{"id":50480,"date":"2011-10-05T03:57:03","date_gmt":"2011-10-05T01:57:03","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/10\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-trabajo\/"},"modified":"2011-10-05T03:57:03","modified_gmt":"2011-10-05T01:57:03","slug":"en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-trabajo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/en-respuesta-a-tu-llamada-comunidad-de-trabajo\/","title":{"rendered":"En respuesta a tu llamada: Comunidad de trabajo"},"content":{"rendered":"<p><em><a><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-full wp-image-47928\" title=\"logohijascaridad\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/08\/logohijascaridad.jpg?resize=180%2C191\" alt=\"\" width=\"180\" height=\"191\" \/><\/a><\/em><\/p>\n<p align=\"center\">COMUNIDAD DE TRABAJO<\/p>\n<p>Pienso que todo trabajo humano es de tipo comunitario. El trabajo de cada uno redunda en beneficio de toda la humanidad. Hablando en t\u00e9rminos generales esta finalidad no es del orden de las motivaciones ni de las intenciones porque a donde apunta casi todo el mundo que trabaja es al provecho personal; pero pertenece, sin duda, al orden de los resul\u00adtados. Todo el que trabaja, lo pretenda o no, contribuye al bien com\u00fan. Uno se afana por la felicidad de todos; todos se afanan por la felicidad de uno. Es evidente que la solidaridad est\u00e1 enraizada en las tendencias m\u00e1s secretas del hombre, en las capas m\u00e1s profundas de su esp\u00edritu, en el misterio del subconsciente.<\/p>\n<p>Todo cuanto tengo, todo cuanto me rodea y est\u00e1 a mi servicio se lo debo al esfuerzo de miles de hombres. Las viandas que tomo, los ves\u00adtidos que ci\u00f1o, los muebles que uso, la<sup>.<\/sup>morada en que habito, el veh\u00edculo que utilizo y hasta muchas de las ideas que voy vertiendo en el papel son el fruto laborioso de mis hermanos de raza. A mi vez, la andadura de mis pies, el ejercicio de mis manos, el sudor de mi frente, las palabras de mis labios, las obras de mi ingenio y los pensamientos que transcribo concurren al bienestar espiritual o corporal de mis semejantes. Estas elucubraciones no son solamente de car\u00e1cter especulativo. Vivimos ama\u00adrrados al remo de lo cotidiano y no nos damos cuenta de la consola\u00addora realidad. La humanidad est\u00e1 empe\u00f1ada en un amable torneo de fa\u00advores, mercedes y servicios. El blindaje ego\u00edsta en que de ordinario se acoraza es una precauci\u00f3n banal. El hombre inconscientemente aban\u00addona su encerramiento, sale de s\u00ed mismo, vea otros seres semejantes a \u00e9l y emplea sus energ\u00edas en hacerles la vida un poco m\u00e1s c\u00f3moda y agradable. Desde este punto de partida no es imposible que la vieja anes\u00adtesia de su individualismo se empiece a diluir y aparezca la fraterni\u00addad universal querida por Dios desde el amanecer del mundo.<\/p>\n<p>Y lo que sucede de un modo elemental e impremeditado a es\u00adcala universal, ocurre tambi\u00e9n de forma m\u00e1s organizada y voluntaria a nivel nacional, empresarial, gremial, sindical y familiar. Y es lo que debe acontecer as\u00ed mismo en la esfera reducida de una comunidad religio\u00adsa. Pero en ella el trabajo no tiene ya tan s\u00f3lo un sentido humanitario, filantr\u00f3pico y altruista, sino un significado teologal, una aceptaci\u00f3n gozosa y una proyecci\u00f3n apost\u00f3lica. Un grupo de mujeres consagradas ha de empezar por tener ideas claras sobre la ley del trabajo a la que, como todos los seres humanos, est\u00e1n sometidas.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO OBLIGATORIO<\/strong><\/p>\n<p><em>Hay una verdadera teolog\u00eda del trabajo <\/em>dentro de la cual \u00e9ste ad\u00adquiere su m\u00e1s alta significaci\u00f3n. Es un error considerarla como fruto exclusivo del pecado, una consecuencia penosa de la culpa original, una expiaci\u00f3n ineludible, un fardo enojoso y pesado del que no es f\u00e1cil descargarse, algo, en fin, que no existir\u00eda de no haberse producido la culpa primitiva sin la cual el hombre hubiera podido holgazanear a sus anchas sin que se le se\u00f1alase con el dedo. Una atenta lectura del G\u00e9nesis desbarata r\u00e1pidamente esa falsa concepci\u00f3n del trabajo. Por\u00adque la verdad limpia y exacta es que, a\u00fan antes del pecado, Dios coloc\u00f3 al hombre en el Ed\u00e9n y le encomend\u00f3 la misi\u00f3n de cultivarlo, trabajar\u00adlo y guardarlo.<\/p>\n<p><em>Dios le puso frente a un mundo no acabado, <\/em>de un mundo en per\u00adpetua creaci\u00f3n, que se est\u00e1 haciendo sin cesar. El trabajo aparece, pues, como una invitaci\u00f3n a colaborar con El en la perfecci\u00f3n de su obra, como algo honroso y dignificante en s\u00ed mismo, como una consecuencia l\u00f3gica que fluye de su naturaleza, de su ser de hombre hecho a imagen de Dios, un Dios a quien encontramos, al abrir la Biblia, atareado como un Obrero, en su tarea constructiva, descansando el s\u00e9ptimo d\u00eda, supervi\u00adsando, sus propias realizaciones. Todo el que trabaja, cada uno en su oficio, est\u00e1 sosteniendo la Creaci\u00f3n porque se constituye en colabora\u00addor del Ser Supremo.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo <em>el trabajo es una obra redentora. <\/em>El Hijo de Dios, por medio de su Encarnaci\u00f3n, asumi\u00f3 \u00edntegramente la naturaleza humana sin dejar fracci\u00f3n ni resquicio alguno. El trabajo humano, por tanto, fue por El asumido, elevado y potenciado a un valor reden\u00adtor. Desde entonces la parte de pen<sup>&#8211;<\/sup> a y de fatiga que le acompa\u00f1a tiene un poder sacramental por cuanto se hace instrumento maravillo\u00adso de podernos configurar con Cristo trabajador, artesano fatigado y paciente. As\u00ed no s\u00f3lo colaboramos con Dios Creador, sino tambi\u00e9n con Cristo Redentor.<\/p>\n<p>El trabajo es una ley de la que no podemos escapar sin traicionar a Dios. <em>Con el sudor de tu frente <\/em>comer\u00e1s el pan. Es una ley v\u00e1lida para todos. Dios no hizo excepciones. Para El no hay castas ni privilegios. Esto quiere decir que si yo como mi pan sin el sudor de mi frente otro ser humano ha tenido que sudarlo. Una injusticia intolerable por muy camuflada que se presente. Mi fallo en el trabajo repercute en los dem\u00e1s. Si no trabajo lo necesario para ganar el pan, otros trabajan m\u00e1s de lo de\u00adbido. Todos debi\u00e9ramos preguntarnos a la hora de la comida con cruda y brutal sinceridad si no estaremos comiendo gratuitamente el pan que otros han ganado honradamente.<\/p>\n<p>Hay un concepto social que en nuestros d\u00edas ha experimentado una plausible evoluci\u00f3n: <em>la dignificaci\u00f3n del trabajo. <\/em>Ha sido una reac\u00adci\u00f3n contra las largas injusticias de un mundo partido por desgracia en dos mitades: los que trabajan febrilmente sin descansar y los que des\u00adcansan pl\u00e1cidamente sin trabajar. Hoy estamos por fortuna en plena ci\u00advilizaci\u00f3n del trabajo. Esta planificaci\u00f3n igualitaria que de \u00e9l se ha hecho tiene innegables riesgos, como la infravaloraci\u00f3n de lo espiritual, la mecanizaci\u00f3n general, la materializaci\u00f3n de la vida; pero encierra tam\u00adbi\u00e9n un valor indiscutible: es un signo positivo y un presagio de prospe\u00adridad y bienestar; liquidar\u00e1 todas las diferencias sociales; sustituir\u00e1 los escudos y blasones por la val\u00eda personal; constituir\u00e1 el \u00fanico distin\u00adtivo de nobleza; ser\u00e1 un derecho que trae el hombre al nacer y una fuente importante de derechos humanos; y traer\u00e1, por fin, con su eficacia ni\u00adveladora, la pacificaci\u00f3n de los hijos de Dios.