{"id":50657,"date":"2015-02-23T05:06:48","date_gmt":"2015-02-23T04:06:48","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/vida-de-san-vicente-de-paul-1947-de-autor-desconocido-capitulo-v\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:44","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:44","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-5","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-5\/","title":{"rendered":"Vida de San Vicente de Pa\u00fal (Cap\u00edtulo 5)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: center\"><strong>Cap\u00edtulo V: San Vicente de Pa\u00fal da la \u00faltima mano a sus dos obras principales: los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y las Hijas de la Caridad<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Los Sacerdotes y Hermanos de la Misi\u00f3n se ex<\/strong><strong>tienden por todo el mundo.\u2014Sus trabajos en <\/strong><strong>Berber\u00eda (1652).<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/vida-san-vicente-de-paul.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-140289\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/vida-san-vicente-de-paul-300x204.jpg?resize=300%2C204\" alt=\"vida san vicente de paul\" width=\"300\" height=\"204\" \/><\/a>De todos los pa\u00edses en que San Vicente deseaba establecer las Misiones, el que m\u00e1s le llamaba era el de la Berber\u00eda, sometido a la b\u00e1rbara coyunda del turco. En Argel arrastraban la cadena m\u00e1s de veinte mil cautivos; en T\u00fanez, de cinco a seis mil.<\/p>\n<p>Apenas hab\u00eda d\u00eda en que no arribaseis a los puertos de Argel y T\u00fanez galeras turcas llevando doscientos, trescientos, cuatrocientos y quinien\u00adtos cautivos apresados en el mar: nobles, caba\u00adlleros, sacerdotes, j\u00f3venes pertenecientes a las m\u00e1s ilustres familias, etc., etc. Desnudos com\u00adpletamente, hombres y mujeres eran expuestos en los mercados p\u00fablicos a la puja del mejor pos\u00adtor, quien, due\u00f1o de su mercanc\u00eda y con derecho de vida y muerte sobre ella, la llevaba a sus po\u00adsesiones, donde la pobre v\u00edctima era objeto de los m\u00e1s abominables tratamientos.<\/p>\n<p>\u00a1Y Francia soportaba todo sin estremecerse y lo toleraba a sus puertas!<\/p>\n<p>No faltaban c\u00f3nsules franceses en Argel, T\u00fa\u00adnez y Tr\u00edpoli. Mas separados de su naci\u00f3n por un mar que era dif\u00edcil atravesar impunemente, que\u00addaban reducidos a la impotencia. En virtud de los tratados hechos entre el rey de Francia y el sult\u00e1n, pod\u00edan los c\u00f3nsules tener consigo un sacerdote, al menos, en calidad de capell\u00e1n; mas no atrevi\u00e9ndose aqu\u00e9llos a poner en pr\u00e1ctica esta disposici\u00f3n por miedo a los turcos, era gran\u00adde la falta que de sacerdotes se echaba de menos en \u00c1frica. Miles de esclavos ten\u00edan que estar, en consecuencia, privados de todo auxilio espiritual, y casi por entero abandonados. San Vicente de Pa\u00fal resolvi\u00f3 hacer un esfuerzo para poner fin a tantos males. P\u00fasose en relaci\u00f3n con los c\u00f3n\u00adsules de Argel y de T\u00fanez, venci\u00f3 sus temores y acab\u00f3 por hacerles aceptar, a t\u00edtulo de capella\u00adnes, dos o tres individuos de los m\u00e1s eminentes de su Congregaci\u00f3n, n\u00famero que fu\u00e9 aumentan\u00addo sucesivamente, hasta colocar uno o dos en cada mazmorra. Mas como estos sacerdotes no ten\u00edan la suficiente autoridad y libertad para acudir en ayuda de los pobres esclavos, tuvo una osada inspiraci\u00f3n. Hizo comprar por la duquesa de Aiguillon los susodichos consulados, cargos que, seg\u00fan costumbre de la \u00e9poca, eran vendi\u00addos por el Gobierno; ced\u00edalos en un principio a piadosos seglares, y, por fin, los confi\u00f3 a los sacerdotes mismos de la Misi\u00f3n, invistiendo a \u00e9s\u00adtos como c\u00f3nsules, y con el fin de facilitarles los medios de socorrer a los cristianos, de todos los poderes y prerrogativas anejos a este cargo.