{"id":51470,"date":"2019-10-03T08:20:48","date_gmt":"2019-10-03T06:20:48","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=51470"},"modified":"2019-09-09T09:19:49","modified_gmt":"2019-09-09T07:19:49","slug":"el-estatuto-de-las-hijas-de-la-caridad-en-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-estatuto-de-las-hijas-de-la-caridad-en-la-iglesia\/","title":{"rendered":"El estatuto de las Hijas de la Caridad en la iglesia"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Uno de los sentimientos que nuestros Fundadores experimentaron y expresaron con mayor fuerza, es su profunda convicci\u00f3n de que ellos no eran m\u00e1s que instrumentos en manos de Dios. Escuch\u00e1ndolos, se dir\u00eda que fue sin ellos saberlo, o en todo caso de manera imprevista, como el Se\u00f1or se sirvi\u00f3 de ellos \u2014y de algunos m\u00e1s\u2014 para instituir la Compa\u00f1\u00eda.Este sentimiento era tanto m\u00e1s vivo en ellos cuanto que se encontraron en el origen y tuvieron que ponerse al frente de algo completamente nuevo en la Iglesia:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfQui\u00e9n hubiera pensado que habr\u00eda Hijas de la Caridad <\/em>\u2014exclamaba San Vicente el 14 de junio de 1643\u2014 <em>cuando vinieron las primeras a algu\u00ad<\/em><em>nas Parroquias de Par\u00eds? \u00a1Ah, no, hijas m\u00edas! yo no pensaba en ello; vues\u00ad<\/em><em>tra Hermana Sirviente (es decir, Luisa de Marillac) tampoco lo pensaba, ni <\/em><em>el Sr. Portail; Dios lo pensaba por vosotras. Es El, hijas m\u00edas, a quien <\/em><em>podemos llamar autor de vuestra Compa\u00f1\u00eda; lo es mucho m\u00e1s que ninguna <\/em><em>otra persona. \u00a1Dios sea bendito, hijas m\u00edas, de que hab\u00e9is sido escogidas por su bondad, vosotras, de las que la mayor\u00eda sois pobres aldeanas, para formar una Compa\u00f1\u00eda que, con la ayuda de su gracia, pueda servirle! <\/em>(Coste IX, 113).<\/p>\n<p>Por eso es por lo que San Vicente y Santa Luisa no tuvieron mayor preocupaci\u00f3n que la de <em>la fidelidad, por parte suya y por parte de todos, a ese designio de Dios, y concretamente a la originalidad, a la novedad, <\/em><em>a la caracter\u00edstica espec\u00edfica de la Compa\u00f1\u00eda. <\/em>Trabajaron toda su vida para hacer que la Iglesia reconociera e insertara dentro de ella el estatuto que habr\u00eda de permitirle ser plenamente ella misma, en la medida, evidentemente, en que sus propios miembros fueron los primeros en impregnarse de su esp\u00edritu y en vivirlo <em>aut\u00e9ntica y radicalmente.<\/em><\/p>\n<p>En las v\u00edsperas de la Renovaci\u00f3n, yo quisiera insistir en esa <em>radicalidad <\/em><em>en la fidelidad y prestar o\u00eddos <\/em>especialmente \u2014porque su pensamiento nos es menos conocido\u2014 <em>a Santa Luisa en su correspondencia. <\/em>Veremos as\u00ed c\u00f3mo para ella, al igual que para San Vicente pero a\u00f1adi\u00e9ndose su nota personal, existen dos convicciones que se remiten una a otra y afianzan la unidad de su pensamiento y de su vida:<\/p>\n<ul>\n<li>por una parte, <em>el estatuto original de las Hijas de la Caridad les <\/em><em>hace vivir la radicalidad del don de s\u00ed mismas de una manera peculiar <\/em><em>suya;<\/em><\/li>\n<li>por otra, <em>esa misma raz\u00f3n hace que tengan que darse tan radicalmen\u00ad<\/em><em>te y aun en cierto modo m\u00e1s que podr\u00edan hacerlo en cualquier otra <\/em><em>familia espiritual reconocida por la Iglesia <\/em>para participar en su misi\u00f3n universal de salvaci\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n<p>En una exposici\u00f3n como \u00e9sta, la dificultad est\u00e1 siempre en tratar de no separar lo que se quiere mantener unido. Antes de abordar cada una de estas dos convicciones y para captar mejor que ambas forman una misma cosa, veamos c\u00f3mo Santa Luisa presenta la vocaci\u00f3n a sus m\u00faltiples co\u00adrresponsales.