<\/p>\n<p>Paralelamente a estas ventajas corre el peligro de que sean precisamente ellas, <em>las mujeres consagradas, <\/em>las profesionales del Evangelio, las que se vayan quedando al margen de este signo de nuestros tiempos: la participaci\u00f3n necesaria en el trabajo com\u00fan. No pueden en justicia seguir ampar\u00e1ndose en su antigua situaci\u00f3n de privilegio. No pueden vivir en la seguridad que les ha confiado hasta hoy el voto de pobreza porque se asemejar\u00edan al capitalista que, al abrigo de sus rentas, mira tranquilamente el porvenir sin la acuciante necesidad del trabajo coti\u00addiano. Todav\u00eda hay religiosas que viven desconectadas con el mundo del trabajo porque no ven su pan en peligro. Porque muchas de ellas no han sentido en carne viva el drama del hombre que con su jornada de ocho horas s\u00f3lo gana un salario de hambre. Porque otras ni siquiera se imaginan la sangrienta realidad del pluriempleo que estruja tantas vidas. Porque algunas vieron ciertamente el sudor en la frente de sus padres, pero lo han olvidado y no lo quieren recordar. Creo que es ne\u00adcesario desenmascarar a las que viven dulcemente al socaire del esfuerzo ajeno. Disfrazan su ociosidad haciendo mil \u00abcositas\u00bb f\u00e1ciles e in\u00fatiles; tienen siempre en los labios la historia de unas enfermedades m\u00e1s ima\u00adginarias que reales cuya \u00fanica terap\u00e9utica ser\u00eda precisamente el trabajo; van y vienen para dar la sensaci\u00f3n de que est\u00e1n ocupadas, pero no hacen nada que valga la pena; no se entregan a una tarea con plena dedicaci\u00f3n, con absoluta efectividad. Tal vez alguna crea que con una o dos clases que sabe de memoria o un recorrido superficial por la casa o el oficio tienen derecho a comer tranquilamente. Si se percataran los seglares de semejante cuadro laboral vendr\u00eda autom\u00e1ticamente a sus labios el apelativo de explotadoras. A m\u00ed no me duelen prendas. A cada una de las religiosas del mundo lanzo esta pregunta, como un guante de desafio: con toda sinceridad d\u00edgame: \u00bfpodr\u00eda usted de verdad vivir fuera, en el mundo, con el producto de esas ocupaciones&#8230;?<\/p>\n<p><em>Lo evang\u00e9lico no es pedir, sino dar. <\/em>No es esperar a recibir, sino adelantarse a conceder. No es vivir de la neurastenia y del cuento, sino del trabajo agotador de cada d\u00eda. La religiosa que no gane con su trabajo lo suficiente para su subsistencia y la de dos o tres personas m\u00e1s, no cumple con su deber. Imag\u00ednese el esfuerzo que tiene que desarrollar una mujer que ha quedado viuda con dos o m\u00e1s hijos y p\u00f3ngase en su lugar. Primeramente su jornada laboral ha de rendir lo suficiente, lo equiva\u00adlente a lo que demandan las propias necesidades vitales. Despu\u00e9s, lo sobrante ha de destinarlo para subvenir a las que reclaman el cuidado de las ancianas, la asistencia de las enfermas, las atenciones de las j\u00f3ve\u00adnes que se preparan para relevarlas un d\u00eda.<\/p>\n<p>Trabajar, pues, no como un entretenimiento, ni como una diver\u00adsi\u00f3n, ni como un medio de matar el tedio, sino <em>para ganarse seriamente la vida. <\/em>Vivir del capital no es cristiano, pero vivir del trabajo cotidiano es profundamente religioso. Trabajar ahincadamente, intensamente, exhaustivamente. Al obrero holgaz\u00e1n se le expulsa de la empresa. Tal vez logre con habilidad disimular su escaso o nulo rendimiento, pero nadie podr\u00e1 decir que merece el jornal que recibe al fin de la semana. Si eso vale para todos, \u00bfqu\u00e9 decir de una mujer que trabaja por el reino de los cielos?<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO EFICAZ<\/strong><\/p>\n<p>La eficacia del trabajo comunitario estriba en dos pilares s\u00f3lidos: el aprendizaje te\u00f3rico y el sucesivo adiestramiento pr\u00e1ctico. <em>El estudio <\/em>es en gran parte de la incumbencia y de la responsabilidad personal de una Hermana. Ciertamente la superiora y las compa\u00f1eras pueden y deben facilitarle la preparaci\u00f3n intelectual sustituy\u00e9ndola en desempe\u00f1o de sus obligaciones habituales, aisl\u00e1ndola del bullicio casero y poniendo a su disposici\u00f3n tiempos y lugares propicios a la serenidad de esp\u00edritu y a la concentraci\u00f3n mental. Pero es&#8217; ella misma la que debe tomar, si no con entusiasmo, al menos con empe\u00f1o, la preparaci\u00f3n t\u00e9cnica para su futura o actual profesi\u00f3n, deslig\u00e1ndose moment\u00e1neamente de ocupacio\u00adnes, amistades y pasatiempos que sean \u00f3bice a su estudio, tomando apuntes, consultando autores, repasando textos y preguntando a otras Hermanas duchas en el arte, porque ya dejaron el puerto y navegan en alta mar. Si no encuentra en las personas y en la casa un clima acoge\u00addor, favorable a su capacitaci\u00f3n intelectual, o ella lo toma a t\u00edtulo de inventario, estar\u00e1 bailando siempre en la cuerda floja de la desgana y de la inseguridad primero, y de la mediocridad y de la incompeten\u00adcia profesional despu\u00e9s.<\/p>\n<p>La verdadera maestr\u00eda se adquiere con el <em>manejo pr\u00e1ctico del ofi\u00adcio. <\/em>No conozco ninguna Hermana que no desee vivamente dominarlo a satisfacci\u00f3n, pero tengo noticias de muchas que se niegan a ense\u00ad\u00f1\u00e1rselo o renquean detr\u00e1s de las preguntas insistentes que les hacen. En la compleja sicolog\u00eda femenina tiene que haber un m\u00f3vil secreto, inconfesable, que impulsa a unas religiosas de reconocida solvencia y ejemplaridad a callar con obstinaci\u00f3n a sus compa\u00f1eras lo que dicen con gusto a las seglares de su misma profesi\u00f3n. Es un misterio tan frecuente como inextricable. Vistas las cosas con objetividad resulta el caso m\u00e1s est\u00fapido, absurdo y desatinado que se puede imaginar. Men\u00adguada idea de la caridad y de la justicia tiene la que desde\u00f1a darle la limosna de su experiencia a una primeriza, a una iniciada que le alarga la mano confiadamente. Tan insensato modo de proceder no arguye tan s\u00f3lo un leve desinter\u00e9s por la Hermana joven. Ella misma se est\u00e1 echando el polvo a la cara. En \u00faltima instancia se trata de un desprecio a la comunidad de que forma parte, de una traici\u00f3n a la Iglesia a la que se consagr\u00f3 y de un agravio a la sociedad a la que dedica inmediata\u00admente sus servicios. Se me antoja que lo m\u00e1s correcto que podr\u00eda hacer ser\u00eda pedir un cambio de destino y ceder el puesto a otra Hermana m\u00e1s complaciente y acogedora.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO CALIFICADO<\/strong><\/p>\n<p>El poeta b\u00edblico dedicaba sus versos a un rey. Por eso se esmeraba en que salieran de su pluma los poemas m\u00e1s bellos y armoniosos. La mujer consagrada dedica su obra tambi\u00e9n a un Rey, al mismo del autor inspirado. Por la misma raz\u00f3n ha de procurar que le salga redonda, <em>perfecta, <\/em>acabada. Una obra acometida con ilusi\u00f3n y celo enfebrecido. Una obra en la que vuelca todo el acervo de su cultura, de su arte, de su sensibilidad. Una obra que es fruto exquisito de su ciencia y de su expe\u00adriencia, de su coraz\u00f3n y de su cerebro. Una obra hecha en estas condi\u00adciones, por fuerza tiene que resultar exacta, impecable, de antolog\u00eda.