<\/p>\n<p>Era \u00e9ste un proyecto tan atrevido, que Roma hubo de oponer algunas dificultades. \u00abVicente respondi\u00f3 que en el presente caso no se trataba ni de intereses ni de pol\u00edtica, sino \u00fanicamente del servicio de Dios y de los cristianos, a cuya seguridad s\u00f3lo se pod\u00eda proveer poniendo los con\u00adsulados en manos de sacerdotes; que el asunto en cuesti\u00f3n era una obra de caridad y no de inter\u00e9s, de abnegaci\u00f3n y no de rendimiento, has\u00adta el punto de servir de no peque\u00f1a carga a la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Como la Propaganda no se diera por satisfe\u00adcha, escribi\u00f3 nuevamente San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Y la Propaganda debi\u00f3 de rendirse a sus razo\u00adnes, pues San Vicente, que tan sumiso era a to\u00addas las \u00f3rdenes de Roma, no s\u00f3lo prosigui\u00f3 su obra de los consulados, sino que le di\u00f3 m\u00e1s an\u00adchas bases.<\/p>\n<p>Exquisito, por lo dem\u00e1s, era el cuidado con que San Vicente de Pa\u00fal eleg\u00eda a aquellos que, ya con el titulo de c\u00f3nsules, ya en calidad de sim\u00adples misioneros, enviaba a las costas de Argel, pues sab\u00eda los peligros que en ellas les aguarda\u00adban. Casi todos, en efecto, murieron m\u00e1rtires; unos en un contagio, otros bajo el bast\u00f3n y ma\u00adlos tratamientos de los turcos, qui\u00e9nes en una hoguera y qui\u00e9nes atados a la boca de un ca\u00f1\u00f3n. Fu\u00e9 el primero en salir para T\u00fanez el se\u00f1or Gue\u00adrin, a quien nuestro Santo di\u00f3 por compa\u00f1ero un hermano digno de \u00e9l, Francisco Francillon. El se\u00f1or Guerin hab\u00eda seguido la carreara de las armas antes de ser sacerdote. Su intrepidez y serenidad en medio de los apestados de la Lore\u00adna y de la Champa\u00f1a hab\u00eda sido admirable. Hon\u00adda fu\u00e9 la alegr\u00eda que experiment\u00f3 al saber su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s fu\u00e9 a reunirse y a ayudar al se\u00ad\u00f1or Guerin, Juan Le Vacher.<\/p>\n<p>Este fu\u00e9 el h\u00e9roe de las misiones africanas. Su celo y caridad con los cautivos; su firmeza en frente del bey; las m\u00faltiples cuanto inmerecidas vejaciones e insultos que en el cumplimiento de sus funciones tuvo que sufrir; lo fecundo de su consulado; lo prolongado de su vejez, que le per\u00admiti\u00f3 sobrevivir a San Vicente de Pa\u00fal; lo glo\u00adrioso de su muerte, sufrida a la boca de un ca\u00ad\u00f1\u00f3n; todo esto hizo de \u00e9l el tipo m\u00e1s acabado del misionero en las costas africanas.<\/p>\n<p>Mientras se ocupaba San Vicente en proveer con tanto cuidado a las necesidades de T\u00fanez, enviaba tambi\u00e9n misioneros a Argel.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo por medio de sus Hijos, sino personal\u00admente tambi\u00e9n, procuraba San Vicente aliviar cuanto pod\u00eda la desgraciada suerte de los escla\u00advos. Por una atenci\u00f3n de exquisita delicadeza, su habitaci\u00f3n hab\u00eda llegado a ser la oficina de Correos del \u00c1frica: a ella ven\u00edan a parar las car\u00adtas de los esclavos para sus familias, quienes, a su vez, no ten\u00edan otro medio m\u00e1s expedito de comunicarse con ellos que por medio del Santo.<\/p>\n<p>Ni eran solamente cartas lo que \u00e9l recib\u00eda para los infelices cautivos, sino tambi\u00e9n dinero. Asom\u00adbra ver hasta qu\u00e9 punto se ocupa del particular en sus cartas.<\/p>\n<p>Las preocupaciones de nuestro Santo por la situaci\u00f3n material de los cautivos no eran, sin embargo, nada con relaci\u00f3n a las inquietudes que el peligro de sus almas le hac\u00eda experimen\u00adtar. Conoc\u00eda perfectamente cu\u00e1n expuestos esta\u00adban al olvido de Dios, a la desesperaci\u00f3n y a la apostas\u00eda. En 1649 hab\u00eda en Argel cerca de diez mil ap\u00f3statas, mil ochocientos en T\u00fanez y de quinientos a seiscientos en Sal\u00e9 y Tr\u00edpoli. Todo, no obstante, qued\u00f3 transformado al apa\u00adrecer en las mazmorras los Hijos de San Vicen\u00adte de Pa\u00fal. La fe renac\u00eda en los unos, el arrepen\u00adtimiento en los otros. Hubo esclavos que abjura\u00adron de su apostas\u00eda en circunstancias heroicas y con peligro de su misma vida. Obt\u00favose a precio de oro el permiso para establecer en cada maz\u00admorra una capillita con su Sant\u00edsimo Sacramen\u00adto, alumbrado d\u00eda y noche por una l\u00e1mpara, y aunque con grandes escaseces y privaciones, se celebraba en ella el oficio divino todos los d\u00edas de fiesta, acudiendo los fieles a \u00e9l con una pie\u00addad y devoci\u00f3n dignas de los primeros tiempos de la Iglesia.