<\/p>\n<h2><strong>La vocaci\u00f3n presentada por Santa Luisa de Marillac<\/strong><\/h2>\n<p>En varias ocasiones, dirigi\u00e9ndose ya a las Hermanas, ya a personas ex\u00adtra\u00f1as a la. Compa\u00f1\u00eda o bien \u2014al menos indirectamente\u2014 a j\u00f3venes que deseaban entrar en ella, Santa Luisa se ve en la necesidad de hacer maravi\u00adllosos \u00abres\u00famenes\u00bb de la vocaci\u00f3n de Hijas de la Caridad. En pocas frases dice lo que le parece esencial, fundamental. Por eso, teniendo en cuenta los destinatarios, y relacionando entre s\u00ed todos esos pasajes, no podemos menos de dar la importancia que merecen a esas breves \u00abs\u00edntesis\u00bb que se van escalonando a lo largo de unos treinta a\u00f1os. Como nos ocurre al es\u00adtudiar a San. Vicente, es sorprendente encontrar siempre el mismo hilo conductor, con a\u00f1adidos que lo van enriqueciendo u observaciones que lo profundizan, a medida que la experiencia humana y espiritual se los va suministrando. Por lo dem\u00e1s, cuando es a San Vicente a quien escribe, Luisa deja percibir mejor su propio recorrido espiritual. Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed lo mismo que a trav\u00e9s de sus diversas preocupaciones por la Compa\u00ad\u00f1\u00eda, vemos transparentarse convicciones que con el tiempo se afianzan m\u00e1s y m\u00e1s.<\/p>\n<h2><strong>1. Santa Luisa habla de la vocaci\u00f3n a sus Hermanas<\/strong><\/h2>\n<p>Escribiendo en los primeros d\u00edas del a\u00f1o 1650 a las Hermanas de Chan\u00adtilly, Santa Luisa les recomienda que tengan entre ellas <em>\u00abuna gran cordiali\u00ad<\/em><em>dad&#8230; <\/em>sin la que no podr\u00edan no s\u00f3lo ser buenas Hijas <em>de <\/em>la Caridad, sino ni siquiera buenas cristianas\u00bb. Y a\u00f1ade:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abCreo que ustedes,\u00a0 cumplen lo m\u00e1s exactamente, posible sus reglas, sin perjuicio de los pobres, <em>cuyo servicio debe ser siempre preferido a todo, pero de la forma debida y no seg\u00fan la propia voluntad.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Y haciendo alusi\u00f3n (probablemente) a la estampa de Santa Marta que les env\u00eda para primero de a\u00f1o, escribe:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEsta Santa debe ense\u00f1arnos nuestro oficio, puesto que fue tan feliz <em>sirviendo a los pobres en la persona de Nuestro Se\u00f1or, as\u00ed como nosotras <\/em><em>servimos a Nuestro Se\u00f1or en la persona de los pobres,\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Es pido un programa de vida centrado en el servicio <em>e <\/em>inscrito, por el hecho mismo, en tina l\u00ednea de radicalidad que es su inspiradora, dentro de la unidad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLe ruego, querida Hermana, escribe el 29 de agosto de 1648 a Ana Har\u00addemont, que se halla en Montreuil, que nos d\u00e9 con frecuencia noticias suyas y de nuestras queridas Hermanas, a las que deseo sean muy santas para que as\u00ed trabajen \u00fatilmente en la obra de Dios. Porque <em>no es bastante <\/em><em>ir y dar, es necesario tener un coraz\u00f3n perfectamente purificado de todo in\u00adter\u00e9s y no cesar de trabajar en la mortificaci\u00f3n general de todos nuestros <\/em><em>sentidos y pasiones. Para ello, tenemos que tener continuamente ante los <\/em><em>ojos a nuestro modelo, que es la vida ejemplar de Jesucristo, a cuya imita\u00ad<\/em><em>ci\u00f3n estamos llamadas, no s\u00f3lo como cristianas, sino tambi\u00e9n por haber sido escogidas por Dios para servirle en la persona de los pobres.