{"id":50489,"date":"2019-04-05T08:45:03","date_gmt":"2019-04-05T06:45:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-eucaristica\/"},"modified":"2019-03-15T08:33:37","modified_gmt":"2019-03-15T07:33:37","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-eucaristica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-eucaristica\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad eucar\u00edstica"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">COMUNIDAD EUCARISTICA<\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda es un foco que da luz y sentido a toda la vida cristia\u00adna. Si reflexionamos un poco nos daremos cuenta de que nos hallamos frente a un tema que lo comprende todo, que lo abraza todo, que cons\u00adtituye una realidad universal, c\u00f3smica, en la que quedan desbordados los l\u00edmites del espacio y del tiempo; un n\u00facleo al que se dirigen, como a su centro, todas las cosas del cielo y de la tierra; una realidad que pola\u00adriza, unifica y ordena la infinita muchedumbre de la creaci\u00f3n. La cele\u00adbraci\u00f3n eucar\u00edstica es la vida de la Iglesia, la ra\u00edz de donde extrae su jugo, su savia y su alimento; el quicio sobre el que gira su actividad; la base de su misi\u00f3n; la c\u00faspide de su apostolado; la raz\u00f3n de su triunfo; el secreto de su perpetua juventud.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>HISTORIA VIVA<\/strong><\/p>\n<p>La liturgia eucar\u00edstica es una historia viva, presente, actualizada. La historia de la salvaci\u00f3n se resume y se renueva perennemente en ella. Hace presente, exhibe ante nuestros ojos el misterio de ayer, de hoy y de ma\u00f1ana.<\/p>\n<p><em>El misterio de la Creaci\u00f3n <\/em>que abarca un per\u00edodo que nadie puede medir, pero que la Sagrada Escritura relata en breves l\u00edneas. La historia de aquel pecado por el que Dios se arrepiente de haber creado a la humanidad. La vocaci\u00f3n de Abrah\u00e1n, nuestro padre en la fe. La elec\u00adci\u00f3n de aquel pueblo, el m\u00e1s insignificante de la tierra, con el que hace pactos y alianzas, al que da una ley, un culto y un sacerdocio. La cr\u00f3nica absurda y desconcertante de Israel en cuyas p\u00e1ginas se suceden aven\u00adturas y desventuras, se mezclan promesas y amenazas, se barajan el amor y la muerte, la verganza y la recompensa, la paz <em>y <\/em>la guerra, las victo\u00adrias y las deportaciones.<\/p>\n<p><em>El misterio de la Redenci\u00f3n. <\/em>Ha llegado la plenitud de los tiempos. El prometido, el deseado, el esperado de todos los siglos, el hijo de Abrah\u00e1n y de David, el que naci\u00f3 ayer sobre un pesebre, nace ahora sobre el ara. Todos los d\u00edas es Navidad en nuestros templos. Los Evange\u00adlios cobran vida y actualidad. El Verbo por quien todo se hizo toma nues\u00adtra carne como en Bel\u00e9n. Es hermano nuestro y miembro de toda la hu\u00admanidad. Es igual a Dios y semejante a nosotros en todo, menos en el pecado. Habla, sonr\u00ede, llora, sufre, tiene hambre, pide de beber, siente sue\u00f1o, se fatiga, ama, es odiado, agoniza, muere, resucita&#8230;<\/p>\n<p><em>El misterio de la Iglesia terrestre. <\/em>El grano de trigo ha ca\u00eddo en la oscuridad del surco para resucitar multiplicado. El amigo se ha in\u00adgeniado para irse y quedarse a la vez. El hermano sube .al Padre, pero est\u00e1 con nosotros hasta el fin, El y nosotros somos uno: un cuerpo, una entidad, una realidad. Un d\u00eda glorioso e inolvidable el Esp\u00edritu Santo hizo el milagro de esta unidad sin destruir la diversidad. Pero el sol de Pentecost\u00e9s no se ha puesto. El protagonista de aquella fiesta se hace presente de modo invisible, sacramentado bajo unos signos usua\u00adles. El es el alma de la Iglesia. El es el que aglutina a sus miembros, ins\u00adpira a sus pastores, escribe su historia, perdona sus pecados, dirige sus aciertos, repara sus fracasos, restaura sus heridas y agrupa sin cesar nue\u00advos hijos adoptivos a la familia del Padre.<\/p>\n<p><em>El misterio de la Iglesia celeste. <\/em>Toda ella est\u00e1 presente en la misa. Aunque se trate de una misa celebrada sin asistencia visible, est\u00e1 ase\u00adgurada la de millones de seres invisibles que aman, oran, vitorean y cantan. El arte cristiano medieval y renacentista expres\u00f3 esta fe cua\u00adjando de im\u00e1genes los retablos y los muros de los templos. Las brillan\u00adtes escenas de la ciudad de Dios que describe San Juan se repiten en cada Eucarist\u00eda. En ella est\u00e1 presente Cristo. Y El es de ayer, de hoy y de ma\u00f1ana; el principio y el fin; la alfa y la omega; la cabeza y el cora\u00adz\u00f3n de la Iglesia; la raz\u00f3n y el resumen del universo. El est\u00e1 all\u00ed con su cuerpo hist\u00f3rico y m\u00edstico, con su Divinidad y su Humanidad. Su vida, muerte y resurrecci\u00f3n se renuevan misteriosamente. Es el cordero inmolado y victorioso. Es el Rey de reyes y Se\u00f1or de los que se\u00f1orean el mundo. El \u00fanico competente para gobernar el destino de los pueblos, el \u00fanico capaz de abrir el libro abrochado con siete sellos.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UN SACRAMENTO<\/strong><\/p>\n<p>Es un signo visible de Cristo invisible. Expresi\u00f3n abreviada de la Iglesia universal. Manifestaci\u00f3n del poder santificador de Esp\u00edritu. Fuente de la vida y de la gracia. Instrumento eminente de salvaci\u00f3n. Punto de referencia de los dem\u00e1s sacramentos.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed nacen, aqu\u00ed apuntan, aqu\u00ed coinciden todos los ritos de la liturgia eclesial. Antes de la actual reforma s\u00f3lo se insertaba en la misa el sacramento del Orden. Hoy se hace de ella el marco normal de casi todos los sacramentos. El Bautismo, que es la iniciaci\u00f3n de la vida cris\u00adtiana, se administra en este clima eucar\u00edstico. Las exequias, que son el adi\u00f3s de la Iglesia a la vida terrena de sus hijos, se ti\u00f1en aqu\u00ed del color de la esperanza. Y entre estas dos luces de oriente y de poniente de la vida humana todos los actos religiosos principales del cristiano se co\u00adlorean al sol blanco de la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed reciben las armas del combate los soldados de Cristo. Aqu\u00ed los novios dan a su amor fr\u00e1gil y veleidoso la perennidad del bronce. Aqu\u00ed una minor\u00eda selecta y generosa responde a la llamada del amor virginal. Aqu\u00ed gran n\u00famero de fieles obtienen la cancelaci\u00f3n de sus cul\u00adpas. En la actualidad es frecuente la celebraci\u00f3n de la misa en la ha\u00adbitaci\u00f3n del enfermo. De este modo la Santa Unci\u00f3n queda tambi\u00e9n encuadrada en la liturgia sacrificial. Toda la vida cristiana se encierra en este par\u00e9ntesis, gira en esta \u00f3rbita, converge en este punto. Es la gracia de las gracias, el rito de los ritos, el sacramento de los sacra\u00admentos.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UNA PEREGRINACION<\/strong><\/p>\n<p>La ceremonia da comienzo con una procesi\u00f3n de entrada. Antigua\u00admente no se omit\u00eda jam\u00e1s. Todo el pueblo formaba parte de ella. En\u00adtraba en el templo delante de los sacerdotes lenta y solemnemente al comp\u00e1s de la m\u00fasica coral propia de la fiesta. Las modernas reformas han exhumado la pr\u00e1ctica y el sentido de esta procesi\u00f3n. Hab\u00eda ca\u00eddo ya en el olvido desde que la sacrist\u00eda se empez\u00f3 a construir junto al pres\u00adbiterio en las iglesias ojivales del siglo XIII. La procesi\u00f3n de entrada es una manifestaci\u00f3n espectacular de nuestra condici\u00f3n de peregrinos. Expresa palmariamente unas cuantas verdades fundamentales: que Dios es el fin de la vida humana y de toda la creaci\u00f3n; que la gloria de Dios es nuestro objetivo \u00fanico y universal; que todas las realidades creadas est\u00e1n encaminadas, ordenadas y dirigidas a El.<\/p>\n<p>Esta procesi\u00f3n que avanza hacia el altar, es decir, hacia Cristo nos dice de un modo sensible que somos una Iglesia itinerante, nos explica cu\u00e1l es la meta de nuestra peregrinaci\u00f3n. Cristo es nuestro cen\u00adtro de gravedad. Es la tierra prometida que mana leche y miel a la que nos dirigimos como pueblo. La vida no tienen sentido si la despojamos de su condici\u00f3n relativa y caminante. Ninguna actividad humana tiene raz\u00f3n de ser si carece de una orientaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Este rito procesional expresa gr\u00e1ficamente la frase de San Pablo: no tenemos aqu\u00ed ciudad permanente, sino que buscamos la ciudad fu\u00adtura. Cristo hace tambi\u00e9n alusiones en este sentido: voy a prepararos un lugar&#8230; quiero que est\u00e9is donde yo me encuentre. Todo cristiano es un n\u00f3mada, un trashumante, un peregrino de su patria, un extran\u00adjero en este mundo. El apelativo que daban los ap\u00f3stoles a las primeras comunidades cristianas es muy significativo. A las iglesias locales les aplicaban el t\u00e9rmino de campamentos. \u00abA la iglesia acampada (pa\u00adrekousa) en Roma&#8230; en Efeso&#8230; en Esmirna&#8230;\u00bb La palabra Parroquia tiene etimol\u00f3gicamente este significado. Somos una serie de grupos acampados en marcha hacia otra regi\u00f3n. Somos comunidades de exilia\u00addos que van camino de la madre patria. Somos agrupaciones de rome\u00adros que cantan para hacer m\u00e1s leve la fatiga de la jornada.