo que dice Oseas y tambi\u00e9n Nuestro Se\u00f1or a sus disc\u00edpulos que regresaban de una misi\u00f3n: <em>\u00abVenid, retir\u00e9monos a <\/em><em>un lugar desierto para que descans\u00e9is un poco\u00bb <\/em>(Mc. 6, 31). La Biblia nos muestra c\u00f3mo, cuando Dios quiere que el hombre trabajador se vuelva hacia El para adorarle, empieza por darle un tiempo, que le prescribe guardar: es el s\u00e1bado, el ocio divino (Gen. 2, 3). Es como un atisbo del cielo (la Teolog\u00eda del 8.\u00b0 d\u00eda). Porque en el cielo, \u00bfcu\u00e1les ser\u00e1n nuestras ocupaciones? Seg\u00fan San Agust\u00edn \u2014que sigue de cerca el Apocalipsis\u2014 ser\u00e1n <em>\u00abla alabanza de Dios\u00bb. <\/em><em>Le veremos sin fin, le amaremos sin hastiarnos, le cantaremos sin cansarnos. <\/em><em>Cantaremos \u00abAmen, Aleluya\u00bb. <\/em>(Ciudad de Dios, 22, 30). Ser\u00e1 la celebraci\u00f3n por excelencia.<\/p>\n<h3><strong>2.\u00b0 Ponerse en la presencia de Dios<\/strong><\/h3>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNuestro Se\u00f1or, mientras estaba en la tierra, hac\u00eda sus oraciones <\/em><em>con gran respeto, en la presencia de Dios, con confianza y humildad\u00bb <\/em>(18-10-55, X, 129).<\/p>\n<p>El alma que se presenta ante Dios para orar \u2014como el publicano\u2014 se halla en la actitud del pobre, del mendigo, como aquel sencillo Hermano Carmelita de quien habla San Vicente (13-10-58, X, 575):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSe\u00f1or, aqu\u00ed ten\u00e9is a un pobre ignorante que implora vuestra gracia <\/em><em>para hacer oraci\u00f3n. No s\u00e9 nada; pero, vos, Se\u00f1or, decidme alguna cosa. <\/em><em>\u00bfDejar\u00e9is a vuestro pobre siervo sin decirle nada?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>O tambi\u00e9n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abUn segundo <\/em>medio \u2014para hacer bien la oraci\u00f3n\u2014 <em>es pedir a Dios <\/em><em>la gracia de poder hacer oraci\u00f3n&#8230; Es una limosna que le ped\u00eds. No es posible que, si persever\u00e1is, os lo niegue\u00bb <\/em>(31-5-48, IX, 426).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00a1Dios es tan bueno lo ha sido ya tanto con vosotras llam\u00e1ndoos al <\/em><em>ejercicio de la caridad! \u00bfPor qu\u00e9 pensar que fuera a negaros la gracia de <\/em><em>que necesit\u00e1is para hacer bien la oraci\u00f3n? <\/em>(31-7-34, IX, 3).<\/p>\n<p>Hacer oraci\u00f3n es, para empezar, presentarse ante Dios, como lo han hecho tantos de sus fieles servidores, como Mois\u00e9s: <em>\u00abSe manten\u00eda ante Dios con <\/em><em>las manos elevadas al cielo, silencioso pero suplicante\u00bb <\/em>(y con tanto poder sobre el coraz\u00f3n de Dios) (31-5-48, IX, 418); o como David (17-11-58, X, 589). Podemos hacer nuestra la hermosa elevaci\u00f3n del Salmo 123:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00a1A <em>ti alzo mis ojos, a ti que habitas en los cielos! Como los ojos del <\/em><em>siervo <\/em>(est\u00e1n atentos) <em>a las manos de su se\u00f1or; como los ojos de la <\/em><em>esclava a las manos de su se\u00f1ora, as\u00ed <\/em>(se alzan) <em>nuestros ojos a <\/em><em>Yahv\u00e9, <\/em><em>nuestro Dios, hasta que se compadezca de nosotros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pensemos en todos los que, un d\u00eda, se presentaron ante Nuestro Se\u00f1or, ya en sus par\u00e1bolas, ya realmente en la vida: El Hijo Pr\u00f3digo, Zaqueo, el Publi\u00adcano, Mar\u00eda Magdalena, la mujer ad\u00faltera, los leprosos, los ciegos, los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Presentarse ante Dios, es el acto religioso del \u00abumbral\u00bb: <em>\u00abPorque nos haces <\/em><em>dignos de servirte en tu presencia\u00bb <\/em>(Plegaria Eucar\u00edstica II, cf. Rom. 12, 1).<\/p>\n<p>Pero, de hecho&#8230; \u00abPonerse en la presencia de Dios\u00bb, \u00bfhasta d\u00f3nde puede llegar literalmente?, \u00bfo de d\u00f3nde no puede pasar?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa oraci\u00f3n, \u00a1rijas m\u00edas, <\/em>es <em>tina elevaci\u00f3n del esp\u00edritu hacia Dios, <\/em><em>por la cual el alma se desprende de ella misma, por decirlo as\u00ed, <\/em>para buscar a Dios en S\u00ed\u00bb (31-5-48, IX, 419).<\/p>\n<p>No ser\u00eda \u00e9sta la cumbre y el todo de la oraci\u00f3n?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPorque, hablando en propiedad, la oraci\u00f3n es una elevaci\u00f3n del <\/em><em>esp\u00edritu a Dios\u00bb <\/em>(31-5-48, IX, 422).<\/p>\n<p>Con admirable sencillez, San Vicente concibe muy bien que algunas almas quemen etapas y se encuentren de golpe en presencia de Dios, contemplado, sentido; iluminadas por esa ciencia <em>\u00abinfusa&#8230; llena de amor\u00bb <\/em>(infusa quiere decir: \u00abvertida dentro\u00bb)&#8230; Es lo que se llama gozar de gracias m\u00edsticas.<\/p>\n<p>Otras, por el contrario \u2014y son la mayor\u00eda\u2014, permanecer\u00e1n en el umbral del santuario m\u00edstico, en presencia de Dios, s\u00ed, pero de un Dios escondido tras el velo, invisible, no sensible al coraz\u00f3n; esperando la limosna \u2014como un mendigo desde la puerta\u2014 de una gracia de luz y de fortaleza o sencilla\u00admente de perd\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 abismo de diferencia! Quedarse a la puerta, del otro lado del velo&#8230; ocupado en revolver los propios pensamientos, aunque sean pensamientos que tienen a Dios por objeto; ocupado en <em>\u00abponer en orden, por meditaci\u00f3n, las <\/em><em>luces que Dios nos otorga\u00bb <\/em>(San Vicente a Nacquart, el 22-3-48, III, 281); ocu\u00adpado en discurrir, es decir, en ir encadenando consideraciones, aunque santas&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">.. y <em>entrar en mutua comunicaci\u00f3n con Dios, en conversaci\u00f3n&#8230; en la que <\/em><em>Dios habla al alma, y el alma habla a su Dios\u00bb <\/em>(cf. 31-5-48,IX,419).