{"id":50482,"date":"2011-10-06T03:57:03","date_gmt":"2011-10-06T01:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-penitente-1\/"},"modified":"2011-10-06T03:57:03","modified_gmt":"2011-10-06T01:57:03","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-penitente-1","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-penitente-1\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad penitente (1)"},"content":{"rendered":"<p><em><a><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-47928\" title=\"logohijascaridad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/08\/logohijascaridad.jpg?resize=180%2C191\" alt=\"\" width=\"180\" height=\"191\" \/><\/a><\/em><\/p>\n<p align=\"center\">COMUNIDAD PENITENTE<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>EL PECADO<\/strong><\/p>\n<p>Hablar del pecado es dif\u00edcil porque se trata de una realidad tan cierta como misteriosa. Pero no es, ni mucho menos, ni un mito ni una abstracci\u00f3n ni una conclusi\u00f3n que brota de unas premisas evidentes. No es tampoco una deficiencia sicol\u00f3gica del hombre ni una calumnia que el cristianismo ha levantado gratuitamente contra la bondad cong\u00e9\u00adnita de la naturaleza humana. La existencia del pecado es una verdad de fe, una realidad universal y un misterio impenetrable. Aunque el tema del pecado est\u00e9 \u00edntimamente relacionado con la historia, la filosof\u00eda, la cultura y las ciencias antropol\u00f3gicas, no es principalmente el objeto de su estudio. S\u00f3lo se le puede considerar desde una perspectiva teol\u00f3gica. Y es que el pecado es una religi\u00f3n, pero una religi\u00f3n al rev\u00e9s, pues mien\u00adtras la religi\u00f3n genuina nos liga a Dios y a los bienes trascendentes, \u00e9sta nos ata al mundo y a los bienes terrenos. La gracia y el pecado son la cara y la cruz de la misma moneda, el s\u00ed y el no con que el hombre puede responder a la llamada&#8217;de Dios.<\/p>\n<p><em>Siempre ser\u00e1 un misterio <\/em>que el hombre sea capaz de decir no a Dios. Pero no s\u00f3lo es posible, sino que es demasiado cierto. El pecado invade al mundo. Frente al misterio de la bondad de Dios se levanta el misterio de la maldad humana. Frente a la ternura de un Padre, la ingra\u00adtitud de un hijo. Frente a la misericordia del cielo, la miseria de la tierra. Frente a la infinita anchura del amor, la mezquina cerraz\u00f3n del odio. Frente a unos brazos que se alargan para abrazar, unas espaldas que se vuelven para escapar. Frente al inefable misterio de Cristo, el pavoroso misterio de la iniquidad. Realmente es un misterio por donde quiera que se le mire. \u00abSalgo de este mundo \u2014dec\u00eda Santa Teresa de Avila- sin comprender c\u00f3mo es posible que un hombre corneta un pecado con\u00adtra Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Pero hoy sucede algo mucho m\u00e1s grave y alarmante. <em>El mundo mo\u00adderno ha perdido el sentido del pecado. <\/em>No s\u00f3lo ha perdido el miedo, sino tambi\u00e9n la conciencia y la noci\u00f3n misma de pecado. El pecado no existe ya para la inmensa mayor\u00eda de los hombres. Para algunos es una idea opresiva, esclavizante de la que hay que liberarse para gozar de plena autonom\u00eda y personalidad. Para otros es un sartal de prejuicios heredados, una fuerza represiva, un sentimiento obsesivo que una buena salud mental prescribe eliminar. Para muchos es una simple ligereza, una peque\u00f1a debilidad humana, una exigencia de la juventud y de la vida. Para la mayor parte, lejos de ser una desgracia, es una fuente ina\u00adgotable de felicidad. Hoy se peca igual que ayer. La diferencia est\u00e1 en que ayer al pecado se le llamaba pecado, como al pan, pan y al vino, vino, mientras que hoy se le silencia, se prefiere no hablar de \u00e9l, aun dentro de ciertos cen\u00e1culos cristianos. Fuera, en los dem\u00e1s ambientes, predomina la despreocupaci\u00f3n moral de los actos humanos, se le oculta tras una cortina de humo bienoliente o se le envuelve en un vaho rosado de frivolidad, de buen humor, de indiferencia, cuando no ha desapare\u00adcido totalmente entre los blandos algodones de una ignorancia alegre y confiada. En los mismos c\u00edrculos eclesiales los esfuerzos que se est\u00e1n haciendo par\u00e1 ofrecer a la conciencia cat\u00f3lica una moral renovada, m\u00e1s rica y eficiente, producen simult\u00e1neamente en muchos esp\u00edritus una profunda inseguridad y un indudable desconcierto que desemboca en una indolencia creciente frente al fen\u00f3meno del pecado, indolencia que se ve reflejada en la literatura, en el teatro, en el cine, en el arte, en las costumbres sociales, en todas las manifestaciones externas de la vida actual.<\/p>\n<p>Hist\u00f3ricamente hay que buscar el origen del mal humano en el pecado original. Sin embargo, <em>la causa metaf\u00edsica es mucho m\u00e1s honda. <\/em>El hombre peca porque recibe una naturaleza con g\u00e9rmenes y semillas de pecado. Esto es verdad. Pero tambi\u00e9n lo es que Ad\u00e1n pec\u00f3 sin haber recibido esa herencia nefasta. Y cualquiera de sus descendientes hubiera podido pecar, aunque \u00e9l no hubiera tenido ese tropiezo, aunque hubiera recibido la gracia y los dones sobrenaturales que Ad\u00e1n recibi\u00f3. La raz\u00f3n filos\u00f3fica del pecado no es la naturaleza humana con su fragilidad, su desorden y su desequilibrio actuales. Las posibilidades de pecar van inscritas en lo m\u00e1s \u00edntimo de su constituci\u00f3n, brota de las profundidades del ser humano. Ni las cosas externas ni el demonio mismo pueden obligarle a pecar. La carga nociva de la herencia, las presiones internas, la volubilidad sicol\u00f3gica, el contagio del ambiente y otros muchos facto\u00adres facilitan de hecho los caminos del pecado, pero no nos lo explican con exactitud.<\/p>\n<p><em>Filosof\u00eda. <\/em>La explicaci\u00f3n \u00faltima va unida a la doctrina de la crea\u00adci\u00f3n. Es nuestra condici\u00f3n de seres creados, limitados y contingentes. El pecado es la revelaci\u00f3n de lo precario y provisional de nuestra exis\u00adtencia. Los \u00e1ngeles sucumbieron, pese a ser puros esp\u00edritus y desliga\u00addos, por tanto, de toda presi\u00f3n interna y externa. La raz\u00f3n es la misma: su condici\u00f3n de criaturas libres, capaces de elegir entre el bien y el mal. Y si no pecan los que est\u00e1n en el Reino definitivamente, no es porque no conserven esa facultad radical, sino porque Dios suple con su poder y su gracia la natural imperfecci\u00f3n de su libertad. La libertad es la base de nuestra grandeza y de nuestra miseria. Es la condici\u00f3n sin la cual no podr\u00edamos llegar a ser hijos de Dios y sin la que no podr\u00edamos ser res\u00adponsables de nuestros pecados. Es la ra\u00edz del bien que realizamos y del mal que cometemos. Cierto que no hay libertad para el mal. La libertad perfecta consiste en elegir siempre los medios mejores y m\u00e1s aptos para alcanzar el fm propuesto. Pero nuestra libertad es imperfecta. Es una libertad de criaturas que lleva entra\u00f1ada la posibilidad de optar entre el bien y el mal. No porque apetezcamos el mal directamente, sino por\u00adque vemos en \u00e9l un bien, todo lo fugaz que se quiera, pero un bien que nos proporciona felicidad, siquiera sea moment\u00e1nea. Nuestras faculta\u00addes son limitadas y no captan la verdad en todo su conjunto, no pueden establecer una relaci\u00f3n completa entre los medios y el fm, no poseen toda la luz para escoger siempre e infaliblemente los medios mejores para nuestro fm \u00faltimo.