<\/p>\n<p>La procesi\u00f3n avanza apoy\u00e1ndose en el bord\u00f3n de la m\u00fasica co\u00adral. La misa siempre fue cantada. Es un acto de amor. El amor y el canto son inseparables. Dice San Agust\u00edn que cantar es propio de los enamorados. El canto lit\u00fargico es una manifestaci\u00f3n de amor, de alegr\u00eda y de fraternidad. No solamente \u00abmi alma glorifica al Se\u00f1or y mi esp\u00ed\u00adritu se llena de gozo en Dios, mi Salvador\u00bb sino que tambi\u00e9n la fusi\u00f3n de las voces en un s\u00f3lo coro expresa la fusi\u00f3n de los corazones en un solo coraz\u00f3n. No existe mi misa, sino nuestra misa, la de la familia de Dios, la de toda la Iglesia peregrina que tiene sed de Dios, que le anhela y le busca como el ciervo sediento las corrientes de las aguas. El canto da tono a la reuni\u00f3n, crea un clima apropiado para la asamblea y la arropa en una nube impalpable de sentimientos fraternos. El que, pudiendo, no canta con todos, se disgrega del grupo para vivir en solitario. La soledad voluntaria es incompatible con la oraci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UN ACTO DE PENITENCIA<\/strong><\/p>\n<p>Un acto de misericordia y de perd\u00f3n. Supera en valor a todas las dem\u00e1s celebraciones penitenciales puestas en funcionamiento por la piedad de alg\u00fan grupo cristiano. Te\u00f3logos hay que no except\u00faan si\u00adquiera el acto estrictamente sacramental. Concluida la procesi\u00f3n de en\u00adtrada tiene lugar un rito de purificaci\u00f3n. La asamblea desea poder ofre\u00adcer seguidamente el sacrificio de oraci\u00f3n y de alabanza con las manos limpias, los labios puros, el alma tersa y el coraz\u00f3n reci\u00e9n lavado. A este fin se revisan en secreto y con brevedad las actitudes personales respecto de Dios y de los hermanos. A continuaci\u00f3n tiene lugar la acu\u00adsaci\u00f3n p\u00fablica de los pecados. La acusaci\u00f3n puede ser colectiva o in\u00addividual, detallada o gen\u00e9rica. Por \u00faltimo el ministro que preside la reuni\u00f3n imparte el perd\u00f3n de Dios a los fieles por medio de una absolu\u00adci\u00f3n general, no estrictamente sacramental, pues para serlo tendr\u00eda que administrarse a cada uno en particular.<\/p>\n<p>Somos una familia de pecadores en viaje de vuelta hacia el Padre. Somos una reata de esclavos que suspiran por la liberaci\u00f3n. Somos un hato de hijos pr\u00f3digos en marcha hacia la casa paterna. Es preciso que cobremos conciencia de esta tr\u00e1gica realidad. El pecado nos penetra hast\u00e1 la ra\u00edz, nos empapa como el agua, nos envuelve como la piel, nos corroe como un \u00e1cido. Reconocer esta cong\u00e9nita proclividad a la culpa es el primer pelda\u00f1o de la ascesis penitencial. El segundo es la acusaci\u00f3n de los pecados actuales. Entre los muchos que hierven en los entresijos del esp\u00edritu, como en una gusanera, hay muchos que afloran a la concien\u00adcia. La acusaci\u00f3n ataca a los m\u00e1s da\u00f1inos, a la comunidad. Dec\u00eda en el siglo primero la famosa Didak\u00e9: El domingo, cuando celebr\u00e9is vuestra asamblea, confesad &#8216; mutuamente vuestros pecados para que vuestro sacrificio sea puro. Tambi\u00e9n San Pablo hab\u00eda dicho tiempo atr\u00e1s: Exam\u00ednese, pues, el hombre y as\u00ed pueda comer del pan y beber del c\u00e1liz.<\/p>\n<p>Tenemos necesidad de la piedad de Dios. Pecar es abandonarle, sacudir su obediencia, encararse con su autoridad, renunciar a su pater\u00adnidad. No ser\u00e1 un alejamiento total cuando el pecado es leve, pero ser\u00e1 situarse en una zona fr\u00eda. Y la frialdad est\u00e1 en los proleg\u00f3menos de la ruptura. Nuestra indiferencia contrasta con el amor gratuito de Dios que nos colma de favores y nos abruma de atenciones.<\/p>\n<p>Tenemos necesidad del perd\u00f3n de la comunidad. Todo pecado, a\u00fan el m\u00e1s secreto e imperceptible, incide sobre toda la humanidad peli\u00adgrosamente, contamina el aire que respiramos, se extiende como una nube de polvo radiactivo portadora de g\u00e9rmenos de muerte. El pecado no es asunto privado. Tiene consecuencias sociales. Da\u00f1a particular\u00admente a los grupos m\u00e1s cercanos. Sobre todo a aqu\u00e9l del que se forma parte, como el municipio, la familia y la comunidad. No podemos sen\u00adtarnos a la mesa eucar\u00edstica con los hermanos sin reconciliarnos con ellos, sin pedir y obtener su indulgencia. A lo largo de la misa este per\u00add\u00f3n reviste muchas formas, pero en este rito penitencial del principio nos perdonamos mutuamente en las mismas condiciones en que lo hace Dios.<\/p>\n<p>Nuestro pecado tambi\u00e9n pesa sobre las cosas. Las oprime, las esclaviza, abusa de ellas. La tierra y el mar, los animales y las plantas, la creaci\u00f3n entera gime y se resiste porque est\u00e1 a la fuerza sometida al pecado. No por voluntad de Quien la ha creado, sino por la actitud injus\u00adta y abusiva del hombre. El mundo espera la liberaci\u00f3n con la ansiedad con que una mujer espera el t\u00e9rmino feliz de su alumbramiento. La redenci\u00f3n del cosmos se inicia, se significa y se anticipa en la misa. Unas criaturas sencillas, corrientes y representativas, de las que el hombre usa y abusa, quedan sublimadas hasta el punto de convertirse en instrumentos de gracia, en canales de salvaci\u00f3n. Son el pan, el vino, el agua, la cera, la luz, la flor&#8230; Gestos, como la palabra y el canto, la sonrisa y el sollozo, el abrazo y el beso recuperan su primitiva finalidad que consiste en anunciar la gloria de Dios, en noticiarle a los hombres, en expresar genuinamente el amor humano.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UNA CELEBRACION DE LA ORACION<\/strong><\/p>\n<p>El sacerdote celebrante invita varias veces durante la misa a la ora\u00adci\u00f3n diciendo: oremos. Con este ruego brinda a los fieles unos instan\u00adtes de silencio, de oraci\u00f3n personal, de contacto dialogal con Dios. A continuaci\u00f3n recita unas oraciones llamadas colectas. Se llaman as\u00ed porque son colectivas, comunes a toda la asamblea; porque recoge (colligit, collectam faci) las oraciones que cada cual ha hecho privada\u00admente en un haz apretado; porque en esto, como en todo, la uni\u00f3n hace la fuerza. Por ello el sacerdote presenta al Padre todos los deseos, aspi\u00adraciones, s\u00faplicas y necesidades de la asamblea.<\/p>\n<p>Existen otros momentos de oraci\u00f3n comunitaria y privada en la liturgia eucar\u00edstica: salmo responsorial, canto interleccional, preces universales, padrenuestro, acci\u00f3n de gracias despu\u00e9s de la comuni\u00f3n&#8230; En ellas la muchedumbre de hijos necesitados se junta para clamar con\u00adfiadamente al Padre com\u00fan. Y&#8230; familia que se ha reunido en la oraci\u00f3n no puede estar desunida en la vida.<\/p>\n<p>Pero en realidad la misa es toda ella una oraci\u00f3n desde el, primer saludo hasta el \u00faltimo adi\u00f3s. Es la oraci\u00f3n comunitaria por excelencia. Es la oraci\u00f3n por la que se nutren, existen y se valoran todas las dem\u00e1s. Es la oraci\u00f3n humana que se hace divina y la oraci\u00f3n divina que se hace humana. Es exactamente la oraci\u00f3n de Cristo en la que se ensartan y se funden las nuestras. O lo que es lo mismo, son las nuestras que Cristo toma, las hace propias y las presenta a su Padre y a nuestro Padre, a su Dios y a nuestro Dios. En la misa Cristo est\u00e1 presente orando por noso\u00adtros, con nosotros, en medio de nosotros. \u00abSiempre vive para interce\u00adder por nosotros con gemidos inefables.\u00bb Por eso, toda oraci\u00f3n, sea individual o colectiva, que no tenga en la misa su punto de arranque, su explicaci\u00f3n y su fuerza; que no termine o desemboque en ella; que no encuentre en ella el puerto o muelle de carga y descarga, esa oraci\u00f3n es falsa, ilusoria y peligrosa. Necesaria y urgentemente subsanable.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UNA CELEBRACION DE LA PALABRA<\/strong><\/p>\n<p>Hablamos con Dios cuando rezamos. Nos habla El cuando es\u00adcuchamos su Palabra. La palabra de Dios debe alimentar y robustecer nuestra oraci\u00f3n. Esta debe anclarse en aqu\u00e9lla para que no se haga ego\u00edsta y sentimental. La oraci\u00f3n cristiana necesita de una impregna\u00adci\u00f3n b\u00edblica para que sea sana, s\u00f3lida y fuerte. Han de vibrar en ella, claro est\u00e1, las notas del sentimiento humano, pero no se reducir\u00e1 a un puro desahogo emotivo como los que se encuentran en los viejos devo\u00adcionarios populares. Los salmos hablan, a la vez, a la inteligencia, a la voluntad, al coraz\u00f3n y a la sensibilidad. Contienen todos los sentimientos de un alma religiosa, expresados de la mejor forma porque es la que Dios ha sugerido. La Sagrada Escritura dicta nuestras oraciones, pone en nuestros labios las ideas m\u00e1s bellas y las palabras m\u00e1s adecuadas. Cuando nos dirigimos a Dios con f\u00f3rmulas iguales o parecidas a las que El ha inspirado podemos estar seguros que le estamos diciendo algo que le agrada.<\/p>\n<p><em>El primer don que Dios <\/em>concedi\u00f3 al hombre fue su Palabra. En el Antiguo Testamento \u00abhabl\u00f3 muchas veces y en diversas formas\u00bb para preparar al mundo a dar una acogida favorable al Salvador. En el Nu\u00e9vo, \u00aben estos d\u00edas que son los \u00faltimos, nos ha hablado por medio de su Hijo\u00bb para comunicarnos la salvaci\u00f3n. Saltar\u00eda la barrera de lo tole\u00adrable quien minimizara jocosamente la importancia de la Palabra en la actual econom\u00eda divina. La Iglesia por medio de sus concilios nos ha alertado siempre sobre la necesidad de conocerla y profundizarla. Dios la pronunci\u00f3 y la revel\u00f3 por medio de hombres escogidos por El, la fij\u00f3 por escrito para que no se deformara o se perdiera y as\u00ed quiso que llegara a todos los hombres de todos los tiempos.