{"id":50647,"date":"2015-02-20T05:24:48","date_gmt":"2015-02-20T04:24:48","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/09\/vida-de-san-vicente-de-paul-1947-de-autor-desconocido-capitulo-ii\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:45","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:45","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-capitulo-2\/","title":{"rendered":"Vida de San Vicente de Pa\u00fal (Cap\u00edtulo 2)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: center\"><strong>Cap\u00edtulo II: San Vicente de Pa\u00fal se aplica a la reforma del clero<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>San Vicente se establece en el Colegio de los <\/strong><strong>Buenos Hijos.\u2014Pasa a San L\u00e1zaro.\u2014Comienzo de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (1625-1628).<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/vida-san-vicente-de-paul.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-140289\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/02\/vida-san-vicente-de-paul-300x204.jpg?resize=300%2C204\" alt=\"vida san vicente de paul\" width=\"300\" height=\"204\" \/><\/a>Al retirarse San Vicente de Pa\u00fal al Colegio de los Buenos Hijos, llevaba por \u00fanica compa\u00f1\u00eda al bueno del se\u00f1or Portail, su primero y m\u00e1s caro disc\u00edpulo.<\/p>\n<p>A poco de su llegada, determin\u00f3 San Vicente salir a Misiones; mas como solamente eran dos, hicieron que un buen sacerdote, el se\u00f1or Gam\u00adbart, se les uniese. Nada tan conmovedor como aquellas primeros Misiones. Se comenzaba por recibir la bendici\u00f3n del se\u00f1or arzobispo; luego, ordenadas las cosas, se cerraba cuidadosamente la puerta, dejando la llave, a falta de portero, en casa de uno de los vecinos, y, por fin, echa\u00adban a andar, llevando cada uno en su saquito sus m\u00e1s indispensables enseres. Gustaban detenerse en los pueblos m\u00e1s miserables, donde con fre\u00adcuencia ten\u00edan que dormir sobre la paja. Dios, empero, bendec\u00eda con creces tan penosos sacrificios.<\/p>\n<p>\u00ab\u2014\u00cdbamos&#8211;dice el Santo\u2014buena y sencilla\u00admente enviados por nuestros se\u00f1ores los obispos a evangelizar a los pobres de la manera que mucho antes lo hab\u00eda hecho nuestro Se\u00f1or. Yo no ten\u00eda m\u00e1s que un discurso, sobre el temor de Dios, que procuraba variar de mil maneras.<\/p>\n<p>Tal era nuestro modo de ser, cuando algunos eclesi\u00e1sticos, enterados de las bendiciones que el Se\u00f1or derramaba sobre nuestros trabajos, soli\u00adcitaron y obtuvieron un puesto en nuestra com\u00adpa\u00f1\u00eda. \u00a1Oh Salvador! \u00bfQui\u00e9n nunca hubiera pen\u00adsado que esto habr\u00eda de llegar al estado en que se halla? En cuanto a m\u00ed, confieso que hubiera tomado como una burla las palabras de aquel que entonces me lo hubiera predicho. Y, no obs\u00adtante, de aquellos medios se sirvi\u00f3 el Se\u00f1or para dar principio a la Compa\u00f1\u00eda. Ahora bien: \u00bflla\u00admar\u00e9is vosotros humano aquello en que ning\u00fan hombre pens\u00f3 jam\u00e1s?\u00bb<\/p>\n<p>En el transcurso de un a\u00f1o se les juntaron dos nuevos compa\u00f1eros: el se\u00f1or Francisco de Coudray, nacido en Amiens, doctorado en la Sorbona, hebra\u00edsta y poseedor de varias len\u00adguas, a quien sedujo la pobreza y la humildad del Santo, y el se\u00f1or Juan de la Salle, salido igual\u00admente de la Picard\u00eda, sujeto de admirable pru\u00addencia y de admirable abnegaci\u00f3n. Al a\u00f1o si\u00adguiente fueron admitidos otros cuatro.<\/p>\n<p>Total, siete; n\u00famero reducid\u00edsimo y que pare\u00adc\u00eda anunciar un fracaso. \u00a1Cu\u00e1ntos se desanimar\u00edan! Vicente de Pa\u00fal, por el contrario, experi\u00admentaba indecible consuelo.<\/p>\n<p>Puesto al frente de su reducida familia, sigui\u00f3 agrandando el c\u00edrculo de las Misiones.<\/p>\n<p>El invierno, en que, a causa de los fr\u00edos, est\u00e1 la gente desocupada, era principalmente la esta\u00adci\u00f3n consagrada a dicho ejercicio de las misio\u00adnes, aprovechando los misioneros el per\u00edodo de la siega y de las vendimias para disponer sus tra\u00adbajos, preparar sus instrucciones e imponerse m\u00e1s y m\u00e1s en las ciencias teol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Seis a\u00f1os, poco m\u00e1s o menos, iban ya transcu\u00adrridos en este g\u00e9nero de vida, fructuosa, bien que humilde, cuando un d\u00eda el se\u00f1or Lestocq, p\u00e1\u00adrroco de San Lorenzo, en Par\u00eds, hizo a nuestro Santo la presentaci\u00f3n de un excelente religioso, el P. Adriano Le Bon, superior de una comuni\u00addad de can\u00f3nigos regulares de San V\u00edctor, esta\u00adblecidos en San L\u00e1zaro, en una antigua leprose\u00adr\u00eda, seg\u00fan se va de Par\u00eds a Saint-Denis.<\/p>\n<p>Ten\u00eda el rico priorato, levantado por la piedad de los fieles para asilo de los leprosos, vasta cer\u00adca, extensos jardines y magn\u00edficos cuerpos de edi\u00adficios. Mas se puede decir que estaba entonces sin objeto, ya que, arrancado de su fin primitivo, no se le hab\u00eda destinado a ninguno otra obra de mi\u00adsericordia corporal ni espiritual. Hab\u00eda sido cedi\u00addo a los can\u00f3nigos regulares de San V\u00edctor, quie\u00adnes no pasaban de ocho y viv\u00edan muellemente y sin poder entenderse con su superior, que so\u00f1a\u00adba en una vida m\u00e1s alta y m\u00e1s perfecta.<\/p>\n<p>Lleno \u00e9ste de inquietud y de temores, querien\u00addo abandonar su puesto y meditando sobre la posibilidad de hacer \u00fatil aquel gran edificio para alguna obra de caridad, fue a verse con su ami\u00adgo y vecino al se\u00f1or de Lestocq, p\u00e1rroco de San Lorenzo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh!\u2014le interrumpi\u00f3 \u00e9ste\u2014, esa idea no pue\u00adde venir m\u00e1s que de Dios, quien igualmente ha hecho nacer estos mismos d\u00edas en su Iglesia una santa congregaci\u00f3n de sacerdotes&#8230;<\/p>\n<p>Y al punto le cont\u00f3 de ella lo que ya nosotros sabernos y hemos visto.<\/p>\n<p>Con esto se trasladaron al Colegio de los Bue\u00adnos Hijos, donde, sin m\u00e1s que los saludos de r\u00fa\u00adbrica, manifest\u00f3 el P. Le Bron a San Vicente que, enterado de las santas otras a que su Com\u00adpa\u00f1\u00eda se dedicaba, y teniendo sumo gusto en con\u00adtribuir por su parte a ellas, ven\u00eda, en consecuen\u00adcia, a ofrecerle su priorato de San L\u00e1zaro. A se\u00admejante proposici\u00f3n, que hubiera llenado de gozo a otro cualquiera. el humilde Vicente qued\u00f3 corno cortado sin saber qu\u00e9 responder.<\/p>\n<p>\u2014Y qu\u00e9. se\u00f1or. \u00bfTembl\u00e1is?\u2014le dijo el Padre Le Bon_<\/p>\n<p>\u2014No os he de ocultar, Padre m\u00edo\u2014replic\u00f3 el Santo\u2014, que vuestra proposici\u00f3n me asusta, y que me parece ser de una esfera tan superior a aquella en que nosotros nos movemos, que ni aun oso levantar a ella mi pensamiento. Somos unos pobres sacerdotes que, en nuestra vida sen\u00adcilla, no tenemos otro designio que el de servir a las pobres gentes del campo, Os quedamos en gran manera reconocidos, Padre m\u00edo, por tan buena voluntad, y os damos por ella las m\u00e1s rendidas gracias; mas permitidnos que no acep\u00adtemos vuestra oferta.<\/p>\n<p>Tanta humildad hizo enmudecer al P. Le Bon, y conjur\u00f3 a San Vicente que no le diese un no absoluto, sino que se tomase un plazo de seis meses para reflexionar sobre el negocio.<\/p>\n<p>Pasaron los seis meses, y, acompa\u00f1ado del se\u00ad\u00f1or de Letocq, volvi\u00f3 el P. Le Bon al Colegio de los Buenos Hijos. Uno y otro renovaron sus ins\u00adtancias y suplicaron una y otra vez al Santo que tuviera a bien aceptar el priorato. Aduc\u00eda el P. Le Bon que se hallaba como inspirado por Dios para ced\u00e9rsele, y el p\u00e1rroco de San Loren\u00adzo, hombre serio y pr\u00e1ctico, hac\u00eda por ponerle a la vista las ventajas que, de aceptar la propues\u00adta, le resultar\u00edan.<\/p>\n<p>Mas Vicente permanec\u00eda inexpugnable.<\/p>\n<p>M\u00e1s de veinte visitas volvi\u00f3 a hacer el Padre Le Bon al Santo en los seis meses que se siguie\u00adron, hasta que, forzado en sus \u00faltimos atrinche\u00adramientos, Vicente someti\u00f3 el asunto al doctor Andr\u00e9s Duval, su confesor y consejero ordinario.<\/p>\n<p>El doctor Duval era uno de los sacerdotes m\u00e1s eminentes de Par\u00eds; gran te\u00f3logo, orador con\u00adsumado y de una virtud mayor a\u00fan que su ta\u00adlento.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Duval no fluctu\u00f3 lo m\u00e1s m\u00ednimo, y declar\u00f3 que el se\u00f1or Vicente deb\u00eda aceptar el ofrecimiento que se le hac\u00eda. Resignado y humil\u00adde corno un ni\u00f1o, acept\u00f3, en efecto, el Santo, aun sin haber ido a visitar la casa, lo que hizo por vez primera el d\u00eda mismo en que extendi\u00f3 el decreto de uni\u00f3n, quedando todo definitivamente arreglado en unas cuantas lloras.<\/p>\n<p>Hab\u00eda en el fondo del jard\u00edn, en unas celdas, cinco o seis dementes, que los religiosos, por acomodarse en alg\u00fan sentido a la intenci\u00f3n de los fundadores, hab\u00edan recogido y cuidaban. Se los mostraron a Vicente, y \u00e9ste se enterneci\u00f3 a su vista hasta derramar l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Puestos en todo de recuerdo, se extendi\u00f3 el con\u00adtrato el 7 de enero de 1632 entre Adriano Le Bon y los religiosos de San L\u00e1zaro, por una par\u00adte, y San Vicente de Pa\u00fal y sus religiosos misio\u00adneros por otra.<\/p>\n<p>El pre\u00e1mbulo del acta termina con las siguien\u00adtes palabras:<\/p>\n<p>\u00abEn consecuencia, los religiosos de San L\u00e1za\u00adro, mediante el benepl\u00e1cito del Sumo Pont\u00edfice, del arzobispo de Par\u00eds, del rey y del Parlamen\u00adto, resignan el priorato y hacen perpetua cesi\u00f3n del mismo a la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.