<\/p>\n<p>Y as\u00ed ten\u00eda que ser. La libertad nos era necesaria para que pudiera darse una amistad aut\u00e9ntica entre Dios y el hombre. Por alcanzar este bien tan grande hab\u00eda que correr el riesgo del pecado. Porque el pecado es el reverso de la gracia, de la amistad divina. Nuestro ser creado no hubiera podido soportar una libertad absoluta, infalible y perfecta, como la de Dios. El sab\u00eda que \u00edbamos a abusar de este t\u00edtulo de grandeza, que lo \u00edbamos a utiliar contra El. Pero quiso correr esa aventura, con\u00adsisti\u00f3 en ser rechazado por unos para poder ser elegido libremente por otros.<\/p>\n<p><em>Teolog\u00eda. <\/em>El hombre es el rey de la creaci\u00f3n. Pero es un rey des\u00adtronado. Porque un rey debe poder mandar y debe ser obedecido. Pero ocurre que no sucede as\u00ed. Los instintos se le insolentan como s\u00fabditos rebeldes. Es un juguete indefenso de las fuerzas de la naturaleza. Queda como anonadado ante las distancias colosales de los astros, las proporcio\u00adnes del \u00e1tomo y de la c\u00e9lula y la extensi\u00f3n ilimitada del cosmos. Hay infinidad de cosas que escapan a su control. Sin embargo al principio no fue as\u00ed. En el principio fue la paz. Y el dominio. Y el orden. Y la armon\u00eda. La tentaci\u00f3n empez\u00f3 cuando los hombres se hicieron conscien\u00adtes de las prohibiciones divinas. Lo mismo que ahora. Estamos muy cerca de caer cuando nos empe\u00f1amos en ver en el mal tan solo una prohibici\u00f3n. La rebeld\u00eda aparece entonces como un acto liberador. M\u00e1s que la llamada serena de la verdadera sabidur\u00eda, sentimos la atracci\u00f3n de las cosas prohibidas con su misterio inquietante, con su dulce secreto, con su promesa de felicidad.<\/p>\n<p>El momento de la primera desobediencia debi\u00f3 de ser terrible e indescriptible. La creaci\u00f3n entera tembl\u00f3 desde sus cimientos hasta la cumbre de los cielos. Si el recuerdo amargo de nuestro primer pecado personal nos persigue como una sombra durante tanto tiempo, el primer pecado del mundo qued\u00f3 tan impreso en la conciencia de la humanidad que no es muy dif\u00edcil descubrirlo en la antigua historia de los pueblos. Entre Dios y el hombre se hab\u00eda abierto un abismo, y como consecuencia, estall\u00f3 la guerra dentro del mismo coraz\u00f3n humano, el hombre perdi\u00f3 el dominio y la sumisi\u00f3n de las cosas creadas, se rompieron los lazos que un\u00edan a los hombres y la tierra comenz\u00f3 a empaparse de l\u00e1grimas, de sudor y de sangre. No es tarea f\u00e1cil registrar todos los males que se nos han ido echando encima a partir de aquella ca\u00edda primera. Pero de\u00adbemos tener en cuenta que todas las desgracias del mundo s\u00f3lo son la consecuencia, el reflejo y la suma del pecado que somos y que hay en cada uno de nosotros.<\/p>\n<p>El pecado es una ruptura total y universal. Es una ruptura con Dios como Creador, como Legislador y como Padre. Es tina ruptura con Cristo como Camino, Verdad y Vida; como Mediador, Redentor y Salvador. Es una ruptura con la Iglesia como Madre, como Comuni\u00f3n de caridad y como Instituci\u00f3n. Es una ruptura con toda la comunidad humana, no en la c\u00faspide de sus relaciones externas, sino en la base de sus energ\u00edas y principios unificantes.<\/p>\n<p><em>Sicolog\u00eda. <\/em>Somos herederos de nuestros antepasados. De ellos no s\u00f3lo hemos recibido unos bienes y una cultura, sino tambi\u00e9n un cuer\u00adpo en el que sembraron, como en una parcela de tierra, la m\u00e1s confusa <em>variedad de g\u00e9rmenes. <\/em>Si nos ponemos a escuchar las voces que suben de lo m\u00e1s profundo de nuestro ser, oiremos el clamor de la venganza, el grito de la lujuria y el ruido de la org\u00eda que reson\u00f3 hace siglos. Las semi\u00adllas de perdici\u00f3n que han ido cayendo a trav\u00e9s de sucesivas generaciones han llegado hasta nosotros y est\u00e1n esperando \u00fanicamente las condicio\u00adnes favorables para brotar. Somos el resultado bueno o malo de una larga colaboraci\u00f3n. Las disposiciones org\u00e1nicas que nuestros padres nos han transmitido ejercen una marcada influencia sobre nuestro esp\u00edritu. \u00abCada uno de nosotros \u2014dec\u00eda Unamuno\u2014 lleva toda una humanidad dentro de s\u00ed: lleva a Ad\u00e1n y a Eva, a Ca\u00edn y a Abel, a Jacob y a Esa\u00fa, a Judas y a Cristo&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Es preciso que durante mucho tiempo vaya el agua por los mismos cauces para que se formen los r\u00edos. Cuando nuestros pecados se han ido sumando en el mismo sentido, se forma <em>la costumbre. <\/em>La costumbre es una ley de inercia que empuja en el mismo sentido de la marcha. Gota a gota el agua de la culpa ha conseguido agujerear la roca de la voluntad. Poco a poco, se ha ido formando la cadena de la propia esclavitud. La libertad de elecci\u00f3n, el esfuerzo, la tenacidad, la victoria sobre las dificultades se han ido desmenuzando entre los dedos de la costumbre, como granos de arena. Cuando uno quiere volver atr\u00e1s ya no puede. Hay demasiada fuerza acumulada. Se ha creado una segunda naturaleza a la que no se puede doblegar tan f\u00e1cilmente. El deslizamiento se veri\u00adfica como sobre un tobog\u00e1n liso. Uno se acostumbra al pecado como se acostumbra a una enfermedad o a la miseria. Se establece una secreta afinidad con ese nuevo mundo descubierto. Parec\u00eda que se hab\u00eda conquis\u00adtado el universo en la m\u00e1s grandiosa aventura y sucede exactamente todo lo contrario: son las cosas las que se han apoderado del hombre.<\/p>\n<p>Dios est\u00e1 presente en su creaci\u00f3n. Todas las cosas hacen referencia clar\u00edsima a su Creador como las huellas que alguien ha dejado a su paso en el camino, como las obras de arte en que se ha reflejado el genio. Pero el hombre no capta esa relaci\u00f3n. Debiera recoger, interpre\u00adtar y transmitir la gloria que canta a Dios el cosmos. Pero se queda en la superficie sin buscar su origen. Le basta esto para apagar su sed. El limita con el mundo a trav\u00e9s de sus sentidos. <em>Dios no es m\u00e1s que una no\u00adci\u00f3n abstracta <\/em>e indefinida, algo lejano y muerto que nada dice al yo profunda, ansioso de felicidad. En cambio las cosas de la tierra est\u00e1n siempre presentes. Le basta alargar su mano para coger sus frutos. Se necesita el hero\u00edsmo de la santidad para renunciar a la dicha presente en favor de una felicidad problem\u00e1tica, lejana, futura&#8230;<\/p>\n<p>Pero el pecado no est\u00e1 en las cosas, sino en el hombre mismo. Es tal vez su certeza de ser perdonado lo que le hace dormir c\u00f3modamente en el lecho de la culpa; es <em>su pasi\u00f3n <\/em>que despierta, provocada por los ob\u00adjetos que le atraen irresistiblemente; son sus ojos los que se enturbian y ven la verdad empeque\u00f1ecida y difuminada; es su sensibilidad que recibe las impresiones de los objetos y los presenta a la raz\u00f3n metidos en la horma de sus conveniencias; es su imaginaci\u00f3n que los viste y colo\u00adrea a su gusto; es su inteligencia que s\u00f3lo puede contemplar los aspectos parciales de la verdad moral puesto que la verdad absoluta es inaprehen\u00adsible para ella y una verdad a medias es de lo m\u00e1s enga\u00f1oso; es su vo\u00adluntad que opta por el pecado seducida por el color dorado y el sabor de la miel de que, de ley ordinaria, viene cubierto.