<\/p>\n<p><em>Es Dios el que habla, <\/em>el que escribe, el que dicta. Los ejecutores materiales son algo as\u00ed como secretarios y amanuenses suyos. Pero los autores sagrados no son, por lo mismo, instrumentos_ mec\u00e1nicos, ciegos, autom\u00e1ticos, como una m\u00e1quina de escribir que no sabe lo que imprime en el papel. Son escritores libres e inteligentes que aportan todo su cau\u00addal humano, aunque escriban todo y s\u00f3lo lo que Dios quiere, aunque re\u00addacten cu\u00e1ndo y c\u00f3mo Dios desee que lo hagan. Por eso se llama a esta obra humana y divina la Sagrada Escritura, la divina escritura, los li\u00adbros santos, la Biblia, el libro por excelencia.<\/p>\n<p>Afirma San Pablo que <em>Dios habl\u00f3 muchas veces. <\/em>Esta es la raz\u00f3n de que la Biblia no sea solamente un libro, sino una colecci\u00f3n de 74 libros inspirados a lo largo de muchos siglos de la historia humana.<\/p>\n<p>Asegura tambi\u00e9n el Ap\u00f3stol que <em>Dios habl\u00f3 en diversas formas. <\/em>Esto quiere decir que se ha adaptado a todos los modos, g\u00e9neros y esti\u00adlos que tienen los hombres de escribir. Ha sido liberal y condescen\u00addiente. Se ha ajustado a nuestra manera de ser. Si no hubiera acomodado su palabra a nuestras formas de expresi\u00f3n no le hubi\u00e9ramos entendido. El nos supera, nos trasciende, pero ha tenido la delicadeza de contempo\u00adrizar con nosotros hasta colocarse a nuestro nivel. Los g\u00e9neros litera\u00adrios que los hombres manejamos cuando escribimos son muy variados y heterog\u00e9neos: la carta, el cuento, la leyenda, la historia, la novela, la poes\u00eda l\u00edrica, la \u00e9pica, la dram\u00e1tica, el ensayo filos\u00f3fico, el discurso oratorio, la exhortaci\u00f3n moral, la cr\u00edtica social, la instrucci\u00f3n catequ\u00e9\u00adtica, la biograf\u00eda, la autobiograf\u00eda, la narraci\u00f3n novelada, la predicci\u00f3n del futuro, los relatos de sue\u00f1os, de aventuras, de visiones reales o ima\u00adginarias&#8230; Dios ha vestido su palabra con toda esta varia y cambiante policrom\u00eda de estilos de la literatura universal para que nosotros pudi\u00e9\u00adramos captar con facilidad su divino mensaje.<\/p>\n<p>La palabra de Dios es <em>el primer instrumento de salvaci\u00f3n, <\/em>la pri\u00admera mano que El nos hecha para redimirnos del pecado y de la muerte. Nos es indispensable beberla pura. Para que llegara a nosotros intacta, sin manipulaciones ni adulteraciones, la confi\u00f3 a este instrumento de sal\u00advaci\u00f3n que es su Iglesia. Ella la conserva \u00edntegra, la difunde, la inter\u00adpreta, le da el sentido genuino. Desgraciadamente hay gentes que abusan de la Palabra, la manejan con la aviesa intenci\u00f3n de ponerla al ser\u00advicio de sus pasiones. En ella \u00abse encuentran algunos puntos dif\u00edciles que los indoctos y poco juiciosos tergiversan para su propia perdici\u00f3n\u00bb. La Iglesia es, pues, su fiel depositaria, su maestra aut\u00e9ntica, su divul\u00adgadora incansable y su int\u00e9rprete infalible.<\/p>\n<p><em>Desde los tiempos apost\u00f3licos <\/em>la asamblea cristiana tuvo como prithera fmalidad de sus reuniones la celebraci\u00f3n de la Palabra. Pala\u00adbras existen muchas. Los hombres las profieren continuamente. Pero la Palabra con may\u00fascula, la verdadera, la que crea, convierte, santifica y salva es Cristo, el Verbo eterno del Padre, engendrado por El desde el d\u00eda sin aurora de la eternidad, uno e igual a El en naturaleza.<\/p>\n<p><em>Durante varios siglos, <\/em>anteriores a nuestra \u00e9poca, la Palabra escri\u00adta se ocultaba en la liturgia eucar\u00edstica bajo un ceremonial opaco. Casi se puede decir que se la escamoteaba. Parec\u00eda una liturgia abstemia, sin jugo. Las bater\u00edas de su potente vitalidad estaban descargadas. Todos los a\u00f1os se repet\u00edan los mismos textos. Las per\u00edcopas b\u00edblicas estaban reducidas al m\u00ednimum. Se le\u00edan en una lengua ininteligible para la in\u00admensa mayor\u00eda. Los fieles, para sacar alguna utilidad al rito, se refu\u00adgiaban en el rezo del Rosario o en otras pr\u00e1cticas devocionales extra\u00f1as al acto. La homil\u00eda se adornaba con los floripondios y ringorrangos de la oratoria al uso. Era una fachada barroca, muy vistosa, pero vac\u00eda de Cristo.<\/p>\n<p><em>La liturgia hoy <\/em>ofrece otro talante. Los resultados de la reforma saltan a la vista. Todo el mundo es capaz de captar el mensaje de la Palabra. Es una Palabra de vida eterna porque el que la guarda no mo\u00adrir\u00e1 jam\u00e1s. Es una Palabra \u00ab\u00fatil para ense\u00f1ar, para arguir, para co\u00adrregir, para formar en la justicia a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, preparado para toda obra buena\u00bb. Es una Palabra \u00abpenetran\u00adte viva y eficaz, m\u00e1s aguda que una espada de dos filos, llega hasta la divisi\u00f3n del alma y del cuerpo, de las articulaciones y de las m\u00e9du\u00adlas y es capaz de discernir los sentimientos y pensamientos del coraz\u00f3n\u00bb. Ignorar la Palabra es ignorar a Cristo. O\u00edrla, entenderla, adherirse a ella es potenciar una fe que se nos muere de incultura y de ignorancia; es alimentar un amor que no se satisface con migajas; es dilatar una esperanza que torna en mediod\u00eda la noche del futuro.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UN ACTO DE FE<\/strong><\/p>\n<p>A la proclamaci\u00f3n de la Palabra sigue la recitaci\u00f3n comunitaria del credo. El credo es la respuesta de la Asamblea a la palabra de Dios. Dios nos habla, nos ense\u00f1a, se nos revela; y nosotros respondemos: creo, Se\u00f1or, todo lo que dices. En realidad s\u00f3lo <em>la fe explica y justifica nuestra presencia <\/em>y nuestra participaci\u00f3n en el rito eucar\u00edstico. Si no nace de la fe, la asistencia a los cultos religiosos no tiene sentido. Los m\u00f3viles hu\u00admanos hacen del acto, a la sumo, una reuni\u00f3n puramente social.<\/p>\n<p>El clima de fe que envuelve y satura a los fieles se condensa en el credo. El credo es el s\u00edmbolo de la fe. La palabra <em>s\u00edmbolo equivale a. s\u00edntesis. <\/em>El credo es, pues, un compendio, un conjunto abreviado de ver\u00addades reveladas por Cristo a su Iglesia. Al creer expl\u00edcitamente los pun\u00adtos fundamentales de la doctrina cat\u00f3lica nos adherimos tambi\u00e9n a las dem\u00e1s verdades que no mencionamos expresamente. Todas merecen el mismo cr\u00e9dito. Todas form\u00e1n un cuerpo de doctrina s\u00f3lido e indes\u00adtructible.<\/p>\n<p>El credo que recitamos en la misa es una amplificaci\u00f3n que el a\u00f1o 325 hizo el concilio de Nicea sobre la f\u00f3rmula apost\u00f3lica para acen\u00adtuar la naturaleza divina de Cristo que el arrianismo negaba. Al credo original y primitivo los escritores le llamaban insignia de la fe. Es decir, una especie de <em>documento cristiano de identidad. <\/em>Los fieles de entonces ten\u00edan que presentarlo de palabra o por escrito a las comunidades dis\u00adtintas de la suya para acreditar su filiaci\u00f3n cristiana, y poder ser ad\u00admitidos en la asamblea eucar\u00edstica local.<\/p>\n<p>Pero la fe no es un acto circunstancial solamente. Extiende su im\u00adperio y ejerce su influencia en la totalidad de la vida cristiana. Convierte nuestra existencia en <em>una misa sin soluci\u00f3n de continuidad. <\/em>Obliga a realizar fuera del templo lo que se celebra dentro. Logra que el creyente sea una pura Eucarist\u00eda en su casa, en la calle, en el trabajo, en el ocio, en la vida privada y en las relaciones sociales. La fe, m\u00e1s que una creencia, es una vivencia; m\u00e1s que un acto pasajero, es una actitud permanente; m\u00e1s que decir Am\u00e9n = as\u00ed sea, es decir Fiat = h\u00e1gase; m\u00e1s que estar unos momentos con Cristo, es serlo en todo momento.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UNA OBLACION<\/strong><\/p>\n<p>Llegamos a la presentaci\u00f3n de las ofrendas. Esta parte de la misa recibe el hombre de ofertorio. Se deriva del <em>ofrecimiento <\/em>que hacen los fieles de sus dones a los ministros que presiden la asamblea. Durante los diez primeros siglos se presentaban grandes cantidades de pan, vino, cera, miel, fruta, sal, aceite, cereales y otros alimentos. Se ofrec\u00eda todo lo que se consideraba necesario o \u00fatil para el sacrificio y para los pobres de la comunidad. Las grandes \u00e1nforas ministeriales rebosaban de aceite y de vino. Numerosas canastillas se ordenaban alrededor del altar col\u00admadas de viandas. Todav\u00eda hoy se conserva una oraci\u00f3n secreta que comienza as\u00ed<sup>&#8211;<\/sup>. Se\u00f1or, los dones de tus fieles se amontonan en torno a tu altar&#8230;<\/p>\n<p>Esta ceremonia resultaba larga y complicada a medida que crec\u00eda el n\u00famero de asistentes a la asamblea. A partir del siglo XI empieza a simplificarse. Y termin\u00f3 haci\u00e9ndose tan s\u00f3lo una colecta de <em>dinero con\u00adtante y sonante. <\/em>No lo llevaban los fieles al altar, como se hac\u00eda anta\u00f1o con las ofrendas en especie; lo recog\u00edan los ministros menores pasando las alcanc\u00edas entre las filas de los asistentes. Poco a poco se perdi\u00f3 el significado y el destino primitivo de las ofrendas. Hoy en algunas mi\u00adsas, dos o m\u00e1s miembros de la asamblea presentan a su presidente la materia del sacrificio, como una reminiscencia de la antigua disciplina, pero el ofertorio apenas dice nada a los cristianos participantes.