<\/p>\n<p>Pero puesto que <em>distingue estas dos clases de oraci\u00f3n: la meditaci\u00f3n y la <\/em><em>contemplaci\u00f3n, <\/em>vamos a seguir a San Vicente en su an\u00e1lisis.<\/p>\n<h3>3. La b\u00fasqueda de Dios o meditaci\u00f3n<\/h3>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLo que se llama ordinariamente meditar, todo el mundo lo puede <\/em><em>hacer\u00bb <\/em>(Coste, IX, 420. 31-5-1648. \u00abSig.\u00bb IX-1 p. 373).<\/p>\n<p>&#8230;porque es una actividad intelectual que depende de nuestro esfuerzo, en la que <em>cada uno <\/em>alcanza, es cierto, <em>seg\u00fan sus posibilidades y las luces que <\/em><em>Dios le otorga\u00bb <\/em>(IX, 421).<\/p>\n<p>San Vicente describe como sigue la meditaci\u00f3n u \u00aboraci\u00f3n de entendi\u00admiento\u00bb:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHacemos oraci\u00f3n de <\/em>entendimiento <em>cuando, despu\u00e9s de haber escu\u00ad<\/em><em>chado la <\/em>lectura, <em>el esp\u00edritu se despierta en presencia de Dios y se ocupa <\/em><em>en buscar la <\/em>comprensi\u00f3n <em>del misterio que se le propone, en ver las <\/em>ense\u00ad\u00f1anzas <em>que contiene y en producir afectos o deseos de abrazar el bien y <\/em><em>huir del mal. Esto es lo que ordinariamente se llama meditaci\u00f3n\u00bb <\/em>(IX, 420).<\/p>\n<p>Como vemos, San Vicente se\u00f1ala bien la naturaleza intelectual de esta oraci\u00f3n: empleo las palabras \u00abbuscar\u00bb (2 veces), \u00abescuchar la lectura\u00bb, \u00abver las ense\u00f1anzas\u00bb. Al ser intelectual, esta forma de oraci\u00f3n se presta al <em>m\u00e9todo. <\/em>En general, la meditaci\u00f3n se refiere a un <em>tema <\/em>o, dicho de otro modo, a una idea: ahora bien, la idea no es Dios. Es el velo que oculta a Dios aunque a la vez pretende darlo a conocer; pero a la medida limitada de nuestra com\u00adprensi\u00f3n, de nuestra capacidad y experiencia humana (analog\u00eda, trampas o lazos del lenguaje&#8230;).<\/p>\n<p>Ese \u00abtema\u00bb es variado: el buen Hermano Antonio (que no era de la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n) <em>\u00abpart\u00eda de algunas predicaciones que hab\u00eda o\u00eddo y <\/em><em>despu\u00e9s las meditaba\u00bb. <\/em>Puede tratarse de un \u00abmisterio\u00bb, como el de Pente\u00adcost\u00e9s, en aquel 31 de mayo de 1648. San Vicente recomienda, como es natural, las p\u00e1ginas del Evangelio, sobre todo las m\u00e1s conocidas: en particular, la Pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, como m\u00e1s f\u00e1cil de imaginar, \u00abm\u00e1s figurativa\u00bb, y que se supone es m\u00e1s familiar a las &#8216;Hermanas.<\/p>\n<p>Hay, pues, que hablar de <em>\u00abm\u00e9todo de oraci\u00f3n\u00bb&#8230; <\/em>Digamos en seguida que San Vicente no da al m\u00e9todo de oraci\u00f3n sino una importancia relativa: es una gu\u00eda, una ayuda. Muchas almas, y Dios todav\u00eda menos, no lo necesitan. Pero, en fin, son numerosas tambi\u00e9n las que han menester de ayuda&#8230; En la conferencia del 15 de octubre de 1641 (IX, 50), una Hermana \u2014que habla en nombre de muchas compa\u00f1eras\u2014 objeta a San Vicente que tiene gran difi\u00adcultad en hacer oraci\u00f3n y que no encuentra en ella gusto alguno. Como suele hacerlo, San Vicente alude a los m\u00e9todos de oraci\u00f3n, especialmente el de San Francisco de Sales, que entonces era algo as\u00ed cuino el m\u00e9todo oficial, el que se ense\u00f1aba a los ordenandos y seminaristas (C. I. 563). A las Hermanas, San Vicente se lo explica un poco por encima y sin demasiada convicci\u00f3n, en la conferencia del 17 de noviembre de 1658. En otra ocasi\u00f3n, le ocurre abreviar sus explicaciones diciendo: <em>\u00abhijas m\u00edas, esto es muy complicado. Ser\u00e1 dif\u00edcil <\/em><em>que os acord\u00e9is de todo ello\u00bb&#8230; <\/em>(X, 573, 13-X-1658, \u00abSig.\u00bb IX-2, p. 1105).<\/p>\n<p>A Juliana Loret, la primera directora de formaci\u00f3n, encargada de ense\u00f1ar a hacer oraci\u00f3n a las nuevas, y que arguye su falta de competencia: <em>\u00abSea <\/em><em>usted alma de oraci\u00f3n, y Nuestro Se\u00f1or le ense\u00f1ar\u00e1 todo lo que tiene que <\/em><em>saber\u00bb <\/em>(Cons. del 22-3-1648, XIII, 667).<\/p>\n<p>Volvamos, entre tanto, a nuestra Hermana, la que encontraba dificultad para la oraci\u00f3n, en la conferencia del 15 de octubre de 1641 (IX, 50, \u00abSig.\u00bb IX-1, p. 69):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLas que pueden valerse de los m\u00e9todos que se dan para hacer ora\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n y en particular el que se encuentra en la Introducci\u00f3n a la Vida devota <\/em>(2.<sup>a<\/sup> parte, cap. 1-9), <em>har\u00e1n muy bien en servirse de ellos. Pero no todas <\/em><em>pueden. En cambio, cualquiera puede mantenerse al pie de la cruz en pre\u00ad<\/em><em>sencia de Dios; y si ella no tiene nada que decir, espere a que El le hable; <\/em><em>y si El la deja as\u00ed, permanezca all\u00ed de buen grado esperando de su bondad <\/em><em>la gracia de poder escucharle o hablarle.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los m\u00e9todos completos &#8216;y bien preparados, como el de San Fran\u00adcisco de Sales, San Vicente propone a la elecci\u00f3n de las Hermanas otros muy sencillos y pr\u00e1cticos. Veamos:<\/p>\n<p>El m\u00e9todo de los sencillos, la imagen o estampa <em>\u00abun poco grande\u00bb <\/em>(\u00a1nues\u00adtros \u00abposters\u00bb de ahora!) para uso de las que dicen: <em>\u00abPero, Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 voy <\/em><em>a hacer en la oraci\u00f3n si no s\u00e9 leer? Ni yo ni mi Hermana sabemos&#8230;\u00bb <\/em>(X, 574; IX, 217). (Acerca de \u00abaprender a leer\u00bb, se puede ver: IX, 219-20; X, 568.) Pero volviendo a las estampas, San Vicente, siempre atento a la experiencia, habr\u00e1 de reconocer (cf. 22-1-45, IX, 217, \u00abSig.