<\/p>\n<p>Con Dios no se puede andar con cicater\u00edas. <em>Cuando se trabaja por El no se puede ejecutar una obra mediocre, <\/em>vulgar y ramplona, hecha solamente para salir del paso, para cumplir el expediente. Ser\u00eda vergon\u00adzoso para una consagrada que tuviera m\u00e1s importancia el veredicto de los hombres que el refrendo de Dios y de su conciencia. Comprendo que, durante sus primeros escarceos, las cosas no tengan el resultado apetecido. Pero despu\u00e9s de haber pasado por tantas pruebas, tentativas y ensayos, cuando ya est\u00e1 haciendo, como quien dice, una- navegaci\u00f3n de altura, es lamentable que se instale c\u00f3modamente en su oficio y lleve a cabo su tarea a medias, de manera indiferente y rutinaria. Su con\u00adsagraci\u00f3n le exige estar al tanto de los \u00faltimos avances de la t\u00e9cnica, mejorar su experiencia, adquirir cada d\u00eda mayor pericia en el desempe\u00f1o de su misi\u00f3n, perfeccionarse con la lectura de libros y re\u00advistas de la especialidad, asistir a cursillos y conferencias del ramo, etc. El tiempo libre no puede ser tiempo muerto. Necesita evolucionar sin interrupci\u00f3n, adquirir ideas nuevas, abrirse nuevos cauces. No puede dormirse sobre los laureles. Ella no es due\u00f1a del negocio que lleva entre manos. Se ventila la gloria de Dios. Est\u00e1 en juego el prestigio de la Iglesia. Estar al d\u00eda en su especialidad profesional es un deber de justicia. La caridad tiene m\u00e1s exigencias que el sueldo. Ser\u00eda bochor\u00adnoso quedarse a la zaga de los seglares en responsabilidad profesional. Los hay que caminan en vanguardia por la seriedad con que llevan a cabo su funci\u00f3n social. La Iglesia ganar\u00eda si las religiosas se pusieran a su altura cient\u00edfica y moral. Ya se nota, sin embargo, ese desperezo cultural en todas las familias religiosas. Muchas corren como si quisie\u00adran ganar el tiempo perdido, aguijoneadas p\u00f3r el af\u00e1n de superarse, de emular a los laicos a quienes encuentran trabajando en su mismo campo de actividades.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO DIVERSIFICADO<\/strong><\/p>\n<p>En el trabajo de las religiosas se abre un inmenso abanico de po\u00adsibilidades. Puede ser tan m\u00faltiple y variado como las directrices que sigue el quehacer humano, con tal que sea compatible con su sexo y con la naturaleza de la vida comunitaria. Los miembros de una comunidad o de una casa pueden abarcar todas las obras tradicionales a las que no tienen levantada la veda, pero todas ellas tienen cabida en el con\u00adjunto de casas del Instituto. Hay grupos de Hermanas dotadas de id\u00e9ntica o parecida vocaci\u00f3n particular. Otras muestran inclinaciones indiferentes y hasta opuestas. Algunas son polivalentes y pueden realizar tareas diversas alternativamente. En general es la tendencia y el gusto de cada una la causa determinante de la especializaci\u00f3n en las comunida\u00addes femeninas. Es lo natural, aunque hay que reconocer que no siempre sucedi\u00f3 as\u00ed. Una comunidad es una sociedad en miniatura. Casi todas las ocupaciones de la segunda caben en la primera. Enumeremos al\u00adgunas principales:<\/p>\n<p><em>Los trabajos apost\u00f3licos <\/em>son espec\u00edficos de toda comunidad reli\u00adgiosa. Son el motivo de su existencia en la Iglesia y en el mundo y van por tanto a la cabeza de los dem\u00e1s trabajos. Se hace ineludible que haya un grupo que se consagre a ellos con exclusividad. Ser\u00eda un grupo representativo porque suponemos que el resto se dedica a actividades mixtas, o sea, a aquellas en las que el apostolado fluye por los cauces de una profesi\u00f3n temporal. Por lo dem\u00e1s el deber apost\u00f3lico debe ocupar la primac\u00eda, si no en la acci\u00f3n, s\u00ed en la intenci\u00f3n de todas las personas y grupos del Instituto.<\/p>\n<p><em>Los trabajos profesionales <\/em>son una punta de lanza para la penetra\u00adci\u00f3n cristiana en el mundo. Son los mejores panegiristas de la preocu\u00adpaci\u00f3n de la Iglesia por las necesidades de la sociedad actual. Es el ros\u00adtro humano de Cristo tras el cual ha de atisbar el mundo su divinidad. Porque El est\u00e1 lo mismo en el fondo de un tubo de laboratorio que en medio de un teorema matem\u00e1tico. Para el que sabe y quiere ver, nada hay profano en este mundo. A condici\u00f3n de que las religiosas pro\u00adfesionales no se olviden que son la levadura y no la masa seculariza\u00adda y espesa. Tal vez su h\u00e1bito resulta molesto a ciertas gentes. No im\u00adporta. Una persona honrada resulta tan inc\u00f3moda en una sociedad de malvados como un guardia civil entre una banda de ladrones.<\/p>\n<p><em>Los trabajos sociales <\/em>las ponen en contacto con los pobres que son la gente m\u00e1s sana y limpia de la tierra. La identificaci\u00f3n con ellos se impone para liberarlos de su esclavitud y de su miseria. Su paso a tra\u00adv\u00e9s de esas muchedumbres encrespadas de resentimientos es una ver\u00adsi\u00f3n colectiva de Caperucita que cruza bosques poblados de lobos ham\u00adbrientos y ululantes. Resulta una hermosa aventura pasatse una hora en sus chozas. All\u00ed sienten abrirse en sus entra\u00f1as hontanares caudalo\u00adsos de piedad. Al verse en la necesidad de hacer la radiograf\u00eda del po\u00adbre se alboroza por lo que es en s\u00ed mismo, se indigna por lo que le obligan a ser y aprende a morir por unos, a bregar por otros y a rezar por todos.<\/p>\n<p><em>Los trabajos culturales <\/em>hoy no cierran el paso a ninguna. La litera\u00adtura, la m\u00fasica, el esmalte, la pintura, la decoraci\u00f3n, el bordado, las artes pl\u00e1sticas, la filosof\u00eda, las matem\u00e1ticas, la especializaci\u00f3n cient\u00edfi\u00adca no son campos de cultivo monopolizados por los seglares. Tambi\u00e9n la cultura es portadora de los eternos valores del hombre. Tambi\u00e9n las artes, las ciencias y las letras despejan la inc\u00f3gnita de Dios. Este veh\u00edculo de apostolado se desliza por todas las p\u00e1ginas de la historia de la Iglesia. Antes era un poco extra\u00f1o ver a una religiosa moverse en este sector que se cre\u00eda privativo del hombre profano, de la mujer seglar. Pero en la actualidad vemos con orgullo y aplauso a f\u00e9minas de todos los h\u00e1bitos tomar al asalto las metas m\u00e1s altas, reivindicar el derecho a un puesto en la universidad y conquistar todos los t\u00edtulos y diplomas permisibles. Han caminado mucho con pie decidido y desenvuelto, y todos los d\u00edas amanece con la noticia de que ha saltado por las buenas la barrera de alguna profesi\u00f3n cuya entrada le estaba vedada.<\/p>\n<p><em>Los trabajos recreativos <\/em>no suelen ser habituales en una mujer consagrada, sino eventuales y complementarios de las dem\u00e1s ocupacio\u00adnes. La organizaci\u00f3n de excursiones, juegos, deportes, competiciones, espect\u00e1culos coreogr\u00e1ficos, teatrales y cinematogr\u00e1ficos son otras tan\u00adtas dianas adonde puede apuntar de paso la flecha de su celo apost\u00f3lico. Con ello demuestra adem\u00e1s que no tiene nada de arisca ni de gazmo\u00ad\u00f1a; que sabe trenzar risas y oraciones para hacer un solo tapiz; que lleva la misi\u00f3n sosegadora e inspiradora de las flores a un mundo sobrante de diversiones y falto de alegr\u00edas aut\u00e9nticas; que no es tanto la mensajera tonante de la penitencia, al estilo de Juan, el Bautista, como la noticia jubilosa y exultante del amor al modo de Juan, el Evangelista; que en ella, por fin, el ascetismo enjuto y sombr\u00edo del Greco est\u00e1 empapado de la luminosidad serena y riente de los cuadros de Murillo.<\/p>\n<p><em>Los trabajos administrativos, <\/em>si se trata de asuntos estrictamente comunitarios, son ineludibles, pero si versan sobre los bienes de una entidad ben\u00e9fica o social, son, a mi juicio, los m\u00e1s inadecuados para una religiosa. Existe en la actualidad una tendencia general a poner esta clase de cargos en manos de seglares responsables, ya que en las de una mujer consagrada son aparentemente un antitestimonio, por m\u00e1s que en realidad no lo sean. Conviene desprenderse de las actividades de signo capitalista, aunque este signo se encuentre so\u00adlamente en la superficie. Los seglares prefieren a las religiosas para estos puestos clave porque ellas significan la confianza, la honradez, la seguridad, la solvencia, la continuidad y la responsabilidad. Todo ello es cierto y ah\u00ed descansa la raz\u00f3n de su testimonio cristiano, pero este testimonio s\u00f3lo lo percibe una muy reducida minor\u00eda, y muy d\u00e9bilmen\u00adte, y a trav\u00e9s de sus conveniencias. Para la masa contin\u00faan siendo unas administradoras que adolecen de las mismas taras que los otros. Por eso les es imprescindible desplegar toda su influencia para poder ser reemplazadas por excelentes administradores seglares.