<\/p>\n<p>De aquellos rimeros de cestas y vasijas que se apilaban junto al altar los ayudantes entresacaban el pan y el vino suficiente para la consagraci\u00f3n y comuni\u00f3n y lo colocaban sobre el ara. El resto se destinaba a la caridad, al alivio de los fieles necesitados. El acto de separar, lo necesario para el sacramento se expresaba en lat\u00edn con el verbo \u00absec\u00e9rnere\u00bb. La materia seleccionada se llamaba \u00absecreta\u00bb que es el partici\u00adpio pasivo del mismo verbo y se refiere directamente a <em>cosas apartadas, <\/em>escogidas, separadas. Como la palabra es equ\u00edvoca dio lu\u00adgar a rid\u00edculas inconsecuencias, como la de rezar en secreto la oraci\u00f3n sobre las ofrendas. Hoy ha vuelto a rezarse en voz alta, como es l\u00f3gico. En estas oraciones del ofertorio el sacerdote no ofrece nada al Se\u00f1or. No existe a\u00fan la V\u00edctima y, por consiguiente, no hay nada que ofrecer. S\u00f3lo expresa la gratitud y reconocimiento de la asamblea al Creador por aquellos dones materiales representativos, \u00abfruto de la tierra y del trabajo del hombre que recibimos de su generosidad&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Pero hay algo de capital importancia que se manifiesta o subyace en las oraciones de esta parte de la misa. El sacerdote pide al Se\u00f1or que acepte la ofrenda espiritual de cada uno de sus hijos presentes que est\u00e1n simbolizadas en los dones materiales ofrecidos. Y es que <em>la obla\u00adci\u00f3n de las cosas fungibles entra\u00f1a la entrega personal. <\/em>Sin esta donaci\u00f3n, la de los bienes perecederos constituye un rito hip\u00f3crita y falaz. Pero adem\u00e1s hay otro riesgo de caer en la doblez y en la farsa. Como en la liturgia actual ha desaparecido la presentaci\u00f3n personal de las ofrendas materiales y tangibles, si falla tambi\u00e9n el obsequio del coraz\u00f3n, el ofer\u00adtorio viene a resultar un conjunto de gestos in\u00fatiles y de f\u00f3rmulas vac\u00edas.<\/p>\n<p>He de repetir que <em>en el ofertorio no s\u00e9 ofrece nada <\/em>todav\u00eda a Dios. Es simplemente una presentaci\u00f3n y una preparaci\u00f3n de la materia que se va a ofrecer, o sea, a consagrar. Etimol\u00f3gicamente la palabra ofrenda significa \u00abaqu\u00e9llo que se va a ofrecer\u00bb. Y aquello que se va a ofrecer es Cristo inmolado sobre el ara bajo los signos de pan y vino. Pero Cristo no se va a ofrecer al Padre tan solo a S\u00ed mismo, como en la cruz, sino con el Padre. Por lo tanto, los asistentes al sacrificio se unen a Cristo en la misa se ofrece, se sacrifica y muere junto con la muchedumbre de sus hermanos. Para eso les hace participar de su sacerdocio, para eso los convierte en \u00abuna raza de salvaci\u00f3n, en una naci\u00f3n santa, en un pueblo sacerdotal\u00bb a fin de que sean capaces de ofrecer al Padre la V\u00edc\u00adtima. Para eso tambi\u00e9n, como les incorpora a su sacerdocio, los incor\u00adpora a su condici\u00f3n de v\u00edctima. Se identifica con ellos en sus relaciones con el Padre. Por lo tanto los asistentes al sacrificio se unen a Cristo sacerdote y v\u00edctima. Ofrecen y son ofrecidos. Consagran y son consagra\u00addos. Sacrifican y son sacrificados. Inmolan y son inmolados. La misa es Cristo m\u00e1s nosotros. La misa crea la comunidad y, a su vez, la comu\u00adnidad celebra la misa. Hay una compenetraci\u00f3n vital, una simbiosis perfecta, entre Cristo y los fieles durante la Eucarist\u00eda y a partir de ella.<\/p>\n<p>Este es el verdadero, el \u00fanico sentido del ofertorio: <em>presentar la persona al presentar la ofrenda material, <\/em>prepararse para ser ofrecido, colocarse sobre la patena, escanciarse en el c\u00e1liz para ser consagrados despu\u00e9s con el pan y el vino. Los dones representan a la persona que los da. Las palabras subsiguientes de la consagraci\u00f3n deber\u00e1n transfor\u00admar \u2014hasta ahora se ha dicho transustanciar\u2014 no s\u00f3lo la oblata sino tambi\u00e9n la persona que la oblata simboliza, encarna y representa. Iden\u00adtificarnos con las ofrendas presentadas es disponernos a ser aquello mismo en que se van a convertir.<\/p>\n<p><em>Las mujeres consagradas <\/em>tienen en el ofertorio un lugar reserva\u00addo. Nadie encaja en \u00e9l con mayor adecuaci\u00f3n. La emisi\u00f3n de los prime\u00adros votos y su anual renovaci\u00f3n se producen en estos mismos instantes. Ellas desean ofrecerse, consagrarse totalmente a Cristo en la persona de los pobres. Pero son incapaces de hacerlo por s\u00ed mismas. Dios es el \u00fanico que puede realizar esta maravilla. Ellas s\u00f3lo pueden presentar la ofrenda de sus personas para que El las marque a fuego con el hierro candente de la consagraci\u00f3n. Los votos son la clara expresi\u00f3n de unos deseos profundos; presentan la hostia viva de sus cuerpos en la tr\u00e9mula patena de las palabras rituales.<\/p>\n<p>Pero el ofertorio es un rito, precisamente un rito que se repite cada d\u00eda ante sus ojos para que renueven su entrega con mayor ilusi\u00f3n e in\u00adtensidad que la primera vez. El acto lit\u00fargico ser\u00eda est\u00e9ril si no reiteran en \u00e9l la primera oblaci\u00f3n personal. Puede hacerse recitando oral o men\u00adtalmente la f\u00f3rmula de la profesi\u00f3n. Al menos deben suscitar la disposi\u00adci\u00f3n y el estado \u00edntimo de aquel d\u00eda feliz. As\u00ed acabar\u00e1n por <em>hacer de su vida un ofertorio, <\/em>por adoptar habitualmente una actitud oblativa que penetre y abarque toda la jornada, por ser una ofrenda constante de todo lo que son, tienen y hacen.<\/p>\n<p>Los efectos no se har\u00e1n esperar. La mujer consagrada, por medio de este sistema, mantiene el entendimiento abierto a Cristo para que le siembre de sus mismos pensamientos en r\u00e9gimen de monocultivo; mantiene la voluntad como un metal d\u00factil y maleable, f\u00e1cil al manejo del querer divino; mantiene el coraz\u00f3n en alto, inaccesible a unos y al alcance de todos, lleno hasta los bordes del amor universal. Una mujer as\u00ed es una inmarcesible ofrenda floral que la Iglesia presenta al Se\u00f1or lo mismo bajo un cielo delirante de sol que sobre una tierra arrecida de fr\u00edo.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UNA ACCION DE GRACIAS<\/strong><\/p>\n<p>La misa es un himno armonioso y universal de gratitud. Las notas m\u00e1s vibrantes resuenan en el Prefacio. El Prefacio es un canto jubiloso y humilde de reconocimiento. Los sentimientos de gratitud que se des\u00adbordan de esta melod\u00eda exultante se extienden a todo el acto lit\u00fargico. Por esta raz\u00f3n la misa se llama desde el principio <em>Eucarist\u00eda o acci\u00f3n de gracias. <\/em>En ella y por ella toda la humanidad se une a Cristo para agradecer y glorificar al Padre por lo que ha sido y es, por lo que ha ha\u00adblado y habla, por lo que ha hecho y hace gratuitamente en favor suyo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas mand\u00f3 a la Iglesia hacer en la misa lo que El hab\u00eda hecho en la Cena. Antes de consagrar el pan y el vino hab\u00eda dado gracias al Padre. La primera misa celebrada por El marc\u00f3 la pauta y dio el tono a todas las dem\u00e1s:<\/p>\n<p><em>Demos gracias al Se\u00f1or, nuestro Dios. <\/em>Es una invitaci\u00f3n apremian\u00adte y ecum\u00e9nica del presidente de la asamblea. La muchedumbre incal\u00adculable del cosmos acude a esta llamada gigante para agradecer al Crea\u00addor el acto de sacarle del pozo sin fondo de la nada. Todas las criaturas vuelan a este reclamo general, como una infinita bandada de gorriones invisibles, a cantarle a Dios por los dondes del ser, del movimiento y de la vida. Toda la raza humana hace acto de presencia para rendirle home\u00adnaje y pleites\u00eda por haber encendido en su cuerpo la antorcha del esp\u00ed\u00adritu. Toda la Iglesia est\u00e1 all\u00ed con Cristo a la cabeza para arrojarle rosas de alabanzas y bendiciones por el supremo e inexplicable amor que entra\u00ad\u00f1a la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Es justo y necesario, <\/em>exclaman los asistentes. Es un acto de justicia. No disponemos de otros medios adecuados y compensadores. No conta\u00admos con m\u00e1s monedas que \u00e9sta para pagar unas deudas que, por lo que se ve, resultan m\u00e1s que astron\u00f3micas. Nos es necesario mostrarnos obli\u00adgados. La gratitud abre a\u00fan m\u00e1s las manos y el coraz\u00f3n del Padre celes\u00adtial. La ingratitud las cierra autom\u00e1ticamente. Una persona indiferente a los favores recibidos es capaz de cualquier villan\u00eda. El ingrato es un ser duro, descastado. El bienhechor se siente herido en su fibra m\u00e1s sen\u00adsible cuando sus finezas y mercedes no hallan ni un eco de reciprocidad. Jes\u00fas experiment\u00f3 esta prueba. Las \u00faltimas horas de su vida se vieron emponzo\u00f1adas por la traici\u00f3n de Judas, por el abandono de sus amigos, por el olvido de las gentes favorecidas.