<\/p>\n<p>Ni era s\u00f3lo la piedad lo que florec\u00eda en aque\u00adllos calabozos, sino el m\u00e1s ardiente entusiasmo por confesar la fe, aun a costa del martirio. Ad\u00admirables son los ejemplos que de ello nos que\u00addan, y que sentimos no transcribir aqu\u00ed por fal\u00adta de espacio.<\/p>\n<p>La nueva de cada uno de ellos era un d\u00eda de gloria para San Vicente. Tanta fe, tanta heroica firmeza, le enardec\u00edan y enajenaban. Ni <sup>.<\/sup>pod\u00eda dejar de traducir su alegr\u00eda en cartas admirables gracias con verdadera efusi\u00f3n a sus misioneros.<\/p>\n<p>Ni era solamente dinero lo que costaba esta gran empresa de la redenci\u00f3n y alivio de los es\u00adclavos berberiscos, sino tambi\u00e9n no poca sangre. Apenas hab\u00eda d\u00eda en que San Vicente no tuviera aviso de alg\u00fan nuevo sufrimiento o del marti\u00adrio de alguno de los suyos. \u00abNos va el ser que\u00admados vivos\u2014escrib\u00eda el se\u00f1or Novelli\u2014si somos sorprendidos ejerciendo alg\u00fan acto religioso en casa de un turco.\u00bb \u00abNo se puede echar el pie fuera de casa con los h\u00e1bitos eclesi\u00e1sticos sin ser seguido de una banda de turcos que os escu\u00adpen al rostro y os dan de bofetadas\u00bb.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Guerin tuvo que andar oculto por espacio de un mes, recelando a cada instante que alg\u00fan esbirro viniese a prenderle para que\u00admarle vivo, a lo que el celoso ap\u00f3stol ya se hab\u00eda dispuesto. En una palabra: el misionero que po\u00adn\u00eda los pies en aquel pa\u00eds no respiraba sino bajo el amago del l\u00e1tigo, del bast\u00f3n, de la horca, del fuego o de otros suplicios, cada cual m\u00e1s horri\u00adble y espantoso. Los que no mor\u00edan por efecto del cansancio o de los malos tratamientos, eran arrebatados por la peste.<\/p>\n<p>Mas al fin la peste se ce\u00f1\u00eda a un periodo m\u00e1s o menos largo de tiempo; lo que jam\u00e1s mengua\u00adba ni ced\u00eda eran las vejaciones y burlas. Ni bas\u00adtaba el t\u00edtulo de c\u00f3nsul para poner a cubierto de ellas al que le llevaba: con frecuencia era causa de todo lo contrario. Defendidos por el mar y sus poderosas flotas, los beyes de Argel y de T\u00fanez hac\u00edan apurar a aqu\u00e9llos el c\u00e1liz de todas las amarguras, y no perdonaban medio ninguno para obligarles a abandonar aquellas costas. No ha\u00adbiendo conseguido el de T\u00fanez con sus amena\u00adzas hacer marchar al se\u00f1or Le Vacher, le hizo atar a la boca de un ca\u00f1\u00f3n, y \u00abde su seno homicida, como ha dicho monse\u00f1or Dupuch, fu\u00e9 lanzada su alma a los cielos\u00bb.<\/p>\n<p>Y estos a quienes de este modo se trataba eran los c\u00f3nsules, los representantes de Francia y de Luis XIV. Nuestro Santo se llenaba de indigna\u00adci\u00f3n. Se le aconsej\u00f3 abandonara una obra que tantas espinas y tan pocos frutos produc\u00eda, y para la que en vano hab\u00eda recurrido a Maza\u00adrino y a Luis XIV.<\/p>\n<p>Pero no solamente se neg\u00f3 a desamparar a los cautivos, sino que, viendo que no pod\u00eda contar para nada con el Estado, concibi\u00f3 el arriesgado proyecto de levantar por s\u00ed mismo una flota y de castigar por las armas a aquellos que por modo tan indigno jugaban con la vida de los cristianos y con el honor de una naci\u00f3n cat\u00f3lica. Entabl\u00f3 al efecto negociaciones con un marino intr\u00e9pido, conocido bajo el nombre del caballero Pa\u00fal, que, nacido en una barca e incorporado a los siete a\u00f1os, por sorpresa y sin anuencia del capit\u00e1n, a la tripulaci\u00f3n de un buque, pas\u00f3 r\u00e1pidamente de grumete a marinero, de marinero a soldado, de soldado a capit\u00e1n, y a