<\/p>\n<p><em>Cosmolog\u00eda. <\/em>Las cosas son un reflejo de la hermosura de Dios, una alabanza de su gloria y una participaci\u00f3n de su bondad. Ellas esperan cumplir su elevado destino en el hombre y por el hombre. El pecado frustra este anhelo universal. Cuando se comete se extiende sobre la creaci\u00f3n entera un manto de tristeza, un gran dolor contenido. Es San Pablo el que nos ense\u00f1a la dimensi\u00f3n c\u00f3smica que tiene el pecado. Nunca se sabe hasta d\u00f3nde pueden llegar los efectos devastadores del mal per\u00adpetrado por el ser humano. Es como una piedra que cae sobre las tersas aguas del universo. Las grandes o leves ondulaciones que produce avan\u00adzan hasta la eternidad y salpican al mismo Dios. Todo se estremece con la explosi\u00f3n. Todo queda empa\u00f1ado y obscurecido al recibir el impacto de cualquier pecado. Hasta el d\u00eda del juicio no se sabr\u00e1n ni las dimensio\u00adnes de una sola culpa, ni el balance de las p\u00e9rdidas que ocasion\u00f3 ni el alcance de los bienes de que priv\u00f3 al mundo. Los beneficios que Dios hab\u00eda vinculado a una victoria que no se consigui\u00f3; lo que pudo haber sido y por culpa nuestra no ser\u00e1 ya jam\u00e1s; el ideal que Dios hab\u00eda so\u00ad\u00f1ado, frustrado para siempre&#8230;<\/p>\n<p><em>Sociolog\u00eda. <\/em>As\u00ed como hay una comunicaci\u00f3n de bienes en el mundo de la gracia y de la santidad hay tambi\u00e9n una participaci\u00f3n en el mal del mundo del pecado. Todos los hombres pagan las consecuencias de un solo pecado. \u00abPor eso est\u00e1 de luto el pa\u00eds \u2014dice el profeta Am\u00f3s\u2014 por\u00adque hay en \u00e9l un grupo de hombres que mienten, perjuran, roban, adul\u00adteran y matan\u00bb. \u00abHab\u00e9is de saber \u2014afirma un novelista ruso, Tolstoi\u00adque cada uno de nosotros es culpable por todos ,.y de todos en la tierra.\u00bb El pecado se extiende por toda la superficie del globo como una enfer\u00admedad contagiosa. La atm\u00f3sfera que respiramos est\u00e1 tambi\u00e9n moral\u00admente contaminada. Contiene g\u00e9rmenes de muerte contra los que es pre\u00adciso inmunizarse con los antibi\u00f3ticos espirituales que s\u00f3lo se distribu\u00adyen .en la Iglesia. Un pecado es una cat\u00e1strofe mundial. La humanidad sufre con \u00e9l un enorme desgaste. La Iglesia universal presenta a Dios un semblante lloroso. Lo afirma Cristo. Porque si los \u00e1ngeles festejan la conversi\u00f3n de un pecador es se\u00f1al inequ\u00edvoca de que tambi\u00e9n lloraron su pecado con anterioridad.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>DIMENSION PENITENCIAL DE LA VIDA. CRISTIANA<\/strong><\/p>\n<p>Todo esto es un gran misterio. Tambi\u00e9n lo es la repercusi\u00f3n uni\u00adversal que tiene la penitencia. Cuando un pecador la hace, como aca\u00adbamos de ver, parece que el mundo sigue su ritmo normal y, sin embargo todo ha cambiado, m\u00e1s all\u00e1 del alcance de nuestros sentidos. En el cielo hay m\u00e1s gozo. En el cosmos m\u00e1s armon\u00eda. El Reino de Dios ha adelan\u00adtado sus fronteras. La penitencia es al pecado lo que el sol a la noche, la paz a la guerra, la vida a la muerte, la creaci\u00f3n a la nada. La pe\u00adnitencia recorre todos los caminos del pecado, pero al rev\u00e9s. Es la salud que sigue a la enfermedad, es la cordura que sustituye a la demencia, es la reconciliaci\u00f3n que borra la perfidia cometida. Es el retorno del exi\u00adlio, <em>el regreso al hogar abandonado, <\/em>la vuelta a la antigua amistad. Es la pena de la ofensa, el gozo del encuentro, la alegr\u00eda del perd\u00f3n. Es una obra que nadie puede hacer por nosotros, la \u00fanica obra de arte per\u00admitida a los que no somos artistas. Convertirse no es tan f\u00e1cil como pecar, pero es una hermosa gesta de la que son capaces todos los peca\u00addores. Porque si todo santo es un pecador en potencia, todo pecador es un santo en perspectiva. La conversi\u00f3n es una inocencia recuperada, un trampol\u00edn para encaramarse en las cimas de un amor que se perdi\u00f3 y se quiere recuperar.<\/p>\n<p><em>La penitencia consiste <\/em>en eliminar todos los obst\u00e1culos que nos impiden alcanzar el ideal que Dios nos ha marcado. Sus dos aspectos saltan a la vista: El aspecto negativo que hace borr\u00f3n y cuenta nueva del pecado y de todo cuanto a \u00e9l puede conducir; y el aspecto positivo que restablece, incrementa y depura gradualmente nuestras relaciones con Dios, configur\u00e1ndonos con la persona de Cristo, modelo divino de nuestra perfecci\u00f3n humana. No se trata de un doble esfuerzo, sino de una labor \u00fanica, dura, ascendente e ininterrumpida que produce simult\u00e1neamente los dos efectos descritos. En este forcejeo el cristiano ha de estar inmunizado contra el desaliento porque ni podr\u00e1 perder de vista nunca el punto de partida que es el pecado ni le ser\u00e1 posible vislumbrar mientras viva el punto de llegada que es Dios.<\/p>\n<p><em>La conversi\u00f3n de Dios al hombre. <\/em>Es la raz\u00f3n, la explicaci\u00f3n, el tipo y el modelo de la conversi\u00f3n del hombre a Dios. La Sagrada Escri\u00adtura nos le presenta siempre al lado de su pueblo, fiel a sus promesas, atento a la protecci\u00f3n y a la defensa, generoso en los favores y pr\u00f3digo en las amenazas. Los castigos que le enviaba estaban inspirados por el amor. De El parten todas las iniciativas indefectiblemente. Las traiciones del pueblo no quiebran su fidelidad. Las conversiones espor\u00e1dicas que se producen le roban el coraz\u00f3n que se vuelca en bienes materiales, portentos y milagros. El mismo compara el amor que le profesa al de un padre que ha estrenado su paternidad con un hijo lleno de encanto; al de un esposo encari\u00f1ado con su mujer, al de un novio enamorado de la que va a ser su esposa; al del due\u00f1o de una vi\u00f1a est\u00e9ril que se torn\u00f3 feraz merced a sus constantes esfuerzos. \u00abHago contigo este pacto \u2014le dice al pueblo escogido\u2014 establezco entre nosotros esta alianza, no porque t\u00fa seas grande y valioso, porque resulta que no lo eres, porque eres el pueblo m\u00e1s peque\u00f1o y pobre de la tierra; he pactado contigo porque te he amado, te amo y te amar\u00e9&#8230; convi\u00e9rtete y vu\u00e9lvete a m\u00ed, como yo estoy vuelto y convertido a ti \u00ab&#8230; Conversi\u00f3n es la palabra que sale sin cesar de la boca de los profetas, despertadores de las conciencias, reveladores de los pecados secretos, pregoneros de los pecados p\u00fablicos, denunciadores de los reyes y de los poderosos de la tierra, defensores de los pobres, de los sencillos, de los humildes. La conversi\u00f3n que exigen estos hombres de Dios es el abandono del pecado, la vuelta a la ley y a los compromisos contra\u00eddos con Yaveh, no con el mero culto exter\u00adno, ni con disimulos e hipocres\u00edas, sino sinceramente, constantemente, colectivamente.