\u00bb Ter\u00adminado el pre\u00e1mbulo, se regula la posici\u00f3n del P. Le Bou y de los religiosos.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal tom\u00f3 posesi\u00f3n de San L\u00e1\u00adzaro al d\u00eda siguiente. El arzobispo de Par\u00eds, mon\u00adse\u00f1or Juan-Francisco de Gondi, quiso otorg\u00e1r\u00adsela en persona para dar a toda su di\u00f3cesis una prueba de la estima y del afecto que aquel hu\u00admilde sacerdote le merec\u00eda. No se ha conservado el acta de la toma de posesi\u00f3n, y las Memorias de la \u00e9poca se limitan a decir que se verific\u00f3 a satisfacci\u00f3n y gusto de todos. Los miembros de la Congregaci\u00f3n fueron apellidados desde enton\u00adces Lazaristas, nombre con que a\u00fan se les cono\u00adce en el d\u00eda.<\/p>\n<h3><strong>Ejercicios de los ordenandos.\u2014Conferencias de <\/strong><strong>los martes.\u2014Principio de la reforma del clero <\/strong><strong>(1628-1635).<\/strong><\/h3>\n<p>Cuanto m\u00e1s se aplicaba el Santo a las Misio\u00adnes, tanto m\u00e1s se persuad\u00eda de lo in\u00fatiles que vendr\u00edan a ser si no se comenzaba por reformar el clero. \u00bfA qu\u00e9 cansarse por avivar la fe y robus\u00adtecer la virtud en los habitantes de los pueblos, si despu\u00e9s no se les confiaba a un sacerdote de virtud y de celo? Aun puestos bajo la tutela de un pastor celoso, \u00a1cu\u00e1n pronto se olvidan las im\u00adpresiones de la Misi\u00f3n! \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda, pues, si, en\u00adfervorizados los fieles por la palabra del misione\u00adro, no hallasen despu\u00e9s apoyo alguno en su p\u00e1\u00adrroco, culpable o negligente? \u00a1Y que no eran pocos los sacerdotes de esta clase en aquel tiem\u00adpo! La corrupci\u00f3n de costumbres en el siglo XVI y las guerras del protestantismo en el siguiente, hab\u00edan hecho desaparecer poco a poco las es\u00adcuelas fundadas en la Edad Media para la edu\u00adcaci\u00f3n del clero.<\/p>\n<p>Entre los prelados que se lamentaban de la degradaci\u00f3n del sacerdocio de la \u00e9poca (1628) estaba monse\u00f1or Potier, obispo de Beauvais. Un d\u00eda fue a hablar sobre el particular con San Vicente de Pa\u00fal y le estrech\u00f3 vivamente para que le indicase el modo de poner remedio a un mal tan grande.<\/p>\n<p>\u2014Monse\u00f1or\u2014respondi\u00f3 el Santo\u2014, vayamos derechos a la ra\u00edz. Imposible es reformar un clero habituado al desorden, porque un mal sacer\u00addote rara vez se convierte. Entre los aspirantes al sacerdocio, y no entre los que ya est\u00e1n reves\u00adtidos de esa dignidad, es donde os conviene bus\u00adcar el principio de la renovaci\u00f3n del clero. No admit\u00e1is a las sagradas \u00f3rdenes sino a aquellos que, a vuestro juicio, est\u00e9n suficientemente ins\u00adtruidos y tengan todas las se\u00f1ales de una ver\u00addadera vocaci\u00f3n, y aun con \u00e9stos emplead todo el tiempo que os sea posible en hacerles m\u00e1s y m\u00e1s aptos para el desempe\u00f1o de sus sagradas funciones.<\/p>\n<p>No era otro el pensamiento de monse\u00f1or Po\u00adtier. Mas \u00bfc\u00f3mo ponerlo en pr\u00e1ctica? Este era el objeto continuo de sus meditaciones y desvelos.<\/p>\n<p>\u2014Por ahora, yo no veo otro medio m\u00e1s a pro\u00adp\u00f3sito\u2014dijo en una ocasi\u00f3n monse\u00f1or Potier\u00adque el de recibirles en mi palacio, retenerles con\u00admigo algunos d\u00edas e imponerles durante ese tiem\u00adpo, por medio de una serie de conferencias, as\u00ed en las cosas que deben saber, como en las virtu\u00addes que deben practicar.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, monse\u00f1or!\u2014exclam\u00f3 Vicente, santamen\u00adte transportado\u2014, \u00e9sa es una inspiraci\u00f3n divi\u00adna; he aqu\u00ed un medio excelente de regenerar poco a poco vuestro clero.<\/p>\n<p>La conversaci\u00f3n rod\u00f3 por largo tiempo sobre el mismo tema, continuando Vicente en animar al obispo y confirm\u00e1ndose el obispo en su reso\u00adluci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014A vos toca venir en mi ayuda, se\u00f1or Vicen\u00adte\u2014dijo, por fin, monse\u00f1or Potier al Santo cuando se despidieron.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed lo har\u00e9, monse\u00f1or\u2014replic\u00f3 Vicente\u2014, en la firme persuasi\u00f3n de que, al cumplir vuestras \u00f3rdenes, no hago otra cosa que cumplir la volun\u00adtad de Dios m\u00e1s manifiesta para m\u00ed cuando la oigo de los labios de un obispo, que si la oyera de los labios mismos de un \u00e1ngel.<\/p>\n<p>Quince d\u00edas antes de la ordenaci\u00f3n de septiem\u00adbre, San Vicente se traslad\u00f3, en efecto, a Beau\u00advais, en compa\u00f1\u00eda de dos doctores en Teolog\u00eda, los se\u00f1ores Duchesne y Messier. Llevaba el pro\u00adgrama de los Ejercicios espirituales, formado por \u00e9l en el silencio y en la oraci\u00f3n, y tal perfecci\u00f3n supo dar a este primer ensayo, que el retiro de Beauvais pudo servir en adelante de norma a todos los del mismo g\u00e9nero. <em>El <\/em>obispo mismo pre\u00adsidi\u00f3 la apertura del acto. Los sermones estuvie\u00adron a cargo de ambos doctores: San Vicente se hab\u00eda reservado las pl\u00e1ticas o conferencias, y en ellas hizo la explicaci\u00f3n del Dec\u00e1logo; pero de una manera tan clara, tan llena de piedad y de unci\u00f3n, que casi todos los ejercitantes quisieron hacer con \u00e9l una confesi\u00f3n general.<\/p>\n<p>Lo que tan buen \u00e9xito hab\u00eda logrado en Beau\u00advais, \u00bfpor qu\u00e9 no se hab\u00eda de ensayar en Paris? Monse\u00f1or de Beauvais habl\u00f3 del asunto a mon\u00adse\u00f1or de Gondi, y \u00e9ste, solicitado tambi\u00e9n por el se\u00f1or de Bourdoise, mand\u00f3, por una orden de 21 de febrero de 1631, que todos los que en su di\u00f3\u00adcesis aspirasen a recibir las sagradas \u00d3rdenes es\u00adtar\u00edan obligados, para disponerse a ello, a un re\u00adtiro espiritual de diez d\u00edas. El se\u00f1or Bourdoise, distinguido sacerdote, de quien luego hablaremos, habla pensado admitir en su casa a los ordenan- dos; mas \u00e9sta era bastante reducida, y suplic\u00f3 a Vicente que se hiciese \u00e9l cargo de la obra. Nues\u00adtro Santo vacil\u00f3 al principio, mas despu\u00e9s se alla\u00adn\u00f3 a todo. De esta suerte qued\u00f3 abierta a los Ejercicios espirituales la residencia de los Bue\u00adnos Hijos, para renovaci\u00f3n del clero y bien uni\u00adversal de la Iglesia.<\/p>\n<p>La empresa exig\u00eda crecidos gastos. \u00bfC\u00f3mo ha\u00adcer frente a ellos si las piadosas damas con quien estaba en relaci\u00f3n San Vicente no le hubiesen ayudado?<\/p>\n<p>El gran atractivo de estos ejercicios era la per\u00adsona misma de San Vicente. \u00a1Con qu\u00e9 humildad y delicadeza recib\u00eda a los ordenados! \u00a1C\u00f3mo dispon\u00eda a sus hermanos para acoger, cuidar y servir a les sacerdotes ejercitantes!<\/p>\n<p>\u2014Ocuparse en formar buenos sacerdotes\u2014de\u00adc\u00eda\u2014es seguir el ejemplo de Jesucristo, quien em\u00adple\u00f3 su vida mortal en la formaci\u00f3n de doce sacerdotes santos, los Ap\u00f3stoles. As\u00ed que al lla\u00admarnos Dios a este nuestro estado, es para traba\u00adjar en una obra sublime.<\/p>\n<p>\u00abHe aqu\u00ed nuestra misi\u00f3n\u2014a\u00f1ad\u00eda\u2014. Mas \u00bfqui\u00e9\u00adnes somos nosotros para tal obra? Unas pobres gentes, hijos de oscuros labradores y aldeanos. \u00bfQu\u00e9 proporci\u00f3n puede haber, por lo mismo, en\u00adtre nuestra influencia y un empleo tan santo, tan sublime y celestial?&#8230; No obstante, el Se\u00f1or se ha dignado hacernos a nosotros una gracia tan grande como es la de contribuir al restable\u00adcimiento del estado eclesi\u00e1stico.<\/p>\n<p>\u00abFelizmente\u2014continuaba el Santo\u2014, tenemos en nuestra mano la oraci\u00f3n: con ella todo se pue\u00adde. Nadie hay, por pobre y miserable que sea, que orando no pueda obtener para la Iglesia un buen sacerdote. Puede suceder a\u00fan que el aprovecha\u00admiento de estos se\u00f1ores, los ordenandos, sea efec\u00adto de las oraciones de un hermano. Entregado a sus propios quehaceres, en medio de ellos levan\u00adtar\u00e1 con frecuencia su mente a Dios para supli\u00adcarle que se digne bendecir a aquellos sus futu\u00adros ministros, y mirando el Se\u00f1or las buenas dis\u00adposiciones de aquella alma, quiz\u00e1 le otorgue esta gracia. D\u00edcese en los Salmos: <em>Desiderivm paupe\u00ad<\/em>rum <em>exaudivit <\/em>Dominus&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Aqu\u00ed San Vicente se detuvo, no recordando la terminaci\u00f3n del vers\u00edculo, y siguiendo su costum\u00adbre humilde, familiar y de conferencia, se dirigi\u00f3 a sus hijos, diciendo:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfQui\u00e9n recuerda la conclusi\u00f3n?<\/p>\n<p>Uno de ellos acab\u00f3 el vers\u00edculo: <em>Praeparatio\u00adms <\/em>cordis eorum <em>audivit auris tua.<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Dios os bendiga, se\u00f1or!\u2014replic\u00f3 el Santo.<\/p>\n<p>Esta era su acci\u00f3n de gracias ordinaria.<\/p>\n<p>Luego, entusiasmado con la hermosura de aquellas palabras, las repiti\u00f3 varias veces con transportes de alegr\u00eda y de devoci\u00f3n, sabore\u00e1n\u00addose en ellas, y a\u00f1adi\u00f3 para comunicar a sus disc\u00edpulos sus propios sentimientos:<\/p>\n<p>\u2014Maravillosa manera de expresarse, digna en un todo del Esp\u00edritu Santo. El Se\u00f1or ha atendido el deseo de los pobres; se ha dado cuenta de las disposiciones de su coraz\u00f3n, como d\u00e1ndonos a entender que Dios oye a las almas bien dispues\u00adtas aun antes que ellas le pidan. Esto es de gran consuelo y nos debe animar al servicio de Dios, aunque en nosotros no veamos otra cosa m\u00e1s que debilidades y miserias.