fuerza de incre\u00edbles haza\u00f1as, de capit\u00e1n a jefe de escuadra, y de jefe de escuadra a lugarteniente general y vice\u00adalmirante del Mediterr\u00e1neo. Ninguna empresa m\u00e1s conforme al genio aventurero y solador del caballero Pa\u00fal que la que meditaba Vicente. Co\u00admenz\u00f3 \u00e9ste al punto a recoger los fondos nece\u00adsarios para la expedici\u00f3n, y al fin de orillar toda clase de obst\u00e1culos, obtuvo del cardenal-ministro y de Luis XIV, por medio de la duquesa de Aiguil\u00adlon, que fuese considerada, no como una empre\u00adsa particular, sino como cosa del Estado. Con\u00ads\u00e9rvanse una porci\u00f3n de cartas de San Vicente de Pa\u00fal encaminadas a avivar la fe del caba\u00adllero Pa\u00fal y a disponer la expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>Todo estaba ya casi preparado, cuando muri\u00f3 San Vicente de Pa\u00fal. La expedici\u00f3n fall\u00f3 por entonces; pero la idea se conserv\u00f3 viva en la conciencia del pueblo franc\u00e9s. Fomentada por la duquesa de Aiguillon, de quien pas\u00f3 al duque de Beaufort, comandante de la Armada, y recogida con nuevos br\u00edos por Tourville, comenz\u00f3 a tomar cuerpo con el almirante Duquesne, quien lanz\u00f3 un millar de bombas sobre Argel, obligan\u00addo a capitular a los turcos <em>y <\/em>despertando en todos los cautivos del Occidente un verdadero entusiasmo.<\/p>\n<p>Con todo, fue menester esperar ciento cincuen\u00adta a\u00f1os para ver realizado, por un nieto de Luis XIV, el pensamiento de San Vicente de Pa\u00fal. Lacordaire, hablando del bienaventurado Pedro Fourrier, dijo: \u00abPor fin\u2014\u00a1sea Dios bendito!\u2014, un simple p\u00e1rroco de aldea ha demostrado tener el alma de un c\u00f3nsul romano\u00bb. Digamos con m\u00e1s raz\u00f3n: Ha habido un pobre viejo de ochenta y cinco a\u00f1os que abrigaba el alma de un rey.<\/p>\n<h3><strong>San Vicente de Pa\u00fal env\u00eda misioneros a Irlan<\/strong><strong>da, Escocia, Polonia y Madagascar.<\/strong><\/h3>\n<p>Al mismo tiempo que a Berber\u00eda, para conso\u00adlar a los cautivos, enviaba tambi\u00e9n San Vicente de Pa\u00fal sus misioneros a Inglaterra., Escocia e Irlanda, para ir en ayuda de los cat\u00f3licos opri\u00admidos y vejados por el odio protestante. No obe\u00addec\u00eda solamente en esto a las inspiraciones de su alma, naturalmente caritativa, sino tambi\u00e9n a las instancias del Sumo Pont\u00edfice, Inocencio X.<\/p>\n<p>Por esta \u00e9poca recibi\u00f3 San Vicente un mensa\u00adje de la princesa Luisa Mar\u00eda de Gonzaga, lla\u00admada poco antes a ocupar el trono de Polonia, en que le ped\u00eda algunos misioneros para hacer una fundaci\u00f3n en su corte.<\/p>\n<p>Nuestro Santo, que amaba tiernamente a la joven reina, escogi\u00f3 para poner al frente de esta misi\u00f3n a su mismo asistente, el se\u00f1or Lamberto, hombre de gran virtud. Lleg\u00f3 a Polonia, con otros compa\u00f1eros, en plena peste.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n envi\u00f3 el Santo a Polonia, poco des\u00adpu\u00e9s, tres Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Repuestas, despu\u00e9s de algunos d\u00edas, del can\u00adsancio del viaje, les dijo la reina:<\/p>\n<p>\u2014Ea, Hermanas m\u00edas, ya es hora de que em\u00adpecemos a trabajar. Una de las tres, la Hermana Margarita, se quedar\u00e1 conmigo, y las otras dos ir\u00e1n a Cracovia a servir a los pobres.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, se\u00f1ora! \u00bfQu\u00e9 es lo que dec\u00eds?\u2014exclam\u00f3 la aludida\u2014. Nosotras no somos m\u00e1s que tres para servir a los pobres, y Vuestra Majestad tie\u00adne en el reino otras tantas personas que os pue\u00adden servir mucho mejor que nosotras. Dejad, se\u00ad\u00f1ora, que aqu\u00ed, como en todas partes, nos dedi\u00adquemos a las funciones para que Dios nos ha llamado.<\/p>\n<p>Insisti\u00f3 la reina, mas esta vez la Hija de la Caridad no respond\u00eda m\u00e1s que con l\u00e1grimas; lo que viendo aqu\u00e9lla, la dijo:<\/p>\n<p>\u00bfDe modo, Hermana m\u00eda, que rehus\u00e1is que- claros a mi servicio?