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Durante el transcurso de su largo viaje a Angers y Nantes, de julio a octubre de 1646, Santa Luisa manifestaba su entusiasmo a Juana Lepintre, que la supl\u00eda en Par\u00eds como Hermana Sirviente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abMe he encontrado tan bien de salud, que va no hay por qu\u00e9 temer em\u00ad<\/em><em>prender grandes viajes ni cualquier otra cosa que la voluntad de Dios haga <\/em><em>emprender para su servicio y el de los pobres.\u00bb <\/em><\/p>\n<p>Y no dejaba de a\u00f1adir:<\/p>\n<p>\u00abSon sus oraciones, queridas Hermanas, las que atraen de la bondad de Dios todas sus gracias. Agrad\u00e9zcanselo <em>y trabajen todas por adquirir la <\/em><em>perfecci\u00f3n y la fidelidad que Dios pide de ustedes.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>La vemos insistir tambi\u00e9n en el esp\u00edritu de la vocaci\u00f3n. En 1654, dice a una Hermana Sirviente, refiri\u00e9ndose a sus Compa\u00f1eras:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLes suplico por el amor de Nuestro Se\u00f1or que no se dejen disipar de\u00admasiado el esp\u00edritu por los discursos que puedan o\u00edr, ya que tienen que estar entre toda clase de personas. Unas, es cierto, nos llevan al recogimiento y a la consideraci\u00f3n de las miserias humanas, pero otras pueden darnos otros pensamientos a causa de las costumbres que tales personas han contra\u00eddo y por su manera de vivir. <em>La pura intenci\u00f3n, que deben renovar a menudo, <\/em><em>de hacer todas sus acciones por amor de Dios, les servir\u00e1 de ayuda para <\/em><em>conservarse en el esp\u00edritu que las verdaderas Hijas de la Caridad deben <\/em><em>tener. <\/em>Por \u00faltimo, les suplico a todas que el alejamiento no les borre de la memoria el cuidado de practicar nuestras reglas y las virtudes que deben tener las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<h2><strong>2. Santa Luisa habla de la vocaci\u00f3n a otras personas.<\/strong><\/h2>\n<p>El 16 de mayo de 1639, en una carta a la que no le falta chispa, Santa Luisa habla a la Superiora de las Benedictinas de Argenteuil de una de sus j\u00f3venes de la Chapelle. La aclaraci\u00f3n que hace en su carta en tal ocasi\u00f3n nos ha valido uno de esos excelentes \u00abres\u00famenes\u00bb de que habl\u00e1bamos antes:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNo he querido creer, Se\u00f1ora, que fuera usted quien hubiese encargado se la desviase de su vocaci\u00f3n, por no poderme imaginar que los que co\u00adnocen la importancia de esta vocaci\u00f3n quisieran emprender el opone&#8217; se a los designios de Dios y poner a un alma en trance de hacer peligrar su salvaci\u00f3n, <em>privando de socorro a los pobres y abandonados que s\u00e9 hallan <\/em><em>en toda clase de necesidades y no pueden ser socorridos si no es por el <\/em><em>servicio de estas buenas j\u00f3venes que, desprendidas de todo inter\u00e9s, se dan <\/em><em>a Dios para el servicio temporal y espiritual de aquellas pobres criaturas que Su Bondad se digna considerar como miembros suyos.