<\/p>\n<p>A la oraci\u00f3n quer\u00eda que uniesen la humildad y el agrado: \u00abTributemos a los se\u00f1ores ordenandos toda clase de respetos y deferencias; no nos ha\u00adgamos en su presencia los sabios; antes bien, prest\u00e9mosles nuestros servicios humilde y cor\u00addialmente. Hagamos especial estudio de ver, in\u00addagar y proporcionarles diligentemente cuanto pueda serles de alguna satisfacci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>A su llegada, quer\u00eda que hubiese siempre espe\u00adr\u00e1ndoles a la puerta un sacerdote para recoger de sus manos los bultos que trajesen y acompa\u00f1ar\u00adles a sus habitaciones, volviendo despu\u00e9s a verles con frecuencia durante los Ejercicios para infor\u00admarse de sus necesidades. \u00c9l mismo era el pri\u00admero en dar ejemplo.<\/p>\n<p>Gustaba salirles a recibir; caminaba delante de ellos, con una luz, por los corredores, y se de\u00adten\u00eda para advertirles los diversos pelda\u00f1os de la escalera, a fin de evitarles la m\u00e1s ligera ocasi\u00f3n de una ca\u00edda. Vi\u00f3sele en algunas ocasiones, cuan\u00addo el n\u00famero de los sirvientes o de los Hermanos no era bastante, limpiar por s\u00ed mismo el calza\u00addo de los ejercitantes.<\/p>\n<p>Durante los Ejercicios se hac\u00edan dos pl\u00e1ticas por d\u00eda a los ordenandos: versaba la de la ma\u00ad\u00f1ana sobre las materias m\u00e1s pr\u00e1cticas y esencia\u00adles del ministerio eclesi\u00e1stico; la de la tarde, so\u00adbre las virtudes necesarias para la recepci\u00f3n de las sagradas \u00d3rdenes. San Vicente de Pa\u00fal se in\u00adclinaba de preferencia a esta \u00faltima.<\/p>\n<p>\u00a1En qu\u00e9 t\u00e9rminos ensalzaba la grandeza y san\u00adtidad del sacerdocio! \u00a1Con qu\u00e9 colores pintaba los estragos que en el mundo ocasiona el mal sacerdote!<\/p>\n<p>No era extra\u00f1o que de todas partes se acudie\u00adse a las exhortaciones de San L\u00e1zaro. Pasaban de quinientos <em>y <\/em>aun de seiscientos los j\u00f3venes que cada a\u00f1o pisaban los umbrales de la anti\u00adgua leproser\u00eda, y entre ellos la flor del clero de Francia.<\/p>\n<p>Estos primeros ensayos ejercieron sobre la Iglesia de Francia una profunda, si bien por de pronto inadvertida, influencia.<\/p>\n<p>No obstante, por \u00fatiles y provechosos que fue\u00adran los Ejercicios, no hubieran sido suficientes para llenar el fin que con ello se persegu\u00eda. En\u00adcendido el fuego, era preciso conservarle. Era menester hallar un medio que recordase a estos j\u00f3venes sacerdotes las reflexiones y resoluciones que les hab\u00edan servido de preparaci\u00f3n para el sa\u00adcerdocio. Vicente de Pa\u00fal no dejaba de pensar en ello; mas como era hombre que no gustaba de apresuramientos, dej\u00f3 que otro se le anticipase en la soluci\u00f3n del problema.<\/p>\n<p>Cierto d\u00eda fue a verle uno de los j\u00f3venes que hab\u00edan sido formados en los Ejercicios de los ordenandos, y le pregunt\u00f3 si tendr\u00eda a bien que aquellos que deseasen conservar en s\u00ed la gracia de la ordenaci\u00f3n se juntasen una vez por sema\u00adna en San L\u00e1zaro para escuchar la divina pala\u00adbra y renovar sus buenos prop\u00f3sitos.<\/p>\n<p>Oh, hijo m\u00edo\u2014replic\u00f3 entusiasmado San Vi\u00adcente\u2014, ese pensamiento es del cielo! Sin em\u00adbargo, es menester reflexionar m\u00e1s sobre ello y orar al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En seguida pas\u00f3 a consultar el punto con el arzobispo de Par\u00eds, monse\u00f1or de Gondi, y aun escribi\u00f3 sobre el particular al Sumo Pont\u00edfice, quien bendijo y aprob\u00f3 el proyecto.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n era el joven que tuvo la feliz inspira\u00adci\u00f3n de las Conferencias de los martes? Algunos han cre\u00eddo que fuese el se\u00f1or Olier.<\/p>\n<p>Estas Conferencias, de las cuales la primera tuvo lugar el 25 de junio de 1633, y la segunda el 9 de julio, siguieron verific\u00e1ndose todos los martes. Acudiese a ellas de todos los distritos de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Mas no se ha de creer que fuesen simples con\u00adferencias a que se asist\u00eda con el \u00fanico objeto de ver a San Vicente de Pa\u00fal. Nuestro Santo, que ten\u00eda en alto grado el don de la organizaci\u00f3n, ha\u00adb\u00eda hecho por s\u00ed mismo el reglamento por que se hab\u00edan de regir. Los miembros de las Conferen\u00adcias formaban una Asociaci\u00f3n. Para entrar en ellas era menester ser presentado por tres socios, y no se acced\u00eda a la petici\u00f3n sino despu\u00e9s de se\u00adrias informaciones. Admitido un nuevo socio, quedaba bajo la direcci\u00f3n del presidente, que le advert\u00eda sus faltas, le visitaba en sus enfermeda\u00addes, le asist\u00eda a la hora de la muerte y le acom\u00adpa\u00f1aba con todos los hermanos a la sepultura.<\/p>\n<p>El martes de cada semana, a las dos, deb\u00eda te\u00adner lugar en San L\u00e1zaro una junta general. Aquellos que no pudieran asistir deb\u00edan comu\u00adnic\u00e1rselo al presidente. Comenzaba la conferen\u00adcia por el himno del <em>Veni Creator, <\/em>entonado de rodillas por el director; luego se pasaba a tratar de la materia se\u00f1alada en la anterior conferen\u00adcia, pudiendo todo el que quisiere tomar parte en la discusi\u00f3n, y, por \u00faltimo, el director resu\u00adm\u00eda los debates, daba los consejos que juzgaba m\u00e1s oportunos y terminaba con algunas palabras \u00absencillas y afectuosas.<\/p>\n<p>Este era el papel ordinario de San Vicente, papel que desempe\u00f1aba de un modo admirable.<\/p>\n<p>La nota caracter\u00edstica de la palabra de San Vicente de Pa\u00fal era la sencillez, \u00abaquella su admirable sencillez\u00bb de que hablar\u00e1 m\u00e1s tarde Bos\u00adsuet, acompa\u00f1ada de la ternura, del amor de Dios y de las almas, en que ard\u00eda su coraz\u00f3n, y por \u00faltimo, de la pureza de las fuentes en que beb\u00eda, cu\u00e1les eran la Sagrada Escritura, los ejemplos y palabras de Jesucristo y el estudio profundo de las necesidades y pasiones del coraz\u00f3n humano. Ahora bien: esto era lo quo m\u00e1s se echaba en falta en la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica de aquel lem\u00adpo. <em>in <\/em>lugar de acudir a los Libros Santos en busca de pruebas con que robustecer las ense\u00ad\u00f1anzas del p\u00falpito, se echaba mano de los poetas gentiles.<\/p>\n<p>Y \u00bfqu\u00e9 decir del estilo. de aquella forma \u00abpom\u00adposa y empenachada, de que habla San Fran\u00adcisco de Sales, de que apenas le libr\u00f3 su genio y su gusto exquisito, y de que se hallan tristemente contagiadas las obras de sub m\u00e1s caro disc\u00edpulo y amigo, monse\u00f1or Camus, obispo de Belley?<\/p>\n<p>Entre tantos j\u00f3venes sacerdotes como se re\u00adun\u00edan en las Conferencias de los martes y diser\u00adtaban sobre toda clase de asuntos, as\u00ed dogm\u00e1ticos como morales, era imposible que no apareciese alg\u00fan resabio de mal gusto que por todas partes dominaba. Mas Vicente de Pa\u00fal era inflexible. La sencillez, la santa y sublime sencillez, he aqu\u00ed el \u00fanico arreo oratorio que admit\u00eda. Afeaba siem\u00adpre, y en alguna ocasi\u00f3n con viveza, la conducta de aquellos que se apartaban de este camino.<\/p>\n<p>Esto hizo que la pr\u00e1ctica de hablar sencilla\u00admente llegase a ser como una ley en San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>Nadie gust\u00f3 tanto de esta sencillez ni sac\u00f3 tanto provecho de semejantes ense\u00f1anzas, como Bossuet. \u00abLa sublime sencillez de Vicente\u2014dice el se\u00f1or Floquet- conmovi\u00f3 hondamente al gran orador, tan sencillo ya por su naturaleza.\u00bb No solamente guard\u00f3 un profundo recuerdo de ella durante toda su vida, sino que la tom\u00f3 por regla de conducta en sus predicaciones.<\/p>\n<p>Unas Conferencias a que acud\u00edan los sacerdo\u00adtes m\u00e1s distinguidos, y, por decirlo as\u00ed, la flor del clero, y en que hablaban tantos ilustres obispos, no pod\u00edan menos de darse a conocer por todo Paris.<\/p>\n<p>De este modo comenz\u00f3 la reforma del clero; as\u00ed se echaron los primeros fundamentos de la gran Iglesia de Francia. Y digo los primeros, porque, por m\u00e1s importancia que se quiera dar a los Ejercicios de los ordenandos y a las Conferen\u00adcias de los martes, es evidente que por s\u00ed solos poco hubiesen hecho. Para la reforma universal del clero era menester alguna cosa m\u00e1s radical, de bases m\u00e1s amplias.<\/p>\n<h3><strong>Los Seminarios (1635-1642).<\/strong><\/h3>\n<p>Entre los decretos disciplinarios del Santo Concilio de Trento, quiz\u00e1 no hab\u00eda ninguno m\u00e1s importante ni que m\u00e1s saludable influencia haya ejercido sobre la Iglesia, en particular sobre la de Francia, que el decreto relativo a la institu\u00adci\u00f3n de los Seminarios. Los Padres le firmaron con verdaderos transportes de alegr\u00eda, declaran\u00addo que aunque el Concilio no hubiese tenido nin\u00adg\u00fan otro resultado, \u00e9ste solo ser\u00eda suficiente re\u00adcompensa de sus fatigas.