<\/p>\n<p><em>Es nuestro deber. <\/em>Ante todo por el hecho del ser, de la existencia. Es el pedestal sobre el que se alzan los otros dones. El nos sac\u00f3 de entre millones de criaturas posibles. Pero la creaci\u00f3n no ha terminado. Nos va dando la vida gota a gota. El cuerpo que es un milagro suyo perma\u00adnente. El esp\u00edritu que nos hace semejantes a El. La fe sin la cual camina\u00admos a ciegas, con los faros apagados en la noche negra. La gracia que nos hace descubrir la ra\u00edz divina de nuestro segundo \u00e1rbol geneal\u00f3gico. Los sacramentos que dan belleza y madurez a la cris\u00e1lida espiritual humana. La vocaci\u00f3n que es una roca donde s\u00f3lo anidan los c\u00f3ndores y las \u00e1gui\u00adlas. Los peque\u00f1os e incontables dones de cada d\u00eda que caen del cielo, como una llovizna de oro: el vaso de agua que apaga la sed&#8230; la sonrisa que diluye una pena&#8230; el retazo de cielo azul de los d\u00edas grises&#8230; la copla festiva de las horas tristes&#8230; el \u00e9xito que ya se hab\u00eda descartado&#8230; el accidente que pudo ser mortal&#8230; la visita inesperada&#8230; la noticia ama\u00adble&#8230; la canci\u00f3n favorita&#8230; la flor preferida&#8230;<\/p>\n<p><em>Es nuestra salvaci\u00f3n. <\/em>La gratitud es la flecha indicadora de u] coraz\u00f3n sencillo, humilde, abierto a Dios y a los hombres. La ingratitud vive en la cochambre del ego\u00edsmo y del orgullo. Jes\u00fas no da su salvaci\u00f3n a esos seres herm\u00e9ticos, acorazados, impermeables a su Esp\u00edritu que es Esp\u00edritu de gracia y de verdad. Somos un vac\u00edo absoluto que s\u00f3lo Dios puede llenar. Nuestras adquisiciones sucesivas se deben totalmente a nuestro esfuerzo y exclusivamente a la bondad divina. Debemos agra\u00addecer a ultranza lo que ganamos a pulso.<\/p>\n<p><em>Siempre. <\/em>El t\u00e9rmino conservaci\u00f3n aplicado al cosmos no expresa exactamente toda la realidad. El mundo evoluciona, se transforma, pro\u00adgresa sin cesar. El Esp\u00edritu contin\u00faa flotando sobre las aguas. La crea\u00adci\u00f3n es un proceso sin pausas ni intermitencias. La munificencia di\u00advina cae y se derrama sobre la tierra como un diluvio perpetuo y fecun\u00addante. El hombre no escapa a esta ley universal. Mucho menos el cris\u00adtiano. La palabra gracias no debiera ca\u00e9rsele de los labios. No basta de\u00adcirla; es menester saborearla. Cuando se bebe agua es l\u00f3gico pensar en la fuente. Hay qu\u00e9 pagar a la Providencia, aunque sea solamente con la moneda del recuerdo. Los servicios que no se pagan suelen ser los m\u00e1s caros.<\/p>\n<p>Dar gracias siempre implica rendirlas tambi\u00e9n cuando los favores parecen todo lo contrario. Son aut\u00e9nticos, pero est\u00e1n de todo en todo re\u00f1idos con nuestros deseos. Sin embargo las espinas del camino son tam\u00adbi\u00e9n provindenciales. <em>Detr\u00e1s de las penas est\u00e1 oculto el rostro de Dios. <\/em>Sabe prodigar el beso y la caricia. Pero tambi\u00e9n blande el rayo de la es\u00adpada y traza el aspa de la cruz. El sufrimiento, lo mismo que la alegr\u00eda, es un sacramento de su amor, aunque menos perceptible. La prueba es un examen, no un suspenso. Es el \u00fanico modo de obtener calificaciones y grados de madurez. El caso es que el ambiente que respiramos hierve de sinsabores. No podemos cruzar el t\u00fanel del tiempo para vivir bajo el sol de la antigua Arcadia dorada y feliz. Pero podemos dar gracias lo mismo por las sonrisas que por las l\u00e1grimas. Y esto nos devuelve el gozo perdido, la alegr\u00eda pura, la paz, una especie de paz agreste y buc\u00f3lica, con olor a tomillo y a hierbabuena.<\/p>\n<p><em>En todo lugar. <\/em>En la tierra, el coro de los peregrinos. En el cielo, el canto de los triunfadores. Los hijos desterrados sienten la necesidad de asociarse en la alabanza a sus hermanos mayores llegados a la Pa\u00adtria. En este momento de la misa las voces de ayer y de hoy, de \u00e9sta y de la otra orilla, se mezclan por encima del espacio y del tiempo para formar una polifon\u00eda inmensa e indescriptible que tiene por centro a Dios al que aclaman con las palabras del viejo profeta de Israel: Santo, santo, santo es el Se\u00f1or, Dios del universo; llenos est\u00e1n el cielo y la tierra de su gloria&#8230; \u00a1Hosanna en el cielo!<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UNA CONSAGRACION<\/strong><\/p>\n<p>La parte central de la misa se llama <em>an\u00e1fora, <\/em>t\u00e9rmino griego que significa ofrenda, porque es el aut\u00e9ntico ofrecimiento que hace Cristo de s\u00ed mismo al Padre. Es el ofertorio propiamente dicho. Se le designa tambi\u00e9n con el nombre de canon, palabra de origen griego tambi\u00e9n que equivale a norma o regla porque es una serie de ceremonias y oraciones fijas por medio de las cuales se desenvuelve este momento cumbre del misterio cristiano. Los or\u00edgenes de las cuatro f\u00f3rmulas hoy en uso se remontan a los tiempos apost\u00f3licos en cuanto a su estructura fundamental. La acci\u00f3n de Cristo en la \u00faltima cena es el n\u00facleo o esquema sobre el cual se fueron elaborando los textos. Las variantes se deben a la influen\u00adcia de las antiguas iglesias metropolitanas sobre las liturgias particula\u00adres de su territorio. La an\u00e1fora siempre se recit\u00f3 en voz alta hasta que el lat\u00edn dej\u00f3 de ser una lengua inteligible. Desde entonces el pueblo prac\u00adticaba frente al misterio impenetrable el respeto mudo, la reverencia sumisa, el homenaje silencioso.<\/p>\n<p>La an\u00e1fora hace de Cristo el centro de la liturgia y de la vida cris\u00adtiana. Hasta hace poco el peque\u00f1o crucifijo central se nos perd\u00eda de vista entre una pl\u00e9tora de adornos y figuras. Las im\u00e1genes de los santos por su profusi\u00f3n, talla y ubicaci\u00f3n polarizaban la atenci\u00f3n y la mirada Y debe ocurrir al rev\u00e9s. San Pablo insiste sobre esta primac\u00eda incuestio\u00adnable de Cristo. Por El han sido creadas todas las cosas. Todo se apoya en El y subsiste por El. Est\u00e1 a la cabeza del universo. Explica, resume y recapitula en s\u00ed toda la creaci\u00f3n. Es su eje, su centro de gra\u00advedad. Es el principio de la vida y la \u00fanica raz\u00f3n de nuestra existencia. Cristo, en una palabra, lo es todo. Centralizarle en el templo, hacer que todo converja en El ha sido uno de los grandes logros de la liturgia re\u00adnovada.<\/p>\n<p>La an\u00e1fora coloca <em>al Esp\u00edritu Santo en el lugar que le corresponde, <\/em>el mismo en que le puso Jes\u00fas. Todo ha sido hecho por Cristo, con El y en El. Pero Cristo obra por medio de su Esp\u00edritu. Y su Esp\u00edritu es el alma de la Iglesia. Vive en ella, la forma, la dirige, le da vida, la santi\u00adfica, la purifica, la hace inconmovible frente a los avatares de la histo\u00adria humana.<\/p>\n<p>Nunca se reza en singular. Es una oraci\u00f3n que el sacerdote recita en nombre de toda la asamblea. Los asistentes estampan en ella su firma diciendo: am\u00e9n. La voz del que preside es la voz de todos. Todos toman parte en el acto eucar\u00edstico. <em>Es una acci\u00f3n plenamente comunitaria. <\/em>Las individualidades quedan postergadas para dar paso a la colectivi\u00addad. Es la familia de Dios, como tal, la que ora, ofrece, consagra, inmola y act\u00faa. Es el pueblo fiel que est\u00e1 investido para este fin de po\u00adderes sacerdotales. El Bautismo se los dio de un modo difuso y general. El Orden se los confiri\u00f3 al sacerdote m\u00e1s amplia y concretamente para que fuera su representante ante Dios. En el canon tradicional no se ve\u00edan con tanta claridad los aspectos comunitarios de la oraci\u00f3n oficial.<\/p>\n<p>Parte important\u00edsima de la an\u00e1fora es <em>la primera ep\u00edclesis. <\/em>Ep\u00ed\u00adclesis quiere decir llamada, invocaci\u00f3n, s\u00faplica a los poderes de lo alto para que act\u00faen ya sobre las ofrendas. El sacerdote ruega al Esp\u00edritu Santo que transforme el pan y el vino en el cuerpo y sangre de Cristo. Simult\u00e1neamente extiende sus manos abiertas sobre el ara. La invoca\u00adci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo se acompa\u00f1a siempre en la liturgia con la imposi\u00adci\u00f3n de manos. El Esp\u00edritu de Dios, obediente a la plegaria de la Igle\u00adsia, interviene entonces invisiblemente, pero de un modo real e infali\u00adble. Algunas iglesias orientales, cat\u00f3licas y ortodoxas, dan a la ep\u00edclesis la misma fuerza misteriosa, viva y operante que la iglesia latina ha venido dando a las palabras de la consagraci\u00f3n. Cuando Jes\u00fas dice: esto es mi cuerpo&#8230; esta es mi sangre&#8230; \u00bfconsagra efectivamente o declara solemnemente la realizaci\u00f3n del Prodigio? Dejamos a los te\u00f3logos que sigan discutiendo mientras nosotros acompasamos nuestras creencias a la ense\u00f1anza tradicional de Occidente.<\/p>\n<p>Sigue la narraci\u00f3n del hecho central de la \u00faltima cena. Las pala\u00adbras evocan un recuerdo del pasado y verifican un hecho del presente. <em>Conmemoraci\u00f3n y actualidad. <\/em>Historia de ayer y realidad de hoy. El pan y el vino han dejado de serlo. Son desde ahora signos visibles de la presencia real de Cristo. Son criaturas consagradas, portadoras de lo divino, envoltura de Dios. Contienen una realidad que las trasciende y las desborda. Si pudi\u00e9ramos abrir una ventana a su interior morir\u00eda\u00admos deslumbrados, fulminados por un golpe de gloria y de luz.