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Todo queda dicho en este p\u00e1rrafo:<\/p>\n<ul>\n<li>Una vida totalmente dada a Dios,<\/li>\n<li>para el servicio corporal y espiritual<\/li>\n<li>de los m\u00e1s abandonados<\/li>\n<li>en los que se ve a Jesucristo<\/li>\n<li><em>y <\/em>por quienes se deja todo&#8230; especialmente una misma.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Una carta al abad de Vaux, en Angers, del 28 de abril de 1644, vuelve a poner de relieve a prop\u00f3sito de la vida comunitaria, ese puesto central que ocupa el Servicio:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEstas Hermanas nuevas que les enviamos van, para su mayor consuelo, a renovar el fervor de las primeras, para que as\u00ed <em>puedan, juntas, servir <\/em><em>mejor a los pobres.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Al mismo inolvidable director espiritual de las Hermanas del Hospital de Angers repetir\u00e1 Luisa de Marillac, en su carta del 18 de noviembre de 1649, la importancia que tiene para ellas una s\u00f3lida vida espiritual, a la altura de las exigencias de su vocaci\u00f3n de siervas de los pobres:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abTemo, Se\u00f1or, que lleguen a tener <em>un esp\u00edritu demasiado blando con relaci\u00f3n a sus sentimientos interiores y que se complazcan demasiado en <\/em><em>contemplarlos.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abLe ruego humildemente, Se\u00f1or, que se digne tomarse la molestia de po\u00adner atenci\u00f3n en ello y en ver los medios para impedir ese defecto, que <em>es m\u00e1s peligroso en nuestra Compa\u00f1\u00eda que lo que podr\u00eda serlo en unas <\/em><em>religiosas.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Se comprende que ese car\u00e1cter propio de la Compa\u00f1\u00eda, en el que con tanta frecuencia insiste como es l\u00f3gico, en la correspondencia con San Vicente, se lo haya se\u00f1alado tambi\u00e9n con fuerza al Abad de Vaux, a causa del papel importante que desempe\u00f1aba. Nos es conocido este otro pasaje, del 29 de junio de 1656, con relaci\u00f3n al hospital de Nantes (fij\u00e9monos en las fechas, tan diversas y veamos c\u00f3mo se mantiene la unidad de pensa\u00admiento acerca de lo esencial):<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abTemo que nuestra Sor Juana haya hablado de los votos de forma que no haya quedado claro que <em>no son distintos de los que un devoto o devota <\/em><em>pudieran hacer en el mundo; <\/em>y aun ni siquiera son as\u00ed, puesto que de ordi\u00adnario las personas del mundo que hacen votos los hacen en presencia de su confesor, para ser o\u00eddos por \u00e9l. <em>Tenemos que honrar los designios de Dios <\/em>y bendecirle en todo tiempo&#8230; H\u00e1game el favor, Se\u00f1or, de tomarse la molestia de advertirme si en ese primer art\u00edculo del reglamento de nuestras Hermanas hay algo que d\u00e9 la nota de una comunidad regular y diferente de la de Angers, lo que jam\u00e1s ha sido mi intenci\u00f3n; al contrario, he visto dos o tres veces al Vicario General para explica que \u00e9ramos sencillamente una <em>familia secular.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Como se desprende de todo esto, la \u00absecularidad\u00bb es (Ara forma de expresar la fidelidad al designio de Dios sobre la Compa\u00f1\u00eda. Bien dicen las Reglas que la \u00abprofesi\u00f3n\u00bb original de las Hijas&#8217; de la Caridad consiste en <em>su total disponibilidad para responder a las llamadas de Jesucristo en los <\/em><em>pobres seg\u00fan su vocaci\u00f3n propia. <\/em>Los votos no se a\u00f1aden o superponen a esta \u00abprofesi\u00f3n\u00bb: lo que hacen <em>es urgir su radicalidad <\/em>por un a modo de \u00abtratado entre el alma y Dios\u00bb, seg\u00fan la acertada expresi\u00f3n de Santa Luisa.