\u00bb IX-1, p. 208):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPropusimos utilizar estampas de la vida de Nuestro Se\u00f1or&#8230; Y as\u00ed se <\/em><em>hizo durante alg\u00fan tiempo; pero parece que esta pr\u00e1ctica no ha dado re\u00ad<\/em><em>sultado, puesto que se ha abandonado\u00bb <\/em>(v\u00e9ase, sin embargo, 13-10-1658, X, 574, donde habla de nuevo de ella).<\/p>\n<p>Hay una \u00abestampa\u00bb que ha servido a los m\u00e1s grandes santos y tambi\u00e9n a los m\u00e1s sabios: es <em>\u00abel libro sagrado de la cruz\u00bb <\/em>(IX, 217). Santo Tom\u00e1s de Aquino respondi\u00f3 a un Hermano que admiraba sus altos conceptos de Dios: <em>\u00abVoy a llevarle a mi biblioteca.\u00bb <\/em>Y le condujo ante su Crucifijo, dici\u00e9ndole <em>\u00abque no hab\u00eda otro estudio fuera de aqu\u00e9l\u00bb <\/em>(IX, 32).<\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar, entonces, que San Vicente haga esta recomendaci\u00f3n a la Se\u00f1ora de la Caridad, encargada de visitar a los pobres enfermos (Regla\u00admento de Ch\u00e1tillon, XIII, 427):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abAnte todo le llevar\u00e1 una imagen de un crucifijo y la clavar\u00e1 en un <\/em><em>lugar en el que pueda verla, para que, poniendo a veces sus ojos en ella, <\/em>considere <em>lo que el Hijo de Dios ha sufrido por \u00e9l\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esa \u00abmira\u00bb (adviertan la palabra \u00abconsideraci\u00f3n\u00bb), \u00bfno es acaso hacer oraci\u00f3n? San Vicente aconseja, cuando ya no se sabe qu\u00e9 decir a los enfer\u00admos en lo m\u00e1s agudo de sus males y que ellos mismos son incapaces de decir nada, que se les muestre el crucifijo. Y en los momentos dif\u00edciles de la vida, por ejemplo, un traslado a otro destino, costoso, impuesto por la obediencia, ser\u00e1 tambi\u00e9n el caso de hacerlo \u2014\u00a1y no digamos cuando llegue ese \u00faltimo destino, que es la muerte!:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abque se vaya al remedio, es decir, a los pies del crucifijo, y se dirija <\/em><em>amorosamente la queja a Nuestro Se\u00f1or&#8230; Ayudadme, os lo ruego, para <\/em><em>que no haga yo nada contrario a lo que quer\u00e9is; dadme fuerza, Dios m\u00edo, <\/em><em>para no caer\u00bb <\/em>(cf. 14-7-51, IX, 569, \u00abSig.\u00bb IX-1, p. 476).<\/p>\n<p><em>El m\u00e9todo de Santa Juana de Chantal <\/em>(1572-1641) o del retrato: porque se trata de esta santa cuando habla de la \u00abpiadosa se\u00f1ora\u00bb que meditaba en los ojos de la Virgen&#8230; (cf. 13-10-58, X, 575; 2-8-1640, IX, 31, \u00abSig.\u00bb IX, 1-47, &#8230;, etc.).<\/p>\n<p><em>El m\u00e9todo de la Reina, <\/em>o \u00abcon un libro\u00bb. Este m\u00e9todo parece gozar de las preferencias de San Vicente. Se comprende, y a nosotros tambi\u00e9n nos gusta m\u00e1s (\u00a1ahora que sabemos leer!):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abBueno es que teng\u00e1is cada una un libro&#8230; As\u00ed transcurrir\u00e1 para voso\u00ad<\/em><em>tras m\u00e1s f\u00e1cilmente el tiempo de vuestra oraci\u00f3n. La reina sigue este m\u00e9\u00ad<\/em><em>todo\u00bb <\/em>(IX, 427).<\/p>\n<p>San Vicente recomienda que se lean los puntos de la meditaci\u00f3n la v\u00eds\u00adpera por la noche, y de nuevo otra vez por la ma\u00f1ana: <em>\u00abAs\u00ed hacemos en casa\u00bb <\/em>(en San L\u00e1zaro)&#8230;, detenerse o interrumpir la lectura para meditar, <em>\u00abrazonar, <\/em><em>ver a qu\u00e9 finalidad tienden los puntos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>El m\u00e9todo del Presidente, <\/em>o la previsi\u00f3n (cf. 2-8-40, IX, 29, \u00abSig\u00bb IX, 1, p\u00e1gina 46): aquel magistrado, antes de ir a Palacio, revisa sus papeles del d\u00eda y \u00e9sa es su oraci\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPreveo lo que he de hacer durante el d\u00eda y de ah\u00ed nacen mis resolu\u00ad<\/em><em>ciones. Ir\u00e9 al Palacio de Justicia: tengo tal causa que defender; encontrar\u00e9, <\/em><em>quiz\u00e1, personas influyentes que, con su recomendaci\u00f3n, querr\u00e1n corrom\u00ad<\/em><em>perme: mediante la gracia de Dios, me guardar\u00e9 mucho de ello. Quiz\u00e1 <\/em><em>intenten hacerme alg\u00fan regalo, que me agradar\u00eda: pero no lo aceptar\u00e9. Si <\/em><em>me siento inclinado a rechazar a alguna de las partes, le hablar\u00e9 con man\u00ad<\/em><em>sedumbre y cordialmente<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Pues bien, hijas m\u00edas, vosotras tambi\u00e9n pod\u00e9is hacer oraci\u00f3n as\u00ed, es <\/em>la mejor forma <em>de hacerla; porque no hay que hacer oraci\u00f3n para tener <\/em><em>pensamientos elevados, para tener \u00e9xtasis y raptos, m\u00e1s perjudiciales que <\/em><em>\u00fatiles; sino solamente para llegar a ser perfectas y verdaderas Hijas de <\/em><em>la Caridad&#8230; \u00bfNo os parece este m\u00e9todo \u00fatil y f\u00e1cil? La opini\u00f3n de todas <\/em><em>las Hermanas fue que s\u00ed.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>San Vicente volver\u00e1 sobre el mismo tema en la conferencia siguiente de 16-8-40:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfOs hab\u00e9is acordado del m\u00e9todo de aquel buen Presidente?\u00bb<\/em><\/p>\n<h2 align=\"center\">III. Los efectos de la meditaci\u00f3n<\/h2>\n<p>San Vicente los enuncia en el breve pasaje en que define la meditaci\u00f3n (1X, 420). Habla de \u00abcomprender\u00bb (inteligencia), de producir afectos, de re\u00adsoluciones. Es decir: lucidez, afectos, resoluciones.<\/p>\n<h3><strong>1. Lucidez<\/strong><\/h3>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEn la oraci\u00f3n, Dios comunica a sus servidores \u00a1tantas y tan excelen\u00ad<\/em><em>tes luces!\u00bb <\/em>(IX, 421).