<\/p>\n<p>Este es el instante preciso en que <em>las personas consagradas <\/em>reci\u00adben, renuevan y potencian su condici\u00f3n de tales. El pan de su cuerpo y el vino de su sangre quedan tan consagrados como el pan y el vino del altar. Cristo ha dicho tambi\u00e9n sobre cada una: esto es mi cuerpo&#8230; esta es mi sangre&#8230; esta persona soy yo&#8230; Se impone, como corolario, la escalada de una vida superior. Son crist\u00edferas, veh\u00edculos de Cristo. El camina por sus pies, ve por sus ojos, habla por su boca. Deben ser con respecto a El como las especies eucar\u00edsticas: un disfraz o envoltura transparente bajo la cual El se esconde, piensa, ama, ora, se sacrifica y se da en alimento a los dem\u00e1s. Como los panes consagrados, blancos, \u00e1zimos, universa\u00adles, capaces de saciar el hambre de Dios que el mundo tiene. Como el vino consagrado de la copa, como el santo Grial de las viejas leyendas, algo que busquen con avidez las gentes para apagar la sed que las abrasa.<\/p>\n<p>\u00abEste es el c\u00e1liz de mi sangre&#8230; Sangre de la alianza nueva y eterna&#8230;\u00bb En este momento cobra vigencia el nuevo pacto entre Dios y los hombres. La alianza pactada en el Sina\u00ed se trastrueca, se altera y se derrumba. <em>El viejo testamento queda cancelado. <\/em>La sangre de las v\u00edctimas sacrificadas sellaron los antiguos compromisos. Hoy Dios y su pueblo quedan comprometidos y ratifican sus mutuos juramentos con la sangre del Cordero inmaculado. Aquellos ritos apuntaban a \u00e9stos. El contrato figurativo y provisional se vio desplazado por el nuevo con\u00advenio definitivo y eterno. Pero las palabras del a\u00f1ejo texto adquieren un valor m\u00e1s hondo y m\u00e1s ancho. \u00abYo soy vuestro Dios&#8230; No tendr\u00e9is otros dioses fuera de m\u00ed. Yo ser\u00e9 vuestro Dios \u00fanico y verdadero y voso\u00adtros ser\u00e9is mi pueblo. Me honrar\u00e9is. Santificar\u00e9is mis d\u00edas. Observa\u00adr\u00e9is mi ley. Yo os proteger\u00e9 y os defender\u00e9 de vuestros enemigos. Har\u00e9 f\u00e9rtiles vuestras tierras, os librar\u00e9 de las desgracias, os multiplicar\u00e9 hasta que se\u00e1is numerosos y fuertes, y por uno de vuestros descendientes entra\u00adr\u00e1 la bendici\u00f3n en la humanidad&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><em>\u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb. <\/em>La asamblea le adora presente en el claros\u00adcuro de la fe, pero suspira por verle en el gozo del contacto vivo. En la an\u00e1fora late una angustia casi metaf\u00edsica, una ansiedad larga y serena d\u00e9 la venida de Cristo, de su segunda vuelta. En el canon romano apenas se nota esta densidad expectante del clima familiar. Sin embargo la antig\u00fcedad cristiana viv\u00eda este sentimiento del tiempo que pasa. Se man\u00adten\u00eda alerta, a la escucha del ruido de unos pasos, a la espera de Cristo que iba a volver triunfante para cerrar la \u00faltima p\u00e1gina de la historia e inaugurar un mundo nuevo. Eran las v\u00edrgenes que esperan en la alta noche la llegada del esposo so\u00f1ado. Eran los siervos que aguardan vigi\u00adlantes la aparici\u00f3n del due\u00f1o temido. Eran los negociantes de los talen\u00adtos que se afanan por incrementar los intereses con la esperanza de un puesto lucrativo en el reino. La Iglesia de hoy quiere reavivar la llama de esta espera, dar a la vida cristiana una perspectiva de futuro. Los modernos mes\u00edas vaticinan para\u00edsos bien surtidos y amueblados por la t\u00e9cnica. Pero, aunque destilen en el alambique de la ciencia los goces m\u00e1s refinados, no podr\u00e1n suministrar a nadie la felicidad plena. Pese a ello, los hombres se sienten atra\u00eddos, como mariposas tontas, por la sugesti\u00f3n del progreso. Esta es la raz\u00f3n de alimentarnos con la esperanza del retorno de Cristo, de vivir a la espectativa, proyectados hacia el Reino. El ha prometido volver. Para record\u00e1rselo suena un grito un\u00e1\u00adnime y penetrante en el puro paisaje lit\u00fargico: Ven, Se\u00f1or Jes\u00fas&#8230;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la consagraci\u00f3n <em>hay una segunda ep\u00edclesis. <\/em>La primera fue para pedir al Esp\u00edritu Santo la transformaci\u00f3n del pan y el vino en el cuerpo y sangre de Cristo. La segunda es para suplicarle que trans\u00adforme en El a los presentes de tal modo que no formen m\u00e1s que un solo Cuerpo y un solo Esp\u00edritu. Es una instancia inaudita. Una plegaria de un alcance enorme y trascendental. En ella se ventila todo el ser o no ser de la misa. Porque la Eucarist\u00eda o es v\u00ednculo de amor <em>y <\/em>signo de uni\u00f3n o no es nada. En este punto coincide la s\u00faplica de la Iglesia con la de Cristo: \u00abQue todos sean una sola cosa, como t\u00fa, Padre, en m\u00ed y yo en ti\u00bb. Si la carne y sangre de Cristo al fundirse con nuestra carne y sangre no nos funde a todos en una unidad perfecta, la misa en su plano horizontal, es un completo fracaso. Si una comunidad participa diaria\u00admente en la plegaria eucar\u00edstica sin erradicar enfrentamientos y rivali\u00addades, hace de ella una farsa. Hay que desmontar la tramoya que a veces se levanta sobre la Eucarist\u00eda, tomando muy en serio la unidad frater\u00adnal dentro de la diversidad humana.<\/p>\n<p><em>La misa es una cita universal. <\/em>Toda la creaci\u00f3n est\u00e1 all\u00ed presente de alg\u00fan modo. En la voluntad salv\u00edfica de Cristo; en la influencia de su sacrificio cuyas \u00faltimas olas mueren en las playas de la nada; en el recuerdo y en las oraciones de la familia local. Es una parcela del pue\u00adblo de Dios. Los otros miembros, sus hermanos, se derraman sobre la anchura de los mundos. Para todos hay un deseo y una plegaria. Los presentes anhelan constituir con los ausentes una ofrenda permanente. Evocan despu\u00e9s la memoria de la iglesia celeste en cuya ayuda conf\u00edan. Piensan tambi\u00e9n en toda la humanidad criya gran mayor\u00eda sigue igno\u00adrando el Evangelio. Suspiran por formar con los hermanos separados un solo reba\u00f1o bajo un s\u00f3lo Pastor. Recortan el vuelo de sus pensamien\u00adtos y se ciernen sobre la iglesia peregrina, santa y pecadora, perseguida y triunfante, puesta en libertad y reducida al silencio. Desfilan las jerar\u00adqu\u00edas, los sacerdotes, los religiosos, el pueblo fiel. Y cierran la marcha los hermanos que doblaron su cabeza sobre la fr\u00eda almohada de la muerte. Toda la Iglesia est\u00e1 all\u00ed. Todos los redimidos unen sus voces para ento\u00adnar la gran doxolog\u00eda, el breve, pero colosal himno de gloria a su Re\u00addentor inmortal.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UN SACRIFICIO<\/strong><\/p>\n<p>El sacrificio, en el sentido lit\u00fargico, es <em>un acto externo, p\u00fablico <\/em>y solemne por el cual la colectividad humana confiesa que Dios es el Padre de todas las cosas; reconoce su soberano poder; afirma que El lo es todo y los dem\u00e1s, nada; recuerda que s\u00f3lo existimos por El; expresa sus sentimientos de adoraci\u00f3n, respeto, amor y obediencia; solicita el perd\u00f3n de sus culpas; acepta el castigo de sus faltas, le ruega se muestre propicio y generoso y solicita los favores que necesita o no sabe pedir.<\/p>\n<p>En rigor el sacrificio ideal ser\u00eda la ofrenda de la propia vida, <em>la inmolaci\u00f3n del ser. <\/em>Pero Dios rechaza esta posibilidad. En lugar nues\u00adtro destruimos en su honor algo que nos pertenece. Nos sustituimos por un animal o por un objeto o cosa que necesitamos para la vida, como el pan, el vino, el aceite. Y lo hacemos as\u00ed en reconocimiento de su absoluto domino, de su soberana y adorable Majestad.<\/p>\n<p>El sacrificio es siempre un acto p\u00fablico. <em>Lo ofrece una comunidad. <\/em>Nunca es un gesto privado. Si alguna persona desea ofrecerle ha de ser por medio de un representante o ministro delegado de la comunidad. Al acto de este sacerdote se asocia todo el grupo humano en cuyo nombre act\u00faa necesariamente.<\/p>\n<p>Todas las v\u00edctimas han desaparecido. Todos los millones de corde\u00adros pascuales que sacrific\u00f3 Israel a lo largo de quince siglos eran s\u00f3lo una figura, una sombra. Cristo es hoy el cordero \u00fanico, universal e irreemplazable que se inmola para gloria del Padre y el perd\u00f3n de los pecados humanos.<\/p>\n<p>Los viejos sacrificios no son ya m\u00e1s que un relato en la historia reli\u00adgiosa del pueblo escogido. Todos han quedado barridos y reemplazados por uno: el de Cristo en la Cruz. La misa es la actualizaci\u00f3n de aquel paso o pascua del Se\u00f1or. El pasado se hace presente. Lo que sucedi\u00f3 bajo el poder de Poncio Pilatos sucede aqu\u00ed y ahora bajo la mirada del Padre celestial. Todas las misas son rayos del mismo sol, ecos de la misma voz, ondas de la misma corriente.