<\/p>\n<h2><strong>3. Santa Luisa habla de la vocaci\u00f3n a las aspirantes.<\/strong><\/h2>\n<p>Se comprende que cuando se trataba de presentar la vocaci\u00f3n a even\u00adtuales aspirantes, Santa Luisa m\u00e1s que nunca haya ido a lo que le parec\u00eda \u00abesencial\u00bb. M\u00e1s que nunca, pues, va a insistir en la radicalidad y a situar esa radicalidad en la l\u00ednea espec\u00edfica de las Hijas de la Caridad. Preste\u00admos atenci\u00f3n a sus palabras.<\/p>\n<p>A Juliana Loret, que le ha enviado una joven, le dice el 20 de abril de 1652: \u00abLo bueno que nos dice usted (de ella) hace que la dejemos aqu\u00ed <em>pero s\u00f3lo para probar. <\/em>\u00a1Dios quiera que <em>sea apta para servirle en la persona <\/em><em>de los pobres!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed desde la etapa del discernimiento, de los primeros contactos, se fija la atenci\u00f3n en el punto central de la vocaci\u00f3n. En una carta anterior al Abad de Vaux, del 29 de junio de 1644, encontramos ya reflexiones si\u00admilares:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abNecesitamos j\u00f3venes que tengan <em>completo deseo de perfecci\u00f3n, <\/em>y me parece que \u00e9sta tiene todav\u00eda un poco el deseo de ver y saborear el mundo (Santa Luisa desconfiaba de las j\u00f3venes que, con pretexto de vocaci\u00f3n, iban a Par\u00eds para ver la ciudad y hasta para encontrar acomodo en ella).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abHay una que por su propio impulso ha venido a vernos y nos ha dicho que hac\u00eda tiempo deseaba ser de la Compa\u00f1\u00eda, la que <em>prefer\u00eda a una religi\u00f3n. <\/em>La impresi\u00f3n de franqueza que me caus\u00f3 y de buena voluntad, me predis\u00adpuso en favor suyo e inclin\u00f3 mi voluntad a acceder a su petici\u00f3n, por pa\u00adrecerme <em>capaz de poder un d\u00eda prestar mucho servicio a Dios en esta <\/em><em>Compa\u00f1\u00eda.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPreguntando por ella a su se\u00f1ora hermana, me habl\u00f3 en tales t\u00e9rminos <\/em><em>que aumentaron todav\u00eda m\u00e1s mi buena disposici\u00f3n hacia ella. Y sin em\u00ad<\/em><em>bargo, he sabido despu\u00e9s que algunos de sus parientes quieren desviarla de su prop\u00f3sito y la acusan de que su buen deseo ha disminuido, aunque <\/em><em>ella habl\u00f3 ayer en distinto sentido a nuestra Sor Isabel. Si Dios nos la quie\u00ad<\/em><em>re dar, ya sabr\u00e1 El encontrar los medios. Y vo, Se\u00f1or, por mi parte le <\/em><em>aseguro que la respetar\u00e9 y la amar\u00e9 como si fuera de mi propia familia, <\/em><em>con la esperanza de que, juntas, podremos trabajar por la gloria de Dios.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Uno de los pasajes m\u00e1s interesantes se encuentran en una carta de enero de 1658 al Hermano Ducourneau, secretario de San Vicente, que sirvi\u00f3 muchas veces de intermediario entre \u00e9ste y santa Luisa, sobre todo al final de su vida:<\/p>\n<\/div>\n<p>\u00abEs necesario hacer saber a las j\u00f3venes <em>de <\/em>Saint Fargeau que piden se las reciba en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, que <em>no %e trata de <\/em><em>una religi\u00f3n, ni de un hospital del que no haya que moverse, sino de ir de <\/em><em>continuo a buscar a los pobres enfermos a diversos lugares, en todo tiem\u00ad<\/em><em>po y a horas determinadas.