<\/p>\n<p>Luces sobre nuestro pasado o acerca de nuestro porvenir. Revisi\u00f3n&#8230; Pre\u00advisi\u00f3n&#8230;<\/p>\n<ul>\n<li><em>Revisi\u00f3n, <\/em>San Vicente emplea la palabra \u00abrevista\u00bb pasar revista):<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa oraci\u00f3n es un espejo en el que el alma ve todas sus manchas y todas <\/em><em>sus fealdades. Se ve en Dios&#8230; Dios quiere que los que le sirven se miren, pero en el espejo de la santa oraci\u00f3n\u00bb <\/em>(IX, 417).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo, en efecto, al presentarse ante Dios, no empezar por reconocerse pecador?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNo soy digna de conversar con Dios; pero puesto que la obediencia lo <\/em><em>quiere y que es su voluntad, voy a a la oraci\u00f3n para honrar a Nuestro Se\u00ad<\/em><em>\u00f1or\u00bb <\/em>(X, 129, 18-10-1655, \u00abSig\u00bb IX, 2, p. 756).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este acto penitencial, an\u00e1logo al de la liturgia eucar\u00edstica, hay que proseguir. Simplemente en el plano humano, la oraci\u00f3n es indispensable al hombre de acci\u00f3n: detenerse para vez claro, para evaluar&#8230; \u00a1Qu\u00e9 decir cuando al esfuerzo de la inteligencia se a\u00f1aden las luces de la gracia!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abCon esta luz, conoc\u00e9is las cosas como son\u00bb <\/em>(X, 603, 17-11-1658, \u00abSgi\u00bb IX-2, p. 1131).<\/p>\n<p>San Vicente no se queda muy lejos de decir: en la oraci\u00f3n se ven las cosas como Dios las ve, en su luz natural de realismo y en la luz de la fe que, a sus ojos, es una \u00absupersabidur\u00eda\u00bb. Debemos ver a nuestros Superiores, a las per\u00adsonas, a las cosas de este mundo, con la mirada misma de Nuestro Se\u00f1or:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEst\u00e1is llamadas al seguimiento de Nuestro Se\u00f1or y por eso deb\u00e9is huir <\/em><em>de todo lo que es contrario a El, amar todo lo que El ama, alabar lo que <\/em><em>El alaba y estimar lo que El estima\u00bb <\/em>(X, 48, 2-11-1655, \u00abSig.\u00bb IX, 2, p 768).<\/p>\n<p>Y lo mismo han de hacer las Hijas de la Caridad, dir\u00edamos por profesi\u00f3n, con la mirada que dirigen al pobre, que fijan en \u00e9l (mirada que es ya una forma de oraci\u00f3n):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abVolved la medalla y ver\u00e9is, <\/em>con las luces de la fe, <em>que el Hijo de Dios quiso ser pobre, se nos representa por esos pobres&#8230; \u00a1Ah, Dios m\u00edo!, \u00a1qu\u00e9 <\/em><em>hermoso es ver a los pobres <\/em>si los consideramos en Dios y con la estima que Jesucristo tuvo por ellos! <em>Pero si los miramos seg\u00fan los sentimientos de la carne y del esp\u00edritu mundano, nos parecer\u00e1n despreciables\u00bb <\/em>(Confe\u00adrencia de San Vicente a los Misioneros, XI, 32, Fragmentos, \u00abSig.\u00bb XI-2, p\u00e1gina 725).<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n nos invita as\u00ed a una constante conversi\u00f3n de nuestra mirada, que dar\u00e1 tambi\u00e9n nuevo giro a nuestro coraz\u00f3n, enderezando sus inclinacio\u00adnes demasiado naturales. La oraci\u00f3n nos lleva a una \u00abrevisi\u00f3n de vida\u00bb, pri\u00admero en la intimidad, con Cristo, sin complacencia con nosotros mismos, pero llenos de confianza en su misericordia. Despu\u00e9s, y s\u00f3lo despu\u00e9s, a costa de esa primera sinceridad, dir\u00edamos, podemos hacer revisiones de vida en comu\u00adnidad, que merezcan la pena.<\/p>\n<ul>\n<li><em>Previsi\u00f3n:<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abAcordaos del m\u00e9todo de aquel buen Presidente&#8230; Dios nos hace ver lo <\/em><em>que conviene a nuestro adelantamiento, o lo que es necesario que evite\u00ad<\/em><em>mos\u00bb <\/em>(cf. IX, 417).<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas veces en sus cartas y en las sesiones del Consejo, dice San Vi\u00adcente: <em>\u00abLo pensaremos delante de Dios&#8230;!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Por su parte, era una prudente perspectiva en la que se situaba antes de tomar cualquier decisi\u00f3n, pero era sobre todo un espacio concedido al Esp\u00edritu de Dios, su supremo Consejero. Todo lo que sea de alguna consecuencia en nuestra vida, tiene que pasar antes por la oraci\u00f3n, muy especialmente cuando se trate de decisiones u operaciones delicadas. Veamos ahora algunas reco\u00admendaciones concretas de San Vicente:<\/p>\n<p>Advertencia fraterna o en virtud del cargo que desempe\u00f1a:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNo hay que advertir a cualquier hora; porque lo que creemos ser una <\/em><em>falta, acaso no lo sea; hay que hacer antes oraci\u00f3n sobre el caso&#8230;\u00bb <\/em>(A unas Hermanas enviadas a Provincias, 22-10-50, IX, 534, \u00abSig\u00bb IX-1, p. 499).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abOs ruego, queridas Hermanas, por amor de Dios, cuando quer\u00e1is ad\u00ad<\/em><em>vertir a una compa\u00f1era de una falta, encomendad a Dios lo que vais a <\/em><em>decirle, y si la cosa lo merece, haced antes oraci\u00f3n sobre ello\u00bb <\/em>(Conferencia sobre la reconciliaci\u00f3n, IX, 228, 1634-1646, \u00abSig.\u00bb IX-1, p. 220).<\/p>\n<p>Con motivo de la elecci\u00f3n de la Superiora General y de las Oficialas (27-8-1660, X, 741): <em>Ver\u00e9is delante de Dios la que es m\u00e1s a prop\u00f3sito&#8230; \u00abPro\u00ad<\/em><em>poneos como resoluci\u00f3n mirarlo todo en Dios&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Estas \u00faltimas reflexiones plantean el problema de lo que se llama las distracciones en la oraci\u00f3n. Las Hijas de la Caridad, como su padre, son per\u00adsonas de acci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo establecer un corte entre la oraci\u00f3n y la vida? La vida de ustedes est\u00e1 consagrada \u00aba las cosas del Se\u00f1or\u00bb, es decir, a los pobres (cf. 1 Co., 7, 34). Y sus Constituciones las invitan a que introduzcan en su oraci\u00f3n a los pobres a quienes sirven, con sus problemas evidentemente, y los medios que se proponen para servirlos:<\/p>\n<ul>\n<li>C. 5 (de 1974): <em>\u00abEn&#8230; la s\u00faplica&#8230; son intermediarias de los que se re\u00ad<\/em><em>lacionan con ellas a lo largo del d\u00eda&#8230;\u00bb<\/em><\/li>\n<li>C. 9: Su oraci\u00f3n es <em>\u00abpresentaci\u00f3n de la vida y de las necesidades del <\/em><em>mundo&#8230;\u00bb.