<\/p>\n<p>Dispensadme, se\u00f1ora, pero es que nosotras nos hemos dedicado a Dios para servirle en los pobres.<\/p>\n<p>Hondamente conmovida, la reina dej\u00f3 que par\u00adtiesen las tres en ayuda de los apestados.<\/p>\n<p>Al azote de la peste se a\u00f1ad\u00eda, en tanto, otro mucho m\u00e1s horrible, el de la guerra. \u00a1Y qu\u00e9 gue\u00adrra! Por un lado, los moscovitas, con sus inmen\u00adsos batallones de cosacos; por otro, la Suecia pro\u00adtestante, con sus aguerridas huestes.<\/p>\n<p>Muerto a poco el se\u00f1or Lamberto, San Vicente, para reemplazarle, puso los ojos en otro sacerdo\u00adte de gran virtud, el se\u00f1or Ozenne, a quien hizo partir inmediatamente pjra su destino. No po\u00add\u00eda haber arribado a Polonia, en circunstancias m\u00e1s cr\u00edticas. El protestantismo, que de hecho rei\u00adnaba ya en Inglaterra, Dinamarca, Suecia y Ho landa y que contaba con el favor pol\u00edtico de Mazarino, como antes hab\u00eda contado con el de Richelieu, estaba a punto de apoderarse de Po\u00adlonia, y, derrotado este baluarte del Catolicismo, de dominar sobre toda la Europa.<\/p>\n<p>Por las cartas que diariamente llegaban al Santo, sab\u00eda \u00e9ste los peligros a que sus misione\u00adros, sus hijos, los Ozenne, los Desdames y los Dupeavoy, estaban expuestos. Los unos eran sor\u00adprendidos y despojados de todo por las tropas enemigas, teniendo que huir medio desnudos para no caer prisioneros; los otros languidec\u00edan lle\u00adnos de dolor y de cansancio entre los apestados y enfermos. Conmov\u00edase el Santo con la lectura de tan sublimes ejemplos de abnegaci\u00f3n y de caridad, y serv\u00edase de ellos para llevar hasta el hero\u00edsmo la virtud de sus dem\u00e1s Hijos de San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>Alentados y sostenidos por semejante hombre, nada pudo arrancar a los sacerdotes de la misi\u00f3n del seno de Polonia. Arraig\u00e1ndose, por el contra\u00adrio, en ella m\u00e1s y m\u00e1s cada d\u00eda, cubrieron el pa\u00eds de una red de seminarios, misiones, parro\u00adquias y hospitales, con que han ayudado no poco a aquellos infelices pueblos a beber el c\u00e1liz de hieles que, m\u00e1s que otro ninguno, han tenido que apurar por mantener su nacionalidad y su fe.<\/p>\n<p>La entrada de los sacerdotes de la misi\u00f3n en Italia no reconoci\u00f3 semejantes dificultades: cosa muy natural, trat\u00e1ndose de un pa\u00eds eminente\u00admente cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>As\u00ed es que no tardaron mucho en establecerse en Roma, Tur\u00edn, G\u00e9nova, Viterbo y Palestrina, dando en todas partes misiones con un \u00e9xito ex\u00adtraordinario, organizando entre el clero las con\u00adferencias de los martes y los retiros espirituales, y dirigiendo, por orden del Sumo Pont\u00edfice, los Ejercicios de los ordenados.<\/p>\n<p>A una indicaci\u00f3n del Sumo Pont\u00edfice, le falt\u00f3 tiempo para enviar sus sacerdotes a Madagascar, isla entonces habitada \u00fanicamente por cua\u00adtrocientos o quinientos mil salvajes, casi desnu\u00addos y horriblemente degradados, y tan malsana, que sol\u00eda Ilam\u00e1rsela el cementerio de Europa.<\/p>\n<p>Con la toma de posesi\u00f3n de Madagascar, San Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda puesto su Compa\u00f1\u00eda en camino para ambas Am\u00e9ricas, para la India, para la China y para el Jap\u00f3n. Clavado en el sill\u00f3n y abatido por los a\u00f1os, no perd\u00eda de vista aquellas inmensas regiones, adonde le impulsaba su es\u00adp\u00edritu emprendedor y su coraz\u00f3n generoso, y adonde hubiera querido llevar a sus disc\u00edpulos. El s\u00f3lo se ocup\u00f3 en disponer misiones para el Asia, Persia, Babilonia y el Brasil, sino que has\u00adta quiso penetrar en la China.<\/p>\n<p>Casi todas estas misiones han llegado, en efec\u00adto, a realizarse; mas San Vicente de Pa\u00fal no las ha visto sino desde lo alto de los cielos.<\/p>\n<h3><strong>Expansi\u00f3n de las Hijas de la Caridad.&#8211;San Vi<\/strong><strong>cente de Pa\u00fal les da las reglas (1655).