<\/p>\n<p><em>Los trabajos dom\u00e9sticos <\/em>obligan a todas y a cada una de las Her\u00admanas. Todas deben poner manos a la obra. En esta clase de trabajos no puede haber excepciones, fueros ni privilegios. La casa religiosa es un hogar donde vive toda la familia. La econom\u00eda, el orden, la limpieza, el aseo, la higiene, la decoraci\u00f3n, una grata sensaci\u00f3n de modestia y pulcritud, de comodidad y calor humano no puede ser incumbencia de unas cuantas que se sacrifican para sacar a las dem\u00e1s las casta\u00f1as del fuego. Cada cual debe estar impuesta en los oficios menudos y mon\u00f3\u00adtonos de un ama de casa. Siempre me ha producido sobresalto o\u00edr decir a. una Hermana que se considera incapaz de llenar ciertos debe\u00adres, determinadas tareas que son corrientes en una mujer casada por\u00adque siempre he cre\u00eddo que la mujer que no vale para el hogar familiar no vale tampoco para el hogar religioso. Los adornos, las plantas, las flores, la m\u00e1quina de coser, la aguja, el ganchillo, el plumero, la escoba y la bayeta deben ser instrumentos familiares para todos los componentes del equipo femenino. El ropero, el costurero y el depar\u00adtamento de ancianas son lugares en los que se dan cita las que quieren prestar su ayuda generosa a las que por su oficio ya se encuentran all\u00ed habitualmente. Son los puntos adonde, acuden as\u00ed mismo las que desem\u00adpe\u00f1an una misi\u00f3n profesional, por un impulso de solidaridad y porque desean cambiar de tercio en sus faenas para evadirse moment\u00e1neamente de sus graves pensamientos.<\/p>\n<p>Acabo de mencionar a las Hermanas cuyo oficio es un determinado trabajo dom\u00e9stico en el que gastan todas las horas de su d\u00eda laboral. Quiero salir al paso de un concepto peyorativo que pueden tener de s\u00ed mismas. Ellas no traspasaron el umbral de la ense\u00f1anza media ni les es posible ostentar con orgullo el documento de un t\u00edtulo oficial como muchas de sus compa\u00f1eras. Tal vez por esta causa sufran la mor\u00addedura de un complejo de inferioridad. Las roe por dentro la tristeza de una vida quemada sin pena ni gloria en el anonimato de un trabajo humilde, mientras las otras que brillan hoy sobre el candelero de su fama se apagar\u00e1n ah\u00edtas de estimaci\u00f3n, de gratitud y de amistad.<\/p>\n<p>As\u00ed sucede si se miran las cosas con los ojos turbios y profanos de los habitantes de la ciudad secular, pero no si se ven con la mirada limpia de los hijos de Dios. La importancia y grandeza de una mujer consagrada, no se mide por lo que hace, sino por lo que es; no por sus trabajos, sino por el amor que pone en ello, no por lo que dice la gente, sino por lo que piensa Dios. Y Dios tiene un sistema de pesos y medi\u00addas distinto de los hombres. A muchos que nosotros colocamos arriba los pondr\u00e1 Dios abajo y a muchos que colocamos abajo los pondr\u00e1 arriba. El hombre ve la apariencia, pero Dios se fija en el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>En una comunidad todos los oficios son necesarios, los bajos y los altos, los oscuros y los lucidos, los vulgares y los distinguidos. La co\u00admunidad es un cuerpo social. En un cuerpo todos los miembros son indispensables, todos tienen id\u00e9ntica categor\u00eda. La cabeza no se pa\u00advonea porque est\u00e1 m\u00e1s cerca del cielo y los pies no se acomplejan por ir siempre arrastr\u00e1ndose por el suelo. Sus funciones son complemen\u00adtarias. La vida de uno sin el otro ser\u00eda mezquina, deficiente, precaria y hasta nula.<\/p>\n<p>Algunas creen que no pueden desarrollarse ni como mujeres ni como religiosas con una actividad tan casera y tan falta de horizontes. Deben preguntarse qu\u00e9 tareas emprende una mujer casada para desa\u00adrrollarse como mujer y como cristiana. Deben recordar que muchas mi\u00adsioneras consumen lo mejor de sus d\u00edas preparando la comida, lim\u00adpiando la vajilla, lavando la ropa, cosiendo los vestidos y atendiendo a parecidos menesteres plebeyos que demandan los pobres de aquellos pa\u00edses subdesarrollados. Deben enterarse de los trabajos que realizan las religiosas de los asilos de ancianos y de las residencias sacerdotales. Deben tener presente que el servicio de la Iglesia y del apostolado se lleva adelante, no de un modo individual y aislado, cada uno por su parte, sino a escala comunitaria, colectiva y solidariamente. Ahora bien, dentro de la corporaci\u00f3n cabe gran diversidad de ocupaciones relacionadas entre s\u00ed y ordenadas al fin propuesto. Deben saber que, sentado este principio, las actividades, los m\u00e9ritos y los frutos de las unas pertenecen rigurosamente a las otras. Y deben concluir, por fin, que, para desarrollarse como mujeres y mujeres consagradas, necesitan que sus empleos, con perspectivas tangibles o sin ellas, sean una respues\u00adta fiel a una vocaci\u00f3n verdadera, un ejercicio libre de una obediencia responsable.<\/p>\n<p>Hay que afrontar sin paliativos el problema de las castas en el seno de la comunidad. Es como una lucha de clases que late bajo la superficie. Las Hermanas no son l\u00edneas convergentes en lo fundamental en el centro del coraz\u00f3n, sino l\u00edneas paralelas que no se encuentran jam\u00e1s. Las cultas e inteligentes con su actuaci\u00f3n de cara al exterior, porque subestiman y compadecen a las que por falta de estudios viven ancla\u00addas en la obscuridad de los oficios caseros, y \u00e9stas porque, impregna\u00addas de amargura y resentimiento, envidian la suerte de aqu\u00e9llas. Las unas porque hablan con demasiada suficiencia y las otras porque per\u00admanecen taciturnas o hablan con excesiva acritud. Las dos partes o bandos necesitan cancelar sus cuentas y situarse en un plano de igual\u00addad. El triunfalismo de las primeras y el derrotismo de las segundas s\u00f3lo desembocan en un fracaso colectivo. Tales actitudes hacen olvidar el pasado, envenenan el presente e hipotecan el futuro de la comunidad.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO PROPORCIONADO<\/strong><\/p>\n<p><em>Al sexo. <\/em>Su resistencia f\u00edsica no sigue la pauta de sus deseos ni de su fuerza moral. Hay trabajos que, por exigir un intenso derroche de es\u00adfuerzos corporales, les est\u00e1n prohibidos. Conocemos Hermanas marca\u00addas para siempre por la rotura de la espina dorsal o de una lesi\u00f3n inter\u00adna en su intento imprudente de levantar en vilo cuerpos enfermos u otros objetos de mucho peso y volumen. Las conquistas femeninas han sido espectaculares en todos los \u00f3rdenes, pero no han alcanzado todav\u00eda las \u00faltimas cotas de su emancipaci\u00f3n y de su paridad de derechos con el hombre. Hay l\u00edmites que, hoy por hoy, o no ha querido, o no ha sabido, o no ha podido cruzar. Este es el punto de referencia de una religiosa a la hora de asumir funciones, realizar trabajos o adoptar actitudes que tengan implicaciones sociales: caminar a la par de la mujer seglar, sin retrasos ni adelantamientos, en todo aquello que se compagine con su condici\u00f3n de consagrada.