<\/p>\n<p>El grito prof\u00e9tico de los nuevos mensajeros de la Alianza tiene las mismas vibraciones en la estridente \u00e1gora del mundo moderno. La proclamaci\u00f3n de la palabra tiene un trasfondo penitencial. El viejo estribillo: convert\u00edos, haced penitencia&#8230; va dirigido a todos, a los jus\u00adtos que se creen pecadores y a los pecadores que se creen justos; al \u00abrebelde Efra\u00edn que no sabe colocarse en la matriz\u00bb y al pobre incons\u00adciente que adolece de los mismos defectos que deplora en los dem\u00e1s. La palabra de Dios sigue siendo veh\u00edculo de conversi\u00f3n porque es el espejo en que vemos la fea catadura del pecado, porque tiene poder para triun\u00adfar de nuestras resistencias sicol\u00f3gicas, para derribar nuestras defensas interiores, para abatir nuestro orgullo y hacernos sentir la nostalgia de aquellos d\u00edas felices que precedieron a la primera culpa. Algo de m\u00ed queda en vosotros cuando me acab\u00e1is de o\u00edr \u2014dec\u00eda San Gregorio a sus oyentes\u2014. Si esto sucede con el int\u00e9rprete, cu\u00e1nto m\u00e1s con Dios que es el que habla por su boca.<\/p>\n<p><em>La Encarnaci\u00f3n, <\/em>m\u00e1s que una conversi\u00f3n de Dios al hombre, es una conversi\u00f3n de Dios en el hombre. Dios se convierte en hombre para que el hombre se convierta en Dios. Lo que parece un absurdo es una realidad tan aut\u00e9ntica como incomprensible. Cristo se hizo pe\u00adcado para destruirle con su muerte y resurrecci\u00f3n demoliendo as\u00ed el muro que le separaba del hombre. En adelante el papel del cristiano con\u00adsiste solamente en aportar su esfuerzo personal a la obra de Cristo para obtener en s\u00ed mismo el triunfo que El obtuvo sobre toda la huma\u00adnidad. Sin Cristo muy poco o nada habr\u00e1 que hacer. \u00abEl hombre es ra\u00addicalmente impotente para dominar con eficacia los ataques del mal. Durante mucho tiempo se sent\u00eda aherrojado entre cadenas. Pero el Se\u00f1or vino en Persona para liberarle y vigorizarle, para renovarle interior\u00admente expulsando al pr\u00edncipe de este mundo.\u00bb (Gaudium et Spes.)<\/p>\n<p>Cristo vino a salvar a los pecadores. Mostr\u00f3 por ellos una predilec\u00adci\u00f3n que lleg\u00f3 a escandalizar. Se dir\u00eda que no ten\u00eda m\u00e1s que una ob\u00adsesi\u00f3n: arrancarlos del poder\u00edo del pecado.<\/p>\n<p><em>Predic\u00f3 la penitencia. <\/em>La elev\u00f3 a la categor\u00eda de. sacramento. La exigi\u00f3 como pasaporte para entrar en su Reino. Hizo el paneg\u00edrico de su austero Precursor y ratific\u00f3 su severa doctrina penitencial. Abri\u00f3 nuevos caminos y descubri\u00f3 nuevas motivaciones muy superiores a las antiguas. Ense\u00f1\u00f3 en t\u00e9rminos hasta entonces inconcebibles la doctrina de la bondad de Dios, de su misericordia para con los pecadores arre\u00adpentidos. Las par\u00e1bolas de la misericordia son algo \u00fanico en la litera\u00adtura universal. El coraz\u00f3n de Dios y el coraz\u00f3n humano aparecen en ellas en todas sus dimensiones. Los pecadores, sin excepci\u00f3n, en\u00adcontraron siempre sus brazos abiertos, su sonrisa compasiva, su pala\u00adbra indulgente. Fue un enemigo declarado del pecado y un amigo incon\u00addicional del pecador sincero. S\u00f3lo le repugnaba la presencia de los hi\u00adp\u00f3critas.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s que con las palabras de sus labios, fue con los hechos de su vida como sali\u00f3 victorioso del pecado. <em>Vida penitente: <\/em>no tengo d\u00f3nde reclinar la cabeza. Vida inocente: \u00bfqui\u00e9n de vosotros me arg\u00fcir\u00e1 de pecado? Vida obediente al Padre, a la vieja Alianza, a la ley civil del invasor. Vida mortificada, combatida, crucificada. Vida arrebatada vio\u00adlentamente por la muerte. Vida recuperada en la ma\u00f1ana de Pascua. Si la penitencia cristiana no est\u00e1 calcada sobre la de Cristo no ser\u00e1 ni penitencia ni cristiana. Por otra parte, el bautismo nos ha sepultado en la muerte de Cristo. Su lucha es nuestra lucha. Su muerte es nuestra muerte. La diferencia est\u00e1 en que El muri\u00f3 por el pecado y nosotros morimos al pecado. El ya no puede morir. Nosotros no podemos pecar. O mejor, no podemos dejar de luchar contra el pecado. La penitencia de Cristo consisti\u00f3 en que quiso ser v\u00edctima de los pecados de la huma\u00adnidad. Nuestra penitencia consistir\u00e1 en el esfuerzo para no ser v\u00edctimas de nuestros pecados personales, en no hacer a nuestros hermanos v\u00edcti\u00admas de nuestros propios pecados, en evitar que el hombre sea v\u00edctima de los pecados de otro hombre. S\u00f3lo as\u00ed estaremos tambi\u00e9n asociados a su vida pascual resucitando con El para la gloria del Padre.<\/p>\n<p><em>La penitencia cristiana no es <\/em>una acci\u00f3n punitiva por la que nos libramos de la conciencia de culpabilidad. Es un proceso personal por el que pasamos de la vida de pecadores a la vida nueva y justa del Reino. La fe, al descubrirnos la santidad de Dios, nos hace ver de rebote nues\u00adtra condici\u00f3n de pecadores. El que cree reconoce en su mismo acto de fe su maldad radical. Este reconocimiento es esencial para entrar y per\u00admanecer en el Reino. El Reino de Dios se realiza concretamente en la vida de Jes\u00fas. El es el primero que da una existencia mundana a esta vida nueva y gloriosa. En realiad El es el Reino mismo de Dios. Lo ha inaugurado con su muerte y resurrecci\u00f3n. La muerte de Cristo, como hemos dicho, es la suprema y definitiva penitencia. Es su vuelta, su conversi\u00f3n al Padre. Es una penitencia que, siendo suya, es a la vez nuestra, universal, revelaci\u00f3n y fuente de la penitencia que ha de practicar toda la humanidad. El deber de sus seguidores es asimilarla, reprodu\u00adcirla, proyectarla y prolongarla en su vida privada y colectiva. Fue el bautismo, repetimos, el que no s\u00f3lo nos perdon\u00f3 los pecados y nos infun\u00addi\u00f3 la gracia, sino que nos sumergi\u00f3 tambi\u00e9n en la vida penitente de Cris\u00adto. La vida bautismal es por tanto sin\u00f3nima de vida penitente. Un bautizado es un penitente perpetuo porque vive en funci\u00f3n de la santi\u00addad de Jes\u00fas y lucha contra un enemigo, el pecado, del que no podr\u00e1 estar totalmente libre mientras viva en este mundo.<\/p>\n<p>La gracia, la justicia, la caridad son tres palabras, pero una sola realidad divina que recibimos en el momento en que somos perdonados y justificados. Pero a menudo nos olvidamos de pensar en su <em>absoluta gratuidad. <\/em>Es preciso recordar que no solamente es un don gratuito o infuso en el momento inicial, sino tambi\u00e9n a lo largo de su desarrollo y en la misma meta de su consumaci\u00f3n. Si vivimos plenamente conscien\u00adtes de que nada merecemos, de que todo se nos da gratuitamente, tene\u00admos que reconocer con toda verdad y sinceridad que somos siempre injustos y pecadores, que nada bueno sale de nosotros mismos, que so\u00admos pobres de solemnidad, que, lleguemos a donde lleguemos, parti\u00admos desde cero, y que al avanzar lo hacemos pese a nuestra condici\u00f3n radical de miseria y de pecado. Esta es una verdad cat\u00f3lica. Pero esta doctrina, si bien se mira, no tiene nada de pesimista o de humillante para la naturaleza humana. Por el contrario; bien entendida, nos lanza a velas desplegadas a buscar en Cristo, nuestro suplemento, despierta todas las posibilidades de nuestra voluntad y hace funcionar a tope todas las energ\u00edas latentes de las dem\u00e1s facultades. Las dos frases: \u00absin m\u00ed nada pod\u00e9is hacer\u00bb, y: \u00abtodo lo puedo en aquel que me conforta&#8230;\u00bb se compaginan y se complementan a las mil maravillas.