<\/p>\n<p>A primera vista, el cumplimiento de las dispo\u00adsiciones del Concilio nada ten\u00eda de dif\u00edcil. Esco\u00adger algunos ni\u00f1os de entre las familias cristia\u00adnas, precaverles de los peligros del mundo, educarlos en la piedad, cosa tan hacedera en los primeros a\u00f1os; conducirlos poco a poco a las gradas del sacerdocio familiarizarlos con sus encantos, entusiasmarlos con su sublimidad, pre\u00adsentarlos a la ordenaci\u00f3n abrasados en las lla\u00admas del amor divino y en el celo por la salvaci\u00f3n de las almas, \u00bfqu\u00e9 cosa m\u00e1s f\u00e1cil? No obstante, aun haciendo caso, omiso del influjo de las pa\u00adsiones, de la natural propensi\u00f3n a la molicie, a la desidia espiritual, a los gustos e inclinaciones del amor propio, a la ambici\u00f3n de las dignidades y de los honores, que debilitan el celo m\u00e1s ar\u00addiente y tuercen los ideales m\u00e1s puros y levantados, era menester no perder de vista la rica eflorescencia de las instituciones pedag\u00f3gicas de otros tiempos que hab\u00edan llegado hasta nosotros; colegios, academias y la diversidades, que, con sus brillantes recuerdos y con la fascinadora magia del pasado, hab\u00edan de atar las manos de los re\u00adformadores del clero y ser dura roca a cuyos pies hab\u00edan de morir no pocos ensayos de las sabias pretensiones del Concilio de Trento.<\/p>\n<p>As\u00ed que poco o nada llegaba a perfecta gra\u00adnaz\u00f3n.<\/p>\n<p>En Francia, el proyecto ten\u00eda menos visos de realizaci\u00f3n, a causa de haber sido muchas las personalidades que hab\u00edan fracasado al intentar llevarle a la pr\u00e1ctica; de suerte que, para los hombres m\u00e1s distinguidos, el asunto era poco menos que imposible.<\/p>\n<p>Y, no obstante, era llegada la hora que la di\u00advina Providencia, en sus altos designios, ten\u00eda marcada para la realizaci\u00f3n de los Seminarios. Hab\u00eda entonces en Francia tres o cuatro sacer\u00addotes que estudiaban sin descanso tan dif\u00edcil problema que se dispon\u00edan a resolverlo, y que, dando el uno una pincelada y el otro un bro\u00adchazo, indicando el de m\u00e1s all\u00e1 un rasgo que \u00e9ste deb\u00eda llevar a la perfecci\u00f3n, iban a realizar en toda su hermosura el tipo ideal concebido por el Concilio de Trento. Estos tres o cuatro sacer\u00addotes eran el se\u00f1or de Berulle, el se\u00f1or Bourdoise, el se\u00f1or Vicente y el se\u00f1or Olier.<\/p>\n<p>A pesar de su celo y de sus esfuerzos, los dos primeros no llegaron en el asunto a resultado pr\u00e1ctico, es decir, no lograron fundar Seminario alguno.<\/p>\n<p>A San Vicente, en un principio, ni siquiera se le hab\u00eda ocurrido semejante idea.<\/p>\n<p>Estrechado por las varias y repetidas instan\u00adcias de los m\u00e1s santos obispos, cambi\u00f3, con el tiempo, de parecer. En 1635 hizo el primer en\u00adsayo, recibiendo en el Colegio de los Buenos Hi\u00adjos algunos j\u00f3venes de doce a catorce a\u00f1os que aspiraban al sacerdocio. Mas, o por la corta edad de los alumnos, o por falta de dotes de ense\u00ad\u00f1anza en los directores el proyecto fracas\u00f3 y hubo de ser abandonado. Seis a\u00f1os despu\u00e9s, en 1641, hizo en Annecy, a instancias del bueno y santo obispo de dicha ciudad, monse\u00f1or Justo Guerin, un nuevo ensayo, y por esta vez no ad\u00admiti\u00f3 como alumnos m\u00e1s que aquellos que hu\u00adbieran ya cursado Humanidades. Ibase acercan\u00addo el suspirado t\u00e9rmino, mas tambi\u00e9n por esta vez fracas\u00f3 el proyecto, y el Seminario fue ce\u00adrrado para no volverse a abrir hasta 1663. Lo propio sucedi\u00f3 con los Seminarios de Alet y de Saintas. Por fin, en 1642, Vicente crey\u00f3 que la causa de tan repetidos fracasos era la mezcla de j\u00f3venes y ni\u00f1os sujetos por igual a una misma ense\u00f1anza y disciplina. Resolvi\u00f3se, pues, a separarlos. Dej\u00f3 los mayores en el Seminario de los Buenos Hijos, y traslad\u00f3 los de menos edad a una casa que hab\u00eda comprado junto a San L\u00e1zaro, a que se dio el nombre de Seminario de San Carlos.<\/p>\n<p>Con tan acertada resoluci\u00f3n ech\u00f3 a la vez <em>los <\/em>fundamentos de los Seminarios mayores y menores, en la doble forma que hoy los vemos.<\/p>\n<p>Una de las primeras cuestiones suscitadas con motivo de la ense\u00f1anza en los Seminarios era la de si conven\u00eda fijar un libro de texto a que el profesor hubiera de atenerse en sus clases, o si ser\u00eda preferible que el mismo catedr\u00e1tico com\u00adpusiese y dictase sus lecciones. Muchos prefer\u00edan este \u00faltimo m\u00e9todo, en atenci\u00f3n a que daba al profesor m\u00e1s libertad para desenvolver su ilustraci\u00f3n y su cultura, raz\u00f3n que a los ojos de Vi\u00adcente no fue de tanto peso que le impidiera se\u00adguir la opini\u00f3n contraria. \u00abCon un texto apro\u00adbado\u2014dec\u00eda- a la ense\u00f1anza ser\u00e1 m\u00e1s segura y merecer\u00e1 mayor confianza del Episcopado; la Com\u00adpa\u00f1\u00eda estar\u00e1 menos expuesta a la envidia y a la censura; la elecci\u00f3n de los profesores ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil; las obligaciones de la c\u00e1tedra no tan pe\u00adnosas ni tan dif\u00edciles, y, por \u00faltimo, los semi\u00adnaristas saldr\u00e1n mejor instruidos. Se objetar\u00e1 que \u00e9stos formar\u00e1n una opini\u00f3n muy pobre de unos catedr\u00e1ticos que nada ense\u00f1an de viva voz, y que se ver\u00e1n tentados a abandonar sus leccio\u00adnes. Esto podr\u00eda suceder si todos los seminaristas fuesen unos sabios y si el Seminario, adem\u00e1s del atractivo de la ciencia, no contara tambi\u00e9n con los de la piedad, del canto, de las ceremonias, de las catequesis y de la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abA\u00f1\u00e1dese que con el m\u00e9todo de la ense\u00f1anza oral los profesores se har\u00edan m\u00e1s sabios. No lo niego; mas tambi\u00e9n se ver\u00edan en la precisi\u00f3n de no hacer otra cosa que estudiar, componer y dic\u00adtar; y entonces, \u00bfqui\u00e9n informar\u00eda a los alum\u00adnos en la virtud? \u00bfQui\u00e9n ense\u00f1ar\u00eda el canto, las ceremonias, la explicaci\u00f3n del Catecismo y la predicaci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n har\u00eda observar el orden y la regularidad?\u00bb<\/p>\n<p>Mientras Vicente de Pa\u00fal, conforme a sus ha\u00adbituales modos de obrar, llegaba lenta y gradualmente a entrever la forma definitiva de los Se\u00adminarios, el se\u00f1or Olier, con algunos amigos, fun\u00addaba el Seminario de San Sulpicio.<\/p>\n<p>Pocos hombres ha habido en el mundo tan privilegiados como el se\u00f1or Olier. San Francisco de Sales bendice su infancia; San Vicente de Pa\u00fal forma su juventud y le dispone para las \u00d3rdenes sagradas, y el P. Condren, del Oratorio, hombre de alt\u00edsimo saber y de virtud extraordi\u00adnaria, le dirige en su edad madura y le revela su verdadera vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 diferencia hay entre los Seminarios eri\u00adgidos por San Vicente de Pa\u00fal y los fundados por el se\u00f1or Olier? Ninguna. Prest\u00e1ronse mutuamen\u00adte sus inspiraciones, y poco a poco la obra de entrambos vino a confundirse.<\/p>\n<p>Observaciones son las anteriores que una vez m\u00e1s demuestran el perspicaz sentido pr\u00e1ctico de San Vicente.<\/p>\n<p>In\u00fatil ser\u00eda ventilar aqu\u00ed la cuesti\u00f3n de si fue San Vicente el primer organizador de los Seminarios en Francia, o si goza de esta prerrogativa el se\u00f1or Olier. El caso no merece la pena, y por otra parte, las tentativas de uno y otro ofrecen tal simultaneidad, que ni los mismos interesados pudieron apreciar las diferencias del tiempo que entre ellas mediaran.<\/p>\n<p>Y es que todo fue obra del mismo tiempo, efec\u00adto de la gran conmoci\u00f3n que de Norte a Sur se experimentaba en todo el pa\u00eds, que agitaba todos los corazones y que hac\u00eda que cada uno pusiese manos a la obra sin reparar en lo que otros ha\u00adc\u00edan.<\/p>\n<h3><strong>San Vicente contra el jansenismo.\u2014Muerte de <\/strong><strong>Santa Chantal (1642).<\/strong><\/h3>\n<p>En tanto que San Vicente de Pa\u00fal, el carde\u00adnal Berulle, el se\u00f1or Olier y el se\u00f1or Bourdoise, sin desconocer las llagas de la Iglesia, trabaja\u00adban por cicatrizarlas, otros hombres de talento estudiaban tambi\u00e9n los males de la Iglesia; pero, desprovistos de la fe profunda que aqu\u00e9llos te\u00adn\u00edan en la vida imperecedera de la Esposa de Jesucristo, desesperaban casi totalmente de su curaci\u00f3n y buscaban fuera de ella los medios de regenerarla.<\/p>\n<p>Dos eran los jefes principales de este grupo: Jansenio, m\u00e1s conocido por la forma latinizada de su nombre: Cornelius Jansenius, y Vergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran. El primero ha\u00adb\u00eda nacido en Flandes; el segundo, en Bayona. Eran casi de la misma edad. Llegados a Par\u00eds en 1605 para acabar sus estudios teol\u00f3gicos, tra\u00adbaron en las aulas de la Sorbona estrecha amis\u00adtad. Sus almas ten\u00edan un vivo parecido. Ambos, eran inteligentes, apasionados por el estudio, do\u00adtados de un gusto exquisito en los trabajos de erudici\u00f3n, en que tanto hab\u00edan de sobresalir; uno y otro imperiosos, altivos, acostumbrados a im\u00adponerse a las almas con <em>su <\/em>austeridad, y, por fin, bajo pretexto de reforma, autores de uno de los golpes m\u00e1s rudos asestados contra la Iglesia en el curso de los siglos, y bajo el cual, sin el divino car\u00e1cter de su origen, quiz\u00e1 hubiera sucumbido.<\/p>\n<p>Con todo, la gravedad de la herida no se ad\u00advirti\u00f3 hasta despu\u00e9s de muertos entrambos no\u00advadores.<\/p>\n<p>Descontentos de los estudios que por entonces se hac\u00edan en la Sorbona, por parecerles demasia\u00addo superficiales y poco pr\u00e1cticos, determinaron retirarse por alg\u00fan tiempo al campo y consagrar\u00adse al estudio de la antig\u00fcedad cristiana.