<\/p>\n<p><strong><em>A <\/em><\/strong><em>la edad. <\/em>La juventud, la madurez y la ancianidad son estaciones diferentes que piden diferentes trabajos y sobre todo diferentes modos de trabajar. La joven tiene un esp\u00edritu irreflexivo. No calcula. En sus ojos no hay una luz, sino una llama. Es la estaci\u00f3n del entusiasmo, del riesgo, del hero\u00edsmo. No le importa el trabajo, aunque est\u00e9 erizado de dificultades y peligros. La mujer madura, en cambio, navega por un mar en calma. Conserva las cicatrices de los desenga\u00f1os que son tan aleccio\u00adnadoras. Es la estaci\u00f3n del sentido com\u00fan, del juicio, de la expe\u00adriencia. Se le pueden encomendar trabajos de responsabilidad. La vejez, por otra parte, camina lentamente hacia el ocaso. Sus ilusiones se han convertido en recuerdos. Se le escapan todas las cosas menos una: Dios. Es la estaci\u00f3n de los deseos imposibles. Le bastan los traba\u00adjos que la mantengan sencillamente ocupada, que la lleven a la convic\u00adci\u00f3n de que sigue siendo necesaria todav\u00eda a la comunidad. Es \u00e9sta la que ha de medir, de acuerdo con los doctores, las posibilidades de una Hermana d\u00e9bil, delicada. En la organizaci\u00f3n del trabajo hay que prever siempre la enfermedad de una Hermana. Las dem\u00e1s han de estar preparadas para derramar sobre ella todo el caudal de su piedad fra\u00adternal y para llenar al mismo tiempo el par\u00e9ntesis de su indisposici\u00f3n y convalecencia.<\/p>\n<p>Pero no hay que dejarse enga\u00f1ar. Existen enfermedades que ra\u00addican solamente en la imaginaci\u00f3n, en la sugestionabilidad, en una si\u00adcolog\u00eda proclive al mimo y al infantilismo. Para esta clase de mujeres la mejor medicina es una piadosa crueldad, una entereza inflexible p\u00e1ra cortar en flor sus deseos caprichosos, y una bondad comprensiva para captarse su confianza y obtener su obediencia. Para las que, pese a estos remedios, se obstinan en aferrarse a su fant\u00e1stica enfermedad y si\u00adguen explotando a las dem\u00e1s en provecho propio, Roma ha dado recien\u00adtemente facilidades para que la comunidad pueda desembarazarse de ellas y aliviar as\u00ed la alta tensi\u00f3n que est\u00e1n creando en el grupo. Reducidas al estado seglar se curan como por encanto. La dureza del trabajo al que necesariamente tienen que entregarse para esquivar el fantasma de la inseguridad y de la miseria les devuelve una salud que nunca ha\u00adb\u00edan perdido.<\/p>\n<p><em>A la vocaci\u00f3n particular <\/em>que viene como diluida en su sangre y prendida en la tupida malla de su siquismo desde el amanecer de su vida. Despu\u00e9s, con los a\u00f1os, se va perfilando y concretando por medio de la experiencia y los contactos sociales. Su realizaci\u00f3n proporciona paz al esp\u00edritu de una Hermana, satisfacci\u00f3n a su voluntad y rendimiento a su trabajo. Pero no siempre aparece clara la direcci\u00f3n de las tenden\u00adcias innatas. Algunas mujeres han remontado ya los 30 a\u00f1os y a\u00fan se encuentran, como en una encrucijada, vacilantes en la elecci\u00f3n del ca\u00admino a seguir. Otras descubren el error de su elecci\u00f3n cuando ya es tarde para rectificar. Ayuda mucho para no equivocarse someterse a esos sondeos \u00edntimos llamados \u00abtests\u00bb, cuya eficacia han revelado las modernas t\u00e9cnicas sicol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Una vez conocida la propensi\u00f3n natural a determinada clase de trabajos hay que aceptarla y respetarla. Cuando la naturaleza habla es preciso enmudecer. Sin embargo, en una comunidad religiosa no siem\u00adpre se puede seguir este principio al pie de la letra. Ciertamente \u00e9sta es la norma que preside, ordena y encauza la distribuci\u00f3n del personal, pero un grupo humano no funciona como una m\u00e1quina autom\u00e1tica. En un momento dado se producen fallos, abandonos, rebeld\u00edas, crisis, enfermedades, necesidades urgentes e imprevistas. Las que llevan la rector\u00eda del grupo, puestas entre la espada y la pared, optan por una so\u00adluci\u00f3n que no es qu\u00edmicamente la ideal, ya que se ven forzadas a hacer caso omiso de la vocaci\u00f3n particular de una Hermana, al menos por el momento. En la franqueza de su di\u00e1logo con la autoridad y en su obe\u00addiencia libre y responsable encontrar\u00e1 dicha Hermana una salida honra\u00adda a su penosa situaci\u00f3n, menguar\u00e1 su resquemor a la hora de enjuciar el hecho y no perder\u00e1 el tiempo anudando y soltando los cabos de la ma\u00addeja de sus pensamientos.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO EQUILIBRADO<\/strong><\/p>\n<p><em>Si el trabajo es escaso <\/em>fomenta la pereza, incuba la ociosidad, lleva a la poltroner\u00eda y suscita la envidia. En la memoria de la Hermana desocupada se despiertan los recuerdos amargos de los disgustos pasados. Por las angosturas y recovecos de su pobre cerebro pululan ideas, prejuicios y suspicacias que estaban en silencio. Su coraz\u00f3n se convierte en una gusanera de malas intenciones, de turbios, prop\u00f3sitos. Vuelve a escuchar los aldabonazos del instinto, la voz de la sangre, la llamada apremiante de las cosas dulces que dej\u00f3 a su espalda. Si el bacilo de la curiosidad la aguijonea a salir fuera de s\u00ed misma se dedicar\u00e1 a huronear en busca de noticias o a la inefable pr\u00e1ctica del cotilleo o al sucio deporte del chismorreo y de la murmuraci\u00f3n. Una dieta de trabajo demasiado exigua y recortada no es para ninguna mujer una fuente de equilibrio y seguridad; es un r\u00e9gimen que libera una cascada de desventuras. Se atrofian las facultades f\u00edsicas; se enmohecen los dispositivos espirituales; se aviva el rescoldo de las pasiones dormidas&#8230;<\/p>\n<p><em>Si el trabajo es excesivo <\/em>da origen, por el cabo opuesto, a desgra\u00adcias parecidas. Este es el escollo donde naufragan y se malogran actual\u00admente gran parte de las comunidades religiosas. Las necesidades apos\u00adt\u00f3licas crecen a ritmo acelerado mientras las vocaciones amainan de un modo alarmante y desproporcionado. El trabajo es enorme y acucian-te. Los brazos son d\u00e9biles e insuficientes. A las religiosas, por ser mujeres, no les sufre el coraz\u00f3n ver las cosas a medio hacer y se lanzan a una tarea superior a sus fuerzas y a su n\u00famero. Libremente se adjudi\u00adcan una sobrecarga de trabajo. Bajo ella suspiran, gimen, se tambalean y se desploman. Su piedad se seca, su oraci\u00f3n se muere, su tensi\u00f3n aumenta, su salud decae. Las superioras tratan de remover obst\u00e1culos, achicar obras, desmontar casas, revisar actividades, trazar planes que surtir\u00e1n efecto a un plazo demasiado largo. Y entre tanto las Hermanas van empujando penosamente la nave de su jornada laboral sudorosas y jadeantes, como galeotes que reman bajo la fusta del c\u00f3mitre. Es una situaci\u00f3n dura, insostenible. Los altos jefes deben acortar distancias para resolver la crisis, si no quieren ver, como dec\u00eda el poeta, pocos sobrevivientes nadando sobre la vasta llanura del mar.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO PACIFICO<\/strong><\/p>\n<p><em>Inhibici\u00f3n. <\/em>Es un manantial de tensiones comunitarias. Una Hermana no pudo desprenderse por s\u00ed misma de la tela de ara\u00f1a de sus problemas laborales. A su lado est\u00e1 una compa\u00f1era contemplando su angustia sin echarle una mano, impasible, indiferente. La primera se sien\u00adte entonces sola y desamparada, presa de inquietud y desasosiego. La tirantez nerviosa que le produce esta injusta actitud se le pone de\u00adlante de los ojos, como una pantalla, para no ver la salida del atolla\u00addero. Se llena de rabia y de despecho. Su coraz\u00f3n se puebla de remem\u00adbranzas familiares. Sabe que sus padres y hermanos, en un caso as\u00ed, la hubieran rodeado de solicitud, la hubieran ayudado de mil amores a salir del atasco. Y he aqu\u00ed que una mujer que se lig\u00f3 a ella con unos v\u00ednculos m\u00e1s fuertes que los de la sangre le niega ahora el pan y la sal. \u00bfQu\u00e9 significaci\u00f3n tendr\u00e1n para ella palabras tan maravillosas co\u00admo caridad, colaboraci\u00f3n, fraternidad, amistad y compa\u00f1erismo? \u00bfC\u00f3mo podr\u00e1 abrirse a los pobres un coraz\u00f3n inmisericorde, impermea\u00adble a la piedad? \u00bfQu\u00e9 mano amiga espera que se le tienda cuando se vea acorralada de parecidas dificultades?