<\/strong><\/h3>\n<p>La propagaci\u00f3n de las Hijas ele la Caridad no \u00a1labia sido tan r\u00e1pida como la de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n. Si se except\u00faa Polonia, a\u00fan no hab\u00edan traspasado las fronteras de Francia. Aqu\u00ed mismo apenas si contaban unas cincuenta ca\u00adsas; mas el inter\u00e9s con que en todas partes se las ped\u00eda, daba bien a entender que hab\u00eda llega\u00addo la hora del desarrollo y de la expansi\u00f3n.<\/p>\n<p>Fundadas en 1633 para ayudar a las damas de la Junta en la visita a domicilio que hac\u00edan a los pobres, comenzaron a salir de la oscuridad de esta posici\u00f3n secundaria en virtud de su mis\u00adma humildad, de su abnegaci\u00f3n y de su modestia. Sin que ellas lo intentasen, y aun sin darse cuenta de ello, las damas fueron haci\u00e9ndose atr\u00e1s y quedando en segundo t\u00e9rmino. De esta suerte penetraron en los hospitales.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, y siempre por la fuerza mis\u00adma de las cosas, los ni\u00f1os exp\u00f3sitos fueron que\u00addando tambi\u00e9n a cargo de las Hijas de la Ca\u00adridad.<\/p>\n<p>As\u00ed cada a\u00f1o les sal\u00eda al encuentro una nue\u00adva obra. Despu\u00e9s de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, las es\u00adcuelas. Las inauguraron en 1641, y desde enton\u00adces han seguido sosteni\u00e9ndolas con un tes\u00f3n dig\u00adno de tan buena causa.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s podr\u00e1 olvidarse otro servicio que las Hijas de San Vicente comenzaban a hacer a la sociedad y a las almas, servicio excepcional y el m\u00e1s hermoso de todos: el de asistir a los heridos en el campo de batalla. En las \u00faltimas guerras hab\u00eda habido ocasi\u00f3n de contemplarlas de cerca en el cumplimiento de su ministerio, y se las hab\u00eda juzgado insustituibles.<\/p>\n<p>De todas partes eran pedidas las Hijas de la Caridad. Bien pronto no bastaron los l\u00edmites de Francia ni aun los de Europa a contener su celo.<\/p>\n<p>\u2014Vuestro nombre\u2014les dec\u00eda San Vicente\u2014.se extiende a todas partes como por encanto: ha llegado hasta Madagascar, donde os estiman ya y os desean.<\/p>\n<p>Y, fijos los ojos en el porvenir y mostrando a sus Hijas los puntos m\u00e1s distantes del globo, les dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Tiempo vendr\u00e1 en que el Se\u00f1or os har\u00e1 un puesto en el \u00c1frica y en las Indias.<\/p>\n<p>A\u00fan no ten\u00edan, sin embargo, reglas escritas; San Vicente de Pa\u00fal se iba haciendo viejo; ya ten\u00eda setenta y nueve a\u00f1os, y todo el mundo temblaba a la sola idea de que muriese sin ha\u00adber definitivamente constituido su Compa\u00f1\u00eda de Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Mas si San Vicente no se daba prisa en redac\u00adtar las constituciones de las Hijas de la Caridad, tampoco las echaba en olvido. Poco a poco iba determinando las l\u00edneas generales y aun los por\u00admenores m\u00e1s caracter\u00edsticos de la Asociaci\u00f3n. Ya hab\u00eda fijado y hecho practicar a su vista no po\u00adcos puntos esenciales. Mas quedaban a\u00fan muchos y muy delicados, dos sobre todo, por resolver y aclarar. El primero consist\u00eda en saber a qui\u00e9n se hab\u00eda de confiar definitivamente el gobierno de las Hijas de la Caridad. \u00bfSer\u00eda el superior gene\u00adral de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y sucesor in\u00admediato de San Vicente, cosa, al parecer, muy obvia, ya que ambas comunidades eran ramas de un mismo tronco y de un mismo esp\u00edritu? \u00bfSe\u00adria, por el contrario, un superior especial, nom\u00adbrado por el arzobispo de Par\u00eds, como suced\u00eda con las religiosas del Carmen, con las de la Vi\u00adsitaci\u00f3n y con muchas otras \u00d3rdenes religiosas? Por humildad, por esp\u00edritu de rendida obedien\u00adcia al Episcopado, San Vicente se inclinaba a este \u00faltimo partido; pero la se\u00f1ora Le Gras es\u00adtuvo durante cinco a\u00f1os exponiendo al Santo po\u00adderosas razones en favor del otro procedimiento, y por \u00faltimo se las present\u00f3 en una detallada Memoria, que lo convenci\u00f3, al fin, de que el Su\u00adperior general de sus Hijas no deb\u00eda ser otro que el de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Resuelta esta primera dificultad con un acierto que los siglos se han encargado de demostrar, faltaba resolver la segunda. Bajo el gobierno de los Superiores generales de la Misi\u00f3n, la Congre\u00adgaci\u00f3n deb\u00eda tener a su frente una Superiora que desde Par\u00eds dirigiese las casas de las Hijas de la Caridad extendidas por todo el mundo.