<\/p>\n<p>Todos los sacerdotes han sido desplazados. Cristo es el sacerdote \u00fanico, exclusivo y eterno. No tiene sucesores porque permanece para siempre. Act\u00faa invisiblemente por medio de los ministros visibles de la Iglesia con los cuales se identifica. La figura del sacerdote es necesaria para la celebraci\u00f3n del culto divino, pero no est\u00e1 sola porque todos los asistentes son miembros de Cristo. Todo el pueblo de Dios es \u00ablinaje escogido, sacerdocio real, naci\u00f3n santa&#8230;\u00bb<\/p>\n<p><em>La vida consagrada es un sacrificio. <\/em>El mismo sacrificio de la cruz y del altar. De \u00e9l brota, de \u00e9l se nutre, de \u00e9l participa, con \u00e9l se funde, a \u00e9l se ordena. Goza, por tanto, de las mismas cualidades. Es un sacri\u00adficio latre\u00fatico, expiatorio, impetratorio, salv\u00edfico y redentor. Inserto como est\u00e1 en el sacrificio de Cristo, es tambi\u00e9n completo, total y univer\u00adsal. La mujer consagrada es \u00abv\u00edctima viva para alabanza y gloria de Dios. Es un sacrificio puro, inmaculado y santo, aceptado voluntaria\u00admente, transformado en ofrenda permanente, agradable al Se\u00f1or y salu\u00addable para todo el pueblo. Es un&#8217; holocausto perpetuo, una hostia sin mancha, un crucifijo vivo. Ella, como Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, extiende sus brazos en la cruz para destruir la muer\u00adte, manifestar la resurrecci\u00f3n y as\u00ed adquirir para El un pueblo santo&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Todo esto va quedando en la penumbra. A la mujer elegida de Dios se le presenta hoy con vistosidad un panorama seductor de avan\u00adces, conquistas y realizaciones. Se le ofrece un vasto radio de acci\u00f3n para el despliegue de sus valores humanos. Sufre una congesti\u00f3n de positivismo, una pl\u00e9tora de actividad febril. Y se le <em>oculta sistem\u00e1tica\u00admente la otra vertiente de su vida. <\/em>No se le habla del dolor clavado cons\u00adtantemente en su carne como un estilete de fuego. No se le dice nada del sufrimiento en el que su cuerpo tiene que estar tendido como en una yacija repugnante, de la soledad en que tiene que vivir su coraz\u00f3n como en una campana neum\u00e1tica. Se le escamotean o se le mencionan de forma huidiza el hierro candente de la calumnia, el acoso de la persecuci\u00f3n, el atropello de la injusticia&#8230;<\/p>\n<p>Y sin embargo la vida de Cristo es inconcebible sin esta faceta sombr\u00eda. Con lo cual resulta un Cristo dimidiado, irreal, mitol\u00f3gico. Unas comunidades religiosas en las que se hace caso omiso del sacrificio, de la cruz, del dolor y de la muerte son comunidades imp\u00faberes, inma\u00adduras, deformadas y cobardes. Por la cruz se va a la luz. Sin el dolor no se puede vivir en el amor. El que ama hasta el extremo sufre hasta el l\u00edmite de sus posibilidades. La misa es un drama incruento. Cristo ya no puede sufrir; ya sufri\u00f3 de una vez para siempre. El dolor humano que le falta a la misa de hoy tienen que aportarlo los dem\u00e1s protagonistas. Las Hermanas son actoras, no espectadoras, en esta tragedia interminable. Sobre el ara est\u00e1 su vid\u00e1 macerada, inmolada, sacrificada, crucificada, mortificada, juntamente con la del Hijo de Dios.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>UN BANQUETE<\/strong><\/p>\n<p>Bajo la techumbre del templo, a la cabecera o en medio de la nave central emerge el rect\u00e1ngulo de una mesa de piedra. Sobre los manteles blanquea el pan y chispea el vino. Se oye una amable invitaci\u00f3n: tomad, comed, esto es mi Cuerpo; tomad bebed, esta es mi Sangre&#8230; Mi Carne es comida&#8230; Mi Sangre es bebida&#8230; Los frutos del trigo y de la vid desa\u00adparecen en las bocas de los comensales. Al retirarse \u00e9stos del altar el Hijo de Dios y de Mar\u00eda va con ellos oculto bajo los velos de nieve y de p\u00farpura de unos alimentos corrientes. Es un convite ins\u00f3lito s\u00f3lo apreciable desde la perspectiva de la fe. Es una comida que trasciende el acto material de comer y beber. Es un convite que tiene alcances ili\u00admitados en la vida cristiana. La teolog\u00eda, la moral, la sicolog\u00eda y la so\u00adciolog\u00eda tienen tanto que decir sobre este tema que resulta inagotable.<\/p>\n<p>En primer lugar, los cristianos se preparan para el banquete euca\u00adr\u00edstico con la oraci\u00f3n dominical. <em>El <\/em><em>Padre nuestro <\/em>es la bendici\u00f3n de la mesa. Es la muchedumbre de los hijos adoptivos que se re\u00fanen con su Hermano mayor alrededor del Padre que les va a dar de comer. Y no se hartan de llamarle as\u00ed: Padre. Y saborean este apelativo como un pa\u00adnal de miel. Desean su gloria, el ensanche de su Reino, la aceptaci\u00f3n de sus planes. Solicitan el pan de cada d\u00eda, el perd\u00f3n de cada pecado, la vic\u00adtoria de cada tentaci\u00f3n. El alma se hace palabra; y la palabra, s\u00faplica; y la s\u00faplica, canci\u00f3n. Y las notas de la canci\u00f3n son aldabonazos que golpean a las puertas del coraz\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>En segundo lugar, se disponen a comulgar d\u00e1ndose todos entre s\u00ed una se\u00f1al de paz. <em>La reconciliaci\u00f3n fraternal <\/em>es la tarjeta de invitaci\u00f3n que es imprescindible presentar para sentarse a la mesa com\u00fan. Lo que nos divide a los hermanos nos separa de Cristo. Pero, por muy altos <em>y <\/em>recios que sean los muros que se interponen, un abrazo, un apret\u00f3n de manos, una mirada, una sonrisa bastan para derribarlos. No po\u00addemos comulgar a Cristo sin comulgar con nuestros hermanos. No po\u00addemos dar un paso adelante sin mirar a los lados. El hermano no quiere sentarse a la mesa con su hermano pr\u00f3digo, rebelde, derrochador de la hacienda familiar. Pero el Padre desea que entre sus hijos haya paz, que en su casa nadie se sienta extra\u00f1o, que en torno suyo se respire un clima de amor. Por eso sale fuera y le ruega que entre para que la alegr\u00eda sea completa.<\/p>\n<p>En tercer lugar, un <em>sentimiento de confianza <\/em>y de intimidad surge a la vista de la Persona que preside la Mesa. Cristo est\u00e1 en su casa. In\u00advita a todos sus amigos y confidentes. En los banquetes se suelen soltar las lenguas y se abren los corazones. Jes\u00fas no es ajeno a la cordialidad y a la espontaneidad que provocan los banquetes entre los hombres. Casi todos sus secretos nos los ha comunicado de sobremesa. Este es el mo\u00admento que aprovecha para hacerse visible despu\u00e9s de resucitar. Noso\u00adtros no le somos extra\u00f1os. Nos ha introducido en su hogar, en el seno de su familia. Nos ha hecho corp\u00f3reos y consangu\u00edneos suyos. Se ha desahogado con nosotros comunic\u00e1ndonos sus m\u00e1s secretas confiden\u00adcias. Nada le ha quedado por revelar.<\/p>\n<p>En cuarto lugar, sabemos que la comuni\u00f3n es una forma de parti\u00adcipar completamente en el sacrificio. Es <em>un banquete sacrificial. <\/em>De la historia de las religiosas se desprende una conclusi\u00f3n, una ley que no falta nunca en el culto p\u00fablico de todos los pueblos: el sacrificio se co\u00adrona siempre con un banquete sagrado. Los animales ofrecidos a la divi\u00adnidad eran inmolados o degoll\u00e1dos por los sacerdotes sobre el altar. Una parte era destruida por el fuego ritual; otra se reservaba el sacerdote para s\u00ed; y un tercio lo com\u00eda la familia, grupo o comunidad que hab\u00eda presentado la v\u00edctima. Esta comida era un acto sagrado, una parte inte\u00adgrante del sacrificio. Las llamas que devoraban la parte correspondiente simbolizaban el esp\u00edritu del ser divino que aceptaba la ofrenda. La v\u00edc\u00adtima se repart\u00eda as\u00ed entre el hombre y la divinidad. Era un signo de paz y de reconciliaci\u00f3n. Cuando dos enemigos hacen las paces se invitan a sellarlas comiendo juntos. As\u00ed Dios toma una parte de la v\u00edctima que se le ofrece y le da la otra al oferente, como diciendo: come t\u00fa tambi\u00e9n conmigo, si\u00e9ntate a mi mesa, t\u00fa y yo somos amigos&#8230;<\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda ten\u00eda tambi\u00e9n en un principio un nombre significa\u00adtivo: la <em>fracci\u00f3n del pan. <\/em>Jes\u00fas en la \u00faltima noche de su vida instituy\u00f3 el sacramento por este orden: primero, dio gracias al Padre (Eucarist\u00eda); a continuaci\u00f3n parti\u00f3 el pan (fracci\u00f3n del pan); despu\u00e9s lo distribuy\u00f3 entre los ap\u00f3stoles pronunciando las palabras sacramentales (consagra\u00adci\u00f3n); por \u00faltimo ellos comieron del pan y bebieron del c\u00e1liz (Comu\u00adni\u00f3n).<\/p>\n<p>La fracci\u00f3n del pan antes de la comida familiar es un gesto tan antiguo como la humanidad. El cabeza de familia, el jefe del grupo de comensales o el primero entre ellos divid\u00eda con sus propias manos la hogaza de pan en peque\u00f1os trozos y los pon\u00eda en la mesa delante de cada uno de los asistentes. La autoridad demostraba as\u00ed su disposici\u00f3n radical de servicio, su preocupaci\u00f3n por suministrar a los suyos lo ne\u00adcesario para su subsistencia. Los dem\u00e1s reconoc\u00edan su dependencia del jefe y los lazos familiares y sociales que los un\u00edan entre s\u00ed. El Maestro no hizo otra cosa que acomodarse al uso tradicional. Siempre que co\u00adm\u00eda con sus disc\u00edpulos adoptaba esta vieja pr\u00e1ctica. Pero en la cena de despedida quiso dar a aquella costumbre unas dimensiones desusa\u00addas. La convirti\u00f3 en un signo. Desde entonces el acto de dividir un solo pan entre todos es para los cristianos un sacramento de unidad. Un solo pan es el alimento de todos. Una sola carne es la carne de todos. Una sola sangre, la de Cristo, es la que circula por todos. Por muchos que sean los que comen de este pan partido y repartido entre millones no forman m\u00e1s que un solo cuerpo, un solo coraz\u00f3n, una sola alma. La caridad hace de ellos un solo ser en el Esp\u00edritu Santo. El amor los penetra y los compe\u00adnetra, los avecina y los aglutina. Hace de ellos una familia, un pueblo, un reino de Dios. La fracci\u00f3n del pan y su distribuci\u00f3n subsiguiente es a la vez la causa y el signo, el s\u00edmbolo y la realidad, la acci\u00f3n externa y el efecto interno.