<\/p>\n<p>Por desgracia, al empe\u00f1arse ambos j\u00f3venes en un estudio tan dif\u00edcil y de tan colosales propor\u00adciones como el de las obras de los Santos Padres, no s\u00f3lo carec\u00edan de direcci\u00f3n y de freno, sino que adem\u00e1s ten\u00edan el esp\u00edritu lleno de dudas y de preocupaciones. Jansenio hab\u00eda respirado en Lo- vaina, donde pudo conocerle, las falsas doctrinas de Bayo sobre la postraci\u00f3n del libre albedr\u00edo so\u00adfocado por la gracia omnipotente y avasalladora. A su vez, Vergier de Hauranne, influido m\u00e1s o. menos por los vapores semicalvinistas que flota\u00adban en los claustros de la Sorbona, pensaba que al menos en la pr\u00e1ctica, la Iglesia hab\u00eda perdido alg\u00fan tanto de su pr\u00edstina pureza, y que para de\u00advolverle el brillo con que Jesucristo la hab\u00eda hermoseado en su origen, era menester renovar la disciplina de los primeros tiempos. Estas dos di\u00adrecciones eran las que hab\u00edan de marcar el rum\u00adbo de sus respectivos estudios.<\/p>\n<p>Jansenio, que era m\u00e1s te\u00f3logo, se apoder\u00f3 de la cuesti\u00f3n de la gracia, cuya exacta noci\u00f3n cre\u00eda perdida; para hallarla, se abism\u00f3 en el estudio de San Agust\u00edn.<\/p>\n<p>Vergier de Hauranne, por su parte, consagr\u00f3 sus desvelos al estudio de la disciplina eclesi\u00e1sti\u00adca en los tres o cuatro primeros siglos de la Igle\u00adsia, notando la idea que se ten\u00eda entonces de la penitencia, el modo con que se practicaba la con\u00adfesi\u00f3n y la comuni\u00f3n, etc., etc.<\/p>\n<p>No hab\u00edan pasado a\u00fan de los comienzos de sus estudios, cuando el curso de los acontecimientos vino a separarlos. Jansenio parti\u00f3 para Lovaina, donde recibi\u00f3 el doctorado, se puso al frente de un gran colegio y, por \u00faltimo, fue nombrado obispo de Ipr\u00e9s, donde muri\u00f3 joven a\u00fan. Por su parte, Vergier de Hauranne dej\u00f3 a Bayona y se dirigi\u00f3 a Poitiers, donde el obispo le hizo pri\u00admeramente can\u00f3nigo y despu\u00e9s abad de Saint\u00adCyran, t\u00edtulo bajo el cual tan conocido se hizo con el tiempo.<\/p>\n<p>Aunque separados desde entonces, continua\u00adron fieles a su amistad.<\/p>\n<p>Por el mes de noviembre de 1021, ambos ami\u00adgos se volvieron a ver en Lovaina, y quiz\u00e1 tambi\u00e9n en Par\u00eds, sacando como consecuencia de sus entrevistas la de ir desenvolviendo lenta y gra\u00addualmente sus proyectos de regeneraci\u00f3n de la Iglesia, as\u00ed bajo el punto del dogma, como de la disciplina.<\/p>\n<p>En tanto que Jansenio, de vuelta a Lovaina, volv\u00eda a entregarse al estudio de San Agust\u00edn y comenzaba a redactar su <em>Augustinus, <\/em>el abad de Saint-Cyran entraba en Par\u00eds y buscaba ma\u00f1osamente c\u00f3mo crearse relaciones y tener ocasi\u00f3n con ellas de insinuar sus errores. Hecho conoci\u00admiento con el se\u00f1or d&#8217;Andilly, logr\u00f3 darse a co\u00adnocer por su medio a la hermana del propio in\u00adtermediario, Sor Mar\u00eda Ang\u00e9lica, la joven aba\u00addesa y reformadora de Port-Royal.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que en Port-Royal, buscaba tambi\u00e9n el astuto reformador c\u00f3mo deslizarse <em>y <\/em>verter su veneno en el Oratorio. Iba tambi\u00e9n a verse con el se\u00f1or Bourdoise.<\/p>\n<p>Mas por ilustres que fuesen estos personajes, el abad de Saint-Cyran so\u00f1aba en trabar amistad con otro mayor, y no hubo astucias ni rodeos que dejase de poner en pr\u00e1ctica para llegar has\u00adta \u00e9l. San Vicente de Pa\u00fal era, por una parte, la sencillez misma, y por otra, la caridad y la benevolencia en persona. Nunca echaba las co\u00adsas a mala parte, <em>y <\/em>para creer en el mal necesi\u00adtaba que se le hiciese patente una y otra vez. Por su parte, el abad de Saint-Cyran no despreciaba ocasi\u00f3n de ayudarle. Prudente y disimulado en extremo, no manifestaba sus ideas sobre el esta\u00addo de la Iglesia, ni los proyectos que para refor\u00admarla abrigaba, sino parca y embozadamente. As\u00ed las cosas, y cuando ya se crey\u00f3 en posesi\u00f3n de aquella alma tan sencilla como confiada, se re\u00adsolvi\u00f3 a hablarle descubiertamente y sin rodee. Cierto d\u00eda, habiendo hecho recaer la conversa\u00adci\u00f3n sobre un art\u00edculo del credo calvinista, se puso a defenderle.<\/p>\n<p>\u2014;C\u00f3mo!, \u00bfy os aven\u00eds a ese modo de pensar?\u2014arguy\u00f3 San Vicente.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY por qu\u00e9 no?\u2014replic\u00f3 Saint-Cyrcn\u2014. Calvino, m\u00e1s que defender una mala causa, lo que hizo fue defenderla malamente: <em>Bene sensit, <\/em><em>male locutus est.<\/em><\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n dec\u00eda el abad al Santo:<\/p>\n<p>\u2014Es cierto que Jesucristo ha levantado su Iglesia sobre la piedra, mas tambi\u00e9n lo es que hay tiempo de edificar y tiempo de destruir. La Iglesia era su esposa, mas al presente es una ad\u00faltera, raz\u00f3n por la cual la ha repudiado y quiere que se la sustituya por otra que le sea fiel.<\/p>\n<p>\u2014Creedme, se\u00f1or\u2014le replic\u00f3 grandemente an\u00adgustiado el Santo\u2014; desconfiad de ese esp\u00edritu que os dicta sentimientos tan contrarios a la ve\u00adneraci\u00f3n que es debida a la Iglesia.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal se retir\u00f3 sumamente ape\u00adnado; mas no por eso se crey\u00f3 en el deber de abandonar a aquella alma, sino de redoblar, por el contrario, sus esfuerzos para volverla al buen camino. Enterado, pues, de que el abad se dispo\u00adn\u00eda a partir para su abad\u00eda de Saint-Cyran, re\u00adsolvi\u00f3 hacer un \u00faltimo esfuerzo para sacarle del error. Despu\u00e9s de haberle preparado a recibir fa\u00advorablemente sus advertencias, el Santo le habl\u00f3 del deber en que se hallaba de someter su juicio al de la Iglesia y de respetar las decisiones del Concilio de Trento. Luego, record\u00e1ndole las pro\u00adposiciones que repetidas veces habla apadrina\u00addo. le mostr\u00f3 c\u00f3mo eran opuestas a la doctrina cat\u00f3lica. \u00abEst\u00e1is perdido\u2014concluy\u00f3 dici\u00e9ndole\u2014 si segu\u00eds revolvi\u00e9ndoos en ese laberinto de erro\u00adres.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, sabed que en ese camino de Perdici\u00f3n vais solo; al menos, no cont\u00e9is en \u00e9l, ni con mi Compa\u00f1\u00eda, ni conmigo\u00bb.<\/p>\n<p>En 1632 fue dado a la imprenta un grueso vo\u00adlumen, en lat\u00edn, rotulado <em>Aurelius. <\/em>Estaba escri\u00adto por el abad de Saint-Cyran, mas no iba en\u00adcabezado con su nombre. La doctrina que en \u00e9l se prohijaba era por dem\u00e1s sospechosa; inten\u00adt\u00e1base desnaturalizar la constituci\u00f3n de la Igle\u00adsia, ensalzando el poder de los obispos hasta po\u00adnerles al nivel del Papa, y equiparando a los sacerdotes con los obispos. No eran de menor cuant\u00eda los errores pertenecientes a la parte mo\u00adral y disciplinaria. En sentir del an\u00f3nimo, se ha\u00adb\u00eda hecho muy mal en abolir la penitencia p\u00fablica, que por lo mismo urg\u00eda restablecer; se hab\u00eda torcido el verdadero sentir de la Iglesia con respecto a la comuni\u00f3n, concedi\u00e9ndola tan f\u00e1cil y tan frecuentemente a los pecadores. La comuni\u00f3n era un misterio terrible, al cual muy pocos, y \u00e9stos despu\u00e9s de largas preparaciones, se hac\u00edan dignos de acercarse.<\/p>\n<p>Ni quedaban estas doctrinas en los libros: bien se vieron reducidas a la pr\u00e1ctica. En Port-Royal, por ejemplo, la Madre In\u00e9s, no s\u00f3lo toleraba que sus hermanas y sus monjas pasasen cinco y m\u00e1s meses sin llegarse al tribunal de la Penitencia, sino que ni ella misma hacia escr\u00fapulo de mante\u00adnerse alejada de los sacramentos. Habr\u00eda pasado as\u00ed, sin confesar ni comulgar, toda suvida. La Madre Ang\u00e9lica lleg\u00f3 a diferir por cinco meses la comuni\u00f3n, y un a\u00f1o hasta se abstuvo de comul\u00adgar el d\u00eda de Pascua. En Saint-Merry,el p\u00e1rro\u00adco se\u00f1or Hamel hab\u00eda restablecido la penitencia p\u00fablica.<\/p>\n<p>Impacientado con todas estas novedades y agi\u00adtaciones, Richelieu determin\u00f3 cortar por lo vivo. Hizo prender de noche al abad de Saint-Cyran, y le recluy\u00f3 en la torre de Vincennes.<\/p>\n<p>En esta \u00e9poca fue cuando, de improviso, el Se\u00f1or proporcion\u00f3 a nuestro Santo uno de los mayores consuelos que \u00e9ste pod\u00eda desear. Tal fue el arribo a Par\u00eds de la venerable Madre Chantal, que, de edad de sesenta y nueve a\u00f1os y pr\u00f3xima a entregar su alma al Se\u00f1or, pues no le quedaba m\u00e1s que un mes de vida, ven\u00eda a dar el \u00faltimo adi\u00f3s a sus Hijas de la capital. Aunque la vene\u00adrable fundadora de la Visitaci\u00f3n no llevase al Santo m\u00e1s que cuatro a\u00f1os de edad y se confesa\u00adse con \u00e9l durante las estancias que hac\u00eda en Par\u00eds, San Vicente no recababa para s\u00ed otro t\u00edtulo res\u00adpecto de ella que el de hijo. Vener\u00e1bala por sus singulares virtudes, por los dones naturales con que Dios tan prodigiosamente la hab\u00eda enriqueci\u00addo. El Santo ve\u00eda en ella \u00abun esp\u00edritu recto, pru dente, moderado e inflexible en sumo grado\u00bb. Envidiando su actividad, la escrib\u00eda en cierta ocasi\u00f3n: \u00ab\u00a1Oh madre m\u00eda! Suplicad al Se\u00f1or que me otorgue la virtud de la diligencia, que tan abundantemente os ha infundido a vos.