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Y a continuaci\u00f3n indica las exigencias profundas de radicalidad con su repercusi\u00f3n en el g\u00e9nero de vida:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab&#8230; Que se visten y alimentan muy pobremente, sin llevar nada a la ca\u00adbeza, si no es una toca de tela blanca cuando es muy necesario. Que no deben tener otra intenci\u00f3n, al venir a la Compa\u00f1\u00eda, que <em>la de venir pura\u00ad<\/em><em>mente para el servicio de Dios y del pr\u00f3jimo. <\/em>Que en ella han de vivir con una continua mortificaci\u00f3n de cuerpo y esp\u00edritu; tener la voluntad de ob\u00adservar exactamente todas las reglas y en particular la obediencia sin r\u00e9\u00adplica; que sepan tambi\u00e9n que aunque salen a la calle por la ciudad, no podr\u00e1n hacer ninguna visita a sus conocidos sin permiso.\u00bb<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de haber recordado que esas j\u00f3venes tendr\u00edan que tener nor\u00admalmente lo necesario para pagarse el viaje y el primer h\u00e1bito, Santa Luisa a\u00f1ade una observaci\u00f3n muy atinada:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLa experiencia nos ha hecho ver (en efecto) que las que se unen a las <\/em><em>Hermanas para trabajar con ellas, en los lugares alejados, antes de que se <\/em><em>las reciba y d\u00e9 el h\u00e1bito aqu\u00ed en la casa, no suelen dar buen resultado, <\/em><em>porque vienen convencidas de que no tendr\u00e1n que hacer m\u00e1s de lo que han <\/em><em>hecho antes.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Es cierto que en el contacto con una comunidad local no puede dar una idea lo bastante amplia y profunda de la vocaci\u00f3n y de todas sus exigencias.<\/p>\n<p>Esas l\u00edneas de Santa Luisa son el eco de la experiencia de toda una vida. M\u00e1s impresionantes todav\u00eda son estas otras dirigidas a Margarita Ch\u00e9tif, que estaba en Arras, en los primeros d\u00edas de 1660, es decir, unas semanas antes de la muerte de la Fundadora:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfNo encuentra usted j\u00f3venes que tengan deseos de darse en la Com\u00ad<\/em><em>pa\u00f1\u00eda para el servicio de Nuestro Se\u00f1or en la persona de los pobres?<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abYa sabe que las tenemos de m\u00e1s lejos, pero se necesitan esp\u00edritus equi\u00adlibrados y que deseen la perfecci\u00f3n de los verdaderos cristianos; que quie\u00adran morir a s\u00ed mismas por la mortificaci\u00f3n y la verdadera renuncia, ya hecha en el santo bautismo, para que el esp\u00edritu de Jesucristo reine cn ellas y les de la firmeza de la perseverancia en esta forma de vida, del todo espiritual, aunque se manifieste de continuo en acciones exteriores que parecen bajas y despreciables a los ojos del mundo, pero que son grandes ante Dios y sus \u00e1ngeles.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>No podemos menos de admirar a qu\u00e9 <em>comuni\u00f3n de pensamiento han lle\u00ad<\/em><em>gado San Vicente y Santa Luisa, <\/em>a pesar de tener unas personalidades y un recorrido espiritual tan distinto. A menudo, en su correspondencia, Santa Luisa repite como un eco el contenido de una conferencia que San Vicente \u00a0acaba de dar; m\u00e1s frecuentemente todav\u00eda, se inspira de manera impl\u00edcita en lo que Ie ha o\u00eddo, y no ser\u00eda dif\u00edcil encontrar esa fuente de inspiraci\u00f3n en lo dicho en tal o cual momento. Pero sobre todo, las convicciones fun\u00addamentales son \u2014y lo son cada vez con m\u00e1s claridad\u2014 las que hemos apun\u00adtado y tratado de