<\/p>\n<p><em>Intromisi\u00f3n. <\/em>Por el extremo contrario aparece el intruismo como cantera fecunda de conflictos. Se trata de esa clase de mujeres que tienen la propensi\u00f3n irrefrenable de meter las narices en todas partes. A quien las conoce someramente le producen la impresi\u00f3n de estar viendo a unos seres superdotados. Efectivamente parece que el Supremo Ha\u00adcedor las ha adornado con unas facultades de privilegio. Por su manera de comportarse cualquiera jurar\u00eda que poseen una mente l\u00facida, amplia, con capacidad universal. Todo lo conocen, todo lo saben, todo lo abarcan. Son las consejeras natas de toda la comunidad. Su parecer es certero; su juicio, indiscutible; su sentencia, inapelable. Intervienen personalmente en todas las actividades y oficios de la casa, con una sola excepci\u00f3n: su propio oficio. La entrada a su departamento s\u00f3lo Dios la traspasa. Sobre la puerta hay dibujadas una calavera y unas tibias cruzadas. Y debajo, una frase conminatoria: no tocar, peligro de muerte. Grave advertencia que todo el mundo respeta&#8230; incluidas ellas mismas.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO COLECTIVO<\/strong><\/p>\n<p>Los trabajos particulares de cada Hermana est\u00e1n atados como un haz de flechas por el lazo de una finalidad com\u00fan, intencionada, acor\u00addada, querida por todas. Esta finalidad tiene dos caras o vertientes: la que mira a la parte de all\u00e1 y la que se sit\u00faa a la parte de ac\u00e1 del es\u00adpacio y del tiempo. En la que mira a la parte de all\u00e1 se encuentra Dios cuya Gloria buscan, cuya alabanza procuran, cuya adoraci\u00f3n practi\u00adcan y cuyo culto realizan con la multiplicidad de sus trabajos. En el lado de ac\u00e1 se encuentra el hombre, semejante a Dios, hijo de Dios y presente a nosotros en la diversidad de sus necesidades: el desamparo, la invalidez, la pobreza, la ignorancia, la injusticia, la enfermedad, la anomal\u00eda f\u00edsi\u00adca y s\u00edquica&#8230; Remediarlas es el fm de todos los grupos consagrados. Identificados con esta finalidad colectiva aparecen muy matizados los trabajos de cada Instituto, los espec\u00edficos de cada grupo, los peculiares de cada miembro de la comunidad.<\/p>\n<p><em>Inter\u00e9s. <\/em>Cada Hermana, sin perder el punto de mira de su trabajo personal, debe abarcar la panor\u00e1mica laboral del grupo a que pertene\u00adce. El \u00e9xito o el fracaso de una Hermana pertenece a todas. El \u00e9xito o el fracaso de todas pertenece a cada una. Una vez m\u00e1s viene como anillo al dedo el famoso \u00abeslogan\u00bb: todas para una, una para todas. Jam\u00e1s hay que olvidar que forman un bloque humano, compacto, solidario, coherente, con una responsabilidad com\u00fan. Es, pues, natural que cada una persiga el resultado feliz del esfuerzo ajeno, con inter\u00e9s y atenci\u00f3n, con entusiasmo y apasionamiento. Es una obra tan individual como comunitaria. Nadie puede desentenderse sin poner al grupo en peligro de ruptura y desintegraci\u00f3n. Ninguna puede mostrarse indiferente sin cometer una injusticia. La apat\u00eda es inexcusable; la frialdad, inadmisi\u00adble; el desd\u00e9n, imperdonable y la hostilidad, inconcebible.<\/p>\n<p>Si una Hermana se siente invadida por la marea de la tristeza porque otra compa\u00f1era es felicitada y aplaudida, debe apresurarse a extirpar de ra\u00edz <em>la envidia <\/em>cu\u00e1nto antes porque es un quiste que se puede cancerar. Si es su propia alegr\u00eda la que cascabelea por dentro y por fuera mientras la Hermana que est\u00e1 a su lado llora la mala suerte que ha tenido en su gesti\u00f3n, debe pasar lo m\u00e1s pronto posible por la aduana de la Penitencia donde descubren, decomisan y sancionan las ale\u00adgr\u00edas de contrabando. Pero si acude a la difamaci\u00f3n, a la denuncia, a la intriga, a la zancadilla, al rid\u00edculo o a la iron\u00eda para hacerla fracasar o para despojarla de los laureles del triunfo subreticiamente, entonces debe permutar el Instituto religioso por una cl\u00ednica especializada en ciertas enfermedades muy sutiles de cuyos nombres no quiero acor\u00addarme.<\/p>\n<p>Para una mujer que forcejea duramente para salir del paso airosa\u00admente y llenar su cometido no hay nada tan paralizador como la glacial inhibici\u00f3n de sus compa\u00f1eras. <em>El abstencionismo <\/em>es un jarro de agua fr\u00eda que apaga su ardor combativo. El alma se le torna mustia, como un paisaje oto\u00f1al. Y cuando el alma se le pone triste tambi\u00e9n el cuerpo, au\u00adtom\u00e1ticamente, se le pone enfermo. Hace las cosas como si las quisiera triturar. Pierde el placer de la conversaci\u00f3n, el af\u00e1n de trabajar y has\u00adta el gusto de vivir. No existe, en cambio, para ella un incentivo tan poderoso como o\u00edr las palabras estimulantes de sus Hermanas, ver su gesto alentador y contemplar su sonrisa anchurosa y abierta. <em>La acogida cordial, <\/em>la actitud amistosa, producen en ella un efecto distensivo y reconfortante; centuplican sus energ\u00edas; dan fulgor a sus ojos, rapidez a sus pies, habilidad a sus manos y vivacidad de reflejos a su imaginaci\u00f3n. En medio de su euforia no le importar\u00eda la orden de circunvalar el mundo, como Magallanes. Dar\u00eda inmediatamente comienzo a su em\u00adpresa dispuesta a afrontar toda suerte de peligros y aventuras. El vivir compenetrada con las dem\u00e1s le otorga posibilidades insospechadas. Se me antoja que la alegr\u00eda y la amistad son los dos grandes ung\u00fcentos de la cosm\u00e9tica comunitaria femenina.<\/p>\n<p><em>Colaboraci\u00f3n. <\/em>No basta envolver a las compa\u00f1eras en un manto de tiernos sentimientos y en una catarata de palabras incitantes. Hay que poner manos a la obra. Hay que auxiliarlas, ayudarlas, apoyarlas. Se precisa participar en sus tareas, conllevar sus dificultades, cooperar a sus esfuerzos, secundar sus proyectos, concurrir a sus actividades y contri\u00adbuir con las aportaciones personales al designio com\u00fan y a la acci\u00f3n individual. De la caridad se habla con demasiada alegr\u00eda y con excesi\u00adva ret\u00f3rica. Pero el Evangelio no es solamente una fascinante pirotec\u00adnia verbal. Es ante todo una fuerte y dolorosa vivencia pr\u00e1ctica. El amor comunitario equivale a integraci\u00f3n, compenetraci\u00f3n, colaboraci\u00f3n. Esto impide que las relaciones de las Hermanas se pierdan, como en el mundo, en una mara\u00f1a de negociaciones, astucias, diplomacias y cha\u00adlaneos de los que est\u00e1 ausente la sincera y absoluta donaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>El amor verdadero no es un simple canje de ideas, de planes, de intenciones. Es un aut\u00e9ntico intercambio de trabajos, sudores y fatigas. Es ocupar el puesto que ha dejado vac\u00edo una Hermana enferma, aunque esto implique un doble desgaste de energ\u00edas; es reemplazar a la que, por causa de su precaria salud, se encuentra exhausta de fuerzas o ha llegado al total desfallecimiento; es echar una mano a la que tiene urgencia de dar fin a su labor o ha de rendir su viaje laboral a una hora de\u00adterminada; es aclarar a la que estudia la inc\u00f3gnita de un problema, hacer\u00adle inteligible un texto dif\u00edcil, guiarla por el laberinto de una traducci\u00f3n enrevesada, ayudarla a preparar el bagaje te\u00f3rico y pr\u00e1ctico ante la in\u00adminencia de los ex\u00e1menes; es aceptar con sencillez y gratitud el ofreci\u00admiento espont\u00e1neo de un refuerzo, aunque en realidad pueda valerse por s\u00ed misma sin mayores molestias; es someter confiadamente su actuaci\u00f3n al juicio de una compa\u00f1era; es abrir, como quien dice, sus ventanas al aire limpio de la cr\u00edtica colectiva; es, en una palabra, guardar siempre una actitud oblativa y receptiva respecto de todos los seres humanos con los que se ha escogido libremente convivir.