\u00bb Sobre todo, hac\u00eda un aprecio extraordinario del juicio recto y seguro que en todo manifestaba. Some\u00adt\u00edale sus dudas y sus proyectos, y le ped\u00eda hu\u00admildemente su parecer en los negocios m\u00e1s ar\u00adduos y reservados de su Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Mas nada iguala al testimonio que de ella di\u00f3 poco despu\u00e9s, donde declara que, habi\u00e9ndola co\u00adnocido y tratado interiormente y con asiduidad por m\u00e1s de veinte a\u00f1os, siempre la hall\u00f3 eminen\u00adte en toda virtud: en la humildad, en la, morti\u00adficaci\u00f3n, en la obediencia, en el celo, en el amor de Dios; tanto, que en todo aquel espacio de tiempo no hab\u00eda visto en ella ni una imperfec\u00adci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero cuanta era la admiraci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal por Santa Juana. Francisca de Chantal, otra tanta era la veneraci\u00f3n que \u00e9sta, a su vez, profesaba al Fundador de las Hijas de la Cari\u00addad. Diariamente bendec\u00eda al Se\u00f1or por haber otorgado a sus Hijas de Par\u00eds un superior tan santo. Por lo que a ella se refer\u00eda, ni siquiera se juzgaba digna de tenerle por Padre. Manifest\u00e1bale su coraz\u00f3n y su conciencia con infantil sencillez, y su mayor satisfacci\u00f3n, al llegar esta \u00faltima vez a Par\u00eds, era la idea de que al borde de la tumba iba a ver de nuevo a su santo di\u00adrector.<\/p>\n<p>Para darse cuenta de las relaciones que exis\u00adt\u00edan entre San Vicente de Pa\u00fal y Santa Francis\u00adca de Chantal, era menester advertir que en 1619, a ra\u00edz del establecimiento en Par\u00eds de la Orden de la Visitaci\u00f3n, queriendo San Francisco de Sa\u00adles confiar la direcci\u00f3n de sus religiosas a un sacerdote adornado de todas aquellas prendas que un ministerio tan importante requiere, y viendo en Vicente de Pa\u00fal, con el claro discernimiento de que estaba dotado, al director mo\u00addelo, cuya semblanza dej\u00f3 trazada en su <em>Introdu<\/em><em>cci\u00f3n a la vida devota, <\/em>no vacil\u00f3 en nombrarle para dicho cargo, a pesar de la oscuridad en que su nombre se hallaba a\u00fan en la capital de Fran\u00adcia. San Vicente desempe\u00f1\u00f3 su cometido durante toda su vida, es decir, por cuarenta a\u00f1os. Santa Francisca de Chantal iba de cuando en cuando a Par\u00eds, lo que la proporcionaba ocasi\u00f3n de ver al Santo y de exponerle, as\u00ed las necesidades de su alma, como las vicisitudes de su Instituto. Desde la Muerte de San Francisco de Sales hab\u00eda pues\u00adto en San Vicente toda su confianza, y manten\u00eda con \u00e9l una asidua correspondencia, en que no se sabe qu\u00e9 admirar m\u00e1s, si el rec\u00edproco respeto, o el afecto celestial que mutuamente se inspiraban aquellas dos grandes almas.<\/p>\n<p>El Santo hubiera deseado retener a la Madre Chantal en Par\u00eds. Avecin\u00e1base el invierno, y no\u00adviembre se presentaba \u00e1spero y fr\u00edo, lo que le hac\u00eda temer que tuviese un viaje fatal. Mas ella hab\u00eda cumplido ya el objeto de su venida a Pa\u00adr\u00eds; \u00bfa qu\u00e9 alargar por m\u00e1s tiempo su estancia all\u00ed? Parti\u00f3, pues, el 11 de noviembre, y un mes despu\u00e9s, conforme lo hab\u00eda temido San Vicente, fallec\u00eda en Moulins en brazos de la duquesa de Montmorency.<\/p>\n<p>A la primera noticia que tuvo el Santo de la gravedad del mal, se puso de rodillas para hacer oraci\u00f3n por ella, y entonces fue cuando tuvo aquella c\u00e9lebre visi\u00f3n de los dos globos, cuyo re\u00adlato es mejor que lo escuchemos de los labios del mismo Vicente. Escribi\u00f3, pues, a las Hijas de la Visitaci\u00f3n, para consolarlas en tan grave infor\u00adtunio, y despu\u00e9s de ampl\u00edsimas alabanzas a la finada, tanto m\u00e1s dignas de nota cuanto m\u00e1s remirada y austera era la pluma que las vert\u00eda, a\u00f1ade:<\/p>\n<p>\u00abNo tengo la menor duda de que el Se\u00f1or manifestar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda la santidad de la Madre Chantal, como yo s\u00e9 que lo ha verificado ya pre\u00adsente en muchos lugares del reino y de muy di\u00adversos modos. He aqu\u00ed un hecho acontecido a una persona digna de fe, y de quien tengo la segu\u00adridad que escoger\u00eda antes morir que echar una mentira (habla el Santo de s\u00ed mismo).<\/p>\n<p>\u00abInformada esta persona de la grave situaci\u00f3n en que nuestra difunta se hallaba, se puso de ro\u00addillas para encomendarla al Se\u00f1or, y el primer pensamiento que tuvo fue el de hacer un acto de contrici\u00f3n, as\u00ed de todas sus culpas pasadas como de las que hoy ordinariamente comete y luego se le apareci\u00f3 un peque\u00f1o globo como de fuego, que se levantaba de la tierra e iba a juntarse en la regi\u00f3n superior del aire con otro globo mayor y m\u00e1s luminoso, perdi\u00e9ndose los dos al unirse con otro m\u00e1s grande a\u00fan y m\u00e1s resplandeciente, oyen\u00addo interiormente una voz que le dec\u00eda que aquel globo era el alma de nuestra digna Madre, el se\u00adgundo, la de nuestro bienaventurado Padre, y el otro, la Esencia Divina; que el alma de nuestra buena Madre se hab\u00eda reunido a la de nuestro bienaventurado Padre, y las de ambos a Dios, su soberano principio.<\/p>\n<p>\u00abAdem\u00e1s, dicha persona, que es un sacerdote, tan pronto como supo la nueva del dichoso tr\u00e1n\u00adsito de la enferma, p\u00fasose a decir por ella la san\u00adta Misa, y estando en el segundo <em>Memento, <\/em>des\u00adtinado a orar por los difuntos, crey\u00f3 que ser\u00eda bueno encomendarla al Se\u00f1or, pues pod\u00eda estar en el Purgatorio a causa de algunas palabras que hab\u00eda dicho y que ten\u00edan la apariencia, de pecado venial; y en esto se le apareci\u00f3 de nuevo la misma visi\u00f3n, los mismos globos y la uni\u00f3n de unos y de otros, dej\u00e1ndole en la \u00edntima persuasi\u00f3n de que aquella alma era bienaventurada y de que no ten\u00eda necesidad de oraciones; todo lo cual qued\u00f3 tan bien impreso en el esp\u00edritu de aquel sacerdote, que siempre que piensa en ella parece que la ve en semejante estado de felicidad.<\/p>\n<p>\u00abEl gran concepto que dicha persona ten\u00eda de la virtud de la venerable Madre Chantal podr\u00eda \u2014a\u00f1ade el Santo\u2014despertar alguna duda sobre la realidad de esta visi\u00f3n, pues que dicha estima era, en efecto, tan particular, que nunca le\u00eda sin l\u00e1grimas su correspondencia, en la persuasi\u00f3n en que estaba de que era el Se\u00f1or quien le suger\u00eda el contenido de la misma; mas es de creer que fuera una visi\u00f3n verdadera, ya porque el sujeto que la ha tenido no es un propenso a estas co\u00adsas, ya porque nunca ha tenido otra visi\u00f3n que \u00e9sta. En fe de lo cual, firmo la presente de mi mano y la rubrico con nuestro sello.\u00bb<\/p>\n<h3><strong>San Vicente de Pa\u00fal contra el jansenismo (con<\/strong><strong>tinuaci\u00f3n) (1643)<\/strong><\/h3>\n<p>En esto muri\u00f3 Richelieu (4 diciembre 1642), como consecuencia inmediata se llev\u00f3 a cabo la excarcelaci\u00f3n del abad de Saint-Cyran.<\/p>\n<p>No goz\u00f3, sin embargo, por largo tiempo de su libertad el abad de Saint-Cyran. Dos meses des\u00adpu\u00e9s sufri\u00f3 una apoplej\u00eda, que en veinticuatro horas le llev\u00f3 al sepulcro. La nefanda semilla, empero, que \u00e9l y Jansenio sembraron, continu\u00f3 desarroll\u00e1ndose.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal, que era extremado en su bondad para con las personas, era, en cambio, inflexible en lo tocante a la fe. Nunca, aun en los d\u00edas de su mayor intimidad con Saint-Cyran, pudo o\u00edr sin estremecerse una sola palabra en pugna con el dogma.<\/p>\n<p>\u2014Sabed, se\u00f1or\u2014dec\u00eda a un sacerdote de su Compa\u00f1\u00eda\u2014, que este error del jansenismo es uno de los peores que se han levantado en lucha con la Iglesia; y que, por mi parte, tengo motivos especiales para bendecir al Se\u00f1or y darle gracias porque, habiendo sido amigos m\u00edos los primeros y m\u00e1s aventajados defensores de esta doctrina, y habi\u00e9ndolos tratado de cerca, no permiti\u00f3 que me hiciesen caer en <em>sus <\/em>redes.<\/p>\n<p>Esta natural repugnancia se convirti\u00f3 en l\u00f3\u00adgica oposici\u00f3n cuando, en lugar de ciertas pala\u00adbras murmuradas al o\u00eddo, y en cuya interpre\u00adtaci\u00f3n pod\u00eda haber enga\u00f1o, se vi\u00f3 ante las dos grandes obras en que la secta hab\u00eda cristalizado su doble error te\u00f3rico y pr\u00e1ctico. La primera, compuesta por Jansenio, obispo de Ipr\u00e9s, y co\u00adnocida con el nombre de <em>Augustinus, <\/em>hab\u00eda visto la luz en 1640. Mas escrita en lat\u00edn, y sobre cues\u00adtiones las m\u00e1s abstrusas de la gracia, necesit\u00f3 mucho tiempo para abrirse camino en Francia, y en 1643 apenas era conocida. La segunda, rotu\u00adlada <em>De la frecuente comuni\u00f3n, <\/em>t\u00edtulo que algu\u00adnos sustitu\u00edan por el de <em>Contra la frecuente co\u00ad<\/em><em>muni\u00f3n, <\/em>estaba escrita en franc\u00e9s. Inspirada, sin duda alguna, por el abate Saint-Cyran, y escrita en gran parte por \u00e9l, sali\u00f3 a luz dos meses antes de su muerte, agosto de 1643. Hab\u00edase abstenido, sin embargo, de estampar al frente su nombre, poniendo en su lugar el del m\u00e1s sabio de sus disc\u00edpulos, Antonio Arnauld. Esta \u00faltima obra fue la primera que cay\u00f3 en manos de San Vicente. Su lectura le estremeci\u00f3 de dolor.<\/p>\n<p>Mas si fue grande el sentimiento de nuestro Santo al hojear la obra <em>De la frecuente comuni\u00f3n<\/em><em>, <\/em>de Arnauld, mayor fue a\u00fan el que le hizo experimentar el <em>Augustinus, <\/em>de Jansenio. El libro De <em>la frecuente comuni\u00f3n <\/em>no atacaba m\u00e1s que a algunas de las pr\u00e1cticas, bien que de las m\u00e1s esenciales, del Cristianismo; mas el <em>Augustinus <\/em>iba de frente contra la constituci\u00f3n misma de la religi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Una ardiente batalla, en que tomaron parte no s\u00f3lo los te\u00f3logos, sino tambi\u00e9n las gentes del mundo, comenz\u00f3 a re\u00f1irse alrededor de este grue\u00adso infolio, as\u00ed en las aulas universitarias, como en los perfumados sajones. El eco de esta lucha se percibe a\u00fan en todas las cartas de la se\u00f1ora de S\u00e9vign\u00e9.