ilustrar en referencia al \u00abestatuto\u00bb de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>El estatuto jur\u00eddico, en efecto, no es otra cosa que la expresi\u00f3n y el reconocimiento de ese <em>\u00abestado de Caridad\u00bb <\/em>en el que estamos llamados a vivir. En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, hemos citado la c\u00e9lebre descripci\u00f3n que San Vicente da de ese estado a Ana Hardemont, el 24 de noviembre de 1658:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abLe ha costado a usted acostumbrarse a ese pa\u00eds <\/em>(Ussel), <em>pero tambi\u00e9n <\/em><em>tendr\u00e1 gran m\u00e9rito ante Dios por haberse sobrepuesto a sus repugnancias <\/em>y <em>por haber hecho su divina Voluntad, antes que la de usted. \u00a1Oh Salvador!, <\/em><em>\u00a1qu\u00e9 consuelo experimentar\u00e1 a la hora de la muerte por haber consumido <\/em><em>su vida en la misma causa por la que Jesucristo entreg\u00f3 la suya! Por la Caridad, por Dios, por los pobres&#8230;<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abY \u00a1qu\u00e9 mayor acto de amor puede hacerse que el de darse una misma <\/em><em>toda entera, por estado y por oficio, por la Salvaci\u00f3n y el alivio de los <\/em><em>afligidos! Ah\u00ed est\u00e1 toda nuestra perfecci\u00f3n.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Sobre este punto fundamental, no hablaba San Vicente de otra manera a sus Misioneros y resulta interesante hacer el paralelo. En su confe\u00adrencia sobre la Caridad, del 30 de mayo de 1659, exclamaba:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00ab\u00a1Oh Salvador! que hab\u00e9is venido al mundo para traer esa ley de amar al pr\u00f3jimo como a nosotros mismos&#8230; Sed vos mismo nuestro agradeci\u00admiento por habernos llamado a este estado de vida que nos hace estar amando siempre al pr\u00f3jimo; s\u00ed, <em>por estado y por profesi\u00f3n estamos apli\u00ad<\/em><em>cados a ese amor. <\/em>Se dice de los religiosos que est\u00e1n en estado de perfec\u00adci\u00f3n; nosotros no somos religiosos, pero podemos decir que <em>estamos en <\/em><em>un estado de Caridad, <\/em>porque constantemente nos empleamos en la pr\u00e1ctica real del amor o nos hallamos en disposici\u00f3n de estarlo. \u00a1Oh Salvador! qu\u00e9 feliz soy de hallarme en un estado de amor hacia el pr\u00f3jimo, <em>en un estado <\/em><em>que de suyo os habla, os ruega <\/em>y <em>os presenta incesantemente lo que hago en <\/em><em>su favor.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Estas \u00faltimas palabras expresan bien la unidad de nuestra vida que debe tender en todo y a trav\u00e9s de todo a proseguir la misi\u00f3n de amor de Cristo <em>y \u00aba hacer efectivo el Evangelio.\u00bb <\/em>Cuando, por ejemplo, San Vicente nos recomienda que nos desprendamos de todo para hacer lugar al Se\u00f1or \u2014lo que es com\u00fan a todos los maestros de vida espiritual\u2014 puntualiza:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abDebemos, como El, abrazar la pobreza, las humillaciones y sufrimientos, <em>desprendi\u00e9ndonos de todo lo que no es Dios, y unirnos al pr\u00f3jimo en Ca\u00ad<\/em><em>ridad, para unirnos a Dios mismo por Jesucristo.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Estas palabras volvemos a encontrarlas en la c\u00e9lebre conferencia en la que San Vicente explic\u00f3 a los Misioneros su manera de vivir el Evange\u00adlio, el 14 de febrero de 1659.