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO ORGANIZADO<\/strong><\/p>\n<p>El primer papel en la organizaci\u00f3n del trabajo corresponde a <em>la superiora. <\/em>Ella es la que ha de mover amorosamente las piezas sobre el tablero de ajedrez, pero teniendo en cuenta que no son eso exactamente, sino que son personas con las que hay que contar en todo y por todo. Tambi\u00e9n es bueno que recuerde que el trabajo com\u00fan no basta para formar una comunidad como es debido, que el rendimiento no crece mediante una intensificaci\u00f3n de la disciplina ni por otorgar premios, ventajas y privilegios; sino que es fruto del clima moral reinante, del gozo de vivir en com\u00fan, aparte, claro est\u00e1, del factor sobrenatural; que ese clima comunitario no proviene de la suntuosidad o pobreza del edifi\u00adcio, sino del entendimiento y armon\u00eda de sus moradores. Para ello ha de poseer capacidad de convocatoria a fin de concitar el asenso y la cooperaci\u00f3n; de dar un sesgo humor\u00edstico a los brotes de disgusto y un h\u00e1bil quiebro a los conatos de enfrentamiento; de mostrar una destreza conciliadora cuando los di\u00e1logos se tornan peligrosamente encrespados; de templar el ambiente reduciendo a sus t\u00e9rminos convenientes a las enfermas lo mismo que a las sanas, a las cobardes y a las valientes, a las inteligentes y a las menos dotadas, a las infatuadas por los \u00e9xitos y a las deprimidas por los fracasos. Comprendo que estas metas son arduas de alcanzar, pero quedan se\u00f1aladas, no como un ideal que hay que con\u00adquistar a toda costa, sino como una aspiraci\u00f3n que impulsa a navegar hacia \u00e9l a todo trapo.<\/p>\n<p>El segundo jugador que con la superiora ha de mover las figuras del ajedrez sobre el tablero del trabajo es <em>la comunidad <\/em>tomada en su totalidad. El desarrollo del juego pertenece por igual a las dos partes, pero el resultado de la partida es de incumbencia de la superiota. Este es un asunto muy vidrioso en los tiempos actuales. La discusi\u00f3n sobre los derechos y deberes de ambas partes respecto de la organizaci\u00f3n la\u00adboral est\u00e1 dejando las gargantas secas y \u00e1speras como un papel de lija. Lo \u00fanico que yo puede hacer es dar un toque de atenci\u00f3n a los dos ban\u00addos contendientes para decirles la verdad escueta: todas tienen el de\u00adrecho y la obligaci\u00f3n de hablar, pero la superiora tiene el derecho y la obligaci\u00f3n de decidir.<\/p>\n<p>Autoridad y libertad: dos polos que contraponi\u00e9ndose se requieren y se necesitan mutuamente. El cosmos los necesita para realizar sus giros y sus \u00f3rbitas. Sin libertad quedar\u00eda mineralizado, inerte e inm\u00f3vil. Sin autoridad lo que se mover\u00eda no ser\u00eda el cosmos; ser\u00eda el caos.<\/p>\n<p>Autoridad y libertad: dos fuerzas contrapuestas que se repelen y se atraen mutuamente y con igual intensidad. As\u00ed guardan el equili\u00adbrio de la humanidad. Sin libertad la sociedad se convertir\u00eda en un hato de esclavos. Sin autoridad imperar\u00eda la ley de la jungla.<\/p>\n<p>Autoridad y libertad: dos principios dispares que se huyen y se llaman, se evitan y se precisan con la misma fuerza. As\u00ed conservan la armon\u00eda de la vida comunitaria. Sin libertad ser\u00eda una c\u00e1rcel de mujeres enga\u00f1adas. Sin autoridad ser\u00eda una jaula de fieras civilizadas.<\/p>\n<p>Libertad para la expresi\u00f3n y autoridad para la decisi\u00f3n. Libertad para dialogar, manifestar criterios, sugerir iniciativas, presentar proyec\u00adtos, discutir experiencias, aprobar resoluciones o disentir de ellas. Autoridad para escuchar, preguntar, exponer, contrastar, sopesar, rechazar, admitir y decir la \u00faltima palabra sobre el asunto que se ha puesto sobre el tapete. Esta doble norma ha de regir en la fijaci\u00f3n de horarios, distribuci\u00f3n del personal, aceptaci\u00f3n de obras, modificaci\u00f3n de usos y costumbres, cancelaci\u00f3n de actividades y ordenaci\u00f3n de retiros, viajes, cursillos, estudios y dem\u00e1s pormenores relativos a la vida del grupo. En la puesta en com\u00fan se ha adoptado el criterio de unas y se ha rechazado el de otras. Como en todo juego, como en cualquier de\u00adporte, hay que saber ganar y hay que saber perder. Ni el que gana se engr\u00ede ni el que pierde se abate. Ni el victorioso menosprecia al ven\u00adcido ni \u00e9ste toma venganza de aqu\u00e9l. Los dos se dan la mano y aceptan el resultado.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO COMPENSADOR<\/strong><\/p>\n<p><em>Gratuito. <\/em>En la comunidad hay Hermanas cuyo trabajo carece de remuneraci\u00f3n econ\u00f3mica. No deben por eso sentirse colocadas en un plano inferior a las que ganan un salario. Tampoco \u00e9stas han de ha\u00adc\u00e9rselo sentir. Tanto m\u00e1s cuanto que con frecuencia las tareas no retri\u00adbuidas son las m\u00e1s importantes en el orden espiritual, como son, por ejemplo las de las Hermanas que se dedican a la formaci\u00f3n de las aspi\u00adrantes y seminaristas. O son tambi\u00e9n muy necesarias, como las que desempe\u00f1an cargos en el gobierno general, provincial y dom\u00e9stico. O son las m\u00e1s urgentes en sentido material, como las de aquellas que se consagran a los trabajos dom\u00e9sticos. No hace falta tampoco mencionar a las que, a causa de su invalidez o delicada salud, no pueden imprimir a su trabajo sino un rendimiento escaso y a veces nulo.<\/p>\n<p><em>Remunerado. <\/em>Antiguamente las comunidades viv\u00edan del capital proveniente de fundaciones, propiedades y donativos. Esta situaci\u00f3n les aseguraba la estabilidad y la gratuidad de sus servicios. En la actuali\u00addad se aspira, m\u00e1s que a poseer bienes, a conquistar una capacidad profe\u00adsional cuyo ejercicio, al estar avalado por un t\u00edtulo legal, es remunerado por la sociedad. Hoy se tiene m\u00e1s confianza en los recursos que pro\u00advienen del trabajo que en las rentas que produce el capital. Se trata, pues, de aceptar unas condiciones que impone inexorablemente la vida mo\u00adderna. La sumisi\u00f3n a las instituciones y leyes sociales en nada contra\u00addicen al voto de pobreza, antes bien, le depuran, le acrisolan y le re\u00adfuerzan.<\/p>\n<p>Las Hermanas cuyas actividades tienen una asignaci\u00f3n pecuniaria aportan el fruto de su trabajo a la bolsa com\u00fan. Con estos sueldos la comunidad provee a las necesidades de las que no pueden trabajar y de las que trabajan sin recibir retribuci\u00f3n alguna. Como en cualquier fa\u00admilia, todo es de todas, todas trabajan para ganar el pan de las dem\u00e1s. Por otra parte, en una comunidad, m\u00e1s que en ninguna otra sociedad, ha de regir, con todas sus consecuencias, la ley de la comunicaci\u00f3n de bienes, la obligaci\u00f3n de compartirlo todo fraternalmente. Y si lo que digo es verdad aplicado a la comunidad local, tambi\u00e9n lo es referido a la comunidad provincial y a la compa\u00f1\u00eda en general y a sus miembros dispersos por los pa\u00edses de misi\u00f3n. Las misioneras est\u00e1n en la vanguar\u00addia del apostolado, pero su trabajo es el menos rentable econ\u00f3mica\u00admente. La solidaridad que es la base d\u00e9l equipo comunitario reclama justamente la distribuci\u00f3n de los bienes obtenidos por una en beneficio de todas de modo que las necesidades comunes queden, si no comple\u00adtamente satisfechas, por lo menos, niveladas.<\/p>\n<p>Pero la pobreza evang\u00e9lica de las Hermanas profesionales no se reduce a vivir exactamente igual que sus compa\u00f1eras seglares. Cierto que deben tener las mismas condiciones laborales: el mismo jornal, id\u00e9nticas pagas extraordinarias, d\u00edas libres, vacaciones, seguros socia\u00adles, etc. Sin embargo el disfrute dQ estas ventajas est\u00e1 condicionado por los imperativos de su vida consagrada, mucho m\u00e1s que en las otras por los de su vida familiar.