<\/p>\n<p>Para que los golpes no se perdieran en el va\u00adc\u00edo, Nicol\u00e1s Cornet, doctor en Teolog\u00eda y maes\u00adtro de Bossuet, \u00abhombre fundido en los antiguos moldes, y en quien viv\u00edan y se conservaban en toda su pureza la sencillez y probidad de otros tiempos\u00bb, condens\u00f3 el grueso infolio en cinco proposiciones, que, en sentir de Bossuet, \u00abson el alma del libro, el libro mismo\u00bb.<\/p>\n<p>Denunciadas las cinco proposiciones a la Sor- bona en julio de 1649, y condenadas por ella, fue\u00adron remitidas a Roma con una carta que no tard\u00f3 mucho en ser firmada por ochenta y tan\u00adtos obispos. Es indecible el arder con que nues\u00adtro Santo trabaj\u00f3 en conseguir y recoger dichas firmas. No hubo lugar adonde no llegara su plu\u00adma. Obtuvo de la reina misma. Ana de Austria, que de su regia mano escribiera al Sumo Pon\u00adt\u00edfice para que tuviese a bien definir la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que se ocupaba el Santo en recabar del Episcopado el mayor n\u00famero de fir\u00admas posibles para dar autoridad a la cartaen que se denunciaban al Sumo Pont\u00edfice las suso\u00addichas cinco proposiciones, se hab\u00eda puesto de acuerdo con los se\u00f1ores Olier y Bretonvilliers para enviar a Roma algunos te\u00f3logos que se es\u00adforzasen por demostrar al Sumo Pont\u00edfice el gran peligro que para la Iglesia de Francia en\u00adtra\u00f1aban las nuevas doctrinas El Sumo Pont\u00ed\u00adfice Inocencio V nombr\u00f3 una Congregaci\u00f3n espe\u00adcial para dilucidar el asunto; asisti\u00f3 personal\u00admente a diez o doce de sus sesiones, y, por \u00fal\u00adtimo, en la ma\u00f1ana del 9 de junio de 1657, des\u00adpu\u00e9s de haberse encomendado a Dios, llam\u00f3 a uno de sus secretarios, y en la misma ma\u00f1ana le dict\u00f3 la bula <em>Cura occassione. <\/em>H\u00edzola fijar por la tarde en el Campo de Flora, e inmediatamen\u00adte la remiti\u00f3 a Francia.<\/p>\n<p>La alegr\u00eda de Vicente al recibir la bula fue sin l\u00edmites. Inmediatamente escribi\u00f3 a monse\u00ad\u00f1or Alain de Solminihac, obispo de Cahors: &#8216;Monse\u00f1or, os comunico una nueva que os ser\u00e1 en extremo agradable: tal es la condenaci\u00f3n de los jansenistas, cuyas cinco proposiciones fueron declaradas her\u00e9ticas el 9 de junio. La bula se public\u00f3 en Roma el mismo d\u00eda, y el 29, fiesta de San Pedro, lleg\u00f3 a esta ciudad, siendo pre\u00adsentada inmediatamente a los reyes por monse\u00ad\u00f1or el nuncio. Sus Majestades la han recibido con muestras de una viva satisfacci\u00f3n, y el car\u00addenal ha prometido hacerla cumplir. Todo Pa\u00adr\u00eds rebosa de contento, al menos los adictos a la buena causa, y los otros, seg\u00fan ellos dicen, es\u00adt\u00e1n prontos a acatar la decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abTan cierto es, monse\u00f1or, que semejante fallo debe contarse por una de las m\u00e1s singulares gracias del cielo, que aqu\u00ed todo el mundo est\u00e1 por ello de fiesta, y los que conocen el mal que las pasadas agitaciones han causado, no saben c\u00f3mo mostrar dignamente su agradecimiento por semejante favor\u00bb.<\/p>\n<p>F\u00e1cilmente se deja comprender que un hom\u00adbre tan celoso por mantener al pueblo cristiano y a los mismos sacerdotes en la pureza de la buena doctrina, velar\u00eda incansable por cada uno de los miembros de su Congregaci\u00f3n, a fin de preservarles de toda mala levadura.<\/p>\n<h3><strong>Muerte de Luis XIII.\u2014San Vicente en el Consejo <\/strong><strong>de Conciencia (1643-1653).<\/strong><\/h3>\n<p>El 14 de mayo de 1643, cinco meses despu\u00e9s de Richelieu, mor\u00eda Luis XIII, a la edad de cuaren\u00adta y dos a\u00f1os. Quince d\u00edas antes hab\u00eda manda\u00addo llamar a San Vicente de Pa\u00fal para que le ayudase a bien morir, aunque ten\u00eda a su alre\u00addedor todos los auxilios espirituales que hubiera podido desear.<\/p>\n<p>El humilde sacerdote qued\u00f3 de pronto aturdi\u00addo con semejante invitaci\u00f3n. Nunca hab\u00eda visto al rey, apenas hab\u00eda saludado a la reina, y sus relaciones con el cardenal Mazarino no eran muy satisfactorias, que digamos. No obstante, no va\u00adcil\u00f3 un momento. Trat\u00e1base de la salvaci\u00f3n de un alma, y del propio modo que habr\u00eda corrido a una choza en auxilio de un moribundo cual\u00adquiera, se apresur\u00f3 a ir a Saint-Germain-en-\u00adLaye, donde Luis XIII agonizaba.<\/p>\n<p>Desde el umbral de la puerta salud\u00f3 al rey, di\u00adciendo:<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or, <em>timenti Donzinum bene erit in ex\u00ad<\/em><em>tremis.<\/em><\/p>\n<p>A lo cual el rey, profundamente versado en las Santas Escrituras, respondi\u00f3 con la segunda parte del vers\u00edculo: <em>Et in clic defunctionis suae <\/em><em>benedicetur. <\/em>Sigui\u00e9ronse luego aquellos largos coloquios, cuyo secreto se llev\u00f3 el rey a la tum\u00adba, ya que confiarlos a la humildad del Santo era lo mismo que sepultarlos en el m\u00e1s hondo si\u00adlencio.<\/p>\n<p>Por esta vez el Santo permaneci\u00f3 en Saint\u00adGermain unos ocho d\u00edas, sin separarse nunca del rey.<\/p>\n<p>Al fin de estos d\u00edas, y habi\u00e9ndose declarado en el enfermo una de esas enga\u00f1osas mejor\u00edas que con tanta frecuencia preceden a la muerte, Vi\u00adcente crey\u00f3 que pod\u00eda dejar a Saint-Germain para trasladarse a Par\u00eds, donde le llamaban una multitud de negocios. Permaneci\u00f3 en la capital hasta el 11 de mayo, en que, habiendo s\u00fabita\u00admente reaparecido el peligro y hecho grandes progresos la enfermedad, le volvi\u00f3 a llamar el rey a su lado, rog\u00e1ndole que no le abandonase hasta despu\u00e9s de su muerte, como, en efecto, lo verific\u00f3 el humilde sacerdote.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que como cristiano, dispon\u00edase tambi\u00e9n a morir como rey, tomando aquellas medidas que m\u00e1s convenientes juzgaba para la paz y bienestar de su pueblo.<\/p>\n<p>Hecho su testamento, y habiendo cumplido como rey sus grandes y \u00faltimos deberes, no qui\u00adso pensar ya en otra cosa que en prepararse a bien morir.<\/p>\n<p>Hizo acercarse a San Vicente de Pa\u00fal y le pregunt\u00f3 cu\u00e1l ser\u00eda la mejor manera de <sup>&#8211;<\/sup>dispo\u00adnerse a ella.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or\u2014replic\u00f3 el Santo\u2014, la mejor es imi\u00adtar la conducta que Jesucristo guard\u00f3 en la suya, y someterse entera y perfectamente, como \u00c9l lo hizo, a la voluntad del Padre celestial: <em>Non-mea <\/em><em>voluntas, sed tua fiat.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211;\u00a1<\/em>Oh Jes\u00fas!\u2014exclam\u00f3 el religioso monarca\u2014, as\u00ed lo quiero yo tambi\u00e9n de todo mi coraz\u00f3n. S\u00ed, Dios m\u00edo, que \u00e9stas sean mis palabras hasta el \u00faltimo suspiro: <em>Fiat voluntas tua!<\/em><\/p>\n<p>El d\u00eda de su muerte llam\u00f3 a su primer m\u00e9dico a eso de las diez, y le dijo:<\/p>\n<p>\u2014Seguin, tomadme el pulso y decidme las ho-<sup>,<\/sup> ras que me restan de vida; mas hacedlo lo me\u00adjor que pod\u00e1is, porque desear\u00eda saberlo con cer\u00adtidumbre.<\/p>\n<p>Seguin puls\u00f3 en silencio por algunos Instantes al rey, y le contest\u00f3 fr\u00edamente:<\/p>\n<p>&#8211;Se\u00f1or, Su Majestad tiene, a lo sumo, de vida dos o tres horas.<\/p>\n<p>Entonces, juntando de nuevo las manos y al\u00adzando los ojos al cielo, exclam\u00f3, sin alterarse:<\/p>\n<p>\u2014Pues bien, Dios m\u00edo, \u00a1venga en buena hora la muerte!<\/p>\n<p>Y tendiendo a Vicente su d\u00e9bil y enflaquecido brazo:<\/p>\n<p>-Ved, se\u00f1or m\u00edo\u2014le dice\u2014, \u00bfes \u00e9ste el brazo de un rey? \u00a1Cu\u00e1n cierto es que el mismo para\u00addero aguarda a los pr\u00edncipes que a los dem\u00e1s hombres!<\/p>\n<p>Tom\u00f3le, a su vez, el pulso Bouvart, y le dijo: \u2014Se\u00f1or, si mis conjeturas no fallan, no tardar\u00e1 mucho en verse libre el alma de Su Majes\u00adtad de las ataduras del cuerpo, pues ya no le hallo pulsaci\u00f3n ninguna.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Dios m\u00edo\u2014exclam\u00f3 el monarca\u2014, recibid\u00adme en los brazos de vuestra misericordia!<\/p>\n<p>Acto seguido se dio comienzo a las preces de los agonizantes, a que el mismo moribundo uni\u00f3 su d\u00e9bil y apagada voz, y pasados unos momen\u00adtos expir\u00f3 en los brazos de San Vicente.<\/p>\n<p>Ana de Austria, que en calidad de madre de Luis XIV, ni\u00f1o entonces de cuatro a\u00f1os, le su\u00adcedi\u00f3 como regente del Reino, no ten\u00eda, cierta\u00admente, las virtudes de Luis XIV, pero era pro\u00adfundamente cristiana.<\/p>\n<p>Una de sus primeras disposiciones fue la for\u00admaci\u00f3n de una Junta, llamada <em>Consejo de Con\u00ad<\/em><em>ciencia, <\/em>que la ayudase en la colaci\u00f3n de los beneficios eclesi\u00e1sticos. Hizo entrar en \u00e9l a Vi\u00adcente, y reparti\u00f3 los dem\u00e1s puestos entre el cardenal Mazarino, el canciller S\u00e9guier, el Se\u00f1or Charton, gran penitenciario de Par\u00eds, y los obis\u00adpos de Beauvais y de Lisieux.<\/p>\n<p>No hay palabras con que expresar el espanto y terror que se apoder\u00f3 de Vicente al recibir este nombramiento.<\/p>\n<p>Interpuso toda clase de influencias para de\u00adclinar tan grave carga; \u00e9l mismo acudi\u00f3 a la rei\u00adna. Todo fue in\u00fatil. Ana de Austria se limit\u00f3 a decirle que hab\u00eda tomado la irrevocable deter\u00adminaci\u00f3n de que hiciese este servicio a Dios y al rey, su hijo. Cedi\u00f3 Vicente, aunque previ\u00f3, des\u00adde luego, las rudas tempestades y las violentas sacudidas a que iba aexponerse en el borras\u00adcoso mar de la corte.