<\/em><\/li>\n<li>C. 31: <em>\u00abLa oraci\u00f3n por los pobres y en nombre de ellos es el primero de <\/em><em>sus deberes&#8230;\u00bb<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>Los pobres, presentes en su oraci\u00f3n, \u00bfpodr\u00edan considerarse como una dis\u00adtracci\u00f3n\u2014, \u00bfy sus compa\u00f1eras?<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLo pensaremos delante de Dios&#8230;\u00bb <\/em>Siendo esto as\u00ed, podemos sorprender frecuentemente a San Vicente en flagrante delito de \u00abdistracci\u00f3n\u00bb. Un ejemplo entre mil: estudia la espinosa cuesti\u00f3n del cohermano que Roma le pide env\u00ede como Obispo a Persia. Primer tiempo de su reacci\u00f3n \u2014lo encontramos en su carta a Luis Lebreton (7-6-40, C. II, 50)\u2014: fastidio, molestia, ganas de decir: \u00abNo\u00bb. Despu\u00e9s, dejando la carta a medio terminar, se va a celebrar la misa, hace oraci\u00f3n.. Segundo tiempo de su reacci\u00f3n, despu\u00e9s de haber estado tra\u00adtando el asunto con Dios, vuelve a tomar la carta:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHe ofrecido a Dios esta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda (de la Misi\u00f3n) para ir a <\/em><em>donde Su Santidad nos ordene&#8230; En este asunto de Persia no quiero bus\u00ad<\/em><em>car m\u00e1s que la voluntad de Dios\u00bb <\/em>(ver tambi\u00e9n III, 182).<\/p>\n<p>Vemos tambi\u00e9n c\u00f3mo hac\u00eda orar a sus cohermanos acerca de la compra d\u00e9 una residencia en Roma (V, 459). El mismo escribe a Santa Luisa, que est\u00e1 buscando una carta proporcionada a las dimensiones de su comunidad cre\u00adciente: <em>\u00abHay que seguir rezando por el asunto de la casa\u00bb <\/em>(II, 166). Ya se ve. Para \u00e9l, rezar era \u00abpensar en ello delante de Dios\u00bb&#8230; Nosotros tambi\u00e9n po\u00addemos orar por las intenciones, inquietudes, personas queridas que llevamos en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 santa, prudente, \u00abiluminada\u00bb, consagrada, ser\u00eda nuestra vida si pusi\u00e9ramos en pr\u00e1ctica esta espiritualidad de San Vicente: <em>\u00abLo pensaremos <\/em><em>delante de Dios\u00bb!&#8230; <\/em>Y entonces, \u00bfc\u00f3mo podr\u00edamos hastiarnos en la oraci\u00f3n? Es cierto que no se trata de convertir la oraci\u00f3n en una t\u00e9cnica: por ejemplo, prepararse a recibir a una Hermana con delicadeza, atenci\u00f3n personalizada, caridad&#8230;, \u00a1eso s\u00ed! Pensar en qu\u00e9 vamos a poner de comida&#8230;, \u00a1eso no!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abNo es, hijas m\u00edas, qu\u00e9 tengamos que emplear todo el tiempo de nuestra <\/em><em>oraci\u00f3n en prever las cosas que vamos a hacer y los medios para hacerlas <\/em><em>bien. Tenemos que&#8217; ocuparnos tambi\u00e9n en el alma en que tenemos que me\u00ad<\/em><em>ditar, conversar acerca de \u00e9l con Dios y por amor suyo\u00bb <\/em>(IX, 35-36, 16-8\u00ad1640, \u00abSig\u00bb IX-1, p. 52).<\/p>\n<p>Nuestra oraci\u00f3n, acto de religi\u00f3n, <em>\u00abcentro de la devoci\u00f3n\u00bb, <\/em>como la misa (cf. IX, 3, 5), debe ser esencialmente <em>\u00abdesinteresada\u00bb <\/em>(Const. 9).<\/p>\n<h3><strong>2. Afectos<\/strong><\/h3>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abEl esp\u00edritu se ocupa en producir afectos o deseos de abrazar el bien <\/em><em>y huir del mal\u00bb <\/em>(IX, 420).<\/p>\n<p>Esta presentaci\u00f3n parece aqu\u00ed un tanto fr\u00eda, moralizadora. Pero sabemos hoy que San Vicente entend\u00eda por \u00abafectos\u00bb lo que nosotros llamamos \u00absen\u00adtimientos\u00bb. El coraz\u00f3n se conmueve y caldea con la meditaci\u00f3n, pero sobre todo se enciende en afecto por Nuestro Se\u00f1or. A este respecto, es t\u00edpica la lecci\u00f3n que San Vicente da a sus Misioneros en la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n que tuvo lugar el d\u00eda de la fiesta del Sant\u00edsimo Sacramento (27-5-55, XI, 183 y ss., \u00abSig\u00bb XI-3, p. 106):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHermanos, observo que en todas las oraciones que hacen, todos y cada <\/em><em>uno se esfuerzan por aducir cantidad de razones, razones sobre razones: <\/em><em>esto se echa de ver. Pero, en cambio, no producen bastantes afectos. El <\/em><em>razonamiento es algo, pero no bastante; hace falta algo m\u00e1s; es necesario <\/em><em>que la voluntad act\u00fae y no s\u00f3lo el entendimiento, porque todas las razones <\/em><em>que hayamos discurrido no tendr\u00e1n fruto alguno si no llegan a los afectos. <\/em><em>Por ejemplo, hoy, fiesta del Sant\u00edsimo Sacramento, no hay nada que mirar <\/em><em>ni investigar en cuanto a ese aspecto <\/em>(el de la doctrina que nadie de los presentes niega)&#8230; <em>Lo que tenemos que hacer en esta meditaci\u00f3n es diri\u00adgirnos a Dios por medio de actos de fe\u2014que hemos de hacer\u2014, de espe\u00ad<\/em><em>ranza, s\u00ed de esperanza en este divino misterio, de caridad, de humildad, de reconocimiento, de adoraci\u00f3n, de dependencia. Ahora bien, pidamos <\/em><em>perd\u00f3n a Dios por las faltas que hemos cometido hacia este Sacramento&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Y sobre todo, hay que razonar poco, pero orar mucho, mucho, mucho. <\/em><em>Despu\u00e9s de haber considerado lo que les acabo de decir, hab\u00eda que elevarse <\/em><em>a Dios, y decirle: Se\u00f1or, enviad buenos obreros a vuestra Iglesia&#8230;\u00bb <\/em>(Repetici\u00f3n de oraci\u00f3n del 18-10-56, XI, 375, \u00abSig.