<\/p>\n<p>Por eso \u2014en contra de las leyes can\u00f3nicas en vigor, de las ideas rei\u00adnantes, de la mentalidad de la \u00e9poca\u2014 San Vicente quiere que las Hijas de la Caridad permanezcan junto a los pobres. Para conseguirlo, se obstina en que \u00ablas siervas de los pobres\u00bb sean seculares, pero haci\u00e9ndolas vivir <em>la dura exigencia de la relaci\u00f3n mutua e \u00edntima entre el \u00abdon total\u00bb y el <\/em><em>\u00abservicio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Hemos visto como Santa Luisa capto y vivi\u00f3 esa experiencia \u00fanica y doble a la vez, de Dios y del pobre, haciendo referencia al anonadamiento de Cristo, que San Vicente evocaba en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00a1Oh Salvador!, \u00a1oh fuente del amor humillado hasta nosotros!&#8230; \u00bfQui\u00e9n <\/em><em>ha amado al pr\u00f3jimo m\u00e1s que vos? Hab\u00e9is venido para exponeros a todas <\/em><em>nuestras miserias, tomar la forma del pecado, llevar una vida de sufrimien\u00ad<\/em><em>to y padecer una muerte afrentosa por nosotros.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00ab\u00bfPuede haber amor semejante? \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda amar de. manera tan <\/em><em>eminente? S\u00f3lo Nuestro Se\u00f1or est\u00e1 tan prendado del amor a sus criaturas <\/em><em>como para dejar el trono de Dios su Padre y venir a tomar un cuerpo su\u00ad<\/em><em>jeto a las debilidades.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abY <em>\u00bfpara qu\u00e9? Para establecer entre nosotros con su ejemplo y su pala\u00adbra la Caridad hacia el pr\u00f3jimo. Ese amor es el que le ha crucificado y ha <\/em><em>dado lugar al acto admirable de nuestra redenci\u00f3n. Si s\u00f3lo tuvi\u00e9ramos un <\/em><em>poco de ese amor, \u00bfpermanecer\u00edamos de brazos cruzados? \u00bfDejar\u00edamos pe\u00adrecer a aquellos a quienes podemos asistir? \u00a1Ah!, no, la caridad no puede <\/em><em>permanecer ociosa. Nos dedica a la Salvaci\u00f3n y consuelo de los dem\u00e1s\u00bb <\/em>(a los Misioneros, el 30 de mayo de 1659).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>\u00abPara San Vicente (como para Santa Luisa) la perfecci\u00f3n no consiste <\/em><em>en anonadarse en Dios, sino en anonadarse ante Dios; no consiste en per\u00adderse en Dios, sino en consumirse por Dios. <\/em>De ah\u00ed su decisi\u00f3n inquebran\u00adtable de no salir del mundo, de no abandonarlo, de no separar la acci\u00f3n ca\u00adritativa, la acci\u00f3n buena y perfecta, del conjunto de la vida espiritual. De ah\u00ed tambi\u00e9n la obstinaci\u00f3n de este hombre tan ferviente, en pasar y en hacer pasar a los dem\u00e1s del amor afectivo al amor efectivo, es decir, al amor eficaz, al amor que no deja de actuar, de trabajar, aunque deje de sentir y de ver.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEllo es posible \u00fanicamente porque tal hombre, tenaz, arraigado y com\u00adprometido en el mundo en el que tiene que vivir, comprende, vive y tiene la experiencia de un Dios vivo y verdadero, un Dios trascendente y al mismo tiempo concreto, metido de lleno en la historia, un Jesucristo re\u00advelador y realizador del designio de Amor del Padre, <em>unido al Padre en <\/em>y <em>para la construcci\u00f3n del Reino de Dios <\/em>y <em>su justicia, en y para la evangeli\u00ad<\/em><em>zaci\u00f3n y el servicio de los pobres\u00bb.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los sentimientos que nuestros Fundadores experimentaron y expresaron con mayor fuerza, es su profunda convicci\u00f3n de que ellos no eran m\u00e1s que instrumentos en manos de Dios. 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