<\/p>\n<p>La penitencia cristiana tiene un <em>sello teologal. <\/em>Creer en Dios y en su enviado, Jesucristo, es reconocerse pecador. Esperar en El es consi\u00adderarse mendigo total. Amarle supone confesar abiertamente lo ruin que es siempre el amor que se le profesa. Es partir del convencimiento de que no se quiere lo suficiente ni a Dios ni al pr\u00f3jimo. Es vivir en la persuasi\u00f3n de no estar am\u00e1ndolos lo bastante. Es adoptar una actitud de humildad, como quien pide perd\u00f3n por no amarlos como ser\u00eda ne\u00adcesario y como ellos se merecen. Es sentir pena por esa falta de amor. Es vivir, por lo mismo, en un constante arrepentimiento y en una volun\u00adtad indesmayable de subsanar deficiencias y mejorar disposiciones. El \u00fanico modo de amar a Dios y al pr\u00f3jimo es persuadirse de que todo lo que se hace es poco para lo que debiera ser. El amor aut\u00e9ntico es anhe\u00adlante, insatisfecho, inconformista. Vivir en la creencia de estar haci\u00e9ndolo todo bien es sustituir el amor de Dios por una larvada complacencia en el propio modo de proceder. El \u00fanico amor posible es el amor arre\u00adpentido, el amor penitente.<\/p>\n<p>La condici\u00f3n neur\u00f3tica de algunos cristianos y la deformaci\u00f3n doc\u00adtrinal que ciertos pastores han sufrido han sido parte para que se desa\u00adrrollara en el pueblo la idea inquietante y angustiosa de la penitencia La penitencia cristiana es una <em>penitencia alegre <\/em>porque es una penitencia pascual. No crea ning\u00fan tipo de angustia o de ansiedad, sino en las natu\u00adralezas predispuestas. Las verdades que le sirven de base son optimis\u00adtas. S\u00f3lo inspiran confianza y seguridad. Pero si nos empe\u00f1amos en pre\u00adsentar a Dios casi exclusivamente como juez fr\u00edo e imparcial, que salva a los buenos y castiga a los malos, la penitencia dejar\u00e1 de ser una res\u00adpuesta de amor a un Dios Salvador y se convierte fatalmente en un sis\u00adtema r\u00edgido de evitar a toda costa la condenaci\u00f3n. La situamos en un mar\u00adco de temor, en vez de encuadrarla en una perspectiva de amor. Surge entonces la inseguridad, el miedo, la incertidumbre del perd\u00f3n, la in\u00adquietud frente al problema de la salvaci\u00f3n. La penitencia no se inspira primordialmente en el temor de condenarse, sino en el amor a un Dios que nos ha amado primero, en el amor a unos seres humanos a quienes ha hecho hijos suyos y hermanos nuestros. Lo \u00fanico que lamenta\u00admos es que nuestro amor sea tan escaso y pobre, pero, por eso mismo, les pedimos perd\u00f3n. Entre las mil maneras de solicitar que nos perdo\u00adnen, destaca la forma sacramental. En este encuentro con Dios y con nuestros hermanos somos perdonados en la medida en que nosotros perdonamos.<\/p>\n<p>La conversi\u00f3n cristiana tiene una <em>vertiente eclesial y comunitaria. <\/em>Hoy se insiste mucho en esta dimensi\u00f3n penitencial. Es lo que le im\u00adprime car\u00e1cter de autenticidad. Es l\u00f3gico que as\u00ed sea. Si somos solida\u00adrios en el pecado es preciso que lo seamos tambi\u00e9n en la penitencia. Por otra parte, entrar en el Reino es tanto como recibir el esp\u00edritu de Cristo. Tener el esp\u00edritu de Cristo es vivir como El en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, amarlos y salvarlos como El. A simple vista, ellos no merecen tal grado de amor por nuestra parte. Pero la medida del amor a nuestros pr\u00f3jimos no nos la dan ellos, sino Dios, que los ama gratuita e infinita\u00admente, seg\u00fan lo ha manifestado en su Hijo. El cristiano tiene que vivir la fraternidad universal en la certeza y en el dolor de no amar con la se\u00adriedad, la profundidad y la generosidad que le impone la fe. Si cree que ama a sus semejantes como debe, deja autom\u00e1ticamente de ser cristiano. Tiene que reconocer que es injusto por no amarlos como Cris\u00adto los ama. Tiene que confesar cale, pese a su buena voluntad, sus re\u00adlaciones humanas siguen teniendo una buena carga de soberbia, amor propio y autosuficiencia. En consecuencia, guardar\u00e1 siempre una ac\u00adtitud de humildad, de excusa, de perd\u00f3n; tendr\u00e1 que ser sumamente indulgente en todos los casos y en todas las cosas y tratar\u00e1 de hacer su amor gradualmente m\u00e1s efectivo, m\u00e1s desinteresado y menos ego\u00eds\u00adta. En la Iglesia todos estamos en deuda con todos. Todos necesitamos perdonar a todos y ser perdonados por todos. Pretender convertirse a Dios sin convertirse al pr\u00f3jimo es un contrasentido, un enga\u00f1o, una ilusi\u00f3n. Y no falta quien diga que es tambi\u00e9n un crimen y una apostas\u00eda. Afirmaci\u00f3n demasiado fuerte, pero que cuenta con un s\u00f3lido fundamento b\u00edblico.<\/p>\n<p>Como una faceta que es de la vida cristiana, la penitencia reviste as\u00ed mismo un <em>matiz escatol\u00f3gico. <\/em>Su objetivo apunta a una diana que parece inalcanzable: hacer presentes en este mundo las relaciones con Dios y con nuestros hermanos tal y como ser\u00e1n en el Reino definitivo; poner un enclave de la ciudad celeste dentro de las fronteras de la ciudad secular. Es todo un programa, un ideal divino. Ya se sabe que el ideal dice relaci\u00f3n con las aspiraciones, pero no siempre guardan proporci\u00f3n con las realizaciones. Nuestro punto de mira est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de las estre\u00adllas, pero nuestros pasos son vacilantes, lentos. A menudo se producen resbalones, ca\u00eddas. Nos erguimos de nuevo y reanudamos nuestro avan\u00adce con fuerza renovada deseando coronar nuevas metas. Mientras viva\u00admos nunca podremos ajustamos exactamente al patr\u00f3n divino. La vuel\u00adta total a Dios y a la comunidad humana implica salir de este mundo, nacer otra vez y revestimos de inmortalidad.<\/p>\n<p>Para ser completa y sincera nuestra penitencia no basta su interio\u00adridad, tiene que <em>expresarse en un plano exterior. <\/em>Nuestra contextura sicosom\u00e1tica, nuestro car\u00e1cter social y las relaciones con nuestro grupo peculiar exigen la manifestaci\u00f3n de nuestro esp\u00edritu de penitencia. Las normas de caridad que Cristo nos dej\u00f3 en testamento son su mejor ex\u00adpresi\u00f3n. La mortificaci\u00f3n es hoy una moneda depreciada. Es preciso, sin embargo, quitarle la herrumbre de la rutina, la p\u00e1tina de los prejui\u00adcios, el moho que toma su cara ingrata, y as\u00ed, bru\u00f1ida y abrillantada, po\u00adnerla de nuevo en circulaci\u00f3n. Hay formas tradicionales de penitencia que conviene remozar y revalorizar. Algo as\u00ed como meter el vino a\u00f1ejo en odres nuevos. Otras muchas pr\u00e1cticas penitenciales ser\u00e1n sugeridas por el amor. El ingenio y la iniciativa de cada cristiano pueden poblar de rosas el desierto del mundo, como Cristo el de la Cuarentena. Las celebraciones comunitarias ocupan un lugar de privilegio. Pero las que van en