<\/p>\n<p>Semejante nombramiento daba al Santo, como entonces se dec\u00eda, libre entrada en la corte, y otro se hubiera aprovechado de la ocasi\u00f3n para echar ra\u00edces en Palacio y verse frecuentemente con la reina. Muy diversos eran los pensamien\u00adtos del Santo. Desde un principio tom\u00f3 por regla general de su conducta no presentarse en la corte m\u00e1s que en ocasiones en que fuese citado para el Consejo de Conciencia o llamado expre\u00adsamente por la reina.<\/p>\n<p>Otra de sus resoluciones fue la de no presen\u00adtarse en la corte con otro traje que el que vest\u00eda de ordinario: una sotana remendada, que a\u00fan se conserva como una reliquia; un mal ce\u00f1idor de lana, unos zapatos burdos y un miserable sombrero; todo \u00absin mancha ni rotura, pero de la m\u00e1s extremada pobreza.<\/p>\n<p>Otra de las reglas de conducta que San Vi\u00adcente se hab\u00eda trazado desde el d\u00eda de su nom\u00adbramiento como socio del Consejo de Conciencia, era la de no aceptar cosa alguna por este t\u00edtu\u00adlo, ni para s\u00ed, ni para los suyos. Conc\u00edbese sin dificultad que se negase a admitir nada para s\u00ed; mas \u00bfno pod\u00eda haberse valido de su posici\u00f3n, si no para pretender, para admitir, al menos, los ofrecimientos que le hiciesen en favor de los suyos, de su querida Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n o de sus pobres? Jam\u00e1s, sin embargo, cedi\u00f3 un punto de su entereza.<\/p>\n<p>Mas el fin que, sobre todo, se hab\u00eda propues\u00adto San Vicente al entrar en Palacio era el de aprovecharse de tan propicia cono providencial situaci\u00f3n para trabajar con todas sus fuerzas, bien que con dulzura y paciencia, en dar la \u00fal\u00adtima mano a la reforma de la Iglesia de Francia, dot\u00e1ndola de un Episcopado ejemplar. En \u00falti\u00admo resultado, los obispos son el todo.<\/p>\n<p>La primera determinaci\u00f3n que hizo tomar al Consejo de Conciencia fue que se negase a los ni\u00f1os todo nombramiento para las sedes episco\u00adpales. Exigi\u00f3se, pues, en los nuevos beneficiados la edad de dieciocho a\u00f1os cumplidos para una abad\u00eda; de diecis\u00e9is, para un priorato o canoni\u00adcato de catedral, y de catorce, para un canoni\u00adcato de colegiata. En cuanto a los obispos, no podr\u00eda serlo nadie que no llevase un a\u00f1o, al menos, de sacerdocio. \u00a1Ah!, \u00bfqu\u00e9 necesidad hay de m\u00e1s datos para persuadirnos del horrible esta\u00addo de desorganizaci\u00f3n a que en el siglo XVII ha\u00adb\u00eda llegado Francia?<\/p>\n<p>Lo segundo que hizo establecer nuestro Santo fue la abolici\u00f3n del abuso que se hab\u00eda introducido de despojar a los obispos de los bienes redituados por la Mitra en el tiempo en que \u00e9sta se hallaba vacante.<\/p>\n<p>El tercer abuso que San Vicente logr\u00f3 desarraigar en gran parte, al menos, de la Iglesia de Francia fue lo que en t\u00e9rminos de Derecho se llamaba una devoluci\u00f3n. Fund\u00e1base este pri\u00advilegio en un despacho que confer\u00eda al poseedor el derecho de una sede, de una abad\u00eda o de un canonicato, a cuya posesi\u00f3n no pod\u00eda llegar, sin embargo, sino habiendo obtenido previamente la dimisi\u00f3n del titular leg\u00edtimo. Para ello se le mor\u00adtificaba de mil maneras, espiando sus menores actos, denunci\u00e1ndole a los Tribunales, poni\u00e9n\u00addole en la precisi\u00f3n de pleitear y forz\u00e1ndole, en consecuencia, o a ceder su beneficio, o a conse\u00adguir a fuerza de dinero la tranquila posesi\u00f3n del mismo. Era la legitimaci\u00f3n de la codicia y del espionaje.<\/p>\n<p>Pero el triunfo m\u00e1s importante de las gestio\u00adnes de Vicente en el Consejo fue la resoluci\u00f3n que hizo tomar a todos los miembros de que en adelante no serian propuestos para ninguna sede, abad\u00eda o canonicato sino aquellos que reuniesen las condiciones exigidas por el Concilio de Tren\u00adto: ciencia suficiente y virtud probada. No fue dif\u00edcil al Santo recabar en principio el cumpli\u00admiento de estas disposiciones eclesi\u00e1sticas; mas \u00a1cu\u00e1ntas luchas y cu\u00e1n mortificantes, delicadas y heroicas no tuvo que sostener para reducirlas a la pr\u00e1ctica! La reina era buena, pero de ca\u00adr\u00e1cter algo d\u00e9bil, y entregada en cuerpo y alma a Mazarino. Este, aunque cardenal de la Iglesia, nunca lleg\u00f3 a ser sacerdote.<\/p>\n<p>Mientras la colaci\u00f3n de este o de aquel obis\u00adpado no se rozase con su pol\u00edtica, Mazarino de\u00adjaba hacer a Vicente; y en diez a\u00f1os nuestro Santo pudo sacar excelentes obispos. Mas no hab\u00eda indignidad ni objeci\u00f3n, por absurda que fuese, que detuviera al cardenal cuando se atra\u00advesaban por medio sus intereses. San Vicente, ahogando su dolor, iba exponiendo lenta y des\u00adapasionadamente las razones que hab\u00eda para descartar este o aquel sujeto; mas si, hechas sus observaciones, no eran tomadas en conside\u00adraci\u00f3n, inclinaba la frente y permanec\u00eda en si\u00adlencio.<\/p>\n<p>Ni era solamente en el Consejo de Conciencia donde San Vicente ten\u00eda que presenciar abatido por los suelos el honor de la Iglesia y sacrifica\u00addos tan frecuentemente y con tanta facilidad los intereses de las almas; por fuera recib\u00eda solici\u00adtaciones de beneficios, indignas y capaces de so\u00adliviantar el coraz\u00f3n m\u00e1s fr\u00edo e indiferente, acompa\u00f1adas muchas veces de injurias, de ame\u00adnazas, de falsos testimonios y aun de malos tra\u00adtamientos.<\/p>\n<p>Habiendo ido a verle una noble dama para in\u00adteresarle por un hijo suyo, que pretend\u00eda un beneficio.<\/p>\n<p>\u2014Dispensadme, se\u00f1ora, que no me mezcle en ese asunto\u2014respondi\u00f3 el Santo.<\/p>\n<p>Sorprendida al pronto la dama de ser acogida menos favorablemente de un pobre sacerdote que de los m\u00e1s linajudos magnates, di\u00f3 luego p\u00e1bulo a su mal contenido orgullo, y le dijo:<\/p>\n<p>\u00a1Oh, en verdad, se\u00f1or, que se puede muy bien hacer caso omiso de vuestro nombre! Ya conseguir\u00e9 mi objeto por otros caminos. Pens\u00e9 haceros un gran honor dirigi\u00e9ndome a vuestra persona, pero est\u00e1 visto que ignor\u00e1is hasta las formas con que se ha de tratar a las mujeres de mi condici\u00f3n.<\/p>\n<p>Vicente se encerr\u00f3, por toda respuesta, en un mutismo del que ni las mismas injurias le pudie\u00adron sacar.<\/p>\n<p>Pero el arma de que m\u00e1s frecuentemente se hac\u00eda uso en tales ocasiones era la calumnia, persi\u00adgui\u00e9ndole con acusaciones indignas hasta en los o\u00eddos de la Reina.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSab\u00e9is, se\u00f1or Vicente, lo que de vos se di\u00adce?\u2014le pregunt\u00f3 un d\u00eda ri\u00e9ndose, Ana de Aus\u00adtria.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1ora, no s\u00e9 m\u00e1s sino que soy un gran pe\u00adcador.<\/p>\n<p>\u2014Mas, \u00bfpor qu\u00e9 no hab\u00edais de justificaros? \u2014Innumerables cosas se dijeron de Nuestro Se\u00f1or y nunca quiso justificarse.<\/p>\n<p>Un mal eclesi\u00e1stico. a quien el Santo se habla negado a admitir a un beneficio, trat\u00f3 de vengar\u00adse esparciendo de \u00e9l insidiosos rumores.<\/p>\n<p>\u2014Si el se\u00f1or Vicente\u2014fue diciendo entre per\u00adsonas de condici\u00f3n\u2014no ha estado de mi parte, ha sido porque yo no le he querido comprar. Yo mis\u00admo s\u00e9 de cierta persona a quien acaba de confe\u00adrir un beneficio por una biblioteca y por una buena suma de dinero.<\/p>\n<p>Esta, vez conmovi\u00f3se hondamente el Santo, y en uno de sus primeros movimientos tom\u00f3 la pluma para justificarse. Mas apenas hubo trazado las<sup>&#8211; <\/sup>primeras palabras:<\/p>\n<p>&#8211;jOh, miserable!\u2014se dijo, encar\u00e1ndose consi\u00adgo mismo\u2014. \u00bfQu\u00e9 es la que vas a hacer? \u00a1Justi\u00adficarte! Acabamos de saber que un cristiano, fal\u00adsamente acusado en T\u00fanez, ha permanecido tres chas en el tormento y, por \u00faltimo, entregado su alma a Dios sin articular una sola palabra de queja, bien que inocente del crimen que se le im\u00adputaba, \u00bfy t\u00fa te quieres excusar? \u00a1Oh, no, no ser\u00e1 as\u00ed!<\/p>\n<p>Y rasg\u00f3 la carta comenzada.<\/p>\n<p>\u00abBrillaban en aquel hombre de Dios, dice Fe\u00adnel\u00f3n, un incre\u00edble discernimiento de esp\u00edritu y un valor a toda prueba indiferente al favor como al odio de los grandes, s\u00f3lo consultaba los intere\u00adses de la Iglesia cuando en el Consejo de Con\u00adciencia, y por orden de la reina, daba su dicta\u00admen sobre la elecci\u00f3n de los obispos. Si los de\u00adm\u00e1s consejeros de Ana de Austria se hubieran adherido m\u00e1s constantemente al parecer de aquel hombre, para quien el porvenir no parec\u00eda tener misterios, no habr\u00eda ascendido al Episcopado cierta clase de gentes que tan desastrosas turbu\u00adlencias hab\u00edan de originar.\u00bb Mas si es cierto que no estuvo en su mano impedir todos estos abu\u00adsos y deficiencias, tambi\u00e9n es verdad que tuvo el consuelo de ver ocupadas muchas de las sedes del reino por sacerdotes santos y por ejemplares re\u00adligiosos, disc\u00edpulos suyos en gran n\u00famero, que aseguraron la regeneraci\u00f3n de la Iglesia de Francia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo II: San Vicente de Pa\u00fal se aplica a la reforma del clero San Vicente se establece en el Colegio de los Buenos Hijos.\u2014Pasa a San L\u00e1zaro.\u2014Comienzo de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (1625-1628). 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