<\/p>\n<p>Que esta era <em>la intenci\u00f3n de Cristo <\/em>se hace m\u00e1s que evidente en el lavatorio de los pies que precedi\u00f3 a la instituci\u00f3n eucar\u00edstica. Si El se puso a nuestro servicio total e incondicional, la misma disposici\u00f3n debe existir en el seno de la comunidad cristiana. El discurso sobre el manda\u00admiento nuevo que pronunci\u00f3 seguidamente ilumina sus prop\u00f3sitos con claridad meridiana. Por si quedara alguna brizna de duda ah\u00ed est\u00e1 su doctrina sobre lo que debe ser la autoridad en su Iglesia. La idea de ser\u00advicio \u2014diacon\u00eda\u2014 invierte los conceptos de dominio e imperio que tiene de s\u00ed misma la autoridad civil. Estos conceptos entonces indiscuti\u00adbles imposibilitaban la uni\u00f3n afectiva y efectiva entre los de arriba y los de abajo. Con anterioridad hab\u00eda explicado a un doctor de la ley qui\u00e9n es nuestro pr\u00f3jimo en una de las m\u00e1s bellas par\u00e1bolas que salieron de sus labios. En su coloquio con la mujer de Samaria zanj\u00f3 para siempre la pol\u00e9mica escisoria entre samaritanos y jud\u00edos, nacionales y extranjeros. Una sola familia, un s\u00f3lo Padre com\u00fan, un solo alimento fracciona\u00addo hasta la en\u00e9sima part\u00edcula ser\u00eda el resultado feliz de su Redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Que as\u00ed lo entendieron las <em>primeras comunidades <\/em>salta a la vista de la simple lectura de los Hechos de los Ap\u00f3stoles. En este relato pri\u00admitivo se nos presentan reuni\u00e9ndose para la oraci\u00f3n, la palabra y la fracci\u00f3n del pan. Describe San Lucas con trazos seguros las misiones de San Pablo a trav\u00e9s de las principales ciudades de Asia. La fracci\u00f3n del pan pon\u00eda siempre punto final a sus intervenciones. La Didak\u00e9 establece el principio de la comunicaci\u00f3n de bienes diciendo: Si divi\u00addimos y repartimos entre nosotros los bienes celestiales con el pan de la Eucarist\u00eda, \u00bfpor qu\u00e9 no vamos a poner en com\u00fan los bienes terrenos? Efectivamente, las colectas que se hac\u00edan en las antiguas asambleas cristianas ten\u00edan una sola finalidad: la de que compartieran el pan ma\u00adterial y terreno los que compart\u00edan el pan celeste y sacramental. Los cristianos pobres, enfermos, necesitados y peregrinos eran los destina\u00adtarios del dinero recogido en la fracci\u00f3n del pan. La celebraci\u00f3n eucar\u00eds\u00adtica incluso no se consideraba algunas veces leg\u00edtima si no se llevaba a cabo esta muestra externa de uni\u00f3n fraternal, de caridad y de solida\u00adridad.<\/p>\n<p>La participaci\u00f3n de todos en el mismo pan y en el mismo c\u00e1liz da origen a <em>la Koinon\u00eda, <\/em>es decir, a la comunidad. La comuni\u00f3n nos hace sentir las pulsaciones de la sangre com\u00fan, los lazos de un divino parentesco. Ella es la causa de que seamos hijos del mismo Padre, her\u00admanos del mismo Hermano y miembros en el mismo Esp\u00edritu. Somos hermanos de sangre. La Eucarist\u00eda establece en nosotros la m\u00e1s aut\u00e9n\u00adtica fraternidad del mundo, porque los lazos humanos creados por la sangre natural ocupan un nivel ciertamente inferior al de los v\u00ednculos originados por la sangre divina de Cristo.<\/p>\n<p>Partir el pan fue en un principio una tarea f\u00e1cil. Las comunida\u00addes cristianas eran muy reducidas y el n\u00famero de participantes muy pe\u00adque\u00f1o. Cuando vino la conversi\u00f3n masiva del Imperio <em>se fue supri\u00admiendo por razones pr\u00e1cticas. <\/em>Dividir en fragmentos el pan consagrado, distribuirlo, dar a beber las copas de vino sacramental prolongaba de\u00admasiado el tiempo de la asamblea. Qued\u00f3 abolida la comuni\u00f3n bajo la especie de vino. Se opt\u00f3 por llevar al altar el pan ya partido. S\u00f3lo qued\u00f3 el gesto simb\u00f3lico del sacerdote que fragmenta el pan con que \u00e9l va a comulgar. De este modo fue casi desapareciendo un rito crucial y sig\u00adnificativo, querido por Cristo y realizado por los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>En la nueva ordenaci\u00f3n lit\u00fargica asoman sugerencias, se esbozan celebraciones, se apuntan motivos, se autorizan iniciativas, se se\u00f1alan l\u00edmites y se enumeran ocasiones para que lentamente las primitivas pr\u00e1cticas vuelvan a estar en vigor y tengan un puesto en la liturgia. Es muy conveniente cobren, si no evidencia, por lo menos m\u00e1s relieve y claridad a los ojos de los fieles. Por la v\u00eda de los sentidos podemos apro\u00adximarnos m\u00e1s a los profundos hontanares del misterio.<\/p>\n<p>La Eucarist\u00eda es <em>comuni\u00f3n con el Padre <\/em>que nos ha hecho hijos suyos y herederos de sus riquezas. Es prenda de la gloria futura, certificado de las promesas divinas, sello y garant\u00eda de su \u00faltima y definitiva alianza. La fe tiene en este misterio su cimiento m\u00e1s s\u00f3lido y su puntal m\u00e1s firme.<\/p>\n<p>En la <em>comuni\u00f3n con el hijo de Dios. <\/em>Basta leer el discurso de Je\u00ads\u00fas a los jud\u00edos en la sinagoga de Cafarna\u00fan. Es nuestra incorporaci\u00f3n a su vida divina. Es el man\u00e1 de una raza inmortal. Es la roca donde des\u00adcansa nuestra esperanza.<\/p>\n<p>Es la <em>comuni\u00f3n con el Esp\u00edritu Santo, <\/em>alma, motor y gu\u00eda de la Iglesia, inspirador de su santidad, causa de su eterna juventud. Es con la pedagog\u00eda de la tercera Persona como podemos aprender el arte dif\u00ed\u00adcil de amar.<\/p>\n<p>Es la <em>comuni\u00f3n con la Iglesia, <\/em>con nuestros hermanos en la fe, con todos los habitantes del planeta. Nunca es un acto individual. Sus efec\u00adtos no se limitan a la esfera personal; nos pone autom\u00e1ticamente en co\u00adnexi\u00f3n con los grupos humanos m\u00e1s distantes, pero es el grupo a que per\u00adtenecemos el m\u00e1s favorecido por su influjo.<\/p>\n<p>Es la <em>comuni\u00f3n con la sociedad. <\/em>Esta implicaci\u00f3n social de la Eu\u00adcarist\u00eda resulta m\u00e1s patente en las primeras comunidades. Su dimensi\u00f3n, su proyecci\u00f3n civil es tan viva y operante que sorprende al mundo paga\u00adno que las rodea. La comunicaci\u00f3n de bienes arranca de la comuni\u00f3n li\u00adt\u00fargica. La nivelaci\u00f3n social se produce a causa de la ense\u00f1anza de Cris\u00adto sobre la dignidad del pobre y la funci\u00f3n auxiliar de la riqueza.<\/p>\n<p>Dos fuerzas se disputan hoy la construcci\u00f3n de la ciudad terrena: la comuni\u00f3n que hace de todos los hombres hijos de Dios, y el comunismo, que hace de ellos hermanos, pero hu\u00e9rfanos, sin Padre. Con el co\u00admunismo est\u00e1n alineados otros muchos sistemas pol\u00edticos y sociales en cuyos programas Dios brilla por su ausencia. No se puede formar una sola familia de toda la humanidad sin contar con El. Y a Dios s\u00f3lo se va por Cristo. Y Cristo se nos da como pan com\u00fan de todos, como v\u00ednculo de unidad, como signo de amor. Los medios de comunicaci\u00f3n achican en la actualidad todas las distancias, pero nunca han estado los hombres tan separados, tan divididos. Los desniveles sociales causan v\u00e9rtigo. Las luchas raciales enrojecen las calles de las ciudades. La guerra ace\u00adcha en todos los meridianos. Las drogas y el crimen organizado empa\u00f1an las evidentes conquistas de la ciencia y de la t\u00e9cnica. Todos los pobres del mundo se enriquecer\u00edan con los gastos que se invierten en la fabri\u00adcaci\u00f3n de instrumentos b\u00e9licos.<\/p>\n<p>No se puede construir una comunidad, no digo ya cristiana, pero ni siquiera humana, sin una componente vertical. La celebraci\u00f3n eucar\u00eds\u00adtica es \u00abla ra\u00edz y el gozne\u00bb de todo grupo humano. El mundo podr\u00eda quiz\u00e1 prescindir del sol, pero no de la misa. Hay un clamor desesperado de paz, una sed insaciable de armon\u00eda, de convivencia, de fraternidad. El hombre lleva camino de enloquecer con las manos y los ojos clava\u00addos en una meta inalcanzable. La responsabilidad est\u00e1 en los cristianos. Porque si una sola comuni\u00f3n es capaz de salvar al mundo, \u00bfqu\u00e9 cali\u00addad, qu\u00e9 grado de eficacia han tenido hasta ahora tantas comuniones como hemos hecho a lo largo de nuestra vida \u00abpiadosa\u00bb?<\/p>\n<p>Le siguen a la comuni\u00f3n unos instantes de silencio. Es un <em>silencio sagrado lit\u00fargico. <\/em>Los que le ponen la etiqueta de ego\u00edsta no saben lo que dicen. Son unos momentos de reflexi\u00f3n personal, de aislamiento in\u00adterior. Se busca el contacto \u00edntimo con Cristo. Se trata de vivir su amis\u00adtad, de profundizar en la fe, de actualizar la caridad, de practicar la ora\u00adci\u00f3n, de experimentar la presencia real de Cristo. El culto oficial sin vida interior individual es como una pompa de jab\u00f3n irisada, pero hueca. Cierto que es Cristo el que act\u00faa principalmente, pero si los fieles no se apropian esa actuaci\u00f3n, no la asimilan, no se insertan en ella por la fe y el amor personales, es como si no quisieran beber teniendo el agua al borde de los labios&#8230;<\/p>\n<p>El sacerdote se pone en pie. La asamblea le imita. Una oraci\u00f3n final&#8230; Un zumbido confuso de voces que subrayan la petici\u00f3n&#8230; Am\u00e9n&#8230; Un saludo cordial: el Se\u00f1or est\u00e9 con vosotros. La sinton\u00eda de una respuesta un\u00e1nime&#8230; Y con tu esp\u00edritu&#8230; Una cruz trazada con la mano en el aire&#8230; La bendici\u00f3n&#8230; La despedida&#8230; La paz&#8230; El rumor in\u00adconfundible de los que buscan la puerta de salida&#8230; La marea creciente de las conversaciones en el atrio. La calle&#8230; Las exigencias cotidianas del quehacer social&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; COMUNIDAD EUCARISTICA La Eucarist\u00eda es un foco que da luz y sentido a toda la vida cristia\u00adna. 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