<\/p>\n<p>Mas esta Superiora, \u00bfentre qui\u00e9nes deb\u00eda ser elegida? \u00bfEntre las Hijas de la Caridad, o entre las Damas?<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de pesar las razones que de uno y otro lado se presentaban, San Vicente de Pa\u00fal decidi\u00f3 que la Superior General fuese una de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>A\u00f1adid a estas dos ordenanzas las que de mu\u00adcho antes, por espacio de diez a\u00f1os, se ven\u00edan practicando en toda la Congregaci\u00f3n; juntad to\u00addas estas disposiciones, y ah\u00ed ten\u00e9is la regla.<\/p>\n<p>No faltaba m\u00e1s que ordenarlas y ponerlas en escrito, y esto es lo que hizo San Vicente de Pa\u00fal en 1655, de setenta y nueve a\u00f1os de edad, en la madurez de <em>su <\/em>discreci\u00f3n y de su experiencia y en la plenitud de su humildad y de su santidad.<\/p>\n<p>Terminada la redacci\u00f3n de las reglas, San Vi\u00adcente de Pa\u00fal quiso dar a sus Hijas el consuelo de o\u00edr la lectura de las mismas en una solemne junta que para el efecto convoc\u00f3, y que se reuni\u00f3 el 30 de mayo de 1655.<\/p>\n<p>Hecho esto, parece que la misi\u00f3n de San Vi\u00adcente de Pa\u00fal para con las Hijas de la Caridad estaba terminada.<\/p>\n<p>Mas \u00bfc\u00f3mo abandonar a sus queridas Hijas? Ni sus ochenta a\u00f1os, que ya estaban para caer, ni la muchedumbre de sus quehaceres, ni una correspondencia a todas luces abrumadora, ni la debilidad de las piernas, que ya se negaban a sos\u00adtenerle, pod\u00edan ser bastante para impedirle el visitarlas.<\/p>\n<p>A la manera del artista, que jam\u00e1s se cansa en pulir y perfeccionar su obra hasta trasladar a ella la ideal y suprema hermosura de su concep\u00adci\u00f3n, el Santo no dejaba transcurrir un mi\u00e9rcoles sin explicar a sus amadas Hijas las reglas que les habla dado.<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n que de estas regias hizo el San\u00adto, analiz\u00e1ndolas una por una y hasta en sus menores detalles, comprende treinta y cuatro conferencias, \u00fanicas que han llegado hasta nos\u00adotros entre las doscientas que en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida dirigi\u00f3 a sus Hijas. En ellas no hace m\u00e1s que recordarles lo que en otras ocasiones les hab\u00eda dicho, pero siempre con acento m\u00e1s vivo y penetrante.<\/p>\n<p>Al modo que San Juan s\u00f3lo sab\u00eda decir en su vejez estas palabras: \u00abAmaos los unos a los otros\u00bb, San Vicente de Pa\u00fal, a los ochenta y cinco a\u00f1os, s\u00f3lo sab\u00eda decir estas otras: \u00abAmad a los pobres; ellos son nuestros amos\u00bb.<\/p>\n<p>Estas palabras de San Vicente dieron sus fru\u00adtos. Contra lo que suele suceder, San Vicente de Pa\u00fal realiz\u00f3 en este mundo su ideal, y le realiz\u00f3 por completo. No hay pueblo en la tie\u00adrra que no haya visto a las Hijas de la Cari\u00addad, y nadie ha dejado de reconocer en ellas, aun o simple vista, a las verdaderas Hijas de San Vicente de Pa\u00fal. A dos mil ha llegado el n\u00fame\u00adro de sus fundaciones \u00bfA qu\u00e9 tierras del orbe no han llegado sus blancas tocas?