\u00bb XI-3, p. 247).<\/p>\n<p>San Vicente se dirig\u00eda en San L\u00e1zaro a misioneros predicadores, con ten\u00addencia a la controversia. Acaso no hab\u00edan comprendido bien una definici\u00f3n de la meditaci\u00f3n que San Vicente da de pasada: <em>\u00abEs una predicaci\u00f3n que se <\/em><em>hace uno a s\u00ed mismo&#8230;\u00bb <\/em>(cf. XI, 90). Por lo que se refiere a los \u00abafectos\u00bb, reconoce la superioridad de sus hijas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa devoci\u00f3n y las luces y las ternuras espirituales son comunicadas con m\u00e1s frecuencia a las j\u00f3venes y mujeres verdaderamente devotas que <\/em><em>a los hombres, si no es celos que son sencillos, y humildes \u00bfY por qu\u00e9 as\u00ed, <\/em><em>hijas m\u00edas? \u00a1Ah! Es que Dios lo ha prometido y encuentra su agrado en <\/em><em>conversar con los peque\u00f1os. Consolaos,&#8217; pues, vosotras las que no sab\u00e9is <\/em><em>leer, y pensad que eso no os impide amar a Dios, ni siquiera hacer bien la <\/em><em>oraci\u00f3n\u00bb <\/em>(22-1-45, IX, 220, \u00abSig.\u00bb IX-1, p. 21).<\/p>\n<p>\u00bfEra consciente San Vicente de que hac\u00eda eco a Santo Tom\u00e1s de Aqui\u00adno? (Sum. Teol.2, 82-3: La devoci\u00f3n):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa ciencia&#8230;, por ser ocasi\u00f3n de fiarse de uno mismo, impide que se <\/em><em>entregue uno totalmente a Dios. Por eso es a veces un obst\u00e1culo ocasional <\/em><em>a la devoci\u00f3n; mientras que personas sencillas, mujeres, tienen una abun\u00ad<\/em><em>dante devoci\u00f3n, al reprimir toda elevaci\u00f3n orgullosa. Pero la ciencia&#8230;, si <\/em><em>se la somete perfectamente a Dios, no hace sino acrecentar la devoci\u00f3n.\u00bb<\/em><\/p>\n<h3><strong>3. Resoluciones<\/strong><\/h3>\n<p>De todas formas, la oraci\u00f3n es una ventana abierta a la vida, que conti\u00adn\u00faa y aun precede a la vida y debe marcarla con su huella:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHagan recaer sus resoluciones en las acciones del d\u00eda, principalmente <\/em><em>las que m\u00e1s puedan llevarlas a la perfecci\u00f3n, al cumplimiento de su Regla, <\/em><em>para mejor honrar a Dios en su vocaci\u00f3n&#8230;\u00bb <\/em>(16-8-40, IX, 36).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abProp\u00f3nganse pr\u00e1cticas conformes a los afectos que Dios les haya con\u00ad<\/em><em>cedido en la oraci\u00f3n\u00bb <\/em>(cf. 13-10-58, X, 573, \u00abSig.\u00bb IX, 2, p. 1107).<\/p>\n<p>San Vicente pone en relaci\u00f3n la oraci\u00f3n con el examen particular (cf. 17\u00ad11-58, X, 606, \u00abSig\u00bb IX, 2, p. 1132).<\/p>\n<h2 align=\"center\">IV. En qu\u00e9 se reconoce que se ha hecho bien la oraci\u00f3n<\/h2>\n<p>Se podr\u00eda contestar: en \u00abel intercambio\u00bb (Est. 4) que la sigue&#8230; Pero San Vicente contesta:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSe reconoce a los que han hecho bien la oraci\u00f3n no s\u00f3lo por la forma <\/em><em>en que dan cuenta de ella, sino mucho m\u00e1s por sus acciones y conducta, en las que se trasluce el fruto que han sacado de aqu\u00e9lla&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Se\u00f1ores y Hermanos m\u00edos, temo que varios no hagan la oraci\u00f3n como <\/em><em>se debe y que se entretengan demasiado en buscar razones, en componer <\/em><em>esto y aquello; <\/em>lo que no es propiamente oraci\u00f3n, sino m\u00e1s bien estudio. <em>Se dir\u00e1n para s\u00ed: \u00abFuerza es que diga algo si me preguntan\u00bb, y as\u00ed se dis\u00adtraen en componer lo que van a decir. Ahora bien, Hermanos, no hay que hacer as\u00ed\u00bb <\/em>(A los Misioneros, XI, 253, 16-8-1655, \u00abSig.\u00bb XI, 3, p. 161, <em>y <\/em>cf. C. XI, 403).<\/p>\n<p>Habremos hecho una buena oraci\u00f3n, sencillamente, si salimos de ella me\u00adjores cristianos, m\u00e1s entregados a Dios m\u00e1s animosos <em>\u2014\u00bbvuestros empleos son penosos\u00bb <\/em>(IX, 426)\u2014, m\u00e1s pacientes, m\u00e1s inclinados a perdonar. \u00a1Muchas ora\u00adciones son necesarias para acabar con ciertas escorias de amor propio, de amargura, de rencor! Habremos hecho bien la oraci\u00f3n, sencillamente, si sali\u00admos de ella con mayor delicadeza en la vida com\u00fan, con mayor entrega al servicio de los pobres&#8230; Si, en una palabra, se han estrechado los lazos de nuestra pertenencia a Cristo y estamos dispuestos a dar fruto, los \u00abfrutos del Esp\u00edritu\u00bb (Gal., 5, 22).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00a1Si supierais, hijas m\u00edas, qu\u00e9 f\u00e1cil es distinguir a una persona que ha hecho oraci\u00f3n de otra que no la hace! Si. Es algo visible. Ver\u00e9is a aquella <\/em><em>Hermana modesta en sus palabras y en sus acciones, prudente, recogida, <\/em><em>afable, alegre, pero santamente. Podr\u00e9is decir: \u00abEs un alma de oraci\u00f3n\u00bb. <\/em><em>Por el contrario, la que no la haga o la haga con poca frecuencia y se alegre <\/em><em>cuando se le presente la ocasi\u00f3n de no hacerla, \u00e9sa dar\u00e1 mal ejemplo, no <\/em><em>tendr\u00e1 afabilidad ni con sus Hermanas, ni con los enfermos, ser\u00e1 incorre\u00ad<\/em><em>gible en sus costumbres&#8230; Enfadosa para los dem\u00e1s e insoportable para ella <\/em><em>misma&#8230; \u00a1S\u00ed!, es f\u00e1cil darse cuenta de que no hace oraci\u00f3n\u00bb <\/em>(IX, 425, cf. 416).<\/p>\n<p>El comunicar la oraci\u00f3n, compartiendo con las dem\u00e1s los pensamientos que el Se\u00f1or ha inspirado (Est. 4; cf. 31-7-34, IX, 4), es una excelente pr\u00e1ctica. Es una exhortaci\u00f3n fraterna, un acto de caridad espiritual, una muestra de con\u00adfianza y de sencillez. San Vicente fustiga a un misionero que se ha negado a hacer la repetici\u00f3n de oraci\u00f3n (XII, 70). Pero es a los pobres a los que hay que comunicar esos buenos pensamientos (cf. IX, 222); tambi\u00e9n a nuestras Hermanas, en comunidad, a base de esa palabra de Dios, espont\u00e1nea, aunque \u00abpreparada a gusto\u00bb&#8230; en el ocio de la oraci\u00f3n. San Vicente dec\u00eda a nuestras Hermanas enviadas a Metz (X, 560, 26-8-1658, \u00abSig.