vanguardia son las formas lit\u00fargicas y sacramentales, ya que son los cauces oficiales abiertos por Cristo en su Iglesia por donde, de ordinario, fluye la corriente de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>DIMENSION PENITENCIAL DE LA VIDA CONSAGRADA<\/strong><\/p>\n<p>El aspecto penitencial de la vida consagrada est\u00e1 dise\u00f1ado de mano maestra en el decreto del Concilio Vaticano II, \u00abPerfectae Charit atis\u00bb, sobre la renovaci\u00f3n de la vida religiosa. He aqu\u00ed una selecta anto\u00adlog\u00eda de criterios conciliares. A primera vista son la corona de espinas de la mujer consagrada, pero en realidad son un manojo de rosas pe\u00adrennes. A juicio de la Iglesia las mujeres elegidas por Dios:<\/p>\n<p><em>\u00abHan muerto al pecado&#8230;\u00bb <\/em>Han muerto dos veces: por el bautis\u00admo y por la profesi\u00f3n. Mejor podr\u00eda decirse que han rematado un ca\u00add\u00e1ver. Pero este cad\u00e1ver es extra\u00f1o y desconcertante porque, pese a to\u00addos los golpes que recibe, sigue gozando de buena salud. El pecado re\u00adverdece en cada primavera. Sus ra\u00edces son demasiado profundas para que alguna piense arrancarlas de cuajo. Todos los d\u00edas amanecer\u00e1 sorprendida al verlas reto\u00f1ar en unos brotes vigorosos. Y todos los d\u00edas se ver\u00e1 obligada a comenzar la labor de poda y de limpieza. El pecado es un carcelero que guarda bien a sus presos. Estos son todos los hombres y mujeres del mundo. Est\u00e1n condenados a cadena perpetua. No hay am\u00adnist\u00eda de ning\u00fan g\u00e9nero. La vida consagrada es un continuo forcejeo liberador. Dicen que es un para\u00edso. Tal vez lo sea en alg\u00fan sentido. Pero tambi\u00e9n en este para\u00edso contin\u00faa haciendo sus v\u00edctimas la serpiente. Cada pecado de estas mujeres es para el mundo una alegr\u00eda que se pierde, una columna que se desploma, una estrella que se apaga. La diferencia entre los pecados de las personas consagradas y los de las seglares es que las primeras luchan m\u00e1s, caen menos y se levantan siempre, mientras las segundas luchan menos, caen m\u00e1s y se levantan tarde o no se levan\u00adtan nunca.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Renuncian al mundo&#8230;\u00bb <\/em>Sin embargo le aman tanto que le quieren salvar al precio de su vida. Y es que para amar al mundo todo cuanto deben, comienzan por renunciar a \u00e9l todo cuanto pueden. S\u00f3lo a partir de una renuncia total del mundo afectiva y efectivamente tiene valor y eficacia el testimonio y el apostolado. Una actitud ambigua, fr\u00edvola, es una traici\u00f3n que se comete contra ese mismo mundo al que se dice querer salvar. Por eso lo que es leg\u00edtimo para una mujer seglar tal vez no lo sea para una mujer consagrada. Si \u00e9sta se pone en el plan de no querer privarse de lo que es l\u00edcito nunca estar\u00e1 segura de saber evi\u00adtar todo lo prohibido. La que no se doblega al yugo del sacrificio muy pronto se inclinar\u00e1 bajo el yugo del vicio: Entre el mundo del pecado y el de la gracia media un espacio inmensurable poblado de peque\u00f1as debilidades, transacciones y condescendencias. El paso se verifica casi insensiblemente.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Profesan los consejos evang\u00e9licos&#8230;\u00bb <\/em>Cuando todav\u00eda no es\u00adtaba definida y sistematizada la vida religiosa como en la actualidad, en algunas comunidades primitivas se utilizaba para el acto de incor\u00adporaci\u00f3n de un nuevo miembro esta brev\u00edsima f\u00f3rmula: \u00abPromitto conversionem\u00bb (prometo mi conversi\u00f3n), hago voto de convertirme a Dios dentro de la comunidad. Las dos citadas palabras latinas son un verdadero resumen, un aut\u00e9ntico comprimido de los ingredientes ne\u00adcesarios para la vida religiosa. Contienen en esencia todo lo que expre\u00adsan las f\u00f3rmulas largas y explicativas que hoy suelen emplearse en todos los institutos. Encierran, como en un breve estuche, toda la teolo\u00adg\u00eda, la moral y la pastoral de la vida religiosa. Volver a Dios, convertirse a Dios y al pr\u00f3jimo de un modo progresivo y ascendente es el objetivo de sus votos, la meta de sus reglas y el n\u00facleo de su ascesis.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;<em>Viven para Dios&#8230;\u00bb <\/em>\u00ab&#8230;Le buscan ante todo y \u00fanicamente&#8230;\u00bb, \u00ab&#8230;Le aman sobre todas las cosas porque El las am\u00f3 primero&#8230;\u00bb, \u00ab&#8230;Se adhieren a El con la mente y el coraz\u00f3n\u00bb. No creen en un Dios que ponga una luz roja en las alegr\u00edas humanas, en un Dios que esterili\u00adce la raz\u00f3n, que mate la afectividad, que exija siempre y a todos un diez en los ex\u00e1menes. Creen en un ser que es amor por esencia y definici\u00f3n, que las ama incomprensiblemente, que absorbe centr\u00edpetamente todas sus energ\u00edas, que les ha hecho saber los hermosos proyectos que ha for\u00admado para cada una. Han comprendido que la vida se les ha dado para buscarlo, la muerte se les dar\u00e1 para encontrarlo y la eternidad se les otorgar\u00e1 para poseerlo. Se han jugado la existencia a un embite absur\u00addo: al amor de un Ser invisible e inaprensible. Mientras los sabios ha\u00adblan de Dios, ellas, m\u00e1s sabias a\u00fan, lo viven. Sus manos no derrama\u00adr\u00edan la salvaci\u00f3n sobre la tierra si no tuvieran sus ojos, para obtenerla, clavados con avidez en el cristal del cielo. En el principio fue el amor quien traz\u00f3 la l\u00ednea vertical. Despu\u00e9s ellas por su cuenta la atravesaron-con un trazo horizontal. Y as\u00ed empez\u00f3 y contin\u00faa la relaci\u00f3n Dios hombre, la cruz y la gloria de su vida.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Lo dejan todo por Cristo&#8230;\u00bb <\/em>Lo que importa no es lo que se deja, poco o mucho, pobre o valioso, sino el motivo, el grado de amor con que se deja. Cada una tuvo conciencia de que ella era alguien para El; entonces El empez\u00f3 a ser tambi\u00e9n Alguien para ella. M\u00e1s tarde supo de El por experiencia m\u00e1s que los te\u00f3logos por sus estudios. Redescubrirle y optar por El, apostarlo todo por El fue algo tan sencillo como l\u00f3gico. Desde entonces Cristo ha sido el equilibrio de su mundo afectivo, el amigo seguro de las horas inseguras. Al decir que le han amado que\u00adremos decir que le han preferido. Pero hay que notar tambi\u00e9n que cuando se habla de preferencias se deja entender que ha habido dudas, combates, desgarrones de la propia vida. Se ha jugado el todo por el todo, pero no tan impunemente como algunas gentes est\u00e1n inclinadas a pensar.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Le siguen como la \u00fanica cosa necesaria&#8230;\u00bb <\/em>Ponen los pies so\u00adbre sus huellas. Le imitan, le copian, le reproducen, le prolongan en su propia vida. Vida de martirio y de cruz, de rechazo y soledad, de sufri\u00admiento y desamparo. Vida de pobreza radical, de amor virginal, de obediencia absoluta. Despu\u00e9s de encontrarse con El hubiera sido un absurdo llevar una vida burguesa. No tiene nada de c\u00f3moda, es cierto, pero tampoco tiene nada de triste. El ocaso rojo de la muerte al que si\u00adgue el amanecer de Pascua de Resurrecci\u00f3n termina por gustar. Cristo no puede decepcionarlas. Es un goz\u00f3 tranquilo el que infunde sobre sus penas, parecido al que sentimos cuando contemplamos desde la tierra la luminaria crepit\u00e1nte de la noche.