<\/p>\n<h3><strong>San Vicente de Pa\u00fal da las reglas a los Sacer<\/strong><strong>dotes de la Misi\u00f3n (1658)<\/strong><\/h3>\n<p>Al propio tiempo que San Vicente de Pa\u00fal daba las reglas a las Hijas de la Caridad, gestionaba en Roma, sin ninguna apariencia de \u00e9xito, la aprobaci\u00f3n de las Constituciones de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n. Una grave dificultad se presentaba: el car\u00e1cter que el Santo quer\u00eda dar a su Congregaci\u00f3n, re\u00f1ido con todos los antece\u00addentes que sobre el particular nos hab\u00eda conser\u00advado la tradici\u00f3n can\u00f3nica. Opon\u00edase a todo trance a que sus sacerdotes fuesen religiosos. En un principio hasta hab\u00eda vacilado en sujetarlos con votos. Av\u00ednose, por fin, a que los hiciesen, pero simples, no solemnes, insistiendo en que de ning\u00fan modo se constituyesen en Orden reli\u00adgiosa. Los Misioneros no tomar\u00edan el t\u00edtulo de <em>Padre, <\/em>sino que conservar\u00edan el de <em>Se\u00f1or, <\/em>unido al apellido. Podr\u00edan gozar de sus bienes con el benepl\u00e1cito del superior, y vestir\u00edan el h\u00e1bito talar de los sacerdotes seglares, de quienes no de\u00adb\u00edan distinguirse sino por una m\u00e1s ejemplar mo\u00addestia y por una regularidad m\u00e1s perfecta. A haber pedido a San Vicente las razones porque no quer\u00eda que sus disc\u00edpulos fuesen religiosos, nos las habr\u00eda dado, sin duda, muy buenas; mas donde principalmente hemos de buscar el m\u00f3vil revelador de su conducta es en aquel soplo del esp\u00edritu de Dios que pasa por la Iglesia y que, adapt\u00e1ndose maravillosamente a los tiempos y circunstancias de la vida, despu\u00e9s de haber crea\u00addo en la Edad Media tan eminentes y fecundas \u00d3rdenes religiosas, iba a cubrir los tiempos mo\u00addernos de simples Congregaciones no menos san\u00adtas, ni menos fervorosas, ni menos fecundas.<\/p>\n<p>Alejandro VII, por un Breve fechado en 22 de septiembre de 1655, aprob\u00f3 el principio funda\u00admental de los estatutos que San Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda redactado, a saber: que los sacerdotes de la Misi\u00f3n har\u00edan votos simples de pobreza, cas\u00adtidad y obediencia, sin que por esto la Congrega\u00adci\u00f3n debiera contarse en el n\u00famero de las \u00d3rde\u00adnes religiosas.<\/p>\n<p>La lectura de este Breve proporcion\u00f3 a San Vicente indecible contento. Por fin, iba a poder dar la \u00faltima mano a las Reglas y Estatutos de la Compa\u00f1\u00eda, por tanto tiempo esperados, y que tan precisos se iban haciendo por la avanzada edad de su fundador.<\/p>\n<p>Reuni\u00f3las en doce cap\u00edtulos, suavemente im\u00adpregnados todos ellos del amor de Dios, y una vez terminadas, congreg\u00f3 a sus Hijos para entre\u00adg\u00e1rselas solemnemente.<\/p>\n<p>Reunida la Comunidad en San L\u00e1zaro, San Vicente de Pa\u00fal comenz\u00f3 exponiendo a sus Hi\u00adjos las razones que hab\u00eda tenido en retardar has\u00adta entonces aquel acto, asegur\u00e1ndoles que no les deb\u00eda pesar de ello.<\/p>\n<p>Dadas las reglas, San Vicente de Pa\u00fal co\u00admenz\u00f3 a explicarlas. Los mi\u00e9rcoles expon\u00eda las de las Hijas de la Caridad; los viernes, las de los sacerdotes de la Misi\u00f3n. Era su postrera obra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo V: San Vicente de Pa\u00fal da la \u00faltima mano a sus dos obras principales: los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y las Hijas de la Caridad Los Sacerdotes y Hermanos de la Misi\u00f3n se extienden &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-5\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":140289,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[168,152,144,172,143,116],"class_list":["post-50657","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-argel","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-lambert","tag-pobreza","tag-san-lazaro","tag-tunez"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de San Vicente de Pa\u00fal (Cap\u00edtulo 5) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-5\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de San Vicente de Pa\u00fal (Cap\u00edtulo 5) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Cap\u00edtulo V: San Vicente de Pa\u00fal da la \u00faltima mano a sus dos obras principales: los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y las Hijas de la Caridad Los Sacerdotes y Hermanos de la Misi\u00f3n se extienden ... 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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