\u00bb IX, 2, p. 1096):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abDecid a las se\u00f1oras algunas palabras de vuestra oraci\u00f3n, sin decirles que las hab\u00e9is pensado en la oraci\u00f3n\u00bb&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Sor Ana de Gennes <em>\u00abno sal\u00eda nunca de la habitaci\u00f3n de un enfermo sin <\/em><em>haberle dicho alguna palabra de edificaci\u00f3n\u00bb <\/em>fruto de su oraci\u00f3n (IX, 536, 9-12-169, \u00abSig.\u00bb IX, 1, p. 500).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPero nosotras, Se\u00f1or, que somos tan ignorantes, \u00bftenemos que decir <\/em><em>algo? Hijas m\u00edas, no lo dud\u00e9is. No tem\u00e1is pedir a Dios lo que conviene <\/em><em>decirles, que El no dejar\u00e1 de inspiraros. \u00a1Hay nada m\u00e1s bello! \u00a1Qu\u00e9 con\u00ad<\/em><em>movedor es ver que, no contentas con todo lo que trabaj\u00e1is, ten\u00e9is en los <\/em><em>labios palabras que atestiguan que vuestro coraz\u00f3n est\u00e1 lleno de amor de <\/em><em>Dios y que quer\u00e9is comunicarlo a esos queridos pobres, nuestros amos!\u00bb <\/em>(cf. 22-1-1645, C. IX, 22, \u00abSig.\u00bb IX, 1, p. 214).<\/p>\n<h2 align=\"center\">V. La contemplaci\u00f3n<\/h2>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em><em>\u00ab<\/em>Es una conversaci\u00f3n del alma con Dios&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa oraci\u00f3n, hijas m\u00edas, es una elevaci\u00f3n de la mente hacia Dios, por la <\/em><em>cual el alma se desprende de ella misma para ir en busca de Dios en s\u00ed. Es <\/em><em>una comunicaci\u00f3n del alma con Dios, una mutua relaci\u00f3n, en la que Dios <\/em><em>dice interiormente al alma lo que quiere que ella sepa y haga, y en la que el <\/em><em>alma dice a su Dios lo que El mismo le da a conocer que debe decir&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>&#8230; La otra clase de oraci\u00f3n se llama contemplaci\u00f3n. Es aquella en que <\/em><em>el alma, manteni\u00e9ndose en la presencia de Dios, no hace sino recibir lo <\/em><em>que El le da. Sin acci\u00f3n de su parte y sin que le cueste trabajo. Dios mismo <\/em><em>le inspira cuanto ella podr\u00eda desear y mucho m\u00e1s<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>En una u otra de esas dos formas <\/em>(meditaci\u00f3n <em>y <\/em>contemplaci\u00f3n) <em>es como <\/em><em>Dios comunica tantas y tan excelentes luces a sus servidores; como ilumina el entendimiento&#8230;, inflama la voluntad&#8230;, como toma entera posesi\u00f3n del <\/em><em>coraz\u00f3n y del alma&#8230;\u00bb <\/em>(IX, 418).<\/p>\n<p>Estos textos, tan sencillos como admirables, nos invitan a distinguir lo que, con una palabra poco afortunada, podr\u00edamos llamar los diferentes \u00abniveles\u00bb de oraci\u00f3n, nombre gen\u00e9rico que designa actividades del alma muy diversas.<\/p>\n<p>1.- <strong>La simple meditaci\u00f3n<\/strong>: acabamos de verlo: el esp\u00edritu trabaja, lee, re\u00adflexiona, busca, ve, prev\u00e9, sin por eso dejar de producir afectos; lo que San Vicente llama <em>\u00abponer en orden las luces recibidas por la meditaci\u00f3n, discu\u00ad<\/em><em>rrir&#8230;\u00bb <\/em>(III, 81). La repetici\u00f3n de oraci\u00f3n se introducir\u00e1 con la cl\u00e1sica expre\u00adsi\u00f3n <em>\u00abHe visto que&#8230;\u00bb, <\/em>lo que da a entender que se han introducido \u00abideas\u00bb acerca del \u00abtema\u00bb. De la meditaci\u00f3n, San Vicente dir\u00e1: <em>\u00abTodo, el inundo lo <\/em><em>puede hacer&#8230;, aunque cada uno seg\u00fan sus posibilidades y las luces que Dios le otorga\u00bb <\/em>(IX, 421). Admite cierta ventaja en las personas m\u00e1s cultas: <em>\u00ablas <\/em><em>personas sabias&#8230;\u00bb <\/em>(\u00edd.).<\/p>\n<p>Tenemos en esto un discurso (reflexi\u00f3n) acerca <em>de Dios. <\/em>S\u00ed, es ciertamente como una predicaci\u00f3n que se hace uno a s\u00ed mismo&#8230;, aunque se piense a veces en los dem\u00e1s. Es una ciencia adquirida a base de esfuerzo.<\/p>\n<p>2.- <strong>La oraci\u00f3n<\/strong>, en la que se habla <em>a Dios. <\/em>Es otra cosa que razonar \u00abacerca de Dios\u00bb. Es el momento de los \u00abafectos\u00bb dirigidos hacia Dios. San Vicente los llamaba \u00absuspiros\u00bb o \u00abrespiraciones\u00bb, para significar que hay una supe\u00adraci\u00f3n de la propia palabra. La mayor\u00eda de sus conferencias las termina mediante una oraci\u00f3n dirigida directamente a Dios: <em>\u00ab\u00a1Oh, Salvador!&#8230;\u00bb <\/em>Des\u00adpu\u00e9s del discurso acerca de Dios, la s\u00faplica dirigida a Dios.<\/p>\n<p>Esta oraci\u00f3n podr\u00eda no ser m\u00e1s que un mon\u00f3logo. Pero si el <em>\u00abalma se des\u00adprende de s\u00ed misma para ir en busca de Dios en S\u00ed&#8230;\u00bb <\/em>su oraci\u00f3n estar\u00e1 hecha de mucho silencio, un silencio que quiere ser acogida, escucha. Analicemos el texto de San Vicente (IX, 419):<\/p>\n<p><em>Conversaci\u00f3n ( = <\/em>di\u00e1logo): Dios dice al alma <em>lo que quiere que sepa, que <em>haga.<\/em><br \/>\n<\/em><\/p>\n<p><em>Mutua comunicaci\u00f3n (o relaci\u00f3n) <em>(= <\/em>intercambio): <\/em>El alma dice a su Dios <em>lo que El mismo le<em> da a conocer que debe pedir.<\/em><\/em><\/p>\n<p>El di\u00e1logo, en general, <em>debe <\/em>constar de un tiempo de silencio tan largo, por lo menos, como el tiempo de palabra. \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00eda de quererse que orar sea \u00fanicamente \u00abhablar a Dios\u00bb? San Vicente insiste mucho en el silencio interior, en la reflexi\u00f3n, el \u00abrecogimiento\u00bb del alma que se mantiene en pre\u00adsencia de Dios (como Mois\u00e9s silencioso&#8230;).