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Oyen sus palabras&#8230;\u00bb <\/em>No es tarea f\u00e1cil vaciarse de las ideolo\u00adg\u00edas mundanas. Pero acometen con decisi\u00f3n la empresa de desprender\u00adse de los criterios al uso, de las motivaciones a ras de tierra, de las ideas que circulan entre las gentes como moneda corriente. Ellas han tra\u00eddo una mentalidad ambiental y gregaria. Las palabras de Cristo les produce de momento un choque doloroso, les causa un impacto vio\u00adlento. Los puntos de vista del mundo difieren totalmente de los de Jes\u00fas en casi todas las materias. Pero ellas permanecen a la escucha cons\u00adtante del Maestro que va poco a poco trastornando sus opiniones adqui\u00adridas. Si en el ambiente secular lo sobrenatural apenas tiene audiencia, en su nueva tierra lo \u00abnatural\u00bb es cada d\u00eda que pasa menos cotizable.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Viven sol\u00edcitas por sus intereses&#8230;\u00bb <\/em>A Cristo no le interesa nuestro planeta, sino como solar donde edificar su Iglesia. Es aqu\u00ed donde desea instalar y ensanchar su Reino. Todo lo que sirva de instrumento para hacer a los hombres ciudadanos de la ciudad celeste es bueno y aceptable. Lo que impida realizar ese deseo, malo y rechazable. Lo neutral, lo que no sirva para tal fin, nulo o indiferente. Pero casi todas las conquistas humanas pueden servir de medios para las divinas. La cultura, la t\u00e9cnica, la sociolog\u00eda, el arte, el deporte s\u00f3lo pueden intere\u00adsar a la persona consagrada en tanto en cuanto sean veh\u00edculo de su mi\u00adsi\u00f3n evangelizadora. Sin embargo, estas cuestiones se\u00f1alan un cambio de rasante. Por su misma naturaleza ambivalente les exigen la lentitud de la prudencia. Para abordarlos toda precauci\u00f3n es poca.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Participan del anonadamiento de Cristo&#8230;\u00bb <\/em>San Pablo aplica a Cristo esta palabra sorprendente, dura: se anonad\u00f3, se aniquil\u00f3, se puso al nivel de la nada. Cristo, efectivamente, fue suprimido por la per\u00adsecuci\u00f3n, borrado por el odio, deshecho por la angustia, disminuido por el abandono, pulverizado por el dolor y triturado por la muerte. Ellas no pueden vivir de espaldas a esta dram\u00e1tica realidad. No pueden hablar jocosamente, ni formar c\u00e1balas ni hacerse muchas ilusiones so\u00adbre la suerte que les va a deparar el porvenir, porque, poco m\u00e1s o menos, correr\u00e1n los mismos riesgos. El decreto conciliar, dice no obstante, una palabra exacta: participan de su anonadamiento. Participar, tomar parte, que no es lo mismo que tomarlo todo. No jes ser\u00e1 posible llegar a donde El lleg\u00f3 porque el disc\u00edpulo no puede superar al Maestro.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Llevan una vida escondida en Cristo&#8230;\u00bb <\/em>En este mundo tumul\u00adtuoso y trepidante en que vivimos, adorador del relumbr\u00f3n unas veces y de la ciencia y de la eficacia, otras, llevan la palma las virtudes que han dado en llamar activas. Apenas queda margen, si es que queda al\u00adguno, para la humildad, la paciencia, la oraci\u00f3n, el silencio, la mortifi\u00adcaci\u00f3n, la penitencia. Hay una inflaci\u00f3n de empirismo y de actividad y una esclerosis galopante de vida interior. Pero como resulta que esta vida interior ha sido, es y ser\u00e1 por los siglos de los siglos, el alma de todo apostolado, hemos llegado en la pr\u00e1ctica a lo que todo el mundo en teor\u00eda quer\u00eda evitar: la mediocridad, &#8230;el raquitismo, la inoperancia apost\u00f3lica. La vida escondida en Cristo es para una religiosa el \u00fanico apoyo de su trabajo de cara al exterior, la \u00fanica base de su lanzamiento. Sin ella su apostolado ser\u00e1 una mera explosi\u00f3n de fuegos de artificio.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Est\u00e1n al servicio de la Iglesia&#8230;\u00bb <\/em>La Iglesia es una comunidad de hombres. Cada uno vale lo que ha costado. Cada uno es un ladrillo viviente del edificio sagrado, un miembro del sublime cuerpo de Cris\u00adto. La ca\u00edda o fractura de unos pocos puede perjudicar a la estabili\u00addad de los dem\u00e1s. Ellas, las mujeres consagradas, est\u00e1n atentas a su seguridad personal y a la de cada individuo, porque est\u00e1n persuadidas de que el todo depende de sus partes. Estas merecen, por tanto, la m\u00e1xima atenci\u00f3n. Evitan sus propios pecados porque es un servicio eclesial del todo positivo. Dec\u00eda Santa Luisa de Marillac: Dios castiga a su pue\u00adblo por los pecados de todos y consiguientemente por los nuestros tambi\u00e9n. Es justo que suframos con los dem\u00e1s porque \u00bfqui\u00e9nes somos nosotras para creernos exentas de los males p\u00fablicos? Se vuelcan sobre los dem\u00e1s porque es un servicio m\u00e1s positivo todav\u00eda. Por su condici\u00f3n tienen un deber y un derecho: quemarse en aras de las necesidades m\u00e1s urgentes, gastarse en favor de los dem\u00e1s pobres, acudir all\u00ed donde el barco hace agua, volar all\u00ed donde Dios llora. Los fuertes golpes de la realidad las templa, las endurece. As\u00ed salen cada vez m\u00e1s airosas de la prueba.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Viven y sienten con la Iglesia&#8230;\u00bb <\/em>La aman como comuni\u00f3n en el Esp\u00edritu y les llegan al alma las deserciones, los esc\u00e1ndalos, las cri\u00adsis, las guerras entre hermanos. La aman tambi\u00e9n como Instituci\u00f3n y aprietan sus filas bajo las banderas de la Jerarqu\u00eda. Les repugna for\u00admar parte de esa fauna prol\u00edfica de los disidentes, de ese bestiario ecle\u00adsial de los contestatarios, de esos grupos rebeldes que se erigen en jueces de la Esposa de Cristo, la obligan a sentarse en el banquillo de los acu\u00adsados, se toman la justicia por sus manos, critican de todo lo critica\u00adble y pronuncian sentencia de muerte contra sus propios pastores. Co\u00adlocarse en la acera de enfrente es hoy un alarde de independencia inte\u00adlectual. Disentir del Magisterio es un acto de valent\u00eda, un golpe de au\u00addacia seguido por los aplausos del p\u00fablico y orquestado por las colum\u00adnas encomi\u00e1sticas de las revistas clericales. Por el contrario, sentir, como ellas, con las autoridades pastorales de la Iglesia es dar origen a pol\u00e9\u00admicas de resultados imprevisibles, ver alejarse para siempre a las mejo\u00adres amistades y quedarse a solas con su lealtad. Una postura que, indu\u00addablemente, exige de suyo una valent\u00eda superior a la del caso prece\u00addente.