<\/p>\n<p>Existe un obscuro problema al hablar del salario. Muchas Herma\u00adnas lo perciben reducido, inferior, con mucho, al que reciben sus com\u00adpa\u00f1eras en las mismas condiciones. En algunos establecimientos resul\u00adta tan menguado y vergonzante que raya en la miseria. Yo no me atre\u00adver\u00eda a enjuiciar este desnivel salarial, como injusto, aunque en opini\u00f3n de muchas personas \u00e9se es el calificativo que merece. En algunas insti\u00adtuciones no me cabe duda que lo es. En las dem\u00e1s es, por lo menos, una discriminaci\u00f3n an\u00f3mala, extra\u00f1a y abusiva. Hay quien piensa que las n\u00f3minas son iguales para todos los funcionarios seg\u00fan su grado y ca\u00adtegor\u00eda. Seg\u00fan esta opini\u00f3n, las cantidades no cobradas sufren filtracio\u00adnes censurables, porque el dinero al que se ha dado salida del erario del Estado ya no vuelve.<\/p>\n<p>La comunidad precisa de las ganancias \u00edntegras de sus miembros porque tambi\u00e9n tiene sus obras ben\u00e9ficas y sociales propias, sus pobres, sus misiones escasas de recursos. Adem\u00e1s, las Hemanas tituladas y remuneradas con tanta mezquindad tienen derecho al puesto que ocu\u00adpan, pero \u00bftienen tambi\u00e9n derecho a privar a una mujer seglar de un sueldo normal, de ocupar su mismo puesto? Lo que hasta hoy se cre\u00eda un testimonio de pobreza, un gesto de generosidad y de desinter\u00e9s \u00bfno ser\u00e1 tal vez hoy de signo contrario? Son opiniones discutibles que yo arrojo a la plaza de la discusi\u00f3n p\u00fablica para que, enfocadas por todas sus caras, podamos verlas con mayor claridad.<\/p>\n<p>Lo que no es opinable es que un derecho cualquiera est\u00e1 siempre condicionado por otro en cuya posesi\u00f3n est\u00e1n las personas que con no\u00adsotros viven. Hay derechos individuales que quedan anulados por los del grupo. Esto es lo que sucede con el derecho que enarbolan las Her\u00admanas que trabajan a sueldo, a disfrutar de los d\u00edas libres, de las vaca\u00adciones pagadas, etc. Olvidan las exigencias de su vida comunitaria. En el grupo consagrado a que pertenecen, todas tienen los mismos de\u00adrechos. No hay castas, ni clases sociales privilegiadas. El usufructo co\u00adlectivo de esas mejoras sociales, hoy por hoy, no es m\u00e1s que un ideal, una aspiraci\u00f3n. Mientras no las puedan gozar todas, no las puede gozar ninguna. A excepci\u00f3n de aquella que las necesite por las razones que sean. Tambi\u00e9n desean las comunidades religiosas los beneficios de los seguros sociales y se est\u00e1n dando los pasos necesarios para conse\u00adguirlos, pero, entre tanto, el sueldo de sus miembros tiene que emplearse parcialmente en cubrir, a nivel comunitario, esa grave y urgente nece\u00adsidad en los tiempos actuales.<\/p>\n<p>Se ha dicho con poca exactitud que la pobreza evang\u00e9lica consiste en vivir del propio trabajo. Esta es la verdad, pero no es toda la verdad. El trabajo considerado en s\u00ed mismo no puede coincidir con la pobreza porque \u00e9sta se relaciona con otros conceptos que la explican y la amplifi\u00adcan, como la dependencia de las dem\u00e1s, la comunicaci\u00f3n de bienes, la puesta en com\u00fan de personas y cosas, la organizaci\u00f3n de la vida comuni\u00adtaria, etc. El factor trabajo es un elemento importante de la pobreza consagrada, pero no cierra sus fronteras ni agota sus posibilidades.<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>TRABAJO INTEGRADOR<\/strong><\/p>\n<p>Un grave peligro que se ampara bajo la ley del trabajo acecha a todas las mujeres consagradas del mundo: el de ver escindida su personalidad, desintegrada su consagraci\u00f3n y partida su vida en dos secciones diferentes. La vida de oraci\u00f3n por un lado y la vida de trabajo por otro. Hay que repetir insistentemente que la vida de oraci\u00f3n y la vida de trabajo no son dos\u00bbVidas, sino una sola, total e indivisible. Su disgrega\u00adci\u00f3n equivale ala esterilidad y a la muerte sobrenatural del apostolado. Es la separaci\u00f3n del alma y del cuerpo, la disoluci\u00f3n de los dos elemen\u00adtos integrantes y complementarios de la consagraci\u00f3n personal. Las \u00edntimas relaciones que existen entre la vida teologal &#8216;y la vida laboral constituyen el eje, el coraz\u00f3n y el centro de la vida consagrada. Se da entre las dos una perfecta simbiosis o compenetraci\u00f3n vital. En el plano de la pr\u00e1ctica, o sea, del tiempo que se dedica a la oraci\u00f3n y a la acci\u00f3n podr\u00e1 haber tensiones dolorosas y dificultades al parecer insolubles, pero en el plano de la intenci\u00f3n no puede haber oposici\u00f3n, sino unidad perfecta e ininterrumpida. Sin embargo, hay prioridad y jerarqu\u00eda de la oraci\u00f3n sobre la acci\u00f3n porque la eleva, la sublima, la transfigura, la diviniza, la convierte en s\u00ed misma, o sea, la hace oraci\u00f3n, contemplaci\u00f3n, adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el plano o aspecto teol\u00f3gico, la unidad entre la vida profesional y la vida espiritual es muy f\u00e1cil de establecer. Ni la oraci\u00f3n ni la acci\u00f3n santifican por s\u00ed mismas. Lo que santifica es el amor del que la oraci\u00f3n y la acci\u00f3n son solamente dos expresiones. Este amor consiste en vivir intensamente la vida de la presencia de Jes\u00fas en los semejan\u00adtes. Una presencia tan espiritual como real. La base de esta visi\u00f3n de fe es la Encarnaci\u00f3n, pues con ella se verifica la incorporaci\u00f3n de todos los hombres a Cristo. Es preciso hacer que se produzca habitualmente este reflejo: ver a Cristo en el ser humano con el que se establece con\u00adtacto. Esta es la \u00f3ptica, la perspectiva de la espiritualidad de la acci\u00f3n en la que San Vicente de Pa\u00fal fundamenta la santidad de sus comuni\u00addades. La fe y el amor a Jes\u00fas que contin\u00faa su Encarnaci\u00f3n real y m\u00eds\u00adticamente en sus miembros, es el camino de la unificaci\u00f3n de la vida espiritual y la vida de trabajo.<\/p>\n<p>En el aspecto pr\u00e1ctico, cuanto m\u00e1s activa es una Hermana m\u00e1s necesidad tiene de adquirir convicciones personales acerca de la impor\u00adtancia y de la urgencia de la oraci\u00f3n, so pena de caer en el activismo y sobrecargarse de trabajo. Quien no ora se apega a su oficio y a su activi\u00addad sin admitir control ni colaboraci\u00f3n alguna. Se forma su vida, sus convicciones y su conciencia identific\u00e1ndolas con la voluntad de Dios cuando en realidad no son m\u00e1s que productos enteramente humanos. Esta clase de mujeres siempre en ebullici\u00f3n, en medio de un torbellino laboral, agobiadas de trabajos, son impermeables a las nuevas llamadas del apostolado, a las nuevas direcciones de la Iglesia. Su misma actividad termina por sofocarlas. Sufren una penosa alienaci\u00f3n. No se quieren analizar a s\u00ed mismas. Abominan de los horarios en los que hay un espa\u00adcio para la oraci\u00f3n personal. Ese espacio es para ellas una p\u00e9rdida de tiempo. Algunas han llegado a decir que esos silencios las separa m\u00e1s de Dios porque son concesiones al ego\u00edsmo, al individualismo. Y sin embargo esos par\u00e9ntesis en la l\u00ednea del trabajo son necesarios para el encuentro personal y profundo con Cristo. Para orar, para ad\u00adquirir convicciones religiosas, para ahondar en la fe, para hacer subir el term\u00f3metro del amor hay que aceptar rupturas en eI trabajo corriente. La frase tan repetida: \u00abNo tengo tiempo para orar\u00bb, equivale a esta otra que no se formula: \u00abno tengo gusto ni ganas de orar\u00bb&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>COMUNIDAD DE TRABAJO Pienso que todo trabajo humano es de tipo comunitario. El trabajo de cada uno redunda en beneficio de toda la humanidad. 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