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el silencio, la acogida a Dios, la escucha, el descansar en El parecen ocupar todo el tiempo de la contemplaci\u00f3n, supremo grado de la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>3. <strong>La contemplaci\u00f3n<\/strong>. Entramos en el campo de las gracias m\u00edsticas, en el que Dios toma la iniciativa del di\u00e1logo, hasta el punto de que el alma puede mantenerse en descanso, en \u00abpasividad\u00bb: <em>\u00abSin acci\u00f3n de su parte&#8230;\u00bb <\/em>Dios s\u00f3lo tiene la palabra; El es quien <em>\u00abinspira\u00bb, <\/em>quien <em>\u00abllena el alma de luces\u00bb <\/em>(ciencia confusa), superando con mucho la capacidad intelectual del orante. Esto nos remite a San Pablo (Ef. 3, 20, citado en Const. 51): <em>\u00abAquel que es poderoso, <\/em><em>en virtud de su poder que act\u00faa en nosotros, para hacer sobreabundantemente <\/em><em>m\u00e1s de lo que pedimos o pensamos&#8230;\u00bb <\/em>Por eso, \u00e9n esta forma de oraci\u00f3n ya no existen sabios ni ignorantes. Dios gratifica a las almas <em>\u00aben la medida del <\/em><em>don de Cristo\u00bb <\/em>(Ef., 4,7), con una marcada predilecci\u00f3n por los peque\u00f1os y TOS humildes:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHemos visto al Hermano Antonio&#8230;Dios se hab\u00eda comunicado tan <\/em><em>abundantemente a \u00e9l que nunca se habl\u00f3 mejor de Dios\u00bb <\/em>(IX, 423).<\/p>\n<p>San Vicente pensaba \u2014y razones ten\u00eda para ello\u2014 que Dios pod\u00eda comu\u00adnicar gracias semejantes a las Hijas de la Caridad, sobre todo durante sus ejercicios anuales:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab&#8230;Dios&#8230; ilumina el entendimiento&#8230;, inflama la voluntad&#8230;, toma entera <\/em><em>posesi\u00f3n del coraz\u00f3n y del alma\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>(sobre los ejercicios, ver tambi\u00e9n 22 enero 1645, IX, 221, \u00abSig.\u00bb IX, 1, p. 213). Las dos pulsones de la oraci\u00f3n pueden, pues, expresarse as\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHabla, Se\u00f1or, tu siervo escucha\u00bb <\/em>(1 Sam., 3, 9-10).<\/p>\n<p>Demos a Dios, a quien debemos servir el primero, lo que nuestra espiri\u00adtualidad de servicio nos pide en favor de los pobres: atenci\u00f3n, escucha, aco\u00adgida. Las Constituciones emplean esta palabra, \u00abescucha\u00bb, trat\u00e1ndose de los pobres (C. 30, C. 69) y trat\u00e1ndose de Dios (C. 9). No querremos que Dios sea el m\u00e1s pobre de los que nos rodean, en el sentido de ser el \u00fanico a quien no esper\u00e1ramos, busc\u00e1ramos, escuch\u00e1ramos&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abSe\u00f1or, me doy a ti&#8230;\u00bb <\/em>(f\u00f3rmula de los votos, Est. 17).<\/p>\n<p>El servidor est\u00e1 atento. Est\u00e1 dispuesto y pronto, tambi\u00e9n: <em>\u00abHe aqu\u00ed la <\/em><em>esclava del Se\u00f1or&#8230;\u00bb <\/em>(Le., <strong>1, <\/strong>38). \u00bfQu\u00e9 mejor oraci\u00f3n podemos hacer que la de ofrecernos a Dios? San Vicente dice con mucha frecuencia: <em>\u00abD\u00e9monos a <\/em><em>Dios&#8230;\u00bb <\/em>para todo proyecto de virtud, para todo esfuerzo, para perdonar, para aceptar una cosa dif\u00edcil, para morir, por \u00faltimo. Reflexionemos en esto: enton\u00adces es cuando nuestra oraci\u00f3n se convierte verdaderamente en una oraci\u00f3n de ofrenda: \u00abDios m\u00edo, os pido esta gracia, de curaci\u00f3n, de conservar la vida&#8230; \u00a1Alejad de m\u00ed este c\u00e1liz! No obstante, h\u00e1gase vuestra voluntad y no la m\u00eda. Quiero colaborar as\u00ed a vuestro designio sobre m\u00ed&#8230;\u00bb M\u00e1s que un abandono, una resignaci\u00f3n, una oraci\u00f3n as\u00ed es una actitud activa, un acto de ofrecimiento, una \u00aboblaci\u00f3n\u00bb,<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00aben uni\u00f3n de las oraciones de Nuestro Se\u00f1or y de la Sant\u00edsima Virgen\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Concluyamos volviendo a la conferencia del 31 de mayo de 1648.<\/p>\n<p>Una Hermana hace su \u00abrepetici\u00f3n de oraci\u00f3n\u00bb de aquel d\u00eda de Pentecost\u00e9s:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abHe mirado la alegr\u00eda que experimentaba la Sant\u00edsima Virgen sinti\u00e9ndose tan llena de amor del Padre y del Hijo, que hab\u00eda operado en ella el mis\u00ad<\/em><em>terio de la Encarnaci\u00f3n; los actos de adoraci\u00f3n que tributar\u00eda a Dios, las acciones de gracias y la ofrenda que de nuevo le har\u00eda de ella misma&#8230; Me <\/em><em>he dirigido a la Sant\u00edsima Virgen como Esposa del Esp\u00edritu Santo, para <\/em><em>que me alcance de El que tome posesi\u00f3n de mi coraz\u00f3n y lo abrase en el <\/em><em>sagrado amor\u00bb <\/em>(IX, 411).<\/p>\n<h2>Oraci\u00f3n final de San Vicente en la misma conferencia (IX, 48):<\/h2>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00a1Oh Salvador Jesucristo!, os suplico que conced\u00e1is abundantemente a <\/em><em>la Compa\u00f1\u00eda el don de oraci\u00f3n, para que, por vuestro conocimiento, pueda <\/em><em>adquirir vuestro amor. D\u00e1dselo, Dios m\u00edo, vos que durante toda vuestra <\/em><em>vida fuisteis hombre de oraci\u00f3n, desde vuestra m\u00e1s tierna edad la hicisteis <\/em><em>y la continuasteis despu\u00e9s, prepar\u00e1ndoos finalmente por la oraci\u00f3n a afron\u00adtar la muerte. Dadnos este don sagrado para que con \u00e9l podamos defen\u00addernos de las tentaciones y ser fieles al servicio que esper\u00e1is de nosotros\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los momentos clave de su jornada es&#8230; la oraci\u00f3n, contemplaci\u00f3n desinteresada, escucha del Se\u00f1or en busca de su voluntad, presentaci\u00f3n de la vida y de las necesidades del mundo\u00bb (Constituciones, 2.7). 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