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Se entregan totalmente a la misi\u00f3n de la Iglesia&#8230;\u00bb <\/em>La misi\u00f3n de la Iglesia es \u00fanica e inmutable: evangelizar al mundo. Pero al poner manos a la obra despliega un inmenso abanico de actividades diferentes. Las formas que adopta para presentar su mensaje ofrecen una infinita variedad de matices. Las mujeres consagradas ocupan todos los puestos, avanzan en todos los frentes, emplean todos los medios a su alcan\u00adce. Tan asombrosa flexibilidad supone un duro y largo entrenamiento. Lo que m\u00e1s cuesta arriba se les hace es estar disponibles para despla\u00adzarse de un sitio a otro en un momento dado, d\u00f3ciles a la llamada urgen\u00adte de las circunstancias. Precisan de un severo autocontrol para que su sensibilidad femenina no estalle al encararse de pronto con un cambio imprevisto de casas y de oficios, de climas y lugares, de m\u00e9todos y cos\u00adtumbres. Yo afirmo, sin temor a equivocarme, que el fruto m\u00e1s logra\u00addo de su vida penitente es alcanzar este grado no com\u00fan de preparaci\u00f3n y adaptabilidad.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Se ocupan en la edificaci\u00f3n de la Iglesia&#8230;\u00bb <\/em>Todas \u00e9stas son locuciones parecidas que expresan la misma realidad, aunque dive\u00bb rsa\u00admente matizada. Esta \u00faltima frase suscita el recuerdo de las analog\u00edas eclesiales paulinas. La Iglesia es una obra en perpetua construcci\u00f3n. Las religiosas son obreras especializadas. Trabajan d\u00eda y noche, en com\u00adpa\u00f1\u00eda y en solitario, bajo techo y a la intemperie. No dan paz a sus,ma\u00adnos. La obra no puede sufrir interrupci\u00f3n. Ni siquiera se considera una tregua la lasitud de sus horas libres, el respiro de los recreos o el descanso de las vacaciones. Los contratos de trabajo no les van. Los horarios laborales no rezan con ellas porque saben perfectamente que, si no est\u00e1n construyendo, est\u00e1n destruyendo el edificio.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Aman al pr\u00f3jimo para la salvaci\u00f3n del mundo&#8230;\u00bb <\/em>El amor ha desatado sobre la superficie del globo terr\u00e1queo una catarata de versos armoniosos, un diluvio de palabras sonoras y de p\u00e1rrafos optimis\u00adtas. El amor ha sido y es muy elocuente. Su fecundidad verbal es real\u00admente prodigiosa. Pero amar, amar bien, es un ejercicio dif\u00edcil, espi\u00adnoso, violento. Amar a una sola persona resulta a veces punto menos que imposible. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 amar a la humanidad entera? A Cristo le cost\u00f3 la vida. Y poco menos a las mujeres elegidas por El. Son, en un sentido evang\u00e9lico, labradoras. Est\u00e1n por oficio inclinadas sobre la dura tierra haciendo plantaciones de fe y de amor. Han aprendido esta lecci\u00f3n: el amor no echa ra\u00edces si no se riega con sangre, sudor y l\u00e1gri\u00admas. Amar al mundo es una aventura m\u00e1s peligrosa que darle la vuelta en un barco de vela. En un mar de soberbia y de lujuria se est\u00e1 ahogando la humanidad. Ahora bien, para salvar a uno que se est\u00e1 ahogando hay que estar en el agua con \u00e9l. Pero tambi\u00e9n hay que saber nadar mucho mejor que \u00e9l. Y ellas saben este arte. No les importa conquistar la glo\u00adria humana, dejar su recuerdo en la memoria de los hombres. Su m\u00e1\u00adxima aspiraci\u00f3n es dejar el mundo, al salir, un poco mejor de lo que esta\u00adba al entrar.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Aman fraternalmente a los miembros de Cristo&#8230;\u00bb <\/em>Todos los hombres son sus hermanos, pero los hijos de la Iglesia lo son doble\u00admente. Por eso se entregan a ellos con especial dedicaci\u00f3n. Tampoco esta empresa ofrece facilidades. En algunos sectores de la sociedad cristiana descubren m\u00e1s paganismo del que hubieran podido imaginar. Muchos cristianos se parecen a Cristo como Satan\u00e1s a Dios. Ellas tiene a veces la impresi\u00f3n de estar como ovejas entre lobos. La desilusi\u00f3n, la ingratitud, la indiferencia, la esterilidad aparente, la ignorancia, la suspicacia, cuando no el escarnio y el insulto, es toda la cosecha que re\u00adcogen despu\u00e9s de una porfiada y dolorosa sementera. Pero Dios les pide m\u00e1s voluntad que acierto, m\u00e1s esfuerzos redoblados que triunfos escalonados, m\u00e1s hambre y sed de justicia que hartura y satisfacci\u00f3n, porque lo que importa en la vida, como en el deporte, no es ganar a los dem\u00e1s, sino triunfar de nosotros mismos.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Viven en comunidad&#8230;\u00bb <\/em>El reducto comunitario es el palenque usual de la penitencia consagrada. Convivir con personas completa\u00admente antagonistas, armonizar la suma libertad con la suma obediencia, ser due\u00f1a de s\u00ed misma y esclava de las dem\u00e1s, afrontar a menudo pro\u00adblemas insolubles, aceptar lo inevitable para hacerlo utilizable, saber llegar a la mayor grandeza por caminos an\u00f3nimos, suprimir el propio sufrimiento aligerando el de los dem\u00e1s&#8230; Son cosas que desvelan la hero\u00edna que cada una lleva por dentro, son pruebas definitivas de resis\u00adtencia y madurez. Ellas han abrazado la vida com\u00fan, no porque sea la m\u00e1s agradable, sino porque resulta la m\u00e1s inc\u00f3moda. Por esta raz\u00f3n es tambi\u00e9n la m\u00e1s apta y rica para la formaci\u00f3n de su personalidad. La personalidad es una estatua de m\u00e1rmol que va apareciendo cuando se van suprimiendo uno a uno los fragmentos del bloque primitivo.<\/p>\n<p><em>\u00ab&#8230;Practican asiduamente el esp\u00edritu de oraci\u00f3n <\/em>y la oraci\u00f3n mis\u00adma, bebiendo en las l\u00edmpidas aguas de la espiritualidad cristiana. Tie\u00adnen continuamente en sus manos la Sagrada Escritura para conseguir con su lectura y meditaci\u00f3n el sublime conocimiento de Cristo. Desa\u00adrrollan interior y exteriormente la sagrada liturgia, m\u00e1xime el sacrosanto misterio de la Eucarist\u00eda, seg\u00fan la mente de la Iglesia. Y nutren su vida espiritual con el riqu\u00edsim<sup>.<\/sup>o venero de los sacramentos&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>El Santo Concilio se\u00f1ala, por fin, a todas las mujeres consagra\u00addas la farmacopea que las proveer\u00e1 de las necesarias vitaminas peniten\u00adciales. La pr\u00e1ctica de la penitencia es de todo punto imposible o se re\u00adduce a una serie de actos someros y rutinarios, si no arranca de un cora\u00adz\u00f3n contrito y humillado. Este esp\u00edritu o estado habitual de conversi\u00f3n hay que beberlo en esas cuatro fuentes que brotan inagotablemente del seno fecundo de la Iglesia:<\/p>\n<p>1.a La oraci\u00f3n, que nos hace ver en todo su relieve la figura de Cris\u00adto penitente, prototipo de nuestra vida de mortificaci\u00f3n y renuncia.<\/p>\n<p>2.a La Sagrada Escritura, que nos hace o\u00edr las continuas llamadas a la penitencia que efect\u00faa a lo largo y a lo ancho de la literatura b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>3.a La liturgia, que nos hace expresar eficazmente nuestros senti\u00admientos de conversi\u00f3n a Dios y al Pr\u00f3jimo, nos pone en actitud de per\u00adcibir los frutos de nuestra penitencia y aumenta nuestras posibilidades de realizarla.<\/p>\n<p>4.a La Eucarist\u00eda y los dem\u00e1s sacramentos, que nos insertan de modo real y directo a la penitencia que Cristo llev\u00f3 a cabo para la sal\u00advaci\u00f3n de la humanidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNIDAD PENITENTE EL PECADO Hablar del pecado es dif\u00edcil porque se trata de una realidad tan cierta como misteriosa. 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